Opinión

La vida a golpe de frases célebres

Para poneros en antecedentes, esta entrada la escribí hace unos 7 años cuando comencé con mi anterior blog a moverme dentro de las redes de forma más activa. Y como soy una persona muy curiosa, siempre he analizado todo lo que llega a mis manos de una forma u otra y es mi costumbre buscar a todo explicación. Porque cualquier acción humana tiene una reacción pero, también, tiene un antecedente que la explica, aunque esta acción esté realizada de manera inconsciente. Y son esas acciones, que a veces realizamos de manera inconsciente, las que más dicen al mundo sobre nosotros. Pero siempre y cuando, quién observe ese hecho, tenga el conocimiento para descifrarlas.

Una de las primeras cosas que llamaron mi atención es el uso que hace la gente de los muros de Facebook y, que muchas veces, identifico como llamadas de atención que dicen más de lo el dueño del muro desearía. Algo para lo que el resto somos meros espectadores. Creo que la mayoría de los que somos usuarios de las redes sociales reconocemos que, entrar en este mundo es abrir una puerta a la intimidad aunque mucha gente piense que esa puerta son resquicios, pero por ellos también se escapa de nuestras manos retazos de nuestra vida. Aquí os dejo mi reflexión de años atrás.

Gaby Taylor

Desde que tenemos Facebook y otras RRSS, se ha puesto de moda eso de ir copiando frases anónimas o atribuidas a famosos y publicarlas en los muro sin pensar, en profundidad, en lo qué en realidad estamos compartiendo. Y no sé si porque este mes estoy más sensible o guerrera de lo normal, que me fijo en esos detalles y les saco más punta de lo habitual.

Para empezar, la mayoría de las personas ni se molestan en ir a la fuente e investigar si el personaje al que se le atribuye la frase es realmente quien la pronunció o no. Está tan de moda Pablo Coelho que, sin haberme hecho nada el hombre, va a llegar un punto que ni ganas me van a dar de leer sus obras. El mundo del Facebook pilla de cualquier lugar una frase atribuida a este autor y seguramente el 90% de quién publica ni sabe de donde es Pablo Coelho ni cuáles son sus méritos ni su obra. Pero… queda tan bonito.

Esta semana me han impactado varias frases. Una de ellas fue: “Mi conciencia tiene para mí más peso que la opinión de todo el mundo” atribuible a Cicerón. Unas palabras interesantes, pero, ¿de qué contexto estaba sacada la frase? Y, ¿era de Cicerón?. Una oración de ese tipo, sacada y pegada de cualquier manera, es como la masa de chicle, la podemos amoldar a nuestra situación y a nuestro gusto, pero eso no significa que tengamos razón. Esa frase pudo decirla un genocida cuando tomó la decisión de la “solución final” en la que por su “conciencia” pensó que le sobran al mundo millones de personas y por ello hubo que que matarlas. En este caso la conciencia a la que se agarró y que provocó la muerte de inocentes, tuvo también mas meso que la opinión de los demás ¿es en este caso igual de válido ese criterio guiado por esa conciencia? Creo que más bien puede depender de donde tengas la conciencia, en este caso se puede tener a la altura del ombligo por decir un sitio, o carecer de ella que entonces la frase sobra.

Otra frase que también me ha impactado ha sido la de “Quién te hace daño es quien al final te necesita” que es prima hermana de la “quien bien te quiere te hará llorar”. Siendo sincera, prefiero que me necesite o me quiera menos. No tengo madera de heroína. Es como el ejemplo del que se está ahogando y llega alguien y por salvarlo se ahoga también. Para salvar a alguien primero y fundamental es que quiera salvarse. Hay quien pide que lo socorran, pero en realidad no quieren que los salven, porque eso presupone que tiene que modificar unos hábitos y actitudes que no está dispuesto a cambiar, por lo tanto es una causa perdida. No todo el mundo está cualificado para salvar, ni es de recibo recibir daño a cambio de hacerlo. Pero la frase es tan «cuqui» que se comparte sin realidad haberla analizado en profundidad.

La anterior frase ahora me es muy útil porque me recuerda como en la actualidad huyo de aquellas narraciones en las que se justifican hechos casi delictivos con la explicación de que se hizo por amor, o con la máxima de que el amor si es verdadero siempre triunfa. Esos amores tan «apretaos» no me van, por mucho que sea literatura de ficción.

