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Las primeras escritoras de la historia

Siguiendo con mi innata curiosidad, hoy vengo a presentaros a las tres primeras escritoras de las que se tiene constancia.

La primera lo fue porque firmó sus poemas y estamos hablando de hace 50 siglos en la remota región de Mesopotamia en la ciudad de Ur. Pero no hablamos de una escritora cualquiera, sino de la hija del rey Sargón I de Acadia, que reinó de 2334 a 2279 a.C. y fue el rey del Imperio acadio de Mesopotamia, el primer imperio multinacional de la historia, que unificó los diversos reinos de la región bajo una autoridad central. Hoy en día también es igual de famoso como padre de la gran poeta y sacerdotisa Enheduanna (2285-2250 a.C.), la primera escritora de la historia que se conoce por nombre.

Disco de alabastro donde la segunda figura humana empezando por la izquierda es la sacerdotisa Enheduanna (Museo de la Universidad de Pensilvania, Filadelfia)

Su existencia como personaje histórico se encuentra bien registrada, como podemos comprobar por el disco de alabastro con su nombre y su imagen, obtenido en la excavación en Ur, que era la residencia principal de la Sacerdotisa. Además, hay documentos históricos escritos que indican que era hija del rey Sargón de Acad, el primer gobernante que unió el norte y el sur de Mesopotamia porque se hallaron dos sellos con su nombre, al excavar en el cementerio real en UR, pertenecientes a sus sirvientes y que datan del periodo sargónida.

Se hicieron muchas copias de la obra de Enheduanna, algunas de ellas cientos de años posteriores a su muerte, junto con inscripciones reales que indican que eran de alto valor, quizá igual a las inscripciones de reyes.

Himnos del Templo

A lo largo de su vida, compuso 42 himnos para los templos de Sumeria y Acadia, escritos en caracteres cuneiformes sobre tablillas de arcilla. Sus temas son religiosos. Los textos aparecieron en 37 tablillas, encontradas en las ruinas de Ur y Nippur. Se los conoce  como Los himnos de los templos sumerios. Estos himnos constituyen también la primera colección de poemas religiosos del mundo y son considerados como uno de los primeros intentos de elaboración de una teología.

Irene Vallejo en su ensayo El infinito en un junco, del que ya os he hablado, nos presenta a esta escritora de la siguiente forma:

Pero no interesaba la educación de las mujeres por sí mismas, sino solo como una herramienta instrumental para enseñar a otros. Y sin embargo, aunque esta es la situación, me importa mucho destacar que las mujeres siempre se han rebelado contra esas limitaciones, contra las voces que las hacían callar, ya desde ‘La Odisea’, y han creado mucho más de lo que yo esperaba. Y me parece fascinante, por ejemplo, un hecho bastante desconocido, que el primer texto de la historia, el más antiguo conocido con nombre propio, es decir, no anónimo, lo firma una mujer, una sacerdotisa acadia que vivió hace aproximadamente 4.300 años y que se llama Enheduanna. Ella escribió antes que Homero, antes que el autor del Poema de Gilgamesh, y nos cuenta en sus himnos, porque ella escribía poesía religiosa, como la primera experiencia creativa relatada por una autora en primera persona. Y la metáfora que ella utiliza tiene mucho que ver con la experiencia de las mujeres, porque ella dice que cuando escribe recibe la visita de la diosa Inanna, que se apodera de ella, que entra en su cuerpo y que después de esa posesión ella da a luz las palabras, es el parto del poema. Y esa imagen, esa imagen de crear como una forma de procrear, es profundamente femenina y es muy emocionante.

Irene Vallejo El infinito en un junco
http://valdemusica.blogspot.com/p/la-musica-y-su-historia.html

Siguiendo el curso de la historia nos encontramos con otra escritora, en este caso japonesa, Murasaki Shikibu (c. 978? – c. 1014?) fue una escritora, poeta y cortesana autora en el siglo XI de la primera novela del Japón: Genji Monogatari (La novela de Genji), obra que también se ha considerado la primera novela moderna del mundo. Tras una década de ser completada, Genji era ya distribuida a lo largo de las provincias; y en un siglo ya se había convertido en todo un clásico de la literatura japonesa. El argumento trata sobre la vida del príncipe Genji a través de 54 capítulos que incluyen toda su relación amorosa, su recuperación del poder imperial y la vida de su hijo y su «nieto» tras su muerte.

