mis lecturas

Los aires difíciles (mi humilde homenaje a una grande, Almudena)

Soy autora pero ante todo soy lectora. No tengo un gusto definido sino que más bien sé lo que no me gusta leer y a partir de ahí suelo disfrutar con lecturas de géneros muy variados. Aunque sí tengo una costumbre que llevo a rajatabla desde que me inicié en el mundo de la publicación: siempre leo de un autor mínimo dos novelas. Y os preguntaréis el motivo de esa decisión que, además, redondeo con la costumbre de leerme una de sus primeras novelas y alguna de las últimas.

La explicación es sencilla: no tengo mucho tiempo como para perderlo, leyendo libros que no valgan la pena, y debo de equilibrarlo entre mi tiempo de lectora, el de autora y mi vida cotidiana y, muchos de los que ahora me estáis leyendo sabéis, que eso es como mantener en equilibrio los platos chinos giratorios.

Hay tantos autores que es difícil elegir entre unos u otros y, casualmente, uno de los últimos que he leído ha sido a Almudena Grandes. Empecé según mi costumbre buscando una de sus primeras novelas Los aires difíciles (2002) y, para cerrar el círculo, elegí otra de las últimas Los pacientes del doctor García (2017). Dos trabajos que, según lo que aprecié por la sinopsis, se encontraban muy alejadas en temática la una de la otra y, debido a eso, podía hacer una comparativa de la pluma de la autora y su evolución a través del tiempo. Porque leer a autores consagrados nos enseña a crear, nos ayuda a mejorar, nos hace crecer como autores y clarifica las ideas a la hora de estructurar tramas, personajes y escenario. A fin de cuentas, todo aquello que conlleva el escribir una novela de calidad.

Curiosamente, esta novela entró en mi vida al estar corrigiendo, en una segunda vuelta uno de mis últimos proyectos, el cual no he publicado todavía y que le queda un tiempo de maduración. Me llamó la atención el título y, sobre todo, la sinopsis porque se desarrollaba, la parte central de la trama, en las costas gaditanas influenciadas por dos fuertes vientos, el Levante y el Poniente, que han afectad siempre al raciocinio de los habitantes de la zona, algo dicho incluso por especialistas de la medicina. Como a mí me gusta que mis personajes los sienta y viva el lector como personas reales, que nos los podríamos encontrar en nuestro día a día, los suelo crear con gustos, manías, aprensiones y miedos exactamente igual que poseemos las personas de carne y hueso y así les doy credibilidad. Y mi personaje precisamente tenía que tomar una decisión muy difícil y durante un viaje a Suiza, donde tendrá un encuentro que será un punto de inflexión en su vida, decide comprar un libro en la librería de aeropuerto para hacer la espera más corta. Pero yo no le había puesto título a la novela que escogería, Manuel, mi protagonista. Unos días antes me llamó la atención en una librería el título que os he nombrado de Almudena de Los aires difíciles y pensé, sin haberlo leído, que mi personaje podría escogerlo por el mismo motivo por el que me había llamado la atención a mí, por que en la vida a veces somos movidos por el viento en nuestras decisiones y aunque debemos de luchar acabamos dejándonos llevar por esos aires. Y así lo incluí en mi próxima novela como el libro que Manuel se llevará a Suiza y será una novela que aparecerá, entre las manos de él, en esos días en este país helvético varias veces tratando de avanzar en su lectura, pero que se verá dificultado por esos aires que lo están revolviendo por dentro y ahogando por fuera. Esos mismos aires que arrastran a los protagonistas de la novela de Almudena, Sara y Juan, y al resto de secundarios que se mueven alrededor de ellos y que, como el viento, acaban llevando la vida de todos de un lado para otro.

Sara y Juan llevarán vidas paralelas e incluso divergentes y sino hubiera sido por una de esas casualidades de la vida, que les hace afincarse, tal vez por el mismo motivo, un cambio de aires, en un pueblo en la provincia de Cádiz, nunca hubieran coincidido. No es una historia exclusivamente de amor, si no también de dificultades superadas a través del dolor que, al final, engrandece a muchas personas. Aunque lamentablemente muchos nos crecemos ante las dificultades y salimos victoriosos seguimos llevando encima heridas de batallas que cicatrizaran o, incluso, algunas pese al paso del tiempo supurarán, recordándonos que ni los de antes ni los de ahora tiene porqué ser tiempos mejores. Solo tiempos que hay que vivir.

Almudena no había sido nunca una extraña para mí, ya tenía conciencia de ella desde que ganó el premio de novela erótica La Sonrisa Vertical, dónde se dio a conocer en el año 1989 con ‘Las edades de Lulú’, en la editorial Tusquets, y que consiguió el aplauso unánime de crítica y público. Y que por cierto, tengo en mi lista de lecturas pendientes, porque no he dicho que si el autor o autora del que leo dos novelas me acaban gustando, suelo acabar leyendo, poco a poco, el resto de su bibliografía y a la inversa, del que no me gustan dos novelas, no suelo perder el tiempo leyéndolo. No suelo dar tres oportunidades por lo dicho con anterioridad, la vida es breve y hay que gestionarla muy bien. Y como digo siempre, cuando hablo de gustar me refiero a la técnica con la que ha trabajado el autor y de la que ya he hablado en otras entrada, no a la temática de la trama.

Pero volviendo a Almudena y, en este caso, a su pluma, puedo decir que es una autora a la que hay que paladear poco a poco o, por lo menos, así me está pasando con esta historia que me traigo entre manos. Me está gustando leerla con calma, no dejándome arrastrar por ese viento de Levante o el de Poniente, tan presente en la vida de los protagonistas. Dos personas, Sara y Juan, a los que va perfilando mostrándonos lo complicado de sus vidas y todo lo que no han dejado atrás y siguen arrastrando de una forma pausada y compleja. Tanto los personajes como la descripción del lugar, donde se desarrolla la acción, tienen tal fuerza y carisma que despiertan todo el interés del lector pero un interés que se debe de beber en pequeños sorbos. Esta no es una novela para leerla a grandes tragos como si estuviéramos sedientos.

A la autora no le hizo falta grandes gestas ni terribles sucesos para mantener la atención del lector, le bastó con seguir las vivencias de las sagas familiares y los temas que saca a la luz: los nuevos tipos de familia, las barreras entre clases sociales, los problemas de convivir con la enfermedad, la moral imperante en cuestiones de sexo y rol de hombre y mujeres. Es cierto que a veces ella podría resumir en menos palabras los sentimientos de los actores de la historia pero creo que esa es la grandeza de Almudena. Una pluma ágil que va a la par con los pensamientos de Sara y de Juan y que nos plasma realidad de los sentimientos humano que, a todos, en momentos difíciles o en los que hay que tomar decisiones extremas, se nos acumulan en la mente, enredándose y saliendo a trompicones, llegando, incluso, a crearnos dificultades a la hora de verbalizar todo lo que se acumula en nuestro pensamiento y de ahí sale esa frase de «no tengo palabras», algo que a Almudena no le pasaba, ella siempre tenía palabras para todo.

Y con esas humildes letras va mi homenaje y mi recomendación para que os leáis a esta gran autora, fallecida en un año que hemos vivido la pérdida de otros grandes de las letras y a muchas otras personas a las que guardaremos en nuestra memoria.

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