mi trabajo

Los seis sentidos

Hace poco leí el siguiente fragmento:

Vemos solo cuando hay luz suficiente, gustamos cuando nos ponemos cosas en la boca, tocamos cuando hacemos contacto con algo o alguien, oímos solo los sonidos que sobrepasan cierto umbral de volumen. Pero olemos siempre, cada vez que respiramos. Nos cubrimos los ojos y dejamos de ver, nos tapamos las orejas y dejamos de oír, pero si nos tapamos la nariz y tratamos de dejar de oler, nos morimos».

Silvia Adela Kohan, Recursos de estilo y juegos literarios

Los psicólogos han demostrado sobradamente que la vista es el sentido dominante de la mayoría de la gente normal. Por lo tanto, es lógico pensar que las descripciones de nuestros escritos estarán dominadas (a menudo) por cómo se ven las cosas. Las impresiones auditivas por lo general ocupan el segundo lugar, pero uno puede fácilmente imaginar circunstancias puntuales en las que las impresiones táctiles podrían ocupar un escalón más alto de importancia en la historia. Hoy os voy a contar como es mi experiencia sensorial en mi día a día a la hora de plasmarlo para una historia. Es cierto que una de las cosas por las que más se me distingue, y que me han comentado, ha sido precisamente por mis descripciones. Los lectores me han destacado que además de las tramas, lo que más les ha gustado es la forma de situarlos en los escenarios dónde estas se desarrollan de una forma tan creíble que piensan que he viajado a todos esos lugares y eso no ha sido siempre así.

Antes que nada, quiero aclarar que, si hablo de seis sentidos es porque la piel para muchos es otro sentido a tener en cuenta, puesto que percibimos a través de ella sin necesidad de tocar ni de ser tocados. Al inicio he comentado que el que más usamos en nuestro día a día es el de la vista y por lo tanto es el que se lleva la palma a la hora de desarrollar nuestras narraciones. Esto da lugar a que a veces se solape lo que experimentamos a través de los otros. De hecho, nos suelen vendar los ojos en los juegos en los que el truco está en agudizar el resto de los otros sentidos.

Comienzo con este fragmento dónde ya la protagonista empieza a sentir el peso de su viaje a Escocia solo con asumir lo que la visión de la casa de su familia política le produce, algo que ya le viene de lejos y remueve las sensaciones de las anteriores vivencias que ha compartido años atrás con sus habitantes.

El caserón de la familia destacaba sobre la colina por su magnífica fachada de piedra y las cuatro chimeneas que lo coronaban. Siempre me pareció algo oscuro y triste por su tejado de pizarra negra que me intimidaba incluso en la lejanía.

Gaby Taylor. Unidos por el pasado

En el siguiente fragmentos trato de hacer sentir al lector lo que vive nuestro protagonista al percibir los aromas de las especias de Oriente. Un personaje que tiene muy agudizado el sentido del olfato y que a lo largo de la novela dejará patente en numerosos fragmentos. Es un personaje que vive de una forma muy intensa a través de todos sus sentidos, siendo el gusto y el olfato los que más utiliza seguido del tacto.

Tras aparcar el coche llegamos al paseo marítimo donde me llevó a un pequeño local con terraza en el que, al atravesar el umbral, me alcanzaron todos los olores que imaginaba que tenía que tener un país de la zona. El dulce-picante de ciertas especias como el jengibre, el intenso cilantro o el sutil aroma de la canela, que me recordaba al naranjo que con mimo cuidaba mi madre. Y tras esa remembranza, casi paladeé las galletas que acompañaron mi infancia. Durante unos segundos tuve un éxtasis ante este mundo que se abría para mí de par en par.

—¿Te gusta? —Se debió de notar en mi cara que lo estaba disfrutando.

Gaby Taylor. Contenido inédito.

El sentido del oído lo suelo utilizar mucho para las pesadillas. Los sonidos que asumimos que son peligrosos y que nos crean angustia o aquellos que nos resultan desconocidos e inquietantes, aparecen no muy a menudo pero los tengo presentes para crear sensaciones desagradables para los protagonistas y que a su vez recreen esa experiencia en los lectores.

Empecé a correr. Escuché detrás de mí sonidos de una persecución. Perros. Gritos. Me tropecé varias veces. Me dolían las rodillas, las manos me sangraban. Olía a humedad, estaba en un bosque. De repente cayó el silencio, no se oía ni el viento entre las ramas, pero noté una presencia cercana. Algo rozó mi cara y una voz dijo con nitidez «también morirás». Grité con todas mis fuerzas.

Gaby Taylor. Unidos por el pasado

El tacto está muy unido al sentido de la vista. Es la visión de los ciegos y con el que muchas veces queremos reforzar y convencernos de que lo que vemos es real para quedarlo grabado en nuestra memoria. Ya lo comprobamos en el párrafo del nuevo Testamento referido a Santo Tomás, que no solo necesitó ver para creer, sino que además introdujo los dedos en las llagas, por lo tanto, usó del tacto para reforzar su creencia.

