Opinión

El lector de sensibilidad: ¿un ataque a la libertad de expresión?

Hoy vamos a hablar de una curiosa figura dentro del trabajo literario y que podríamos traducir como el «lector de sensibilidad» o lo que es lo mismo, una persona que se dedicará a leer nuestro texto y decidirá que frases o partes del trabajo puede herir las sensibilidades de los futuros lectores. Esta figura será quien nos informe de que partes de nuestro trabajo podrían molestar a mujeres, a los negros o a ciertas minorías étnicas, por poner unos ejemplos, y que daría lugar a una narrativa que podría considerarse políticamente incorrecta y por lo tanto es susceptibles de ser eliminada.

¿Hasta dónde es necesario este tipo de figura correctora? ¿Ataca la libertad de expresión? ¿Tenemos una piel tan fina que necesitamos de esta censura? ¿Es realmente censura? ¿Cuáles son los límites? ¿Somos conscientes de que es literatura de ficción? ¿Es esta figura lo mismo que un lector beta o cero?

Toda una batería de preguntas que necesitarían de una larga tertulia con un buen grupo de expertos que nos aclararan tal vez esas dudas. Pero así a bote pronto y sin pensármelo mucho creo que no es una figura que me resulte importante, sobre todo tratándose de literatura de ficción y, al igual que la televisión, donde tenemos un botón de apagado. Nadie está obligado a leer una novela que le suponga un atentado a su sensibilidad, igual que creo que tampoco se debe de atentar, en este caso, contra la libertad de expresión literaria.

Ya de por sí tenemos filtros surgidos a la sombra de la educación que hemos recibido que apelan a la prudencia, el buen gusto, el acercamiento a un mercado de lectores lo más amplio posible y que, posiblemente, nos hace pensar mucho que es lo que vamos a expresar, por lo que ya vamos a ejercer una autocensura. Aunque tenemos que tener claro que nunca vamos a gustar a todo el mundo y que tratar de no pisarle ningún callo a un lector es prácticamente imposible.

Tampoco creo que este tipo de lector sea equiparable a un lector cero, aunque hay lectores cero que pueden hacer sugerencias de estas características y que ambos tipos nos pueden servir de apoyo, pero no tenemos que llevar a la práctica a pies juntillas todas sus sugerencias, porque en realidad solo son recomendaciones. Debemos de valorarlas y ver si la aportación vale para enriquecer el texto y por lo tanto mejorarlo.

He vislumbrado, en este mundo literario en el que me muevo, que debería de haber un equilibrio entre esa libertad de expresión literaria, que nos autoimponemos, y la posible comercialización de nuestra obra. Y conseguirlo es algo que, en mi caso, es muy importante. Lo ideal es saber trasmitir nuestras ideas sin censuras pero de forma adecuada que creo que eso siempre es posible.

Estoy convencida de que mis apreciaciones son muy subjetivas porque asumo el trabajo del escritor es un continuo aprendizaje, que no hay nada inamovible en esta vida y que estamos en continua evolución. Pero en cuanto al tema de los lectores beta, ya sea como lector de sensibilidad ya sea solo lector 0, pienso que debe de ser alguien con amplia experiencia como lector para que profundice en su valoración. Además de esto, añadir que se tendría que tener una visión en conjunto de todo el manuscrito para valorarlo, como se hace en cualquier otro proyecto. Junto con esto se debe de tener una información sobre que es lo que pretende el escritor con su novela y estar muy libre de prejuicios a la hora de realizar la aportación. Sobre este tema se quedarían muchas cosas en el tintero y por eso no descarto desarrollarlo, como ya he comentado más arriba, en otra entrada, donde hablaré de mi impresión sobre lo que he visto hasta ahora de los lectores 0.

Opinión

¿Autopublicación o autoedición? Las cuatro patas de mi banco.

Una cosa que tenía clara, desde el primer momento, es que no podía sacar un libro adelante sin la ayuda de personas con más experiencia que yo en este campo. Sobre todo si lo que quería era publicar algo digno y de calidad. Aún así, la manera en la que me puse en contacto con mi editorial lo dejaré para otra entrada, solo diré que lo que empezó siendo un contacto casual pidiendo información se ha acabado convirtiendo en casi tres años de relación muy enriquecedora y con un tercer libro preparado para entrar en el horno.

