sentimientos

Te invito a una tertulia

Esta es la típica entrada que tengo que desarrollar con cuidado porque puedo empezar por un tema e irme por los cerros de Úbeda. Pero eso es algo que me pasa en una entrada de mi blog, en la vida misma y por supuesto en el día a día como escritora y hay que tener mucha disciplina para que no empezar una trama y finalizar con cinco novelas diferentes. Es lo que dice el refrán de Dios propone y el hombre dispone. Hoy, además, es un logro porque llegó a la entrada número 100. Hay que ser muy constante, disciplinada, organizada y con mucha imaginación para llegar a ello. Dicho esto vamos al fondo de la cuestión de hoy.

Ahora mismo me encuentro muy implicada en la preparación de un evento para la semana que viene en Jerez de la Frontera y en finalizar el año procurando que lo que tengo pendiente empezar a cerrarlo, hasta donde se pueda, aunque siempre quedaran flecos que iré cortando poco a poco. Si queremos empezar el año con buenos propósitos hay que ir viendo que hemos cumplido y que nos queda por cumplir, pero tampoco hay prisa.

Organizar un evento tiene su miga, sobre todo este porque es un antes y un después dentro de las actividades que he preparado relacionadas con la literatura. No es lo mismo una presentación, que a fin de cuentas es como el bautizo del niño y más o menos hay un protocolo estipulado, que hacer una tertulia en la cual, por mucho guion que tengas organizado, podemos salir por los cerros a los que antes he hecho mención.

Mi idea inicial fue cambiar la dinámica de hablar de los libros con una presentación al uso porque ya están más que presentados todos ellos y por lo tanto no ofrezco algo novedoso. Como me paso toda la vida maquinando nuevas actividades, pensé que hacer una tertulia podría ser algo interesante y así se lo planteé a Margarita, dueña de Algarve Libros, https://www.instagram.com/algarvelibros/?hl=es , comentándole que me apetecía afrontar este nuevo reto. Y es un reto para mí porque aún viviendo cerca de Jerez y siendo amante del vino, soy profana en todo lo que se refiere a hablar específicamente solo de vino

Pese a todo creo que será un buen maridaje hacerlo de mis sensaciones y experiencias con el fruto de la vid y comentar como estos sentimientos aparecen plasmados en mis novelas. Incluso retrotraerme a mi niñez y juventud en la cual una bodega fue durante unos años mi espacio de juegos. No te lo voy a desarrollar aquí porque prefiero que vengas a verme y escuches todo lo que te tengo que contar de la mano de Amparo Bou, mi compañera de tertulia, lectora, pero sobre todo amiga y periodista que se ha prestado a meterse en esta historia, algo que sabe que le agradezco mucho.

Esta idea la llevo macerando hace tiempo porque ya desde mis primeras novelas di pinceladas sobre este amor hacia un buen vino, una agradable comida y una interesante tertulia alrededor de ambos elementos. No concibo una escena en la que los personajes si se tienen que sentar a hablar no aparezca como hilo conductor la bebida y comida e iniciándose todo con el descorche de una botella de vino. Es algo que es un reflejo de mi vida cotidiana. Si tengo que celebrar algo bueno o menos bueno, no dudéis de que allí estará presente el vino.

Recuerdo que en la primera corrección de esa novela, Siempre Juntos, se llegó a comentar que tal vez era un elemento que se hacía demasiado presente en la trama. Eso fue dicho de manera sutil, aunque puedo añadir que en el fragor de la corrección no fueron esas exactamente las palabras, sino que mas bien se puntualizó que a la protagonista le gustaba demasiado el pimple, como se diría de forma vulgar. Pero, teniendo en cuenta los antecedentes, el personaje y que este no podía ser perfecto, pensé que algún vicio debería de tener, si es que consideramos en este caso y con humor eso como una falta. Ojo, que una agente del CNI no puede ser alcohólica, y de hecho la protagonista no lo era, pero dijéramos que la niña, mote que tenía también en la novela, gozaba de un buen saque.

En la segunda parte, Confianza Ciega, el final se desarrolla en una bodega, las bodegas de la familia Kahan, que si bien son ficticias, se sitúan en Galilea, al norte del país, y muy próximos por tanto a la frontera con el Líbano y Siria. Una zona cargada de historia y con una importante presencia de viñas que han dado origen a la aparición de unos interesantes vinos que están ya cotizados en el mercado internacional.

La pujante zona vinivitícola del Norte de Galilea

Ya para mi tercer trabajo, Unidos por el Pasado, me lancé directamente al abismo desarrollando una trama en la que el escenario fue Escocia, pese a no ser una zona por antonomasia productora de vino. Aun así, están surgiendo voces que avisan de que con el cambio climático, la producción de vino va a tener que aclimatarse a los nuevos tiempos y es muy posible que en zonas donde no se planteaba que podría criarse viñas para hacer buenos caldos, con el tiempo pasaran a ser áreas de producción.

Todo este interés por la vid y el vino tiene su trasfondo en esa infancia que os he comentado y en las habituales formas de celebración que la cultura mediterránea, a la que pertenezco, ha inculcado en mis genes generación tras generación, y eso quiera o no me arrastra a plasmarlo en los libros, porque el ser humano se compone de tres pilares, como las patas de una banqueta: cuerpo, mente y corazón o lo que es lo mismo: una parte física, una intelectual y otra sentimental. Todo junto es lo que hace que nazcan las obras literarias en mi caso al ser autora, pero cualquier persona que se considere creativa necesita de esos pilares para disfrutar de su trabajo.

En las redes sociales he leído muchos comentarios sobre escribir desde los sentimientos y eso es algo que considero peligroso si no se tamizan esos escritos con la serenidad que nos supone el paso del tiempo. El escritor no es solamente una mente racional que estructura tramas, ni tampoco solamente unas manos que escriben o solamente un corazón que sabe reconocer emociones y hacerlas surgir en otros. Es todo el conjunto, al mismo tiempo. No se trata de tomar la emoción y escribir desde ella, igual que no se trata tampoco de ignorar lo que sentimos o no sentimos en el momento de escribir ni tampoco todo lo contrario. Sé que suena raro o tal vez complicado pero como he dicho, todo es cuestión de asentar los posos, como en los vinos.

Cuando vivimos una experiencia intensa, y tenemos la costumbre de escribir, es probable que tengamos la necesidad de correr a contarla en un papel. Es igual de probable que el resultado no se corresponda exactamente con cómo lo vivimos. Para hacerlo bien de verdad, como decía el poeta William Wordsworth, debemos volver a ello posteriormente, porque «el poema nace de la emoción revivida en tranquilidad». No podemos describir un incendio cuando estamos en el centro mismo del fuego.

Por otra parte, convendría tener en cuenta, llegados a este punto, un detalle más. Y es que, como escritores, podemos sentirnos tentados de utilizar la escritura para huir de nuestras propias emociones. Algo parecido le he oído decir a Antonio Banderas en una entrevista que le han hecho a raíz del estreno de su nuevo musical. Le preguntaron sobre que consejo le daría aun actor que está empezando para ejercer bien su profesión y lo primero que dijo es que no use el trabajo de actor como una forma de evadirse de la realidad y vivir múltiples vidas, sino que lo planteara como una forma de transmitir sentimientos, sensaciones y vida a otras personas a través de su arte.

