vivencias

Un viaje en el tiempo

Esta luna de miel, como la tradición denomina, ha sido un auténtico viaje en el tiempo. Se fue gestando poco a poco, en la misma línea en la que nacieron todos los pequeños y grandes detalles que nos acompañaron en la boda. Recuerdo que cuando hicimos pública la noticia, primero fue con la familia y, paso a paso, el círculo se fue ampliando, llegando a aquellos que eran los conocidos y que por circunstancias tenían que saberlo. Lo habitual es que el acontecimiento tuviera buena acogida y solo algunas personas, que solían ser las más ajenas a nuestra vida, se extrañaban de esa decisión. Me resulta gracioso que cuando el anuncio viene por parte de una pareja jóven todo son felicitaciones, aunque sea cara a la galería, y nadie cuestiona la posible falta de madurez. En cambio, cuando es una pareja en segundas nupcias se plantea, sin ningún pudor como poco, que estamos locos. Pues una cosa que tenemos muy clara es que con la experiencia que nos calzamos los dos, bien fundamentada por nuestros anteriores matrimonios, ya procuraremos no repetir los mismos errores. Cometeremos otros pero aun así, andaremos con pies de plomo. Como se debería hacer en el primer matrimonio, pero la vida se complica y nos la complican. Ya os contaré algún día por qué suelo decir que hay que llenar la nevera de posit con consejos para no repetir las tonterías que a veces hacemos, que creo que incluso me da para un libro de autoayuda, pero vamos a lo que vamos. Tras esta pequeña reflexión paso de ponerme más sería y voy a contaros cómo se desarrolló nuestro viaje.

Desde el primer momento, teniendo en cuenta la situación política que se estaba gestando en el mundo, pensamos que no estaba el panorama como para irnos a Egipto, que era uno de los lugares que más nos tentaba. Luego te cierran el espacio aéreo y te tienes que venir montada en camello desde allí y las veces que me he montado en ese animal no ha sido del todo satisfactorio. Dicen que para dormir, si le coges el ritmo, es mejor que un caballo, pero no soy yo muy beduina. Por lo tanto, decidimos mirar hacia la península ibérica y no tener que depender de otro transporte que no fuera nuestro propio coche.

Primera parada: Cáceres

Desde el año 2009 no había vuelto a Cáceres, que era la tierra de mis padres, y Héctor no conocía esta ciudad ni los alrededores. Habíamos estado en Mérida, disfrutando de una obra de teatro, hacía ya dos años, pero pasear por esta ciudad los dos juntos todavía estaba pendiente y podía ser una buena opción. Sabía que Cáceres tenía muchas cosas que ver y buscando en internet encontré nuevas opciones para rellenar nuestra agenda de viaje. Ya sabéis que nuestras rutas son turístico-gastronómicas y de documentación y en este caso se han cumplido las tres con creces. A eso le hemos sumado que también ha tenido su puntito de viaje en el tiempo, ya que hemos pasado desde la España prehistórica hasta la del siglo XXI. Y todo ello sin salir de la Ruta de la Plata. Siempre he dicho que nuestro país tiene muchos rincones que nos pueden sorprender, incluso más que los circuitos del extranjero.

Elegimos un apartamento muy cuqui, diría la fashion de turno, en pleno centro del casco antiguo, en la calle Calero, la torre de la Yerba. Elegir un apartamento en Booking tiene su aquel. Hasta la fecha siempre hemos tenido suerte y los lugares que hemos elegido han sido de los denominados con encanto y han cubierto nuestras necesidades. También es cierto que no somos personas de esas que vamos por la vida con unas exigencias muy altas, pero sí que la calidad-precio esté equiparada. De todos modos, como somos muy viajeros, en la boda nos regalaron, y eso que dijimos que no queríamos regalos, una mochila de viaje de esas que tienen –para dos personas– platos, copa y sacacorchos (imprescindible para nosotros), cubiertos, mantel, salero, pimentero, etc. Ahí puedes llevar comida bien conservada y además siempre añadimos algún accesorio que a veces se les olvida colocar en este tipo de alojamiento (papel de cocina y algún paño).

La llegada fue el lunes por la mañana a eso de las 2 de la tarde, en plena hora de calor, creo que la primera de este verano 2026, y ni cortos ni perezosos nos lanzamos, en la plaza Mayor, a buscar un sitio para comer y tomarnos unas enormes jarras de cerveza. No sé si habrá muchas personas que no sean «muy de la tierra» capaces de meterse un buen plato de migas extremeñas con huevos fritos.

Yo soy muy de la tierra, sinceramente y hay que aprovechar las oportunidades cuando llegan. Pedimos además una tabla de quesos de la zona que nos hizo levitar. Creo que fue una buena forma de iniciar nuestra visita. Normalmente los lunes si llegamos a alguna ciudad comenzamos por tomar contacto con ella, puesto que lo habitual es que muchos espacios estén cerrados. Nos acercamos de primeras a la oficina de información y turismo, que fueron muy amables, y con eso de que les dijimos que éramos escritores nos regalaron un libro dónde se explicaba estupendamente todo lo más importante de la ciudad. Esa tarde fue de paseo calmado por sus calles.

Lo primero en la lista era el museo Contemporáneo de Helga de Alvear. No soy muy fan de este tipo de arte, ya sabes que lo mío es la arquitectura románica y gótica entre otras cosas, pero como es el mundo de Héctor, me gusta compartir y aprender, puesto que es su especialidad. Lo divertido es que al final, cuando hemos reposado muchas de las visitas, compartimos tranquilamente las mismas conclusiones en un lugar lo más fresquito posible. En este caso mucho edificio para tan «poca» exposición de los fondos de Helga (fundadora junto con otros galeristas de ARCO).

Los guías del museo comentaban que había unos grandes fondos, pero lo que allí se mostraban eran exposiciones temporales de los más ecléctica. Incluso me llamó la atención la repetición de una obra, en distintas plantas del mamotrético edificio (eran todo escaleras de hormigón) y diferente color, lo que me hizo pensar que era una lástima, porque hubiera sido mucho más enriquecedor ver exposiciones con un hilo conductor inspiradas con obras que a la galerista le hubiera llamado la atención en vida y adquirido.

Esa misma tarde tuvimos la suerte de encontrarnos con la exposición «Coco Chanel. Más allá de la moda» en la Fundación Mercedes Calles y Carlos Ballestero, su marido, (Palacio de los Becerra, Plaza de San Jorge, Cáceres).

La muestra reunió más de 70 piezas icónicas de la diseñadora junto a obras de artistas del siglo XX como Picasso y Dalí. Te dejo varios enlaces por si tienes oportunidad de pasarte por allí. Aunque ya haya otra exposición temporal, solo el palacio y sus fondos valen la pena.

La mecenas, Mercedes Calles, me llamó mucho la atención porque no había oído hablar de ella y por la colección de pulseras y collares con dijes de oro relacionados con sus múltiples viajes. Para mí esta señora fue la indudable precursora de las pulseras de Pandora. Nos gustó tanto la casa, su colección privada de obras de arte suntuario, como la exposición temporal de Cocó Chanel, sobre todo a mí, que ya había estado en el atelier museo de Balenciaga. Esta visita completó la del museo de anterior que se nos había quedado corta.

La tarde se completó visitando algunas iglesias como San Juan, Santiago, San Mateo, etc., que para mi sorpresa estaban abiertas, algo no muy habitual en las ciudades de España últimamente y, tras esa ruta, acabamos la tarde en la Casa-Museo Árabe Yusuf Al-Burch.

No es sencillo ver cómo sería la vivienda de la gente musulmana en el siglo XII, si no es visitando la Alhambra de Granada, y no todo el mundo pertenecía a la nobleza, con lo que no siempre nos valen los palacios para saber cómo vivía todo el mundo en un periodo histórico. Había en todas las poblaciones musulmanas gran cantidad de personas que vivían en hogares similares a este de la visita.

El miércoles planteamos una visita, programada desde hace mucho tiempo, que en este caso era de documentación a un pueblo llamado Navas del Madroño, también de la provincia de Cáceres. Algunas veces me has oído hablar de las Misiones Pedagógicas, proyecto cultural creado por el Gobierno de la Segunda República Española en 1931. Su objetivo principal era llevar la cultura, el arte y la educación a los pueblos más aislados y pobres del campo para ayudar a los campesinos. El proyecto fue dirigido por el pedagogo Manuel Bartolomé Cossío y se inspiró en las ideas de la Institución Libre de Enseñanza. Apenas sí quedan restos de aquella estupenda idea más que en la Residencia de Estudiantes o en el Ministerio de Educación, pero en la investigación, para darle contenido a mi próxima novela, descubrí que en este pueblo de Cáceres se encontraron escondidos, en un hueco tapiado en la pared, documentación, libros, discos y muchos objetos que se usaron en las misiones en esa localidad y que se trataron de poner a salvo tras el estallido de la Guerra Civil.

Llamé y fue un verdadero lujo ser atendidos por Silvia, encargada de explicarnos todo lo que estaba expuesto y las anécdotas que conocía, contadas por los vecinos y los descendientes de aquellos que lo vivieron. Para mí fue vivir otro encuentro con el pasado, que a fin de cuentas era en lo que se estaba convirtiendo nuestro viaje de bodas, y este con más razón puesto que ya sabes que mi padre era maestro y precisamente extremeño. Ver in situ lo que has estado investigando siempre es un placer.

Esa jornada era la tarde-noche de la velada de San Juan y andábamos tardeando por una tetería ideal, sita en el Hotel La Boheme en la misma Plaza Mayor de la ciudad. Allí nos enteramos de que en el palacio de la Isla, en su Patio de los naranjos, había un recital de poesía y música en directo. Si quieres verlo puedes pinchar en el texto destacado.

Digo esto porque tal como llegamos nos ofrecieron participar, cosa que por mi forma de ser (hay quien, tal vez, piensa que soy de las que me gusta figurar, pero va a ser que no) decliné. Pero Héctor, que tiene buena memoria y conoce algo más que Con cien cañones por banda, que es lo único que me sale cuando tengo que tirar de memoria para declamar un fragmento poético, aceptó. La actuación corrió a cargo de «El sombrero del abuelo» y la verdad es que nos gustó mucho.

Antes de dejar Cáceres nos quedaban pendientes dos visitas importantes. Una el era campamento romano, Castra Caecilia, que es un excepcional yacimiento militar de época republicana tardía (hacia el 80–78 a. C.) atribuido al general romano Quinto Cecilio Metelo Pío durante las Guerras Sertorianas. Se sitúa a unos 2,5 km al noreste de la ciudad de Cáceres. Los soldados que se licenciaban y ya no tenían motivos para volver a sus tierras de origen acabaron fundando la ciudad de Norba Caesarina o el Cáceres que conoces en la actualidad, pero antes de llegar a eso, teníamos un campamento romano, uno de los asentamientos que nos faltaba por conocer (conocíamos ciudades, factorías, puertos, foros, termas) y este es un buen ejemplo.

Otra visita era el santuario de la Virgen de la Montaña, patrona de la ciudad. Anda que no habré subido veces andando cuando era pequeña trochando por lo que se llamaba «el rodeo» y que ahora es una zona totalmente urbanizada. ¡Qué tiempos aquellos! Ya finalizadas esas visitas, teníamos otro salto de población y en el tiempo.

Segunda parada: Aljucén

Ahora llegaba otro plato fuerte del viaje, regalo de amigos que saben lo que nos gusta «lo romano». En Aljucén, a pocos kilómetros de Mérida, hay una villa romana, recreada como villa de turismo rural y que era nuestro siguiente destino. Íbamos con unas grandes expectativas y estas fueron superadas con creces. De esos sitios que no dudaremos en volver si el tiempo lo permite. Incluso la idea es hacerlo con los mismos amigos que nos hicieron el regalo para que ellos lo disfruten como nosotros.

La villa romana es un proyecto de un arqueólogo Santi y su mujer Noemí denominado Aqua Libera, en Aljucén (Badajoz). Es un alojamiento rural y centro de bienestar ecológico con una filosofía muy interesante y que recrea de forma artística y arquitectónica una auténtica casa romana (domus). Está situado a unos 10 minutos en coche de Mérida, cerca de la Vía de la Plata.

Características Principales

Sostenibilidad: Utiliza energías limpias, como biomasa y energía solar, para mantener una filosofía ecológica. El suelo es radiante para que puedas disfrutar también de un buen ambiente en invierno.

Inspiración romana: Cuenta con patios interiores (atrium y peristilo), jardines, fuentes, estanque, mosaicos y decoración en los espacios diseñados para recordar la vida clásica.

Termas y spa: Dispone de baños termales abiertos todo el año y zonas de bienestar privadas que ofrecen masajes y rituales de relajación.

Gastronomía temática: Ofrece cenas y banquetes inspirados en la cocina tradicional e imperial en un ambiente propio de aquella época.

Al llegar dejamos nuestras maletas y nos dirigimos a comer al pueblo. Allí aprovechamos el quiosco en la plaza de la Iglesia, que por suerte también estaba abierta y pudimos aprovechar para hacerle la visita. Así da gusto.

A las cinco teníamos una hora de spa (salus per aquam) que no sabíamos que era en exclusividad para nosotros. Es pequeño pero si se junta, un grupo de amigos caben perfectamente si es de entre 6 u 8 personas. Si son parejas sueltas, tienen el buen gusto de que no nos hacen coincidir, con lo que disfrutamos de total privacidad en las tres piscinas que había de agua fría, caliente y la piscina grande, en la que en sus cuatro lados había un banco corrido dentro del agua.

Así se entiende perfectamente cómo los romanos podían hablar de política y negocios en esos espacios. Cualquiera que haya estudiado la carrera de Historia o sea amante de ese periodo histórico lo sabe, pero vivirlo es mucho más bonito. El espacio tenía una luz tenue y estaba iluminado con candelas de aceite. Era muy bonito el mosaico que nos recibía en la zona donde se dejaban los albornoces y las zapatillas cedidas por el alojamiento. Este, así como el que había en la entrada, que era la cabeza de medusa, y el tercero, en el triclinium, estaban diseñados y ejecutados por los dueños de la villa. Noemí nos contó la técnica que usaron para realizarlos. Realmente no deja de ser un puzzle. En el lararium, donde se veneraban a los Lares y a otras deidades domésticas los dioses familires o lares, pensamos que sería una buena idea hacer una ofrenda con el fin de pedir protección, salud y prosperidad para la familia y mantener la armonía en el hogar, pero ya las había en él.

