mis lecturas

Un Manuel Chaves Nogales

Allá por un viernes 14 de abril de 1989 —parece una canción de Celtas Cortos— estába en clase de Contemporanea y mi profesor de entonces, Alberto Ramos, ni corto ni perezoso, entró en el aula y comentó:

Hoy, 14 de abril, se conmemoran los 58 años de la proclamación de la II República española. No tenemos clase, nos vamos al bar.

Obviamente, en aquellos días, para un alumna como yo, que conjugaba muy bien el verbo estudiar con el de si me viene una juerga me apunto, ese anuncio supuso un rato de tertulia con los amigos. Ahora, mirando hacia atrás y habiendo descubierto todo lo que me falta por saber, me da lástima el tiempo perdido, no solo por mi parte, sino por parte de muchos de los docentes que pasaron por mi vida. No digo yo que no tuviera derecho a celebrar ese día si se consideraba republicano, que lo era; pero dale contenido a tu clase, enseña ese día a tus alumnos lo que de verdad supuso para ti la II República y, aunque no la vivieras, plantea una clase de debate, algo de lo que los estudiantes españoles de las universidades públicas carecían y que creo que siguen careciendo. Enseña pensamiento crítico. Pero no, y por eso hoy podemos decir que de aquellas aguas, estos lodos.

Hoy he leído algunas frases cuya autoría es el alma mater de esta entrada, de la que destaco una, y que me han gustado por lo de clarividentes que fueron ya en su época y por la lucidez que siguen teniendo hoy en día:

En realidad, los regímenes totalitarios no marcan una superioridad sobre las democracias más que cuando éstas se hallan interiormente podridas.” (Manuel Chaves Nogales)

¿De quién te estoy hablando?

No sé si a estas alturas te habrás percatado de que me estoy especializando en el estudio del periodo histórico que va desde 1921 hasta 1945, aunque he utilizado como punto de partida precisamente esa fecha de la que hemos hablado al inicio de mi entrada, el 14 de abril, pero de 1931. Sé que para escribir una novela histórica se necesita recopilar toda la información que se pueda de ese periodo en el que se va a insertar una serie de personajes ficticios que irán de la mano de otros que fueron protagonistas reales de la historia. El hacerlo así ayuda a que, si el proyecto sale adelante, puedas no solo escribir una novela, sino a centrarte en ese tramo de la historia y, teniendo creado y dominado el marco, desarrollar varias tramas que puedan estar insertas en las mismas fechas. Usar este método supone encontrar asimismo a las personas que vivieron durante esos convulsos años de la historia de España y del mundo y que, por los motivos que sean, no se les ha reivindicado su papel ni se ha dado valor a la repercusión que tuvieron en su momento. Uno de ellos fue precisamente Manuel Chaves Nogales.

¿Por qué elegir a este protagonista de la historia real para una historia ficticia?

Necesitaba que uno de los protagonistas de mi novela tuviera una voz con unas características que tenía muy bien definidas en mi cabeza, pero a las que no lograba darle el tono adecuado. Quería una persona que hubiera viajado como mínimo por Europa y hubiera conocido lo que de verdad estaba ocurriendo más alla de los Pirineos puesto que mi personaje, Ginés, había salido de España en enero de 1920. Tras ese viaje, al retornar, ya no debería ser el mismo porque habría entrado en contacto con el mundo postrevolución rusa, habría convivido con la llegada y el auge del nacionalsocialismo de Hitler, se habría movido dentro de los movimientos obreros —en los que trataría con los dirigentes que abogaban por la necesidad de una lucha de clases— y habría visto con sus propios ojos la miseria en la que vivían los europeos, trabajando como esclavos para sacar adelante sumundo tras la Gran Guerra. Con ese bagaje volvía sabiendo que la revolución del proletariado acabaría siendo una dictadura del proletariado, que no cambiaría, en buena parte, las aspiraciones de la mayoría de la población. Todas esas eran las piezas que componían el poso del caracter de mi protagonista, pero yo necesitaba ponerle no solo cara, que ya la tenía, sino voz y tono. Eso lo logré, de casualidad, cuando a mis manos llegaron la biografía y las obras de Chaves Nogales, gracias a un ensayo leído esta semana pasada, de Paco Cerdá, 14 de abril.

Nogales, periodista y escritor sevillano, vivió durante esos años que tanto me gustan de la historia de España. Pese a que murió en plena madurez, sin llegar a los 50, lo compensó al comenzar a trabajar muy joven, aproximadamente a los 16 años, cuando iniciaba su carrera periodística en Sevilla poco después de completada su formación, allá por 1913. Hoy necesitamos años de estudios, una titulación universitaria y varios masters para ejercer lo que nos ha costado media vida aprender y no tengo yo muy claro, al ver el ejemplo de los profesionales de otras época, que de verdad lo estemos haciendo bien. En cualquier caso, esto, de momento, queda como apunte para otra entrada.

Leer la obra de esta autor tiene cierto punto de expedición arqueológica debido a que la mayor parte de su trabajo vio la luz en forma de artículos de prensa, a lo largo de muchos años y en muchos periódicos distintos, no solo de España y Europa, sino incluso de Latinoameríca. Es más sencillo encontrar artículos de él en revistas de Chile o México que en España. Otra mente clara del liberalismo español que no fue profeta en su tierra, como él mismo decía:

Había contraído méritos bastantes para haber sido fusilado por los unos y los otros.

Así me encontré, entre el ostracismo y la dispersión del tipo de documentos que necesitaba para crear un marco histórico para mi personaje, con serias dificultades para acometer mi propósito. No obstante, siempre he tenido suerte. Por mi afición a buscar libros de segunda mano, como ya te he comentado, y que la figura del periodista esta siendo reivindicada no solo en las facultades de periodismo, sino en las de historia, he logrado encontrar reediciones y estudios con los que me voy haciendo de un pequeño fondo bibliográfico que prometo ir ampliando.

Mi idea era haber empezado con La República y sus enemigos, reeditado por Almuzara, pero estaba fuera de stock. Al final tiré de Iberlibro, con lo que tardará unos 15 días en llegar, así que aproveché para ir a Cádiz capital a una de mis librerías de referencia, Quorum. Allí me avituallé para mi hambre de conocimiento, con lo que empezaré directamente con la recopilación de lo escrito durante la Guerra Civil española y que se titula A sangre y fuego. Precisamente su prólogo es algo que muchos docentes, historiadores y pensadores recomiendan que se debería leer en los los institutos para fomentar el debate entre los alumnos. De hecho, como he dicho, Nogales se introdujo en mi vida de manera simultanea por varios frentes y cuando un acontecimiento se repite dos veces tiendo a hacerle caso. Uno de los frentes fue la recomendación por parte de Pérez-Reverte del prólogo comentado para su debate entre los estudiantes. Os dejo el enlace porque no tiene ni una miga de desperdicio, sobre todo viendo el mundo en el que estamos viviendo. De hecho te voy a poner el inicio para que te hagas una idea.

Yo era eso que los sociólogos llaman un «pequeño burgués liberal», ciudadano de una república democrática y parlamentaria. Trabajador intelectual al servicio de la industria regida por una burguesía capitalista heredera inmediata de la aristocracia terrateniente, que en mi país había monopolizado tradicionalmente los medios de producción y de cambio —como dicen los marxistas—, ganaba mi pan y mi libertad con una relativa holgura confeccionando periódicos y escribiendo artículos, reportajes, biografías, cuentos y novelas, con los que me hacía la ilusión de avivar el espíritu de mis compatriotas y suscitar en ellos el interés por los grandes temas de nuestro tiempo. Cuando iba a Moscú y al regreso contaba que los obreros rusos viven mal y soportan una dictadura que se hacen la ilusión de ejercer, mi patrón me felicitaba y me daba cariñosas palmaditas en la espalda. Cuando al regreso de Roma aseguraba que el fascismo no ha aumentado en un gramo la ración de pan del italiano, ni ha sabido acrecentar el acervo de sus valores morales, mi patrón no se mostraba tan satisfecho de mí ni creía que yo fuese realmente un buen periodista; pero a fin de cuentas, a costa de buenas y malas caras, de elogios y censuras, yo iba sacando adelante mi verdad de intelectual liberal, ciudadano de una república democrática y parlamentaria.

Este hubiera sido, por ejemplo, un buen inicio para organizar un debate con el que celebrar ese 14 de abril que preparó mi profesor, incluso haciéndolo en el bar, y con ello crear ese precedente. En cualquier caso, no pudo ser.

No tengas miedo. La estructura del libro se apoya en nueve relatos sobre la  Guerra Civil española, escritos  en 1937 y publicado en Chile, siendo uno de los primeros ejemplos de la literatura testimonio, un género del que seguramente habrás oído hablar poco. Los relatos que componen este libro están considerados por muchos expertos como lo mejor que se ha escrito en España sobre la Guerra Civil y retratan distintos sucesos que el autor conoció directamente. Precisamente, lo bueno de este autor es que su forma de escribir es para el gran público, para eso es periodista, y con ello hechos o periodos de la historia que se te pudieron hacer farragosos en otro momento ahora te podrás acercar a ellos disfrutando de la lectura.

Otra obra que adquirí fue Crónicas de la alemania nazi, de 1933. En ella relata el viaje a la Alemania nazi con el objetivo de ofrecer a sus lectores del periódico Ahora -del que es redactor jefe y subdirector- un gran reportaje de «como se vive en los países de régimen fascista».

En trece artículos publicados en el mes de mayo, poco después del acceso de Hitler al poder y de la instauración del Tercer Reich, describe la militarización y nazificación de la sociedad, la preparación para la guerra o el funcionamiento de los campos de concentración de trabajadores voluntarios, entre otros muchos hechos. De ese periodo también destaco la entrevista que le hizo a Joseph Goebbels, ministro de Propaganda, algo que el alemán nunca le perdonó por la humillación que supusieron sus palabras y por lo que no dudó en enviarle a la Gestapo en su exilio en París tras salir de España durante la Guerra Civil. Tuvo suerte y cuando llamaron al timbre de su casa él ya estaba en Londres.

Como veis, Ginés, el personaje de mi historia, tiene su alter ego muy bien definido, aunque ahora me toca a mí el trabajo de perfilarlo y limitarlo. No se puede comer al resto de los personajes que lo acompañan, porque realmente la historia no es la suya. Él es el antagonista de Julia, una maestra que vivirá en primera persona esos convulsos años, junto con Carlos, el tercer amigo en discordia, también maestro. Con este triángulo intentaré acometer uno de mis próximos trabajos. ¿Cúando? No lo sé, la vida da muchas vueltas y lo que ahora es un proyecto lejano puede convertirse en algo fallido. Aun así, de momento, me mantengo pico y pala para sacarlo adelante, recomiendo los libros que me voy leyendo y voy ocupando mi mente con buenas lecturas que alimentan mis neuronas. La verdad, soy bastante sibarita.

mis lecturas

Matar a Fernando VII

Con este, título para iniciar la entrada de hoy, me da la sensación de que te estoy proponiendo algo delictivo aunque complicado de realizar. En realidad, si me conoces, sabes que utilizo palabras que impacten al inicio para crear espectación. De todos modos iré por partes.

Unas nuevas recomendaciones literarias

Ya ha pasado la primera semana de septiembre y me estoy viendo las fiestas de Halloween y la Navidad ahí a la vuelta de la esquina. El otoño, para mí, es un continuo rellenar mi agenda con fechas de compromisos y actividades varias. Unas que desarrollaré en la intimidad de mi casa y otras cara el público. Ahora mismo, tengo una gran cantidad de proyectos en marcha: ferias del libro, novelas que he acabado en esta primera semana y otras que entran en la cola de lectura y, todo trufado, no puede faltar mi referencia a la cocina, con un curso de seis meses de escritura creativa que implica no solo leer y estudiar, si no escribir, escribir y escribir, que es lo que me hacía falta.

Si eres de Cádiz y amas la historia no te la puedes perder y, si no eres de aquí, tampoco.

Justo empezando este més, de transición hacia el otoño, he acabado de leer la novela del compañero y autor David Fernández Fernández Matar a Fernando VII. Ha sido de lo mejor que he caído en mis manos este año, teniendo en cuenta la dificultad de desbancar a una de las autoras a las que me enfrenté, Han Kang, con La vegetariana. No son obras comparables, por muchos motivos que ahora no vienen al caso, pero sí en uno que, siendo desde luego bastante subjetivo, para mí es perfectamente válido: el buen sabor de boca que ambas obras me dejaron. Por ello las recomiendo para los lectores a los que les vaya eso de acercarse a géneros diferentes.

