sentimientos

Te invito a una tertulia

Esta es la típica entrada que tengo que desarrollar con cuidado porque puedo empezar por un tema e irme por los cerros de Úbeda. Pero eso es algo que me pasa en una entrada de mi blog, en la vida misma y por supuesto en el día a día como escritora y hay que tener mucha disciplina para que no empezar una trama y finalizar con cinco novelas diferentes. Es lo que dice el refrán de Dios propone y el hombre dispone. Hoy, además, es un logro porque llegó a la entrada número 100. Hay que ser muy constante, disciplinada, organizada y con mucha imaginación para llegar a ello. Dicho esto vamos al fondo de la cuestión de hoy.

Ahora mismo me encuentro muy implicada en la preparación de un evento para la semana que viene en Jerez de la Frontera y en finalizar el año procurando que lo que tengo pendiente empezar a cerrarlo, hasta donde se pueda, aunque siempre quedaran flecos que iré cortando poco a poco. Si queremos empezar el año con buenos propósitos hay que ir viendo que hemos cumplido y que nos queda por cumplir, pero tampoco hay prisa.

Organizar un evento tiene su miga, sobre todo este porque es un antes y un después dentro de las actividades que he preparado relacionadas con la literatura. No es lo mismo una presentación, que a fin de cuentas es como el bautizo del niño y más o menos hay un protocolo estipulado, que hacer una tertulia en la cual, por mucho guion que tengas organizado, podemos salir por los cerros a los que antes he hecho mención.

Mi idea inicial fue cambiar la dinámica de hablar de los libros con una presentación al uso porque ya están más que presentados todos ellos y por lo tanto no ofrezco algo novedoso. Como me paso toda la vida maquinando nuevas actividades, pensé que hacer una tertulia podría ser algo interesante y así se lo planteé a Margarita, dueña de Algarve Libros, https://www.instagram.com/algarvelibros/?hl=es , comentándole que me apetecía afrontar este nuevo reto. Y es un reto para mí porque aún viviendo cerca de Jerez y siendo amante del vino, soy profana en todo lo que se refiere a hablar específicamente solo de vino

Pese a todo creo que será un buen maridaje hacerlo de mis sensaciones y experiencias con el fruto de la vid y comentar como estos sentimientos aparecen plasmados en mis novelas. Incluso retrotraerme a mi niñez y juventud en la cual una bodega fue durante unos años mi espacio de juegos. No te lo voy a desarrollar aquí porque prefiero que vengas a verme y escuches todo lo que te tengo que contar de la mano de Amparo Bou, mi compañera de tertulia, lectora, pero sobre todo amiga y periodista que se ha prestado a meterse en esta historia, algo que sabe que le agradezco mucho.

Esta idea la llevo macerando hace tiempo porque ya desde mis primeras novelas di pinceladas sobre este amor hacia un buen vino, una agradable comida y una interesante tertulia alrededor de ambos elementos. No concibo una escena en la que los personajes si se tienen que sentar a hablar no aparezca como hilo conductor la bebida y comida e iniciándose todo con el descorche de una botella de vino. Es algo que es un reflejo de mi vida cotidiana. Si tengo que celebrar algo bueno o menos bueno, no dudéis de que allí estará presente el vino.

Recuerdo que en la primera corrección de esa novela, Siempre Juntos, se llegó a comentar que tal vez era un elemento que se hacía demasiado presente en la trama. Eso fue dicho de manera sutil, aunque puedo añadir que en el fragor de la corrección no fueron esas exactamente las palabras, sino que mas bien se puntualizó que a la protagonista le gustaba demasiado el pimple, como se diría de forma vulgar. Pero, teniendo en cuenta los antecedentes, el personaje y que este no podía ser perfecto, pensé que algún vicio debería de tener, si es que consideramos en este caso y con humor eso como una falta. Ojo, que una agente del CNI no puede ser alcohólica, y de hecho la protagonista no lo era, pero dijéramos que la niña, mote que tenía también en la novela, gozaba de un buen saque.

En la segunda parte, Confianza Ciega, el final se desarrolla en una bodega, las bodegas de la familia Kahan, que si bien son ficticias, se sitúan en Galilea, al norte del país, y muy próximos por tanto a la frontera con el Líbano y Siria. Una zona cargada de historia y con una importante presencia de viñas que han dado origen a la aparición de unos interesantes vinos que están ya cotizados en el mercado internacional.

