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Un año tirado por la borda, para variar

Hace ya un año del Congreso Internacional de la Lengua Española celebrado en Cádiz. ¡Cómo pasa el tiempo! Se suponía que nos correspondía ser anfitriones para el 2025, pero debido a la inestabilidad política del país organizador en el 23, Perú, nos tocó en suerte adelantarlo. Por ello empezamos una loca carrera para tenerlo todo listo casi dos años antes de la fecha prevista. Pero para eso los españoles somos de los que pensamos que a la ocasión la pintan calva, hacemos el pino puente y, al final, sale bien el evento. Como se suele decir, tenemos una flor en el culo.

Fueron unos días en los que muchos gaditanos nos acercamos para ver qué era eso. Es cierto que la mayoría no se enteró de nada, puesto que la parte académica se desarrolló pensando en expertos lingüistas. El resto solo vimos las calles llenas de personas con credenciales, algo a lo que estamos muy acostumbrados, exposiciones y balcones y escaparates decorados con pancartas haciendo referencia al vocabulario típico gaditano. Un léxico del que hizo un compendio, en forma de diccionario, Pedro Payán Sotomayor, profesor de Lengua Española de la Universidad de Cádiz, con el que he tenido el gusto de cruzarme por los pasillos de la facultad de Filosofía y Letras en mi época de estudiante.

Junto a esta decoración, la imagen que quedó fue la de S.M el rey Felipe tocando el cajón flamenco en la plaza Fragela. Lo lamentable es que, según he leído en artículos de prensa de este año, poco más ha quedado de ese evento que vivimos los gaditanos. Un sinfín de nombres desfilaron durante esa semana por los seminarios, debates, presentaciones de publicaciones, conferencias, mesas redondas, rutas, exposiciones, conciertos y demás actos de un Congreso que sirvió para analizar la situación actual de la lengua española, su relación con las otras lenguas oficiales del Estado y su uso y pervivencia en América con el respeto a las lenguas indígenas como telón de fondo. Un idioma, el español, cada vez más hablado, pese a la pujanza de otras lenguas, y que, además, debe enfrentarse, en un futuro cada vez más cercano, casi ya presente, a la irrupción de la inteligencia artificial y a un mundo tecnológico en el que el entorno anglosajón amenaza con su primacía. De todo ello se habló en la cita.

Los citados articulistas se preguntan si en la ciudad ha quedado algo más que esa retahíla de palabras salpicadas por calles y plazas que aún se mantienen a la vista. Es cierto que somos 600 millones de hispanohablantes, pero como sigamos así seremos 600 millones de albañiles en la torre de Babel y, al igual que con Sir Francis Drake, que entró en la ciudad como si la conquista fuera más bien un paseíllo, ocurrirá con el castellano que, debido a la inclusión de vocabulario de otras lenguas, al final acabaremos hablando un spanglish de cosecha propia y dejaremos de entendernos unos y otros. Teniendo en cuenta lo bien que se nos da a la mayoría de los españoles hablar el inglés, me veo usando el traductor de google con un murciano.

Entiendo que el periodista gaditano Fernando Santiago reclame la continuidad de aquellas propuestas que surgieron al calor del evento, pero eso es pedir peras al olmo, ya te lo digo yo. Parece increíble que todavía no nos hayamos dado cuenta de que en Cádiz, quitando el turismo masificado, el carnaval y el cajón flamenco, poco más podemos encontrar. Conozco iniciativas, como clubs de lectura, que se han abierto hace poco, sea a raíz del Congreso, sea por iniciativa de los pocos locos románticos que quedamos y que pensamos que el saber no ocupa lugar ―pero el saber de calidad, ojito―, que, no obstante, apenas hacen ruido. Que saber cómo darle la vuelta a una foto en IG o grabar un video en Tik Toc con el efecto espejo no es calidad, ni aunque te promociones como publicista. También rogaría a muchos de los que van de influencers literarios que, además de girar imágenes, cuidaran la ortografía en sus publicaciones, sobre todo en las sinopsis de sus novelas, que la primera impresión cuenta y, además, todo se sabe.

Surgió una propuesta, al finalizar el Congreso, que me hubiera encantado que hubiera salido adelante: que el edificio del antiguo Instituto de El Rosario se convirtiera en un centro de encuentro para la lectura y la escritura, una república de las letras. ¿Te lo imaginas? Y más ahora que se ha puesto tan de moda los retiros para escritores, en un momento en el que hay pueblos perdidos en la España profunda que para aliviar la falta de población hacen el llamamiento y crean reductos culturales, a semejanza de los retiros espirituales, con el fin de fomentar la creatividad. Pues en Cádiz, hubiera sido un lugar privilegiado, cerca del mar, dentro de unas murallas del siglo XVIII hijas de la Ilustración y, pese a todo, se pierde la oportunidad de semejante iniciativa.

Si es que la cultura está tan mal vista. Está ninguneada por muchos escritores, o más bien seudoescritores, porque ¿cómo llamarías al escritor que considera normal que los personajes de una novela escoceses de pura cepa, criados generación tras generación en las Highlands, hablen con modismos propios de un autóctono de México DF? ¿Nadie le ha dicho al escritor que eso es una estafa para el lector? Bueno, puede que alguien se haya atrevido, pero como la ignorancia es así de atrevida, se lo habrán pasado por el forro de los vaqueros y ahí siguen, novela tras novela, «cosechando grandes éxitos».

