vivencias

La vida, un papel de arroz

Ya te he comentado en anteriores entradas que, gracias a Dios, el pecado de la envidia no está en mi lista de defectos. Si acaso la lujuria y la gula, aunque trato de mantenerlos a raya. Cosa que no se puede decir de muchas personas que veo pulular por las redes sociales. Junto a ellos, hay otro tipo de individuos que sufren de una nueva enfermedad, una que arrastran desde el siglo XX y lucen con garbo este inicio de milenio: la frustración, que si bien no es pecado capital debería ser el octavo. De los envidiosos, puedo decir que en el pecado llevan la penitencia; en el caso del frustradito, el entorno acaba hasta el mismo merengue de tanto desencanto. Ante todo, tengamos claro que el 90% de lo que nos ocurre son cosas que hemos sembrado y ahora cosechamos, queramos o no. Lo peor de todo es cuando se juntan la envidia con la frustración. Es ahí cuando te recomiendo que huyas si tienes a alguien a tu alrededor que padezca esa enfermedad, porque, al final, no deja de ser un problema de concepción de la realidad y debería ser tratado por profesionales de la psicología, siempre y cuando el paciente reconozca su problema, algo que normalmente, a la altura que estamos y con la sociedad que nos rodea, no suele pasar.

Esta semana he aprovechado para tomármela sabática y he participado en una dinámica en la que me han mostrado de manera didáctica este concepto y como, o le pones remedio y dejas que el problema fluya, o te dejas arrastrar y entonces llevas todas las de perder.

Gracias a Amaia y en un entorno relajante como es La posada del té

https://www.instagram.com/laposadadeltea/?hl=es

disfruté junto con Héctor https://www.instagram.com/hectorh.lopez/?hl=es de las técnicas milenarias del Shodo y del Sumi-e. El primer término lo podemos traducir como el camino de la escritura, algo muy apropiado para dos escritores, mientras que el segundo se trata de la palabra usada para designar la técnica de la pintura con tinta y se utiliza, entre otras muchas herramientas de las que se vale la filosofía zen, para alcanzar la paz interior. Una práctica útil para momentos de incertidumbre.

Iniciamos la dinámica con una ceremonia del té, como bien dijo Amaia, siguiendo el ritual, pero conducido de una forma personalizada tras sus años de experiencia. Nos habló de los tipos de té, del blanco Pu-Erh que tomamos, y que esa noche era la de la luna llena de las flores, llamada así por ser la última luna antes del solsticio de verano. Estas son las semanas en las que se planta aquello que se cosechará en plena canícula. Paso a paso Amaia nos fue poniendo en situación para que se creara el ambiente adecuado y nos dio las pautas a seguir:

  • Escribiríamos en un papel una intención que no solo nos afectara a nosotros, sino que favoreciera a nuestro entorno, para luego colocarla bajo un gran cuarzo que presidía el centro de la sala.
  • Trataríamos de dejar fuera todo aquello que nos perturbara y nos colocaríamos lo más cómodos posible, siendo conscientes. Si nuestro cuerpo se quejaba de la postura no debíamos tomarlo como algo que nos incomodara, sino como una realidad natural (inicio del concepto de no te frustres, porque con 57 años ya no tienes la flexibilidad que tenías y tu cuerpo se quejará)

Se inició la ceremonia propiamente dicha y, entre taza y taza de té, tratamos de encontrar el Samâdhi, que para los profanos, incluida yo, se puede traducir como alcanzar ese nivel de conciencia plena de sí misma dentro de la meditación. O sea, que no estés pensando en las albóndigas para el día siguiente o la última bronca con los niños, algo muy habitual en la vida que nos ha tocado. Nos cuesta pararnos y ser conscientes de que vivimos, porque estamos más en el cómo vivimos.

