Esta luna de miel, como la tradición denomina, ha sido un auténtico viaje en el tiempo. Se fue gestando poco a poco, en la misma línea en la que nacieron todos los pequeños y grandes detalles que nos acompañaron en la boda. Recuerdo que cuando hicimos pública la noticia, primero fue con la familia y, paso a paso, el círculo se fue ampliando, llegando a aquellos que eran los conocidos y que por circunstancias tenían que saberlo. Lo habitual es que el acontecimiento tuviera buena acogida y solo algunas personas, que solían ser las más ajenas a nuestra vida, se extrañaban de esa decisión. Me resulta gracioso que cuando el anuncio viene por parte de una pareja jóven todo son felicitaciones, aunque sea cara a la galería, y nadie cuestiona la posible falta de madurez. En cambio, cuando es una pareja en segundas nupcias se plantea, sin ningún pudor como poco, que estamos locos. Pues una cosa que tenemos muy clara es que con la experiencia que nos calzamos los dos, bien fundamentada por nuestros anteriores matrimonios, ya procuraremos no repetir los mismos errores. Cometeremos otros pero aun así, andaremos con pies de plomo. Como se debería hacer en el primer matrimonio, pero la vida se complica y nos la complican. Ya os contaré algún día por qué suelo decir que hay que llenar la nevera de posit con consejos para no repetir las tonterías que a veces hacemos, que creo que incluso me da para un libro de autoayuda, pero vamos a lo que vamos. Tras esta pequeña reflexión paso de ponerme más sería y voy a contaros cómo se desarrolló nuestro viaje.
Desde el primer momento, teniendo en cuenta la situación política que se estaba gestando en el mundo, pensamos que no estaba el panorama como para irnos a Egipto, que era uno de los lugares que más nos tentaba. Luego te cierran el espacio aéreo y te tienes que venir montada en camello desde allí y las veces que me he montado en ese animal no ha sido del todo satisfactorio. Dicen que para dormir, si le coges el ritmo, es mejor que un caballo, pero no soy yo muy beduina. Por lo tanto, decidimos mirar hacia la península ibérica y no tener que depender de otro transporte que no fuera nuestro propio coche.
Primera parada: Cáceres
Desde el año 2009 no había vuelto a Cáceres, que era la tierra de mis padres, y Héctor no conocía esta ciudad ni los alrededores. Habíamos estado en Mérida, disfrutando de una obra de teatro, hacía ya dos años, pero pasear por esta ciudad los dos juntos todavía estaba pendiente y podía ser una buena opción. Sabía que Cáceres tenía muchas cosas que ver y buscando en internet encontré nuevas opciones para rellenar nuestra agenda de viaje. Ya sabéis que nuestras rutas son turístico-gastronómicas y de documentación y en este caso se han cumplido las tres con creces. A eso le hemos sumado que también ha tenido su puntito de viaje en el tiempo, ya que hemos pasado desde la España prehistórica hasta la del siglo XXI. Y todo ello sin salir de la Ruta de la Plata. Siempre he dicho que nuestro país tiene muchos rincones que nos pueden sorprender, incluso más que los circuitos del extranjero.
Elegimos un apartamento muy cuqui, diría la fashion de turno, en pleno centro del casco antiguo, en la calle Calero, la torre de la Yerba. Elegir un apartamento en Booking tiene su aquel. Hasta la fecha siempre hemos tenido suerte y los lugares que hemos elegido han sido de los denominados con encanto y han cubierto nuestras necesidades. También es cierto que no somos personas de esas que vamos por la vida con unas exigencias muy altas, pero sí que la calidad-precio esté equiparada. De todos modos, como somos muy viajeros, en la boda nos regalaron, y eso que dijimos que no queríamos regalos, una mochila de viaje de esas que tienen –para dos personas– platos, copa y sacacorchos (imprescindible para nosotros), cubiertos, mantel, salero, pimentero, etc. Ahí puedes llevar comida bien conservada y además siempre añadimos algún accesorio que a veces se les olvida colocar en este tipo de alojamiento (papel de cocina y algún paño).






