Opinión

¿Qué se puede esconder detrás del seudónimo?

En una entrevista, días atrás, me preguntaron qué es lo que se escondía detrás del seudónimo de Gaby Taylor, y no es la primera vez que sale a colación en una entrevista esa cuestión. Además, esta semana, también ha saltado en los grupos de escritores la historia de un seudónimo masculino, tras el que se escondía una escritora, que ha dado mucho de que hablar en las redes. La causa no ha sido por el cambio de identidad, sino porque ha ido mucho más allá inventándose una vida, con imágenes que no eran suyas e historias rocambolescas. Todo esto lo comento sin haber sido testigo directo del asunto aunque sí ha llamado mi atención ya que en su momento, me habían parecido raras algunas de las actitudes de esta persona pero, es cierto, que no suelo detenerme en estos asuntos más de la cuenta.

En mi reflexión he seguido varios caminos. El primero fue pensar que historias como estás hacen flaco favor al mundo de la escritura aunque casos similares a este siempre los ha habido, rozando entre la locura y el delito. Las redes sociales facilitan esa forma de actuar. Pero vayamos al grano de la cuestión.

Desde el principio tomé la decisión de usar un seudónimo por varios motivos. El primero como homenaje a mi padre que se llamaba Gaby, el segundo porque quería separar mi vida en las redes dejando a un lado mi perfil personal del de escritora y como tercer punto, y que más me gustaba, porque era una manera de crear un personaje, desde la raíz, que formara parte de mi trabajo literario. Y es ese tercer aspecto donde me quiero detener y explicar, porque los otros dos creo quedan claros.

Hace tiempo para comenzar un Elevator Peach, en un curso de marketing, dije que tenía tres nombres, algo que es totalmente cierto y no soy la única. Uno es el del registro civil y que está en mi DNI, conocido por pocas personas, el segundo es el nombre familiar con el que me conocen mis amigos, aunque en mi casa mi madre usa el diminutivo, y ahora el de escritora. Pero en todo este lio está la misma persona, con las mismas opiniones y similar trayectoria. ¿Qué diferencia hay entonces con mi seudónimo? Pues con ese es con el que juego y es con el que aprovecho para fantasear pero, obviamente, sin llegar a inventarme una vida, porque se pilla antes a un mentiroso que a un cojo. Es el nombre con el que me permito algunas licencias, al igual que como autora lo hago a la hora de escribir, pero sin abusar de este recurso.

Pero claro, siempre hay autores que, para mí, hacen un uso erróneo de su seudónimo. Un caso, con el  que me he encontrado, es el de cambiar de seudónimo según el género que escriban. No lo veo práctico, porque si al final tienes que explicarle a todo el mundo quién eres, para que te compren, es doble trabajo de marketing. Para eso existen las clasificaciones por edad. Zafón empezó escribiendo novela juvenil y luego dio el salto y no se cambió de nombre.

Otro caso es el ir con los misterios, escondiéndose detrás de un avatar y sin apenas imágenes físicas personales en las redes. Que aunque no es malo en sí, es cierto que puede generar desconfianza. Y no hablo de casos como el de Cix Valak, con cuya imagen inicio está entrada, autor de fantasía que es de carne y hueso, al que he tratado personalmente. Lo suyo es crear un personaje como autor, algo parecido a lo que yo hago, pero llevado más allá, pues tiene su propia y magnífica escenografía. Pero él no cuenta una vida de fantasía, él se escenifica como autor. Lo suyo es otro mundo que vale la pena conocer.

Y por último está este caso que hablábamos de inventarse una vida en la que además ha usado imágenes de personas reales asegurando que era él y su familia. Pero en parte la culpa de que el engaño se haga una gran pelota de nieve es por nosotros. Nos va el morbo y la marcha. En vez de centrarnos solo en el valor de la obra del autor, nos ponemos a hurgar en su vida privada y claro, la pena, parece que vende porque es lo que la gente más compra. Y aprovechándose de esa pena y de la buena fe de otros muchos, se producen ese mal uso del seudónimo.

Mi gran duda es: ¿Cómo es posible que nadie haya visto venir esta historia si hasta escribió un libro a medias con otra autora? ¿A nadie le extrañó que nunca hizo presentaciones online? Cuando escribió el libro a medias, ¿nunca hicieron un Skype para conocerse? Misterios de la vida.

El caso es que, en realidad, el mundo de los seudónimos bien llevado es algo normal y que el 99% de los autores son lo que dicen que son. Y respondiendo a la pregunta, el seudónimo en un nombre que debería esconder poco o nada. Detrás de un seudónimo, por lo menos en mi caso, está la misma persona que tiene su nombre en el DNI.

N. de A: Ante todo dar las gracias a Cix Valak por permitirme usar su imagen para el encabezamiento de esta entrada y a Fotolócar por suministrarme la foto realizada por él.