En cuestión de pocos años se ha abierto un melón impensable hace 20, ya que antes, el escritor que quería publicar, tenia pocas opciones a la hora de hacerlo. Aunque poderoso caballero don dinero, porque teniéndolo, todo era posible, y sacabas tu sello editorial como hizo en su día Virginia Wolf. Por lo tanto si no era ese tu caso, tenías que centrarte en editoriales y/o presentarte a concursos literarios.

Vaya por delante que en este blog y específicamente en esta entrada no doy consejos ni lecciones a nadie, es sencillamente mi manera de ver y analizar este mundo en el que empiezo a nadar como pez en el agua. Pero en el que, en un primer momento cuando me lancé a la piscina, entendí que la ayuda que necesitaba eran esas cuatro patas de banco que le dan título a mi post: edición, corrección, maquetación y portada y por supuesto con un buen respaldo que identifico con un continuo aprendizaje. Todo eso tenía que venir de alguien que ya hubiera llegado a la otra orilla y lo encontré en lo que también se denomina autopublicación cuidada. Dos palabras que vienen más o menos a explicar que aunque se conocen como editoriales de autoedición, son editoriales de autopublicación cuidada que editan y publican libros a autores encargándose de todo el proceso, aunque es finalmente el escritor quien sufraga los costes, por lo que hablamos de una autopublicación a nivel de financiación, pero no en cuanto al trabajo que debe realizar el autor. Este modelo de editorial pone a disposición del escritor, todo un equipo de personal cualificado para el registro legal, la corrección ortotipográfica, el diseño de cubiertas, la maquetación del libro, su impresión, distribución nacional e internacional y difusión y marketing de la obra. Aunque esto último, debido a mi formación previa, lo llevo personalmente.

Ser autopublicado no es lo mismo que ser autoeditado. Llegar a ser un escritor independiente reconocido, para mí, implica contar con un equipo de trabajo exigente, que vele por la calidad del texto y lo someta a las mismas etapas que atravesaría la obra en las editoriales tradicionales. Me apena mucho leer buenas tramas, en los cientos de obras autopublicadas que llevo leídas hasta ahora, y encontrar en algunas, fallos narrativos o de sintaxis y ortografía que, una buena guía y consejo, borrarían de un plumazo sin por eso perder frescura la narrativa del autor  y, a la vez, me alegro mucho cuando encuentro un autor que me llama la atención y veo como, desde su primera obra, va evolucionando y cuidando cada vez más su trabajo. Esos son los autores que suelo recomendar en mis redes sociales, porque son trabajos que valoran al lector que se  acerca a ellos y que luchan por aprender día a día de quien más sabe y les puede orientar.

Hay muchos escritores que alegan que ellos saben maquetar, corregir o hacer portadas. No me pagan para convencer a nadie, pero hay que ser humildes y reconocer que no debemos de ser como el maestro liendres que de todo sabe y de nada entiende, y que si este año se han presentado  para autopublicados, miles de libros, no me creo que todos esos autores sepan de lo necesario para presentar un libro de una forma profesional y, que eso, luego pueda repercutir en ventas. Puede haber alguno que dé el pelotazo sin tener esa experiencia, pero volvamos a ser humildes y reconozcamos que eso ocurre en contadísimas ocasiones y es como la leyenda urbana de los cocodrilos en las alcantarillas de Nueva York, siempre hay alguien que jura y perjura que ha visto uno.

Yo por si acaso lo tengo claro y busco a profesionales. Sé perfectamente que no todo el mundo se puede permitir el lujo de pagarlos, pero imagino que igual que vemos normal que llamen loco al que monta un bar sin tener nociones del tema, se puede pensar lo mismo del que ejerce de profesional sin serlo por tener unas leves nociones. La diferencia es que autopublicar en ciertas plataformas es gratis y montar un bar no,  y ya ahí entra el todo vale, pero desarrollar eso me parece que también lo dejo para otra entrada. Yo de momento me siento en mi banco con mis cuatro patas bien firmes, los columpios los dejo para otros menesteres.