mis lecturas

El detective

Aprovechando el tiempo de espera y como forma de mantenerme entretenida, ocupo mis ratos libres en leer novelas de thriller. Me dedico, sobre todo, a indagar sobre el tipo de investigador, que de forma habitual están usando los escritores en la actualidad. Todo ello, más por curiosidad que por hacer un análisis exhaustivo de lo que se cuece en este ámbito.

Tengo una amplia lista que seguramente te resultará conocida, tanto de investigadores autóctonos como de aquellos que son extranjeros y que el ávido lector de este género seguro que es capaz de nombrar a más de cinco. Los hay que pertenecen a los Cuerpos de Seguridad del Estado y otros que tienen licencia de armas y de investigador privado, montando así una agencia para dedicarse al oficio. Han protagonizado muchos libros y en algunos casos han tenido la fortuna de saltar a la pantalla en forma de serie o película, mientras que otros se han mantenido en las estanterías de las bibliotecas, e incluso, han pasado sin pena ni gloria. Los más famosos, han trascendido y son leídos generación tras generación. De hecho, todavía recuerdo cuando tenía doce años, mi tía Julia me recomendó a Agatha Christie y, ahí, empecé a descubrir los primeros libros que podría considerar como de lectura de adulta.

Con el transcurrir del tiempo, me topé con los detectives españoles. Porque ya sabes lo que pasa, solemos mirar por encima de la línea de los Pirineos y pensar que todo lo que de allí viene es mejor que lo que nosotros tenemos obviando muchas veces al producto nacional. Pese a todo, yo que he viajado, no tanto como he leído, puedo confirmar que no es cierto. Tenemos a grandes expertos trabajando en la materia. Como a Pepe Carvalho, un individuo un tanto atípico, de personalidad rica, compleja y contradictoria, cuyas aventuras sirven al autor para retratar, y a menudo criticar, la situación política y cultural de la cambiante sociedad española de la última mitad del siglo XX. Un ejemplo lo encontrarás en el proceso autodestructivo del Partido Comunista en los primeros tiempos de la transición, que se describe en Asesinato en el Comité Central. La caída del felipismo en los años noventa es el telón de fondo de El premio. O si quieres conocer el discutido proceso de transformación de Barcelona con motivo de las Olimpiadas de 1992, lo tienes presente en Sabotaje Olímpico. Con lo que seas, escritor o lector, para tomar el pulso a la España del último tercio de siglo, Carvalho sería muy adecuado para hacerlo y mucho más entretenido que dedicarse a buscar en Google o en Wikipedia.

Si lo que te interesa es algo más actual, te puedo recomendar la pareja de la Guardia Civil compuesta por el sargento Rubén Bevilacqua y la agente Virginia Chamorro. A lo largo de los trece casos en los que intervienen iremos viendo cómo evolucionan a nivel psicológico y van ascendiendo en el escalafón dentro del cuerpo. Incluso, si te animas, puedes ver la película de su tercera novela: La niebla y la doncella.

Hay detectives que desarrollan su trabajo en la época medieval, como Guillermo de Baskerville en El nombre de la rosa, y otros en pleno imperio romano, como Marco Didio Falco. Para más señas, personaje creado por Lindsey Davis, escritora inglesa de novelas de intriga ambientadas en dicho periodo.

Estas novelas pertenecen tanto al género histórico (en la época del emperador Vespasiano) como al policiaco (Falco es un «informante», término con el que se designaba a los detectives privados de la época). También aparecen elementos de los géneros humorístico y romántico. Las novelas están escritas en primera persona, dando la impresión de que han sido manuscritas por el mismo Marco, como si fueran sus propias memorias. Es ideal seguir el orden de lectura de los libros, ya que los acontecimientos que contienen van influyendo en la vida de Falco, a menudo cambiandola, o el de las personas que le rodean. Sin embargo, también es posible leer cualquiera de los libros por separado, ya que cualquier hecho previo es explicado al lector. Algo que también se encuentra en la saga de Lorenzo Silva, que he comentado con anterioridad, como una forma de ver la evolución de los personajes a lo largo del tiempo.

Mis lecturas recomendadas para esta semana

Además de esta pincelada en forma de lista de algunos detectives, te animo a conocer a Maisie Dobbs en su primera intervención: El caso de los soldados sin nombre.

En la trama nos va introduciendo en los orígenes de nuestra detective y cómo logra abrir su propio negocio en el Londres convulso de entreguerras. Lo que más me ha gustado de la historia es la forma de presentarnos el gran salto que supuso, para Gran Bretaña y para el mundo, este periodo histórico. La ambientación te pone en el lugar de aquellas personas que la vivieron de primera mano y nos presenta todas las consecuencias que sufrieron en su día a día los que sobrevivieron a la contienda. Lo considero un buen arranque para conocer a una mujer, aunque sea de ficción, que comparte mundo con Hercules Poirot, refugiado belga de este mismo conflicto bélico, y es antecesora de Miss Marple, ya que esta surge iniciados los años 30. Es un tipo de novela tranquila, como todas las de Agatha Christie; lo que llamaríamos hoy en día para todos los públicos.

El siguiente investigador con el que he trabajado esta semana es Jean-Baptiste Adamsberg, comisario de policía en París, en el caso de El hombre de los círculos azules. Ingresó en la policía con 25 años. Procedente de los bajos Pirineos, lo que él denomina pueblos de piedra y que con 45 años es trasladado a París como comisario del distrito 5º. Más tarde será nombrado comisario principal de la Brigada Criminal de esta ciudad. Esa vida en el sur del Francia puede darnos la pista de que sea un ser asocial, asilvestrado y solitario, entre otras muchas características. Además tiene una gran capacidad para almacenar imágenes en su mente, pero no palabras. Olvida los nombres de sus más próximos colaboradores. Parecería que no hay lugar para una persona como él en el cuerpo, pero, gracias a su increíble intuición, su índice de resolución de casos es inmejorable y ello ha ocasionado su rápido ascenso. Es capaz de ver la maldad que rezuma en los otros y nunca se equivoca.

Hasta aquí el personaje. Luego en la forma en la que se desarrolla el caso es donde me encontré con la dificultad de seguir la lectura y, aun así, la finalice en el tiempo que tenía previsto para ello. Vargas divaga de una manera que se me recuerda a cuando alguien coge un violín y, sin saberlo tocar, poner el arco encima de las cuerdas. Me crispa los nervios. Va de un pensamiento a otro sin orden ni concierto, ya sea de uno referente al caso, ya de los de su vida personal, haciendo que tratar de seguir el hilo de la historia se complique, desde mi punto de vista, en exceso. Hay veces que, en un libro, la trama se come al protagonista o viceversa. En este caso, si bien el misterio de los círculos azules es interesante, lo enrevesa tanto que es fácil caer en la tentación de abandonar su lectura, pero me he contenido, como ya te he comentado. No me gusta dejar un libro sin acabar. Es más, empezaré otro y con el mismo investigador para ver si es la tónica habitual en Fred Vargas. Incluso haré igual con Pierre Lamaitre, pues me da la sensación de que es un estilo de narrar propio de ciertos escritores franceses. Algo así ha ocurrido en España con los nuevos autores de thriller, pues si bien el estilo no tiene nada que ver con el que he leido de los franceses no dejan todos ellos de tener ciertos puntos en común que los asemejan.

Si te gusta mucho el thriller son dos novelas que recomiendo; pero si es la primera vez que te acercas a este género, te aconsejo que elijas a otro de los libros anteriormente mencionados. Muchas veces le acabamos cogiendo manía a un género porque elegimos una novela que nos viene grande o que pesa mucho en nuestro ánimo, generando con ello un bloqueo del lector. Si quieres ir sobreseguro, no dudes en acercarte a los más leídos del momento como Cesar Gellida, Javier Cercas o Juan Gómez Jurado. De ellos encontraras en las plataformas las series, Memento Mori, Terra Alta (en plena producción) o Reina Roja.

Leer tantas novelas con detectives tan diferentes me ha valido para conocer más a fondo el género y poder hablar con conocimiento de causa sobre autores también muy dispares. Luego, para gustos los colores.

Me despido hoy con las palabras de Maurice Blanche, mentor de Maisie Dobbs:

La verdad se abre paso hacia nosotros por el camino de nuestras preguntas. En cuanto pienses que tienes la respuesta, estarás en un callejón sin salida, y eso significa que puedes perder información que tal vez sea vital para lo que estás tratando de averiguar. Espera en silencio y no te apresures a sacar conclusiones, por muy inquietante que te resulte lo que aún ignoras”.

El caso del soldado sin nombre de Jacqueline Winspear

artículo

Ensayos

Una de las cosas que siempre he aconsejado a mis hijos es que cuando se encuentren delante de una comida la prueben, aunque piensen que no les va a gustar. Así han descubierto platos que les han sorprendido. Siguiendo este hilo, he oído comentar a escritores y lectores que hay géneros que no leerían en la vida, ya sea por una mala experiencia con algún libro, ya porque por ciencia infusa creen que no les van a gustar.

Lo entendería en el primer caso, porque entran en juego sentidos como el gusto y el olfato que pueden jugarnos una mala pasada. Incluso hay personas sensibles a ciertas texturas y se les hace muy difícil paladear algunos alimentos. También nos encontramos casos de intolerancias o enfermedades que hacen que la ingesta algunos platos suponga incluso un riesgo para la vida. A todo esto podemos añadir preceptos religiosos, que prohíben alimentos, o la ética que hace que haya, por ejemplo, personas veganas. Lo que no llego a entender es que nos pongamos esa limitación y que nos coartemos de la oportunidad de conocer novelas y autores que pueden sorprendernos para bien o, incluso, si es para mal, afianzar nuestro criterio.
¿Cuántas veces hemos hecho algo impensable en otro momento y que al final nos ha supuesto una gran satisfacción, ya sea por considerarlo un logro, ya por que nos ha acabado gustando?

