mis lecturas

Me volveré «thrilera»

Un ambiente algo tenso

De unos meses a esta parte leo más thriller que novela romántica pese a ser este último género al que dedico mi tiempo como escritora. También es cierto que algunos toques de suspense y asesinato sí se pueden encontrar en mi última novela, con lo que puede que alguien piense que me voy a pasar al lado oscuro de la narrativa. No voy a negar que me tienta, pero lo mismo me ocurre con la fantasía y, como todo, no creo que se me diera mal si me empeñase. Durante un tiempo se me quitaron las intenciones de cambiar de romántica a otro tipo de historia por consejo de alguien al que, gracias a dios, le hice caso en su justa medida. Tan malo es que en tu entorno haya gente que te diga que no vales para algo como que existan aquellos que alaban en exceso una forma de trabajar y no te incitan a buscar nuevos caminos. Esto último fue lo me ocurrió hace años, cuando una persona tuvo la genial idea de recomendarme que solo escribiera romántica, con algo parecido a «zapatero a tus zapatos», pero dorándome la píldora con que yo era muy buena en lo mío. Menos mal que huelo a los aduladores a distancia.

Que no se asusten aquellos lectores que han leído mis anteriores novelas porque tampoco soy de cambios drásticos, pero sí quiero experimentar con otro tipo de narrativa, que también me atrae, si bien eso no significa que vaya a salir a la luz de la noche a la mañana un texto de fantasía escrito por mí o una novela negra. Aunque, tal como está la cosa, lo mismo vale la pena arriesgarse. ¿Y por qué te lo cuento? Porque me he quedado ojiplática con lo que leo en las redes y lo que llega a mis oídos, pese a que mi afán no es el cotilleo. Lo malo de internet y de las reuniones sociales es que al final todo se sabe, quieras o no.

Todo comenzó por un comentario gracioso y que es reiterativo cada vez que se produce un evento literario de autopublicados. La tragedia se mascó cuando pregunté a un participante que qué tal le había ido. Su respuesta fue breve: volaban los cuchillos. Fruncí el ceño a la vez que le comenté, ¿pero no era de romántica? Hubiera peligrado menos mi vida si el género hubiera sido el thriller, me respondió. Y ahí quedó todo, porque en realidad prefiero saber lo menos posible de estos dimes y diretes. También tengo que reconocer que una de las virtudes de mi interlocutor es la prudencia y no quise ponerlo en un aprieto.

No es la primera vez que me narran situaciones similares, que además he tenido la mala suerte de presenciar alguna que otra vez. Todo ello es un fiel reflejo de la vida misma, pero con alguna capa más de maquillaje, que acaba cuarteándose en menos dos. No me veo a Cesar Gellida apuñalándose con Juan Gómez-Jurado, ni en virtual, ni en analógico. Pensarás que exagero, nada más alejado de la realidad. Siempre recuerdo a una elemento conocido del mundillo literario que me ha hablado en cuatro o cinco ocasiones mal de algunos compañeros previniéndome hacia ellos. Quién me conoce sabe que valgo más por lo que callo que por lo que digo y tuve a bien no hacer caso de tanta tontería. Lo único que ocurrió con el correveidile de turno es que lo alejé de mi vida y mantuve amistad con las personas hacia las que trató de malmeterme.

Si todos los que nos dedicamos a escribir nos diéramos cuenta, de que, quitando cuatro privilegiados que no están aqui, somos más que pequeños espacios en blanco en este gran mundo literario y nos dedicáramos a mejorar nuestro trabajo, lo mismo otro gallo nos cantara. Pero no, nos esmeramos en meter palos en las ruedas, tratamos de aprovecharnos del que parece menos espabilado, no ayudamos al compañero incluso sabiendo que se va a caer y, sobre todo, lo más peligroso, no aceptamos ninguna crítica, ni comentario que pudiera enriquecernos, así nos despellejen vivos. Creo que todo se debe a que tenemos una larga cola de zalameros y no sabemos oír por encima de sus lisonjas, sin entender que, al final, nos convertimos en unos pobres infelices que vamos pisando los callos de los que tenemos alrededor, bien sea para encumbrarnos, bien para no escuchar que tampoco somos el no va más.

De ahí mi doble sentido de hacerme «thrilera». Lo mismo estoy más tranquila entre autores que se dedican a matar que con aquellos que hablan del amor y del sexo y parece que lo practican poco. Es una pena que en una actividad que para la gran mayoría, según dicen, es un hobby, la gente se comporte de esta manera. ¿Será igual en el mundillo de los que bordan a punto de cruz? Desde luego yo he tenido suerte, todo hay que decirlo, pero al igual que los amigos de verdad se cuentan con los dedos de una mano, los compañeros que ejercen de verdad como tales se numeran de la misma forma. Junto a todo esto también he encontrado escritores que sufren no solo de bloqueo lector o escritor, sino incluso de hartazgo de redes. Lo malo es que para vender un producto, que a fin de cuenta es lo que somos, en el buen sentido de la palabra, necesitamos la forma de contactar que internet pone a nuestra disposición. Pero parecemos empeñados en matar a la gallina de los huevos de oro.

