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Me paso a la «Histórica»

Dentro de unos días se conmemora el día de la mujer trabajadora, y no digo que se celebra porque la verdad es que hay poco que celebrar, ya que pienso que todavía queda mucho camino como para pararnos en celebraciones, pero esto ya es, de momento, otro tema. Lo que hoy quisiera destacar, siendo escritora e historiadora, es la importancia de conocer y no olvidar nunca nuestros orígenes. Somos eslabones de una cadena que nos mantienen en contacto con un pasado lejano, algo que nos debería de ayudar a movernos en el mundo en el que vivimos y servirnos para dejar un legado de conocimiento a nuestros hijos cara al futuro. Esa teoría es bonita y esperanzadora si fuera algo real y si tuviéramos consciencia de lo que realmente quiere decir eso de dejar un legado. Pienso que este planteamiento está muy alejado de la realidad por lo que veo precisamente en estos días en los que la historia se repite y no por primera vez, sino que ya hemos tropezado en la misma piedra muchas veces.

Como diría el cantautor Ricardo Arjona: «por andar por las nubes uno se olvida del suelo». Nos estamos olvidando o no tenemos interés en conocer nuestro pasado que muchas veces tiene las respuestas de todas las dudas y problemas que ahora se nos presentan. Y dándole vueltas a esta reflexión llegué a una conclusión que me hizo plantearme de que debo ser más proactiva. He percibido que a los lectores actuales les gusta en su gran mayoría novelas de lectura rápida y sin tener que pensar mucho. Quieren tramas que les evada de la realidad cotidiana, como si esta apostura hiciera que lo que no nos gusta pudiera desaparecer. Por eso creo que, tal vez, para que se interese más por nuestro pasado, que también es el suyo, y llegue a conocerlo, no hay nada como hacer una novela histórica que sea divulgativa, basada en hechos ocurridos tiempo atrás. Todo esto es porque he comprobado que se conoce más de la vida en la época romana por «Yo Claudio», del periodo medieval por «El nombre de la rosa» o de las guerras entre ingleses y escoceses por «Braveheard» o la serie «Outlander» que por sesudos tratados de historia. Sí, es cierto que siempre puede aparecer un lector que alegaría que este género de novelas no muestran la verdadera historia. Pero seamos serios, ¿qué es lo verdaderamente importante? Para mí, por lo menos, es que aunque sea de una manera divulgativa, una parte de la historia llegue a calar lo suficiente en el lector como para que luego este se anime a acercarse a algún manual de Historia, de esa que decimos que se escribe con mayúsculas, y allí profundice en el conocimiento de ella. Y eso que todos sabemos que la Historia, la escriben los ganadores, o por lo menos eso pasaba antes que no había redes sociales y era difícil de cotejar toda la información que nos llegaba, y ese es el motivo por el cual ni siquiera hoy podemos poner la mano en el fuego por ningún cronista histórico ya que siempre va a arrimar el ascua hacia su sardina y por eso siempre animo a consultar más de una fuente, sobre todo ahora que gozamos de la posibilidad de confirmar de muchas maneras todo lo que llega a nuestros oídos no como antes de la existencia de internet.

De ahí mi deseo e interés por elegir un periodo histórico que me guste y que me resulte atractiva la búsqueda de la documentación para que mientras preparo mi novela pueda hacer un repaso del pasado para que no se me olvide. Y muchos os preguntaréis que para qué sirve eso. ¿No es mejor mirar cara al futuro y dejar atrás el pasado? Pues gracias a que hay personas que son memoria viva de nuestro pasado hoy hemos levantado muchos las palmas de las manos y gritamos: ¡No a la guerra!