Hace años, la primera vez que me monté en avión no me hacía ninguna gracia. No es que me pasara como a Mr.T, M.A. Baracus, miembro de la famosa serie de los años 80 El equipo A. Este protagonista, de aspecto rudo y siempre con gran número de cadenas de oro al cuello, tenía miedo a volar. Es cierto que sí tenía mi puntito de aprensión, pero a fuerza de probar he dejado de tenerla.

La vida está para eso, para aprovechar todo lo que nos brinda y usarlo como experiencia. Por eso creo que descartar un género sin haber buscado lo mejor de lo mejor de cada uno de ellos, así, a priori, pienso que es perder oportunidades de experimentar. Sé que hay momentos para unas lecturas y circunstancias para otras.

Si la primera novela autopublicada que leí fue del tipo de aquellas que no estaba bien cuidada, tenía una mala sintaxis, con una maquetación desastrosa, trama insulsa y llena de tópicos y con faltas de ortografía y ahí me cierro en banda, hubiera perdido la oportunidad de conocer a grandes autores durante mi trayectoria. También la de saber distinguir entre un buen y un mal trabajo de autoedición, algo que me ha brindado la oportunidad de saber exigir a los profesionales de la edición cuando ha llegado el momento.

Toda esta digresión es para hablarlos de un género que no me llama así de primeras. Se trata del ensayo. Para muchos lectores es un género didáctico desconocido y los hay admirables. Eso sí, te recomiendo que si te acercas a ellos busques un tema que te atraiga y no te metas de primeras, entre pecho y espalda, un ensayo de quinientas páginas, ya que lo más probable es que no lo disfrutes.

Para que entiendas de lo que hablo te diré que todas las tesis se desarrollan como un ensayo, si bien, todos ellos no entran en la catalogación de tesis. Esta  se publica una sola vez, al final de la carrera. Se trata de una investigación profunda sobre un tema en particular, donde el estudiante debe demostrar su capacidad de análisis y de producir un nuevo conocimiento. En cambio, un autor puede presentar varios ensayos a lo largo de su vida, puesto que se trata de un trabajo que busca hacer una profundización teórica o analítica sobre un determinado tema o disciplina, el cual puede invitar a la reflexión o a arrojar un punto de vista en particular. Es de tipo expositivo-argumentativo y se desarrolla en un tono formal. Su formato es flexible, ya que no hay una extensión determinada. No hay una estructura definida para escribirlo, aunque se suele iniciar con una introducción al tema, le sigue un desarrollo, donde el ensayista plasma su análisis, y una conclusión. Como cualquier obra los hay que son muy divulgativos, como he comentado, y de una lectura agradable y podemos encontrar otros áridos y que se nos harán algo más cuesta arriba. De ahí mi recomendación de buscar temas que nos interesen.

Yo me habré leído más de un ensayo sin darme cuenta a lo largo de mi vida, pero, elegido por mí, han sido bastantes menos. Os puedo hablar de tres que me han gustado mucho:

  • Una habitación con vistas, de Virginia Wolf:

Publicado en 1929, la obra se basó en dos conferencias impartidas por la autora en 1928 en el Newnham College y Girton College, los dos primeros colegios universitarios para mujeres de Cambridge. Woolf abordó la situación de las mujeres, y de las artistas en particular, en este famoso ensayo, en el que afirma que una mujer debe tener dinero y una habitación propia si quiere escribir.

Según Woolf, siglos de prejuicios y desventajas financieras y educativas han inhibido la creatividad de las mujeres. Para ilustrar esto, ofrece el ejemplo de una hipotética hermana talentosa pero sin educación de William Shakespeare, quien, desanimada por todas las tareas domésticas, trata de seguir la estela de su hermano, encontrándose todo tipo de impedimentos, por lo que se suicida. Woolf celebra el trabajo de mujeres que han superado esa tradición y se han convertido en autoras, entre ellas Jane Austen, George Eliot y las hermanas Brontë, Anne, Charlotte y Emily. En la sección final, Woolf sugiere que las grandes mentes son andróginas. Sostiene que la libertad intelectual requiere libertad financiera e insta a su audiencia a escribir no sólo ficción, sino también poesía, crítica y obras académicas. El ensayo, en una prosa vivaz y elegante, muestra los mismos impresionantes poderes descriptivos de las novelas de Woolf y refleja su convincente estilo conversacional.

Podremos estar o no de acuerdo con su postura, aun así, no pensemos que la época en que vivió Virginia es la misma que  vivimos nosotros. En la actualidad, según la estadística hay más mujeres lectoras que hombres, pese a todo, sigue habiendo un escalón y las mujeres que publican son menos que los hombres. Ellas leen y se dedican más a la escritura, sin embargo, del total de obras registradas en España en 2021 solo el 37,8 % era de una autora, lo que expertos del sector consultados por Efe consideran que es debido a la falta de igualdad de condiciones para la creación y la propia responsabilidad de los editores para tener un catálogo paritario.

Está claro que la sociedad de principios del siglo XX en la que vivió Virginia y la de ahora ha cambiado. Como bien me han comentado otros autores con los que he consultado este tema, lo que ha tardado 2000 años en cambiar no puede dar un gran giro en solo 80 años. Para mí los avances están claros, aunque no dejo de reconocer que hace falta mucho camino. Si leemos el ensayo notaremos ese salto cuantitativo, pese a que hay veces que del cualitativo tengo mis dudas. «Desde la antigüedad más clásica, las mujeres no tenían acceso a la alfabetización», comenta la profesora colaboradora de los Estudios de Artes y Humanidades de la UOC Montserrat Gatell. Algo que también veremos reflejado en el pensamiento de Virginia. Ahora tenemos el derecho a esa alfabetización y la obligación de hacer un uso y aprovechamiento adecuado de estos derechos. Aun así, me da la sensación, de que vamos andando hacia atrás, como los cangrejos.

Me gustaría volver a tratar más a fondo el tema que se trata en Una habitación propia, aunque hoy mi intención es solo recomendarte que aproveches y te acerques a este clásico. Puede que en un principio te resulte diferente a todo lo leído hasta ahora y por ello te suponga alguna dificultad. Así que te aconsejo que no te lo leas de un tirón, sino que lo hagas de forma pausada y que vayas cogiendo apuntes. La forma de escribir de esta autora es un poco caótica, plasma mucho sus pensamientos, por lo que puede parecer que se pierde el hilo. Tengamos en cuenta que no es una narrativa a la que estamos acostumbrados.

  • Ernest Hemingway, A propósito de la escritura.

Otro autor que vengo a animaros a leer es a Hemingway, si bien no una de sus conocidas novelas, sino un breve ensayo titulado A propósito de la escritura. A lo largo de su carrera, sostuvo que hablar de la escritura daba mala suerte: «si la enseñas o hablas de ella, quita lo que sea que tienen las mariposas en las alas y estropea el dibujo de las plumas del halcón», decía.

Pese a esta creencia, al final de su vida había hecho justamente aquello que había querido evitar. En sus novelas y sus relatos, en las cartas a sus editores, amigos, artistas y críticos, y en los artículos que por encargo, a menudo hablaba de la escritura. Y trató sobre el tema  de una forma tan extensa e incisiva como cualquier otro autor.

Este libro contiene sus reflexiones acerca de la naturaleza del escritor y de los elementos que conforman su vida, incluidos consejos precisos y útiles referentes al oficio, hábitos de trabajo y disciplina. En ellas, la personalidad de Hemingway se hace patente en forma de sabiduría general, ingenio, humor y entendimiento, así como en su insistencia respecto a la importancia de defender la integridad del escritor y su oficio.

Sus consejos valen más que muchas horas pasadas en un taller de narración creativa. La concisión, el trabajo incansable, hablar de lo que uno conoce, la alerta sobre la inventiva gratuita, quizás también sobre usar la literatura como agenda para lograr la notoriedad y el éxito; todos habrán de servirte en el futuro.

 En la antigua Roma, cuando un general o emperador celebraba un triunfo, siempre tenía a un esclavo detrás de él, sujetando la corona de laurel y susurrando al oído: Recuerda que eres mortal. Algo que también nos recuerda Hemingway en sus palabras.

El texto está formado por una serie de reflexiones, unas abarcan unas pocas líneas y otras son un párrafo que ocupa casi una página entera. Todas ellas han sido recopiladas con gran dificultad porque estaban repartidas entre las cartas a sus editores, amigos, artistas y críticos y en los artículos que le encargaron. Se podría pensar que si están sacadas de contexto no serían válidas para el escritor de hoy en día; nada más alejado de la realidad. Sus enseñanzas, pese al paso del tiempo, siguen en vigor.

Voy a intentar hacer un resumen con lo que creo que pueda serte válido, sin por ello dejar de recomendarte que leas la obra completa, porque, al final, cada lector acabará sacando sus propias conclusiones y aumentando, de forma privada, la lista de recomendaciones.

Uno de los consejos más importantes, reproducidos abajo, es “No escribas por dinero”, aunque a veces se deba romper esa regla. Lo que va detrás de esto es que nunca pierdas tus objetivos por percibir dinero, no dejes tus inquietudes y, siempre, dedícale tiempo a tus ideas.

1. Nadie trabaja todos los días durante los meses de calor sin ponerse rancio: hay que tomarse el tiempo de asearse y vivir un poco, no ser un zombi de lápiz y papel (o no quemarse las retinas frente a la computadora), el mundo más allá del papel, tiene posibilidades que solo puedes explotar si sales y vives un rato. La experiencia personal es lo que llena páginas y te evitará el bloqueo.

2. No crees personajes, crea personas comunes en situaciones no tan comunes.

3. Los personajes deben ser tan auténticos que den la sensación de que lo que se narra pasó en realidad. Deberán estar proyectados desde el corazón, desde la cabeza, desde el conocimiento, desde la experiencia acumulada del propio autor.

«La buena escritura es la veraz. Si se inventa una historia, su veracidad será proporcional al conocimiento que tenga de la vida y dependerá de lo meticuloso que sea; cuando inventa, debe hacerlo como si fuera cierta».