Está claro que eso para un escritor, sea o no en sus inicios, es un listón muy alto y tenemos tendencia a tirar por la vía de Tarifa e ir a lo cómodo, usar la literatura como un diario cara el público u usarlo para dejarnos desnudos ante nuestros lectores. Pero mi intención es más bien jugar, divertirme, disfrutar apostando por usar mi fondo de armario personal, el trasfondo del que hablamos el otro día con su nombre inglés, backstory, como forma de enriquecer a los personajes y a las historias que viven. Y en mi caso ese trasfondo viene marcado por mi amor hacia el vino, la viña, los olores y los sabores de mi infancia, mi gusto por experimentar con nuevas recetas y como tal aparecen esos factores de una forma habitual en mis novelas. Es mi viaje especial de sentimientos, sensaciones y sentidos compartidos con mis lectores para que ellos realicen con posterioridad ese trayecto, y tengan esas experiencias similares, a través de mis palabras.

Por supuesto, a todos aquellos que les apetezca y puedan, les invito a mi tertulia el próximo sábado día 26 de noviembre. Allí os espero.

Opinión, sentimientos

La crudeza del relato: Desde Bosnia a Ucrania, entre Srebrenica y Mariupol

A veces los escritores nos encontramos con dificultades a la hora de rellenar nuestras páginas en blanco, dejando aparte el bloqueo del escritor, hay a quien se le resiste la sinopsis, otros lo sufren a la hora de encontrar un título e incluso las portadas tienen su miga hasta que los autores encontramos una adecuada. Hay escritores que les temen, como un dolor de cabeza, a las escenas románticas o eróticas y otros a las de acción. Todos tenemos nuestras piedras de toque a la hora de plasmar lo que queremos expresar con nuestras pluma para que llegue de forma adecuada al lector. Y hoy os voy a hablar de que es lo que a mí me cuesta y que está relacionado con el título.

Supongo que lo primero que os habréis preguntado es que a qué me refiero cuando hablo de la crudeza del relato y esto vienen a colación a cuál es el límite, y si existe este límite, a la hora de plasmas hechos que para algunos lectores pueden ser desagradables. Cuando un autor se molesta en buscar documentación para hacer creíbles aquellas cosas que narra, a veces, choca con realidades que intuía y descubre que además de ser reales son bastante crueles y crudas. Y es aquí cuando me salta la inquietud de si narrar los hechos tal como sé que han sucedido o maquillarlos para que el estómago del lector no sufra un sobresalto a la hora de leerlo. Pero eso son dudas propias del escritor y que normalmente cuando acabamos de asumir ese pensamiento, o incluso verbalizarlo, ya estamos descartando esa posible autocensura que no nos beneficia. Además siempre tengo dos máximas en mi trabajo, una dicha por mi editor; vuelca todo lo que quieras decir que para modificarlo siempre estás a tiempo y la otra es que; escribo para mí por lo tanto plasmo lo que quiero, expresándolo con la crudeza que considere necesario.

Todo esto viene a colación porque cuando te planteas escribir una nueva novela en la que quieres tocar un género como el bélico, aunque sea como telón de fondo de la trama, hay hechos y acciones que no puedes maquillar si quieres hacer la novela creíble sobre todo si son hechos que cualquier persona, interesada en el tema, puede consultar en internet y tener todos los datos de la situación vivida durante esa guerra.

Ahora mismo me encuentro en plena corrección de mi cuarta novela que se mueve en diversos escenarios que van desde España, a las repúblicas de los Balcanes, Gran Bretaña, Italia y Suiza entre otras localizaciones. Y durante el periodo que nuestro protagonista se encuentra en la antigua Yugoslavia es justo durante los años en los que el contingente militar español estuvo allí desarrollando la labor de ayuda humanitaria hacia la población civil. Junto a esto tuvo que enfrentarse a tareas d contención de las diversas situaciones bélicas en las que se encontraron, donde muchas veces pese a ser meros espectadores no dejaron de participar activamente en hechos en los que tanto militares, como cooperantes y sobre todo población civil sufrió los embates de la guerra de los Balcanes.

Cuando los protagonistas de una novela viven en un periodo histórico de este calibre en su propias carnes no puedes obviarlos ya que, por mucho que la intensidad de los personajes pueda dar pie a ello porque estén muy bien perfilados, no se puede diluir la realidad imperante en ese momento de la Historia como si no existiera porque no seria creíble ni la actitud de los personajes ni sus respuestas ni el nudo de la historia. Todo lo que ocurra en el escenario donde el personaje realice su actividad vital supone que le va a influir y eso el lector debe de conocerlo porque sino no entenderá la forma de actuar de los actores de la narración.

Igual que se dice que somos lo que comemos, también somos lo que vivimos porque nos nutrimos de las experiencias vitales y eso hay que plasmarlo en nuestras novelas con el nivel de crudeza que decidamos porque el dramatismo es algo que también está presente en la vida real por lo tanto lo estará en la vida de los personajes de nuestros libros. Os pongo a continuación una ejemplo de mi próxima novela para ilustrar lo que me refiero:

Durante el camino recé pidiendo que se salvara la vida de la mujer porque había visto ya demasiadas muertes y tenía que compensar salvando alguna. Ella estaba muy débil con la pérdida de sangre que había manchado todo mi pantalón y el olor a hierro impregnaba el reducido espacio del camión. ¿Cuánta sangre puede perder lentamente un ser humano antes de morir? Cuando llegamos a Dubrovnik estaba preparado el helicóptero y les entregué la mujer a los sanitarios que la aseguraron a la camilla. Tras ese momento me agarré a la caja del camión al que debería de volver a subirme y antes de hacerlo vomité. Justo en ese instante despegó el helicóptero.

—¿Estás bien? —me preguntó Rafa, mientras me limpiaba la boca con el dorso de la mano y ponerme derecho.

—No, pero da igual. Vámonos. Hay que dejar al resto de mujeres en un lugar seguro y están muy nerviosas.

—¿Algo de la sangre es tuya? —me volvió a preguntar mirando esta vez mis manos y mi ropa empapada.

—Ninguna, no estoy herido —le respondí subiendo al vehículo.

Fragmento escrito por la autora Gaby Taylor

Este tipo de situaciones da pie a que los protagonistas se hagan preguntas:

—¿Cómo vives con la muerte de Karlos? —le pregunté de sopetón.

—No vivo, Manuel, convivo. Ocupa un espacio como otras muchas cosas de mi vida, unas de las que no me siento orgulloso y otras de las que sí. Pero no dejo que, lo que tuve que hacer para salvar vidas, me domine y pueda hacerme olvidar quien soy.

Fragmento escrito por la autora Gaby Taylor

Y que la respuesta a veces sea muy dolorosa:

—¡Maldita sea! ¡Me ha gustado matar al traficante!¡Habría matado al sargento sino llega el capitán! ¡Cogería mi arma y mataría a muchos sin compasión! ¡CASI ODIO BEBER VINO PORQUE CREO QUE ME HUELE A SANGRE! —grité—, ¡¿En qué me convierte eso!?¡¿Quién soy si disfruto matando!?—. Estaba fuera de mí.

—Te conviertes en un ser humano, con sus defectos, sus virtudes y sus miedos

Fragmento escrito por la autora Gaby Taylor

Aquí os dejo tres ejemplos sobre como suelo plasmar a veces los hechos de forma cruda para que luego, al continuar narrando la forma de responder que tengan los protagonistas, el lector entienda la motivación que tiene. No es la escena más cruda que he escrito, pero tampoco os lo puedo poner aquí todo, solo os dejo estos breves fragmentos para ir abriendo boca y para que no sea mucho spolier. Espero que os guste la forma de plasmarlos.

