mis lecturas

Sevilla

El corazón que a Triana va
Nunca volverá
Sevilla
Con que pasión te enamorará
Y te embrujará
Sevilla

Miguel Bosé

¿Tienes alguna ciudad de referencia a la que siempre vuelves?

Desde siempre, mi corazón ha sentido atracción por Sevilla y por motivos muy diversos. En estos últimos tiempos me da la sensación de que esa atracción va en aumento y de ahí que quiera explicarte mis motivaciones, pues algunas de las cuales están relacionadas con la literatura. Es cierto que otras muchas no lo están y son meros recuerdos familares, ya que he visitando esta ciudad desde que tengo uso de razón, debido a que era la capital más cercana a la localidad en la que viví durante mi infancia. Aunque imagino que ambas te pueden interesar, una porque la utilizaré para recomendar a una autora y los libros que me he leído de ella y la otra porque te entretendrá y conocerás un poco más de mí.

Recuerdo aquellos años sentada en las rodillas de mi padre, en el coche de Gaspar y Mari Pepa, saliendo a primera hora de la mañana de Trebujena camino de la gran ciudad. De su mano tengo, entre brumas, la noción de haber subido a la Giralda, paseado por el Parque de Maria Luisa o visto desde fuera los pabellones de la Exposición Iberoamericana del 29. Exposición que volverá a mi vida en los próximos años, si al final logro sacar adelante mi novela histórica. ¿Ves? Sevilla está ahí desde hace mucho tiempo esperándome. Por eso me ha hecho gracia leer a autoras que tienen como escenario esta ciudad que conozco bastante bien. He recordado como me bajaba del autobús en la estación del Prado de San Sebastián y me he atravesado muchas veces las calles del barrio de Santa Cruz, camino de Sor Ángela de la Cruz, donde tenía mi prima su piso de estudiante. He estado en la feria, en sus museos, en la Expo 92, en la cubierta de su catedral y he visto representaciones teatrales del Tenorio por sus calles. Y además, desde que mi hermana vive en Conde Quinto, una vez al año me doy un paseo por el casco antiguo.

Por eso me encanta encontrarme libros como el de Nerea Riesco, La ciudad bajo la luna, en el que la trama no solo se desarrolla en Sevilla, sino que la ciudad ejerce de narradora de la historia. Eso es algo que intuyes desde el principio si eres consciente de su narrador omniscente y la intencionalidad de sus palabras. Es una novela de suspense en cuatro tiempos y cuatro espacios: la Sevilla de la Exposición Iberoamericana del 29, el Nueva York de la Ley Seca, La Habana de comienzos del siglo XX y la Francia de la Gran Guerra.

La aparición de un cadáver con indicios de haber sufrido una muerte violenta, el día que el Graff Zeppelín aterriza por primera vez de Sevilla, marca el inicio de esta novela. Desde ese momento, descubrir quién es la víctima, quién el asesino, así como las motivaciones del crimen, serán responsabilidad del propio lector que, página tras página, irá conociendo una historia de amor prohibido, a caballo entre Sevilla y Nueva York, durante los locos años veinte. Y es cierto que disfrutas de la puesta en escena de la historia además de ir tratando de averiguar quién es el muerto, quién es el asesino o asesina y cual es la motivación que le llevó a matar y no solo hay de nexo de unión esta capital andaluza sino que un detalle tan insignificante como una petaca con las iniciales CC es un hilo conductor que nos guiará por todo el entramado de la historia. Me gusta como la autora va introduciendo en cada capítulo una información en pequeñas dosis pero que es fundamental para ir avanzando en la historia, todo está bien engarzado, no hay cabos sueltos ni conejos que salgan de la chistera en el último momento. Es una lectura fluida con algún sobresalto marcado por escenas de acción o con carga dramática y otros momentos lánguidos. Todo muy característico de los felices años 20, marcados por el que horror de la recién terminada Gran Guerra, pero a su vez buscardo formas de sobrevivir. Siempre rodeado de un falso glamour que estallará años después. Así es la novela de esta autora y que a mí me ha servido como una de mis fuentes de conocimiento sobre el ambiente de la ciudad durante los convulsos años que van desde la Exposición Iberoamericana del 29 hasta la llegada de la Segunda República, aunque esta historia practicamente llegara a nuestros días en su conclusión contada por algunos de sus protagonistas que vivirán hasta bien entrado el siglo XX.

