Opinión

Antiguas artes, nuevas modas

Siempre he defendido que un vocabulario preciso es lo que diferencia al escritor profesional del que no lo es tanto. No digo con eso que yo lo sea al 100%, pero por lo menos puedo afirmar que intento ser minuciosa a la hora de utilizar mi herramienta de trabajo: las palabras. Esto viene a colación del interés que tiene la publicidad en vendernos humo a fuerza de usar términos que luego no se ajustan a lo que en realidad se espera y, en estos últimos tiempos, en el mundo de los libros también pasa con bastante frecuencia.

Las ediciones especiales, ¿son en realidad tan especiales?

Ante la avalancha de publicaciones, el mercado ha dado un golpe de timón de esos que algún avezado interlocutor define como de 360º, lo que al final significa quedarse en el mismo sitio. Este viene dado por la promoción y venta de libros a los que han sobreetiquetado con la denominación de «ediciones especiales» y, para que parezca que así son, les ponen los cantos decorados -o simplemente coloreados- como si hubieran descubierto un nuevo mundo, una portada con mucho brilli brilli, un marcapáginas mono, la cinta para localizar la última página leída de un dorado chillón, un plano o poster y algún detalle a todo color para darle al conjunto una pátina de mejora.

Como muchos lectores no conocen bien el significado de las palabras no saben que el termino edición especial o limitada, va más allá de sacar un libro con una encuadernación de tapa dura con un poco de oro en las letras y alguna ilustración en el interior. De hecho, algunas de las denominadas «especial», que no limitada o de colección, dejan de serlo a todas luces cuando las venden en los quioscos de prensa a dos euros la primera entrega. !Venga ya¡ Vamos a bucear en lo que dicen los expertos que se necesita para considerar que una edición tiene ese toque que la hace tan codiciada y vamos utilizar, dentro de lo posible, ejemplos de los últimos libros publicados que se consideran de colección.

  • Exclusividad
  • Oportunidad
  • Calidad
  • Diseño
  • Emoción
  • Rentabilidad

De las seis opciones que califican a un producto para que sea edición especial (puede ser un perfume o una botella de aceite, si bien en este caso nos centraremos en los libros) solo podemos decir que las de emoción y rentabilidad son las mas fáciles de justificar. Una por muy subjetiva, porque la emoción es un sentimiento humano y cada uno se emociona con lo que le da la gana, y la otra, porque está claro que han sido rentables en tanto en cuanto que se han vendido como churros en las principales distribuidoras, como El Corte Inglés, La casa del libro, FNAC, Amazon y alguna más que ahora no recuerdo. Vamos, si hasta en Wallapop la encuentras de segunda mano.

Con tanta rentabilidad se han cargado el primer punto que hace de una edición algo especial: su exclusividad. La oportunidad, también, porque si se vende en todas estas plataformas y a todo el país, hasta en la librería más perdida de la España profunda, no veo yo tanto que sea una «oportunidad» el obtenerla. Pues pese a que alegan que no volverá a publicarse, todos sabemos que la posibilidad de tenerla es solo cuestión de paciencia ya que pueden reimprimirla con la excusa de algún aniversario destacado, por más que digan que no. Todo va a depender de la demanda y del negocio que vea la empresa que la edita. Lo único cierto es que quién primero la tenga antes la subirá a su TikTok o Instagram, junto con otros dos o tres millones de usuarios de las redes y de forma simultánea. Es una manipulación brutal para aumentar los beneficios, no para presentar un producto que de verdad suponga un antes y un después o una clara mejora en su contenido.

En cuanto a la calidad, tampoco parace que hayan ganado los lectores nada más que una estética de dudoso gusto para sus librerías, ya que la estampación está mas cercana al papel pintado de los años 70 que a una verdadera obra de arte; no llega ni al «Qitcsh». Y si hablamos ya de originalidad , podremos ver que en cuanto a temática se señalan íntimas referencias a «El priorato del Naranjo» y «Harry Potter» entre otros, con lo que no veremos nada nuevo ni se le espera.

Buscando críticas a este tipo de obras, la que más me encuentro en muchas de ellas es, además de su falta de originalidad, la mala traducción, a pesar de que vienen de autores de habla inglesa. ¡Imagina que fueran en mandarin! Algo que refuerza mi criterio sobre que en lo único que aportan es en la estética y, para colmo, tampoco eso es novedoso como te contaré un poco más adelante en esta entrada. Dejo algunos de los comentarios que he encontrado de lectores que compraron este tipo de libro:

Esto no es fantasía, es una novela romántica tóxica (o intento de erótica suave) a la que le han puesto como excusa un mundo imaginario.

No aporta nada nuevo al género fantástico, es predecible, con personajes que no pasan de meros clichés, estereotipados hasta el hartazgo. Ellas son mujeres en teoría fuertes cuya única función en la historia es enamorarse y enamorar al chico guapo y un poco malote de turno. Todo recubierto de un conveniente envoltorio de ¿empoderamiento femenino? para que no se note lo manido y retrógrado del tema.
Por si fuera poco, no es que esté muy bien escrito, aunque eso puede que sea culpa de la traducción y no de la autora.
En fin, que estamos ante la enésima copia barata de Una corte de rosas y espinas, pero con dragones. Un fanfic de poca monta con mucha promoción detrás que debería haber pasado desapercibido.
Prescindible.

El estilo es sencillo, muy sencillo y a mi, personalmente, que en un libro de fantasía se utilice un lenguaje actual, me chirría mucho.
No se profundiza en ningún aspecto del libro, ni en en las relaciones, ni en la magia… 

La historia es tremendamente predecible y los personajes superficiales y llenos de clichés, por lo que no llegas a empatizar con ellos, ni a crear algo de curiosidad por saber qué esperar de los personajes, puesto que es un estereotipo de «cringe» uno detrás de otro, ya sabes lo que va a suceder a continuación. Encima el mundo no está bien construido, está de adorno… Y para rematar la traducción fatal…

Adjunto una de las muchas imágenes subidas por lectores donde se ve con claridad que incluso la calidad formal brilla por su ausencia, ya que presenta grandes fallos en la impresión. Podemos decir que no es una edición ni mimada ni cuidada, una de las características principales a la hora de calificar un libro de edición especial, limitada o de coleccionista. Algún inexperto alegará que con todo los miles de volúmenes que se imprimen es normal que alguno salga con fallos. Por supuesto, pero entonces no me hables de una edición limitada, a no ser que te refieras a que está limitada a millones de volúmenes, según la demanda del mercado.

Está claro que si lo que nos gusta de la edición limitada es que haya un poster, el mapa y la ilustración inédita a color junto con el marcador de páginas dorado, pues oye, estupendo, cada cuál con su cada quién.

Lo que sí ha llegado a mis oidos con el tema de la edición de coleccionista es cómo se ha gestionado, lo que ha molestado a algunos libreros, dado el acaparamiento que han hecho las grandes superficies de esta tirada. Esta actitud ha hecho que muchas librerías no pudieran cumplir con sus clientes. Muchos de ellos son compradores habituales que hicieron la reserva de su libro y que han llegado a quedarse sin ellos porque la editorial ha primado estos puntos de venta a la hora de ofertar sus libros, incluso frente a quién se supone que trabaja desde hace años con ellos. Ha habido libreros que han hecho cola en algunos grandes almecenes para poder hacerse con unos pocos ejemplares, los que la gran editorial no les ha servido, con la idea de no dejar a sus clientes tirados sin su reserva, comprándolos a precio de público, renunciando a los beneficios, con tal de dar, ellos sí, un servicio de calidad. Si una gran empresa como Planeta no cuida de sus libreros, ¿qué podemos esperar? Otra manera de ir ahogando al pequeño empresario. Luego se nos llena la boca en defensa del comercio de proximidad.

Los cantos decorados

Pero no queda todo en estas puestas en valor que he comentado y que, en realidad, poco aportan a la calidad del manuscrito. Ahora llega el momento de añadir lo más de lo más que tiene a los lectores en un auténtico sin vivir: el boom de los cantos decorados. Algo que se presenta como el no va más de la exclusividad.

Claro, como en esta generación del primer cuarto y mitad del siglo XXI lo de la memoria histórica solo les llega como un eco lejano, no tienen ni idea de que tampoco se ha inventado nada nuevo. No se imaginan que lo de los cantos decorados está en el panorama de la edición desde el siglo X, aunque hay que destacar que el máximo apogeo es a partir del siglo XVIII y XIX. Eso sí, obviamente no a 24 € el volumen. Se dejó de hacer al considerar que el libro no era un bien solo para unos pocos y empezaron a imprimirse volúmenes accesibles a todos los estamentos sociales.

En su origen, se decoraba el canto con pan de oro con la finalidad de protegerlos del polvo. Luego llegó el marmoleado decorativo y, finalmente, nos encontramos verdaderas obras de arte. Hoy en día se siguen creado, pero, al igual que en la antiguedad, el precio no es asumible por todos los bolsillos. Para que todo el mundo me entienda, no lo vamos a encontrar en venta en páginas como Amazon o Wallapod.

Una artista de nuestro tiempo

Un ejemplo de ello me ha llegado a través de Intagram. Os voy a presentar a una artista que, escogiendo obras de narrativa actual, crea unos cantos decorados que no tienen nada que envidiarle a los de los siglos pasados. Se trata de Ania Egerova http://www.instagram.com/ania_artego/?hl=es Las imágenes que comparto son parte de su trabajo.

Recomiendo que te pases por su feed y profundices en su difusión en la red social, porque hace maravillas. Eso sí, cuando entres en la zona donde te indica el precio de cada trabajo entenderás en cuánto se valora lo exclusivo, limitado, de calidad y con un diseño cuidado.

Obviamente habrá personas que alegen que todo el mundo tiene derecho a tener los bordes de sus libros decorados y estoy totalmente de acuerdo, pero que no lo llamen edición especial, limitada, exclusiva, de coleccionista y todas esas chorradas que solemos oír en estos tiempo. Solo es una forma de «quiero y no puedo», pues parece que tengo algo valioso, pero en realidad no lo es. Vamos a centrarnos en la calidad literaria y no en el envoltorio. Lo que decía mi abuela, no te fijes tanto en el papel del regalo, que no por ello tiene que dejar de ser digno, y valora lo que hay dentro de la caja.

Esto me hace recordar dos anécdotas. Una de ellas fue un hilo en Threads, donde una usuaria se quejaba de que una saga había cambiado levemente la fuente del lomo y no se veía bonita en su estantería. Me confirmó lo que ya pensaba de muchas de esas estanterias, que son de escuadra y cartabón, mero diseño. Entiendase con esto que, en realidad, los libros están ahí para que la gente vea lo cool que tiene la biblioteca, dando igual si solo son los lomos de los libros sin páginas, como ocurre en tiendas de muebles.

La otra anécdota fue la historia de un chuleton Rib Eye bañado en oro (soberana idiotez) que un famosos futbolista y su no menos afamada mujer se tomaron en un restaurante en Dubai. El mismo corte de chuletón en una de las mejores carnicerías de España te sale por 80-100 euros el kilo, el de Dubai salía por 900 euros. Espero que por lo menos la carne fuera de calidad y el cocinero la supiera guisar en condiciones. Imagino -es posible que me equivoque, pero valga la generalización- que tampoco ellos dos tienen un paladar tan sofisticado como para distinguirlo, para sublimar todos los matices. ¡Lo que hace el dinero y el capricho, que nos vuelve tontos!

Al final queda patente que no hablamos del contenido, algo que, viendo el nivel de lo que se lee y comenta en las redes sociales, ya comprendo que no se pueden pedir peras al olmo. Eso no quita que siga escribiendo para quién me quiera leer y pidiendo calidad en el contenido, no solo con los bordes dedorados, el poster, los mapas, las ilustraciones a color o la cinta dorada de marcar la página. Porque me veo que llegando tanto al límite de la vacuidad, caeremos al vacío.

Opinión

Todos somos culpables

Ya han salido a la luz los nombres de los finalistas del premio organizado por Amazon y que en el mundillo de autores autopublicados se conoce como PLAS (Premio Literario Amazon Storyteller). Es curioso, pero me he dirigido a la página de Escritores.org y  he encontrado una mención sobre este premio literario, y eso que tiene a cuestas más de diez años desde que nació. En aquella época su nombre era Primer Concurso Literario de Autores Indies (2014) y desde sus inicios no ha estado exento de polémicas. Un ejemplo de ello lo tenemos en este enlace que te adjunto, del año 2014, donde ya se habla de trato de favor y de un concurso en el que parece que se tiene más en cuenta la capacidad de vender del autor que la calidad de la obra.

https://www.estandarte.com/noticias/premios/polemica-en-el-er-concurso-online-autores-indies-amazon_2661.html

Algo que por otra parte, a tenor de lo que llevo leído a lo largo de estos años, tampoco me parece descabellado. De hecho, el artículo anterior se nutre de otros dos, escritos por Javier Pellicer en su página web, en los que se ve envuelta por un lado la plataforma y por otro “El Mundo”, patrocinador también del evento junto con una conocida editorial. Estas palabras que destaco parece que siguen en plena vigencia hoy en día:

Las redes sociales han hervido con acusaciones y comentarios acerca de irregularidades por parte de Amazon durante el certamen, como supuestas peticiones a varios autores indie superventas para que participaran (algo que se menciona en una entrevista realizada, también por El Mundo, al autor Marcos Chicot), o el incumplimiento de algunas de las bases por parte de varios participantes. Sin embargo, y como decía al principio de la entrada, cuando me he puesto en contacto con los participantes que más críticos se han mostrado en los últimos días, ninguno ha querido darme su consentimiento para publicar sus opiniones. Aseguran que temen salir perjudicados si este artículo cobra relevancia.

Como hay varias entradas al completo sobre el tema, te dejo aquí el enlace. Así, si quieres saber un poco más, puedes darte una vuelta y sacar tus propias conclusiones.

https://javierpellicerescritor.com/tag/polemica-en-el-certamen-literario-de-amazon/

Este interés por las redes sociales, como forma de promocionar las novelas, dio lugar a la creación de una serie de grupos en los que se juntaron lectores y autores. El fin era comentar y valorar los libros que iban siendo elegidos por los miembros. En su origen eran los conocidos clubs de toda la vida, pero ahora se denominarían “Lecturas Conjuntas”. El problema surgió en el momento en que se mezclaron las churras con las merinas. ¿Por qué digo esto? Al entrar escritores las dinámicas eran con sus propias novelas, se leían por tanto entre ellos porque también participaban, y allí se juntaban sus grupos de fans. Esto suponía que nadie en su sano juicio se atrevería a, por lo menos cara a cara, decir nada malo de ninguna obra de ningún autor; le pondrían las cinco estrellas de rigor en Amazon y aquí paz y allá gloria. Pronto empezaron, por privado no obstante, los corrillos donde lectores y novelistas se despellejaban sin el más mínimo atisbo de vergüenza.

