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De un relato a un Santiago Posteguillo

Una de mis mayores virtudes es la facilidad que tengo para desarrollar una historia siempre y cuando la vea en mi cabeza. Solo necesito el inicio y el final; si eso lo tengo, ponerme a hilar la trama me resulta terriblemente sencillo. Muchos escritores dirán que eso es una bendición y ya os digo que no, a no ser que seas un escritor famoso como el mencionado el en título de este artículo. Entonces, ahí sí, puedes explayarte en los escritos con generosidad. Pero si eres poco conocido, como es mi caso, lo único que consigues es que a la hora de publicar no salgan las cuentas.

De hecho, me ofrecieron participar en un concurso de relatos y, de momento, decliné la oferta por lo mismo, por miedo a que me pusiera a escribir y terminara mi sexta novela. Sí, sé que tengo publicadas solo tres, pero escritas tengo alguna más. Para mí, este género es tan peligroso como el de la fantasía, si bien este último no tanto por la imaginación que suelo gastar, sino más bien porque entonces ya no hablaríamos de un  único libro, acabaría escribiendo una saga. Recuerdo que por ahí tengo una en la que el animal de fantasía que comparte aventuras con el protagonista es un mogul. Si alguna vez la escribo, no puedo olvidarme de él.

Pese a todo, amigos escritores me pidieron consejo para que la redacción de su relato no se les fuera de las manos. Recuerda que hace un año impartí un curso de escritura creativa, tanto la teoría como ejercicios prácticos, y las últimas semanas las dediqué a animar a mis alumnos a que los escribieran, dejándoles unas pautas. Algunos de ellos los publiqué en este blog y me resultó entrañable el de un gato travieso que solía esconderse dentro de los armarios para que no lo encontraran. El animalillo era una alumna que se puso en la piel del felino y así plasmó sus sensaciones en papel. La idea era hacerlos salir de la zona de confort y obligarles a que vivieran realidades muy distintas: despertarse por la mañana y ser un gato o encontrarse a los pies de la cama unos zapatos que no eran suyos, entre otras sugerencias. La dinámica resultó muy divertida.

Siempre habrá gente más experta que yo en este asunto, pero no quita para que te hable hoy en este blog de mi experiencia y mi continuo interés en aprender, desarrollando el consejo de trabajar este género.

¿Por qué son útiles los relatos?

Que conste que los consejos que te voy a dar no son porque yo lo diga. Escritores con más experiencia me los han sugerido y yo los he sopesado con calma para entender qué me pueden aportar en mi trabajo. Eso es lo que hoy te comparto.

  • Aportan disciplina.

Hoy en día nos resulta muy complicado construir espacios para poder desarrollar nuestra actividad de escritores, siempre sufriremos una larga lista de interrupciones. Olvida eso de encontrar el momento perfecto para ponerte a escribir: no existe. Es lo mismo que la búsqueda de la felicidad: no existe la vida feliz perfecta, existen pequeños momentos de felicidad y un exceso de fotografías de esa supuesta dicha en las redes sociales. Por lo tanto, con respecto a nuestro oficio, debes aprender a escribir donde sea y como sea. Y ya te digo yo que es difícil escribir a mano en un autobús renqueante, con toda la documentación desordenada en el regazo mientras intentas acordarte de qué iba la trama. No hablemos ya de la concentración necesaria para una sesión de escritura en narrativa larga. Por lo tanto, al final, se acaba dejando de escribir y empezamos a sufrir el bloqueo del escritor que, en realidad no es tal, sencillamente es que queremos adecuar nuestra vida a nuestro oficio y no a la inversa en definitiva, es la vida la que manda. Por lo tanto, estos textos más breves nos pueden ayudar a no perder ese tono y mantener siempre afilada la pluma.

Me cuesta horrores encontrar temas para plasmarlos en mi blog semana tras semana y, si me dejara llevar, pondría excusas y acabaría escribiendo una entrada al año. Total, no le debo nada a nadie, si acaso me lo debo a mí misma. Por lo tanto, puedo decir que tener mi entrada de blog es como haberme creado la obligación de escribir un relato a la semana. Porque echarle imaginación también se la tengo que echar, además de cuidar la sintaxis y la ortografía. Si soy escritora no lo soy a tiempo parcial.

  • Acaba con la indecisión de sentarse a escribir.

    Si ya resulta trabajoso ponerse a escribir, imagina si encima nos debemos dedicar horas a recopilar toda la documentación que supone la puesta en pie de una idea para una historia. Personajes, escenarios, tiempo histórico y hasta el más pequeño detalle. Si quieres que tu andamio no se caiga a las primeras de cambio debe estar perfectamente organizado. Todo eso requiere un tiempo precioso y de eso cada día carecemos más. No porque no lo tengamos, sino porque procrastinamos, nos corroe la pereza. En el caso que nos trae no necesitamos de tanto armazón para sustentarlo. Se supone que esto debería animarnos más a dedicarnos a este tipo de narrativa.

    • Te permite experimentar.

    Este es uno de los motivos por lo que me encantaría poder dedicarme a este género: la posibilidad de que, en unas pocas líneas, pueda desarrollar un mundo de fantasía y no me diera la tentación de escribir algo similar a las sagas de la Dragonlance. Puedes lanzarte con tu imaginación y, si la cosa no va bien, dar un giro sorprendente y ponerle punto final. Es más enriquecedor tirar unas pocas cuartillas escritas sin ton ni son que tener que reconocer que todo el trabajo de investigación realizado es para nada, porque, al final, no eres capaz de desarrollarla. Te garantizo que, en el caso del relato, no será tiempo perdido. Bien elaborado, es un modo perfecto de ver qué ideas podrían ser útiles, qué estilos me gustan. En estos breves textos puedes desarrollar una vena fantástica, irónica, humorística, poética, contestataria o reivindicativa que, si quieres reflejarlo en alguna novela, lo mismo necesitas cinco vidas más.

    • Mejora y asienta tu estilo.

    Este tipo de textos requiere de una minuciosidad quirúrgica en el uso de las palabras. Cada una de ella tiene que significar lo que quieres decir sin que produzca ambigüedad en el sentido del texto, puesto que tienes poco espacio para grandes explicaciones y, si una cosa buena tiene el castellano, es la precisión. No es lo mismo escuchar que oír o ver que mirar y el uso de uno u otro verbo nos puede indicar el estado de ánimo del protagonista de la historia, por poner un ejemplo. De hecho, he encontrado esta cita: “Creo que las dos maneras más eficientes que existen de aprender a enganchar a un lector son escribir entradas de blog y escribir relato”. Ahora mismo me encuentro en el primer grupo, por lo tanto, creo que no llevo mal camino.

    • Siempre te puedes reciclar

    Imagina que llevas ocho libros publicados en Amazon y no avanzas, siempre tienes el mismo grupo de lectores que, además, te piden que escribas lo que ellos quieren. Vamos, que te acabas convirtiendo en escritora a demanda, aunque te pienses que transmites lo que tú quieres. No te engañes, lo haces de manos de otros, pero en vez de ser un escritor fantasma eres un esclavo de tu público. Ellos te piden fanfics, spinoff, sagas y la biblia en pasta y, por darles gusto, al final, acabas más abrasada que una falla en Valencia. Esta circunstancia te lleva a que según vas avanzando con una novela sigues cometiendo, capítulo tras capítulo, los mismos errores porque no te da tiempo a parar y pensar qué haces bien y qué haces mal. Incluso, ni te planteas que algo lo haces mal, solo lo notas cuando observas que cada vez tus libros llegan a menos público. Pero, como dijo Bradbury, es imposible escribir 52 relatos malos seguidos y son más sencillos de enviar a amigos y lectores 0 para que te lo comenten con sinceridad. Cuando ya has subido tu trabajo a Amazon, raro es el caso en el que alguien te diga que te dediques a otra cosa, con lo que ayudaría de vez en cuando ser políticamente incorrectos.

    En cambio, el relato es una práctica fantástica. Es un ejercicio de estilo y de fondo, es siempre una experiencia intensiva de aprendizaje. Tengo un buen amigo, Alberto Puyana, que de esto sabe mucho y, pese a haber publicado ya sus primeras novelas, no deja a un lado lo de seguir presentándose a concursos de este género.

    Además estos tienen una gran ventaja frente a los de novela. Esta puede estar meses parada a la espera del fallo, de una respuesta editorial, en manos de lectores cero o escondida por el sufrir el síndrome del impostor. Y un libro no se escribe en tres días (ni en un mes, por mucho que te lo juren los más optimistas). Tener manuscritos inactivos es dinero, posibilidades de publicación y mucho más, que no estás recibiendo.

    Por suerte, los relatos son bastante acomodables a la realidad literaria que vivimos, porque la inmediatez está a la orden del día. Puedes tener un buen manojo de ellos en espera. Si tienes uno presentado a un concurso y no gana, puedes presentarlo a otro, en un tiempo relativamente corto. Lo mismo ocurre con las antologías (muchas no piden textos inéditos), las publicaciones online, etc.

    Por lo tanto, te animo o a que abras tu propio espacio en la red o a que te plantees a presentarte a los concursos que tengas más a mano. Me demuestra mucho valor el escritor o escritora que tiene uno de los dos, es un héroe quién es capaz de compaginar ambos y ya hablamos de nivel dios si logra publicar una novela bien trabajada, cada dos años, sin abandonar el mundo de los relatos y su aportación personal en un blog.

    Mi lectura recomendada de la semana

    Ya te comenté que le pensaba dar otra oportunidad a Fred Vargas y en este caso te traigo La tercera virgen.

    El fantasma de una monja del siglo XVIII que degollaba a sus víctimas, cadáveres de vírgenes profanados, pociones mágicas que aseguran la vida eterna, un rival del pasado más lejano que habla en verso… Con todo esto se encontrará el comisario Adamsberg en esta inquietante y negrísima historia de Fred Vargas. La resolución de este complicado puzle podría volver loco a cualquiera, pero no a Adamsberg. El comisario conseguirá descubrir la verdad, aunque ello le cueste no la razón, sino el corazón.

    Te encontrarás con el sexto libro de una saga de once dedicados al inspector Adamsberg. Se descubre la evolución del personaje y se confirma el peculiar estilo para desarrollar la historia por parte de la autora. Desde la primera de la serie, en el personaje se ve su característica principal: sus pensamientos saltan de una cosa a otra, muchas veces sin relación con el caso, por más que, a la vez, acaban estando enlazadas con él. Sin embargo, resulta menos complicado seguir el hilo de la trama principal en este volumen. Mantiene el uso de trabajar varios hilos que se van trenzando llegando a conformar una única historia, que será la principal y por la que llegaremos al desenlace. Si te gusta que las novelas no te dejen indiferente y que no sean de lectura sencilla, esta es tu historia.

    Hoy también quiero recomendar a otro autor, en este caso gaditano, que te puede resultar muy ameno para estas largas tardes de primavera. Se trata del ya aludido Alberto Puyana, escritor reconocido con multitud de premios nacionales e internacionales.

    Con un toque de ironía en el primer trabajo que le he leído, El Preticante, Alberto nos presenta el día a día en un ficticio hospital gaditano. Gracias a su experiencia, ya que es enfermero, nos va desgranando las aventuras y las desventuras de un paciente, Paco Penas. La moraleja de la historia es dar un toque a aquellos compañeros que, a veces, no se dan cuenta de que están tratando con personas y no con el 305-2 (habitación 305, cama 2) o un posible cólico nefrítico. Se entiende la gran carga de trabajo que sufre el enfermero en el ejercicio de su oficio, pero a diferencia del enfermo, el primero eligió su carrera, en cambio nadie va a un hospital por gusto si no trabaja allí y, por lo tanto, suele acudir con mucho miedo en el cuerpo. La ironía y el sentido del humor brillan en la obra que, además, por ser breve, se lee con mucho gusto.

    Títulos de su autoría son La horma del zapato ajeno y Corpore Insepulto, pero hablaré de ellas en una próxima entrada, que si no se me van las cabras por el sembrado.

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    Un año tirado por la borda, para variar

    Hace ya un año del Congreso Internacional de la Lengua Española celebrado en Cádiz. ¡Cómo pasa el tiempo! Se suponía que nos correspondía ser anfitriones para el 2025, pero debido a la inestabilidad política del país organizador en el 23, Perú, nos tocó en suerte adelantarlo. Por ello empezamos una loca carrera para tenerlo todo listo casi dos años antes de la fecha prevista. Pero para eso los españoles somos de los que pensamos que a la ocasión la pintan calva, hacemos el pino puente y, al final, sale bien el evento. Como se suele decir, tenemos una flor en el culo.

    Fueron unos días en los que muchos gaditanos nos acercamos para ver qué era eso. Es cierto que la mayoría no se enteró de nada, puesto que la parte académica se desarrolló pensando en expertos lingüistas. El resto solo vimos las calles llenas de personas con credenciales, algo a lo que estamos muy acostumbrados, exposiciones y balcones y escaparates decorados con pancartas haciendo referencia al vocabulario típico gaditano. Un léxico del que hizo un compendio, en forma de diccionario, Pedro Payán Sotomayor, profesor de Lengua Española de la Universidad de Cádiz, con el que he tenido el gusto de cruzarme por los pasillos de la facultad de Filosofía y Letras en mi época de estudiante.

    Junto a esta decoración, la imagen que quedó fue la de S.M el rey Felipe tocando el cajón flamenco en la plaza Fragela. Lo lamentable es que, según he leído en artículos de prensa de este año, poco más ha quedado de ese evento que vivimos los gaditanos. Un sinfín de nombres desfilaron durante esa semana por los seminarios, debates, presentaciones de publicaciones, conferencias, mesas redondas, rutas, exposiciones, conciertos y demás actos de un Congreso que sirvió para analizar la situación actual de la lengua española, su relación con las otras lenguas oficiales del Estado y su uso y pervivencia en América con el respeto a las lenguas indígenas como telón de fondo. Un idioma, el español, cada vez más hablado, pese a la pujanza de otras lenguas, y que, además, debe enfrentarse, en un futuro cada vez más cercano, casi ya presente, a la irrupción de la inteligencia artificial y a un mundo tecnológico en el que el entorno anglosajón amenaza con su primacía. De todo ello se habló en la cita.