Tengo que confesarte que juego con ventaja ya que tengo el gusto de conocer al autor desde hace varios años, al ser compañero de la carrera, y que por ello tenemos un contacto directo. Así me pude permitir el lujo de preguntarle algunas curiosidades que me asaltaron durante la lectura y no, no fueron sobre la trama, sino sobre la estructura. Lo felicité dos veces, por lo bien trabajada que estaba la novela y por la corrección. Hoy en día es muy difícil encontrar, incluso en grandes editoriales, libros tan cuidados en todos sus aspectos que haga que tengamos entre manos una obra de calidad.

La historia se desarrolla desde el asedio de Cádiz por las tropas francesas hasta la muerte de Fernando VII. Unos 25 años en más de 500 páginas de las que no te quieres saltar ni una línea. Imagínate, en todo ese largo periodo de tiempo, la cantidad de personajes que el autor maneja. Lo hace con maestría, sobre todo con dos que me llamaron mucho la atención Lola y Blasina, que podría decir que son mis favoritos. ¿Por qué? Por la forma en la que los presenta y les da la voz. Porque esta es una novela histórica que tiene mucha enjundia. No es cuestión de coger a un personaje cualquiera y ponerlo en un periódo histórico lejano y que se las apañe como pueda, que al final acaba pareciéndose a Un yanki en la corte del rey Arturo, salvando las distancias, y hay veces que ni eso, debido a los anacronismos que trufan algunos folletines.

El escritor no se hace un Mark Twain. Aquí tenemos una novela sólida, con un vocabulario adecuado, si bien actualizado para fovorecer la lectura -no te asustes-, y una ambientación que si conoces Cádiz la recreas en tu mente y si no la conoces te dan muchas ganas de venir y recorrer los escenarios. Nos ambienta en la época y en la zona con toques propios de un escritor autóctono, recurriendo a los términos, quiebros y comentarios que un gaditano usa en la actualidad. En defiitiva, un autor que sabe lo que se hace.

No pienses que todo el argumento se centra en la ciudad gaditana, para nada. La historia va saltando, según las necesidades de la trama, a diversos escenarios que van desde Madrid, la sierra de Cádiz, Cuba o Rusia a Londres. Tampoco te quiero desvelar muchos detalles, que luego me acusan de hacer spoiler. Mover todos esos palos con sus respectivos platos girando y que no se te caiga ninguno requiere mucho esfuerzo y una visión general y amplia desde el inicio del proyecto. El autor me ha confesado que haber realizado su tesis doctoral, pese a no tener relación con el periodo de la novela, le ayudó a tener esa visión en conjunto una vez que tuvo toda la documentación en la mano. Aun así, saber equilibrar la parte de la documentación con la ficción para que el lector no se aburra y esté pendiente de todos los acontecimientos que se desarrollan no lo da el hecho de ser doctor en Historia. Ahí hay un amor y un gran cariño por la lectura y la escritura y, sobre todo, mucha exigencia para presentar una buena historia a los lectores, que al final somos los que tenemos la última palabra.

Me ha hecho gracia, porque justo cuando mi amigo David estaba ultimando los detalles de su trabajo, allá por el mes de abril, yo también estaba con Fernando VII. ¿Quién me lo iba a decir?

Sé que a muchas personas le parecerá exagerado, e incluso imagino que el autor se ruborizará cuando lea estas palabras, pero desde luego, para mí, no tiene nada que envidiar a Santiago Posteguillo, sobre todo siendo su primera publicación de este calibre. Firma otros trabajos anteriores, pero de ellos te hablaré en otro momento si encuentro un hueco en mi agenda. De él también adquirí su primera novela, Como grano de mostaza, que compagino con mi curso de escritura creativa y con otras lecturas, pues requiere un acercamiento más reposado ya que la historia se desarrolla en la España del siglo XVI y David Fernández utiliza, al ser una época más alejada, una sintaxis y una estructura narrativa que requieren un poco más de mi atención. Un recurso que me interesa analizar a fondo.

Yo soy las de disfrutar de la lectura y si devoro libros no es por competir en el ranking de mayor cantidad de lecturas de este año, sino porque tengo poco tiempo y quiero aprovecharlo al máximo. No obstante, jamás lo hago con prisas y prefiero releer un párrafo para no perder el sentido de la obra a apuntarme el tanto de un libro más en mi lista. Esta novela ya no está disponible en estos momentos, aún así, tuve la suerte de poder conseguirla. Seguramente el autor algún día volverá a reeditarla, por lo tanto me voy a esperar un poco y te la comentaré en cuanto salga de nuevo a la luz. Ya sabes que cuando adquiero la primera obra de un autor y la última es porque estoy muy interesada en su trayectoria y crecimiento. Este es uno de esos casos.

Como he comentado, en este mes ando también liada con un curso de escritura creativa que me va a tener leyendo y escribiendo los próximos meses, algo que me va a venir estupendamente. Ya he disfrutado de tres magníficas masterclass con autores que han hablado de sus libros y de su experiencia.

Uno de ellos ha sido Lorenzo Silva, del que ya había leído toda la saga de Bevilacqua y Chamorro, pero siempre es un gusto oirle hablar de su experiencia como escritor. En este caso el tema fue la novela histórica: cómo tratar a los personajes reales y los de ficción, los riesgos de las conjeturas, los dilemas éticos que surgen al manejar temas que para un lector desprevenido pueden llegar a pensar que son hechos reales y sus pequeños trucos en el día a día frente al folio en blanco. Más de una hora y media disfrutando y tomando apuntes.

Otra autora con la que hemos compartido rato de aprendizaje ha sido Marta Robles. Su exposición me ha animado a leer su primera incursión en la novela negra, A menos de cinco centímetros. Una trabajo que gustará a los amantes del género, aunque no es del tipo de trama que nos llega a sorprender. En mi caso, a mitad de la novela ya sabía quien era el asesino. Más bien la recomiendo porque se mueve dentro de los cánones habituales: detective amargado por una mochila complicada cuyo pasado llama a la puerta en un caso que empieza siendo de asesinato, continúa con un tema de infidelidad y se le suma un asunto de trata de personas. Todas se entretejen y ese será el hilo conductor que enlaza a la mayoría de los personajes.

Personalmente me dio, de momento, más satisfacción la saga de Lorenzo que esta novela de Marta, pero como ya sabes que no soy de las que me rinda a la primera, si un autor tiene calidad, no tardaré mucho en volver a comprarme en digital la siguiente aventura del detective Roures.

Tal vez puedas pensar que un curso de escritura no es necesario cuando ya tengo en mi haber tres novelas publicadas. Pues no, ya te digo yo que no. Que conste que lo inicié con muchas reticencias porque no son baratos si quieres op tara uno que tenga mediano prestigio, pero hay cosas que sé que por lo menos debes probarlas una vez en la vida para poder alabarlas o criticarlas. Además, no por apuntarte a uno vas a mejorar por arte de magia en tu faceta de escritor. Para lo que te va a servir seguro es para confirmar que te queda mucho camino por delante, pero también te va a ayudar a ver qué es lo que no debes hacer en el mundo de la escritura.

Cuando esté más avanzado te expondré un poco mis sensaciones y seguramente subiré a las redes algunos de los relatos que estoy escribiendo semana tras semana. Te hablaré de cómo optimizo este tipo de enseñanzas, lo que para mí tienen de negativo y lo beneficioso de todo este trabajo. De momento te dejo con un par de recomendaciones literarias que espero que te animes a leer ahora que llega el otoño y posiblemente pases más tiempo en casa.

mis lecturas

Voces del pasado

Una de las cosas que más me gusta es comprar libros de segunda mano. Mi página de referencia es Iberlibro desde hace relativamente poco, pues antes me dedicaba más a pasear por los mercadillos a ver qué me encontraba que a la búsqueda sistemática de un ejemplar por medio de internet; pero los tiempos y las necesidades cambian.

Cuando uno se hace con un libro de segunda mano se puede encontrar sorpresas que no espera entre sus páginas. Esos pequeños tesoros a veces nos dicen algo del lector que tuvo entre sus manos ese ejemplar. Es una situación que he vivido y siento como si una voz del pasado me susurrara al oído y mi yo investigador me puede: quiero saber más de quiénes fueron los lectores anteriores.

Sorpresas que te da la vida

A veces la dedicatoria es muy sucinta, tanto que en realidad se limita a unas iniciales, un apellido y una fecha. Apoyado en unas pocas pistas como estas y tirando de un hilo ficticio, Benito Olmo ha desarrollado la trama de su novela Tinta y fuego. En mi defensa diré, para que no penséis que él es el único, que ya en el 2019, cuando tal vez Benito no había sentido la necesidad de saber más de los dueños de libros expoliados, perdidos o desaparecidos, yo ya estaba montándome mis investigaciones.

Para Ana, mi mujer, con la esperanza de compartir algunas horas a su lado, escuchando de ella el «regusto» de la lectura del libro. ¡Besos!

Aeropuerto de Madrid, 27 oct. 97

Edu

¿Qué habría ocurrido con Ana y Edu que su libro acabó al final entre mis manos? ¿Volvió de ese viaje? ¿No llegó nunca a recibir el libro? ¿Qué historia sustentan esas palabras? Se trata de una primera edición de Afrodita, de Isabel Allende, especial por su formato e ilustraciones. No es una obra para leerla con prisas. Es más, la tengo hace años y la ojeo de vez en cuando, releo alguna parte o incluso, más de una vez, descubro algo nuevo. Creo que se trata de un regalo cuidado, para una mujer madura. Como de la edad de Isabel cuando lo escribió, que ya estaba en los 50 y seguía disfrutando de los dos mejores pecados capitales: la lujuria y la gula. Tal vez la historia de Ana y Edu iba a empujones y él quiso reavivarla, lo mismo ella ya había perdido toda esperanza o, sencillamente, se mudaron, no pudieron cargar con tantos libros y lo acabaron vendiendo. Siempre me quedará la duda de qué ocurrió con la historia de esta pareja, pero siempre tendré la oportunidad de poner por escrito lo que creo que fue. Ese es un privilegio que se nos concede gracias a la ingente imaginación del escritor.

Hace unos días compré otro ejempolar de segunda mano y tuve la fortuna de disfrutar de un suceso parecido al que se narra en la obra «El barco de Teseo«. Para quién no lo conozca, me remito a la entrada que publiqué ya hace más de un año donde explico un poco el contenido del libro. Puedo dejar una pincelada para que entendáis los hechos. Se trata de una obra de una biblioteca en la que un lector va haciendo anotaciones y otra usuaria, al encontrarlo, va respondiendo dichas anotaciones, creándose entre ambos un vínculo relacionado con el misterio que envuelve al volumen.

Técnicamente eso es algo que los lectores de las bibliotecas no debemos hacer, pero para eso estamos frente a una novela de ficción. Además, hay veces que los libros donados a las bibliotecas vienen anotados y esas apostillas las hicieron sus anteriores dueños.

¿Te imaginas un ejemplar de Bodas de Sangre anotado por el propio García Lorca? Seguro que si lo encontraras no te parecerían entonces tan mal esos escritos al margen. Con sinceridad, si esos comentarios son realizados por personas que aportan algo a la obra, a mí me da la sensación de que el libro cobra vida y se transforma en una máquina del tiempo.

En El barco de Teseo nos encontramos una ficción dentro de la ficción, como una matrioska de papel. Pero a veces no es ficción. Yo he tenido la suerte de encontrarme con una nave parecida a la de Teseo, solo que real.

Susurros del pasado

Todo ha ocurrido hace unos días, en otra de mis compras para documentarme acerca de la II República y la Guerra Civil Española. Tras mucho remirar y por recomendación de mi pareja, me decidí por el estudio realizado sobre el tema por Julián Casanova, catedrático de Contemporanea de la Universidad de Zaragoza, al que él tuvo como profesor, por lo que me me dió pautas sobre el tipo de obra que iba a tener entre manos.

Lo ojeo por encima y compruebo que lo que comentaban en las especificaciones de Iberlibro se cumplía. Las marcas del anterior dueño no me impedían leer el texto y, ni corta ni perezosa, comienzo la lectura. Este tipo de textos también me genera la necesidad de poner mis propias anotaciones, ya que es la técnica que he utilizado desde que inicié mis estudios universitarios, aunque suelo hacerlo a lápiz o pongo pósits.

