Me cuesta trabajo iniciar esta nueva temporada, no porque no sepa de qué escribir sino porque quiero hacerlo de temas que de verdad puedan ser atractivos. Esto es algo complejo porque en estos tiempos la gente como mucho aguanta, de media, cinco segundos visualizando un reel. Y esto no lo digo yo:
Si tu tiempo de visualización promedio se ubica entre 4 y 8 segundos, intentaría mantener la mayoría de tus reels por debajo de los 15/20 segundos. El tiempo de visualización es importante para el alcance de tus reels, así que si estás haciendo reels de 60 segundos y tu tiempo de visualización promedio es de 6 segundos, Instagram no está teniendo ese incentivo para impulsar tus videos. https://www.instagram.com/reel/C5EEDK2NmVW/
Por lo tanto, hace mucho que perdí la esperanza de que haya multitudes que visiten y lean mi blog. Entonces ¿por qué me molesto en tratar de escribir algo que interese al lector? Pues llámame loca, pero sé que todo lo que suba a internet queda per secula seculorum y, sinceramente, si puede ser algo medianamente sugerente y bien escrito lo prefiero. También, porque es una forma de no perder el hábito de redactar.
Después de unos años por estos lares, la cosa no tiene visos de mejorar en ningún aspecto. Cada día salen al mercado una media de 250 libros, según las estadísticas del Ministerio de Cultura para la fecha del 2022, por lo tanto, dos años después, imagino que esa estadística está obsoleta; creo haber visto que ya va por más de 350. ¿Qué he observado mientras me dedicaba a leer en silencio?, que la calidad de los libros, de editorial y autopublicados, en su gran mayoría, dejan mucho que desear. Estoy convencida de que para ganar esta carrera estadística han decidido suicidarse por saturación. Da igual quién haya publicado el libro. Todos tienen una cantidad ingente de faltas de ortografía; mala sintaxis; tramas confusas calcadas de autores anteriores, o copias de historias propias, donde lo único que las diferencia es el cambio de los nombres de los personajes y localizaciones. Como en el mundo hay pocas empresas, que copan el mercado del libro, pues es como Coca-Cola y Pepsi, ya da igual si son cancerígenas o no, total, es lo que hay.
Las editoriales tradicionales siguen porque no hay nadie que se atreva a toserles y las otras formas de publicar, con la excusa de que las hermanas mayores lo hacen mal, lo hacen peor. Para mejorar el escenario, el lector medio tiene un nivel cultural bajito, con lo que va a lecturas simplonas, de tramas previsibles, mal estructuradas, en las que hay pocos diálogos, porque si no la gente se pierde, y escasas descripciones, porque los lectores se aburren. Es algo que he leído en redes sociales, no es que me lo invente yo. Pero claro, antes rasgarse las vestiduras que reconocerlo.
Además, me da la sensación de que un tercer elemento en discordia son las plataformas audiovisuales, que necesitan material para sus parrillas y, al final, lo que hacen es coger a cualquier autor más o menos consagrado y hacer de su novela la serie, que rellene su programación durante unas semanas. Luego da igual si es buena o mala. Tampoco dan opciones a una segunda parte si no es rentable la primera y se le da pasaporte sin más explicaciones. Aunque la tendencia general son versionados que no tienen mucho que ver con la novela, cambiando incluso en final a su gusto. Este medio está fagocitando a autores que son moda durante unas temporadas gracias a una supuesta recua de fans, pero cuya trascendencia va a ser mínima. Aunque tampoco importa, porque esto tiene pinta de que va a reventar el día menos pensado. Pero no el mundo editorial, que ese tiene aguante hasta el infinito y más allá, si no el mundo en general, porque nos encontramos en una nueva época de decadencia parecida a la que sufrió el Imperio romano en su día.
No penséis que estoy en plan negativo o catastrofista, para nada. Solo me limito a plasmar lo que en las mismas redes se comenta, que hay mucha morralla en el mundo editorial y aumentando según pasa el tiempo. Se nota incluso en las mismas plataformas televisivas, en las que cada día encontramos más dificultad para ver una serie que de verdad sea original e interesante. Todo muy normal porque las unas se nutren de las otras y vivimos en época de inmediatez. Si no se tiene lo último de lo último ya no eres influencer.