Lamentablemente, como hemos visto estas semanas, este tipo de hechos están a la orden del día y de ahí la segunda parte de mi encabezamiento donde nombro ciudades que sufrieron y sufren la devastación de la guerra con todas las consecuencias negativas que supone para la población. Espero que, pronto, situaciones como estas solo sean leídas en la ficción y no en la prensa.

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Sin mirar hacia atrás

Iniciamos un años más, recién estrenadito, en el que llevamos las alforjas cargadas de la experiencia del año anterior y de nuevas ilusiones por lo que está por venir en este nuevo ciclo anual. Si la semana pasada os ponía una lista de sugerencias sobre nuevos y buenos propósitos, en esta entrada tuve mis dudas de si escribirla dando unas pinceladas sobre mis nuevos y mas cercanos proyectos o si poner un cerrado por vacaciones y no volver hasta que terminara de abrir mis regalos de Reyes y jugar con ellos, iniciando ya mi andadura en mi blog para mediados de enero. Pero aquí estoy una semana más que no sé si al final tiraré por un camino o por el otro, según me acabe dictando el cuerpo.

Lo que se destila en las redes, estos últimos días, es hacer balance, y así en algunos perfiles veo listas ingentes de personas que han llegado a leer hasta doscientos libros en un año, lo que hace la nada desdeñable cantidad de unos dos o tres libros a la semana. Imagino que en otros temas lo que se coleccionará serán maratones o kilómetros recorridos. Cada ser humano se marcó una meta y ahora llega la hora de ver si se han cumplido, o no, los objetivos.

Ni soy amiga de marcarme metas de este ni de ningún otro tipo. De hecho no creo que me pusiera ningún objetivo específico al año pasado a cumplir en este año o por lo menos no lo recuerdo. No suelo ser una persona que planifique de forma cerrada mis próximas actividades aunque, por supuesto, como escritora tengo unos objetivos que cumplir puesto que, ahora mismo, manejo varios proyectos que deberían de salir a lo largo de este próximo 2022 o por lo menos encauzarse.

A estas alturas de inicio del año mirando un poquito para atrás, aunque dicen que para atrás ni para coger carrerilla, lo que sí puedo decir es que veo que mis 365 días anteriores, a este que vivo hoy, han sido jornadas con sus luces y sombras. Sombras por las incertidumbres a que ha dado lugar la pandemia y luces porque, si bien tenía esa espada de Damocles sobre mi cabeza y sobre las de todos los que estaban en mi entorno, aquello que me propuse al final hacer, en mi día a día, se fue cumpliendo.

¿Habéis cubierto vuestras expectativas este pasado año? Si es así, enhorabuena. En todo caso, si no fue así, tenemos otro año más o para intentarlo o para comprobar, tal vez, que aquello que apuntamos en nuestra lista o no era alcanzable o no estaba destinado a nosotros. Lo cual tampoco es malo reconocer, hay que descubrir nuestras limitaciones e ir cerrando puertas, porque como diría mi abuela: el que mucho abarca, poco aprieta.

De momento, esta semana de inicio del año, me levanto con la mente en una somera planificación de mi agenda, y digo eso, porque tal como están las cosas el hombre propone, Dios dispone y la pandemia y otras circunstancias tienen la última palabra. Aunque, sí tengo claro que, si no tuviéramos un poco de visión de futuro al final acabaríamos cayendo en la depresión porque el ser humano necesita de tener ilusiones para vivir. Y así estoy yo, con dos libros sobre la mesa para decidir cual es el primero que entrará en el horno, varias opciones de ferias del libro, encuentros, Lecturas Conjuntas, clubs de lectura, presentaciones. Todo un poco caótico hasta que me pueda sentar con tranquilidad, pasadas las fiestas, y aclare un poco el camino que optaré. Y todo ello aderezado de cursos de formación, donde trataré de aprender todo lo que sea necesario para mejorar, tanto para la calidad de mi trabajo como para mi propio interés humano.

Para empezar el año nos encontraremos en las redes en una semana de autor que comienza el lunes 17 de enero gracias a la iniciativa del grupo @Comunidad de Escritores, para después avanzar, ya en el mes de febrero, con la lectura conjunta de mi bilogía de Israel, algo que me apetece mucho porque no soy de estar releyendo mis libros todos los días. Suelo publicarlos y al igual que las entrevistas, me tomo mi tiempo para volver a leerlos, pero es que creo que ya es hora y ahí voy a entrar por primera vez en una colaboración con la bookstagrammer @Antonella_en_letras que es quién lleva la iniciativa pero junto a ellas participarán, además de otros lectores y escritores, sus compañeras en estas historias: @unarosaentulibrería y @pilasdelibros. Aunque todas ellas prefieren que las llamen «opinionistas» y a las que os recomiendo que empecéis a seguir en IG y no les perdáis la pista y sumar a este proyecto una colaboración con @Miss Lilit, que puede generar bastante interés a la hora de volver a leer mis primeros libros. Además con dos de las bookstagrammers y dos compañeros más, ando pensando en dar un paso más allá con mi bilogía. Por lo que con ambos proyectos, que me ocuparán los primeros meses del año, inicio con muchas ganas este 2022 y me asomo desde detrás de mi árbol del caucho, al que muchos conocéis como ficus, con la ilusión de iniciar una nueva etapa, en la que espero que muchos de los que estuvieron apoyándome en el 2021 continúen conmigo en el 2022. ¡Nos vemos en las redes!

Opinión, sentimientos

La semana de los buenos propósitos

Sí, en efecto, estamos en la semana de los buenos propósitos. Estos son los días en la que abrimos nuestras agendas, recién regaladas el día 25, para apuntar todos aquellas buenas intenciones con las que queremos decorar nuestra vida en los próximos 365 días del 2022. Pero tal vez el problema está en que sea eso, solo una mera decoración y no asumamos de verdad esas ideas tan maravillosas que nos surgen ahora que estamos imbuidos del espíritu navideño. Toda la entrada me ha venido inspirada por un comentario que ha hecho mi buen amigo Haim Casas sobre lo dura que es esta última semana del año, al tener que darle vueltas en nuestra cabeza a la idea de ser mejores cara al año que viene, y al final me ha salido algo mucho más largo de lo que me esperaba.

Os puedo poner una larga lista de propósitos que pueden seros útiles, igual que otras veces os he puesto recomendaciones literarias, pero una cosa está clara, no sirven de decoración como los libros en una estantería. Si verdad lo queréis hacer reflexionar de verdad de si ese propósito es asumible, alcanzable y abarcable, ya que muchas veces nos ponemos metas que ya sabemos que son imposibles, por los motivos que sean, de realizar y luego pasan dos cosas, nos frustramos y nos cabreamos con la humanidad, como si el resto del mundo tuviera la culpa de que no hayáis elegido o calculado bien.

