Una de las cosas que siempre he aconsejado a mis hijos es que cuando se encuentren delante de una comida la prueben, aunque piensen que no les va a gustar. Así han descubierto platos que les han sorprendido. Siguiendo este hilo, he oído comentar a escritores y lectores que hay géneros que no leerían en la vida, ya sea por una mala experiencia con algún libro, ya porque por ciencia infusa creen que no les van a gustar.
Lo entendería en el primer caso, porque entran en juego sentidos como el gusto y el olfato que pueden jugarnos una mala pasada. Incluso hay personas sensibles a ciertas texturas y se les hace muy difícil paladear algunos alimentos. También nos encontramos casos de intolerancias o enfermedades que hacen que la ingesta algunos platos suponga incluso un riesgo para la vida. A todo esto podemos añadir preceptos religiosos, que prohíben alimentos, o la ética que hace que haya, por ejemplo, personas veganas. Lo que no llego a entender es que nos pongamos esa limitación y que nos coartemos de la oportunidad de conocer novelas y autores que pueden sorprendernos para bien o, incluso, si es para mal, afianzar nuestro criterio.
¿Cuántas veces hemos hecho algo impensable en otro momento y que al final nos ha supuesto una gran satisfacción, ya sea por considerarlo un logro, ya por que nos ha acabado gustando?
Hace años, la primera vez que me monté en avión no me hacía ninguna gracia. No es que me pasara como a Mr.T, M.A. Baracus, miembro de la famosa serie de los años 80 El equipo A. Este protagonista, de aspecto rudo y siempre con gran número de cadenas de oro al cuello, tenía miedo a volar. Es cierto que sí tenía mi puntito de aprensión, pero a fuerza de probar he dejado de tenerla.
La vida está para eso, para aprovechar todo lo que nos brinda y usarlo como experiencia. Por eso creo que descartar un género sin haber buscado lo mejor de lo mejor de cada uno de ellos, así, a priori, pienso que es perder oportunidades de experimentar. Sé que hay momentos para unas lecturas y circunstancias para otras.
Si la primera novela autopublicada que leí fue del tipo de aquellas que no estaba bien cuidada, tenía una mala sintaxis, con una maquetación desastrosa, trama insulsa y llena de tópicos y con faltas de ortografía y ahí me cierro en banda, hubiera perdido la oportunidad de conocer a grandes autores durante mi trayectoria. También la de saber distinguir entre un buen y un mal trabajo de autoedición, algo que me ha brindado la oportunidad de saber exigir a los profesionales de la edición cuando ha llegado el momento.
Toda esta digresión es para hablarlos de un género que no me llama así de primeras. Se trata del ensayo. Para muchos lectores es un género didáctico desconocido y los hay admirables. Eso sí, te recomiendo que si te acercas a ellos busques un tema que te atraiga y no te metas de primeras, entre pecho y espalda, un ensayo de quinientas páginas, ya que lo más probable es que no lo disfrutes.
Para que entiendas de lo que hablo te diré que todas las tesis se desarrollan como un ensayo, si bien, todos ellos no entran en la catalogación de tesis. Esta se publica una sola vez, al final de la carrera. Se trata de una investigación profunda sobre un tema en particular, donde el estudiante debe demostrar su capacidad de análisis y de producir un nuevo conocimiento. En cambio, un autor puede presentar varios ensayos a lo largo de su vida, puesto que se trata de un trabajo que busca hacer una profundización teórica o analítica sobre un determinado tema o disciplina, el cual puede invitar a la reflexión o a arrojar un punto de vista en particular. Es de tipo expositivo-argumentativo y se desarrolla en un tono formal. Su formato es flexible, ya que no hay una extensión determinada. No hay una estructura definida para escribirlo, aunque se suele iniciar con una introducción al tema, le sigue un desarrollo, donde el ensayista plasma su análisis, y una conclusión. Como cualquier obra los hay que son muy divulgativos, como he comentado, y de una lectura agradable y podemos encontrar otros áridos y que se nos harán algo más cuesta arriba. De ahí mi recomendación de buscar temas que nos interesen.
Yo me habré leído más de un ensayo sin darme cuenta a lo largo de mi vida, pero, elegido por mí, han sido bastantes menos. Os puedo hablar de tres que me han gustado mucho:
- Una habitación con vistas, de Virginia Wolf:
Publicado en 1929, la obra se basó en dos conferencias impartidas por la autora en 1928 en el Newnham College y Girton College, los dos primeros colegios universitarios para mujeres de Cambridge. Woolf abordó la situación de las mujeres, y de las artistas en particular, en este famoso ensayo, en el que afirma que una mujer debe tener dinero y una habitación propia si quiere escribir.