4. No se deben recargar las tramas de palabras resonantes, ni crear personajes tan increíbles que ni al autor convenzan.

5. Nunca sé lo que va a suceder en una novela, a medida que avanza pasa lo que tiene que pasar.

6. Todas las historias que continúan lo suficiente terminan en la muerte: ésta es pues una premisa ineludible tanto para el lector como para el escritor, no se puede narrar la historia de la vida sin la antagónica muerte acercándose más y más conforme se alarga el propio relato.

7. No puedes vivir de espaldas a la realidad social de su época.

8. Releer una y otra vez, cientos de veces, y mejorarlo. Hemingway dejaba sus libros terminados dos o tres meses para retomarlos luego y corregirlos con cabeza fría, libre de influencias, y con nuevas ideas.

9. El autor debe alejarse de las preocupaciones cotidianas para escribir. Su mesa de trabajo es un lugar tan lejano en la memoria y la imaginación, que sólo el autor —y quienes lean su obra— alcanzarán a vislumbrarlo.

10. Tu vida será solitaria, no esperes rodearte de multitudes que alaben tu trabajo. Nada te asegura el éxito instantáneo. Las grandes obras universales se descubrieron muchos años después de la muerte de sus autores.

11. Transformar la soledad en algo positivo te ayudará a enfocarte en lo que quieres plantear y a dónde quieres llegar.

12. No te rindas. No te conformes.

13. Comer bien para que el hambre no te interrumpa el trabajo.

14. No escribas por dinero.

-Dese cuenta de que convertimos a nuestros escritores en algo muy extraño.

-No le entiendo.

-Los destruimos de muchas maneras. Primero económicamente. Ganan dinero. Sólo por casualidad un escritor gana dinero, aunque los buenos libros siempre acaban dando dinero. Cuando nuestros escritores ganan, un poco de dinero, aumentan su nivel de vida y quedan atrapados. Entonces tienen que escribir para mantener sus casas, a sus mujeres, etcétera, y acaban escribiendo bazofia. No es bazofia porque lo hagan a propósito, sino porque lo hacen con prisas. Porque escriben sin tener nada que decir o sin agua en el pozo. Porque son ambiciosos. Luego, una vez se han traicionado a sí mismos, lo justifican y producen más bazofia».

A propósito de la escritura, Ernest Hemingway.

15. Estudia a fondo el diccionario.

16. Evita el uso de adjetivos, sobre todo los extravagantes como «espléndido, grande, magnífico, suntuoso».

17. Un autor, si sirve para algo, no describe. Inventa o construye a partir del conocimiento personal o impersonal.

18. Narra con frases breves. Comienza siempre con una oración corta. Utiliza un lenguaje vigoroso. Sé positivo, no negativo.

Otros consejos de Hemingway fueron compilados por Larry W. Phillips en el libro Ernest Hemingway on Writing. Aquí te dejo  algunos ejemplos:

1. Para empezar, escribe una oración verdadera

Nuestro autor,  tenía un truco para vencer el horror de la página en blanco –o el bloqueo que tanto pavor  nos da— solía enfrentarse a un primer enunciado que le resultara verdadero, sin ornamento, ni pretensión. Una especie de primera sustancia de la cual todo lo demás podría desdoblarse. Este acto de sinceramiento resuena con el coraje característico de su obra.

2. Siempre termina de escribir cuando aún sabes lo que sigue después

Otra forma de evitar la parálisis y mantener la fluidez es detenerte antes de vaciarte, cuando todavía se pueden conectar las hebras. Algo similar a dejar la mesa de blackjack cuando estás arriba.

3. Nunca pienses en tu texto cuando no estés trabajando

No pensar en la historia que estás tejiendo mientras no la estás sobre ella, es un consejo muy propio de Hemingway, un hombre sin miramientos ni arrepentimientos, aunque también podría encontrarse en el zen. Para él, no tiene sentido pensar en otra cosa que no sea lo que estás haciendo. Si estás volcado en una historia es apropiado pensar solo sobre ella, si uno está acarreando agua entonces la atención debe de estar en acarrear agua. Además, como bien nota Hemingway: «De esa forma tu subconsciente trabajará en ella todo el tiempo». Y tener al subconsciente, la parte más poderosa de nuestra mente, trabajando en nuestra trama es algo que puede ser muy provechoso.

4. Cuando reanudes el trabajo inícialo leyendo lo que has escrito.

De nuevo una joya de sencillez. Para mantener la continuidad es lógico releer y corregir en ese momento. Después, retomar la historia y seguir con ella. Cuando esta es muy larga, simplemente lee los dos últimos capítulos.

5. No describas una emoción, hazla.

Otro consejo poderoso que aplica para todas las artes. Aquello que sentimos con mayor fuerza –lo emocional– suele experimentarse de manera inmersiva, no descriptiva. En esos momentos  en los que nos arrastran las pasiones no nos detenemos a contarnos qué es lo que está sucediendo. Es la actividad creativa, es importante insertar un proceso emocional, sin tener que revelar que un personaje está sintiendo tal o cual. Esto se debe percibir dentro del contexto, lo inefable.

6. Usa un lápiz.

Para el trabajo más superficial, como redactar una carta o u un artículo de revista, Hemingway usaba una máquina de escribir. Pero para su trabajo creativo utilizaba un lápiz. Además del acto físico, más cercano al trabajo de un escultor, la practicidad de este autor es evidente: el trabajar con un lápiz da la oportunidad de mejorar un texto cuando este se pasa a máquina.

7. Sé breve.

No podía faltar dentro del canon de este autor, quien consideraba (un tanto en broma) su obra maestra un cuento de seis palabras, la brevedad.  Siempre enarboló el decir más con menos.

Como habrás observado, cuando he dado consejos en mi blog, he buscado lo que dicen los que me han precedido y considero que son dignos de ser tenidos en cuenta. Si me vas siguiendo te habrás dado cuenta que todo lo que recomiendo son los pilares básicos para funcionar en este oficio.

Espero que te animes a leer a ambos autores que creo que te sorprenderán.

mis lecturas

Recuerda

Mi secreto

Hoy en día vivo con el corazón partido entre el derecho a ejercer la denominada libertad de expresión y el interés que tendrán algunos lectores por lincharme. Un tipo de potestad ejercida por parte de aquellos que no están de acuerdo con mi opinión, pese a que intento siempre expresarla con fundamento y educación. Pero dar su brazo a torcer, en las redes en particular y en España en general, es inasumible por parte de la gran mayoría de los internautas. Nadie reconocerá la autoridad del otro por mucho que se le pongan delante de las narices las pruebas que lo ratifiquen. Si hay personas que todavía piensan que la tierra es plana, cuando hace milenios se demostró que es redonda y es algo fácilmente apreciable incluso a simple vista, no me extraña que haya multitudes que intentarían sacarme los ojos si expresara, de verdad, lo que pienso de muchos comentarios y temas.

Ser políticamente correcto es el marbete que llevamos colgados todos aquellos que queremos vivir en paz en el mundo de las relaciones sociales. Mi pregunta es ¿cómo sobreviven todos aquellos que mienten descaradamente y se pasan la vida revolviendo el caldero? Porque luego llega un pobre inocente, comete un desliz y las redes arden hasta los cimientos. Aparecen los coñohonrados defendiendo lo indefendible y aquello se convierte en una caza de brujas al más puro estilo medieval.

Te estarás preguntando a santo de qué viene esta digresión y viene por el tipo de libros que leo en la actualidad y a los que me acerqué en otros momentos. Si es de alguien que está en la lista de los autopublicados y osas hacer la más mínima crítica, saldrán en su defensa aquellos que postulan que el autor es un pobre inexperto que acaba de empezar y por lo tanto está en su derecho de equivocarse. Aunque con tan numantina defensa más bien parece que esté en la obligación de hacerlo. Parece que es impepinable nuestro deber de perdonar el cúmulo de errores, aunque sean de tal calibre que no los cometería un niño de primaria, pero ojo, de aquellos de primaria que estudiaron la EGB, no de los de la actualidad. Si el autor es algo más consagrado, automáticamente saltarán a la palestra aquellos llamados «abogados de pleitos pobres», tan habituales en nuestro entorno, que alegarán que quién soy yo para criticar a un compañero. Como si ser compañeros ya nos sirviera de escudo de vibranium.

¿En qué se resume la mayor parte de las aportaciones que se hacen bajo el falso nombre de críticas? En una palmadita en el lomo y si los «musos» empotran o no a la protagonista de turno de la forma adecuada. Pues mira, siento decir que muso tiene otro significado que, si lo conocieran, seguro que usarían menos; pero claro, hay que tirar de Diccionario de la Lengua Española y es mucha tarea. Eso que estamos todo el día con la palabra empoderamiento en la boca. Qué verdad esa, que decía mi abuela, de que la ignorancia es muy atrevida. De este pedigrí he encontrado a muchos entre los miembros de colectivos que lo mínimo que se les presupone es buen oficio, pero que no alcanzan la categoría de iniciados en la cartilla 0 de caligrafía de Rubio.

Mi recomendación

Desde hace unos meses me estoy dedicando a leer libros de nombres «de reconocido prestigio». No todos ellos son conocidos por el gran público, pero cierto es que tienen miles de lectores. No hablo de descubrir autores desconocidos, aunque sí pueden serlo para mí pese a que vienen con una larga trayectoria literaria detrás. Quiero con esto afinar, de verdad, mi sentido crítico y, al alimón, montar un club de lectura que enriquezca a sus miembros con aportaciones que nos sirvan para crecer como escritores. Sé que sería un campo minado si se abre a muchos participantes, por lo que lo compondremos un número reducido, para que sea manejable, y será privado, para que podamos aprender de verdad. Algo más próximo a la masonería que al Círculo de Lectores, para qué mentir. Me dan ganas de poner como prueba de admisión la lectura de un libro de los postulantes y realizar su crítica fundamentada. Si no eres capaz de soportar ese escrutinio no tienes derecho a criticar los libros de los demás, ya que se demostraría que estás abierto a asumir las opiniones ajenas y los fallos. Entiendo que nadie es perfecto, pero se debe demostrar la intención de mejorar, que es la finalidad del grupo. Esto es como una partida de ajedrez y yo solo juego con aquellos que me puedan ganar; lo demás es un aburrimiento y pérdida de tiempo. Ponme retos y olvida eso de los golpecitos en la espalda que, al final, acaban siendo puñaladas traperas que no me aportan nada. Quiero una verdadera lectura crítica.

