mis lecturas

Voces del pasado

Una de las cosas que más me gusta es comprar libros de segunda mano. Mi página de referencia es Iberlibro desde hace relativamente poco, pues antes me dedicaba más a pasear por los mercadillos a ver qué me encontraba que a la búsqueda sistemática de un ejemplar por medio de internet; pero los tiempos y las necesidades cambian.

Cuando uno se hace con un libro de segunda mano se puede encontrar sorpresas que no espera entre sus páginas. Esos pequeños tesoros a veces nos dicen algo del lector que tuvo entre sus manos ese ejemplar. Es una situación que he vivido y siento como si una voz del pasado me susurrara al oído y mi yo investigador me puede: quiero saber más de quiénes fueron los lectores anteriores.

Sorpresas que te da la vida

A veces la dedicatoria es muy sucinta, tanto que en realidad se limita a unas iniciales, un apellido y una fecha. Apoyado en unas pocas pistas como estas y tirando de un hilo ficticio, Benito Olmo ha desarrollado la trama de su novela Tinta y fuego. En mi defensa diré, para que no penséis que él es el único, que ya en el 2019, cuando tal vez Benito no había sentido la necesidad de saber más de los dueños de libros expoliados, perdidos o desaparecidos, yo ya estaba montándome mis investigaciones.

Para Ana, mi mujer, con la esperanza de compartir algunas horas a su lado, escuchando de ella el «regusto» de la lectura del libro. ¡Besos!

Aeropuerto de Madrid, 27 oct. 97

Edu

¿Qué habría ocurrido con Ana y Edu que su libro acabó al final entre mis manos? ¿Volvió de ese viaje? ¿No llegó nunca a recibir el libro? ¿Qué historia sustentan esas palabras? Se trata de una primera edición de Afrodita, de Isabel Allende, especial por su formato e ilustraciones. No es una obra para leerla con prisas. Es más, la tengo hace años y la ojeo de vez en cuando, releo alguna parte o incluso, más de una vez, descubro algo nuevo. Creo que se trata de un regalo cuidado, para una mujer madura. Como de la edad de Isabel cuando lo escribió, que ya estaba en los 50 y seguía disfrutando de los dos mejores pecados capitales: la lujuria y la gula. Tal vez la historia de Ana y Edu iba a empujones y él quiso reavivarla, lo mismo ella ya había perdido toda esperanza o, sencillamente, se mudaron, no pudieron cargar con tantos libros y lo acabaron vendiendo. Siempre me quedará la duda de qué ocurrió con la historia de esta pareja, pero siempre tendré la oportunidad de poner por escrito lo que creo que fue. Ese es un privilegio que se nos concede gracias a la ingente imaginación del escritor.

Hace unos días compré otro ejempolar de segunda mano y tuve la fortuna de disfrutar de un suceso parecido al que se narra en la obra «El barco de Teseo«. Para quién no lo conozca, me remito a la entrada que publiqué ya hace más de un año donde explico un poco el contenido del libro. Puedo dejar una pincelada para que entendáis los hechos. Se trata de una obra de una biblioteca en la que un lector va haciendo anotaciones y otra usuaria, al encontrarlo, va respondiendo dichas anotaciones, creándose entre ambos un vínculo relacionado con el misterio que envuelve al volumen.

Técnicamente eso es algo que los lectores de las bibliotecas no debemos hacer, pero para eso estamos frente a una novela de ficción. Además, hay veces que los libros donados a las bibliotecas vienen anotados y esas apostillas las hicieron sus anteriores dueños.

¿Te imaginas un ejemplar de Bodas de Sangre anotado por el propio García Lorca? Seguro que si lo encontraras no te parecerían entonces tan mal esos escritos al margen. Con sinceridad, si esos comentarios son realizados por personas que aportan algo a la obra, a mí me da la sensación de que el libro cobra vida y se transforma en una máquina del tiempo.

En El barco de Teseo nos encontramos una ficción dentro de la ficción, como una matrioska de papel. Pero a veces no es ficción. Yo he tenido la suerte de encontrarme con una nave parecida a la de Teseo, solo que real.

Susurros del pasado

Todo ha ocurrido hace unos días, en otra de mis compras para documentarme acerca de la II República y la Guerra Civil Española. Tras mucho remirar y por recomendación de mi pareja, me decidí por el estudio realizado sobre el tema por Julián Casanova, catedrático de Contemporanea de la Universidad de Zaragoza, al que él tuvo como profesor, por lo que me me dió pautas sobre el tipo de obra que iba a tener entre manos.

Lo ojeo por encima y compruebo que lo que comentaban en las especificaciones de Iberlibro se cumplía. Las marcas del anterior dueño no me impedían leer el texto y, ni corta ni perezosa, comienzo la lectura. Este tipo de textos también me genera la necesidad de poner mis propias anotaciones, ya que es la técnica que he utilizado desde que inicié mis estudios universitarios, aunque suelo hacerlo a lápiz o pongo pósits.

Aquí todo el problema comenzó cuando mi curiosidad innata vio esa marca comentada líneas más arriba, inicial, apellido y fecha, y quise saber quién había sido ese anterior propietario. Seguramente pensarás que estaba loca y no te quito la razón, pero eso mismo, salvando las distancias, se lo dijeron a Heinrich Schliemann y descubrió Troya. El mundo es del que tiene las narices de salir y mirar lo que hay fuera.

Puede parecer un hilo muy fino, pero la perseverancia es la madre de muchos descubrimientos. Lo lógico sería que «J» fuera José, Juan o Javier Allo, y más extraño que fuera Joaquín, Jaime o Jerónimo. Por lo tanto inicié mi búsqueda, primero con un infructuoso intento al usar José. Con Juan lo hice también sin demasiadas esperanzas al no saber el segundo apellido. Hasta que llegué a la página 160 y me encontré con ese maravilloso dato del nombre de Adolfo Vázquez Humasqué y la anotación: Tío segundo mío por parte de mi madre. En ese momento levité un poquito. Me zambullí, algo muy útil con estos calores, en internet cruzando datos y logré dar por fin con el anterior dueño de este libro del que os cuento lo poco que hasta la fecha he logrado saber, pero que me ha ayudado para situarlo y entender de manera adecuada los comentarios con los que va trufando algunos márgenes.

Xoán Anllo Vázquez, nacido en 1936 en Feira do Monte (Cospeito), falleció el pasado 2 de junio (2023) a los 87 años de edad. Anllo, licenciado en Derecho, fue traductor oficial en las Naciones Unidas durante 40 años, lo que le abrió las puertas para conseguir una colección de piezas de arte africano que donó hace una década al Museo Provincial de Lugo.

Anllo fue recopilando durante sus años en la ONU piezas que iba adquiriendo en sus viajes por todo el mundo, especialmente en sus estancia en África, donde señalaba hace años que había quedado fascinado por el arte de este continente, logrando conformar una completa colección formada por más de dos centenares de piezas.

Xoán Anllo en el 2015 con piezas que donó al Museo Provincial ALBERTO LÓPEZ

Anllo, además de traductor para la ONU durante 40 años, realizó estudios y trabajos que se fueron publicando en formato libro o en revistas científicas, como su volumen «Estructura y problemas del campo español», de 1967; estudios relacionados con su trabajo y su relación con otros intelectuales gallegos, como José Ángel Valente, o sobre aspectos de política internacional. (Fragmento de artículo recopilado de La Voz de Galicia)

He sentido cómo una voz del pasado me ha guiado en la lectura de un libro; he compartido, pese al paso del tiempo, conclusiones a las que hemos llegado los dos, y he llegado a entender lo que significaba cada subrayado aunque no estuviera acompañado de anotaciones. Ha sido tal la comunicación que he percibido que cuando el lector no estaba del todo de acuerdo con lo escrito por Julián Casanova lo destacaba con unas líneas ondulantes y si era algo que había que destacar por importante, lo hacía con una marca recta. Se notaba su labor de traductor y su perfecto conocimiento del castellano puesto que iba corrigiendo errores a lo largo de las páginas, tales como comas que no debían de estar, eses que sobraban en palabras porque no eran en plural según el sujeto que se utilizaba o términos que no venían al caso. No es que hubiera muchos, pero los pocos que encontraba los iba subsanando.

He finalizado el libro y tengo una sensación extraña, puesto que me hubiera gustado haber hablado con el anterior lector sobre sus impresiones, algo que como sabéis ya es imposible. Creo que pese al gran salto generacional hubiéramos estado los dos de acuerdo en algunas cuestiones y le hubiéramos debatido alguna de las valoraciónes que hace Julián Casanova.

Los del gremio de historia, como los del periodismo, sabemos que por mucho que uno no quiera, al final todos, como humanos, tenemos un sesgo y tendemos a plasmarlo en nuestros escritos. Ya me avisaron de la orientación del autor del libro, que si bien lo veo lógico, no dejo de pensar que hay un aspecto en el que se me queda corto su trabajo historiográfico. Me falta que hubiera profundizado más en el aspecto de que la II República se precipitó en muchas de sus reformas y pese a que una de ellas, la enseñanza, que es la que más me interesa, era fundamental para su desarrollo, tanto o más que la reforma agraria o los derechos de los obreros, pasa muy de puntillas sobre dicha cuestión. También es cierto que acercarse a todo lo acontecido durante ese periodo de la Historia de España en apenas 450 páginas es una tarea muy meritoria. Es un estudio que recomiendo porque resulta muy esclarecedor en bastantes aspectos que influyeron en la llegada, desarrollo y caída del régimen republicano. Aunque te puedo garantizar que si le tengo aprecio a ese libro no solo es porque ha sido un buen guía para organizar la documentación de mi próxima novela, sino porque he sentido la voz del pasado orientando también mi viaje.

Esta es una prueba de que hay que ver con otros ojos y valorar la importancia de ciertas obras anotadas por personas que saben lo que están haciendo. No siempre podremos disfrutar de ese privilegio, pero soy de las afortunadas que han sentido ese hilo conductor, al menos una vez. Mi agradecimiento a Juan Anllo Vázquez.

Opinión

Antiguas artes, nuevas modas

Siempre he defendido que un vocabulario preciso es lo que diferencia al escritor profesional del que no lo es tanto. No digo con eso que yo lo sea al 100%, pero por lo menos puedo afirmar que intento ser minuciosa a la hora de utilizar mi herramienta de trabajo: las palabras. Esto viene a colación del interés que tiene la publicidad en vendernos humo a fuerza de usar términos que luego no se ajustan a lo que en realidad se espera y, en estos últimos tiempos, en el mundo de los libros también pasa con bastante frecuencia.

Las ediciones especiales, ¿son en realidad tan especiales?

Ante la avalancha de publicaciones, el mercado ha dado un golpe de timón de esos que algún avezado interlocutor define como de 360º, lo que al final significa quedarse en el mismo sitio. Este viene dado por la promoción y venta de libros a los que han sobreetiquetado con la denominación de «ediciones especiales» y, para que parezca que así son, les ponen los cantos decorados -o simplemente coloreados- como si hubieran descubierto un nuevo mundo, una portada con mucho brilli brilli, un marcapáginas mono, la cinta para localizar la última página leída de un dorado chillón, un plano o poster y algún detalle a todo color para darle al conjunto una pátina de mejora.

Como muchos lectores no conocen bien el significado de las palabras no saben que el termino edición especial o limitada, va más allá de sacar un libro con una encuadernación de tapa dura con un poco de oro en las letras y alguna ilustración en el interior. De hecho, algunas de las denominadas «especial», que no limitada o de colección, dejan de serlo a todas luces cuando las venden en los quioscos de prensa a dos euros la primera entrega. !Venga ya¡ Vamos a bucear en lo que dicen los expertos que se necesita para considerar que una edición tiene ese toque que la hace tan codiciada y vamos utilizar, dentro de lo posible, ejemplos de los últimos libros publicados que se consideran de colección.

  • Exclusividad
  • Oportunidad
  • Calidad
  • Diseño
  • Emoción
  • Rentabilidad

De las seis opciones que califican a un producto para que sea edición especial (puede ser un perfume o una botella de aceite, si bien en este caso nos centraremos en los libros) solo podemos decir que las de emoción y rentabilidad son las mas fáciles de justificar. Una por muy subjetiva, porque la emoción es un sentimiento humano y cada uno se emociona con lo que le da la gana, y la otra, porque está claro que han sido rentables en tanto en cuanto que se han vendido como churros en las principales distribuidoras, como El Corte Inglés, La casa del libro, FNAC, Amazon y alguna más que ahora no recuerdo. Vamos, si hasta en Wallapop la encuentras de segunda mano.