No es el único libro que me ha gustado, relacionado con la ciudad de Sevilla, perteneciente a esta autora. En Las puertas del cielo iniciamos la trama en esta misma localización. Aquí pasearemos unas calles muy diferentes a las de la historia anterior, pero que nuestros protagonistas de una y otra novela recorrieron en algún momento. Esta vez la vida de nuestros protagonistas se desarollará en los Reales Alcázares en los inicios de la historia y entre las callejuelas del Barrio de Santa Cruz próximo a la fortaleza musulmana.

1482. Yago es un muchacho invidente que, junto con su padre, se une a la Corte de los Reyes Católicos, quienes se hallan inmersos en su cruzada contra los infieles. Se han instalado en Sevilla y la cocina de los Reales Alcázares se convierte en su mundo, un presente gris y monótono del que el joven escapa con los ojos de la imaginación. El azar lo llevará a descubrir su verdadera vocación: la música. Pero no todo es amable a su alrededor: Oreste Olivoni, el despótico encargado de las obras del palacio real, siente una profunda animadversión hacia él y hacia su padre, y no duda en ejercer su influencia para hacerles la vida insoportable.

Mientras Yago avanza hacia la madurez, los Reyes Católicos prosiguen con su afán de Reconquista. La Guerra de Granada se salda con la captura del rey Boabdil, lo que supone un cambio importante en la vida del joven. Al lado del Sultán, Yago descubre la existencia de otro mundo más allá de las fronteras del reino cristiano, lejos de la terrible amenaza de la Inquisición, y toma la decisión de refugiarse allí. En los sensuales jardines del harén, abiertos para él debido a su condición de invidente, Yago conoce a Nur, la rebelde y bella hermana de Boabdil. Entre ambos surge una atracción incontrolable, arrolladora e incomprendida por todos, pero destinada a perdurar por encima del odio que enfrenta a ambos pueblos.

En todas las novelas que he leído de esta autora el amor también está presente entre sus líneas, aunque, junto a ese amor, el sentimiento de la envidia también será el que moverá los hilos de sus historia. En el caso de nuestro protagonista, Yago, la existencia de Oreste Olivoni, supondrá un continuo arrastrar de penurias y adversidades que a duras penas logrará superar. Con un marco incomparable como son los Reales Alcázares, que serán el soporte de una historia oscura, de amores, envidias y celos, tras el que se trasladarán a otro espacio mágico como es Granada y su Alhambra, donde Yago seguirá sufriendo las consecuencias del odio de alguien que lo quiere muerto.

Un técnica que me ha encantado de esta autora, además de manejar unos espacios muy inspiradores por los que me he paseado muchas veces, es la de introducir pequeñas subtramas que encajan perfectamente en la principal, sin que por ello pierdas el camino hacia el desenlace de la novela. En la primera encontramos un cadaver en 1930 y el narrador nos lleva al pasado, volvemos a ese año de 1930 en el que se inicia la novela y la historia continua hasta su desenlace, prácticamente a finales del siglo XX. En el caso de la siguiente, que se desarrolla en plena reconquista de la ciudad de Granada, la historia es lineal, pero no por ello carente de interes, del interés de saber que pasará con la vida del protagonista.

Por último os recomiendo otra novela, que he leído de ella, titulada Los lunes en el Ritz.

Una aventura apasionante en la que las conspiraciones, el amor y la venganza tienen como telón de fondo uno de los grandes hoteles del mundo. Como ves, las venganzas siguen siendo el motor que inspira a nuestra autora. Siempre he pensado que el mundo no se mueve por amor, sino por dinero y venganza. Es lamentable, pero a las pruebas me remito gracias a la gran cantidad de literatura que puede servirnos de fuente y entre ellas las novelas de Nerea.