    Los citados articulistas se preguntan si en la ciudad ha quedado algo más que esa retahíla de palabras salpicadas por calles y plazas que aún se mantienen a la vista. Es cierto que somos 600 millones de hispanohablantes, pero como sigamos así seremos 600 millones de albañiles en la torre de Babel y, al igual que con Sir Francis Drake, que entró en la ciudad como si la conquista fuera más bien un paseíllo, ocurrirá con el castellano que, debido a la inclusión de vocabulario de otras lenguas, al final acabaremos hablando un spanglish de cosecha propia y dejaremos de entendernos unos y otros. Teniendo en cuenta lo bien que se nos da a la mayoría de los españoles hablar el inglés, me veo usando el traductor de google con un murciano.

    Entiendo que el periodista gaditano Fernando Santiago reclame la continuidad de aquellas propuestas que surgieron al calor del evento, pero eso es pedir peras al olmo, ya te lo digo yo. Parece increíble que todavía no nos hayamos dado cuenta de que en Cádiz, quitando el turismo masificado, el carnaval y el cajón flamenco, poco más podemos encontrar. Conozco iniciativas, como clubs de lectura, que se han abierto hace poco, sea a raíz del Congreso, sea por iniciativa de los pocos locos románticos que quedamos y que pensamos que el saber no ocupa lugar ―pero el saber de calidad, ojito―, que, no obstante, apenas hacen ruido. Que saber cómo darle la vuelta a una foto en IG o grabar un video en Tik Toc con el efecto espejo no es calidad, ni aunque te promociones como publicista. También rogaría a muchos de los que van de influencers literarios que, además de girar imágenes, cuidaran la ortografía en sus publicaciones, sobre todo en las sinopsis de sus novelas, que la primera impresión cuenta y, además, todo se sabe.

    Surgió una propuesta, al finalizar el Congreso, que me hubiera encantado que hubiera salido adelante: que el edificio del antiguo Instituto de El Rosario se convirtiera en un centro de encuentro para la lectura y la escritura, una república de las letras. ¿Te lo imaginas? Y más ahora que se ha puesto tan de moda los retiros para escritores, en un momento en el que hay pueblos perdidos en la España profunda que para aliviar la falta de población hacen el llamamiento y crean reductos culturales, a semejanza de los retiros espirituales, con el fin de fomentar la creatividad. Pues en Cádiz, hubiera sido un lugar privilegiado, cerca del mar, dentro de unas murallas del siglo XVIII hijas de la Ilustración y, pese a todo, se pierde la oportunidad de semejante iniciativa.

    Si es que la cultura está tan mal vista. Está ninguneada por muchos escritores, o más bien seudoescritores, porque ¿cómo llamarías al escritor que considera normal que los personajes de una novela escoceses de pura cepa, criados generación tras generación en las Highlands, hablen con modismos propios de un autóctono de México DF? ¿Nadie le ha dicho al escritor que eso es una estafa para el lector? Bueno, puede que alguien se haya atrevido, pero como la ignorancia es así de atrevida, se lo habrán pasado por el forro de los vaqueros y ahí siguen, novela tras novela, «cosechando grandes éxitos».

    Viendo cosas así, lo más probable es que si hubiera que pasar un filtro para pertenecer al reducto de cultura propuesto para la ciudad de Cádiz, muchos no lo pasarían. Porque una cosa es una coma, otra algún error de construcción sintáctica o que se nos vaya la pinza en una concordancia verbal, pero ¿disculpar esos anacronismo? ¡Venga ya, no me jodas!

    Así entiendo que no salgan adelante propuestas para subir el nivel cultural de la sociedad si nosotros mismo somos tan “hipócritamente correctos” y consentimos cosas así. Pocas son las editoriales tradicionales o los proveedores de servicios que de verdad cuidan la calidad del producto. Veo que, ante la feroz competencia de Amazon y su miscelánea, las empresas, en vez de usar como puesta en valor la calidad, se han montado en el carro de la cantidad frente a la excelencia. También es verdad que una parte de la culpa la tiene el autor que se apunta a esta tónica y que, o bien es un egocéntrico hasta la médula o bien un sinvergüenza al que no le importa exponerse ante el gran público sin tener idea de lo que lleva entre manos. Pero claro, aquí tenemos la pescadilla que se muerde la cola: la gran masa, que devora cultura como si fuera una Big Mac, tampoco tiene formación como para saber distinguir las churras de las merinas, con lo que, al final, entre todos la mataron y ella sola se murió. Organizamos el funeral de la cultura y le echamos más paladas de tierra a la ciudad de Cádiz, cuna de grandes autores, cual entierro de la sardina.

    Es cierto que aquí y allá brillan pequeñas lucernas, con poco aceite pero mucha esperanza, seguramente con bastante más que yo. Hace tiempo que la perdí. Sobre todo al leer a autores de las mal llamadas grandes editoriales, que en realidad es una que ha absorbido al resto de las que sobrevivieron a las distintas crisis económicas. O dos. En ellas sigo encontrando más interés comercial y búsqueda de que el libro sea guionizado por Netflix que un verdadero empeño por aportar algo, si bien no tiene que ser algo tan novedoso como para merecer el autor un nobel, pero sí, por lo menos, un trabajo bien hecho para aquellos lectores que pagamos por ello. Mi conclusión es que seguiré luchando contra molinos de viento, si bien volcaré mi empeño en buscar, no importa hasta donde lo consiga, esa excelencia cuya ausencia tanto critico.

    Mi recomendación semanal

    Lola es independiente, joven, cariñosa y algo bocazas. Elia es independiente, vieja, cariñosa y guarda secretos. Dos maneras de ver la vida. Dos formas de seguir adelante. Dos caminos destinados a cruzarse. Dos realidades distintas, un amor prohibido. Una historia que merece ser contada y escuchada. Una historia que cambiará esos puntos de vista y, quizá, incluso los acerque.

    Hay AVE Valencia-Sevilla de Nuria Colomina Gomis

    Esta semana te vengo a hablar de la novela Hay AVE Valencia Sevilla, de la autora Nuria Colomina Gomis. Un trabajo que llevo tiempo queriendo leer, pues ya lo hice con sus anteriores publicaciones y quién sigue mi blog sabe que me gusta estar al tanto de la trayectoria de algunos autores para conocer su evolución.

    En este caso la autora sigue, como en su anterior título, una trama que se desarrolla en la España contemporánea, si bien, en este caso, transcurre en dos épocas diferentes: el entorno de la Guerra Civil y los años posteriores, por un lado, y, por otro, finales de los 80 y principios de los 90. En el primer caso la narradora será la abuela de la protagonista, del otro, su nieta.

    Conoceremos a Lola, una alocada joven, con una visión propia de muchos de los veinteañeros de finales del siglo XX, y a su abuela, que está mucho más al cabo de la calle que su propia nieta. Tendremos como hilo conductor una serie de cartas que Elia tiene costumbre de releer, algo que Lola descubre y que le produce gran curiosidad. Eso la llevará a conocer el pasado de su abuela y entenderá que sus vidas y sus inquietudes no están tan alejadas. Incluso, a veces, como pasa hoy en día, veremos que la abuela es mucho más moderna y que está al tanto del día a día de Lola de lo que esta se piensa, algo que a la inversa no ocurrirá hasta bien avanzada la trama.

    Tengo que destacar varias virtudes eneste libro:

    • El acierto de la autora a la hora de conseguir el ambiente de la Guerra Civil sin tomar partido por ningún bando.
    • La facilidad con la que logra que el lector siga los hilos de los que consta la trama.
    • Su modo de tratar la historia romántica se puede considerar que está en el nivel medio-alto del género.
    • El lenguaje de la novela es apto para el gran público. Como inciso, puedo añadir que a mi madre, con 85 años, le resultó una novela muy agradable de leer.
    • Se precibe claramente la buena documentación y el tiempo de reposo antes de la escritura de la obra.

    Si quieres pasar un buen rato y conocer de una forma amena la historia de dos mujeres separadas por el tiempo y las circunstancias y, con ello, un poco de las situaciones que vivieron muchas personas de la España de esos años, esta es tu novela.

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    Ensayos

    Una de las cosas que siempre he aconsejado a mis hijos es que cuando se encuentren delante de una comida la prueben, aunque piensen que no les va a gustar. Así han descubierto platos que les han sorprendido. Siguiendo este hilo, he oído comentar a escritores y lectores que hay géneros que no leerían en la vida, ya sea por una mala experiencia con algún libro, ya porque por ciencia infusa creen que no les van a gustar.

    Lo entendería en el primer caso, porque entran en juego sentidos como el gusto y el olfato que pueden jugarnos una mala pasada. Incluso hay personas sensibles a ciertas texturas y se les hace muy difícil paladear algunos alimentos. También nos encontramos casos de intolerancias o enfermedades que hacen que la ingesta algunos platos suponga incluso un riesgo para la vida. A todo esto podemos añadir preceptos religiosos, que prohíben alimentos, o la ética que hace que haya, por ejemplo, personas veganas. Lo que no llego a entender es que nos pongamos esa limitación y que nos coartemos de la oportunidad de conocer novelas y autores que pueden sorprendernos para bien o, incluso, si es para mal, afianzar nuestro criterio.
    ¿Cuántas veces hemos hecho algo impensable en otro momento y que al final nos ha supuesto una gran satisfacción, ya sea por considerarlo un logro, ya por que nos ha acabado gustando?

    Hace años, la primera vez que me monté en avión no me hacía ninguna gracia. No es que me pasara como a Mr.T, M.A. Baracus, miembro de la famosa serie de los años 80 El equipo A. Este protagonista, de aspecto rudo y siempre con gran número de cadenas de oro al cuello, tenía miedo a volar. Es cierto que sí tenía mi puntito de aprensión, pero a fuerza de probar he dejado de tenerla.

    La vida está para eso, para aprovechar todo lo que nos brinda y usarlo como experiencia. Por eso creo que descartar un género sin haber buscado lo mejor de lo mejor de cada uno de ellos, así, a priori, pienso que es perder oportunidades de experimentar. Sé que hay momentos para unas lecturas y circunstancias para otras.

    Si la primera novela autopublicada que leí fue del tipo de aquellas que no estaba bien cuidada, tenía una mala sintaxis, con una maquetación desastrosa, trama insulsa y llena de tópicos y con faltas de ortografía y ahí me cierro en banda, hubiera perdido la oportunidad de conocer a grandes autores durante mi trayectoria. También la de saber distinguir entre un buen y un mal trabajo de autoedición, algo que me ha brindado la oportunidad de saber exigir a los profesionales de la edición cuando ha llegado el momento.

    Toda esta digresión es para hablarlos de un género que no me llama así de primeras. Se trata del ensayo. Para muchos lectores es un género didáctico desconocido y los hay admirables. Eso sí, te recomiendo que si te acercas a ellos busques un tema que te atraiga y no te metas de primeras, entre pecho y espalda, un ensayo de quinientas páginas, ya que lo más probable es que no lo disfrutes.

    Para que entiendas de lo que hablo te diré que todas las tesis se desarrollan como un ensayo, si bien, todos ellos no entran en la catalogación de tesis. Esta  se publica una sola vez, al final de la carrera. Se trata de una investigación profunda sobre un tema en particular, donde el estudiante debe demostrar su capacidad de análisis y de producir un nuevo conocimiento. En cambio, un autor puede presentar varios ensayos a lo largo de su vida, puesto que se trata de un trabajo que busca hacer una profundización teórica o analítica sobre un determinado tema o disciplina, el cual puede invitar a la reflexión o a arrojar un punto de vista en particular. Es de tipo expositivo-argumentativo y se desarrolla en un tono formal. Su formato es flexible, ya que no hay una extensión determinada. No hay una estructura definida para escribirlo, aunque se suele iniciar con una introducción al tema, le sigue un desarrollo, donde el ensayista plasma su análisis, y una conclusión. Como cualquier obra los hay que son muy divulgativos, como he comentado, y de una lectura agradable y podemos encontrar otros áridos y que se nos harán algo más cuesta arriba. De ahí mi recomendación de buscar temas que nos interesen.

    Yo me habré leído más de un ensayo sin darme cuenta a lo largo de mi vida, pero, elegido por mí, han sido bastantes menos. Os puedo hablar de tres que me han gustado mucho:

    • Una habitación con vistas, de Virginia Wolf:

    Publicado en 1929, la obra se basó en dos conferencias impartidas por la autora en 1928 en el Newnham College y Girton College, los dos primeros colegios universitarios para mujeres de Cambridge. Woolf abordó la situación de las mujeres, y de las artistas en particular, en este famoso ensayo, en el que afirma que una mujer debe tener dinero y una habitación propia si quiere escribir.

    Según Woolf, siglos de prejuicios y desventajas financieras y educativas han inhibido la creatividad de las mujeres. Para ilustrar esto, ofrece el ejemplo de una hipotética hermana talentosa pero sin educación de William Shakespeare, quien, desanimada por todas las tareas domésticas, trata de seguir la estela de su hermano, encontrándose todo tipo de impedimentos, por lo que se suicida. Woolf celebra el trabajo de mujeres que han superado esa tradición y se han convertido en autoras, entre ellas Jane Austen, George Eliot y las hermanas Brontë, Anne, Charlotte y Emily. En la sección final, Woolf sugiere que las grandes mentes son andróginas. Sostiene que la libertad intelectual requiere libertad financiera e insta a su audiencia a escribir no sólo ficción, sino también poesía, crítica y obras académicas. El ensayo, en una prosa vivaz y elegante, muestra los mismos impresionantes poderes descriptivos de las novelas de Woolf y refleja su convincente estilo conversacional.

    Podremos estar o no de acuerdo con su postura, aun así, no pensemos que la época en que vivió Virginia es la misma que  vivimos nosotros. En la actualidad, según la estadística hay más mujeres lectoras que hombres, pese a todo, sigue habiendo un escalón y las mujeres que publican son menos que los hombres. Ellas leen y se dedican más a la escritura, sin embargo, del total de obras registradas en España en 2021 solo el 37,8 % era de una autora, lo que expertos del sector consultados por Efe consideran que es debido a la falta de igualdad de condiciones para la creación y la propia responsabilidad de los editores para tener un catálogo paritario.