Esta semana ha sido, de Pierre Lamatrie, Vestido de novia. Leyendo sus primeras páginas, la forma de poner en escena a la protagonista me ha recordado la película Psicosis de Hitchcock. Quería saber algo más del autor y busqué en su biografía, confirmando mi pálpito: además de ser escritor de thriller es guionista y admiraba al citado director de cine.

Según iba avanzando en la angustiosa trama, más me picaba la curiosidad de saber cómo había nacido esa historia. Si hubiera podido hacerle una entrevista al autor, mi primera pregunta hubiera sido qué le indujo a tratar ese tema. De momento, fui tirando de mi bagaje cinéfilo que, si bien no es tan amplio como yo quisiera, tiene su aquel para estos asuntos. Me había venido a la memoria otra película del mismo director y de la que solo tenía como referencia para encontrarla que parte de los decorados habían sido pintados por Dalí.

Así apareció la película Recuerda (1945). Me he vuelto loca buscándola ―a veces localizar una película de cine clásico es complicado― para poderla disfrutar de nuevo en la pantalla, pero por fin lo he logrado y he comprendido de dónde ha salido la historia. Obviamente el autor ha modificado la estructura de la narración haciendo lo que se denomina un 2, 1, 3: la lectura se inicia con el nudo de la historia y sigue avanzando con la narración del detonante de la trama hasta llegar al final. No considero que sea, como he leído en algunos críticos, una novela impecable. Pese a que puede parecer redonda, se apoya en la casualidad y tantas casualidades hacen que la pierda credibilidad. Es más, puedo considerar que el autor es un mentiroso.

Antes de leer las críticas para escribir esta entrada ya había pillado de qué pie cojeaba. Dirás que voy de sobrada; siento decir que no, que cuando una ha leído mucho ―y hablo de autores clásicos de todos los tiempos―, tiene un criterio bien formado. Lo que te he dicho al inicio de la entrada: tengo, sin ser una experta, autoridad suficiente como para poder fundamentar. Encima, encuentro la reseña de El País, donde mis postulados y los del crítico literario son muy similares, algo que me ha producido una profunda satisfacción, pues me reafirma. https://elpais.com/cultura/2015/02/11/babelia/1423652867_693810.html. Prometo que el columnista de esta sección del periódico no soy yo ni nadie de mi familia con el que me haya tomado unas copas o compartido comentarios. 

Son tres los puntos que han hecho que el libro no me convenciera:

1.- El tiempo. A veces da la sensación de que la historia transcurre en los años 70 del siglo XX y, de repente, te das cuenta de que nos encontramos entre finales de los 90 y principios del XXI.

2.- La mentira. Es imposible que todo lo que ocurre en la trama funcione, ni aunque fuera agente de los servicios secretos. O que en Francia Internet no funcione como en el resto del mundo. Hay momentos en que parece que la policía no exista en absoluto. Como en Recuerda, cuando dos agentes caen en la cuenta de haber tenido delante a la doctora (Ingrid Bergman, nada menos) y no la reconocen porque lleva gafas de ver, algo en lo que Hitchcock incide pues las pintan en una fotografía para explicárnoslo. Recordemos que es 1945.

3.- La lógica. A las primeras de cambio y teniendo en cuenta la fecha real en la que se desarrolla la trama y que todo se inicia por el robo de un bolso, lo normal es que la protagonista cambiara la cerradura. A partir de ahí, por ese simple hecho, se hunde toda la trama. Además ella sospecha de todo al final, cuando se supone que mentalmente está mucho más afectada.

Ahí es a dónde voy cuando hablo de la importancia de leer libros que nos den unos cimientos y una formación para hacer una crítica constructiva útil. Sobre todo si queremos destacar en este oficio, si somos escritores y si nuestro deseo es aprender. O también puede servir para otros escritores, si solo somos lectores con interés en apoyar a los autores que de verdad veamos en su trayectoria la intención de crecer. En realidad sé que son pocos y que estas palabras caerán prácticamente en saco roto, por lo que tampoco tengo demasiadas esperanzas.

Te lo he dicho muchas veces. Si no tienes una buena técnica, cuando trabajes con un corrector o con un editor te podrán engañar con harta facilidad, no distinguirás la calidad de su trabajo; cuando hagas una reseña o ejerzas como lector cero le harás la puñeta, solo harás comentarios banales, como lo ágil que ha sido la lectura, y no aportarás nada para su mejora. Vemos a correctores y editores publicitando las novelas en las que han trabajado y que cuando lees sus primeras páginas te llevas las manos a la cabeza por la cantidad de errores. Nunca sabré si es porque el autor o autora de turno, por soberbia, no han aceptado las correcciones sugeridas, por desconocimiento lo han visto todo estupendo o porque en realidad nunca les han hecho una buena corrección. Pero no seré yo la que pregunte. Y no me vale la excusa de que en las grandes editoriales también hay errores o fallos. Claro, y en las cocinas de El Bulli, pero seguro que son mínimas y se percibirán pocas veces. A mí eso de, mal de muchos consuelo de tontos, no me vale. ¿A ti sí?

¿En qué queda todo? El resumen está en que incluso un premio Goncourt puede tener una novela en la que se pillen errores de trama y no pasa nada. A fin de cuentas, un gran equipo, como el Real Madrid o el Barcelona pueden tener un mal día y, pese a todo, se disfruta de jugadas magistrales, algo que he visto en este autor. Se pueden criticar y aprender de ellas, tanto las buenas jugadas como las malas, para no repetir estas últimas.

Seamos un poquito más humildes y en vez de subirnos por las paredes, cuando alguien vierta una crítica negativa sobre nuestro trabajo, preguntemos y aprendamos. Junto a eso, hagamos verdaderas lecturas conjuntas, tan de moda en las redes, pero con fundamento, como las recetas de Karlos Arguiñano. Todo lo demás es para nada.

mis lecturas

Círculo de Lectores-sama

El club de lectores de los años sesenta

Que levante la mano quién no ha comprado algún libro del Círculo de Lectores o no ha oído hablar de este club. Si eres de los nacidos en la generación de los años 60 seguro que alguno ha pasado por tus manos, sea por regalo, sea porque en tu familia han sido socios y luego tú has mantenido la tradición. En nuestra retina se han quedado grabadas las cubiertas de las coleccionesy todavía entre los que somos ávidos lectores nombramos algunos de sus títulos y rememoramos las que han estado en nuestras casas. Una empresa que nació en 1967 y que sobrevivió hasta el año 2019, tras haber sido comprada por Planeta para intentar reflotarla o terminar con ella, nunca lo tuve del todo claro. Igual que AVON llamó alguna vez a nuestra puerta, el agente del Círculo de Lectores lo hacía cada mes junto con su catálogo de novedades. Eran ediciones cuidadas y en mi casa era habitual que todos los meses adquiriéramos un libro, eso cuando todavía las casas que tenían poder adquisitivo también gozaban de espacio para poder colocarlos. Era el boom de las hipotecas, el turismo y, en ciertos estatus, el interés por la cultura, que se representaba por tener libros en casa. Eso no quita para que muchas personas los compraran, por lo decorativo de sus lomos, como elemento para rellenar las estanterías de los salones.

La gente ha hablado de la desaparición de muchos oficios debido a los avances tecnológicos y bastante de ellos están relacionados con la cultura. Así ocurrió con los agentes del Círculo de Lectores, que llegaron a ser mas de 5000 en nuestro país y que tuvieron que reciclarse buscando trabajo como comerciales en editoriales o en otros trabajos relacionados con la venta. Eso mismo debieron hacer el millón de socios que disfrutaron de esta venta puerta a puerta. Tengo que reconocer que, salvando las diferencias, a veces viene a mi memoria este modelo de negocio cuando me cruzo con el camión de Bofrost.

Además del modelo puerta a puerta, la compañía había ampliado su captación de socios a través de la atención telefónica, no solo ofreciendo libros, sino otros productos como música, cosméticos o artículos de ocio para el hogar. Unas ventas que llegaron a representar el 30% de la facturación, pero que alejaban cada vez más al Círculo de Lectores de su propuesta original. Pese a que el libro de papel resiste contra viento y marea, el formato de venta propuesto en los años sesenta no soportó el empuje digital. Junto a eso, la competencia de Amazón fue muy grande para el Círculo de Lectores, que vio como muchos nuevos lectores apostaban por el gigante del ecommerce para regalar y comprar libros, tanto físicos como en digital.

Un club que quedó obsoleto, pero supuso durante muchos años una excelente vía de acceso a la lectura para todos aquellos que no disponían de suficiente poder adquisitivo, pues sus ediciones eran muy asequibles, o no disponían de bibliotecas cercanas.

Todavía queda algún ejemplar por mi casa de esta editorial, aunque muchos de ellos los tuve que dejar en el par de mudanzas que he sufrido el año pasado, la de mi madre y la mía. Pero bueno, no se puede vivir de viejas glorias. Tuvieron su vida activa y ya serán muchos una nueva pasta de papel que creara historias nuevas. Eso mismo le ocurrió a Planeta, dueña del Círculo, al poco de avisar de su cierre: tuvo que ponerse de acuerdo con los autores a los que avisó de la destrucción de su gran colección de Obras Completas.

Muchos nos preguntamos por qué al igual que otras empresas se adaptaron a los tiempos e incluso surgió algo similar en la figura de Amazón, Planeta no fue capaz de renovarse y decidió morir. Sus catálogos empezaron a tener de todo menos libros. Tal vez quiso copiar a otras empresas de ventas, como la anteriormente mencionada, en vez de buscar algo que fuera su puesta en valor y que la diferenciara. Por eso pensamos que Planeta decidio darle la puntilla con esos catálogos, y el cerrojazo en el 2019.

