Opinión, Sin categoría

Los clichés en la narrativa

Hace unas semanas, al solecito en una terraza y entre cerveza y cerveza, me contaron una historia real que, cuando acabaron, dije: eso es un Conde de Montecristo. O, lo que es lo mismo, la historia de una venganza perpetrada detrás de una buena cuenta bancaria tras pasar todas las penurias habidas y por haber. Y tirando de ese hilo, días después, me hice la siguiente pregunta: ¿qué tienen de malo los clichés en la literatura? Porque a fin de cuenta, lo que plasmamos en las novelas son un reflejo escrito de la vida diaria. Lo que ocurre es que todo el mundo no se da cuenta de esa relación.

He estado dedicada a buscar siempre esos clichés, en este caso de la literatura que yo escribo, tal vez por ese miedo que nos meten en el cuerpo para no caer en ellos. Y he sacado una serie de conclusiones, tras una semana de reflexión, ante de escribir esta entrada. La lista la a desarrollaría se la siguiente forma:

1.- Y, ¿por qué no usar los estereotipos? Creo que a veces nos empeñamos en escribir algo tan alejado de esos clichés, por recomendación de muchos lectores y otros autores, que acabamos cometiendo el error de escribir algo que entonces se vuelve, de tan novedosos, imposible de creer.

2.- No ha habido hasta la fecha un libro que no haya usado uno u otro estereotipo propio de su género a la hora de desarrollar la trama. Tal vez el éxito de algunos escritores está en no usar los propios del género principal de su narración todos a la vez, que entonces sí que caemos en las novelas tópicas y típicas de esa temática y de la que huyen muchos lectores. Pero también hay que tener en cuenta que acercan a otros muchos. Ya cada uno sabe en qué cajón, como autor y como lector, quiere estar.

3.- Creo que hay sobre todo que preocuparse de la coherencia del cliché. Un ejemplo de eso lo encontramos e las novelas que se desarrollan en la época victoriana, donde era sencillo encontrar a mujeres de 20 años virginales. Aunque,, en esa edad ya podemos hablar de que se las podía considerar casi solteronas, porque te comprometían mucho antes. Pero en pleno siglo XXI es un postulado que no cuela. Ya vírgenes, si queda alguna, están en los altares y aunque del dicho al hecho hay mucho trecho, pero si hoy en día alguien con 16 años quiere ser ñoña, como una mujer victoriana, no cuela. Claro que luego, como los extremos se tocan, me he encontrado novelas que llevan el empoderamiento femenino a una historia escocesa en el siglo XIV que tampoco es creíble y demuestra que hay mucha falta de investigación. Quien tenga un poco de noción de historia o se haya documentado, debería de saber que el sexo en esa época no eran las posturas del Kama-sutra. Era un aquí te pillo aquí te mato, dos empujones nada eróticos y listo. Que sí, que queda muy bonito el amor romántico y el sexo caballeresco, pero ese topicazo es un anacronismo.

4.-Prefiero el tópico de que la historia se desarrolle entre personas de una cuenta saneada. Narrar un thriller romántico-erótico entre personas que su día a día es preocuparse de hipotecas, deudas, bancos, crisis y pandemias, no me apetece porque para mí la literatura es evadirse precisamente de ese día a día. Por lo tanto es un estereotipo que sí utilizo de forma comedida. Mis protagonistas no van a ser millonarios, pero tendrán profesiones en las que si le apetece comprarse un móvil, un traje o irse de cena e invitar al churri o a la churri de turno, no tengan que mirar si tienen saldo. Eso lo hago yo muchas mañanas cuando me levanto.

5.-Es cierto que nos va mucho el viajar, como lectores y escritores, a la campiña italiana, a las islas griegas, a los castillos de Escocia y la visita a París no puede faltar. Aunque también yo he viajado a Tel Aviv, he organizado un boda en Petra, he llegado a disfrutar del valle de Aosta en Navidades, y estaré en Bosnia en una guerra, donde pese a todo, se hablará de amor y sexo. Pero, al final, sea en las calles del Bronx, donde ya se desarrollaron historias románticas con sus tópicos o Sidney, lo que vale la apenas es darle un buen perfil psicológico al personaje, que eso sí que cuesta trabajo.

6-. El flechazo: ¿qué podemos decir del flechazo? Pues aunque haya mucho incrédulo o atea por la vida con respecto a este sentimiento, garantizo que existe. Tal vez  sea en un primer momento un encoñamiento o empollamiento, porque somos animales y nos guiamos por la química del amor: las feromonas. Pero he conocido casos de personas que han esperado años hasta que el objeto de su deseo ha estado libre para probar suerte, y se han llevado el gato al agua, por lo que conociendo un solo caso ya es posible escribir una novela de ese flechazo y de esa larga espera, como en el caso de mi novela “Unidos por el pasado”

¿Cuándo se quejan más los lectores en lo que se refiere a los tópicos?

-Cuando están todos a la vez.

-Cuando le son desconocidos.

-Cuando no están bien fundamentados.

-Cuando son anacrónicos.

Pero creo que en si ciertos tópicos en los géneros literarios no es que no sean malos, sino que es lo propio para identificar a una novela dentro de un género. Sólo que hay que  trabajarlos de una forma coherente. De hecho, estos días, he preguntado en mis redes sociales sobre el tema de los estereotipos y a la gran mayoría les encantan, los buscan y los disfrutan. Poniendo de símil algo relacionado con la cocina, que es lo mío, una receta de salmorejo parte de la base de que es un plato que se hace con tomate, pero hemos encontrado nuevas opciones donde la remolacha cumple una función que no desmerece al plato original. Pues lo mismo con los tópicos, se pueden hacer algunas modificaciones que hagan que el cliché de toda la vida luzca con más brillo y esplendor y también puede que encontremos otras veces que esté desfasado. Aunque, al final, es cierto que si buscas pasta quieres comer pasta, si buscas un buen jamón ibérico lo que quieres es comer jamón de primera clase y si deseas disfrutar de un estupendo ceviche, unos tamales o strudel, lo que te emociona es que te pongan lo que estabas buscando. Por lo que, con la encuesta, he llegado a la conclusión de que bien escrita, con sus correcciones adecuadas, maquetación y trama intensa, unos pocos tópicos bien colocados es lo que el lector en realidad demanda.

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