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Cuéntame un cuento y veras que contento…(parte 2)

En la entra anterior nos centramos en los cuentos orientales, ahora damos una vuelta a nuestra tradición europea con otros autores, comenzando por Charles Perrault que con su crueldad e indudable frescura, logró que sus historias llevaran una moraleja o enseñanza para el público infantil. Les invitaba a superar todos los contratiempos que pudieran tener en la vida para poder alcanzar la felicidad.

Los cuentos de Perrault fueron discutidos en asambleas literarias francesas y hasta se leyeron en voz alta en el palacio de Versalles. Aunque no se le pueda atribuir a Perrault la creación original de todas sus historias, él fue el encargado de convertir en literatura los cuentos y leyendas que habían sido transmitidas de forma oral desde varias generaciones atrás. Perrault escribió que el lobo finalmente se comía a Caperucita después de que esta se metiera desnuda en su cama o que las malvadas hermanastras de Cenicienta sufrían un cruel ataque de palomas hasta quedarse ciegas. Algo que aunque no se hubiera encargado Disney de edulcorar en los tiempos que vivimos es impensable que se lo contemos a nuestros hijos.

Charles Perrault tiene más historias, algunas más cruentas que otras. Por ejemplo, en la historia de La Cenicienta, Disney dio una versión más ligera de lo que pasaba al final de la historia, según la productora, las hermanastras y madrastras eran contratadas como sirvientas de nuestra protagonista; en la historia de Charles Perrault, las palomas se comen los ojos de las malvadas hermanastras. Aunque yo también conocía la versión de que cuando el príncipe se encuentra en busca de la Cenicienta, las hermanastras optan por cortarse los dedos de los pies y una parte del talón para que el zapato de cristal se ajustara a sus medidas. La interpretación de que el fin justifica los medios. Y la versión que tenemos del mismo cuento de los hermanos Grimm, no es menos cruenta.

Los personajes que se repiten en las historias de Charles Perrault también han sido objeto de estudio. Los ogros, por ejemplo, representarían la opulencia, una figura paterna a la que hay que obedecer siempre y tener respeto, aunque también simbolizarían esa incontinencia verbal que todo niño tiene, mediante la gula de estos personajes. Las hadas madrinas son personajes que representan una figura materna, de protección incondicional y ayuda. Las brujas o madrastras o hadas malas son personajes muy interesantes en las historias de Charles Perrault, generalmente, simbolizan los miedos infantiles, las fobias, las pesadillas; son personajes contra los que se lucha después de una previa sumisión y temor.

La historia de Caperucita Roja tampoco pasa desapercibida para los psicólogos. El lobo en esta ocasión podría representar a los miedos, como si fuera una bruja o una hechicera de otra historia. Sin embargo, la personificación de este animal y la identificación del lobo en la historia como un galán, han hecho que algunos vean en el personaje de Charles Perrault a un acosador.

Todas estas interpretaciones pueden resultar escandalosas. Charles Perrault era consciente, por ello disfrazó sus historias con un encanto oculto. El francés se encargó de que sus relatos se ganasen la categoría de aprendizajes morales, aunque puede que sus intenciones no fueran tan inocentes para algunos. Pero lo que siempre tenemos que tener en cuenta es el contexto en el que se escribieron y no lo veamos con los ojos de nuestra realidad actual.

Los cuentos de Perrault no buscaban aterrorizar a los lectores, sino exponer a personajes que se enfrentan a las peores calamidades y que al hacerlo, alcanzan la felicidad. Algo que no ocurre con otro autor que sus cuentos suelen terminar, con una frase que solía usar mucho mi abuela: como el rosario de la aurora.

Más allá incluso de los terribles conflictos personales que hay por debajo de historias tan aparentemente ingenuas como El patito feoEl soldadito de plomoLa cerillera… se entrevén otras muchas tinieblas en Andersen, que alguna vez habrá que clarificar, porque pertenecen al meollo de nuestra cultura. El autor de La Sirenita, por encima incluso de sus propias miserias personales, es un ejemplo destacado de escritor romántico, con todas sus consecuencias. Algo muy normal teniendo en cuenta su vida personal donde él y su familia que eran tan pobres que durante un tiempo vivieron bajo un puente y pidiendo limosna. Su madre era lavandera y su padre zapatero y su infancia llena de carencias le dio un matiz lúgubre a su obra. Su obra ‘La pequeña cerillera’ (una niña que muere de frío en las calles) se la dedicó a su madre pero, a diferencia de otros cuentistas que recogían relatos populares para adaptarlos y compilarlos (como los hermanos Grimm), Andersen los ideó desde cero, basándose en las dificultades que él mismo enfrentó en su vida. En el Patito Feo, por ejemplo, relata cómo se sobrepuso a la discriminación y al bullying del que era objeto por su origen humilde.