Uno de los libros que perdí fue el de una serie que se hizo muy famosa en los años 80, titulada Shogun, homónima de la novela del autor James Clavell y que fue una revolución para los televidentes de la época. Desarrollada en cinco capítulos, recuerdo que nos dejó un buen sabor de boca a todos los que seguimos las peripecias de sus protagonistas, John Blackthorne y Toda Mariko, que se ven envueltos en las intrigas del Japón feudal del siglo XVII. Un pais muy desconocido para la gran mayoría de los españoles, salvo por los dibujos animados de Mazinger Z, que llegaron a España en 1978.

Como muchas cosas vuelven y Disney no tiene ideas propias, esta plataforma ha puesto a disposición de sus clientes una nueva versión de aquella mítica serie, esta vez repartida en diez episodios. James Clavell nos desarrolló una novela histórica donde se narra el choque cultural en un Japón feudal cerrado a cualquier interferencia extranjera, pero que permite a los jesuitas provenientes del sudeste asiático, comerciar con ellos. Igual que los españoles fletábamos el galeón de Manila, ellos los barcos negros, por estar pintados con brea para impermeabilizarlos. La llegada de los religiosos se produjo en una época de crisis de gobierno en Japón, al que se suma el intento de otras potencias de comerciar en el oriente quitándole el monopolio a España y Portugal. Entre esos tira y afloja iremos viendo la historia de Yoshii Toranaga, iniciador de un shogunato que se extenderá en el tiempo hasta el siglo XIX y que finaliza con la Restauración Meiji. En medio de toda la intriga política y religiosa se moveran otros personajes, como Lady Mariko, noble japonesa, y John Blackthorne, piloto mayor que habría sido el primer británico en llegar a Japón.

Me gusta la evolución de ambos personajes a lo largo de la historia. John pasará de ser el típico europeo que llega a Oriente pensando que su cultura es superior a, con el paso del tiempo, comprender que lo que el denomina civilización europea no es equiparable a la forma de vida de la sociedad japonesa de la época, pese a sus luces y sus sombras, con lo que cada vez se sentira más a gusto en Japón. En cuanto a lady Mariko, su vida se complicara más, si eso era posible, con la llegada del que ellos consideran un bárbaro. En un mundo de intrigas, vivirá en una continua lucha entre su conversión al catolicismo, la lealtad a su señor feudal, el compromiso con su marido, su hijo y sus deberes familiares y con su clan. Me gusta como, pese a estar en el siglo XVII, vemos a una verdadera mujer empoderada, de las muchas que había, incluso en la Europa de esa misma época, y de la que tenemos variados ejemplos. Toda Mariko ejercerá de traductora y consejera del señor Yoshi Toranaga, que la consideraba muy prudente y digna de su confianza por su buen hacer en la corte. En Europa tuvimos a mujeres del mismo calibre, como Leonor de Aquitania, Doña Urraca, Isabel la Católica o la duquesa de Éboli. Y otras muchas de ellas que llevaron las haciendas mientras sus maridos estaban en la guerra o en la conquista de América. Pero de eso se habla poco y solo ha llegado a nosotros las que más destacaron, por ser reinas o madres de reyes.

Como lectora os recomiendo que leáis el libro porque, al igual que en el Nombre de la rosa, hay matices a los que la serie nunca podrá llegar pues se haría muy densa. Para aquellos que quieran conocer un poco de ese periodo histórico esta lectura puede ser muy adecuada. No creo que desmerezca en nada la serie y pienso que no me equivoquo mucho si os la recomiendo. Habiendo visto solo dos capítulos, hasta el momento, no me decepciona la puesta en escena de la trama y por eso os la recomiendo junto con la lectura.

N. de la A. Sama (様 【さま】) es una versión más respetuosa y formal de san. Suele usarse en el ámbito profesional para dirigirse a los clientes, (llamándoles o-kyaku-sama, señor cliente) o a personas de mayor categoría que el hablante, aunque también puede usarse para referirse a alguien que uno admira profundamente.

artículo

Las ocho P y un exordio

Exordio: prefacio, prólogo, preludio, preámbulo, prolegómenos, previo y proemio. A fin de cuentas: preliminares.

Así es de rico el castellano, a la vez que amigo de hacer juegos de manos. Pueden parecer sinónimas pero no todas lo son. En realidad, te diría más bien de que son primas, algunas cercanas y otras lejanas, pues su etimología puede ser latina o griega y no es lo mismo, aunque nuestro cerebro tienda a simplificar y quiera equipararlas. Como escribe mi colega Héctor H. López en su entrada, https://yatengounaedad.wordpress.com/2023/11/18/la-eleccion-de-las-palabras/, esto iría de connotaciones y denotaciones, pero a mi manera.

Al igual que el sexo necesita su preámbulo (del latín ‘praeambŭlus’: que va delante) siendo conocido como preliminares (aquellas caricias, besos y otros juegos de índole erótico-sexual que se llevan a cabo para ir aumentando la libido y excitación), una obra literaria también puede requerirla como modo de enganchar al lector con las primeras líneas, poniéndole en antecedentes de lo va a leer. Podríamos decir que es un aperitivo si nos colocamos en un escenario culinario.

La lista de opciones es amplia:

  • Prefacio: lo que se dice delante (latín).
  • Prólogo: texto introducido que da paso a una obra escrita, cuyo origen es griego.
  • Preámbulo: lo que va delante (latín)
  • Preludio: aquello que precede y sirve de entrada. Se usa más en la música. Su origen también es del latín.
  • Preliminares: su significado sería «antes del umbral» o «puerta de entrada», de etimología latina.
  • Prolegómenos: introducción al texto (griego).
  • Proemio: poema o canto que precede y que, por lo tanto, es más propio de la poesía.
  • Previo: que va delante o sucede primero, aunque también significa preparatorio.

Hace unos días vi un directo en el que se hablaba de la importacia o necesidad del uso del prólogo al inicio de una obra literaria y, al final, si no tienes claro de que va la película acabas haciéndote la picha un lio, como diríamos en Cádiz. No se habla tanto de la necesidad de que un libro la tenga esa estructura, ni si es algo que sea o no del gusto del lector; sencillamente son técnicas literarias que pueden servir al autor, como ya he comentado, para poner en antecedentes de la historia.

A mí me gusta hacerlo en mis novelas pues sé que las primeras líneas son fundamentales para atraer al lector y dejarlo enganchado. Por ello mis prólogos son introducciones que tratan de sorprender e intrigar a todos los que inician la lectura.

En el caso de mi última novela comencé con un entierro en Escocia para que suscitara toda una serie de preguntas al lector: ¿quién era el difunto? ¿cómo había fallecido? ¿quién narraba la escena? ¿quiénes eran los personajes que sufrían el duelo, y en qué medida?

Vivo en las Tierras Altas, en Ardersier, muy cerca de Inverness, donde tengo mis negocios. De niño y en mi adolescencia pasaba las vacaciones en casa de mis parientes, en Blackford, por lo que me resultaba fácil tener relación con los McFarlane. Allí, al final, todos somos parientes de una u otra forma y, al ser el pueblo bastante pequeño, acabamos yendo a los mismos sitios. Blackford tiene lo justo y necesario para vivir bien: su calle principal con sus dos iglesias, un colegio, un hotel, una embotelladora y una destilería donde trabaja buena parte del pueblo, una panadería que llevan mis tíos desde que se afincaron definitivamente allí tras heredar el negocio familiar y el típico pub que puedes encontrar en cualquier rincón de Escocia; el lugar donde se junta la gente cuando acaba de trabajar y que es donde se hace la vida social. Pero con el paso del tiempo mis visitas se fueron espaciando, aunque hoy estoy de nuevo aquí. Llevo varios días acompañando a mi tía para conocer el estado de Meisie, hija del señor McFarlane, y de su nieto Ian, pues tuvieron un accidente en la carretera camino de Glasgow. Todos los comentarios apuntan a una mala maniobra que provocó que se saliera de la carretera, con tan mala fortuna que un árbol se cruzó en el camino del vehículo. Ambos llegaron con vida al hospital. Sin embargo, el nieto que conducía falleció en el quirófano. Ahora me he enterado de que la hija de Craig, pese a todos los esfuerzos de los médicos, no ha logrado sobrevivir.

Taylor, Gaby. Unidos por el pasado (p. 4). Edición de Kindle.

Este sería el prólogo o prefacio al que estamos acostumbrados la gran mayoría de los lectores. Con el mismo nombre tenemos otra forma de iniciar una narración, aunque tiene un matiz que le da el toque diferenciador. En este caso es poner al lector en antecedentes de quién es el escritor, su intencionalidad a la hora de plasmar el escrito y su trayectoria literaria. Aquí entra en juego que el prologuista sea un autor con cierto renombre dentro del mundo de las letras. Sé que hay personas que esto no lo valoran e incluso dicen que nunca leen los prólogos de ese tipo, pero otro gallo cantaría si mi novela la prologara Cesar Gellida. Puede que como lector te importe un bledo, pero el empujón que da un padrinazgo de ese calibre no tiene color.

Otro caso que llamó mi atención es el de El nombre de la rosa, donde encontramos un exordio cuyo objetivo es atraer la atención y preparar el ánimo. Ahí, Umberto Eco nos habla del hallazgo del manuscrito y lo hace con tanta credibilidad que hoy en día hay quien lo busca como si fuera real. Tras unas notas donde aclara un poco su estructura, pasa a un prólogo ya narrado por uno de los protagonistas de los hechos, Adso de Melk, muchos años después de todo lo que se nos va a relatar.

Si has leído El Quijote te habrás topado con la captatio benevolentiae, una fórmula muy usada en los escritos de esa época. El autor pide al público que sea comprensivo con él y con su obra, pues a pesar de sus imperfecciones lo ha hecho con buena voluntad. En el caso de Cervantes se intuye otro propósito. Tras sus lineas se adivinan las tensiones propias del mundillo literario coetáneo: parece ser una indirecta contra un Lope de Vega que hacía un uso poco discreto de estos adornos y del que se conserva una carta, nada amena, en la que se refiere a las dificultades que conoció su rival en la búsqueda de plumas dispuestas a encomiar su libro. ¿No te suena? ¿Pensabas que esos dimes y diretes eran exclusivos de la actualidad? Yo os recomiendo su lectura pausada, porque tiene miga y nos demuestra la sorna que destilaba.