  1. Revisa si aquello que realizas a diario realmente te gusta y va a llevarte a las metas que te has propuesto. Porque ir para nada, es tontería.
  2. Comenzar y terminar todo aquello que has procrastinando (aplazado) por años. O reflexionar sobre la necesidad de tenerlo en tu lista, lo mismo es algo que en realidad tu mismo subconsciente piensa que no te va a valer o no lo vas a poder hacer y por eso mismo siempre lo acabas aplazando.
  3. Hablar con esas personas con quienes dejaste de hacerlo porque algo en la relación generó molestia. Tenemos la costumbre de enrocarnos y pensar que la culpa es solo del otro, cuando lo mismo el error es por ambas parte. Si después de intentarlo las cosas no mejoran, que por lo menos que por ti no haya quedado la duda.
  4. No hacer dieta, empezar a comer de manera adecuada lo que te permite generar hábitos a largo plazo y no resultados inmediatos que empeoran con el tiempo. El cerebro es muy cabrón y basta que digas o le insinúes la palabra dieta para que automáticamente se te antoje todo aquello que no debes de comer. Mejor es hablar de: voy a comenzar a comer sano. Así el cerebro es más feliz y tu acabarás sintiéndote mejor.
  5. Tomar la decisión de acabar con esa relación tóxica que te ha venido atormentando en el último tiempo y de la cuál por miedo, soledad, abandono, presión social, dependencia económica o dependencia emocional, no has podido salir. Esto también otro ir para nada, es tontería. No hablamos de personas que no aporten, si no de personas que lo que aportan son energías negativas o incluso acaban absorbiendo las energías positivas que tenemos. Pero analicemos bien todo, no sea que en realidad, la personas tóxica seas tú.
  6. Ahorrar el 10% de tus ganancias, secretos, pensamientos, gustos, necesidades y tiempo para ti. A veces nos mimamos poco y tenemos que ser un poco egoístas con nosotros mismos pero ojo, sin caer en el egocentrismo y pensar que somos el ombligo del mundo y todas las personas que están a nuestro alrededor están a nuestro servicio.
  7. Si tu salud se está afectando por falta de cuidado, entiende que el cuerpo no va a ser el mismo siempre, se desgasta, cansa y envejece. Es el momento de cuidar de ti. Asumir que la edad no perdona es algo que deberíamos de trabajar todos los días cuando nos levantamos. Pensamos que somos inmortales y va a ser que no.
  8. Romper el paradigma de la estética en donde creemos que la belleza está en los demás y asumir que tenemos nuestra propia belleza. Tenemos que conocernos bien y fomentar nuestras cualidades y limar nuestros defectos.
  9. Dejar de buscar desesperadamente esa pareja que va a darte la tranquilidad, estabilidad y amor propio del que careces. Si no te amas a ti mismo siempre serás un infeliz llegando incluso a retorcerte de envidia pensando que los demás tienen cosas que no se merecen.
  10. Aceptar que tu familia es como es, quienes cambiamos somos nosotros mismos para que cambie el mundo. Y si alguien de tu familia es tóxico pues no pasa nada, se asume también y te limitas a tratarlo educadamente y evitas un trato más habitual. Eso de que la familia no se elige es relativo, puedes no elegirla, pero tampoco tienes que aguantarla si es tóxica y afecta a tu salud.
  11. Buscar los deportes, artes, hobbies, prácticas que te interesan y dejar tiempo para ti mismo y  para hacer las cosas que te gustan. Todo aquello que hagas por ti mismo son endorfinas que te harán más feliz.
  12. No vuelvas a prometer cosas que no puedas cumplir pues al final lo único que consigues es frustrarte y cabrearte con la humanidad.
  13. Permite que por instantes de tu vida haya serenidad, viaja, toma tiempo para ver los pequeños detalles, eso que te parece cursi, inapropiado. A veces nos perdemos el maravilloso árbol que tenemos delante porque nos perdemos en el bosque. Los pequeños detalles son los que cuenta.
  14. Por favor no rompas corazones por no tener claridad mental, responde y has preguntas, es importante tener fundamentos con lo que se piensa y se quiere. Pero asume también que si te dicen las cosas fundamentadas cuando cometes errores es por algo y debes de aprender a usarlo para aprender. Ser humilde también es necesario.
  15. Escribe tus planes del año, dales una fecha y un procedimiento con tu propio lenguaje para que siempre lo tengas a mano y entiendas como lo tienes que hacer.
  16. Reconcíliate con las personas de tu familia con las que has dejado de hablar, no cargues conflictos ancestrales que degeneran en odios e indiferencias. Aunque si una vez que lo has intentado no ha dado resultado, tampoco te fustigues intentando año tras año. Hay cosas que no merecen la pena y en este tipo de situaciones el camino es igual de largo para ambas partes. Si la otra persona no quiere, por muy familia tuya que sea, no vale la pena.
  17. Cambia el lenguaje común de exageración, victimización, crítica, nostalgia, recuerdo del pasado, rencor, revanchismo, con el que puedes dirigirte hacia ciertos espacios de tu vida y la de los demás. El que continuamente quieres ser centro de atención con sus males y sus penas, que muchas veces son hasta falsas, acaba aburriendo y quedándose solo o sola.
  18. El perdón es un talento que se aprende de la formación emocional que se recibe en casa por lo tanto empecemos gestionando nuestro propio perdón y enseñemos a nuestros hijos a perdonar, se consigue mucha tranquilidad de espíritu y mejora el humor.
  19. NO conduzcas con agresividad, no por eso el tráfico va a ser mejor o vas a llegar más rápido, tus derechos deben ser validados con justicia, no con egocentrismo ni rabia y además te juegas tu propia vida junto con la de tus semejantes.
  20. Crítica menos a los demás por su forma de pensar, vestir, hablar o pensar. Actúa, sé parte del cambio, deja algo al mundo que se pueda apreciar. El mundo no puede estar hecho a tu medida exclusivamente, en el cabemos o deberíamos de caber todos.
  21. Recuerda dejar media hora al día para caminar, meditar, pensar, hacer ejercicio y reflexionar sobre si todo lo que estás haciendo es lo adecuado o tienes cosas que mejorar.
  22. No impongas el orgullo por encima del amor, si tienes una pareja dale amor, no te acomodes porque toca, no te acostumbres porque no hay opción, por miedo a la soledad o a no cumplir con la imposición de una familia perfecta. Intenta que tu vida emocional sea lo más equilibrada posible.
  23. Deja de esperar la felicidad y prometértela cada año. La felicidad son momentos que creas a tu parecer, ¡creala! y, sobre todo, piensa que la felicidad está en cosas muy pequeñas, en logros casi diminutos pero que a la larga harán una larga cadena de momentos felices que te acompañaran en agradables recuerdos durante toda tu vida.
  24. Retoma aquellas cosas que has abandonado y realmente deseas hacer pero siempre valorando que son cosas que en realidad te van a aportar bienestar y crecimiento personal.
  25. Que el propósito fundamental sea quererte a ti mismo, respetando tus principios y siendo fiel a tus creencias, modificando errores y defectos de carácter. Todo ello te hará ser más fuerte y aunque te dobles como el junco, no te troncharás porque tus raíces están bien asentadas en la tierra.
  26. Dejar los aparatos electrónicos en espacios de familia a diario, cenas, almuerzos, restaurantes, desayunos, reuniones, hijos, padres, pareja, amigos, mascotas, arte y céntrate en mirar al mundo con los ojos tuyos y de otros, no por medio de una pantalla.
  27.  Aprender a vivir en el presente sin proyectarse excesivamente en un futuro del cual no se tiene decisión, has lo que consideres correcto en estas 24 horas que te “pertenecen”. Y más hoy en día que con el bofetón de realidad que hemos tenido con el coronavirus hemos tenido que asumir que la felicidad, los logros y los planes se ajusta a un trayecto muy corto.
  28. Recuerda que el  dinero es relativo, no justifiques tus largas jornadas de trabajo porque tienes que ser exitoso o tienes obligaciones, no existe la manera de comprar amor o felicidad, no te pierdas momentos importantes en tu vida personal y la de tu familia. Hay que trabajar para vivir y no vivir para trabajar.
  29. Lee libros, artículos, periódicos, ve películas, entrevistas, busca buenas fuentes que te puedan informar, no creas todo a primera vista. Busca las fuentes, se un lector crítico ya que el saber no ocupa lugar.
  30. Cuida de tu salud, acude a controles médicos, chequea tu peso y tus posibles riesgos porque eso a la larga tu cuerpo te lo va a agradecer.
  31. Aprópiate del lugar en el que vives, construye un hogar en donde quiera que estés, te pertenezca o no y vivas con quien vivas. Tu hogar eres tu mismo y va contigo a todos lados, no centres la felicidad en lo exterior, sino en lo interior que es lo verdaderamente importante.
  32. Recuerda que en un año no vas a ser la misma persona, plantea objetivos para que la vida no se te vaya soñando, no es malo soñar, pero con el tiempo puede generar frustración y eso conlleva mucha infelicidad para ti y para los que viven en tu entorno.
  33. Lo que sea que te propongas no lo dejes olvidado y no apuntes grandes metas porque el que mucho abarca poco aprieta, como diría mi abuela.