Con tanta rentabilidad se han cargado el primer punto que hace de una edición algo especial: su exclusividad. La oportunidad, también, porque si se vende en todas estas plataformas y a todo el país, hasta en la librería más perdida de la España profunda, no veo yo tanto que sea una «oportunidad» el obtenerla. Pues pese a que alegan que no volverá a publicarse, todos sabemos que la posibilidad de tenerla es solo cuestión de paciencia ya que pueden reimprimirla con la excusa de algún aniversario destacado, por más que digan que no. Todo va a depender de la demanda y del negocio que vea la empresa que la edita. Lo único cierto es que quién primero la tenga antes la subirá a su TikTok o Instagram, junto con otros dos o tres millones de usuarios de las redes y de forma simultánea. Es una manipulación brutal para aumentar los beneficios, no para presentar un producto que de verdad suponga un antes y un después o una clara mejora en su contenido.

En cuanto a la calidad, tampoco parace que hayan ganado los lectores nada más que una estética de dudoso gusto para sus librerías, ya que la estampación está mas cercana al papel pintado de los años 70 que a una verdadera obra de arte; no llega ni al «Qitcsh». Y si hablamos ya de originalidad , podremos ver que en cuanto a temática se señalan íntimas referencias a «El priorato del Naranjo» y «Harry Potter» entre otros, con lo que no veremos nada nuevo ni se le espera.

Buscando críticas a este tipo de obras, la que más me encuentro en muchas de ellas es, además de su falta de originalidad, la mala traducción, a pesar de que vienen de autores de habla inglesa. ¡Imagina que fueran en mandarin! Algo que refuerza mi criterio sobre que en lo único que aportan es en la estética y, para colmo, tampoco eso es novedoso como te contaré un poco más adelante en esta entrada. Dejo algunos de los comentarios que he encontrado de lectores que compraron este tipo de libro:

Esto no es fantasía, es una novela romántica tóxica (o intento de erótica suave) a la que le han puesto como excusa un mundo imaginario.

No aporta nada nuevo al género fantástico, es predecible, con personajes que no pasan de meros clichés, estereotipados hasta el hartazgo. Ellas son mujeres en teoría fuertes cuya única función en la historia es enamorarse y enamorar al chico guapo y un poco malote de turno. Todo recubierto de un conveniente envoltorio de ¿empoderamiento femenino? para que no se note lo manido y retrógrado del tema.
Por si fuera poco, no es que esté muy bien escrito, aunque eso puede que sea culpa de la traducción y no de la autora.
En fin, que estamos ante la enésima copia barata de Una corte de rosas y espinas, pero con dragones. Un fanfic de poca monta con mucha promoción detrás que debería haber pasado desapercibido.
Prescindible.

El estilo es sencillo, muy sencillo y a mi, personalmente, que en un libro de fantasía se utilice un lenguaje actual, me chirría mucho.
No se profundiza en ningún aspecto del libro, ni en en las relaciones, ni en la magia… 

La historia es tremendamente predecible y los personajes superficiales y llenos de clichés, por lo que no llegas a empatizar con ellos, ni a crear algo de curiosidad por saber qué esperar de los personajes, puesto que es un estereotipo de «cringe» uno detrás de otro, ya sabes lo que va a suceder a continuación. Encima el mundo no está bien construido, está de adorno… Y para rematar la traducción fatal…

Adjunto una de las muchas imágenes subidas por lectores donde se ve con claridad que incluso la calidad formal brilla por su ausencia, ya que presenta grandes fallos en la impresión. Podemos decir que no es una edición ni mimada ni cuidada, una de las características principales a la hora de calificar un libro de edición especial, limitada o de coleccionista. Algún inexperto alegará que con todo los miles de volúmenes que se imprimen es normal que alguno salga con fallos. Por supuesto, pero entonces no me hables de una edición limitada, a no ser que te refieras a que está limitada a millones de volúmenes, según la demanda del mercado.

Está claro que si lo que nos gusta de la edición limitada es que haya un poster, el mapa y la ilustración inédita a color junto con el marcador de páginas dorado, pues oye, estupendo, cada cuál con su cada quién.

Lo que sí ha llegado a mis oidos con el tema de la edición de coleccionista es cómo se ha gestionado, lo que ha molestado a algunos libreros, dado el acaparamiento que han hecho las grandes superficies de esta tirada. Esta actitud ha hecho que muchas librerías no pudieran cumplir con sus clientes. Muchos de ellos son compradores habituales que hicieron la reserva de su libro y que han llegado a quedarse sin ellos porque la editorial ha primado estos puntos de venta a la hora de ofertar sus libros, incluso frente a quién se supone que trabaja desde hace años con ellos. Ha habido libreros que han hecho cola en algunos grandes almecenes para poder hacerse con unos pocos ejemplares, los que la gran editorial no les ha servido, con la idea de no dejar a sus clientes tirados sin su reserva, comprándolos a precio de público, renunciando a los beneficios, con tal de dar, ellos sí, un servicio de calidad. Si una gran empresa como Planeta no cuida de sus libreros, ¿qué podemos esperar? Otra manera de ir ahogando al pequeño empresario. Luego se nos llena la boca en defensa del comercio de proximidad.

Los cantos decorados

Pero no queda todo en estas puestas en valor que he comentado y que, en realidad, poco aportan a la calidad del manuscrito. Ahora llega el momento de añadir lo más de lo más que tiene a los lectores en un auténtico sin vivir: el boom de los cantos decorados. Algo que se presenta como el no va más de la exclusividad.

Claro, como en esta generación del primer cuarto y mitad del siglo XXI lo de la memoria histórica solo les llega como un eco lejano, no tienen ni idea de que tampoco se ha inventado nada nuevo. No se imaginan que lo de los cantos decorados está en el panorama de la edición desde el siglo X, aunque hay que destacar que el máximo apogeo es a partir del siglo XVIII y XIX. Eso sí, obviamente no a 24 € el volumen. Se dejó de hacer al considerar que el libro no era un bien solo para unos pocos y empezaron a imprimirse volúmenes accesibles a todos los estamentos sociales.

En su origen, se decoraba el canto con pan de oro con la finalidad de protegerlos del polvo. Luego llegó el marmoleado decorativo y, finalmente, nos encontramos verdaderas obras de arte. Hoy en día se siguen creado, pero, al igual que en la antiguedad, el precio no es asumible por todos los bolsillos. Para que todo el mundo me entienda, no lo vamos a encontrar en venta en páginas como Amazon o Wallapod.

Una artista de nuestro tiempo

Un ejemplo de ello me ha llegado a través de Intagram. Os voy a presentar a una artista que, escogiendo obras de narrativa actual, crea unos cantos decorados que no tienen nada que envidiarle a los de los siglos pasados. Se trata de Ania Egerova http://www.instagram.com/ania_artego/?hl=es Las imágenes que comparto son parte de su trabajo.

Recomiendo que te pases por su feed y profundices en su difusión en la red social, porque hace maravillas. Eso sí, cuando entres en la zona donde te indica el precio de cada trabajo entenderás en cuánto se valora lo exclusivo, limitado, de calidad y con un diseño cuidado.

Obviamente habrá personas que alegen que todo el mundo tiene derecho a tener los bordes de sus libros decorados y estoy totalmente de acuerdo, pero que no lo llamen edición especial, limitada, exclusiva, de coleccionista y todas esas chorradas que solemos oír en estos tiempo. Solo es una forma de «quiero y no puedo», pues parece que tengo algo valioso, pero en realidad no lo es. Vamos a centrarnos en la calidad literaria y no en el envoltorio. Lo que decía mi abuela, no te fijes tanto en el papel del regalo, que no por ello tiene que dejar de ser digno, y valora lo que hay dentro de la caja.

Esto me hace recordar dos anécdotas. Una de ellas fue un hilo en Threads, donde una usuaria se quejaba de que una saga había cambiado levemente la fuente del lomo y no se veía bonita en su estantería. Me confirmó lo que ya pensaba de muchas de esas estanterias, que son de escuadra y cartabón, mero diseño. Entiendase con esto que, en realidad, los libros están ahí para que la gente vea lo cool que tiene la biblioteca, dando igual si solo son los lomos de los libros sin páginas, como ocurre en tiendas de muebles.

La otra anécdota fue la historia de un chuleton Rib Eye bañado en oro (soberana idiotez) que un famosos futbolista y su no menos afamada mujer se tomaron en un restaurante en Dubai. El mismo corte de chuletón en una de las mejores carnicerías de España te sale por 80-100 euros el kilo, el de Dubai salía por 900 euros. Espero que por lo menos la carne fuera de calidad y el cocinero la supiera guisar en condiciones. Imagino -es posible que me equivoque, pero valga la generalización- que tampoco ellos dos tienen un paladar tan sofisticado como para distinguirlo, para sublimar todos los matices. ¡Lo que hace el dinero y el capricho, que nos vuelve tontos!

Al final queda patente que no hablamos del contenido, algo que, viendo el nivel de lo que se lee y comenta en las redes sociales, ya comprendo que no se pueden pedir peras al olmo. Eso no quita que siga escribiendo para quién me quiera leer y pidiendo calidad en el contenido, no solo con los bordes dedorados, el poster, los mapas, las ilustraciones a color o la cinta dorada de marcar la página. Porque me veo que llegando tanto al límite de la vacuidad, caeremos al vacío.

Opinión

Una nueva temporada

Me cuesta trabajo iniciar esta nueva temporada, no porque no sepa de qué escribir sino porque quiero hacerlo de temas que de verdad puedan ser atractivos. Esto es algo complejo porque en estos tiempos la gente como mucho aguanta, de media, cinco segundos visualizando un reel. Y esto no lo digo yo:

Si tu tiempo de visualización promedio se ubica entre 4 y 8 segundos, intentaría mantener la mayoría de tus reels por debajo de los 15/20 segundos. El tiempo de visualización es importante para el alcance de tus reels, así que si estás haciendo reels de 60 segundos y tu tiempo de visualización promedio es de 6 segundos, Instagram no está teniendo ese incentivo para impulsar tus videos. https://www.instagram.com/reel/C5EEDK2NmVW/

Por lo tanto, hace mucho que perdí la esperanza de que haya multitudes que visiten y lean mi blog. Entonces ¿por qué me molesto en tratar de escribir algo que interese al lector? Pues llámame loca, pero sé que todo lo que suba a internet queda per secula seculorum y, sinceramente, si puede ser algo medianamente sugerente y bien escrito lo prefiero. También, porque es una forma de no perder el hábito de redactar.

Después de unos años por estos lares, la cosa no tiene visos de mejorar en ningún aspecto. Cada día salen al mercado una media de 250 libros, según las estadísticas del Ministerio de Cultura para la fecha del 2022, por lo tanto, dos años después, imagino que esa estadística está obsoleta; creo haber visto que ya va por más de 350. ¿Qué he observado mientras me dedicaba a leer en silencio?, que la calidad de los libros, de editorial y autopublicados, en su gran mayoría, dejan mucho que desear. Estoy convencida de que para ganar esta carrera estadística han decidido suicidarse por saturación. Da igual quién haya publicado el libro. Todos tienen una cantidad ingente de faltas de ortografía; mala sintaxis; tramas confusas calcadas de autores anteriores, o copias de historias propias, donde lo único que las diferencia es el cambio de los nombres de los personajes y localizaciones. Como en el mundo hay pocas empresas, que copan el mercado del libro, pues es como Coca-Cola y Pepsi, ya da igual si son cancerígenas o no, total, es lo que hay.

Las editoriales tradicionales siguen porque no hay nadie que se atreva a toserles y las otras formas de publicar, con la excusa de que las hermanas mayores lo hacen mal, lo hacen peor. Para mejorar el escenario, el lector medio tiene un nivel cultural bajito, con lo que va a lecturas simplonas, de tramas previsibles, mal estructuradas, en las que hay pocos diálogos, porque si no la gente se pierde, y escasas descripciones, porque los lectores se aburren. Es algo que he leído en redes sociales, no es que me lo invente yo. Pero claro, antes rasgarse las vestiduras que reconocerlo.

Además, me da la sensación de que un tercer elemento en discordia son las plataformas audiovisuales, que necesitan material para sus parrillas y, al final, lo que hacen es coger a cualquier autor más o menos consagrado y hacer de su novela la serie, que rellene su programación durante unas semanas. Luego da igual si es buena o mala. Tampoco dan opciones a una segunda parte si no es rentable la primera y se le da pasaporte sin más explicaciones. Aunque la tendencia general son versionados que no tienen mucho que ver con la novela, cambiando incluso en final a su gusto. Este medio está fagocitando a autores que son moda durante unas temporadas gracias a una supuesta recua de fans, pero cuya trascendencia va a ser mínima. Aunque tampoco importa, porque esto tiene pinta de que va a reventar el día menos pensado. Pero no el mundo editorial, que ese tiene aguante hasta el infinito y más allá, si no el mundo en general, porque nos encontramos en una nueva época de decadencia parecida a la que sufrió el Imperio romano en su día.