Con el paso del tiempo los comentarios de unos y otros llegaron a oídos de los interesados y surgieron las disputas y los tira y afloja, las luchas de egos y el apoyo de los palmeros de cada autor en su respectivo grupo. Esto dio lugar a la emigración de algunos miembros, provocando que se crearan otros grupos más afines, donde la cola del león mandaba y la del ratón obedecía y puntuaba. Todo esto es vox populi y se ha hablado en muchos directos de Instagram y Facebook, sin dar nombres, porque no hacía falta, ya que cada cual conoce de sobra su cada quien.

Mientras, Amazon, desde ese 2014, se frotaba las manos porque empezaba a llenar sus estanterías de todo tipo de productos de la más amplia variedad en precios y calidades; entre ellos, los libros. Los había de las editoriales tradicionales, pero de estos no se llevaba una gran tajada porque solo era el distribuidor de un producto más. Entonces inventó este premio en el que en el primer año, como hemos visto, se preocupó más de llamar a autores que tuvieran ya tirón de ventas que a verdaderos indies, aunque tampoco hizo ascos a autores autopublicados, ya que la calidad le traía, y le trae, totalmente al pairo. A Amazon lo que le interesa es la venta y si los compradores adquieren un producto que es malo, pues no pasa nada, ya es bastante con que te dé la opción de, en un momento dado, leer las primeras páginas del libro de marras, donde ya se nota de qué pie cojea cada uno.

Todo esto dio lugar a que la gente se pusiera a redactar historias como si no hubiera un mañana. Lo que en otro momento de nuestra vida nos habría parecido imposible se hizo viable, y no por que llegar hasta una editorial fuera una escalada del Everest para la mayoría, sino porque muchos no sabían ni hacer la “o” con un canuto.  Aun así, todo el mundo se lanzó a escribir sin plantearse siquiera que existía algo tan básico como los correctores de estilo y ortotipográficos. Ya con el automático del Word, y a veces ni eso, pensaban que tenían bastante.

Por tanto, nadie quería perderse el pastel que supone la publicación de libros y las editoriales aprovecharon el mundo digital para que la plataforma comercializara el ebook. A su vez, decidieron dar un recorte en cuanto a la calidad, algo que se demuestra en la mala corrección y edición de novelas que, siendo de grandes y prestigiosos sellos, parece que han dado un paso atrás. Algo normal, por otro lado. Se ha popularizado tanto lo de escribir y disculpar eso de la ortografía basándose en que lo importante es la historia que las editoriales han abierto el ojo y venden la misma mierda, pero en tapa dura y gastando en más en publicidad, tratando de equipararse a lo que vende Amazon. Prácticamente es imposible encontrar un autor al que se le haya mimado su obra y que la calidad de la escritura esté acompañada de un adecuado proceso de edición. 

Ahora le sumamos las plataformas audiovisuales, que también quieren su porción. Todas ellas necesitan rellenar sus contenidos y, para eso, buscan historias como locos. Ya da igual si es buena o mala, sencillamente aceptan lo que haya y no en vano el mejor almacén es la estantería de Amazon, donde se compra cualquier historia y se la guioniza. Se le pone a la serie lo de primera temporada y, si no se continúa con una segunda porque no vale ni para echar una siesta, da igual, la gente no lo recuerda. El comprador compulsivo acumula libros y series como si nos hubiera afectado el mal de Diógenes, da igual si valen o no valen.

Este tipo de situaciones que vivimos desde que se liberalizó el mercado de la escritura son como cuando se promocionó la comida basura. Todo el mundo sabe lo mala que es para la salud y, aunque no pasa nada por recurrir a ella de vez en cuando, lo cierto es produce, cuando menos, obesidad. Algo que, en el primer mundo, está a la orden del día, por lo que no debe ser tan ocasional. Afirmo, sin pelos en la lengua, que el efecto de este tipo de consumo es el embrutecimiento, equivalente de la obesidad. Pone el listón tan bajo en la lectura comprensiva y en la visión crítica que, al final, ni los cómics de Mortadelo y Filemón van ser recomendados en la ESO porque no los van a entender los potenciales usuarios. ¿Me vas a hacer creer que te lees 600 páginas de una tortuosa historia romántica cargada de topicazos y mal escrita en cuanto a su estructura, sintaxis y ortografía y no las 380 de Memorias de África? Y ya no digo esas sagas que son como la película Mujercitas, pero que nos cuenta la misma historia, más o menos, solo que narrada desde el punto de vista de cada uno de los siete hermanos o hermanas en cada entrega. Por supuesto, cada cual puede leer lo que le dé la gana; pero yo me puedo permitir el lujo de decir que la humanidad está acelerando sus pasos camino de la extinción. Si en España se publican 350 libros al día, e imagino que ahí no computan los de Amazon porque carecen del ISBN internacional, tiene pinta de que algo huele mal en Dinamarca. Si alguien sabe dónde está el truco que me lo cuente, aunque sospecho cuál es porque está claro que ni Amazon ni ninguno de los integrantes de esta farsa va a perder dinero.

Vistos un poco los antecedentes y mis conclusiones sobre la trayectoria del premio, vamos a pasar a lo ocurrido este año, donde lo primero que ha llamado la atención ha sido la preponderancia de autores de thriller. Aunque yo no sé de qué se sorprenden si en el jurado destacan dos autores que escriben ese género: Pilar González, ganadora del año pasado, y junto a ella, Juan Gómez-Jurado. No es que quiera insinuar que se han descartado desde un primer momento las novelas de otros géneros, que todo el mundo está seguro de ello, pese a que sus bases digan expresamente: El Concurso está abierto a escritores que publiquen en español en cualquier género. Si bien en las primeras bases lo que ponía era, según el blog El estandarte: En ellas, recordemos, se anunciaba la selección de cinco libros finalistas ―pertenecientes a los géneros de ficción, ficción histórica, romance, suspense o aventura― según criterios que incluirán el número de ventas y la valoración de los lectores.

En la actualidad, es vox populi que hay temas vetados, como la erótica, el romanticismo y la fantasía, comentario que estoy acostumbrada a oír en las redes, con lo que la elección de este tipo de jurado tampoco me sorprende. Es bien sabido que en un primer momento hay una criba de las más de dos mil novelas presentadas y que, al final, los miembros se van a leer lo que Amazon considere más comercial. También que, si el jurado es mayoritariamente de thriller, no me veo poniendo como finalista una novela romántico-erótica que se desarrolle en el marco de las Tierras Altas de Escocia en el siglo XVII (una de las tramas tópicas más usadas y que con más errores históricos he encontrado).

Sobre todo hay que destacar lo que remarco en negrilla en las antiguas bases del concurso y que los autores no han olvidado: las ventas y la valoración en redes. Es un factor que se está viendo en la mayoría de los premios y algo ya muy controlado por las editoriales. Por supuesto, hoy en día, se quiera o no se quiera, o surfeas por las redes o eres como el camarón que no se mueve: al final, se lo lleva la corriente.

Todo lo que he comentado anteriormente sobre los grupos de apoyo y los tejemanejes publicitarios para llegar al puesto más alto en el ranking de Amazon y llamar la atención ha llegado siempre a mis oídos y también se ha comentado en directos de Instagram, pero nadie ha osado a ponerlo por escrito de una u otra forma, o por lo menos no ha tenido mucha repercusión. Hasta este 2024.

Este año la polémica ha estado servida por la presentación al premio del libro Proyecto Plas,de la autora o autor, puesto que usa seudónimo y no hemos visto nunca su rostro, Pussie Lánime. En la narrativa, su protagonista decide presentarse a un concurso literario llamado Amazing. A través de sus experiencias nos irá contando los entresijos del premio, desde la elección del género con el que se presentará hasta las mil y una anécdotas que surgen en el largo camino hasta que el jurado anuncia los finalistas. Partiendo de la base de que Nekane considera que si hoy en día cualquiera se atreve a escribir libros para sacarse una pasta ella no va a ser menos.

En realidad, el argumento es una mera excusa para sustentar lo que de verdad la autora o autor quiere contar: los tejemanejes que hay detrás y no tan detrás durante los meses que dura la subida de las novelas a la plataforma. Su historia no tiene más interés que mucha otras, romántico-eróticas, que ahora se denominan “con spice”y, de hecho, es una crítica con humor ―como toda la novela― a esas tramas tan manidas, incoherentes y burdas que rozan en la mayoría de los casos los vídeos porno malos, solo que por escrito.

Voy a hacer un resumen de los fragmentos que más me han llamado la atención:

Me suscribí a Keendle Endless y descargué las diez novelas más vendidas de la categoría en aquel momento. Las leí todas, sin excepción. De arriba abajo, con la sensación de estar leyendo siempre la misma historia ambientada en sitios diferentes y protagonizada por gente similar con otros nombres. Algunas parecían escritas por adolescentes, con incoherencias, clichés, faltas de ortografía y errores de maquetación. Me chirrió bastante el nivel de machismo que atesoraban algunas. No entendía cómo ciertas personas podían aguantar leer según qué cosas. Cuando veía el número de reseñas que acumulaban dichos títulos no pude evitar hacer unos cálculos. Era posible que aquellos escritores ganaran mucho, pero mucho dinero. Leyendo las opiniones también comprobé que pocos lectores se fijaban en la calidad literaria de aquellos libros, les daba igual si tenían faltas o fallos en la trama. Querían leer historias de amor con trabas y problemas, pero con final feliz, protagonizadas por personajes exageradamente guapos e inteligentes, aunque fueran asesinos, camellos, mafiosos o infieles confesos.

Este sería el inicio al que Nekane se enfrenta y a lo que nos hemos enfrentado muchos lectores a la hora de elegir algunas de las novelas más destacadas en la lista de ventas de la plataforma. Pronto decide qué rumbo tomará su historia.

Escribiría una trama llena de clichés ya que, por lo visto, a los lectores de dichas novelas no les importaba lo más mínimo. (…) La protagonista sería una chica tímida pero preciosa que se enamora de su jefe, un joven y guapo multimillonario que la introduciría en un mundo de perversión y sexo duro. Una novela romántica tirando a erótica. (Título El coleccionista de pollas)

Obviamente es el hilo conductor, como ya he mencionada antes, de las aventuras y desventuras de la protagonista en el mundo literario. Para completarlo, no podía faltar el apuntarse a algunos de los grupos que se postulan de apoyo para escritores, de los que ya comenté algo en párrafos anteriores y que durante este tiempo se ponen efervescentes con las llamadas “Lecturas Conjuntas”. Ahí es donde conoces las cloacas de este concurso en el que se encuentra a los siguientes actores, según la autora:

―Autores que ofrecen su libro gratis a cambio de una reseña positiva, así, sin anestesia, o que reembolsaban el precio del libro:

Me sorprendió la insistencia del escritor del thriller psicológico que ya me había ofrecido gratis su libro. En su cuarto mensaje subía la apuesta y me ofrecía un Bizum con el reintegro del precio de la novela si publicaba una reseña positiva de su libro. Pensé que aquella persona tenía un problema, no me parecía una actitud muy normal. Comprobé que casi todos los días aparecían reseñas de su novela en los grupos de Facebook, hablando de lo fabuloso y original que era. Una obra de arte, un libro imprescindible según la mayoría de los lectores. Una novela digna de ganar el PLAS, el Planeta o incluso el Nadal. Curiosamente, las valoraciones del dichoso libro habían dado un vuelco. La mayoría eran de cinco estrellas. Casi todas las reseñas repetían el mismo esquema, siguiendo un patrón y la mayoría contenían frases manidas y vacuas tipo «te explota la cabeza», «muy turbia», «giros increíbles», «personajes bien definidos», «tensión en aumento» o «con un final que no te esperas».

―Grupos de apoyo de lectores, que sobre todo tiene escritores que se leen entre ellos, con lo cual la reseña ha de ser de cuatro o cinco estrellas y, por supuesto, recomendando encarecidamente la lectura del libro:

No tardé en darme cuenta de que existían bandos, grupos de amigos entre la grandísima cantidad de autores que pululaban por los grupos de Facebook. Era consciente de que el número de personas que se atrevían a escribir y publicar un libro se había incrementado en los últimos años. A veces pensaba que algunos grupos estaban formados únicamente por escritores.

―La actuación poco ética de unas nuevas figuras surgidas aprovechando esta nueva moda de hablar de libros: las bookstagrammers o bookbloggers:

Casi todas esperaban recibir gratis una copia firmada de mi libro y, a ser posible, acompañada de algún regalito extra. Lo llamaban «colaboración». Extraño término para denominar a un regalo. Eso sí, recibir el libro no aseguraba una fecha, ni tampoco su lectura. Simplemente pasaría a ser otro más de la interminable lista que todas tenían pendiente. Alguna dejó caer que podía subir la prioridad de la «colaboración» por un módico precio. El importe fluctuaba entre los cinco y los cincuenta euros. Me molesté en analizar los perfiles de Instagram y Facebook de muchas de aquellas bookbloggers. Casi ninguna pasaba de los diez mil seguidores y, en esos casos, me costó encontrar reseñas de obras de autores indie. Las pocas que pude hallar no alcanzaban las cien reacciones de sus followers. Los libros que obtenían más comentarios y reacciones eran de autores famosos, cosa que no me extrañó lo más mínimo.

―Crítica a la calidad de muchos de los libros autopublicados:

Comencé a leer uno de los libros que había ganado en los sorteos de Facebook. ¡Ya llevaba tres! En las primeras cinco páginas conté veintiocho faltas de ortografía e innumerables frases mal construidas. Además, el autor, en un empeño por demostrar su destreza y dominio del arte de la escritura, empleaba palabras poco usuales en frases donde carecían de sentido. Me preguntaba por qué algunos escritores se empeñaban en usar recursos que no dominaban o situaban sus tramas en países que no conocían. Diálogos absurdos y artificiales, en los que metían con calzador datos más propios de una enciclopedia que de una novela policiaca, en un esfuerzo por demostrar el buen trabajo de documentación que habían realizado.

