ARSA
Para empezar, contábamos con la inigualable colaboración de una importante sección que forma parte del núcleo duro del aquelarre de amigos: ARSA. Este es el acrónimo de Andaluzas Reunidas Sarao Asegurado. Tras esto vino el apoyo de la MAFIA que no tiene acrónimo, es tal cual lo que todos pensáis que es: LA FAMILIA (pon aquí voz grave y misteriosa). Ventaja, que tanto el aquelarre como la familia ya se conocían bastante entre ellos con lo que por ahí nada que objetar.

Aunque lo cierto es que todo empezó a gestarse unos meses antes. Para ello solo hizo falta un detonante, de esos que hacen saltar las alarmas y no, no fue un embarazo, eso ya es más que viejuno y en mi caso el milagro de Lourdes. Fueron unos resultados médicos ambiguos que me tuvieron arañándome la cara, como diríamos por aquí, desde octubre a enero. Eso me hizo sacar a colación que, ya que habíamos salido vivos de escribir un libro a cuatro manos como Operación Paraíso y, además, que, tras tres años juntos parecía que el barco del amor navegaba hacia buen puerto (¡por dios que ñoño! Aunque me lo vas a perdonar, pero tengo que sacar algo de mi aprendizaje en el curso de escritura creativa), por lo que podríamos plantearnos que era un buen momento de ir pidiendo cita para poner fecha. Una vez que la tuviéramos solo era cuestión de diseñar a nuestro gusto unas invitaciones para enviar via email. Ya sabrás que todo esto es la teoría, porque luego nos encontramos con la realidad de que el mundo se mueve a golpe de cita previa y mucha paciencia. Eso de casarte con premura ya ni en Las Vegas. Menos mal que «lo mío» no era de irse al patio de las malvas.

En un primer momento pensamos hacerlo en el ayuntamiento de San Fernando, ya que nuestros testigos, Paco y Patricia, (a los que siempre les agradeceremos su disponibilidad para los dos momentos en los que su presencia fue imprescindible) son vecinos de este bonito pueblo y era una forma de que fuera más sencillo tanto ya voy ya vengo por motivos burocráticos). ¿Por qué cambiamos de opinión y nos casamos en El Puerto de Santa María? La culpable fue Mariló, la funcionaria que nos atendió desde el primer momento y que nos facilitó toda la información, no solo una o dos veces, si no hasta cuatro. Sí, no te rías, te garantizo que casarse la primera vez es mucho más sencillo –o más inconsciente–, que casarse la segunda. No sé si ocurrirá lo mismo en la tercera, no es mi intención averiguarlo, la verdad. Ella nos informó de las fechas que estaban libres para el mes de junio (estábamos en 15 de enero, que es cuando abren la agenda para quienes se casan en primavera) y elegimos el 19 de junio a las 12.30 de la mañana.

Una vez solucionado todo el tema burocrático (a veces hacer la gestión online es desesperante) llegaba el momento de poner en marcha la sección ARSA. Una parte se encargaría de todo lo relacionado con el avituallamiento y decoración del evento y la otra con la ropa y la ceremonia. Porque ARSA quería bodorrio, que para los profanos se puede traducir como fiesta con el aquelarre y la mafia unidos dándolo todo. Una cosa era la ceremonia civil, algo más comedido y en los que estaríamos los más íntimos, que no más cercanos –hubo quién vino en avión y otros en tren–, y otra el bodorrio, en el que invitaríamos a todos los que son importantes en nuestra vida en estos momentos. Unos pocos, de esos que se cuentan con los dedos de dos manos (la de Héctor por un lado y la mía por el otro) y que son de gran calidad humana, que es lo que cuenta.
Puesta en marcha
Ya metidos en harina, a mi contraparte se le ocurre proponer que el bodorrio podría ser temático (ya me estaba yo viendo con la Legión 501 de escolta) aunque no llegó la sangre al rio y todo quedó en una fiesta de temática histórica. Como somos escritores y además ambos estudiamos la carrera de Geografía e Historia, pues acotando el campo nos quedamos con la premisa de que le propondríamos a la gente que se disfrazaran de personajes de novelas escritas entre 1850 a 1930. Como entenderás, se lo pusimos muy fácil, porque no es que tuvieras que ser un personaje definido, se podía ser un médico de Jack el Destripador, una lavandera de Historia de dos ciudades, o un contable de Canción de Navidad, que cada uno echara su imaginación a volar y que Temu, Shein o Aliexpress echara una mano.
Una cosa que teníamos claro desde el principio es que, aunque fuera una boda no íbamos a empeñar lo que no teníamos. Más bien todo iba a ser similar a cuando te ponen la condición de que el amigo invisible sea una cosa bonita, pero solo de 10 euros. El bueno, bonito y barato de toda la vida, las tres B complicadas de conseguir. Uno de esos retos que siempre me han gustado. Desde luego comprendí que habría compras en las que no quería ni podía ir a lo barato, pero en otras no hacía ninguna falta tirar la casa por la ventana. Sobre todo, lo que tenía claro, una vez que me centré, que el traje de los novios lo iba a hacer yo e íbamos a ser la típica pareja victoriana que tanto hemos visto en las películas y series de la época, que ahí sí tendría que darlo todo. El diseño quedó definido de la siguiente forma: Héctor con levita, chaleco, corbatín, bombín y bastón y yo con traje largo de tafetán burdeos, sombrero, guantes, enaguas, camisa de encaje, bla, bla, bla (las chicas llevamos tantas cosas que la lista es amplia).