No penséis que estoy en plan negativo o catastrofista, para nada. Solo me limito a plasmar lo que en las mismas redes se comenta, que hay mucha morralla en el mundo editorial y aumentando según pasa el tiempo. Se nota incluso en las mismas plataformas televisivas, en las que cada día encontramos más dificultad para ver una serie que de verdad sea original e interesante. Todo muy normal porque las unas se nutren de las otras y vivimos en época de inmediatez. Si no se tiene lo último de lo último ya no eres influencer.

Como remate, está la lucha de egos que a mí me gusta observar directamente desde la tribuna, comiendo palomitas. A lo mejor pensáis que soy una exagerada, pero eso mismo he visto con estos ojitos que hoy uso para contarlo. Evento literario importante a nivel local en el que se juntan autores para presentar sus nuevas obras y firmar ejemplares. Todo preparado: carteles lanzados, avisos en las redes para que cada cual acomode su horario al evento y, de repente, tocan a arrebato las campanas de una gran editorial ¿Cómo va a firmar nuestro autor reconocido a esta hora? Llamadita al concejal de cultura e imagino el tipo de conversación. Resultado final: a poco más de 24 horas inicio del evento se quita por parte del Ayuntamiento toda referencia a los horarios antiguos y se cambia a gusto de la editorial y su figura. Los demás autores se la tienen que envainar y aguantarse con el horario que se les ha vuelto a asignar. Si ya tenían cartelería y avisos en sus redes, pues es lo que hay. ¡A joderse!, que el ego y la fama de otros está por encima del respeto hacia los compañeros.

Hoy por hoy, todo esto que cuento está en las redes, no es algo que yo diga para rellenar. Un ejemplo de ese sentir ante las malas praxis lo encontramos en dos novelas que he leído estas semanas atrás. Ambas han formado revuelo entre los lectores y otros escritores, diciendo que muchas de las cosas que se cuentan son mentira. Yo os garantizo que no y que lo único que no dicen son los nombres y apellidos de muchos de los que están arrastrando el buen quehacer de autores y lectores que no se doblegan ante este tipo de actitudes. Hoy os comentaré una de las dos obras y la otra la dejaré para un poco más adelante.

Esta primera novela va más relacionada con las editoriales y la publicidad en redes sociales que con los lectores y escritores propiamente dichos, aunque también encontré entretenidas historias sobre autores que hacen lo imposible por destacar los unos sobre los otros, con lo que después de haber presenciado lo que te he contado con anterioridad, ya me lo creo todo.

Estand Librería Rita’s Bookshop de San Fernando en la feria del libro 2024

El primer libro es el de la americana R. F. Kuang, Amarilla, y está principalmente dedicado todo lo que gira alrededor dela publicación de un libro, como ya he indicado. En él vemos la forma en la que la protagonista, una escritora de segunda fila, llega a ser famosa y reconocida. Aunque pueda parecer exagerada, que lo es, ya todo se desencadena a raíz de una muerte, ¿accidente, asesinato? De eso ya no os hago spoiler. Aunque, en el fondo, la pregunta que queda en el aire es ¿hasta dónde se puede llegar para alcanzar el éxito?

Nuestra protagonista robará una trama de otra autora, amiga suya, fallecida. La gente alegará que es ficción y le quitará importancia, pero eso mismo lo he vivido, sin ir muy lejos, en las carnes de otra compañera; eso sí, sin necesidad de una muerte de por medio. Todo fue por fiarse de una escritora, y amiga, que ejerce de lectora cero, sin haber registrado la obra. El resultado final fue el de encontrarse la novela plagiada. Ya el problema no es tanto el plagio, que, por supuesto, demuestra la poca vergüenza de la gente. Lo peor es que no vale la pena meterse en litigios ―todavía colea el de Cela con Planeta y una autora gallega― y al final es pérdida de tiempo. Esta gallega denunció al autor y a la editorial y, a estas alturas, sigue litigando el hijo y heredero de los derechos de su madre, porque ella ha muerto y Camilo, también. La historia de la novela La Cruz de San Andrés, premio Planeta, la puedes encontrar en internet. Si un plagio tan gordo a nivel nacional todavía está sin resolver, ¿quién va a hacer caso de una autora novel que se fía de quién se promociona como correctora y lectora cero?

La historia de la obra robada en Amarilla es el mero soporte de la crítica hacia este mundo editorial y la gente que lo rodea, que plasma con frases tan rotundas como:

Los premios en esta industria son una chorrada, y bastante arbitrarios. Son menos un indicativo de prestigio o de calidad literaria y más una muestra que has ganado un concurso de popularidad gracias al apoyo de un grupo muy reducido y sesgado de votantes.

Otras de las cosas de las que trata es del acoso que se sufre en las redes si destacas, eres diferente o no eres del agrado de una autora que acaba mandando a sus palmeros a hundirte vía hate. Os dejo alguna de las reflexiones que la misma autora pone en boca de su protagonista y que tienen su miga:

Las reputaciones en el mundo editorial se construyen y se destruyen constantemente en Internet.

Se hunde a la gente para conseguir tener un público, creamos nuestra propia autoridad moral.

Una vez que entras en el mundo editorial todo gira en torno a los celos profesionales…

Los lectores vuelcan sus propias expectativas no solo en la historia, sino también en tu opinión política, tu filosofía y en tu postura respecto a cualquier asunto ético, tu persona y no tu escritura pasan a convertirse en el producto: tu aspecto, tu genio…

Al final todo se reduce al ego. Si el mundo editorial está amañado, lo mejor que puedes es asegurarte de que este a tu favor.

Las redes sociales son un espacio diminuto y aislado. Una vez que te alejas de la pantalla a nadie le importa una mierda. (A esto añadiría que a nadie le importas una mierda, más que a tus verdaderos amigos, que estaban antes de que publicaras la primera vez).

Esta novela la recomiendo, sobre todo, para aquellos autores que se piensan que son el ombligo del mundo porque están en una gran editorial y van pisando a aquellos que empiezan. Incluso dedicada a todos los que empiezan o llevan un tiempo intentando darlo todo. para que no caigan en la tentación de estas malas prácticas que tanto se ven en las redes.

En cuanto a historia en sí, para mí se me ha hecho algo larga. Podría haber quitado algunos capítulos o haberla reducido, que hay maneras para ello; pero claro, todo depende del editor y, en este caso, la historia es yankee y el editor también. Cada cual con su cada quién. Aun así, se le puede sacar bastante jugo a la realidad literaria actual y más si en otra entrada os complemento la historia con la que nos narra Pussie Lánime en su trabajo Proyecto PLAS. Una obra que ya saltó a las redes de mala manera, puesto que como la autora o autor es anónimo pronto comenzaron las elucubraciones de quién estaba detrás de esa crítica, iniciándose una caza de brujas y señalando a autores que no son los dueños del seudónimo; pero, que si lo fueran, ¿por qué hay tanto miedo a lo que se pueda contar en una novela? No se dicen nombres. Al final es lo que decía mi abuela: al que le pica, ajos come.

vivencias

La vida, un papel de arroz

Ya te he comentado en anteriores entradas que, gracias a Dios, el pecado de la envidia no está en mi lista de defectos. Si acaso la lujuria y la gula, aunque trato de mantenerlos a raya. Cosa que no se puede decir de muchas personas que veo pulular por las redes sociales. Junto a ellos, hay otro tipo de individuos que sufren de una nueva enfermedad, una que arrastran desde el siglo XX y lucen con garbo este inicio de milenio: la frustración, que si bien no es pecado capital debería ser el octavo. De los envidiosos, puedo decir que en el pecado llevan la penitencia; en el caso del frustradito, el entorno acaba hasta el mismo merengue de tanto desencanto. Ante todo, tengamos claro que el 90% de lo que nos ocurre son cosas que hemos sembrado y ahora cosechamos, queramos o no. Lo peor de todo es cuando se juntan la envidia con la frustración. Es ahí cuando te recomiendo que huyas si tienes a alguien a tu alrededor que padezca esa enfermedad, porque, al final, no deja de ser un problema de concepción de la realidad y debería ser tratado por profesionales de la psicología, siempre y cuando el paciente reconozca su problema, algo que normalmente, a la altura que estamos y con la sociedad que nos rodea, no suele pasar.

Esta semana he aprovechado para tomármela sabática y he participado en una dinámica en la que me han mostrado de manera didáctica este concepto y como, o le pones remedio y dejas que el problema fluya, o te dejas arrastrar y entonces llevas todas las de perder.

Gracias a Amaia y en un entorno relajante como es La posada del té

https://www.instagram.com/laposadadeltea/?hl=es

disfruté junto con Héctor https://www.instagram.com/hectorh.lopez/?hl=es de las técnicas milenarias del Shodo y del Sumi-e. El primer término lo podemos traducir como el camino de la escritura, algo muy apropiado para dos escritores, mientras que el segundo se trata de la palabra usada para designar la técnica de la pintura con tinta y se utiliza, entre otras muchas herramientas de las que se vale la filosofía zen, para alcanzar la paz interior. Una práctica útil para momentos de incertidumbre.

Iniciamos la dinámica con una ceremonia del té, como bien dijo Amaia, siguiendo el ritual, pero conducido de una forma personalizada tras sus años de experiencia. Nos habló de los tipos de té, del blanco Pu-Erh que tomamos, y que esa noche era la de la luna llena de las flores, llamada así por ser la última luna antes del solsticio de verano. Estas son las semanas en las que se planta aquello que se cosechará en plena canícula. Paso a paso Amaia nos fue poniendo en situación para que se creara el ambiente adecuado y nos dio las pautas a seguir:

  • Escribiríamos en un papel una intención que no solo nos afectara a nosotros, sino que favoreciera a nuestro entorno, para luego colocarla bajo un gran cuarzo que presidía el centro de la sala.
  • Trataríamos de dejar fuera todo aquello que nos perturbara y nos colocaríamos lo más cómodos posible, siendo conscientes. Si nuestro cuerpo se quejaba de la postura no debíamos tomarlo como algo que nos incomodara, sino como una realidad natural (inicio del concepto de no te frustres, porque con 57 años ya no tienes la flexibilidad que tenías y tu cuerpo se quejará)

Se inició la ceremonia propiamente dicha y, entre taza y taza de té, tratamos de encontrar el Samâdhi, que para los profanos, incluida yo, se puede traducir como alcanzar ese nivel de conciencia plena de sí misma dentro de la meditación. O sea, que no estés pensando en las albóndigas para el día siguiente o la última bronca con los niños, algo muy habitual en la vida que nos ha tocado. Nos cuesta pararnos y ser conscientes de que vivimos, porque estamos más en el cómo vivimos.

Lo disfruté, pero dónde saqué la enseñanza relacionada con el título de esta entrada fue en el siguiente paso, cuando llegó el momento de hacer Shodo y Sumi-e. Amaia nos enseñó la lámina que ella había hecho y nos animó a intentarlo en unas tablillas de madera a las que estaba sujeto un papel ¡DE ARROZ! La tinta china y este papel son incompatibles, ¡por dios! Pero nada, ¿quién dijo miedo? Respiré profundamente y me dispuse a hacer mi lirio. Ya ves el resultado final. Si te digo la verdad, según lo miro y remiro, más me gusta, porque para mí tiene un profundo significado. Te puedes proponer hacer las cosas lo mejor posible, planificarte, medir bien los pasos; pero luego la vida es un papel de arroz que se encargará de que todo lo acabes sacando como buenamente se pueda.

Lo ideal para hacer Sumi-e es usar el habitual para acuarela, pero Amaia quería darle ese toque de: no te molestes en intentar hacerlo perfecto, sino, más bien, disfruta con lo que estás haciendo. Se nos olvida disfrutar del proceso de vivir y estamos muy pendientes de organizarnos la vida. Eso os lo dice una persona a la que le encanta organizar cosas, si bien, con muchos años de filosofía y espiritualidad a las espaldas, que no se frustra si hay que cambiar de planes o las cosas no salen como las había planificado. Ojo, que también me enfado cuando no son como yo querría o me dan bajones si tengo contratiempos, porque soy humana, pero ni me dura mucho tiempo el desengaño ni le jodo la vida a los de mi entorno porque las cosas no salgan a mi gusto.