Gaby Taylor

Otro ejemplo es aquel en el que leemos algo del estilo: “Si unos me quieren por como soy y a otros no les gusto por el mismo motivo, ¿para qué preocuparme? Así soy y a mí me gusta”. Pues debería la gente de hacérselo mirar, porque oye, si resulta que estás satisfecho, pues genial, pero las personas que ponen esas cosas en Facebook normalmente no estás satisfechos con la vida que llevan y, con su actitud y forma de ser, puede que la vida les traiga muchos más problemas que alegrías. Tal vez deberían de dejar de disfrutar tanto con su ombligo. No se puede estar machacando al entorno con “yo soy como soy y el resto que se fastidie”, porque eso es puro y duro egoísmo. Esto da lugar a que se vayan dejando cadáveres por el camino, y al final acabarás siendo un futuro cadáver. Hay que tener consideración hacia tu propia persona y sobre todo hacia tu entorno. No se puede ir por la vida metiendo la pata y luego pensando que por ser como eres todo el mundo te tiene que reír la gracia por que “tú lo vales”.

Que reflexionando, obviamente, cada uno puede poner lo que quiera en su Facebook, pero lo que me llama la atención es que cientos de personas que ponen esas frases (no todas por supuesto) son aquellas que parece que la única manera de expresar su disconformidad frente al mundo, es aprovecharse de la idea de otro individuo. Es una forma de «arrimar el ascua a su sardina» cuando lo más probable que no sepa de la misa la media, sobre la intención real del autor de la frase a la hora de expresarla.

Para tener un final feliz y poniendo una pica en Flandes, puedo decir que hay frases que sí son acordes a la realidad, como aquella que nos recuerda: “Para que una relación funcione ya sea amistad, amor o familia, el RESPETO debe ser lo primero a tener en cuanta». Y, para mí, ese RESPETO, debe ser tanto hacia ti mismo, como hacia tus relaciones personales Porque, si no te quieres a ti mismo, ¿cómo vas a querer a quien te rodea?

Estas son unas breves pinceladas de algunas de impresiones que un día, hace ya bastante tiempo, escribí. Como dije casi al final de mi entrada, es obvio que cada persona puede escribir en su muro lo que quiera. Aunque a veces pensamos que, al no poner imágenes privadas, guardamos nuestra privacidad y no nos damos cuenta que, muchas veces, esa privacidad es descubierta por palabras que creemos que no tienen importancia, pero que descubren más que nosotros que una imagen. No siempre se cumple la máxima de que una imagen vale mas que mil palabras, a veces, una cita desvela mucho más de lo que pensamos.

Gaby Taylor
sentimientos

Y vamos con una de fragmentos

Hoy me apetece compartir aquellas frases o fragmentos de mis novelas publicadas o incluso inéditas y que he utilizado para promocionar mi trabajo.

El mundo se hunde a tus pies pero, aún así, luchas por mantenerte cuerdo.

El amor es como el cristal: si no se limpia se empaña, si no se cuida se quiebra.

El valor de las cosas no está en el tiempo que duran si no en la intensidad con la que se viven.

Cuando perdemos la ilusión en la magia, en cualquier magia, nos hacemos viejos.

¿De dónde sacaban estos hombres esas miradas que prendían fuego hasta en la yesca húmeda?

Controlar ese deseo de saber me estrujaba la vida.

Me provoca el temblor de tu cuerpo al rozar mis labios tu piel.

—Cada noche he dormido sintiendo el roce de tus dedos en mi piel —dijo en un susurro
Durante un breve lapso de tiempo, el impacto de sus palabras ralentizó el latido de mi corazón. Los segundos pasaron sin tener conciencia de ello. Todo quedó en suspenso. Esas pocas palabras congelaron la totalidad de mi ser y tuve que hacer un gran esfuerzo para que mi reloj interno volviera a mandar en el palpitar de mi cuerpo. 

Ahora que nos hemos encontrado no puedo dejarte. Eres el poco oxígeno que respiro en este ambiente enrarecido.

Las libélulas que habitan en mi mente jamás dejarán en paz a las mariposas de mi corazón.

...nunca fuiste totalmente mía y no puedo ser egoísta porque al final perderíamos todo lo bueno que hemos disfrutado, ahogado por nuestras frustraciones. Te amo y te amaré en un rincón de mi corazón que solo será tuyo y mío para la eternidad. Ahora, yo me quedo con tu llave y la mía para cerrar la puerta que abrimos hace años. Te veo partir sin remordimientos, sin dolor, totalmente en paz porque sé que estás con quién también te ama como yo y al que tú amas plenamente.