Nos quedamos mirándonos en silencio. Dejé una mano bajo mi cabeza y con los dedos de la otra acaricié muy despacio todos los rasgos de su cara. Era como si fuera ciego y con la sensibilidad de la yema de mis dedos quisiera grabar, por medio de ese contacto, todos los detalles que tenía delante de mí. Jugueteé con los pequeños rizos en forma de caracolillos que se formaban en la frontera entre el nacimiento del pelo y su frente. Eran más rubios que el resto del color de su melena y furiosamente rizados. Si introducía mi dedo meñique en el bucle ellos solos se enroscaban. En la frente sentí al pasar los dedos, unas incipientes líneas de expresión que señalaban esos momentos en los que fruncía el ceño por la preocupación. Continué por el arco de las cejas que era pronunciado y donde su pelo no era tan blondo como el del nacimiento de la frente, pero me hacía sospechar que seguramente de niño serían casi invisibles. Las dos formaban el marco perfecto pera sus ojos. Proseguí por las pestañas que eran de un castaño más oscuro, abundantes y onduladas hacia arriba, por lo que pensé que algo de la genética española estaba presente.

Gaby Taylor. Contenido inédito.

Hay veces que me gusta mezclar, visto, gusto y olfato para completar las sensaciones que los personajes sienten al realizar una acción, aunque en este caso son los pasos previos para realizar la cata de un vino.

Vimos cómo el vino manchaba la copa; observamos el tiempo que tardaba, tras agitarlo, en deslizarse por el cristal hasta unirse todo el líquido; nos fijamos en el color al trasluz; olfateamos su aroma; y, finalmente, sentimos su sabor en el paladar. El caldo se fue abriendo, entregándonos todo su potencial. Me sorprendió que, para ser tan joven, tenía carácter, y eso que se encontraba en el inicio de su proceso de añejamiento dentro de la botella.

Gaby Taylor. Unidos por el pasado.

Una de las características de este personaje es que es muy sexual y pone sus cinco sentidos en todo lo que vive. Pero el olfato y el gusto son sus sentidos favoritos como ya he comentado anteriormente.

Dio un trago a la cerveza y una gota de condensación del botellín se deslizó por su barbilla y cuello hasta perderse entre los pechos. Mis ojos hicieron lentamente ese recorrido mientras ella apuraba el líquido. En otro momento, mi lengua habría impedido que la gota hubiera finalizado dónde acabó, o la habría ido a buscar hasta allí, saboreando cada centímetro de su piel y comprobando si, ese olor a flores que la rodeaba, tenía el sabor incitante que intuía.

Gaby Taylor. Contenido inédito.

En este último fragmento la piel entra en juego como receptora de sensaciones y un sentido que tiene mucha utilidad en las novelas si quieres presentar una escena lenta y sensual entre los personajes.

Se hizo el silencio entre nosotros. Extendió su brazo y sus dedos me rozaron a la altura de la muñeca. Poco a poco fue subiendo hasta llegar al hombro, donde me produjo un escalofrío. Seguí el movimiento de sus dedos como un gato que acoge con agrado la caricia de su amo.

Gaby Taylor. Unidos por el pasado

Espero que disfrutéis de estos pequeños ejemplos de mi forma de narrar y con ello os animéis a seguir leyéndome, ya sea por mis novelas o por mi blog. No os dejéis engañar, hay que vivir la vida y escribir nuestros relatos usando siempre todos nuestros sentidos.

sentimientos

Y vamos con una de fragmentos

Hoy me apetece compartir aquellas frases o fragmentos de mis novelas publicadas o incluso inéditas y que he utilizado para promocionar mi trabajo.

El mundo se hunde a tus pies pero, aún así, luchas por mantenerte cuerdo.

El amor es como el cristal: si no se limpia se empaña, si no se cuida se quiebra.

El valor de las cosas no está en el tiempo que duran si no en la intensidad con la que se viven.

Cuando perdemos la ilusión en la magia, en cualquier magia, nos hacemos viejos.

¿De dónde sacaban estos hombres esas miradas que prendían fuego hasta en la yesca húmeda?

Controlar ese deseo de saber me estrujaba la vida.

Me provoca el temblor de tu cuerpo al rozar mis labios tu piel.

—Cada noche he dormido sintiendo el roce de tus dedos en mi piel —dijo en un susurro
Durante un breve lapso de tiempo, el impacto de sus palabras ralentizó el latido de mi corazón. Los segundos pasaron sin tener conciencia de ello. Todo quedó en suspenso. Esas pocas palabras congelaron la totalidad de mi ser y tuve que hacer un gran esfuerzo para que mi reloj interno volviera a mandar en el palpitar de mi cuerpo. 

Ahora que nos hemos encontrado no puedo dejarte. Eres el poco oxígeno que respiro en este ambiente enrarecido.

