Opinión

Antiguas artes, nuevas modas

Siempre he defendido que un vocabulario preciso es lo que diferencia al escritor profesional del que no lo es tanto. No digo con eso que yo lo sea al 100%, pero por lo menos puedo afirmar que intento ser minuciosa a la hora de utilizar mi herramienta de trabajo: las palabras. Esto viene a colación del interés que tiene la publicidad en vendernos humo a fuerza de usar términos que luego no se ajustan a lo que en realidad se espera y, en estos últimos tiempos, en el mundo de los libros también pasa con bastante frecuencia.

Las ediciones especiales, ¿son en realidad tan especiales?

Ante la avalancha de publicaciones, el mercado ha dado un golpe de timón de esos que algún avezado interlocutor define como de 360º, lo que al final significa quedarse en el mismo sitio. Este viene dado por la promoción y venta de libros a los que han sobreetiquetado con la denominación de «ediciones especiales» y, para que parezca que así son, les ponen los cantos decorados -o simplemente coloreados- como si hubieran descubierto un nuevo mundo, una portada con mucho brilli brilli, un marcapáginas mono, la cinta para localizar la última página leída de un dorado chillón, un plano o poster y algún detalle a todo color para darle al conjunto una pátina de mejora.

Como muchos lectores no conocen bien el significado de las palabras no saben que el termino edición especial o limitada, va más allá de sacar un libro con una encuadernación de tapa dura con un poco de oro en las letras y alguna ilustración en el interior. De hecho, algunas de las denominadas «especial», que no limitada o de colección, dejan de serlo a todas luces cuando las venden en los quioscos de prensa a dos euros la primera entrega. !Venga ya¡ Vamos a bucear en lo que dicen los expertos que se necesita para considerar que una edición tiene ese toque que la hace tan codiciada y vamos utilizar, dentro de lo posible, ejemplos de los últimos libros publicados que se consideran de colección.

  • Exclusividad
  • Oportunidad
  • Calidad
  • Diseño
  • Emoción
  • Rentabilidad

De las seis opciones que califican a un producto para que sea edición especial (puede ser un perfume o una botella de aceite, si bien en este caso nos centraremos en los libros) solo podemos decir que las de emoción y rentabilidad son las mas fáciles de justificar. Una por muy subjetiva, porque la emoción es un sentimiento humano y cada uno se emociona con lo que le da la gana, y la otra, porque está claro que han sido rentables en tanto en cuanto que se han vendido como churros en las principales distribuidoras, como El Corte Inglés, La casa del libro, FNAC, Amazon y alguna más que ahora no recuerdo. Vamos, si hasta en Wallapop la encuentras de segunda mano.

Con tanta rentabilidad se han cargado el primer punto que hace de una edición algo especial: su exclusividad. La oportunidad, también, porque si se vende en todas estas plataformas y a todo el país, hasta en la librería más perdida de la España profunda, no veo yo tanto que sea una «oportunidad» el obtenerla. Pues pese a que alegan que no volverá a publicarse, todos sabemos que la posibilidad de tenerla es solo cuestión de paciencia ya que pueden reimprimirla con la excusa de algún aniversario destacado, por más que digan que no. Todo va a depender de la demanda y del negocio que vea la empresa que la edita. Lo único cierto es que quién primero la tenga antes la subirá a su TikTok o Instagram, junto con otros dos o tres millones de usuarios de las redes y de forma simultánea. Es una manipulación brutal para aumentar los beneficios, no para presentar un producto que de verdad suponga un antes y un después o una clara mejora en su contenido.

En cuanto a la calidad, tampoco parace que hayan ganado los lectores nada más que una estética de dudoso gusto para sus librerías, ya que la estampación está mas cercana al papel pintado de los años 70 que a una verdadera obra de arte; no llega ni al «Qitcsh». Y si hablamos ya de originalidad , podremos ver que en cuanto a temática se señalan íntimas referencias a «El priorato del Naranjo» y «Harry Potter» entre otros, con lo que no veremos nada nuevo ni se le espera.

Buscando críticas a este tipo de obras, la que más me encuentro en muchas de ellas es, además de su falta de originalidad, la mala traducción, a pesar de que vienen de autores de habla inglesa. ¡Imagina que fueran en mandarin! Algo que refuerza mi criterio sobre que en lo único que aportan es en la estética y, para colmo, tampoco eso es novedoso como te contaré un poco más adelante en esta entrada. Dejo algunos de los comentarios que he encontrado de lectores que compraron este tipo de libro:

Esto no es fantasía, es una novela romántica tóxica (o intento de erótica suave) a la que le han puesto como excusa un mundo imaginario.

No aporta nada nuevo al género fantástico, es predecible, con personajes que no pasan de meros clichés, estereotipados hasta el hartazgo. Ellas son mujeres en teoría fuertes cuya única función en la historia es enamorarse y enamorar al chico guapo y un poco malote de turno. Todo recubierto de un conveniente envoltorio de ¿empoderamiento femenino? para que no se note lo manido y retrógrado del tema.
Por si fuera poco, no es que esté muy bien escrito, aunque eso puede que sea culpa de la traducción y no de la autora.
En fin, que estamos ante la enésima copia barata de Una corte de rosas y espinas, pero con dragones. Un fanfic de poca monta con mucha promoción detrás que debería haber pasado desapercibido.
Prescindible.

El estilo es sencillo, muy sencillo y a mi, personalmente, que en un libro de fantasía se utilice un lenguaje actual, me chirría mucho.
No se profundiza en ningún aspecto del libro, ni en en las relaciones, ni en la magia… 

La historia es tremendamente predecible y los personajes superficiales y llenos de clichés, por lo que no llegas a empatizar con ellos, ni a crear algo de curiosidad por saber qué esperar de los personajes, puesto que es un estereotipo de «cringe» uno detrás de otro, ya sabes lo que va a suceder a continuación. Encima el mundo no está bien construido, está de adorno… Y para rematar la traducción fatal…

Adjunto una de las muchas imágenes subidas por lectores donde se ve con claridad que incluso la calidad formal brilla por su ausencia, ya que presenta grandes fallos en la impresión. Podemos decir que no es una edición ni mimada ni cuidada, una de las características principales a la hora de calificar un libro de edición especial, limitada o de coleccionista. Algún inexperto alegará que con todo los miles de volúmenes que se imprimen es normal que alguno salga con fallos. Por supuesto, pero entonces no me hables de una edición limitada, a no ser que te refieras a que está limitada a millones de volúmenes, según la demanda del mercado.

Está claro que si lo que nos gusta de la edición limitada es que haya un poster, el mapa y la ilustración inédita a color junto con el marcador de páginas dorado, pues oye, estupendo, cada cuál con su cada quién.

Lo que sí ha llegado a mis oidos con el tema de la edición de coleccionista es cómo se ha gestionado, lo que ha molestado a algunos libreros, dado el acaparamiento que han hecho las grandes superficies de esta tirada. Esta actitud ha hecho que muchas librerías no pudieran cumplir con sus clientes. Muchos de ellos son compradores habituales que hicieron la reserva de su libro y que han llegado a quedarse sin ellos porque la editorial ha primado estos puntos de venta a la hora de ofertar sus libros, incluso frente a quién se supone que trabaja desde hace años con ellos. Ha habido libreros que han hecho cola en algunos grandes almecenes para poder hacerse con unos pocos ejemplares, los que la gran editorial no les ha servido, con la idea de no dejar a sus clientes tirados sin su reserva, comprándolos a precio de público, renunciando a los beneficios, con tal de dar, ellos sí, un servicio de calidad. Si una gran empresa como Planeta no cuida de sus libreros, ¿qué podemos esperar? Otra manera de ir ahogando al pequeño empresario. Luego se nos llena la boca en defensa del comercio de proximidad.

Los cantos decorados

Pero no queda todo en estas puestas en valor que he comentado y que, en realidad, poco aportan a la calidad del manuscrito. Ahora llega el momento de añadir lo más de lo más que tiene a los lectores en un auténtico sin vivir: el boom de los cantos decorados. Algo que se presenta como el no va más de la exclusividad.

Claro, como en esta generación del primer cuarto y mitad del siglo XXI lo de la memoria histórica solo les llega como un eco lejano, no tienen ni idea de que tampoco se ha inventado nada nuevo. No se imaginan que lo de los cantos decorados está en el panorama de la edición desde el siglo X, aunque hay que destacar que el máximo apogeo es a partir del siglo XVIII y XIX. Eso sí, obviamente no a 24 € el volumen. Se dejó de hacer al considerar que el libro no era un bien solo para unos pocos y empezaron a imprimirse volúmenes accesibles a todos los estamentos sociales.

En su origen, se decoraba el canto con pan de oro con la finalidad de protegerlos del polvo. Luego llegó el marmoleado decorativo y, finalmente, nos encontramos verdaderas obras de arte. Hoy en día se siguen creado, pero, al igual que en la antiguedad, el precio no es asumible por todos los bolsillos. Para que todo el mundo me entienda, no lo vamos a encontrar en venta en páginas como Amazon o Wallapod.

Una artista de nuestro tiempo

Un ejemplo de ello me ha llegado a través de Intagram. Os voy a presentar a una artista que, escogiendo obras de narrativa actual, crea unos cantos decorados que no tienen nada que envidiarle a los de los siglos pasados. Se trata de Ania Egerova http://www.instagram.com/ania_artego/?hl=es Las imágenes que comparto son parte de su trabajo.

Recomiendo que te pases por su feed y profundices en su difusión en la red social, porque hace maravillas. Eso sí, cuando entres en la zona donde te indica el precio de cada trabajo entenderás en cuánto se valora lo exclusivo, limitado, de calidad y con un diseño cuidado.

Obviamente habrá personas que alegen que todo el mundo tiene derecho a tener los bordes de sus libros decorados y estoy totalmente de acuerdo, pero que no lo llamen edición especial, limitada, exclusiva, de coleccionista y todas esas chorradas que solemos oír en estos tiempo. Solo es una forma de «quiero y no puedo», pues parece que tengo algo valioso, pero en realidad no lo es. Vamos a centrarnos en la calidad literaria y no en el envoltorio. Lo que decía mi abuela, no te fijes tanto en el papel del regalo, que no por ello tiene que dejar de ser digno, y valora lo que hay dentro de la caja.

Esto me hace recordar dos anécdotas. Una de ellas fue un hilo en Threads, donde una usuaria se quejaba de que una saga había cambiado levemente la fuente del lomo y no se veía bonita en su estantería. Me confirmó lo que ya pensaba de muchas de esas estanterias, que son de escuadra y cartabón, mero diseño. Entiendase con esto que, en realidad, los libros están ahí para que la gente vea lo cool que tiene la biblioteca, dando igual si solo son los lomos de los libros sin páginas, como ocurre en tiendas de muebles.

La otra anécdota fue la historia de un chuleton Rib Eye bañado en oro (soberana idiotez) que un famosos futbolista y su no menos afamada mujer se tomaron en un restaurante en Dubai. El mismo corte de chuletón en una de las mejores carnicerías de España te sale por 80-100 euros el kilo, el de Dubai salía por 900 euros. Espero que por lo menos la carne fuera de calidad y el cocinero la supiera guisar en condiciones. Imagino -es posible que me equivoque, pero valga la generalización- que tampoco ellos dos tienen un paladar tan sofisticado como para distinguirlo, para sublimar todos los matices. ¡Lo que hace el dinero y el capricho, que nos vuelve tontos!

Al final queda patente que no hablamos del contenido, algo que, viendo el nivel de lo que se lee y comenta en las redes sociales, ya comprendo que no se pueden pedir peras al olmo. Eso no quita que siga escribiendo para quién me quiera leer y pidiendo calidad en el contenido, no solo con los bordes dedorados, el poster, los mapas, las ilustraciones a color o la cinta dorada de marcar la página. Porque me veo que llegando tanto al límite de la vacuidad, caeremos al vacío.

Opinión

Todos somos culpables

Ya han salido a la luz los nombres de los finalistas del premio organizado por Amazon y que en el mundillo de autores autopublicados se conoce como PLAS (Premio Literario Amazon Storyteller). Es curioso, pero me he dirigido a la página de Escritores.org y  he encontrado una mención sobre este premio literario, y eso que tiene a cuestas más de diez años desde que nació. En aquella época su nombre era Primer Concurso Literario de Autores Indies (2014) y desde sus inicios no ha estado exento de polémicas. Un ejemplo de ello lo tenemos en este enlace que te adjunto, del año 2014, donde ya se habla de trato de favor y de un concurso en el que parece que se tiene más en cuenta la capacidad de vender del autor que la calidad de la obra.

https://www.estandarte.com/noticias/premios/polemica-en-el-er-concurso-online-autores-indies-amazon_2661.html

Algo que por otra parte, a tenor de lo que llevo leído a lo largo de estos años, tampoco me parece descabellado. De hecho, el artículo anterior se nutre de otros dos, escritos por Javier Pellicer en su página web, en los que se ve envuelta por un lado la plataforma y por otro “El Mundo”, patrocinador también del evento junto con una conocida editorial. Estas palabras que destaco parece que siguen en plena vigencia hoy en día:

Las redes sociales han hervido con acusaciones y comentarios acerca de irregularidades por parte de Amazon durante el certamen, como supuestas peticiones a varios autores indie superventas para que participaran (algo que se menciona en una entrevista realizada, también por El Mundo, al autor Marcos Chicot), o el incumplimiento de algunas de las bases por parte de varios participantes. Sin embargo, y como decía al principio de la entrada, cuando me he puesto en contacto con los participantes que más críticos se han mostrado en los últimos días, ninguno ha querido darme su consentimiento para publicar sus opiniones. Aseguran que temen salir perjudicados si este artículo cobra relevancia.

Como hay varias entradas al completo sobre el tema, te dejo aquí el enlace. Así, si quieres saber un poco más, puedes darte una vuelta y sacar tus propias conclusiones.

https://javierpellicerescritor.com/tag/polemica-en-el-certamen-literario-de-amazon/

Este interés por las redes sociales, como forma de promocionar las novelas, dio lugar a la creación de una serie de grupos en los que se juntaron lectores y autores. El fin era comentar y valorar los libros que iban siendo elegidos por los miembros. En su origen eran los conocidos clubs de toda la vida, pero ahora se denominarían “Lecturas Conjuntas”. El problema surgió en el momento en que se mezclaron las churras con las merinas. ¿Por qué digo esto? Al entrar escritores las dinámicas eran con sus propias novelas, se leían por tanto entre ellos porque también participaban, y allí se juntaban sus grupos de fans. Esto suponía que nadie en su sano juicio se atrevería a, por lo menos cara a cara, decir nada malo de ninguna obra de ningún autor; le pondrían las cinco estrellas de rigor en Amazon y aquí paz y allá gloria. Pronto empezaron, por privado no obstante, los corrillos donde lectores y novelistas se despellejaban sin el más mínimo atisbo de vergüenza.

