Opinión

¿Hasta dónde están permitidas las licencias a un autor?

Como inicio diré que en mi caso, las licencias que me permito son las justas. Lo habitual es que a un autor se le exija ser lo más riguroso posible a la hora de escribir su novela, aunque esta sea de fantasía, porque hasta dentro de ese género puede haber anacronismos y, en el caso de que haya partes de la historia que puedan ser considerado como incongruente, hay que dar una explicación que de verdad sea lógica y que lo justifique, que para eso tenemos las notas de autor.

Para evitar el uso excesivo de licencias lo recomendable es tener mucha documentación de lo que se va a escribir tanta que, a veces, puede llegar a ser complejo usarla, aunque lo habitual es que se utilice una mínima parte de todo lo que se recaba.

Pero hay momentos que por mucho que el autor se documente no es posible encontrar, por ejemplo, una localización determinada que es la que precisaba para la historia. Este caso me pasó en mi bilogía de Israel donde necesitaba que la embajada de España, en ese país, tuviera una ubicación que sabía que no tenía. Decidí entonces buscar un hotel en Tel Aviv que tuviera unos jardines que eran necesarios para el desarrollo de la historia y tampoco lo logré, porque el único, que podía parecerse, fue inaugurado años después de la fecha en la que se desarrollaba la trama. Entonces, no tuve más remedio que tirar de la licencia del autor e inventarme un hotel donde encajaran las fiestas, organizadas por la embajada española. y el desarrollo de la historia, pero sin darle un nombre ni una localización precisa porque, en realidad, no existía.

Pero una de las cosas que siempre  me ha sorprendido son las grandes licencias, que se toman los guionistas, a la hora de adaptar novelas para hacerlas series o películas. Entiendo que hay ciertas novelas tan extensas, que es complejo que todos los detalles queden plasmados en esos productos para la gran pantalla o la televisión, pero de ahí a que haya tales incongruencias que se me pongan los pelos tiesos como escarpias, no me parece necesario.

Hace unos días me vi entera una serie que está siendo muy nombrado en las redes sociales y diré como un comentario positivo es que ha sido entretenida, pero sus licencias han sido horrorosas en la música, vestuario y en ciertas actitudes de los actores. Aunque la que más me ha llamado la atención es el uso de actores negros en una serie que se desarrolla en el siglo XIX en papeles como reina de Inglaterra, nobles o burgueses  de la sociedad londinense en un número bastante paritario con respecto a los actores blancos. Y si lo destacado no es porque sean actores negros, siempre he visto normal que haya un James Bond, Superman o cualquier otro personaje que sea negro, ya que lo que hay que tener en cuenta es su profesionalidad, no el color de la piel. Lo que me ha sorprendido es el querer justificar su trabajo en la serie y, por lo tanto su existencia en la sociedad londinense en esa época, con que el rey estaba casado con una persona de su “clase” o sea negra. No señores productores, hay que ser lógicos y reivindicar la actuación de actores negros en la serie por el hecho de que son actores y no incidir en una historia de una reina inglesa casada con George III que sea negra. Lo digo porque hay muchas personas que su única fuente y forma de acercarse a la historia es a través de las series históricas. O lo explicáis bien o no uséis de una licencia que haga creer que de verdad es un hecho histórico totalmente confirmado. Porque eso roza manipulación histórica y una forma de desperdiciar la opción de reivindicar de forma real la actuación de actores negros en cualquier papel. Y hago hincapié en lo de explicarlo bien porque, si bien es cierto que, dentro de los historiadores hay versiones de que, Carlota, la mujer de Jorge III de Inglaterra, podría haber tenido ascendencia africana, aunque estos antepasados podían ser de origen portugués norteafricano y, por lo tanto, su tono de piel sería como el de los berberiscos del norte de este continente, algo más oscuro pero no negro. También es cierto que algunos hijos bastardos de nobles, que eran mulatos, llegaron a puestos de algo rango, e incluso, a ennoblecerse como por ejemplo, el caso del escritor ruso Alexandre Pushkin (1799-1837), descendiente de Abram Petrovich Gannibal, un negro que pertenecía a la corte del zar Pedro el Grande. Pero tan abrumadora mayoría de nobles negros no cuela en una serie de ese calibre sin una aclaración previa.

Por eso cuando hay lectores que me preguntan si me gustaría qué mi bilogía se convirtiera en serie o película y qué actores serían los que propondría para ejecutarla, suelo responder que no me apetece hoy por hoy ver mis libros en la gran pantalla o como serie, habiendo visto lo que veo habitualmente de las adaptaciones. Por supuesto, para gustos y opiniones hay de todo, como  los colores y, siempre recalco, que es solo mi opinión y me parece estupendo quien piensa lo contrario. Pero quitando contadas ocasiones, elijo siempre un buen libro antes que una adaptación mediocre en forma de serie o película.

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