Tras una hora de relax, que te deja lista de papeles, aprovechamos para disfrutar del peristilo, que es un gran patio columnado que abarca el viridarium (el jardín) con la natatio (la piscina), el solarium, donde nos esperaban nuestras tumbonas, y un pequeño bosque que nos acerca al sentido más puro del jardín romano. Tras el baño nos retiramos a nuestros aposentos a la espera de que a una hora nos tuvieran la ropa con la que nos vestiríamos para la cena temática. Lo malo es que yo vi unos complementos que vendían en la domus que eran ideales.

Cuando nos dieron la ropa nos recomendaron bajar vestidos un ratito antes de que cayera la noche, así nos podríamos hacer unas fotos aprovechando la luz del atardecer. Pronto comprobamos que no seríamos los únicos que disfrutaríamos de la velada con la ropa propia del momento, aunque es cierto que nos colocaron estratégicamente repartidos en distintos puntos del peristilo, e incluso una pareja disfrutó del templete que presidía el jardín, con lo que parecía que éramos los dueños de la domus. Al caer la noche y empezar la cena nos dejaron todo el entorno solo iluminado con lucernas de aceite, al igual que en cada mesa, y con una música de fondo instrumental, que bien podría haber sido la que acompañara a los dueños del pasado en estos momentos de la vida diaria.

Ya ves, si quieres una estancia inmersiva este es uno de los lugares apropiados para intuir cómo era la vida en las villas rurales romanas. La cena (si pinchas en la palabra resaltada te pasaré un enlace dónde leerás una interpretación de esos platos) está inspirada en el libro de recetas romanas De re coquinaria, de Apicius. Esta obra es de hecho un compendio cuya última versión data de finales del siglo IV. En el siglo I, Marcus Gavius Apicius, que vivió bajo el reinado de Tiberio, del que era su cocinero oficial, redacta la primera versión, que luego se ha ido retocando y enriquecido. Se trata de la fuente más completa sobre la cocina romana. Y es, no obstante, el reflejo de una cocina extremadamente refinada. Las recetas de Apicius fueron célebres sin embargo en todo el imperio romano. Esta obra, recortada en 11 volúmenes, presenta cerca de 500 recetas. Dado que en la cena nos sirvieron vino aromatizado con especias y rosas, cuando hemos vuelto a casa buscamos la receta y tomamos, en vez de tinto de verano, vino de rosas o de violetas, que fresquito es una delicia y además nos acerca el recuerdo de aquella inmersión rural.

Y acabamos en la prehistoria

Para finalizar el viaje nada mejor que ponerle la guinda con la visita a un dolmen, el de Lácara, que está también próximo a la Ruta de la Plata y a Aljucén, con lo que podíamos decir que nos cogía de camino. Como la villa romana había que abandonarla después del desayuno, era una hora estupenda en la que todavía no apretaba el calor, para dirigirnos a ese lugar. Sigo diciendo que muchos no sabemos los tesoros que tenemos en España y a tiro de piedra de nuestras casas.

Es una lástima ya que sufrió voladuras y daños con dinamita en los siglos XIX y XX porque se utilizó como cantera de granito para obras cercanas —como la construcción de líneas de ferrocarril— y los vecinos rompieron su gran cubierta de piedra para extraer material o facilitar su uso como refugio de ganado. Aun así vale la pena la visita porque, dentro de lo que cabe, está bien conservado. El coche se deja en una bolsa de aparcamiento a pie de carretera y es una ruta sencilla de unos 3 kms entre la ida y la vuelta.

Como ves casi hemos dado una vuelta a la historia sin salir de la Via de la Plata y en menos de 80 días. Lo hemos disfrutado mucho y, aunque sabemos que no podemos imprimir con palabras las sensaciones que hemos vivido en estos días, lo cierto es que ha cubierto con creces nuestras expectativas. Hemos conversado con viajeros que nos han hablado también de sus experiencias, como otra chica escritora y su marido que estaba buscando las raíces de su familia en Extremadura y con los que coincidimos en el palacio de la Isla en la noche de San Juan. Hemos disfrutado cuando nos abrieron el centro de interpretación de Navas del Madroño, al que les he prometido un libro para sus fondos, aunque les avisé que va a ser muy complicado conseguirlo, incluso de segunda mano. No ha sido un viaje de aventuras ni a lugares exóticos, porque en realidad, lo importante ya iba en el equipaje: nosotros. En los viajes, sea cual sea el destino, el motivo o las visitas concertadas, lo importante es estar a gusto contigo mismo y con quién te acompaña, a fin de cuentas, la trama de la historia; todo lo demás, el decorado.

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¿Cómo se organiza una boda entre un escritor de thriller y una escritora de histórica (romántico-erótica)?

ARSA

Para empezar, contábamos con la inigualable colaboración de una importante sección que forma parte del núcleo duro del aquelarre de amigos: ARSA. Este es el acrónimo de Andaluzas Reunidas Sarao Asegurado. Tras esto vino el apoyo de la MAFIA que no tiene acrónimo, es tal cual lo que todos pensáis que es: LA FAMILIA (pon aquí voz grave y misteriosa). Ventaja, que tanto el aquelarre como la familia ya se conocían bastante entre ellos con lo que por ahí nada que objetar.

Encabezado de la invitación via email

Aunque lo cierto es que todo empezó a gestarse unos meses antes. Para ello solo hizo falta un detonante, de esos que hacen saltar las alarmas y no, no fue un embarazo, eso ya es más que viejuno y en mi caso el milagro de Lourdes. Fueron unos resultados médicos ambiguos que me tuvieron arañándome la cara, como diríamos por aquí, desde octubre a enero. Eso me hizo sacar a colación que, ya que habíamos salido vivos de escribir un libro a cuatro manos como Operación Paraíso y, además, que, tras tres años juntos parecía que el barco del amor navegaba hacia buen puerto (¡por dios que ñoño! Aunque me lo vas a perdonar, pero tengo que sacar algo de mi aprendizaje en el curso de escritura creativa), por lo que podríamos plantearnos que era un buen momento de ir pidiendo cita para poner fecha. Una vez que la tuviéramos solo era cuestión de diseñar a nuestro gusto unas invitaciones para enviar via email. Ya sabrás que todo esto es la teoría, porque luego nos encontramos con la realidad de que el mundo se mueve a golpe de cita previa y mucha paciencia. Eso de casarte con premura ya ni en Las Vegas. Menos mal que «lo mío» no era de irse al patio de las malvas.

Revista de regalo para los invitados

En un primer momento pensamos hacerlo en el ayuntamiento de San Fernando, ya que nuestros testigos, Paco y Patricia, (a los que siempre les agradeceremos su disponibilidad para los dos momentos en los que su presencia fue imprescindible) son vecinos de este bonito pueblo y era una forma de que fuera más sencillo tanto ya voy ya vengo por motivos burocráticos). ¿Por qué cambiamos de opinión y nos casamos en El Puerto de Santa María? La culpable fue Mariló, la funcionaria que nos atendió desde el primer momento y que nos facilitó toda la información, no solo una o dos veces, si no hasta cuatro. Sí, no te rías, te garantizo que casarse la primera vez es mucho más sencillo –o más inconsciente–, que casarse la segunda. No sé si ocurrirá lo mismo en la tercera, no es mi intención averiguarlo, la verdad. Ella nos informó de las fechas que estaban libres para el mes de junio (estábamos en 15 de enero, que es cuando abren la agenda para quienes se casan en primavera) y elegimos el 19 de junio a las 12.30 de la mañana.

En la revista se relataban detalles de la boda al estilo victoriano

Una vez solucionado todo el tema burocrático (a veces hacer la gestión online es desesperante) llegaba el momento de poner en marcha la sección ARSA. Una parte se encargaría de todo lo relacionado con el avituallamiento y decoración del evento y la otra con la ropa y la ceremonia. Porque ARSA quería bodorrio, que para los profanos se puede traducir como fiesta con el aquelarre y la mafia unidos dándolo todo. Una cosa era la ceremonia civil, algo más comedido y en los que estaríamos los más íntimos, que no más cercanos –hubo quién vino en avión y otros en tren–, y otra el bodorrio, en el que invitaríamos a todos los que son importantes en nuestra vida en estos momentos. Unos pocos, de esos que se cuentan con los dedos de dos manos (la de Héctor por un lado y la mía por el otro) y que son de gran calidad humana, que es lo que cuenta.

Puesta en marcha

Ya metidos en harina, a mi contraparte se le ocurre proponer que el bodorrio podría ser temático (ya me estaba yo viendo con la Legión 501 de escolta) aunque no llegó la sangre al rio y todo quedó en una fiesta de temática histórica. Como somos escritores y además ambos estudiamos la carrera de Geografía e Historia, pues acotando el campo nos quedamos con la premisa de que le propondríamos a la gente que se disfrazaran de personajes de novelas escritas entre 1850 a 1930. Como entenderás, se lo pusimos muy fácil, porque no es que tuvieras que ser un personaje definido, se podía ser un médico de Jack el Destripador, una lavandera de Historia de dos ciudades, o un contable de Canción de Navidad, que cada uno echara su imaginación a volar y que Temu, Shein o Aliexpress echara una mano.

Una cosa que teníamos claro desde el principio es que, aunque fuera una boda no íbamos a empeñar lo que no teníamos. Más bien todo iba a ser similar a cuando te ponen la condición de que el amigo invisible sea una cosa bonita, pero solo de 10 euros. El bueno, bonito y barato de toda la vida, las tres B complicadas de conseguir. Uno de esos retos que siempre me han gustado. Desde luego comprendí que habría compras en las que no quería ni podía ir a lo barato, pero en otras no hacía ninguna falta tirar la casa por la ventana. Sobre todo, lo que tenía claro, una vez que me centré, que el traje de los novios lo iba a hacer yo e íbamos a ser la típica pareja victoriana que tanto hemos visto en las películas y series de la época, que ahí sí tendría que darlo todo. El diseño quedó definido de la siguiente forma: Héctor con levita, chaleco, corbatín, bombín y bastón y yo con traje largo de tafetán burdeos, sombrero, guantes, enaguas, camisa de encaje, bla, bla, bla (las chicas llevamos tantas cosas que la lista es amplia).

El proceso fue divertido. Tengo que contarte el secreto de que tengo formación en patronaje desde hace años, aunque hace también mucho tiempo que no me meto en semejante berenjenal, por lo que, apelando a la lógica, busqué en internet patrones de disfraces históricos y voilà, me tocó el premio gordo y me los enviaron de allende los mares, vamos de EEUU y de la versión americana de nuestro tan conocido BURDA (que es una empresa alemana nacida en el año 1949) y que se llaman McCall´s (nacida en 1870 de la mano de un sastre escocés en New York) y Simplicity (nacida también en New York en 1927). Tardé unos 4 meses en tenerlos listos, pero básicamente porque probarme a mí misma y probar al novio cuando podía hizo que se ralentizara el proceso creativo. Aprovechaba esos ratos de parón para dedicarme a otras cosas de la boda.

Temu casi nos pide asociarnos

Obviando en estos momentos el tema del apoyo al comercio local, algo con lo que estoy totalmente de acuerdo y soy altavoz de esa petición, llegaba la hora de comprar muchos detalles para la puesta en escena de la boda y que lamentablemente ni había tiempo ni dinero para recorrerse comercios locales y conseguirlos de esa manera. Sabiendo además que muchas de esas cositas que necesitábamos los comercios locales se avituallan al final en China, fuimos directamente a la fuente. Aunque, como he comentado antes, hubo detalles que sí se encargaron en España, porque iban a trascender en el tiempo y eran importantes para nosotros, como las copas de la ceremonia, regalo de nuestros hijos y que son de vidrio hechos por un artesano que reinterpreta piezas de la antigua civilización romana –sí, en la antigua Roma existían los vasos y copas de vidrio, solo al alcance de las familias más poderosas– y las alianzas, que son esas dos serpientes de plata, hechas en una joyería de Talavera de la Reina (Toledo) que replican joyas históricas. Por cierto, la serpiente era muy utilizada en las ceremonias romanas antiguas por su significado:

El simbolismo de la serpiente en Roma

  • Renacimiento y eternidad: La capacidad del reptil para desprenderse de su piel hizo que los romanos lo vieran como un emblema de juventud eterna, transformación y vida.
  • Protección: Se utilizaban como amuletos protectores (tótem para alejar las malas energías) y como símbolo de los espíritus guardianes del hogar.
  • Amor y devoción: En algunos contextos, como el famoso anillo que Marco Antonio regaló a Cleopatra (una práctica adoptada de las costumbres egipcias y griegas), representaba el amor eterno y el compromiso.

Una vez decidido dónde se organizaría la fiesta, el chalet de mi comadre en Sevilla (hermana o tata para los íntimos), nos liamos a ir llenando la cesta de pedidos, poco a poco, de cosas útiles y reutilizables en otras fiestas y alguna inútil o desechable (las menos, somos muy ahorrativas y ecológicas en la medida de lo posible). Tomamos también la importante decisión de que la comida sería patrocinada por Juan Roig, el Mercadona de toda la vida, que tiene sus detractores, no lo discuto, pero si quieres cosas sin gluten, sin lactosa, sin azúcar, sin, sin, sin, que te lo lleven a casa y que además sus productos nos gustan, no tuvimos ninguna duda. Solo los vinos se salieron de esa linea porque teníamos claro cuales iban a ser y no los distribuye esta cadena. Ahora solo era cuestión de tiempo e ir esperando que este pasara mientras íbamos colocando en dónde podíamos los paquetes que del lejano oriente nos iban llegando.

¿Qué fue lo más complicado?

