mis lecturas

Tirando del hilo

Escribir todas las semanas en un blog, domingo tras domingo, no es nada sencillo. Es cierto que tengo bastante facilidad para buscar temas, pero también es verdad que unas veces me resulta mas sencillo que otras. Hay domingos que cuando le doy al botón de publicar ya tengo en mente la entrada de la semana siguiente y, en cambio, hay sábados, en los que todavía le estoy dando vueltas sobre que tema trataré en mi entrada del día siguiente.

En estos momentos estoy inmersa la bilogía de Santiago Posteguillo sobre Julia Domna, esposa del emperador romano de Septimio Severo, contada por Galeno que era el médico de la familia imperial. La lectura de su amplia narración me lleva a reflexionar sobre lo que ya muchos sabemos, que detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer, lo que a veces a la inversa es más bien lo contrario. Detrás de grandes mujeres muchas veces o no hay hombres o estos incluso estos ponen trabas a su desarrollo personal y es algo que vemos todavía en la actualidad. Aunque hay excepciones, tampoco quiero que me acusen de misógina, que incluso en los blog personales hay que andar con tiento sobre lo que se escribe.

Me apetecía hablar sobre aquellas biografías más o menos noveladas que me han gustado de mujeres y que sus autores han tratado de presentarnos desde un perfil menos conocido.

Destaco la de la española Teresa Cabarrús, de Carmen Posadas en su novela, La cinta roja. Una mujer que para muchos solo se tienen en cuenta por su agitada vida sentimental durante la Revolución Francesa, pero pocos han profundizado y saben que gracias a ella –a quien Tallien adoraba con devoción- se eliminaría el Tribunal Revolucionario y se instauraría la libertad religiosa. La intercesión de Teresa ante aquel hombre de espíritu sanguinario, le mereció el cariño y el respeto del pueblo francés quien la haría pasar a la Historia como «Notre-Dame de Thermidor» tras la derrota de Robespierre y con ello finalizar su reino del terror. Una historia que Carmen Posadas traza con mimo a lo largo de sus páginas y lo hace de forma muy amena.

Junto a esto, tenemos a Leonor de Aquitania en la obra de Eva García Sáenz de Urturi llamada Aquitania, premio Planeta 2020. Ya había leído en mi época de adolescente otra biografía de esta hija de nobles, esposa de reyes y madre de 10 hijos entre los que destacan, Juan sin Tierra y Ricardo Corazón de León. Este personaje histórico me llamó la atención ya en la obra de la autora Regine Pernoud, académica de la Historia francesa y que leí, como he comentado, en mis años de instituto. En su narración me encontré con una mujer que fue uno de los personajes más influyentes y poderosos del siglo XII. Aquí podemos decir que su padre, Guillermo X de Aquitania, pareció haberse asegurado de que tuviese la mejor educación posible, llegando a aprender sobre aritmética, las constelaciones e historia, música (arpa y canto), literatura, aprendería a hablar latín y actividades como montar a caballo, cetrería y caza.​ También aprendería tareas domésticas como la administración del hogar y diversas tareas relacionadas con la costura.​ Su extraordinaria formación, su habilidad e inteligencia, así como su belleza perenne, la convirtieron en una mujer excepcional que no dejó indiferente a ninguno de los cronistas, eclesiásticos o laicos que se relacionaron con ella. Régine Pernoud traza una biografía apasionante y reconocida como un texto de referencia, de una mujer que fue eje central, casi durante un siglo, en la historia medieval de Europa, pues tuvo una larga vida. La reina Leonor vivió 82 años cuando la esperanza de vida era de unos 54. Sin embargo, algunos historiadores explican que la longevidad era habitual entre las mujeres de la aristocracia. Agotada y enferma tras una larga vida llena de avatares, con ocho de sus diez hijos ya fallecidos, murió el 31 de marzo de 1204. Lo que sí es indudable es que se llevó su singularidad hasta la efigie de su tumba, en la que yace inmortal leyendo un libro.

Tumba en La Real Abadía de Nuestra Señora de Fontevraud (Francia)

Este trio de mujeres, junto con otras muchas, fueron tan excepcionales que la mayoría de sus detractores, al no poder con ellas, decidieron acusarlas de promiscuas, adúlteras, intrigantes, ambiciosas, locas, histéricas, etc, cuando solo luchaban por lo que era suyo de forma legítima y que si hubieran sido hombres, se los habría ensalzado. Tal vez lo que muchas personas de su época no podían perdonarles es que gozaban de inteligencia, tenían una mente capacitada para el análisis, grandes miras hacia el futuro y la misma ambición o más que muchos hombres, algo que suponía un error imperdonable y que todavía hoy podemos encontrarnos en muchas sociedades de las llamadas civilizadas.

Y así, tirando el hilo, como bien dice el título de mi entrada, decidí añadir a otra mujer, en este grupo de biografías que os recomiendo y a la que muchos tildaron de loca y que todavía hoy en día lo siguen haciendo. Aunque tenemos ya, a dios gracias, investigadores que van tratando de eliminar esta inadecuada etiqueta, siendo uno de ellos la autora María Teresa Álvarez García, en su novela Juana de Castilla (2020). Tras su lectura me sumo a las palabras con las que cierra su historia:

Creo que doña Juana no estaba loca. No, no estaba loca. Existen determinados momentos de su vida, sobre todo en los años de cautiverio, en los que, creo, se pone de manifiesto esta afirmación que ahora hago. A doña Juana la condenaron a la locura. Primero, lo decidió su marido. Después, su padre. Al final, su hijo. Ninguno se apiadó de ella. Debían mantenerla con vida porque ella era quien les garantizaba el poder, pero la alejaron de todo y de todos. Fue una víctima de la ambición y de la falta de escrúpulos de sus seres queridos.
Claro que estaba enferma, pero no aquejada de la locura sino de la falta de afecto. Porque doña Juana de Castilla se vio absolutamente privada del amor de los suyos, que siempre es la mejor medicina.