A pesar de ser reconocido por sus cuentos de hadas, siempre quiso ser novelista y dramaturgo, pero sus obras jamás tuvieron la resonancia de sus cuentos para niños. Muchos de sus contemporáneos lo consideraban un escritor menor y fracasado. Mientras estudiosos de su vida opinan que era bisexual, otros afirman que sólo vivía reprimida su homosexualidad debido entorno social. A Eduard Collin, su asesor financiero le escribió, por ejemplo: “laguidezco por ti como una joven calabresa, mis sentimientos por ti son como los de una mujer. La feminidad de mi naturaleza y nuestra amistad deben permanecer en secreto”. Mantuvo relaciones también con otros jóvenes, como el bailarín Harald Scharff.La Sirenita, una de las películas más populares de Disney, fue en realidad la declaración pública de su amor por Eduard. Cuando éste lo rechazo, escribió la historia de este amor imposible. Además, el texto original no termina como en la adaptación cinematográfica: en la versión de Andersen el corazón de La Sirenita se rompe en pedazos y su cuerpo se convierte en espuma, mientras que su alma asciende al cielo con las Hadas del Viento.

Otro hecho curioso es que el 2 de abril, aniversario del nacimiento de Andersen, se ha declarado el Día Internacional del Libro Infantil.

Y por último hablaré de los hermanos Grimm, aunque de ellos hay mucha tela que cortar. Una familia numerosa pero de la qu destacamos en este caso a los dos mayores y que llamaríamos hoy en día frikies, y que solo con su historia, tendríamos para otra entrada. Tenemos a Jacob, nacido en 1875 y un año más tarde entra en escena Wilhelm en una Alemania que se encuentra en un período de su historia previo a la unificación y por lo tanto buscando su identidad nacional. Un contexto muy adecuado para que nuestros protagonistas se dedicaran a hacerlo desde el punto de vista literario. Para ello recogieron muchas cuentos, mitos y leyendas orales y les dieron forma, no con la idea de entretener a los niños, sino para salvaguardar su historia nacional. Su intención era proteger la historia cultural alemana que pensaban que se perdería. Incluso trabajaron en un diccionario que puso los cimientos de la Germanística como disciplina académica.

Dos hermanos adictos al trabajo, moralistas y poco amigos de relacionarse con la sociedad de su época. La primera edición de su obra no les saco de penurias, pero sí la segunda que se vendió en un formato más pequeño y barato y llego a más público pero no al que ellos pretendían si no a los niños. Llegando a hacerse 10 ediciones por lo que viendo el éxito, decidieron suavizar un poco sus historias para que fuesen accesibles a todos los públicos.

Hay constancia de que no hicieron el trabajo solos, sino de que entre sus fuentes hubo varias mujeres que les recopilaron algunos de los cuentos que con el tiempo se hicieron muy famosos, como los aportados por la hija de un tabernero que seguramente los oiría en el negocio de su padre.

Como habéis podido leer, el mundo de los cuentos da para contar otro cuento en sí porque tiene muchos matices y variantes. Aunque me gustaría insistir en que no miréis estas narraciones con los ojos de vuestra mentalidad actual, si no que los conozcáis y valoréis como hijos del tiempo en el que nacieron y, pese a que sea positivo que se modifiquen algunos de sus aspectos para contárselos a los niños y utilizarlos para educar en valores, asumamos que una vez que somos adultos no podemos despreciarlos porque no muestren los cualidades que hoy defendemos. En sí, estos cuentos, tiene todavía mucho que enseñarnos si somos capaces de comprender su verdadero contenido y el por qué fueron escritos.

Y si me preguntáis cual es mi narración favorito os diré que Cuento de Navidad de Charles Dickens. ¿Y el vuestro?

