Opinión

Con el espíritu de diciembre. ¿Somos mejores o iguales?

Parece que, justo el puente de diciembre, es el momento en el que se da el pistoletazo para las buenas intenciones. Son las semanas donde se manifiestan esos buenos propósitos cara a todo el mundo y pisamos el freno, de la mala baba, en honor al espíritu que debe de regir estas fechas. ¿Eso es cierto? ¿Es algo por lo que de verdad luchamos para llevar a cabo? ¿O es solo pura fachada para sentirnos bien cara a la galería?

Creo que hay un poquito de todo y el que es bueno, lo es todo el año y el que es malo, el espíritu de diciembre se la refanfinfla. Una que es muy observadora y lo analiza todo, ha comprobado que, año tras año, por esta fecha parece que la gente más bien pisa el freno y trata de, por lo menos cara a la galería, destacar más por las buenas acciones que por las malas. O esa es la sensación que me quiero creer.

Este ha sido un año muy complejo y me estoy encontrando dos actitudes antagónicas: personas que lo acabarán como si no existiera un mañana, algo que hemos visto que es muy tangible y real y, junto a estas, las que optan por ni respirar, no sea que el mal fario que nos ha guiado este año siga agarradito de nuestra mano y nos acompañe también en el 2021. Siempre he pensado que en el justo medio está la virtud y que es aplicable a todo en nuestra vida.

También es el momento de los buenos propósitos, aunque, para mí, es más bien el mes del balance, de hacer cuentas y ver que he conseguido, que he perdido y que puedo mejorar para que, el año que estrene, todo vaya mejor. Es como hacer una lista del haber y del deber que toda buena empresa tiene preparada a final de año y ¿qué somos nosotros si no un proyecto de empresa hasta acabar nuestros días?

Es más fácil para mí hacer una lista de los logros de este año y mis fracasos y desde ahí hacer una nueva lista de propósitos reales para el año que viene. Nada de cosas intangibles como ser mas buenos o menos malos, eso no vale para nada. Y, como escritora, lo sé perfectamente porque es como la crítica negativa constructiva, está muy bien que digamos que la aceptamos de boquilla pero si no ponemos los medios para mejorarlas es como los malos propósitos de fin de año, un ir para nada y eso es tontería.

Si de verdad la gran mayoría reflexionáramos y nos propusiéramos mejorar en nuestros logros, sin pisotear a los que tenemos al lado, os garantizo que habríamos hecho un buen balance de año y mejoraría mucho el próximo. Porque os voy a contar un secreto, de todos los pecados capitales, el peor, es la envidia, porque no se disfruta de nada en la vida si la llevas continuamente en tu mochila. Tenemos un mes para mirar dentro de nuestro saco, ver que hay, qué nos aporta y nos hace crecer como personas y lo qué nos hunde y nos lleva al desastre, y en este mes podemos aprovechar y quitar lo que no aporta y así empezar el 2021 con mejor pie y darle sentido al espíritu de diciembre.

Opinión

El «quid pro quo» ¿es importante?

¿Qué sentido tiene que quieras que te lean si no te tomas el tiempo en leer a los demás? Esa cuestión la he visto planteada en un muro de una escritora. Las respuestas han sido de lo más variopinta, siento una de ellas la típica que me recuerda a Paco Umbral pero con otra versión: yo estoy aquí para escribir, no para leer. Y ahí me quedé pensando, vale, vienes a escribir, pero supongo que también para que te lean. Porque digo yo, que si no, sería más cómodo hacer un diario privado, pero no quise entrar por ahí, conociendo lo sensible que es la gente en muros propios y ajenos y así decidí dejar la cuestión para mi blog, donde puedo explayarme a gusto.

A mí me vais a perdonar, porque lo mismo yo también estoy sensible a los muros ajenos, pero me suena a bastante egoísmo el plantearse que solo vienes a escribir y odias la obligación de tener que leer a los otros. Como comenté, no es obligación en plan ponerte una pistola en el pecho, pero está claro que hoy por tí y mañana por mí, de ahí el título el esta entrada. Debería de ser algo que estuviera en la lista de buenos deseos y, no solo cara a la Navidad, sobre todo para quien empieza .