Aquí todo el problema comenzó cuando mi curiosidad innata vio esa marca comentada líneas más arriba, inicial, apellido y fecha, y quise saber quién había sido ese anterior propietario. Seguramente pensarás que estaba loca y no te quito la razón, pero eso mismo, salvando las distancias, se lo dijeron a Heinrich Schliemann y descubrió Troya. El mundo es del que tiene las narices de salir y mirar lo que hay fuera.

Puede parecer un hilo muy fino, pero la perseverancia es la madre de muchos descubrimientos. Lo lógico sería que «J» fuera José, Juan o Javier Allo, y más extraño que fuera Joaquín, Jaime o Jerónimo. Por lo tanto inicié mi búsqueda, primero con un infructuoso intento al usar José. Con Juan lo hice también sin demasiadas esperanzas al no saber el segundo apellido. Hasta que llegué a la página 160 y me encontré con ese maravilloso dato del nombre de Adolfo Vázquez Humasqué y la anotación: Tío segundo mío por parte de mi madre. En ese momento levité un poquito. Me zambullí, algo muy útil con estos calores, en internet cruzando datos y logré dar por fin con el anterior dueño de este libro del que os cuento lo poco que hasta la fecha he logrado saber, pero que me ha ayudado para situarlo y entender de manera adecuada los comentarios con los que va trufando algunos márgenes.

Xoán Anllo Vázquez, nacido en 1936 en Feira do Monte (Cospeito), falleció el pasado 2 de junio (2023) a los 87 años de edad. Anllo, licenciado en Derecho, fue traductor oficial en las Naciones Unidas durante 40 años, lo que le abrió las puertas para conseguir una colección de piezas de arte africano que donó hace una década al Museo Provincial de Lugo.

Anllo fue recopilando durante sus años en la ONU piezas que iba adquiriendo en sus viajes por todo el mundo, especialmente en sus estancia en África, donde señalaba hace años que había quedado fascinado por el arte de este continente, logrando conformar una completa colección formada por más de dos centenares de piezas.

Xoán Anllo en el 2015 con piezas que donó al Museo Provincial ALBERTO LÓPEZ

Anllo, además de traductor para la ONU durante 40 años, realizó estudios y trabajos que se fueron publicando en formato libro o en revistas científicas, como su volumen «Estructura y problemas del campo español», de 1967; estudios relacionados con su trabajo y su relación con otros intelectuales gallegos, como José Ángel Valente, o sobre aspectos de política internacional. (Fragmento de artículo recopilado de La Voz de Galicia)

He sentido cómo una voz del pasado me ha guiado en la lectura de un libro; he compartido, pese al paso del tiempo, conclusiones a las que hemos llegado los dos, y he llegado a entender lo que significaba cada subrayado aunque no estuviera acompañado de anotaciones. Ha sido tal la comunicación que he percibido que cuando el lector no estaba del todo de acuerdo con lo escrito por Julián Casanova lo destacaba con unas líneas ondulantes y si era algo que había que destacar por importante, lo hacía con una marca recta. Se notaba su labor de traductor y su perfecto conocimiento del castellano puesto que iba corrigiendo errores a lo largo de las páginas, tales como comas que no debían de estar, eses que sobraban en palabras porque no eran en plural según el sujeto que se utilizaba o términos que no venían al caso. No es que hubiera muchos, pero los pocos que encontraba los iba subsanando.

He finalizado el libro y tengo una sensación extraña, puesto que me hubiera gustado haber hablado con el anterior lector sobre sus impresiones, algo que como sabéis ya es imposible. Creo que pese al gran salto generacional hubiéramos estado los dos de acuerdo en algunas cuestiones y le hubiéramos debatido alguna de las valoraciónes que hace Julián Casanova.

Los del gremio de historia, como los del periodismo, sabemos que por mucho que uno no quiera, al final todos, como humanos, tenemos un sesgo y tendemos a plasmarlo en nuestros escritos. Ya me avisaron de la orientación del autor del libro, que si bien lo veo lógico, no dejo de pensar que hay un aspecto en el que se me queda corto su trabajo historiográfico. Me falta que hubiera profundizado más en el aspecto de que la II República se precipitó en muchas de sus reformas y pese a que una de ellas, la enseñanza, que es la que más me interesa, era fundamental para su desarrollo, tanto o más que la reforma agraria o los derechos de los obreros, pasa muy de puntillas sobre dicha cuestión. También es cierto que acercarse a todo lo acontecido durante ese periodo de la Historia de España en apenas 450 páginas es una tarea muy meritoria. Es un estudio que recomiendo porque resulta muy esclarecedor en bastantes aspectos que influyeron en la llegada, desarrollo y caída del régimen republicano. Aunque te puedo garantizar que si le tengo aprecio a ese libro no solo es porque ha sido un buen guía para organizar la documentación de mi próxima novela, sino porque he sentido la voz del pasado orientando también mi viaje.

Esta es una prueba de que hay que ver con otros ojos y valorar la importancia de ciertas obras anotadas por personas que saben lo que están haciendo. No siempre podremos disfrutar de ese privilegio, pero soy de las afortunadas que han sentido ese hilo conductor, al menos una vez. Mi agradecimiento a Juan Anllo Vázquez.

mis lecturas

El detective

Aprovechando el tiempo de espera y como forma de mantenerme entretenida, ocupo mis ratos libres en leer novelas de thriller. Me dedico, sobre todo, a indagar sobre el tipo de investigador, que de forma habitual están usando los escritores en la actualidad. Todo ello, más por curiosidad que por hacer un análisis exhaustivo de lo que se cuece en este ámbito.

Tengo una amplia lista que seguramente te resultará conocida, tanto de investigadores autóctonos como de aquellos que son extranjeros y que el ávido lector de este género seguro que es capaz de nombrar a más de cinco. Los hay que pertenecen a los Cuerpos de Seguridad del Estado y otros que tienen licencia de armas y de investigador privado, montando así una agencia para dedicarse al oficio. Han protagonizado muchos libros y en algunos casos han tenido la fortuna de saltar a la pantalla en forma de serie o película, mientras que otros se han mantenido en las estanterías de las bibliotecas, e incluso, han pasado sin pena ni gloria. Los más famosos, han trascendido y son leídos generación tras generación. De hecho, todavía recuerdo cuando tenía doce años, mi tía Julia me recomendó a Agatha Christie y, ahí, empecé a descubrir los primeros libros que podría considerar como de lectura de adulta.

Con el transcurrir del tiempo, me topé con los detectives españoles. Porque ya sabes lo que pasa, solemos mirar por encima de la línea de los Pirineos y pensar que todo lo que de allí viene es mejor que lo que nosotros tenemos obviando muchas veces al producto nacional. Pese a todo, yo que he viajado, no tanto como he leído, puedo confirmar que no es cierto. Tenemos a grandes expertos trabajando en la materia. Como a Pepe Carvalho, un individuo un tanto atípico, de personalidad rica, compleja y contradictoria, cuyas aventuras sirven al autor para retratar, y a menudo criticar, la situación política y cultural de la cambiante sociedad española de la última mitad del siglo XX. Un ejemplo lo encontrarás en el proceso autodestructivo del Partido Comunista en los primeros tiempos de la transición, que se describe en Asesinato en el Comité Central. La caída del felipismo en los años noventa es el telón de fondo de El premio. O si quieres conocer el discutido proceso de transformación de Barcelona con motivo de las Olimpiadas de 1992, lo tienes presente en Sabotaje Olímpico. Con lo que seas, escritor o lector, para tomar el pulso a la España del último tercio de siglo, Carvalho sería muy adecuado para hacerlo y mucho más entretenido que dedicarse a buscar en Google o en Wikipedia.

Si lo que te interesa es algo más actual, te puedo recomendar la pareja de la Guardia Civil compuesta por el sargento Rubén Bevilacqua y la agente Virginia Chamorro. A lo largo de los trece casos en los que intervienen iremos viendo cómo evolucionan a nivel psicológico y van ascendiendo en el escalafón dentro del cuerpo. Incluso, si te animas, puedes ver la película de su tercera novela: La niebla y la doncella.

Hay detectives que desarrollan su trabajo en la época medieval, como Guillermo de Baskerville en El nombre de la rosa, y otros en pleno imperio romano, como Marco Didio Falco. Para más señas, personaje creado por Lindsey Davis, escritora inglesa de novelas de intriga ambientadas en dicho periodo.

Estas novelas pertenecen tanto al género histórico (en la época del emperador Vespasiano) como al policiaco (Falco es un «informante», término con el que se designaba a los detectives privados de la época). También aparecen elementos de los géneros humorístico y romántico. Las novelas están escritas en primera persona, dando la impresión de que han sido manuscritas por el mismo Marco, como si fueran sus propias memorias. Es ideal seguir el orden de lectura de los libros, ya que los acontecimientos que contienen van influyendo en la vida de Falco, a menudo cambiandola, o el de las personas que le rodean. Sin embargo, también es posible leer cualquiera de los libros por separado, ya que cualquier hecho previo es explicado al lector. Algo que también se encuentra en la saga de Lorenzo Silva, que he comentado con anterioridad, como una forma de ver la evolución de los personajes a lo largo del tiempo.

Mis lecturas recomendadas para esta semana

Además de esta pincelada en forma de lista de algunos detectives, te animo a conocer a Maisie Dobbs en su primera intervención: El caso de los soldados sin nombre.

En la trama nos va introduciendo en los orígenes de nuestra detective y cómo logra abrir su propio negocio en el Londres convulso de entreguerras. Lo que más me ha gustado de la historia es la forma de presentarnos el gran salto que supuso, para Gran Bretaña y para el mundo, este periodo histórico. La ambientación te pone en el lugar de aquellas personas que la vivieron de primera mano y nos presenta todas las consecuencias que sufrieron en su día a día los que sobrevivieron a la contienda. Lo considero un buen arranque para conocer a una mujer, aunque sea de ficción, que comparte mundo con Hercules Poirot, refugiado belga de este mismo conflicto bélico, y es antecesora de Miss Marple, ya que esta surge iniciados los años 30. Es un tipo de novela tranquila, como todas las de Agatha Christie; lo que llamaríamos hoy en día para todos los públicos.

El siguiente investigador con el que he trabajado esta semana es Jean-Baptiste Adamsberg, comisario de policía en París, en el caso de El hombre de los círculos azules. Ingresó en la policía con 25 años. Procedente de los bajos Pirineos, lo que él denomina pueblos de piedra y que con 45 años es trasladado a París como comisario del distrito 5º. Más tarde será nombrado comisario principal de la Brigada Criminal de esta ciudad. Esa vida en el sur del Francia puede darnos la pista de que sea un ser asocial, asilvestrado y solitario, entre otras muchas características. Además tiene una gran capacidad para almacenar imágenes en su mente, pero no palabras. Olvida los nombres de sus más próximos colaboradores. Parecería que no hay lugar para una persona como él en el cuerpo, pero, gracias a su increíble intuición, su índice de resolución de casos es inmejorable y ello ha ocasionado su rápido ascenso. Es capaz de ver la maldad que rezuma en los otros y nunca se equivoca.

Hasta aquí el personaje. Luego en la forma en la que se desarrolla el caso es donde me encontré con la dificultad de seguir la lectura y, aun así, la finalice en el tiempo que tenía previsto para ello. Vargas divaga de una manera que se me recuerda a cuando alguien coge un violín y, sin saberlo tocar, poner el arco encima de las cuerdas. Me crispa los nervios. Va de un pensamiento a otro sin orden ni concierto, ya sea de uno referente al caso, ya de los de su vida personal, haciendo que tratar de seguir el hilo de la historia se complique, desde mi punto de vista, en exceso. Hay veces que, en un libro, la trama se come al protagonista o viceversa. En este caso, si bien el misterio de los círculos azules es interesante, lo enrevesa tanto que es fácil caer en la tentación de abandonar su lectura, pero me he contenido, como ya te he comentado. No me gusta dejar un libro sin acabar. Es más, empezaré otro y con el mismo investigador para ver si es la tónica habitual en Fred Vargas. Incluso haré igual con Pierre Lamaitre, pues me da la sensación de que es un estilo de narrar propio de ciertos escritores franceses. Algo así ha ocurrido en España con los nuevos autores de thriller, pues si bien el estilo no tiene nada que ver con el que he leido de los franceses no dejan todos ellos de tener ciertos puntos en común que los asemejan.