Las libélulas que habitan en mi mente jamás dejarán en paz a las mariposas de mi corazón.

...nunca fuiste totalmente mía y no puedo ser egoísta porque al final perderíamos todo lo bueno que hemos disfrutado, ahogado por nuestras frustraciones. Te amo y te amaré en un rincón de mi corazón que solo será tuyo y mío para la eternidad. Ahora, yo me quedo con tu llave y la mía para cerrar la puerta que abrimos hace años. Te veo partir sin remordimientos, sin dolor, totalmente en paz porque sé que estás con quién también te ama como yo y al que tú amas plenamente.

De este mundo me enamoré hace mucho tiempo y ahora tengo que volver para buscar ese espíritu que se quedó escondido en la viña.

Que la tierra dé frutos puede ser casi casual, obra de la naturaleza, sin necesidad de la intervención del hombre. Pero que ese fruto de lugar a un buen pan, vino, aceite y vinagre, supone alquimia, corazón y coraje. Darle algo más que vida: es darle un alma.

Y este es un fragmento de una narración de fantasía, inédita todavía, y que fue lo primero que empecé a escribir hace ya años en un reto en el que me metieron unos amigos para ver si era capaz de escribir una novela entera, cosa que hice, y ahí está a la espera de que decida que hacer con ella.

Kenshi se quedó  plantado en medio del silencioso recinto donde solo oyó los latidos del corazón de la mujer con su fino oído. También captó su olor, suave, dulce, podría decir que hasta caliente. En ese momento estaba paralizado pero sabía que tenía que acercarse y lo hizo despacio. Ella parecía en realidad dormida porque tenía mucho  mejor aspecto que cuando la dejó en ese mismo lugar la noche anterior. Ahora su color era menos pálido, los labios tenían un tono rojo suave, y ya no se le marcaban las ojeras. Su larga  melena negra, que le enmarcaba la cara, la tenía recogida a un lado. Mientras la miraba, nueva oleada de su olor le golpeó, resultándole más atrayente y concentrado, por lo que sus fosas nasales se abrieron para recoger todos los matices que le envolvieron. Era un aroma conocido que le estaba volviendo loco porque no sabía dónde lo había percibido antes.

Avanzó unos pasos más y se colocó a su lado. Levantó la mano pero no supo cómo proceder porque desconocía su nombre y no podía llamarla. Por lo menos, en el cuento de la bella durmiente, el príncipe sabía qué hacer y esa idea le empujó a actuar de manera instintiva porque ese olor lo estaba mareando.

Se inclinó sobre ella y la respiración de ambos se mezcló. Pudo observar que sus parpados no se movían y entonces sin poder evitarlo ni querer hacerlo, su mano rozó el brazo de ella y fue subiendo por el hombro hacía su cuello y rostro. Era la única parte del cuerpo de la mujer que estaba visible. Kenshi supuso que debajo de la sábana lo que encontraría sería solo su piel,  pero prefería no tener que pensarlo. No podía pronunciar palabra, sólo sentir su suavidad en los dedos y la palpitación de su corazón en la vena al pasar por el cuello, además de ese olor que era como un eco y que le estaba produciendo una sensación de vacío, de caer en algo desconocido pero buscado.

Cerró los ojos y, antes de volver a abrirlos, sintió los labios de ella sobre los suyos. Trató de ponerse a la defensiva pero, al mismo tiempo, se dejó llevar y al abrirlos se encontró con los de ella, negros y profundos, pero no pudo separarse de la mujer, ella lo había agarrado por el pelo y sus dedos recorrían desde la nuca a la espalda, atrayendo. Entre los dos solo estaba el fino tejido de la sábana con la que ella estaba cubierta. Kenshi quería defenderse porque su cerebro humano sabía que todo lo que estaba ocurriendo lo estaba viendo el rector y posiblemente la doctora pero su parte animal le pedía más, le pedía conocer de nuevo a ese cuerpo que le resultaba tan familiar. Cuando las piernas de ella se enroscaron en su cintura, su cuerpo empezó a sentir un dolor que hacía tiempo que tenía dormido. Sus manos recorriendo la espalda de la mujer y cuando alcanzó su nuca con suavidad le echó la cabeza hacía atrás besando esa vena que palpitaba al ritmo que le marcaba el corazón.

De repente ella se separó, lo miró a los ojos y pareció esperar una palabra. Sus cuerpos seguían tensos y los latidos de los dos estaban al mismo compás.

—¿No sabes quién soy, verdad? —la pregunta tuvo un tono de sorpresa y dolor.

—No —contestó Keshi sin saber que más añadir pero con el cuerpo muy dolorido y la mente buscando un nombre, un maldito nombre.

Hasta aquí llego hoy aunque podría escribir muchos más pero creo que, para no aburrir, con este pequeño muestrario os haréis un poco a la idea de mi trabajo. De todos modos lo mas seguro es que, en otro momento, añada otra entrada con un contenido parecido para ir descubriendo pinceladas de mi trabajo.