Con el paso del tiempo los comentarios de unos y otros llegaron a oídos de los interesados y surgieron las disputas y los tira y afloja, las luchas de egos y el apoyo de los palmeros de cada autor en su respectivo grupo. Esto dio lugar a la emigración de algunos miembros, provocando que se crearan otros grupos más afines, donde la cola del león mandaba y la del ratón obedecía y puntuaba. Todo esto es vox populi y se ha hablado en muchos directos de Instagram y Facebook, sin dar nombres, porque no hacía falta, ya que cada cual conoce de sobra su cada quien.

Mientras, Amazon, desde ese 2014, se frotaba las manos porque empezaba a llenar sus estanterías de todo tipo de productos de la más amplia variedad en precios y calidades; entre ellos, los libros. Los había de las editoriales tradicionales, pero de estos no se llevaba una gran tajada porque solo era el distribuidor de un producto más. Entonces inventó este premio en el que en el primer año, como hemos visto, se preocupó más de llamar a autores que tuvieran ya tirón de ventas que a verdaderos indies, aunque tampoco hizo ascos a autores autopublicados, ya que la calidad le traía, y le trae, totalmente al pairo. A Amazon lo que le interesa es la venta y si los compradores adquieren un producto que es malo, pues no pasa nada, ya es bastante con que te dé la opción de, en un momento dado, leer las primeras páginas del libro de marras, donde ya se nota de qué pie cojea cada uno.

Todo esto dio lugar a que la gente se pusiera a redactar historias como si no hubiera un mañana. Lo que en otro momento de nuestra vida nos habría parecido imposible se hizo viable, y no por que llegar hasta una editorial fuera una escalada del Everest para la mayoría, sino porque muchos no sabían ni hacer la “o” con un canuto.  Aun así, todo el mundo se lanzó a escribir sin plantearse siquiera que existía algo tan básico como los correctores de estilo y ortotipográficos. Ya con el automático del Word, y a veces ni eso, pensaban que tenían bastante.

Por tanto, nadie quería perderse el pastel que supone la publicación de libros y las editoriales aprovecharon el mundo digital para que la plataforma comercializara el ebook. A su vez, decidieron dar un recorte en cuanto a la calidad, algo que se demuestra en la mala corrección y edición de novelas que, siendo de grandes y prestigiosos sellos, parece que han dado un paso atrás. Algo normal, por otro lado. Se ha popularizado tanto lo de escribir y disculpar eso de la ortografía basándose en que lo importante es la historia que las editoriales han abierto el ojo y venden la misma mierda, pero en tapa dura y gastando en más en publicidad, tratando de equipararse a lo que vende Amazon. Prácticamente es imposible encontrar un autor al que se le haya mimado su obra y que la calidad de la escritura esté acompañada de un adecuado proceso de edición. 

Ahora le sumamos las plataformas audiovisuales, que también quieren su porción. Todas ellas necesitan rellenar sus contenidos y, para eso, buscan historias como locos. Ya da igual si es buena o mala, sencillamente aceptan lo que haya y no en vano el mejor almacén es la estantería de Amazon, donde se compra cualquier historia y se la guioniza. Se le pone a la serie lo de primera temporada y, si no se continúa con una segunda porque no vale ni para echar una siesta, da igual, la gente no lo recuerda. El comprador compulsivo acumula libros y series como si nos hubiera afectado el mal de Diógenes, da igual si valen o no valen.

Este tipo de situaciones que vivimos desde que se liberalizó el mercado de la escritura son como cuando se promocionó la comida basura. Todo el mundo sabe lo mala que es para la salud y, aunque no pasa nada por recurrir a ella de vez en cuando, lo cierto es produce, cuando menos, obesidad. Algo que, en el primer mundo, está a la orden del día, por lo que no debe ser tan ocasional. Afirmo, sin pelos en la lengua, que el efecto de este tipo de consumo es el embrutecimiento, equivalente de la obesidad. Pone el listón tan bajo en la lectura comprensiva y en la visión crítica que, al final, ni los cómics de Mortadelo y Filemón van ser recomendados en la ESO porque no los van a entender los potenciales usuarios. ¿Me vas a hacer creer que te lees 600 páginas de una tortuosa historia romántica cargada de topicazos y mal escrita en cuanto a su estructura, sintaxis y ortografía y no las 380 de Memorias de África? Y ya no digo esas sagas que son como la película Mujercitas, pero que nos cuenta la misma historia, más o menos, solo que narrada desde el punto de vista de cada uno de los siete hermanos o hermanas en cada entrega. Por supuesto, cada cual puede leer lo que le dé la gana; pero yo me puedo permitir el lujo de decir que la humanidad está acelerando sus pasos camino de la extinción. Si en España se publican 350 libros al día, e imagino que ahí no computan los de Amazon porque carecen del ISBN internacional, tiene pinta de que algo huele mal en Dinamarca. Si alguien sabe dónde está el truco que me lo cuente, aunque sospecho cuál es porque está claro que ni Amazon ni ninguno de los integrantes de esta farsa va a perder dinero.

Vistos un poco los antecedentes y mis conclusiones sobre la trayectoria del premio, vamos a pasar a lo ocurrido este año, donde lo primero que ha llamado la atención ha sido la preponderancia de autores de thriller. Aunque yo no sé de qué se sorprenden si en el jurado destacan dos autores que escriben ese género: Pilar González, ganadora del año pasado, y junto a ella, Juan Gómez-Jurado. No es que quiera insinuar que se han descartado desde un primer momento las novelas de otros géneros, que todo el mundo está seguro de ello, pese a que sus bases digan expresamente: El Concurso está abierto a escritores que publiquen en español en cualquier género. Si bien en las primeras bases lo que ponía era, según el blog El estandarte: En ellas, recordemos, se anunciaba la selección de cinco libros finalistas ―pertenecientes a los géneros de ficción, ficción histórica, romance, suspense o aventura― según criterios que incluirán el número de ventas y la valoración de los lectores.

En la actualidad, es vox populi que hay temas vetados, como la erótica, el romanticismo y la fantasía, comentario que estoy acostumbrada a oír en las redes, con lo que la elección de este tipo de jurado tampoco me sorprende. Es bien sabido que en un primer momento hay una criba de las más de dos mil novelas presentadas y que, al final, los miembros se van a leer lo que Amazon considere más comercial. También que, si el jurado es mayoritariamente de thriller, no me veo poniendo como finalista una novela romántico-erótica que se desarrolle en el marco de las Tierras Altas de Escocia en el siglo XVII (una de las tramas tópicas más usadas y que con más errores históricos he encontrado).

Sobre todo hay que destacar lo que remarco en negrilla en las antiguas bases del concurso y que los autores no han olvidado: las ventas y la valoración en redes. Es un factor que se está viendo en la mayoría de los premios y algo ya muy controlado por las editoriales. Por supuesto, hoy en día, se quiera o no se quiera, o surfeas por las redes o eres como el camarón que no se mueve: al final, se lo lleva la corriente.

Todo lo que he comentado anteriormente sobre los grupos de apoyo y los tejemanejes publicitarios para llegar al puesto más alto en el ranking de Amazon y llamar la atención ha llegado siempre a mis oídos y también se ha comentado en directos de Instagram, pero nadie ha osado a ponerlo por escrito de una u otra forma, o por lo menos no ha tenido mucha repercusión. Hasta este 2024.

Este año la polémica ha estado servida por la presentación al premio del libro Proyecto Plas,de la autora o autor, puesto que usa seudónimo y no hemos visto nunca su rostro, Pussie Lánime. En la narrativa, su protagonista decide presentarse a un concurso literario llamado Amazing. A través de sus experiencias nos irá contando los entresijos del premio, desde la elección del género con el que se presentará hasta las mil y una anécdotas que surgen en el largo camino hasta que el jurado anuncia los finalistas. Partiendo de la base de que Nekane considera que si hoy en día cualquiera se atreve a escribir libros para sacarse una pasta ella no va a ser menos.

En realidad, el argumento es una mera excusa para sustentar lo que de verdad la autora o autor quiere contar: los tejemanejes que hay detrás y no tan detrás durante los meses que dura la subida de las novelas a la plataforma. Su historia no tiene más interés que mucha otras, romántico-eróticas, que ahora se denominan “con spice”y, de hecho, es una crítica con humor ―como toda la novela― a esas tramas tan manidas, incoherentes y burdas que rozan en la mayoría de los casos los vídeos porno malos, solo que por escrito.

Voy a hacer un resumen de los fragmentos que más me han llamado la atención:

Me suscribí a Keendle Endless y descargué las diez novelas más vendidas de la categoría en aquel momento. Las leí todas, sin excepción. De arriba abajo, con la sensación de estar leyendo siempre la misma historia ambientada en sitios diferentes y protagonizada por gente similar con otros nombres. Algunas parecían escritas por adolescentes, con incoherencias, clichés, faltas de ortografía y errores de maquetación. Me chirrió bastante el nivel de machismo que atesoraban algunas. No entendía cómo ciertas personas podían aguantar leer según qué cosas. Cuando veía el número de reseñas que acumulaban dichos títulos no pude evitar hacer unos cálculos. Era posible que aquellos escritores ganaran mucho, pero mucho dinero. Leyendo las opiniones también comprobé que pocos lectores se fijaban en la calidad literaria de aquellos libros, les daba igual si tenían faltas o fallos en la trama. Querían leer historias de amor con trabas y problemas, pero con final feliz, protagonizadas por personajes exageradamente guapos e inteligentes, aunque fueran asesinos, camellos, mafiosos o infieles confesos.

Este sería el inicio al que Nekane se enfrenta y a lo que nos hemos enfrentado muchos lectores a la hora de elegir algunas de las novelas más destacadas en la lista de ventas de la plataforma. Pronto decide qué rumbo tomará su historia.

Escribiría una trama llena de clichés ya que, por lo visto, a los lectores de dichas novelas no les importaba lo más mínimo. (…) La protagonista sería una chica tímida pero preciosa que se enamora de su jefe, un joven y guapo multimillonario que la introduciría en un mundo de perversión y sexo duro. Una novela romántica tirando a erótica. (Título El coleccionista de pollas)

Obviamente es el hilo conductor, como ya he mencionada antes, de las aventuras y desventuras de la protagonista en el mundo literario. Para completarlo, no podía faltar el apuntarse a algunos de los grupos que se postulan de apoyo para escritores, de los que ya comenté algo en párrafos anteriores y que durante este tiempo se ponen efervescentes con las llamadas “Lecturas Conjuntas”. Ahí es donde conoces las cloacas de este concurso en el que se encuentra a los siguientes actores, según la autora:

―Autores que ofrecen su libro gratis a cambio de una reseña positiva, así, sin anestesia, o que reembolsaban el precio del libro:

Me sorprendió la insistencia del escritor del thriller psicológico que ya me había ofrecido gratis su libro. En su cuarto mensaje subía la apuesta y me ofrecía un Bizum con el reintegro del precio de la novela si publicaba una reseña positiva de su libro. Pensé que aquella persona tenía un problema, no me parecía una actitud muy normal. Comprobé que casi todos los días aparecían reseñas de su novela en los grupos de Facebook, hablando de lo fabuloso y original que era. Una obra de arte, un libro imprescindible según la mayoría de los lectores. Una novela digna de ganar el PLAS, el Planeta o incluso el Nadal. Curiosamente, las valoraciones del dichoso libro habían dado un vuelco. La mayoría eran de cinco estrellas. Casi todas las reseñas repetían el mismo esquema, siguiendo un patrón y la mayoría contenían frases manidas y vacuas tipo «te explota la cabeza», «muy turbia», «giros increíbles», «personajes bien definidos», «tensión en aumento» o «con un final que no te esperas».

―Grupos de apoyo de lectores, que sobre todo tiene escritores que se leen entre ellos, con lo cual la reseña ha de ser de cuatro o cinco estrellas y, por supuesto, recomendando encarecidamente la lectura del libro:

No tardé en darme cuenta de que existían bandos, grupos de amigos entre la grandísima cantidad de autores que pululaban por los grupos de Facebook. Era consciente de que el número de personas que se atrevían a escribir y publicar un libro se había incrementado en los últimos años. A veces pensaba que algunos grupos estaban formados únicamente por escritores.

―La actuación poco ética de unas nuevas figuras surgidas aprovechando esta nueva moda de hablar de libros: las bookstagrammers o bookbloggers:

Casi todas esperaban recibir gratis una copia firmada de mi libro y, a ser posible, acompañada de algún regalito extra. Lo llamaban «colaboración». Extraño término para denominar a un regalo. Eso sí, recibir el libro no aseguraba una fecha, ni tampoco su lectura. Simplemente pasaría a ser otro más de la interminable lista que todas tenían pendiente. Alguna dejó caer que podía subir la prioridad de la «colaboración» por un módico precio. El importe fluctuaba entre los cinco y los cincuenta euros. Me molesté en analizar los perfiles de Instagram y Facebook de muchas de aquellas bookbloggers. Casi ninguna pasaba de los diez mil seguidores y, en esos casos, me costó encontrar reseñas de obras de autores indie. Las pocas que pude hallar no alcanzaban las cien reacciones de sus followers. Los libros que obtenían más comentarios y reacciones eran de autores famosos, cosa que no me extrañó lo más mínimo.

―Crítica a la calidad de muchos de los libros autopublicados:

Comencé a leer uno de los libros que había ganado en los sorteos de Facebook. ¡Ya llevaba tres! En las primeras cinco páginas conté veintiocho faltas de ortografía e innumerables frases mal construidas. Además, el autor, en un empeño por demostrar su destreza y dominio del arte de la escritura, empleaba palabras poco usuales en frases donde carecían de sentido. Me preguntaba por qué algunos escritores se empeñaban en usar recursos que no dominaban o situaban sus tramas en países que no conocían. Diálogos absurdos y artificiales, en los que metían con calzador datos más propios de una enciclopedia que de una novela policiaca, en un esfuerzo por demostrar el buen trabajo de documentación que habían realizado.

―Cómo hay autores que tratan de manejar el cotarro de una forma descarada a su favor dentro de los grupos de apoyo:

He leído que, como el resto de los certámenes literarios, está amañado. Dicen que escogen finalistas al tuntún, para rellenar. Que ya saben de antemano quién se lo va a llevar. Que, incluso, existen mafias que trafican con reseñas. Llaman la Capone a una señora que tiene varios grupos donde se cruzan reseñas y reparten cinco estrellas a diestro y siniestro.