María Teresa Álvarez (Juana de Castilla, 2020)

Es la primera vez que simultaneo dos lecturas a la vez aunque al ser biografías no es algo que me resulte complicado. Todo se debe a que tengo poco tiempo y debo optimizarlo como sea, lo que nunca pensé que tendría que hacer ahora y que casi me veo obligada a ello.

La conclusión a la que he llegado es lo que ya dice la introducción de la novela de Posteguillo y que el autor pone en boca de Galeno a lo largo de los capítulos: si muchas mujeres no han trascendido a la historia es porque muchos hombres no han querido que esto ocurra, y a ello se han sumado la envidia de muchas mujeres que han apoyado este tipo de ocultamiento, sea por propia conveniencia, sea engañadas con diversas manipulaciones proveniente del poder establecido.

Lo malo no es que sea un hecho que haya ocurrido en el pasado, sino que es algo que se mantienen en muchas sociedades de este planeta, incluso en aquellas que se autodenominan democráticas, liberales y avanzadas. Algo que se ha visto que está muy alejado de la realidad y por lo que nos queda mucho camino por recorrer.

Por eso os recomiendo que si de verdad queréis leer sobre mujeres empoderadas, hacedlo de aquellas autoras y autores que nos muestran en sus obras la existencia de esas mujeres reales. Que sin menospreciar obras de ficción que hacen denuncia sobre la falta de empoderamiento, también sería bueno tener conocimiento de esas otras mujeres del pasado que hicieron historia y que se las sigue tratando de ocultar bajo el nombre de: loca, promiscua, bruja, adúltera, etc, y que tanto daño sigue haciendo a la sociedad hoy en día.

Este video que os comparto tiene un mensaje que es, en el fondo, lo que la autora expresa en su trabajo, aunque pertenece a una empresa que realiza una modalidad turística, que es el freetour y que no apoyo puesto que para ser guía turístico en España se necesita una formación más un permiso para ejercer, y esta otra modalidad no deja de ser intrusismo. Pero no nos paremos en incidir en quién da el mensaje sino en el fondo, y si os lo pongo es para que os animéis a conocer el trabajo de María Teresa gracias a esta recreación tan interesante.

Para terminar de tirar del hilo y para todas aquellas personas que estén en Buenos Aires, pueden aprovechar para ir a ver una representación sobre esta figura histórica de Juana de Castilla.

Ana Padilla que dirige la obra también expresa con claridad lo que la figura de esta reina castellana le ha supuesto:

La primera vez que vi a Juana me enamoré de la pasión que había en ese texto. Cuando lo tuve en mis manos me di cuenta que era muy actual. Que esa pasión de amor la llevó a dejarse maltratar, herir, engañar, traicionar. Además esa pasión no era sólo la del amor, sino la pasión que tenían los hombres por el poder, la pasión por dominar, conquistar y robarle al otro su integridad. Y estas pasiones la llevaron a su supuesta locura y al encierro. Vemos cómo un espíritu libre y rebelde como el de Juana termina siendo destruido por sus celos, la ambición y el desamor de los otros.

Ana Padilla

Hoy me he dado la vuelta por cuatro obras biográficas de personajes históricos con una gran personalidad y que os recomiendo leer como forma de conocer a mujeres empoderadas, pero a las que la historia les hizo un flaco favor, en mayor o menor medida, y que con el paso del tiempo han logrado resurgir de la mano de autores que las reivindican de nuevo y nos las presentan para disfrutar de sus voces, incluso en forma de obra teatral.

Opinión

Miedo al erotismo

Desgraciadamente, los libros con contenido sexual siguen rodeados de estereotipos que los califican de vulgares, explícitos, ordinarios o simples. Lo malo es que este discurso lo encuentro en mujeres que tienen entre su lucha del día a día el empoderamiento femenino, aunque siguen rehuyendo de un empoderamiento sexual real. De hecho, es habitual detectar miradas impertinentes cuando una persona pasea por la sección erótica de una librería, como si estuviese cometiendo un crimen, incluso tildando a la lectora o escritora de este género de «reprimida». Junto a esto, sigo escuchando opiniones sobre el supuesto uso vulgar del lenguaje y tal vez por eso nos encontramos con los eufemismos típicos del gremio, donde se tiende a decir «braguitas» en vez de bragas, como si fuera algo que tuviera necesidad de mejorarse y hacerlo más «delicado» al oído. Y como añadido a todo este compendio de despropósitos, vemos el sufrimiento que pasan algunos autores, si tienen que nombrar partes del cuerpo implicadas en la sexualidad, donde boca y pie es normal pero pene o polla ya es considerado vulgar y aparece el término «miembro». Un término con el que la imagen que me viene a la cabeza es la del integrante de una organizaciónasociación o entidad a los que también se denominan de tal forma. Eso me lleva a pensar que, si estamos a ese nivel de escrúpulos, va a ser complicado hacer entender a muchos lectores que la literatura romántico y/o erótica es tan útil como un buen recetario de cocina. No hay nada como leer historias de cama para aumentar la libido, dar ideas, ayudar a exorcizar fantasmas o cambiar por completo nuestra vida sexual. Por supuesto no es obligatorio tener una buena vida sexual, igual que hay gente que no sabe cocinar y se atiborra de platos precocinados, con las consecuencias finales que conlleva este tipo de actitudes. Posiblemente habrá quien piense que no es lo mismo y, tal vez, cuando finalice mi entrada, empieza a pensar que hay similitudes.

Es una lástima saber que hay lectores que tienen ese pobre concepto de este género literario cuando, incluso, reputadas revistas médicas recomiendan la lectura de este tipo de narrativa como forma de mejorar nuestra vida sexual, ya sea solos o en pareja, y que no solo mejora la calidad de este aspecto de nuestra vida, sino que también mejora el nivel de endorfinas de forma natural, con lo que huimos de la tan temida depresión.