Estamos a finales de 1929. Martina Romero acude a su primera fiesta en los salones del Ritz de Madrid, tras convencer a su padre, el estricto director del establecimiento.
Allí conoce a Bosco, aspirante a actor con el que tiene un vergonzoso desencuentro. Decepcionada por esa primera incursión en la alta sociedad, se concentra en una misión: junto a su madre y las amigas de esta organiza actos benéficos para ayudar al padre Eugenio, que lucha por la dignidad de sus pobres.
Mientras tanto, pese a la apariencia de lujo de la vida en el hotel, el país bulle. Se proclama la República y hay una ola de violencia que desata la quema de iglesias. El padre Eugenio rescata de un convento tres cuadros que serán el motivo por el que las damas y el sacerdote decidan saltarse la legalidad.
La existencia de Martina transcurre entre su compromiso, su pasión pictórica y el amor prohibido que siente por Bosco, ahora una estrella de Hollywood.

Aquí nuestra protagonista no solo pagará las consecuencias de este amor prohibido, sino que también tendrá que lidiar con un error cometido por su hermano que acaba introduciendola en la trama de venganza alrededor de la que gira nuestra historia.

Es una novela que recomiendo por ser de esta autora pero de la que hablaremos en otro momento, porque hoy mi entrada estaba dedicado a la ciudad de Sevilla, a la que probablemente volveré de la mano de otra escritora en breve. De ella recomendaré otros libros de temática muy diferente de los que he recomendado hoy en mi entrada, pero que seguramente os gustarán igual. Y dónde no solo os enamoraréis de lo que cuentan sino de la ambientación que es el marco perfecto para esas historias.

Obras, viaje

¿Por qué Israel, Escocia o Bosnia?

El día que comencé a hablar de mi libro, como Paco Umbral, una de las cuestiones que se pusieron sobre la mesa fue el porqué desarrollarlo en Israel. Y es algo que todavía muchos de mis lectores me preguntan, ya que es un país muy alejado de donde habitualmente se desarrollan muchas novelas sean thriller o de romántica-erótica, que son los dos géneros en los que me gusta encuadrarme.

Y ahí la respuesta fue sencilla y espontánea, aunque no voy a usar las palabras tan coloquiales que utilicé en su momento, sobre que hacer ciertas cosas en Alpedrete, con todo mi cariño para los habitantes de ese municipio, no tienen para mí tanta emoción como hacerlo en de Tel Aviv, en Inverness o en Mostar. Y allá vamos que nos vamos, que empezamos esta aventura con todos los medios que hoy en día se tienen a mano, que van desde tirar de agenda y contactos a tener abierta la página del Google Earth y recorrerme medio mundo con ella.

Bromas y comentarios aparte, la realidad es que tengo dos motivos. Uno que me viene de pequeña es, una gran curiosidad por conocer lo que estaba más allá de la línea de mi horizonte habitual. Siendo adolescente, tenía la costumbre de enviar cartas a las embajadas y consulados en España, para pedir información sobre países que no conocía y el otro motivo es salir de mi zona de confort que me hace utilizar ciudades o países en los que no tengo experiencia personal de sus lugares conocidos.

Volviendo a las novelas, hoy en día, teniendo como tenemos internet, es bastante sencillo encontrar aquel bar de la esquina que tiene un ambiente hogareño, sabiendo hasta el nombre del camarero y anécdotas del lugar o, donde alojarnos en un valle perdido de un lejano país y hasta ver fotos de su interior.

También es cierto que, a veces, hay que tirar de licencia de autor. Ese caso se me dio en mi primera novela, donde necesitaba un hotel en Tel Aviv con unas características determinadas: tenía que disponer de una recepción con unas escaleras que llevaran a un jardín donde poder celebrar eventos. Como no lo había, me lo tuve que inventar y no darle nombre. Es algo que los autores podemos hacer, pero prefiero no abusar, ya que lo que más le gusta a los lectores es que aquellos lugares que nombro puedan visitarlos porque existen en realidad. Ese tipo de detalle es lo que también le da credibilidad a la novela, sin hacer de la narración una guía de viajes, que tampoco hace falta. Una credibilidad tan alta que ha habido personas que me han preguntado que cuándo he estado, por ejemplo, en Israel.

Todo ese proceso a mí me encanta, porque consigo dos cosas: conocer, si no he estado, países y lugares casi más a fondo que si viajas hasta allí en un paquete turístico y llevar a muchos de mis lectores a lugares que desconocen. Incluso algunos me han comentado, que al leer mis novelas, les ha llamado la atención esas zonas porque desconocían la riqueza y la variedad del país en cuestión.

Con esto se cumple la máxima que un día puse en mis RRSS, «Leer es viajar ligero de equipaje».