Si te gusta mucho el thriller son dos novelas que recomiendo; pero si es la primera vez que te acercas a este género, te aconsejo que elijas a otro de los libros anteriormente mencionados. Muchas veces le acabamos cogiendo manía a un género porque elegimos una novela que nos viene grande o que pesa mucho en nuestro ánimo, generando con ello un bloqueo del lector. Si quieres ir sobreseguro, no dudes en acercarte a los más leídos del momento como Cesar Gellida, Javier Cercas o Juan Gómez Jurado. De ellos encontraras en las plataformas las series, Memento Mori, Terra Alta (en plena producción) o Reina Roja.

Leer tantas novelas con detectives tan diferentes me ha valido para conocer más a fondo el género y poder hablar con conocimiento de causa sobre autores también muy dispares. Luego, para gustos los colores.

Me despido hoy con las palabras de Maurice Blanche, mentor de Maisie Dobbs:

La verdad se abre paso hacia nosotros por el camino de nuestras preguntas. En cuanto pienses que tienes la respuesta, estarás en un callejón sin salida, y eso significa que puedes perder información que tal vez sea vital para lo que estás tratando de averiguar. Espera en silencio y no te apresures a sacar conclusiones, por muy inquietante que te resulte lo que aún ignoras”.

El caso del soldado sin nombre de Jacqueline Winspear

mis lecturas

Recuerda

Mi secreto

Hoy en día vivo con el corazón partido entre el derecho a ejercer la denominada libertad de expresión y el interés que tendrán algunos lectores por lincharme. Un tipo de potestad ejercida por parte de aquellos que no están de acuerdo con mi opinión, pese a que intento siempre expresarla con fundamento y educación. Pero dar su brazo a torcer, en las redes en particular y en España en general, es inasumible por parte de la gran mayoría de los internautas. Nadie reconocerá la autoridad del otro por mucho que se le pongan delante de las narices las pruebas que lo ratifiquen. Si hay personas que todavía piensan que la tierra es plana, cuando hace milenios se demostró que es redonda y es algo fácilmente apreciable incluso a simple vista, no me extraña que haya multitudes que intentarían sacarme los ojos si expresara, de verdad, lo que pienso de muchos comentarios y temas.

Ser políticamente correcto es el marbete que llevamos colgados todos aquellos que queremos vivir en paz en el mundo de las relaciones sociales. Mi pregunta es ¿cómo sobreviven todos aquellos que mienten descaradamente y se pasan la vida revolviendo el caldero? Porque luego llega un pobre inocente, comete un desliz y las redes arden hasta los cimientos. Aparecen los coñohonrados defendiendo lo indefendible y aquello se convierte en una caza de brujas al más puro estilo medieval.

Te estarás preguntando a santo de qué viene esta digresión y viene por el tipo de libros que leo en la actualidad y a los que me acerqué en otros momentos. Si es de alguien que está en la lista de los autopublicados y osas hacer la más mínima crítica, saldrán en su defensa aquellos que postulan que el autor es un pobre inexperto que acaba de empezar y por lo tanto está en su derecho de equivocarse. Aunque con tan numantina defensa más bien parece que esté en la obligación de hacerlo. Parece que es impepinable nuestro deber de perdonar el cúmulo de errores, aunque sean de tal calibre que no los cometería un niño de primaria, pero ojo, de aquellos de primaria que estudiaron la EGB, no de los de la actualidad. Si el autor es algo más consagrado, automáticamente saltarán a la palestra aquellos llamados «abogados de pleitos pobres», tan habituales en nuestro entorno, que alegarán que quién soy yo para criticar a un compañero. Como si ser compañeros ya nos sirviera de escudo de vibranium.

¿En qué se resume la mayor parte de las aportaciones que se hacen bajo el falso nombre de críticas? En una palmadita en el lomo y si los «musos» empotran o no a la protagonista de turno de la forma adecuada. Pues mira, siento decir que muso tiene otro significado que, si lo conocieran, seguro que usarían menos; pero claro, hay que tirar de Diccionario de la Lengua Española y es mucha tarea. Eso que estamos todo el día con la palabra empoderamiento en la boca. Qué verdad esa, que decía mi abuela, de que la ignorancia es muy atrevida. De este pedigrí he encontrado a muchos entre los miembros de colectivos que lo mínimo que se les presupone es buen oficio, pero que no alcanzan la categoría de iniciados en la cartilla 0 de caligrafía de Rubio.

Mi recomendación

Desde hace unos meses me estoy dedicando a leer libros de nombres «de reconocido prestigio». No todos ellos son conocidos por el gran público, pero cierto es que tienen miles de lectores. No hablo de descubrir autores desconocidos, aunque sí pueden serlo para mí pese a que vienen con una larga trayectoria literaria detrás. Quiero con esto afinar, de verdad, mi sentido crítico y, al alimón, montar un club de lectura que enriquezca a sus miembros con aportaciones que nos sirvan para crecer como escritores. Sé que sería un campo minado si se abre a muchos participantes, por lo que lo compondremos un número reducido, para que sea manejable, y será privado, para que podamos aprender de verdad. Algo más próximo a la masonería que al Círculo de Lectores, para qué mentir. Me dan ganas de poner como prueba de admisión la lectura de un libro de los postulantes y realizar su crítica fundamentada. Si no eres capaz de soportar ese escrutinio no tienes derecho a criticar los libros de los demás, ya que se demostraría que estás abierto a asumir las opiniones ajenas y los fallos. Entiendo que nadie es perfecto, pero se debe demostrar la intención de mejorar, que es la finalidad del grupo. Esto es como una partida de ajedrez y yo solo juego con aquellos que me puedan ganar; lo demás es un aburrimiento y pérdida de tiempo. Ponme retos y olvida eso de los golpecitos en la espalda que, al final, acaban siendo puñaladas traperas que no me aportan nada. Quiero una verdadera lectura crítica.

Esta semana ha sido, de Pierre Lamatrie, Vestido de novia. Leyendo sus primeras páginas, la forma de poner en escena a la protagonista me ha recordado la película Psicosis de Hitchcock. Quería saber algo más del autor y busqué en su biografía, confirmando mi pálpito: además de ser escritor de thriller es guionista y admiraba al citado director de cine.

Según iba avanzando en la angustiosa trama, más me picaba la curiosidad de saber cómo había nacido esa historia. Si hubiera podido hacerle una entrevista al autor, mi primera pregunta hubiera sido qué le indujo a tratar ese tema. De momento, fui tirando de mi bagaje cinéfilo que, si bien no es tan amplio como yo quisiera, tiene su aquel para estos asuntos. Me había venido a la memoria otra película del mismo director y de la que solo tenía como referencia para encontrarla que parte de los decorados habían sido pintados por Dalí.

Así apareció la película Recuerda (1945). Me he vuelto loca buscándola ―a veces localizar una película de cine clásico es complicado― para poderla disfrutar de nuevo en la pantalla, pero por fin lo he logrado y he comprendido de dónde ha salido la historia. Obviamente el autor ha modificado la estructura de la narración haciendo lo que se denomina un 2, 1, 3: la lectura se inicia con el nudo de la historia y sigue avanzando con la narración del detonante de la trama hasta llegar al final. No considero que sea, como he leído en algunos críticos, una novela impecable. Pese a que puede parecer redonda, se apoya en la casualidad y tantas casualidades hacen que la pierda credibilidad. Es más, puedo considerar que el autor es un mentiroso.

Antes de leer las críticas para escribir esta entrada ya había pillado de qué pie cojeaba. Dirás que voy de sobrada; siento decir que no, que cuando una ha leído mucho ―y hablo de autores clásicos de todos los tiempos―, tiene un criterio bien formado. Lo que te he dicho al inicio de la entrada: tengo, sin ser una experta, autoridad suficiente como para poder fundamentar. Encima, encuentro la reseña de El País, donde mis postulados y los del crítico literario son muy similares, algo que me ha producido una profunda satisfacción, pues me reafirma. https://elpais.com/cultura/2015/02/11/babelia/1423652867_693810.html. Prometo que el columnista de esta sección del periódico no soy yo ni nadie de mi familia con el que me haya tomado unas copas o compartido comentarios. 

Son tres los puntos que han hecho que el libro no me convenciera:

1.- El tiempo. A veces da la sensación de que la historia transcurre en los años 70 del siglo XX y, de repente, te das cuenta de que nos encontramos entre finales de los 90 y principios del XXI.

2.- La mentira. Es imposible que todo lo que ocurre en la trama funcione, ni aunque fuera agente de los servicios secretos. O que en Francia Internet no funcione como en el resto del mundo. Hay momentos en que parece que la policía no exista en absoluto. Como en Recuerda, cuando dos agentes caen en la cuenta de haber tenido delante a la doctora (Ingrid Bergman, nada menos) y no la reconocen porque lleva gafas de ver, algo en lo que Hitchcock incide pues las pintan en una fotografía para explicárnoslo. Recordemos que es 1945.

3.- La lógica. A las primeras de cambio y teniendo en cuenta la fecha real en la que se desarrolla la trama y que todo se inicia por el robo de un bolso, lo normal es que la protagonista cambiara la cerradura. A partir de ahí, por ese simple hecho, se hunde toda la trama. Además ella sospecha de todo al final, cuando se supone que mentalmente está mucho más afectada.

Ahí es a dónde voy cuando hablo de la importancia de leer libros que nos den unos cimientos y una formación para hacer una crítica constructiva útil. Sobre todo si queremos destacar en este oficio, si somos escritores y si nuestro deseo es aprender. O también puede servir para otros escritores, si solo somos lectores con interés en apoyar a los autores que de verdad veamos en su trayectoria la intención de crecer. En realidad sé que son pocos y que estas palabras caerán prácticamente en saco roto, por lo que tampoco tengo demasiadas esperanzas.

Te lo he dicho muchas veces. Si no tienes una buena técnica, cuando trabajes con un corrector o con un editor te podrán engañar con harta facilidad, no distinguirás la calidad de su trabajo; cuando hagas una reseña o ejerzas como lector cero le harás la puñeta, solo harás comentarios banales, como lo ágil que ha sido la lectura, y no aportarás nada para su mejora. Vemos a correctores y editores publicitando las novelas en las que han trabajado y que cuando lees sus primeras páginas te llevas las manos a la cabeza por la cantidad de errores. Nunca sabré si es porque el autor o autora de turno, por soberbia, no han aceptado las correcciones sugeridas, por desconocimiento lo han visto todo estupendo o porque en realidad nunca les han hecho una buena corrección. Pero no seré yo la que pregunte. Y no me vale la excusa de que en las grandes editoriales también hay errores o fallos. Claro, y en las cocinas de El Bulli, pero seguro que son mínimas y se percibirán pocas veces. A mí eso de, mal de muchos consuelo de tontos, no me vale. ¿A ti sí?

¿En qué queda todo? El resumen está en que incluso un premio Goncourt puede tener una novela en la que se pillen errores de trama y no pasa nada. A fin de cuentas, un gran equipo, como el Real Madrid o el Barcelona pueden tener un mal día y, pese a todo, se disfruta de jugadas magistrales, algo que he visto en este autor. Se pueden criticar y aprender de ellas, tanto las buenas jugadas como las malas, para no repetir estas últimas.

Seamos un poquito más humildes y en vez de subirnos por las paredes, cuando alguien vierta una crítica negativa sobre nuestro trabajo, preguntemos y aprendamos. Junto a eso, hagamos verdaderas lecturas conjuntas, tan de moda en las redes, pero con fundamento, como las recetas de Karlos Arguiñano. Todo lo demás es para nada.

mis lecturas

Círculo de Lectores-sama

El club de lectores de los años sesenta

Que levante la mano quién no ha comprado algún libro del Círculo de Lectores o no ha oído hablar de este club. Si eres de los nacidos en la generación de los años 60 seguro que alguno ha pasado por tus manos, sea por regalo, sea porque en tu familia han sido socios y luego tú has mantenido la tradición. En nuestra retina se han quedado grabadas las cubiertas de las coleccionesy todavía entre los que somos ávidos lectores nombramos algunos de sus títulos y rememoramos las que han estado en nuestras casas. Una empresa que nació en 1967 y que sobrevivió hasta el año 2019, tras haber sido comprada por Planeta para intentar reflotarla o terminar con ella, nunca lo tuve del todo claro. Igual que AVON llamó alguna vez a nuestra puerta, el agente del Círculo de Lectores lo hacía cada mes junto con su catálogo de novedades. Eran ediciones cuidadas y en mi casa era habitual que todos los meses adquiriéramos un libro, eso cuando todavía las casas que tenían poder adquisitivo también gozaban de espacio para poder colocarlos. Era el boom de las hipotecas, el turismo y, en ciertos estatus, el interés por la cultura, que se representaba por tener libros en casa. Eso no quita para que muchas personas los compraran, por lo decorativo de sus lomos, como elemento para rellenar las estanterías de los salones.