Una película que os recomiendo es El hombre que inventó la Navidad y que está basada en la historia del cuento y la biografía del autor. La vi el año pasado y me encantó.

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Cuéntame un cuento y verás que contento… (parte 1)

Como ya he mencionado en otras entradas, regalar libros es una de los mejores ideas que se pueden tener hoy en día. En esa publicación desarrollé las diez estupendas razones para hacerlo. Pero, para llegar a eso, antes hay que regalar cuentos que formen a lectores adultos en el futuro. Para algunas personas es una proceso de descubrimiento que requiere tiempo y llega solo en una etapa madura de sus vidas y para otras, como en mi caso, llegó por una gran curiosidad a través de los comics, casi tanto como con los cuentos. En ambos casos la mayoría suele tener el primer contacto con la lectura a través del mundo de estos últimos, y por eso es tan importantes, a la hora de iniciar nuestra singladura como lectores, el incidir en que se regale este tipo de literatura a los niños incluso antes de que aprendan a leer, ya que hay cuentos desde los 0 a 3 años donde aprenden por imágenes, sonidos y tocando sus páginas y, por supuesto, leerles hasta que ellos sean capaces de hacerlos solos.

El momento en el que surgen los cuentos, y su posterior utilización para los niños, es algo que se pierde en el inicio de los tiempos. A pesar de no saber el origen ni su procedencia a ciencia cierta, hay consenso en que los cuentos más antiguos surgieron en Egipto hacia el año 2000 a. C. Fueron seguidos por las fábulas griegas de Esopo (donde encontramos los primeros indicios del deseo de moralizar) y los romanos Apuleyo y Ovidio, que se ocupaban de temáticas griegas y orientales con los primeros elementos mágicos y fantásticos.

De hecho en cada rincón del mundo hay tradiciones que explican su nacimiento de diferentes formas y un ejemplo claro lo tenemos en el famoso relato de Las Mil y una noches que como todos los cuentos en sus orígenes es importante aclarar que se trata de literatura sin autor conocido y de tradición oral. Es por ello que hay diferentes versiones que se van ampliando o modificando a gusto del consumidor, formado así una especie de autoría colectiva muy habitual en la literatura popular. Lo que ocurre es que con el paso del tiempo hay un autor conocido que decide traducirlos, organizarlos, matizarlos y llegan a nuestras manos tal vez con otro fin y dirigido a un lector u oyente que no es para quién en un principio nacieron.

Así en el relato árabe, que con anterioridad he mencionado, podemos decir que ni eran mil ni se inició su singladura oral como conocemos de forma más popular. Según documentos del siglo IX, la persona que tradujo estos primeros cuentos del persa al árabe fue Al-Muqaffa, aunque dejando constancia de la existencia de este tipo de cuentos populares y aclarando que no enseñan nada puesto que están llenos de mentiras y cosas inverosímiles que solo hacen reír. En resumen, algo para pasar el rato.

El manuscrito más antiguo de La mil y una noches es un pequeño trozo de papel de origen iraquí en el que consta una fecha, 879. Fue encontrado en El Cairo en 1947 y descifrado por la paleógrafa Nadia Abbott un par de años después. En la Historia de España bajo los musulmanes de al-Maqqari, hay una referencia a la existencia de una obra del siglo XII titulada Las mil y una noches. Abbott señala esto en su documentación de la evolución temprana de los cuentos. Entre otras conclusiones, mostró que las mil y una noches toma prestado el relato enmarcado (alrededor del cual se acumulan historias árabes originales y arabizadas) de Hezar Afsaneh, una colección de cuentos indo-persa. Ella demostró que era casi un siglo más antigua que las primeras referencias conocidas de Las mil y una noches, y estableció una cronología de la evolución de este cuento, que ha permanecido válida desde entonces.  Es el documento literario árabe en papel más antiguo del mundo y actualmente se conserva en la Universidad de Chicago. Y si no tenemos más detalles sobre este cuento es

Otro manuscrito interesante es uno encontrado en la Gueniza del Cairo en 1890. La Gueniza es el almacén que tienen las sinagogas para guardar los manuscritos y los textos sagrados que quedan en desuso. No los guardan para conservarlos sino para evitar que cualquier escrito que contenga el nombre de Dios sea tratado de manera poco apropiada. Cuando se llena del todo se quema el material y se entierra, una tradición de la religión judía que en este caso ha venido muy bien para descubrir esta documentación . La Gueniza que descubrieron en El Cairo en el siglo XIX estaba llena de manuscritos interesantes. Entre otros una lista de la biblioteca de un médico judío que se dedicaba a prestar libros en 1150. Parece ser que le prestó Las mil y una noches a un tal Majd Ibn Alaziz, que no se lo devolvió que de ahí viene mi consejo de usar un exlibris si se prestan nuestros libros y del que hable en una entrada anterior.

