sentimientos

Y vamos con una de fragmentos

Hoy me apetece compartir aquellas frases o fragmentos de mis novelas publicadas o incluso inéditas y que he utilizado para promocionar mi trabajo.

El mundo se hunde a tus pies pero, aún así, luchas por mantenerte cuerdo.

El amor es como el cristal: si no se limpia se empaña, si no se cuida se quiebra.

El valor de las cosas no está en el tiempo que duran si no en la intensidad con la que se viven.

Cuando perdemos la ilusión en la magia, en cualquier magia, nos hacemos viejos.

¿De dónde sacaban estos hombres esas miradas que prendían fuego hasta en la yesca húmeda?

Controlar ese deseo de saber me estrujaba la vida.

Me provoca el temblor de tu cuerpo al rozar mis labios tu piel.

—Cada noche he dormido sintiendo el roce de tus dedos en mi piel —dijo en un susurro
Durante un breve lapso de tiempo, el impacto de sus palabras ralentizó el latido de mi corazón. Los segundos pasaron sin tener conciencia de ello. Todo quedó en suspenso. Esas pocas palabras congelaron la totalidad de mi ser y tuve que hacer un gran esfuerzo para que mi reloj interno volviera a mandar en el palpitar de mi cuerpo. 

Ahora que nos hemos encontrado no puedo dejarte. Eres el poco oxígeno que respiro en este ambiente enrarecido.

Las libélulas que habitan en mi mente jamás dejarán en paz a las mariposas de mi corazón.

...nunca fuiste totalmente mía y no puedo ser egoísta porque al final perderíamos todo lo bueno que hemos disfrutado, ahogado por nuestras frustraciones. Te amo y te amaré en un rincón de mi corazón que solo será tuyo y mío para la eternidad. Ahora, yo me quedo con tu llave y la mía para cerrar la puerta que abrimos hace años. Te veo partir sin remordimientos, sin dolor, totalmente en paz porque sé que estás con quién también te ama como yo y al que tú amas plenamente.

De este mundo me enamoré hace mucho tiempo y ahora tengo que volver para buscar ese espíritu que se quedó escondido en la viña.

Que la tierra dé frutos puede ser casi casual, obra de la naturaleza, sin necesidad de la intervención del hombre. Pero que ese fruto de lugar a un buen pan, vino, aceite y vinagre, supone alquimia, corazón y coraje. Darle algo más que vida: es darle un alma.

Y este es un fragmento de una narración de fantasía, inédita todavía, y que fue lo primero que empecé a escribir hace ya años en un reto en el que me metieron unos amigos para ver si era capaz de escribir una novela entera, cosa que hice, y ahí está a la espera de que decida que hacer con ella.

Kenshi se quedó  plantado en medio del silencioso recinto donde solo oyó los latidos del corazón de la mujer con su fino oído. También captó su olor, suave, dulce, podría decir que hasta caliente. En ese momento estaba paralizado pero sabía que tenía que acercarse y lo hizo despacio. Ella parecía en realidad dormida porque tenía mucho  mejor aspecto que cuando la dejó en ese mismo lugar la noche anterior. Ahora su color era menos pálido, los labios tenían un tono rojo suave, y ya no se le marcaban las ojeras. Su larga  melena negra, que le enmarcaba la cara, la tenía recogida a un lado. Mientras la miraba, nueva oleada de su olor le golpeó, resultándole más atrayente y concentrado, por lo que sus fosas nasales se abrieron para recoger todos los matices que le envolvieron. Era un aroma conocido que le estaba volviendo loco porque no sabía dónde lo había percibido antes.

Avanzó unos pasos más y se colocó a su lado. Levantó la mano pero no supo cómo proceder porque desconocía su nombre y no podía llamarla. Por lo menos, en el cuento de la bella durmiente, el príncipe sabía qué hacer y esa idea le empujó a actuar de manera instintiva porque ese olor lo estaba mareando.

Se inclinó sobre ella y la respiración de ambos se mezcló. Pudo observar que sus parpados no se movían y entonces sin poder evitarlo ni querer hacerlo, su mano rozó el brazo de ella y fue subiendo por el hombro hacía su cuello y rostro. Era la única parte del cuerpo de la mujer que estaba visible. Kenshi supuso que debajo de la sábana lo que encontraría sería solo su piel,  pero prefería no tener que pensarlo. No podía pronunciar palabra, sólo sentir su suavidad en los dedos y la palpitación de su corazón en la vena al pasar por el cuello, además de ese olor que era como un eco y que le estaba produciendo una sensación de vacío, de caer en algo desconocido pero buscado.

Cerró los ojos y, antes de volver a abrirlos, sintió los labios de ella sobre los suyos. Trató de ponerse a la defensiva pero, al mismo tiempo, se dejó llevar y al abrirlos se encontró con los de ella, negros y profundos, pero no pudo separarse de la mujer, ella lo había agarrado por el pelo y sus dedos recorrían desde la nuca a la espalda, atrayendo. Entre los dos solo estaba el fino tejido de la sábana con la que ella estaba cubierta. Kenshi quería defenderse porque su cerebro humano sabía que todo lo que estaba ocurriendo lo estaba viendo el rector y posiblemente la doctora pero su parte animal le pedía más, le pedía conocer de nuevo a ese cuerpo que le resultaba tan familiar. Cuando las piernas de ella se enroscaron en su cintura, su cuerpo empezó a sentir un dolor que hacía tiempo que tenía dormido. Sus manos recorriendo la espalda de la mujer y cuando alcanzó su nuca con suavidad le echó la cabeza hacía atrás besando esa vena que palpitaba al ritmo que le marcaba el corazón.

De repente ella se separó, lo miró a los ojos y pareció esperar una palabra. Sus cuerpos seguían tensos y los latidos de los dos estaban al mismo compás.

—¿No sabes quién soy, verdad? —la pregunta tuvo un tono de sorpresa y dolor.

—No —contestó Keshi sin saber que más añadir pero con el cuerpo muy dolorido y la mente buscando un nombre, un maldito nombre.

Hasta aquí llego hoy aunque podría escribir muchos más pero creo que, para no aburrir, con este pequeño muestrario os haréis un poco a la idea de mi trabajo. De todos modos lo mas seguro es que, en otro momento, añada otra entrada con un contenido parecido para ir descubriendo pinceladas de mi trabajo.

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