Como puedes ver hay muchas opciones y a cada cual más variada, pero se resumen en dos realidades:

  • Una introducción que pone al lector en antecedentes y con ganas de saber más.
  • Una explicación sobre la intención del autor con su obra y un breve recorrido por su trayectoria, pero no para destacar sus publicaciones anteriores, sino, más bien, mostrar el camino interior que surge a través de sus letras.

Creo que ambos modos de iniciar una obra pueden ser útiles para entender qué hay detrás de las páginas de un libro, cuáles son los intereses del creador, cuál es la intencionalidad que subyace y revelan los personajes. Eso sí, no hace falta que detalléis ciertos aspectos de vuestra vida personal si no estáis muy seguros de que el día de mañana esas relaciones se vayan a mantener, algo así como con las dedicatorias o los agradecimientos.

A modo de final, añadiré que otro día lo mismo me dedico a hablar de los epílogos que me he encontrado en algunas novelas. Desde aquel que no ha sido escrito por el autor a aquellos que en pocas páginas tratan de tapar todos los agujeros, incoherencias y cosas raras que se encontraban a lo largo de la narracción.

Aunque, para cosas raras, recuerdo aquella vez que vi en Facebook a una autora que iba recabando los nombres de otros autores y lectores para añadirlos a su lista de agradecimientos, llegando a juntarse con más de un centenar. No sé si su idea era aumentar el número de páginas para sumar ingresos en la lectura del Kindle Unlimited o que hubiera muchos posibles compradores azuzados por ver su nombre incluido en dicha lista al final de la obra. Fue durante un tiempo chascarrillo malintencionado en las redes. Está claro que cada uno puede gestionar su trabajo como quiera, aunque son formas que al final denotan poca seriedad.

Y ya está el mundillo raro como par no ser serios, ¿verdad, Lope?

Opinión

Los dados de Dios

La frase Dios no juega a los dados la pronunció Albert Einstein como forma de crítica hacia ciertas teorías de la física cuántica. Con el paso del tiempo ha sido usada, ya fuera de contexto, para justificar muchos razonamientos. Lo gracioso del caso es que el mismo científico casi tuvo que rectificar porque se llegó a demostrar que, en algunos momentos, Dios en efecto juega a los dados.

Esta semana he sido yo la que ha tenido que lanzarlos, de manera figurada, ya que he disfrutado de siete días de un continuo ir y venir a eventos culturales. Incluso me he visto obligada a descartar algunos debido al volumen de los que se han desarrollado en el entorno de la Bahía de Cádiz. Debo reconocer que, pese a mi deseo de contar con el don de la ubicuidad, no se puede estar en todo. Para que la decisión tomada no supusiera agravio a ninguna parte organizadora, nada mejor que dejarla en manos del azar. Así que, aprovechando uno de los regalos de mi cumpleaños, precisamente un juego de dados para partidas de rol, decidí poner en sus manos la resolución.

¿Sabes lo que supone que en cuestión de tres días haya cuatro presentaciones literarias, alguna casi coincidente en fecha y hora? Para mí, un sufrimiento. Me hubiera encantado haber asistido a cada una de ellas. Sobre todo porque los autores son amigos con los que he compartido muchas veces encuentros o, incluso, editorial.

¿Recuerdas las contraprogramaciones de las cadenas privadas? Pues la misma sensación he vivido. Y lo que más me ha llamado la atención es que una editorial tuviera la presentación de dos de sus autores el mismo día en diferentes puntos de la ciudad y con media hora de diferencia. Me veía con la música de fondo de la saga Misión Imposible, corriendo a carajo sacao, que diríamos por aquí, para ver si podía llegar a ambos eventos. Ahí estaba con mis dados, nerviosa como en un casino, esperando que cuando dejaran de rodar me dieran la solución a tan espantoso dilema. Eso sí, mi cerebro no dejaba de picarme con una lacerante curiosidad, pues era grande su interés por saber a que se debía esa contraprogramación de eventos realizados por la misma editorial. Con toda probabilidad escondieran un motivo de marketing desconocido para mí, profana en esas lides. A fin de cuentas, de marketing y publicidad solo conozco lo referente a mis libros, nunca osaría poner en duda el conocimiento ajeno en ese campo, y, es más, prefiero seguir siendo virgen en esas problemáticas. Pero mi puñetero cerebro de analista de sistemas no dejaba de preguntárselo.

Imagino que los otros actos, a los que no pude asistir, lograron un éxito de asistencia y ventas, como lo fueron a los que pude ir. Pero siempre me quedará la duda de si tanto ordeñar la vaca, al final acabará habiendo leche para todos. Eso sí, lo que espero es que aquellos dos autores que compartieron editorial, el día y la franja horaria de sus presentaciones, no tuvieran amigos o familiares en común. Me los veo con el compromiso de encargar un avatar o un clon con el que cubrir el expediente. Les aconsejo que, si se deciden por esa opción, deben hacer el pedido con tiempo a Shein o Timu, ya que tardan mínimo dos semanitas en enviarte uno a tu casa con todas las garantías.

Al final me dieron la solución sin tener que tirar de dados y todo se resolvió sin más complicaciones. Como bien he dicho, había otras presentaciones, una de ellas en San Fernando, en su Centro de Congresos. Allí me encontraría a la compañera de AMEP, Carmen Moreno, con su último trabajo, titulado La copla Queer. Desde los Fenicios hasta Rocío Jurado. Un viaje a través de la historia de la copla remontándonos, aunque no te lo creas, hasta época fenicia.

Una de las ventajas del asociacionismo, como ya he comentado en otras entradas, es el apoyo entre los miembros del grupo, ya sea a través de las redes o de forma presencial. Así, al publicitar la compañera Carmen Moreno su presentación, no tuve dudas en recoger mis dados, pintarme la raya del ojo, juntarnos otros amigos autores y montar la expedición a la ciudad vecina. Y tras finalizar el acto, entre anécdota y chascarrillo, nos tomamos unas cervecillas, con lo que puedo decir que fue una tarde muy bien empleada. Pero eso no quita que mi cerebro siga machacándome con la cuestión de fondo, esa con la que inicié esta entrada. ¿No habría una manera coherente de coordinar las presentaciones y que no ocurra la duplicidad el mismo día y con media hora de diferencia entre varios actos? Es que parece que se hagan un Froilán (para quién no lo sepa, una manera de ponerle nombre a darse un tiro en un pie).

Posiblemente cada autor tendrá su público, pero es una lástima. Siempre he pensado que el exceso de oferta de un mismo producto acaba mermando su valor y si ya de por sí se tiene poca estima a la cultura, añade a eso una sobreabundancia de ofertas. El resultado acaba siendo un poco deprimente pese a que, al final, puede que todo sea por tener un hueco en el candelero de las redes. Entiendo que ya soy una pureta, como diría mi amiga Patricia, y eso del apoyo al compañero debe de estar pasado de moda y no me he enterado. Entiendo que si perteneces a una editorial como Planeta y vives en Madrid es complicado asistir a las presentaciones de los compañeros a lo largo y ancho de España. Ahora bien, si eres de una localidad pequeña ese apoyo sería digno de admirar, enriquecedor y todos nos sentiríamos un poquito reyes por un día. Ahora, si uno es capaz de agujerearse su propio pie, ¿qué actitud se puede esperar frente a los otros? Pues mucho morreo cara a la galería y el palito en la rueda y la lengua viperina de puertas para adentro. Una lástima para los cuatro gatos que somos, pero así estamos y así os lo cuento.

Mi recomendación semanal se va a centrar, precisamente en el libro presentado por la autora Carmen Moreno, perteneciente a la editorial Almuzara. Además de escritora la podéis encontrar trabajando en su librería de forma habitual, La Maga https://www.instagram.com/stories/lamagalibr/3309787455634429401/?hl=es, sita en la ciudad de Cádiz, muy cerquita del estadio de futbol.

Lola Flores, Sara Montiel, Imperio Argentina o Marifé de Triana destaparon el folclore, llevando a nuestros hogares el discurso de género oculto en las letras de sus canciones. Este análisis, minucioso y emotivo, explora la presencia constante, a menudo subyacente, de la diversidad sexual en la historia de la copla desde los albores de la civilización fenicia hasta la actualidad.

Desde los primeros compases, La copla queer profundiza en la ideología de género, en la música popular, destacando figuras emblemáticas como Miguel De Molina, apodado «la Miguela», Rafael de León o Lorca, quienes abordaron la expresión de la homosexualidad en sus creaciones, marcando un hito significativo en su aceptación y visibilidad en la esfera cultural.

La copla, saturada de guiños LGTBI, sirve como terreno de exploración a través de intérpretes como Lola Flores o Rocío Jurado, quienes no solo fueron iconos nacionales, sino también firmes defensoras de la diversidad sexual y del discurso de identidad, desafiando estereotipos y allanando el camino hacia la aceptación.

Estas páginas destacan cómo la música ha sido un poderoso medio de expresión para la diversidad de género, a través de temas que surgieron en un momento de efervescencia y conectaron con un espectro sexual y social muy amplio. Las letras de estas canciones se revelan como un catalizador para el cambio, la tolerancia y la aceptación del discurso de identidad en todas sus formas y manifestaciones… Para querer unos «ojos verdes», con sexo pero sin condición.

Carmen Moreno es una persona plena y una autora total. Con la inevitable complejidad de la sencillez».

Juan José Téllez, escritor y periodista

La presentación se inició en forma tertulia, preguntando la autora a algunos de los asistentes cuál era su copla favorita. Fui una de las interpeladas y así recordé cómo en mi adolescencia, en casa de mis padres, tanto la copla como la zarzuela eran las letras y melodías que acompañaban a nuestro quehacer diario. Me vi en esos años planchando la ropa que iba a utilizar para salir con mi pandilla mientras cantaba Ojos verdes e hice mención de ello. La mayoría de los asistentes contábamos con una edad en la que la copla y sus intérpretes estaban en pleno apogeo y entre anécdota y comentario se fue desgranando la temática del libro.

