Opinión

No reseño, recomiendo.

Una de las cosas que me gusta de mi faceta como escritora es la de lectora crítica. Además, me encanta también recomendar las lecturas que hago de los trabajos de otros compañeros del gremio. Esta actividad, en la que recomiendo lecturas en mis redes sociales, es algo que me propuse desde el momento en el que empecé a conocer más a fondo este mundillo de los autores independientes. Desde un primer momento mi idea, por un lado, fue aprender con la  lectura de  otros escritores y, por supuesto, recomendar a los lectores aquellos trabajos que más me han llamado la atención por una trama bien llevada, una buena documentación, sintaxis y ortografía correcta, con un tratamiento adecuado de los personajes, una línea temporal bien organizada, con descripciones en su justa medida, buena documentación y sin anacronismos. Esos son los puntos en los que me fijo, en teoría, a la hora de recomendar una novela a otros lectores, porque antes que escritora, ya era una devoradora de libros. Ahora mismo, el único alimento que mi cerebro necesita para mantenerse activo es una buena lectura.

¿Por qué digo en teoría? Porque si estuviera contratada por una revista literaria así sería como plasmaría mi reseña que incluso podría llegar a ser una crítica. Pero como no es el caso, lo que en realidad hago es recomendar y por eso prefiero hacerlo de una forma sencilla que anime a otros lectores a leer ese libro que tanto ha llamado mi atención. La idea no es profesionalizarme, sería una locura y no estoy cualificada, sino expresar de una forma sencilla el porqué un libro me llama la atención y me gustaría que otras personas lo leyeran. Para ser más profunda existe la formación de crítico literario y no tengo en mente dedicarme a ello.

He visto aquí y allá personas en las redes sociales, que hace unas indicaciones para recomendar libros que parece que todo el mundo es crítico de la guía Michelin cuando lo más sencillo es decir el libro me ha gustado por dos o tres razones sencillas y comprensibles para el común de los mortales, ya que el 80% de los lectores que nos acercamos a una novela no pedimos más. Solo tenemos interés en que nos den dos o tres pinceladas, no que nos cuenten todos los pormenores de la historia desmembrando y pormenorizando e, incluso, destripando con spoiler toda la trama. No es necesario.

Siempre hay que tener en cuenta que una reseña, una crítica y una recomendación son tres cosas distintas y está claramente explicado en muchas páginas sobre técnicas de crítica literaria, por lo tanto no es una cosa que yo diga. Voy a intentar buscar la definición de los términos de una forma sencilla para que entendáis que es lo que yo hago:

  • La reseña es un género de opinión sobre una obra de arte o un producto cultural, con la finalidad de orientar a los consumidores. Y va orientada al público en general.
  • La crítica es un género periodístico a cargo de profesionales dedicados a distintos temas culturales. Es un análisis especializado de una obra y su relevancia histórica o estilística. Y va a un público minoritario y especializado, ya que suelen ser más densas.
  • La recomendación de libros es un comportamiento propio de lectores experimentados, que requiere del contacto frecuente con los libros, de un conocimiento de las preferencias personales en torno a la lectura y de un deseo de compartir vivencias relacionadas con la práctica de la lectura

Mi caso, y de la gran mayoría de la gente que publica comentarios sobre libros en las redes, sería un híbrido entre reseña y una crítica, algo muy personal, que da lugar a una recomendación, que, seamos serios, es lo que en realidad la gente quiere. A los lectores, como a mí, les interesa que alguien que haya leído a un autor, les indique si vale la pena gastar su tiempo y dinero en la lectura de un libro. Pero explicado de una forma clara y concisa, casi en los 240 caracteres a los que nos hemos acostumbrado en las redes sociales y poco más. No hay que hacer un ensayo, para eso dejo a la gran autora Espido Freire, y es suficiente con expresar, con unas breves pinceladas, el porqué un libro nos ha llegado tanto que queremos que otras personas disfruten como nosotros. Y si no nos ha llegado no hace falta recomendarlo, es mejor dejar la opinión, que hay tantas como culos, en estos casos guardada para una mejor ocasión porque, a no ser que ya te metas en profundidades, mejor que sea el tiempo el que nos dé la razón de si un libro en realidad no vale la pena recomendarlo. Hay tantos lectores como libros y no todo el mundo es exigente a la hora de leer una novela, por lo que no vale la pena ganarse inquina por una tontería como el poner que un libro es malísimo si no se fundamenta a fondo y no se es crítico literario.

Y como hoy va de recomendar lo hago con el ensayo de Espido Freire titulado Tras los pasos de Jane Austen, donde la autora española nos desgrana la vida de otra gran escritora de todos los tiempos, acercándonos a una mujer adelantada a su tiempo, en una mezcla entre ensayo y libro de viaje para hacer una lectura diferente de la novelista británica.

Opinión

La autocensura y la crítica demoledora: Asesinos anónimos en las redes.

—Ha sido el sargento Casas y el traductor Mirko, cerca de Mostar. El vehículo ha caído por un terraplén. —Venía como si el accidente lo hubiera tenido también él—, hemos estado ayudando a recuperar los cuerpos.

Sacó un paquete de tabaco y me ofreció un cigarrillo que cogí al tiento, por la penumbra que nos rodeaba, y traté de encender pero el pulso me temblaba. Dragan encendió el suyo y, mirándome a los ojos, dio una profunda calada que, al expulsar el humo, la sentí como un suspiro. Se quitó el cigarro  de los labios y me lo ofreció para intercambiarlo con el mío porque yo no era capaz de atinar para encenderlo y él lo hizo por mí.