La llegada fue el lunes por la mañana a eso de las 2 de la tarde, en plena hora de calor, creo que la primera de este verano 2026, y ni cortos ni perezosos nos lanzamos, en la plaza Mayor, a buscar un sitio para comer y tomarnos unas enormes jarras de cerveza. No sé si habrá muchas personas que no sean «muy de la tierra» capaces de meterse un buen plato de migas extremeñas con huevos fritos.






Yo soy muy de la tierra, sinceramente y hay que aprovechar las oportunidades cuando llegan. Pedimos además una tabla de quesos de la zona que nos hizo levitar. Creo que fue una buena forma de iniciar nuestra visita. Normalmente los lunes si llegamos a alguna ciudad comenzamos por tomar contacto con ella, puesto que lo habitual es que muchos espacios estén cerrados. Nos acercamos de primeras a la oficina de información y turismo, que fueron muy amables, y con eso de que les dijimos que éramos escritores nos regalaron un libro dónde se explicaba estupendamente todo lo más importante de la ciudad. Esa tarde fue de paseo calmado por sus calles.











Lo primero en la lista era el museo Contemporáneo de Helga de Alvear. No soy muy fan de este tipo de arte, ya sabes que lo mío es la arquitectura románica y gótica entre otras cosas, pero como es el mundo de Héctor, me gusta compartir y aprender, puesto que es su especialidad. Lo divertido es que al final, cuando hemos reposado muchas de las visitas, compartimos tranquilamente las mismas conclusiones en un lugar lo más fresquito posible. En este caso mucho edificio para tan «poca» exposición de los fondos de Helga (fundadora junto con otros galeristas de ARCO).






Los guías del museo comentaban que había unos grandes fondos, pero lo que allí se mostraban eran exposiciones temporales de los más ecléctica. Incluso me llamó la atención la repetición de una obra, en distintas plantas del mamotrético edificio (eran todo escaleras de hormigón) y diferente color, lo que me hizo pensar que era una lástima, porque hubiera sido mucho más enriquecedor ver exposiciones con un hilo conductor inspiradas con obras que a la galerista le hubiera llamado la atención en vida y adquirido.
Esa misma tarde tuvimos la suerte de encontrarnos con la exposición «Coco Chanel. Más allá de la moda» en la Fundación Mercedes Calles y Carlos Ballestero, su marido, (Palacio de los Becerra, Plaza de San Jorge, Cáceres).








La muestra reunió más de 70 piezas icónicas de la diseñadora junto a obras de artistas del siglo XX como Picasso y Dalí. Te dejo varios enlaces por si tienes oportunidad de pasarte por allí. Aunque ya haya otra exposición temporal, solo el palacio y sus fondos valen la pena.





La mecenas, Mercedes Calles, me llamó mucho la atención porque no había oído hablar de ella y por la colección de pulseras y collares con dijes de oro relacionados con sus múltiples viajes. Para mí esta señora fue la indudable precursora de las pulseras de Pandora. Nos gustó tanto la casa, su colección privada de obras de arte suntuario, como la exposición temporal de Cocó Chanel, sobre todo a mí, que ya había estado en el atelier museo de Balenciaga. Esta visita completó la del museo de anterior que se nos había quedado corta.






La tarde se completó visitando algunas iglesias como San Juan, Santiago, San Mateo, etc., que para mi sorpresa estaban abiertas, algo no muy habitual en las ciudades de España últimamente y, tras esa ruta, acabamos la tarde en la Casa-Museo Árabe Yusuf Al-Burch.