Pensándolo bien, la parte más complicada fue la ceremonia. No me aclaraba en la forma. No queríamos la típica yankee y menos vestida de señora victoriana de buen año y por mucho que buscábamos, no encontrabamos nada que nos llamara la atención. Tampoco quería una extravagancia, una ya tiene una dignidad que no está dispuesta a tirarla por la borda. Luego, lo de buscar un maestro de ceremonia no estaba incluido en nuestro presupuesto, preferíamos gastarlo en jamón, la verdad y siendo los dos escritores ¿por qué iba a ser tan complicado? Al final, la última semana, que parecía que estaba todo más tranquilo (mentira cochina) nos pusimos manos a la obra con ese tema. Queríamos que participara la mayoría de los invitados de una forma u otra, un hándicap casi insuperable en una Sevilla a las 12.30 de la mañana, aunque bajo veladores, a 40 grados prácticamente, y con una piscina al lado que nos llamaba hasta con la ropa puesta.

Antes de llegar a eso había que realizar la ceremonia civil, que no deja de ser un mero trámite burocrático. De todos modos aunque queríamos hacerlo íntimo, como hemos dicho antes, ya que venía familia de lejos queríamos darle la importancia y solemnidad que en realidad tiene. Por lo que ya puestos llamamos a Mariló para ver si podíamos solicitar que la celebrara el concejal que pensábamos que mejor nos podía acompañar en esos momentos: David Calleja.

Con David la ceremonia fue bonita, porque tras una pasada rápida por los artículos del Código Civil, marcó su impronta con un discurso cercano y sencillo, con preguntas que hizo que los invitados y contrayentes participáramos y le añadiera más calidez a un acto que se puede realizar en diez minutos. Por eso es uno de los concejales más reclamado para las bodas civiles en España y ya os digo que no me extraña, ya que le da la formalidad justa. Sería divertido hacer un ranking y ver que posición podría ocupar. Como agradecimiento a su buen hacer y cómo le llamó la atención de que fuéramos autores, le regalamos nuestra Operación Paraíso, que tantas satisfacciones nos está dando.

Tras la comida familiar, en la que siempre falta algún miembro por cuestiones logísticas ya que fue un viernes y mucha gente trabajaba (una lástima, pero no todo el mundo tenía derecho a permiso porque se casaban sus padres. Solo somos padres de cuatro, aun así, algún amigo intentó que lo adoptáramos, si bien no coló), salimos como alma que lleva el diablo camino de Sevilla, porque al día siguiente había que estar frescos para la fiesta.

El bodorrio

El sábado 20 estaba todo listo y solo nos quedaba colocar la comida y ponernos nuestras segundas mejores galas. La gente fue llegando poco a poco y tuvieron que cumplir una serie de requisitos para entrar. Debían traer algo que quisieran compartir para beber y que les sería requisado a su llegada, a cambio recibirían un pequeño detalle de ese día para llevarse. Nosotros hicimos como en época victoriana, recibimos a nuestros invitados a pie de escalera en la entrada principal.

La recepción de nuestros invitados había quedado perfecta y solo faltaba poner en marcha la ceremonia. Desde el principio Héctor pensó que lo ideal es que fuéramos nosotros y la anfitriona quiénes lleváramos todo el peso, porque a fin de cuentas ¿quién podía conocernos más que nosotros mismos (y mi hermana que es el perejil en mi vida)? Y así lo organizamos, centrándonos en el vino, un punto de unión en nuestra relación (tinto D.O Campo de Borja, Tres Picos y un tinto D.O Tierra de Cádiz llamado Samaruco), aunque también estaban representados nuestros libros, el gusto por los viajes y la buena comida.

La parte formal terminó con las fotos de los participantes disfrazados, para recordar lo locos que estamos y tener siempre presente hasta dónde llegó la imaginación del grupo cuando llegó el momento de meterse en faena (además sabíamos que a la hora de la comida nos íbamos a poner todos en bañador y disfrutar del merecido chapuzón en la piscina). Hubo personajes de todo tipo y de muchas novelas, desde Tom Sawyer, Alicia en el País de las Maravillas, una sufragista, dos peaky blinders, un sombrerero loco, la reina de Corazones, Rose DeWitt Bukater, el explorador Allan Quatermain, un capitán Nemo y un capitán Ajab (no, no trajimos la ballena ni el submarino) un banquero y una dama de la época victoriana, así como una lavandera e incluso una pitonisa o médium y nosotros, que éramos los dueños de la mansión.

Y por supuesto, no podía faltar una tarde-noche de piscina que para nosotros queda y la sorpresa de la decoración de nuestro salón-dormitorio-habitación auxiliar. Ya a estas alturas de la vida no se necesitan grandes hoteles, multitudinarias reuniones de compromisos, ni banquetes pantagruélicos para pasar un buen rato. Se echó mucho de menos a Noelia y sus hijas que, por otros motivos también lúdicos de fin de curso, no pudieron asistir y a Belén y Paco que, en este caso el motivo, fueron las oposiciones de nuestra amiga, pero estuvieron en nuestro discurso, en nuestro corazón y en nuestro viaje de boda en forma de regalos que nos hicieron llegar. El viaje te lo dejaré para otra entrada, si me apetece, si bien lo mismo te adelanto alguna foto. Ese fue un viaje en el tiempo que tampoco tiene desperdicio.

mis lecturas

El pastiche literario: Nunca te acostarás sin saber algo nuevo

Los orígenes

Antes de meterme en honduras, quise saber de dónde provenía el término pastiche literario y descubrí que su origen se remonta al año 1919. Fue acuñado en su día por el escritor francés Marcel Proust, que lo popularizó en literatura con su obra Pastiches et mélanges, en la que imitaba el estilo de autores del siglo XIX. Yo lo había escuchado varias veces durante nuestras conversaciones en la Sociedad Literaria Sherlock Holmes, como forma de denominar a aquellas novelas que no pertenecen al canon holmesiano. Este se define como el conjunto oficial y exclusivo de obras escritas por Sir Arthur Conan Doyle que narran las aventuras del detective Sherlock Holmes y su compañero, el Dr. John Watson.

Imagen de Gaby Taylor

Pese a llevar varios meses participando en la Sociedad, todavía no me había animado a leer ninguna novela fuera del mencionado canon. Incluso me adentré en otros escritos de Conan Doyle, pero el único pastiche al que me atreví a acercarme fue a series y películas, como la última de Amazon Prime, El Joven Sherlock. Es entonces cuando me hablan de Londres, 1891, de Juan Ramón Biedma, y me sorprende su lectura por el buen oficio del autor. Tenía referencias de que era una novela en la que sus primeras 60 páginas podían resultar complicadas o, incluso, que era bastante dura para lectores sensibles, y la verdad es que no hay nada que más me guste que enfrentarme a un reto de ese tipo.

Según he ido avanzando entre sus páginas más me he ido sumergiendo en la época victoriana, hasta tal punto de que he podido llegar a pensar que su autor era contemporáneo de Conan Doyle. Por lo tanto me animo a tratar de presentarte los puntos fuertes de esta novela y argumentarte por qué la recomiendo.

Lectura recomendada

Ya te he comentado con anterioridad que mis obras favoritas son aquellas en las que las descripciones tienen un peso destacado. Las necesito para delimitar un marco temporal y espacial, porque si no, abandono la lectura. Aquí, en cambio, me he encontrado que el autor lo hace a las mil maravillas usando el recurso de dos sentidos, el olfato y el gusto, algo que no suele ser habitual pero que recomiendan ya en el más básico curso de creación literaria. En realidad hay que narrar con los cinco sentidos bien afinados. Aquí he buceado con gusto entre muchas descripciones en las que se identifica Londres como la gran cloaca del Imperio Británico en esos años del siglo XIX, y lo hace sin ningún reparo. Tal vez sea eso lo que algunos lectores aducen como motivo para considerar no apta su lectura para almas sensibles, supongo que tampoco serán de los que vean las noticias del día. Esto me lleva a recordar la presentación del doctor Watson en El estudio escarlata, donde Conan Doyle lo hace, podría decirse, con más delicadeza:

…gravité hacia Londres, gran sumidero al que se ven arrastrados de manera irresistible todos cuantos atraviesan una época de descanso y ociosidad.

El padre de Sherlock Holmes, para mí, es condescendiente si interpreto su descripción como que a la ciudad van a parar las aguas de muchos lugares. La realidad es que si cambiamos esas aguas por habitantes de todo el imperio eso es cierto, pero la mayoría no iban a descansar ni tenían una vida ociosa, a no ser que fueran casos como el del Dr. Watson, licenciado por sus heridas. Juan Ramón no admite concesiones y nos presenta la capital de un forma dura, con todas sus sombras, las más oscuras que te puedas imaginar: prostitución, tráfico de niños, zoológico humano, espiritismo… Inmundicia de alto nivel, donde la famosa moral victoriana brilla por su ausencia. Algo lógico pues era más hipocresía que moral. Las malas condiciones de vida de la mayoría de los habitantes quedan muy bien reflejadas, capítulo tras capítulo. Nunca baja la guardia, siempre está ahí esa degradación.

Getty Images «Una corte para el rey del cólera», dice esta ilustración hecha en 1852, que muestra una escena típica de las condiciones de hacinamiento, insalubres en los barrios bajos de Londres. El cólera apareció por primera vez en Gran Bretaña en 1831, y los brotes ocurrieron regularmente en Londres a mediados del siglo XIX

Podría poner muchas descripciones como ejemplo de esa crudeza, pero dejo que el futuro lector las descubra sin mi ayuda. Si acaso mencionaré la sensación de que el autor le da mucha importancia a la niebla, esa que en aquella época cubría Londres varios días seguidos en su momento más álgido y que llegará a causar entre 4000 y 12000 muertos (1952); esa que ayuda a encubrir delitos, ocultar cadáveres y a desviar la mirada para no ver aquello que incomoda. Junto a esto se recuerda el Gran Hedor que afectó a Londres en el verano de 1858, en la voz de quién considero protagonista de la trama: Cox. Todo ello, niebla y malos olores, queda muy bien reflejado y enmarca la acción, favoreciendo que el lector sea casi un personaje más, aunque en actitud de mirón desde una acera cercana o tras una ventana. En mi caso, me hubiera gustado estar en el momento en el que los trabajadores de las cloacas entran en el club Diógenes. La presencia del olor tenía vida propia y llegó hasta mis fosas nasales:

La exhalación de las inmundicias que llevaban consigo permanecía allá por donde pasaban […] Todos estaban sucios, pero algunos de ellos venían completamente rebozados en una sustancia negruzca incomparablemente más repulsiva que las excrecencias que conocían los ciudadanos que no bajaban a las mismas profundidades que ellos. La fetidez es una entidad inestable, dotada de peso, volumen, masa, densidad y vida.

Entrando en materia, tenemos tres protagonistas: Cox, Holmes y Moriarty. El primero tratando de salvar a una niña secuestrada y que lleva el peso de la historia, mientras los otros dos se hallan en continua persecución con el fin de aniquilarse mutuamente. El profesor es el inductor del secuestro de la hijas y nietas de importantes personajes de la sociedad de la época, incluida la mismísima reina Victoria. A su vez, nuestro detective tratará de buscar todas las pruebas necesarias para que incriminen a su eterno enemigo en un asesinato, ajeno a este último golpe que Moriarty tiene planeado. Todos ellos están estupendamente acompañados por otros muchos secundarios que Juan Ramón tiene la habilidad de ir presentando poco a poco, añadiendo con ello un nuevo grado de interés en la trama. No hay muchos momentos de relax en la lectura, siempre es un continuo avanzar, conocer nuevos hechos, añadir historias laterales que acaban confluyendo en la principal. Como aquellos afluentes del Támesis aportan más detritus a sus aguas, estos personajes añaden más hechos inmorales al ya de por sí decadente y ominoso conjunto .

Ilustración de Sidney Edward Paget

El autor ha hecho un buen trabajo con Holmes, ya que sigue siendo el detective por todos conocido, pero en este caso no asumeel protagonismo, más bien se encuentra en dificultades y acosado por los agentes de Moriarty, tratando de sobrevivir y, a la vez, de acabar definitivamente con su enemigo. No puede confiar en nadie.

La documentación histórica se presenta muy bien incrustada, haciendo que se diluya sin dar la sensación de que estamos ante un manual, defecto del que suelen adolecer muchos novelistas que pertenecen al gremio de los historiadores o que, sin serlo, para dar verosimilitud abusan de los datos. Había hechos que yo conocía, como el de los zoos humanos, por mi búsqueda en otro momento sobre el circo Barnum. Uno de estos existió en España, en El Retiro, durante este mismo siglo XIX. Llegaron a mantenerse hasta la exposición universal de 1958, en Bélgica, aunque generaban muchas protestas. Otro detalle que valoro mucho es que tampoco tira de lenguaje florido o de un exceso de términos de época, hecho también muy común y que hace que el lector pierda el gusto por la lectura.

He llegado a un punto en el que los autores me llaman la atención no tanto por sus historias si no por cómo llegan a ellas y qué técnicas usan para su desarrollo, por ello suelo buscar información de su trabajo y leo algunas de las entrevistas que les han realizado a largo de su trayectoria. Así encontré una, precisamente a raíz de la publicación de Londres, 1891 en el 2015, donde habla de que el detonante de esta novela fue una conversación sobre estos zoos humanos del siglo XIX y, si bien trató de hilar una novela en la que Barcelona sería el escenario, lo cierto es que al final acabó en Londres y con esta trama. Me encantaría saber cuál fue el hilo conductor que le llevó hasta esos lares. Siendo como soy autora, entiendo ese tirar de la madeja y salir un poco por Antequera y con los siete niños de Écija como compañeros de viaje. En esa misma intervención habla de retomar este tema en una próxima novela, pero creo que su trabajo ha continuado por otros derroteros.

Al haber acabado este libro me he quedado con ganas de más, pero no de historia, sino de conocer la trayectoria de Juan Ramón. Por ello voy a cumplir mi premisa: leer de un autor que llama mi atención su primera y su última novela y, si cumple mis expectativas, al final acabará entrando a formar parte de mi biblioteca. Creo que para aprender siempre tiene que ser de los mejores. Ya me ganó bastante cuando leí un comentario en la citada entrevista, que ya había oído previamente de boca de otro autor.

El trabajo de construcción lingüística es el gran perdedor en la literatura del siglo XXI, donde la mayoría de las novelas superventas parecen escritas por un alumno de segundo curso de grado universitario. Es indispensable mantener el empeño en esmerar este aspecto esencial de la literatura si queremos evitar su decadencia.