Obviamente, respeto a aquella persona que diga que no le gusta esta literatura, como las hay que no les gusta la comida asiática, pero no por ello califico de una manera negativa a aquellos que disfrutan tanto de leer libros eróticos como degustando un buen Ramen. Ahora os voy a justificar lo que especialistas dicen sobre la literatura erótica y sus beneficios.

Con el ritmo de vida frenético en nuestro día a día, el estrés puede tener consecuencias en nuestro organismo como la disminución del deseo sexual, según explican los expertos de Myhixel, una compañía especializada en el bienestar sexual. Ante este problema, un buen remedio puede ser la lectura, ya que disminuye la presión arterial, reduce el ritmo cardiaco y el estrés, según la Fundación Mundial para la Alfabetización. Esta mejora de la salud puede venir acompañada de un aumento de la libido si lo que se lee es literatura erótica, ya sea solos o en pareja.

Permiten explorar la sexualidad propia

La lectura de un libro erótico puede ser muy estimulante. Va más allá de la simple pornografía a través de las pantallas, que puede llegar a causar adicción, y suponen un espacio de libertad para explorar e imaginar fantasías sexuales que amplíen la visión del sexo de una persona y le ayuden a descubrir nuevas formas de excitarse. Se pueden hacer un resumen de los tres beneficios más claros:

Pueden mejorar la relación sexual con la pareja

Leer novelas eróticas puede ayudarte a descubrir que es lo que más te gusta del sexo y es una buena forma de comunicarse en este sentido con la pareja, con la que se puede compartir la lectura. A veces la comunicación directa cuesta más, pero a través de una lectura común se puede empatizar con los deseos más profundos del otro. También puede servir para hacer recreaciones durante las relaciones sexuales.

Ayudan a aumentar la libido

En ocasiones de nuestra vida pasamos etapas con menos deseo sexual. En estas circunstancias, a veces tener relaciones sexuales puede llegar a ser contraproducente. Una buena forma de introducirse de nuevo en el sexo y tener un acercamiento más sencillo puede ser a través de la lectura de libros eróticos, que nos ayudan a aumentar la libido dentro de lo que podría llamarse una zona de confort.

Es una buena manera de relajarse y olvidarse del estrés

Leer una buena novela erótica y dejarse llevar puede ser un estupendo ejercicio para liberar tensiones y desestresarse. La excitación tiene un efecto muy gratificante para el organismo y es la precursora del disfrute sexual y del orgasmo. Bien sea sólo o en compañía, es una buena forma de relajarse al final de la jornada o durante un momento de tranquilidad.

Un ejemplo lo tenemos en 50 sombras de Grey, que pese a tener muchos detractores que piensan que tiene un valor literario muy mediocre y ser criticado de forma sistemática, tenemos a otros que defienden la labor didáctica que este libro ha ejercido en la vida sexual de muchas mujeres, sus principales lectoras (lo que no se dice tanto es que se han beneficiado muchos hombres de ello, así como de otras lecturas eróticas). Según un informe que elaboró la consultora TNS en España, el 60% de las encuestadas afirmó haber aprendido cosas nuevas, para el 35% hubo un antes y un después en su vida erótica, el 33% aumentó la frecuencia de sus relaciones, el 44% probó posturas nuevas y el 29% empezó a utilizar algún juguete sexual. Aunque odio los términos que se han usado como: Es porno para mamás, porque, para mí, ese comentario sobra. Parte de la premisa de que el erotismo es lo mismo que el porno e indica que las mujeres a partir de una edad tienen como función exclusiva la de ser mamás (tetas para dar de mamar y delantal para cocinar magdalenas) cuando es un hecho bastante alejado de la realidad, pero del que no se habla con facilidad. Volvemos al inicio del texto. Buscamos el empoderamiento pero seguimos admitiendo términos inadecuados para una vida sexual sana, permitimos que siga existiendo el tabú a una vida sexual adecuada. Entendemos calidad de vida en cuanto a la alimentación, el ejercicio o la cantidad de sueño adecuado, pero en cuanto hablamos de sexo empezamos a reprimirnos, como si fuera algo malo y eso engloba a la literatura erótica.

Una actividad que es placentera (además no engorda), que nos evita tener que gastarnos dinero en medicina y en libros de autoayuda, pero descartamos esta ocupación. Que conste que, este último género nombrado, merece mi respeto pero a veces cuando acude a la lectura de estos libros es porque nos hemos saltado pasos previos, para mejorar nuestra calidad de vida, pasos que son mucho más sencillos y gratificantes.

Igual que nos esmeramos si tenemos invitados en casa creando un ambiente agradable lo mismo hay que aplicarse y dedicar tiempo al deseo si queremos cultivarlo, y la literatura erótica puede ser una herramienta muy adecuada, sobre todo para las mujeres que tenemos un erotismo más elaborado.

Recientemente se ha descubierto que leer libros del género erótico puede ser la mejor terapia para evitar el deterioro cognitivo que, inevitablemente, llega con los años. El psiquiatra Rafael Alarcón, coordinador de la sección de Gerontopsiquiatría de la Asociación Psiquiátrica de América Latina (APAL), comentó en el V Congreso Panamericano de Gerontología y Geriatría, que “la lectura de textos eróticos tiene la capacidad de despertar emociones. Para eso, se utilizan funciones intelectuales como la memoria, la atención, la concentración, la capacidad de pensamiento simbólico y la imaginación. A través de la lectura, los mayores se dan cuenta de que siguen existiendo, sintiendo y deseando”. Incluso llega a eliminar el uso de los antidepresivos. Pero siempre llega el típico sabiondo que reniega de la existencia de relaciones sexuales entre las personas mayores.