La pujante zona vinivitícola del Norte de Galilea

Ya para mi tercer trabajo, Unidos por el Pasado, me lancé directamente al abismo desarrollando una trama en la que el escenario fue Escocia, pese a no ser una zona por antonomasia productora de vino. Aun así, están surgiendo voces que avisan de que con el cambio climático, la producción de vino va a tener que aclimatarse a los nuevos tiempos y es muy posible que en zonas donde no se planteaba que podría criarse viñas para hacer buenos caldos, con el tiempo pasaran a ser áreas de producción.

Todo este interés por la vid y el vino tiene su trasfondo en esa infancia que os he comentado y en las habituales formas de celebración que la cultura mediterránea, a la que pertenezco, ha inculcado en mis genes generación tras generación, y eso quiera o no me arrastra a plasmarlo en los libros, porque el ser humano se compone de tres pilares, como las patas de una banqueta: cuerpo, mente y corazón o lo que es lo mismo: una parte física, una intelectual y otra sentimental. Todo junto es lo que hace que nazcan las obras literarias en mi caso al ser autora, pero cualquier persona que se considere creativa necesita de esos pilares para disfrutar de su trabajo.

En las redes sociales he leído muchos comentarios sobre escribir desde los sentimientos y eso es algo que considero peligroso si no se tamizan esos escritos con la serenidad que nos supone el paso del tiempo. El escritor no es solamente una mente racional que estructura tramas, ni tampoco solamente unas manos que escriben o solamente un corazón que sabe reconocer emociones y hacerlas surgir en otros. Es todo el conjunto, al mismo tiempo. No se trata de tomar la emoción y escribir desde ella, igual que no se trata tampoco de ignorar lo que sentimos o no sentimos en el momento de escribir ni tampoco todo lo contrario. Sé que suena raro o tal vez complicado pero como he dicho, todo es cuestión de asentar los posos, como en los vinos.

Cuando vivimos una experiencia intensa, y tenemos la costumbre de escribir, es probable que tengamos la necesidad de correr a contarla en un papel. Es igual de probable que el resultado no se corresponda exactamente con cómo lo vivimos. Para hacerlo bien de verdad, como decía el poeta William Wordsworth, debemos volver a ello posteriormente, porque «el poema nace de la emoción revivida en tranquilidad». No podemos describir un incendio cuando estamos en el centro mismo del fuego.

Por otra parte, convendría tener en cuenta, llegados a este punto, un detalle más. Y es que, como escritores, podemos sentirnos tentados de utilizar la escritura para huir de nuestras propias emociones. Algo parecido le he oído decir a Antonio Banderas en una entrevista que le han hecho a raíz del estreno de su nuevo musical. Le preguntaron sobre que consejo le daría aun actor que está empezando para ejercer bien su profesión y lo primero que dijo es que no use el trabajo de actor como una forma de evadirse de la realidad y vivir múltiples vidas, sino que lo planteara como una forma de transmitir sentimientos, sensaciones y vida a otras personas a través de su arte.

Está claro que eso para un escritor, sea o no en sus inicios, es un listón muy alto y tenemos tendencia a tirar por la vía de Tarifa e ir a lo cómodo, usar la literatura como un diario cara el público u usarlo para dejarnos desnudos ante nuestros lectores. Pero mi intención es más bien jugar, divertirme, disfrutar apostando por usar mi fondo de armario personal, el trasfondo del que hablamos el otro día con su nombre inglés, backstory, como forma de enriquecer a los personajes y a las historias que viven. Y en mi caso ese trasfondo viene marcado por mi amor hacia el vino, la viña, los olores y los sabores de mi infancia, mi gusto por experimentar con nuevas recetas y como tal aparecen esos factores de una forma habitual en mis novelas. Es mi viaje especial de sentimientos, sensaciones y sentidos compartidos con mis lectores para que ellos realicen con posterioridad ese trayecto, y tengan esas experiencias similares, a través de mis palabras.

Por supuesto, a todos aquellos que les apetezca y puedan, les invito a mi tertulia el próximo sábado día 26 de noviembre. Allí os espero.