Tras esto estoy deseando asistir al encuentro en la librería El Laberinto con este autor, el próximo día 19 de marzo. No solo se hablará de esta obra, sino también de su última publicación, El club de los primogénitos, que ha recibido el galardón de novela Letras del Mediterráneo 2025. Te dejo el cartel por si te interesa también acompañarnos.

mi trabajo

Una entrevista sin pelos en la lengua

Una tarde con Leonardo Jimenez, autor del blog: Mi experiencia como escritor

Gaby Taylor (Tetuán, 1967) es escritora de novela romántica y erótica, géneros a los que aporta thriller, documentación histórica y personajes profundos. Licenciada en Geografía e Historia por la Universidad de Cádiz, trabajó durante 15 años como delegada comercial en una empresa de joyería antes de dar el salto a la escritura. Nacida en un viaje familiar, reside en El Puerto de Santa María tras la crianza de sus dos hijos. Su obra se caracteriza por un ritmo rápido y visual que aúna documentación histórica y cultural de los lugares que recrea con la creación de personajes realistas. Entre sus novelas destacan «Siempre Juntos», “Confianza Ciega” (Bilogía), «Unidos por el pasado» (Kaizen Editores, 2021) y «Operación Paraíso» (2025).

¿Qué emoción estaba ahí antes de que existiera tu primer libro?

La imaginación y la curiosidad desde que tengo uso de razón.

Trabajaste 15 años en joyería antes de escribir. ¿Qué te dio ese oficio que ahora usas en la escritura?

Más que en la escritura en sí, lo que me ha ayudado es a obtener una buena formación, que he ido ampliando, en el tema del marketing y la publicidad. Aunque todo lo que aprendí fue publicidad analógica, durante la pandemia di el salto a lo digital y me mantengo en continua formación.

Estudiaste Geografía e Historia. ¿La documentación histórica de tus novelas es placer o disciplina?

Es lo que más me gusta. Al final acabo escribiendo una novela, pero puedo tener para otras cuatro más. Además, soy muy exhaustiva en los detalles y trato de comprobar hasta la más mínima información. No podría poner algo sin estar bastante segura de que lo que he escrito hace honor a la verdad.

Tu obra mezcla erotismo, thriller e intriga política. ¿En qué orden llegan esos elementos cuando empiezas a escribir una novela?

Puedo decir que la culpa la tuvo el erotismo en mis primeras novelas. Estaba muy de moda la de “50 sombras de Grey”, que animó a otras muchas autoras a escribir sobre ese género, pero a mí me faltaba algo en esas historias. De hecho, amigos que ya sabían de mi habilidad para narrar me animaron a escribir eso que faltaba en las novelas que ellos mismos leían

¿Qué parte de tus libros te costó más escribir y por qué?

Pues siempre me cuesta más lo romántico que lo erótico, porque lo erótico me sale solo, en lo romántico odio caer en lo ñoño y es una línea muy fácil de traspasar. Lo mismo digo con lo erótico y lo porno. La ventaja es que esa línea la tengo muy bien delimitada.

Dices que tu obra aporta algo que faltaba en la novela erótica cuando empezaste. ¿Qué era lo que faltaba?

Trama. Faltaba una trama que sustentara ese erotismo. Las relaciones entre mis personajes no pueden faltar y por lo tanto el erotismo, que es un modo más de relacionarse, siempre va a estar presente. Aun así necesito que haya algo más en mis novelas, un drama familiar, un thriller, una investigación, porque el sexo por sexo me resulta muy aburrido y repetitivo. Todo el mundo conoce la mecánica y en realidad lo bonito es generar tensiones, el cortejo, algunos equívocos… En muchas novelas de este género eso brilla por su ausencia.

Defines tu estilo como rápido y visual. ¿Escribes viendo escenas en tu cabeza mientras construyes frases en el papel?

Sí. De hecho escribo con una técnica que consiste en tener en mi cabeza la novela de principio a fin. Conozco los lugares en los que se va a desarrollar, percibo el aroma de los espacios, puedo conocer hasta el perfume que llevan mis personajes. No siempre eso queda plasmado en la novela, pero tiene que estar en mi mente. Una vez que lo tengo todo lo paso al papel, porque ahí es donde voy a desarrollar los detalles que harán de urdimbre de toda la historia. Eso no quita para que el final no sea exactamente igual a como lo pensé en un principio o que quite o añada escenas, pero si no tengo todo eso no inicio la escritura de mi nueva novela.

Estás cursando un programa de escritura creativa teniendo ya varias novelas publicadas. ¿Qué te está enseñando que no sabías después de haber escrito tanto?

Sobre todo me ha enseñado a salirme de mi zona de confort. Como he comentado, a mí, escribir un relato erótico no me supone ningún esfuerzo y, por el contrario, desarrollar un pequeño relato de fantasía me cuesta mucho más. Esos cambios de género fueron algunos de los ejercicios que tuve que presentar a lo largo del curso. También me fue útil para acercarme a autores que me recomendaron leer y con ello conocer nuevas técnicas narrativas. Ahora mismo estoy empezando una novela en la que me cuesta encontrar el tono. Presento la trayectoria vital de una mujer, Julia, desde 1929 hasta 1992 y, aunque sea la misma persona, no habla igual en una época que otra. Todos los seres humanos evolucionamos, y en la novela ese es el arco del personaje. Por eso me costaba mucho encontrar ese tono que necesitaba y en el curso me recomendaron técnicas y lecturas para conocerlo, trabajarlo, adaptarlo a mi futura novela y pulirlo.

Eres muy crítica con la industria editorial y con ciertos premios literarios. ¿Escribir te ha vuelto más crítica o ya lo eras antes?

Siempre he sido una persona muy crítica con las injusticias y la mala praxis. Todo el mundo sabe que los grandes premios literarios están dados por mero interés comercial, pero eso no quita para que se cuide la calidad. Dicho de manera coloquial: que no se note tanto el plumero. Eso mismo pasa en la industria editorial, se ha vuelto un mercado persa en el que entra de todo. Desde una falta de calidad, que vemos directamente en la mala corrección, hasta incluso editoriales que no pagan a sus autores las regalías que les corresponden. Lo que pasa es que todo esto se habla en “petit comité”, hasta que alguien un día suelte la liebre y entonces veremos correr a los galgos. Por supuesto no todas son así, pero hay que hacer un salto de fe viendo y oyendo lo que ruge en los mentideros.

Trabajas en una novela histórica sobre la II República española. ¿Qué tiene ese periodo que te atrae tanto?

Básicamente es un homenaje a mi padre que fue maestro, no profesor sino maestro, que es una palabra que ya de por sí, para mí, tiene un significado muy profundo. Cuando en redes se habla de cual es la profesión más importante hoy en día, los comentarios siempre se inclinan hacia las carreras sanitarias, o de ingeniería, pero pocos son los que recuerdan que sin un maestro en su niñez y juventud, que oriente a los aprendices, nadie hubiera iniciado siquiera esas carreras. Ellos te enseñan a leer y escribir, más las cuatro reglas, y sin eso no existiría ninguna profesión en la actualidad. Luego, por mi formación académica y tras mucho investigar, llegué a una conclusión a la que otros muchos llegaron, aunque quería convencerme con mi propia investigación: la de que somos herederos de los maestros de la II República. Sobre todo los que entraron a estudiar en plena transición, como fue mi caso. Aunque muchos maestros tuvieron que exiliarse, a otros los expurgaron y muchos más fueron asesinados, el caso es que con un puñado se sacó adelante una formación que fue la base del cambio en España durante los años 80. Había una semilla que se mantuvo latente hasta esa época y por eso me gusta mucho ese periodo a nivel educativo, porque aunque muchos de sus avances se truncaron, como el tema de las Misiones Pedagógicas y que la mayoría de la población no estaba preparada, lo cierto es que cuando llegó el momento aquello germinó.

Eres miembro de la Sociedad Literaria Sherlock Holmes. ¿Qué te enseña Conan Doyle sobre escribir thrillers?

Mas que escribir sobre thriller me acerca a un periodo histórico, como la época victoriana, que me ayuda a alcanzar el tono y la ambientación para algunos de mis trabajos. Soy mucho de describir por medio de los olores, los sabores y el tacto, trato de utilizar los cinco sentidos para mis novelas. Este tipo de técnica es muy utilizada por los escritores del siglo XIX. Sé que en la actualidad a muchos lectores no les gustan las descripciones, pero es algo que para mí resulta imprescindible para colocar al lector donde me interesa. He leído novelas que me han dado la sensación de estar colgadas en un gran vacío porque el autor no ha dejado claro cual es el espacio-tiempo en el que se desarrolla la trama. Creo que se debe a una mala interpretación de lo que se considera una novela atemporal. Los grandes clásicos nos plantean cuestiones como los celos, envidia, ambición y eso es lo atemporal que aportan a la literatura de nuestros días, pero las tramas se deben colocar en un espacio y en un tiempo bien definido y con un vocabulario, tono y actitudes acordes al tiempo en el que se desarrollan. Considero muy desagradable ―y me saca de la historia― encontrar un personaje de una novela mal llamada de Regencia que entra en su dormitorio recién decorado y dice: “me mola”. La Sociedad Literaria me aporta leer verdaderas joyas que, sin pertenecer a ella, lo mismo nunca hubiera conocido.

Dices que compras libros de segunda mano y buscas las huellas de sus antiguos dueños. ¿Qué te gustaría que dejaran los lectores en tus libros?

Me encantaría encontrar anotaciones de las impresiones que la lectura de esa novela ha causado al lector.

Tus personajes masculinos —James, Ari, Manuel, Lucca, Kilian— están muy trabajados. ¿De dónde salen los hombres de tus novelas?

Normalmente son el tipo de persona, en este caso hombres, que me gustaría que abundaran. No son perfectos, tienen sus defectos como todos los seres humanos, porque de eso es de lo que se trata, de hacer personajes lo más realistas posible. Suelo utilizar una mezcla de todas las cualidades que me gustan y, por supuesto, pongo algún defecto. Es una técnica que sigo perfeccionando a lo largo de mi día a día como escritora. Lo del ser humano perfecto no existe y un personaje así resulta aburrido.

Llevas años escribiendo en tu blog sobre literatura, cocina, formación. ¿Qué te da escribir en tu web que no te da escribir novelas?

Varias cosas que considero muy importantes. La primera, que conozcan algo más de mí que no siempre aparece en mis libros, luego expresar mi opinión sobre ciertos temas relacionados con el mundo de la escritura y, sobre todo, aportar recomendaciones de libros, técnicas de escritura, curiosidades o conocimientos varios que voy recopilando aquí y allá, y que a mí me valen para seguir avanzando en este mundo literario.

Si tuvieras que elegir una sola escena de todas tus novelas que resuma por qué escribes, ¿cuál sería?

Por esta que te escribo a continuación:

Me agaché al lado de una cepa, toqué la tierra y tras coger uno de los terrones lo desmenucé entre mis manos, vi los troncos de los sarmientos que parecían secos, pero yo sabía que la vida estaba a la espera del calor y que su renacimiento era cuestión de tiempo. Sentí su aspereza en la piel de los dedos y me quedé ensimismada mirando su forma. Al alzarme, vi la ondulación de la colina y comprendí que, dentro de poco, todo aquello estaría cubierto del verde de las hojas y el rojo burdeos, casi negro, del milagro de las uvas. Cerré los ojos y aspiré profundamente. Olía a humedad y frío. Me gustaba ese aroma a campo, a tierra de viñas.

Y para finalizar, una recomendación para futuros escritores que te haya servido en tu carrera literaria.

Todo el mundo tiene derecho a escribir, igual que a leer, pero no a publicar de cualquier manera. Es importante que si se va a publicar corrijamos de una manera exhaustiva, porque nuestro trabajo tiene trascendencia y más hoy en día con las redes sociales. Si nos avergonzamos a veces de una imagen que hemos subido a las redes en un momento inadecuado o hacemos comentarios de alguien que ha metido la pata de esa manera, pensemos que una publicación, sea en forma de post, sea en forma de novela, una vez que se deposita en Internet ya no somos dueños de ella. Trasciende y ya no lo podemos parar. Entiendo que una primera novela tiene muchos fallos. Las dos primera mías los tienen y yo lo sé; sin embargo son tus hijos y, como los biológicos, algunas veces te sacan de quicio; pero son tus hijos y estás obligado a educarlos. Los libros son iguales. Hay que educarlos, hay que mejorarlos. Si el primer libro de un autor o autora tiene los mismos fallos que el último que ha escrito y no he visto crecimiento y mejora en sus letras, no vuelvo a leerla más. No tengo tiempo. Por lo tanto, mi recomendación es que NO tengas prisas en publicar, date tiempo, aprende, corrige y, sobre todo, no te duermas en los laureles. Trata de crecer y mejorar, que tus lectores te lo van a agradecer.

Si quieres escuchar la versión extendida de la entrevista te incluyo el enlace al blog de Leonardo para que allí puedas disfrutarla de otra manera.

https://miexperienciacomoescritor.blogspot.com/2026/02/hoy-charlamos-con-gaby-taylor-t2e124.html

Mis relatos

En una Navidad polarizada recuerda: nos necesitamos todos.

Un regalo con inspiración navideña

Hoy me apetece hacerte un regalo en forma de relato. No es el que muchos lectores esperan en esta época, pero sí tiene ese aire o espíritu que yo le busco a la Navidad. Lo escribí y presenté hace poco como trabajo final para el curso de escritura creativa superior “Yo quiero escribir”, dirigido por Carmen Posadas y su hermano Gervasio. Te dejo el enlace por si te apetece echarle un ojo y ya en otro momento te contaré que me ha supuesto la experiencia.

Seguramente pensarás que a santo de qué viene ese título una vez que leas el relato. Por un lado, me gustó y, por otro, que dice una verdad como un templo. A la hora de la verdad viene a ser como el refrán de más vale buen vecino que pariente ni primo. En este mundo todavía se debería poder compartir mesa con un desconocido, más de una vez lo he hecho, y dejarnos de polarizaciones, porque divide y vencerás (soy muy refranera por herencia paterna). No me enrollo más y paso directamente a mi cálida aportación a estos días festivos. Espero que te guste y estaré atenta a tus comentarios.

¡Feliz Navidad!