Creo que llegados a este punto no voy a poner más fragmentos de la novela de Pussie y así te dejo que la leas con tranquilidad si te interesa.

Mi valoración es buena en cuanto a las fuentes de información que ha manejado. En realidad, a poco que te muevas en este mundo, siempre hay alguien encantado de contarte toda la historia o puedes vivirla en tus propias carnes, seas lectora o escritora. La novela en sí no es más que una sátira con sentido del humor de este mundillo que se lleva criticando desde sus inicios. Lo único que podría alegar en contra de ella es que se me hizo larga, ya que la parte de la historia que nos narra la autora, y que será la novela que presenta la PLAS, tiene los tópicos que no me gustan. Confieso que me la he leído en diagonal, ya que lo que me interesaba era toda la parte de las impresiones que ha tenido Pussie y que coincide con lo que muchos ya sabíamos. Aun así, ha habido un grupo, mínimo a la hora de la verdad, que se ha picado y ha formalizado sus quejas haciéndose las ofendidas por la forma en la que el autor o autora trata a los grupos de lectores y a muchos escritores. Lo que suelo decir en otros post: al que le pica, ajos come.

Como bien se dice en el título de la entrada, todos somos culpables. No voy a hablar de nadie determinado, pero sí de lo que también he visto y vivido. Alguna reseña de cuatro estrellas he tenido que poner pese a que el libro no se lo merecía. O sea que yo entono mi parte de culpa y, aunque hay muchos lectores que no quieren reconocerlo, lo cierto es que este tipo de actuaciones está a la orden del día. Ya hace tiempo que si leo y recomiendo lo hago porque de verdad considero que el libro se lo merece y no por cuestión de gustos, sino porque por lo menos está digno. Todos cometemos errores en los inicios, lo que no nos hace un favor a escritores y lectores es que quién persiste en seguir cometiéndolos además exija que se haga caso omiso de ello.

Tras haber estudiado a fondo el tema del PLAS a lo largo de los años, lo que puedo decirte sin temor a equivocarme es que todas aquellas autoras que piensan que tienen oportunidad de ganar porque sus libros tienen muchas estrellas y están de los primeras en el ranking de ventas, que lo olviden. Las cinco finalistas no son las novelas más leídas, no han sido las más vendidas y no son las que mejores comentarios tienen. Lo puedes comprobar, pero te lo voy a poner aquí de forma esquemática, tal como está hoy el ranking en Amazon, día de la publicación de mi entrada:

Los crímenes de Hollywood (Federico Atax) 187 reseñas, de las cuales 10 son con opinión.

Un crimen pasional (J.J Fernández) 394 reseñas, de las cuales 20 con opinión de lector.

Hermanos de Dios (Jorge Zaragoza) 226 reseñas, de las que 11 son con opinión de lector.

El Ladrón de letras (Luis David Pérez) 1305 reseñas, de las que 42 tienen opinión de lector.

Un asunto pendiente (Gema Herrero) 238 reseñas, de las que 62 tienen opinión del lector.

Esto me lleva a la conclusión de que muchos autores y sus fans se están matando y envenenando las redes para nada, en vez de preocuparse de escribir libros con calidad, que de verdad llamen la atención por ello. Una pena, porque es un concurso que hubiera tenido muchas posibilidades y me parece genial que la gente se presente, lo mismo un día de estos me animo y todo, pero, desde luego, me apunto lo que Pussie ha criticado para no caer en las mismas dinámicas.

Opinión

Una nueva temporada

Me cuesta trabajo iniciar esta nueva temporada, no porque no sepa de qué escribir sino porque quiero hacerlo de temas que de verdad puedan ser atractivos. Esto es algo complejo porque en estos tiempos la gente como mucho aguanta, de media, cinco segundos visualizando un reel. Y esto no lo digo yo:

Si tu tiempo de visualización promedio se ubica entre 4 y 8 segundos, intentaría mantener la mayoría de tus reels por debajo de los 15/20 segundos. El tiempo de visualización es importante para el alcance de tus reels, así que si estás haciendo reels de 60 segundos y tu tiempo de visualización promedio es de 6 segundos, Instagram no está teniendo ese incentivo para impulsar tus videos. https://www.instagram.com/reel/C5EEDK2NmVW/

Por lo tanto, hace mucho que perdí la esperanza de que haya multitudes que visiten y lean mi blog. Entonces ¿por qué me molesto en tratar de escribir algo que interese al lector? Pues llámame loca, pero sé que todo lo que suba a internet queda per secula seculorum y, sinceramente, si puede ser algo medianamente sugerente y bien escrito lo prefiero. También, porque es una forma de no perder el hábito de redactar.

Después de unos años por estos lares, la cosa no tiene visos de mejorar en ningún aspecto. Cada día salen al mercado una media de 250 libros, según las estadísticas del Ministerio de Cultura para la fecha del 2022, por lo tanto, dos años después, imagino que esa estadística está obsoleta; creo haber visto que ya va por más de 350. ¿Qué he observado mientras me dedicaba a leer en silencio?, que la calidad de los libros, de editorial y autopublicados, en su gran mayoría, dejan mucho que desear. Estoy convencida de que para ganar esta carrera estadística han decidido suicidarse por saturación. Da igual quién haya publicado el libro. Todos tienen una cantidad ingente de faltas de ortografía; mala sintaxis; tramas confusas calcadas de autores anteriores, o copias de historias propias, donde lo único que las diferencia es el cambio de los nombres de los personajes y localizaciones. Como en el mundo hay pocas empresas, que copan el mercado del libro, pues es como Coca-Cola y Pepsi, ya da igual si son cancerígenas o no, total, es lo que hay.

Las editoriales tradicionales siguen porque no hay nadie que se atreva a toserles y las otras formas de publicar, con la excusa de que las hermanas mayores lo hacen mal, lo hacen peor. Para mejorar el escenario, el lector medio tiene un nivel cultural bajito, con lo que va a lecturas simplonas, de tramas previsibles, mal estructuradas, en las que hay pocos diálogos, porque si no la gente se pierde, y escasas descripciones, porque los lectores se aburren. Es algo que he leído en redes sociales, no es que me lo invente yo. Pero claro, antes rasgarse las vestiduras que reconocerlo.

Además, me da la sensación de que un tercer elemento en discordia son las plataformas audiovisuales, que necesitan material para sus parrillas y, al final, lo que hacen es coger a cualquier autor más o menos consagrado y hacer de su novela la serie, que rellene su programación durante unas semanas. Luego da igual si es buena o mala. Tampoco dan opciones a una segunda parte si no es rentable la primera y se le da pasaporte sin más explicaciones. Aunque la tendencia general son versionados que no tienen mucho que ver con la novela, cambiando incluso en final a su gusto. Este medio está fagocitando a autores que son moda durante unas temporadas gracias a una supuesta recua de fans, pero cuya trascendencia va a ser mínima. Aunque tampoco importa, porque esto tiene pinta de que va a reventar el día menos pensado. Pero no el mundo editorial, que ese tiene aguante hasta el infinito y más allá, si no el mundo en general, porque nos encontramos en una nueva época de decadencia parecida a la que sufrió el Imperio romano en su día.

No penséis que estoy en plan negativo o catastrofista, para nada. Solo me limito a plasmar lo que en las mismas redes se comenta, que hay mucha morralla en el mundo editorial y aumentando según pasa el tiempo. Se nota incluso en las mismas plataformas televisivas, en las que cada día encontramos más dificultad para ver una serie que de verdad sea original e interesante. Todo muy normal porque las unas se nutren de las otras y vivimos en época de inmediatez. Si no se tiene lo último de lo último ya no eres influencer.

Como remate, está la lucha de egos que a mí me gusta observar directamente desde la tribuna, comiendo palomitas. A lo mejor pensáis que soy una exagerada, pero eso mismo he visto con estos ojitos que hoy uso para contarlo. Evento literario importante a nivel local en el que se juntan autores para presentar sus nuevas obras y firmar ejemplares. Todo preparado: carteles lanzados, avisos en las redes para que cada cual acomode su horario al evento y, de repente, tocan a arrebato las campanas de una gran editorial ¿Cómo va a firmar nuestro autor reconocido a esta hora? Llamadita al concejal de cultura e imagino el tipo de conversación. Resultado final: a poco más de 24 horas inicio del evento se quita por parte del Ayuntamiento toda referencia a los horarios antiguos y se cambia a gusto de la editorial y su figura. Los demás autores se la tienen que envainar y aguantarse con el horario que se les ha vuelto a asignar. Si ya tenían cartelería y avisos en sus redes, pues es lo que hay. ¡A joderse!, que el ego y la fama de otros está por encima del respeto hacia los compañeros.

Hoy por hoy, todo esto que cuento está en las redes, no es algo que yo diga para rellenar. Un ejemplo de ese sentir ante las malas praxis lo encontramos en dos novelas que he leído estas semanas atrás. Ambas han formado revuelo entre los lectores y otros escritores, diciendo que muchas de las cosas que se cuentan son mentira. Yo os garantizo que no y que lo único que no dicen son los nombres y apellidos de muchos de los que están arrastrando el buen quehacer de autores y lectores que no se doblegan ante este tipo de actitudes. Hoy os comentaré una de las dos obras y la otra la dejaré para un poco más adelante.

Esta primera novela va más relacionada con las editoriales y la publicidad en redes sociales que con los lectores y escritores propiamente dichos, aunque también encontré entretenidas historias sobre autores que hacen lo imposible por destacar los unos sobre los otros, con lo que después de haber presenciado lo que te he contado con anterioridad, ya me lo creo todo.

Estand Librería Rita’s Bookshop de San Fernando en la feria del libro 2024

El primer libro es el de la americana R. F. Kuang, Amarilla, y está principalmente dedicado todo lo que gira alrededor dela publicación de un libro, como ya he indicado. En él vemos la forma en la que la protagonista, una escritora de segunda fila, llega a ser famosa y reconocida. Aunque pueda parecer exagerada, que lo es, ya todo se desencadena a raíz de una muerte, ¿accidente, asesinato? De eso ya no os hago spoiler. Aunque, en el fondo, la pregunta que queda en el aire es ¿hasta dónde se puede llegar para alcanzar el éxito?

Nuestra protagonista robará una trama de otra autora, amiga suya, fallecida. La gente alegará que es ficción y le quitará importancia, pero eso mismo lo he vivido, sin ir muy lejos, en las carnes de otra compañera; eso sí, sin necesidad de una muerte de por medio. Todo fue por fiarse de una escritora, y amiga, que ejerce de lectora cero, sin haber registrado la obra. El resultado final fue el de encontrarse la novela plagiada. Ya el problema no es tanto el plagio, que, por supuesto, demuestra la poca vergüenza de la gente. Lo peor es que no vale la pena meterse en litigios ―todavía colea el de Cela con Planeta y una autora gallega― y al final es pérdida de tiempo. Esta gallega denunció al autor y a la editorial y, a estas alturas, sigue litigando el hijo y heredero de los derechos de su madre, porque ella ha muerto y Camilo, también. La historia de la novela La Cruz de San Andrés, premio Planeta, la puedes encontrar en internet. Si un plagio tan gordo a nivel nacional todavía está sin resolver, ¿quién va a hacer caso de una autora novel que se fía de quién se promociona como correctora y lectora cero?

La historia de la obra robada en Amarilla es el mero soporte de la crítica hacia este mundo editorial y la gente que lo rodea, que plasma con frases tan rotundas como:

Los premios en esta industria son una chorrada, y bastante arbitrarios. Son menos un indicativo de prestigio o de calidad literaria y más una muestra que has ganado un concurso de popularidad gracias al apoyo de un grupo muy reducido y sesgado de votantes.

Otras de las cosas de las que trata es del acoso que se sufre en las redes si destacas, eres diferente o no eres del agrado de una autora que acaba mandando a sus palmeros a hundirte vía hate. Os dejo alguna de las reflexiones que la misma autora pone en boca de su protagonista y que tienen su miga:

Las reputaciones en el mundo editorial se construyen y se destruyen constantemente en Internet.

Se hunde a la gente para conseguir tener un público, creamos nuestra propia autoridad moral.

Una vez que entras en el mundo editorial todo gira en torno a los celos profesionales…

Los lectores vuelcan sus propias expectativas no solo en la historia, sino también en tu opinión política, tu filosofía y en tu postura respecto a cualquier asunto ético, tu persona y no tu escritura pasan a convertirse en el producto: tu aspecto, tu genio…

Al final todo se reduce al ego. Si el mundo editorial está amañado, lo mejor que puedes es asegurarte de que este a tu favor.

Las redes sociales son un espacio diminuto y aislado. Una vez que te alejas de la pantalla a nadie le importa una mierda. (A esto añadiría que a nadie le importas una mierda, más que a tus verdaderos amigos, que estaban antes de que publicaras la primera vez).

Esta novela la recomiendo, sobre todo, para aquellos autores que se piensan que son el ombligo del mundo porque están en una gran editorial y van pisando a aquellos que empiezan. Incluso dedicada a todos los que empiezan o llevan un tiempo intentando darlo todo. para que no caigan en la tentación de estas malas prácticas que tanto se ven en las redes.

En cuanto a historia en sí, para mí se me ha hecho algo larga. Podría haber quitado algunos capítulos o haberla reducido, que hay maneras para ello; pero claro, todo depende del editor y, en este caso, la historia es yankee y el editor también. Cada cual con su cada quién. Aun así, se le puede sacar bastante jugo a la realidad literaria actual y más si en otra entrada os complemento la historia con la que nos narra Pussie Lánime en su trabajo Proyecto PLAS. Una obra que ya saltó a las redes de mala manera, puesto que como la autora o autor es anónimo pronto comenzaron las elucubraciones de quién estaba detrás de esa crítica, iniciándose una caza de brujas y señalando a autores que no son los dueños del seudónimo; pero, que si lo fueran, ¿por qué hay tanto miedo a lo que se pueda contar en una novela? No se dicen nombres. Al final es lo que decía mi abuela: al que le pica, ajos come.

Opinión

«En serio» o «Realmente», George?

Recuerdo que hace años cayeron en mis manos de forma casual un par de colecciones de libros que me llamaron la atención. Una de la autora Penélope Sky, denominada Saga Botones porque la trama que desarrolla en el entorno de una familia de mafiosos y venganza que tiene como Maguffin un bote de botones, y la otra, la Hermandad de la daga negra, de J. R. Ward, una de vampiros que conviven con los humanos, pero no se mezclan con ellos hasta que, por encuentros amorosos, se llega al intercambio de fluidos, y no solo sangre. La Hermandad es como asuntos internos en el cuerpo de policía: controla los desmanes del resto de no vivos para evitar que llamen mucho la atención.