Espero que esta lista os sirva para algo pero sobre todo, yo lo resumiría en pocas palabras:

  • Cuídate y cuida a tu entorno.
  • Escucha todo lo que te digan, te guste o no, y saca una enseñanza de todo.
  • Apunta metas pequeñas.
  • Si haces felices a los que te rodean vas a ser más feliz y mejor persona.
  • Huye de la gente tóxica pero no identifiques solo al tóxico con el que te dice lo que no te gusta. Es más bien al revés, el tóxico está permanentemente chupando de ti.

Y con esto solo puedo desearos una estupenda última semana del 2021 y nos vemos ya en el 2022.

Opinión, sentimientos

Lo mejor de todo: el equipo.

Hay personas que hacen un balance a finales de año, hay quien lo hace aprovechando las vacaciones y otras personas reflexionan tras una gran crisis personal, aunque también pueden hacerlo cuando el cuerpo se lo pida y mira por dónde, a mí, me lo pide hoy.

Siempre hay momentos en la vida en los que, pese a sonar a novelero, decimos que hay un antes y un después y puedo afirmar que eso me ocurrió en el 2018. Desde luego, muchas personas pueden llegar a pensar que tras lo ocurrido en el 2020, con la pandemia, ese antes y ese después queda mucho más marcado por ese nuevo estilo de vida que nos hemos visto obligados a llevar debido a un virus, que se ha integrado en nuestras vida con la misma tozudez que se instalaron las redes sociales, el internet y la vida online, nos guste o no nos guste. Pero aún así, y pese a lo real que han sido estos grandes cambios que ocurrieron en este año vírico, siempre me remitiré a esos dos años antes, donde tomé la decisión, forzada por otras situaciones, de dar un giro radical en mi vida y un salto que fue sin red y a la aventura.

Ahora que han pasado ya casi tres veranos, porque aquel cambio aunque ya se venía gestando desde meses antes se cerró en Septiembre de ese 2018, puedo hacer un balance con un buen camino recorrido y tres novelas en mi haber, además de con proyectos claros para otras tres más. Siempre que la situación lo permita, pero que coño, no nos vamos a arrugar ante las incertidumbres del futuro, que para eso tenemos las noticias de la prensa y televisión. Os preguntaréis a santo de qué viene esta reflexión y qué ha dado lugar a ella y todo empieza por esas pequeñas cosas que se hacen en la vida y que son las que marcan la diferencia.

Hoy me apetece hablar de lo mejor de ser escritora, pero desde otro punto de vista, que es desde el de ser compañera de tus compañeros. Está claro que como en cualquier otra profesión podemos ir a lo nuestro y pasar del resto de la humanidad, solo centrándonos en nuestros lectores, en nuestras ventas y en nuestras promociones, y me parece magnífico. Pero que vida tan triste si solo te miras el ombligo y más triste si, encima, lo haces pisando los callos al resto de la gente que tienes a tu alrededor. Cuando lo divertido e interesante de este mundo es el poder llegar a ampliar tus relaciones más allá de estar todo el día pegado a las redes sociales, tratando de vender, vender, vender y levantarnos y desde primera hora de la mañana hacernos un Paco Umbral y solo estar aquí para «hablar de nuestro libro».

Por supuesto mentiría si dijera que no me promociono, porque la verdad es que me encanta el marketing digital y todos los recursos y medios que hay hoy en día para facilitarlo. Ahora, también digo la verdad si os cuento que me apasiona promocionar, ayudar, conocer y trabajar con otros compañeros porque, aunque me encanta ir a lo mío, el poder formar equipo y hacer un buen trabajo de la mano de otros escritores, es de las cosas que más me gustan. Y lo hago a cambio de nada, que seguro que alguien piensa: «sí, venga ya. Y voy yo y me lo creo». Esta claro que aunque en el mundo hay más tontos que botellines, frase de un amigo que viene muy bien al caso, procuro no estar en el club de los botellines. Es de cajón que lo habitual es un quid pro quo con los compañeros, pero NUNCA exigiendo esa contrapartida. Yo hago lo que quiero o me comprometo libremente y no pido que los demás hagan lo mismo, si no, no tendría gracia. Está claro que luego como «es de bien nacidos el ser agradecidos», ya según se vea como actúa el resto de la gente conmigo, así seguirá siendo mi relación a lo largo del tiempo. Siempre aplico el refrán que me enseñó mi abuela: «Con la vara que midas serás medido».

Si os habéis percatado, esta es la mejor forma de conocer a la gente en su salsa y saber hasta dónde dan de sí. A una persona generosa, amable y agradecida se la ve venir tan pronto como a una que no lo es, y como ahora la mayor parte de las veces nos relacionamos de forma virtual, y parece más sencillo escondernos detrás de una máscara, se puede pensar que es difícil conocer a la gente, pero no, no es tan difícil. Las personas que son leales, trabajadoras, comprometidas, humildes, pero que saben lo que quieren, son muchas y fáciles de encontrar, solo hay que poner interés en buscarlas. Y eso es algo que durante tres años he hecho y me ha dado buenos resultados, lo que me ha permitido ir descartando a todas aquellas otras que no han cumplido mis expectativas, que tampoco han sido muchas las que han caído por el camino, pero a menos bulto, más claridad.

El detonante que me ha llevado a decir esto es un resumen que le he hecho a una compañera sobre las cuatro cosas que me gustan de esta profesión: escribir, leer a otros compañeros, promocionarlos y conocerlos. Y es lo que he tratado de hacer desde el principio y sobre todo en este último año. Creo que es un buen resumen de lo que debería de ser este mundo de los escritores. Luego, por supuesto, hay gente y botellines para todos los gustos, como en botica.

Opinión, sentimientos

¿Terapia u oficio?

He leído en las redes califican a la escritura de actividad terapéutica y eso me ha llevado a reflexionar si el escribir es una terapia para corazones dañados o es un trabajo como el de soldador o albañil y no me ha costado tener la respuesta aunque, como todo en la vida, con sus matices.