Viendo cosas así, lo más probable es que si hubiera que pasar un filtro para pertenecer al reducto de cultura propuesto para la ciudad de Cádiz, muchos no lo pasarían. Porque una cosa es una coma, otra algún error de construcción sintáctica o que se nos vaya la pinza en una concordancia verbal, pero ¿disculpar esos anacronismo? ¡Venga ya, no me jodas!

Así entiendo que no salgan adelante propuestas para subir el nivel cultural de la sociedad si nosotros mismo somos tan “hipócritamente correctos” y consentimos cosas así. Pocas son las editoriales tradicionales o los proveedores de servicios que de verdad cuidan la calidad del producto. Veo que, ante la feroz competencia de Amazon y su miscelánea, las empresas, en vez de usar como puesta en valor la calidad, se han montado en el carro de la cantidad frente a la excelencia. También es verdad que una parte de la culpa la tiene el autor que se apunta a esta tónica y que, o bien es un egocéntrico hasta la médula o bien un sinvergüenza al que no le importa exponerse ante el gran público sin tener idea de lo que lleva entre manos. Pero claro, aquí tenemos la pescadilla que se muerde la cola: la gran masa, que devora cultura como si fuera una Big Mac, tampoco tiene formación como para saber distinguir las churras de las merinas, con lo que, al final, entre todos la mataron y ella sola se murió. Organizamos el funeral de la cultura y le echamos más paladas de tierra a la ciudad de Cádiz, cuna de grandes autores, cual entierro de la sardina.

Es cierto que aquí y allá brillan pequeñas lucernas, con poco aceite pero mucha esperanza, seguramente con bastante más que yo. Hace tiempo que la perdí. Sobre todo al leer a autores de las mal llamadas grandes editoriales, que en realidad es una que ha absorbido al resto de las que sobrevivieron a las distintas crisis económicas. O dos. En ellas sigo encontrando más interés comercial y búsqueda de que el libro sea guionizado por Netflix que un verdadero empeño por aportar algo, si bien no tiene que ser algo tan novedoso como para merecer el autor un nobel, pero sí, por lo menos, un trabajo bien hecho para aquellos lectores que pagamos por ello. Mi conclusión es que seguiré luchando contra molinos de viento, si bien volcaré mi empeño en buscar, no importa hasta donde lo consiga, esa excelencia cuya ausencia tanto critico.

Mi recomendación semanal

Lola es independiente, joven, cariñosa y algo bocazas. Elia es independiente, vieja, cariñosa y guarda secretos. Dos maneras de ver la vida. Dos formas de seguir adelante. Dos caminos destinados a cruzarse. Dos realidades distintas, un amor prohibido. Una historia que merece ser contada y escuchada. Una historia que cambiará esos puntos de vista y, quizá, incluso los acerque.

Hay AVE Valencia-Sevilla de Nuria Colomina Gomis

Esta semana te vengo a hablar de la novela Hay AVE Valencia Sevilla, de la autora Nuria Colomina Gomis. Un trabajo que llevo tiempo queriendo leer, pues ya lo hice con sus anteriores publicaciones y quién sigue mi blog sabe que me gusta estar al tanto de la trayectoria de algunos autores para conocer su evolución.

En este caso la autora sigue, como en su anterior título, una trama que se desarrolla en la España contemporánea, si bien, en este caso, transcurre en dos épocas diferentes: el entorno de la Guerra Civil y los años posteriores, por un lado, y, por otro, finales de los 80 y principios de los 90. En el primer caso la narradora será la abuela de la protagonista, del otro, su nieta.

Conoceremos a Lola, una alocada joven, con una visión propia de muchos de los veinteañeros de finales del siglo XX, y a su abuela, que está mucho más al cabo de la calle que su propia nieta. Tendremos como hilo conductor una serie de cartas que Elia tiene costumbre de releer, algo que Lola descubre y que le produce gran curiosidad. Eso la llevará a conocer el pasado de su abuela y entenderá que sus vidas y sus inquietudes no están tan alejadas. Incluso, a veces, como pasa hoy en día, veremos que la abuela es mucho más moderna y que está al tanto del día a día de Lola de lo que esta se piensa, algo que a la inversa no ocurrirá hasta bien avanzada la trama.

Tengo que destacar varias virtudes eneste libro:

  • El acierto de la autora a la hora de conseguir el ambiente de la Guerra Civil sin tomar partido por ningún bando.
  • La facilidad con la que logra que el lector siga los hilos de los que consta la trama.
  • Su modo de tratar la historia romántica se puede considerar que está en el nivel medio-alto del género.
  • El lenguaje de la novela es apto para el gran público. Como inciso, puedo añadir que a mi madre, con 85 años, le resultó una novela muy agradable de leer.
  • Se precibe claramente la buena documentación y el tiempo de reposo antes de la escritura de la obra.

Si quieres pasar un buen rato y conocer de una forma amena la historia de dos mujeres separadas por el tiempo y las circunstancias y, con ello, un poco de las situaciones que vivieron muchas personas de la España de esos años, esta es tu novela.

1 comentario en “Un año tirado por la borda, para variar”

  1. Gracias.
    Me educaron bajo el lema aquel de “es de bien nacido ser agradecido” y por eso empiezo a comentar tu artículo dando las gracias por tus palabras.

    En cuanto a tu entrada, fantástica y con verdades como puños.

    Podría decirte que algunos de tus comentarios me han hecho sonreír, y es cierto, pero por la forma en que lo has expuesto, no por el contenido que es bastante triste. Tu definición de “hipócritamente correctos” es otra de esas expresiones tuyas que, con tu permiso, me apropio.

    De nuevo muchas gracias, por leer la novela y por tu trabajo de divulgación.

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