Por el egoísmo de olvidar lo que fuimos, inmigrantes por el hambre y las guerras, hemos estado a punto de perder la identidad solidaria que siempre caracterizó a Europa y que recibieron muchos de sus habitantes en otros continentes. Y ha tenido que venir el jinete de la guerra para que lo recordemos. Hay todavía quien se extrañan de que los ucranianos defiendan con uñas y dientes su tierra. Tal vez sea porque ellos recuerdan muy bien el genocidio ruso durante la II Guerra Mundial y las hambrunas que sufrieron bajo la bota rusa. Tampoco han olvidado como la política de Stalin les trató de doblegar y ahí siguieron, defendiendo su identidad. Mantengo mucho contacto con familias ucranianas desde hace años y conozco de primera mano el sentimiento de este pueblo frente a la política del gobierno ruso y en la familia hay niños rusos adoptados a los que habrá que explicarles que es lo que está ocurriendo y sobre todo, justificar nuestro discurso y el porqué preferimos vivir anestesiados y alejados del conocimiento de hechos similares que han ocurrido en otros momentos de nuestra historia. Debería de ser imposible olvidar la historia cuando esta misma nos da un bofetón en la cara.

Toda esta gran parrafada puede parecer que no tiene relación, pero yo os aviso que sí tiene que ver. La frialdad y el despegó con el que muchas veces tratamos a nuestro pasado, que nos hace pensar que en algunos campos ya estamos muy avanzados, nos hace caer en grande errores. Temas como en la lucha sobre una buena educación escolar o en los derechos de igualdad de la mujer, en los que creemos que hemos dado pasos de gigante y todo por no conocer que ocurrió hace años atrás en España en la figura, por ejemplo, de muchas maestras que nos enseñaron las primeras nociones para que fuéramos los escritores y lectores de hoy en dia. Muchos recordáis cual fue el primer libro que leísteis pero, ¿recordáis quién os enseño a leer? ¿Quién os implantó la inquietud de saber más de las cosas? Sería un buen comienzo el parar y haced memoria.

Como escritora debería de alejar mi blog de asuntos polémicos, pero como historiadora y ser humano hoy entro de lleno. Nunca olvidemos de donde venimos, quién nos dio las primeras enseñanzas para ser quienes somos ni cerremos los ojos ante la realidad que el mundo está viviendo porque sino jamás llegaremos a buen puerto.

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Educar en valores con la lectura crítica.

El origen de los clubs de Lectura lo podemos enmarcar en la época victoriana y han perdurado en su capacidad para favorecer el gusto por la lectura a lo largo del tiempo, mejorando la competencia literaria y desarrollando el hábito por la lectura. En España surgen para los lectores adultos en los años 80 del siglo pasado . Fue tal su éxito que el marco de desarrollo se amplió a otros colectivos: escuelas de adultos, centros penitenciarios, asociaciones, empresas privadas e incluso como ya he mencionado, en otro momento, con el matiz de la cura por medio de la palabra o Biblioterapia.

En un primer momento el bibliotecario o responsable del club proponía la lectura del libro aunque en clubs veteranos, se tiende a que sean los propios lectores quienes, de forma consensuada, eligen el libro a trabajar. En este punto hago la reflexión de que si no tienen en cambio experiencia y queremos utilizar el club como una plataforma para educar en valores, lo ideal es dejarse guiar por el responsable que organiza esta dinámica.

Esta entrada vienen a colación sobre la necesidad de integrar en los clubs de lectura a miembros de las familias, sobre todo en las etapas de la adolescencia. Sobre todo si quieres educar en valores ya que nos estamos acostumbrando a pensar que si mi hijo no juega con video juegos y no ve mucho la tele, pero lee, ya lo tenemos todo solucionado, algo que está muy alejado de la realidad porque, ¿sabemos en realidad que leen nuestros hijos? Y, sobre todo, ¿cómo lo asimilan?

La finalidad de la lectura y de los clubs es:

  • Lingüística: Mejorar la competencia lectora
  • Literaria: Potenciar la relación individuo-libro
  • Educativa: Desarrollar el gusto por la lectura
  • Cívica y social: Educar en valores

Estamos en un periodo histórico donde personalmente incidiría en esta última finalidad desde los comienzos del aprendizaje como individuos lectores, ya que hay investigaciones que destacan que para la educación en valores, un pilar fundamental son los clubs de lectura guiados, que den lugar a debates enriquecedores. Porque hay que tener en cuenta, como base para realizar esta actividad, que hay que considerar que no estamos en posesión de valores absolutos ya que vivimos en un mundo globalizado. Lo que en Europa puede ser o no ser un valor, en otras culturas lo es y está muy arraigado y hay que tenerlo en cuenta a la hora de orientar esa actividad. Hay colectivos, y en otros países, donde el valor de la familia numerosa, por circunstancias, está mucho más arraigado que en España y no podemos analizarlo con los ojos con lo que lo analizaríamos basándonos solo en nuestra experiencia cultural y como este ejemplo hay otros muchos que seguramente se nos vendrán a la cabeza al leer estas líneas.

