Consejos que caen en saco roto
El 20 de mayo falleció el escritor y ensayista británico Martin Amis. No era de los autores que considere que son de cabecera de mi cama, pero me llamó la atención por una serie de recomendaciones y vivencias que plasmó en una de sus últimas obras, Desde dentro (Anagrama). Son unas memorias noveladas en las que, además de recordar sus experiencias y rememorar a personas importantes para él, reflexiona sobre la escritura, a la que define como “el arte de contar y dar sentido a las historias”. Recuerda esta frase, amigo lector, y, sobre todo, las dos palabras claves, arte y sentido, porque es el quid de la cuestión para ser escritor.
Las pautas y sugerencias que aportó eran tan valiosas que su libro no tardó en convertirse en un manual indispensable para todo aprendiz de escritor, y para todo aquel que quisiera exprimir a fondo la literatura, la memoria y la vida. Estos días son varios los seguidores que releen sus consejos y los comparten en las redes. Un gesto con el que muy probablemente el propio Amis simpatizaría. Y, por eso mismo, yo voy a compartirlas contigo. Pero te aviso, no pienses que en este libro las recomendaciones se encuentran de una forma tan explícita tal y como yo te las voy a presentar, me temo que no. En realidad nos encontramos con una obra de más de 600 páginas, donde el autor desgrana multitud de temas y, entre ellos, se van dando las pinceladas que mas adelante te resumo.
La lástima de este estupendo plantel de consejos es que caeran en saco roto. En mi caso, son recomendaciones que tengo en cuenta casi desde el inicio de mi carrera de escritora y que alguno que otro compañero también tienen muy en cuenta, pero esta semana me he enfrentado a una autora que, despues de casi una docena de libros, este tipo de consejos o no las ha oido en su vida o han caído en saco roto cuando ha sabido de ellos. Sobre todo, me ha sorprendido la actitud soberbia y egocéntrica con la que ha tratado a lectores y bookstagrammers en una lectura conjunta. Las argumentaciones sobre sus fallos se comentaron de forma sincera, en un tono amable y todo bien fundamentado. Para nada hubo intención de acosar o atacar a la autora, como ahora ha comentado en una publicación en las redes, haciendo mención de la actitud negativa de algunos de los participantes de esa lectura, según su opinion, y que ha sido su respuestas al no querer aceptar las críticas constructivas y en privado. ¿Cómo piensan muchos de los que se llaman escritores aprender, si solo quieren las alabanzas de sus amigos y parientes, ya que nunca enfrentan sus obra a extraños y cuando lo hacen no aceptan las críticas?
De momento te voy a presentar los consejos de Martin Amis, dónde desarrollaré con ellos mi experiencia como lectora y escritora.
- Escribe a mano.
Parece una cosa extraña, pero el autor nos recomienda esta opción, porque según él cuando se tacha una palabra en un texto escrito en papel todavía permanece un tiempo y a veces el primer instinto es el correcto. Lo que nuestro refranero popular diría: la primera idea es la que vale. En el caso de hacerlo con el ordenador al borrar la palabra esta desaparece para siempre.
Tal vez ese sea uno de los motivos por los que no he dejado de escribir con mi boligrafo y en papel mis manuscritos. Es yendo más lento que con el teclado y omito, sin darme cueta, preposiciónes y conjunciones, no quiero ni imaginar lo que no escribiría si lo hiciera directamente con mi ordenador. Incluso llego a pensar que tengo dislexia, ya que me olvido de poner palabras, que mi cerebro da por hecho y las omite a la hora de escribirlas, porque mi yo lector las presupone y las lee, aunque no estén escritas.
Este es un defecto del que adolecen muchos escritores noveles y si lo digo es por mi experiencia en los dos lados de la acera. He omitido parte de mis ideas, ante las prisas de plasmarlas en el papel para no olvidar el hilo de la trama y que he tenido que corregir, obviamente, a posteriori. Lo malo es que he leído que muchos autores creen y por eso dan por hecho que, con esas omisiones, el lector va a deducir el mensaje que ronda por su mente. No hay nada mas alejado de la realidad.
No es que haya que darle todo masticado al lector, pero un camino con miguitas es impensable no presentarlo en tus textos. Cualquier escritor consagrado o con el más minimo conocimiento de técnica te lo va a recomendar.