No es sencillo ver cómo sería la vivienda de la gente musulmana en el siglo XII, si no es visitando la Alhambra de Granada, y no todo el mundo pertenecía a la nobleza, con lo que no siempre nos valen los palacios para saber cómo vivía todo el mundo en un periodo histórico. Había en todas las poblaciones musulmanas gran cantidad de personas que vivían en hogares similares a este de la visita.
El miércoles planteamos una visita, programada desde hace mucho tiempo, que en este caso era de documentación a un pueblo llamado Navas del Madroño, también de la provincia de Cáceres. Algunas veces me has oído hablar de las Misiones Pedagógicas, proyecto cultural creado por el Gobierno de la Segunda República Española en 1931. Su objetivo principal era llevar la cultura, el arte y la educación a los pueblos más aislados y pobres del campo para ayudar a los campesinos. El proyecto fue dirigido por el pedagogo Manuel Bartolomé Cossío y se inspiró en las ideas de la Institución Libre de Enseñanza. Apenas sí quedan restos de aquella estupenda idea más que en la Residencia de Estudiantes o en el Ministerio de Educación, pero en la investigación, para darle contenido a mi próxima novela, descubrí que en este pueblo de Cáceres se encontraron escondidos, en un hueco tapiado en la pared, documentación, libros, discos y muchos objetos que se usaron en las misiones en esa localidad y que se trataron de poner a salvo tras el estallido de la Guerra Civil.









Llamé y fue un verdadero lujo ser atendidos por Silvia, encargada de explicarnos todo lo que estaba expuesto y las anécdotas que conocía, contadas por los vecinos y los descendientes de aquellos que lo vivieron. Para mí fue vivir otro encuentro con el pasado, que a fin de cuentas era en lo que se estaba convirtiendo nuestro viaje de bodas, y este con más razón puesto que ya sabes que mi padre era maestro y precisamente extremeño. Ver in situ lo que has estado investigando siempre es un placer.




Esa jornada era la tarde-noche de la velada de San Juan y andábamos tardeando por una tetería ideal, sita en el Hotel La Boheme en la misma Plaza Mayor de la ciudad. Allí nos enteramos de que en el palacio de la Isla, en su Patio de los naranjos, había un recital de poesía y música en directo. Si quieres verlo puedes pinchar en el texto destacado.


Digo esto porque tal como llegamos nos ofrecieron participar, cosa que por mi forma de ser (hay quien, tal vez, piensa que soy de las que me gusta figurar, pero va a ser que no) decliné. Pero Héctor, que tiene buena memoria y conoce algo más que Con cien cañones por banda, que es lo único que me sale cuando tengo que tirar de memoria para declamar un fragmento poético, aceptó. La actuación corrió a cargo de «El sombrero del abuelo» y la verdad es que nos gustó mucho.
Antes de dejar Cáceres nos quedaban pendientes dos visitas importantes. Una el era campamento romano, Castra Caecilia, que es un excepcional yacimiento militar de época republicana tardía (hacia el 80–78 a. C.) atribuido al general romano Quinto Cecilio Metelo Pío durante las Guerras Sertorianas. Se sitúa a unos 2,5 km al noreste de la ciudad de Cáceres. Los soldados que se licenciaban y ya no tenían motivos para volver a sus tierras de origen acabaron fundando la ciudad de Norba Caesarina o el Cáceres que conoces en la actualidad, pero antes de llegar a eso, teníamos un campamento romano, uno de los asentamientos que nos faltaba por conocer (conocíamos ciudades, factorías, puertos, foros, termas) y este es un buen ejemplo.











Otra visita era el santuario de la Virgen de la Montaña, patrona de la ciudad. Anda que no habré subido veces andando cuando era pequeña trochando por lo que se llamaba «el rodeo» y que ahora es una zona totalmente urbanizada. ¡Qué tiempos aquellos! Ya finalizadas esas visitas, teníamos otro salto de población y en el tiempo.
Segunda parada: Aljucén
Ahora llegaba otro plato fuerte del viaje, regalo de amigos que saben lo que nos gusta «lo romano». En Aljucén, a pocos kilómetros de Mérida, hay una villa romana, recreada como villa de turismo rural y que era nuestro siguiente destino. Íbamos con unas grandes expectativas y estas fueron superadas con creces. De esos sitios que no dudaremos en volver si el tiempo lo permite. Incluso la idea es hacerlo con los mismos amigos que nos hicieron el regalo para que ellos lo disfruten como nosotros.


