Allá por un viernes 14 de abril de 1989 —parece una canción de Celtas Cortos— estába en clase de Contemporanea y mi profesor de entonces, Alberto Ramos, ni corto ni perezoso, entró en el aula y comentó:
Hoy, 14 de abril, se conmemoran los 58 años de la proclamación de la II República española. No tenemos clase, nos vamos al bar.
Obviamente, en aquellos días, para un alumna como yo, que conjugaba muy bien el verbo estudiar con el de si me viene una juerga me apunto, ese anuncio supuso un rato de tertulia con los amigos. Ahora, mirando hacia atrás y habiendo descubierto todo lo que me falta por saber, me da lástima el tiempo perdido, no solo por mi parte, sino por parte de muchos de los docentes que pasaron por mi vida. No digo yo que no tuviera derecho a celebrar ese día si se consideraba republicano, que lo era; pero dale contenido a tu clase, enseña ese día a tus alumnos lo que de verdad supuso para ti la II República y, aunque no la vivieras, plantea una clase de debate, algo de lo que los estudiantes españoles de las universidades públicas carecían y que creo que siguen careciendo. Enseña pensamiento crítico. Pero no, y por eso hoy podemos decir que de aquellas aguas, estos lodos.
Hoy he leído algunas frases cuya autoría es el alma mater de esta entrada, de la que destaco una, y que me han gustado por lo de clarividentes que fueron ya en su época y por la lucidez que siguen teniendo hoy en día:
En realidad, los regímenes totalitarios no marcan una superioridad sobre las democracias más que cuando éstas se hallan interiormente podridas.” (Manuel Chaves Nogales)
¿De quién te estoy hablando?
No sé si a estas alturas te habrás percatado de que me estoy especializando en el estudio del periodo histórico que va desde 1921 hasta 1945, aunque he utilizado como punto de partida precisamente esa fecha de la que hemos hablado al inicio de mi entrada, el 14 de abril, pero de 1931. Sé que para escribir una novela histórica se necesita recopilar toda la información que se pueda de ese periodo en el que se va a insertar una serie de personajes ficticios que irán de la mano de otros que fueron protagonistas reales de la historia. El hacerlo así ayuda a que, si el proyecto sale adelante, puedas no solo escribir una novela, sino a centrarte en ese tramo de la historia y, teniendo creado y dominado el marco, desarrollar varias tramas que puedan estar insertas en las mismas fechas. Usar este método supone encontrar asimismo a las personas que vivieron durante esos convulsos años de la historia de España y del mundo y que, por los motivos que sean, no se les ha reivindicado su papel ni se ha dado valor a la repercusión que tuvieron en su momento. Uno de ellos fue precisamente Manuel Chaves Nogales.
¿Por qué elegir a este protagonista de la historia real para una historia ficticia?

Necesitaba que uno de los protagonistas de mi novela tuviera una voz con unas características que tenía muy bien definidas en mi cabeza, pero a las que no lograba darle el tono adecuado. Quería una persona que hubiera viajado como mínimo por Europa y hubiera conocido lo que de verdad estaba ocurriendo más alla de los Pirineos puesto que mi personaje, Ginés, había salido de España en enero de 1920. Tras ese viaje, al retornar, ya no debería ser el mismo porque habría entrado en contacto con el mundo postrevolución rusa, habría convivido con la llegada y el auge del nacionalsocialismo de Hitler, se habría movido dentro de los movimientos obreros —en los que trataría con los dirigentes que abogaban por la necesidad de una lucha de clases— y habría visto con sus propios ojos la miseria en la que vivían los europeos, trabajando como esclavos para sacar adelante sumundo tras la Gran Guerra. Con ese bagaje volvía sabiendo que la revolución del proletariado acabaría siendo una dictadura del proletariado, que no cambiaría, en buena parte, las aspiraciones de la mayoría de la población. Todas esas eran las piezas que componían el poso del caracter de mi protagonista, pero yo necesitaba ponerle no solo cara, que ya la tenía, sino voz y tono. Eso lo logré, de casualidad, cuando a mis manos llegaron la biografía y las obras de Chaves Nogales, gracias a un ensayo leído esta semana pasada, de Paco Cerdá, 14 de abril.
Nogales, periodista y escritor sevillano, vivió durante esos años que tanto me gustan de la historia de España. Pese a que murió en plena madurez, sin llegar a los 50, lo compensó al comenzar a trabajar muy joven, aproximadamente a los 16 años, cuando iniciaba su carrera periodística en Sevilla poco después de completada su formación, allá por 1913. Hoy necesitamos años de estudios, una titulación universitaria y varios masters para ejercer lo que nos ha costado media vida aprender y no tengo yo muy claro, al ver el ejemplo de los profesionales de otras época, que de verdad lo estemos haciendo bien. En cualquier caso, esto, de momento, queda como apunte para otra entrada.
Leer la obra de esta autor tiene cierto punto de expedición arqueológica debido a que la mayor parte de su trabajo vio la luz en forma de artículos de prensa, a lo largo de muchos años y en muchos periódicos distintos, no solo de España y Europa, sino incluso de Latinoameríca. Es más sencillo encontrar artículos de él en revistas de Chile o México que en España. Otra mente clara del liberalismo español que no fue profeta en su tierra, como él mismo decía:
Había contraído méritos bastantes para haber sido fusilado por los unos y los otros.
Así me encontré, entre el ostracismo y la dispersión del tipo de documentos que necesitaba para crear un marco histórico para mi personaje, con serias dificultades para acometer mi propósito. No obstante, siempre he tenido suerte. Por mi afición a buscar libros de segunda mano, como ya te he comentado, y que la figura del periodista esta siendo reivindicada no solo en las facultades de periodismo, sino en las de historia, he logrado encontrar reediciones y estudios con los que me voy haciendo de un pequeño fondo bibliográfico que prometo ir ampliando.

