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La intencionalidad de las palabras

La pluma es más poderosa que la espada

Edward Bulwer-Lytton

Esta semana he participado como oyente en la entrevista que nuestra compañera Nuria Colomina https://www.instagram.com/nuriacolominagomis/?hl=es le ha realizado al también compañero Héctor H. López https://www.instagram.com/hectorh.lopez/?hl=es. De lo que se habló lo resumiría en el título que encabeza la entrada, aunque ya sabes que una vez empezada la conversación, los derroteros que tomó la entrevista, les llevó a tocar temas muy variados.

Dejo el enlace porque creo que vale la pena oir a ambos escritores:

https://www.instagram.com/p/Cxd2GSRLxdT/?hl=es

Ahora vamos a ir al asunto que hoy me traigo entre manos. Es sabido, que para desarrollar adecuadamente cualquier oficio, se necesitan una serie de herramientas que faciliten la tarea. Eso mismo ocurre con la escritura. Pese a que muchas veces se idealiza la labor del escritor, este, en realidad, acomete un trabajo que, al igual que un carpintero, cirujano o cocinero, necesita de una serie de instrumentos que, la mayor parte de las veces, destacan por su precisión. Muchos de ellos son conocidos y otros han venido a engrosar el número de los que ya manejaba. En en caso del escritor va desde un simple bolígrafo y papel hasta aplicaciones como:

Pero no os dejéis engañar, porque, al final, todo eso es inútil si no conoces a fondo tu oficio y, por ende, tu herramienta principal: las palabras.

Unas herramientas fundamentales (entre otras muchas): verbos y sinónimos

Supongo que a estas alturas de la película, si eres buen lector y además tienes el gusanillo de la escritura, por lo que has entrado en ese mundo de narrador de historias, sabes que muchas palabras tienen intencionalidad. En algunos casos, va a depender del contexto en el que se incluyan y, en otros, el que ellas tengan esa característica de forma intrínseca. Eso hace que haya que hilar muy fino a la hora de utilizarlas, sobre todo en el caso de los sinónimos. No podemos meter las palabras en un cubilete, agitarlo y soltarlas de cualquier manera en nuestros escritos. Y si lo hacemos, porque nuestra manera de escribir es soltar todo lo que llevamos dentro como es mi caso, luego debemos de repasar todo el manuscrito con un corrector de mesa, porque nuestro cerebro tiende a saltarse ese tipo de cuestiones a la hora de la lectura. No somos conscientes de que un término tiene un significado y que, a veces, no casan ambas realidades: lo que queremos expresar y lo que al final acaba expresandose. No todo vale.

Ese tipo de problema lo vemos, y lo he sufrido, en el uso de sinónimos y verbos y a veces ralentiza mucho la corrección, pues tienes que volverte loco buscando ese vocablo que nos dé el matiz adecuado a la frase o al párrafo.

Hay que darle muchas vueltas antes de aceptarlo como bueno. Incluso es ideal, cuando estás con el editor de mesa, que aquí no vale que sea solo un lector cero, que si te pregunta cuál es la intención de ese fragmento, le expliques con detalle qué es lo que en realidad quieres decir, pues no todo significa lo mismo. Un ejemplo de ello lo tenemos en esta sencilla frase: “Era un día oscuro”, si lo pensamos con detenimiento sabemos que podría significar más de una cosa. Podría significar que el cielo estaba nublado o que el estado de ánimo de la persona era sombrío y deprimido. Pero eso solo lo sabe el escritor y en todo caso su editor si están puliendo el texto mano a mano.

Como ayuda, en el caso de los sinónimos e incluso verbos, os voy a recomendar una lista de diccionarios que os pueden venir muy bien a la hora de poneros a escribir vuestros textos:

  •  http://tesauros.mecd.es/tesauros/tesauros es otra herramienta de referencia interactiva que no solo proporciona sinónimos y otras palabras relacionadas, sino que también las clasifica según su complejidad y longitud, y si la palabra se usa de manera formal o informal. Si estás trabajando en una novela en la que se usan muchos términos agrícolas o de arte, este tipo de diccionarios puede ser imprescindible. Son un tesoro, como bien indica su nombre.
  • Synonims.net proporciona sinónimos, antónimos, definiciones e incluso la traducción de la palabra a varios otros idiomas. Aunque la página en origen vienen en inglés, el traductor de nuestros ordenadores o móviles la pasaría inmediatamente al idioma selecionado.
  • El Diccionario Reverso no solo proporciona sinónimos, sino también traducciones de una palabra en otros idiomas. También en su origen lo abriremos en inglés pero tiene la opción en una pestaña en la parte superior derecha de modificar el idioma del usuario.

También Reverso tiene opciones para registrarse grátis y, así, tendrás la oportunidad de guardar tu historial y tus sinónimos favoritos.

Como ves, hay bastantes opciones a la mano y otras muchas más, que irás descubriendo, si de verdad tienes curiosidad. El que repite palabras es porque no tiene interés en mejorar la calidad de sus textos.