Tengo el recuerdo difuso de que, al ir leyendo libro tras libro, empezaba a notar que era más engorroso, porque, literalmente, la traducción era una mierda. Y entonces no había IA, aunque sí Google Translate. Pude sustraerme y tuve que discernir, entre la maraña de palabras que no estaban bien ajustadas al texto, lo que querían decir los personajes, pero ¿qué necesidad había? En mi caso me valió, por un lado, para entrar en contacto con lo que llaman Dark Romance y, por otro, para conocer qué se cocía en el mundo de la erótica o a lo que así denominaban en pleno siglo XXI. Por lo tanto, hice de tripas corazón y, saltándome páginas como si no hubiera un mañana, me puede hacer a la idea sobre qué iban ambos subgéneros.

Ambas sagas constan de un gran número de volúmenes, sobre todo la de vampiros. Un amigo tuvo a bien enviarme un archivo con todos ellos, sabía lo que me gustaba leer y que ya me rondaba por la cabeza escribir erótica y de esas lides tienen bastantes páginas ambas historias. Estaba claro que, por mi falta de experiencia en aquel entonces, me estaba leyendo una mala copia. A partir de ahi, fui más selectiva a la hora de buscar novelas traducidas. Otra cosa fue que, cuando ya entré a fondo en este mundo como escritora, las consideré un poco repetitivas y vi que eran más divertidas las otras historias que ocurrían en sus páginas.

Todo esto ha vuelto a mi cabeza a raíz de una polémica que ha surgido en Threads sobre el tema de la traducción de novelas. Discusión inútil por otra parte, porque como dije en mi anterior entrada debatir es una asignatura pendiente en España y así pasa lo que pasa, que la gente arranca ojos sin pizca de pudor. El caso es que, por lo visto, una Influencer debió hacer un comentario sobre que la editorial Monogatari la había solicitado para publicar en español un libro de una saga. Obviamente las redes ardieron, algo que ocurre con facilidad por mucho menos. En un bando estaban los que alegaban que eso era intrusismo profesional y en el otro los que mezclan churras con merinas, vomitando que aquellos que nos llamamos escritores sacáramos el título universitario correspondiente para demostrar que estábamos cualificados para escribir libros. Es cierto que también había comentarios de lectores que leían con fluidez ambos idiomas (inglés y castellano) y alegaban que la traducción era horrorosa.

Después de esto quise ponerme en comunicación con los responsables de mi planeta para que me vinieran a recoger tras dispensarme de seguir realizando mi análisis sobre la vida inteligente en la Tierra. Había hecho el estudio en profundidad con los delfines y descubrí que, más allá de ellos, no había vida inteligente.

Seguí los palos y picas que enarbolaban los energúmenos de diverso pelaje en las redes, aunque antes me había sacado el paquete de palomitas, y según avanzaba la caza de brujas más segura estaba de que debo ser extraterrestre. Hubo algunos leves destellos de racionalidad, pero fueron pisoteados, como de costumbre, por la masa vociferante que alegaba que todo el mundo tiene derecho a hacer lo que quiera si se considera capacitado para ello. Traigo a colación algunos de los comentarios que más puedo destacar:

No puedo entender el pollo montado con la traducción de la bookstagrammer. Entiendo que los que han estudiado traducción estén picajosos. Pero si esa persona traduce bien, puede que incluso mejor que algún traductor profesional, porque telita con las traducciones de algunos libros, no veo el problema. Si una persona sin título ninguno está capacitada para escribir un libro porque no para traducirlo que es más fácil? Si eres traductor y eres bueno no deberías tener miedo de que te falte trabajo (sic).

Ni que decir tiene que el “telita con las traducciones de algunos libros…” va a ser precisamente esa que está hecha por alguien que no es profesional y no está cualificado, mira tú que casualidad.

Además, me vas a perdonar, pero que una persona alegue que es más fácil traducir un libro que escribirlo denota su escasez de conocimiento ―qué verdad que la ignorancia es muy atrevida―. Por lo tanto, fin de mi alegato. Es como si dice que médico de familia puede ser cualquiera porque, total, es más sencillo que ser cirujano, que ahí es donde se corta el bacalao. Está claro que si eres bueno no te va a faltar el trabajo, porque además, gracias a Dios, una editorial debería pedir muestras, al igual que las pide del de corrección. Pero claro, sin abrir otro melón, hoy en día cualquiera se da el nombre de editorial o de corrector, ya puestos, y eso lo sabemos porque ya lo hemos hablado en otro momento.

La respuesta al anterior comentario no se hizo esperar:

Ya que intentas ir de lista, las traducciones se rigen por normativas europeas específicas para servicios de traducción, es decir, por las normas ISO. Y, concretamente, la norma de calidad ISO 17100 exige que los traductores que participen en proyectos de traducción tengan o titulación universitaria, o formación relacionada + 2 años de experiencia demostrable, o 5 años de experiencia demostrable. Y, en este caso, no se dan ninguno de los tres requisitos. (sic)

Pero en el mundo de las redes sociales, al igual que a pie de calle, las razones se miden por el tamaño de lo grande que la tengas o lo alto que chilles. Es de agradecer que los hilos en Threads no sean como las cartas vociferadoras de Harry Potter, porque íbamos a tener que ir por la vida con tapones.

El remate final fue el comunicado que puso en Instagram la propia editorial. No hago comentarios, que cada lector se haga su composición de lugar.

Yo quiero saber la realidad

Siempre me han dicho que valgo mucho por mi agenda y tiré por lo tanto de ella buscando a mi amiga, Encarni Ayllon, licenciada en Traducción por la Universidad de Granada y MBA Executive de EOI Sevilla, con experiencia en el desarrollo de proyectos de comunicación para empresas e instituciones. Así pude preguntar a una persona con experiencia en el tema cuáles son los requisitos para ejercer esa profesión. Es cierto que en España existe la figura del traductor jurado de forma reglada, pero también existe una asociación, a la que ella pertenece, en la que se especifica qué requisitos deben solicitarse para contratar a alguien que haga esa labor en el mundo literario. Porque en el saco de la traducción hay muchas papeletas y no todas son iguales.

Un profesional se asegura de que el mensaje, los conceptos y los hechos permanezcan inalterados durante el proceso. Si lo hacemos de forma literal ya no vale. Y para no caer en ese error se necesita conocer el oficio.  Lo ideal, si se desea trabajar en este sector para una agencia o de manera autónoma, es estudiar la Licenciatura en Traducción e Interpretación, convertida en grado con la reforma de Bolonia. Aunque no sea requisito indispensable para ejercer.

Por más que seas bilingüe, eso no te convierte en un profesional. Si tu sueño es poder ejercer este oficio, lo primero que necesitas es tener un conocimiento profundo de tu lengua. Por otro lado, debes cursar una formación específica en idiomas, como la aludida en el párrafo anterior, disponible en buen número de universidades. Otra opción válida para formarte es estudiar cualquier otra carrera universitaria y hacer un máster. Esto puede ofrecer una ventaja importante: la especialización en un ámbito determinado, que permite tener conocimientos de la materia y del lenguaje técnico específico. Por ejemplo, si tienes la carrera de Derecho y la complementas con el master, puedes especializarte en el ámbito jurídico. Lo normal es que un traductor tenga previamente también la carrera de Filología, pero también puede ser médico y centrarse en libros relacionados con sus estudios. En cualquier caso, antes de ponerse manos a la obra, debes conocer bien ambos idiomas.

Podemos retomar el hilo y, al principio del texto, a la parte de aquel argumento que vale para sonarse los mocos:

Si una persona sin título ninguno está capacitada para escribir un libro porque no para traducirlo que es más fácil? (sic)

Se agradecería que quién se ponga a escribir un libro sepa hacer algo más que la “o” con un canuto; es más, se le presupone un amplio dominio de la lengua española hablada y escrita. Si no ha llegado hasta ese punto, por lo menos que se esté formando para ello antes de publicar, por favor. Ya hemos hablado de eso, no me hagas tener que repetirlo, porque luego llegan las quejas en forma de que no vendes libros. Normal, qué coño vas a vender si no sabes escribir.

Repito encarecidamente: la traducción requiere de muchas habilidades que no todo el mundo tiene y que hay personas que probablemente nunca podrán llegar a desarrollar. Podemos destacar el dominio de la gramática y el vocabulario, de la ortografía y del estilo, entre otras. Si la mayoría de la gente ni siquiera maneja todo eso en su propio idioma, imagínate en dos o más.

Qué carreras universitarias deberías hacer para ser traductor de libros.

Esta es la lista de estudios prioritaria:

  • Licenciatura en Lenguas Modernas
  • Licenciatura en Traducción e Interpretación
  • Licenciatura en Literatura Comparada
  • Licenciatura en Filología
  • Licenciatura en Estudios de Traducción

Otros estudios y habilidades necesarias

  • Conocimientos de gramática y sintaxis avanzados
  • Conocimientos en cultura y literatura para poder capturar el tono, el estilo y los matices de un texto
  • Capacidad de trabajar con plazos ajustados y de mantener la consistencia de terminología en todo el libro
  • Excelentes habilidades de investigación y capacidad para trabajar con fuentes diversas y complejas

Que la editorial contrate a una influencer me da igual, pero que no se diga en las redes que para ser traductor no se necesita una carrera, porque sí es conveniente tenerla si quieres hacer bien tu trabajo y que se te tome en serio. Que luego se lee cada bodrio por ahí, con nombres y apellidos, que acaba afectando a los buenos escritores que sí cuidan esos detalles.

Hoy no te voy a recomendar ningún libro de lectura semanal, no porque no me haya leído ninguno si no porque creo que este tema trae suficiente cola de por sí y no hace falta añadir más contenido a la entrada. Si bien, para complementar, te dejo el enlace a una página en la que viene pormenorizado todo lo necesario para ser un buen traductor literario.

https://todoestudios.net/estudiar-para/traductor-de-libros/#:~:text=Adem%C3%A1s%20de%20una%20licenciatura%20en%20una%20materia%20relacionada,capacidad%20para%20trabajar%20con%20fuentes%20diversas%20y%20complejas

Opinión

El debate

Es la discusión en la que dos o más personas opinan acerca de uno o varios temas y en la que cada uno expone sus ideas y defiende sus opiniones e intereses. Una técnica muy presente en la cultura anglosajona y que en las universidades españolas no se ha empezado a utilizar de forma sistemática hasta bien entrado el siglo XXI. Está claro que siempre ha habido grupos que lo utilizan, pues se presupone que en el mundo de la política debe estar a la orden del día saber manejar este recurso, como una de las piezas fundamentales del trabajo cara al público, aunque no era fácil encontrar alumnos que lo practicasen en bachiller y mucho menos en la Formación de Profesional. Seguramente te preguntarás para qué sirve debatir y ese es el punto importante de esta entrada.

Vamos al grano

Se presume en la actualidad de la libertad de expresión y se alega que todo se puede decir con educación. Sin embargo, estamos en la época en la que más censura hay y en la que, como nunca, la forma de manifestarse es más burda, indecente, desagradable, mal intencionada, dañina y sin fundamento de todos los tiempos. Y eso que, se supone, todos tenemos acceso a la educación y no solo a la académica, sino a la conductual.

Hay un sin número de opciones para opinar sobre lo divino y lo humano en las redes sociales, destacando X y Threads. No estuve en la primera y por echar un ojo he entrado en la segunda, pero sin gran interés porque ya sé lo que va a pasar. Funciona con la misma mecánica que cuando uno traslada su opinión en Facebook: comentarios vomitivos.

Para empezar, que opines, que estás en plena libertad de hacerlo, no significa, si no lo fundamentas de manera adecuada, que tu opinión valga para algo. Lo más probable es que sin una base argumentativa ese comentario sea una mierda, sin ambages. En el caso de que tengas una formación y un criterio podemos empezar a debatir, ya sea para reforzar con otros conocimientos lo que se opinó en un principio, ya sea para rebatir lo dicho. Está claro que podemos enriquecernos puesto que no sabemos de todo. Pues ya la hemos liado, pollito, porque en estas redes sociales llenas de opinionistas de dudoso pelaje, el todo vale está a la orden del día. Como no nos han enseñado a hacerlo pensamos que podemos decir cualquier cosa y quedarnos tan panchos.

Un ejemplo lo veo a nivel literario. Es un tabú decir que la obra de un escritor es mala ya que no se puede tirar por tierra su trabajo y que, en todo caso, será un tema de gustos. Vaya por Dios y san Cucufato bendito, se le niega validez al comentario porque se le atribuye que solo depende del gusto del lector. Pero ojito, que sí se puede decir que es maravilloso, supremo, sublime y excelso, basándonos en el gusto, y darle el valor de opinión; una opinión de esas que van a misa y son inapelables. Pues va a ser que no, que hay libros publicados que son un verdadero horror y que no se deberían leer ni pasando las páginas con un palo. Eso se puede argumentar, porque demostrar que carecen de la técnica necesaria para considerarse un escrito legible no es tan complicado para el que quiera escuchar. ¿Escuchar? ¿Qué es eso?

Otro momento que viene a mi mente ha sido esta semana pasada. Fue de alguien indefinido que, al yo aconsejar la lectura de un libro para que un amago de autor intentara aprender lo más básico del oficio de juntador de letras, me vino a decir que cómo osaba recomendar algo que usaba las palabras best seller y coatching en el título. Alma de cántaro, mira que alegamos, cuando nos conviene, que no se puede uno hacer una idea del regalo por el envoltorio y que las apariencias engañan. Como sí he ido a una escuela de debate, lo primero que le argumenté fue eso y, lo segundo a destacar, lo basé en que la autora, como bien explica en la introducción de su manual, se apoyó en su tesis doctoral para dar unas pautas divulgativas que ayuden a aquellos futuros autores que no saben por dónde iniciar un escrito. Aunque si quieres ser autor y no sabes por dónde empezar me plantearía que escribir no es lo mío. Seguro que si le recomiendo el de Brandon SandersonCurso de escritura creativa―, que es igual de best seller, le hubiera parecido estupendo. ¡Ah!, por cierto, también argumenté que si no había recomendado el de Brandon, así de primeras, era porque para anglófonos es ideal, pero para hispanohablantes lo mismo no lo es tanto. Es cierto eso que decía mi abuela de que la ignorancia es muy atrevida y que la prudencia está ausente en nuestra vida.

¿De dónde viene todo esto?

  1. De la falta de formación. Para un debate hay que saber de qué se habla y haber reflexionado sobre ello.
  2. Del desconocimiento supino de los mecanismos de debate. No se insulta ni menosprecia cuando no se sabe qué decir.
  3. De tener una cara de cemento armado y pensar que somos lo más. Suelen ser los que solo han hecho la «o» con el canuto.
  4. De estar seguro de que lo que digo yo va a misa.