El proceso fue divertido. Tengo que contarte el secreto de que tengo formación en patronaje desde hace años, aunque hace también mucho tiempo que no me meto en semejante berenjenal, por lo que, apelando a la lógica, busqué en internet patrones de disfraces históricos y voilà, me tocó el premio gordo y me los enviaron de allende los mares, vamos de EEUU y de la versión americana de nuestro tan conocido BURDA (que es una empresa alemana nacida en el año 1949) y que se llaman McCall´s (nacida en 1870 de la mano de un sastre escocés en New York) y Simplicity (nacida también en New York en 1927). Tardé unos 4 meses en tenerlos listos, pero básicamente porque probarme a mí misma y probar al novio cuando podía hizo que se ralentizara el proceso creativo. Aprovechaba esos ratos de parón para dedicarme a otras cosas de la boda.
Temu casi nos pide asociarnos




Obviando en estos momentos el tema del apoyo al comercio local, algo con lo que estoy totalmente de acuerdo y soy altavoz de esa petición, llegaba la hora de comprar muchos detalles para la puesta en escena de la boda y que lamentablemente ni había tiempo ni dinero para recorrerse comercios locales y conseguirlos de esa manera. Sabiendo además que muchas de esas cositas que necesitábamos los comercios locales se avituallan al final en China, fuimos directamente a la fuente. Aunque, como he comentado antes, hubo detalles que sí se encargaron en España, porque iban a trascender en el tiempo y eran importantes para nosotros, como las copas de la ceremonia, regalo de nuestros hijos y que son de vidrio hechos por un artesano que reinterpreta piezas de la antigua civilización romana –sí, en la antigua Roma existían los vasos y copas de vidrio, solo al alcance de las familias más poderosas– y las alianzas, que son esas dos serpientes de plata, hechas en una joyería de Talavera de la Reina (Toledo) que replican joyas históricas. Por cierto, la serpiente era muy utilizada en las ceremonias romanas antiguas por su significado:
El simbolismo de la serpiente en Roma
- Renacimiento y eternidad: La capacidad del reptil para desprenderse de su piel hizo que los romanos lo vieran como un emblema de juventud eterna, transformación y vida.
- Protección: Se utilizaban como amuletos protectores (tótem para alejar las malas energías) y como símbolo de los espíritus guardianes del hogar.
- Amor y devoción: En algunos contextos, como el famoso anillo que Marco Antonio regaló a Cleopatra (una práctica adoptada de las costumbres egipcias y griegas), representaba el amor eterno y el compromiso.

Una vez decidido dónde se organizaría la fiesta, el chalet de mi comadre en Sevilla (hermana o tata para los íntimos), nos liamos a ir llenando la cesta de pedidos, poco a poco, de cosas útiles y reutilizables en otras fiestas y alguna inútil o desechable (las menos, somos muy ahorrativas y ecológicas en la medida de lo posible). Tomamos también la importante decisión de que la comida sería patrocinada por Juan Roig, el Mercadona de toda la vida, que tiene sus detractores, no lo discuto, pero si quieres cosas sin gluten, sin lactosa, sin azúcar, sin, sin, sin, que te lo lleven a casa y que además sus productos nos gustan, no tuvimos ninguna duda. Solo los vinos se salieron de esa linea porque teníamos claro cuales iban a ser y no los distribuye esta cadena. Ahora solo era cuestión de tiempo e ir esperando que este pasara mientras íbamos colocando en dónde podíamos los paquetes que del lejano oriente nos iban llegando.
¿Qué fue lo más complicado?