―Cómo hay autores que tratan de manejar el cotarro de una forma descarada a su favor dentro de los grupos de apoyo:

He leído que, como el resto de los certámenes literarios, está amañado. Dicen que escogen finalistas al tuntún, para rellenar. Que ya saben de antemano quién se lo va a llevar. Que, incluso, existen mafias que trafican con reseñas. Llaman la Capone a una señora que tiene varios grupos donde se cruzan reseñas y reparten cinco estrellas a diestro y siniestro.

Creo que llegados a este punto no voy a poner más fragmentos de la novela de Pussie y así te dejo que la leas con tranquilidad si te interesa.

Mi valoración es buena en cuanto a las fuentes de información que ha manejado. En realidad, a poco que te muevas en este mundo, siempre hay alguien encantado de contarte toda la historia o puedes vivirla en tus propias carnes, seas lectora o escritora. La novela en sí no es más que una sátira con sentido del humor de este mundillo que se lleva criticando desde sus inicios. Lo único que podría alegar en contra de ella es que se me hizo larga, ya que la parte de la historia que nos narra la autora, y que será la novela que presenta la PLAS, tiene los tópicos que no me gustan. Confieso que me la he leído en diagonal, ya que lo que me interesaba era toda la parte de las impresiones que ha tenido Pussie y que coincide con lo que muchos ya sabíamos. Aun así, ha habido un grupo, mínimo a la hora de la verdad, que se ha picado y ha formalizado sus quejas haciéndose las ofendidas por la forma en la que el autor o autora trata a los grupos de lectores y a muchos escritores. Lo que suelo decir en otros post: al que le pica, ajos come.

Como bien se dice en el título de la entrada, todos somos culpables. No voy a hablar de nadie determinado, pero sí de lo que también he visto y vivido. Alguna reseña de cuatro estrellas he tenido que poner pese a que el libro no se lo merecía. O sea que yo entono mi parte de culpa y, aunque hay muchos lectores que no quieren reconocerlo, lo cierto es que este tipo de actuaciones está a la orden del día. Ya hace tiempo que si leo y recomiendo lo hago porque de verdad considero que el libro se lo merece y no por cuestión de gustos, sino porque por lo menos está digno. Todos cometemos errores en los inicios, lo que no nos hace un favor a escritores y lectores es que quién persiste en seguir cometiéndolos además exija que se haga caso omiso de ello.

Tras haber estudiado a fondo el tema del PLAS a lo largo de los años, lo que puedo decirte sin temor a equivocarme es que todas aquellas autoras que piensan que tienen oportunidad de ganar porque sus libros tienen muchas estrellas y están de los primeras en el ranking de ventas, que lo olviden. Las cinco finalistas no son las novelas más leídas, no han sido las más vendidas y no son las que mejores comentarios tienen. Lo puedes comprobar, pero te lo voy a poner aquí de forma esquemática, tal como está hoy el ranking en Amazon, día de la publicación de mi entrada:

Los crímenes de Hollywood (Federico Atax) 187 reseñas, de las cuales 10 son con opinión.

Un crimen pasional (J.J Fernández) 394 reseñas, de las cuales 20 con opinión de lector.

Hermanos de Dios (Jorge Zaragoza) 226 reseñas, de las que 11 son con opinión de lector.

El Ladrón de letras (Luis David Pérez) 1305 reseñas, de las que 42 tienen opinión de lector.

Un asunto pendiente (Gema Herrero) 238 reseñas, de las que 62 tienen opinión del lector.

Esto me lleva a la conclusión de que muchos autores y sus fans se están matando y envenenando las redes para nada, en vez de preocuparse de escribir libros con calidad, que de verdad llamen la atención por ello. Una pena, porque es un concurso que hubiera tenido muchas posibilidades y me parece genial que la gente se presente, lo mismo un día de estos me animo y todo, pero, desde luego, me apunto lo que Pussie ha criticado para no caer en las mismas dinámicas.

Opinión

Una nueva temporada

Me cuesta trabajo iniciar esta nueva temporada, no porque no sepa de qué escribir sino porque quiero hacerlo de temas que de verdad puedan ser atractivos. Esto es algo complejo porque en estos tiempos la gente como mucho aguanta, de media, cinco segundos visualizando un reel. Y esto no lo digo yo:

Si tu tiempo de visualización promedio se ubica entre 4 y 8 segundos, intentaría mantener la mayoría de tus reels por debajo de los 15/20 segundos. El tiempo de visualización es importante para el alcance de tus reels, así que si estás haciendo reels de 60 segundos y tu tiempo de visualización promedio es de 6 segundos, Instagram no está teniendo ese incentivo para impulsar tus videos. https://www.instagram.com/reel/C5EEDK2NmVW/

Por lo tanto, hace mucho que perdí la esperanza de que haya multitudes que visiten y lean mi blog. Entonces ¿por qué me molesto en tratar de escribir algo que interese al lector? Pues llámame loca, pero sé que todo lo que suba a internet queda per secula seculorum y, sinceramente, si puede ser algo medianamente sugerente y bien escrito lo prefiero. También, porque es una forma de no perder el hábito de redactar.

Después de unos años por estos lares, la cosa no tiene visos de mejorar en ningún aspecto. Cada día salen al mercado una media de 250 libros, según las estadísticas del Ministerio de Cultura para la fecha del 2022, por lo tanto, dos años después, imagino que esa estadística está obsoleta; creo haber visto que ya va por más de 350. ¿Qué he observado mientras me dedicaba a leer en silencio?, que la calidad de los libros, de editorial y autopublicados, en su gran mayoría, dejan mucho que desear. Estoy convencida de que para ganar esta carrera estadística han decidido suicidarse por saturación. Da igual quién haya publicado el libro. Todos tienen una cantidad ingente de faltas de ortografía; mala sintaxis; tramas confusas calcadas de autores anteriores, o copias de historias propias, donde lo único que las diferencia es el cambio de los nombres de los personajes y localizaciones. Como en el mundo hay pocas empresas, que copan el mercado del libro, pues es como Coca-Cola y Pepsi, ya da igual si son cancerígenas o no, total, es lo que hay.

Las editoriales tradicionales siguen porque no hay nadie que se atreva a toserles y las otras formas de publicar, con la excusa de que las hermanas mayores lo hacen mal, lo hacen peor. Para mejorar el escenario, el lector medio tiene un nivel cultural bajito, con lo que va a lecturas simplonas, de tramas previsibles, mal estructuradas, en las que hay pocos diálogos, porque si no la gente se pierde, y escasas descripciones, porque los lectores se aburren. Es algo que he leído en redes sociales, no es que me lo invente yo. Pero claro, antes rasgarse las vestiduras que reconocerlo.

Además, me da la sensación de que un tercer elemento en discordia son las plataformas audiovisuales, que necesitan material para sus parrillas y, al final, lo que hacen es coger a cualquier autor más o menos consagrado y hacer de su novela la serie, que rellene su programación durante unas semanas. Luego da igual si es buena o mala. Tampoco dan opciones a una segunda parte si no es rentable la primera y se le da pasaporte sin más explicaciones. Aunque la tendencia general son versionados que no tienen mucho que ver con la novela, cambiando incluso en final a su gusto. Este medio está fagocitando a autores que son moda durante unas temporadas gracias a una supuesta recua de fans, pero cuya trascendencia va a ser mínima. Aunque tampoco importa, porque esto tiene pinta de que va a reventar el día menos pensado. Pero no el mundo editorial, que ese tiene aguante hasta el infinito y más allá, si no el mundo en general, porque nos encontramos en una nueva época de decadencia parecida a la que sufrió el Imperio romano en su día.

No penséis que estoy en plan negativo o catastrofista, para nada. Solo me limito a plasmar lo que en las mismas redes se comenta, que hay mucha morralla en el mundo editorial y aumentando según pasa el tiempo. Se nota incluso en las mismas plataformas televisivas, en las que cada día encontramos más dificultad para ver una serie que de verdad sea original e interesante. Todo muy normal porque las unas se nutren de las otras y vivimos en época de inmediatez. Si no se tiene lo último de lo último ya no eres influencer.

Como remate, está la lucha de egos que a mí me gusta observar directamente desde la tribuna, comiendo palomitas. A lo mejor pensáis que soy una exagerada, pero eso mismo he visto con estos ojitos que hoy uso para contarlo. Evento literario importante a nivel local en el que se juntan autores para presentar sus nuevas obras y firmar ejemplares. Todo preparado: carteles lanzados, avisos en las redes para que cada cual acomode su horario al evento y, de repente, tocan a arrebato las campanas de una gran editorial ¿Cómo va a firmar nuestro autor reconocido a esta hora? Llamadita al concejal de cultura e imagino el tipo de conversación. Resultado final: a poco más de 24 horas inicio del evento se quita por parte del Ayuntamiento toda referencia a los horarios antiguos y se cambia a gusto de la editorial y su figura. Los demás autores se la tienen que envainar y aguantarse con el horario que se les ha vuelto a asignar. Si ya tenían cartelería y avisos en sus redes, pues es lo que hay. ¡A joderse!, que el ego y la fama de otros está por encima del respeto hacia los compañeros.

Hoy por hoy, todo esto que cuento está en las redes, no es algo que yo diga para rellenar. Un ejemplo de ese sentir ante las malas praxis lo encontramos en dos novelas que he leído estas semanas atrás. Ambas han formado revuelo entre los lectores y otros escritores, diciendo que muchas de las cosas que se cuentan son mentira. Yo os garantizo que no y que lo único que no dicen son los nombres y apellidos de muchos de los que están arrastrando el buen quehacer de autores y lectores que no se doblegan ante este tipo de actitudes. Hoy os comentaré una de las dos obras y la otra la dejaré para un poco más adelante.

Esta primera novela va más relacionada con las editoriales y la publicidad en redes sociales que con los lectores y escritores propiamente dichos, aunque también encontré entretenidas historias sobre autores que hacen lo imposible por destacar los unos sobre los otros, con lo que después de haber presenciado lo que te he contado con anterioridad, ya me lo creo todo.

Estand Librería Rita’s Bookshop de San Fernando en la feria del libro 2024

El primer libro es el de la americana R. F. Kuang, Amarilla, y está principalmente dedicado todo lo que gira alrededor dela publicación de un libro, como ya he indicado. En él vemos la forma en la que la protagonista, una escritora de segunda fila, llega a ser famosa y reconocida. Aunque pueda parecer exagerada, que lo es, ya todo se desencadena a raíz de una muerte, ¿accidente, asesinato? De eso ya no os hago spoiler. Aunque, en el fondo, la pregunta que queda en el aire es ¿hasta dónde se puede llegar para alcanzar el éxito?

Nuestra protagonista robará una trama de otra autora, amiga suya, fallecida. La gente alegará que es ficción y le quitará importancia, pero eso mismo lo he vivido, sin ir muy lejos, en las carnes de otra compañera; eso sí, sin necesidad de una muerte de por medio. Todo fue por fiarse de una escritora, y amiga, que ejerce de lectora cero, sin haber registrado la obra. El resultado final fue el de encontrarse la novela plagiada. Ya el problema no es tanto el plagio, que, por supuesto, demuestra la poca vergüenza de la gente. Lo peor es que no vale la pena meterse en litigios ―todavía colea el de Cela con Planeta y una autora gallega― y al final es pérdida de tiempo. Esta gallega denunció al autor y a la editorial y, a estas alturas, sigue litigando el hijo y heredero de los derechos de su madre, porque ella ha muerto y Camilo, también. La historia de la novela La Cruz de San Andrés, premio Planeta, la puedes encontrar en internet. Si un plagio tan gordo a nivel nacional todavía está sin resolver, ¿quién va a hacer caso de una autora novel que se fía de quién se promociona como correctora y lectora cero?

La historia de la obra robada en Amarilla es el mero soporte de la crítica hacia este mundo editorial y la gente que lo rodea, que plasma con frases tan rotundas como:

Los premios en esta industria son una chorrada, y bastante arbitrarios. Son menos un indicativo de prestigio o de calidad literaria y más una muestra que has ganado un concurso de popularidad gracias al apoyo de un grupo muy reducido y sesgado de votantes.

Otras de las cosas de las que trata es del acoso que se sufre en las redes si destacas, eres diferente o no eres del agrado de una autora que acaba mandando a sus palmeros a hundirte vía hate. Os dejo alguna de las reflexiones que la misma autora pone en boca de su protagonista y que tienen su miga:

Las reputaciones en el mundo editorial se construyen y se destruyen constantemente en Internet.

Se hunde a la gente para conseguir tener un público, creamos nuestra propia autoridad moral.

Una vez que entras en el mundo editorial todo gira en torno a los celos profesionales…

Los lectores vuelcan sus propias expectativas no solo en la historia, sino también en tu opinión política, tu filosofía y en tu postura respecto a cualquier asunto ético, tu persona y no tu escritura pasan a convertirse en el producto: tu aspecto, tu genio…

Al final todo se reduce al ego. Si el mundo editorial está amañado, lo mejor que puedes es asegurarte de que este a tu favor.

Las redes sociales son un espacio diminuto y aislado. Una vez que te alejas de la pantalla a nadie le importa una mierda. (A esto añadiría que a nadie le importas una mierda, más que a tus verdaderos amigos, que estaban antes de que publicaras la primera vez).

Esta novela la recomiendo, sobre todo, para aquellos autores que se piensan que son el ombligo del mundo porque están en una gran editorial y van pisando a aquellos que empiezan. Incluso dedicada a todos los que empiezan o llevan un tiempo intentando darlo todo. para que no caigan en la tentación de estas malas prácticas que tanto se ven en las redes.

En cuanto a historia en sí, para mí se me ha hecho algo larga. Podría haber quitado algunos capítulos o haberla reducido, que hay maneras para ello; pero claro, todo depende del editor y, en este caso, la historia es yankee y el editor también. Cada cual con su cada quién. Aun así, se le puede sacar bastante jugo a la realidad literaria actual y más si en otra entrada os complemento la historia con la que nos narra Pussie Lánime en su trabajo Proyecto PLAS. Una obra que ya saltó a las redes de mala manera, puesto que como la autora o autor es anónimo pronto comenzaron las elucubraciones de quién estaba detrás de esa crítica, iniciándose una caza de brujas y señalando a autores que no son los dueños del seudónimo; pero, que si lo fueran, ¿por qué hay tanto miedo a lo que se pueda contar en una novela? No se dicen nombres. Al final es lo que decía mi abuela: al que le pica, ajos come.

eventos

Libros robados, despedidas y otras historias

Según pasan los años me doy cuenta de todo lo que me falta por saber y el poco tiempo que tengo. No, tranquilo, no estoy tan nostálgica como para que esta sea una entrada de esas lacrimógenas tan al uso en las redes sociales. Aun así, entiendo lo que un amigo me dijo hace poco: en caso de que volviera a nacer no querría hacerlo con todo lo que sabe ahora que tiene 58 años, si no con todo lo que no sabe. La verdad es que a eso me apunto.