Simanim

Tal era la forma de jarrear que los dos jóvenes atravesaron de sopetón la puerta de la cafetería. Ella le precedió y su primera sensación fue la añoranza que le aportó el aroma a café y almendras tostadas. Cuando pudo recomponerse un poco aprovechó para recorrer con la vista el local. Estaba todo lleno, por lo que al cruzar su mirada con el hombre le hizo un gesto para que compartieran mesa. El rostro de él se abrió en una sonrisa de agradecimiento.

Linet miró sorprendida a su entorno. ¡Era tan vintage! Le gustaba ese tipo de decoración de madera antigua que añadía calidez y seguridad, pero sobre todo era el olor que impregnaba el ambiente y que le traía imágenes de la cocina de su abuela los días antes de Navidad. Por la cara de sorpresa de él dedujo que posiblemente pensaba lo mismo.

―Gracias. Me llamo Jaime. ―El chico le tendió su mano helada al sentarse pesadamente. Ella se la estrechó tras quitarse los guantes y dejarlos al lado del servilletero―. El tiempo se presenta tan malo que no tenemos ni cobertura. ¡Nada, paciencia!, a ver si pasa la tormenta.

―Está tan lleno que es lo menos que podía hacer. Nunca había recorrido esta zona y, con la que estaba cayendo, he entrado en el primer lugar que he visto.

―Entonces te ha ocurrido como a mí. Hace pocos meses que me he mudado. Me ha cogido la tromba buscando una ferretería.

Su conversación quedó interrumpida por la llegada de una señora entrada en años, en la que Linet ya se había fijado cuando echó el primer vistazo a la cafetería. Estaba pesando algo en una báscula que debía de tener cerca de los cien años. Ahora que la veía más de cerca, le hicieron gracia los manguitos que cubrían la blusa de encaje y que hacían juego con el mandil, empolvado con lo que supuso harina o azúcar glas.

Pidieron dos cafés con leche y ella les recomendó algunos de los dulces de la casa, que tenían unos nombres que les resultaron desconocidos y de los que solo reconocieron el baklava. Los había tan sonoros como las orejas de Hamán, el briwat de frutos secos o los travadicos. Decidieron compartir media docena de los que más les llamaron la atención. La mujer le pasó el encargo a un hombre con un delantal similar y rondando la misma edad que ella, que la ayudaba moviéndose con soltura entre la decena de mesas.

Ante las preguntas sobre el origen de los dulces, Rebeca, que así se presentó, les contó que todos pertenecían a su cultura. Les explicó que durante la Gran Guerra habían huido de Esmirna y que lo único que habían podido salvar fueron las recetas. Junto a su marido, Malek, pudieron salir adelante levantando aquel negocio. Cuando la dicharachera mujer los dejó para atender a otra pareja, Linet y Jaime retomaron su conversación.

Descubrieron que ambos eran un poco como los dueños de Simanim, que así se llamaba la cafetería: venían de otros lugares y llevaban poco tiempo en la ciudad. Linet acababa de llegar de Gales, para ser profesora de inglés. En cambio, Jaime se había mudado un par meses atrás, como encargado de una tienda de telefonía en la calle Mayor. Venía de Murcia.

Él se asombró de su buen castellano y Linet le contó que se había criado en España y, gracias a ser bilingüe, le había salido este contrato. Ser hija de profesores y extranjeros le había impedido arraigarse en ningún sitio y apenas sí tenía trato con gente. Jaime afirmó estar en una situación parecida, pero por falta de tiempo. Desde que llegó, tuvo que organizar la tienda y ahora trataba de asentarse definitivamente y conocer un poco más esta ciudad y a su gente.

Según iban saboreando los dulces, Linet se percató de que se encontraba a gusto con él y en aquel lugar. Ella, que era de naturaleza introvertida, hablaba ahora con total naturalidad de temas que, si bien no eran personales, tampoco tenía costumbre de comentar con desconocidos. Lo hizo de sus gustos, de su interés por dedicarse a la traducción de libros, porque era una ávida lectora y, sobre todo, de visitar los alrededores. Él le confesó que tenía abandonada la lectura, hábito que se planteaba retomar, y que también le llamaba eso de visitar lugares nuevos. Pastelillo a pastelillo, los dos empezaron, incluso, a hacer planes en común sin apenas darse cuenta.

Rebeca los observaba desde el mostrador mientras Malek pasaba su mirada de la pareja a su mujer entre pausa y pausa de colocar los botes de ingredientes. Los acomodaba en los huecos de la estantería de madera que cubría toda la pared a sus espaldas. Cada espacio estaba trabajado con mimo y asemejaba las pequeñas ventanas árabes que le recordaban a las de las casas de su niñez.

―Deja de ejercer de khattaba ―susurro leyéndole el pensamiento a su bendita esposa. Ella sabía que era un comentario jocoso por el tono y su sonrisa.

―Te recuerdo que en mi cultura sería shadchen y no es algo premeditado. Sin embargo, me da la sensación de que están muy solos y pueden hacerse amigos. Nuestros pastelitos obran milagros. Luego ya, el tiempo dirá en qué quedan ―le respondió Rebeca. Con todo, si ella podía, les daría un empujoncito…

La mujer siguió discreta las expresiones corporales de la pareja desde el mostrador. Sentía que la conversación entre los dos era mucho más relajada que cuando llegaron. Siempre había pensado que un café intenso, sus dulces y un espacio tranquilo era lo único necesario para que las personas se comunicaran entre ellas. Cierto que tenía un poco de shadchen, si bien nunca había necesitado a ninguna para conocer a Malek. Pese a pertenecer a dos culturas con una frontera bien definida, lo convulso de aquellos años y la huida juntos facilitó que pudieran franquear esa línea invisible entre árabes y judíos.

Linet escuchaba atentamente a Jaime y de vez en cuando miraba por la ventana.  La lluvia seguía cayendo con intensidad. Hacía tiempo que no pasaba nadie. En cuanto escampara aprovecharían para abandonar el lugar. Los dos pensaban llevarse por lo menos otra media docena de aquellos estupendos dulces que los habían acompañado en ese rato de conversación en el que el reloj parecía no avanzar. Por fin, el mal tiempo dio tregua y decidieron acercarse para pagar la cuenta y hacer cada uno su pedido.

Rebeca se alegró de que les hubiera gustado tanto su repostería que se animaran a comprar algunos para casa. Mientras se los envolvían, Jaime le preguntó si tenían Facebook o Instagram para etiquetarlos cuando los recomendara en sus redes.

―¡Oh!, de esas cosas modernas no tenemos conocimiento ―les respondió el marido.

 ―¿Qué significa Simanim? ―terció la chica en la conversación al ver el logotipo impreso en la etiqueta. Esta vez le respondió la mujer.

―En mi cultura se usa para denominar aquello que tiene un significado simbólico y cuya forma nos lo recuerda. Esas pastitas que en el centro tienen mermelada nosotros las llamamos Orejas de Hamán y nos recuerdan a un enemigo que en un pasado remoto vencimos. Tranquila, creo que no le cortaron las orejas ―finalizó la historia con una risa cantarina ante la cara de sorpresa de Linet.

Como ya no llovía, Jaime se ofreció acompañarla durante un trecho en dirección a su casa. Al llegar al portal, la chica se percató de que se había dejado los guantes de lana en el mostrador al ir a pagar. Ya se pasaría para recogerlos. Jaime le sugirió que, si le apetecía, podrían ir juntos y repetir la estupenda velada, a lo que la chica aceptó porque había sido un rato que no le importaba revivir. Se intercambiaron los teléfonos, aunque ya quedaron en la puerta de la cafetería, dos días más tarde a la misma hora.

Llegaron a la vez y, entre risas, entraron, avanzando hacia el lugar dónde suponía que había dejado sus guantes para preguntar por ellos. Cuando levantaron la vista se quedaron quietos y sorprendidos: ¡el lugar era una librería! Había detalles similares, como las baldas que antes estaba llena de botes a los que, ahora, sustituían libros. A lo largo del mostrador, donde se encontraban las campanas de cristal con los pasteles, se veían libretas, cuadernos, lápices y agendas. Hablaban de salir a la calle para confirmar que se habían equivocado de local cuando un hombre de unos 50 años surgió de la trastienda con una jarra y una taza idénticas a aquellas en las que les habían servido sus cafés dos días atrás.

―Bienvenidos a la librería y papelería Simanim. ¿Qué necesitan? Si quieren un café mientras les atiendo no tienen más que decirlo y saco otro par de tazas y unos pastelitos.

Al recorrer la vista por tablero de madera pulido, Linet se encontró sus guantes al lado de una pila de libros de fantasía.

―Estos guantes… son míos ―dijo la chica con la voz temblorosa.

―¡Estupendo! Me alegro de que haya recordado dónde los había olvidado. Los encontré mientras colocaba los libros que habían llegado para la campaña de Navidad.

―Pero… Yo estoy segura de que dejé mis guantes olvidados en una cafetería en la que me atendieron dos encantadores señores ya mayores.

―Pues no sé qué decirle. Es cierto que aquí se ubicó una pastelería hace muchos años. La regentaban mis abuelos. Tras eso, mi padre, que no sabía nada de repostería, la transformó en lo que ven, aunque dejó muchos detalles que había hecho el abuelo, como esta librería que está detrás de mí. Lo mismo habrá oído a alguien hablar del establecimiento.

Linet recogió sus guantes y un aroma a canela, almendra y cardamomo inundó su nariz. Sin hacer referencia a ello, los guardó en el bolso. Volvió a recorrer el local con la mirada y pudo ver en una esquina, fuera de lugar, aquella báscula antigua.

―Seguramente habrá sido eso, sí ―le respondió al amable librero mientras miraba a Jaime con ternura.

―No es posible. ¿Cómo iba a olvidarlo? Si fue aquí donde Linet y yo nos conocimos.

―No sé qué decirle. Lo cierto es que mi abuela tenía fama de casamentera ―continuó ante su cara de desilusión―, también mi padre me contó que los clientes, cuando traspasaban sus puertas, se sentían tan acogidos que el tiempo transcurría sin apenas darse cuenta y siempre estaba lleno.

Linet y Jaime se despidieron del librero. Tras un rato de silencio, tratando seguramente de digerir lo que habían vivido, el chico puso voz a sus pensamientos.

―Me comí el último dulce ayer mismo, en la sobremesa, con el café. Ese que llamó la Oreja de Hamán. Pero si se lo digo ―señaló con la cabeza el local― nos iba a tomar por locos.

 ―Desde que entré me sentí como en otro mundo. Todo era tan pausado y tan propicio para conversar ―añadió ella―. Pero no me explico cómo ha podido ocurrir, aunque tampoco parecía muy sorprendido. Me da la impresión de que para él era normal que hubiéramos visto a sus abuelos y que Rebeca se dedicara a propiciar los encuentros entre desconocidos. O incluso lo que tú dices, que somos un poco atolondrados. ―Pues no sé dónde darle las gracias, porque creo que de nuevo ha hecho un gran trabajo ―respondió Jaime mientras le anudaba la bufanda a Linet, sin apartar sus labios de los de ella.

N. de A. Mi agradecimiento a Pepa, dueña del Hotel Las Cortes de Cádiz, por su acogida. Todos los años suelo hacerme alguna foto de promoción navideña en su maravilloso entorno y este año no podíamos faltar. Gracias.

Mis relatos

Operación Paraíso

Capítulo 1

Como todos los primeros días que fue al instituto, Daniel pedalea nervioso hacia el apeadero. Sonríe, a pesar de la tensión, recordando la eterna cantinela de su madre: «¿Lo llevas todo?», «Come algo a media mañana, que eres muy despistado, te olvidas y luego te dan mareos» o «Ten cuidado, que los coches…».

La verdad es que tenía razón. No iba a reconocerlo en voz alta, ¡lo que le faltaba!; sin embargo, es innegable que tenía razón. Tampoco se lo iba a demostrar demasiado a menudo, que enseguida se entusiasmaba y daban comienzo las caricias o los besuqueos y él ya es demasiado mayor para tanta intensidad.

En el fondo sabe que la quiere.

El tren llega ―¡cómo no!― con retraso. Es normal. Comprueba en la aplicación los cambios de horario. Siempre que ha tenido que salir de su barrio ha cogido el anterior al que necesitaría, porque el «por si acaso» suele transformarse en «¡menos mal!».

Es mayor que la chavalería que lo rodea; pero está acostumbrado. El gesto se le ensombrece de golpe al recordar los años tras la muerte de su padre. Fueron tiempos duros para su madre, que se quedó solo con las pensiones de orfandad de los tres niños. Le dijeron que era joven y aún podía ponerse a trabajar, como si llevar una casa con cinco bocas no hubiese sido trabajar. Encima, no quisieron reconocer el accidente laboral. Las pasaron canutas hasta que salió el juicio. Los abogados no se pagan solos y los ahorros de una vida de partirse el lomo, además de impedir la justicia gratuita, volaron deprisa.

Después, tampoco mejoró.

Su madre encontró trabajo. Fregar casas ajenas la envejeció demasiado pronto. Continuó siendo amable y cariñosa, aunque a Daniel se le rompía el alma al escucharla llorar por las noches. Maduró de golpe y trató de que sus hermanos, más pequeños que él, se acostumbraran al menos a no pedir.

Nada más cumplir los dieciséis fue la primera vez en su vida que le llevó la contraria, su primera discusión seria. Sin encomendarse a Dios ni al diablo, se apuntó a una ETT y acabó de auxiliar de servicios en una empresa de seguridad. Todos los festivos y fines de semana echaba doce horas en una fábrica, relevando al vigilante nocturno.

Nunca se ha arrepentido. Le prometió a su madre que trabajar no le iba a impedir acabar sus estudios. De hecho, en la fábrica no tenía nada mejor que hacer que estudiar. Sí que lo retrasó un poco y perdió un año, pero nada lo enorgullecía más que entregarle su sueldo cada primero de mes. Ver que sus hermanos podían estrenar ropa de vez en cuando, que las mochilas no eran heredadas, que comprar el material escolar no era a costa de la comida le bastaba como gratificación, lo hacía sentirse útil.