Enseñanza

Ahora mismo veo cómo llega la primavera y todo el mundo anda de promoción de sus nuevas novelas y yo ahí, corrigiendo la mía como una Penélope de la vida. Así son las cosas y así te las cuento. Mi nueva novela me puede parecer maravillosa, pero sabía que necesitaba ponerla a régimen, no soy Posteguillo, y una editorial, por mucho que se anime a arriesgar su dinero, no publica de una autora desconocida ―seamos serios, me conocen en mi casa, cuatro amigos y dos lectores lejanos― un volumen de ochocientas páginas. Hay que ser coherente, como en la meditación, no frustrarse y ser humildes, no pensar que a mi hijo no lo toca nadie. ¿Me pongo a llorar? ¿Pienso que todas las editoriales están en mi contra? ¿Me frustro y despotrico en las redes? Pues no. Pasados los primeros minutos de pánico, porque no se sabe por dónde empezar, y sabiendo que mi editora me recomienda dejar la novela a la mitad (de 444 folios a 250 más o menos), me arremango y me pongo manos a la obra. Ya hemos quitado 80, y ¡escucha!, sin romper en absoluto la obra. Eso me demuestra que, si bien mis descripciones pueden ser todo lo inmersivas que yo quiera, es mucha tralla tanta palabra y que no tengo un ego tan desarrollado como para emperrarme en publicar el libro tal cual. Soy divina, pero en otra acepción.

¿Y sabes una cosa? Que estoy superorgullosa de poder quitar de mi novela esas páginas sin perder coherencia y sin sufrir, siendo consciente de que estoy haciendo lo adecuado y sin cabrearme por el tiempo que le he dedicado a unos folios que acaban en la papelera. Es un maravilloso ejercicio de humildad y, al final, si sabes aceptarlo, acaba siendo gratificante, sabes que va a valer la pena. Obviamente, la última palabra, en cuanto a si no han quedado agujeros en la trama, la tendrá mi lectora cero y, por supuesto, si ha quedado bien para publicar lo tendrá que decidir mi editora. Aunque las cosas no salieran bien, que saldrán, siempre habré aprendido una gran lección que, además, esta semana de relax y reflexión me ha reforzado. De nada sirve sufrir por adelantado ni a posteriori: acepta tu pasado, encara ilusionado tu futuro y, sobre todo, vive enfocado en el presente.

N. de A. Algunas fotos son mías y otras las he cogido prestadas del IG de La posada del té. No era mi idea ponerme a hacer fotos durante la ceremonia.

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Un año tirado por la borda, para variar

Hace ya un año del Congreso Internacional de la Lengua Española celebrado en Cádiz. ¡Cómo pasa el tiempo! Se suponía que nos correspondía ser anfitriones para el 2025, pero debido a la inestabilidad política del país organizador en el 23, Perú, nos tocó en suerte adelantarlo. Por ello empezamos una loca carrera para tenerlo todo listo casi dos años antes de la fecha prevista. Pero para eso los españoles somos de los que pensamos que a la ocasión la pintan calva, hacemos el pino puente y, al final, sale bien el evento. Como se suele decir, tenemos una flor en el culo.

Fueron unos días en los que muchos gaditanos nos acercamos para ver qué era eso. Es cierto que la mayoría no se enteró de nada, puesto que la parte académica se desarrolló pensando en expertos lingüistas. El resto solo vimos las calles llenas de personas con credenciales, algo a lo que estamos muy acostumbrados, exposiciones y balcones y escaparates decorados con pancartas haciendo referencia al vocabulario típico gaditano. Un léxico del que hizo un compendio, en forma de diccionario, Pedro Payán Sotomayor, profesor de Lengua Española de la Universidad de Cádiz, con el que he tenido el gusto de cruzarme por los pasillos de la facultad de Filosofía y Letras en mi época de estudiante.

Junto a esta decoración, la imagen que quedó fue la de S.M el rey Felipe tocando el cajón flamenco en la plaza Fragela. Lo lamentable es que, según he leído en artículos de prensa de este año, poco más ha quedado de ese evento que vivimos los gaditanos. Un sinfín de nombres desfilaron durante esa semana por los seminarios, debates, presentaciones de publicaciones, conferencias, mesas redondas, rutas, exposiciones, conciertos y demás actos de un Congreso que sirvió para analizar la situación actual de la lengua española, su relación con las otras lenguas oficiales del Estado y su uso y pervivencia en América con el respeto a las lenguas indígenas como telón de fondo. Un idioma, el español, cada vez más hablado, pese a la pujanza de otras lenguas, y que, además, debe enfrentarse, en un futuro cada vez más cercano, casi ya presente, a la irrupción de la inteligencia artificial y a un mundo tecnológico en el que el entorno anglosajón amenaza con su primacía. De todo ello se habló en la cita.

Los citados articulistas se preguntan si en la ciudad ha quedado algo más que esa retahíla de palabras salpicadas por calles y plazas que aún se mantienen a la vista. Es cierto que somos 600 millones de hispanohablantes, pero como sigamos así seremos 600 millones de albañiles en la torre de Babel y, al igual que con Sir Francis Drake, que entró en la ciudad como si la conquista fuera más bien un paseíllo, ocurrirá con el castellano que, debido a la inclusión de vocabulario de otras lenguas, al final acabaremos hablando un spanglish de cosecha propia y dejaremos de entendernos unos y otros. Teniendo en cuenta lo bien que se nos da a la mayoría de los españoles hablar el inglés, me veo usando el traductor de google con un murciano.

Entiendo que el periodista gaditano Fernando Santiago reclame la continuidad de aquellas propuestas que surgieron al calor del evento, pero eso es pedir peras al olmo, ya te lo digo yo. Parece increíble que todavía no nos hayamos dado cuenta de que en Cádiz, quitando el turismo masificado, el carnaval y el cajón flamenco, poco más podemos encontrar. Conozco iniciativas, como clubs de lectura, que se han abierto hace poco, sea a raíz del Congreso, sea por iniciativa de los pocos locos románticos que quedamos y que pensamos que el saber no ocupa lugar ―pero el saber de calidad, ojito―, que, no obstante, apenas hacen ruido. Que saber cómo darle la vuelta a una foto en IG o grabar un video en Tik Toc con el efecto espejo no es calidad, ni aunque te promociones como publicista. También rogaría a muchos de los que van de influencers literarios que, además de girar imágenes, cuidaran la ortografía en sus publicaciones, sobre todo en las sinopsis de sus novelas, que la primera impresión cuenta y, además, todo se sabe.

Surgió una propuesta, al finalizar el Congreso, que me hubiera encantado que hubiera salido adelante: que el edificio del antiguo Instituto de El Rosario se convirtiera en un centro de encuentro para la lectura y la escritura, una república de las letras. ¿Te lo imaginas? Y más ahora que se ha puesto tan de moda los retiros para escritores, en un momento en el que hay pueblos perdidos en la España profunda que para aliviar la falta de población hacen el llamamiento y crean reductos culturales, a semejanza de los retiros espirituales, con el fin de fomentar la creatividad. Pues en Cádiz, hubiera sido un lugar privilegiado, cerca del mar, dentro de unas murallas del siglo XVIII hijas de la Ilustración y, pese a todo, se pierde la oportunidad de semejante iniciativa.

Si es que la cultura está tan mal vista. Está ninguneada por muchos escritores, o más bien seudoescritores, porque ¿cómo llamarías al escritor que considera normal que los personajes de una novela escoceses de pura cepa, criados generación tras generación en las Highlands, hablen con modismos propios de un autóctono de México DF? ¿Nadie le ha dicho al escritor que eso es una estafa para el lector? Bueno, puede que alguien se haya atrevido, pero como la ignorancia es así de atrevida, se lo habrán pasado por el forro de los vaqueros y ahí siguen, novela tras novela, «cosechando grandes éxitos».

Viendo cosas así, lo más probable es que si hubiera que pasar un filtro para pertenecer al reducto de cultura propuesto para la ciudad de Cádiz, muchos no lo pasarían. Porque una cosa es una coma, otra algún error de construcción sintáctica o que se nos vaya la pinza en una concordancia verbal, pero ¿disculpar esos anacronismo? ¡Venga ya, no me jodas!

Así entiendo que no salgan adelante propuestas para subir el nivel cultural de la sociedad si nosotros mismo somos tan “hipócritamente correctos” y consentimos cosas así. Pocas son las editoriales tradicionales o los proveedores de servicios que de verdad cuidan la calidad del producto. Veo que, ante la feroz competencia de Amazon y su miscelánea, las empresas, en vez de usar como puesta en valor la calidad, se han montado en el carro de la cantidad frente a la excelencia. También es verdad que una parte de la culpa la tiene el autor que se apunta a esta tónica y que, o bien es un egocéntrico hasta la médula o bien un sinvergüenza al que no le importa exponerse ante el gran público sin tener idea de lo que lleva entre manos. Pero claro, aquí tenemos la pescadilla que se muerde la cola: la gran masa, que devora cultura como si fuera una Big Mac, tampoco tiene formación como para saber distinguir las churras de las merinas, con lo que, al final, entre todos la mataron y ella sola se murió. Organizamos el funeral de la cultura y le echamos más paladas de tierra a la ciudad de Cádiz, cuna de grandes autores, cual entierro de la sardina.

Es cierto que aquí y allá brillan pequeñas lucernas, con poco aceite pero mucha esperanza, seguramente con bastante más que yo. Hace tiempo que la perdí. Sobre todo al leer a autores de las mal llamadas grandes editoriales, que en realidad es una que ha absorbido al resto de las que sobrevivieron a las distintas crisis económicas. O dos. En ellas sigo encontrando más interés comercial y búsqueda de que el libro sea guionizado por Netflix que un verdadero empeño por aportar algo, si bien no tiene que ser algo tan novedoso como para merecer el autor un nobel, pero sí, por lo menos, un trabajo bien hecho para aquellos lectores que pagamos por ello. Mi conclusión es que seguiré luchando contra molinos de viento, si bien volcaré mi empeño en buscar, no importa hasta donde lo consiga, esa excelencia cuya ausencia tanto critico.

Mi recomendación semanal

Lola es independiente, joven, cariñosa y algo bocazas. Elia es independiente, vieja, cariñosa y guarda secretos. Dos maneras de ver la vida. Dos formas de seguir adelante. Dos caminos destinados a cruzarse. Dos realidades distintas, un amor prohibido. Una historia que merece ser contada y escuchada. Una historia que cambiará esos puntos de vista y, quizá, incluso los acerque.

Hay AVE Valencia-Sevilla de Nuria Colomina Gomis

Esta semana te vengo a hablar de la novela Hay AVE Valencia Sevilla, de la autora Nuria Colomina Gomis. Un trabajo que llevo tiempo queriendo leer, pues ya lo hice con sus anteriores publicaciones y quién sigue mi blog sabe que me gusta estar al tanto de la trayectoria de algunos autores para conocer su evolución.

En este caso la autora sigue, como en su anterior título, una trama que se desarrolla en la España contemporánea, si bien, en este caso, transcurre en dos épocas diferentes: el entorno de la Guerra Civil y los años posteriores, por un lado, y, por otro, finales de los 80 y principios de los 90. En el primer caso la narradora será la abuela de la protagonista, del otro, su nieta.

Conoceremos a Lola, una alocada joven, con una visión propia de muchos de los veinteañeros de finales del siglo XX, y a su abuela, que está mucho más al cabo de la calle que su propia nieta. Tendremos como hilo conductor una serie de cartas que Elia tiene costumbre de releer, algo que Lola descubre y que le produce gran curiosidad. Eso la llevará a conocer el pasado de su abuela y entenderá que sus vidas y sus inquietudes no están tan alejadas. Incluso, a veces, como pasa hoy en día, veremos que la abuela es mucho más moderna y que está al tanto del día a día de Lola de lo que esta se piensa, algo que a la inversa no ocurrirá hasta bien avanzada la trama.

Tengo que destacar varias virtudes eneste libro:

  • El acierto de la autora a la hora de conseguir el ambiente de la Guerra Civil sin tomar partido por ningún bando.
  • La facilidad con la que logra que el lector siga los hilos de los que consta la trama.
  • Su modo de tratar la historia romántica se puede considerar que está en el nivel medio-alto del género.
  • El lenguaje de la novela es apto para el gran público. Como inciso, puedo añadir que a mi madre, con 85 años, le resultó una novela muy agradable de leer.
  • Se precibe claramente la buena documentación y el tiempo de reposo antes de la escritura de la obra.