Los puntos tres y cuatro los acepto si mi oponente en la discusión me demuestra que es una autoridad en la materia o que, si no lo es, tiene para ese punto una argumentación irrebatible, porque, en caso de que se le pueda rebatir, en mi turno de intervención lo haré gustosamente.

Obviamente no soy la purga de Benito y no sé de todo, pero tengo dos cosas a mi favor. Una es mi curiosidad implacable, que me lleva a buscar multitud de respuestas ante una duda sin quedarme satisfecha hasta que no encuentro la que de verdad me parece más acertada. La otra es que soy docente. No significa que todos los que tienen esta formación sepan enseñar, pues pese a que es obligatorio el curso de aptitud pedagógica (CAP) ―un título con el que se acreditaba que la persona que lo obtiene cumple los requisitos necesarios para impartir tanto clases como orientación educativa―, de tenerlo a saber usarlo va un trecho. Hoy en día esto se soluciona con un máster en pedagogía, pero que viene a ser lo mismo, por si alguien tiene alguna duda. Hoy hay uno hasta para la aplicación del gel para el esmaltado semipermanente de uñas ―sin menospreciar a las profesionales del gremio― y no creo que sea necesario tanta especialización en algunos temas, pero eso, seguramente, supondrá otra reflexión en otro momento.

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En resumen, si debato y afirmo algo es porque estoy segura de lo que digo, ya que lo he confrontado. Y si me demuestran lo contrario soy perfectamente capaz de agradecer el aprendizaje, ¡faltaría más! España, a nivel general, ha perdido la carrera en el enfrentamiento dialéctico con elegancia. Me da vergüenza ajena, en la política y en la vida cotidiana, ver a personas vomitando afirmaciones que se caen por su propio peso. Lo lamentable es que si intentas rebatirlo se lanzan al insulto fácil y al descrédito. Me produce ese mismo sentimiento ver a pseudoautoridades que enarbolan la bandera de la sabiduría criticando lo que otros hacen y, a la vuelta de la esquina, repiten todo aquello que han reprobado. Encima, si se les pilla en la mentira, tiran de alegar que se les reprime, que tienen derecho, que no sabes de lo que hablas o de excusas peregrinas y lágrima fácil. No me considero una persona muy inteligente, pero es muy burdo lo que hoy en día se está haciendo con la comunicación: envuelven afirmaciones falsas en hermosos papeles de colores, siendo las mismas mentiras de siempre.

Mi lectura recomendada de la semana

A estas alturas de la vida pienso que cada palo aguante su vela y cada perro se lama su pito. Tampoco esperarás que sea políticamente correcta, ¿verdad?. Eso no quita para que me guste estar informada de todo lo que ocurre a mi alrededor y formarme opinión. ¿A qué viene esto? A la situación que se vive en muchos países en conflicto, que es peligrosa para toda la humanidad y no está en mis manos evitarlo. Entiendo que haya manifestaciones en contra y a favor, comprendo que diversas ONG luchen por mejorar la situación de las innumerables víctimas de estas coyunturas; pero, a la hora de la verdad, somos las piezas de un tablero en el que los jugadores viven en magníficas mansiones, cómodos y calentitos, a miles de kilómetros de los escenarios de guerra. Eso no quita para que, como he dicho, conozca el mundo en el que vivo y te anime a que tú hagas lo mismo. Así, si tienes que debatir lo harás con conocimiento de causa. No hace falta leer sesudos manuales de política ni tragarte todos los programas donde se hable de la situación internacional, pero sí es bueno buscar, entre las páginas de las bibliotecas, autores que nos narran de una forma sencilla lo que viven en sus países, contado casi para adolescentes de los de antes, con lo que es más sencillo de entender que un tratado de política.

Uno de esos autores que puede valerme de ejemplo es Marjane Satrapi, con su obra Persépolis ―además es guionista, dibujante de historietas y directora de cine―, de nacionalidad franco-iraní. Aquí nos presenta su autobiográfica, la historia de cómo creció en un régimen fundamentalista islámico que la acabaría llevando a abandonar su país. El cómic empieza en 1979, cuando tiene diez años, y desde su perspectiva infantil es testigo de un cambio social y político que pone fin a más de cinco décadas de reinado del Sha de Persia y da paso a una república islámica. Los dibujos son en blanco y negro y de una sencillez abrumadora, porque el interés radica en el texto. El lenguaje de esta historieta se presenta con multiplicidad de registros (familiar y estándar, dejando a veces sitio para la vulgaridad), mostrando al público la diversidad y autenticidad de una vida cotidiana. En el trasfondo se vislumbra a su familia, que se opone activamente al gobierno del Sha, las manifestaciones que recorren todo el país, la diferencia de clases sociales o su marginación por pertenecer a una élite prooccidental. Todas ellas son algunas de las piezas del rompecabezas que la narradora se esfuerza por componer con la intención de comprender el mundo que la rodea. Al tiempo que va creciendo, Marjane se da cuenta de que el nuevo régimen, por el que lucharon sus padres, ha caído en manos de los integristas y que no trae consigo nada bueno. Han cambiado una dictadura por otra. Se entiende perfectamente la sensación de estafa que sufrió el pueblo iraní de manos del nuevo gobierno, a través de sus ojos, y que actualmente los sigue rigiendo.

Esta novela gráfica sencilla ―que no simple― nos ayuda a entender un poco mejor el complejo mundo de las mujeres en Oriente Medio, sobre todo de aquellas que se educaron al modo occidental y, de la noche a la mañana, se vieron obligadas a esconderse detrás de los burkas. De aquellas aguas tenemos los actuales lodos. Esta es una de las bases de la guerra sorda ―y no tan sorda― que afecta al mundo en nuestros días.

Como la autora reconoce, se inspiró en otro autor francés de novela gráfica, David B. con su obra La ascensión del gran mal. El novelista usa el mismo recurso de la autobiografía para desarrollar su trabajo. Ambos son fiel exponente del auge de la novela gráfica en el siglo XXI como modo de trasladar sus inquietudes al papel y mostrarlo al mundo.

Si la recomiendo es por muchos motivos. El primero porque ese periodo histórico, la guerra civil que sufrió Irán, está dentro de mi memoria como un eco lejano. Sin embargo, las consecuencias las estoy viviendo en la actualidad y, si no lo viviste o no lo recuerdas, lo mismo con esta lectura aumenta tu curiosidad. Un viaje directo desde el fundamentalismo islámico de aquella época a nuestro presente y que nos sirve para entender la ruptura que sufren muchos refugiados por conflictos militares que, en realidad, se sienten apátridas, y que, siendo expulsados por uno otro motivo de sus países, nunca son bien acogidos en los de acogida. Además, es una forma muy amena de acercarse a la ganadora del Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2024. Y de ser cool.

Opinión

Los dados de Dios

La frase Dios no juega a los dados la pronunció Albert Einstein como forma de crítica hacia ciertas teorías de la física cuántica. Con el paso del tiempo ha sido usada, ya fuera de contexto, para justificar muchos razonamientos. Lo gracioso del caso es que el mismo científico casi tuvo que rectificar porque se llegó a demostrar que, en algunos momentos, Dios en efecto juega a los dados.

Esta semana he sido yo la que ha tenido que lanzarlos, de manera figurada, ya que he disfrutado de siete días de un continuo ir y venir a eventos culturales. Incluso me he visto obligada a descartar algunos debido al volumen de los que se han desarrollado en el entorno de la Bahía de Cádiz. Debo reconocer que, pese a mi deseo de contar con el don de la ubicuidad, no se puede estar en todo. Para que la decisión tomada no supusiera agravio a ninguna parte organizadora, nada mejor que dejarla en manos del azar. Así que, aprovechando uno de los regalos de mi cumpleaños, precisamente un juego de dados para partidas de rol, decidí poner en sus manos la resolución.

¿Sabes lo que supone que en cuestión de tres días haya cuatro presentaciones literarias, alguna casi coincidente en fecha y hora? Para mí, un sufrimiento. Me hubiera encantado haber asistido a cada una de ellas. Sobre todo porque los autores son amigos con los que he compartido muchas veces encuentros o, incluso, editorial.

¿Recuerdas las contraprogramaciones de las cadenas privadas? Pues la misma sensación he vivido. Y lo que más me ha llamado la atención es que una editorial tuviera la presentación de dos de sus autores el mismo día en diferentes puntos de la ciudad y con media hora de diferencia. Me veía con la música de fondo de la saga Misión Imposible, corriendo a carajo sacao, que diríamos por aquí, para ver si podía llegar a ambos eventos. Ahí estaba con mis dados, nerviosa como en un casino, esperando que cuando dejaran de rodar me dieran la solución a tan espantoso dilema. Eso sí, mi cerebro no dejaba de picarme con una lacerante curiosidad, pues era grande su interés por saber a que se debía esa contraprogramación de eventos realizados por la misma editorial. Con toda probabilidad escondieran un motivo de marketing desconocido para mí, profana en esas lides. A fin de cuentas, de marketing y publicidad solo conozco lo referente a mis libros, nunca osaría poner en duda el conocimiento ajeno en ese campo, y, es más, prefiero seguir siendo virgen en esas problemáticas. Pero mi puñetero cerebro de analista de sistemas no dejaba de preguntárselo.

Imagino que los otros actos, a los que no pude asistir, lograron un éxito de asistencia y ventas, como lo fueron a los que pude ir. Pero siempre me quedará la duda de si tanto ordeñar la vaca, al final acabará habiendo leche para todos. Eso sí, lo que espero es que aquellos dos autores que compartieron editorial, el día y la franja horaria de sus presentaciones, no tuvieran amigos o familiares en común. Me los veo con el compromiso de encargar un avatar o un clon con el que cubrir el expediente. Les aconsejo que, si se deciden por esa opción, deben hacer el pedido con tiempo a Shein o Timu, ya que tardan mínimo dos semanitas en enviarte uno a tu casa con todas las garantías.

Al final me dieron la solución sin tener que tirar de dados y todo se resolvió sin más complicaciones. Como bien he dicho, había otras presentaciones, una de ellas en San Fernando, en su Centro de Congresos. Allí me encontraría a la compañera de AMEP, Carmen Moreno, con su último trabajo, titulado La copla Queer. Desde los Fenicios hasta Rocío Jurado. Un viaje a través de la historia de la copla remontándonos, aunque no te lo creas, hasta época fenicia.

Una de las ventajas del asociacionismo, como ya he comentado en otras entradas, es el apoyo entre los miembros del grupo, ya sea a través de las redes o de forma presencial. Así, al publicitar la compañera Carmen Moreno su presentación, no tuve dudas en recoger mis dados, pintarme la raya del ojo, juntarnos otros amigos autores y montar la expedición a la ciudad vecina. Y tras finalizar el acto, entre anécdota y chascarrillo, nos tomamos unas cervecillas, con lo que puedo decir que fue una tarde muy bien empleada. Pero eso no quita que mi cerebro siga machacándome con la cuestión de fondo, esa con la que inicié esta entrada. ¿No habría una manera coherente de coordinar las presentaciones y que no ocurra la duplicidad el mismo día y con media hora de diferencia entre varios actos? Es que parece que se hagan un Froilán (para quién no lo sepa, una manera de ponerle nombre a darse un tiro en un pie).

Posiblemente cada autor tendrá su público, pero es una lástima. Siempre he pensado que el exceso de oferta de un mismo producto acaba mermando su valor y si ya de por sí se tiene poca estima a la cultura, añade a eso una sobreabundancia de ofertas. El resultado acaba siendo un poco deprimente pese a que, al final, puede que todo sea por tener un hueco en el candelero de las redes. Entiendo que ya soy una pureta, como diría mi amiga Patricia, y eso del apoyo al compañero debe de estar pasado de moda y no me he enterado. Entiendo que si perteneces a una editorial como Planeta y vives en Madrid es complicado asistir a las presentaciones de los compañeros a lo largo y ancho de España. Ahora bien, si eres de una localidad pequeña ese apoyo sería digno de admirar, enriquecedor y todos nos sentiríamos un poquito reyes por un día. Ahora, si uno es capaz de agujerearse su propio pie, ¿qué actitud se puede esperar frente a los otros? Pues mucho morreo cara a la galería y el palito en la rueda y la lengua viperina de puertas para adentro. Una lástima para los cuatro gatos que somos, pero así estamos y así os lo cuento.

Mi recomendación semanal se va a centrar, precisamente en el libro presentado por la autora Carmen Moreno, perteneciente a la editorial Almuzara. Además de escritora la podéis encontrar trabajando en su librería de forma habitual, La Maga https://www.instagram.com/stories/lamagalibr/3309787455634429401/?hl=es, sita en la ciudad de Cádiz, muy cerquita del estadio de futbol.

Lola Flores, Sara Montiel, Imperio Argentina o Marifé de Triana destaparon el folclore, llevando a nuestros hogares el discurso de género oculto en las letras de sus canciones. Este análisis, minucioso y emotivo, explora la presencia constante, a menudo subyacente, de la diversidad sexual en la historia de la copla desde los albores de la civilización fenicia hasta la actualidad.

Desde los primeros compases, La copla queer profundiza en la ideología de género, en la música popular, destacando figuras emblemáticas como Miguel De Molina, apodado «la Miguela», Rafael de León o Lorca, quienes abordaron la expresión de la homosexualidad en sus creaciones, marcando un hito significativo en su aceptación y visibilidad en la esfera cultural.

La copla, saturada de guiños LGTBI, sirve como terreno de exploración a través de intérpretes como Lola Flores o Rocío Jurado, quienes no solo fueron iconos nacionales, sino también firmes defensoras de la diversidad sexual y del discurso de identidad, desafiando estereotipos y allanando el camino hacia la aceptación.

Estas páginas destacan cómo la música ha sido un poderoso medio de expresión para la diversidad de género, a través de temas que surgieron en un momento de efervescencia y conectaron con un espectro sexual y social muy amplio. Las letras de estas canciones se revelan como un catalizador para el cambio, la tolerancia y la aceptación del discurso de identidad en todas sus formas y manifestaciones… Para querer unos «ojos verdes», con sexo pero sin condición.

Carmen Moreno es una persona plena y una autora total. Con la inevitable complejidad de la sencillez».

Juan José Téllez, escritor y periodista

La presentación se inició en forma tertulia, preguntando la autora a algunos de los asistentes cuál era su copla favorita. Fui una de las interpeladas y así recordé cómo en mi adolescencia, en casa de mis padres, tanto la copla como la zarzuela eran las letras y melodías que acompañaban a nuestro quehacer diario. Me vi en esos años planchando la ropa que iba a utilizar para salir con mi pandilla mientras cantaba Ojos verdes e hice mención de ello. La mayoría de los asistentes contábamos con una edad en la que la copla y sus intérpretes estaban en pleno apogeo y entre anécdota y comentario se fue desgranando la temática del libro.