Después de dar muchas vueltas y pasado bastante tiempo esta historia de Las mil y una noches llega a occidente de la mano de un francés amante de las tradiciones y la cultura oriental, muy de boga en esta época.

Antoine Galland (1646-1715) fue un orientalista y arqueólogo francés. Era de familia humilde y cuando acabó sus estudios básicos le llegó el momento de aprender un oficio. Pero a él lo que le gustaba eran los idiomas y se escapó a París para estudiar árabe, latín y griego. Gracias a su conocimiento de idiomas le contrataron en la Sorbona para catalogar manuscritos orientales y trabajó para los servicios diplomáticos franceses en la embajada de Constantinopla y en la Compañía francesa de las Indias orientales. En 1688 viajó a Siria, donde compró el que en aquel momento era el manuscrito más antiguo que se conocía de Las mil y una noches y empezó a traducirlo años después, en 1704. Antes de ello, había traducido la novela Simbad el Marino. Y aquí hago un inciso para comentaros que ni Simbad ni Aladino ni Alí Baba formaban parte del original de Las mil y una noches. Fue Antoine Galland quien los añadió. De hecho, eran cuentos que le explicaba su amigo Hanna Diab, sirio afincado en París, y que a Antoine le gustaban tanto que decidió incluirlos en su traducción como parte de la obra. La verdad es que el libro gustó muchísimo en la corte de Luis XIV. Tanto que los editores comenzaron a tener la costumbre de añadir cuentos de cosecha propia, como hacía por ejemplo la viuda del impresor Claude Barbin, quien con buen ojo empresarial, y viendo el éxito que tenía el libro, le iba añadiendo cuentos a sus ediciones para incentivar a los lectores a comprar las nuevas versiones. Y esto no ocurrirá solo en esta narración si no que, a lo largo del tiempo, se ha visto que ha sido una costumbre muy arraigada en los autores de este género literario.

Como traductor, Antoine Galland intentaba ser lo más fiel posible a la lengua árabe y él mismo decía que solo se apartaba de la fidelidad al texto cuando el decoro le obligaba. O sea, que censuró todas las partes que le parecían demasiado explícitas sexualmente. Y eso quiere decir mucha censura y muchas partes adaptadas al gusto puritano occidental. De hecho, hasta hace bien poco las versiones que nos han llegado de Las mil y una noches estaban ampliamente censuradas y llenas de cuentos añadidos que no pertenecían al libro original. Otro aspecto que también se ha visto en los cuentos de Charles Perrault, que de lo que escribió este autor a lo que ha llegado a nuestros días hay un abismo.

Y llega un momento que, estos cuentos orientales, se traducen al castellano y esto ocurre de la mano de Vicente Blasco Ibañez (1867-1928) que quizás sea más conocido como escritor que como traductor. Fue un hombre de vida intensa desde el punto de vista creativo, político y personal, pero queremos destacar que tradujo al español Las mil y una noches en 1899 a partir de la traducción francesa de Mardrus y que durante muchos años la traducción española que corría entra el público casi de manera exclusiva fue la suya. 

En occidente ya teníamos una tradición relacionada con los cuentos que no tienen nada que ver con la oriental, aunque que, en el fondo, no deja de surgir por el deseo del ser humano de contar historias que fueran de boca en boca. Posiblemente, en su origen, surgió por un deseo de entretener, pero que con el paso del tiempo, al añadirse poco a poco más trama a la narración, pasaron a tener un fin moralizante para sus oyentes. Como no quiero hacer esta entrada muy larga, en una próxima desarrollaré el tema de los cuentos aquí en Europa. Pero antes de irme os dejo una pregunta ¿Recordáis algún cuento que os leyeran vuestros padres o abuelos y que fuera vuestra lectura favorita de pequeños?