Hay que promover un modelo de valores elaborado a partir de ser conscientes a la hora de destacar unos sobre otros. Todo ello apoyado en una reflexión con un análisis crítico, discusión y el intercambio de ideas. Ya que aunque todos los valores sean buenos no todos pueden ser colocados en el mismo nivel. Suelo poner ejemplo de cuando hacemos una llamada de atención a nuestros hijos, ante malas actitudes, no podemos hacerlo igual a una actitud como la de saltar en un sofá como a la de cruzar la carretera corriendo sin mirar por un paso de peatones, ya que hay que saber ponderar para que la enseñanza sea efectiva.

Por medio de este modelo lo que se pretende es el desarrollo de:

  • Autoconocimiento
  • Autonomía
  • Autorregulación
  • Empatía
  • Perspectiva social
  • Razonamiento moral
  • Capacidad de diálogo
  • Capacidad para transformar al entorno
  • Comprensión crítica
  • Habilidades social y para la convivencia

Todo para lograr alcanzar la autonomía de la conciencia como producto de unas relaciones basadas en la igualdad y el diálogo.

Un club de lectura es un marco excepcional para favorecer esa educación en valores que muestran las obras, todo ello gracias a la interpretación que dan todos los componentes del club y en el caso de ser adolescentes o niños, también por la interpretación enriquecedora por su experiencia que den los adultos que deberían de participar, como unos miembros habituales, en estas dinámicas

Hoy en día está aceptado que no hay temas tabús ni que deban ser censurados, si son tratados adecuadamente. Hay suficientes diversidad literaria para abarcar temáticas y problemáticas variadas:

  • Libros clásicos
  • Libros con función moralizante
  • El resto de los libros

Todos ellos llevan al lector, si está preparado, para emitir juicios críticos. Cuando se hacen estas dinámicas lo interesante es identificar el problema a tratar para elegir el libro con la temática adecuada. Se han realizado estudios, destacando para este artículo, uno que se organizó con un club de lectura para familias de un centro escolar donde se implicaron profesores, alumnos y padres. La metodología usada fueron una tanda de reunión para cada libro que constaba de una presentación y el resto del tiempo se abrió una ronda de intervenciones donde se opinaba de la lectura con razones y argumentos, otra donde se habló de los momentos destacados y luego otra en la que se establecieron relaciones y paralelismos entre el libro y la vida cotidiana. A nuestros hijos debemos acompañarlos en todas las etapas de la vida para un continuo aprendizaje, no solo de habilidades sociales, responsabilidad civil, autonomía física y psíquica, etc, si no también a ser seres críticos de su entorno basados en argumentos bien estructurados. .

Una vez que tengamos lectores críticos que sepan discernir la paja del grano y tengan suficiente madurez comprensiva, no habrá ningún tema que no pueda ser leído y valorado por los lectores. A partir de ahí, , no deberemos de tener miedo a qué tipo de lectura se enfrenten nuestros hijos adolescentes. Lo que no podemos hacer es darles un libro o la opción de leer y dejarlos a su libre albedrío pensando que al leer están a salvo de todos los males del mundo exterior. No hay nada más peligroso que una idea errónea, implantada en el cerebro de un ser humano y que al final pueda quedar enquistada y blindada, con lo que se enroca y es imposible que sea rebatida, pese a que se use la artillería pesada de unas buenas argumentaciones.

«La idea es fomentar lecturas críticas y no solo lectores alfabetizados. Esta distinción es de gran importancia: una cosa es educar en la escuela para alfabetizar y otra orientar desde la escuela y apoyados desde las cosas para saber leer críticamente los textos de la cultura. Desafortunadamente la escuela, con la excepción de las escuelas innovadoras, se tiende a la alfabetización»