    Está claro que la sociedad de principios del siglo XX en la que vivió Virginia y la de ahora ha cambiado. Como bien me han comentado otros autores con los que he consultado este tema, lo que ha tardado 2000 años en cambiar no puede dar un gran giro en solo 80 años. Para mí los avances están claros, aunque no dejo de reconocer que hace falta mucho camino. Si leemos el ensayo notaremos ese salto cuantitativo, pese a que hay veces que del cualitativo tengo mis dudas. «Desde la antigüedad más clásica, las mujeres no tenían acceso a la alfabetización», comenta la profesora colaboradora de los Estudios de Artes y Humanidades de la UOC Montserrat Gatell. Algo que también veremos reflejado en el pensamiento de Virginia. Ahora tenemos el derecho a esa alfabetización y la obligación de hacer un uso y aprovechamiento adecuado de estos derechos. Aun así, me da la sensación, de que vamos andando hacia atrás, como los cangrejos.

    Me gustaría volver a tratar más a fondo el tema que se trata en Una habitación propia, aunque hoy mi intención es solo recomendarte que aproveches y te acerques a este clásico. Puede que en un principio te resulte diferente a todo lo leído hasta ahora y por ello te suponga alguna dificultad. Así que te aconsejo que no te lo leas de un tirón, sino que lo hagas de forma pausada y que vayas cogiendo apuntes. La forma de escribir de esta autora es un poco caótica, plasma mucho sus pensamientos, por lo que puede parecer que se pierde el hilo. Tengamos en cuenta que no es una narrativa a la que estamos acostumbrados.

    • Ernest Hemingway, A propósito de la escritura.

    Otro autor que vengo a animaros a leer es a Hemingway, si bien no una de sus conocidas novelas, sino un breve ensayo titulado A propósito de la escritura. A lo largo de su carrera, sostuvo que hablar de la escritura daba mala suerte: «si la enseñas o hablas de ella, quita lo que sea que tienen las mariposas en las alas y estropea el dibujo de las plumas del halcón», decía.

    Pese a esta creencia, al final de su vida había hecho justamente aquello que había querido evitar. En sus novelas y sus relatos, en las cartas a sus editores, amigos, artistas y críticos, y en los artículos que por encargo, a menudo hablaba de la escritura. Y trató sobre el tema  de una forma tan extensa e incisiva como cualquier otro autor.

    Este libro contiene sus reflexiones acerca de la naturaleza del escritor y de los elementos que conforman su vida, incluidos consejos precisos y útiles referentes al oficio, hábitos de trabajo y disciplina. En ellas, la personalidad de Hemingway se hace patente en forma de sabiduría general, ingenio, humor y entendimiento, así como en su insistencia respecto a la importancia de defender la integridad del escritor y su oficio.

    Sus consejos valen más que muchas horas pasadas en un taller de narración creativa. La concisión, el trabajo incansable, hablar de lo que uno conoce, la alerta sobre la inventiva gratuita, quizás también sobre usar la literatura como agenda para lograr la notoriedad y el éxito; todos habrán de servirte en el futuro.

     En la antigua Roma, cuando un general o emperador celebraba un triunfo, siempre tenía a un esclavo detrás de él, sujetando la corona de laurel y susurrando al oído: Recuerda que eres mortal. Algo que también nos recuerda Hemingway en sus palabras.

    El texto está formado por una serie de reflexiones, unas abarcan unas pocas líneas y otras son un párrafo que ocupa casi una página entera. Todas ellas han sido recopiladas con gran dificultad porque estaban repartidas entre las cartas a sus editores, amigos, artistas y críticos y en los artículos que le encargaron. Se podría pensar que si están sacadas de contexto no serían válidas para el escritor de hoy en día; nada más alejado de la realidad. Sus enseñanzas, pese al paso del tiempo, siguen en vigor.

    Voy a intentar hacer un resumen con lo que creo que pueda serte válido, sin por ello dejar de recomendarte que leas la obra completa, porque, al final, cada lector acabará sacando sus propias conclusiones y aumentando, de forma privada, la lista de recomendaciones.

    Uno de los consejos más importantes, reproducidos abajo, es “No escribas por dinero”, aunque a veces se deba romper esa regla. Lo que va detrás de esto es que nunca pierdas tus objetivos por percibir dinero, no dejes tus inquietudes y, siempre, dedícale tiempo a tus ideas.

    1. Nadie trabaja todos los días durante los meses de calor sin ponerse rancio: hay que tomarse el tiempo de asearse y vivir un poco, no ser un zombi de lápiz y papel (o no quemarse las retinas frente a la computadora), el mundo más allá del papel, tiene posibilidades que solo puedes explotar si sales y vives un rato. La experiencia personal es lo que llena páginas y te evitará el bloqueo.

    2. No crees personajes, crea personas comunes en situaciones no tan comunes.

    3. Los personajes deben ser tan auténticos que den la sensación de que lo que se narra pasó en realidad. Deberán estar proyectados desde el corazón, desde la cabeza, desde el conocimiento, desde la experiencia acumulada del propio autor.

    «La buena escritura es la veraz. Si se inventa una historia, su veracidad será proporcional al conocimiento que tenga de la vida y dependerá de lo meticuloso que sea; cuando inventa, debe hacerlo como si fuera cierta».

    4. No se deben recargar las tramas de palabras resonantes, ni crear personajes tan increíbles que ni al autor convenzan.

    5. Nunca sé lo que va a suceder en una novela, a medida que avanza pasa lo que tiene que pasar.

    6. Todas las historias que continúan lo suficiente terminan en la muerte: ésta es pues una premisa ineludible tanto para el lector como para el escritor, no se puede narrar la historia de la vida sin la antagónica muerte acercándose más y más conforme se alarga el propio relato.

    7. No puedes vivir de espaldas a la realidad social de su época.

    8. Releer una y otra vez, cientos de veces, y mejorarlo. Hemingway dejaba sus libros terminados dos o tres meses para retomarlos luego y corregirlos con cabeza fría, libre de influencias, y con nuevas ideas.

    9. El autor debe alejarse de las preocupaciones cotidianas para escribir. Su mesa de trabajo es un lugar tan lejano en la memoria y la imaginación, que sólo el autor —y quienes lean su obra— alcanzarán a vislumbrarlo.

    10. Tu vida será solitaria, no esperes rodearte de multitudes que alaben tu trabajo. Nada te asegura el éxito instantáneo. Las grandes obras universales se descubrieron muchos años después de la muerte de sus autores.

    11. Transformar la soledad en algo positivo te ayudará a enfocarte en lo que quieres plantear y a dónde quieres llegar.

    12. No te rindas. No te conformes.

    13. Comer bien para que el hambre no te interrumpa el trabajo.

    14. No escribas por dinero.

    -Dese cuenta de que convertimos a nuestros escritores en algo muy extraño.

    -No le entiendo.

    -Los destruimos de muchas maneras. Primero económicamente. Ganan dinero. Sólo por casualidad un escritor gana dinero, aunque los buenos libros siempre acaban dando dinero. Cuando nuestros escritores ganan, un poco de dinero, aumentan su nivel de vida y quedan atrapados. Entonces tienen que escribir para mantener sus casas, a sus mujeres, etcétera, y acaban escribiendo bazofia. No es bazofia porque lo hagan a propósito, sino porque lo hacen con prisas. Porque escriben sin tener nada que decir o sin agua en el pozo. Porque son ambiciosos. Luego, una vez se han traicionado a sí mismos, lo justifican y producen más bazofia».

    A propósito de la escritura, Ernest Hemingway.

    15. Estudia a fondo el diccionario.

    16. Evita el uso de adjetivos, sobre todo los extravagantes como «espléndido, grande, magnífico, suntuoso».

    17. Un autor, si sirve para algo, no describe. Inventa o construye a partir del conocimiento personal o impersonal.

    18. Narra con frases breves. Comienza siempre con una oración corta. Utiliza un lenguaje vigoroso. Sé positivo, no negativo.

    Otros consejos de Hemingway fueron compilados por Larry W. Phillips en el libro Ernest Hemingway on Writing. Aquí te dejo  algunos ejemplos:

    1. Para empezar, escribe una oración verdadera

    Nuestro autor,  tenía un truco para vencer el horror de la página en blanco –o el bloqueo que tanto pavor  nos da— solía enfrentarse a un primer enunciado que le resultara verdadero, sin ornamento, ni pretensión. Una especie de primera sustancia de la cual todo lo demás podría desdoblarse. Este acto de sinceramiento resuena con el coraje característico de su obra.

    2. Siempre termina de escribir cuando aún sabes lo que sigue después

    Otra forma de evitar la parálisis y mantener la fluidez es detenerte antes de vaciarte, cuando todavía se pueden conectar las hebras. Algo similar a dejar la mesa de blackjack cuando estás arriba.

    3. Nunca pienses en tu texto cuando no estés trabajando

    No pensar en la historia que estás tejiendo mientras no la estás sobre ella, es un consejo muy propio de Hemingway, un hombre sin miramientos ni arrepentimientos, aunque también podría encontrarse en el zen. Para él, no tiene sentido pensar en otra cosa que no sea lo que estás haciendo. Si estás volcado en una historia es apropiado pensar solo sobre ella, si uno está acarreando agua entonces la atención debe de estar en acarrear agua. Además, como bien nota Hemingway: «De esa forma tu subconsciente trabajará en ella todo el tiempo». Y tener al subconsciente, la parte más poderosa de nuestra mente, trabajando en nuestra trama es algo que puede ser muy provechoso.

    4. Cuando reanudes el trabajo inícialo leyendo lo que has escrito.

    De nuevo una joya de sencillez. Para mantener la continuidad es lógico releer y corregir en ese momento. Después, retomar la historia y seguir con ella. Cuando esta es muy larga, simplemente lee los dos últimos capítulos.

    5. No describas una emoción, hazla.

    Otro consejo poderoso que aplica para todas las artes. Aquello que sentimos con mayor fuerza –lo emocional– suele experimentarse de manera inmersiva, no descriptiva. En esos momentos  en los que nos arrastran las pasiones no nos detenemos a contarnos qué es lo que está sucediendo. Es la actividad creativa, es importante insertar un proceso emocional, sin tener que revelar que un personaje está sintiendo tal o cual. Esto se debe percibir dentro del contexto, lo inefable.

    6. Usa un lápiz.

    Para el trabajo más superficial, como redactar una carta o u un artículo de revista, Hemingway usaba una máquina de escribir. Pero para su trabajo creativo utilizaba un lápiz. Además del acto físico, más cercano al trabajo de un escultor, la practicidad de este autor es evidente: el trabajar con un lápiz da la oportunidad de mejorar un texto cuando este se pasa a máquina.

    7. Sé breve.

    No podía faltar dentro del canon de este autor, quien consideraba (un tanto en broma) su obra maestra un cuento de seis palabras, la brevedad.  Siempre enarboló el decir más con menos.

    Como habrás observado, cuando he dado consejos en mi blog, he buscado lo que dicen los que me han precedido y considero que son dignos de ser tenidos en cuenta. Si me vas siguiendo te habrás dado cuenta que todo lo que recomiendo son los pilares básicos para funcionar en este oficio.

    Espero que te animes a leer a ambos autores que creo que te sorprenderán.

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    Las ocho P y un exordio

    Exordio: prefacio, prólogo, preludio, preámbulo, prolegómenos, previo y proemio. A fin de cuentas: preliminares.

    Así es de rico el castellano, a la vez que amigo de hacer juegos de manos. Pueden parecer sinónimas pero no todas lo son. En realidad, te diría más bien de que son primas, algunas cercanas y otras lejanas, pues su etimología puede ser latina o griega y no es lo mismo, aunque nuestro cerebro tienda a simplificar y quiera equipararlas. Como escribe mi colega Héctor H. López en su entrada, https://yatengounaedad.wordpress.com/2023/11/18/la-eleccion-de-las-palabras/, esto iría de connotaciones y denotaciones, pero a mi manera.

    Al igual que el sexo necesita su preámbulo (del latín ‘praeambŭlus’: que va delante) siendo conocido como preliminares (aquellas caricias, besos y otros juegos de índole erótico-sexual que se llevan a cabo para ir aumentando la libido y excitación), una obra literaria también puede requerirla como modo de enganchar al lector con las primeras líneas, poniéndole en antecedentes de lo va a leer. Podríamos decir que es un aperitivo si nos colocamos en un escenario culinario.

    La lista de opciones es amplia:

    • Prefacio: lo que se dice delante (latín).
    • Prólogo: texto introducido que da paso a una obra escrita, cuyo origen es griego.
    • Preámbulo: lo que va delante (latín)
    • Preludio: aquello que precede y sirve de entrada. Se usa más en la música. Su origen también es del latín.
    • Preliminares: su significado sería «antes del umbral» o «puerta de entrada», de etimología latina.
    • Prolegómenos: introducción al texto (griego).
    • Proemio: poema o canto que precede y que, por lo tanto, es más propio de la poesía.
    • Previo: que va delante o sucede primero, aunque también significa preparatorio.

    Hace unos días vi un directo en el que se hablaba de la importacia o necesidad del uso del prólogo al inicio de una obra literaria y, al final, si no tienes claro de que va la película acabas haciéndote la picha un lio, como diríamos en Cádiz. No se habla tanto de la necesidad de que un libro la tenga esa estructura, ni si es algo que sea o no del gusto del lector; sencillamente son técnicas literarias que pueden servir al autor, como ya he comentado, para poner en antecedentes de la historia.

    A mí me gusta hacerlo en mis novelas pues sé que las primeras líneas son fundamentales para atraer al lector y dejarlo enganchado. Por ello mis prólogos son introducciones que tratan de sorprender e intrigar a todos los que inician la lectura.

    En el caso de mi última novela comencé con un entierro en Escocia para que suscitara toda una serie de preguntas al lector: ¿quién era el difunto? ¿cómo había fallecido? ¿quién narraba la escena? ¿quiénes eran los personajes que sufrían el duelo, y en qué medida?