Hace unos días en esta LC que os he comentado, la autora carecía de este camino de migas y nos lo argumentaba con que era una novela de misterio y dejaba esos huecos de información para crear intriga. No, me temo que eso no es así. Lo que nos dejó fueron agujeros en la trama como trampas de areas movedizas, en las que nos quedábamos la mayoría de los lectores que afrontaban por primera vez la lectura de esta novela, y nos llevaba a no entender nada. Sus lectoras 0 y amigas, con las que había comentado su trabajo, lo entendían todo, porque en su cabezas estaba implantada la historia entera de forma oral y lo veían todo muy lógico. Sin embargo, todos aquellos que desconocíamos los mecanimos de la trama, urdidos en la cabeza de la autora, y que queríamos entender lo que nos había escrito, avanzábamos a duras penas entre la incompleta estructura del texto.
Esto ocurre, como bien dice un compañero escritor, porque hay autores que no enfrentan su obra a personas ajenas a su grupo de amigos que, además, o no saben o no van a ser del todo sinceros y luego, cuando se enfrentan a la realidad, no son capaces de aceptar las críticas y asumir los errores.
- Establece un número minimo de palabras a escribir todos los días aunque no sea un número determinando.
Hay otro refrán que nos dice que el dinero llama al dinero. Incluso nos pasa que podemos estar meses sin conseguir una cosa y, cuando por fin la conseguimos, nos aparecen doscientas oportunidades y ofertas similares. Pues con el arte de escribir ocurre igual. Si no se escribe todos los días luego cuesta más trabajo volver a iniciar la marcha. ¿Por qué te crees que tengo mi blog? Te garantizo que me obligo a escribir semana tras semana por un compromiso no solo con mis lectores, sino conmigo misma.
- Usa cualquier inquietud sobre tu escritura o vida como combustible: «Ambición e inquietud: esa es la vida del escritor».
Este es un fiel ejemplo de una entrada de blog que ha nacido como una inquietud al ver el flaco favor que le hacen a los autores autopublicados, a los que yo pertenezco, la existencia de seudoautores que piensan que todo vale con tal de publicar. Junto a esto, por pensar que el tener media docena de libros creen que eso ya les sirve como patente de corso y niegan la más grande. No se puede escribir una novela, que se desarrolla en España, y habiendo varios suicidios en la trama, no aparezca la policia en ningún momento y eso lo excuses con que son suicidios. En este país los suicidios se investigan y más si se producen en una casa y con un arma que aparece en un despacho. Además, la gente no tiene de forma legal y habitual armas en sus despachos y, sobre todo, me quedó la duda de siendo la persona invitada la que se suicida, ¿cómo sabía que ahí, precisamente, había un arma?
Esta realidad, de ver cómo están hundiendo el mercado del autopublicado me produce tanta inquietud que me impulsa a escribir este tipo de entradas, que vuelvo a decir, sé que van a caer en saco roto, pero por mí que no quede.
- Nunca digas ciencia ficción. Enfurecerá a los puristas.
Hay veces que los autores, para no pillarse los dedos, en las notas de autor declaran que una novela no se la puede englobar en un género determinado aunque lo parezca. Un por si acaso, no sea que luego digan. Entiendo que si una novela la desarrollas en el periodo de la Regencia en Gran Bretaña no tiene por qué ser histórica, pero tampoco ese aviso, por parte del autor, implica que ya pueda hacer de su capa un sayo. Una buena parte del contexto histórico, costumbres y vocabulario, lo debe mantener. No hay nada más desagradable que escuchar de boca de los protagonistas vocabulario que es propio de nuestro entorno en el siglo XXI. He encontrado la palabra me mola en una novela que se desarrollaba a principios del siglo XX, cuya protagonista embarca en el Titanic. Ahí naufragó para mí la trama.
- No te hagas el tonto: siempre escribe para tu cinco por ciento de lectores principales.
Aquí discrepo en parte con Martin Amis ya que, si bien en un primer momento es bueno centrarte en esos lectores que pueden acoger bien tu historia, empezando por ti, lo cierto es que hay que tener unas miras más amplias. Si solo te centras en ese porcentaje, y que son los que alaban siempre tu trabajo, nunca te enfrentarás a la realidad, por lo que no sabes a ciencia cierta si de verdad lo estás haciendo bien. Algo parecido a lo que le ha pasado a la autora que comentaba en párrafos anteriores
- Nunca hagas juegos de palabras con el título. Lo simple suele ser mejor: Lolita resulta ser un gran título; no podría ser más simple.
Si te llamas Katherine Pancol y ya eres una autora consagrada lo mismo te puedes permitir titular tus novelas de manera original como hace ella. Títulos como Los ojos amarillos de los cocodrilos, El vals lento de las tortugas o Las ardillas de Central Park están tristes los lunes, tres novelas que leí hace tiempo y que os recomiendo, llaman la atención porque son muy originales, pero no siempre son garantía de éxito, sobre todo porque ahora algunos autores piensan que está de última moda, cuando ya es algo que hace tiempo que se está utlizando.