Será utopía, pero me encantaría, de verdad de la buena, poder hablar de los libros de otros compañeros con ellos presentes, dónde tratáramos de la técnica, de cómo mejorarla, de otros autores que nos puedan enriquecer y de cómo aplicar sus conocimientos, sin ser rastreros o lameculos. Yo eso lo he hecho, por si alguien lo duda, y os lo he contado en otras oportunidades. Mi bilogía ha sido destripada entera hace un año. Podré estar o no de acuerdo con todo lo que se dijo, pero, gracias a esa forma de participar en una verdadera lectura conjunta, avancé en mi forma de afrontar nuevos proyectos. Todavía me queda mucho que aprender, por no decir que me falta casi todo; pero una cosa sí tengo clara y es que, así, dejando cadáveres por el camino, no es la mejor forma de jugar en esta liga. O jugamos en equipo, o apaga y vámonos.

¿Qué te recomiendo esta semana?

Esta semana me he leído un libro que vi recomendado en Instagram, no todo va a ser malo, bien sabes que adoro el tema de las navegar en internet. Me llamó la atención, para empezar, la portada porque me recordó a la de la novela La Bestia, de Carmen Mola y no andaba yo muy desencaminada; porque la ha editado en castellano Planeta, así que sigue una estética reconocible para mí. Se trata del thriller histórico titulado El libro del sepulturero, del autor alemán Oliver Pötzsch.

Soy amiga desde hace tiempo de leer este género, de autores de diversas lenguas para ver cómo afrontan estas tramas en otros paises. Desde que se puso de moda la novela negra sueca he seguido esa tónica y todos los años alguna novedad que no sea anglófona cae entre mis manos. Eso me sirve también para conocer distintas estructuras narrativas y la construcción de los ambientes y los personajes. Puedes creer que por ser todo novelas de la misma temática eso no se nota, pero no es así. No sé si eres fan de James Bond o de películas de género negro o policiaco, pero se nota solo con ver la forma de actuar de los actores si es de un país o de otro. Eso mismo ocurre con las series o telenovelas, que si bien no es algo que vea, sí es cierto que como ejemplo me vale, porque si tú las sigues, tampoco es igual la forma de afrontar la historia de una rodada en latinoamérica, una española o las de tan de moda provenientes de Turquía. Soy de las que creo que de todo y de todos se aprende.

Ya te aviso que te enfrentarás a una trilogía, aunque de momento he acabado de leer el primero y solo está publicado el segundo.

En el Prater, el parque más importante de la ciudad, aparece el cuerpo de una criada asesinada de forma brutal. Leopold von Herzfeldt, un joven inspector de policía, será el encargado del caso, a pesar de no contar con el favor de sus colegas, que no quieren saber nada de sus novedosos métodos de investigación, como la inspección de la escena del crimen, la obtención de pruebas o la toma de fotografías. Leopold tendrá el apoyo de dos personas del todo dispares: Augustin Rothmayer, el sepulturero mayor del cementerio central de Viena, y Julia Wolf, una joven operadora de la recién inaugurada central telefónica de la ciudad con un secreto que no quiere que salga a la luz.

Leopold, Augustin y Julia se verán inmersos en los profundos abismos ocultos tras las puertas de la glamurosa ciudad en una carrera para dar con un asesino despiadado que sembrará Viena de cadáveres inocentes.

Misterio, venganza y muerte en la Viena de 1893.

Ya te he hablado de que la portada me llamó la atención y posteriormente la sinopsis me confirmó que iba por buen camino. Página tras página voy avanzando en la Viena de finales del siglo XIX gracias a una cuidada ambientación, pero sobre todo a un esmerado léxico, ese que tanto echo en falta en las mal llamadas novelas seudohistóricas que tanto pululan por estos medios. Entiendo que usar el vocabulario adecuado es un trabajo añadido a la buena sintaxis y a otros elementos necesarios para tener una buena pluma. En todo caso, si no consideras que eso sea necesario, mejor que te dediques, si eres escritora, a otro oficio. Porque la clave de este está ahí. A fin de cuentas, la mayoría de los autores que piensan que no es útil si la historia es buena es por pereza y porque prefieren hacer un libro del montón.