Seamos serios ¿alguien de verdad piensa que no necesita ayuda, apoyo, y promoción de otras personas de su entorno? Si es así, en este caso, esta entrada de mi blog puede ahorrársela.

Desde que comencé, siempre he tenido claro que debería de usar parte de mi tiempo en apoyar a aquellas personas que, como yo, han dedicado una buena parte de su día a día en escribir por placer, si no esperando también que haya lectores que disfruten con las historias que vamos tejiendo. Me encanta que me llame la atención las portadas de los libros, animarme echando un vistazo a las sinopsis y, finalmente, leer la novela que me llama la atención para luego recomendársela a amigos y lectores en mis redes. No lo hago por obligación, no lo hago esperando que otros lo hagan por mí, lo hago por coherencia hacia mi forma de pensar de que, si nos apoyamos, llegaremos más lejos que si nos vamos poniéndonos las zancadillas y pisándonos el cogote.

Por un lado el boca a boca siempre ha sido la mejor manera de hacer llegar los productos al público y, por otro, el leer es muy útil para saber: que hay en el mercado, que es lo que demandan los lectores, e incluso, que es lo que no nos apetece escribir porque aunque se venda, no está dentro de nuestra línea habitual. Pienso que aún estando dentro de un género que tiene grandes novelas y escritores, siempre puede haber un espacio para otro escritor más con un planteamiento original.

Hay un montón de escritoras que han creado grupos donde han acogido a escritores y lectores y en los que se hacen promociones de novelas de compañeros. Por eso creo que lo más ético, es echar una mano en ese trabajo de promoción y cada uno de nosotros, siendo escritores, poner un grano de arena leyendo a oros compañeros y si la novela nos gusta o es un nuevo lanzamiento en el marcado, ¿por qué no promocionarla? ¿Pensamos que por promocionar a otros nos vamos a quitar lectores? Me imagino que esa pregunta incluso daría para otra entrada.

Opinión

Las críticas joden

Y quien diga lo contrario miente. Creo que por eso es mejor tomar la actitud de un director de cine muy conocido. Él comentó, en una de sus últimas entrevistas, que hace años que no lee las críticas, para así no sentirse influenciado a la hora de realizar su trabajo. Claro, eso está muy bien cuando eres director consagrado con casi 50 películas a tus espaldas. Pero si soy un escritor que acaba de empezar, ¿qué puedo hacer?

La crítica constructiva es muy útil y dudo que este director no la escuche si proviene de alguien que sea capaz de hacersela con fundamento. Lo que dudo es que haga caso a los comentarios tan simples y habituales del tipo: «no la recomiendo porque no me ha gustado nada» sin más explicaciones. Yo tampoco daría mucho veracidad a ese modelo de críticas que lo habitual es que sean para hacer daño y crear desasosiego, tanto al escritor como al posible lector. Hay veces que me he encontrado comentarios negativos de novelas que, cuando las he leído, no he podido más que darle la razón, porque estaban bien fundamentados. No hablamos de si gusta o no gusta la narración, si no de estar bien o mal escritas y eso, a poco que tengas idea, se nota.

Siendo de este mundo, admito una falta de ortografía que por mucho que mires y te lo miren, al final se cuela o, incluso encontrar, esas erratas típicas de maquetación que cambia letras de posición, repite letras o palabras. Pero lo que no admito son errores de localizaciones, nombres de cosas o marcas muy conocidas mal escritas, lineas temporales extrañas, en un continuo ya voy ya vengo en los capítulos, que no tiene sentido, anacronismos en la forma de hablar impropia de la época donde se desarrolla la novela o del nivel cultural que se presupone en el personaje. A esto hay que sumarle personajes planos que solo sueltan el discurso propio de la trama que se desarrolla, pero que carecen de un perfil psicológico al que agarrarse. Y lo peor que llevo, es el relleno de páginas usando el recurso de que la trama sea repetida desde el punto de vista de un protagonista y luego por parte del otro.