Me hice con un par de ejemplares y mi madre, con sus 85 años, ya casi ha dado buena cuenta de sus páginas, pues está escrito de una manera muy amena. Para ella supone recordar los años de su madurez, para nosotros la juventud y para muchos, que no habían nacido y que pertenecen al siglo XXI, puede suponer acercarse a una realidad que, si bien no ha desaparecido, ya no es igual que antes. No digo que le mundo de la canción, mal llamada «española», sea ahora peor; solo es diferente. Han cambiado las motivaciones que la encumbraron y todos aquellos que la pasearon por los locales de medio mundo ya no existen. Por ello no viene mal leer un libro, como el que os recomiendo hoy, y conocer de otra forma una parte de la historia de nuestro país.

mis lecturas

Me volveré «thrilera»

Un ambiente algo tenso

De unos meses a esta parte leo más thriller que novela romántica pese a ser este último género al que dedico mi tiempo como escritora. También es cierto que algunos toques de suspense y asesinato sí se pueden encontrar en mi última novela, con lo que puede que alguien piense que me voy a pasar al lado oscuro de la narrativa. No voy a negar que me tienta, pero lo mismo me ocurre con la fantasía y, como todo, no creo que se me diera mal si me empeñase. Durante un tiempo se me quitaron las intenciones de cambiar de romántica a otro tipo de historia por consejo de alguien al que, gracias a dios, le hice caso en su justa medida. Tan malo es que en tu entorno haya gente que te diga que no vales para algo como que existan aquellos que alaban en exceso una forma de trabajar y no te incitan a buscar nuevos caminos. Esto último fue lo me ocurrió hace años, cuando una persona tuvo la genial idea de recomendarme que solo escribiera romántica, con algo parecido a «zapatero a tus zapatos», pero dorándome la píldora con que yo era muy buena en lo mío. Menos mal que huelo a los aduladores a distancia.

Que no se asusten aquellos lectores que han leído mis anteriores novelas porque tampoco soy de cambios drásticos, pero sí quiero experimentar con otro tipo de narrativa, que también me atrae, si bien eso no significa que vaya a salir a la luz de la noche a la mañana un texto de fantasía escrito por mí o una novela negra. Aunque, tal como está la cosa, lo mismo vale la pena arriesgarse. ¿Y por qué te lo cuento? Porque me he quedado ojiplática con lo que leo en las redes y lo que llega a mis oídos, pese a que mi afán no es el cotilleo. Lo malo de internet y de las reuniones sociales es que al final todo se sabe, quieras o no.

Todo comenzó por un comentario gracioso y que es reiterativo cada vez que se produce un evento literario de autopublicados. La tragedia se mascó cuando pregunté a un participante que qué tal le había ido. Su respuesta fue breve: volaban los cuchillos. Fruncí el ceño a la vez que le comenté, ¿pero no era de romántica? Hubiera peligrado menos mi vida si el género hubiera sido el thriller, me respondió. Y ahí quedó todo, porque en realidad prefiero saber lo menos posible de estos dimes y diretes. También tengo que reconocer que una de las virtudes de mi interlocutor es la prudencia y no quise ponerlo en un aprieto.

No es la primera vez que me narran situaciones similares, que además he tenido la mala suerte de presenciar alguna que otra vez. Todo ello es un fiel reflejo de la vida misma, pero con alguna capa más de maquillaje, que acaba cuarteándose en menos dos. No me veo a Cesar Gellida apuñalándose con Juan Gómez-Jurado, ni en virtual, ni en analógico. Pensarás que exagero, nada más alejado de la realidad. Siempre recuerdo a una elemento conocido del mundillo literario que me ha hablado en cuatro o cinco ocasiones mal de algunos compañeros previniéndome hacia ellos. Quién me conoce sabe que valgo más por lo que callo que por lo que digo y tuve a bien no hacer caso de tanta tontería. Lo único que ocurrió con el correveidile de turno es que lo alejé de mi vida y mantuve amistad con las personas hacia las que trató de malmeterme.

Si todos los que nos dedicamos a escribir nos diéramos cuenta, de que, quitando cuatro privilegiados que no están aqui, somos más que pequeños espacios en blanco en este gran mundo literario y nos dedicáramos a mejorar nuestro trabajo, lo mismo otro gallo nos cantara. Pero no, nos esmeramos en meter palos en las ruedas, tratamos de aprovecharnos del que parece menos espabilado, no ayudamos al compañero incluso sabiendo que se va a caer y, sobre todo, lo más peligroso, no aceptamos ninguna crítica, ni comentario que pudiera enriquecernos, así nos despellejen vivos. Creo que todo se debe a que tenemos una larga cola de zalameros y no sabemos oír por encima de sus lisonjas, sin entender que, al final, nos convertimos en unos pobres infelices que vamos pisando los callos de los que tenemos alrededor, bien sea para encumbrarnos, bien para no escuchar que tampoco somos el no va más.

De ahí mi doble sentido de hacerme «thrilera». Lo mismo estoy más tranquila entre autores que se dedican a matar que con aquellos que hablan del amor y del sexo y parece que lo practican poco. Es una pena que en una actividad que para la gran mayoría, según dicen, es un hobby, la gente se comporte de esta manera. ¿Será igual en el mundillo de los que bordan a punto de cruz? Desde luego yo he tenido suerte, todo hay que decirlo, pero al igual que los amigos de verdad se cuentan con los dedos de una mano, los compañeros que ejercen de verdad como tales se numeran de la misma forma. Junto a todo esto también he encontrado escritores que sufren no solo de bloqueo lector o escritor, sino incluso de hartazgo de redes. Lo malo es que para vender un producto, que a fin de cuenta es lo que somos, en el buen sentido de la palabra, necesitamos la forma de contactar que internet pone a nuestra disposición. Pero parecemos empeñados en matar a la gallina de los huevos de oro.

Será utopía, pero me encantaría, de verdad de la buena, poder hablar de los libros de otros compañeros con ellos presentes, dónde tratáramos de la técnica, de cómo mejorarla, de otros autores que nos puedan enriquecer y de cómo aplicar sus conocimientos, sin ser rastreros o lameculos. Yo eso lo he hecho, por si alguien lo duda, y os lo he contado en otras oportunidades. Mi bilogía ha sido destripada entera hace un año. Podré estar o no de acuerdo con todo lo que se dijo, pero, gracias a esa forma de participar en una verdadera lectura conjunta, avancé en mi forma de afrontar nuevos proyectos. Todavía me queda mucho que aprender, por no decir que me falta casi todo; pero una cosa sí tengo clara y es que, así, dejando cadáveres por el camino, no es la mejor forma de jugar en esta liga. O jugamos en equipo, o apaga y vámonos.

¿Qué te recomiendo esta semana?

Esta semana me he leído un libro que vi recomendado en Instagram, no todo va a ser malo, bien sabes que adoro el tema de las navegar en internet. Me llamó la atención, para empezar, la portada porque me recordó a la de la novela La Bestia, de Carmen Mola y no andaba yo muy desencaminada; porque la ha editado en castellano Planeta, así que sigue una estética reconocible para mí. Se trata del thriller histórico titulado El libro del sepulturero, del autor alemán Oliver Pötzsch.

Soy amiga desde hace tiempo de leer este género, de autores de diversas lenguas para ver cómo afrontan estas tramas en otros paises. Desde que se puso de moda la novela negra sueca he seguido esa tónica y todos los años alguna novedad que no sea anglófona cae entre mis manos. Eso me sirve también para conocer distintas estructuras narrativas y la construcción de los ambientes y los personajes. Puedes creer que por ser todo novelas de la misma temática eso no se nota, pero no es así. No sé si eres fan de James Bond o de películas de género negro o policiaco, pero se nota solo con ver la forma de actuar de los actores si es de un país o de otro. Eso mismo ocurre con las series o telenovelas, que si bien no es algo que vea, sí es cierto que como ejemplo me vale, porque si tú las sigues, tampoco es igual la forma de afrontar la historia de una rodada en latinoamérica, una española o las de tan de moda provenientes de Turquía. Soy de las que creo que de todo y de todos se aprende.

Ya te aviso que te enfrentarás a una trilogía, aunque de momento he acabado de leer el primero y solo está publicado el segundo.

En el Prater, el parque más importante de la ciudad, aparece el cuerpo de una criada asesinada de forma brutal. Leopold von Herzfeldt, un joven inspector de policía, será el encargado del caso, a pesar de no contar con el favor de sus colegas, que no quieren saber nada de sus novedosos métodos de investigación, como la inspección de la escena del crimen, la obtención de pruebas o la toma de fotografías. Leopold tendrá el apoyo de dos personas del todo dispares: Augustin Rothmayer, el sepulturero mayor del cementerio central de Viena, y Julia Wolf, una joven operadora de la recién inaugurada central telefónica de la ciudad con un secreto que no quiere que salga a la luz.

Leopold, Augustin y Julia se verán inmersos en los profundos abismos ocultos tras las puertas de la glamurosa ciudad en una carrera para dar con un asesino despiadado que sembrará Viena de cadáveres inocentes.

Misterio, venganza y muerte en la Viena de 1893.

Ya te he hablado de que la portada me llamó la atención y posteriormente la sinopsis me confirmó que iba por buen camino. Página tras página voy avanzando en la Viena de finales del siglo XIX gracias a una cuidada ambientación, pero sobre todo a un esmerado léxico, ese que tanto echo en falta en las mal llamadas novelas seudohistóricas que tanto pululan por estos medios. Entiendo que usar el vocabulario adecuado es un trabajo añadido a la buena sintaxis y a otros elementos necesarios para tener una buena pluma. En todo caso, si no consideras que eso sea necesario, mejor que te dediques, si eres escritora, a otro oficio. Porque la clave de este está ahí. A fin de cuentas, la mayoría de los autores que piensan que no es útil si la historia es buena es por pereza y porque prefieren hacer un libro del montón.