Esta semana ha sido una de las que denomino como cultural ya que hemos asistido a la presentación de dos novelas y al acto de jubilación del librero referente de la ciudad de Cádiz, Juan Manuel; el alma, junto a su hija y mano derecha, de la librería Manuel de Falla. Siempre he dicho que una persona vale tanto por sí misma, como por la agenda que maneje. Juan Manuel era ese referente al que todo el mundo te enviaba en el caso de que estuvieras buscando un libro y no lo pudieras encontrar. Hace dos años se me dio el caso y la obra en cuestión, está en mi estantería gracias a sus indicaciones.

La verdad que han sido siete días con tantas novedades que casi no sé ni por dónde empezar, se me van los dedos en el teclado. Pero te voy a poner en antecedentes y así te haces una idea de cómo es mi día a día de escritora cuando no estoy delante de mi manuscrito. Todo se inició cuando otro Juan, dueño de la librería Plastilina, me incluyó en un grupo de Whatsapp dónde nos juntamos escritores y lectores con la única idea de ir avisando sobre los distintos eventos que se organizan en el entorno de la Bahía de Cádiz.

Ya desde que me inicié en el mundo de la escritura te he comentado lo que me cansa el continuo hacerse un Paco Umbral por parte de los escritores. Entiendo que te emociones con tu trabajo, pero solo hablar continuamente de lo maravillosa que es tu novela, cansa. Más todavía si, encima, son reediciones con cambio de portada porque, como no se vende, se piensan que con un lavado de cara van a alcanzar a más lectores y, antes al contrario, es contraproducente. Solo indica que tu obra está acabada con prisas o que no sabes qué hacer con ella. Por lo tanto, para no caer en lo que recomiendo que no hagan otros autores, me dedico a promocionar aquellos autores que leo y, si me es posible, asistir a las distintas convocatorias literarias que más me llamen la atención, priorizando en el tema de las presentaciones de escritores de la zona. Aunque no me engaño; las lecturas, como las agendas, también hablan de uno.

El miércoles fui a la de Antonio Guisado, El demonio de Laplace, conducida por el también autor Benito Olmo. Lo que más destaco de esa tarde es el modo en que Benito llevó la entrevista, ya que con ella nos acercó al autor, sin dejar de lado la obra, de una forma muy amena, para no hacer spoiler y que, si se hace bien, atrae mucho más que si se pasan una hora hablando de las excelencias de la novela. Tomo nota para otras posibles presentaciones de mis propios libros o si me toca a mí hacer de introductor para algún compañero. El único adelanto que nos dio sobre la trama fue que estaba relacionada con el tema del libre albedrío; a partir de ahí, nos dedicamos a conocer al autor, su proceso creativo y su forma de afrontar otros aspectos de la vida que, al final, acaban influyendo en su trabajo entre letras. Ya te recomendaré la novela de este compañero cuando la lea, porque de esa no tengo pistas sobre que trata. Eso sí, es una novela policíaca.

¿Somos dueños de nuestro destino?

Un oscuro e inquietante thriller en torno al libre albedrío. Terror y género policiaco combinados en una adictiva novela en la línea del maestro John Connolly.

Cuando, como las tímidas gotas que anticipan la furia de la tormenta, los cadáveres de varios gatos sacrificados comienzan a salpicar la ciudad de Sevilla, dos detectives sacados de su letargo por los macabros sucesos se verán enfrentados de improviso a una serie de extraños acontecimientos y, sobre todo, a una cuestión de siempre esquiva naturaleza.

Desde Aristóteles hasta Einstein, desde Calderón de la Barca a Simon Laplace, muchos han sido quienes a lo largo de los siglos han intentado dar respuesta a uno de los grandes interrogantes de la historia de la humanidad: ¿es el hombre realmente libre o existe un sendero ya trazado que recorremos sin saberlo?

En este oscuro e inquietante thriller en torno al libre albedrío, se ofrecen algunas respuestas, tan válidas como cualquier otras, pero, sobre todo, se arrojan, como dardos de sombra, muchas inquietantes preguntas.

Al día siguiente, jueves, en la Fundación Cajasol, le tocó el turno presentar a Benito Olmo su último trabajo, Tinta y fuego. Ya sabes que el volumen lo adquirí hace unas semanas en el Encuentro de escritores gaditanos organizado por la librería Plastilina y el mismo autor, con el que coincidí en ese evento, me lo firmó. Todavía no había asistido a ninguna de sus presentaciones puesto que su trabajo está recién sacado del horno y ese día, que me venía bien coincidir con él en Cádiz, para allá que me fui. Fue todo un acierto porque si bien ya sabía de qué iba la temática de la novela, el toque que le dio a la presentación, contando todo el proceso que le llevó a investigar sobre el tema y cómo se hizo un Indiana Jones buscando todo lo que sustentaba su trama, me enamoró ya directamente sin haberlo leído.

Greta es una reputada buscadora de libros raros y valiosos, aunque su popularidad ha caído en picado debido a la desaparición de una primera edición de Borges que debía tasar. Ahogada por las deudas y la desconfianza de sus allegados, acepta un encargo insólito: encontrar la biblioteca de la familia Fritz-Briones, perdida durante la Segunda Guerra Mundial.

La investigación la conducirá hasta Berlín, donde constatará que los nazis llevaron a cabo el mayor robo de libros de la historia, pero también algo más: alguien está asesinando a bibliófilos, libreros y coleccionistas de todo el mundo para tratar de reconstruir la mítica Biblioteca de la Comunidad Judía de Roma, que fue saqueada y escondida por el Tercer Reich.

Greta no podrá resistirse a este giro en la investigación. ¿Qué amante de los libros ignoraría el rastro de la legendaria colección? Poco importa que su vida pueda estar en peligro; lo que no sabe es que esta aventura la llevará a descubrir una verdad sobre sí misma para la que, quizás, no esté preparada.

La verdad es que en el tren, mientras llegaba a Cádiz, había empezado a leerlo y ya me estaba gustando, porque había encontrado referencias que me resultaban familiares, algo que hace que haga propia una historia de otro autor ―en el buen sentido de la palabra― y lo tenga como referente para mencionarlo en otras ocasiones. No conozco a Benito prácticamente más que de las referencias literarias que me han llegado por ser un compañero que compartimos la misma ciudad, pero es cierto que me hubiera gustado haberle preguntado más detalles del proceso de escritura de este libro porque me sentí muy próxima a su metodología. No he tenido como él, de momento, la oportunidad de poder coger un avión e ir a la fuente manuscrita, a los escenarios de la trama o ver cara a cara a algunos protagonistas que inspiraron mis historias, pero no ando muy lejos de hacer cosas similares. Ya os he contado cómo pasé una jornada muy ilustrativa con un militar que estuvo en la guerra de Bosnia, que es la base de mi próximo protagonista, y que, sobre todo, ha sido lector cero para que me confirmara que todo lo que cuento en mi novela es posible. O cómo visité el poblado de Bellavista para hacerme una idea de cómo eran las casas inglesas de principio de siglo o me alojé en el hotel Reina Cristina para conocer el ambiente del espionaje de los años 30-40. También he visitado una farmacia de principios del XX de cara a una próxima historia, y así muchas veces más, aunque son detalles nimios los que me llevan a sentirme parte de la historia que escribo.

Imagen de la biblioteca desaparecida Yeshivá (foto cedida por Centro de Teatro Grodzka Gate-NN)

Benito, inicia su proyecto gracias a la publicación de un artículo en prensa sobre la historia de los libros saqueados por los nazis durante la II Guerra Mundial. Quien sepa del tema conoce más sobre el expolio de obras de arte, pero ¿de libros? Muchos tenemos en mente las piras a lo Fahrenheit 451, pero de la desaparición de millones de ellos de todos aquellos países que sufrieron la ocupación no todo el mundo sabe. Vamos a conocer esa historia que tenía como finalidad borrar una cultura milenaria de la memoria colectiva. Buscando los fondos robados a una familia judía, la protagonista va tirando del hilo y ve como su indagación, en un principio privada, se convierte en el intento de localizar la gran biblioteca de la comunidad judía de Roma, desvalijada durante ese mismo periodo. ¿Por qué se habla menos de este tipo de actos y está más a la orden del día la apropiación de obras de arte? Porque estos últimos tienen un gran valor económico y los libros, en su gran mayoría, tenían solo un valor sentimental. Pensemos que se sustrajeron algunos muy familiares, torás, cuentos o recetarios. También misales, novelas o ensayos, porque el expolio no solo fue a los judíos, sino que los sufrieron bibliotecas católicas, comunistas, o de cualquier persona que los nazis pensaran que sus fondos podrían suponer un peligro para sus intereses. De todo esto y mucho más nos va a hablar Benito en su novela, cuya recomiendo su lectura sin dudarlo.

En cuento a la despedida de Juan Manuel, puedo decir que, cuando un librero se va, no deja de ser una sensación agridulce. Pese a ser debida a su bien ganada jubilación, se va la memoria de dos colectivos, el de los escritores y el de los lectores, que tampoco tienen muchos referentes hoy en día. El mundo del libro se ha vuelto muy especializado y no al alcance de muchos, o cada día los libreros son más personas que despachan novelas, al igual que podrían despechar sardinas. En Cádiz quedan reductos, gracias a Dios, y además la librería Manuel de Falla pronto abrirá sus puertas a manos de otro amante de la palabra escrita y con un bagaje importante en estas lides, por lo que he podido saber: Carlos Porras, historiador de formación y con larga experiencia en los servicios de publicaciones de la Universidad de Cádiz. Juan Manuel tuvo su despedida oficial días antes en el salón del edificio municipal de calle Ancha, que se llenó de clientes habituales. El acto estuvo organizado por la Fundación Fernando Quiñones, la Fundación Ory y la Asociación de Amigos de Fernando Quiñones, pero en la jornada de este viernes, en la que finalmente echaba la baraja, noté a faltar gente. Digo gente, sin especificar, porque no soy nadie para dar nombres y apellidos, aunque fuimos bastante los que nos acercamos para despedirle. Aun así, teniendo en cuenta sus años de trabajo y todos los que han pasado por el dintel de su puerta, muchos de los cuales echamos los dientes entre sus estanterías, no llegamos a los 100 precisamente. Creo que Cádiz tiene más lectores que han comprado en su pequeño local y han recibido sus recomendaciones. Pero bueno, así es la vida. Aunque no estuvimos todos los que somos, si éramos todos los que nos despedimos: personas en deuda por sus años de dedicación. Gracias.

N.de A. Si el tema del expolio de libros te interesa, también te puedo remitir a otra obra muy interesante de Anders Rydell, Ladrones de libros. El saqueo nazi de las bibliotecas europeas y la lucha por recuperar la herencia literaria.

vivencias

La vida, un papel de arroz

Ya te he comentado en anteriores entradas que, gracias a Dios, el pecado de la envidia no está en mi lista de defectos. Si acaso la lujuria y la gula, aunque trato de mantenerlos a raya. Cosa que no se puede decir de muchas personas que veo pulular por las redes sociales. Junto a ellos, hay otro tipo de individuos que sufren de una nueva enfermedad, una que arrastran desde el siglo XX y lucen con garbo este inicio de milenio: la frustración, que si bien no es pecado capital debería ser el octavo. De los envidiosos, puedo decir que en el pecado llevan la penitencia; en el caso del frustradito, el entorno acaba hasta el mismo merengue de tanto desencanto. Ante todo, tengamos claro que el 90% de lo que nos ocurre son cosas que hemos sembrado y ahora cosechamos, queramos o no. Lo peor de todo es cuando se juntan la envidia con la frustración. Es ahí cuando te recomiendo que huyas si tienes a alguien a tu alrededor que padezca esa enfermedad, porque, al final, no deja de ser un problema de concepción de la realidad y debería ser tratado por profesionales de la psicología, siempre y cuando el paciente reconozca su problema, algo que normalmente, a la altura que estamos y con la sociedad que nos rodea, no suele pasar.

Esta semana he aprovechado para tomármela sabática y he participado en una dinámica en la que me han mostrado de manera didáctica este concepto y como, o le pones remedio y dejas que el problema fluya, o te dejas arrastrar y entonces llevas todas las de perder.

Gracias a Amaia y en un entorno relajante como es La posada del té

https://www.instagram.com/laposadadeltea/?hl=es

disfruté junto con Héctor https://www.instagram.com/hectorh.lopez/?hl=es de las técnicas milenarias del Shodo y del Sumi-e. El primer término lo podemos traducir como el camino de la escritura, algo muy apropiado para dos escritores, mientras que el segundo se trata de la palabra usada para designar la técnica de la pintura con tinta y se utiliza, entre otras muchas herramientas de las que se vale la filosofía zen, para alcanzar la paz interior. Una práctica útil para momentos de incertidumbre.

Iniciamos la dinámica con una ceremonia del té, como bien dijo Amaia, siguiendo el ritual, pero conducido de una forma personalizada tras sus años de experiencia. Nos habló de los tipos de té, del blanco Pu-Erh que tomamos, y que esa noche era la de la luna llena de las flores, llamada así por ser la última luna antes del solsticio de verano. Estas son las semanas en las que se planta aquello que se cosechará en plena canícula. Paso a paso Amaia nos fue poniendo en situación para que se creara el ambiente adecuado y nos dio las pautas a seguir:

  • Escribiríamos en un papel una intención que no solo nos afectara a nosotros, sino que favoreciera a nuestro entorno, para luego colocarla bajo un gran cuarzo que presidía el centro de la sala.
  • Trataríamos de dejar fuera todo aquello que nos perturbara y nos colocaríamos lo más cómodos posible, siendo conscientes. Si nuestro cuerpo se quejaba de la postura no debíamos tomarlo como algo que nos incomodara, sino como una realidad natural (inicio del concepto de no te frustres, porque con 57 años ya no tienes la flexibilidad que tenías y tu cuerpo se quejará)

Se inició la ceremonia propiamente dicha y, entre taza y taza de té, tratamos de encontrar el Samâdhi, que para los profanos, incluida yo, se puede traducir como alcanzar ese nivel de conciencia plena de sí misma dentro de la meditación. O sea, que no estés pensando en las albóndigas para el día siguiente o la última bronca con los niños, algo muy habitual en la vida que nos ha tocado. Nos cuesta pararnos y ser conscientes de que vivimos, porque estamos más en el cómo vivimos.