Mi idea era haber empezado con La República y sus enemigos, reeditado por Almuzara, pero estaba fuera de stock. Al final tiré de Iberlibro, con lo que tardará unos 15 días en llegar, así que aproveché para ir a Cádiz capital a una de mis librerías de referencia, Quorum. Allí me avituallé para mi hambre de conocimiento, con lo que empezaré directamente con la recopilación de lo escrito durante la Guerra Civil española y que se titula A sangre y fuego. Precisamente su prólogo es algo que muchos docentes, historiadores y pensadores recomiendan que se debería leer en los los institutos para fomentar el debate entre los alumnos. De hecho, como he dicho, Nogales se introdujo en mi vida de manera simultanea por varios frentes y cuando un acontecimiento se repite dos veces tiendo a hacerle caso. Uno de los frentes fue la recomendación por parte de Pérez-Reverte del prólogo comentado para su debate entre los estudiantes. Os dejo el enlace porque no tiene ni una miga de desperdicio, sobre todo viendo el mundo en el que estamos viviendo. De hecho te voy a poner el inicio para que te hagas una idea.
Yo era eso que los sociólogos llaman un «pequeño burgués liberal», ciudadano de una república democrática y parlamentaria. Trabajador intelectual al servicio de la industria regida por una burguesía capitalista heredera inmediata de la aristocracia terrateniente, que en mi país había monopolizado tradicionalmente los medios de producción y de cambio —como dicen los marxistas—, ganaba mi pan y mi libertad con una relativa holgura confeccionando periódicos y escribiendo artículos, reportajes, biografías, cuentos y novelas, con los que me hacía la ilusión de avivar el espíritu de mis compatriotas y suscitar en ellos el interés por los grandes temas de nuestro tiempo. Cuando iba a Moscú y al regreso contaba que los obreros rusos viven mal y soportan una dictadura que se hacen la ilusión de ejercer, mi patrón me felicitaba y me daba cariñosas palmaditas en la espalda. Cuando al regreso de Roma aseguraba que el fascismo no ha aumentado en un gramo la ración de pan del italiano, ni ha sabido acrecentar el acervo de sus valores morales, mi patrón no se mostraba tan satisfecho de mí ni creía que yo fuese realmente un buen periodista; pero a fin de cuentas, a costa de buenas y malas caras, de elogios y censuras, yo iba sacando adelante mi verdad de intelectual liberal, ciudadano de una república democrática y parlamentaria.
Este hubiera sido, por ejemplo, un buen inicio para organizar un debate con el que celebrar ese 14 de abril que preparó mi profesor, incluso haciéndolo en el bar, y con ello crear ese precedente. En cualquier caso, no pudo ser.
No tengas miedo. La estructura del libro se apoya en nueve relatos sobre la Guerra Civil española, escritos en 1937 y publicado en Chile, siendo uno de los primeros ejemplos de la literatura testimonio, un género del que seguramente habrás oído hablar poco. Los relatos que componen este libro están considerados por muchos expertos como lo mejor que se ha escrito en España sobre la Guerra Civil y retratan distintos sucesos que el autor conoció directamente. Precisamente, lo bueno de este autor es que su forma de escribir es para el gran público, para eso es periodista, y con ello hechos o periodos de la historia que se te pudieron hacer farragosos en otro momento ahora te podrás acercar a ellos disfrutando de la lectura.

Otra obra que adquirí fue Crónicas de la alemania nazi, de 1933. En ella relata el viaje a la Alemania nazi con el objetivo de ofrecer a sus lectores del periódico Ahora -del que es redactor jefe y subdirector- un gran reportaje de «como se vive en los países de régimen fascista».
En trece artículos publicados en el mes de mayo, poco después del acceso de Hitler al poder y de la instauración del Tercer Reich, describe la militarización y nazificación de la sociedad, la preparación para la guerra o el funcionamiento de los campos de concentración de trabajadores voluntarios, entre otros muchos hechos. De ese periodo también destaco la entrevista que le hizo a Joseph Goebbels, ministro de Propaganda, algo que el alemán nunca le perdonó por la humillación que supusieron sus palabras y por lo que no dudó en enviarle a la Gestapo en su exilio en París tras salir de España durante la Guerra Civil. Tuvo suerte y cuando llamaron al timbre de su casa él ya estaba en Londres.
Como veis, Ginés, el personaje de mi historia, tiene su alter ego muy bien definido, aunque ahora me toca a mí el trabajo de perfilarlo y limitarlo. No se puede comer al resto de los personajes que lo acompañan, porque realmente la historia no es la suya. Él es el antagonista de Julia, una maestra que vivirá en primera persona esos convulsos años, junto con Carlos, el tercer amigo en discordia, también maestro. Con este triángulo intentaré acometer uno de mis próximos trabajos. ¿Cúando? No lo sé, la vida da muchas vueltas y lo que ahora es un proyecto lejano puede convertirse en algo fallido. Aun así, de momento, me mantengo pico y pala para sacarlo adelante, recomiendo los libros que me voy leyendo y voy ocupando mi mente con buenas lecturas que alimentan mis neuronas. La verdad, soy bastante sibarita.








