    Vivo en las Tierras Altas, en Ardersier, muy cerca de Inverness, donde tengo mis negocios. De niño y en mi adolescencia pasaba las vacaciones en casa de mis parientes, en Blackford, por lo que me resultaba fácil tener relación con los McFarlane. Allí, al final, todos somos parientes de una u otra forma y, al ser el pueblo bastante pequeño, acabamos yendo a los mismos sitios. Blackford tiene lo justo y necesario para vivir bien: su calle principal con sus dos iglesias, un colegio, un hotel, una embotelladora y una destilería donde trabaja buena parte del pueblo, una panadería que llevan mis tíos desde que se afincaron definitivamente allí tras heredar el negocio familiar y el típico pub que puedes encontrar en cualquier rincón de Escocia; el lugar donde se junta la gente cuando acaba de trabajar y que es donde se hace la vida social. Pero con el paso del tiempo mis visitas se fueron espaciando, aunque hoy estoy de nuevo aquí. Llevo varios días acompañando a mi tía para conocer el estado de Meisie, hija del señor McFarlane, y de su nieto Ian, pues tuvieron un accidente en la carretera camino de Glasgow. Todos los comentarios apuntan a una mala maniobra que provocó que se saliera de la carretera, con tan mala fortuna que un árbol se cruzó en el camino del vehículo. Ambos llegaron con vida al hospital. Sin embargo, el nieto que conducía falleció en el quirófano. Ahora me he enterado de que la hija de Craig, pese a todos los esfuerzos de los médicos, no ha logrado sobrevivir.

    Taylor, Gaby. Unidos por el pasado (p. 4). Edición de Kindle.

    Este sería el prólogo o prefacio al que estamos acostumbrados la gran mayoría de los lectores. Con el mismo nombre tenemos otra forma de iniciar una narración, aunque tiene un matiz que le da el toque diferenciador. En este caso es poner al lector en antecedentes de quién es el escritor, su intencionalidad a la hora de plasmar el escrito y su trayectoria literaria. Aquí entra en juego que el prologuista sea un autor con cierto renombre dentro del mundo de las letras. Sé que hay personas que esto no lo valoran e incluso dicen que nunca leen los prólogos de ese tipo, pero otro gallo cantaría si mi novela la prologara Cesar Gellida. Puede que como lector te importe un bledo, pero el empujón que da un padrinazgo de ese calibre no tiene color.

    Otro caso que llamó mi atención es el de El nombre de la rosa, donde encontramos un exordio cuyo objetivo es atraer la atención y preparar el ánimo. Ahí, Umberto Eco nos habla del hallazgo del manuscrito y lo hace con tanta credibilidad que hoy en día hay quien lo busca como si fuera real. Tras unas notas donde aclara un poco su estructura, pasa a un prólogo ya narrado por uno de los protagonistas de los hechos, Adso de Melk, muchos años después de todo lo que se nos va a relatar.

    Si has leído El Quijote te habrás topado con la captatio benevolentiae, una fórmula muy usada en los escritos de esa época. El autor pide al público que sea comprensivo con él y con su obra, pues a pesar de sus imperfecciones lo ha hecho con buena voluntad. En el caso de Cervantes se intuye otro propósito. Tras sus lineas se adivinan las tensiones propias del mundillo literario coetáneo: parece ser una indirecta contra un Lope de Vega que hacía un uso poco discreto de estos adornos y del que se conserva una carta, nada amena, en la que se refiere a las dificultades que conoció su rival en la búsqueda de plumas dispuestas a encomiar su libro. ¿No te suena? ¿Pensabas que esos dimes y diretes eran exclusivos de la actualidad? Yo os recomiendo su lectura pausada, porque tiene miga y nos demuestra la sorna que destilaba.

    Como puedes ver hay muchas opciones y a cada cual más variada, pero se resumen en dos realidades:

    • Una introducción que pone al lector en antecedentes y con ganas de saber más.
    • Una explicación sobre la intención del autor con su obra y un breve recorrido por su trayectoria, pero no para destacar sus publicaciones anteriores, sino, más bien, mostrar el camino interior que surge a través de sus letras.

    Creo que ambos modos de iniciar una obra pueden ser útiles para entender qué hay detrás de las páginas de un libro, cuáles son los intereses del creador, cuál es la intencionalidad que subyace y revelan los personajes. Eso sí, no hace falta que detalléis ciertos aspectos de vuestra vida personal si no estáis muy seguros de que el día de mañana esas relaciones se vayan a mantener, algo así como con las dedicatorias o los agradecimientos.

    A modo de final, añadiré que otro día lo mismo me dedico a hablar de los epílogos que me he encontrado en algunas novelas. Desde aquel que no ha sido escrito por el autor a aquellos que en pocas páginas tratan de tapar todos los agujeros, incoherencias y cosas raras que se encontraban a lo largo de la narracción.

    Aunque, para cosas raras, recuerdo aquella vez que vi en Facebook a una autora que iba recabando los nombres de otros autores y lectores para añadirlos a su lista de agradecimientos, llegando a juntarse con más de un centenar. No sé si su idea era aumentar el número de páginas para sumar ingresos en la lectura del Kindle Unlimited o que hubiera muchos posibles compradores azuzados por ver su nombre incluido en dicha lista al final de la obra. Fue durante un tiempo chascarrillo malintencionado en las redes. Está claro que cada uno puede gestionar su trabajo como quiera, aunque son formas que al final denotan poca seriedad.

    Y ya está el mundillo raro como par no ser serios, ¿verdad, Lope?

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    Los tópicos en la novela negra

    El término vintage está a la orden del día en muchos espacios de nuestra vida. Tanto es así que incluso lo he encontrado en los géneros literarios y te preguntarás: ¿cómo es eso posible?

    Lo vas a entender si miras a las obras clásicas de toda la vida, los que denominamos como autores imprescindibles, las novelas básicas de cada género (que por regla general suelen datar del origen de los tiempos). Así podemos descubrir que las novelas están influenciadas por lo vintage a través de los tópicos. Son puntos básicos, predecibles, pero que funcionan y se repiten una y otra vez..

    ¿Cuáles son los estos estereotipos?

    • Los protagonistas son gente corriente, con lo que puede considerarse que están desvalidos.
    • Los antagonistas son dominantes.
    • Abundan lo que se denomina cliffhanger, o lo que es lo mismo, un recurso narrativo que consiste en colocar a uno de los personajes principales de la historia en una situación extrema al final de un capítulo o parte de la historia, generando con ello una tensión psicológica en el espectador que aumenta su deseo de avanzar en la misma.
    • Mucho suspense.
    • Una acción trepidante.
    • Hay muchas cosas en juego.
    • Múltiples puntos de vista del narrador.

    El cliffhangers no es algo que sea nuevo en la literatura. En realidad este recurso aparece la primera vez en una novela serializada, A blue eyes, de Thomas Hardy, que se publicó entre 1872 y 1893.

    Estos clichés estarán bien planteados si se les aplica un giro inesperado que logre funcionar o, incluso, se utilizan actualizándolos, siempre y cuando se sea capaz de justificarlo dentro de la historia. Esa es la manera de mantener la verosimilitud y diferenciarte frente a otros autores. Hay que darse cuenta de que, como en todos los géneros, hay unos límites que no se puede traspasar. Una novela romántica deja de serlo si el giro que quieres darle, para que impacte al público, se basa en matar a uno de los dos protagonistas: se transforma en un drama.

    Si piensas en una película de piratas te viene a la cabeza Piratas del Caribe, pero tambien puede serlo La guerra de las Galaxias o incluso si es una del Oeste podemos verla reflejada en esta saga o en la serie Mandalorian.

    Un claro ejemplo de este tipo de tópicos actualizado lo tenemos en la historia de un joven granjero huérfano que quiere vengar el asesinato de sus tíos y la destrucción de su hogar. Pero estos hechos no transcurren en las praderas de EE.UU., sino en un planeta de una galaxia muy lejana llamado Alderaan. Luke Skywalker, deberá enfrentarse para cumplir su venganza no a los simples pistoleros a sueldo de un malvado cacique, sino a los soldados de la tropa imperial que domina la galaxia y al mismo Mal, representado en la figura del cyborg Darth Vader (La guerra de las galaxias). El giro lo tendríamos al descubrir que ese mismo cyborg es su padre.

    A veces es mejor partir del tópico que llegar a él.

    Alfred Hitchcock

    Dentro de la literatura actual vemos algo similar en la Trilogía de Baztan, de Dolores Redondo. En ella, la autora nos trae entre sus páginas leyendas y tradiciones ancestrales de los valles navarros. Nos acerca el conocimiento del pasado incrustando este en hechos acontecidos en la actualidad y que crean la atmosfera necesaria para el desarrollo de la trama. Algo parecido hace la autora que os voy a recomendar esta semana. Ella nos trae del pasado griego una historia de mitos y la actualiza en un thriller donde encontraremos los puntos que he comentado con anterioridad. Juega con tradiciones, que implanta en la actualidad, creando el ambiente propicio para que conozcas el modo de manejar de manera adecuada este tipo de recurso literario.

    Una recomendación en el fin de semana de las librerías

    Te suelo recomendar novelas que me leo a lo largo de la semana, aunque hay veces que las guardo en mi estantería hace tiempo. Esta la tengo desde hace un año y hasta ahora no había encontrado el momento. No sé si te pasa a ti que tienes días para un tipo de novelas y para otras no encuentras el hueco para disfrutarlas. En este caso llegó ese rato para leer el libro del que te voy a hablar y que cayó en mis manos por una costumbre que tengo desde hace un tiempo. Se trata de que cuando viajo suelo acercarme a una librería, de esas que llamamos de toda la vida, y pido algún thriller de un autor local y que no sea alguien muy reconocido.

    Hoy os presento a una joven autora burgalesa que cuando me acerqué a la librería de El Espolón, en pleno paseo del mismo nombre, el librero me la recomendó. Lo gracioso es que, el primer libro que me animó a adquirir fue el de mi amigo cañailla, Daniel Fopiani, El corazón de los ahogados y no pude evitar sonreírme. Tras agradecérselo, y comentarle que no era eso lo que buscaba, me mostró la novela de Casilda G. Forné.

    https://www.instagram.com/c.g.forne/?hl=es

    Empezó a escribir a los once años, pero hasta que su chico no insistió no se animó a publicar. La musa olvidada es su última novela, que yo sepa, pero ha publicado dos anteriores: Rainboweyes. Lo que tu mirada esconde ―novela negra― y Diario de un cuervo ―misterio―. También ha publicado dos libros de poesía: La niña que escuchaba la lluvia y De la vida y otras dulces mentiras. Ha ilustrado varios cuentos infantiles: La princesa Letavia, Los tres lobitos y los Reyes Magos y Los viajes de la princesa Letavia. Inquieta por naturaleza, vivió en Inglaterra, pero sus pasos la han devuelto a su Burgos natal. Sus hobbies se reparten entre partidas de rol (creo que de ahí viene su interés por la mitología, o puede que sea al revés), cómics, maratones de series y libros, pero sobre todo promete seguir escribiendo y seguir publicando.

    Sonia es feliz viviendo en un micropiso en la gran ciudad, pero, de pronto, Sara, su madre, urbanita trotamundos y fotógrafa de éxito, recibe como herencia un molino perdido en el último rincón del mundo ¡y decide unilateralmente mudarse allí! En su nuevo hogar ―sin amigos, calles abarrotadas de tiendas ni wifi― Sonia descubrirá que hay cosas mucho peores que quedarse sin Netflix. ¿Por ejemplo? Descubrir el oscuro origen del gran éxito de su madre. Mentiras, traiciones y verdades crueles se mezclan en un lugar en el que, si algo te ocurre, nadie te oirá gritar.

    ¿Qué harías si tu propia madre rindiera culto a una diosa vengativa que precisa de tu carne para seguir existiendo?

    Me he sentido gratamente sorprendida con La musa olvidada y puedo ponerla como ejemplo de un trabajo en el que los giros y una trama original sustentan una buena historia. Aunque la protagonista sea una chica joven no nos encontramos ante un relato de literatura juvenil, es apto para un público más adulto y que quiera pasar un rato de miedo durante este mes de noviembre, tan propio para los trucos o los tratos.

    Casilda nos envuelve en un ambiente angustioso donde no hay salida, su protagonista se encuentra sola y podríamos decir que durmiendo con su propio enemigo, al que logra mantener a raya a duras penas. Vemos cómo logra sustentar el entramado solo con cuatro personajes que desarrollan directamente la acción aunque se hable de otros del pasado que no son más que el hilo conductor que nos da las explicaciones necesarias para entender qué es lo que está viviendo Sonia.

    Una historia inquietante que nos habla de la ambición humana, de cómo por conseguir nuestros deseos, aunque estos sean oscuros, somos capaces de traicionar y ser desleales con quién jamás lo debimos ser.

    Hablando con un amigo sobre la grata impresión que me ha causado esta lectura iniciamos una conversación sobre un término griego que puede que venga mucho al caso. La hibris (en griego antiguo uẞpic hybris) que es un concepto griego que puede traducirse como ‘desmesura’ del orgullo y la arrogancia. No hace referencia a un impulso irracional y desequilibrado, sino a un intento de transgresión de los límites impuestos por los dioses a los hombres mortales y terrenales. En la Antigua Grecia aludía a un desprecio temerario del espacio personal ajeno unido a la falta de control de los impulsos propios, siendo un sentimiento violento inspirado por las pasiones exageradas, consideradas enfermedades por su carácter irracional y desequilibrado, y más concretamente por Ate (la furia o el orgullo). Como reza el famoso proverbio antiguo, erróneamente atribuido a Eurípides: «Aquel a quien los dioses quieren destruir, primero lo vuelven loco»

    Casilda nos recordó ese concepto clásico en la historia de la musa Orbaria, una hija de Zeus inventada por la imaginación de la escritora, hilo conductor de la historia. Presiento mucho interes, cariño y busqueda de la mitología griega detrás de la aventura de Sonia, la protagonista. Hoy en día encontrar a una jóven autora que se anima a adentrarse en este tipo de aventura literaria a la que intuyo un futuro interesante, me alegra. Y más si cabe este fin de semana en el que se celebra el día de las librerías.