Me hice con un par de ejemplares y mi madre, con sus 85 años, ya casi ha dado buena cuenta de sus páginas, pues está escrito de una manera muy amena. Para ella supone recordar los años de su madurez, para nosotros la juventud y para muchos, que no habían nacido y que pertenecen al siglo XXI, puede suponer acercarse a una realidad que, si bien no ha desaparecido, ya no es igual que antes. No digo que le mundo de la canción, mal llamada «española», sea ahora peor; solo es diferente. Han cambiado las motivaciones que la encumbraron y todos aquellos que la pasearon por los locales de medio mundo ya no existen. Por ello no viene mal leer un libro, como el que os recomiendo hoy, y conocer de otra forma una parte de la historia de nuestro país.

Opinión

La risa

¿Sabes que hay diversos tipos de risa? La podemos clasificar de la siguiente forma:

  • Risa falsa, la que se produce de manera voluntaria e intencional.
  • Risa franca, de forma natural e involuntaria.
  • Risotada. La risotada se trata de una risa ruidosa.
  • Risa social.
  • Risa inoportuna.
  • Carcajada.
  • Risita.
  • Risa tonta.

Matías Battistón en el prólogo de La risa, de Stendhal, cuenta que cuando el escritor francés llega en 1806 a París lo hace con dos objetivos muy claros: convertirse en un seductor de mujeres y ser un autor de comedias, sucesor de Molière. Es curioso que se haya propuesto estos dos objetivos porque, risa y erotismo se anulan entre sí, no puede ser simultáneo: allí donde surge la risa no puede darse el erotismo. Pero también es cierto que si Stendhal quería convertirse en un galán, el hacer reír a una mujer lo postularía, posiblemente, como un cautivador candidato.

Los humanos tenemos una serie de características que nos distinguen del resto de los seres vivos de la tierra. Una de ellas es la creación artística y, otra, la de reírnos y hacer reír a nuestros semejantes.

Fíjate si la risa es importante que, en la novela El nombre de la rosa, que Umberto Eco crea un debate que acaba llevando a los protagonistas a vivir una aventura en la que se juegan la vida.

La risa es la debilidad, la corrupción, la insipidez de nuestra carne. Es la distracción del campesino, la licencia del borracho. Incluso la iglesia, en su sabiduría, ha permitido el momento de la fiesta, del carnaval, de la feria, esa polución diurna que permite descargar los humores y evita que se ceda a otros deseos y a otras ambiciones… Pero de esta manera la risa sigue siendo algo inferior, amparo de los simples, misterio vaciado de sacralidad para la plebe. Ya lo decía el apóstol: en vez de arder, casaos. En vez de rebelaros contra el orden querido por Dios, reíd y divertíos con vuestras inmundas parodias del orden… al final de la comida, después de haber vaciado las jarras y botellas.

El nombre de la rosa, de Umberto Eco

Si tienes tiempo y curiosidad, te recomiendo que busques el fragmento completo de este extracto que te he puesto. En él verás la maravillosa argumentación que el fraile Jorge de Burgos hace en contra de esa característica tan humana y que, en ese debate en la abadía benedictina, se consideraba pecaminosa.

Este enfrentamiento ideológico gira alrededor de un libro, el segundo de la Poética de Aristóteles, manuscrito que, según la trama, está desaparecido desde la Edad Media y en el que supuestamente el filósofo realizaba una defensa de la comedia y el humor como posibilidad de cuestionar los absolutos establecidos. El personaje de Burgos representa aquí una ortodoxia autoritaria, aferrada al pasado, paradigma del buen cristiano, enfrentado a Baskerville, que cuestiona la ortodoxia, proclama «Yo busco la verdad», considera que nada es definitivo y que todo debe ser reinterpretado y contemplado con un sano escepticismo, con ayuda de la razón.

En resumen, la risa como elemento subversivo es un agente desencadenante de las muertes que suceden en la novela. Así podemos leer como algo tan sencillo y que se presupone a priori como la base de una obra cómica acaba siendo el hilo conductor de una novela de crímenes y misterio.

Pero este interés por la risa, en el ser humano y la manera de plasmarla por escrito para el disfrute de sus semejantes, ya nos viene de antiguo. En época romana ya se diferenciaba la risa del humor, definiéndose este último como una actitud alegre y complaciente, si hablamos de buen humor, por supuesto. En cambio, el objeto de nuestra entrada es una respuesta biológica producida por el organismo como respuesta a determinados estímulos. Muchas veces, detrás de la risa se esconde la sorna, la burla, el escarnio o, peor aún, la crueldad, con lo que los estímulos pueden ser no solo positivos y de buen humor.

Si quieres acercarte a los clásicos, te recomiendo dos obras fundamentales:

El Eunuco, de Publio Terencio. Te dejo el enlace por si la quieres leer gratis en la Biblioteca virtual Cervantes https://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/el-eunuco–0/html/001898de-82b2-11df-acc7-002185ce6064_2.html

La protagonista de la obra es Tais, una joven cortesana de la que están enamorados dos personajes: un joven, de nombre Fedria, y un militar llamado Trasón. El primero le regala a Tais un eunuco feo y viejo, mientras que el segundo le ofrece una bella esclava de dieciséis años, Pánfila.

Querea, el hermano de Fedria, se enamora de Pánfila y, haciéndose pasar por el viejo eunuco, se introduce subrepticiamente en casa de Tais. El caso es especialmente grave, por cuanto Pánfila no es una esclava, sino una muchacha libre a la que Tais piensa devolver a sus padres. Sin embargo, como es habitual en el género, al final todo se solucionará y se llegará a un desenlace feliz gracias a la boda de Querea con Pánfila. Mientras tanto, Tais se reconciliará con Fedria.

La segunda obra que te recomiendo, en este caso es griega: Las nubes, del comediógrafo ateniense Aristófanes. Además, es una de las bases del humor occidental (de las comedias Lope de Vega, por ejemplo). Añado también el enlace para descargarla de forma gratuita, puesto que está libre de derechos y no hay ningún problema en ponerla para quién esté interesado. https://biblioteca.org.ar/libros/150355.pdf

Trata de un padre, Estrepsíades, y su hijo Fidípides, un joven fanático de la hípica y los caballos cuya diversión le sale bastante cara a su padre, que ha contraído una serie de deudas por dicha pasión.

Va directo a la ruina y no tiene interés en pagarle a los acreedores, por lo que idea un plan que lo sacará de problemas. Mandará a su hijo a estudiar al Pensadero, una especie de escuela donde enseñan, por dinero o cosas de valor, las diversas disciplinas sofísticas y especialmente el argumento justo y el argumento injusto, que lo sacarán de todas las deudas al poder ganar los juicios en su contra.

Hoy en día no es sencillo, saliendo del teatro, encontrar narrativa cómica escrita que genere la risa como respuesta. Siempre se ha dicho que es más sencillo hacer llorar, e incluso enamorar, que hacer reír. También es sabido que para contar un chiste y que el público se ría se necesitan dos condiciones: que sea bueno y que quién lo cuente tenga gracia y no lo destripe. Puedo aseguraros que soy de las que no la tengo, pero sí distingo cuando un chiste es bueno o no lo es y por eso mismo me cuesta tanto trabajo encontrar narraciones que de verdad me hagan gracia. Aunque es cierto que hay monologuistas y programas como El Club de la Comedia que son espectaculares y lo bordan y ahí sí he soltado más de una carcajada. En este tipo de representaciónes se juega con factores que favorecen, como la entonación, la intencionalidad que puede modularse a gusto del actor, ganarse la complicidad de los espectadores, el lenguaje corporal, etc. La cosa cambia ya cuando hablamos de hacer lo mismo, pero por escrito. Si hablo por mi experiencia como lectora, puedo decir que recuerdo pocas novelas chistosas y con diálogos ocurrentes que lograran que soltase una carcajada recuerdo. Es cierto que lo que nos causa risa a unos, no les parece gracioso a otros. Este tipo de reacción es como los gustos y los culos, que cada uno tiene el suyo. Seguro que, al igual que yo, eres consciente de la dificultad que supone hacer reír. Lo único que te puedo confirmar es que, como todo en la vida existe, una técnica para que, si se intenta, se pueda abordar con algo de éxito.

Al igual que se aprende a escribir una novela o un guión, desarrollar una historia con tintes que nos produzcan hilaridad tiene su mecánica. Buscando aquí y allá he localizado una serie de consejos que se pueden consultar en caso de querer explotar nuestra vena chistosa a lo largo de una trama. Para empezar, no es necesario que todo tenga que ser divertido ni estar llena de chistes; en realidad, basta con que consigamos humor en uno o dos de estos apartados:

  • La trama
  • Los protagonistas
  • Un personaje secundario
  • Situaciónes concretas
  • Choque entre personajes
  • Diálogos
  • Pensamiento de personajes

Tras elegir alguno de estos apartados, pasamos a buscar formas para potencias el humor:

  • La exageración: Si tienes una escena o momento que te parece divertido, prueba a exagerar aún más eso que hace gracia.
  • Lo inesperado: No solo provocas diversión, también impactas a quien te lee con algo que le sorprende. Es una de las técnicas más difíciles de usar.
  • La repetición: Si un elemento, una frase o un gag hace gracia, se puede repetir (y llegar a ser hilarante); pero, incluso, hay veces en que una frase o un gag no son divertidos de por sí, pero lo son cuando se repite (porque causa sorpresa y es algo exagerado).
  • La regla de tres: Si no sabemos cuántas veces escribir o repetir un elemento, en cuántas partes o fases dividir algo en escritura… hazlo en tres y, seguro, va a funcionar. Y eso incluye a los chistes.
  • Ritmo: Un chascarrillo puede perder toda la gracia si el ritmo es lento. Si quieres que una escena sea divertida y no acaba de convencerte el resultado, la solución es esta: ¡mete la tijera! Empieza a recortar hasta dejar lo imprescindible. De hecho, simplemente, con un ritmo más rápido muchas veces, el gag o situación se hace más divertido sin necesidad de añadidos.

Y tres consejos:

1.-Conoce bien a tu personaje y úsalo al máximo

2.-Aprovecha la ambientación

3.-Que te haga gracia a ti primero

Como recomendación de libro semanal y que me hizo soltar alguna risa, te traigo uno que leí hace tiempo.

Año 2049. La industria alimentaria mundial está gestionada por los chinos, que han acaparado los mercados y dirigen establecimientos dedicados en exclusiva a la hostelería y al ocio. Media humanidad se alimenta de productos que se extraen de la soja, el maná del siglo XXI. Euskadi es el último reducto donde se conserva intacta la tradición gastronómica, casi una religión, y da cobijo a quienes quieren luchar contra la gran invasión china y sus productos.

Carlos Zabala es un joven sin más talento que haber nacido en una familia propietaria de un famoso restaurante que atrae a su clientela gracias a su tarta de queso, receta secreta de la abuela. Un desgraciado día Carlos se ve inmerso en una misión que cambiará su vida para siempre: sonsacar a la anciana mujer repostera la receta del exitoso postre para preservar así el futuro de la familia Zabala. ¿Será capaz de conseguir tan ansiado secreto?

Si conoces alguna obra que te haya causado carcajadas aprovecha y compártela en comentarios.

Opinión

La lectura basura

¿Cuáles son los beneficios de leer?

Lo cierto es que tiene bastantes ventajas, casi tantas, salvando las distancias, como la dieta Mediterránea.

  • Mejora el lenguaje
  • Fortalece la concentración
  • Alimenta la imaginación
  • Desarrolla la memoria
  • Facilita la comunicación
  • Ejercita el cerebro
  • Mejora la ortografía
  • Amplía el vocabulario

Seguramente se me queda en el tintero alguna que otra porque luego cada persona es un mundo, pero cualquiera de los bienes de consumo que nos publicitan hoy en día y que nos volvernos locos por conseguir apuesto a que tienen menos utilidades que la lectura de un libro. E, incluso, a este listado añadiría la cita:

 Un lector vive mil vidas antes de morir. El que nunca lee solo vive una»

George R.R. Martin, escritor y guionista.

A los españoles siempre se nos ha tildado de seres pasionales y que nos movemos en los extremos y, por supuesto, esos extremos al final acaban tocándose. Si nos remitimos a las estadísticas que pululan por internet, podemos hablar de las horas que dedican los habitantes del mundo a la actividad de leer.

De acuerdo con el estudio Hábitos de medios, elaborado por la agencia NOP World, los países que más leen se ubican de la siguiente manera:

Tailandia cuenta con alto nivel educativo y, según las estadísticas, sus habitantes dedican 9.4 horas a la semana a la lectura.

China es la segunda nación que más horas emplean sus lectores, con ocho a la semana.

En Egipto y Filipinas, en cambio, su población dedica un promedio 7.3 horas a la semana.

Los pobladores de la República Checa, por su parte, invierten un promedio de 7.24 horas semanalmente.

¿Y en España?

Según otro estudio, España se sitúa en el puesto 20 de los 30 países analizados, con una media de lectura de 5.4 horas de lectura a lo largo de una semana. Esos datos así, en realidad, no nos dicen nada, porque no sabemos la calidad de la lectura que, a fin de cuentas, es lo que a mí me interesa.

El último Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros en España, publicado en 2021, indica que el 67,9% de la población española lee libros. La mayoría, un 64,4%, lo hacen por ocio aprovechando su tiempo libre. En lo que se refiere a sexos, las mujeres superan a los hombres en prácticamente todos los grupos de edad, excepto a partir de los 65 años. 

¿Sabes cuántos libros se pueden leer en 30 días? De nuevo, dependerá de nuestro perfil lector, del tipo de libro y de algunas habilidades que también nos pueden ayudar: capacidad de comprensión, de concentración, aplicar técnicas de salteo o de lectura superficial, entre otras. 

Por supuesto, también influye el tiempo que dedicamos a la lectura. Si renunciamos a mirar la tele o el móvil, seguramente ganaremos un tiempo precioso para destinar a los libros. Algunos expertos aseguran que combinar formatos de lectura —libros en papel y digitales— también ayuda a mejorar nuestro ritmo lector. 

Así pues, con todos estos trucos y habilidades podríamos llegar a leer más de 10 libros al mes. Pero lo normal es que la cifra sea algo inferior, entre uno y cuatro en función de nuestro perfil lector. A esto añadiría si vamos por la calidad o por la cantidad y si leemos para acumular o para disfrutar de la lista de ventajas que he puesto al principio de mi artículo.