Por supuesto tenemos nuestros diccionarios habituales como son:

  • Fundeu: Su labor es la de aclararnos aquellas dudas sobre palabras que son de uso cotidiano y que a veces no están incluidas en el diccionario habitual de consulta de la RAE. Su nombre es un acrónimo que proviene de Fundación del Español Urgente. Es muy recomendable su uso de forma habitual.
  • Rae: El hermano mayor. Dentro de sus páginas podrás encontrar otras obras que te pueden interesar y que van desde un Libro de estilo de la lengua española hasta manuales de ortografía y gramática básica, que ya a estas alturas de la vida deberíamos tener superados, pero, por si acaso, no está mal tenerlos en mente.

Aprender a usar los sinónimos y verbos, entre otras palabras, de manera efectiva puede ayudarte a comunicar mejor tus ideas. El texto claro y conciso, que usa una variedad determinada de palabras, puede proporcionar a tus lectores una adecuada inmersión en tu obra y que la haga más interesante. Así lograrás que se mantenga el interés de quién bucee en tus páginas. Después de todo, este es el objetivo final de la redacción: enamorar al mayor número de lectores.

A veces, nos encontramos a muchos de ellos que en las recomendaciones de algunas obras que han leído, hablan de un texto ágil, ligero, de rápida lectura, que me vas a perdonar, pero me lleva a la conclusión de que estaría frente a una narrativa simple. ¿Eso es malo? Sí y no. No es malo tanto en cuanto no sea algo habitual si quieres avanzar dentro del mundo de la lectura y, sí es malo si es tu lectura del día a día y encima eres escritor. Igual que decimos que, de lo que se come se cría, la comida rápida (basura) no es recomendable que se ingiera de forma continuada, lo mismo puede ocurrir con este tipo libros.

Cuando se es escritor, o se pretende llegar a serlo, se presupone que tenemos un plan ambicioso, y no me refiero a escribir un best seller y ganar mucho dinero, que tambien, sino a mejorar de una forma progresiva. Para lograr ese objetivo solo tenemos un camino y es aprender a manejar adecuadamente nuestras herramientas, que son las palabras, por si no te habías dado cuenta a estas alturas. Cada día deberíamos de aprender alguna nueva y compartirla como hace la compañera Mina Lacoc https://www.instagram.com/mmladoc/?hl=es y tratar de introducirla, con sentido común, en nuestros escritos. No vaya a ser que ahora nos pongamos a pensar que por escribir palabras extrañas nuestras historias van a ser más cultas, en todo caso serían pedantes. Que ya me he visto a algún autor que ha utilizado un término que queda bonito, pero, que, volviendo a la raiz de nuestro tema, su verdadero significado no iba al contexto de la historia y acababa siendo un error de edición.

Como no puedo acabar mi entrada sin recomendar un nuevo libro, o algo que me haya llamado la atención en el ámbito literario, la finalizo con la novedad debajo del brazo de la obra de Irene Vallejo Nájera El infinito en un junco. Me dirás que no es tal novedad, pues ya lleva varios años en la calle con mucho éxito de lectores y de crítica. Y tienes razón, pero lo que hoy te traigo es la edición gráfica de esa novela que ha salido esta misma semana, el 21 de septiembre.

Pese a que la publicación original está recomendada a partir de los 16 años, entiendo que meterse entre pecho y espalda un libro de mas de quinientas páginas, y siendo un ensayo, es algo que echa para atrás incluso a adultos avezados en la lectura. Creo que por ello la autora lo presenta esta semana en un formato mucho más ameno como es el género de novela gráfica. Pienso que puede ser útil para acercarnos a esta autora y por ello os lo recomiendo.

Me sumo a lo que dijo Héctor en su entrevista. ¡Atrévete a leer géneros que dices que no te gustan! Así es como se aprende, si no eres capaz de acercarte a otros autores, y solo lo haces con los que te son afines, al final tu escritura se empobrece si eres escritor y si eres lector tu visión del mundo sufre el mismo retroceso. Es como si en una torre con muchas ventanas solo miraras por una y siempre estuvieras viendo el mismo paisaje, al final te pierdes la opción de conocer cosas interesantes de tu entorno o, incluso, tener argumentos para defender lo que no te gusta. Y no le tengas miedo a los clásicos, que hay muy buenas actualizaciones al alcance de cualquier tipo de lector. Nadie dice que tengas que leer a Platón en griego o El Quijote o a Shakespeare en la forma originaria en la que se escribieron.

1 comentario en “La intencionalidad de las palabras”

  1. Muchísimas gracias. ¡Me sorprende que aquella conversación diera para tanto!, aunque es otro ejemplo de distancia entre lenguajes, en este caso entre formas (oral y escrita). Una reflexión atinada, unas herramientas necesarias y, espero, no merece menos, un punto de partida hacia reflexiones propias de quienes tenemos la desfachatez de pretender avanzar como escritores. No hay piedra más importante en una obra que la angular, aquella por la que todo comienza y que, aun en su humildad, sostiene por completo el edificio.

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