También he leído en las redes sobre la necesidad de que para ser un buen escritor hay que ser un sufridor de manual y carne de psicoterapeuta, algo que ya en mi caso rechazo de plano. Si necesitara plasmar mis frustraciones, miedos, angustias y paranoias vitales en forma de escritura, lo haría en un diario y para mí se quedaría. Pues no sale caro y tiene tinta lo de publicar un libro, como para andarse con tonterías.

Ser escritor es un trabajo como ser fontanero, médico o bombero. Es un proceso que requiere de vocación, porque hay que meterse en muchos jaleos y también se necesita de una formación como base y durante el resto del proceso y no me voy a poner a crear o escribir según mis estados de ánimo. No puedo culpar a que hoy como me han costado más caros los pimientos y estoy enfadada escribo una escena de enfado de los personajes o la parte de la pelea en el thriller y mañana que me toca relax escribo la parte romántica. No, seamos serios, esto no va así por lo menos lo que en en mi caso se refiere.

Es más, en una de las entrevistas que me han hecho esta semana me pidieron que contará como es el día a día de mi actividad como escritora y en resumen explico que se desarrolla como la de un profesional cualquiera. Me levanto temprano, entre las 7 y las 8 de la mañana y empiezo mi día con un desayuno y preparando lo que voy a publicar en las redes sociales. Tras eso, empieza mi trabajo como escritora que puede desarrollarse, según cómo esté la novela que tenga entre manos, con búsqueda de información o trabajar en fase de corrección y pasar el manuscrito con Word al ordenador, porque siempre empiezo escribiendo en cuadernos de cuadrícula con bolígrafo negro Bic, lo que me facilita la opción de hacer una primera revisión a fondo una vez que lo voy subiendo a mi nube. Ya por la tarde puede que solo me dediqué a la lectura. Eso es el supuesto ideal, pero como cualquier otra persona también tengo otra vida social y compromisos variados.

Todo el proceso intento que sea un trabajo a tiempo completo de 8 horas. Hay quien por sus circunstancias vitales no puede estar todo ese tiempo pero aún así, si ese fuera mi caso para mí seguiría siendo un trabajo y no una terapia. Otra cosa distinta es que, en los tiempos que vivimos, el escribir se use como una forma de mantenernos distraídos de ciertas situaciones estresantes de nuestro día a día, como podría ser hacer maquetas, punto de cruz o ir a bailes de salón, pero para mí también con un matiz: yo no lo tengo como hobby.

Porque eso es otra, hay gente que te suelta sin filtro esa frase de que escribir es un hobby y lo suyo un trabajo. No, perdona, habitualmente los hobbies cuestan dinero y yo escribo para ganarlo y no soy una ONG y hasta la fecha esa es mi meta y la voy cumpliendo poco a poco. Y no me avergüenzo de decir que aquí estoy para ganar dinero, que parece que hay que pedir perdón por tener esa idea y que un escritor no lo es si piensa en cobrar por su trabajo. Existe mucho romanticismo mal gestionado que asimila la figura del escritor como alguien que tiene que ser poco menos que un indigente y recibir el reconocimiento cuando esté muerto y con mucho cariño, va a ser que no. Y ojo que decir eso hará que se levante otro hacha de guerra, las de los que la empuñan gritando que soy una soberbia y que me creo alguien.

En resumen escribir no lo hago por terapia sino por gusto y porque quiero ganar dinero para sacar mi siguiente libro. Y, sí es cierto, que me implicó tanto que me evado y disfruto viajando por todo el mundo gracias a este oficio, como me gusta llamarlo, de ser escritora.

sentimientos

Y vamos con una de fragmentos

Hoy me apetece compartir aquellas frases o fragmentos de mis novelas publicadas o incluso inéditas y que he utilizado para promocionar mi trabajo.

El mundo se hunde a tus pies pero, aún así, luchas por mantenerte cuerdo.

El amor es como el cristal: si no se limpia se empaña, si no se cuida se quiebra.

El valor de las cosas no está en el tiempo que duran si no en la intensidad con la que se viven.

Cuando perdemos la ilusión en la magia, en cualquier magia, nos hacemos viejos.

¿De dónde sacaban estos hombres esas miradas que prendían fuego hasta en la yesca húmeda?

Controlar ese deseo de saber me estrujaba la vida.

Me provoca el temblor de tu cuerpo al rozar mis labios tu piel.

—Cada noche he dormido sintiendo el roce de tus dedos en mi piel —dijo en un susurro
Durante un breve lapso de tiempo, el impacto de sus palabras ralentizó el latido de mi corazón. Los segundos pasaron sin tener conciencia de ello. Todo quedó en suspenso. Esas pocas palabras congelaron la totalidad de mi ser y tuve que hacer un gran esfuerzo para que mi reloj interno volviera a mandar en el palpitar de mi cuerpo. 

Ahora que nos hemos encontrado no puedo dejarte. Eres el poco oxígeno que respiro en este ambiente enrarecido.

Las libélulas que habitan en mi mente jamás dejarán en paz a las mariposas de mi corazón.

...nunca fuiste totalmente mía y no puedo ser egoísta porque al final perderíamos todo lo bueno que hemos disfrutado, ahogado por nuestras frustraciones. Te amo y te amaré en un rincón de mi corazón que solo será tuyo y mío para la eternidad. Ahora, yo me quedo con tu llave y la mía para cerrar la puerta que abrimos hace años. Te veo partir sin remordimientos, sin dolor, totalmente en paz porque sé que estás con quién también te ama como yo y al que tú amas plenamente.

De este mundo me enamoré hace mucho tiempo y ahora tengo que volver para buscar ese espíritu que se quedó escondido en la viña.

Que la tierra dé frutos puede ser casi casual, obra de la naturaleza, sin necesidad de la intervención del hombre. Pero que ese fruto de lugar a un buen pan, vino, aceite y vinagre, supone alquimia, corazón y coraje. Darle algo más que vida: es darle un alma.

Y este es un fragmento de una narración de fantasía, inédita todavía, y que fue lo primero que empecé a escribir hace ya años en un reto en el que me metieron unos amigos para ver si era capaz de escribir una novela entera, cosa que hice, y ahí está a la espera de que decida que hacer con ella.

Kenshi se quedó  plantado en medio del silencioso recinto donde solo oyó los latidos del corazón de la mujer con su fino oído. También captó su olor, suave, dulce, podría decir que hasta caliente. En ese momento estaba paralizado pero sabía que tenía que acercarse y lo hizo despacio. Ella parecía en realidad dormida porque tenía mucho  mejor aspecto que cuando la dejó en ese mismo lugar la noche anterior. Ahora su color era menos pálido, los labios tenían un tono rojo suave, y ya no se le marcaban las ojeras. Su larga  melena negra, que le enmarcaba la cara, la tenía recogida a un lado. Mientras la miraba, nueva oleada de su olor le golpeó, resultándole más atrayente y concentrado, por lo que sus fosas nasales se abrieron para recoger todos los matices que le envolvieron. Era un aroma conocido que le estaba volviendo loco porque no sabía dónde lo había percibido antes.

Avanzó unos pasos más y se colocó a su lado. Levantó la mano pero no supo cómo proceder porque desconocía su nombre y no podía llamarla. Por lo menos, en el cuento de la bella durmiente, el príncipe sabía qué hacer y esa idea le empujó a actuar de manera instintiva porque ese olor lo estaba mareando.