A esto añadiría también la tendecia que he encontrado de iniciar cada capítulo con una frase de algún famoso, que puede estar relacionada con el capítulo, pero que otras da la sensación de que las ponen ahí para mostar lo cultos que se es. Lo malo es cuando en realidad no tienen nada que ver con el contenido del capítulo y da la sensación de que están puestas porque hacen bonito.
- ¿Cuándo vale la pena perseguir una idea en forma de novela? «Tiene que darte una especie de destello».
No nos vale eso de que como está de moda y se vende bien, voy a escribir una novela sobre ese tema. Luego nos quejamos de que no vendemos, normal, ¿qué se puede esperar? De viajeras en el tiempo y en Escocia hay cientos de novelas, debe estar esa zona espacio temporal saturada como la carretara de Sevilla a Matalascañas en el mes de Agosto.
Una novela es algo más que eso. Ya todo lo que se puede contar a estas alturas, si eres un escritor novel, está contado. Solo puedes destacar si lo que cuentas lo haces de una manera diferente. Esa es tu puesta en valor. Todo lo demás son historias más que trilladas y que harán de ti un mero imitador.
Lo que le prometas al lector que va a leer, escríbelo. Si dices que tu trama es un thriller, comprueba que cumples los requisitos para que tu novela sea catalogada así. Porque haya muertos no puedes decir que te englobas en ese género y menos si los muertos se han suicidado.
- Ten cuidado con las palabras que se repiten con demasiada frecuencia.
Me duelen las entrañas de decir que un autor no se puede corregir a sí mismo, porque ese tipo de errores no los ve. Por lo tanto no me repito más y si sigues en tus treces, sabes que habrá cientos de repeticiones.
- No empieces un párrafo con la misma palabra que el anterior.
Ciertas complicaciones dan lugar a una lectura farragosa. Siempre se ha dicho que menos es más y es algo que creo que también se puede aplicar a la escritura.
Ya me he encontrado algún texto que, no sabiéndo el autor como enfrentarse al tema, le quiere dar un aire poético y al final acabamos teniendo un tratamiento ñoño de la trama. Hay ciertos recursos que son propios de la poesía y que no sabiendo usarlos mejor dejarlos en el género en el que pertenecen.
- Trata de no escribir oraciones que absolutamete cualquier podría escribir.
En este punto también discrepo un poquito con el autor que ha inspirado mi entrada. Para lograr hacer lo que nos recomienda hay que tener un gran conocimiento de sintaxis y un amplio vocabulario. La realidad es que un español medio llega a usar unas 300 palabras en su vida cotidiana y si llega a las 500 se puede dar con un canto en los dientes. ¿A qué consecuencia nos lleva eso? Pues que repitamos palabras y no está la solución en mirar los sinónimos. Todos tienen matices y esos matices, si no los conocemos bien, pueden dar al traste con el significado de nuestra frase. Si nos consideramos escritores deberíamos de superar en nuestros trabajos esas 500 palabras porque todos nuestros personajes no pueden hablar igual. Este es otro grave error que percibí en la novela que inspira también esta entrada. Esto ocurre precisamente por la falta de técnica y de vocabulario. Un arquitecto de cuarenta años no puede hablar igual que una camarera veinteañera, con independencia de que la camarera pueda estar cursando una carrera de ingeniería y trabaje para pagársela.
- Escribe la novela que quieras leer.
Este fue uno de los motivos que me animaron a escribir, el no encontrar novelas que estuvieran bien escritas del género que a mí me gustaba. Pero para escribir tienes que tener un bagaje importante. No se puede tener una idea y empezar a escribir. Si quieres que te lean haz bien tu trabajo, porque si te leen es que te estás presentado al público y tendrás que aguantar críticas. Una idea será preciosa y sin embargo hay que desarrollarla bien. Seguramente no te dejarás operar por un médico que tenga una idea, sino por aquel que tenga una buena formación. Un arquitecto o ingeniero tendrán una buena idea en el papel, pero para llevarla a la práctica tiene que hacer muchos cálculos y correcciones. Eso es lo que diferencia a un buen profesional del mediocre.
Lee a los mejores, no leas todo lo que hay por ahí, porque si se dice que eres lo que comes, tambien serás lo que lees. Si lees literatura mala, serás un mal escritor.
Si bien no coincidimos al cien por cien ninguno de los tres, las diferencias son mínimas en comparación con el peso de las recomendaciones y el valor del análisis.
Por ello, agradecido.
En cualquier caso, ya conoces el título de mi próxima lectura.
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