Lo disfruté, pero dónde saqué la enseñanza relacionada con el título de esta entrada fue en el siguiente paso, cuando llegó el momento de hacer Shodo y Sumi-e. Amaia nos enseñó la lámina que ella había hecho y nos animó a intentarlo en unas tablillas de madera a las que estaba sujeto un papel ¡DE ARROZ! La tinta china y este papel son incompatibles, ¡por dios! Pero nada, ¿quién dijo miedo? Respiré profundamente y me dispuse a hacer mi lirio. Ya ves el resultado final. Si te digo la verdad, según lo miro y remiro, más me gusta, porque para mí tiene un profundo significado. Te puedes proponer hacer las cosas lo mejor posible, planificarte, medir bien los pasos; pero luego la vida es un papel de arroz que se encargará de que todo lo acabes sacando como buenamente se pueda.

Lo ideal para hacer Sumi-e es usar el habitual para acuarela, pero Amaia quería darle ese toque de: no te molestes en intentar hacerlo perfecto, sino, más bien, disfruta con lo que estás haciendo. Se nos olvida disfrutar del proceso de vivir y estamos muy pendientes de organizarnos la vida. Eso os lo dice una persona a la que le encanta organizar cosas, si bien, con muchos años de filosofía y espiritualidad a las espaldas, que no se frustra si hay que cambiar de planes o las cosas no salen como las había planificado. Ojo, que también me enfado cuando no son como yo querría o me dan bajones si tengo contratiempos, porque soy humana, pero ni me dura mucho tiempo el desengaño ni le jodo la vida a los de mi entorno porque las cosas no salgan a mi gusto.

Enseñanza

Ahora mismo veo cómo llega la primavera y todo el mundo anda de promoción de sus nuevas novelas y yo ahí, corrigiendo la mía como una Penélope de la vida. Así son las cosas y así te las cuento. Mi nueva novela me puede parecer maravillosa, pero sabía que necesitaba ponerla a régimen, no soy Posteguillo, y una editorial, por mucho que se anime a arriesgar su dinero, no publica de una autora desconocida ―seamos serios, me conocen en mi casa, cuatro amigos y dos lectores lejanos― un volumen de ochocientas páginas. Hay que ser coherente, como en la meditación, no frustrarse y ser humildes, no pensar que a mi hijo no lo toca nadie. ¿Me pongo a llorar? ¿Pienso que todas las editoriales están en mi contra? ¿Me frustro y despotrico en las redes? Pues no. Pasados los primeros minutos de pánico, porque no se sabe por dónde empezar, y sabiendo que mi editora me recomienda dejar la novela a la mitad (de 444 folios a 250 más o menos), me arremango y me pongo manos a la obra. Ya hemos quitado 80, y ¡escucha!, sin romper en absoluto la obra. Eso me demuestra que, si bien mis descripciones pueden ser todo lo inmersivas que yo quiera, es mucha tralla tanta palabra y que no tengo un ego tan desarrollado como para emperrarme en publicar el libro tal cual. Soy divina, pero en otra acepción.

¿Y sabes una cosa? Que estoy superorgullosa de poder quitar de mi novela esas páginas sin perder coherencia y sin sufrir, siendo consciente de que estoy haciendo lo adecuado y sin cabrearme por el tiempo que le he dedicado a unos folios que acaban en la papelera. Es un maravilloso ejercicio de humildad y, al final, si sabes aceptarlo, acaba siendo gratificante, sabes que va a valer la pena. Obviamente, la última palabra, en cuanto a si no han quedado agujeros en la trama, la tendrá mi lectora cero y, por supuesto, si ha quedado bien para publicar lo tendrá que decidir mi editora. Aunque las cosas no salieran bien, que saldrán, siempre habré aprendido una gran lección que, además, esta semana de relax y reflexión me ha reforzado. De nada sirve sufrir por adelantado ni a posteriori: acepta tu pasado, encara ilusionado tu futuro y, sobre todo, vive enfocado en el presente.

N. de A. Algunas fotos son mías y otras las he cogido prestadas del IG de La posada del té. No era mi idea ponerme a hacer fotos durante la ceremonia.

Opinión

«En serio» o «Realmente», George?

Recuerdo que hace años cayeron en mis manos de forma casual un par de colecciones de libros que me llamaron la atención. Una de la autora Penélope Sky, denominada Saga Botones porque la trama que desarrolla en el entorno de una familia de mafiosos y venganza que tiene como Maguffin un bote de botones, y la otra, la Hermandad de la daga negra, de J. R. Ward, una de vampiros que conviven con los humanos, pero no se mezclan con ellos hasta que, por encuentros amorosos, se llega al intercambio de fluidos, y no solo sangre. La Hermandad es como asuntos internos en el cuerpo de policía: controla los desmanes del resto de no vivos para evitar que llamen mucho la atención.

Tengo el recuerdo difuso de que, al ir leyendo libro tras libro, empezaba a notar que era más engorroso, porque, literalmente, la traducción era una mierda. Y entonces no había IA, aunque sí Google Translate. Pude sustraerme y tuve que discernir, entre la maraña de palabras que no estaban bien ajustadas al texto, lo que querían decir los personajes, pero ¿qué necesidad había? En mi caso me valió, por un lado, para entrar en contacto con lo que llaman Dark Romance y, por otro, para conocer qué se cocía en el mundo de la erótica o a lo que así denominaban en pleno siglo XXI. Por lo tanto, hice de tripas corazón y, saltándome páginas como si no hubiera un mañana, me puede hacer a la idea sobre qué iban ambos subgéneros.

Ambas sagas constan de un gran número de volúmenes, sobre todo la de vampiros. Un amigo tuvo a bien enviarme un archivo con todos ellos, sabía lo que me gustaba leer y que ya me rondaba por la cabeza escribir erótica y de esas lides tienen bastantes páginas ambas historias. Estaba claro que, por mi falta de experiencia en aquel entonces, me estaba leyendo una mala copia. A partir de ahi, fui más selectiva a la hora de buscar novelas traducidas. Otra cosa fue que, cuando ya entré a fondo en este mundo como escritora, las consideré un poco repetitivas y vi que eran más divertidas las otras historias que ocurrían en sus páginas.

Todo esto ha vuelto a mi cabeza a raíz de una polémica que ha surgido en Threads sobre el tema de la traducción de novelas. Discusión inútil por otra parte, porque como dije en mi anterior entrada debatir es una asignatura pendiente en España y así pasa lo que pasa, que la gente arranca ojos sin pizca de pudor. El caso es que, por lo visto, una Influencer debió hacer un comentario sobre que la editorial Monogatari la había solicitado para publicar en español un libro de una saga. Obviamente las redes ardieron, algo que ocurre con facilidad por mucho menos. En un bando estaban los que alegaban que eso era intrusismo profesional y en el otro los que mezclan churras con merinas, vomitando que aquellos que nos llamamos escritores sacáramos el título universitario correspondiente para demostrar que estábamos cualificados para escribir libros. Es cierto que también había comentarios de lectores que leían con fluidez ambos idiomas (inglés y castellano) y alegaban que la traducción era horrorosa.

Después de esto quise ponerme en comunicación con los responsables de mi planeta para que me vinieran a recoger tras dispensarme de seguir realizando mi análisis sobre la vida inteligente en la Tierra. Había hecho el estudio en profundidad con los delfines y descubrí que, más allá de ellos, no había vida inteligente.

Seguí los palos y picas que enarbolaban los energúmenos de diverso pelaje en las redes, aunque antes me había sacado el paquete de palomitas, y según avanzaba la caza de brujas más segura estaba de que debo ser extraterrestre. Hubo algunos leves destellos de racionalidad, pero fueron pisoteados, como de costumbre, por la masa vociferante que alegaba que todo el mundo tiene derecho a hacer lo que quiera si se considera capacitado para ello. Traigo a colación algunos de los comentarios que más puedo destacar:

No puedo entender el pollo montado con la traducción de la bookstagrammer. Entiendo que los que han estudiado traducción estén picajosos. Pero si esa persona traduce bien, puede que incluso mejor que algún traductor profesional, porque telita con las traducciones de algunos libros, no veo el problema. Si una persona sin título ninguno está capacitada para escribir un libro porque no para traducirlo que es más fácil? Si eres traductor y eres bueno no deberías tener miedo de que te falte trabajo (sic).

Ni que decir tiene que el “telita con las traducciones de algunos libros…” va a ser precisamente esa que está hecha por alguien que no es profesional y no está cualificado, mira tú que casualidad.

Además, me vas a perdonar, pero que una persona alegue que es más fácil traducir un libro que escribirlo denota su escasez de conocimiento ―qué verdad que la ignorancia es muy atrevida―. Por lo tanto, fin de mi alegato. Es como si dice que médico de familia puede ser cualquiera porque, total, es más sencillo que ser cirujano, que ahí es donde se corta el bacalao. Está claro que si eres bueno no te va a faltar el trabajo, porque además, gracias a Dios, una editorial debería pedir muestras, al igual que las pide del de corrección. Pero claro, sin abrir otro melón, hoy en día cualquiera se da el nombre de editorial o de corrector, ya puestos, y eso lo sabemos porque ya lo hemos hablado en otro momento.

La respuesta al anterior comentario no se hizo esperar:

Ya que intentas ir de lista, las traducciones se rigen por normativas europeas específicas para servicios de traducción, es decir, por las normas ISO. Y, concretamente, la norma de calidad ISO 17100 exige que los traductores que participen en proyectos de traducción tengan o titulación universitaria, o formación relacionada + 2 años de experiencia demostrable, o 5 años de experiencia demostrable. Y, en este caso, no se dan ninguno de los tres requisitos. (sic)

Pero en el mundo de las redes sociales, al igual que a pie de calle, las razones se miden por el tamaño de lo grande que la tengas o lo alto que chilles. Es de agradecer que los hilos en Threads no sean como las cartas vociferadoras de Harry Potter, porque íbamos a tener que ir por la vida con tapones.

El remate final fue el comunicado que puso en Instagram la propia editorial. No hago comentarios, que cada lector se haga su composición de lugar.

Yo quiero saber la realidad

Siempre me han dicho que valgo mucho por mi agenda y tiré por lo tanto de ella buscando a mi amiga, Encarni Ayllon, licenciada en Traducción por la Universidad de Granada y MBA Executive de EOI Sevilla, con experiencia en el desarrollo de proyectos de comunicación para empresas e instituciones. Así pude preguntar a una persona con experiencia en el tema cuáles son los requisitos para ejercer esa profesión. Es cierto que en España existe la figura del traductor jurado de forma reglada, pero también existe una asociación, a la que ella pertenece, en la que se especifica qué requisitos deben solicitarse para contratar a alguien que haga esa labor en el mundo literario. Porque en el saco de la traducción hay muchas papeletas y no todas son iguales.

Un profesional se asegura de que el mensaje, los conceptos y los hechos permanezcan inalterados durante el proceso. Si lo hacemos de forma literal ya no vale. Y para no caer en ese error se necesita conocer el oficio.  Lo ideal, si se desea trabajar en este sector para una agencia o de manera autónoma, es estudiar la Licenciatura en Traducción e Interpretación, convertida en grado con la reforma de Bolonia. Aunque no sea requisito indispensable para ejercer.

Por más que seas bilingüe, eso no te convierte en un profesional. Si tu sueño es poder ejercer este oficio, lo primero que necesitas es tener un conocimiento profundo de tu lengua. Por otro lado, debes cursar una formación específica en idiomas, como la aludida en el párrafo anterior, disponible en buen número de universidades. Otra opción válida para formarte es estudiar cualquier otra carrera universitaria y hacer un máster. Esto puede ofrecer una ventaja importante: la especialización en un ámbito determinado, que permite tener conocimientos de la materia y del lenguaje técnico específico. Por ejemplo, si tienes la carrera de Derecho y la complementas con el master, puedes especializarte en el ámbito jurídico. Lo normal es que un traductor tenga previamente también la carrera de Filología, pero también puede ser médico y centrarse en libros relacionados con sus estudios. En cualquier caso, antes de ponerse manos a la obra, debes conocer bien ambos idiomas.

Podemos retomar el hilo y, al principio del texto, a la parte de aquel argumento que vale para sonarse los mocos:

Si una persona sin título ninguno está capacitada para escribir un libro porque no para traducirlo que es más fácil? (sic)

Se agradecería que quién se ponga a escribir un libro sepa hacer algo más que la “o” con un canuto; es más, se le presupone un amplio dominio de la lengua española hablada y escrita. Si no ha llegado hasta ese punto, por lo menos que se esté formando para ello antes de publicar, por favor. Ya hemos hablado de eso, no me hagas tener que repetirlo, porque luego llegan las quejas en forma de que no vendes libros. Normal, qué coño vas a vender si no sabes escribir.

Repito encarecidamente: la traducción requiere de muchas habilidades que no todo el mundo tiene y que hay personas que probablemente nunca podrán llegar a desarrollar. Podemos destacar el dominio de la gramática y el vocabulario, de la ortografía y del estilo, entre otras. Si la mayoría de la gente ni siquiera maneja todo eso en su propio idioma, imagínate en dos o más.

Qué carreras universitarias deberías hacer para ser traductor de libros.

Esta es la lista de estudios prioritaria:

  • Licenciatura en Lenguas Modernas
  • Licenciatura en Traducción e Interpretación
  • Licenciatura en Literatura Comparada
  • Licenciatura en Filología
  • Licenciatura en Estudios de Traducción

Otros estudios y habilidades necesarias

  • Conocimientos de gramática y sintaxis avanzados
  • Conocimientos en cultura y literatura para poder capturar el tono, el estilo y los matices de un texto
  • Capacidad de trabajar con plazos ajustados y de mantener la consistencia de terminología en todo el libro
  • Excelentes habilidades de investigación y capacidad para trabajar con fuentes diversas y complejas

Que la editorial contrate a una influencer me da igual, pero que no se diga en las redes que para ser traductor no se necesita una carrera, porque sí es conveniente tenerla si quieres hacer bien tu trabajo y que se te tome en serio. Que luego se lee cada bodrio por ahí, con nombres y apellidos, que acaba afectando a los buenos escritores que sí cuidan esos detalles.