Se inclinó sobre ella y la respiración de ambos se mezcló. Pudo observar que sus parpados no se movían y entonces sin poder evitarlo ni querer hacerlo, su mano rozó el brazo de ella y fue subiendo por el hombro hacía su cuello y rostro. Era la única parte del cuerpo de la mujer que estaba visible. Kenshi supuso que debajo de la sábana lo que encontraría sería solo su piel,  pero prefería no tener que pensarlo. No podía pronunciar palabra, sólo sentir su suavidad en los dedos y la palpitación de su corazón en la vena al pasar por el cuello, además de ese olor que era como un eco y que le estaba produciendo una sensación de vacío, de caer en algo desconocido pero buscado.

Cerró los ojos y, antes de volver a abrirlos, sintió los labios de ella sobre los suyos. Trató de ponerse a la defensiva pero, al mismo tiempo, se dejó llevar y al abrirlos se encontró con los de ella, negros y profundos, pero no pudo separarse de la mujer, ella lo había agarrado por el pelo y sus dedos recorrían desde la nuca a la espalda, atrayendo. Entre los dos solo estaba el fino tejido de la sábana con la que ella estaba cubierta. Kenshi quería defenderse porque su cerebro humano sabía que todo lo que estaba ocurriendo lo estaba viendo el rector y posiblemente la doctora pero su parte animal le pedía más, le pedía conocer de nuevo a ese cuerpo que le resultaba tan familiar. Cuando las piernas de ella se enroscaron en su cintura, su cuerpo empezó a sentir un dolor que hacía tiempo que tenía dormido. Sus manos recorriendo la espalda de la mujer y cuando alcanzó su nuca con suavidad le echó la cabeza hacía atrás besando esa vena que palpitaba al ritmo que le marcaba el corazón.

De repente ella se separó, lo miró a los ojos y pareció esperar una palabra. Sus cuerpos seguían tensos y los latidos de los dos estaban al mismo compás.

—¿No sabes quién soy, verdad? —la pregunta tuvo un tono de sorpresa y dolor.

—No —contestó Keshi sin saber que más añadir pero con el cuerpo muy dolorido y la mente buscando un nombre, un maldito nombre.

Hasta aquí llego hoy aunque podría escribir muchos más pero creo que, para no aburrir, con este pequeño muestrario os haréis un poco a la idea de mi trabajo. De todos modos lo mas seguro es que, en otro momento, añada otra entrada con un contenido parecido para ir descubriendo pinceladas de mi trabajo.

sentimientos

El personaje me duele

Una pregunta que me encanta es cuando un lector me dice de un personaje: ¿es real, verdad?. Y para mí eso solo significa que el personaje ha llegado hasta el lector como yo quería que lo hiciera. Pero para lograr que los personajes lleguen a los lectores antes me tiene que tocar a mí como escritora en mis sentimientos para que los haga creíbles y eso solo se logra removiendo mi pasión, dolor y mi afecto, entre otros, cuando voy contando su historia, todo para lograr que altere, como yo digo, los higadillos de quien se toma la molestia de acercarse a la novela.

Cuando digo que los personajes duelen es algo literal porque dan muchos dolores de cabeza a la hora de crearlos y a la hora de tener, en algunos, casos que hacerlos desaparecer de la historia. Y cuanto más ahondes en la psicología de ellos, más acabas haciéndolos tuyos y por lo tanto más te duele porque acabas empatizando con sus problemas y sus situaciones. Algo que te ayuda a esa verosimilitud que por lo menos yo quiero darle a los protagonistas y secundarios en mis novelas.

Todos los personajes tienen un tanto por ciento de personas de mi entorno y con ello hago un puzle con lo que así aparece la figura que necesito para mi novela. Tendrán sus manías, sus tic y sus gestos propios que los caracterizarán y ayudará al lector a identificarlos, porque no hay nada mas complejo que tener una novela en las que hay varios y tienes que intentar por todos los medios que sean diferentes y a la vez atraigan al lector y haga que desee saber más de su realidad algo, que me lleva a intentar por todos los medios el lograr acallar la curiosidad que supone para quien se acerque a mi novela de todo lo que quiere saber sobre los personajes.

Por eso tampoco uso lo que en los grupos de escritores de las redes sociales llaman «musas y musos», nunca tengo en la cabeza a ningún actor determinado que pueda cubrir esa faceta de identificarse con algunos de mis protagonistas. Por eso no pongo fotos en mis promociones de personas reales sean o no famosos ni en los libros hago una detallada descripción física de ninguno, siempre suelo ir más hacia la descripción psicológica que lleva al personaje a ser y actuar como la trama nos va mostrando.

Cuando llega el momento de que, por necesidades del guion, tienes que eliminar a un personaje que le tienes cariño y no necesariamente matándolo, pues te duele porque empatizas mucho con su sufrimiento con la idea, sobre todo, de hacerlo verosímil. Hay lectores que no se lo creerán pero puedo garantizarles que si os emocionáis, lloráis, reis con alguna escena de una novela eso ha supuesto que previamente el autor con toda probabilidad se habrá emocionado, llorado y reído exactamente igual a la hora de escribirlo.

Ahora que estoy escribiendo estas letras ya me relajo después de una semana en la que he tenido que tener literalmente dolores de cabeza para lograr que el día que vosotros leáis la novela que estoy a punto de acabar y, que posiblemente, sea mi cuarto trabajo publicado, sintáis todo lo que el personaje ha sentido a lo largo un proceso de despedida. Y creo que lo he conseguido cuando mi oyente 0, como yo la llamo, me dijo que al oír lo que yo le narraba hizo y sintió exactamente lo mismo que el protagonista. Para mí esa es la verdadera satisfacción a la hora de escribir, lo que se llama alcanzar al lector, porque si yo escribo es para evadirme de una realidad que a veces en estos tiempos de pandemia es compleja de soportar y para llevar a mis lectores a unos mundos donde, aunque los personajes también tengan alegrías y tristezas, nos ayude a tener la mente distraída. Y si eso lo consigo ya soy feliz.

Puedo decir por lo que me han contado lectores que una de las cosas, que junto con las tramas, más han gustado es lo minuciosa que soy a la hora de contar los lugares en los que se desarrolla la acción, que es como si estuvieran allí y, además de eso, lo veraz que son esos personajes y algo que es mi puesta en valor a la hora de escribir y, que gracias a las recomendaciones de mi editor, trato de mantener como algo que debo de cuidar en mi estilo de escritura. Sé que todavía me queda mucho camino por delante en aprendizaje y en conocimiento de técnicas para mejorarlo, pero por lo menos tengo claro que camino seguir y me lo planteo como un reto día a día con una clara motivación que me anima a seguir escribiendo.

Prácticas de Airsoft para recreación de un rescate en un secuestro (Siempre Juntos). Foto cedida por @Fotolócar

N de A: La foto que acompaña al texto del blog que es de Airsoft, es una recreación en plan 007 para la promoción del libro. Ese deporte-juego se hace con una equipación adecuada, no se va maquillada, con las uñas pintadas y anillitos. Pero tener un contacto con esta actividad y pasar un día con airsofters me valió para sentir lo que pudieron vivir mis personajes en uno de los rescates.

sentimientos

La angustia de las Redes Sociales (RRSS)

Esta semana hablando con una amiga y profesora de marketing digital, Concha Rosano @rosanomarketingdigital, me dijo una frase que estuve dándole vueltas en mi cabeza el resto de la semana hasta esta misma noche. Sus palabras literales fueron: La recomendación que tengo que hacerte es que nunca esto te “coma” tu actividad. Que no te reste tiempo de escribir, sino que sea un complemento, donde ella se refería a esto como todo el tema del marketing y la publicidad en las RRSS. Y aquí estoy compartiendo con vosotros las conclusiones a las que he llegado con estas palabras que considero muy acertadas con su experiencia como profesional de su medio y viendo todo lo que me han pasado esta semana y que confirma que ella tiene razón.