(fragmento de una próxima novela de Gaby Taylor)

Y vuelvo a la carga con el tema de la censura a colación de un artículo que he leído esta semana escrito por académico Darío Villanueva ante la publicación de su nuevo trabajo titulado ‘Morderse la lengua’, donde realiza un documentado alegato contra la corrección política y la posverdad, “los síntomas de nuestro tiempo” y en él me encuentro el comentario y cito textualmente: “Hay filólogos que me han comentado que las últimas ediciones de algunas novelas de escritores vivos tienen una diferencia muy llamativa respecto a versiones anteriores: los personajes ya no fuman. Es caricaturesco, o anecdótico, pero es representativo de lo que estamos diciendo: el propio escritor, sin que nadie le obligue, se da cuenta de que la fumarreta no es políticamente correcta. Y les quitan el tabaco a sus personajes. Y no pasa nada”. 

Me he dado cuenta de que incluso yo he llegado a pensar si debería de mantener el hábito de fumar en los mis personajes, o es algo que debería de evitar. Y cuando mi parte del cerebro que es el analista y lógico me abofetea, comprendo la idiotez de mi postulado, pero también me he dado cuenta de hasta donde influye en la actualidad, ese miedo a las redes sociales que te montan un escrache y acaban hundiendo el trabajo de un escritor por algo, que para empezar, es ficción y después no es ilegal (de momento).

Ya me causa bastante sorpresa que en las bases de un premio, al que se presentan muchos autores independientes, se censure cierto tipo de novelas, que luego vende a espuertas en su tienda online, entre las que se encuentran las mías que son romántico-eróticas. Por lo tanto como para encima fustigarme con una autocensura, me niego. Y por eso no me presento a ese tipo de premios que censuran algunos géneros en sus bases. Si soy independiente, lo soy con todas sus consecuencias. Y aquí añado que es mi opinión y que ancha es Castilla para el resto de autores, faltaría más.

Desde luego esa acción la comento desde el mero aspecto informativo para demostrar como, a fin de cuentas, al final la censura existe. Lo malo que no es como la de antes, que sabías exactamente que era lo que no se debía de publicar y, aún así, los buenos escritores eran capaces de, hilando muy fino, al igual que los directores de cine, bordear esa censura y llegar a decir más de lo que en un momento ese autor hubiera dicho sin mediar ese veto. El problema que veo ahora es que no existe una clara línea de lo que es políticamente o no correcto y apelamos a una falsa libertad de expresión, cuando todos sabemos que dependemos del poder de unas anónimas RRSS donde, personas escondidas detrás de sus teclados, pueden echar por tierra el trabajo de años de autores por una mal entendida retroactividad. Así acabará llegando el caso de que Humphrey Bogart tendrá que dejar de fumar si se emite de nuevo “Casablanca”.

A la conclusión que llego es que, si se está luchando por ser escritor independiente y no estar bajo el mal llamado a veces yugo de las editoriales tradicionales, y luego nos vamos a dejar comer el terreno por el lector anónimo agazapado en las redes sociales. ¿Dónde está en realidad nuestra independencia? Es algo a lo que le he estado dando vueltas y ya que me meto en este charco de publicar novelas invirtiendo en un proyecto, debo de mantener una rentabilidad para que ese charco me compense, pero no una rentabilidad al gusto de lectores anónimos o de convocatorias donde las bases no se ajusten a mi propio estilo de escritura, si no a mi propio gusto porque si no ¿para qué estamos aquí? ¿Para darle gusto a la gente o a nosotros mismos?

Y junto con la censura tenemos el ataque gratuito y personal al escritor porque hay quién no tiene argumentos para hacer una auténtica crítica, como el caso que le ha ocurrido a Eva García Sáenz de Urturi, premio Planeta 2020, a la que la han calificado en varios artículos y ataques como: “Golfa, tipeja, inmadura y ama de casa”. A lo que ella contesta en la página de Zenda libros y que recomiendo su lectura. Lo que podría ser un buen año para disfrutar de su merecido premio se está convirtiendo seguramente en una época en la que no le apetecerá prodigarse mucho en las redes visto lo visto. Y no me vale esa frase de que con lo que se lleva de premio, que también he oído por ahí. No señoras y señores, el insulto tan utilizado en España por pura envidia es de hacérselo consultar a especialistas que tratan de esos temas.

En resumen, si hoy en día, sacar adelante un proyecto literario supone un gran esfuerzo de tiempo y dinero, para encima tener que luchar a brazo partido contra personas ocultas en las redes, vamos apañados. Anónimos que están a la espera de ver si tienen su minuto de gloria gracias a la censura y campañas de acoso y derribo ante la falta, supongo, de otras expectativas en sus vidas. Me gustaría que muchas de esas personas reflexionaran porque, aunque sea de forma humilde, el 80% de los escritores independientes generan riqueza y trabajo, ya que tras ellos hay pequeños equipos de profesionales que se ganan la vida corrigiendo, editando, maquetando y diseñando portadas, además de imprentas y personal que distribuye nuestros trabajos. Y si alguien tiene una queja o una crítica, que por lo menos se pare a pensar el daño que puede llegar a hacer y si siente que lo que un autor escribe no es de su gusto, no hace falta que lo censure y lo hunda en las redes, que se busque otro escritor que sea de su agrado y que deje vivir al resto de personas que se ganan la vida, o lo intentan, con una forma de trabajar tan digna como seguramente será la del crítico-censor. Y si de verdad quiere ayudar con una crítica, que sea constructiva.