    Espero que existan muchos lectores que se animen a hacer como yo. Buscar a autores locales no tan reconocidos y animarse a promocionar la calidad local y el buen hacer.

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    La esperanza de vida de nuestras bibliotecas

    Esta semana se ha celebrado el día de las bibliotecas y aunque no he hecho referencia en mis redes sociales al tema, ya tenía previsto desde la semana pasada esta entrada que te presento hoy. Esta vez lo que me preocupa es la esperanza de vida de esos espacios culturales, ya que nos encontramos en plena época de digitalización de muchos aspectos de nuestra vida, incluidos los libros, y quería conocer como está repercutiendo este hecho en los lectores.

    Te voy a poner un texto que he sacado literalmente de la última novela que he leído. Es un texto largo y aún así creo que vale la pena dedicarle un poco de tiempo a su lectura y reflexionar sobre lo que cuenta:

    —Yo solo había estado en dos bibliotecas en mi vida. La del Colegio de la Santa Cruz de Valladolid y la del Escorial. Y esas dos porque nos llevaron en excursiones de la escuela. El concepto que me hice de una biblioteca después de esas visitas y de mis lecturas, fue el de lugares sagrados, templosde sabiduría donde reinaba el silencio y el respeto, donde se cimiento y se mascaba cultura. Cuando entré en la biblioteca de Valladolid para presentarme como nuevo trabajador, el contraste entre mis ideas y la realidad no pudo ser más brutal. Gente en cualquier sitio con un runrún maleducado de personas charlando por todas partes. Grandes colas para prestarse o devolver los libros. Las estanterías revueltas por manos irrespetuosas. Un follón, vamos. No sabía bien qué era una biblioteca apellidada pública. Al parecer, los dirigentes de este país habían lanzado la consigna de «democratizar la cultura».

    Le advierto, inspectora, que democratizar es un eufemismo que usan los mediocres políticos españoles cuando quieren decir vulgarizar. Había libre acceso a los fondos, cada uno rebuscaba entre las estanterías y se llevaba a casa lo que le apetecía hasta un número determinado de documentos. Pasa- ban a prestarlos y tenían un plazo para su devolución. La democratización cultural de la biblioteca la transformó de templo del saber en un vulgar centro comercial, solo que mucho más barato. Así la biblioteca se convirtió en una librería ¡gratis!, la fonoteca en una tienda de discos ¡gratis!, la videoteca en un videoclub ¡gratis! Y la hemeroteca en un kiosko ¡gratis! Las auxiliares de biblioteca, que estaban encargadas de prestar y recibir las devoluciones con sus pistolas lectoras de códigos de barras, eran meras cajeras de super- mercado y los ordenanzas, como yo, simples reponedores de mercancías. Al ser todo ¡gratis! No se podían contabilizar los beneficios en dinero, así que se contabilizaban en préstamos realizados.

    Nuestra biblioteca siempre estaba entre las tres primeras de España en beneficios, o préstamos. El problema de este tipo de bibliotecas es el espacio. A diario entraban remesas de títulos nuevos y había que hacerles sitio, lo que en ese mundo llamamos expurgo. Se retiraban libros de la vista del público y se guardaban en un depósito, por si algún antojado los pedía. ¿Qué criterio se seguía para estos expurgos? Por supuesto un criterio comercial. Los libros con menos préstamos de cada sección eran exiliados al depósito para dejar sitio a los nuevos títulos. Así, por ejemplo, en Psicología, muchos ejemplares de venerables maestros como Lacan, Jung, Piaget o Laing, se fueron para que sus lugares en las baldas los ocuparan los libros de autoayuda, que en esa época hacían furor, de Osho, Chopra o Marinoff. Más de la mitad de los «Diálogos» de Platón corrieron la misma suerte en Filosofia, así como grandes obras de Schopenhauer, Hume, Hegel o Kierkegaard. La gente no los leía. Cuando a Le Clézio le dieron el premio Nobel de literatura, vergonzosamente no teníamos ni una sola de sus obras expuestas al público, tuvimos que bajar apresuradamente al depósito a buscarlas, cambiarlas el tejuelo y rehabilitarlas. Con esta democratización cultural los productos que más prestábamos eran los cómics y las novelas rosa. Los libros de Danielle ocupaban un cuerpo entero de estanterias, los de Fedor Dostoiesvski no llenaban ni una balda.

    El negocio iba viento en popa. Mis compañeros y yo, que pertenecíamos al estatus más bajo del escalafón bibliotecario, nos pasábamos el día colocando, dentro de aquel desbarajuste, como buenamente podíamos el aluvión de libros que devolvían los usuarios. Hasta que llegó internet. Internet ofrecía lo mismo que nosotros, y mucho más, y lo hacía al mismo precio ¡gratis! Con las ventajas de que no había que trasladarse hasta la biblioteca, ni consultar los anodinos catálogos, ni buscar las referencias en las desordenadas estanterías, ni guardar colas para el préstamo, ni para la devolución, no había que estar pendiente de la fecha de vencimiento y no había límite de documentos a prestar. No había más que sentarse cómodamente en casa y dar un par de clics al ratón. A medida que avanzaba la implantación de internet en los hogares vallisoletanos, los beneficios en préstamos de la biblioteca iban cayendo. Y fue muy rápido. En un par de años vimos que no éramos competencia para ese monstruo invasor. Caíamos en picado, entrábamos, por así decirlo, en pérdidas y la institución estaba al borde de la quiebra.

    Al director de la biblioteca no se le ocurrían ideas con las que frenar la hemorragia de préstamos, así que fue cesado y sustituido por otro con nuevas ideas. Curiosamente siguió una de las máximas de los antiguos cínicos griegos encabezados por Diógenes, «cambiar la moneda en curso». Si en préstamos ya no somos rentables busquemos una nueva moneda en la que sí lo seamos. Esta moneda fue el número de usuarios que acudían a la biblioteca cada día. No importaba que no se prestasen libros, ni discos ni deuvedés. Lo único que importaba era que fuese gente. Se dispusieron unos contadores electrónicos de personas en la puerta del edificio y se crearon clubes de lectura. Había unos cuantos de novela, otro de poesía y otro de cómics. Se crearon talleres de lectura en voz alta, de escritura creativa, de iniciación a las redes sociales, también había un club de cine y otro de flamenco.

    El auditorio, que prácticamente no había sido utilizado en la anterior etapa, se desempolvó y en él se ofertaron proyecciones de cine, obras de teatro, conciertos de música clásica, conferencias y presentaciones de libros, normalmente de escritores que se autoeditaban. La biblioteca no recuperó el esplendor perdido de los préstamos, pero con nueva moneda remontó algo el vuelo y ofreció números que la sacaban de la ruina. Las salas clásicas donde estaban los libros o los audiovisuales estaban casi siempre vacías, pero el auditorio y los clubes y talleres funcionaban de maravilla. Para au- mentar el beneficio se ofertaron también productos para niños, siempre es bueno cuidar la cantera, y se les llenó de cuentacuentos, títeres y juegos. Es decir, la biblioteca que se había trasformado en centro comercial ahora era un puto centro cívico. Y yo de reponedor pasé a ser tramoyista.

    Cuando me marché acababan de abrir talleres de ganchillo, encaje de bolillos y punto de cruz y clases de yoga y zumba, y tenían proyectado crear una ludoteca con mesas para jugar al ajedrez, a las damas, al parchís, al do- minó, al tute y al mus. Menos mal que me jubilé antes.

    —Parece usted resentido con sus jefes.

    —No, no lo estoy, aunque a mi parecer son unos cobardes.

    —¿Por qué cobardes?

    —Por no atreverse a defender el libro y la biblioteca como valor intrínseco. Entiendo que yo solo soy un ignorante del tema y que ellos tienen sus carreras universitarias, sus estudios de Biblioteconomía, han asistido a congresos, cursos y seminarios y están suscritos a revistas especializadas, por lo que seguro que saben bastante más del asunto que yo. Pero para esos cojones que hubieran ofertado chorizos y salchichones gratis, que también son parte de nuestra cultura, y hubieran tenido mucha más gente. Seguiría llevando el ilustre nombre de Biblioteca, aunque fuese una charcutería, igual que ahora se sigue llamando Biblioteca, pero no es más que un centro cívico de barrio donde los libros están como recuerdo y excusa, nada más. Quizás solo quizás, la imagen que usted tenía de las bibliotecas estuviese demasiado idealizada. Su biblioteca ideal es como una mujer ideal, una mujer con clase, con tanta clase que no necesita cambiar para estar siempre perfecta, una auténtica lady, y quizás, solo quizás, las bibliotecas públicas sean como las mujeres públicas, necesitan adaptarse a las cambiantes circunstancias que traen los nuevos tiempos, y si se tienen que depilar el coño se lo depilan, y si se tienen que poner silicona en las tetas pues se lo ponen, la cuestión es sobrevivir.

    —Quizás, solo quizás, lleve usted razón.

    El misterio del hombre que follaba bien de Juan Daza

    Situación actual de las bibliotecas

    La verdad es que cuando lo leí me sentí bastante identificada con el bibliotecario, aunque sin la carga sentimental que le supuso a él. En lo que se conviertan en el futuro las bibliotecas no es algo que me preocupe, no por ello voy a dejar de leer. Entiendo los motivos por los que cada vez las visitan menos lectores, por mucho que nos quieran engañar los políticos con los recuentos de visitas a sus instalaciones. Ya no se cuentan préstamos, como bien dice el personaje de la novela, sino solo usuarios que entran y que pueden ir a leer el periódico o a saludar a su amigo que trabaja como bibliotecario.

    Se ha hecho una encuesta para saber por qué cada vez van menos lectores a las bibiotecas: 7 de cada 10 personas afirma no haber ido a la biblioteca en el último año. Dato preocupante, más teniendo en cuenta que la mayoría de las bibliotecas están abiertas para todos los públicos. Pero… ¿cuáles son realmente los motivos por los que dichas personas no han ido a la biblioteca? ¿Pueden hacer algo las bibliotecas para que esto cambie?

    1. No tengo tiempo.
    2. No me interesa, no tengo costumbre de ir a la biblioteca.
    3. Consigo los libros por otros medios.
    4. Prefiero leer o estudiar en casa.
    5. Motivos de salud, estoy enfermo.
    6. No hay bibliotecas donde vivo.
    7. No encuentro los libros que me interesan en las bibliotecas. .
    8. No conozco ninguna. No sé dónde están.
    9. El horario no me conviene, me viene mal.
    10. No tienen buen servicio, hay malas instalaciones.

    Donde más éxito de usuario vemos que tienen son en sus salas de estudio. Allí suele haber complicaciones a la hora de que todos los estudiantes quepan en ellas y al final se tienen que ampliar en otros edificios creando espacios multiusos. Y de eso doy fe porque lo he vivido durante el tiempo que trabaje como bibliotecaria.

    ¿Cuál es tu opinión?

    Esta vez te dejo la cuestión en el aire para que seas tú quién saque conclusiones y analices en que postura te encuentras. Entiendo que la situación es compleja. Vivimos en un mundo de inmediatez, donde lo digital gana a lo analógico. España en el tema de la inversión cultural ni está ni se la espera. Las bibliotecas muchas veces mal viven y consiguen novedades gracias a las donaciones, ya que sus las partidas de presupuestos son excasas y hay que calibrar muy bien cuales son las novelas que se quieren adquirir para completar los fondos. Las novelas clásicas, si se leen, se puede hacer de forma digital. Muchas de ellas estan de libre disposición, e incluso en las CCAA hay la opción de una préstamo digital al que se accede si tienes el carnet de la biblioteca municipal de tu localidad. Así es normal que los usuarios no vayan a la biblioteca a buscar libros y estos edificios se hayan tenido que reciclar como espacios multiusos. ¿Se convertirán a la larga las bibliotecas en museos? Ahí te dejo la cuestión para que saques tus conclusiones.

    Ahora te voy a hablar sobre la novela de esta semana que me la recomendaron no tanto por la trama sino por la técnica de ejecución.

    El mejor thriller literario del año según The Guardian.

    «Tan dolorosamente humana que es imposible olvidarla.»
    Crime Monthly

    Duchess Day Radley es una joven de trece años que se autoproclama «proscrita». Las normas son para otra gente. Ella es la fiera protectora de su hermano de cinco años, Robin, y la figura adulta para Star, su madre soltera, incapaz de cuidar de sí misma y mucho menos de sus dos hijos.

    Walk es ahora el jefe de policía local, pero sigue intentando sanar la vieja herida de haber sido el testigo que tres décadas atrás mandó a prisión a su mejor amigo, Vincent King, que se dispone a salir de la cárcel. Y Duchess y Walk deben afrontar el problema que supondrá su vuelta.

    La trama de esta novela es interesante y el autor tiene la habilidad de llevarte por dónde quiere sin que veas la línea del horizonte. Nos pone a cuatro posibles asesinos y en dos giros finales te lo resuelve de forma magistral sin que te lo hayas visto venir. Pero lo que destacaría y por lo que me la han recomendado, es por su ambientación. Las localizaciones son un personaje más que incide en le caracter de los actores. Incluso, el escenario casi se acaba comiendo a la historia. Hay asesinato, posibles asesinos e investigación, pero todo queda diluido tras esta presencia que a veces los escritores no le damos importancia y es la clave de muchas historias. Eso ayuda al autor a que estés tan pendiente de esa atmósfera que oprime a la historia que cuando esta se resuelve te sorprendes. En este caso, da igual que en un primer momento sea un pueblo de la costa y más tarde en un rancho, el autor prima esos escenarios porque sin ellos los personajes posiblemente no existirían. Por supuesto, esto tiene un inconveniente, a veces la lectura se hace lenta y no es porque haya un exceso de descripciones, de esas a las que estamos muchos acostumbrados que detallan aspectos insignificantes e innecearios en la trama. Aquí todo tiene su razón de ser y es el hilo que te lleva hasta el final de la historia, algo habitual en la narrativa estadounidense de novela negra y thriller: una potente ambientación.

    Un tema interesante, según ciertos sectores críticos, es que con el auge de la novela negra y el thriller se está teniendo muy poco cuidado a la hora de escribir y elaborar tramas. Se hace hincapié en que la mayoría de las novelas de este género son costumbristas, con un investigador traumatizado que habla de sus penas. Algo que aquí no ocurre y por eso hace de esta obra una lectura recomendada por su originalidad dentro de lo que se pueblica en la actualidad.