Desde que empezamos hace un años atrás con la tan nombrada pandemia, muchos de los que nos dedicamos a promocionar nuestro trabajo cara al público, hemos tenido que reciclarnos a paso de la legión para alcanzar minimamente a nuestros lectores, con los que nos veíamos, como dirían Celtas Cortos, en los bares algo que ya ahora no es tan sencillo. Esto a supuesto un gran esfuerzo de tiempo e incluso de dinero para desarrollar capacidades, buscar medios y aprender a usarlos y que a veces nos ha despistado del verdadero objetivo para lo que han sido creados y cual es en realidad nuestro objetivo.

Esto viene al caso porque de un año a esta parte todos los días hay eventos, presentaciones, videos, promociones, ofertas y contraofertas para tener nuestros muros de las distintas RRSS llenos de contenido para que seamos visibles cara a esos lectores con los que ya no podemos tener un contacto directo y muchas veces eso nos crea la sensación de ser el conejo de Alicia en el País de las Maravillas, luchando por alcanzar siempre esa presencia en las redes que nos haga alcanzar en el top team del momento y al final todo nuestro esfuerzo lo dirigimos hacia un proyecto que no es lo nuestro. Porque lo nuestro, como bien entendí y acabé sacando como conclusión de las palabras de mi profesora de forma resumida es que: no van a tener más contenido mis RRSS que mis libros.

Y es que creo que podemos llegar al caso de que nos ocurra eso, que saturamos las redes de un intento de ser los  mas originales, los que mas público atraemos y al final caemos en que nuestro trabajo real es el que empieza a flojear en contenidos porque hemos gastado toda nuestra fuerza en otro lugar. Es más bonito el papel de regalo que el regalo en sí.

Además, a esto hay que sumarle que tenemos que aprender a decir que no, con lo desagradable que supone eso, ya que, no podemos estar en todas las promociones, en todos los grupos, en todos los eventos, en todas las videoconferencias, no podemos leer o comprar todos los libros que se publican de todos los compañeros ni estar pidiendo a todo el mundo que lea el tuyo. No hay día que no reciba un privado por parte de un autor en el que me pide, con mas o menos disimulo, que lea tal o cual novela o entre en uno u otro club de lectura, algo que agradezco muchísimo porque me encanta la lectura pero es que no me da la vida y me encantaría tener días de 48 horas o incluso más y poder recomendar todos los libros que llegan a mis manos y leo. Y eso que muchos los recomiendo sin más interés por mi parte que el de compartir con lectores como yo la satisfacción de leer un buen trabajo de alguna compañera de letras.

Toda esta reflexión semanal me ha llevado a escribir esta entrada en la que os cuento que, al final, lo importante para mí es mi trabajo como escritora y aunque está muy bien y es muy necesario lo de las redes, no puedo ser engullida por lo digital. Este mundo de las RRSS es un medio, no un fin y si tengo que renunciar a algunas invitaciones no es por nada, si no porque me ha llegado otra antes y trabajo por orden de llegada, como en la cola del supermercado pero sí apunto todas esas invitaciones que me hacen y trato, de una forma u de otra, tenerlas en cuenta para la próxima vez. Porque a fin de cuentas, todos estamos en el mismo carro.

sentimientos, vivencias

Mis mentores

He leído por las redes como hay personas que presumen por no tener formación e incluso de no haber leído nunca un libro y hacen alarde de que, pese a eso, les ha ido estupendamente en la vida. Imaginaros qué hubiera pasado si además hubieran tenido una formación académica o leído algún libro. Lo mismo hasta tendríamos un sin fin de nuevos avances técnicos y científicos gracias a ellos.

Afortunadamente ese no ha sido mi caso y a lo largo de mi vida he tenido una amplia lista de mentores, palabra que abarca a maestro, guía y consejero, hombres y mujeres a los que tengo que agradecer su vocación a la hora de formar a niños y niñas, entre los que tuve la fortuna de estar y que me animaron a leer como algo habitual en mi vida cotidiana. Ahora mismo me encantaría recordar el nombre de todos ellos pero seguramente se me quedarían muchos en el tintero, pero no por eso dejo de enviarles mi más profundo agradecimiento estén donde estén, puesto que incluso algunos de ellos ya han fallecido.

Y no solo hablo de profesores de Literatura, que me inculcaran el amor a la lectura, sino de cualquier materia que amplió mis conocimientos y me marcó la senda para llegar a lo que he llegado hoy en día. Tú, lector, te preguntarás que qué tienen que ver asignaturas tan dispares como el griego, las matemáticas, el derecho civil y la química con el hecho de ser escritora. Pues me temo que todo, porque como bien dijo alguien muy sabio: el saber no ocupa lugar, sino que más bien enriquece. Por lo tanto me parece absurdo hoy en día, con todos los medios que tenemos a nuestro alcance y estando presentes en las redes sociales, que haya quien se disculpe o incluso presuma diciendo que no se ha leído un libro en su vida. El que de verdad no ha podido formarse no está en las redes sociales.

Desde luego yo he tenido la fortuna de caer en una familia donde la lectura y la búsqueda del conocimiento de forma autodidacta era el pan nuestro de cada día, pero también he conocido a otras muchas personas que no habiendo nacido en la misma circunstancia han tenido fuerza de voluntad e interés en aprender y se han buscado la vida para hacerlo sorteando muchas dificultades, con lo que las excusas para mí, en su gran mayoría, son sencillamente falta de interés por aprender. Habrá casos, y son contados, en los que les sería imposible, pero seguro que no están alardeando de ello en las redes sociales.

Dentro de la lista de agradecimiento pondría a mi padre, que me enseñó a leer, y a mi madre que me llevaba a la biblioteca pública desde muy pequeña y, además, tanto ella como mi abuelo hicieron sus pinitos como escritores. Tras ellos tengo una amplia lista de profesores de literatura, pero el que mas recuerdo fue Salvador, que durante mis años de Instituto prácticamente me abrió al mundo de la lectura ya de adultos, sobre los 12 años, con la novela «La familia de Pascual Duarte» de Camilo José Cela, pero que también me guio en la lectura de los clásicos que, si bien muchas veces, no llegaba a entender en tu total profundidad, ahora me han ayudado a poder hacer una incursión en algunos de ellos como «Ana Karenina» de León Tolstói y así me puedo permitir el lujo de hacer una lectura crítica y comparativa. Algo que nunca hubiera realizado sin las enseñanzas previas de muchos profesores que han dejado una gran huella a lo largo de mi vida.

Por eso, presumir de no haber leído un libro en la vida, me parece tan absurdo como presumir de que no mantener unas mínimas pautas de higiene. ¿Quién presume de no lavarse nunca? Pues en este caso el libro sería como la higiene mental o el alimento que hace que no se nos atrofie el cerebro. Sé que ninguno de los que me leeréis estáis en esa situación, pero si tenéis la oportunidad de hacerle alguna vez un regalo a un niño, que sea un cuento, seguramente cuando sea adulto os lo agradecerá.