Y aquí está, otra vez, empezando de nuevo. El uno de octubre. Una fecha para recordar. Con su bandolera y la bici, rodeado de chavales y camino del insti. Mira su móvil y la aplicación le confirma la locución que suena por megafonía: «Próximo a efectuar su salida cercanías con destino Cádiz, vía dos». Que aún no haya llegado siquiera, como siempre, lo obliga a cabecear mientras sonríe. Le agrada sentir alrededor ese aire de confianza que nos proporciona lo cotidiano.

Espera ante el barullo que se forma cuando se detiene el convoy. Nada que ver con Japón, por supuesto. Un desdibujado pasillo para que bajen algunos pasajeros y risas, quejas, prisas y empujones para hacerse con algún asiento. Él se queda junto a la puerta cerrada, abrazado a una barra y sujetando el sillín.

Escondido de la algarabía en los cascos, prefiere observar a escuchar. Sabe de sobra que se pierde conversaciones jugosas. Los dramas adolescentes, los historiales médicos de los más ancianos y algún divorcio, propio o cercano, suelen salsear estos viajes a poco que uno haga oreja. Bueno, y sin hacerla. Los de la Local se forrarían con el medidor de decibelios.

Él, sin embargo, prefiere poder imaginar. Observa gestos, actitudes, rostros o posturas a los que trata de dar un significado, de crearles un contexto. Sabe que será difícil que acierte, que la realidad confirme sus suposiciones; pero ¡es tan prosaica! Lector empedernido, seguramente herencia de sus horas de soledad en el polígono, juega a descubrir fantásticas aventuras detrás de cada grupo, de cada rostro, de cada gesto. Y, desde el silencio que le proporciona Imagine Dragons, esmucho más probable que encuentre un Alatriste o una Darby Hart.

El paso del vigilante de seguridad reconstruye el sistema planetario del interior del vagón. Pies que descienden de asientos o bultos que saltan a los regazos permiten despejar el bosque. Cuando los muchachos se reordenan, entre los claros, se abre una nueva línea de visión.

Y ahí está. Como en esos retratos románticos, con su melena rojiza a la altura de los hombros brillando a contraluz, el rostro aniñado, la nariz respingona, la boca pequeña y carnosa pintada de oscuro, los huesos finos y un aire de melancolía en la mirada. El jersey de punto y la mochila de piel hablan de alguien que cuida su estilo; la chupa de cuero y el mechón azulado, de alguien segura de sí misma.

Algo en ella lo atrae. Procura parecer discreto, aunque no le quita ojo. Ella no debe percibirlo ―otras veces enseguida han girado hacia él el rostro, como si la mirada transmitiese una energía y rastreasen su origen― y se mantiene en su mundo, ajena a todos y a todo. Dani recuerda lo importante que parece todo a esas edades, el drama constante, el estímulo continuo, la ansiedad, la prisa. Cualquier cosa resulta imprescindible, impactante, urgente, estresante. Lo tuyo, claro, pues descubres que los demás, los que no son de tu grupo, ni te entienden ni les importa. Así que, lo más seguro, es que ande dándole vueltas a cualquier tontería, básico en su vida en cualquier caso.

La memoria se apodera del instante y lo envía para atrás, a 2015, cuando se colgó de aquella chavala con una camiseta de Taylor Momsen desnuda de espaldas y con una cruz tatuada sobre su columna apuntando a su culo que decía que todo se va al infierno. Las botas militares, las medias rotas y las mallas elásticas contribuían, junto a una piel pálida y un maquillaje muy oscuro, a un tono gótico que solo el tinte de su desordenado pelo corto rompía. La de Evanescence había elegido el negro ala de cuervo y la de The Pretty Reckless el blanco. Ella, Rocío se llamaba la chica, siempre haciendo gala de criterio propio, un anaranjado brillante con un mechón azul metálico.

Era, como el nombre del grupo, bastante inquietante. Contestataria y rebelde, sus notas, por otra parte, hacían que pudiera permitírselo. Provocadora y extrovertida, daba miedo a muchos chicos. Lograba ponerlos nerviosos y ya se sabe cómo son los adolescentes. Tuvo más de una pelea en el patio y alguno conservará aún el imborrable recuerdo de sus uñas en la piel. Llegar nueva al instituto para el bachillerato, su look y su autosuficiencia no eran buenas cartas de presentación. Tampoco las llamadas al despacho del jefe de estudios y sus consiguientes expulsiones.

Eso la hacía menos accesible, en ninguna forma menos atractiva.

Dani había optado por Humanidades y Rocío iba por Ciencias, así que tenía que conformarse con los ratos fuera de clase y la única troncal que compartían. Tampoco se atrevió jamás a decirle nada con la excusa, tan válida como cualquier otra cuando uno la siente necesaria, de que tampoco tenía tiempo libre para quedar con ella. La estación de San Severiano lo saca de su ensimismamiento y, ¡oh sorpresa!, la chica ya no está.

La leve melancolía que le ha despertado el recuerdo se diluye en el barullo de empujones por salir y las carreras hacia los tornos. Espera, como siempre, a que se despeje la puerta para poder descender con la bici.

La ve por el andén: mechón azul en cama naranja sobre cazadora negra, el paso decidido e insinuante en unos vaqueros ajustados y unas botas militares. Un ramalazo de deseo llena el cerebro de Dani, hoy como entonces. Hay cosas que la madurez, así sea temprana, no cambiará nunca.

«¡Hostia, qué buena que está!».

Sacude la cabeza convencido de que es culpa del recuerdo, de la coincidencia en el pelo. Se recrimina ambas reacciones, tanto la mental como la física. Está seguro de que ha sido demasiado obvia. Se promete a sí mismo no girarse si la alcanza. Aún es joven, pero debe controlarse y tener en cuenta la insalvable distancia que siempre ha de separar al docente de la alumna.

Porque hoy es su primer día como profesor de Lengua Castellana y Literatura en el IES Arnáiz.

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En cambio, si lo tuyo es el papel, ponte en contacto por mensajería aquí

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Una nueva sociedad literaria

Cuando leas estas lineas lo más seguro es que ya tenga entre mis manos el carnet que me acredita como miembro de una nueva sociedad literaria nacida en Jerez de la Frontera. Lo primero que me gustaría es explicarte la diferencia que hay entre una sociedad literaria y un club de lectura, que si bien a grandes rasgos tienen puntos en común, también hay muchas cosas que los diferencian.

Desde mi conocimiento, un club de lectura se enfoca más a la discusión y análisis de un libro específico leído por todos sus miembros y que puede variar de género según los gustos de los lectores o las sugerencias de quién coordina el club. La sociedad literaria suele girar más entorno a un personaje, protagonista de varias novelas, o a un autor determinado, así como hacerlo del periodo histórico en el que se enmarca la obra, y apoyarse incluso por filmografía, si es posible, u otros recursos que enriquezcan el fin por el que se ha constituido la sociedad. Se suelen fomentar las actividades paralelas, como pueden ser charlas de especialistas en el tema, visitas a los lugares en los que se recrea la acción de las obras, reuniones con los socios vestidos según la época, obras teatrales, etc. Todo abierto a la imaginación y sugerencias del los miembros en algunos casos.

Sociedad literaria Sherlock Holmes

Ni que decir tiene que con ese título ya te habrás imaginado cuál va a ser el centro de atención en esta sociedad. Aquí a diferencia del club Diógenes, vamos a hablar mucho, sobre todo de novelas

¿Cómo nace esta idea? En realidad en España ya lleva años funcionando este tipo de reuniones, destacando el Círculo Holmes en Barcelona, una asociación con más de 25 años de existencia dedicada al intercambio y la relación entre aficionados y coleccionistas de todo lo relacionado con Sherlock Holmes. De hecho, en esta ciudad se encuentra la Biblioteca Pública Arús, que se integró en el 2011 gracias a la donación de Joan Proubasta. La biblioteca cuenta con la colección más grande de España y una de las más importantes a nivel mundial dedicada a Sherlock Holmes, con sus más de 12.000 piezas, incluyendo novelas en diversos idiomas, obras inspiradas en el canon y elementos relacionados con el espiritismo y la criminología. Con esta breve pincelada te animo, si te gusta el tema y vas a Barcelona, a que no te pierdas la oportunidad de conocer más de la obra de sir Arthur Conan Doyle en la figura de su detective, del que por cierto acabó hasta la coronilla. Lo cuento como inciso para quién sea nóvel en el conocimiento del autor y de Holmes. Aquí sí que un personaje se comió enterito al autor.

Vamos a centrarnos un poco más en lo que nos trae entre manos hoy. ¿Cuáles son las propuestas que plantea esta sociedad? Te copio literalmente lo que en su página web, que te recomiendo que consultes, pone sobre el tema:

Nuestro propósito es doble:

La Sociedad organiza encuentros de lectura, conferencias, rutas literarias, representaciones y una revista inspirada en el mítico The Strand Magazine.

  • Celebrar y difundir la literatura victoriana, en especial la figura del célebre detective de Baker Street.
  • Fomentar la vida cultural en nuestra ciudad y provincia, con actividades que unan historia, arte y literatura.

Se podrá participar siendo o no socio, eso se deja al libre albedrío y disponibilidad de cada uno, pero por si te queda alguna duda yo ya he solicitado —simbólicamente— mi silla como socia.

Hace mucho tiempo que conozco las novelas de Sherlock ya que fue mi siguiente detective, tras Miss Marple y Hércules Poirot. En mi adolescencia conviví con una colección de tres volúmenes que compró mi padre de la editorial Orbis (1987). Lamentablemente no pude traérmelos a mi biblioteca cuando se desmanteló la casa de mis padres años atrás, pero no es un autor del que no se reediten sus obras en diferentes formatos temporada tras temporada. Tal vez ese sea el problema, que tal como está el mercado de libros no sabe uno que edición escoger.

Mi recomendación literaria de hoy

Para empezar, deberás atenerte al Canon Holmesiano, que sería la forma leer de modo ordenado las aventuras del detective y que estas sean las obras escritas por Conan Doyle y no las que surgieron después, inspiradas por nuestro protagonista, de la pluma de otros autores. En ese enlace puedes ver cómo va la secuencia. Es una sugerencia, por supuesto, pero, al César lo del César, ya que estamos aquí no nos vamos a hacer un George Lucas y empezar la trilogía por en medio. Aunque para gustos los colores.

Por supuesto, como he comentado al inicio, recomiendo elegir una buena edición, ya que ir para nada es una tontería y más con lo caros que están los libros. Las hay de bonitas tapas duras con sus detalles doraditos e ilustraciones propias de la época, pero lo mismo la traducción deja mucho que desear, porque ya sabeis que el ojo del amo engorda al caballo y las editoriales ultimamente son mucho de brilli brilli, pero de poca calidad en el interior. ¿Cómo he gestionado este asunto? Pues he tratado de buscar unas obras completas que tengan una buena crítica por parte de profesionales del gremio o estudiosos del autor y su obra y todas las indicaciones me han llevado a la publicada por Cátedra en 2003.

La obra más recomendada es Todo Sherlock Holmes, a cargo de Jesús Urceloy. En ella se reúne el canon completo en un solo tomo, ofreciendo un orden cronológico de los casos con notas editoriales detalladas y extensos anexos sobre el personaje y sus historias. Aunque la edición puede asustar por su voluminosidad —1661 páginas en un solo volumen—, es considerada la opción definitiva para fans que buscan una colección completa y elegante. 

La edición es interesante por varios motivos. El primero, evidentemente, por el precio: más de 1.600 páginas en tapa dura y papel biblia a 35 euros, aunque yo he tenido la suerte de que mi hermana me la ha regalado siguiendo mi costumbre de buscar primero en libros de segunda mano, con lo que el precio ha sido menos de la mitad. El segundo, por la oportunidad, por fin, de asistir a la carrera de detective de Sherlock Holmes desde su inicio hasta su final y poder seguirla secuencialmente, sin molestos saltos adelante y atrás en el tiempo, algo que ocurre si no tenemos claro ese orden y acabamos leyéndolo todo suelto. Con el agravante de que no todos los relatos están traducidos bien ni al completo, el desembolso económico o los paseos a la biblioteca dónde posiblemente no esté la obra al completo. Aunque puedo decir que en el catálogo de la Biblioteca Municipal «Rafael Esteban Poullet»,de El Puerto de Santa María, puedes encontrarla.

Además, la edición es interesante por otros motivos. La abundancia de notas, la estupenda introducción, las breves biografías de Doyle, Holmes y Watson y los completos apéndices donde, además, se detallan todos los casos, no solo los narrados sino también los mencionados por el doctor, y donde se incluye un comentario atinado y pertinente a cada una de las historias incluidas. Todos estos añadidos hacen de este libro una pieza imprescindible en la biblioteca de cualquier holmesiano.

Lo próximo que te contaré serán las impresiones tras nuestra primera reunión como Sociedad Literaria Sherlock Holmes. Te espero y, si estás cerca, no dudes en venir alguna vez para conocernos.

mis lecturas

Un Manuel Chaves Nogales

Allá por un viernes 14 de abril de 1989 —parece una canción de Celtas Cortos— estába en clase de Contemporanea y mi profesor de entonces, Alberto Ramos, ni corto ni perezoso, entró en el aula y comentó:

Hoy, 14 de abril, se conmemoran los 58 años de la proclamación de la II República española. No tenemos clase, nos vamos al bar.

Obviamente, en aquellos días, para un alumna como yo, que conjugaba muy bien el verbo estudiar con el de si me viene una juerga me apunto, ese anuncio supuso un rato de tertulia con los amigos. Ahora, mirando hacia atrás y habiendo descubierto todo lo que me falta por saber, me da lástima el tiempo perdido, no solo por mi parte, sino por parte de muchos de los docentes que pasaron por mi vida. No digo yo que no tuviera derecho a celebrar ese día si se consideraba republicano, que lo era; pero dale contenido a tu clase, enseña ese día a tus alumnos lo que de verdad supuso para ti la II República y, aunque no la vivieras, plantea una clase de debate, algo de lo que los estudiantes españoles de las universidades públicas carecían y que creo que siguen careciendo. Enseña pensamiento crítico. Pero no, y por eso hoy podemos decir que de aquellas aguas, estos lodos.

Hoy he leído algunas frases cuya autoría es el alma mater de esta entrada, de la que destaco una, y que me han gustado por lo de clarividentes que fueron ya en su época y por la lucidez que siguen teniendo hoy en día:

En realidad, los regímenes totalitarios no marcan una superioridad sobre las democracias más que cuando éstas se hallan interiormente podridas.” (Manuel Chaves Nogales)

¿De quién te estoy hablando?