De este mundo me enamoré hace mucho tiempo y ahora tengo que volver para buscar ese espíritu que se quedó escondido en la viña.

Que la tierra dé frutos puede ser casi casual, obra de la naturaleza, sin necesidad de la intervención del hombre. Pero que ese fruto de lugar a un buen pan, vino, aceite y vinagre, supone alquimia, corazón y coraje. Darle algo más que vida: es darle un alma.

Y este es un fragmento de una narración de fantasía, inédita todavía, y que fue lo primero que empecé a escribir hace ya años en un reto en el que me metieron unos amigos para ver si era capaz de escribir una novela entera, cosa que hice, y ahí está a la espera de que decida que hacer con ella.

Kenshi se quedó  plantado en medio del silencioso recinto donde solo oyó los latidos del corazón de la mujer con su fino oído. También captó su olor, suave, dulce, podría decir que hasta caliente. En ese momento estaba paralizado pero sabía que tenía que acercarse y lo hizo despacio. Ella parecía en realidad dormida porque tenía mucho  mejor aspecto que cuando la dejó en ese mismo lugar la noche anterior. Ahora su color era menos pálido, los labios tenían un tono rojo suave, y ya no se le marcaban las ojeras. Su larga  melena negra, que le enmarcaba la cara, la tenía recogida a un lado. Mientras la miraba, nueva oleada de su olor le golpeó, resultándole más atrayente y concentrado, por lo que sus fosas nasales se abrieron para recoger todos los matices que le envolvieron. Era un aroma conocido que le estaba volviendo loco porque no sabía dónde lo había percibido antes.

Avanzó unos pasos más y se colocó a su lado. Levantó la mano pero no supo cómo proceder porque desconocía su nombre y no podía llamarla. Por lo menos, en el cuento de la bella durmiente, el príncipe sabía qué hacer y esa idea le empujó a actuar de manera instintiva porque ese olor lo estaba mareando.

Se inclinó sobre ella y la respiración de ambos se mezcló. Pudo observar que sus parpados no se movían y entonces sin poder evitarlo ni querer hacerlo, su mano rozó el brazo de ella y fue subiendo por el hombro hacía su cuello y rostro. Era la única parte del cuerpo de la mujer que estaba visible. Kenshi supuso que debajo de la sábana lo que encontraría sería solo su piel,  pero prefería no tener que pensarlo. No podía pronunciar palabra, sólo sentir su suavidad en los dedos y la palpitación de su corazón en la vena al pasar por el cuello, además de ese olor que era como un eco y que le estaba produciendo una sensación de vacío, de caer en algo desconocido pero buscado.

Cerró los ojos y, antes de volver a abrirlos, sintió los labios de ella sobre los suyos. Trató de ponerse a la defensiva pero, al mismo tiempo, se dejó llevar y al abrirlos se encontró con los de ella, negros y profundos, pero no pudo separarse de la mujer, ella lo había agarrado por el pelo y sus dedos recorrían desde la nuca a la espalda, atrayendo. Entre los dos solo estaba el fino tejido de la sábana con la que ella estaba cubierta. Kenshi quería defenderse porque su cerebro humano sabía que todo lo que estaba ocurriendo lo estaba viendo el rector y posiblemente la doctora pero su parte animal le pedía más, le pedía conocer de nuevo a ese cuerpo que le resultaba tan familiar. Cuando las piernas de ella se enroscaron en su cintura, su cuerpo empezó a sentir un dolor que hacía tiempo que tenía dormido. Sus manos recorriendo la espalda de la mujer y cuando alcanzó su nuca con suavidad le echó la cabeza hacía atrás besando esa vena que palpitaba al ritmo que le marcaba el corazón.

De repente ella se separó, lo miró a los ojos y pareció esperar una palabra. Sus cuerpos seguían tensos y los latidos de los dos estaban al mismo compás.

—¿No sabes quién soy, verdad? —la pregunta tuvo un tono de sorpresa y dolor.

—No —contestó Keshi sin saber que más añadir pero con el cuerpo muy dolorido y la mente buscando un nombre, un maldito nombre.

Hasta aquí llego hoy aunque podría escribir muchos más pero creo que, para no aburrir, con este pequeño muestrario os haréis un poco a la idea de mi trabajo. De todos modos lo mas seguro es que, en otro momento, añada otra entrada con un contenido parecido para ir descubriendo pinceladas de mi trabajo.