En estos errores algunos caemos todos, incluida por supuesto esta que viste y calza y sobrepasa los 50 años. Aunque estoy dispuesta a aprender cada día que me levanto y aunque agradezco las buenas críticas, siempre estoy, ahí pico y pala, para mejorar. Todo gracias grupo de profesionales que me apoyan y que ninguno es mi abuela y me dan consejos como: esto deberías de mejorarlo o, incluso, esto deberías de quitarlo.

Pero para quien no es tan afortunada ¿hay alguien que esté dispuesto a ponerle el cascabel al gato? No es cuestión de egos que todos, como culos y opiniones, tenemos el nuestro. A nadie nos gusta que nos reprendan en público, pero si no aceptamos las críticas de una forma madura nunca aprenderemos y siempre pensaremos que somos los mejores. ¿Entonces para qué estamos? ¿Para lograr golpecitos en la espalda y una colección de estrellitas en Amazon?

Al final tras haber pasado más de un año, desde que entré en este mundo, con dos libros a mis espaldas y el siguiente en edición, he logrado aprender mucho y sé que me queda bastante el camino por hacer. Pero sobre todo, estoy dispuesta a recoger todo aquello que me valga para crecer en mi desarrollo personal y como escritora. Sobre todo, asumiendo que la crítica constructiva, de quién tiene más experiencia y conocimiento, es algo muy valioso. De lo demás, no pienso tenerlo ni en cuenta. Hace tiempo que hice como mío el refrán de cuchillo que no corta y amigo que no aporta, si se pierde, no importa, que podría modificarse a: cuchillo que no corta y crítica que no aporta, si se pierde, no importa.

Opinión

Defendiendo el género romántico a capa y espada

¿Gaby escribiendo erótica? Esa ha sido una de las primeras preguntas que, muchas personas de mi entorno, me han hecho de una manera más o menos directa. Es curioso porque si hubiera dicho que escribo thriller, histórica, novela negra e incluso fantasía, no hubiera tenido que dar tantas explicaciones. ¿Por qué hay que justificar continuamente el que un escritor se dedique a la romántica con toques eróticos o que un lector lo lea? ¿Alguien se plantea que haya que justificar el uso de la pastilla de jabón frente al jabón líquido para lavarnos las manos? Parece absurdo tener que hacerlo, tanto como justificar un género literario con respecto a otro.

Y que conste que no vamos a hablar del Romanticismo como movimiento literario propio del siglo XVIII, sino que vamos a centrarnos en la actualidad. Hablaremos de una romántica que desencadena fuertes pasiones en el que ya podemos ponerle el apellido de erótica. Escritos de este tipo los encontramos en el Antiguo Testamento en el «Cantar de los Cantares» y, aún así, parece que la gente se avergüenza de reconocer que lee romántica y erótica y se ningunea al autor que escribe ese tipo de novela.

Esto es como el porno, nadie reconoce que lo ve, pero mueve cantidades millonarias y lo mismo ocurre con el género que hablamos, nadie reconoce leerla. Pero es la que más tirón tiene en una lista de las cinco temáticas literarias más vendidos y, con esa demanda, es lógico que haya muchos autores. Por eso, en mis redes sociales, pregunté el motivo de que algunos personas que se avergüencen de decir que escriben este género o que lo lee y me han llegado unas respuestas muy interesantes. En resumen, venían a justificar que, la erótica que habían leido, era como porno escrito, que muchas novelas carecían de trama y que lo único que cambiaba era el lugar donde tenían sexo o la postura, pero no había más en esas novelas.

Y ¿a qué viene entonces toda esta parrafada? Pues precisamente a eso, a que el problema tal vez esté en que: se centra más en el sexo y se ha olvidado de lo que es la trama, los personajes son planos, que el espacio en donde se desarrolla la trama no va más allá de la ciudad en la que el autor se siente a gusto, porque conoce y los finales están calcados de una novela que, tiempo atrás, llenó páginas de críticas de todos los colores. Aunque, es preciso aclarar que, pese a las criticas, fue una puerta abierta a este género de una forma imparable y, gracias al cual, se han escrito posteriormente una historias muy interesantes.