Henry Miller, dijo en una ocasión que “el sexo es una de las nueve razones para la reencarnación. Las otras ocho no son importantes

La gran pregunta que os lanzo: ¿vais a esperar hasta estar jubilados con 65 años, o más, para probar los beneficios de la literatura erótica?

sentimientos

Sin mirar hacia atrás

Iniciamos un años más, recién estrenadito, en el que llevamos las alforjas cargadas de la experiencia del año anterior y de nuevas ilusiones por lo que está por venir en este nuevo ciclo anual. Si la semana pasada os ponía una lista de sugerencias sobre nuevos y buenos propósitos, en esta entrada tuve mis dudas de si escribirla dando unas pinceladas sobre mis nuevos y mas cercanos proyectos o si poner un cerrado por vacaciones y no volver hasta que terminara de abrir mis regalos de Reyes y jugar con ellos, iniciando ya mi andadura en mi blog para mediados de enero. Pero aquí estoy una semana más que no sé si al final tiraré por un camino o por el otro, según me acabe dictando el cuerpo.

Lo que se destila en las redes, estos últimos días, es hacer balance, y así en algunos perfiles veo listas ingentes de personas que han llegado a leer hasta doscientos libros en un año, lo que hace la nada desdeñable cantidad de unos dos o tres libros a la semana. Imagino que en otros temas lo que se coleccionará serán maratones o kilómetros recorridos. Cada ser humano se marcó una meta y ahora llega la hora de ver si se han cumplido, o no, los objetivos.

Ni soy amiga de marcarme metas de este ni de ningún otro tipo. De hecho no creo que me pusiera ningún objetivo específico al año pasado a cumplir en este año o por lo menos no lo recuerdo. No suelo ser una persona que planifique de forma cerrada mis próximas actividades aunque, por supuesto, como escritora tengo unos objetivos que cumplir puesto que, ahora mismo, manejo varios proyectos que deberían de salir a lo largo de este próximo 2022 o por lo menos encauzarse.

A estas alturas de inicio del año mirando un poquito para atrás, aunque dicen que para atrás ni para coger carrerilla, lo que sí puedo decir es que veo que mis 365 días anteriores, a este que vivo hoy, han sido jornadas con sus luces y sombras. Sombras por las incertidumbres a que ha dado lugar la pandemia y luces porque, si bien tenía esa espada de Damocles sobre mi cabeza y sobre las de todos los que estaban en mi entorno, aquello que me propuse al final hacer, en mi día a día, se fue cumpliendo.

¿Habéis cubierto vuestras expectativas este pasado año? Si es así, enhorabuena. En todo caso, si no fue así, tenemos otro año más o para intentarlo o para comprobar, tal vez, que aquello que apuntamos en nuestra lista o no era alcanzable o no estaba destinado a nosotros. Lo cual tampoco es malo reconocer, hay que descubrir nuestras limitaciones e ir cerrando puertas, porque como diría mi abuela: el que mucho abarca, poco aprieta.

De momento, esta semana de inicio del año, me levanto con la mente en una somera planificación de mi agenda, y digo eso, porque tal como están las cosas el hombre propone, Dios dispone y la pandemia y otras circunstancias tienen la última palabra. Aunque, sí tengo claro que, si no tuviéramos un poco de visión de futuro al final acabaríamos cayendo en la depresión porque el ser humano necesita de tener ilusiones para vivir. Y así estoy yo, con dos libros sobre la mesa para decidir cual es el primero que entrará en el horno, varias opciones de ferias del libro, encuentros, Lecturas Conjuntas, clubs de lectura, presentaciones. Todo un poco caótico hasta que me pueda sentar con tranquilidad, pasadas las fiestas, y aclare un poco el camino que optaré. Y todo ello aderezado de cursos de formación, donde trataré de aprender todo lo que sea necesario para mejorar, tanto para la calidad de mi trabajo como para mi propio interés humano.

Para empezar el año nos encontraremos en las redes en una semana de autor que comienza el lunes 17 de enero gracias a la iniciativa del grupo @Comunidad de Escritores, para después avanzar, ya en el mes de febrero, con la lectura conjunta de mi bilogía de Israel, algo que me apetece mucho porque no soy de estar releyendo mis libros todos los días. Suelo publicarlos y al igual que las entrevistas, me tomo mi tiempo para volver a leerlos, pero es que creo que ya es hora y ahí voy a entrar por primera vez en una colaboración con la bookstagrammer @Antonella_en_letras que es quién lleva la iniciativa pero junto a ellas participarán, además de otros lectores y escritores, sus compañeras en estas historias: @unarosaentulibrería y @pilasdelibros. Aunque todas ellas prefieren que las llamen «opinionistas» y a las que os recomiendo que empecéis a seguir en IG y no les perdáis la pista y sumar a este proyecto una colaboración con @Miss Lilit, que puede generar bastante interés a la hora de volver a leer mis primeros libros. Además con dos de las bookstagrammers y dos compañeros más, ando pensando en dar un paso más allá con mi bilogía. Por lo que con ambos proyectos, que me ocuparán los primeros meses del año, inicio con muchas ganas este 2022 y me asomo desde detrás de mi árbol del caucho, al que muchos conocéis como ficus, con la ilusión de iniciar una nueva etapa, en la que espero que muchos de los que estuvieron apoyándome en el 2021 continúen conmigo en el 2022. ¡Nos vemos en las redes!

Opinión

Amazon 2021 visto desde fuera

Esta semana ya es la última en la que los autores pueden presentar sus novelas para el premio PLAS de Amazon, un premio del que tengo constancia en realidad desde hace poco pero que como ocupa, entre unas cosas y otras, varios meses año tras año, parece que la experiencia que se vive con él es mucho mas larga.