Si nos aproximamos a los libros con la técnica del salto o de la lectura superficial dudo mucho de que esos beneficios, antes mencionados, los lleguemos a disfrutar. Es como la comida basura: comemos, pero no nos alimentamos adecuadamente; leemos, pero es para nada puesto que lo más posible es que nos resbale como si nuestro cerebro estuviera rodeado de una cubierta impermeable. Entonces, si eso nos ocurre, en realidad, ¿para que leemos?

Para mí es la única forma con la que alimento a mis neuronas, que se vuelven bastante pesadas y ansiosas clamando por leer algo que de verdad las llene. Es cierto que, de vez en cuando, me puedo permitir el lujo de devorar un libro y que este sea de una trama más superficial, lo que llaman de lectura rápida y sencilla porque su vocabulario y la historia no exigen mucho esfuerzo de comprensión lectora. Eso lo comparo, y perdonen los puristas amantes de los libros, con la comida basura que, si bien no es mala cuando no se abusa de su ingesta, en realidad no es una dieta muy recomendable. Reitero mis disculpas porque no es que diga que ese tipo de libro al que me he referido unas líneas más arriba sea una basura, pero, si nos acostumbramos a deglutir y digerir con rapidez ese tipo de lectura, ¿pensáis en serio que cumplirá los beneficios listados al principio? Creo que como mucho fortalecería la concentración, porque hay que ser y estar reconcentrado para meterse libros de esta manera en nuestro cerebro.

Esto lo digo porque he visto en las redes una especie de competiciones que me han llamado mucho la atención. Se trata de leer más de dos centenas de libros al año, acercándose peligrosamente a la lectura de un libro al día. Me han dado ganas de realizar un cuestionario a estos hábiles lectores para que me pormenorizaran una serie de cuestiones:

  • ¿Dan algún premio por hacer esa carrera contrarreloj de acumulación de lectura anual?
  • ¿De verdad, pero de la buena, de la de te lo juro por Snoopy y las bragas de Mafalda, disfrutan de esa lectura?
  • ¿Son capaces de recordar lo que han leído una vez que han llegado a la palabra «FIN»?
  • Si además son escritores, que de esos algunos hay en estos rankings, ¿les sirve para mejorar la ortografía, ampliar su vocabulario o les embellece su lenguaje?

Entiendo, en cierta medida, esa tendencia de acumular libros mes tras mes y que los japoneses, tan amigos de bautizar actitudes usando una sola palabra, han denominado «Tsundoku», o sea, el hábito, muy arraigado en ciertas personas y relacionado con la bibliomanía, de la adquisición de todo tipo de lecturas, pero dejando que se amontonen en la vivienda, sin leerlos. A fin de cuentas, los libros suelen tener portadas bonitas y son decorativos, pueden incluso dar caché a nuestra foto diaria en Instagram. Pero claro, llega un momento en que nuestra casa rebosa, como nuestros cerebros, y al final acumulamos cientos de libros descargados en nuestro ebook y cuya función es tan inútil, desde mi punto de vista, como la de leer por leer y subir la fotito a los challenges de las redes sociales.

Toda esta acumulación de palabras amontonadas de manera sistemática la podría entender en un autor que necesitase información, aprender, desarrollarse en su oficio y cumplir lo de mejorar la ortografía y ampliar su vocabulario. Pero luego nos encontramos con que la mayoría de esos lectores, que además quieren ser escritores, mantiene otra media española, la que nos habla de que, si bien podemos llegar a conocer 30.000 palabras, la realidad es que se usan en la comunicación una media de 300 y, si se es más culto, se llegará hasta unas 500. Lo malo es que escriben como hablan, sin más filtros. ¿Os imagináis una novela de 500 páginas en la que solo se han usado, seamos generosos, 500 palabras? Me puedo querer morir. De hecho he llegado a tener una amago de empacho porque yo también he participado, por ignorancia, en este tipo de actividad; así que, como acostumbro a la hora de escribir en mi blog, hablo con conocimiento de causa.

Pues es esto lo que me encuentro en las redes sociales al iniciarse el año. En Enero veo lectores y autores que no hablan del beneficio que les ha aportado un libro a la hora de recomendarlo. Nos podrían transmitir sus sentimientos al acercarse a la historia plasmada con esfuerzo por un autor, lo que les ha hecho reflexionar esa lectura o el conocimiento que les ha aportado en vocabulario o en experiencia de vida; pero no, lo único que ponderan es la cantidad. Me recuerda a esos concursos yankees en los que resulta ganador aquel humano capaz de devorar en el menor tiempo posible la mayor cantidad de comida basura.

Desde mi humilde opinión y breve experiencia en este tipo de actividad, dicha forma de leer poco puede aportarnos ya que, como he dicho antes, nuestro cerebro, a poco que sea medianamente inteligente, desecha este tipo de estímulos en cuanto los identifica. Nuestras neuronas tienen cosas más interesantes que hacer que dedicarse a acumular información inútil. Poseen un mecanismo automático de supervivencia, que nos viene programado desde nuestros ancestros, que hace que olvidemos aquello que no les aporta nada. Son más listas ellas que la Marie Kondo, eso ya os lo digo yo.

Por lo tanto, si nuestro cerebro tiene la tendencia a que se la sude ese tipo de información inútil y acabamos quedándonos con las 500 miserables palabras de vocabulario de todos los días, ¿para qué coño leemos? ¿Es solo un disfrute momentáneo, como el de la comida basura, que no nos ofrece nada en realidad puesto que ni siquiera somos capaces de verbalizar ese aporte a la hora de recomendar esos libros en las redes? Escribimos reseñas automáticas, donde las palabras y argumentos son también repetitivos: lectura ágil, trama fresca, alocado, ligero. Vamos, la hamburguesa de McDonald representada en un libro. Que, como he dicho, para consumo no habitual es perfecto, no siempre tenemos que leer el mismo género de novelas; pero, si pretendemos ser escritores y mejorar un poquito en nuestro trabajo, mejor no hacer de esto un concurso de a ver quién engullir mayor cantidad de libros a lo largo del año. Así no me extraña que haya usuarios que hablen de bloqueo lector, para mi este tipo de reto supuso un hartazgo mayúsculo.

Al igual que nos preocupamos mucho de nuestra salud física, sería recomendable preocuparnos de nuestra salud mental. Es fundamental alimentar adecuadamente nuestro cerebro, aportarle nutrientes que de verdad nos valgan para crecer en la producción de nuestras obras. Por nuestro bien y el de los lectores, que los habrá para todos los gustos, presumamos de lecturas de calidad y con fundamento, y no de la cantidad, para quedar muy cools en una foto.

Opinión

Tramas LGTBI+ ¿visibilidad o negocio?

Vaya por delante la declaración de que es un tema en el que estoy muy sensibilizada, que tengo personajes LGTBI+ en mis tramas y una hija que se encuentra en plena transición de género. Esta declaración, así de primeras no me hace autoridad, pero espero que evite la sospecha de desconocimiento sobre el tema y que hablo por hablar. En realidad, he dedicado bastante tiempo a observar, investigar, preguntar y leer artículos sobre este nuevo apartado literario que lleva queriendo surgir entre los autores desde hace tiempo. De momento lo que confirmo es que no soy la única autora o lectora a la que le ha llevado su investigación alcanzar una serie de conclusiones similares a las que me gustaría compartir en este inicio del año. Sé perfectamente que mi opinión puede llevar a rozar la polémica, pero si evitara hablar de temas que me inquietan no tendría sentido el tener un blog.

¿Por qué me he decidido a escribir sobre este tema?

No sé si he tenido mala suerte a la hora de acercarme a este tipo de temática, y ahora os desarrollo el porqué de mi apreciación, o es que es lo habitual que se encuentra en el mercado. Para empezar, se supone que la idea de la lectura, entre otras muchas cosas, es acercarnos a diferentes realidades y darnos a conocer otros mundos, pensamientos, inquietudes y maneras de sentir que a veces no están a nuestro alcance de una manera ordinaria.

Todo empezó hace tiempo, cuando un antiguo jefe, durante un curso de formación en ventas, me indicó que a los clientes y a los compañeros a los que dirijo en mi equipo de ventas son individuos a los que no puedo ni debo etiquetar, y ahí le interrumpí apuntando mi discrepancia. Con toda tranquilidad se la fundamenté y, pese a haber pasado más de 20 años, sigo pensando que parte de mi argumentación se mantiene en vigor y la usaré, por lo tanto, para apoyar esta entrada.

En ese momento, le indiqué que para poder trabajar con compañeros y clientes tenía que conocerlos bien para saber hasta dónde podían dar de sí. Tener claro cuáles son las fortalezas y debilidades ayuda para que todo el mundo desarrollara su potencial y así evitar errores.

¿A qué viene esto si estamos hablando de literatura LGTBI+?

Pese a que seguimos queriendo normalizar una realidad actual de las relaciones humanas y no queremos etiquetar a las personas, caemos en la etiqueta y en el gueto al catalogar las tramas, no por la historia que narren sino por la relación personal que tienen los personajes. Si una persona es rubia, alta, con pecas, es diabética o calva. ¿Por qué no hay literatura juvenil para personas rubias o para jóvenes pelirrojos con pecas? Será porque es algo que nuestra sociedad tiene normalizado. Incluso no hay literatura especial para personas albinas y mira que no es algo tan habitual dentro de la sociedad pese a que en España hay 3000 nacionales que tienen algún grado de albinismo. Teniendo en cuenta que a estas alturas del S. XXI debe haber más personas del colectivo LGTBI que albinas, ¿de verdad es necesario crear una literatura específica para jóvenes y adultos en las que se etiquete como trama LGTBI? Hasta ahí había llegado mi pensamiento, pero quién me conoce sabe que hago de abogado del diablo conmigo misma y tenía que avanzar más en el tema, no me podía quedar en lo que ya intuía como la superficie. Me armé de paciencia y me lancé a bucear.

Lo primero que me planteé fue buscar argumentaciones para esa necesidad de crear un subgénero literario relacionado con el colectivo mencionado y que además incida tanto en los lectores jóvenes. Y ahí se fundió la realidad del momento con otra cosa que yo ya sabía, lo que no se nombra no existe. Es cierto que, en apariencia, las reivindicaciones y la situación de los grupos LGTBI están muy avanzados, pero nada más alejado de la realidad. Es algo que lo vemos en el día a día, en cuanto más se rasca en la superficie más mierda sale, demostrando que el avance es en su gran mayoría teoría y no realidad, e incluso, ni siquiera llega a teoria en muchos ambientes.

Una de mis fuentes ha sido un libro del autor Nando López La edad de la Ira pues estaba buscando una literatura adulta y no la que de forma habitual recomiendan en las RRSS. Quería salirme de la trama tradiciona que, en exclusiva, me habla de personajes atormentados porque están descubriendo su identidad y no saben cómo asumirla. No porque no considere que sean necesarias historias desde ese punto de vista sino porque quería profundizar algo más. Junto a eso he querido buscar en el siglo XX autores y novelas que trataran temáticas similares. Puede parecer que este género literario es algo moderno y que se ha visibilizado en pleno siglo XXI, pero nada más alejado de la realidad. Existir, siempre ha existido con más o menos fortuna y ha ido bandeándose de forma encubierta dentro de las estanterías de muchos lectores. La lectura de ambos libros, este que os he nombrado y el que nombraré mas adelante, ha aumentado mi conocimiento, mi inquietud y mi lista de preguntas y conclusiones, tanto que no sé si llegaré a poder explicarlo con claridad porque mis sentimientos son encontrados. ¿Por qué digo esto?

Mi deseo hubiera sido poder decir que la literatura de temática LGTBI no es necesaria porque vivimos en un mundo en el cual no debería de afectar al lector ni con quién se acuesta el autor ni con quién lo hacen los personajes de una novela. Pero me temo que no es así desde dos puntos de vista.

Desde el punto de vista del autor, porque una realidad la identidad influye mucho en la producción literaria. Lorca, Gloria Fuertes, Villena, Blanco Amor e incluso Cossio no los podríamos entender sin conocer y asumir que con quiénes se acostaban da forma a sus escritos, cómo cualquier otro hecho de nuestro entorno nos afecta a nosotros. Si cuando leemos la biografía de un autor o estudiamos su obra buscamos vemos que su formación, familia, ambiente, y enfermedades influyen en su obra y la explicamos a través de esos hechos, ¿cómo no vamos a tener en cuenta su homosexualidad?

Desde el punto de vista del lector, creo que a los jóvenes los tienen atascados en una rueda de ardilla de temas repetidos hasta la saciedad y no se les enseña una verdadera lectura crítica, pero ni de esta temática ni de ninguna otra. No hay una lectura guiada con espíritu crítico desde niños. Deberíamos hacerlo desde la cuna y así lo he visto reflejado en la novela que os recomiendo hoy:

Alguien que pretendía convencerme de que la educación podía servir para conseguir otra sociedad diferente a la que tenemos.
—¿Y sirve para eso?
—La de ahora, no. La educación de ahora sirve para que la mayoría de nuestros chicos abandone antes de terminar el Bachillerato. Sirve para que tengamos un porcentaje de fracaso escolar simplemente escandaloso. Y sirve para que mis compañeros calienten sus sillas leyendo en voz alta los libros de texto.
—No parece que te lleves bien con ellos…
—Sí, claro que nos llevamos bien. Con tal de que no te metas en sus clases, nadie te pone pegas. Eso sí, cada uno va a lo suyo. De trabajo en equipo, ni hablar. Y autocrítica, cero. Aquí de lo que se trata es de que los chicos acumulen conceptos, no de que aprendan a pensar. En ese caso, hasta podrían resultar peligrosos.

La edad de la ira de Nando López

Es cierto que, hoy en día, no se esconde tanto la condición sexual de los autores, pero seguimos pasando de puntillas y nos centramos más en otras facetas. De hecho, cuando se estudia a Lorca en la escuela, y a otros autores con la misma trayectoria vital, obviamos la profundidad en la que sus relaciones personales afectaron a su obra. Puede que haya honrosas excepciones entre los profesores de literatura, pero me vais a perdonar si lo dudo.

Es más, dudo también que se hable y ahonde en autores clásicos como E. M. Forster, con obras como Mauriece, que trataron temáticas LGTBI porque eran homosexuales. Todo ello, sin necesidad de llegar al origen de la literatura, sino trabajando autores del siglo XX que tampoco están tan alejados y fueron los que trataron de abrir campo por la necesidad de mostrar su propia realidad a través de sus escritos.