Si quieres pasar un buen rato y conocer de una forma amena la historia de dos mujeres separadas por el tiempo y las circunstancias y, con ello, un poco de las situaciones que vivieron muchas personas de la España de esos años, esta es tu novela.

mis lecturas

Recuerda

Mi secreto

Hoy en día vivo con el corazón partido entre el derecho a ejercer la denominada libertad de expresión y el interés que tendrán algunos lectores por lincharme. Un tipo de potestad ejercida por parte de aquellos que no están de acuerdo con mi opinión, pese a que intento siempre expresarla con fundamento y educación. Pero dar su brazo a torcer, en las redes en particular y en España en general, es inasumible por parte de la gran mayoría de los internautas. Nadie reconocerá la autoridad del otro por mucho que se le pongan delante de las narices las pruebas que lo ratifiquen. Si hay personas que todavía piensan que la tierra es plana, cuando hace milenios se demostró que es redonda y es algo fácilmente apreciable incluso a simple vista, no me extraña que haya multitudes que intentarían sacarme los ojos si expresara, de verdad, lo que pienso de muchos comentarios y temas.

Ser políticamente correcto es el marbete que llevamos colgados todos aquellos que queremos vivir en paz en el mundo de las relaciones sociales. Mi pregunta es ¿cómo sobreviven todos aquellos que mienten descaradamente y se pasan la vida revolviendo el caldero? Porque luego llega un pobre inocente, comete un desliz y las redes arden hasta los cimientos. Aparecen los coñohonrados defendiendo lo indefendible y aquello se convierte en una caza de brujas al más puro estilo medieval.

Te estarás preguntando a santo de qué viene esta digresión y viene por el tipo de libros que leo en la actualidad y a los que me acerqué en otros momentos. Si es de alguien que está en la lista de los autopublicados y osas hacer la más mínima crítica, saldrán en su defensa aquellos que postulan que el autor es un pobre inexperto que acaba de empezar y por lo tanto está en su derecho de equivocarse. Aunque con tan numantina defensa más bien parece que esté en la obligación de hacerlo. Parece que es impepinable nuestro deber de perdonar el cúmulo de errores, aunque sean de tal calibre que no los cometería un niño de primaria, pero ojo, de aquellos de primaria que estudiaron la EGB, no de los de la actualidad. Si el autor es algo más consagrado, automáticamente saltarán a la palestra aquellos llamados «abogados de pleitos pobres», tan habituales en nuestro entorno, que alegarán que quién soy yo para criticar a un compañero. Como si ser compañeros ya nos sirviera de escudo de vibranium.

¿En qué se resume la mayor parte de las aportaciones que se hacen bajo el falso nombre de críticas? En una palmadita en el lomo y si los «musos» empotran o no a la protagonista de turno de la forma adecuada. Pues mira, siento decir que muso tiene otro significado que, si lo conocieran, seguro que usarían menos; pero claro, hay que tirar de Diccionario de la Lengua Española y es mucha tarea. Eso que estamos todo el día con la palabra empoderamiento en la boca. Qué verdad esa, que decía mi abuela, de que la ignorancia es muy atrevida. De este pedigrí he encontrado a muchos entre los miembros de colectivos que lo mínimo que se les presupone es buen oficio, pero que no alcanzan la categoría de iniciados en la cartilla 0 de caligrafía de Rubio.

Mi recomendación

Desde hace unos meses me estoy dedicando a leer libros de nombres «de reconocido prestigio». No todos ellos son conocidos por el gran público, pero cierto es que tienen miles de lectores. No hablo de descubrir autores desconocidos, aunque sí pueden serlo para mí pese a que vienen con una larga trayectoria literaria detrás. Quiero con esto afinar, de verdad, mi sentido crítico y, al alimón, montar un club de lectura que enriquezca a sus miembros con aportaciones que nos sirvan para crecer como escritores. Sé que sería un campo minado si se abre a muchos participantes, por lo que lo compondremos un número reducido, para que sea manejable, y será privado, para que podamos aprender de verdad. Algo más próximo a la masonería que al Círculo de Lectores, para qué mentir. Me dan ganas de poner como prueba de admisión la lectura de un libro de los postulantes y realizar su crítica fundamentada. Si no eres capaz de soportar ese escrutinio no tienes derecho a criticar los libros de los demás, ya que se demostraría que estás abierto a asumir las opiniones ajenas y los fallos. Entiendo que nadie es perfecto, pero se debe demostrar la intención de mejorar, que es la finalidad del grupo. Esto es como una partida de ajedrez y yo solo juego con aquellos que me puedan ganar; lo demás es un aburrimiento y pérdida de tiempo. Ponme retos y olvida eso de los golpecitos en la espalda que, al final, acaban siendo puñaladas traperas que no me aportan nada. Quiero una verdadera lectura crítica.

Esta semana ha sido, de Pierre Lamatrie, Vestido de novia. Leyendo sus primeras páginas, la forma de poner en escena a la protagonista me ha recordado la película Psicosis de Hitchcock. Quería saber algo más del autor y busqué en su biografía, confirmando mi pálpito: además de ser escritor de thriller es guionista y admiraba al citado director de cine.

Según iba avanzando en la angustiosa trama, más me picaba la curiosidad de saber cómo había nacido esa historia. Si hubiera podido hacerle una entrevista al autor, mi primera pregunta hubiera sido qué le indujo a tratar ese tema. De momento, fui tirando de mi bagaje cinéfilo que, si bien no es tan amplio como yo quisiera, tiene su aquel para estos asuntos. Me había venido a la memoria otra película del mismo director y de la que solo tenía como referencia para encontrarla que parte de los decorados habían sido pintados por Dalí.

Así apareció la película Recuerda (1945). Me he vuelto loca buscándola ―a veces localizar una película de cine clásico es complicado― para poderla disfrutar de nuevo en la pantalla, pero por fin lo he logrado y he comprendido de dónde ha salido la historia. Obviamente el autor ha modificado la estructura de la narración haciendo lo que se denomina un 2, 1, 3: la lectura se inicia con el nudo de la historia y sigue avanzando con la narración del detonante de la trama hasta llegar al final. No considero que sea, como he leído en algunos críticos, una novela impecable. Pese a que puede parecer redonda, se apoya en la casualidad y tantas casualidades hacen que la pierda credibilidad. Es más, puedo considerar que el autor es un mentiroso.

Antes de leer las críticas para escribir esta entrada ya había pillado de qué pie cojeaba. Dirás que voy de sobrada; siento decir que no, que cuando una ha leído mucho ―y hablo de autores clásicos de todos los tiempos―, tiene un criterio bien formado. Lo que te he dicho al inicio de la entrada: tengo, sin ser una experta, autoridad suficiente como para poder fundamentar. Encima, encuentro la reseña de El País, donde mis postulados y los del crítico literario son muy similares, algo que me ha producido una profunda satisfacción, pues me reafirma. https://elpais.com/cultura/2015/02/11/babelia/1423652867_693810.html. Prometo que el columnista de esta sección del periódico no soy yo ni nadie de mi familia con el que me haya tomado unas copas o compartido comentarios. 

Son tres los puntos que han hecho que el libro no me convenciera:

1.- El tiempo. A veces da la sensación de que la historia transcurre en los años 70 del siglo XX y, de repente, te das cuenta de que nos encontramos entre finales de los 90 y principios del XXI.

2.- La mentira. Es imposible que todo lo que ocurre en la trama funcione, ni aunque fuera agente de los servicios secretos. O que en Francia Internet no funcione como en el resto del mundo. Hay momentos en que parece que la policía no exista en absoluto. Como en Recuerda, cuando dos agentes caen en la cuenta de haber tenido delante a la doctora (Ingrid Bergman, nada menos) y no la reconocen porque lleva gafas de ver, algo en lo que Hitchcock incide pues las pintan en una fotografía para explicárnoslo. Recordemos que es 1945.

3.- La lógica. A las primeras de cambio y teniendo en cuenta la fecha real en la que se desarrolla la trama y que todo se inicia por el robo de un bolso, lo normal es que la protagonista cambiara la cerradura. A partir de ahí, por ese simple hecho, se hunde toda la trama. Además ella sospecha de todo al final, cuando se supone que mentalmente está mucho más afectada.

Ahí es a dónde voy cuando hablo de la importancia de leer libros que nos den unos cimientos y una formación para hacer una crítica constructiva útil. Sobre todo si queremos destacar en este oficio, si somos escritores y si nuestro deseo es aprender. O también puede servir para otros escritores, si solo somos lectores con interés en apoyar a los autores que de verdad veamos en su trayectoria la intención de crecer. En realidad sé que son pocos y que estas palabras caerán prácticamente en saco roto, por lo que tampoco tengo demasiadas esperanzas.

Te lo he dicho muchas veces. Si no tienes una buena técnica, cuando trabajes con un corrector o con un editor te podrán engañar con harta facilidad, no distinguirás la calidad de su trabajo; cuando hagas una reseña o ejerzas como lector cero le harás la puñeta, solo harás comentarios banales, como lo ágil que ha sido la lectura, y no aportarás nada para su mejora. Vemos a correctores y editores publicitando las novelas en las que han trabajado y que cuando lees sus primeras páginas te llevas las manos a la cabeza por la cantidad de errores. Nunca sabré si es porque el autor o autora de turno, por soberbia, no han aceptado las correcciones sugeridas, por desconocimiento lo han visto todo estupendo o porque en realidad nunca les han hecho una buena corrección. Pero no seré yo la que pregunte. Y no me vale la excusa de que en las grandes editoriales también hay errores o fallos. Claro, y en las cocinas de El Bulli, pero seguro que son mínimas y se percibirán pocas veces. A mí eso de, mal de muchos consuelo de tontos, no me vale. ¿A ti sí?

¿En qué queda todo? El resumen está en que incluso un premio Goncourt puede tener una novela en la que se pillen errores de trama y no pasa nada. A fin de cuentas, un gran equipo, como el Real Madrid o el Barcelona pueden tener un mal día y, pese a todo, se disfruta de jugadas magistrales, algo que he visto en este autor. Se pueden criticar y aprender de ellas, tanto las buenas jugadas como las malas, para no repetir estas últimas.

Seamos un poquito más humildes y en vez de subirnos por las paredes, cuando alguien vierta una crítica negativa sobre nuestro trabajo, preguntemos y aprendamos. Junto a eso, hagamos verdaderas lecturas conjuntas, tan de moda en las redes, pero con fundamento, como las recetas de Karlos Arguiñano. Todo lo demás es para nada.

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Las ocho P y un exordio

Exordio: prefacio, prólogo, preludio, preámbulo, prolegómenos, previo y proemio. A fin de cuentas: preliminares.

Así es de rico el castellano, a la vez que amigo de hacer juegos de manos. Pueden parecer sinónimas pero no todas lo son. En realidad, te diría más bien de que son primas, algunas cercanas y otras lejanas, pues su etimología puede ser latina o griega y no es lo mismo, aunque nuestro cerebro tienda a simplificar y quiera equipararlas. Como escribe mi colega Héctor H. López en su entrada, https://yatengounaedad.wordpress.com/2023/11/18/la-eleccion-de-las-palabras/, esto iría de connotaciones y denotaciones, pero a mi manera.

Al igual que el sexo necesita su preámbulo (del latín ‘praeambŭlus’: que va delante) siendo conocido como preliminares (aquellas caricias, besos y otros juegos de índole erótico-sexual que se llevan a cabo para ir aumentando la libido y excitación), una obra literaria también puede requerirla como modo de enganchar al lector con las primeras líneas, poniéndole en antecedentes de lo va a leer. Podríamos decir que es un aperitivo si nos colocamos en un escenario culinario.

La lista de opciones es amplia:

  • Prefacio: lo que se dice delante (latín).
  • Prólogo: texto introducido que da paso a una obra escrita, cuyo origen es griego.
  • Preámbulo: lo que va delante (latín)
  • Preludio: aquello que precede y sirve de entrada. Se usa más en la música. Su origen también es del latín.
  • Preliminares: su significado sería «antes del umbral» o «puerta de entrada», de etimología latina.
  • Prolegómenos: introducción al texto (griego).
  • Proemio: poema o canto que precede y que, por lo tanto, es más propio de la poesía.
  • Previo: que va delante o sucede primero, aunque también significa preparatorio.

Hace unos días vi un directo en el que se hablaba de la importacia o necesidad del uso del prólogo al inicio de una obra literaria y, al final, si no tienes claro de que va la película acabas haciéndote la picha un lio, como diríamos en Cádiz. No se habla tanto de la necesidad de que un libro la tenga esa estructura, ni si es algo que sea o no del gusto del lector; sencillamente son técnicas literarias que pueden servir al autor, como ya he comentado, para poner en antecedentes de la historia.

A mí me gusta hacerlo en mis novelas pues sé que las primeras líneas son fundamentales para atraer al lector y dejarlo enganchado. Por ello mis prólogos son introducciones que tratan de sorprender e intrigar a todos los que inician la lectura.

En el caso de mi última novela comencé con un entierro en Escocia para que suscitara toda una serie de preguntas al lector: ¿quién era el difunto? ¿cómo había fallecido? ¿quién narraba la escena? ¿quiénes eran los personajes que sufrían el duelo, y en qué medida?

