sentimientos

Sin compromisos

Todos los años, según empieza el mes de diciembre, suelo hacer un paréntesis en mi vida para henchirme de espíritu navideño y así hasta el 7 de enero. Ahí paro hasta el año que viene.

Tal vez suene a frivolidad por los cuatro costados y no te quito la razón. Soy consciente de que hoy en día, con lo que está cayendo, este sentimiento en realidad está más muerto y enterrado que Lola Flores, de la que este año se celebraron los cien años de su nacimiento. Pero al igual que la figura de esta gran artista resurge, la emoción del último mes del año se implanta en la mente de todos y más con el bombardeo que nos gastamos los más «jartibles» de la Navidad.

También es un momento de confrontación, como con lo referente a la tortilla de patatas con cebolla o sin cebolla. En mi casa es así, mi hermana no quiere saber nada de la Navidad, perdió su espíritu hace mucho tiempo y disfruta de la tortilla de patatas sin cebolla. Es mi grinch particular. Yo soy su nota discordante, tanto con en el uso de renos, ángeles, misterios, lucecitas y espumillón como en el gusto de esa cebollita dorada mezclada con la patata y el huevo.

¿Cómo lo disfrutamos? Pues ella siempre tiene su tortilla de patatas en exclusividad y a la vez disfruta viéndome decorar la casa con el mismo interés que mejor duende ayudante de Santa Claus. Nada más sencillo cuando se respetan los gustos y actitudes. Eso sí, todos los años le recomiendo Talquistina para los sarpullidos.

¿Qué aporta mi espíritu navideño a una sociedad como la de hoy en día?

En la sociedad actual, que parece que avanza cada vez más cuesta abajo y sin frenos, puede parecer que poco. Desde mi humilde punto de vida creo que un poquito menos de crispación. Intento que la paz me dure 365 días. Desde hace tiempo decidí que iba a pasar mucho de todo aquello y de todas aquellas personas que lo único que aportaban a mi vida irritación y malestar, pero sobre todo en Navidad. Está claro que siempre vendrá alguien que tratará de joder este propósito, aunque la idea es hacer un cortafuego y evitarlo de la mejor manera posible. Para ello llevo todo este 2023 cerrando mi círculo de amistades y quedándome con quién considero mi familia. Así lo he reflejado en el calendario de Adviento que se me ocurrió poner este año en un hueco que antes tapaba un mueble. Ese típico hueco que descubres que la pintura que hay en la pared no coincide con el resto del salón, algo que me temí que ocurriría cuando me solicitaron la entrega de ese armario. He tenido, desde mayo, tiempo para reflexionar sobre la forma de solucionar el asunto y la idea me vino en el momento más oportuno. Ese en el que me pongo en modo espíritu navideño.

El color de pintura diferente lo he disimulado con corcho, que ahí se quedará después de las fiestas. Su función será un rincón familia, en él colocaremos aquellas fotos, noticias, o cositas que se nos ocurran a cada uno de los miembros de la familia. Ese fue el origen pero luego pensé que para estos días podría ser una forma de crear ese ambiente de hogar que tan bien sienta en un mundo de prisas, malas noticias y gestos desagradables. Quería proteger nuestro reducto con un buen foso de cocodrilos. Así nació esta dinámica de 24 días, 24 sobres, 24 fotos. En una época en la que hacemos una gran cantidad de fotos con nuestros móviles, apenas tenemos fotos en papel comparando con tiempos pasados y me apetecía que por unos días eso cambiara en nuestra casa.

Para ello elegí unas 50 fotos en las que aparecían las personas que para mí más importancia han tenido a lo largo de este año, desde octubre del año pasado hasta hace unas semanas y con las que hubiera compartido un buen recuerdo. De esas seleccionaría 24 para colocar en sobres y que formarían parte del calendario y otras, unas 10, serían las que acompañarían las felicitaciones que le iban a llegar a esas personas que considero que han sido las más importantes para mí. Como ves han sido pocas, pero es que no he necesitado más. Sin andarme con ambages, no han estado junto a mí ni se las esperaba, por lo tanto su pertenencia a mi núcleo duro de amistades a los que considero familia no estaba justificado ni el envío de mi felicitación. Les deseo lo mejor para este año pero no les hago partícipe de ello.