Como remate, está la lucha de egos que a mí me gusta observar directamente desde la tribuna, comiendo palomitas. A lo mejor pensáis que soy una exagerada, pero eso mismo he visto con estos ojitos que hoy uso para contarlo. Evento literario importante a nivel local en el que se juntan autores para presentar sus nuevas obras y firmar ejemplares. Todo preparado: carteles lanzados, avisos en las redes para que cada cual acomode su horario al evento y, de repente, tocan a arrebato las campanas de una gran editorial ¿Cómo va a firmar nuestro autor reconocido a esta hora? Llamadita al concejal de cultura e imagino el tipo de conversación. Resultado final: a poco más de 24 horas inicio del evento se quita por parte del Ayuntamiento toda referencia a los horarios antiguos y se cambia a gusto de la editorial y su figura. Los demás autores se la tienen que envainar y aguantarse con el horario que se les ha vuelto a asignar. Si ya tenían cartelería y avisos en sus redes, pues es lo que hay. ¡A joderse!, que el ego y la fama de otros está por encima del respeto hacia los compañeros.
Hoy por hoy, todo esto que cuento está en las redes, no es algo que yo diga para rellenar. Un ejemplo de ese sentir ante las malas praxis lo encontramos en dos novelas que he leído estas semanas atrás. Ambas han formado revuelo entre los lectores y otros escritores, diciendo que muchas de las cosas que se cuentan son mentira. Yo os garantizo que no y que lo único que no dicen son los nombres y apellidos de muchos de los que están arrastrando el buen quehacer de autores y lectores que no se doblegan ante este tipo de actitudes. Hoy os comentaré una de las dos obras y la otra la dejaré para un poco más adelante.
Esta primera novela va más relacionada con las editoriales y la publicidad en redes sociales que con los lectores y escritores propiamente dichos, aunque también encontré entretenidas historias sobre autores que hacen lo imposible por destacar los unos sobre los otros, con lo que después de haber presenciado lo que te he contado con anterioridad, ya me lo creo todo.

El primer libro es el de la americana R. F. Kuang, Amarilla, y está principalmente dedicado todo lo que gira alrededor dela publicación de un libro, como ya he indicado. En él vemos la forma en la que la protagonista, una escritora de segunda fila, llega a ser famosa y reconocida. Aunque pueda parecer exagerada, que lo es, ya todo se desencadena a raíz de una muerte, ¿accidente, asesinato? De eso ya no os hago spoiler. Aunque, en el fondo, la pregunta que queda en el aire es ¿hasta dónde se puede llegar para alcanzar el éxito?
Nuestra protagonista robará una trama de otra autora, amiga suya, fallecida. La gente alegará que es ficción y le quitará importancia, pero eso mismo lo he vivido, sin ir muy lejos, en las carnes de otra compañera; eso sí, sin necesidad de una muerte de por medio. Todo fue por fiarse de una escritora, y amiga, que ejerce de lectora cero, sin haber registrado la obra. El resultado final fue el de encontrarse la novela plagiada. Ya el problema no es tanto el plagio, que, por supuesto, demuestra la poca vergüenza de la gente. Lo peor es que no vale la pena meterse en litigios ―todavía colea el de Cela con Planeta y una autora gallega― y al final es pérdida de tiempo. Esta gallega denunció al autor y a la editorial y, a estas alturas, sigue litigando el hijo y heredero de los derechos de su madre, porque ella ha muerto y Camilo, también. La historia de la novela La Cruz de San Andrés, premio Planeta, la puedes encontrar en internet. Si un plagio tan gordo a nivel nacional todavía está sin resolver, ¿quién va a hacer caso de una autora novel que se fía de quién se promociona como correctora y lectora cero?
La historia de la obra robada en Amarilla es el mero soporte de la crítica hacia este mundo editorial y la gente que lo rodea, que plasma con frases tan rotundas como:
Los premios en esta industria son una chorrada, y bastante arbitrarios. Son menos un indicativo de prestigio o de calidad literaria y más una muestra que has ganado un concurso de popularidad gracias al apoyo de un grupo muy reducido y sesgado de votantes.