Vivo en las Tierras Altas, en Ardersier, muy cerca de Inverness, donde tengo mis negocios. De niño y en mi adolescencia pasaba las vacaciones en casa de mis parientes, en Blackford, por lo que me resultaba fácil tener relación con los McFarlane. Allí, al final, todos somos parientes de una u otra forma y, al ser el pueblo bastante pequeño, acabamos yendo a los mismos sitios. Blackford tiene lo justo y necesario para vivir bien: su calle principal con sus dos iglesias, un colegio, un hotel, una embotelladora y una destilería donde trabaja buena parte del pueblo, una panadería que llevan mis tíos desde que se afincaron definitivamente allí tras heredar el negocio familiar y el típico pub que puedes encontrar en cualquier rincón de Escocia; el lugar donde se junta la gente cuando acaba de trabajar y que es donde se hace la vida social. Pero con el paso del tiempo mis visitas se fueron espaciando, aunque hoy estoy de nuevo aquí. Llevo varios días acompañando a mi tía para conocer el estado de Meisie, hija del señor McFarlane, y de su nieto Ian, pues tuvieron un accidente en la carretera camino de Glasgow. Todos los comentarios apuntan a una mala maniobra que provocó que se saliera de la carretera, con tan mala fortuna que un árbol se cruzó en el camino del vehículo. Ambos llegaron con vida al hospital. Sin embargo, el nieto que conducía falleció en el quirófano. Ahora me he enterado de que la hija de Craig, pese a todos los esfuerzos de los médicos, no ha logrado sobrevivir.

Taylor, Gaby. Unidos por el pasado (p. 4). Edición de Kindle.

Este sería el prólogo o prefacio al que estamos acostumbrados la gran mayoría de los lectores. Con el mismo nombre tenemos otra forma de iniciar una narración, aunque tiene un matiz que le da el toque diferenciador. En este caso es poner al lector en antecedentes de quién es el escritor, su intencionalidad a la hora de plasmar el escrito y su trayectoria literaria. Aquí entra en juego que el prologuista sea un autor con cierto renombre dentro del mundo de las letras. Sé que hay personas que esto no lo valoran e incluso dicen que nunca leen los prólogos de ese tipo, pero otro gallo cantaría si mi novela la prologara Cesar Gellida. Puede que como lector te importe un bledo, pero el empujón que da un padrinazgo de ese calibre no tiene color.

Otro caso que llamó mi atención es el de El nombre de la rosa, donde encontramos un exordio cuyo objetivo es atraer la atención y preparar el ánimo. Ahí, Umberto Eco nos habla del hallazgo del manuscrito y lo hace con tanta credibilidad que hoy en día hay quien lo busca como si fuera real. Tras unas notas donde aclara un poco su estructura, pasa a un prólogo ya narrado por uno de los protagonistas de los hechos, Adso de Melk, muchos años después de todo lo que se nos va a relatar.

Si has leído El Quijote te habrás topado con la captatio benevolentiae, una fórmula muy usada en los escritos de esa época. El autor pide al público que sea comprensivo con él y con su obra, pues a pesar de sus imperfecciones lo ha hecho con buena voluntad. En el caso de Cervantes se intuye otro propósito. Tras sus lineas se adivinan las tensiones propias del mundillo literario coetáneo: parece ser una indirecta contra un Lope de Vega que hacía un uso poco discreto de estos adornos y del que se conserva una carta, nada amena, en la que se refiere a las dificultades que conoció su rival en la búsqueda de plumas dispuestas a encomiar su libro. ¿No te suena? ¿Pensabas que esos dimes y diretes eran exclusivos de la actualidad? Yo os recomiendo su lectura pausada, porque tiene miga y nos demuestra la sorna que destilaba.

Como puedes ver hay muchas opciones y a cada cual más variada, pero se resumen en dos realidades:

  • Una introducción que pone al lector en antecedentes y con ganas de saber más.
  • Una explicación sobre la intención del autor con su obra y un breve recorrido por su trayectoria, pero no para destacar sus publicaciones anteriores, sino, más bien, mostrar el camino interior que surge a través de sus letras.

Creo que ambos modos de iniciar una obra pueden ser útiles para entender qué hay detrás de las páginas de un libro, cuáles son los intereses del creador, cuál es la intencionalidad que subyace y revelan los personajes. Eso sí, no hace falta que detalléis ciertos aspectos de vuestra vida personal si no estáis muy seguros de que el día de mañana esas relaciones se vayan a mantener, algo así como con las dedicatorias o los agradecimientos.

A modo de final, añadiré que otro día lo mismo me dedico a hablar de los epílogos que me he encontrado en algunas novelas. Desde aquel que no ha sido escrito por el autor a aquellos que en pocas páginas tratan de tapar todos los agujeros, incoherencias y cosas raras que se encontraban a lo largo de la narracción.

Aunque, para cosas raras, recuerdo aquella vez que vi en Facebook a una autora que iba recabando los nombres de otros autores y lectores para añadirlos a su lista de agradecimientos, llegando a juntarse con más de un centenar. No sé si su idea era aumentar el número de páginas para sumar ingresos en la lectura del Kindle Unlimited o que hubiera muchos posibles compradores azuzados por ver su nombre incluido en dicha lista al final de la obra. Fue durante un tiempo chascarrillo malintencionado en las redes. Está claro que cada uno puede gestionar su trabajo como quiera, aunque son formas que al final denotan poca seriedad.

Y ya está el mundillo raro como par no ser serios, ¿verdad, Lope?

Opinión

Los dados de Dios

La frase Dios no juega a los dados la pronunció Albert Einstein como forma de crítica hacia ciertas teorías de la física cuántica. Con el paso del tiempo ha sido usada, ya fuera de contexto, para justificar muchos razonamientos. Lo gracioso del caso es que el mismo científico casi tuvo que rectificar porque se llegó a demostrar que, en algunos momentos, Dios en efecto juega a los dados.

Esta semana he sido yo la que ha tenido que lanzarlos, de manera figurada, ya que he disfrutado de siete días de un continuo ir y venir a eventos culturales. Incluso me he visto obligada a descartar algunos debido al volumen de los que se han desarrollado en el entorno de la Bahía de Cádiz. Debo reconocer que, pese a mi deseo de contar con el don de la ubicuidad, no se puede estar en todo. Para que la decisión tomada no supusiera agravio a ninguna parte organizadora, nada mejor que dejarla en manos del azar. Así que, aprovechando uno de los regalos de mi cumpleaños, precisamente un juego de dados para partidas de rol, decidí poner en sus manos la resolución.

¿Sabes lo que supone que en cuestión de tres días haya cuatro presentaciones literarias, alguna casi coincidente en fecha y hora? Para mí, un sufrimiento. Me hubiera encantado haber asistido a cada una de ellas. Sobre todo porque los autores son amigos con los que he compartido muchas veces encuentros o, incluso, editorial.

¿Recuerdas las contraprogramaciones de las cadenas privadas? Pues la misma sensación he vivido. Y lo que más me ha llamado la atención es que una editorial tuviera la presentación de dos de sus autores el mismo día en diferentes puntos de la ciudad y con media hora de diferencia. Me veía con la música de fondo de la saga Misión Imposible, corriendo a carajo sacao, que diríamos por aquí, para ver si podía llegar a ambos eventos. Ahí estaba con mis dados, nerviosa como en un casino, esperando que cuando dejaran de rodar me dieran la solución a tan espantoso dilema. Eso sí, mi cerebro no dejaba de picarme con una lacerante curiosidad, pues era grande su interés por saber a que se debía esa contraprogramación de eventos realizados por la misma editorial. Con toda probabilidad escondieran un motivo de marketing desconocido para mí, profana en esas lides. A fin de cuentas, de marketing y publicidad solo conozco lo referente a mis libros, nunca osaría poner en duda el conocimiento ajeno en ese campo, y, es más, prefiero seguir siendo virgen en esas problemáticas. Pero mi puñetero cerebro de analista de sistemas no dejaba de preguntárselo.

Imagino que los otros actos, a los que no pude asistir, lograron un éxito de asistencia y ventas, como lo fueron a los que pude ir. Pero siempre me quedará la duda de si tanto ordeñar la vaca, al final acabará habiendo leche para todos. Eso sí, lo que espero es que aquellos dos autores que compartieron editorial, el día y la franja horaria de sus presentaciones, no tuvieran amigos o familiares en común. Me los veo con el compromiso de encargar un avatar o un clon con el que cubrir el expediente. Les aconsejo que, si se deciden por esa opción, deben hacer el pedido con tiempo a Shein o Timu, ya que tardan mínimo dos semanitas en enviarte uno a tu casa con todas las garantías.

Al final me dieron la solución sin tener que tirar de dados y todo se resolvió sin más complicaciones. Como bien he dicho, había otras presentaciones, una de ellas en San Fernando, en su Centro de Congresos. Allí me encontraría a la compañera de AMEP, Carmen Moreno, con su último trabajo, titulado La copla Queer. Desde los Fenicios hasta Rocío Jurado. Un viaje a través de la historia de la copla remontándonos, aunque no te lo creas, hasta época fenicia.

Una de las ventajas del asociacionismo, como ya he comentado en otras entradas, es el apoyo entre los miembros del grupo, ya sea a través de las redes o de forma presencial. Así, al publicitar la compañera Carmen Moreno su presentación, no tuve dudas en recoger mis dados, pintarme la raya del ojo, juntarnos otros amigos autores y montar la expedición a la ciudad vecina. Y tras finalizar el acto, entre anécdota y chascarrillo, nos tomamos unas cervecillas, con lo que puedo decir que fue una tarde muy bien empleada. Pero eso no quita que mi cerebro siga machacándome con la cuestión de fondo, esa con la que inicié esta entrada. ¿No habría una manera coherente de coordinar las presentaciones y que no ocurra la duplicidad el mismo día y con media hora de diferencia entre varios actos? Es que parece que se hagan un Froilán (para quién no lo sepa, una manera de ponerle nombre a darse un tiro en un pie).

Posiblemente cada autor tendrá su público, pero es una lástima. Siempre he pensado que el exceso de oferta de un mismo producto acaba mermando su valor y si ya de por sí se tiene poca estima a la cultura, añade a eso una sobreabundancia de ofertas. El resultado acaba siendo un poco deprimente pese a que, al final, puede que todo sea por tener un hueco en el candelero de las redes. Entiendo que ya soy una pureta, como diría mi amiga Patricia, y eso del apoyo al compañero debe de estar pasado de moda y no me he enterado. Entiendo que si perteneces a una editorial como Planeta y vives en Madrid es complicado asistir a las presentaciones de los compañeros a lo largo y ancho de España. Ahora bien, si eres de una localidad pequeña ese apoyo sería digno de admirar, enriquecedor y todos nos sentiríamos un poquito reyes por un día. Ahora, si uno es capaz de agujerearse su propio pie, ¿qué actitud se puede esperar frente a los otros? Pues mucho morreo cara a la galería y el palito en la rueda y la lengua viperina de puertas para adentro. Una lástima para los cuatro gatos que somos, pero así estamos y así os lo cuento.

Mi recomendación semanal se va a centrar, precisamente en el libro presentado por la autora Carmen Moreno, perteneciente a la editorial Almuzara. Además de escritora la podéis encontrar trabajando en su librería de forma habitual, La Maga https://www.instagram.com/stories/lamagalibr/3309787455634429401/?hl=es, sita en la ciudad de Cádiz, muy cerquita del estadio de futbol.

Lola Flores, Sara Montiel, Imperio Argentina o Marifé de Triana destaparon el folclore, llevando a nuestros hogares el discurso de género oculto en las letras de sus canciones. Este análisis, minucioso y emotivo, explora la presencia constante, a menudo subyacente, de la diversidad sexual en la historia de la copla desde los albores de la civilización fenicia hasta la actualidad.

Desde los primeros compases, La copla queer profundiza en la ideología de género, en la música popular, destacando figuras emblemáticas como Miguel De Molina, apodado «la Miguela», Rafael de León o Lorca, quienes abordaron la expresión de la homosexualidad en sus creaciones, marcando un hito significativo en su aceptación y visibilidad en la esfera cultural.

La copla, saturada de guiños LGTBI, sirve como terreno de exploración a través de intérpretes como Lola Flores o Rocío Jurado, quienes no solo fueron iconos nacionales, sino también firmes defensoras de la diversidad sexual y del discurso de identidad, desafiando estereotipos y allanando el camino hacia la aceptación.

Estas páginas destacan cómo la música ha sido un poderoso medio de expresión para la diversidad de género, a través de temas que surgieron en un momento de efervescencia y conectaron con un espectro sexual y social muy amplio. Las letras de estas canciones se revelan como un catalizador para el cambio, la tolerancia y la aceptación del discurso de identidad en todas sus formas y manifestaciones… Para querer unos «ojos verdes», con sexo pero sin condición.