Murasaki Shikibu, por Tosa Mitsuoki

Tanto por la extensión, los contenidos, y la calidad literaria de la obra, es considerada una de las más influyentes dentro de la literatura japonesa. Es una novela de corte moderno que narra la vida política y amorosa del príncipe Genji y de sus descendientes, reflejando la vida de la corte imperial japonesa, al tiempo que describe las emociones derivadas de la poligamia usual de la época. También refleja el carácter fugaz de la vida.​

Nació como hija del modesto letrado y literato Fujiwara no Tametoki, perteneciente a una familia de funcionarios letrados de la mediana nobleza, aunque era nieta del gran poeta Fujiwara no Kanesuke, cuyas poesías aún siguen siendo populares en Japón.​

Las mujeres durante esta época eran excluidas del aprendizaje del chino, el lenguaje escrito del gobierno y no el japonés, pero Murasaki, criada en el hogar de su erudito padre, recibió una excelente educación, y de niña destacó ya por su inteligencia, asimilando clásicos de la literatura china que incluso los jóvenes encontraban difíciles y obteniendo una temprana fluidez. Se casó con un noble de similar clase social, Fujiwara no Nobutaka, que moriría dejándole una hija. En este contexto creó su novela El relato de Genji, de carácter realista. La obra le granjeó no poca popularidad, por lo que el regente la agregó a la corte de la emperatriz como dama de compañía hasta el año 1013. Esta emperatriz por su poder, influencia y sus planes políticos consiguió rápidamente el título de segunda Emperatriz, con lo que se rodeó de una corte de damas de compañía educadas y talentosas como nuestra Murasaki. La escritora murió en el 1014 y su tumba se conserva en la antigua capital, Kioto, escenario de las andanzas de sus personajes.

Lo curioso es que la historia de esta poetisa es conocida entre adolescentes, y no tan adolescentes, puesto que en un juego manga hace de bibliotecaria y protectora de libros encantados El juego es el Fate grand order, aunque desconozco si alguno de los jugadores ha profundizado para saber algo más de esta escritora.

Y llegamos a nuestra tercera protagonista, algo más próxima en nuestro tiempo y cultura, Cristina de Pizan, con su obra La ciudad de las damas.

 Cristina de Pizan (1364-1430) primera mujer que interviene en la querelle des femmes

La querella de las mujeres, conocida especialmente por su expresión en francés: querelle des femmes. Es el nombre por el que se conoce al debate literario y académico que tuvo lugar a lo largo de varios siglos abarcando desde finales del siglo XIV, en la Europa medieval, hasta la Revolución Francesa en el siglo XVIII que surge en defensa de la capacidad intelectual, el derecho de las mujeres al acceso a la universidad y la política de las mujeres frente a la misoginia imperante. Se afirma que esta capacidad no es una cuestión de naturaleza sino social, de posibilidad de acceso al conocimiento. La querella se manifestó públicamente en tertulias y generó numerosos escritos en torno al valor, la diferencia y las relaciones entre ambos sexos. La primera mujer que interviene en este debate de manera pública es la escritora italiana afincada en Francia, Cristina de Pizan (1364-1430) que en 1405 escribe La ciudad de las damas

En el siglo XV las mujeres por primera vez tomarán la palabra en el espacio público, algo que les estaba prohibido, para hacer defensa de sus capacidades. Antes de esta época, en el debate público sobre si la naturaleza de las mujeres las hacía inferiores o no a los varones, solo era un debate masculino.

El libro de la ciudad de las damas (Le Livre de la Cité des Dames, libro terminado en 1405) es quizás la obra literaria más famosa de la poeta francesa. Está considerada una obra clave en la Querella de las mujeres.​

El libro es la respuesta de Pizan al popular Roman de la Rose, de Guillaume de Lorris, y que hoy denominaríamos como un best-seller. Las afirmaciones que hay en el Roman de la Rose sobre las mujeres son combatidas por nuestra escritora mediante una ciudad simbólica: Pizan defiende a las mujeres citando una amplia gama de figuras femeninas ilustres, que estarán «alojadas» en la Ciudad de las Damas. A medida que ella construye su ciudad, nombra a mujeres ilustres para defenderse de los argumentos misóginos vertidos por numerosos y sabios autores. Cada mujer nombrada va a ser un ejemplo de esa contraargumentación.

La lista de mujeres de las que se habla en la obra de Cristina es digna de destacar. Una narración que tal vez no sea de lectura sencilla pero que es imprescindible para aquellas mujeres que quieren saber donde surgen los cimientos del feminismo y el empoderamiento y que no tiene, ni por asomo, dos siglos de antigüedad. Las bases están bien asentadas desde el inicio de la humanidad como se demuestra en algunas de las entradas que voy compartiendo en mi blog.

Christine quedó viuda a la edad de 25 años, a cargo de tres hijos, una madre y su sobrina y además su herencia sujeta a una disputa legal. Sus opciones eran pocas, casarse de nuevo o ingresar en un convento, que era lo habitual para mujeres en su situación, pero ella decidió mantener a su familia siendo una escritora profesional. Sus poemas, canciones y baladas fueron bien recibidas y pronto fue capaz de mantener a su familia. Su popularidad se incrementó y pronto fue apoyada por muchos nobles de la época. Después de 1399 comenzó a escribir sobre los derechos de las mujeres y fundó La Querelle de la Rose, una agrupación femenina para discutir el acceso de las mujeres al conocimiento. Esta agrupación permaneció hasta el siglo XVII.​Estuvo implicada en la primera polémica literaria francesa, con lo que algunos consideran un rudimentario manifiesto de movimiento feminista.