Hoy no te voy a recomendar ningún libro de lectura semanal, no porque no me haya leído ninguno si no porque creo que este tema trae suficiente cola de por sí y no hace falta añadir más contenido a la entrada. Si bien, para complementar, te dejo el enlace a una página en la que viene pormenorizado todo lo necesario para ser un buen traductor literario.

https://todoestudios.net/estudiar-para/traductor-de-libros/#:~:text=Adem%C3%A1s%20de%20una%20licenciatura%20en%20una%20materia%20relacionada,capacidad%20para%20trabajar%20con%20fuentes%20diversas%20y%20complejas

Opinión

El debate

Es la discusión en la que dos o más personas opinan acerca de uno o varios temas y en la que cada uno expone sus ideas y defiende sus opiniones e intereses. Una técnica muy presente en la cultura anglosajona y que en las universidades españolas no se ha empezado a utilizar de forma sistemática hasta bien entrado el siglo XXI. Está claro que siempre ha habido grupos que lo utilizan, pues se presupone que en el mundo de la política debe estar a la orden del día saber manejar este recurso, como una de las piezas fundamentales del trabajo cara al público, aunque no era fácil encontrar alumnos que lo practicasen en bachiller y mucho menos en la Formación de Profesional. Seguramente te preguntarás para qué sirve debatir y ese es el punto importante de esta entrada.

Vamos al grano

Se presume en la actualidad de la libertad de expresión y se alega que todo se puede decir con educación. Sin embargo, estamos en la época en la que más censura hay y en la que, como nunca, la forma de manifestarse es más burda, indecente, desagradable, mal intencionada, dañina y sin fundamento de todos los tiempos. Y eso que, se supone, todos tenemos acceso a la educación y no solo a la académica, sino a la conductual.

Hay un sin número de opciones para opinar sobre lo divino y lo humano en las redes sociales, destacando X y Threads. No estuve en la primera y por echar un ojo he entrado en la segunda, pero sin gran interés porque ya sé lo que va a pasar. Funciona con la misma mecánica que cuando uno traslada su opinión en Facebook: comentarios vomitivos.

Para empezar, que opines, que estás en plena libertad de hacerlo, no significa, si no lo fundamentas de manera adecuada, que tu opinión valga para algo. Lo más probable es que sin una base argumentativa ese comentario sea una mierda, sin ambages. En el caso de que tengas una formación y un criterio podemos empezar a debatir, ya sea para reforzar con otros conocimientos lo que se opinó en un principio, ya sea para rebatir lo dicho. Está claro que podemos enriquecernos puesto que no sabemos de todo. Pues ya la hemos liado, pollito, porque en estas redes sociales llenas de opinionistas de dudoso pelaje, el todo vale está a la orden del día. Como no nos han enseñado a hacerlo pensamos que podemos decir cualquier cosa y quedarnos tan panchos.

Un ejemplo lo veo a nivel literario. Es un tabú decir que la obra de un escritor es mala ya que no se puede tirar por tierra su trabajo y que, en todo caso, será un tema de gustos. Vaya por Dios y san Cucufato bendito, se le niega validez al comentario porque se le atribuye que solo depende del gusto del lector. Pero ojito, que sí se puede decir que es maravilloso, supremo, sublime y excelso, basándonos en el gusto, y darle el valor de opinión; una opinión de esas que van a misa y son inapelables. Pues va a ser que no, que hay libros publicados que son un verdadero horror y que no se deberían leer ni pasando las páginas con un palo. Eso se puede argumentar, porque demostrar que carecen de la técnica necesaria para considerarse un escrito legible no es tan complicado para el que quiera escuchar. ¿Escuchar? ¿Qué es eso?

Otro momento que viene a mi mente ha sido esta semana pasada. Fue de alguien indefinido que, al yo aconsejar la lectura de un libro para que un amago de autor intentara aprender lo más básico del oficio de juntador de letras, me vino a decir que cómo osaba recomendar algo que usaba las palabras best seller y coatching en el título. Alma de cántaro, mira que alegamos, cuando nos conviene, que no se puede uno hacer una idea del regalo por el envoltorio y que las apariencias engañan. Como sí he ido a una escuela de debate, lo primero que le argumenté fue eso y, lo segundo a destacar, lo basé en que la autora, como bien explica en la introducción de su manual, se apoyó en su tesis doctoral para dar unas pautas divulgativas que ayuden a aquellos futuros autores que no saben por dónde iniciar un escrito. Aunque si quieres ser autor y no sabes por dónde empezar me plantearía que escribir no es lo mío. Seguro que si le recomiendo el de Brandon SandersonCurso de escritura creativa―, que es igual de best seller, le hubiera parecido estupendo. ¡Ah!, por cierto, también argumenté que si no había recomendado el de Brandon, así de primeras, era porque para anglófonos es ideal, pero para hispanohablantes lo mismo no lo es tanto. Es cierto eso que decía mi abuela de que la ignorancia es muy atrevida y que la prudencia está ausente en nuestra vida.

¿De dónde viene todo esto?

  1. De la falta de formación. Para un debate hay que saber de qué se habla y haber reflexionado sobre ello.
  2. Del desconocimiento supino de los mecanismos de debate. No se insulta ni menosprecia cuando no se sabe qué decir.
  3. De tener una cara de cemento armado y pensar que somos lo más. Suelen ser los que solo han hecho la «o» con el canuto.
  4. De estar seguro de que lo que digo yo va a misa.

Los puntos tres y cuatro los acepto si mi oponente en la discusión me demuestra que es una autoridad en la materia o que, si no lo es, tiene para ese punto una argumentación irrebatible, porque, en caso de que se le pueda rebatir, en mi turno de intervención lo haré gustosamente.

Obviamente no soy la purga de Benito y no sé de todo, pero tengo dos cosas a mi favor. Una es mi curiosidad implacable, que me lleva a buscar multitud de respuestas ante una duda sin quedarme satisfecha hasta que no encuentro la que de verdad me parece más acertada. La otra es que soy docente. No significa que todos los que tienen esta formación sepan enseñar, pues pese a que es obligatorio el curso de aptitud pedagógica (CAP) ―un título con el que se acreditaba que la persona que lo obtiene cumple los requisitos necesarios para impartir tanto clases como orientación educativa―, de tenerlo a saber usarlo va un trecho. Hoy en día esto se soluciona con un máster en pedagogía, pero que viene a ser lo mismo, por si alguien tiene alguna duda. Hoy hay uno hasta para la aplicación del gel para el esmaltado semipermanente de uñas ―sin menospreciar a las profesionales del gremio― y no creo que sea necesario tanta especialización en algunos temas, pero eso, seguramente, supondrá otra reflexión en otro momento.

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En resumen, si debato y afirmo algo es porque estoy segura de lo que digo, ya que lo he confrontado. Y si me demuestran lo contrario soy perfectamente capaz de agradecer el aprendizaje, ¡faltaría más! España, a nivel general, ha perdido la carrera en el enfrentamiento dialéctico con elegancia. Me da vergüenza ajena, en la política y en la vida cotidiana, ver a personas vomitando afirmaciones que se caen por su propio peso. Lo lamentable es que si intentas rebatirlo se lanzan al insulto fácil y al descrédito. Me produce ese mismo sentimiento ver a pseudoautoridades que enarbolan la bandera de la sabiduría criticando lo que otros hacen y, a la vuelta de la esquina, repiten todo aquello que han reprobado. Encima, si se les pilla en la mentira, tiran de alegar que se les reprime, que tienen derecho, que no sabes de lo que hablas o de excusas peregrinas y lágrima fácil. No me considero una persona muy inteligente, pero es muy burdo lo que hoy en día se está haciendo con la comunicación: envuelven afirmaciones falsas en hermosos papeles de colores, siendo las mismas mentiras de siempre.

Mi lectura recomendada de la semana

A estas alturas de la vida pienso que cada palo aguante su vela y cada perro se lama su pito. Tampoco esperarás que sea políticamente correcta, ¿verdad?. Eso no quita para que me guste estar informada de todo lo que ocurre a mi alrededor y formarme opinión. ¿A qué viene esto? A la situación que se vive en muchos países en conflicto, que es peligrosa para toda la humanidad y no está en mis manos evitarlo. Entiendo que haya manifestaciones en contra y a favor, comprendo que diversas ONG luchen por mejorar la situación de las innumerables víctimas de estas coyunturas; pero, a la hora de la verdad, somos las piezas de un tablero en el que los jugadores viven en magníficas mansiones, cómodos y calentitos, a miles de kilómetros de los escenarios de guerra. Eso no quita para que, como he dicho, conozca el mundo en el que vivo y te anime a que tú hagas lo mismo. Así, si tienes que debatir lo harás con conocimiento de causa. No hace falta leer sesudos manuales de política ni tragarte todos los programas donde se hable de la situación internacional, pero sí es bueno buscar, entre las páginas de las bibliotecas, autores que nos narran de una forma sencilla lo que viven en sus países, contado casi para adolescentes de los de antes, con lo que es más sencillo de entender que un tratado de política.

Uno de esos autores que puede valerme de ejemplo es Marjane Satrapi, con su obra Persépolis ―además es guionista, dibujante de historietas y directora de cine―, de nacionalidad franco-iraní. Aquí nos presenta su autobiográfica, la historia de cómo creció en un régimen fundamentalista islámico que la acabaría llevando a abandonar su país. El cómic empieza en 1979, cuando tiene diez años, y desde su perspectiva infantil es testigo de un cambio social y político que pone fin a más de cinco décadas de reinado del Sha de Persia y da paso a una república islámica. Los dibujos son en blanco y negro y de una sencillez abrumadora, porque el interés radica en el texto. El lenguaje de esta historieta se presenta con multiplicidad de registros (familiar y estándar, dejando a veces sitio para la vulgaridad), mostrando al público la diversidad y autenticidad de una vida cotidiana. En el trasfondo se vislumbra a su familia, que se opone activamente al gobierno del Sha, las manifestaciones que recorren todo el país, la diferencia de clases sociales o su marginación por pertenecer a una élite prooccidental. Todas ellas son algunas de las piezas del rompecabezas que la narradora se esfuerza por componer con la intención de comprender el mundo que la rodea. Al tiempo que va creciendo, Marjane se da cuenta de que el nuevo régimen, por el que lucharon sus padres, ha caído en manos de los integristas y que no trae consigo nada bueno. Han cambiado una dictadura por otra. Se entiende perfectamente la sensación de estafa que sufrió el pueblo iraní de manos del nuevo gobierno, a través de sus ojos, y que actualmente los sigue rigiendo.

Esta novela gráfica sencilla ―que no simple― nos ayuda a entender un poco mejor el complejo mundo de las mujeres en Oriente Medio, sobre todo de aquellas que se educaron al modo occidental y, de la noche a la mañana, se vieron obligadas a esconderse detrás de los burkas. De aquellas aguas tenemos los actuales lodos. Esta es una de las bases de la guerra sorda ―y no tan sorda― que afecta al mundo en nuestros días.

Como la autora reconoce, se inspiró en otro autor francés de novela gráfica, David B. con su obra La ascensión del gran mal. El novelista usa el mismo recurso de la autobiografía para desarrollar su trabajo. Ambos son fiel exponente del auge de la novela gráfica en el siglo XXI como modo de trasladar sus inquietudes al papel y mostrarlo al mundo.

Si la recomiendo es por muchos motivos. El primero porque ese periodo histórico, la guerra civil que sufrió Irán, está dentro de mi memoria como un eco lejano. Sin embargo, las consecuencias las estoy viviendo en la actualidad y, si no lo viviste o no lo recuerdas, lo mismo con esta lectura aumenta tu curiosidad. Un viaje directo desde el fundamentalismo islámico de aquella época a nuestro presente y que nos sirve para entender la ruptura que sufren muchos refugiados por conflictos militares que, en realidad, se sienten apátridas, y que, siendo expulsados por uno otro motivo de sus países, nunca son bien acogidos en los de acogida. Además, es una forma muy amena de acercarse a la ganadora del Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2024. Y de ser cool.

eventos

VII Encuentro de literatura gaditana

Un año más nos reunimos en la glorieta Ana Orantes unos setenta escritores para celebrar el día del libro. Pusimos a pie de calle libros para todas las edades y disfrutamos de una mañana que, si bien empezó con lluvia, poco a poco, terminó arropada por el sol.

En la foto no estamos todos los que hemos participado, pero sí aquellos que disfrutamos hasta el último minuto.

Crónica de la jornada

Cuando a primera hora de ayer me monté en el tren iba, sobre todo, con la alegría de saber que me encontraría con los compañeros de siempre y el interés de aumentar esa lista con nuevos autores que iniciaban su periplo por este tipo de eventos. Esto era lo que más me animaba, porque lo de vender, aunque a nadie le amarga un dulce, no destacaba como razón fundamental de este encuentro por lo que a mí respecta. Por supuesto, si se logra volver con menos libros de los que llevamos es doble satisfacción y se podría decir que nos acostamos con el deber cumplido. Pero mi mayor interés era poder charlar con los que, de manera habitual, solo nos vemos en nuestras propias presentaciones o en eventos de este tipo.

Por eso, en primer lugar, tengo que agradecerle a Juan, dueño de la librería Plastilina, que, sabiendo lo complicado que es este tipo de reuniones, sea el séptimo año en el que se anima a promoverla. Porque, al final, por mucho que se diga, es él quien da la cara y mira el cielo pidiendo que la climatología sea benévola con la convocatoria. Este 2024 ha sido por los pelos. Tras una noche bien cargada de agua y un amanecer que no auguraba nada bueno, la mañana ha pasado del ¡ay madre, que nos va a llover! a un sol radiante. Tan agradable se ha puesto el ambiente a partir del mediodía que he acabado con un peligroso morenazo en el poco escote que me he permitido lucir. Pero todo sea por un buen fin.