La gente ha hablado de la desaparición de muchos oficios debido a los avances tecnológicos y bastante de ellos están relacionados con la cultura. Así ocurrió con los agentes del Círculo de Lectores, que llegaron a ser mas de 5000 en nuestro país y que tuvieron que reciclarse buscando trabajo como comerciales en editoriales o en otros trabajos relacionados con la venta. Eso mismo debieron hacer el millón de socios que disfrutaron de esta venta puerta a puerta. Tengo que reconocer que, salvando las diferencias, a veces viene a mi memoria este modelo de negocio cuando me cruzo con el camión de Bofrost.

Además del modelo puerta a puerta, la compañía había ampliado su captación de socios a través de la atención telefónica, no solo ofreciendo libros, sino otros productos como música, cosméticos o artículos de ocio para el hogar. Unas ventas que llegaron a representar el 30% de la facturación, pero que alejaban cada vez más al Círculo de Lectores de su propuesta original. Pese a que el libro de papel resiste contra viento y marea, el formato de venta propuesto en los años sesenta no soportó el empuje digital. Junto a eso, la competencia de Amazón fue muy grande para el Círculo de Lectores, que vio como muchos nuevos lectores apostaban por el gigante del ecommerce para regalar y comprar libros, tanto físicos como en digital.

Un club que quedó obsoleto, pero supuso durante muchos años una excelente vía de acceso a la lectura para todos aquellos que no disponían de suficiente poder adquisitivo, pues sus ediciones eran muy asequibles, o no disponían de bibliotecas cercanas.

Todavía queda algún ejemplar por mi casa de esta editorial, aunque muchos de ellos los tuve que dejar en el par de mudanzas que he sufrido el año pasado, la de mi madre y la mía. Pero bueno, no se puede vivir de viejas glorias. Tuvieron su vida activa y ya serán muchos una nueva pasta de papel que creara historias nuevas. Eso mismo le ocurrió a Planeta, dueña del Círculo, al poco de avisar de su cierre: tuvo que ponerse de acuerdo con los autores a los que avisó de la destrucción de su gran colección de Obras Completas.

Muchos nos preguntamos por qué al igual que otras empresas se adaptaron a los tiempos e incluso surgió algo similar en la figura de Amazón, Planeta no fue capaz de renovarse y decidió morir. Sus catálogos empezaron a tener de todo menos libros. Tal vez quiso copiar a otras empresas de ventas, como la anteriormente mencionada, en vez de buscar algo que fuera su puesta en valor y que la diferenciara. Por eso pensamos que Planeta decidio darle la puntilla con esos catálogos, y el cerrojazo en el 2019.

Uno de los libros que perdí fue el de una serie que se hizo muy famosa en los años 80, titulada Shogun, homónima de la novela del autor James Clavell y que fue una revolución para los televidentes de la época. Desarrollada en cinco capítulos, recuerdo que nos dejó un buen sabor de boca a todos los que seguimos las peripecias de sus protagonistas, John Blackthorne y Toda Mariko, que se ven envueltos en las intrigas del Japón feudal del siglo XVII. Un pais muy desconocido para la gran mayoría de los españoles, salvo por los dibujos animados de Mazinger Z, que llegaron a España en 1978.

Como muchas cosas vuelven y Disney no tiene ideas propias, esta plataforma ha puesto a disposición de sus clientes una nueva versión de aquella mítica serie, esta vez repartida en diez episodios. James Clavell nos desarrolló una novela histórica donde se narra el choque cultural en un Japón feudal cerrado a cualquier interferencia extranjera, pero que permite a los jesuitas provenientes del sudeste asiático, comerciar con ellos. Igual que los españoles fletábamos el galeón de Manila, ellos los barcos negros, por estar pintados con brea para impermeabilizarlos. La llegada de los religiosos se produjo en una época de crisis de gobierno en Japón, al que se suma el intento de otras potencias de comerciar en el oriente quitándole el monopolio a España y Portugal. Entre esos tira y afloja iremos viendo la historia de Yoshii Toranaga, iniciador de un shogunato que se extenderá en el tiempo hasta el siglo XIX y que finaliza con la Restauración Meiji. En medio de toda la intriga política y religiosa se moveran otros personajes, como Lady Mariko, noble japonesa, y John Blackthorne, piloto mayor que habría sido el primer británico en llegar a Japón.

Me gusta la evolución de ambos personajes a lo largo de la historia. John pasará de ser el típico europeo que llega a Oriente pensando que su cultura es superior a, con el paso del tiempo, comprender que lo que el denomina civilización europea no es equiparable a la forma de vida de la sociedad japonesa de la época, pese a sus luces y sus sombras, con lo que cada vez se sentira más a gusto en Japón. En cuanto a lady Mariko, su vida se complicara más, si eso era posible, con la llegada del que ellos consideran un bárbaro. En un mundo de intrigas, vivirá en una continua lucha entre su conversión al catolicismo, la lealtad a su señor feudal, el compromiso con su marido, su hijo y sus deberes familiares y con su clan. Me gusta como, pese a estar en el siglo XVII, vemos a una verdadera mujer empoderada, de las muchas que había, incluso en la Europa de esa misma época, y de la que tenemos variados ejemplos. Toda Mariko ejercerá de traductora y consejera del señor Yoshi Toranaga, que la consideraba muy prudente y digna de su confianza por su buen hacer en la corte. En Europa tuvimos a mujeres del mismo calibre, como Leonor de Aquitania, Doña Urraca, Isabel la Católica o la duquesa de Éboli. Y otras muchas de ellas que llevaron las haciendas mientras sus maridos estaban en la guerra o en la conquista de América. Pero de eso se habla poco y solo ha llegado a nosotros las que más destacaron, por ser reinas o madres de reyes.

Como lectora os recomiendo que leáis el libro porque, al igual que en el Nombre de la rosa, hay matices a los que la serie nunca podrá llegar pues se haría muy densa. Para aquellos que quieran conocer un poco de ese periodo histórico esta lectura puede ser muy adecuada. No creo que desmerezca en nada la serie y pienso que no me equivoquo mucho si os la recomiendo. Habiendo visto solo dos capítulos, hasta el momento, no me decepciona la puesta en escena de la trama y por eso os la recomiendo junto con la lectura.

N. de la A. Sama (様 【さま】) es una versión más respetuosa y formal de san. Suele usarse en el ámbito profesional para dirigirse a los clientes, (llamándoles o-kyaku-sama, señor cliente) o a personas de mayor categoría que el hablante, aunque también puede usarse para referirse a alguien que uno admira profundamente.

mis lecturas

Me volveré «thrilera»

Un ambiente algo tenso

De unos meses a esta parte leo más thriller que novela romántica pese a ser este último género al que dedico mi tiempo como escritora. También es cierto que algunos toques de suspense y asesinato sí se pueden encontrar en mi última novela, con lo que puede que alguien piense que me voy a pasar al lado oscuro de la narrativa. No voy a negar que me tienta, pero lo mismo me ocurre con la fantasía y, como todo, no creo que se me diera mal si me empeñase. Durante un tiempo se me quitaron las intenciones de cambiar de romántica a otro tipo de historia por consejo de alguien al que, gracias a dios, le hice caso en su justa medida. Tan malo es que en tu entorno haya gente que te diga que no vales para algo como que existan aquellos que alaban en exceso una forma de trabajar y no te incitan a buscar nuevos caminos. Esto último fue lo me ocurrió hace años, cuando una persona tuvo la genial idea de recomendarme que solo escribiera romántica, con algo parecido a «zapatero a tus zapatos», pero dorándome la píldora con que yo era muy buena en lo mío. Menos mal que huelo a los aduladores a distancia.

Que no se asusten aquellos lectores que han leído mis anteriores novelas porque tampoco soy de cambios drásticos, pero sí quiero experimentar con otro tipo de narrativa, que también me atrae, si bien eso no significa que vaya a salir a la luz de la noche a la mañana un texto de fantasía escrito por mí o una novela negra. Aunque, tal como está la cosa, lo mismo vale la pena arriesgarse. ¿Y por qué te lo cuento? Porque me he quedado ojiplática con lo que leo en las redes y lo que llega a mis oídos, pese a que mi afán no es el cotilleo. Lo malo de internet y de las reuniones sociales es que al final todo se sabe, quieras o no.

Todo comenzó por un comentario gracioso y que es reiterativo cada vez que se produce un evento literario de autopublicados. La tragedia se mascó cuando pregunté a un participante que qué tal le había ido. Su respuesta fue breve: volaban los cuchillos. Fruncí el ceño a la vez que le comenté, ¿pero no era de romántica? Hubiera peligrado menos mi vida si el género hubiera sido el thriller, me respondió. Y ahí quedó todo, porque en realidad prefiero saber lo menos posible de estos dimes y diretes. También tengo que reconocer que una de las virtudes de mi interlocutor es la prudencia y no quise ponerlo en un aprieto.

No es la primera vez que me narran situaciones similares, que además he tenido la mala suerte de presenciar alguna que otra vez. Todo ello es un fiel reflejo de la vida misma, pero con alguna capa más de maquillaje, que acaba cuarteándose en menos dos. No me veo a Cesar Gellida apuñalándose con Juan Gómez-Jurado, ni en virtual, ni en analógico. Pensarás que exagero, nada más alejado de la realidad. Siempre recuerdo a una elemento conocido del mundillo literario que me ha hablado en cuatro o cinco ocasiones mal de algunos compañeros previniéndome hacia ellos. Quién me conoce sabe que valgo más por lo que callo que por lo que digo y tuve a bien no hacer caso de tanta tontería. Lo único que ocurrió con el correveidile de turno es que lo alejé de mi vida y mantuve amistad con las personas hacia las que trató de malmeterme.

Si todos los que nos dedicamos a escribir nos diéramos cuenta, de que, quitando cuatro privilegiados que no están aqui, somos más que pequeños espacios en blanco en este gran mundo literario y nos dedicáramos a mejorar nuestro trabajo, lo mismo otro gallo nos cantara. Pero no, nos esmeramos en meter palos en las ruedas, tratamos de aprovecharnos del que parece menos espabilado, no ayudamos al compañero incluso sabiendo que se va a caer y, sobre todo, lo más peligroso, no aceptamos ninguna crítica, ni comentario que pudiera enriquecernos, así nos despellejen vivos. Creo que todo se debe a que tenemos una larga cola de zalameros y no sabemos oír por encima de sus lisonjas, sin entender que, al final, nos convertimos en unos pobres infelices que vamos pisando los callos de los que tenemos alrededor, bien sea para encumbrarnos, bien para no escuchar que tampoco somos el no va más.

De ahí mi doble sentido de hacerme «thrilera». Lo mismo estoy más tranquila entre autores que se dedican a matar que con aquellos que hablan del amor y del sexo y parece que lo practican poco. Es una pena que en una actividad que para la gran mayoría, según dicen, es un hobby, la gente se comporte de esta manera. ¿Será igual en el mundillo de los que bordan a punto de cruz? Desde luego yo he tenido suerte, todo hay que decirlo, pero al igual que los amigos de verdad se cuentan con los dedos de una mano, los compañeros que ejercen de verdad como tales se numeran de la misma forma. Junto a todo esto también he encontrado escritores que sufren no solo de bloqueo lector o escritor, sino incluso de hartazgo de redes. Lo malo es que para vender un producto, que a fin de cuenta es lo que somos, en el buen sentido de la palabra, necesitamos la forma de contactar que internet pone a nuestra disposición. Pero parecemos empeñados en matar a la gallina de los huevos de oro.