Y fijaros si la autora era inteligente que, no habiendo RRSS ni el marketing ni la publicidad actual, ella misma orquestó su propia campaña de marketing y su distribución para llegar a ser leída: Cristina quería que su obra tuviera difusión y para ello la ofreció a personajes de alto rango. Se conservan 26 manuscritos, por lo que imaginamos que le fue muy bien puesto que casi 620 años después tenemos conocimiento de su existencia. Lo lamentable es que con mas de seis siglos a nuestras espaldas, seguimos teniendo que justificar esa igualdad entre los géneros humanos que pueblan la tierra.

Aquí tenéis unos nuevos ejemplos de mujeres en la historia pero esta vez de aquellas que nos abrieron el camino a las actuales escritoras y que pueden ser ejemplo para muchas mujeres que se inician en este camino.

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Cuéntame un cuento y verás que contento… (parte 1)

Como ya he mencionado en otras entradas, regalar libros es una de los mejores ideas que se pueden tener hoy en día. En esa publicación desarrollé las diez estupendas razones para hacerlo. Pero, para llegar a eso, antes hay que regalar cuentos que formen a lectores adultos en el futuro. Para algunas personas es una proceso de descubrimiento que requiere tiempo y llega solo en una etapa madura de sus vidas y para otras, como en mi caso, llegó por una gran curiosidad a través de los comics, casi tanto como con los cuentos. En ambos casos la mayoría suele tener el primer contacto con la lectura a través del mundo de estos últimos, y por eso es tan importantes, a la hora de iniciar nuestra singladura como lectores, el incidir en que se regale este tipo de literatura a los niños incluso antes de que aprendan a leer, ya que hay cuentos desde los 0 a 3 años donde aprenden por imágenes, sonidos y tocando sus páginas y, por supuesto, leerles hasta que ellos sean capaces de hacerlos solos.

El momento en el que surgen los cuentos, y su posterior utilización para los niños, es algo que se pierde en el inicio de los tiempos. A pesar de no saber el origen ni su procedencia a ciencia cierta, hay consenso en que los cuentos más antiguos surgieron en Egipto hacia el año 2000 a. C. Fueron seguidos por las fábulas griegas de Esopo (donde encontramos los primeros indicios del deseo de moralizar) y los romanos Apuleyo y Ovidio, que se ocupaban de temáticas griegas y orientales con los primeros elementos mágicos y fantásticos.

De hecho en cada rincón del mundo hay tradiciones que explican su nacimiento de diferentes formas y un ejemplo claro lo tenemos en el famoso relato de Las Mil y una noches que como todos los cuentos en sus orígenes es importante aclarar que se trata de literatura sin autor conocido y de tradición oral. Es por ello que hay diferentes versiones que se van ampliando o modificando a gusto del consumidor, formado así una especie de autoría colectiva muy habitual en la literatura popular. Lo que ocurre es que con el paso del tiempo hay un autor conocido que decide traducirlos, organizarlos, matizarlos y llegan a nuestras manos tal vez con otro fin y dirigido a un lector u oyente que no es para quién en un principio nacieron.

Así en el relato árabe, que con anterioridad he mencionado, podemos decir que ni eran mil ni se inició su singladura oral como conocemos de forma más popular. Según documentos del siglo IX, la persona que tradujo estos primeros cuentos del persa al árabe fue Al-Muqaffa, aunque dejando constancia de la existencia de este tipo de cuentos populares y aclarando que no enseñan nada puesto que están llenos de mentiras y cosas inverosímiles que solo hacen reír. En resumen, algo para pasar el rato.

El manuscrito más antiguo de La mil y una noches es un pequeño trozo de papel de origen iraquí en el que consta una fecha, 879. Fue encontrado en El Cairo en 1947 y descifrado por la paleógrafa Nadia Abbott un par de años después. En la Historia de España bajo los musulmanes de al-Maqqari, hay una referencia a la existencia de una obra del siglo XII titulada Las mil y una noches. Abbott señala esto en su documentación de la evolución temprana de los cuentos. Entre otras conclusiones, mostró que las mil y una noches toma prestado el relato enmarcado (alrededor del cual se acumulan historias árabes originales y arabizadas) de Hezar Afsaneh, una colección de cuentos indo-persa. Ella demostró que era casi un siglo más antigua que las primeras referencias conocidas de Las mil y una noches, y estableció una cronología de la evolución de este cuento, que ha permanecido válida desde entonces.  Es el documento literario árabe en papel más antiguo del mundo y actualmente se conserva en la Universidad de Chicago. Y si no tenemos más detalles sobre este cuento es