No sé si a estas alturas te habrás percatado de que me estoy especializando en el estudio del periodo histórico que va desde 1921 hasta 1945, aunque he utilizado como punto de partida precisamente esa fecha de la que hemos hablado al inicio de mi entrada, el 14 de abril, pero de 1931. Sé que para escribir una novela histórica se necesita recopilar toda la información que se pueda de ese periodo en el que se va a insertar una serie de personajes ficticios que irán de la mano de otros que fueron protagonistas reales de la historia. El hacerlo así ayuda a que, si el proyecto sale adelante, puedas no solo escribir una novela, sino a centrarte en ese tramo de la historia y, teniendo creado y dominado el marco, desarrollar varias tramas que puedan estar insertas en las mismas fechas. Usar este método supone encontrar asimismo a las personas que vivieron durante esos convulsos años de la historia de España y del mundo y que, por los motivos que sean, no se les ha reivindicado su papel ni se ha dado valor a la repercusión que tuvieron en su momento. Uno de ellos fue precisamente Manuel Chaves Nogales.

¿Por qué elegir a este protagonista de la historia real para una historia ficticia?

Necesitaba que uno de los protagonistas de mi novela tuviera una voz con unas características que tenía muy bien definidas en mi cabeza, pero a las que no lograba darle el tono adecuado. Quería una persona que hubiera viajado como mínimo por Europa y hubiera conocido lo que de verdad estaba ocurriendo más alla de los Pirineos puesto que mi personaje, Ginés, había salido de España en enero de 1920. Tras ese viaje, al retornar, ya no debería ser el mismo porque habría entrado en contacto con el mundo postrevolución rusa, habría convivido con la llegada y el auge del nacionalsocialismo de Hitler, se habría movido dentro de los movimientos obreros —en los que trataría con los dirigentes que abogaban por la necesidad de una lucha de clases— y habría visto con sus propios ojos la miseria en la que vivían los europeos, trabajando como esclavos para sacar adelante sumundo tras la Gran Guerra. Con ese bagaje volvía sabiendo que la revolución del proletariado acabaría siendo una dictadura del proletariado, que no cambiaría, en buena parte, las aspiraciones de la mayoría de la población. Todas esas eran las piezas que componían el poso del caracter de mi protagonista, pero yo necesitaba ponerle no solo cara, que ya la tenía, sino voz y tono. Eso lo logré, de casualidad, cuando a mis manos llegaron la biografía y las obras de Chaves Nogales, gracias a un ensayo leído esta semana pasada, de Paco Cerdá, 14 de abril.

Nogales, periodista y escritor sevillano, vivió durante esos años que tanto me gustan de la historia de España. Pese a que murió en plena madurez, sin llegar a los 50, lo compensó al comenzar a trabajar muy joven, aproximadamente a los 16 años, cuando iniciaba su carrera periodística en Sevilla poco después de completada su formación, allá por 1913. Hoy necesitamos años de estudios, una titulación universitaria y varios masters para ejercer lo que nos ha costado media vida aprender y no tengo yo muy claro, al ver el ejemplo de los profesionales de otras época, que de verdad lo estemos haciendo bien. En cualquier caso, esto, de momento, queda como apunte para otra entrada.

Leer la obra de esta autor tiene cierto punto de expedición arqueológica debido a que la mayor parte de su trabajo vio la luz en forma de artículos de prensa, a lo largo de muchos años y en muchos periódicos distintos, no solo de España y Europa, sino incluso de Latinoameríca. Es más sencillo encontrar artículos de él en revistas de Chile o México que en España. Otra mente clara del liberalismo español que no fue profeta en su tierra, como él mismo decía:

Había contraído méritos bastantes para haber sido fusilado por los unos y los otros.

Así me encontré, entre el ostracismo y la dispersión del tipo de documentos que necesitaba para crear un marco histórico para mi personaje, con serias dificultades para acometer mi propósito. No obstante, siempre he tenido suerte. Por mi afición a buscar libros de segunda mano, como ya te he comentado, y que la figura del periodista esta siendo reivindicada no solo en las facultades de periodismo, sino en las de historia, he logrado encontrar reediciones y estudios con los que me voy haciendo de un pequeño fondo bibliográfico que prometo ir ampliando.

Mi idea era haber empezado con La República y sus enemigos, reeditado por Almuzara, pero estaba fuera de stock. Al final tiré de Iberlibro, con lo que tardará unos 15 días en llegar, así que aproveché para ir a Cádiz capital a una de mis librerías de referencia, Quorum. Allí me avituallé para mi hambre de conocimiento, con lo que empezaré directamente con la recopilación de lo escrito durante la Guerra Civil española y que se titula A sangre y fuego. Precisamente su prólogo es algo que muchos docentes, historiadores y pensadores recomiendan que se debería leer en los los institutos para fomentar el debate entre los alumnos. De hecho, como he dicho, Nogales se introdujo en mi vida de manera simultanea por varios frentes y cuando un acontecimiento se repite dos veces tiendo a hacerle caso. Uno de los frentes fue la recomendación por parte de Pérez-Reverte del prólogo comentado para su debate entre los estudiantes. Os dejo el enlace porque no tiene ni una miga de desperdicio, sobre todo viendo el mundo en el que estamos viviendo. De hecho te voy a poner el inicio para que te hagas una idea.

Yo era eso que los sociólogos llaman un «pequeño burgués liberal», ciudadano de una república democrática y parlamentaria. Trabajador intelectual al servicio de la industria regida por una burguesía capitalista heredera inmediata de la aristocracia terrateniente, que en mi país había monopolizado tradicionalmente los medios de producción y de cambio —como dicen los marxistas—, ganaba mi pan y mi libertad con una relativa holgura confeccionando periódicos y escribiendo artículos, reportajes, biografías, cuentos y novelas, con los que me hacía la ilusión de avivar el espíritu de mis compatriotas y suscitar en ellos el interés por los grandes temas de nuestro tiempo. Cuando iba a Moscú y al regreso contaba que los obreros rusos viven mal y soportan una dictadura que se hacen la ilusión de ejercer, mi patrón me felicitaba y me daba cariñosas palmaditas en la espalda. Cuando al regreso de Roma aseguraba que el fascismo no ha aumentado en un gramo la ración de pan del italiano, ni ha sabido acrecentar el acervo de sus valores morales, mi patrón no se mostraba tan satisfecho de mí ni creía que yo fuese realmente un buen periodista; pero a fin de cuentas, a costa de buenas y malas caras, de elogios y censuras, yo iba sacando adelante mi verdad de intelectual liberal, ciudadano de una república democrática y parlamentaria.

Este hubiera sido, por ejemplo, un buen inicio para organizar un debate con el que celebrar ese 14 de abril que preparó mi profesor, incluso haciéndolo en el bar, y con ello crear ese precedente. En cualquier caso, no pudo ser.

No tengas miedo. La estructura del libro se apoya en nueve relatos sobre la  Guerra Civil española, escritos  en 1937 y publicado en Chile, siendo uno de los primeros ejemplos de la literatura testimonio, un género del que seguramente habrás oído hablar poco. Los relatos que componen este libro están considerados por muchos expertos como lo mejor que se ha escrito en España sobre la Guerra Civil y retratan distintos sucesos que el autor conoció directamente. Precisamente, lo bueno de este autor es que su forma de escribir es para el gran público, para eso es periodista, y con ello hechos o periodos de la historia que se te pudieron hacer farragosos en otro momento ahora te podrás acercar a ellos disfrutando de la lectura.

Otra obra que adquirí fue Crónicas de la alemania nazi, de 1933. En ella relata el viaje a la Alemania nazi con el objetivo de ofrecer a sus lectores del periódico Ahora -del que es redactor jefe y subdirector- un gran reportaje de «como se vive en los países de régimen fascista».

En trece artículos publicados en el mes de mayo, poco después del acceso de Hitler al poder y de la instauración del Tercer Reich, describe la militarización y nazificación de la sociedad, la preparación para la guerra o el funcionamiento de los campos de concentración de trabajadores voluntarios, entre otros muchos hechos. De ese periodo también destaco la entrevista que le hizo a Joseph Goebbels, ministro de Propaganda, algo que el alemán nunca le perdonó por la humillación que supusieron sus palabras y por lo que no dudó en enviarle a la Gestapo en su exilio en París tras salir de España durante la Guerra Civil. Tuvo suerte y cuando llamaron al timbre de su casa él ya estaba en Londres.

Como veis, Ginés, el personaje de mi historia, tiene su alter ego muy bien definido, aunque ahora me toca a mí el trabajo de perfilarlo y limitarlo. No se puede comer al resto de los personajes que lo acompañan, porque realmente la historia no es la suya. Él es el antagonista de Julia, una maestra que vivirá en primera persona esos convulsos años, junto con Carlos, el tercer amigo en discordia, también maestro. Con este triángulo intentaré acometer uno de mis próximos trabajos. ¿Cúando? No lo sé, la vida da muchas vueltas y lo que ahora es un proyecto lejano puede convertirse en algo fallido. Aun así, de momento, me mantengo pico y pala para sacarlo adelante, recomiendo los libros que me voy leyendo y voy ocupando mi mente con buenas lecturas que alimentan mis neuronas. La verdad, soy bastante sibarita.

mis lecturas

Matar a Fernando VII

Con este, título para iniciar la entrada de hoy, me da la sensación de que te estoy proponiendo algo delictivo aunque complicado de realizar. En realidad, si me conoces, sabes que utilizo palabras que impacten al inicio para crear espectación. De todos modos iré por partes.

Unas nuevas recomendaciones literarias

Ya ha pasado la primera semana de septiembre y me estoy viendo las fiestas de Halloween y la Navidad ahí a la vuelta de la esquina. El otoño, para mí, es un continuo rellenar mi agenda con fechas de compromisos y actividades varias. Unas que desarrollaré en la intimidad de mi casa y otras cara el público. Ahora mismo, tengo una gran cantidad de proyectos en marcha: ferias del libro, novelas que he acabado en esta primera semana y otras que entran en la cola de lectura y, todo trufado, no puede faltar mi referencia a la cocina, con un curso de seis meses de escritura creativa que implica no solo leer y estudiar, si no escribir, escribir y escribir, que es lo que me hacía falta.

Si eres de Cádiz y amas la historia no te la puedes perder y, si no eres de aquí, tampoco.

Justo empezando este més, de transición hacia el otoño, he acabado de leer la novela del compañero y autor David Fernández Fernández Matar a Fernando VII. Ha sido de lo mejor que he caído en mis manos este año, teniendo en cuenta la dificultad de desbancar a una de las autoras a las que me enfrenté, Han Kang, con La vegetariana. No son obras comparables, por muchos motivos que ahora no vienen al caso, pero sí en uno que, siendo desde luego bastante subjetivo, para mí es perfectamente válido: el buen sabor de boca que ambas obras me dejaron. Por ello las recomiendo para los lectores a los que les vaya eso de acercarse a géneros diferentes.

Tengo que confesarte que juego con ventaja ya que tengo el gusto de conocer al autor desde hace varios años, al ser compañero de la carrera, y que por ello tenemos un contacto directo. Así me pude permitir el lujo de preguntarle algunas curiosidades que me asaltaron durante la lectura y no, no fueron sobre la trama, sino sobre la estructura. Lo felicité dos veces, por lo bien trabajada que estaba la novela y por la corrección. Hoy en día es muy difícil encontrar, incluso en grandes editoriales, libros tan cuidados en todos sus aspectos que haga que tengamos entre manos una obra de calidad.

La historia se desarrolla desde el asedio de Cádiz por las tropas francesas hasta la muerte de Fernando VII. Unos 25 años en más de 500 páginas de las que no te quieres saltar ni una línea. Imagínate, en todo ese largo periodo de tiempo, la cantidad de personajes que el autor maneja. Lo hace con maestría, sobre todo con dos que me llamaron mucho la atención Lola y Blasina, que podría decir que son mis favoritos. ¿Por qué? Por la forma en la que los presenta y les da la voz. Porque esta es una novela histórica que tiene mucha enjundia. No es cuestión de coger a un personaje cualquiera y ponerlo en un periódo histórico lejano y que se las apañe como pueda, que al final acaba pareciéndose a Un yanki en la corte del rey Arturo, salvando las distancias, y hay veces que ni eso, debido a los anacronismos que trufan algunos folletines.

El escritor no se hace un Mark Twain. Aquí tenemos una novela sólida, con un vocabulario adecuado, si bien actualizado para fovorecer la lectura -no te asustes-, y una ambientación que si conoces Cádiz la recreas en tu mente y si no la conoces te dan muchas ganas de venir y recorrer los escenarios. Nos ambienta en la época y en la zona con toques propios de un escritor autóctono, recurriendo a los términos, quiebros y comentarios que un gaditano usa en la actualidad. En defiitiva, un autor que sabe lo que se hace.

No pienses que todo el argumento se centra en la ciudad gaditana, para nada. La historia va saltando, según las necesidades de la trama, a diversos escenarios que van desde Madrid, la sierra de Cádiz, Cuba o Rusia a Londres. Tampoco te quiero desvelar muchos detalles, que luego me acusan de hacer spoiler. Mover todos esos palos con sus respectivos platos girando y que no se te caiga ninguno requiere mucho esfuerzo y una visión general y amplia desde el inicio del proyecto. El autor me ha confesado que haber realizado su tesis doctoral, pese a no tener relación con el periodo de la novela, le ayudó a tener esa visión en conjunto una vez que tuvo toda la documentación en la mano. Aun así, saber equilibrar la parte de la documentación con la ficción para que el lector no se aburra y esté pendiente de todos los acontecimientos que se desarrollan no lo da el hecho de ser doctor en Historia. Ahí hay un amor y un gran cariño por la lectura y la escritura y, sobre todo, mucha exigencia para presentar una buena historia a los lectores, que al final somos los que tenemos la última palabra.

Me ha hecho gracia, porque justo cuando mi amigo David estaba ultimando los detalles de su trabajo, allá por el mes de abril, yo también estaba con Fernando VII. ¿Quién me lo iba a decir?

