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VII Encuentro de literatura gaditana

Un año más nos reunimos en la glorieta Ana Orantes unos setenta escritores para celebrar el día del libro. Pusimos a pie de calle libros para todas las edades y disfrutamos de una mañana que, si bien empezó con lluvia, poco a poco, terminó arropada por el sol.

En la foto no estamos todos los que hemos participado, pero sí aquellos que disfrutamos hasta el último minuto.

Crónica de la jornada

Cuando a primera hora de ayer me monté en el tren iba, sobre todo, con la alegría de saber que me encontraría con los compañeros de siempre y el interés de aumentar esa lista con nuevos autores que iniciaban su periplo por este tipo de eventos. Esto era lo que más me animaba, porque lo de vender, aunque a nadie le amarga un dulce, no destacaba como razón fundamental de este encuentro por lo que a mí respecta. Por supuesto, si se logra volver con menos libros de los que llevamos es doble satisfacción y se podría decir que nos acostamos con el deber cumplido. Pero mi mayor interés era poder charlar con los que, de manera habitual, solo nos vemos en nuestras propias presentaciones o en eventos de este tipo.

Por eso, en primer lugar, tengo que agradecerle a Juan, dueño de la librería Plastilina, que, sabiendo lo complicado que es este tipo de reuniones, sea el séptimo año en el que se anima a promoverla. Porque, al final, por mucho que se diga, es él quien da la cara y mira el cielo pidiendo que la climatología sea benévola con la convocatoria. Este 2024 ha sido por los pelos. Tras una noche bien cargada de agua y un amanecer que no auguraba nada bueno, la mañana ha pasado del ¡ay madre, que nos va a llover! a un sol radiante. Tan agradable se ha puesto el ambiente a partir del mediodía que he acabado con un peligroso morenazo en el poco escote que me he permitido lucir. Pero todo sea por un buen fin.

El ganador junto con las finalistas

Lo segundo a destacar es el alto nivel de la convocatoria, con autores de diversos géneros, unas mesas muy interesantes y la entrega, como novedad, del premio al mejor libro del 2023, elegido de entre los autores gaditanos que han publicado en el transcurso de este pasado año. El ganador ha sido Wayne Jamison,por su libro El poeta que liberó París. Y lo tercero, aunque no menos importante, agradecer la colaboración de la compañera Patricia Gallardo como fotógrafa y poniendo a disposición de todos los participantes sus redes sociales.

Wayne Jamison dedicando su novela. Pronto os hablaré de ella.

Otra cosa que resalto es el ambiente que se vivió. Es cierto que no todos nos conocemos. Sea porque unos llegan, firman sus libros para sus lectores conocidos y se van, sea por la falta de tiempo o, incluso, timidez, algunos no participan en los corrillos en los que nos juntamos los que ya tenemos callo por asistir a estas reuniones muy a menudo. Es más, llámame tonta, pero hago el esfuerzo de mantenerme en contacto para hacerme partícipe de las presentaciones y no por la cervecita, aunque si esta cae se agradece. Lo bonito de este mundo de los escritores gaditanos, que tiene las satisfacciones justas, es el hecho de hablarnos de tú a tú sin preocuparnos si somos autopublicados o de una editorial tradicional, de comentar el día a día de nuestro trabajo, las próximas publicaciones o ferias donde volveremos a encontrarnos. Sin presiones y sin la mala baba que hoy día se ve, sobre todo en las redes, donde algunos «juntaletras» publican como pollo sin cabeza.

La autora Eva Amuedo
Benito Olmo y su nueva novela.

Mi esfuerzo, desde que me inicié como escritora, se ha orientado a ir ampliando ese círculo de buena gente sin ínfulas. Me gusta rodearme de los mejores, de los que destacan, de aquellos de los que puedo aprender. Lo habitual en cualquier oficio es que a los falsos profesionales les guste hacerlo con los mediocres para destacar, pero ese no es mi objetivo. Este año ha sido con Benito Olmo y su nuevo libro Tinta y fuego. Se me han escapado Enrique Montiel y Oscar Lobato, pero no se puede estar a todo. Saludar a los amigos, conocer gente nueva y hacerlo prácticamente de forma simultánea puede llegar a ser tarea titánica, garantizo que asemeja a un juego de malabares, y todo ello controlando el entorno, porque alguien puede estar buscándote con tu libro en su mano esperando que se lo dediques. Aun así, el esfuerzo vale la pena.