¿Qué conclusiónes he sacado con mi encuesta? Que hay literatura romántica y erótica para todos los gustos. Que como en cualquier género literario habrá grandes novelas y novelas malísimas porque sean simples, mal escritas y llena de tópicos. Y que como escritora, si quiero sentirme a gusto con mi trabajo, debo seguir mi propia línea sin salirme de las características propias que delimitan el género pero que no tengo obligación de caer en los tópicos que han desvirtuado este tipo de narrativa: acoso, maltratato, celos y manipulación.

En este mundo hay sitio para todos, seamos lectores o escritores.

Opinión

¿De verdad importa el tamaño en la literatura erótica ?

Sí. Lo afirmo con rotundidad: el tamaño importa. Aunque ahora viene la madre del cordero. ¿Cómo se puede contar algo de forma original y que anime a su lectura? Puesto que parece que es un género en el que ya está todo escrito.

Lo primero que decidí es darle a mis novelas una trama de thriller como enganche para los lectores, y que realmente sea el marco principal que sustente el hilo romántico. Para eso busco, como ya comenté en la entrada anterior, escenarios donde me salgo de mi zona de confort. Todo ello en equilibrio, para que el lector desee siempre saber más de la historia en un continuo ir más allá en la acción y en el erotismo.

Junto a eso, trabajo los personajes para que sean potentes y, cuando les pongo este calificativo, no me refiero solo en apariencia física, sino que también me interesa mucho su carga psicológica. Personajes que tengan un pasado que les afecte en el presente y explique muchas de las respuestas que dan al conflicto que se plantea en la historia. Ese es el tamaño que a mí me importa. De hecho, es raro que describa al detalle sus físicos, prefiero dejar que cada lector se los imagine a su gusto, porque para gustos los colores. Hay lectores que me han comentado sobre que ellos y ellas los presento como perfectos, guapos y exitosos y, en realidad, son todo lo guapos y perfectos que tú te los quieras imaginar y teniendo en cuenta el género que escribo la verdad es que soy bastante modesta en mis planteamientos después de haber leído mucha romántica y erótica.

Estas novelas tienen, por supuesto, unos tópicos que por eso las encuadramos en ese género y no en otro, pero mi idea es moverme dentro de un amplio paréntesis y evitarlos dentro de lo posible. El amor y los sentimientos deben de estar presentes con sus dudas, los temores, las peleas y las reconciliaciones. Pero eso de que al final todos vayamos de boda o bautizo, no lo creo necesario, ya que es una realidad que hoy en día no va precisamente en alza. Me interesa más ver como el personaje evoluciona en sus relaciones e, incluso, se encuentra con situaciones en las que nunca pensó que se podría encontrar.

Dentro de un marco en el que los lectores desean leer una serie de historias que tengan lo clásico de la romántica, yo quería poner en valor otros aspectos, que también podían incluirse perfectamente, sin desvirtuar el género y, que a su vez, atraiga no solo a mujeres en exclusiva, si no a lectores y lectoras que deseen disfrutar de una narrativa donde no solo haya romanticismo y erótica sin más, sino que haya una trama potente que en mi caso elegí que de momento fuera el thriller. Aunque que no descarto que llegue a escribir una novela histórica o de fantasía, en la que la sensualidad, el erotismo y el amor, esté presente con todos sus atributos y tamaños. Lo cierto que, siendo sincera, estoy en ello precisamente ahora.

Otra cosa en la que para mí el tamaño es muy importante y fundamental, es el encontrarnos con unas relaciones de igual a igual. No me vale traspasar la línea del control, celos, manipulación y violencia a manos de una mujer, como respuesta a situaciones, con la disculpa de que eso es lo habitual en este género por parte del hombre. No creo que hoy en día esa sea la solución dentro de la novela romántica como modo de empoderar a la mujer y poner al amor como disculpa para esas actitudes ni por una ni por otra parte.

Este es el tipo de tamaño que a mí sí me importa en la Literatura Romántica y que es donde quiero estar a la hora de narrar mis historias, para que lleguen a muchos lectores, incluso para aquellos que nunca se plantearon que les gustarían estas novela y de los cuales, poco a poco, voy viendo que se animan a leerlas.