La gente que me conoce ya sabe que no me presento y los motivos que tengo para no hacerlo pero, aún así, sigo viviendo esa realidad semana tras semana desde que comienza la convocatoria allá por el mes de mayo. Y, es cierto que me implico, y eso también lo saben escritores y lectores, en la promoción de compañeros que concursan. Así como que, la mayor parte de las novelas que me leo y comento durante este periodo de tiempo son aquellas que se presentan al premio, por lo que al encontrarme entre bambalinas, me puedo permitir el lujo de vivirlo, no exactamente igual, pero si con conocimiento de causa como espectadora muy implicada en el proceso desde el minuto uno. Y puedo contar que me sorprenden cosas que veo, oigo y siento durante estos meses y no todas son para bien.

¿Qué es lo que he percibido en estas semanas de concurso?

Una de los aspectos que más me gustan es la gran cantidad de movimiento que hay en los grupos que animan a los participantes y que fomentan la lectura de sus libros, aunque hay clubs de lectura que en sus propuestas se mezclan tanto los libros que se presentan al PLAS, en un tanto por ciento alto, y dejan también un hueco para aquellos autores que no se presentan pero que publican algún libro en el margen de tiempo de vigencia del concurso.

Para mí tiene ventajas el PLAS porque deja publicar a la vez que el escritor inscribe su obra y eso favorece que la novela sea conocida, pero a partir de ahí ya empiezan a fallarme las ventajas. ¿Y por qué digo esto?

He podido ver que hay autores y que se toman la participación en el concurso como si les fuera la vida en ello tratando de conseguir buenas críticas, estrellitas y alabanzas de sus lectores y los métodos que usan para conseguirlas no son precisamente de buenos profesionales. Hay autores que apuñalarían a otros compañeros con tal de quedar por encima y se sabe perfectamente (porque las redes sociales tienen orejas muy grandes) que usan a sus lectores más fieles como ariete contra otros a la hora de hacer comentarios y reseñas. Que tengan por bandera la frase «en el amor y en la guerra vale todo» no dice mucho de unos ni de otros.

En cuanto a la visibilidad, yo que no participo en el premio y publico aproximadamente por las mismas fechas, no me puedo quejar. Ya que la que tengo es porque utilizo los mismo métodos e incluso alguno más como el resto de los autores que sí participan, o sea que en marketing y publicidad, voy a la par. E incluso hay escritores, y se lo he oído decir a más de uno, que para evitar esos malos rollos que tanto se dieron el año pasado, han preferido mantener un perfil bajo a nivel redes sociales, porque saben como yo, que no todo es estrellitas y buenas críticas a la hora de ganar este premio. Por lo tanto entrar en una pelea de barro es absurdo. En resumen, puedo decir que hay autores que mas bien buscan la invisibilidad en estos momentos por vergüenza ajena y tranquilidad psíquica.

Desde luego, no me lo he leído todo pero han pasado muchos libros por ojos y tengo orejas en las redes sociales y una de las cosas que también me ha llegado es la calidad de las novelas. Hay autores que solo escriben por y para el premio y como ocupa muchos meses y es año tras año, lo cierto es que tienen poco tiempo de un año para otro para tener novelas que sean de auténtica calidad. ¿Por qué digo esto?, porque son novelas con tramas muy conocidas y repetitivas, con finales precipitados, sin profundidad a la hora de narrar y solo se limitan a contar los hechos que les pasa a sus protagonistas, pero son personajes planos, donde apenas trabajan los escenarios y los tiempos, además de encontrar muchos anacronismos y eso al final no lleva a ningún lado. Aunque se les llene la boca de decir que solo se presentan por participar y no por ganar, luego vemos que hay unos bajos fondos que desmienten esas palabras. Los autores van a ganar en el 80% de los casos y algunos están tan convencidos que no se permiten incluso decirlo a boca llena y su compañerismo y buenos modos brilla por su ausencia. Gracias a Dios, son los menos pero también son los que acaban haciendo que haya tan mal ambiente. Algo que ahuyenta a los lectores y a otros autores. Que ganar y pensar en ganar es muy loable, odio la falsa humildad, pero no todo vale.

En cuanto a Amazon no es que ayude mucho. Antes el premio era mucho más completo con publicidad más mediática e incluso el ganador veía su libro en papel. Ya ni se molestan. Luego si abres el dispositivo no ves ni una sola referencia o sugerencia en la que identifiques que el libro que recomienda es un candidato al premio. Yo abro en el buscador y a poco que haya mirado algo en internet ya están saliendo banners con publicidad, algo que Amazon parece que a nivel literario le importa poco, es más fácil que me sugiera un juguete sexual que un libro del premio que ellos mismos organizan.

¡Ojo!, creo que es un premio que bien orientado, para los libros autopublicados, podría convertirse en el Planeta de Amazon, sobre todo teniendo en cuenta que su dueño, Jeff Bezos, creó su imperio apoyado en los libros, pero con el tiempo y la variedad de productos que tiene, parece que lo ha olvidado y es una lástima. Por lo tanto no quiero que penséis que estoy en contra de este premio, al contrario y quién me ha visto en las redes sabe que apoyo a todos los compañeros que participan en él publicitándolos en mis propias redes. Pero no estaría mal que se hiciera una carta firmada por muchos participantes con una buena tanda de sugerencias para mejorar ciertos aspectos del premio y algunas de las que he oído por ahí serían:

  • Mayor publicidad en sus propio canal.
  • Separación del premio por géneros.
  • Mantener la publicación en papel si el autor así lo quiere.
  • Tener un método de búsqueda más claro para encontrar los libros que se presenten al premio por parte del lector.

Estas son algunas de las sugerencias. Seguro que a vosotros se os ocurren algunas más. Creo que sería una buena opción porque, como bien he dicho, es un buen premio y el único para autopublicado, pero, pienso que desde sus orígenes a la actualidad, se está desvirtuando e incluso parece que Amazon, no es que lo quiera dejar morir pero da la sensación de no estar muy interesada en promocionarlo como se supone, algo que debería hacer puesto que ganar siempre ganaría más la empresa que el autor.