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    Truco o trato: La inteligencia artificial

    Un tema candente donde los haya. De hecho hace unos días aprovechando mi visita al Sound Series Festival, calebrado en Cádiz, asistí a un encuentro en el que se desarrolló el tema de la Inteligencia Artificial usada en la industria de las series. Junto a eso también se habló de los derechos de autor y los efectos que este tipo de tecnología podía suponer en el día a día de la vida de los creadores.

    Entre los participantes disfruté de la presencia de Colman Gota, letrado de los servicios jurídicos de la SGAE; Guillermo Escalona, guionista y productor; Daniel Rubio Yagüe, profesor de la escuela de IA y Big Data. Toda la charla estuvo moderada por Rubén Gutiérrez, director de la Fundación SGAE.

    Me encuentro con el corazón partío en semejante situación, porque soy muy amiga de las nuevas tecnologías aplicadas a nuestra vida cotidiana. Una forma de poner motorcitos para facilitar nuestro día a día. Pero claro, a nivel creatividad y tal como está la cosa, es normal que haya muchas críticas sobre el tema y ahí es dónde más dudas nos surgieron a los guionistas, escritores y dobladores que estábamos presentes, una vez que nos explicaron al nivel que está el tema de la IA en la actualidad.

    Es cierto lo que dijo una amiga sobre esta nueva tecnología:

    A ver cuándo hacen un taller de la cada vez menos frecuente inteligencia natural.

    Carmen Moreno, Librería La Maga

    Esto viene a colación por la necesidad de tener un claro conocimiento de cómo funciona este tipo de programas. Para empezar, hay que disponer de una serie de conocimientos, empezando por las ventajas y los inconvenientes que tiene, a la hora de que los creativos comiencen a usar esta tecnología en sus trabajos.

    Las ventajas y los inconvenientes del uso de la Inteligencia Artificial

    Ventajas:

    • Capacidad de análisis de datos

    La IA puede analizar grandes cantidades de datos para encontrar patrones y tendencias. Esto puede ser útil para los creativos, ya que les permite identificar lo que funciona y lo que no en sus trabajos, y ajustar sus estrategias creativas en consecuencia.

    • Automatización de tareas repetitivas

    La IA puede automatizar tareas repetitivas y más aburridas, lo que permite a los creativos centrarse en el trabajo más interesante y significativo. Podría ser una herramienta interesante para emplearla en las comunicaciones con sus clientes, por ejemplo.

    • Investigación de audiencias

    La IA puede ser de gran utilidad a la hora de hacer una investigación previa antes de empezar a crear. Por ejemplo, a la hora de generar campañas publicitarias, podemos preguntarle a una IA sobre nuestro público objetivo y recibir información en cuestión de segundos.

    En general, la Inteligencia Artificial nos puede ayudar a acortar las fases previas a cualquier creación y centrarnos en el desarrollo de nuestras ideas.

    Inconvenientes:

    • Falta de originalidad

    La IA puede generar contenido creativo automáticamente, pero a menudo carece de la originalidad y la innovación que solo pueden ser proporcionadas por un ser humano.

    • Falta de sensibilidad

    La Inteligencia Artificial puede carecer de sensibilidad emocional y cultural, lo que puede resultar en un contenido insensible o inapropiado para una audiencia específica.

    • Incapacidad de autocrítica

    Los mejores artistas son los que son capaces de evaluar su trabajo y encontrar posibles mejoras, para así poder seguir evolucionando. Las máquinas no están dotadas de esa percepción artística que permite a los creativos encontrar los matices que marcan la diferencia.

    Cómo afecta la IA a los escritores

    Si has reflexionado un poco en las breves ventajas que te he expuesto, habrás deducido que para los escritores la IA no es una herramienta que sea útil, aunque no me creas, si piensas que con ella tienes más facilidad para escribir una novela. Pero antes de profundizar en este tema, te voy a dar una serie de informaciones que te facilitaran la comprensión del tema.

    Desde hace tiempo, la IA tiene en su base de datos toda la información que se encuentra en internet. Sí, tu libro, el mío, están ahí; nuestras fotos, estas opiniones que reflejo en mi blog, absolutamente todo está ya volcado en la memoria de estos programas. Algo confirmado por Daniel Rubio Yagüe, profesor de la escuela de IA y Big Data,con el que tuve el gusto de conversar sobre el tema. Si esa información no estuviera allí la IA no podría trabajar, pues su funcionamiento se basa en tener unas buenas fuentes de información y lo más completas posibles, para poder cruzar datos y crear lo que el usuario demande. ¿Qué ha ocurrido con eso? Os pongo un ejemplo. Para realizar la sinopsis de un libro, primero le tenemos que hacer una serie de preguntas lo más afinadas posible para que haga lo que le pedimos y no una lista de la compra. Para ello consultará desde, las obras clásicas que encajen en las cuestiones que le hemos hecho, hasta el artículo más peregrino que esté en su base de datos. Si queremos una sinopsis de novela romántica, por un suponer, buscará en Los puentes de Madison, pero también consultará los cientos de obras, llenos de errores y faltas, temas insustanciales y fallidos en su sintaxis, que muchos seudoautores han subido a las redes. Y no exagero. Nos comentaron que una empresa que ya tenía sus archivos con el volcado completo de información, al seguir volcando mucha de la mierda que hay en las redes, tuvieron que modificar el algoritmo porque cada vez que la Inteligencia Artificial utilizaba esas fuentes, bajaba su coeficiente intelectual, dicho para que nos entendamos todos, cada vez era más tonta.

    Esa es la parte negativa, pero que tiene una solución, diríamos que fácil, aunque este término pueda ser relativo. Lo que está claro es que la información, si se recoge de malas fuentes, hace que la IA acabe haciendo mal su trabajo, que lo que ocurra es que baje su precisión y por lo tanto el rendimiento. De hecho, autores que compartimos nuestras experiencias confirmamos que los textos que surgen son cascarones vacios que no tienen alma, lo que he puesto más arriba: poco originales y sin sensibilidad.

    ¿Nos tenemos que preocupar los escritores por las IA?

    Obviamente he leído, a lo largo de mi vida, libros poco originales e insustanciales, cuando todavía no existía la IA, por lo tanto en ese aspecto no me preocupo. Aunque se inunden los mercados con libros escritos de esta forma, los escritores no vamos a ser sustituidos de una forma tan sencilla. Solo que hay que adaptarse a los nuevos tiempos y sacarle partido, como se lo hemos sacado a otros programas y a la tecnología que nos rodea, aunque para eso tenemos que conocerla bien. Aquellas personas que tienen miedo a lo desconocido es porque no profundizan ni buscan entender y al final es una caza de brujas con su hoguera pertinente.

    Un campo dónde se ha visto muy útil, de forma fehaciente, ha sido en hayazgo arqueológico. Se descubrió en 1752 la única biblioteca de la antiguedad, en una villa denominada Villa de los Papiros, en la ciudad de Herculano. Entenderás que la biblioteca tenga una gran importancia tanto a los ojos de los arqueólogos como de los clasicistas. La exposición al gas volcánico y la ceniza significó que los rollos se convirtieron en bultos cilíndricos carbonizados. De hecho, los papiros se confundieron inicialmente con trozos de carbón o troncos quemados y su valor solo se reconoció más tarde. Este estado los preservó de manera efectiva, aunque al mismo tiempo, los hizo extremadamente difíciles de desenrollar.

    Se inventó incluso un «dispositivo de desenrollado», específicamente para desenredar estos papiros. Aunque el dispositivo logró su objetivo, siguieron siendo frágiles y el proceso llevó mucho tiempo. El primer pergamino tardó cuatro años en desenredarse. Para su lectura se han utilizado técnicas como los rayos x, pero es un proceso muy lento, hasta la llegada de la IA, que todo cambió. Te dejo un video sobre el proceso para que veas lo apasionante del proceso. https://youtu.be/QBc4oF7QU2o

    Una vez desenrollado el pergamino solo es cuestión de poner a la IA a trabajar usando sus conocimientos de textos antiguos ya traducidos. Tardará su tiempo pero va a ser un proceso mucho más rápido que el convencional que se estaba utilizando hasta ahora.

    ¿Dónde está el peligro en la IA?

    ¿Recuerdas la huelga de guionistas de cine que hubo hace unos meses en Hollywood? Si no es así te dejo un enlace para que conozcas los antecedentes del tema que hablo. https://www.eldiario.es/cultura/cine/huelga-guionistas-hollywood-logros-causas-pendientes_1_10548658.html

    Obviamente los guionistas no estaban dispuestos a ser sustituidos por IA y sobre todo, si esa IA es utilizada, había que tener claro a quién pertenecían los derechos de autor.

    El caso es que si el asunto de los guiones ha supuesto una piedra de toque, pisándole los talones viene el tema de los doblejes y de las imagenes. Con la IA se puede poner la voz de los actores e incluso su cara y su cuerpo y rodar una película virtual. Pero para colmo de males, es que en España existen los profesionales del doblaje. Por lo tanto no nos extrañe que pronto oigamos ruidos de sables dentro de estos profesionales ya que no están dispuestos a que sus voces sean capturadas por la IA y utilizadas en los doblajes de las películas.

    ¿Qué te quiero decir con esto? Sobre todo que, para los buenos profesionales de las letras, los que quieren tener un buen producto, bien corregido, con alma y con sentido, la IA será una herramienta más como puede serlo un corrector automático de texto, pero que no será el fin para escribir una novela. Para aquellos que plagian novelas, cogiendo aquí y allá, textos o, incluso, hacen trampas recopilando obras en otros idiomas, para traducirlas y luego se las adjudican, la AI será su nueva fuente para seguir engañando a los lectores, pero no a cualquier lector, sino a aquellos que no buscan calidad.

    Hoy os presento mi lectura semanal. No siempre tendré esta opción de poderos recomendar algo que haya leído, porque todo va a depender de mi tiempo, pero hoy que puedo, aprovecho. Se trata de la novela de Juan Daza, El misterio del hombre que follaba bien.

    Para vivir más de una vida hay que saltarse las normas.

    Hay quien, como Ana Taro, se toma la vida como un juego, quien, como Federico Valdepila, se la toma muy en serio y quien, como Julián el bibliotecario, está hasta los huevos de ella. Tan dispares personalidades tendrán que aunar esfuerzos para investigar la vida oculta de un agricultor fallecido un año antes. Sus indagaciones les llevarán, de sorpresa en sorpresa, por una irreverente trayectoria salpicada de intriga, sexo, humor y violencia, hasta descubrir el asombroso secreto que celosamente guardaba el difunto labrador.

    Una novela que me ha resultado muy entretenida. Conozco las localizaciones, ya que el autor es de Burgos y la mayor parte de su novela se desarrolla en un pueblo llamado San Martín de Rubiales, entre Peñafiel y Roa. Aunque la investigación nos lleve a otros lugares más alejados, ahí se inicia esta historia. Como novela de ficción, tiene algunos puntos que considero reiterativos, pero se pueden perdonar, porque es una manera de darle un toque de humor a una trama que, a veces, tiene su puntito de sadismo de la mano de la policía de turno, Ana Taro. Una investigadora que tiene unas formas nada convencionales de realizar su trabajo. Pero la historia no es del todo inverosimil y que maten por lo que lo hacen en la trama es lo más normal. El hilo conductor es la belleza y el sexo y cómo se asesina por mantener ambos en la vida de los personajes que serán investigados.

    El único inconveniente de este libro es que no podrás tenerlo en digital pero tuve la suerte de conseguirlo asistiendo a una presentación del autor, por lo que lo tengo dedicado. Ya tiene en su haber otra novela, donde el peso de la investigación lo lleva la misma policía y puede que me anime a buscarla, La venganza del hombre que no estaba.

    La novela la englobaría en la tendencia de los autores de escribir sus tramas moviéndose en el entorno que conocen. En este caso, al ser Juan Daza de Burgos, es en una localidad próxima dónde veremos que se desarrolla la mayor parte de la acción.

    Te animo a que busques, en los autores de tu localidad, tu género favorito y aproveches para conocerlos. Eso mismo hice yo con los autores de novela policiaca y thriller y estoy encantada con mi decisión. Cuando viajo fuera suelo ir a alguna librería, y pregunto por esos escritores, llevándome conmigo unos trabajos muy interesantes.

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    Aprendiendo idiomas

    Sabes que soy una buscadora nata y muy curiosa, por lo que puedo encontrar cosas muy extrañas en internet. Hoy traigo una que me llegó de casualidad y fue el hilo del que fui tirando, a fuerza de reflexión, para escribir la entrada de este domingo. Este fragmento me llamó la atención y traté de averiguar quién era el autor o autora y no lo he logrado, pero sí he leído lo que otros autores han reflexionado con él.

    Cuando una relación se rompe, muere un dialecto. Enamorarse reaviva la alegría infantil de inventar palabras, un Génesis verbal. Forjamos frases que evocan un recuerdo compartido, sobreentendidos, expresiones corrientes con sentidos ocultos. Ideamos apodos, inflexiones nuevas —nuestras—, claves imposibles de entender fuera del círculo mágico. Nos excita ser comprendidos solo por los más íntimos. Y cuando al amar vamos explorando un cuerpo aún desconocido, creamos, dando nombre a sus rincones, una cartografía física cuyos topónimos nadie más pronunciará […]

    Irene Vallejo Nájera

    Es cierto que al ser humano, cuando inicia nuevas relaciones sean amorosas o de amigos, lo que más le gusta es tener recuerdos que compartir a lo largo del tiempo. Para eso existen las reuniones dónde se comentan anécdotas y momentos que se han compartido, se intercambian fotos y se tiene tendencia a repetir cada cierto tiempo encuentros, si de lo que que hablamos es de amigos. Todo ello son detalles que tiene significado, un significado especial para esas personas. Durante el tiempo que dura esa relación uno de los pilares es un nuevo vocabulario que genera complicidad y confianza. Esas palabras o frases que cuando se pronuncian, ese entorno revive el momento en el que se dijeron por primera vez, y que solo un grupo reducido reconoce su verdadero significado. De palabras y situaciones han salido contraseñas que solo entienden los interesados, que han servido a lo largo de la historia como santo y seña para sacarnos de mas de un apuro y que hoy en día utilizamos para proteger nuestros dispositivos y para acceder a temas de nuestra vida privada (Apps, cuentas bancarias, archivos, documentos, etc.)