La verdad que, estando a gusto con uno mismo, tampoco se necesita estar rodeado de multitudes, pues al final se asemeja al Circo de Barnum & Bailey, demasiados payasos, fenómenos extraños e ilusiones que se esfuman con rapidez, justo lo que tarda en apagarse los focos del escenario. Eso no son amigos y quién piense lo contrario que lo disfrute. Por eso mi rinconcito familiar es conciso, no hacía falta mucho más. Somos los que estamos y estamos los que somos y para mí eso es el espíritu de la Navidad, aquel que se logra al hacer hogar y dónde cualquier persona que venga se sienta como en su casa. De eso puedo presumir, porque siempre me lo han dicho, que al entrar en mi casa se notaba paz y tranquilidad y todo el mundo estaba muy a gusto. Ese es el mejor piropo que me han podido decir: tú me das paz. Algo que en este mundo es muy necesario. Si todos nos empeñáramos en hacerlo lo mismo en algo mejoraba nuestra sociedad. Lo cierto que solo estamos decididos a disfrutar de forma egoísta, sin pensar ni lo más mínimo en nuestro entorno, si acaso para nuestra propia satisfacción. No tenemos actitud de servicio y los pocos que la hemos tenido hemos decidido cerrarnos en banda.

Voy avanzando un poquito más en mi ir soltando lastre de mi mochila para meter en ella vivencias que de verdad me llenen y enriquezcan a mi entorno. Que a nadie le extrañe si cada día interactúo menos con algunas personas y pueda parecer que estoy haciendo un ghost. La verdad es que aciertan, lo estoy haciendo. Este año hago partícipe de manera personalizada de mis mejores intenciones solo a los que de verdad se merecen mi recuerdo, un montón de paz y mis mejores deseos para este año que viene. Hay alguna persona más que, si bien, no entran dentro de mi núcleo más íntimo, si son amigos para tener en cuenta y ya se darán cuenta, pero para el resto, sin acritud, si os he visto ya no lo recuerdo. No quiero a nadie que haga reenvíos masivos sin sentido de los mensajes navideños, no quiero a nadie en mi vida que durante todo el 2023 no se haya acordado ni de preguntar como estoy, no quiero a nadie que solo quiera saber de mí para rellanar su existencia con cotilleos. Sé distinguir la dejadez. Otra cosa son aquellas personas que, por sus circunstancias familiares o personales, les es imposible dedicar un minuto de su día a mandar un mensaje para hacerse presente. Por lo tanto tengo claro a quiénes me refiero cuando digo: quedaros con vuestras vidas y dejadnos tranquilos a los que de verdad somos sinceros y queremos disfrutar de la paz y del verdadero amor fraternal.

Esta semana no voy a recomendar ningún libro. Hoy os voy a pasar un microrrelato que he escrito para un reto lanzado desde el grupo Romántica en Jaén. Tuve el gusto de asistir a un evento organizado en mayo por este estupendo grupo junto con mi pareja y escritor, Héctor H. Por ello me ha hecho mucha ilusión presentarme ya que siempre he sido reacia a trabajar este tipo de narración, pues empiezo con un relato breve y acabo con un libro de 250 páginas, pero esta vez lo he logrado.

Espero que te guste

2 comentarios en “Sin compromisos”

  1. Lo primero. Tu relato me encanta. No solo pagó por unas pocas palabras 👏🏼👏🏼

    Y en cuanto a tu actitud sobre soltar lastre, la comparto. Creo que hay personas que sin estar en tu día a día aportan más que los que están cerca, o dicen estar cerca.

    Supongo que llegada a cierta edad sabemos valorar mejor a las personas y a la amistad. Y también creo que nuestra energía, que ya flojea, es mejor canalizarla a lo verdaderamente importante.

    Al final todo se resume en vivir en arreglo a tus convicciones y dejar vivir.

    Felices fiestas 😘

    Le gusta a 1 persona

Deja un comentario