Para finalizar mi entrada, os animo a aquellos que seáis muy competitivos y, de verdad, vuestra vida vaya en ello, os leáis la entrada de un blog de otro compañeros sobre un estudio estadístico de los ganadores y finalistas de los anteriores premios. A lo que yo añadiría otros items, como el de calidad literaria que, por cierto, eso no se mide en estrellitas de cinco puntas, eso es para los generales, y tampoco en loas y alabanzas a punta pala.

Y como me ha sugerido una compañera que añada: «Solo puede ganar uno» y no tiene por qué ser a gusto de todos y esto no es la película de «Los inmortales» no se gana porque hayan muerto los demás.

mis lecturas, Opinión

El género epistolar

Siempre comentamos que escribir una novela histórica es algo muy complejo y, sobre todo, cuanto más atrás se vaya en el tiempo más laborioso es el desarrollo de la trama. Se puede ser afortunado y encontrar mucha documentación sobre un tema o verte frente a una muralla china para escalar y sin un hilo del que tirar porque, de algunos temas apenas hay documentos o están fuera de nuestro alcance. Pero aun así, yo seré de las que escribiré mi novela histórica y ya algunas personas muy próximas a mí saben por dónde irán mis pasos. Aunque estamos hablando de por lo menos unos cinco años antes de que todo el proyecto esté en pie. Y tal como se destilan las cosas hoy en día, a cinco años vistas todos calvos.

Desde luego mi idea no es quedarme para desnudar santos, sí sé que el refrán es para vestir santos, pero con eso de que soy en la actualidad escritora de thriller románticos con tintes eróticos, se me ha ocurrido plantearlo así para expresar que mi idea es seguir avanzando en mi desarrollo como escritora y por eso de forma sutil voy poniendo los cimientos de mis próximos proyectos, tocando varios géneros discretamente.

Pero un género que, para mí, sí considero muy complejo para leer y, sobre todo, para escribir, es el epistolar. Mantener a un lector pegado a una historia a través de un relato hilado por medio de cartas, tiene tanto o más mérito que una novela histórica. Esto viene a colación porque cayó días atrás en mis manos la novela epistolar homónima de Mary Ann Shaffer y Annie Barrows tía y sobrina, nacidas en Estados Unidos. Posiblemente no sea la mejor novela epistolar e, incluso, para muchos lectores, si se acercan a la película estrenada en el 2018, le parezca más llevadera que el libro. Pero insisto, el género epistolar es complejo de desarrollar de forma atractiva para el lector, pero muy agradecido a la hora de realizar un guion de cine y seguramente por algunas películas hemos conocido este género antes de leerlo.

Una lista personal la iniciaría con «Drácula» de Brad Stoker y continuaría con «Las amistades peligrosas» de Choderlos de Laclos o «Cartas a un joven poeta» de Rainer Maria Rilke, escritor que estuvo en España en los primeros años del siglo pasado, sobre todo por Andalucia y con el que tuve mi primer contacto al visitar el lugar donde se alojó en Ronda desde finales de 1912 a febrero de 1913. El lugar lo mantienen tal y como el autor lo dejó en su día. Junto a estos las «Cartas marruecas» de José de Cadalso, un autor romántico que me impresionó por su visión de la idiosincrasia española cuando me sumergí por primera vez en sus letras. Y finalizaría mi lista con las «Cartas persas» de Montesquieu, que con el mismo género, el epistolar y una ironía muy fina, nos presenta a la sociedad francesa de su época. Después, durante, muchos años hice un parón y no volví a leer novelas de este género hasta que ha caído en mis manos, de las autoras anteriormente nombradas: «La sociedad literaria del pastel de piel de patatas de Guernsey». Con un título que no es sencillo de recordar.

Tal vez, en comparación con las anteriores novelas, parecerá una historia demasiado ñoña, pero es que la gracia no está en la historia, si no en el trasfondo que podemos encontrar detrás de ella. Toda la trama se desarrolla en la isla del Canal de la Mancha de Guernsey moviéndonos entre el periodo de ocupación nazi y la postguerra. La protagonista es la escritora Juliet Ashton que ha logrado alcanzar cierto renombre con el seudónimo de Izzy Bickerstaff. Gracias a este éxito se siente una privilegiada pero a la vez vacía e incluso angustiada ante la situación que viven muchos británicos tras la guerra, aunque ella misma ha perdido a sus padres. Aun así, tiene la necesidad de devolver parte del beneficio del que ha disfrutado. Y aquí es donde entra en juego una carta que recibe desde la isla de Guernsey con la petición de que localice un libro para un club de lectura de la isla y que, debido a las restricciones de la guerra, les resulta muy complicado conseguir a los lectores de esa sociedad literaria. Ella consigue ese libro y comienza un periodo de intercambio de cartas entre la escritora y el lector de la isla donde se van desgranando un poco el día a día de ese club que empuja a Juliet a hacer una visita personal al club porque, en el fondo, su instinto le avisa de que ahí hay una historia que a ella le gustaría contar. Pero no es la historia que ella se imagina, es algo mucho más complejo y profundo que sufrieron los habitantes de estas islas del Canal de la Mancha y que en realidad no se conoció a fondo hasta los años 80 del siglo pasado, mucho tiempo después de haber acabado la II G. M.

Esto nos enseña que un libro que puede parecer que contenga una historia simple, si se rasca la superficie porque eres un lector analista, te puede llevar a unos lugares insospechados, como le ocurrió a Juliet, llegando a conocer aspectos de la historia que si no hubiera sido por las autoras Mary Ann Shaffer y Annie Barrows, posiblemente no la habríamos conocido.