El ganador junto con las finalistas

Lo segundo a destacar es el alto nivel de la convocatoria, con autores de diversos géneros, unas mesas muy interesantes y la entrega, como novedad, del premio al mejor libro del 2023, elegido de entre los autores gaditanos que han publicado en el transcurso de este pasado año. El ganador ha sido Wayne Jamison,por su libro El poeta que liberó París. Y lo tercero, aunque no menos importante, agradecer la colaboración de la compañera Patricia Gallardo como fotógrafa y poniendo a disposición de todos los participantes sus redes sociales.

Wayne Jamison dedicando su novela. Pronto os hablaré de ella.

Otra cosa que resalto es el ambiente que se vivió. Es cierto que no todos nos conocemos. Sea porque unos llegan, firman sus libros para sus lectores conocidos y se van, sea por la falta de tiempo o, incluso, timidez, algunos no participan en los corrillos en los que nos juntamos los que ya tenemos callo por asistir a estas reuniones muy a menudo. Es más, llámame tonta, pero hago el esfuerzo de mantenerme en contacto para hacerme partícipe de las presentaciones y no por la cervecita, aunque si esta cae se agradece. Lo bonito de este mundo de los escritores gaditanos, que tiene las satisfacciones justas, es el hecho de hablarnos de tú a tú sin preocuparnos si somos autopublicados o de una editorial tradicional, de comentar el día a día de nuestro trabajo, las próximas publicaciones o ferias donde volveremos a encontrarnos. Sin presiones y sin la mala baba que hoy día se ve, sobre todo en las redes, donde algunos «juntaletras» publican como pollo sin cabeza.

La autora Eva Amuedo
Benito Olmo y su nueva novela.

Mi esfuerzo, desde que me inicié como escritora, se ha orientado a ir ampliando ese círculo de buena gente sin ínfulas. Me gusta rodearme de los mejores, de los que destacan, de aquellos de los que puedo aprender. Lo habitual en cualquier oficio es que a los falsos profesionales les guste hacerlo con los mediocres para destacar, pero ese no es mi objetivo. Este año ha sido con Benito Olmo y su nuevo libro Tinta y fuego. Se me han escapado Enrique Montiel y Oscar Lobato, pero no se puede estar a todo. Saludar a los amigos, conocer gente nueva y hacerlo prácticamente de forma simultánea puede llegar a ser tarea titánica, garantizo que asemeja a un juego de malabares, y todo ello controlando el entorno, porque alguien puede estar buscándote con tu libro en su mano esperando que se lo dediques. Aun así, el esfuerzo vale la pena.

Sobre todo si, como presento, mi intención es conocer bien lo que en la provincia de Cádiz se cuece del género thriller o sobre novela negra, que siempre han sido mis favoritas. Puedo decir que la prueba de este año ha sido superada: he añadido a dos autores a mi lista de conocidos, he comprado dos novelas de las que ya os hablaré con detalle en otra entrada y he vendido algunos libros. Y eso que llegaba sin muchas esperanzas ya que estoy un poco como la gata sobre el tejado de cinc caliente, esperando a dar el salto para no quemarme las almohadillas de mis patas. Pero ese tema, si acaso, te lo contaré cuando sepa el resultado de mis pesquisas.

Daniel pasa a engrosar mi lista de lectores
Alberto también se animó a conocerme a través de mis letras.

La jornada finalizó con una comida en agradable compañía, aunque éramos un círculo reducido. Hablamos de lo divino y humano relacionado con el mundo de las letras y de nuestro devenir diario hasta media tarde para, después, retirarse cada mochuelo a su olivo.

Mi lectura semanal recomendada

Esta semana me ha dado tiempo de simultanear dos novelas. Corpore insepulto de Alberto Puyana y El brazo de la justicia de Steve Saylor. Una se desarrolla en la actualidad y la otra es una novela cuya trama se desenvuelve en la época de la República romana. Así, a bote pronto, podrían no tener relación; pero en realidad ambas son del género thriller.

La primera nos sitúa en el sepelio de Simón Galiana, el mayor estafador de Cádiz, que congrega en el tanatorio no solo a sus familiares y conocidos, sino también a buena parte del crimen organizado de la ciudad. Un asesinato inesperado, en pleno velatorio, obligará a Ramiro, su sobrino, a retomar el camino de la investigación policial de la que había sido apartado por su impropio comportamiento. Ramiro Galiana inicia así su redención personal, tratando de resolver un caso al que no está invitado, enfrentándose a un psicópata implacable.

Con numerosos giros humorísticos y el tono propio de la picaresca gaditana a la hora de afrontar situaciones adversas por parte del protagonista, Alberto Puyana nos va introduciendo en una noche de perros que tiene de todo menos de tranquila, pese a iniciarse la trama durante un velatorio. Sus palabras nos adentran en el submundo lumpen que podría ser de cualquier ciudad, aunque en este caso será en Cádiz. La ironía, el cinismo, el buen humor y el doble sentido campan entre sus líneas haciendo que la lectura sea amena. Muy recomendable si quieres adentrarte en un thriller con un puntito de humor negro al más puro estilo gaditano.

En la segunda recomendación tenemos un misterio que se desarrolla en la antigua Roma. En una villa de la rica región que rodea al Vesubio ha aparecido muerto Lucio Licinio, primo y factotum de Craso, el hombre más rico de la República. Su viuda, Gelina, manda llamar a Gordiano el Sabueso, afamado investigador que ha llegado a trabajar con personajes tan importantes de la época como el abogado Marco Tulio Cicerón. La sospecha recae sobre dos esclavos huidos y se debe descubrir la verdad antes de que el verdadero dueño de la casa, Craso, mate a todos los sirvientes como represalia y forma de demostrar su autoridad frente al Senado, pues de ello va a depender que lo nombren general y comande las fuerzas contra Espartaco.

Aquí tenemos como telón de fondo la tercera guerra servil, encabezada por el famoso gladiador, y que puso en jaque al ejército romano, hasta que se formó uno comandado, entre otros, por Craso, que logró salir victorioso y acabar con la revuelta. La figura de este poderoso ciudadano planea sobre la trama, ejerciendo presión sobre los habitantes de la casa. El investigador tiene poco tiempo para descubrir la verdad mientras va conociendo los entresijos de la vida de los ricos y su relación con sus esclavos durante la República. Una novela que me ha gustado porque mezcla el género histórico con el thriller de forma muy convincente. Se nota que el autor cuida los detalles, como el momento en nombrar al Vesubio, al que denomina montaña y no volcán, pues en esa época los habitantes de la zona son desconocedores del peligro sobre el que se asientan sus villas y ciudades.

Te recomiendo ambos libros porque, desde las primeras páginas, te encontrarás inmerso en dos historias que te obligarán a leer sin parar.

artículo

De un relato a un Santiago Posteguillo

Una de mis mayores virtudes es la facilidad que tengo para desarrollar una historia siempre y cuando la vea en mi cabeza. Solo necesito el inicio y el final; si eso lo tengo, ponerme a hilar la trama me resulta terriblemente sencillo. Muchos escritores dirán que eso es una bendición y ya os digo que no, a no ser que seas un escritor famoso como el mencionado el en título de este artículo. Entonces, ahí sí, puedes explayarte en los escritos con generosidad. Pero si eres poco conocido, como es mi caso, lo único que consigues es que a la hora de publicar no salgan las cuentas.

De hecho, me ofrecieron participar en un concurso de relatos y, de momento, decliné la oferta por lo mismo, por miedo a que me pusiera a escribir y terminara mi sexta novela. Sí, sé que tengo publicadas solo tres, pero escritas tengo alguna más. Para mí, este género es tan peligroso como el de la fantasía, si bien este último no tanto por la imaginación que suelo gastar, sino más bien porque entonces ya no hablaríamos de un  único libro, acabaría escribiendo una saga. Recuerdo que por ahí tengo una en la que el animal de fantasía que comparte aventuras con el protagonista es un mogul. Si alguna vez la escribo, no puedo olvidarme de él.

Pese a todo, amigos escritores me pidieron consejo para que la redacción de su relato no se les fuera de las manos. Recuerda que hace un año impartí un curso de escritura creativa, tanto la teoría como ejercicios prácticos, y las últimas semanas las dediqué a animar a mis alumnos a que los escribieran, dejándoles unas pautas. Algunos de ellos los publiqué en este blog y me resultó entrañable el de un gato travieso que solía esconderse dentro de los armarios para que no lo encontraran. El animalillo era una alumna que se puso en la piel del felino y así plasmó sus sensaciones en papel. La idea era hacerlos salir de la zona de confort y obligarles a que vivieran realidades muy distintas: despertarse por la mañana y ser un gato o encontrarse a los pies de la cama unos zapatos que no eran suyos, entre otras sugerencias. La dinámica resultó muy divertida.

Siempre habrá gente más experta que yo en este asunto, pero no quita para que te hable hoy en este blog de mi experiencia y mi continuo interés en aprender, desarrollando el consejo de trabajar este género.

¿Por qué son útiles los relatos?

Que conste que los consejos que te voy a dar no son porque yo lo diga. Escritores con más experiencia me los han sugerido y yo los he sopesado con calma para entender qué me pueden aportar en mi trabajo. Eso es lo que hoy te comparto.

  • Aportan disciplina.

Hoy en día nos resulta muy complicado construir espacios para poder desarrollar nuestra actividad de escritores, siempre sufriremos una larga lista de interrupciones. Olvida eso de encontrar el momento perfecto para ponerte a escribir: no existe. Es lo mismo que la búsqueda de la felicidad: no existe la vida feliz perfecta, existen pequeños momentos de felicidad y un exceso de fotografías de esa supuesta dicha en las redes sociales. Por lo tanto, con respecto a nuestro oficio, debes aprender a escribir donde sea y como sea. Y ya te digo yo que es difícil escribir a mano en un autobús renqueante, con toda la documentación desordenada en el regazo mientras intentas acordarte de qué iba la trama. No hablemos ya de la concentración necesaria para una sesión de escritura en narrativa larga. Por lo tanto, al final, se acaba dejando de escribir y empezamos a sufrir el bloqueo del escritor que, en realidad no es tal, sencillamente es que queremos adecuar nuestra vida a nuestro oficio y no a la inversa en definitiva, es la vida la que manda. Por lo tanto, estos textos más breves nos pueden ayudar a no perder ese tono y mantener siempre afilada la pluma.

Me cuesta horrores encontrar temas para plasmarlos en mi blog semana tras semana y, si me dejara llevar, pondría excusas y acabaría escribiendo una entrada al año. Total, no le debo nada a nadie, si acaso me lo debo a mí misma. Por lo tanto, puedo decir que tener mi entrada de blog es como haberme creado la obligación de escribir un relato a la semana. Porque echarle imaginación también se la tengo que echar, además de cuidar la sintaxis y la ortografía. Si soy escritora no lo soy a tiempo parcial.

  • Acaba con la indecisión de sentarse a escribir.

    Si ya resulta trabajoso ponerse a escribir, imagina si encima nos debemos dedicar horas a recopilar toda la documentación que supone la puesta en pie de una idea para una historia. Personajes, escenarios, tiempo histórico y hasta el más pequeño detalle. Si quieres que tu andamio no se caiga a las primeras de cambio debe estar perfectamente organizado. Todo eso requiere un tiempo precioso y de eso cada día carecemos más. No porque no lo tengamos, sino porque procrastinamos, nos corroe la pereza. En el caso que nos trae no necesitamos de tanto armazón para sustentarlo. Se supone que esto debería animarnos más a dedicarnos a este tipo de narrativa.

    • Te permite experimentar.

    Este es uno de los motivos por lo que me encantaría poder dedicarme a este género: la posibilidad de que, en unas pocas líneas, pueda desarrollar un mundo de fantasía y no me diera la tentación de escribir algo similar a las sagas de la Dragonlance. Puedes lanzarte con tu imaginación y, si la cosa no va bien, dar un giro sorprendente y ponerle punto final. Es más enriquecedor tirar unas pocas cuartillas escritas sin ton ni son que tener que reconocer que todo el trabajo de investigación realizado es para nada, porque, al final, no eres capaz de desarrollarla. Te garantizo que, en el caso del relato, no será tiempo perdido. Bien elaborado, es un modo perfecto de ver qué ideas podrían ser útiles, qué estilos me gustan. En estos breves textos puedes desarrollar una vena fantástica, irónica, humorística, poética, contestataria o reivindicativa que, si quieres reflejarlo en alguna novela, lo mismo necesitas cinco vidas más.

    • Mejora y asienta tu estilo.

    Este tipo de textos requiere de una minuciosidad quirúrgica en el uso de las palabras. Cada una de ella tiene que significar lo que quieres decir sin que produzca ambigüedad en el sentido del texto, puesto que tienes poco espacio para grandes explicaciones y, si una cosa buena tiene el castellano, es la precisión. No es lo mismo escuchar que oír o ver que mirar y el uso de uno u otro verbo nos puede indicar el estado de ánimo del protagonista de la historia, por poner un ejemplo. De hecho, he encontrado esta cita: “Creo que las dos maneras más eficientes que existen de aprender a enganchar a un lector son escribir entradas de blog y escribir relato”. Ahora mismo me encuentro en el primer grupo, por lo tanto, creo que no llevo mal camino.

    • Siempre te puedes reciclar

    Imagina que llevas ocho libros publicados en Amazon y no avanzas, siempre tienes el mismo grupo de lectores que, además, te piden que escribas lo que ellos quieren. Vamos, que te acabas convirtiendo en escritora a demanda, aunque te pienses que transmites lo que tú quieres. No te engañes, lo haces de manos de otros, pero en vez de ser un escritor fantasma eres un esclavo de tu público. Ellos te piden fanfics, spinoff, sagas y la biblia en pasta y, por darles gusto, al final, acabas más abrasada que una falla en Valencia. Esta circunstancia te lleva a que según vas avanzando con una novela sigues cometiendo, capítulo tras capítulo, los mismos errores porque no te da tiempo a parar y pensar qué haces bien y qué haces mal. Incluso, ni te planteas que algo lo haces mal, solo lo notas cuando observas que cada vez tus libros llegan a menos público. Pero, como dijo Bradbury, es imposible escribir 52 relatos malos seguidos y son más sencillos de enviar a amigos y lectores 0 para que te lo comenten con sinceridad. Cuando ya has subido tu trabajo a Amazon, raro es el caso en el que alguien te diga que te dediques a otra cosa, con lo que ayudaría de vez en cuando ser políticamente incorrectos.