Lo disfruté, pero dónde saqué la enseñanza relacionada con el título de esta entrada fue en el siguiente paso, cuando llegó el momento de hacer Shodo y Sumi-e. Amaia nos enseñó la lámina que ella había hecho y nos animó a intentarlo en unas tablillas de madera a las que estaba sujeto un papel ¡DE ARROZ! La tinta china y este papel son incompatibles, ¡por dios! Pero nada, ¿quién dijo miedo? Respiré profundamente y me dispuse a hacer mi lirio. Ya ves el resultado final. Si te digo la verdad, según lo miro y remiro, más me gusta, porque para mí tiene un profundo significado. Te puedes proponer hacer las cosas lo mejor posible, planificarte, medir bien los pasos; pero luego la vida es un papel de arroz que se encargará de que todo lo acabes sacando como buenamente se pueda.

Lo ideal para hacer Sumi-e es usar el habitual para acuarela, pero Amaia quería darle ese toque de: no te molestes en intentar hacerlo perfecto, sino, más bien, disfruta con lo que estás haciendo. Se nos olvida disfrutar del proceso de vivir y estamos muy pendientes de organizarnos la vida. Eso os lo dice una persona a la que le encanta organizar cosas, si bien, con muchos años de filosofía y espiritualidad a las espaldas, que no se frustra si hay que cambiar de planes o las cosas no salen como las había planificado. Ojo, que también me enfado cuando no son como yo querría o me dan bajones si tengo contratiempos, porque soy humana, pero ni me dura mucho tiempo el desengaño ni le jodo la vida a los de mi entorno porque las cosas no salgan a mi gusto.

Enseñanza

Ahora mismo veo cómo llega la primavera y todo el mundo anda de promoción de sus nuevas novelas y yo ahí, corrigiendo la mía como una Penélope de la vida. Así son las cosas y así te las cuento. Mi nueva novela me puede parecer maravillosa, pero sabía que necesitaba ponerla a régimen, no soy Posteguillo, y una editorial, por mucho que se anime a arriesgar su dinero, no publica de una autora desconocida ―seamos serios, me conocen en mi casa, cuatro amigos y dos lectores lejanos― un volumen de ochocientas páginas. Hay que ser coherente, como en la meditación, no frustrarse y ser humildes, no pensar que a mi hijo no lo toca nadie. ¿Me pongo a llorar? ¿Pienso que todas las editoriales están en mi contra? ¿Me frustro y despotrico en las redes? Pues no. Pasados los primeros minutos de pánico, porque no se sabe por dónde empezar, y sabiendo que mi editora me recomienda dejar la novela a la mitad (de 444 folios a 250 más o menos), me arremango y me pongo manos a la obra. Ya hemos quitado 80, y ¡escucha!, sin romper en absoluto la obra. Eso me demuestra que, si bien mis descripciones pueden ser todo lo inmersivas que yo quiera, es mucha tralla tanta palabra y que no tengo un ego tan desarrollado como para emperrarme en publicar el libro tal cual. Soy divina, pero en otra acepción.

¿Y sabes una cosa? Que estoy superorgullosa de poder quitar de mi novela esas páginas sin perder coherencia y sin sufrir, siendo consciente de que estoy haciendo lo adecuado y sin cabrearme por el tiempo que le he dedicado a unos folios que acaban en la papelera. Es un maravilloso ejercicio de humildad y, al final, si sabes aceptarlo, acaba siendo gratificante, sabes que va a valer la pena. Obviamente, la última palabra, en cuanto a si no han quedado agujeros en la trama, la tendrá mi lectora cero y, por supuesto, si ha quedado bien para publicar lo tendrá que decidir mi editora. Aunque las cosas no salieran bien, que saldrán, siempre habré aprendido una gran lección que, además, esta semana de relax y reflexión me ha reforzado. De nada sirve sufrir por adelantado ni a posteriori: acepta tu pasado, encara ilusionado tu futuro y, sobre todo, vive enfocado en el presente.

N. de A. Algunas fotos son mías y otras las he cogido prestadas del IG de La posada del té. No era mi idea ponerme a hacer fotos durante la ceremonia.

1 comentario en “La vida, un papel de arroz”

  1. Me gusta tu entrada.

    Básicamente resume que cuando te dicen algo regular o malo sobre tu novela has de sentarte a escuchar antes de despotricar.

    Lo normal es que sí quien te lo dice es normal, lo hace para que mejores

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