    Formaba parte de nuestro estar juntos el decirnos cosas que no siempre tenían
    sentido común, pero sí una importancia desbocada en cada palabra. Como si las
    palabras solo nos importaran por cómo sonaban.

    Un jardin al norte de Boris Izaguirre

    Incluso se inventan palabras nuevas que no tienen en realidad ningún significado si se buscan en la RAE pero que, puestas en contexto, sirven para lo que el autor, Boris Izaguirre, comenta en la cita que acabas de leer y que encontrarás en la novela de la que hablaré como lectura recomendada al final de esta entrada.

    Pero volvamos a la primera cita con la que he iniciado mi aportación semanal. La encontré en un artículo titulado Lenguas de fuego de Irene Vallejo Nájera, publicado en el Pais Semanal, y que me hizo reflexionar sobre esa realidad de que cuando las relaciones mueren, sea cual sea el tipo de relación, el vocaculario que se ha estado utilizando durante meses o años desaparece y no vuelve a hablarse más.

    Esas nueve palabras: cuando una pareja se rompe se muere un dialecto, que es la apertura de la cita, para mí fue aterrador y arrasador en el momento que capté su significado pleno. Léelo despacio, paladea cada palabra, incluso cada sílaba y asúme lo que quiere decir y llegarás a entender a que me refiero. ¿Quién no ha vivido una ruptura? Incluso, ¿quién no vive una degradación, dónde se han perdido aquellas bonitas palabras que se decían al inicio de la relación, porque en sí se está produciendo una corrupción del vocabulario?

    Has compartido y compartes una vida con tu pareja en la que vas creando un lenguaje que no se aprende en ninguna escuela. Hay una complicidad en la mirada, en los gestos, en los silencios, en el contacto físico, en la sexualidad… Cuanto más tiempo y más unida esté la pareja más rico y más matices tendrá su lenguaje. Y además es ¡es único! Nadie más sabe hablarlo y solo los que han asistido a sus clases y lo han ido construyendo poco a poco lo dominan.

    Lo que os cuento hoy esta basado en mi propia experiencia personal, de la que no era consciente hasta que no leí el fragmento de Irene Vallejo. Ahora mismo, estoy segura de que el uso de un dialecto en una pareja es algo vital y un pilar de esa relación. Para muchas personas llega a ser incluso más importante que su lengua materna. No todos los dialectos que aprendas en tu vida son iguales, los hay más fáciles y otros que son muy, muy complicados, no llegando ni a dominar los conceptos básicos, pero todos te aportarán nuevas experiencias y ganarás en riqueza personal. Además, ya sabemos que hablar muchas lenguas facilita nuevos aprendizajes y eso siempre es un plus a tu favor. Entiendo que da pena perder vocabulario por falta de uso, al romperse una relación, pero tampoco podemos sentirnos tristes, pues esas nuevas entradas de palabras que iremos memorizando, poco a poco, nos harán ese tránsito mucho más agradable.

    Aquí menciono sobre todo relaciones sentimentales, pero lo mismo ocurre con los amigos. Si uno desaparece de tu vida, todo el vocabulario que hayais aprendido se va con él o ella, pero también, al igual que en las nuevas relaciones de pareja, la llegada de amistades aportaran palabras a un nuevo diccionario que puedes crear. Esto es un continuo avanzar y crear otras relaciones con sus novedosas maneras de entenderse y dialectos que aprender.

    Eso sí, un consejo que te dejo hoy en mi entrada. Si tienes tu propio dialecto, por favor, practícalo con frecuencia para que no pase a ser una lengua muerta. Ve a todas las clases, actualiza la gramática y la ortografía, busca nuevos sustantivos, adjetivos y sinónimos, y, sobre todo, no dejes que otros lo hablen por ti. Este lenguaje es sólo tuyo y de tu pareja. Sé que en el mundo en el que hoy vivimos, a veces ,hablar con sinceridad, con creatividad, con respeto, es complicado, pero si empiezas a estudiar un idioma nuevo no bajes la guardia, échale horas, disfruta de las clases, no tires la toalla, espera con ilusión nuevas incorporación de vocabulario y déjate llevar.

    Mi recomendación esta semana

    Para terminar te dejo la recomendación literaria de esta semana que me he leído con mucho interes. Llevaba tiempo diciendo que tenía que leer algún libro de Boris Izaguirre y me puse manos a la obra buscando su bibliografía para ver cuál me llamaba la atención.

    Y como siempre, lo que me la llamó fue la portada y eso me animó a leer la sinopsis y quedé gratamente sorprendida.

    Inglaterra (condado de Kent), albores del siglo XX, los padres de la pequeña Rosalinda se separan y ella es enviada a un internado, Saint Mary Rose. Desde ese momento solo verá a su madre en los pocos días de vacaciones. Su padre se ha instalado en la India, oficialmente como agregado comercial, aunque en realidad ejerce como espía.
    Cuando, en la adolescencia, Rosalinda se reencuentra con su progenitor, se enamora del halo de exotismo que este desprende y le acompaña de vuelta al país asiático, donde se iniciará en el espionaje de la mano del superior de su padre, Mr. Higgs. En la India contraerá matrimonio con un hombre mayor que ella, Mr. Peter Fox, que la deslumbra pero que la abandona al poco cuando su salud flaquea.
    De vuelta al Viejo Continente, es enviada a Alemania para recabar información sobre el nacionalsocialismo de Hitler. Allí, un hombre, también bastante mayor que ella, y en este caso español, Juan Luis Beigbeder,
    la vuelve a enamorar por su inteligencia, cultura y modales. Siempre en la encrucijada entre el amor y la obligación hacia su país, Rosalinda se traslada a Tánger, centro internacional de intrigas políticas y económicas de la época, donde el espionaje y la pasión hacia Juan Luis Beigbeder lucharán por ser lo más importante en su vida en los confusos y dramáticos días de la guerra civil española y en los anteriores a la Segunda Guerra Mundial. 

    Esta novela es la base de la que se inspiró Maria Dueñas para la trama de El tiempo entre costuras, donde la protagonista de esta novela se cruza con la de Boris, durante los años previos a la Guerra Civil española y durante el mismo conflicto, en sí, donde ambas tienen como telón de fondo la ciudad de Tanger.

    Me han encantado unas palabras que el autor pone en boca de Juan Luis Beigbeder, que llegó a ser ministro de Asuntos Exteriores de Franco y que en ese momento como militar es asesor del Alto Comisario del Protectorado de Marruecos, y que vienen muy al caso en estos tiempos también muy conflictivos y que habla del alzamiento de 1936 que produjo el inicio de nuestra Guerra Civil

    Es pronto para decirlo. Creímos que esta revuelta sería algo de días; cinco días,
    alcanzaron a decir Queipo de Llano y los otros. Yo jamás aventuré fecha. Porque una guerra jamás es cuestión de días, Rosalinda. Una guerra es para siempre. Sus huellas jamás pueden destruirse. Te empeñas en esconderlas, disimularlas, y de repente, dentro de tres o seis o diez generaciones, reaparecen y reavivan todo el odio, malestar y violencia que significaron.

    Un jardín al norte de Boris Izaguirre

    Me ha gustado la sensibilidad que tiene el autor a la hora de escribir la trama, cómo presenta a los personajes y, sobre todo, me ha encantado la forma de usar en sus descripciones no solo los sentidos de la vista y el oido, sino el olfato, el gusto y el tacto. Teniendo en cuenta que gran parte de la historia se desarrolla en una ciudad como Calcuta y otra en la de Tanger, lo de los olores y sabores está más que justificado. No se podría hablar de estos lugares sin utilizar los cinco sentidos. Y ahí me he sentido muy identificada, porque, para mí, ese tipo de estructuras son fundamentales para que me enganche a una narracción.

    Otro motivo por el que me he leido con mucho interés el libro es por el periodo en el que se desarrolla, las localizaciones y la estupenda ambientación que nos presenta el autor. La figura de nuestra protagonista Rosalind Fox, durante mucho años perdida, ha sido rescatada por Boris de una manera magistral y, poco ha poco, se ha ido perfilando, para la memoria colectiva, una figura que formó parte de la historia del espionaje español y que acabó sus días en el sur de España (Bahía de Algeciras), aunque solo viviera allí desde 1947, cuando Juan Luis Beigbeder fue sustituido por Serrano Suñer en el cargo de ministro, diluyéndose su historia y llegando a morir prácticamente en la indigencia. Un personaje que conoce muy bien mi amigo y autor Wayne Jamison.

    Un pensamiento de la protagonista y que siempre será su hilo conductor me impactó mucho y me hizo enamorarme desde el principio de Rosalind.

    Darme cuenta, a mis doce años, que en mi vida serían más las cosas
    prestadas que las propias.

    Prestada era la palabra que me definía; siempre estaba en los sitios, en mi propia
    vida, como si fuera prestada. Mi ropa era prestada, mi destino era prestado. Mi
    inteligencia también era prestada. Nada era mío, nunca llegaría a ser alguien con algo suyo, de su propiedad, sino que iba entrando y saliendo de habitaciones, trenes, barcos, internados, mansiones, con la misma estúpida sonrisa. Aceptando este carrusel en forma de destino o lo contrario como si no me importara, como si no me asustara dónde iba a dejarme.
    Y sí me asustaba. Sí me daba cuenta de que Mr. Higgs colaboraría conmigo
    mientras yo le fuera de utilidad. O mi padre. Me daba cuenta de que mi padre, más
    que un cómplice y un guía en esta aventura, muy fácilmente podría convertirse en un lastre. Me daba cuenta de que había algo roto dentro de él que ni yo ni nadie podía enmendar. Si al principio del viaje lo había idealizado como a un Sandokán, ahora era un jarrón chino roto en mil pedazos y recompuesto cada mañana de muy mala forma.
    Me daba cuenta de que tampoco podía escapar de allí y regresar a Inglaterra, aunque fuera a nado, porque en mi país no tenía a nadie.

    Un jardín al norte de Boris Izaguirre

    Con estos párrafos y el autor es capaz de darnos las pautas de lo que va a ser la tónica general de la vida de nuestra protagonista. Espero que con estas breves pinceladas, te animes a leer esta novela y la disfrutes como yo la he disfrutado.

    Y no olvides mi consejo: siempre, siempre, ir ampliando tu vocabulario.

    artículo

    La intencionalidad de las palabras

    La pluma es más poderosa que la espada

    Edward Bulwer-Lytton

    Esta semana he participado como oyente en la entrevista que nuestra compañera Nuria Colomina https://www.instagram.com/nuriacolominagomis/?hl=es le ha realizado al también compañero Héctor H. López https://www.instagram.com/hectorh.lopez/?hl=es. De lo que se habló lo resumiría en el título que encabeza la entrada, aunque ya sabes que una vez empezada la conversación, los derroteros que tomó la entrevista, les llevó a tocar temas muy variados.

    Dejo el enlace porque creo que vale la pena oir a ambos escritores:

    https://www.instagram.com/p/Cxd2GSRLxdT/?hl=es

    Ahora vamos a ir al asunto que hoy me traigo entre manos. Es sabido, que para desarrollar adecuadamente cualquier oficio, se necesitan una serie de herramientas que faciliten la tarea. Eso mismo ocurre con la escritura. Pese a que muchas veces se idealiza la labor del escritor, este, en realidad, acomete un trabajo que, al igual que un carpintero, cirujano o cocinero, necesita de una serie de instrumentos que, la mayor parte de las veces, destacan por su precisión. Muchos de ellos son conocidos y otros han venido a engrosar el número de los que ya manejaba. En en caso del escritor va desde un simple bolígrafo y papel hasta aplicaciones como:

    Pero no os dejéis engañar, porque, al final, todo eso es inútil si no conoces a fondo tu oficio y, por ende, tu herramienta principal: las palabras.

    Unas herramientas fundamentales (entre otras muchas): verbos y sinónimos

    Supongo que a estas alturas de la película, si eres buen lector y además tienes el gusanillo de la escritura, por lo que has entrado en ese mundo de narrador de historias, sabes que muchas palabras tienen intencionalidad. En algunos casos, va a depender del contexto en el que se incluyan y, en otros, el que ellas tengan esa característica de forma intrínseca. Eso hace que haya que hilar muy fino a la hora de utilizarlas, sobre todo en el caso de los sinónimos. No podemos meter las palabras en un cubilete, agitarlo y soltarlas de cualquier manera en nuestros escritos. Y si lo hacemos, porque nuestra manera de escribir es soltar todo lo que llevamos dentro como es mi caso, luego debemos de repasar todo el manuscrito con un corrector de mesa, porque nuestro cerebro tiende a saltarse ese tipo de cuestiones a la hora de la lectura. No somos conscientes de que un término tiene un significado y que, a veces, no casan ambas realidades: lo que queremos expresar y lo que al final acaba expresandose. No todo vale.

    Ese tipo de problema lo vemos, y lo he sufrido, en el uso de sinónimos y verbos y a veces ralentiza mucho la corrección, pues tienes que volverte loco buscando ese vocablo que nos dé el matiz adecuado a la frase o al párrafo.

    Hay que darle muchas vueltas antes de aceptarlo como bueno. Incluso es ideal, cuando estás con el editor de mesa, que aquí no vale que sea solo un lector cero, que si te pregunta cuál es la intención de ese fragmento, le expliques con detalle qué es lo que en realidad quieres decir, pues no todo significa lo mismo. Un ejemplo de ello lo tenemos en esta sencilla frase: “Era un día oscuro”, si lo pensamos con detenimiento sabemos que podría significar más de una cosa. Podría significar que el cielo estaba nublado o que el estado de ánimo de la persona era sombrío y deprimido. Pero eso solo lo sabe el escritor y en todo caso su editor si están puliendo el texto mano a mano.