La villa romana es un proyecto de un arqueólogo Santi y su mujer Noemí denominado Aqua Libera, en Aljucén (Badajoz). Es un alojamiento rural y centro de bienestar ecológico con una filosofía muy interesante y que recrea de forma artística y arquitectónica una auténtica casa romana (domus). Está situado a unos 10 minutos en coche de Mérida, cerca de la Vía de la Plata.
Características Principales
Sostenibilidad: Utiliza energías limpias, como biomasa y energía solar, para mantener una filosofía ecológica. El suelo es radiante para que puedas disfrutar también de un buen ambiente en invierno.
Inspiración romana: Cuenta con patios interiores (atrium y peristilo), jardines, fuentes, estanque, mosaicos y decoración en los espacios diseñados para recordar la vida clásica.
Termas y spa: Dispone de baños termales abiertos todo el año y zonas de bienestar privadas que ofrecen masajes y rituales de relajación.




Gastronomía temática: Ofrece cenas y banquetes inspirados en la cocina tradicional e imperial en un ambiente propio de aquella época.
Al llegar dejamos nuestras maletas y nos dirigimos a comer al pueblo. Allí aprovechamos el quiosco en la plaza de la Iglesia, que por suerte también estaba abierta y pudimos aprovechar para hacerle la visita. Así da gusto.



A las cinco teníamos una hora de spa (salus per aquam) que no sabíamos que era en exclusividad para nosotros. Es pequeño pero si se junta, un grupo de amigos caben perfectamente si es de entre 6 u 8 personas. Si son parejas sueltas, tienen el buen gusto de que no nos hacen coincidir, con lo que disfrutamos de total privacidad en las tres piscinas que había de agua fría, caliente y la piscina grande, en la que en sus cuatro lados había un banco corrido dentro del agua.






Así se entiende perfectamente cómo los romanos podían hablar de política y negocios en esos espacios. Cualquiera que haya estudiado la carrera de Historia o sea amante de ese periodo histórico lo sabe, pero vivirlo es mucho más bonito. El espacio tenía una luz tenue y estaba iluminado con candelas de aceite. Era muy bonito el mosaico que nos recibía en la zona donde se dejaban los albornoces y las zapatillas cedidas por el alojamiento. Este, así como el que había en la entrada, que era la cabeza de medusa, y el tercero, en el triclinium, estaban diseñados y ejecutados por los dueños de la villa. Noemí nos contó la técnica que usaron para realizarlos. Realmente no deja de ser un puzzle. En el lararium, donde se veneraban a los Lares y a otras deidades domésticas los dioses familires o lares, pensamos que sería una buena idea hacer una ofrenda con el fin de pedir protección, salud y prosperidad para la familia y mantener la armonía en el hogar, pero ya las había en él.











Tras una hora de relax, que te deja lista de papeles, aprovechamos para disfrutar del peristilo, que es un gran patio columnado que abarca el viridarium (el jardín) con la natatio (la piscina), el solarium, donde nos esperaban nuestras tumbonas, y un pequeño bosque que nos acerca al sentido más puro del jardín romano. Tras el baño nos retiramos a nuestros aposentos a la espera de que a una hora nos tuvieran la ropa con la que nos vestiríamos para la cena temática. Lo malo es que yo vi unos complementos que vendían en la domus que eran ideales.