Carmen Moreno es una persona plena y una autora total. Con la inevitable complejidad de la sencillez».

Juan José Téllez, escritor y periodista

La presentación se inició en forma tertulia, preguntando la autora a algunos de los asistentes cuál era su copla favorita. Fui una de las interpeladas y así recordé cómo en mi adolescencia, en casa de mis padres, tanto la copla como la zarzuela eran las letras y melodías que acompañaban a nuestro quehacer diario. Me vi en esos años planchando la ropa que iba a utilizar para salir con mi pandilla mientras cantaba Ojos verdes e hice mención de ello. La mayoría de los asistentes contábamos con una edad en la que la copla y sus intérpretes estaban en pleno apogeo y entre anécdota y comentario se fue desgranando la temática del libro.

Me hice con un par de ejemplares y mi madre, con sus 85 años, ya casi ha dado buena cuenta de sus páginas, pues está escrito de una manera muy amena. Para ella supone recordar los años de su madurez, para nosotros la juventud y para muchos, que no habían nacido y que pertenecen al siglo XXI, puede suponer acercarse a una realidad que, si bien no ha desaparecido, ya no es igual que antes. No digo que le mundo de la canción, mal llamada «española», sea ahora peor; solo es diferente. Han cambiado las motivaciones que la encumbraron y todos aquellos que la pasearon por los locales de medio mundo ya no existen. Por ello no viene mal leer un libro, como el que os recomiendo hoy, y conocer de otra forma una parte de la historia de nuestro país.

mis lecturas

Me volveré «thrilera»

Un ambiente algo tenso

De unos meses a esta parte leo más thriller que novela romántica pese a ser este último género al que dedico mi tiempo como escritora. También es cierto que algunos toques de suspense y asesinato sí se pueden encontrar en mi última novela, con lo que puede que alguien piense que me voy a pasar al lado oscuro de la narrativa. No voy a negar que me tienta, pero lo mismo me ocurre con la fantasía y, como todo, no creo que se me diera mal si me empeñase. Durante un tiempo se me quitaron las intenciones de cambiar de romántica a otro tipo de historia por consejo de alguien al que, gracias a dios, le hice caso en su justa medida. Tan malo es que en tu entorno haya gente que te diga que no vales para algo como que existan aquellos que alaban en exceso una forma de trabajar y no te incitan a buscar nuevos caminos. Esto último fue lo me ocurrió hace años, cuando una persona tuvo la genial idea de recomendarme que solo escribiera romántica, con algo parecido a «zapatero a tus zapatos», pero dorándome la píldora con que yo era muy buena en lo mío. Menos mal que huelo a los aduladores a distancia.

Que no se asusten aquellos lectores que han leído mis anteriores novelas porque tampoco soy de cambios drásticos, pero sí quiero experimentar con otro tipo de narrativa, que también me atrae, si bien eso no significa que vaya a salir a la luz de la noche a la mañana un texto de fantasía escrito por mí o una novela negra. Aunque, tal como está la cosa, lo mismo vale la pena arriesgarse. ¿Y por qué te lo cuento? Porque me he quedado ojiplática con lo que leo en las redes y lo que llega a mis oídos, pese a que mi afán no es el cotilleo. Lo malo de internet y de las reuniones sociales es que al final todo se sabe, quieras o no.

Todo comenzó por un comentario gracioso y que es reiterativo cada vez que se produce un evento literario de autopublicados. La tragedia se mascó cuando pregunté a un participante que qué tal le había ido. Su respuesta fue breve: volaban los cuchillos. Fruncí el ceño a la vez que le comenté, ¿pero no era de romántica? Hubiera peligrado menos mi vida si el género hubiera sido el thriller, me respondió. Y ahí quedó todo, porque en realidad prefiero saber lo menos posible de estos dimes y diretes. También tengo que reconocer que una de las virtudes de mi interlocutor es la prudencia y no quise ponerlo en un aprieto.

No es la primera vez que me narran situaciones similares, que además he tenido la mala suerte de presenciar alguna que otra vez. Todo ello es un fiel reflejo de la vida misma, pero con alguna capa más de maquillaje, que acaba cuarteándose en menos dos. No me veo a Cesar Gellida apuñalándose con Juan Gómez-Jurado, ni en virtual, ni en analógico. Pensarás que exagero, nada más alejado de la realidad. Siempre recuerdo a una elemento conocido del mundillo literario que me ha hablado en cuatro o cinco ocasiones mal de algunos compañeros previniéndome hacia ellos. Quién me conoce sabe que valgo más por lo que callo que por lo que digo y tuve a bien no hacer caso de tanta tontería. Lo único que ocurrió con el correveidile de turno es que lo alejé de mi vida y mantuve amistad con las personas hacia las que trató de malmeterme.

Si todos los que nos dedicamos a escribir nos diéramos cuenta, de que, quitando cuatro privilegiados que no están aqui, somos más que pequeños espacios en blanco en este gran mundo literario y nos dedicáramos a mejorar nuestro trabajo, lo mismo otro gallo nos cantara. Pero no, nos esmeramos en meter palos en las ruedas, tratamos de aprovecharnos del que parece menos espabilado, no ayudamos al compañero incluso sabiendo que se va a caer y, sobre todo, lo más peligroso, no aceptamos ninguna crítica, ni comentario que pudiera enriquecernos, así nos despellejen vivos. Creo que todo se debe a que tenemos una larga cola de zalameros y no sabemos oír por encima de sus lisonjas, sin entender que, al final, nos convertimos en unos pobres infelices que vamos pisando los callos de los que tenemos alrededor, bien sea para encumbrarnos, bien para no escuchar que tampoco somos el no va más.

De ahí mi doble sentido de hacerme «thrilera». Lo mismo estoy más tranquila entre autores que se dedican a matar que con aquellos que hablan del amor y del sexo y parece que lo practican poco. Es una pena que en una actividad que para la gran mayoría, según dicen, es un hobby, la gente se comporte de esta manera. ¿Será igual en el mundillo de los que bordan a punto de cruz? Desde luego yo he tenido suerte, todo hay que decirlo, pero al igual que los amigos de verdad se cuentan con los dedos de una mano, los compañeros que ejercen de verdad como tales se numeran de la misma forma. Junto a todo esto también he encontrado escritores que sufren no solo de bloqueo lector o escritor, sino incluso de hartazgo de redes. Lo malo es que para vender un producto, que a fin de cuenta es lo que somos, en el buen sentido de la palabra, necesitamos la forma de contactar que internet pone a nuestra disposición. Pero parecemos empeñados en matar a la gallina de los huevos de oro.

Será utopía, pero me encantaría, de verdad de la buena, poder hablar de los libros de otros compañeros con ellos presentes, dónde tratáramos de la técnica, de cómo mejorarla, de otros autores que nos puedan enriquecer y de cómo aplicar sus conocimientos, sin ser rastreros o lameculos. Yo eso lo he hecho, por si alguien lo duda, y os lo he contado en otras oportunidades. Mi bilogía ha sido destripada entera hace un año. Podré estar o no de acuerdo con todo lo que se dijo, pero, gracias a esa forma de participar en una verdadera lectura conjunta, avancé en mi forma de afrontar nuevos proyectos. Todavía me queda mucho que aprender, por no decir que me falta casi todo; pero una cosa sí tengo clara y es que, así, dejando cadáveres por el camino, no es la mejor forma de jugar en esta liga. O jugamos en equipo, o apaga y vámonos.

¿Qué te recomiendo esta semana?

Esta semana me he leído un libro que vi recomendado en Instagram, no todo va a ser malo, bien sabes que adoro el tema de las navegar en internet. Me llamó la atención, para empezar, la portada porque me recordó a la de la novela La Bestia, de Carmen Mola y no andaba yo muy desencaminada; porque la ha editado en castellano Planeta, así que sigue una estética reconocible para mí. Se trata del thriller histórico titulado El libro del sepulturero, del autor alemán Oliver Pötzsch.

Soy amiga desde hace tiempo de leer este género, de autores de diversas lenguas para ver cómo afrontan estas tramas en otros paises. Desde que se puso de moda la novela negra sueca he seguido esa tónica y todos los años alguna novedad que no sea anglófona cae entre mis manos. Eso me sirve también para conocer distintas estructuras narrativas y la construcción de los ambientes y los personajes. Puedes creer que por ser todo novelas de la misma temática eso no se nota, pero no es así. No sé si eres fan de James Bond o de películas de género negro o policiaco, pero se nota solo con ver la forma de actuar de los actores si es de un país o de otro. Eso mismo ocurre con las series o telenovelas, que si bien no es algo que vea, sí es cierto que como ejemplo me vale, porque si tú las sigues, tampoco es igual la forma de afrontar la historia de una rodada en latinoamérica, una española o las de tan de moda provenientes de Turquía. Soy de las que creo que de todo y de todos se aprende.

Ya te aviso que te enfrentarás a una trilogía, aunque de momento he acabado de leer el primero y solo está publicado el segundo.

En el Prater, el parque más importante de la ciudad, aparece el cuerpo de una criada asesinada de forma brutal. Leopold von Herzfeldt, un joven inspector de policía, será el encargado del caso, a pesar de no contar con el favor de sus colegas, que no quieren saber nada de sus novedosos métodos de investigación, como la inspección de la escena del crimen, la obtención de pruebas o la toma de fotografías. Leopold tendrá el apoyo de dos personas del todo dispares: Augustin Rothmayer, el sepulturero mayor del cementerio central de Viena, y Julia Wolf, una joven operadora de la recién inaugurada central telefónica de la ciudad con un secreto que no quiere que salga a la luz.

Leopold, Augustin y Julia se verán inmersos en los profundos abismos ocultos tras las puertas de la glamurosa ciudad en una carrera para dar con un asesino despiadado que sembrará Viena de cadáveres inocentes.

Misterio, venganza y muerte en la Viena de 1893.

Ya te he hablado de que la portada me llamó la atención y posteriormente la sinopsis me confirmó que iba por buen camino. Página tras página voy avanzando en la Viena de finales del siglo XIX gracias a una cuidada ambientación, pero sobre todo a un esmerado léxico, ese que tanto echo en falta en las mal llamadas novelas seudohistóricas que tanto pululan por estos medios. Entiendo que usar el vocabulario adecuado es un trabajo añadido a la buena sintaxis y a otros elementos necesarios para tener una buena pluma. En todo caso, si no consideras que eso sea necesario, mejor que te dediques, si eres escritora, a otro oficio. Porque la clave de este está ahí. A fin de cuentas, la mayoría de los autores que piensan que no es útil si la historia es buena es por pereza y porque prefieren hacer un libro del montón.

Ten en cuenta que no hablo de el uso de palabras difíciles que lastren la lectura, solo pido el término adecuado. Te voy a nombrar unos ejemplos que a buen entendedor pocas palabras bastan.

Puedes. en un párrafo, poner que sacó su reloj de bolsillo y jugó con la cadena tras mirar la hora, pero también expresarlo de otra forma, como que se sacó la saboneta del bolsillo y jugó con la leontina tras mirar la hora. ¿Qué puede suponer eso al lector o a otro escritor? Pues que aprenda palabras propias de la época y que si lo usa en alguna narración se perciba que es que sabe de su oficio. Eso es lo que marca la diferencia y es algo que aprecio en este libro desde el inicio de su lectura. Junto a estas, remarcadas en negrita, me he encontrado otras que me han encantado y que he guardado en mi repertorio para un uso en el futuro:

  • Saboneta
  • Bruna
  • Marquesota
  • Amarrido
  • Andorrera

Además he aprendido otra: Biedermeier, que es la denominación de un gusto y estilo literario y artístico, especialmente ornamental, que se desarrolló en el Imperio Austriaco el resto de la Europa Central, entre el periodo del Congreso de Viena (1814-15) y 1848. Inicialmente designaba al sobrio estilo del mobiliario y las artes decorativas característicos de esa época y lugar y posteriormente el término fue aplicado, por extensión, a ciertas producciones pictóricas y literarias del mismo período, caracterizadas por rasgos románticos  y por una bondadosa sátira del mundo pequeño burgués.

Seguro que alguno de vosotros se ha sentado alguna vez en una de estas sillas que hoy en día perduran. Las hay tanto originales, porque fueron creadas para durar, como copias realizadas por una amor hacia lo vintage. Son un clásico en la filmografía de época.