Por eso siempre digo que un libro bien escrito suele, entre otras cosas, tener varias capas como las cebollas. La exterior puede mostrarnos una historia romántica sin más complicaciones para el lector, que no sepa o no quiera analizar más. Pero, si avanzamos en el análisis, podemos encontrar toda una serie de sentimientos humanos y miserias que van del amor al odio y, si profundizamos, nos podemos encontrar con todos aquellos antecedentes y el detonante que hace que los personajes actúen de una forma y no de otra, y todo detrás de un marco, histórico que influye en esas acciones y esos personajes. O incluso el mismo escenario de la historia afecta, porque estar en una isla ocupada por los alemanes en la guerra, no es lo mismo que vivir en el Londres bombardeado o en el norte, en las Tierras Altas en un pueblo de las islas Hébridas aunque todo se desarrolle en la misma fecha y el mismo país.

Aunque para mí lo más importante que transmite es lo que un grupo de personas encuentran en la lectura, que para ellos es un medio para viajar hacia otros lugares y alejarse momentáneamente de los horrores que ocurrían al cruzar la puerta.

Esto último nos lleva a otro elemento que quizás sea el más bello de todos: la pasión por los libros. Cualquier amante de la lectura va a esbozar más de una sonrisa a lo largo del recorrido por sus páginas; porque en realidad, podríamos pensar que la verdadera historia de amor que se cuenta, no es la que ocurre entre algunos personajes, sino aquella que evidencia el sinfín de poderes que posee un libro: un mar de papel repleto de palabras que nos permite fantasear.

Opinión

Sociedad «asocial»

Por circunstancias personales, esta semana tiro de hemeroteca. Voy a aprovechar lo que escribí hace varios años en mi otro blog de opinión personal. En este caso tiraba de pluma y tinta para una reflexión sobre las nuevas redes sociales que iban surgiendo en internet:


Una de las noticias que me sorprendió esta semana fue la de que cada día se están creando nuevas aplicaciones para móviles con un fin que yo no considero tan social, ya que las veo más bien nuevas “redes de pesca”, de un aquí te pillo aquí te mato. Los usuarios que se descarguen esa aplicación en el móvil y cuelguen su perfil, al tener a otras personas cercanas a ellos con la misma aplicación, podrán ver el perfil y si nos mueven con el dedito a la izquierda, seremos desechados como “posibles” y si en cambio nos dan con el dedito hacia la derecha, entraremos en el almacén de “posibles”, vamos un “me gusta” o “no me gusta”, pero con unos matices que dan la sensación de ser una pura y dura mercancía puesta en un escaparate para ser o no elegidos por unos supuestos compradores.


La sensación que me dio fue del típico mercado de esclavos de toda la vida (porque sigue existiendo lugares en el mundo donde las personas son vendidas y compradas en mercados) en donde unos van a comprar a otros. Lo que pasa que es más fino si ponemos una foto maja de perfil y escribimos cuatro tonterías superficiales de aficiones o directamente el interés que tenemos hacia la otra parte. No es como en algunos lugares del mundo donde te miran la boca como si fueras un caballo o te tocan para ver si estas sano ( y eso sin entrar en más detalles) La realidad es que las personas se están poniendo en un escaparate de venta con la excusa de que es para buscar relaciones afines. Vamos a ser sinceros, que a estas alturas todos sabemos que el 80-90% va a por una relación de un “aquí te pillo aquí te mato” de una noche y solo alguna persona va con otra motivación. Lo mismo esas tendrán la fortuna de encontrarse con alguien afín y con un posible conocimiento más real y profundo entre ellos.


Las relaciones sociales siempre han sido complicadas, porque se requiere tiempo y paciencia para que estas lleguen a buen puerto. Hemos estado en un final del siglo pasado y principio del actual en que lo que prima es, para muchas personas, la satisfacción instantánea. Y, es posible que, eso mismo le hayamos inculcado a nuestros hijos por lo que esas relaciones sí que no van a llegar a un buen fin. Es como una receta de cocina: la precipitación es mala consejera y al final acabará estropeando el plato.


Sí es cierto que no hay que demonizar las redes sociales, ya que todos somos participes de su desarrollo y tiene grandes ventajas. Tampoco demonizo las relaciones efímeras, porque, también para eso, somos mayorcitos. Pero siempre y cuando seamos conscientes de lo que suponen y consentido por ambas parte. Gracias a esas RRSS, hablo con amigos que están en Indonesia, Irlanda o incluso sin ir más lejos en la otra punta de España. A muchos los conozco personalmente, pero tengo un grupo que no tengo el gusto y que sin esta forma de comunicación, no me habrían abierto la visión de otras partes del mundo con sus costumbres y riqueza, al compartir fotos y vivencias y donde nos interesamos los unos por los otros. Así recibimos noticias y aunque no es tan cercano y cálido como un abrazo pero a veces las palabras también pueden ser acogedoras por internet. Gracias a las redes sociales grupos de personas que nos conocimos hace 25 años nos hemos vuelto a poner en contacto y al igual que en la vida cotidiana, se tiene que hacer el esfuerzo por mantener esa amistad. A veces, esos minutos en la cola del banco o del supermercado, dan para mucho y ahí aprovechamos para alegrarnos de las buenas nuevas de los amigos alejados y para acompañarlos y apoyarlos en sus malos ratos.


Pero lo que debemos es educar a nuestros hijos en que no se apoyen solo en estas redes sociales, ya que puede que algunos con su inmadurez no estén preparados para discernir entre lo que es un mero cauce y lo confunden con solo un fin. Esto es algo que le está ocurriendo a muchos jóvenes hoy en día, ya que no son capaces de relacionarse con niños desconocidos, como hacíamos nosotros, en un parque, o en una actividad social espontanea. Hay que buscar una justa medida y no ser una mera mercancía que se pueda identificar con un simple “me gusta” o “no me gusta”. No somos una lata de sardinas puesta en un estante en la que estemos comparando precios. Somos seres humanos con alma, y el alma no se puede introducir en una red social, es algo que va mas allá de un perfil puesto para impresionar a simple vista. El ser humano es un conjunto que engloba lo físico y espiritual que trasciende sobre todo en el tiempo y en el trato. Y, como siempre he dicho, a todo el mundo hay que darle su tiempo para ser conocido y tratado. Y en una red social para hacer “amistades” o le dedicas mucho tiempo o al final llegan las desilusiones y el vacío.