Creo que en el fondo existe esa necesidad de etiquetar la literatura LGTBI porque es una forma de darle un espacio, pese a que no le estamos dando contenido. Pienso que es una cortina de humo para contentar y acallar conciencias, sin llegar a formar de un modo efectivo a esas mentes. No se normaliza una realidad y no se crean unos verdaderos pilares de respeto hacia cualquier tipo de relación humana entre adultos y consentida. De hecho, en muchos aspectos, hemos dado pasos hacia atrás porque nos hemos enrocado en un tipo de literatura juvenil sin avanzar en algo más adulto. Eso lo digo desde mi punto de vista y desde el de otros muchos lectores, e incluso autores que hablan de ese estancamiento en la misma trama: Una en la que los homosexuales parece que solo tienen problemas, traumas, crisis, dudas y son los únicos que las padecen y nunca tienen finales felices, vidas afectivas asentadas o familias que sirvan de ejemplo para las nuevas generaciones. Así he encontrado frases como:

Estamos tan carentes de productos culturales que traten nuestras problemáticas concretas que damos tanto valor al simple hecho de que un libro o una película hablen de algo que nos interpela que dejamos de juzgar esos productos con los niveles de exigencia que sí aplicamos a muchos otros. 

Ramón Martínez https://www.instagram.com/ramonmrtz/

Necesitamos ampliar las tramas y el foco. Y que haya más finales felices. Si lo que queremos, es animar a la visibilidad, hay que encontrar el equilibro. Como autores, es imprescindible denunciar la realidad, pero sin dejar de contar el otro lado. Sin negar el mundo real, hay que evitar el drama constante y tratar de buscar lo universal. No es que sea difícil ser LGTB; es difícil ser.

Nando López https://www.instagram.com/nandolopez_autor/?hl=es

Estoy segura de que el problema está precisamente en esa falta de educación, tanto en las casas como en los mismos centros escolares, en los que tratamos muchos temas de forma superficial. La excusa siempre está en que no tenemos tiempo, que hay muchos alumnos, que esas son las asignaturas y el temario que nos viene del Ministerio ya dado y no podemos dar más de sí, que, que, que … y entre todos la mataron y ella sola se murió. Eso sin contar con que la misma semilla de la xenofobia, como la de la violencia de género o el racismo, se mantiene sembrada en las aulas y vemos que cada día va a más. Nadie se atreve a ponerle el cascabel al gato porque para eso habría que iniciar una revolución desde los cimientos de la sociedad y ya nadie está dispuesto a ello. Con lo cual nos seguiremos ajustando a los mínimos, pondremos parches y todo seguirá haciendo aguas por los cuatro costados.

Conclusión, esto irá a peor y por ello es necesario que se siga etiquetando a la literatura LGTBI+, pero me temo que quitando a cuatro que lo han visto, al resto les están engañando con un bonito envoltorio que contiene un caramelo envenenado. O lo que en su día tituló Shakespeare: Mucho ruido y pocas nueces

Como novela para leer sobre esta temática te recomiendo la de Nando LópezLa edad de la ira. Hay una serie del libro, pero ya sabes que primero el libro y luego la serie. En realidad, se trata de un thriller en el que el protagonista es un chico de instituto y toda la trama se desarrolla en torno a él y a unos acontecimientos ocurridos en su casa un fin de semana, los cuales tienen como detonante todo lo vivido en el centro unas semanas antes. Si quieres ver cómo son nuestros centros educativos y cómo está la enseñanza hoy en día, así como la realidad de la juventud de hoy en día, y tienes interés en comprender qué es lo que ocurre en la sociedad actual, no puedes dejar de leer esta novela. Aunque fue escrita en el 2010, lamentablemente sigue estando vigente e incluso podría decir que las cosas han empeorado. Y no pienses si tienes hijos adolescentes, que eso a tu hijo no le puede ocurrir, nada más alejado de la realidad y da igual si es en centros privados, públicos, de barrios marginales o de barrios con familias teóricamente estructuradas. La bomba estalla en el lugar que menos esperas, porque hay mucha dinamita y nos la tapan con lo políticamente correcto.

No he querido alargar el texto, aunque te garantizo que he llegado a profundizar más de lo que he plasmado en esta entrada. De todos modos, he dejado pistas para que seas tú quién siga buscando, si es un tema que te interesa, porque te garantizo que da para sentarse cruzando la pierna y, con un café, continuar la tertulia.

Opinión

Civilización

¿Te has preguntado alguna vez cuándo se considera que aparece el primer signo de civilización en una cultura? Todo el mundo piensa que al surgir el arte, la arquitectura, la escritura, una incipiente relación con algún tipo de divinidad, la agricultura, el nacimiento de las ciudades. Hasta se añade a la lista los instrumentos que facilitaron la vida, como el control del fuego, la domesticación de los animales o el uso de recipientes para cocinar y conservar los alimentos. Pero la verdad es que no, es algo mucho más simple aunque a la vez muy profundo. Esa misma pregunta la hizo un alumno a la antropóloga estadounidense Margaret Mead. El estudiante y sus compañeros pensaron en todo lo que anteriormente te he citado, pero la profesora les sorprendió con la siguiente respuesta:

El primer signo de civilización en una cultura antigua era un fémur (hueso del muslo) que había sido roto y luego curado. En el reino animal, si te rompes una pierna, mueres. No se puede huir del peligro, ir al río a beber o buscar comida. Somos carne para las fieras. Ningún animal sobrevive a una pierna rota el tiempo suficiente para que el hueso sane.

Una fractura de fémur que ha sanado es evidencia de que alguien se ha tomado el tiempo para quedarse con el que cayó, ha vendado la herida, ha llevado a la persona a un lugar seguro y la ha atendido durante su recuperación. Ayudar a otra persona a superar las dificultades es donde comienza la civilización,

Margaret Mead

Posiblemente no habías caido en la cuenta de este aspecto que define un rasgo muy importante en el homínido: la preocupación por sus semejantes. Esto es algo que también aparece en algunas otras especies, pero en la nuestra ha ido más alla. El ser humano ha aprendido métodos curativos que ha ido mejorando en el transcurrir de los siglos. Otra habilidad muy importante es la capacidad de comunicarnos ideas y saber escribirlas. Aunque curiosamente ambas competencias, que nos caracterizan dentro del mundo animal, parece que tienen tendencia a ir desapareciendo en nuestra sociedad.

La compasión o el preocuparse por los demás ha dejado paso a un gran egoismo en el que nadie se para por nadie. Solo pensamos en nosotros mismos añadiendo a eso que pasaremos de largo con actitud indiferente si eso nos lleva a conseguir lo que nos satisfaga, aunque sea de forma momentánea. Soy una persona que me considero muy curiosa y, como ya sabes, analizo mucho mi entorno buscando todo tipo de señales que luego me valen para mis novelas. Ahora mismo puedo decir que la información que me llega no es nada optimista. Sabemos que el ser humano tiende a situarse en su zona de confort y, cuando nos acomodamos, es complicado salir de ahí. Es más sencillo hacer un personaje malvado y con muchos matices para una novela que uno bueno y compasivo. Hay más ejemplos a nuestro alrededor para tomar nota de la mala baba de la humanidad que de todo lo contrario. Dirás que estoy derrotista y puede que sí, o sencillamente que estoy a final del año y empiezo a hacer balance, del que reitero que no es nada positivo. La sociedad en la que vivimos está aborregada y es gris. Lo poco que reluce tampoco es para tirar cohetes porque la mayoría de los hechos a destacar suelen ser para beneficio de unos pocos en perjuicio de la gran mayoría. O sea que la civilización como tal se está yendo un poquito al carajo, que diríamos por aquí, término náutico muy propio para esta situacion.

Incluso me recuerda un poco a la película de El Planeta de los simios, donde los seres humanos habían perdido la habilidad de hablar. Sé que vino dado por un virus que infectó a los hombres y les hizo perder el lenguaje. Al final, sin ese componente vírico, otros aspectos, como una vida en la que todo tiene que ser para ayer y dónde hay que rellenar nuestro ocio de falsos decorados, están haciendo que lo perdamos igualmente. Perdemos habilidad comunicativa y eso también como escritora me produce cierto desasosiego. ¿Habrá que bajar tanto el listón para que la gente entienda lo que lee que los libros se vuelvan deslavazados? ¿Habrá que consultar a un asistente virtual para que nos traduzca lo que estamos leyendo porque hayamos perdido el significado de las palabras de nuestro propio idioma? Esta es la reflexión a la que he llegado hoy y como no tengo respuestas prefiero dejar unos apuntes y que cada uno haga su repaso anual. Seguramente yo lo haré más adelante y compartiré de una u otra forma en mis redes

Pero como escritora me intersa hablaros de esas novelas que en sus tramas aparecen personajes excepcionales que desarrollan métodos curativos, como lograron su aprendizaje y su desarrollo vital. Lo veo en algunas novelas históricas que han sido un éxito entre los lectores y que no puedo dejar de hacer mención de ellas. Os hablo de El médico de Noah Gordon y Sinuhé el egipcio de Mika Waltari. Entre sus páginas comprobamos como el hombre ha sido capaz de trascender y acabar sacando lo mejor de sí mismo para compartirlo con sus semejantes. La dos son lecturas que recomiendo para aquellos que quieren conocer una mezcla entre novela histórica y tramas relacionadas con el suspense, que tanto nos gustan a la hora de afrontar nuestras lecturas. El romanticismo, el suspense y el thriller son los tres géneros que más se leen, por lo tanto no puedo dejar de animarte a que te acerques a esas historias que no por clásicas deben perder interés.

Ten en cuenta que la biografía de Sinuhé es real y se encuentra en un papiro egipcio llamado el papiro de Berlín: https://es.wikipedia.org/wiki/Papiros_de_Berl%C3%ADn, pero Mika lo adaptó e hizo de su relato una de las mejores novelas de todos los tiempos. Esta historia es fundamental para cualquier amante de la cultura egipcia que quiera iniciarse en el camino para escribir una trama relacionada con esa sociedad. El autor añadió mucho más de lo que se intuye en el papiro, pero este es el inicio de tod. De hecho creo que fue la mejor pormerización de un embalsamamiento que he leído antes de leer textos cientificos relacionados con esta práctica. Siempre agradeceré a mi padre que me regalara ese libro porque de ahí parte mi amor por la Egiptología y por la historia. Ese libro lo he perdido a raiz de mi divorcio y los típicos esto para tí o para mí, pero no pierdo la intencionalidad de mi padre con su regalo para que amara la lectura y Egipto, aunque ya no disfrute de el libro original. Es una trama que una vez que te engancha ya no puedes olvidarla.

Estamos ante una narración que te atrapa

Sinuhé, anciano y exiliado en la costa del Mar Rojo, recuerda los eventos de su vida, en la era del faraón Akenatón (1353-1336 a.C.), en esta novela narrada en primera persona. Su voz es cínica, amarga y decepcionada, pero se enfrenta al relato de una vida apasionante: su infancia como huérfano adoptado por un médico, su trabajo como médico de la corte real, su historia de amor con la fabulosa Nefernefernefer, la traición que le rompió el corazón, el exilio, los viajes, su nueva relación romántica con la trágica Merit… La vida de Sinhué atraviesa Egipto, Siria, Creta o Babilonia y, al acompañarlo, nos convertimos en testigos de conspiraciones y traiciones reales, rituales y fugas, tesoros, riquezas, amor y muerte. Pero la cosa va más alla, porque tiene su punto de misterio e intriga que no te voy a desvelar porque Sinuhé es un huérfano pero en realidad, ¿de quién es hijo? Ese misterio también se desvelará a lo largo de la historia.

Junto a la anterior, te animo a leer El Médico de Noah Gordon, porque hoy vamos de curaciones, médicos y personas que se preocupan de sus semejantes, pese a que luego su labor no sea tan reconocida como se debería pese a su gran esfuerzo.

Rob Cole, un inglés, era muy pequeño cuando quedó huérfano y fue separado de sus hermanos. La persona que le acogió, un barbero-cirujano, fue quien despertó en él un interés por la medicina. El interés se convirtió en decisión y llevó a buscar la forma de estudiar en la mejor escuela de Persia. Esto conllevaba una dificultad extra (además de la distancia) y es que en esa escuela solo aceptaban a estudiantes musulmanes o judíos.

La determinación de Rob es tal que decide cambiar su identidad y hacerse pasar por judío. Así, comienza un viaje de Londres a Persia donde conoce el idioma y la cultura persas. También en el trayecto se encuentra con Mary, la que será su primer amor pero de la que se tendrá que separar para continuar su camino.

La llegada a Persia no es fácil, pues no tiene dinero para permitirse entrar a la escuela. Por suerte, consigue que el Sah (el rey persa) acepte una audiencia con él y pronto lo vea como un amigo. Gracias a ello, Rob consigue el dinero para poder estudiar medicina.

Cuando completa sus estudios como el mejor de la clase y el favorito del profesor, Rob es destinado a la India para atender allí a las víctimas persas de la guerra y de la epidemia que allí tenían lugar. Durante la estancia se reencuentra con Mary, con la que vuelve a Persia y forma una familia. Sin embargo, su unión debe mantenerse en secreto ya que él se supone que es judío y no puede unirse con una cristiana como Mary.

Las cosas se complican en el reino persa por la guerra contra la India, por lo que Rob y Mary, junto a sus dos hijos, deciden regresar a Inglaterra. Allí nada es mucho más fácil. Rob se convierte en un respetado médico, pero sus conocimientos precisos y amplios hacen envidiar al resto de médicos, que no saben dónde o cómo aprendió. El secreto se descubre cuando un comerciante de lana al que Rob conoció en Persia declara que se hizo pasar por judío.

Usurpar otra identidad y renunciar así al cristianismo es visto como una infidelidad a la religión por la que Rob debe ser juzgado. En el tribunal que le juzga distingue a uno de sus hermanos menores. Sin embargo, este no quiere saber nada de él pues solo lo ve como un infiel.

Con una crisis identitaria al no saber dónde pertenece, Rob logra escapar a Escocia, de donde era originariamente Mary. Allí la familia se instala en una aldea lejana de campesinos donde nuestro protagonista puede ejercer la medicina sin peligro.

¿Cómo afrontamos estas lecturas hoy en día?

Nos encontramos antes dos protagonistas que su principal lucha es encontrase a si mismo en unos mundos en los cuales no encajan. Eso es algo que nos pasa a la mayoria de nosotros, por no decir que nos pasa a toda la humanidad. Todos nos encontramos al llegar la noche con nuestra imagen en un espejo y nos preguntamos, como Sinuhé o Rob, si lo que estamos haciendo en realidad es para lo que hemos nacido o solo somos personajes secundarios en la historia de otras personas. Creo que ambas narraciones pueden ser muy necesarias como punto para una reflexión tanto para escritores como para lectores y que nunca pueden decirse que están pasadas de moda. Son unos clásicos que no caducan y que en algún momento de nuestra vida es bueno recomendar a otros lectores.