    En cambio, el relato es una práctica fantástica. Es un ejercicio de estilo y de fondo, es siempre una experiencia intensiva de aprendizaje. Tengo un buen amigo, Alberto Puyana, que de esto sabe mucho y, pese a haber publicado ya sus primeras novelas, no deja a un lado lo de seguir presentándose a concursos de este género.

    Además estos tienen una gran ventaja frente a los de novela. Esta puede estar meses parada a la espera del fallo, de una respuesta editorial, en manos de lectores cero o escondida por el sufrir el síndrome del impostor. Y un libro no se escribe en tres días (ni en un mes, por mucho que te lo juren los más optimistas). Tener manuscritos inactivos es dinero, posibilidades de publicación y mucho más, que no estás recibiendo.

    Por suerte, los relatos son bastante acomodables a la realidad literaria que vivimos, porque la inmediatez está a la orden del día. Puedes tener un buen manojo de ellos en espera. Si tienes uno presentado a un concurso y no gana, puedes presentarlo a otro, en un tiempo relativamente corto. Lo mismo ocurre con las antologías (muchas no piden textos inéditos), las publicaciones online, etc.

    Por lo tanto, te animo o a que abras tu propio espacio en la red o a que te plantees a presentarte a los concursos que tengas más a mano. Me demuestra mucho valor el escritor o escritora que tiene uno de los dos, es un héroe quién es capaz de compaginar ambos y ya hablamos de nivel dios si logra publicar una novela bien trabajada, cada dos años, sin abandonar el mundo de los relatos y su aportación personal en un blog.

    Mi lectura recomendada de la semana

    Ya te comenté que le pensaba dar otra oportunidad a Fred Vargas y en este caso te traigo La tercera virgen.

    El fantasma de una monja del siglo XVIII que degollaba a sus víctimas, cadáveres de vírgenes profanados, pociones mágicas que aseguran la vida eterna, un rival del pasado más lejano que habla en verso… Con todo esto se encontrará el comisario Adamsberg en esta inquietante y negrísima historia de Fred Vargas. La resolución de este complicado puzle podría volver loco a cualquiera, pero no a Adamsberg. El comisario conseguirá descubrir la verdad, aunque ello le cueste no la razón, sino el corazón.

    Te encontrarás con el sexto libro de una saga de once dedicados al inspector Adamsberg. Se descubre la evolución del personaje y se confirma el peculiar estilo para desarrollar la historia por parte de la autora. Desde la primera de la serie, en el personaje se ve su característica principal: sus pensamientos saltan de una cosa a otra, muchas veces sin relación con el caso, por más que, a la vez, acaban estando enlazadas con él. Sin embargo, resulta menos complicado seguir el hilo de la trama principal en este volumen. Mantiene el uso de trabajar varios hilos que se van trenzando llegando a conformar una única historia, que será la principal y por la que llegaremos al desenlace. Si te gusta que las novelas no te dejen indiferente y que no sean de lectura sencilla, esta es tu historia.

    Hoy también quiero recomendar a otro autor, en este caso gaditano, que te puede resultar muy ameno para estas largas tardes de primavera. Se trata del ya aludido Alberto Puyana, escritor reconocido con multitud de premios nacionales e internacionales.

    Con un toque de ironía en el primer trabajo que le he leído, El Preticante, Alberto nos presenta el día a día en un ficticio hospital gaditano. Gracias a su experiencia, ya que es enfermero, nos va desgranando las aventuras y las desventuras de un paciente, Paco Penas. La moraleja de la historia es dar un toque a aquellos compañeros que, a veces, no se dan cuenta de que están tratando con personas y no con el 305-2 (habitación 305, cama 2) o un posible cólico nefrítico. Se entiende la gran carga de trabajo que sufre el enfermero en el ejercicio de su oficio, pero a diferencia del enfermo, el primero eligió su carrera, en cambio nadie va a un hospital por gusto si no trabaja allí y, por lo tanto, suele acudir con mucho miedo en el cuerpo. La ironía y el sentido del humor brillan en la obra que, además, por ser breve, se lee con mucho gusto.

    Títulos de su autoría son La horma del zapato ajeno y Corpore Insepulto, pero hablaré de ellas en una próxima entrada, que si no se me van las cabras por el sembrado.

    artículo

    Un año tirado por la borda, para variar

    Hace ya un año del Congreso Internacional de la Lengua Española celebrado en Cádiz. ¡Cómo pasa el tiempo! Se suponía que nos correspondía ser anfitriones para el 2025, pero debido a la inestabilidad política del país organizador en el 23, Perú, nos tocó en suerte adelantarlo. Por ello empezamos una loca carrera para tenerlo todo listo casi dos años antes de la fecha prevista. Pero para eso los españoles somos de los que pensamos que a la ocasión la pintan calva, hacemos el pino puente y, al final, sale bien el evento. Como se suele decir, tenemos una flor en el culo.

    Fueron unos días en los que muchos gaditanos nos acercamos para ver qué era eso. Es cierto que la mayoría no se enteró de nada, puesto que la parte académica se desarrolló pensando en expertos lingüistas. El resto solo vimos las calles llenas de personas con credenciales, algo a lo que estamos muy acostumbrados, exposiciones y balcones y escaparates decorados con pancartas haciendo referencia al vocabulario típico gaditano. Un léxico del que hizo un compendio, en forma de diccionario, Pedro Payán Sotomayor, profesor de Lengua Española de la Universidad de Cádiz, con el que he tenido el gusto de cruzarme por los pasillos de la facultad de Filosofía y Letras en mi época de estudiante.

    Junto a esta decoración, la imagen que quedó fue la de S.M el rey Felipe tocando el cajón flamenco en la plaza Fragela. Lo lamentable es que, según he leído en artículos de prensa de este año, poco más ha quedado de ese evento que vivimos los gaditanos. Un sinfín de nombres desfilaron durante esa semana por los seminarios, debates, presentaciones de publicaciones, conferencias, mesas redondas, rutas, exposiciones, conciertos y demás actos de un Congreso que sirvió para analizar la situación actual de la lengua española, su relación con las otras lenguas oficiales del Estado y su uso y pervivencia en América con el respeto a las lenguas indígenas como telón de fondo. Un idioma, el español, cada vez más hablado, pese a la pujanza de otras lenguas, y que, además, debe enfrentarse, en un futuro cada vez más cercano, casi ya presente, a la irrupción de la inteligencia artificial y a un mundo tecnológico en el que el entorno anglosajón amenaza con su primacía. De todo ello se habló en la cita.

    Los citados articulistas se preguntan si en la ciudad ha quedado algo más que esa retahíla de palabras salpicadas por calles y plazas que aún se mantienen a la vista. Es cierto que somos 600 millones de hispanohablantes, pero como sigamos así seremos 600 millones de albañiles en la torre de Babel y, al igual que con Sir Francis Drake, que entró en la ciudad como si la conquista fuera más bien un paseíllo, ocurrirá con el castellano que, debido a la inclusión de vocabulario de otras lenguas, al final acabaremos hablando un spanglish de cosecha propia y dejaremos de entendernos unos y otros. Teniendo en cuenta lo bien que se nos da a la mayoría de los españoles hablar el inglés, me veo usando el traductor de google con un murciano.

    Entiendo que el periodista gaditano Fernando Santiago reclame la continuidad de aquellas propuestas que surgieron al calor del evento, pero eso es pedir peras al olmo, ya te lo digo yo. Parece increíble que todavía no nos hayamos dado cuenta de que en Cádiz, quitando el turismo masificado, el carnaval y el cajón flamenco, poco más podemos encontrar. Conozco iniciativas, como clubs de lectura, que se han abierto hace poco, sea a raíz del Congreso, sea por iniciativa de los pocos locos románticos que quedamos y que pensamos que el saber no ocupa lugar ―pero el saber de calidad, ojito―, que, no obstante, apenas hacen ruido. Que saber cómo darle la vuelta a una foto en IG o grabar un video en Tik Toc con el efecto espejo no es calidad, ni aunque te promociones como publicista. También rogaría a muchos de los que van de influencers literarios que, además de girar imágenes, cuidaran la ortografía en sus publicaciones, sobre todo en las sinopsis de sus novelas, que la primera impresión cuenta y, además, todo se sabe.

    Surgió una propuesta, al finalizar el Congreso, que me hubiera encantado que hubiera salido adelante: que el edificio del antiguo Instituto de El Rosario se convirtiera en un centro de encuentro para la lectura y la escritura, una república de las letras. ¿Te lo imaginas? Y más ahora que se ha puesto tan de moda los retiros para escritores, en un momento en el que hay pueblos perdidos en la España profunda que para aliviar la falta de población hacen el llamamiento y crean reductos culturales, a semejanza de los retiros espirituales, con el fin de fomentar la creatividad. Pues en Cádiz, hubiera sido un lugar privilegiado, cerca del mar, dentro de unas murallas del siglo XVIII hijas de la Ilustración y, pese a todo, se pierde la oportunidad de semejante iniciativa.

    Si es que la cultura está tan mal vista. Está ninguneada por muchos escritores, o más bien seudoescritores, porque ¿cómo llamarías al escritor que considera normal que los personajes de una novela escoceses de pura cepa, criados generación tras generación en las Highlands, hablen con modismos propios de un autóctono de México DF? ¿Nadie le ha dicho al escritor que eso es una estafa para el lector? Bueno, puede que alguien se haya atrevido, pero como la ignorancia es así de atrevida, se lo habrán pasado por el forro de los vaqueros y ahí siguen, novela tras novela, «cosechando grandes éxitos».

    Viendo cosas así, lo más probable es que si hubiera que pasar un filtro para pertenecer al reducto de cultura propuesto para la ciudad de Cádiz, muchos no lo pasarían. Porque una cosa es una coma, otra algún error de construcción sintáctica o que se nos vaya la pinza en una concordancia verbal, pero ¿disculpar esos anacronismo? ¡Venga ya, no me jodas!

    Así entiendo que no salgan adelante propuestas para subir el nivel cultural de la sociedad si nosotros mismo somos tan “hipócritamente correctos” y consentimos cosas así. Pocas son las editoriales tradicionales o los proveedores de servicios que de verdad cuidan la calidad del producto. Veo que, ante la feroz competencia de Amazon y su miscelánea, las empresas, en vez de usar como puesta en valor la calidad, se han montado en el carro de la cantidad frente a la excelencia. También es verdad que una parte de la culpa la tiene el autor que se apunta a esta tónica y que, o bien es un egocéntrico hasta la médula o bien un sinvergüenza al que no le importa exponerse ante el gran público sin tener idea de lo que lleva entre manos. Pero claro, aquí tenemos la pescadilla que se muerde la cola: la gran masa, que devora cultura como si fuera una Big Mac, tampoco tiene formación como para saber distinguir las churras de las merinas, con lo que, al final, entre todos la mataron y ella sola se murió. Organizamos el funeral de la cultura y le echamos más paladas de tierra a la ciudad de Cádiz, cuna de grandes autores, cual entierro de la sardina.

    Es cierto que aquí y allá brillan pequeñas lucernas, con poco aceite pero mucha esperanza, seguramente con bastante más que yo. Hace tiempo que la perdí. Sobre todo al leer a autores de las mal llamadas grandes editoriales, que en realidad es una que ha absorbido al resto de las que sobrevivieron a las distintas crisis económicas. O dos. En ellas sigo encontrando más interés comercial y búsqueda de que el libro sea guionizado por Netflix que un verdadero empeño por aportar algo, si bien no tiene que ser algo tan novedoso como para merecer el autor un nobel, pero sí, por lo menos, un trabajo bien hecho para aquellos lectores que pagamos por ello. Mi conclusión es que seguiré luchando contra molinos de viento, si bien volcaré mi empeño en buscar, no importa hasta donde lo consiga, esa excelencia cuya ausencia tanto critico.

    Mi recomendación semanal

    Lola es independiente, joven, cariñosa y algo bocazas. Elia es independiente, vieja, cariñosa y guarda secretos. Dos maneras de ver la vida. Dos formas de seguir adelante. Dos caminos destinados a cruzarse. Dos realidades distintas, un amor prohibido. Una historia que merece ser contada y escuchada. Una historia que cambiará esos puntos de vista y, quizá, incluso los acerque.

    Hay AVE Valencia-Sevilla de Nuria Colomina Gomis

    Esta semana te vengo a hablar de la novela Hay AVE Valencia Sevilla, de la autora Nuria Colomina Gomis. Un trabajo que llevo tiempo queriendo leer, pues ya lo hice con sus anteriores publicaciones y quién sigue mi blog sabe que me gusta estar al tanto de la trayectoria de algunos autores para conocer su evolución.

    En este caso la autora sigue, como en su anterior título, una trama que se desarrolla en la España contemporánea, si bien, en este caso, transcurre en dos épocas diferentes: el entorno de la Guerra Civil y los años posteriores, por un lado, y, por otro, finales de los 80 y principios de los 90. En el primer caso la narradora será la abuela de la protagonista, del otro, su nieta.

    Conoceremos a Lola, una alocada joven, con una visión propia de muchos de los veinteañeros de finales del siglo XX, y a su abuela, que está mucho más al cabo de la calle que su propia nieta. Tendremos como hilo conductor una serie de cartas que Elia tiene costumbre de releer, algo que Lola descubre y que le produce gran curiosidad. Eso la llevará a conocer el pasado de su abuela y entenderá que sus vidas y sus inquietudes no están tan alejadas. Incluso, a veces, como pasa hoy en día, veremos que la abuela es mucho más moderna y que está al tanto del día a día de Lola de lo que esta se piensa, algo que a la inversa no ocurrirá hasta bien avanzada la trama.

    Tengo que destacar varias virtudes eneste libro:

    • El acierto de la autora a la hora de conseguir el ambiente de la Guerra Civil sin tomar partido por ningún bando.
    • La facilidad con la que logra que el lector siga los hilos de los que consta la trama.
    • Su modo de tratar la historia romántica se puede considerar que está en el nivel medio-alto del género.
    • El lenguaje de la novela es apto para el gran público. Como inciso, puedo añadir que a mi madre, con 85 años, le resultó una novela muy agradable de leer.
    • Se precibe claramente la buena documentación y el tiempo de reposo antes de la escritura de la obra.

    Si quieres pasar un buen rato y conocer de una forma amena la historia de dos mujeres separadas por el tiempo y las circunstancias y, con ello, un poco de las situaciones que vivieron muchas personas de la España de esos años, esta es tu novela.