Pensándolo bien, la parte más complicada fue la ceremonia. No me aclaraba en la forma. No queríamos la típica yankee y menos vestida de señora victoriana de buen año y por mucho que buscábamos, no encontrabamos nada que nos llamara la atención. Tampoco quería una extravagancia, una ya tiene una dignidad que no está dispuesta a tirarla por la borda. Luego, lo de buscar un maestro de ceremonia no estaba incluido en nuestro presupuesto, preferíamos gastarlo en jamón, la verdad y siendo los dos escritores ¿por qué iba a ser tan complicado? Al final, la última semana, que parecía que estaba todo más tranquilo (mentira cochina) nos pusimos manos a la obra con ese tema. Queríamos que participara la mayoría de los invitados de una forma u otra, un hándicap casi insuperable en una Sevilla a las 12.30 de la mañana, aunque bajo veladores, a 40 grados prácticamente, y con una piscina al lado que nos llamaba hasta con la ropa puesta.
Antes de llegar a eso había que realizar la ceremonia civil, que no deja de ser un mero trámite burocrático. De todos modos aunque queríamos hacerlo íntimo, como hemos dicho antes, ya que venía familia de lejos queríamos darle la importancia y solemnidad que en realidad tiene. Por lo que ya puestos llamamos a Mariló para ver si podíamos solicitar que la celebrara el concejal que pensábamos que mejor nos podía acompañar en esos momentos: David Calleja.


Con David la ceremonia fue bonita, porque tras una pasada rápida por los artículos del Código Civil, marcó su impronta con un discurso cercano y sencillo, con preguntas que hizo que los invitados y contrayentes participáramos y le añadiera más calidez a un acto que se puede realizar en diez minutos. Por eso es uno de los concejales más reclamado para las bodas civiles en España y ya os digo que no me extraña, ya que le da la formalidad justa. Sería divertido hacer un ranking y ver que posición podría ocupar. Como agradecimiento a su buen hacer y cómo le llamó la atención de que fuéramos autores, le regalamos nuestra Operación Paraíso, que tantas satisfacciones nos está dando.


Tras la comida familiar, en la que siempre falta algún miembro por cuestiones logísticas ya que fue un viernes y mucha gente trabajaba (una lástima, pero no todo el mundo tenía derecho a permiso porque se casaban sus padres. Solo somos padres de cuatro, aun así, algún amigo intentó que lo adoptáramos, si bien no coló), salimos como alma que lleva el diablo camino de Sevilla, porque al día siguiente había que estar frescos para la fiesta.
El bodorrio




El sábado 20 estaba todo listo y solo nos quedaba colocar la comida y ponernos nuestras segundas mejores galas. La gente fue llegando poco a poco y tuvieron que cumplir una serie de requisitos para entrar. Debían traer algo que quisieran compartir para beber y que les sería requisado a su llegada, a cambio recibirían un pequeño detalle de ese día para llevarse. Nosotros hicimos como en época victoriana, recibimos a nuestros invitados a pie de escalera en la entrada principal.



La recepción de nuestros invitados había quedado perfecta y solo faltaba poner en marcha la ceremonia. Desde el principio Héctor pensó que lo ideal es que fuéramos nosotros y la anfitriona quiénes lleváramos todo el peso, porque a fin de cuentas ¿quién podía conocernos más que nosotros mismos (y mi hermana que es el perejil en mi vida)? Y así lo organizamos, centrándonos en el vino, un punto de unión en nuestra relación (tinto D.O Campo de Borja, Tres Picos y un tinto D.O Tierra de Cádiz llamado Samaruco), aunque también estaban representados nuestros libros, el gusto por los viajes y la buena comida.



La parte formal terminó con las fotos de los participantes disfrazados, para recordar lo locos que estamos y tener siempre presente hasta dónde llegó la imaginación del grupo cuando llegó el momento de meterse en faena (además sabíamos que a la hora de la comida nos íbamos a poner todos en bañador y disfrutar del merecido chapuzón en la piscina). Hubo personajes de todo tipo y de muchas novelas, desde Tom Sawyer, Alicia en el País de las Maravillas, una sufragista, dos peaky blinders, un sombrerero loco, la reina de Corazones, Rose DeWitt Bukater, el explorador Allan Quatermain, un capitán Nemo y un capitán Ajab (no, no trajimos la ballena ni el submarino) un banquero y una dama de la época victoriana, así como una lavandera e incluso una pitonisa o médium y nosotros, que éramos los dueños de la mansión.













Y por supuesto, no podía faltar una tarde-noche de piscina que para nosotros queda y la sorpresa de la decoración de nuestro salón-dormitorio-habitación auxiliar. Ya a estas alturas de la vida no se necesitan grandes hoteles, multitudinarias reuniones de compromisos, ni banquetes pantagruélicos para pasar un buen rato. Se echó mucho de menos a Noelia y sus hijas que, por otros motivos también lúdicos de fin de curso, no pudieron asistir y a Belén y Paco que, en este caso el motivo, fueron las oposiciones de nuestra amiga, pero estuvieron en nuestro discurso, en nuestro corazón y en nuestro viaje de boda en forma de regalos que nos hicieron llegar. El viaje te lo dejaré para otra entrada, si me apetece, si bien lo mismo te adelanto alguna foto. Ese fue un viaje en el tiempo que tampoco tiene desperdicio.