Cuando nos dieron la ropa nos recomendaron bajar vestidos un ratito antes de que cayera la noche, así nos podríamos hacer unas fotos aprovechando la luz del atardecer. Pronto comprobamos que no seríamos los únicos que disfrutaríamos de la velada con la ropa propia del momento, aunque es cierto que nos colocaron estratégicamente repartidos en distintos puntos del peristilo, e incluso una pareja disfrutó del templete que presidía el jardín, con lo que parecía que éramos los dueños de la domus. Al caer la noche y empezar la cena nos dejaron todo el entorno solo iluminado con lucernas de aceite, al igual que en cada mesa, y con una música de fondo instrumental, que bien podría haber sido la que acompañara a los dueños del pasado en estos momentos de la vida diaria.






Ya ves, si quieres una estancia inmersiva este es uno de los lugares apropiados para intuir cómo era la vida en las villas rurales romanas. La cena (si pinchas en la palabra resaltada te pasaré un enlace dónde leerás una interpretación de esos platos) está inspirada en el libro de recetas romanas De re coquinaria, de Apicius. Esta obra es de hecho un compendio cuya última versión data de finales del siglo IV. En el siglo I, Marcus Gavius Apicius, que vivió bajo el reinado de Tiberio, del que era su cocinero oficial, redacta la primera versión, que luego se ha ido retocando y enriquecido. Se trata de la fuente más completa sobre la cocina romana. Y es, no obstante, el reflejo de una cocina extremadamente refinada. Las recetas de Apicius fueron célebres sin embargo en todo el imperio romano. Esta obra, recortada en 11 volúmenes, presenta cerca de 500 recetas. Dado que en la cena nos sirvieron vino aromatizado con especias y rosas, cuando hemos vuelto a casa buscamos la receta y tomamos, en vez de tinto de verano, vino de rosas o de violetas, que fresquito es una delicia y además nos acerca el recuerdo de aquella inmersión rural.
Y acabamos en la prehistoria
Para finalizar el viaje nada mejor que ponerle la guinda con la visita a un dolmen, el de Lácara, que está también próximo a la Ruta de la Plata y a Aljucén, con lo que podíamos decir que nos cogía de camino. Como la villa romana había que abandonarla después del desayuno, era una hora estupenda en la que todavía no apretaba el calor, para dirigirnos a ese lugar. Sigo diciendo que muchos no sabemos los tesoros que tenemos en España y a tiro de piedra de nuestras casas.









Es una lástima ya que sufrió voladuras y daños con dinamita en los siglos XIX y XX porque se utilizó como cantera de granito para obras cercanas —como la construcción de líneas de ferrocarril— y los vecinos rompieron su gran cubierta de piedra para extraer material o facilitar su uso como refugio de ganado. Aun así vale la pena la visita porque, dentro de lo que cabe, está bien conservado. El coche se deja en una bolsa de aparcamiento a pie de carretera y es una ruta sencilla de unos 3 kms entre la ida y la vuelta.
Como ves casi hemos dado una vuelta a la historia sin salir de la Via de la Plata y en menos de 80 días. Lo hemos disfrutado mucho y, aunque sabemos que no podemos imprimir con palabras las sensaciones que hemos vivido en estos días, lo cierto es que ha cubierto con creces nuestras expectativas. Hemos conversado con viajeros que nos han hablado también de sus experiencias, como otra chica escritora y su marido que estaba buscando las raíces de su familia en Extremadura y con los que coincidimos en el palacio de la Isla en la noche de San Juan. Hemos disfrutado cuando nos abrieron el centro de interpretación de Navas del Madroño, al que les he prometido un libro para sus fondos, aunque les avisé que va a ser muy complicado conseguirlo, incluso de segunda mano. No ha sido un viaje de aventuras ni a lugares exóticos, porque en realidad, lo importante ya iba en el equipaje: nosotros. En los viajes, sea cual sea el destino, el motivo o las visitas concertadas, lo importante es estar a gusto contigo mismo y con quién te acompaña, a fin de cuentas, la trama de la historia; todo lo demás, el decorado.





















