Sobre todo si, como presento, mi intención es conocer bien lo que en la provincia de Cádiz se cuece del género thriller o sobre novela negra, que siempre han sido mis favoritas. Puedo decir que la prueba de este año ha sido superada: he añadido a dos autores a mi lista de conocidos, he comprado dos novelas de las que ya os hablaré con detalle en otra entrada y he vendido algunos libros. Y eso que llegaba sin muchas esperanzas ya que estoy un poco como la gata sobre el tejado de cinc caliente, esperando a dar el salto para no quemarme las almohadillas de mis patas. Pero ese tema, si acaso, te lo contaré cuando sepa el resultado de mis pesquisas.

Daniel pasa a engrosar mi lista de lectores
Alberto también se animó a conocerme a través de mis letras.

La jornada finalizó con una comida en agradable compañía, aunque éramos un círculo reducido. Hablamos de lo divino y humano relacionado con el mundo de las letras y de nuestro devenir diario hasta media tarde para, después, retirarse cada mochuelo a su olivo.

Mi lectura semanal recomendada

Esta semana me ha dado tiempo de simultanear dos novelas. Corpore insepulto de Alberto Puyana y El brazo de la justicia de Steve Saylor. Una se desarrolla en la actualidad y la otra es una novela cuya trama se desenvuelve en la época de la República romana. Así, a bote pronto, podrían no tener relación; pero en realidad ambas son del género thriller.

La primera nos sitúa en el sepelio de Simón Galiana, el mayor estafador de Cádiz, que congrega en el tanatorio no solo a sus familiares y conocidos, sino también a buena parte del crimen organizado de la ciudad. Un asesinato inesperado, en pleno velatorio, obligará a Ramiro, su sobrino, a retomar el camino de la investigación policial de la que había sido apartado por su impropio comportamiento. Ramiro Galiana inicia así su redención personal, tratando de resolver un caso al que no está invitado, enfrentándose a un psicópata implacable.

Con numerosos giros humorísticos y el tono propio de la picaresca gaditana a la hora de afrontar situaciones adversas por parte del protagonista, Alberto Puyana nos va introduciendo en una noche de perros que tiene de todo menos de tranquila, pese a iniciarse la trama durante un velatorio. Sus palabras nos adentran en el submundo lumpen que podría ser de cualquier ciudad, aunque en este caso será en Cádiz. La ironía, el cinismo, el buen humor y el doble sentido campan entre sus líneas haciendo que la lectura sea amena. Muy recomendable si quieres adentrarte en un thriller con un puntito de humor negro al más puro estilo gaditano.

En la segunda recomendación tenemos un misterio que se desarrolla en la antigua Roma. En una villa de la rica región que rodea al Vesubio ha aparecido muerto Lucio Licinio, primo y factotum de Craso, el hombre más rico de la República. Su viuda, Gelina, manda llamar a Gordiano el Sabueso, afamado investigador que ha llegado a trabajar con personajes tan importantes de la época como el abogado Marco Tulio Cicerón. La sospecha recae sobre dos esclavos huidos y se debe descubrir la verdad antes de que el verdadero dueño de la casa, Craso, mate a todos los sirvientes como represalia y forma de demostrar su autoridad frente al Senado, pues de ello va a depender que lo nombren general y comande las fuerzas contra Espartaco.

Aquí tenemos como telón de fondo la tercera guerra servil, encabezada por el famoso gladiador, y que puso en jaque al ejército romano, hasta que se formó uno comandado, entre otros, por Craso, que logró salir victorioso y acabar con la revuelta. La figura de este poderoso ciudadano planea sobre la trama, ejerciendo presión sobre los habitantes de la casa. El investigador tiene poco tiempo para descubrir la verdad mientras va conociendo los entresijos de la vida de los ricos y su relación con sus esclavos durante la República. Una novela que me ha gustado porque mezcla el género histórico con el thriller de forma muy convincente. Se nota que el autor cuida los detalles, como el momento en nombrar al Vesubio, al que denomina montaña y no volcán, pues en esa época los habitantes de la zona son desconocedores del peligro sobre el que se asientan sus villas y ciudades.

Te recomiendo ambos libros porque, desde las primeras páginas, te encontrarás inmerso en dos historias que te obligarán a leer sin parar.

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