Otro manuscrito interesante es uno encontrado en la Gueniza del Cairo en 1890. La Gueniza es el almacén que tienen las sinagogas para guardar los manuscritos y los textos sagrados que quedan en desuso. No los guardan para conservarlos sino para evitar que cualquier escrito que contenga el nombre de Dios sea tratado de manera poco apropiada. Cuando se llena del todo se quema el material y se entierra, una tradición de la religión judía que en este caso ha venido muy bien para descubrir esta documentación . La Gueniza que descubrieron en El Cairo en el siglo XIX estaba llena de manuscritos interesantes. Entre otros una lista de la biblioteca de un médico judío que se dedicaba a prestar libros en 1150. Parece ser que le prestó Las mil y una noches a un tal Majd Ibn Alaziz, que no se lo devolvió que de ahí viene mi consejo de usar un exlibris si se prestan nuestros libros y del que hable en una entrada anterior.

Después de dar muchas vueltas y pasado bastante tiempo esta historia de Las mil y una noches llega a occidente de la mano de un francés amante de las tradiciones y la cultura oriental, muy de boga en esta época.

Antoine Galland (1646-1715) fue un orientalista y arqueólogo francés. Era de familia humilde y cuando acabó sus estudios básicos le llegó el momento de aprender un oficio. Pero a él lo que le gustaba eran los idiomas y se escapó a París para estudiar árabe, latín y griego. Gracias a su conocimiento de idiomas le contrataron en la Sorbona para catalogar manuscritos orientales y trabajó para los servicios diplomáticos franceses en la embajada de Constantinopla y en la Compañía francesa de las Indias orientales. En 1688 viajó a Siria, donde compró el que en aquel momento era el manuscrito más antiguo que se conocía de Las mil y una noches y empezó a traducirlo años después, en 1704. Antes de ello, había traducido la novela Simbad el Marino. Y aquí hago un inciso para comentaros que ni Simbad ni Aladino ni Alí Baba formaban parte del original de Las mil y una noches. Fue Antoine Galland quien los añadió. De hecho, eran cuentos que le explicaba su amigo Hanna Diab, sirio afincado en París, y que a Antoine le gustaban tanto que decidió incluirlos en su traducción como parte de la obra. La verdad es que el libro gustó muchísimo en la corte de Luis XIV. Tanto que los editores comenzaron a tener la costumbre de añadir cuentos de cosecha propia, como hacía por ejemplo la viuda del impresor Claude Barbin, quien con buen ojo empresarial, y viendo el éxito que tenía el libro, le iba añadiendo cuentos a sus ediciones para incentivar a los lectores a comprar las nuevas versiones. Y esto no ocurrirá solo en esta narración si no que, a lo largo del tiempo, se ha visto que ha sido una costumbre muy arraigada en los autores de este género literario.

Como traductor, Antoine Galland intentaba ser lo más fiel posible a la lengua árabe y él mismo decía que solo se apartaba de la fidelidad al texto cuando el decoro le obligaba. O sea, que censuró todas las partes que le parecían demasiado explícitas sexualmente. Y eso quiere decir mucha censura y muchas partes adaptadas al gusto puritano occidental. De hecho, hasta hace bien poco las versiones que nos han llegado de Las mil y una noches estaban ampliamente censuradas y llenas de cuentos añadidos que no pertenecían al libro original. Otro aspecto que también se ha visto en los cuentos de Charles Perrault, que de lo que escribió este autor a lo que ha llegado a nuestros días hay un abismo.

Y llega un momento que, estos cuentos orientales, se traducen al castellano y esto ocurre de la mano de Vicente Blasco Ibañez (1867-1928) que quizás sea más conocido como escritor que como traductor. Fue un hombre de vida intensa desde el punto de vista creativo, político y personal, pero queremos destacar que tradujo al español Las mil y una noches en 1899 a partir de la traducción francesa de Mardrus y que durante muchos años la traducción española que corría entra el público casi de manera exclusiva fue la suya. 

En occidente ya teníamos una tradición relacionada con los cuentos que no tienen nada que ver con la oriental, aunque que, en el fondo, no deja de surgir por el deseo del ser humano de contar historias que fueran de boca en boca. Posiblemente, en su origen, surgió por un deseo de entretener, pero que con el paso del tiempo, al añadirse poco a poco más trama a la narración, pasaron a tener un fin moralizante para sus oyentes. Como no quiero hacer esta entrada muy larga, en una próxima desarrollaré el tema de los cuentos aquí en Europa. Pero antes de irme os dejo una pregunta ¿Recordáis algún cuento que os leyeran vuestros padres o abuelos y que fuera vuestra lectura favorita de pequeños?