    Como ayuda, en el caso de los sinónimos e incluso verbos, os voy a recomendar una lista de diccionarios que os pueden venir muy bien a la hora de poneros a escribir vuestros textos:

    •  http://tesauros.mecd.es/tesauros/tesauros es otra herramienta de referencia interactiva que no solo proporciona sinónimos y otras palabras relacionadas, sino que también las clasifica según su complejidad y longitud, y si la palabra se usa de manera formal o informal. Si estás trabajando en una novela en la que se usan muchos términos agrícolas o de arte, este tipo de diccionarios puede ser imprescindible. Son un tesoro, como bien indica su nombre.
    • Synonims.net proporciona sinónimos, antónimos, definiciones e incluso la traducción de la palabra a varios otros idiomas. Aunque la página en origen vienen en inglés, el traductor de nuestros ordenadores o móviles la pasaría inmediatamente al idioma selecionado.
    • El Diccionario Reverso no solo proporciona sinónimos, sino también traducciones de una palabra en otros idiomas. También en su origen lo abriremos en inglés pero tiene la opción en una pestaña en la parte superior derecha de modificar el idioma del usuario.

    También Reverso tiene opciones para registrarse grátis y, así, tendrás la oportunidad de guardar tu historial y tus sinónimos favoritos.

    Como ves, hay bastantes opciones a la mano y otras muchas más, que irás descubriendo, si de verdad tienes curiosidad. El que repite palabras es porque no tiene interés en mejorar la calidad de sus textos.

    Por supuesto tenemos nuestros diccionarios habituales como son:

    • Fundeu: Su labor es la de aclararnos aquellas dudas sobre palabras que son de uso cotidiano y que a veces no están incluidas en el diccionario habitual de consulta de la RAE. Su nombre es un acrónimo que proviene de Fundación del Español Urgente. Es muy recomendable su uso de forma habitual.
    • Rae: El hermano mayor. Dentro de sus páginas podrás encontrar otras obras que te pueden interesar y que van desde un Libro de estilo de la lengua española hasta manuales de ortografía y gramática básica, que ya a estas alturas de la vida deberíamos tener superados, pero, por si acaso, no está mal tenerlos en mente.

    Aprender a usar los sinónimos y verbos, entre otras palabras, de manera efectiva puede ayudarte a comunicar mejor tus ideas. El texto claro y conciso, que usa una variedad determinada de palabras, puede proporcionar a tus lectores una adecuada inmersión en tu obra y que la haga más interesante. Así lograrás que se mantenga el interés de quién bucee en tus páginas. Después de todo, este es el objetivo final de la redacción: enamorar al mayor número de lectores.

    A veces, nos encontramos a muchos de ellos que en las recomendaciones de algunas obras que han leído, hablan de un texto ágil, ligero, de rápida lectura, que me vas a perdonar, pero me lleva a la conclusión de que estaría frente a una narrativa simple. ¿Eso es malo? Sí y no. No es malo tanto en cuanto no sea algo habitual si quieres avanzar dentro del mundo de la lectura y, sí es malo si es tu lectura del día a día y encima eres escritor. Igual que decimos que, de lo que se come se cría, la comida rápida (basura) no es recomendable que se ingiera de forma continuada, lo mismo puede ocurrir con este tipo libros.

    Cuando se es escritor, o se pretende llegar a serlo, se presupone que tenemos un plan ambicioso, y no me refiero a escribir un best seller y ganar mucho dinero, que tambien, sino a mejorar de una forma progresiva. Para lograr ese objetivo solo tenemos un camino y es aprender a manejar adecuadamente nuestras herramientas, que son las palabras, por si no te habías dado cuenta a estas alturas. Cada día deberíamos de aprender alguna nueva y compartirla como hace la compañera Mina Lacoc https://www.instagram.com/mmladoc/?hl=es y tratar de introducirla, con sentido común, en nuestros escritos. No vaya a ser que ahora nos pongamos a pensar que por escribir palabras extrañas nuestras historias van a ser más cultas, en todo caso serían pedantes. Que ya me he visto a algún autor que ha utilizado un término que queda bonito, pero, que, volviendo a la raiz de nuestro tema, su verdadero significado no iba al contexto de la historia y acababa siendo un error de edición.

    Como no puedo acabar mi entrada sin recomendar un nuevo libro, o algo que me haya llamado la atención en el ámbito literario, la finalizo con la novedad debajo del brazo de la obra de Irene Vallejo Nájera El infinito en un junco. Me dirás que no es tal novedad, pues ya lleva varios años en la calle con mucho éxito de lectores y de crítica. Y tienes razón, pero lo que hoy te traigo es la edición gráfica de esa novela que ha salido esta misma semana, el 21 de septiembre.

    Pese a que la publicación original está recomendada a partir de los 16 años, entiendo que meterse entre pecho y espalda un libro de mas de quinientas páginas, y siendo un ensayo, es algo que echa para atrás incluso a adultos avezados en la lectura. Creo que por ello la autora lo presenta esta semana en un formato mucho más ameno como es el género de novela gráfica. Pienso que puede ser útil para acercarnos a esta autora y por ello os lo recomiendo.

    Me sumo a lo que dijo Héctor en su entrevista. ¡Atrévete a leer géneros que dices que no te gustan! Así es como se aprende, si no eres capaz de acercarte a otros autores, y solo lo haces con los que te son afines, al final tu escritura se empobrece si eres escritor y si eres lector tu visión del mundo sufre el mismo retroceso. Es como si en una torre con muchas ventanas solo miraras por una y siempre estuvieras viendo el mismo paisaje, al final te pierdes la opción de conocer cosas interesantes de tu entorno o, incluso, tener argumentos para defender lo que no te gusta. Y no le tengas miedo a los clásicos, que hay muy buenas actualizaciones al alcance de cualquier tipo de lector. Nadie dice que tengas que leer a Platón en griego o El Quijote o a Shakespeare en la forma originaria en la que se escribieron.

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    La escritura terapéutica

    ¿Has tenido algún momento de tu vida en el que te hayan dado unas irrefrenables ganas de escribir sobre algo personal y soltarlo al viento? ¿Has necesitado contar algo a alguien y, al no ser esto posible, te has planteado escribir un diario o una carta sin destinatario? ¡Pues, bienvenido a la escritura terapéutica!

    El ser humano tiene tendencia a comunicarse y expresar sus sentimientos, aunque sea con personas de mucha confianza. El aislamiento no conduce a nada positivo, y en el peor de los casos, puede llevarnos a gastar mucho dinero en psicólogos. Teniendo en cuenta la deficiente gestión de la salud mental, es muy probable que terminemos gastando el dinero en medicamentos que suelen terminar en PAM (diazepam, lorazepam, entre otros). Por lo tanto, lo ideal es escribir sin restricciones y dejar que la luz brille en nuestro camino. De hecho, todos los escritores, a veces sin ser conscientes de ello, plasmamos mucho de nosotros mismos en nuestras obras: sueños, emociones, vivencias, miedos y esperanzas. En ese sentido, todos hacemos una forma de escritura terapéutica.

    Desde mi punto de vista, hay dos maneras de desahogarse, siendo la más clásica escribir un diario. Puede que alguien tenga en mente alguna más, pero de momento yo me voy a centrar en las que he comentado.

    El ejemplo que nos viene rápidamente a la mente es el de Ana Frank, pero hay otros muchos autores que han utilizado este método para plasmar sus historias, e incluso su autobiografía. Otro género que se utiliza es el epistolar, que consiste en escribir cartas.

    De hecho, en mis cursos de formación, una de las cosas que recomiendo es un híbrido entre diario y notas personales. Porque escribir, y sobre todo si es a mano, ayuda a reflexionar y a asentar ideas que vuelan a nuestro alrededor. Les incito a hacerlo porque normalmente tenemos tendencia a no valorar de nosotros mismos más que aquellas cosas que hacemos mal, y no somos capaces de hablar de todo lo que somos capaces de hacer bien, así como obviamos nuestros éxitos en el pasado. Para ello, les obligo a una dinámica breve donde ponemos en común precisamente que hablen de sus defectos y de aquellas cosas que hacen bien y pueden aportar como valor en su futuro trabajo. Eso es algo fundamental, pues en las entrevistas laborales suelen caer dos preguntas: ¿qué piensas que tienes de negativo que puede afectar al buen funcionamiento de la empresa? y ¿qué aspecto positivo de tu carácter crees que puedes aportar como valor para la empresa? Seguro que si piensas ahora mismo en esas dos mismas preguntas te saldrá una lista enorme de cosas que no te gustan de ti, pero no serás capaz de poner en pie una lista tan larga de virtudes, a no ser que tengas un ego del tamaño de Notre Dame. A partir de este momento, les animo a escribir esa lista en casa.

    Muchas personas no se valoran lo suficiente debido a que no son conscientes de las virtudes que poseen o de los éxitos que han cosechado a lo largo de su vida, ya que estos suelen ser discretos. Sin embargo, seguro que si te sientas en un lugar tranquilo con lápiz y papel, podrás hacer una amplia lista.

    De ahí viene un poco el auge que ha tenido la escritura terapéutica de un tiempo a esta parte y que es muy recomendada por los psicólogos y formadores. Es una forma de sacar nuestros demonios afuera y poder exorcizarlos. Esto nos ha llevado a que surjan toda una serie de pseudoescritores que nos inundan las redes y las plataformas de autopublicación con sus vivencias, ausencias, frustraciones y penas, pensando que puede servir como experiencia para otros lectores, algo que en realidad no es cierto, por mucho que se empeñen estos escritores y algunos lectores, porque nadie escarmienta en cabeza ajena. Ya sabéis que el refranero es muy sabio. Tal vez sea porque hoy en día vivimos en un mundo exhibicionista en el que si no sabe todo el mundo todo de ti, no existes, o por lo menos eso se piensa.

    Esto estaría bien si se trabajara este tipo de escritura con la misma seriedad con la que se publican otras novelas. Lo que ocurre es que con esta tampoco se cuida y se mima como se debería en todos los pasos previos a su publicación. Se alega que, como se escribe sobre sentimientos, como en el género romántico, no tiene por qué pasar por un proceso de edición. Por ello nos encontramos con muchos bodrios literarios encubiertos bajo el amago de volcar frustraciones. Todo ello envuelto en la excusa de plasmar situaciones vividas que pensamos que a otras personas les interesan. Así tenemos las biografías del mundo del famoseo que se presentan como diario de una vida. Un ejemplo de ello me causó mucha risa y fue la biografía de Justin Bieber, escrita cuando tenía 17 años, en la que me encontré esta frase:

    También os desvelaré en quién me he convertido desde que me brindaron esta increïble oportunidad de compartir mi música con el mundo. 

    Justin Bieber: mi historia: Primeros pasos hacia la eternidad (Edit. Timum Mas 2011)

    ¿Pensáis en serio que alguien con 17 años puede hablar de conversión? Si todavía no le ha dado tiempo de salir del cascarón como un Calimero. No discuto que su música pueda gustar, porque hay melodías de este cantante que tengo en mi lista de reproducción. Pero de ahí a pensar que lo que podría ser una escritura terapéutica sea válida para trascender de lo privado a lo público, es ya otro escalón. Pero eso, al final, es lo que hemos comentado precisamente ayer sobre este tema: si no te exhibes, no existes.

    Este ejemplo sería salirse del diario tradicional y saltar a la esfera pública con algo parecido a una autobiografía. Luego tenemos la otra opción, que también aparece reflejada en las terapias de ayuda, como pauta para descargar mochilas, y es la carta dirigida a la persona o personas que han producido un daño considerable en un individuo.

    Es un método muy útil. La más clásica es aquella dirigida a otra persona, en la que podemos escribir una carta de reconciliación que incluya el perdón y la expresión de los sentimientos heridos. A veces, uno puede sentirse tan herido y enfadado que puede ser necesario escribir dos: una para expresar todos los sentimientos negativos, que podríamos llamar «el escrito de desahogo», y otra para ofrecer el perdón. Puede ser necesario tomar tiempo entre una y otra, ya que el perdón es un proceso. Después de escribirlas, uno decidirá si es conveniente enviarlas, guardarlas o realizar algún ritual, como quemarlas, arrojarlas al mar o enterrarlas. Esto dependerá del escritor que las redacte.

    Lo malo es que este tipo de método también ha trascendido a las redes sociales y nos encontramos con publicaciones largas en las que las personas justifican hechos, actitudes o frustraciones de una forma que se asemeja mucho a nuestra carta sanadora.

    Este es un tema que he vivido personalmente, por lo tanto, hablo con conocimiento de causa. Ante la decisión del cambio de género de uno de mis hijos, el psicólogo nos recomendó hacer una carta de despedida como si la situación fuera un duelo. Tras reflexionar hasta la siguiente cita, lo que hice fue decirle directamente al psicólogo que yo no tenía un duelo que valiera. No perdía un hijo ni ganaba una hija, tenía al mismo ser humano que había parido, pero con un cambio de carcasa. Una carta de duelo era para un muerto y gracias a Dios ese no era el caso.

    El otro caso tentador suele ser a raíz de divorcios o peleas con amigos. Si es una manera de aclarar las ideas o plasmar tus sentimientos por escrito, algo que considero muy importante, entonces es un mecanimos muy adecuado ya que es como verbalizarlo con alguien de confianza, aunque considero que siempre debería quedar en la esfera privada. Aunnque hay veces que acaba trascendiendo a lo público, ya que se cuelga en los muros y feeds de nuestras redes sociales. Así nos encontramos toda una retahíla de reproches, y explicaciones inútiles en un lugar nada adecuado para buscar adeptos a nuestras ideas, como es este espacio virtual. En tofdo caso, con eso solo logramos que la vida intima deje de serlo sin necesidad. Lo cabamos convirtiéndolo en un cuadrilátero de peleas absurdas y dimes y diretes. Deberíamos saber que nuestro perfil en internet es de todo menos controlable.

    Por lo tanto, sí a la escritura terapéutica como forma de esclarecer ideas, asentar pensamientos y plasmar experiencias para incluirlas en nuestras novelas. Si eres escritora, ten en cuenta que debes tener cuidado de no hacerlo público, ya que puede convertirse en un arma arrojadiza que provoque una escalada basada en la competencia del «y yo más».