Será utopía, pero me encantaría, de verdad de la buena, poder hablar de los libros de otros compañeros con ellos presentes, dónde tratáramos de la técnica, de cómo mejorarla, de otros autores que nos puedan enriquecer y de cómo aplicar sus conocimientos, sin ser rastreros o lameculos. Yo eso lo he hecho, por si alguien lo duda, y os lo he contado en otras oportunidades. Mi bilogía ha sido destripada entera hace un año. Podré estar o no de acuerdo con todo lo que se dijo, pero, gracias a esa forma de participar en una verdadera lectura conjunta, avancé en mi forma de afrontar nuevos proyectos. Todavía me queda mucho que aprender, por no decir que me falta casi todo; pero una cosa sí tengo clara y es que, así, dejando cadáveres por el camino, no es la mejor forma de jugar en esta liga. O jugamos en equipo, o apaga y vámonos.

¿Qué te recomiendo esta semana?

Esta semana me he leído un libro que vi recomendado en Instagram, no todo va a ser malo, bien sabes que adoro el tema de las navegar en internet. Me llamó la atención, para empezar, la portada porque me recordó a la de la novela La Bestia, de Carmen Mola y no andaba yo muy desencaminada; porque la ha editado en castellano Planeta, así que sigue una estética reconocible para mí. Se trata del thriller histórico titulado El libro del sepulturero, del autor alemán Oliver Pötzsch.

Soy amiga desde hace tiempo de leer este género, de autores de diversas lenguas para ver cómo afrontan estas tramas en otros paises. Desde que se puso de moda la novela negra sueca he seguido esa tónica y todos los años alguna novedad que no sea anglófona cae entre mis manos. Eso me sirve también para conocer distintas estructuras narrativas y la construcción de los ambientes y los personajes. Puedes creer que por ser todo novelas de la misma temática eso no se nota, pero no es así. No sé si eres fan de James Bond o de películas de género negro o policiaco, pero se nota solo con ver la forma de actuar de los actores si es de un país o de otro. Eso mismo ocurre con las series o telenovelas, que si bien no es algo que vea, sí es cierto que como ejemplo me vale, porque si tú las sigues, tampoco es igual la forma de afrontar la historia de una rodada en latinoamérica, una española o las de tan de moda provenientes de Turquía. Soy de las que creo que de todo y de todos se aprende.

Ya te aviso que te enfrentarás a una trilogía, aunque de momento he acabado de leer el primero y solo está publicado el segundo.

En el Prater, el parque más importante de la ciudad, aparece el cuerpo de una criada asesinada de forma brutal. Leopold von Herzfeldt, un joven inspector de policía, será el encargado del caso, a pesar de no contar con el favor de sus colegas, que no quieren saber nada de sus novedosos métodos de investigación, como la inspección de la escena del crimen, la obtención de pruebas o la toma de fotografías. Leopold tendrá el apoyo de dos personas del todo dispares: Augustin Rothmayer, el sepulturero mayor del cementerio central de Viena, y Julia Wolf, una joven operadora de la recién inaugurada central telefónica de la ciudad con un secreto que no quiere que salga a la luz.

Leopold, Augustin y Julia se verán inmersos en los profundos abismos ocultos tras las puertas de la glamurosa ciudad en una carrera para dar con un asesino despiadado que sembrará Viena de cadáveres inocentes.

Misterio, venganza y muerte en la Viena de 1893.

Ya te he hablado de que la portada me llamó la atención y posteriormente la sinopsis me confirmó que iba por buen camino. Página tras página voy avanzando en la Viena de finales del siglo XIX gracias a una cuidada ambientación, pero sobre todo a un esmerado léxico, ese que tanto echo en falta en las mal llamadas novelas seudohistóricas que tanto pululan por estos medios. Entiendo que usar el vocabulario adecuado es un trabajo añadido a la buena sintaxis y a otros elementos necesarios para tener una buena pluma. En todo caso, si no consideras que eso sea necesario, mejor que te dediques, si eres escritora, a otro oficio. Porque la clave de este está ahí. A fin de cuentas, la mayoría de los autores que piensan que no es útil si la historia es buena es por pereza y porque prefieren hacer un libro del montón.

Ten en cuenta que no hablo de el uso de palabras difíciles que lastren la lectura, solo pido el término adecuado. Te voy a nombrar unos ejemplos que a buen entendedor pocas palabras bastan.

Puedes. en un párrafo, poner que sacó su reloj de bolsillo y jugó con la cadena tras mirar la hora, pero también expresarlo de otra forma, como que se sacó la saboneta del bolsillo y jugó con la leontina tras mirar la hora. ¿Qué puede suponer eso al lector o a otro escritor? Pues que aprenda palabras propias de la época y que si lo usa en alguna narración se perciba que es que sabe de su oficio. Eso es lo que marca la diferencia y es algo que aprecio en este libro desde el inicio de su lectura. Junto a estas, remarcadas en negrita, me he encontrado otras que me han encantado y que he guardado en mi repertorio para un uso en el futuro:

  • Saboneta
  • Bruna
  • Marquesota
  • Amarrido
  • Andorrera

Además he aprendido otra: Biedermeier, que es la denominación de un gusto y estilo literario y artístico, especialmente ornamental, que se desarrolló en el Imperio Austriaco el resto de la Europa Central, entre el periodo del Congreso de Viena (1814-15) y 1848. Inicialmente designaba al sobrio estilo del mobiliario y las artes decorativas característicos de esa época y lugar y posteriormente el término fue aplicado, por extensión, a ciertas producciones pictóricas y literarias del mismo período, caracterizadas por rasgos románticos  y por una bondadosa sátira del mundo pequeño burgués.

Seguro que alguno de vosotros se ha sentado alguna vez en una de estas sillas que hoy en día perduran. Las hay tanto originales, porque fueron creadas para durar, como copias realizadas por una amor hacia lo vintage. Son un clásico en la filmografía de época.

En cuanto a la historia y la trama, están muy bien llevadas pese a no ser novedosas. Hay retazos de aquí y de allá que vienen a mi memoria como destellos de otras lecturas de asesinatos en serie y de casos reales, como el de Jack el Destripador. De hecho, el autor hace referencia a estos hechos, acaecidos en Londres unos años antes, en boca de uno de los policías. Me ha sorprendido el uso de algunos de los personajes históricos, como la de miembros de la familia Strauss, que en ese momento de finales de siglo se hallaban en la cumbre del éxito, a tal altura que eran prácticamente intocables, o del hermano pequeño del emperador Francisco José I, todos ellos muy bien encajados en la historia. Oliver Pötzsch describe muy bien ese abismo que marcaba la clase alta en plena decadencia y una clase baja que trata por todos los medios de salir de sus miserias. Entre ambas, la burguesía con aires de nobleza que hace de tapón para ambas realidades. Y todo ello aderezado con unos asesinatos, en una sociedad de la que el emperador estaba muy orgulloso porque consideraba que había logrado en su imperio que todas las culturas del territorio estuvieran bien avenida, señal de que todo era un gran globo dispuesto a estallar dos veces a lo largo del siguiente siglo. Ya se dan apuntes de odio intercultural entre alemanes y austriacos y entre estos dos y el resto, como se ve en el amago que se hace de acusar a los judíos de los males del imperio. Un estupendo caldo de cultivo para que, como he comentado, se encumbrara en el poder, tras unas elecciones, un pequeño cabo bávaro llamado Adolfo.

Una historia que te recomiendo porque tiene muchas lecturas, la de los asesinatos propiamente dicha, o la de la psicología de los protagonistas, cada uno con sus mochilas. Un policía que no solo enfrenta sus novedosos medios con la inamovible estructura policial de la Viena decimonónica, anclada incluso en el siglo anterior sino que ya viene con un pasado duro que le marca a lo largo de la investigación; una telefonista de la comisaría a la que llaman corderito, aunque su apellido es Wolf, un interesante juego de palabras, y, junto a ellos, el sepulturero, que ve cómo su vida, hasta entonces muy apacible, cambia de forma radical con la aparición del asesino en serie. Pese a que siempre le podemos encontrar un pero, para mí ha sido un gran descubrimiento literario. Al que le sumo la buena ambientación socio-política en la que se envuelve la trama y con la que le pone un gran lazo.

Sin duda no será la única novela que leeré de esta trilogía, pese a que hasta la fecha solo están publicadas dos y amenazo con contaros más de este autor.

mis lecturas

El libro del que todo el mundo hablará estas Navidades

El barco de Teseo y la narración enmarcada

La leyenda que da origen a la paradoja del barco de Teseo relata que, en una oportunidad, Teseo regresaba de la isla de Creta, junto con su tripulación, e iban en un barco que ya era bastante viejo. Durante el camino (el cual fue bastante largo) el navío se fue dañando cada vez más. Cada daño que sufría el barco era reparado por los tripulantes, siendo reemplazada la pieza rota por una en mejores condiciones, y en ocasiones las piezas eran recicladas y se colocaban en partes diferentes del barco.

Cuando Teseo y sus tripulantes llegaron a puerto, el barco había sido completamente modificado, no quedaba una sola pieza que fuese del navío en el que salieron de la isla de Creta, o en su defecto estas habían sido recicladas y colocadas en lugares distintos, como una nueva pieza.

Este particular evento suscitó una pregunta por parte de los filósofos de aquel tiempo: «¿el barco en el que Teseo y sus tripulantes han llegado a puerto es el mismo barco en el que han salido de la isla de Creta?».

Lo que se busca con esta paradoja griega es aclarar de alguna manera cuál es la esencia de los cuerpos y objetos, su identidad, lo que los hace algo único.

Aunque la leyenda cuenta la historia del barco de Teseo y sus tripulantes, la paradoja se puede extrapolar a casi cualquier otra cosa. Es aplicable a otras situaciones y objetos que experimenten un cambio intenso en la mayoría de sus partes iniciales.

De hecho nosotros mismos somos una paradoja de Teseo. Los seres humanos son lo suficientemente longevos como para que prácticamente todas sus células sean reemplazadas varias veces por generaciones más jóvenes. Las de tu cuerpo lo son entre 7 y 10 años. Y lo mejor, la piel se cambia en unos 28 días, como las fases de la luna.

Me dirás que qué tiene que ver esta historia que te he contado, con el título de esta entrada. Lo comprobarás si eres un lector curioso y buscas cosas diferentes para no quedarte estancado en tu zona de confort. Estas Navidades va a dar mucho que hablar un nuevo libro titulado El barco de Teseo de V. M Straka y que se sale de lo qué, de forma habitual, la gran mayoría de la gente está acostumbrada a leer. Me dirás qué cómo sé eso y te responderé que es porque se trata de un proyecto literario dentro de lo que se denomina literatura enmarcada pero que va varios pasos más allá de este tipo de estilo narrativo.

¿Qué es la narrativa enmarcada?

Si te digo que se trata de novelas como La historia interminable, Alicia en el País de las Maravillas, Las mil y una noches, Los cuentos de Canterbury, La odisea, Cumbres borrascosas, Frankestein o el Decameron, te estoy dándo muchas pistas, pero lo mismo no sabes de qué hablo. Lo que te puedo decir es que todas ellas son novelas en cuyo interior tienen dos historias, la historia dentro de la historia. Así es el libro que te voy a presentar hoy y que va a ser el gran protagonista de mi entrada. Puede que te hayan llegado ya comentarios porque los he visto en las redes e, incluso, en algunas páginas de venta online está ya agotado y salió a finales del mes pasado. ¿Y sabes lo mejor? Que nunca se podrá leer en digital. Es exclusivo para lectores de papel con todas sus consecuencias. Aunque creo que tampoco es para el apunte que he leído por ahí:

Si no tienes este libro, no eres nadie.

Me parece excesivo, por lo menos visto desde el punto de lectura en el que estoy. Lo mismo cuando acabe el libro opino igual, pero no creo.

Antes de dar detalles recomiendo que se abstengan aquellos amantes de las lecturas ligeras, que ahora han dado en llamar «de piscina». Imagino que se las denomina así porque no obligan a prestar mucha atención y en este caso debes poner toda la que tengas. Este es un libro que contiene cuatro historias simultáneas, que deben seguirse a la vez y son cerca de 500 páginas de sorpresas una detrás de otra. No es una novela rápida y divertida para terminarla en una tarde y reír mucho. Eso sí, seguro que desconectas del mundo si de verdad logras meterte en sus páginas.

¿Quién es su autor? Un prolífico y misterioso escritor que nadie ha visto en persona, ni siquiera su traductor, y al que se le considera muy polémico por los temas que ha tratado a lo largo de su docena larga de publicaciones. De hecho media humanidad lo odia y hay bastantes amenazas hacia su persona.