Según Woolf, siglos de prejuicios y desventajas financieras y educativas han inhibido la creatividad de las mujeres. Para ilustrar esto, ofrece el ejemplo de una hipotética hermana talentosa pero sin educación de William Shakespeare, quien, desanimada por todas las tareas domésticas, trata de seguir la estela de su hermano, encontrándose todo tipo de impedimentos, por lo que se suicida. Woolf celebra el trabajo de mujeres que han superado esa tradición y se han convertido en autoras, entre ellas Jane Austen, George Eliot y las hermanas Brontë, Anne, Charlotte y Emily. En la sección final, Woolf sugiere que las grandes mentes son andróginas. Sostiene que la libertad intelectual requiere libertad financiera e insta a su audiencia a escribir no sólo ficción, sino también poesía, crítica y obras académicas. El ensayo, en una prosa vivaz y elegante, muestra los mismos impresionantes poderes descriptivos de las novelas de Woolf y refleja su convincente estilo conversacional.
Podremos estar o no de acuerdo con su postura, aun así, no pensemos que la época en que vivió Virginia es la misma que vivimos nosotros. En la actualidad, según la estadística hay más mujeres lectoras que hombres, pese a todo, sigue habiendo un escalón y las mujeres que publican son menos que los hombres. Ellas leen y se dedican más a la escritura, sin embargo, del total de obras registradas en España en 2021 solo el 37,8 % era de una autora, lo que expertos del sector consultados por Efe consideran que es debido a la falta de igualdad de condiciones para la creación y la propia responsabilidad de los editores para tener un catálogo paritario.
Está claro que la sociedad de principios del siglo XX en la que vivió Virginia y la de ahora ha cambiado. Como bien me han comentado otros autores con los que he consultado este tema, lo que ha tardado 2000 años en cambiar no puede dar un gran giro en solo 80 años. Para mí los avances están claros, aunque no dejo de reconocer que hace falta mucho camino. Si leemos el ensayo notaremos ese salto cuantitativo, pese a que hay veces que del cualitativo tengo mis dudas. «Desde la antigüedad más clásica, las mujeres no tenían acceso a la alfabetización», comenta la profesora colaboradora de los Estudios de Artes y Humanidades de la UOC Montserrat Gatell. Algo que también veremos reflejado en el pensamiento de Virginia. Ahora tenemos el derecho a esa alfabetización y la obligación de hacer un uso y aprovechamiento adecuado de estos derechos. Aun así, me da la sensación, de que vamos andando hacia atrás, como los cangrejos.
Me gustaría volver a tratar más a fondo el tema que se trata en Una habitación propia, aunque hoy mi intención es solo recomendarte que aproveches y te acerques a este clásico. Puede que en un principio te resulte diferente a todo lo leído hasta ahora y por ello te suponga alguna dificultad. Así que te aconsejo que no te lo leas de un tirón, sino que lo hagas de forma pausada y que vayas cogiendo apuntes. La forma de escribir de esta autora es un poco caótica, plasma mucho sus pensamientos, por lo que puede parecer que se pierde el hilo. Tengamos en cuenta que no es una narrativa a la que estamos acostumbrados.
- Ernest Hemingway, A propósito de la escritura.
Otro autor que vengo a animaros a leer es a Hemingway, si bien no una de sus conocidas novelas, sino un breve ensayo titulado A propósito de la escritura. A lo largo de su carrera, sostuvo que hablar de la escritura daba mala suerte: «si la enseñas o hablas de ella, quita lo que sea que tienen las mariposas en las alas y estropea el dibujo de las plumas del halcón», decía.

Pese a esta creencia, al final de su vida había hecho justamente aquello que había querido evitar. En sus novelas y sus relatos, en las cartas a sus editores, amigos, artistas y críticos, y en los artículos que por encargo, a menudo hablaba de la escritura. Y trató sobre el tema de una forma tan extensa e incisiva como cualquier otro autor.