En cuanto a la historia y la trama, están muy bien llevadas pese a no ser novedosas. Hay retazos de aquí y de allá que vienen a mi memoria como destellos de otras lecturas de asesinatos en serie y de casos reales, como el de Jack el Destripador. De hecho, el autor hace referencia a estos hechos, acaecidos en Londres unos años antes, en boca de uno de los policías. Me ha sorprendido el uso de algunos de los personajes históricos, como la de miembros de la familia Strauss, que en ese momento de finales de siglo se hallaban en la cumbre del éxito, a tal altura que eran prácticamente intocables, o del hermano pequeño del emperador Francisco José I, todos ellos muy bien encajados en la historia. Oliver Pötzsch describe muy bien ese abismo que marcaba la clase alta en plena decadencia y una clase baja que trata por todos los medios de salir de sus miserias. Entre ambas, la burguesía con aires de nobleza que hace de tapón para ambas realidades. Y todo ello aderezado con unos asesinatos, en una sociedad de la que el emperador estaba muy orgulloso porque consideraba que había logrado en su imperio que todas las culturas del territorio estuvieran bien avenida, señal de que todo era un gran globo dispuesto a estallar dos veces a lo largo del siguiente siglo. Ya se dan apuntes de odio intercultural entre alemanes y austriacos y entre estos dos y el resto, como se ve en el amago que se hace de acusar a los judíos de los males del imperio. Un estupendo caldo de cultivo para que, como he comentado, se encumbrara en el poder, tras unas elecciones, un pequeño cabo bávaro llamado Adolfo.

Una historia que te recomiendo porque tiene muchas lecturas, la de los asesinatos propiamente dicha, o la de la psicología de los protagonistas, cada uno con sus mochilas. Un policía que no solo enfrenta sus novedosos medios con la inamovible estructura policial de la Viena decimonónica, anclada incluso en el siglo anterior sino que ya viene con un pasado duro que le marca a lo largo de la investigación; una telefonista de la comisaría a la que llaman corderito, aunque su apellido es Wolf, un interesante juego de palabras, y, junto a ellos, el sepulturero, que ve cómo su vida, hasta entonces muy apacible, cambia de forma radical con la aparición del asesino en serie. Pese a que siempre le podemos encontrar un pero, para mí ha sido un gran descubrimiento literario. Al que le sumo la buena ambientación socio-política en la que se envuelve la trama y con la que le pone un gran lazo.

Sin duda no será la única novela que leeré de esta trilogía, pese a que hasta la fecha solo están publicadas dos y amenazo con contaros más de este autor.

Opinión

La risa

¿Sabes que hay diversos tipos de risa? La podemos clasificar de la siguiente forma:

  • Risa falsa, la que se produce de manera voluntaria e intencional.
  • Risa franca, de forma natural e involuntaria.
  • Risotada. La risotada se trata de una risa ruidosa.
  • Risa social.
  • Risa inoportuna.
  • Carcajada.
  • Risita.
  • Risa tonta.

Matías Battistón en el prólogo de La risa, de Stendhal, cuenta que cuando el escritor francés llega en 1806 a París lo hace con dos objetivos muy claros: convertirse en un seductor de mujeres y ser un autor de comedias, sucesor de Molière. Es curioso que se haya propuesto estos dos objetivos porque, risa y erotismo se anulan entre sí, no puede ser simultáneo: allí donde surge la risa no puede darse el erotismo. Pero también es cierto que si Stendhal quería convertirse en un galán, el hacer reír a una mujer lo postularía, posiblemente, como un cautivador candidato.

Los humanos tenemos una serie de características que nos distinguen del resto de los seres vivos de la tierra. Una de ellas es la creación artística y, otra, la de reírnos y hacer reír a nuestros semejantes.

Fíjate si la risa es importante que, en la novela El nombre de la rosa, que Umberto Eco crea un debate que acaba llevando a los protagonistas a vivir una aventura en la que se juegan la vida.

La risa es la debilidad, la corrupción, la insipidez de nuestra carne. Es la distracción del campesino, la licencia del borracho. Incluso la iglesia, en su sabiduría, ha permitido el momento de la fiesta, del carnaval, de la feria, esa polución diurna que permite descargar los humores y evita que se ceda a otros deseos y a otras ambiciones… Pero de esta manera la risa sigue siendo algo inferior, amparo de los simples, misterio vaciado de sacralidad para la plebe. Ya lo decía el apóstol: en vez de arder, casaos. En vez de rebelaros contra el orden querido por Dios, reíd y divertíos con vuestras inmundas parodias del orden… al final de la comida, después de haber vaciado las jarras y botellas.

El nombre de la rosa, de Umberto Eco

Si tienes tiempo y curiosidad, te recomiendo que busques el fragmento completo de este extracto que te he puesto. En él verás la maravillosa argumentación que el fraile Jorge de Burgos hace en contra de esa característica tan humana y que, en ese debate en la abadía benedictina, se consideraba pecaminosa.

Este enfrentamiento ideológico gira alrededor de un libro, el segundo de la Poética de Aristóteles, manuscrito que, según la trama, está desaparecido desde la Edad Media y en el que supuestamente el filósofo realizaba una defensa de la comedia y el humor como posibilidad de cuestionar los absolutos establecidos. El personaje de Burgos representa aquí una ortodoxia autoritaria, aferrada al pasado, paradigma del buen cristiano, enfrentado a Baskerville, que cuestiona la ortodoxia, proclama «Yo busco la verdad», considera que nada es definitivo y que todo debe ser reinterpretado y contemplado con un sano escepticismo, con ayuda de la razón.

En resumen, la risa como elemento subversivo es un agente desencadenante de las muertes que suceden en la novela. Así podemos leer como algo tan sencillo y que se presupone a priori como la base de una obra cómica acaba siendo el hilo conductor de una novela de crímenes y misterio.

Pero este interés por la risa, en el ser humano y la manera de plasmarla por escrito para el disfrute de sus semejantes, ya nos viene de antiguo. En época romana ya se diferenciaba la risa del humor, definiéndose este último como una actitud alegre y complaciente, si hablamos de buen humor, por supuesto. En cambio, el objeto de nuestra entrada es una respuesta biológica producida por el organismo como respuesta a determinados estímulos. Muchas veces, detrás de la risa se esconde la sorna, la burla, el escarnio o, peor aún, la crueldad, con lo que los estímulos pueden ser no solo positivos y de buen humor.

Si quieres acercarte a los clásicos, te recomiendo dos obras fundamentales:

El Eunuco, de Publio Terencio. Te dejo el enlace por si la quieres leer gratis en la Biblioteca virtual Cervantes https://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/el-eunuco–0/html/001898de-82b2-11df-acc7-002185ce6064_2.html

La protagonista de la obra es Tais, una joven cortesana de la que están enamorados dos personajes: un joven, de nombre Fedria, y un militar llamado Trasón. El primero le regala a Tais un eunuco feo y viejo, mientras que el segundo le ofrece una bella esclava de dieciséis años, Pánfila.

Querea, el hermano de Fedria, se enamora de Pánfila y, haciéndose pasar por el viejo eunuco, se introduce subrepticiamente en casa de Tais. El caso es especialmente grave, por cuanto Pánfila no es una esclava, sino una muchacha libre a la que Tais piensa devolver a sus padres. Sin embargo, como es habitual en el género, al final todo se solucionará y se llegará a un desenlace feliz gracias a la boda de Querea con Pánfila. Mientras tanto, Tais se reconciliará con Fedria.

La segunda obra que te recomiendo, en este caso es griega: Las nubes, del comediógrafo ateniense Aristófanes. Además, es una de las bases del humor occidental (de las comedias Lope de Vega, por ejemplo). Añado también el enlace para descargarla de forma gratuita, puesto que está libre de derechos y no hay ningún problema en ponerla para quién esté interesado. https://biblioteca.org.ar/libros/150355.pdf

Trata de un padre, Estrepsíades, y su hijo Fidípides, un joven fanático de la hípica y los caballos cuya diversión le sale bastante cara a su padre, que ha contraído una serie de deudas por dicha pasión.

Va directo a la ruina y no tiene interés en pagarle a los acreedores, por lo que idea un plan que lo sacará de problemas. Mandará a su hijo a estudiar al Pensadero, una especie de escuela donde enseñan, por dinero o cosas de valor, las diversas disciplinas sofísticas y especialmente el argumento justo y el argumento injusto, que lo sacarán de todas las deudas al poder ganar los juicios en su contra.

Hoy en día no es sencillo, saliendo del teatro, encontrar narrativa cómica escrita que genere la risa como respuesta. Siempre se ha dicho que es más sencillo hacer llorar, e incluso enamorar, que hacer reír. También es sabido que para contar un chiste y que el público se ría se necesitan dos condiciones: que sea bueno y que quién lo cuente tenga gracia y no lo destripe. Puedo aseguraros que soy de las que no la tengo, pero sí distingo cuando un chiste es bueno o no lo es y por eso mismo me cuesta tanto trabajo encontrar narraciones que de verdad me hagan gracia. Aunque es cierto que hay monologuistas y programas como El Club de la Comedia que son espectaculares y lo bordan y ahí sí he soltado más de una carcajada. En este tipo de representaciónes se juega con factores que favorecen, como la entonación, la intencionalidad que puede modularse a gusto del actor, ganarse la complicidad de los espectadores, el lenguaje corporal, etc. La cosa cambia ya cuando hablamos de hacer lo mismo, pero por escrito. Si hablo por mi experiencia como lectora, puedo decir que recuerdo pocas novelas chistosas y con diálogos ocurrentes que lograran que soltase una carcajada recuerdo. Es cierto que lo que nos causa risa a unos, no les parece gracioso a otros. Este tipo de reacción es como los gustos y los culos, que cada uno tiene el suyo. Seguro que, al igual que yo, eres consciente de la dificultad que supone hacer reír. Lo único que te puedo confirmar es que, como todo en la vida existe, una técnica para que, si se intenta, se pueda abordar con algo de éxito.

Al igual que se aprende a escribir una novela o un guión, desarrollar una historia con tintes que nos produzcan hilaridad tiene su mecánica. Buscando aquí y allá he localizado una serie de consejos que se pueden consultar en caso de querer explotar nuestra vena chistosa a lo largo de una trama. Para empezar, no es necesario que todo tenga que ser divertido ni estar llena de chistes; en realidad, basta con que consigamos humor en uno o dos de estos apartados:

  • La trama
  • Los protagonistas
  • Un personaje secundario
  • Situaciónes concretas
  • Choque entre personajes
  • Diálogos
  • Pensamiento de personajes

Tras elegir alguno de estos apartados, pasamos a buscar formas para potencias el humor:

  • La exageración: Si tienes una escena o momento que te parece divertido, prueba a exagerar aún más eso que hace gracia.
  • Lo inesperado: No solo provocas diversión, también impactas a quien te lee con algo que le sorprende. Es una de las técnicas más difíciles de usar.
  • La repetición: Si un elemento, una frase o un gag hace gracia, se puede repetir (y llegar a ser hilarante); pero, incluso, hay veces en que una frase o un gag no son divertidos de por sí, pero lo son cuando se repite (porque causa sorpresa y es algo exagerado).
  • La regla de tres: Si no sabemos cuántas veces escribir o repetir un elemento, en cuántas partes o fases dividir algo en escritura… hazlo en tres y, seguro, va a funcionar. Y eso incluye a los chistes.
  • Ritmo: Un chascarrillo puede perder toda la gracia si el ritmo es lento. Si quieres que una escena sea divertida y no acaba de convencerte el resultado, la solución es esta: ¡mete la tijera! Empieza a recortar hasta dejar lo imprescindible. De hecho, simplemente, con un ritmo más rápido muchas veces, el gag o situación se hace más divertido sin necesidad de añadidos.

Y tres consejos:

1.-Conoce bien a tu personaje y úsalo al máximo

2.-Aprovecha la ambientación

3.-Que te haga gracia a ti primero

Como recomendación de libro semanal y que me hizo soltar alguna risa, te traigo uno que leí hace tiempo.

Año 2049. La industria alimentaria mundial está gestionada por los chinos, que han acaparado los mercados y dirigen establecimientos dedicados en exclusiva a la hostelería y al ocio. Media humanidad se alimenta de productos que se extraen de la soja, el maná del siglo XXI. Euskadi es el último reducto donde se conserva intacta la tradición gastronómica, casi una religión, y da cobijo a quienes quieren luchar contra la gran invasión china y sus productos.

Carlos Zabala es un joven sin más talento que haber nacido en una familia propietaria de un famoso restaurante que atrae a su clientela gracias a su tarta de queso, receta secreta de la abuela. Un desgraciado día Carlos se ve inmerso en una misión que cambiará su vida para siempre: sonsacar a la anciana mujer repostera la receta del exitoso postre para preservar así el futuro de la familia Zabala. ¿Será capaz de conseguir tan ansiado secreto?

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