¿De qué trata la trama? Un hombre sin pasado es secuestrado y llevado a un extraño barco con una tripulación siniestra, comenzando un viaje desconcertante y lleno de peligros.

Eso sería lo sencillo, pero, como hemos dicho, se trata de una narración enmarcada, ya que cuanta a su vez otra historia paralela, y todo relacionado con el misterioso autor: V. M. Straka.

¿Cuál es la historia enmarcada? La de dos lectores. Ella, Jen, que encuentra accidentalmente este volumen dejado fuera de lugar por un extraño. Él, un lector intrigado, Eric, embelesado por la historia y su misterioso autor, como revelan las notas escritas al margen a lo largo del tiempo. Ella responde escribiendo más notas y vuelve a dejar el tomo para que lo coja el chico. Así comienza un intercambio en el que los dos se adentrarán en lo desconocido, sin verse personalmente. Eric y Jen, tienen que afrontar decisiones cruciales sobre quiénes son, qué quieren llegar a ser y cuánto están dispuestos a confiar en sus pasiones, sus desengaños, sus miedos… Y en el otro. Todo con el hándicap de que hay alguien muy interesado en que no se sepa nada de V. M. Straka, que nadie lo busque, que no se tenga conocimiento de su pasado ni de su desaparición, de si está vivo o muerto.

Así, a priori, parece un buen gancho para adquirirlo, aunque tras leer las primera cien páginas sigo afirmando que es de difícil lectura, algo que puedes comprobar guiándote por las imágenes que acompañan a esta entrada. Hay que hacer un doble esfuerzo para encajar lo que narra la historia principal y la paralela de los dos chicos que interactúan usando el texto como hilo conductor para conocerse. Y, junto a esto, seguir su investigación sobre la desaparición del escritor y la trama que hay contra él desde hace años.

La edición está muy cuidada y juega con la curiosidad del lector. Para empezar, no puedes ojearlo en la librería porque viene retractilado en plástico y con un precinto que debes romper para sacarlo de la funda. Una vez que lo abres encontraras mucha documentación suelta que es engorrosa porque tiene tendencia a salirse de entre las paginas (aunque lo considero una de las bases de su encanto). Hay facsímiles de periódicos, fotos, postales, cartas, hasta una servilleta de un bar dónde se han tomado anotaciones que los lectores, Jen y Eric, se han ido intercambiando. Como no sé si el hecho de encontrarme toda esa documentación tiene un sentido por la página en la que está o es algo aleatorio, por si acaso, con un lápiz, he puesto el número de la página en la que me la he encontrado y así lo tengo controlado si se sale de su sitio.

La historia que cuenta es muy densa, y usa muchas descripciones para hacer el ambiente sórdido, descadente y agobiante, llegando a traerme el recuerdo de la ciudad de Lisboa de mi juventud. Utiliza la estructura de la novela estadounidense de los años 40-50 y yo no soy muy fan de este tipo de narrativa, pero, obviamente estoy aquí para darle una oportunidad puesto que soy yo la que me embarcado, como el propio protagonista, en esta historia. Con la diferencia de que a él lo han secuestrado y yo he ido voluntaria.

Es mucho más ameno lo que nos van contando los lectores de sus descubrimientos y de sus vidas en las anotaciones en los márgenes. Es de agradecer el cambio de letra, que los identifica e incluso el de colores, que te hacen prestar más atención a lo que dicen.

Como ves el libro no está carente de dificultad a la hora de recorrer sus líneas.

¿Qué hay detrás de esta obra?

En realidad, nos encontramos con una matrioska literaria, ya que tiene una historia dentro de otra, ambas relacionadas, pero que no tienen nada que ver la una con la otra. ¿O sí? La verdad es que todavía me queda mucho antes de encontrarme en la última página, pero te voy a contar hasta donde he llegado.

El libro: «S». El barco de Teseo, ideado, concebido y realizado por el cineasta J. J. Abrams y escrito por el galardonado novelista Doug Dorst, es la crónica de dos lectores que se conocen en los márgenes de una novela y se ven implicados en una lucha mortal entre fuerzas que no comprenden. Un viaje al universo de la palabra escrita que sumergirá a sus lectores en una espiral arriesgada, una aventura imposible de abandonar hasta y más allá de la última página.

«S». quiere ser una celebración del libro como objeto físico. En este momento de correos electrónicos y mensajes de texto y todo lo que se mueve en la nube de una manera intangible, esta obra es intencionalmente tangible. Queríamos incluir cosas que realmente puedas tener en la mano: postales, fotocopias, páginas de blocs de notas, páginas del periódico escolar o un mapa en una servilleta…

J. J. Abrams

Estoy segura que no dejara indiferente a nadie. Hay que tener en cuenta que imita a la perfección a un libro de mediados del siglo pasado, sacado de una biblioteca.

Tiene incluso el olor a antiguo, ese aroma característico de un volumen cuidado pero que al estar en un espacio cerrado adquiere ese toque que lo hace diferente a uno nuevo. No huele a tinta ni a imprenta. Hasta alguna de sus páginas está con alguna mancha de uso, lo que le da más verosimilitud.

Toda la documentación que tiene en su interior está mimada al detalle y hay alguna que todavía no sé ni para que me va a servir a lo largo de la lectura. También es recomendable que se abstengan aquellas personas que odian los libros subrayados y escritos. Aquí no hay página que se libre de tener anotaciones.

Me gusta por lo que ya dije párrafos más arriba: se sale de lo normal, no hay opciones para su descarga digital porque entonces perdería todo el interes y la originalidad, y, sobre todo, obliga a estar muy atento a su lectura. Se debe leer despacio, no saltarse ninguna línea, ser paciente y buscar la forma más cómoda de afrontar el texto y las anotaciones sin perder de vista la trama. Para eso no tengo recomendación porque todavía me estoy acomodando a esta original estructura. Es un libro de largo recorrido, de esos que lo mismo un día lees varias páginas, pero otro pocas y luego lo dejas apartado un tiempo. Hacerlo de una sola sentada lo más probable es que te produzca empacho.

El misterio está servido. No pierdas de vista este símbolo «S» porque aparecerá a lo largo de toda la novela. De hecho, si vuelves a mirar verás que aparece en la funda que lo protege. ¿El significado? Pronto lo sabremos.

¿Quiénes son los verdaderos autores?

Doug Dorst, docente de literatura en la universidad estatal de Texas-San Marcos. Es autor de la novela nominada al Premio PEN/Hemingway Alive in Necropolis y el libro de relatos The Surf Guru. Ha escrito para algunas de las más importantes revistas literarias.

J. J. Abrams, cineasta ganador del Premio Emmy, produce, dirige y escribe películas y series de televisión, entre ellas Fringe, Perdidos, Alias, Felicity, Star Wars, Star Trek, Cloverfield, Super 8, Misión Imposible y otras más.

Si te animas a regalarlo o a adquirirlo para ti espero con interes comentarios sobre tu impresión.

mis lecturas

Sevilla

El corazón que a Triana va
Nunca volverá
Sevilla
Con que pasión te enamorará
Y te embrujará
Sevilla

Miguel Bosé

¿Tienes alguna ciudad de referencia a la que siempre vuelves?

Desde siempre, mi corazón ha sentido atracción por Sevilla y por motivos muy diversos. En estos últimos tiempos me da la sensación de que esa atracción va en aumento y de ahí que quiera explicarte mis motivaciones, pues algunas de las cuales están relacionadas con la literatura. Es cierto que otras muchas no lo están y son meros recuerdos familares, ya que he visitando esta ciudad desde que tengo uso de razón, debido a que era la capital más cercana a la localidad en la que viví durante mi infancia. Aunque imagino que ambas te pueden interesar, una porque la utilizaré para recomendar a una autora y los libros que me he leído de ella y la otra porque te entretendrá y conocerás un poco más de mí.

Recuerdo aquellos años sentada en las rodillas de mi padre, en el coche de Gaspar y Mari Pepa, saliendo a primera hora de la mañana de Trebujena camino de la gran ciudad. De su mano tengo, entre brumas, la noción de haber subido a la Giralda, paseado por el Parque de Maria Luisa o visto desde fuera los pabellones de la Exposición Iberoamericana del 29. Exposición que volverá a mi vida en los próximos años, si al final logro sacar adelante mi novela histórica. ¿Ves? Sevilla está ahí desde hace mucho tiempo esperándome. Por eso me ha hecho gracia leer a autoras que tienen como escenario esta ciudad que conozco bastante bien. He recordado como me bajaba del autobús en la estación del Prado de San Sebastián y me he atravesado muchas veces las calles del barrio de Santa Cruz, camino de Sor Ángela de la Cruz, donde tenía mi prima su piso de estudiante. He estado en la feria, en sus museos, en la Expo 92, en la cubierta de su catedral y he visto representaciones teatrales del Tenorio por sus calles. Y además, desde que mi hermana vive en Conde Quinto, una vez al año me doy un paseo por el casco antiguo.

Por eso me encanta encontrarme libros como el de Nerea Riesco, La ciudad bajo la luna, en el que la trama no solo se desarrolla en Sevilla, sino que la ciudad ejerce de narradora de la historia. Eso es algo que intuyes desde el principio si eres consciente de su narrador omniscente y la intencionalidad de sus palabras. Es una novela de suspense en cuatro tiempos y cuatro espacios: la Sevilla de la Exposición Iberoamericana del 29, el Nueva York de la Ley Seca, La Habana de comienzos del siglo XX y la Francia de la Gran Guerra.

La aparición de un cadáver con indicios de haber sufrido una muerte violenta, el día que el Graff Zeppelín aterriza por primera vez de Sevilla, marca el inicio de esta novela. Desde ese momento, descubrir quién es la víctima, quién el asesino, así como las motivaciones del crimen, serán responsabilidad del propio lector que, página tras página, irá conociendo una historia de amor prohibido, a caballo entre Sevilla y Nueva York, durante los locos años veinte. Y es cierto que disfrutas de la puesta en escena de la historia además de ir tratando de averiguar quién es el muerto, quién es el asesino o asesina y cual es la motivación que le llevó a matar y no solo hay de nexo de unión esta capital andaluza sino que un detalle tan insignificante como una petaca con las iniciales CC es un hilo conductor que nos guiará por todo el entramado de la historia. Me gusta como la autora va introduciendo en cada capítulo una información en pequeñas dosis pero que es fundamental para ir avanzando en la historia, todo está bien engarzado, no hay cabos sueltos ni conejos que salgan de la chistera en el último momento. Es una lectura fluida con algún sobresalto marcado por escenas de acción o con carga dramática y otros momentos lánguidos. Todo muy característico de los felices años 20, marcados por el que horror de la recién terminada Gran Guerra, pero a su vez buscardo formas de sobrevivir. Siempre rodeado de un falso glamour que estallará años después. Así es la novela de esta autora y que a mí me ha servido como una de mis fuentes de conocimiento sobre el ambiente de la ciudad durante los convulsos años que van desde la Exposición Iberoamericana del 29 hasta la llegada de la Segunda República, aunque esta historia practicamente llegara a nuestros días en su conclusión contada por algunos de sus protagonistas que vivirán hasta bien entrado el siglo XX.

No es el único libro que me ha gustado, relacionado con la ciudad de Sevilla, perteneciente a esta autora. En Las puertas del cielo iniciamos la trama en esta misma localización. Aquí pasearemos unas calles muy diferentes a las de la historia anterior, pero que nuestros protagonistas de una y otra novela recorrieron en algún momento. Esta vez la vida de nuestros protagonistas se desarollará en los Reales Alcázares en los inicios de la historia y entre las callejuelas del Barrio de Santa Cruz próximo a la fortaleza musulmana.

1482. Yago es un muchacho invidente que, junto con su padre, se une a la Corte de los Reyes Católicos, quienes se hallan inmersos en su cruzada contra los infieles. Se han instalado en Sevilla y la cocina de los Reales Alcázares se convierte en su mundo, un presente gris y monótono del que el joven escapa con los ojos de la imaginación. El azar lo llevará a descubrir su verdadera vocación: la música. Pero no todo es amable a su alrededor: Oreste Olivoni, el despótico encargado de las obras del palacio real, siente una profunda animadversión hacia él y hacia su padre, y no duda en ejercer su influencia para hacerles la vida insoportable.