Ten en cuenta que no hablo de el uso de palabras difíciles que lastren la lectura, solo pido el término adecuado. Te voy a nombrar unos ejemplos que a buen entendedor pocas palabras bastan.

Puedes. en un párrafo, poner que sacó su reloj de bolsillo y jugó con la cadena tras mirar la hora, pero también expresarlo de otra forma, como que se sacó la saboneta del bolsillo y jugó con la leontina tras mirar la hora. ¿Qué puede suponer eso al lector o a otro escritor? Pues que aprenda palabras propias de la época y que si lo usa en alguna narración se perciba que es que sabe de su oficio. Eso es lo que marca la diferencia y es algo que aprecio en este libro desde el inicio de su lectura. Junto a estas, remarcadas en negrita, me he encontrado otras que me han encantado y que he guardado en mi repertorio para un uso en el futuro:

  • Saboneta
  • Bruna
  • Marquesota
  • Amarrido
  • Andorrera

Además he aprendido otra: Biedermeier, que es la denominación de un gusto y estilo literario y artístico, especialmente ornamental, que se desarrolló en el Imperio Austriaco el resto de la Europa Central, entre el periodo del Congreso de Viena (1814-15) y 1848. Inicialmente designaba al sobrio estilo del mobiliario y las artes decorativas característicos de esa época y lugar y posteriormente el término fue aplicado, por extensión, a ciertas producciones pictóricas y literarias del mismo período, caracterizadas por rasgos románticos  y por una bondadosa sátira del mundo pequeño burgués.

Seguro que alguno de vosotros se ha sentado alguna vez en una de estas sillas que hoy en día perduran. Las hay tanto originales, porque fueron creadas para durar, como copias realizadas por una amor hacia lo vintage. Son un clásico en la filmografía de época.

En cuanto a la historia y la trama, están muy bien llevadas pese a no ser novedosas. Hay retazos de aquí y de allá que vienen a mi memoria como destellos de otras lecturas de asesinatos en serie y de casos reales, como el de Jack el Destripador. De hecho, el autor hace referencia a estos hechos, acaecidos en Londres unos años antes, en boca de uno de los policías. Me ha sorprendido el uso de algunos de los personajes históricos, como la de miembros de la familia Strauss, que en ese momento de finales de siglo se hallaban en la cumbre del éxito, a tal altura que eran prácticamente intocables, o del hermano pequeño del emperador Francisco José I, todos ellos muy bien encajados en la historia. Oliver Pötzsch describe muy bien ese abismo que marcaba la clase alta en plena decadencia y una clase baja que trata por todos los medios de salir de sus miserias. Entre ambas, la burguesía con aires de nobleza que hace de tapón para ambas realidades. Y todo ello aderezado con unos asesinatos, en una sociedad de la que el emperador estaba muy orgulloso porque consideraba que había logrado en su imperio que todas las culturas del territorio estuvieran bien avenida, señal de que todo era un gran globo dispuesto a estallar dos veces a lo largo del siguiente siglo. Ya se dan apuntes de odio intercultural entre alemanes y austriacos y entre estos dos y el resto, como se ve en el amago que se hace de acusar a los judíos de los males del imperio. Un estupendo caldo de cultivo para que, como he comentado, se encumbrara en el poder, tras unas elecciones, un pequeño cabo bávaro llamado Adolfo.

Una historia que te recomiendo porque tiene muchas lecturas, la de los asesinatos propiamente dicha, o la de la psicología de los protagonistas, cada uno con sus mochilas. Un policía que no solo enfrenta sus novedosos medios con la inamovible estructura policial de la Viena decimonónica, anclada incluso en el siglo anterior sino que ya viene con un pasado duro que le marca a lo largo de la investigación; una telefonista de la comisaría a la que llaman corderito, aunque su apellido es Wolf, un interesante juego de palabras, y, junto a ellos, el sepulturero, que ve cómo su vida, hasta entonces muy apacible, cambia de forma radical con la aparición del asesino en serie. Pese a que siempre le podemos encontrar un pero, para mí ha sido un gran descubrimiento literario. Al que le sumo la buena ambientación socio-política en la que se envuelve la trama y con la que le pone un gran lazo.

Sin duda no será la única novela que leeré de esta trilogía, pese a que hasta la fecha solo están publicadas dos y amenazo con contaros más de este autor.

2 comentarios en “Me volveré «thrilera»”

  1. Estupendo artículo y mejores reflexiones.

    He leído esa novela y también me gustó. Como bien dices el tener que buscar palabras en el diccionario y aprender vocabulario suma en una lectura, porque aprendes y porque ambienta mejor.

    cada día estoy más enganchada a tu blog 👏🏼👏🏼👏🏼

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