Sé que a muchas personas le parecerá exagerado, e incluso imagino que el autor se ruborizará cuando lea estas palabras, pero desde luego, para mí, no tiene nada que envidiar a Santiago Posteguillo, sobre todo siendo su primera publicación de este calibre. Firma otros trabajos anteriores, pero de ellos te hablaré en otro momento si encuentro un hueco en mi agenda. De él también adquirí su primera novela, Como grano de mostaza, que compagino con mi curso de escritura creativa y con otras lecturas, pues requiere un acercamiento más reposado ya que la historia se desarrolla en la España del siglo XVI y David Fernández utiliza, al ser una época más alejada, una sintaxis y una estructura narrativa que requieren un poco más de mi atención. Un recurso que me interesa analizar a fondo.

Yo soy las de disfrutar de la lectura y si devoro libros no es por competir en el ranking de mayor cantidad de lecturas de este año, sino porque tengo poco tiempo y quiero aprovecharlo al máximo. No obstante, jamás lo hago con prisas y prefiero releer un párrafo para no perder el sentido de la obra a apuntarme el tanto de un libro más en mi lista. Esta novela ya no está disponible en estos momentos, aún así, tuve la suerte de poder conseguirla. Seguramente el autor algún día volverá a reeditarla, por lo tanto me voy a esperar un poco y te la comentaré en cuanto salga de nuevo a la luz. Ya sabes que cuando adquiero la primera obra de un autor y la última es porque estoy muy interesada en su trayectoria y crecimiento. Este es uno de esos casos.

Como he comentado, en este mes ando también liada con un curso de escritura creativa que me va a tener leyendo y escribiendo los próximos meses, algo que me va a venir estupendamente. Ya he disfrutado de tres magníficas masterclass con autores que han hablado de sus libros y de su experiencia.

Uno de ellos ha sido Lorenzo Silva, del que ya había leído toda la saga de Bevilacqua y Chamorro, pero siempre es un gusto oirle hablar de su experiencia como escritor. En este caso el tema fue la novela histórica: cómo tratar a los personajes reales y los de ficción, los riesgos de las conjeturas, los dilemas éticos que surgen al manejar temas que para un lector desprevenido pueden llegar a pensar que son hechos reales y sus pequeños trucos en el día a día frente al folio en blanco. Más de una hora y media disfrutando y tomando apuntes.

Otra autora con la que hemos compartido rato de aprendizaje ha sido Marta Robles. Su exposición me ha animado a leer su primera incursión en la novela negra, A menos de cinco centímetros. Una trabajo que gustará a los amantes del género, aunque no es del tipo de trama que nos llega a sorprender. En mi caso, a mitad de la novela ya sabía quien era el asesino. Más bien la recomiendo porque se mueve dentro de los cánones habituales: detective amargado por una mochila complicada cuyo pasado llama a la puerta en un caso que empieza siendo de asesinato, continúa con un tema de infidelidad y se le suma un asunto de trata de personas. Todas se entretejen y ese será el hilo conductor que enlaza a la mayoría de los personajes.

Personalmente me dio, de momento, más satisfacción la saga de Lorenzo que esta novela de Marta, pero como ya sabes que no soy de las que me rinda a la primera, si un autor tiene calidad, no tardaré mucho en volver a comprarme en digital la siguiente aventura del detective Roures.

Tal vez puedas pensar que un curso de escritura no es necesario cuando ya tengo en mi haber tres novelas publicadas. Pues no, ya te digo yo que no. Que conste que lo inicié con muchas reticencias porque no son baratos si quieres op tara uno que tenga mediano prestigio, pero hay cosas que sé que por lo menos debes probarlas una vez en la vida para poder alabarlas o criticarlas. Además, no por apuntarte a uno vas a mejorar por arte de magia en tu faceta de escritor. Para lo que te va a servir seguro es para confirmar que te queda mucho camino por delante, pero también te va a ayudar a ver qué es lo que no debes hacer en el mundo de la escritura.

Cuando esté más avanzado te expondré un poco mis sensaciones y seguramente subiré a las redes algunos de los relatos que estoy escribiendo semana tras semana. Te hablaré de cómo optimizo este tipo de enseñanzas, lo que para mí tienen de negativo y lo beneficioso de todo este trabajo. De momento te dejo con un par de recomendaciones literarias que espero que te animes a leer ahora que llega el otoño y posiblemente pases más tiempo en casa.

mis lecturas

Voces del pasado

Una de las cosas que más me gusta es comprar libros de segunda mano. Mi página de referencia es Iberlibro desde hace relativamente poco, pues antes me dedicaba más a pasear por los mercadillos a ver qué me encontraba que a la búsqueda sistemática de un ejemplar por medio de internet; pero los tiempos y las necesidades cambian.

Cuando uno se hace con un libro de segunda mano se puede encontrar sorpresas que no espera entre sus páginas. Esos pequeños tesoros a veces nos dicen algo del lector que tuvo entre sus manos ese ejemplar. Es una situación que he vivido y siento como si una voz del pasado me susurrara al oído y mi yo investigador me puede: quiero saber más de quiénes fueron los lectores anteriores.

Sorpresas que te da la vida

A veces la dedicatoria es muy sucinta, tanto que en realidad se limita a unas iniciales, un apellido y una fecha. Apoyado en unas pocas pistas como estas y tirando de un hilo ficticio, Benito Olmo ha desarrollado la trama de su novela Tinta y fuego. En mi defensa diré, para que no penséis que él es el único, que ya en el 2019, cuando tal vez Benito no había sentido la necesidad de saber más de los dueños de libros expoliados, perdidos o desaparecidos, yo ya estaba montándome mis investigaciones.

Para Ana, mi mujer, con la esperanza de compartir algunas horas a su lado, escuchando de ella el «regusto» de la lectura del libro. ¡Besos!

Aeropuerto de Madrid, 27 oct. 97

Edu

¿Qué habría ocurrido con Ana y Edu que su libro acabó al final entre mis manos? ¿Volvió de ese viaje? ¿No llegó nunca a recibir el libro? ¿Qué historia sustentan esas palabras? Se trata de una primera edición de Afrodita, de Isabel Allende, especial por su formato e ilustraciones. No es una obra para leerla con prisas. Es más, la tengo hace años y la ojeo de vez en cuando, releo alguna parte o incluso, más de una vez, descubro algo nuevo. Creo que se trata de un regalo cuidado, para una mujer madura. Como de la edad de Isabel cuando lo escribió, que ya estaba en los 50 y seguía disfrutando de los dos mejores pecados capitales: la lujuria y la gula. Tal vez la historia de Ana y Edu iba a empujones y él quiso reavivarla, lo mismo ella ya había perdido toda esperanza o, sencillamente, se mudaron, no pudieron cargar con tantos libros y lo acabaron vendiendo. Siempre me quedará la duda de qué ocurrió con la historia de esta pareja, pero siempre tendré la oportunidad de poner por escrito lo que creo que fue. Ese es un privilegio que se nos concede gracias a la ingente imaginación del escritor.

Hace unos días compré otro ejempolar de segunda mano y tuve la fortuna de disfrutar de un suceso parecido al que se narra en la obra «El barco de Teseo«. Para quién no lo conozca, me remito a la entrada que publiqué ya hace más de un año donde explico un poco el contenido del libro. Puedo dejar una pincelada para que entendáis los hechos. Se trata de una obra de una biblioteca en la que un lector va haciendo anotaciones y otra usuaria, al encontrarlo, va respondiendo dichas anotaciones, creándose entre ambos un vínculo relacionado con el misterio que envuelve al volumen.

Técnicamente eso es algo que los lectores de las bibliotecas no debemos hacer, pero para eso estamos frente a una novela de ficción. Además, hay veces que los libros donados a las bibliotecas vienen anotados y esas apostillas las hicieron sus anteriores dueños.

¿Te imaginas un ejemplar de Bodas de Sangre anotado por el propio García Lorca? Seguro que si lo encontraras no te parecerían entonces tan mal esos escritos al margen. Con sinceridad, si esos comentarios son realizados por personas que aportan algo a la obra, a mí me da la sensación de que el libro cobra vida y se transforma en una máquina del tiempo.

En El barco de Teseo nos encontramos una ficción dentro de la ficción, como una matrioska de papel. Pero a veces no es ficción. Yo he tenido la suerte de encontrarme con una nave parecida a la de Teseo, solo que real.

Susurros del pasado

Todo ha ocurrido hace unos días, en otra de mis compras para documentarme acerca de la II República y la Guerra Civil Española. Tras mucho remirar y por recomendación de mi pareja, me decidí por el estudio realizado sobre el tema por Julián Casanova, catedrático de Contemporanea de la Universidad de Zaragoza, al que él tuvo como profesor, por lo que me me dió pautas sobre el tipo de obra que iba a tener entre manos.

Lo ojeo por encima y compruebo que lo que comentaban en las especificaciones de Iberlibro se cumplía. Las marcas del anterior dueño no me impedían leer el texto y, ni corta ni perezosa, comienzo la lectura. Este tipo de textos también me genera la necesidad de poner mis propias anotaciones, ya que es la técnica que he utilizado desde que inicié mis estudios universitarios, aunque suelo hacerlo a lápiz o pongo pósits.

Aquí todo el problema comenzó cuando mi curiosidad innata vio esa marca comentada líneas más arriba, inicial, apellido y fecha, y quise saber quién había sido ese anterior propietario. Seguramente pensarás que estaba loca y no te quito la razón, pero eso mismo, salvando las distancias, se lo dijeron a Heinrich Schliemann y descubrió Troya. El mundo es del que tiene las narices de salir y mirar lo que hay fuera.

Puede parecer un hilo muy fino, pero la perseverancia es la madre de muchos descubrimientos. Lo lógico sería que «J» fuera José, Juan o Javier Allo, y más extraño que fuera Joaquín, Jaime o Jerónimo. Por lo tanto inicié mi búsqueda, primero con un infructuoso intento al usar José. Con Juan lo hice también sin demasiadas esperanzas al no saber el segundo apellido. Hasta que llegué a la página 160 y me encontré con ese maravilloso dato del nombre de Adolfo Vázquez Humasqué y la anotación: Tío segundo mío por parte de mi madre. En ese momento levité un poquito. Me zambullí, algo muy útil con estos calores, en internet cruzando datos y logré dar por fin con el anterior dueño de este libro del que os cuento lo poco que hasta la fecha he logrado saber, pero que me ha ayudado para situarlo y entender de manera adecuada los comentarios con los que va trufando algunos márgenes.

Xoán Anllo Vázquez, nacido en 1936 en Feira do Monte (Cospeito), falleció el pasado 2 de junio (2023) a los 87 años de edad. Anllo, licenciado en Derecho, fue traductor oficial en las Naciones Unidas durante 40 años, lo que le abrió las puertas para conseguir una colección de piezas de arte africano que donó hace una década al Museo Provincial de Lugo.

Anllo fue recopilando durante sus años en la ONU piezas que iba adquiriendo en sus viajes por todo el mundo, especialmente en sus estancia en África, donde señalaba hace años que había quedado fascinado por el arte de este continente, logrando conformar una completa colección formada por más de dos centenares de piezas.

Xoán Anllo en el 2015 con piezas que donó al Museo Provincial ALBERTO LÓPEZ

Anllo, además de traductor para la ONU durante 40 años, realizó estudios y trabajos que se fueron publicando en formato libro o en revistas científicas, como su volumen «Estructura y problemas del campo español», de 1967; estudios relacionados con su trabajo y su relación con otros intelectuales gallegos, como José Ángel Valente, o sobre aspectos de política internacional. (Fragmento de artículo recopilado de La Voz de Galicia)

He sentido cómo una voz del pasado me ha guiado en la lectura de un libro; he compartido, pese al paso del tiempo, conclusiones a las que hemos llegado los dos, y he llegado a entender lo que significaba cada subrayado aunque no estuviera acompañado de anotaciones. Ha sido tal la comunicación que he percibido que cuando el lector no estaba del todo de acuerdo con lo escrito por Julián Casanova lo destacaba con unas líneas ondulantes y si era algo que había que destacar por importante, lo hacía con una marca recta. Se notaba su labor de traductor y su perfecto conocimiento del castellano puesto que iba corrigiendo errores a lo largo de las páginas, tales como comas que no debían de estar, eses que sobraban en palabras porque no eran en plural según el sujeto que se utilizaba o términos que no venían al caso. No es que hubiera muchos, pero los pocos que encontraba los iba subsanando.

He finalizado el libro y tengo una sensación extraña, puesto que me hubiera gustado haber hablado con el anterior lector sobre sus impresiones, algo que como sabéis ya es imposible. Creo que pese al gran salto generacional hubiéramos estado los dos de acuerdo en algunas cuestiones y le hubiéramos debatido alguna de las valoraciónes que hace Julián Casanova.

Los del gremio de historia, como los del periodismo, sabemos que por mucho que uno no quiera, al final todos, como humanos, tenemos un sesgo y tendemos a plasmarlo en nuestros escritos. Ya me avisaron de la orientación del autor del libro, que si bien lo veo lógico, no dejo de pensar que hay un aspecto en el que se me queda corto su trabajo historiográfico. Me falta que hubiera profundizado más en el aspecto de que la II República se precipitó en muchas de sus reformas y pese a que una de ellas, la enseñanza, que es la que más me interesa, era fundamental para su desarrollo, tanto o más que la reforma agraria o los derechos de los obreros, pasa muy de puntillas sobre dicha cuestión. También es cierto que acercarse a todo lo acontecido durante ese periodo de la Historia de España en apenas 450 páginas es una tarea muy meritoria. Es un estudio que recomiendo porque resulta muy esclarecedor en bastantes aspectos que influyeron en la llegada, desarrollo y caída del régimen republicano. Aunque te puedo garantizar que si le tengo aprecio a ese libro no solo es porque ha sido un buen guía para organizar la documentación de mi próxima novela, sino porque he sentido la voz del pasado orientando también mi viaje.

Esta es una prueba de que hay que ver con otros ojos y valorar la importancia de ciertas obras anotadas por personas que saben lo que están haciendo. No siempre podremos disfrutar de ese privilegio, pero soy de las afortunadas que han sentido ese hilo conductor, al menos una vez. Mi agradecimiento a Juan Anllo Vázquez.