Mientras Yago avanza hacia la madurez, los Reyes Católicos prosiguen con su afán de Reconquista. La Guerra de Granada se salda con la captura del rey Boabdil, lo que supone un cambio importante en la vida del joven. Al lado del Sultán, Yago descubre la existencia de otro mundo más allá de las fronteras del reino cristiano, lejos de la terrible amenaza de la Inquisición, y toma la decisión de refugiarse allí. En los sensuales jardines del harén, abiertos para él debido a su condición de invidente, Yago conoce a Nur, la rebelde y bella hermana de Boabdil. Entre ambos surge una atracción incontrolable, arrolladora e incomprendida por todos, pero destinada a perdurar por encima del odio que enfrenta a ambos pueblos.

En todas las novelas que he leído de esta autora el amor también está presente entre sus líneas, aunque, junto a ese amor, el sentimiento de la envidia también será el que moverá los hilos de sus historia. En el caso de nuestro protagonista, Yago, la existencia de Oreste Olivoni, supondrá un continuo arrastrar de penurias y adversidades que a duras penas logrará superar. Con un marco incomparable como son los Reales Alcázares, que serán el soporte de una historia oscura, de amores, envidias y celos, tras el que se trasladarán a otro espacio mágico como es Granada y su Alhambra, donde Yago seguirá sufriendo las consecuencias del odio de alguien que lo quiere muerto.

Un técnica que me ha encantado de esta autora, además de manejar unos espacios muy inspiradores por los que me he paseado muchas veces, es la de introducir pequeñas subtramas que encajan perfectamente en la principal, sin que por ello pierdas el camino hacia el desenlace de la novela. En la primera encontramos un cadaver en 1930 y el narrador nos lleva al pasado, volvemos a ese año de 1930 en el que se inicia la novela y la historia continua hasta su desenlace, prácticamente a finales del siglo XX. En el caso de la siguiente, que se desarrolla en plena reconquista de la ciudad de Granada, la historia es lineal, pero no por ello carente de interes, del interés de saber que pasará con la vida del protagonista.

Por último os recomiendo otra novela, que he leído de ella, titulada Los lunes en el Ritz.

Una aventura apasionante en la que las conspiraciones, el amor y la venganza tienen como telón de fondo uno de los grandes hoteles del mundo. Como ves, las venganzas siguen siendo el motor que inspira a nuestra autora. Siempre he pensado que el mundo no se mueve por amor, sino por dinero y venganza. Es lamentable, pero a las pruebas me remito gracias a la gran cantidad de literatura que puede servirnos de fuente y entre ellas las novelas de Nerea.

Estamos a finales de 1929. Martina Romero acude a su primera fiesta en los salones del Ritz de Madrid, tras convencer a su padre, el estricto director del establecimiento.
Allí conoce a Bosco, aspirante a actor con el que tiene un vergonzoso desencuentro. Decepcionada por esa primera incursión en la alta sociedad, se concentra en una misión: junto a su madre y las amigas de esta organiza actos benéficos para ayudar al padre Eugenio, que lucha por la dignidad de sus pobres.
Mientras tanto, pese a la apariencia de lujo de la vida en el hotel, el país bulle. Se proclama la República y hay una ola de violencia que desata la quema de iglesias. El padre Eugenio rescata de un convento tres cuadros que serán el motivo por el que las damas y el sacerdote decidan saltarse la legalidad.
La existencia de Martina transcurre entre su compromiso, su pasión pictórica y el amor prohibido que siente por Bosco, ahora una estrella de Hollywood.

Aquí nuestra protagonista no solo pagará las consecuencias de este amor prohibido, sino que también tendrá que lidiar con un error cometido por su hermano que acaba introduciendola en la trama de venganza alrededor de la que gira nuestra historia.

Es una novela que recomiendo por ser de esta autora pero de la que hablaremos en otro momento, porque hoy mi entrada estaba dedicado a la ciudad de Sevilla, a la que probablemente volveré de la mano de otra escritora en breve. De ella recomendaré otros libros de temática muy diferente de los que he recomendado hoy en mi entrada, pero que seguramente os gustarán igual. Y dónde no solo os enamoraréis de lo que cuentan sino de la ambientación que es el marco perfecto para esas historias.

mis lecturas

Feria del Libro de Cádiz 2023

Una vez más hice mi visita a la Feria del Libro de Cádiz recordando, de paso, que hace dos años estuve por allí firmando ejemplares de mis novelas. Este año he preferido, como el año pasado, participar como lectora. Para ello he recorrido las casamatas donde estaban ubicadas las diferentes librerías o editoriales y me he dedicado a bichear. Esa palabra me encanta y me la ha pegado mi amiga y autora Patricia Gallardo y, de hecho cada vez que la tengo en mente o la verbalizo, le pongo hasta el deje que suele utilizar ella al pronunciarla.

El lugar del evento

Si no eres de Cádiz, y lees mi entrada, te preguntarás que qué narices es una casamata. Se trata de una bóveda o construcción muy resistente para instalar piezas de artillería, ya que la Feria del Libro se desarrolla en el antiguo Baluarte de la Candelaria, con todo lo que supone adaptar unas defensas militares como lugar para desarrollar un evento lúdico, pero se hace un esfuerzo y se logra un marco incomparable, aunque no exento de complicaciones.

Fue construido en el año 1672 con la intención de proteger la entrada natural al puerto de Cádiz.

Desde hace un tiempo, es el espacio donde nos juntamos los amantes de las letras para disfrutar durante unos días de toda una serie de actividades relacionadas con el mundo de los libros. En su interior encontramos los lugares abovedades, que te he comentado, con una vistas preciosas de la bahía de Cádiz y que te hace imaginar la entrada de la flota proveniente de América cargada con las riquezas del otro lado del Atlántico. Como puedes leer ya el lugar de por sí da pie a que la imaginación de los autores se ponga en marcha ella solita. De hecho, os podría contar un sueño que tuve la noche del 21 de diciembre del año pasado y que está relacionado con este lugar y este evento. Un sueño que puedo decir que fue mi hilo rojo, y que lo mismo algún día lo utilizo como parte de la trama de una de mis novelas. Es que es un lugar estupendo, sobre todo, para reencontrarse con la historia, con uno mismo y con los amigos.

En esta imagen se puede ver el espacio interior del baluarte dónde su ubican las librerías y editoriales. Es muy acogedor pero tiene una serie de inconvenientes, sobre todo a la hora de la firma de los autores.

Para empezar es un lugar muy húmedo y de ambiente bochornoso a poco que haga calor. Eso es algo que todos sabemos que no viene nada bien a los libros, pero al ser durante algo más de una semana se puede soportar. Luego la zona de firma de los autores, que no somos de primera línea, es algo complicada. Se trata de esa mesita pequeña ubicada en una esquina y que está presente en cada casamata. El autor o autora se encuenta bastante desangelado y si no tienes mucha idea o no conoces al escritor, no sabe uno muy bien si es uno esperando a firmar ejemplares de sus libros o se trata de una persona que está cansada y se ha sentado a esperar y tomar resuello.

Encuentro con amigos y compañeros

Aquí tenéis un ejemplo de lo que os comento. Ves que hay poco espacio para firmar comodamente, como cuando lo hizo de un ejemplar para mí el autor y amigo Wayne Jamison. La mesa se encuentra justo entre el acceso proveniente del patio y el paso interno de las casamatas. Un estar en todo el medio que también diría mi amiga Patricia. Es una lástima pero es lo que tiene el recinto adaptado para lo que no era su fin.

Lo que sí tengo que agradecer este año es la ayuda de algunas de mis librerías de referencia como Ana de Bibliópola, Sonia, de Maria Zambrano la librería de mi barrio, o el librero de La Ratonera, por lograr que encontrara los dos ejemplares de Esvásticas en el sur de Wayne Jamison https://www.kailas.es/wayne-jamison/#:~:text=Wayne%20Jamison%20(Rota%2C%201970),por%20la%20Universidad%20de%20M%C3%A1laga.

Uno de ellos ya está prácticamente agotado, pero tenía un encargo para un regalo que se irá a hacer un largo viaje. Un detalle de cumpleaños para un amante de la II Guerra Mundial que seguramente le va a encantar. Y, ¿cómo regalar una segunda parte de un libro y no la primera? Es cierto que se tratan de relatos sueltos y no es necesario leerlos por orden. Pero en eso tengo un TOC y no me gusta regalar segundas partes, soy muy ordenada.

En estos dos trabajos del autor vemos como Cádiz fue el escenario de una de las batallas más importantes durante esta guerra, que no tuvo nada que ver con la librada en otros frentes. La situación estratégica de la provincia hizo que se convirtiese en un nido de espias y saboteadores. 

Se libró un duelo a muerte con intrigas, sobornos, rumores, información y operaciones secretas como armas principales. Incluso Hitler reconocería después que no invadir el Peñón le costó la guerra. Historias de amor, odio y venganza. Piezas, todas, de un tablero de ajedrez en el que se jugó una partida que estuvo muy cerca de cambiar el rumbo de la contienda y que yo os animo a leer, porque esta narración está mucho más cercana de lo que sucedió que las películas de 007.

Pero Wayne, en realidad, iba a promocionar su ultimo trabajo, porque la verdad es que es un especialista de esta guerra, de las batallas encubiertas que se llevaron a cabo en esta zona y las consecuencias que para muchos gaditanos supusieron estos hechos.

En este nuevo trabajo nos desgrana como al término de la Guerra Civil española muchos republicanos huyeron a Francia esperando rehacer sus vidas en el país vecino, pero terminaron como prisioneros en campos de concentración.

El libro de Jamison ofrece una recopilación ordenada alfabéticamente por localidades. Como homenaje y memoria, a cada prisionero le dedica un capítulo y muestra la documentación que certifica su paso por el campo de concentración. Va reconstruyendo su historia personal indagando en archivos, buscando en foros de memoria y por testimonios de familiares directos. Pienso que es un libro necesario para que la historia no se repita.

Pero claro no iba a ir a a dar una vuelta a la Feria del Libro y no pecar, puesto que yo peco de gula literaria, pero como dijo mi amigo Wayne, mejor vicio no se puede tener.

El primero que cayó fue La revolución española vista por una republicana de Clara Campoamor, en una edición de Luis Español Bouché. Hablar de la II República, de la revolución femenina y del logro del sufragio femenino y no conocer a Clara es quedarse en la superficie de la Historia.

Ya sabes, querido lector o lectora, que tengo intención de escribir mi novela histórica y estoy en plena fase de inmersión en ese periodo que va desde 1929 hasta 1936. Será el espacio de tiempo donde se desarrollará la trama y, de momento, a caballo entre la provincia de Cádiz y la de Sevilla. En esta fase hay que documentarse mucho y no conocer a Clara Campoamor y esta obra supondría quedarse coja en esta fase. En este libro encontramos un claro análisis por parte de la autora del origen de la guerra y de las previsibles dificultades de las que partiría el pais, fuera quien fuera el bando ganador.

Siguiendo luego con mi costumbre no pude dejar de echarle un ojo a los libros de cocina, pues en casa es un tema recurrente ya que tengo a dos hijos a los que les encanta cocinar como a mí. De casta les viene a los galgos.

El de Cocina Anime de Diana Rult, se trata de un viaje gastronómico de la mano de una otaku, donde se descubren los platos que sus personajes favoritos saborean y comparten. Todas las recetas tienen anécdotas sobre el anime que lo inspira. Junto a ello encuentras información cultural so bre el plato y consejos para tu preparación. 75 recetas y sus series te acompañarán en un viaje gastronómico muy especial

Para finalizar la ruta, el libro Sabores de Sefarad de Javier Zafra, que si bien no me ha llegado a través de la feria del libro sino por medio de un regalo, no puede dejar de nombrarlo por lo maravilloso de su fotografía y contenido. El autor es colaborador del Proyecto de la Red de Juderías, que es de dónde me ha venido el libro, un especio en el que hace difusión del patrimonio gastronómico sefardí entre otras actividades culturales. Con un principio apasionante te animo que, si eres amante de la cocina española, buceés también en este mundo, pues es el de los antepasados de muchos de nosotros.

El tiempo es el único ingrediente de este libro que no podrás comprar en ningún zoco; el resto los puede encontrar en los mercados populares o en las huertas, o dando un paseo por el campo. Búsquelos, recoléctelos y prepárese para viajar en el tiempo…

Javier Zafra Sabores de Sefarad

Espero que, desde la ciudad que me leas, hayas tenido la oportunidad, como yo, de disfrutar de la feria del libro, si ya ha sido, o que aproveches para visitarla si va a ser durantes estos días.