Este libro contiene sus reflexiones acerca de la naturaleza del escritor y de los elementos que conforman su vida, incluidos consejos precisos y útiles referentes al oficio, hábitos de trabajo y disciplina. En ellas, la personalidad de Hemingway se hace patente en forma de sabiduría general, ingenio, humor y entendimiento, así como en su insistencia respecto a la importancia de defender la integridad del escritor y su oficio.
Sus consejos valen más que muchas horas pasadas en un taller de narración creativa. La concisión, el trabajo incansable, hablar de lo que uno conoce, la alerta sobre la inventiva gratuita, quizás también sobre usar la literatura como agenda para lograr la notoriedad y el éxito; todos habrán de servirte en el futuro.
En la antigua Roma, cuando un general o emperador celebraba un triunfo, siempre tenía a un esclavo detrás de él, sujetando la corona de laurel y susurrando al oído: Recuerda que eres mortal. Algo que también nos recuerda Hemingway en sus palabras.
El texto está formado por una serie de reflexiones, unas abarcan unas pocas líneas y otras son un párrafo que ocupa casi una página entera. Todas ellas han sido recopiladas con gran dificultad porque estaban repartidas entre las cartas a sus editores, amigos, artistas y críticos y en los artículos que le encargaron. Se podría pensar que si están sacadas de contexto no serían válidas para el escritor de hoy en día; nada más alejado de la realidad. Sus enseñanzas, pese al paso del tiempo, siguen en vigor.
Voy a intentar hacer un resumen con lo que creo que pueda serte válido, sin por ello dejar de recomendarte que leas la obra completa, porque, al final, cada lector acabará sacando sus propias conclusiones y aumentando, de forma privada, la lista de recomendaciones.
Uno de los consejos más importantes, reproducidos abajo, es “No escribas por dinero”, aunque a veces se deba romper esa regla. Lo que va detrás de esto es que nunca pierdas tus objetivos por percibir dinero, no dejes tus inquietudes y, siempre, dedícale tiempo a tus ideas.
1. Nadie trabaja todos los días durante los meses de calor sin ponerse rancio: hay que tomarse el tiempo de asearse y vivir un poco, no ser un zombi de lápiz y papel (o no quemarse las retinas frente a la computadora), el mundo más allá del papel, tiene posibilidades que solo puedes explotar si sales y vives un rato. La experiencia personal es lo que llena páginas y te evitará el bloqueo.
2. No crees personajes, crea personas comunes en situaciones no tan comunes.
3. Los personajes deben ser tan auténticos que den la sensación de que lo que se narra pasó en realidad. Deberán estar proyectados desde el corazón, desde la cabeza, desde el conocimiento, desde la experiencia acumulada del propio autor.
«La buena escritura es la veraz. Si se inventa una historia, su veracidad será proporcional al conocimiento que tenga de la vida y dependerá de lo meticuloso que sea; cuando inventa, debe hacerlo como si fuera cierta».
4. No se deben recargar las tramas de palabras resonantes, ni crear personajes tan increíbles que ni al autor convenzan.
5. Nunca sé lo que va a suceder en una novela, a medida que avanza pasa lo que tiene que pasar.
6. Todas las historias que continúan lo suficiente terminan en la muerte: ésta es pues una premisa ineludible tanto para el lector como para el escritor, no se puede narrar la historia de la vida sin la antagónica muerte acercándose más y más conforme se alarga el propio relato.
7. No puedes vivir de espaldas a la realidad social de su época.
8. Releer una y otra vez, cientos de veces, y mejorarlo. Hemingway dejaba sus libros terminados dos o tres meses para retomarlos luego y corregirlos con cabeza fría, libre de influencias, y con nuevas ideas.
9. El autor debe alejarse de las preocupaciones cotidianas para escribir. Su mesa de trabajo es un lugar tan lejano en la memoria y la imaginación, que sólo el autor —y quienes lean su obra— alcanzarán a vislumbrarlo.
10. Tu vida será solitaria, no esperes rodearte de multitudes que alaben tu trabajo. Nada te asegura el éxito instantáneo. Las grandes obras universales se descubrieron muchos años después de la muerte de sus autores.
11. Transformar la soledad en algo positivo te ayudará a enfocarte en lo que quieres plantear y a dónde quieres llegar.
12. No te rindas. No te conformes.
13. Comer bien para que el hambre no te interrumpa el trabajo.
14. No escribas por dinero.
-Dese cuenta de que convertimos a nuestros escritores en algo muy extraño.
-No le entiendo.