Aprovechemos lo bueno que tienen los medios, pero no dejemos de disfrutar de la vida con el contacto personal y diario, que es una de las cosas más hermosas del día a día y del que sacamos un buen partido aquí en el sur, que somos capaces de hablar y relacionarnos hasta con las piedras.

Han pasado unos años desde esta entrada en mi otro blog y sigo pensando lo mismo, sobre todo a raíz de la pandemia que seguimos sufriendo. Las redes sociales son muy importantes y nos gusten o no, han venido para quedarse, pero tratemos sacar de ellas lo bueno que tiene y no olvidemos nunca que detrás de un teclado y una pantalla hay personas y lo primero es el respeto y la educación.

Opinión

¿Qué se puede esconder detrás del seudónimo?

En una entrevista, días atrás, me preguntaron qué es lo que se escondía detrás del seudónimo de Gaby Taylor, y no es la primera vez que sale a colación en una entrevista esa cuestión. Además, esta semana, también ha saltado en los grupos de escritores la historia de un seudónimo masculino, tras el que se escondía una escritora, que ha dado mucho de que hablar en las redes. La causa no ha sido por el cambio de identidad, sino porque ha ido mucho más allá inventándose una vida, con imágenes que no eran suyas e historias rocambolescas. Todo esto lo comento sin haber sido testigo directo del asunto aunque sí ha llamado mi atención ya que en su momento, me habían parecido raras algunas de las actitudes de esta persona pero, es cierto, que no suelo detenerme en estos asuntos más de la cuenta.

En mi reflexión he seguido varios caminos. El primero fue pensar que historias como estás hacen flaco favor al mundo de la escritura aunque casos similares a este siempre los ha habido, rozando entre la locura y el delito. Las redes sociales facilitan esa forma de actuar. Pero vayamos al grano de la cuestión.

Desde el principio tomé la decisión de usar un seudónimo por varios motivos. El primero como homenaje a mi padre que se llamaba Gaby, el segundo porque quería separar mi vida en las redes dejando a un lado mi perfil personal del de escritora y como tercer punto, y que más me gustaba, porque era una manera de crear un personaje, desde la raíz, que formara parte de mi trabajo literario. Y es ese tercer aspecto donde me quiero detener y explicar, porque los otros dos creo quedan claros.

Hace tiempo para comenzar un Elevator Peach, en un curso de marketing, dije que tenía tres nombres, algo que es totalmente cierto y no soy la única. Uno es el del registro civil y que está en mi DNI, conocido por pocas personas, el segundo es el nombre familiar con el que me conocen mis amigos, aunque en mi casa mi madre usa el diminutivo, y ahora el de escritora. Pero en todo este lio está la misma persona, con las mismas opiniones y similar trayectoria. ¿Qué diferencia hay entonces con mi seudónimo? Pues con ese es con el que juego y es con el que aprovecho para fantasear pero, obviamente, sin llegar a inventarme una vida, porque se pilla antes a un mentiroso que a un cojo. Es el nombre con el que me permito algunas licencias, al igual que como autora lo hago a la hora de escribir, pero sin abusar de este recurso.

Pero claro, siempre hay autores que, para mí, hacen un uso erróneo de su seudónimo. Un caso, con el  que me he encontrado, es el de cambiar de seudónimo según el género que escriban. No lo veo práctico, porque si al final tienes que explicarle a todo el mundo quién eres, para que te compren, es doble trabajo de marketing. Para eso existen las clasificaciones por edad. Zafón empezó escribiendo novela juvenil y luego dio el salto y no se cambió de nombre.

Otro caso es el ir con los misterios, escondiéndose detrás de un avatar y sin apenas imágenes físicas personales en las redes. Que aunque no es malo en sí, es cierto que puede generar desconfianza. Y no hablo de casos como el de Cix Valak, con cuya imagen inicio está entrada, autor de fantasía que es de carne y hueso, al que he tratado personalmente. Lo suyo es crear un personaje como autor, algo parecido a lo que yo hago, pero llevado más allá, pues tiene su propia y magnífica escenografía. Pero él no cuenta una vida de fantasía, él se escenifica como autor. Lo suyo es otro mundo que vale la pena conocer.

Y por último está este caso que hablábamos de inventarse una vida en la que además ha usado imágenes de personas reales asegurando que era él y su familia. Pero en parte la culpa de que el engaño se haga una gran pelota de nieve es por nosotros. Nos va el morbo y la marcha. En vez de centrarnos solo en el valor de la obra del autor, nos ponemos a hurgar en su vida privada y claro, la pena, parece que vende porque es lo que la gente más compra. Y aprovechándose de esa pena y de la buena fe de otros muchos, se producen ese mal uso del seudónimo.

Mi gran duda es: ¿Cómo es posible que nadie haya visto venir esta historia si hasta escribió un libro a medias con otra autora? ¿A nadie le extrañó que nunca hizo presentaciones online? Cuando escribió el libro a medias, ¿nunca hicieron un Skype para conocerse? Misterios de la vida.

El caso es que, en realidad, el mundo de los seudónimos bien llevado es algo normal y que el 99% de los autores son lo que dicen que son. Y respondiendo a la pregunta, el seudónimo en un nombre que debería esconder poco o nada. Detrás de un seudónimo, por lo menos en mi caso, está la misma persona que tiene su nombre en el DNI.

N. de A: Ante todo dar las gracias a Cix Valak por permitirme usar su imagen para el encabezamiento de esta entrada y a Fotolócar por suministrarme la foto realizada por él.