Otras de las cosas de las que trata es del acoso que se sufre en las redes si destacas, eres diferente o no eres del agrado de una autora que acaba mandando a sus palmeros a hundirte vía hate. Os dejo alguna de las reflexiones que la misma autora pone en boca de su protagonista y que tienen su miga:
Las reputaciones en el mundo editorial se construyen y se destruyen constantemente en Internet.
Se hunde a la gente para conseguir tener un público, creamos nuestra propia autoridad moral.
Una vez que entras en el mundo editorial todo gira en torno a los celos profesionales…
Los lectores vuelcan sus propias expectativas no solo en la historia, sino también en tu opinión política, tu filosofía y en tu postura respecto a cualquier asunto ético, tu persona y no tu escritura pasan a convertirse en el producto: tu aspecto, tu genio…
Al final todo se reduce al ego. Si el mundo editorial está amañado, lo mejor que puedes es asegurarte de que este a tu favor.
Las redes sociales son un espacio diminuto y aislado. Una vez que te alejas de la pantalla a nadie le importa una mierda. (A esto añadiría que a nadie le importas una mierda, más que a tus verdaderos amigos, que estaban antes de que publicaras la primera vez).
Esta novela la recomiendo, sobre todo, para aquellos autores que se piensan que son el ombligo del mundo porque están en una gran editorial y van pisando a aquellos que empiezan. Incluso dedicada a todos los que empiezan o llevan un tiempo intentando darlo todo. para que no caigan en la tentación de estas malas prácticas que tanto se ven en las redes.
En cuanto a historia en sí, para mí se me ha hecho algo larga. Podría haber quitado algunos capítulos o haberla reducido, que hay maneras para ello; pero claro, todo depende del editor y, en este caso, la historia es yankee y el editor también. Cada cual con su cada quién. Aun así, se le puede sacar bastante jugo a la realidad literaria actual y más si en otra entrada os complemento la historia con la que nos narra Pussie Lánime en su trabajo Proyecto PLAS. Una obra que ya saltó a las redes de mala manera, puesto que como la autora o autor es anónimo pronto comenzaron las elucubraciones de quién estaba detrás de esa crítica, iniciándose una caza de brujas y señalando a autores que no son los dueños del seudónimo; pero, que si lo fueran, ¿por qué hay tanto miedo a lo que se pueda contar en una novela? No se dicen nombres. Al final es lo que decía mi abuela: al que le pica, ajos come.
Muy buen artículo, Gaby
Lo cierto es que no desvelas nada erróneo. El mundo editorial se queja de los otros medios de publicación porque dicen que hay poca calidad y engaño. No digo que no sea cierto.
Sin embargo, cuando envías un manuscrito a una editorial bastante reconocida ¿por qué preguntan en el formulario a adjuntar, cuáles son tus redes, número de seguidores y cómo te mueves por ellas?
Me pregunto si, dependiendo de esas contestaciones, leerán con más o menos ganas el manuscrito. Me pregunto también si prevalecerá tu popularidad a tu calidad literaria.
Me alegra verte de nuevo por aquí.
Te sigo leyendo
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Las editoriales se quejan pero ellas mismas han bajado el listón. Tanto a nivel historias, que son repetitivas, como con respecto a las estructuras, que las dejan con las historias confusas o a medias y sobre todo dejan mucho que desear en sintaxis. Es como si esperaran que los autores mandaran ya los manuscritos editados. También sospecho que hoy en día quieren curarse en salud sobre nuestra capacidad de movernos en redes. O creas la expectación que supieron crear con Carmen Mola o hay que saber manejarse en este mundo del marketing. Para mí, quitando honrosas excepciones, que he visto e imagino que habrá más, el mundo editorial y el autopublicado se están acercando mucho y no en competir por calidad y originalidad precisamente. Ambos, en aras de sacar dinero y estar en el candelero, los veo quemar autores como si del tren de los hermanos Marx se tratara.
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