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¿Y si la Navidad no es tan difícil sino que nos la complicamos nosotros?

La Navidad no solo son compras, mensajes reenviados, y decoración de la casa. Es algo más, es saber de dónde vamos, dónde estamos y qué queremos para nuestro futuro. Y la verdad es que sé perfectamente de dónde vengo, dónde estoy y me gustan los planes que tengo de futuro. Es normal que todos no se cumplan, pero la ilusión con la que comencé 2023 espero que se mantenga durante 2024. Por supuesto, para eso hay que darle caña al año y no esperar que las cosas nos vengan por ciencia infusa. El futuro nos lo labramos a golpe de cincel.

La Navidad es un momento de celebración pero también de reflexión. No son los adornos lo que nos la recuerda, sino compartir con otros que pueden ser familia o amigos. Los sentimientos es lo que nos hace formar parte de esta tradición. Como hay gente que se marcha muy pronto y, en ese momento que es cuando le vemos las orejas al lobo, me ha llevado a reflexionar. Gracias a ello he llegado a la conclusión de que no hay que perder el tiempo por nada ni nadie que no lo aprecie en su justa medida. Al igual que tampoco hay que perder el tiempo en el consumismo de la Navidad, pese a que nos demos algún capricho que también nos lo hemos ganado. Puede sonar hasta extraño que esto lo diga yo que soy una persona que trata de cumplir esas pequeñas tradiciones, como pueden ser las culinarias, o aquellos pequeños detalles que sé que a la gente que me aprecia le va a gustar y por ello voy derechita a organizarlo todo.

También quería hablar de dos anuncios que me han encantado, el de Ikea y el de Navidul. Los dos reflejan muy bien lo que nos ocurre a todos en estas fechas: que nos complicamos la vida. Bueno, casi todos, ya que tengo que ser sincera y contar que nunca me he complicado más allá de lo razonable, la triste realidad es que me han complicado, como a bastante gente, con compromisos absurdos. Aun así, según pasan los años, me voy haciendo menos tolerante hacia esas obligaciones, que encima hay muchas, y muy indiferente a aquello que puede interferir en mi modo de vida. ¿Cómo se consigue eso? Gracias a la experiencia, que es un grado, y a poner a cada uno en su lugar si por un casual el tiempo no lo ha puesto. Un no a tiempo, hoy en día, es una victoria para ganar paz y tranquilidad.

Ikea nos pone un buen ejemplo de lo que podría ser la Navidad
Navidul también nos indica que nos complicamos demasiado la vida y hay que tener en cuenta que solo podemos disfrutar de una.

He puesto estos ejemplos porque son muy gráficos y presentan una realidad que, año tras año, nos trae de cabeza. Os puedo prometer y prometo que no me llevo comisión por nombrar a estas empresas. Sé que estás semanas son muy tristes cuando se pasan solo o sola, porque siempre se dice que es una época para estar juntos. Pese a que hay que ser consciente de que no tenemos el don de la ubicuidad. Cuando se puede, no discuto que sea bonito repartirse entre las familias, pero también a veces es un coñazo manifiesto tener que estar de acá para allá, como una maleta, solo por juntarnos, ya que es algo que se podría hacer en otro momento del año y no se hace. Nunca me ha gustado la imposición de tradiciones. Intento inculcar en mis hijos ese gusto por volver a la casa familiar o juntarnos en esta fecha siendo algo que salga de ellos y sin más complicaciones, y si les surge algún otro compromiso que no sea yo la que genere el conflicto de intereses. No es época de repartos salomónicos, son tiempos de dejar que la gente fluya y amoldarnos a lo que vaya surgiendo.

Para mí este ha sido el segundo propósito de este año y que creo que lo he cumplido: educar sin condicionar. Si condicionas no educas, impones y, vuelvo a decir, una fecha en la que debe haber cero imposiciones es precisamente durante la Navidad. La realidad es que debería ser todo el año, si bien sé que eso sería pedir peras al olmo, aunque íbamos a agradecer que nos dejaran disfrutar de unos mínimos.

¿Qué cosas bonitas me ha traído este 2023?

Una de esas cosas es haber recibido un regalo cada día y sin fallar ni uno desde el 1 de enero. Justo después de las campanadas se inició este bonito detalle. Al final es lo que se dice, los detalles son lo importante y no suele ser algo de gran valor material para los ojos profanos pero para quién los recibe son gestos que dicen más que muchas palabras, esas pequeñas cosas para guardar en el silencio de la memoria. Junto a eso, dentro de poco hará un año en el que me regalaron un principio. Eso me valió para ir poniendo un ladrillo detrás de otro con el que construir mi camino de baldosas amarillas en el que la meta no es llegar a un destino determinado, la meta es ir avanzando día a día disfrutando de cada momento.

Como muchas veces he dicho este 2023: la vida nos escupe y cada uno de nosotros nos deja en un lugar en el que seremos nosotros los que tendremos que lidiar con los pros y contras. Hay que apechugar con nuestras decisiones y disfrutarlas, no tenemos más remedio. Lo podemos hacer a regañadientes, todo el día protestando y usando nuestras frustraciones como si fueran arietes para cargar contra los demás, aunque es algo que no aconsejo, o podemos vivir mirando un poco por los demás. Por eso yo soy más de acciones que de propósitos o promesas, porque suelen ser muy livianos y se los lleva el viento. Así este año mi propósito es en realidad una petición como la que os pongo a continuación del autor Alfonso Genique:

Unos labios que besen despacio. Unos ojos que miren de frente. Un corazón que traiga más ganas que excusas y al que el suyo nunca le quede grande.

Unas manos que abracen de igual modo su alma de niña y su libertad.

Una apuesta clara por su sonrisa. Cero promesas.

Mucho respeto, para variar. Y si le apuras,

Todo el infierno que pueda caber en una cama que jamás deje de rebosar ternura.

Con esto cierro 2023 y os deseo una Felices Fiestas. Espero veros a la vuelta dentro de un mes. Necesito descansar un poco del esfuerzo que supone pensar semana tras semana un artículo que sea de interés general. Me gusta, pero, como bien dije hace unos días, voy a disfrutar de mi gente.

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