-Los destruimos de muchas maneras. Primero económicamente. Ganan dinero. Sólo por casualidad un escritor gana dinero, aunque los buenos libros siempre acaban dando dinero. Cuando nuestros escritores ganan, un poco de dinero, aumentan su nivel de vida y quedan atrapados. Entonces tienen que escribir para mantener sus casas, a sus mujeres, etcétera, y acaban escribiendo bazofia. No es bazofia porque lo hagan a propósito, sino porque lo hacen con prisas. Porque escriben sin tener nada que decir o sin agua en el pozo. Porque son ambiciosos. Luego, una vez se han traicionado a sí mismos, lo justifican y producen más bazofia».
A propósito de la escritura, Ernest Hemingway.
15. Estudia a fondo el diccionario.
16. Evita el uso de adjetivos, sobre todo los extravagantes como «espléndido, grande, magnífico, suntuoso».
17. Un autor, si sirve para algo, no describe. Inventa o construye a partir del conocimiento personal o impersonal.
18. Narra con frases breves. Comienza siempre con una oración corta. Utiliza un lenguaje vigoroso. Sé positivo, no negativo.
Otros consejos de Hemingway fueron compilados por Larry W. Phillips en el libro Ernest Hemingway on Writing. Aquí te dejo algunos ejemplos:
1. Para empezar, escribe una oración verdadera
Nuestro autor, tenía un truco para vencer el horror de la página en blanco –o el bloqueo que tanto pavor nos da— solía enfrentarse a un primer enunciado que le resultara verdadero, sin ornamento, ni pretensión. Una especie de primera sustancia de la cual todo lo demás podría desdoblarse. Este acto de sinceramiento resuena con el coraje característico de su obra.
2. Siempre termina de escribir cuando aún sabes lo que sigue después
Otra forma de evitar la parálisis y mantener la fluidez es detenerte antes de vaciarte, cuando todavía se pueden conectar las hebras. Algo similar a dejar la mesa de blackjack cuando estás arriba.
3. Nunca pienses en tu texto cuando no estés trabajando
No pensar en la historia que estás tejiendo mientras no la estás sobre ella, es un consejo muy propio de Hemingway, un hombre sin miramientos ni arrepentimientos, aunque también podría encontrarse en el zen. Para él, no tiene sentido pensar en otra cosa que no sea lo que estás haciendo. Si estás volcado en una historia es apropiado pensar solo sobre ella, si uno está acarreando agua entonces la atención debe de estar en acarrear agua. Además, como bien nota Hemingway: «De esa forma tu subconsciente trabajará en ella todo el tiempo». Y tener al subconsciente, la parte más poderosa de nuestra mente, trabajando en nuestra trama es algo que puede ser muy provechoso.
4. Cuando reanudes el trabajo inícialo leyendo lo que has escrito.
De nuevo una joya de sencillez. Para mantener la continuidad es lógico releer y corregir en ese momento. Después, retomar la historia y seguir con ella. Cuando esta es muy larga, simplemente lee los dos últimos capítulos.
5. No describas una emoción, hazla.
Otro consejo poderoso que aplica para todas las artes. Aquello que sentimos con mayor fuerza –lo emocional– suele experimentarse de manera inmersiva, no descriptiva. En esos momentos en los que nos arrastran las pasiones no nos detenemos a contarnos qué es lo que está sucediendo. Es la actividad creativa, es importante insertar un proceso emocional, sin tener que revelar que un personaje está sintiendo tal o cual. Esto se debe percibir dentro del contexto, lo inefable.
6. Usa un lápiz.
Para el trabajo más superficial, como redactar una carta o u un artículo de revista, Hemingway usaba una máquina de escribir. Pero para su trabajo creativo utilizaba un lápiz. Además del acto físico, más cercano al trabajo de un escultor, la practicidad de este autor es evidente: el trabajar con un lápiz da la oportunidad de mejorar un texto cuando este se pasa a máquina.
7. Sé breve.
No podía faltar dentro del canon de este autor, quien consideraba (un tanto en broma) su obra maestra un cuento de seis palabras, la brevedad. Siempre enarboló el decir más con menos.
Como habrás observado, cuando he dado consejos en mi blog, he buscado lo que dicen los que me han precedido y considero que son dignos de ser tenidos en cuenta. Si me vas siguiendo te habrás dado cuenta que todo lo que recomiendo son los pilares básicos para funcionar en este oficio.
Espero que te animes a leer a ambos autores que creo que te sorprenderán.