Ten en cuenta que no hablo de el uso de palabras difíciles que lastren la lectura, solo pido el término adecuado. Te voy a nombrar unos ejemplos que a buen entendedor pocas palabras bastan.

Puedes. en un párrafo, poner que sacó su reloj de bolsillo y jugó con la cadena tras mirar la hora, pero también expresarlo de otra forma, como que se sacó la saboneta del bolsillo y jugó con la leontina tras mirar la hora. ¿Qué puede suponer eso al lector o a otro escritor? Pues que aprenda palabras propias de la época y que si lo usa en alguna narración se perciba que es que sabe de su oficio. Eso es lo que marca la diferencia y es algo que aprecio en este libro desde el inicio de su lectura. Junto a estas, remarcadas en negrita, me he encontrado otras que me han encantado y que he guardado en mi repertorio para un uso en el futuro:

  • Saboneta
  • Bruna
  • Marquesota
  • Amarrido
  • Andorrera

Además he aprendido otra: Biedermeier, que es la denominación de un gusto y estilo literario y artístico, especialmente ornamental, que se desarrolló en el Imperio Austriaco el resto de la Europa Central, entre el periodo del Congreso de Viena (1814-15) y 1848. Inicialmente designaba al sobrio estilo del mobiliario y las artes decorativas característicos de esa época y lugar y posteriormente el término fue aplicado, por extensión, a ciertas producciones pictóricas y literarias del mismo período, caracterizadas por rasgos románticos  y por una bondadosa sátira del mundo pequeño burgués.

Seguro que alguno de vosotros se ha sentado alguna vez en una de estas sillas que hoy en día perduran. Las hay tanto originales, porque fueron creadas para durar, como copias realizadas por una amor hacia lo vintage. Son un clásico en la filmografía de época.

En cuanto a la historia y la trama, están muy bien llevadas pese a no ser novedosas. Hay retazos de aquí y de allá que vienen a mi memoria como destellos de otras lecturas de asesinatos en serie y de casos reales, como el de Jack el Destripador. De hecho, el autor hace referencia a estos hechos, acaecidos en Londres unos años antes, en boca de uno de los policías. Me ha sorprendido el uso de algunos de los personajes históricos, como la de miembros de la familia Strauss, que en ese momento de finales de siglo se hallaban en la cumbre del éxito, a tal altura que eran prácticamente intocables, o del hermano pequeño del emperador Francisco José I, todos ellos muy bien encajados en la historia. Oliver Pötzsch describe muy bien ese abismo que marcaba la clase alta en plena decadencia y una clase baja que trata por todos los medios de salir de sus miserias. Entre ambas, la burguesía con aires de nobleza que hace de tapón para ambas realidades. Y todo ello aderezado con unos asesinatos, en una sociedad de la que el emperador estaba muy orgulloso porque consideraba que había logrado en su imperio que todas las culturas del territorio estuvieran bien avenida, señal de que todo era un gran globo dispuesto a estallar dos veces a lo largo del siguiente siglo. Ya se dan apuntes de odio intercultural entre alemanes y austriacos y entre estos dos y el resto, como se ve en el amago que se hace de acusar a los judíos de los males del imperio. Un estupendo caldo de cultivo para que, como he comentado, se encumbrara en el poder, tras unas elecciones, un pequeño cabo bávaro llamado Adolfo.

Una historia que te recomiendo porque tiene muchas lecturas, la de los asesinatos propiamente dicha, o la de la psicología de los protagonistas, cada uno con sus mochilas. Un policía que no solo enfrenta sus novedosos medios con la inamovible estructura policial de la Viena decimonónica, anclada incluso en el siglo anterior sino que ya viene con un pasado duro que le marca a lo largo de la investigación; una telefonista de la comisaría a la que llaman corderito, aunque su apellido es Wolf, un interesante juego de palabras, y, junto a ellos, el sepulturero, que ve cómo su vida, hasta entonces muy apacible, cambia de forma radical con la aparición del asesino en serie. Pese a que siempre le podemos encontrar un pero, para mí ha sido un gran descubrimiento literario. Al que le sumo la buena ambientación socio-política en la que se envuelve la trama y con la que le pone un gran lazo.

Sin duda no será la única novela que leeré de esta trilogía, pese a que hasta la fecha solo están publicadas dos y amenazo con contaros más de este autor.

Opinión

La risa

¿Sabes que hay diversos tipos de risa? La podemos clasificar de la siguiente forma:

  • Risa falsa, la que se produce de manera voluntaria e intencional.
  • Risa franca, de forma natural e involuntaria.
  • Risotada. La risotada se trata de una risa ruidosa.
  • Risa social.
  • Risa inoportuna.
  • Carcajada.
  • Risita.
  • Risa tonta.

Matías Battistón en el prólogo de La risa, de Stendhal, cuenta que cuando el escritor francés llega en 1806 a París lo hace con dos objetivos muy claros: convertirse en un seductor de mujeres y ser un autor de comedias, sucesor de Molière. Es curioso que se haya propuesto estos dos objetivos porque, risa y erotismo se anulan entre sí, no puede ser simultáneo: allí donde surge la risa no puede darse el erotismo. Pero también es cierto que si Stendhal quería convertirse en un galán, el hacer reír a una mujer lo postularía, posiblemente, como un cautivador candidato.

Los humanos tenemos una serie de características que nos distinguen del resto de los seres vivos de la tierra. Una de ellas es la creación artística y, otra, la de reírnos y hacer reír a nuestros semejantes.

Fíjate si la risa es importante que, en la novela El nombre de la rosa, que Umberto Eco crea un debate que acaba llevando a los protagonistas a vivir una aventura en la que se juegan la vida.

La risa es la debilidad, la corrupción, la insipidez de nuestra carne. Es la distracción del campesino, la licencia del borracho. Incluso la iglesia, en su sabiduría, ha permitido el momento de la fiesta, del carnaval, de la feria, esa polución diurna que permite descargar los humores y evita que se ceda a otros deseos y a otras ambiciones… Pero de esta manera la risa sigue siendo algo inferior, amparo de los simples, misterio vaciado de sacralidad para la plebe. Ya lo decía el apóstol: en vez de arder, casaos. En vez de rebelaros contra el orden querido por Dios, reíd y divertíos con vuestras inmundas parodias del orden… al final de la comida, después de haber vaciado las jarras y botellas.

El nombre de la rosa, de Umberto Eco

Si tienes tiempo y curiosidad, te recomiendo que busques el fragmento completo de este extracto que te he puesto. En él verás la maravillosa argumentación que el fraile Jorge de Burgos hace en contra de esa característica tan humana y que, en ese debate en la abadía benedictina, se consideraba pecaminosa.

Este enfrentamiento ideológico gira alrededor de un libro, el segundo de la Poética de Aristóteles, manuscrito que, según la trama, está desaparecido desde la Edad Media y en el que supuestamente el filósofo realizaba una defensa de la comedia y el humor como posibilidad de cuestionar los absolutos establecidos. El personaje de Burgos representa aquí una ortodoxia autoritaria, aferrada al pasado, paradigma del buen cristiano, enfrentado a Baskerville, que cuestiona la ortodoxia, proclama «Yo busco la verdad», considera que nada es definitivo y que todo debe ser reinterpretado y contemplado con un sano escepticismo, con ayuda de la razón.

En resumen, la risa como elemento subversivo es un agente desencadenante de las muertes que suceden en la novela. Así podemos leer como algo tan sencillo y que se presupone a priori como la base de una obra cómica acaba siendo el hilo conductor de una novela de crímenes y misterio.

Pero este interés por la risa, en el ser humano y la manera de plasmarla por escrito para el disfrute de sus semejantes, ya nos viene de antiguo. En época romana ya se diferenciaba la risa del humor, definiéndose este último como una actitud alegre y complaciente, si hablamos de buen humor, por supuesto. En cambio, el objeto de nuestra entrada es una respuesta biológica producida por el organismo como respuesta a determinados estímulos. Muchas veces, detrás de la risa se esconde la sorna, la burla, el escarnio o, peor aún, la crueldad, con lo que los estímulos pueden ser no solo positivos y de buen humor.

Si quieres acercarte a los clásicos, te recomiendo dos obras fundamentales:

El Eunuco, de Publio Terencio. Te dejo el enlace por si la quieres leer gratis en la Biblioteca virtual Cervantes https://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/el-eunuco–0/html/001898de-82b2-11df-acc7-002185ce6064_2.html

La protagonista de la obra es Tais, una joven cortesana de la que están enamorados dos personajes: un joven, de nombre Fedria, y un militar llamado Trasón. El primero le regala a Tais un eunuco feo y viejo, mientras que el segundo le ofrece una bella esclava de dieciséis años, Pánfila.

Querea, el hermano de Fedria, se enamora de Pánfila y, haciéndose pasar por el viejo eunuco, se introduce subrepticiamente en casa de Tais. El caso es especialmente grave, por cuanto Pánfila no es una esclava, sino una muchacha libre a la que Tais piensa devolver a sus padres. Sin embargo, como es habitual en el género, al final todo se solucionará y se llegará a un desenlace feliz gracias a la boda de Querea con Pánfila. Mientras tanto, Tais se reconciliará con Fedria.

La segunda obra que te recomiendo, en este caso es griega: Las nubes, del comediógrafo ateniense Aristófanes. Además, es una de las bases del humor occidental (de las comedias Lope de Vega, por ejemplo). Añado también el enlace para descargarla de forma gratuita, puesto que está libre de derechos y no hay ningún problema en ponerla para quién esté interesado. https://biblioteca.org.ar/libros/150355.pdf

Trata de un padre, Estrepsíades, y su hijo Fidípides, un joven fanático de la hípica y los caballos cuya diversión le sale bastante cara a su padre, que ha contraído una serie de deudas por dicha pasión.

Va directo a la ruina y no tiene interés en pagarle a los acreedores, por lo que idea un plan que lo sacará de problemas. Mandará a su hijo a estudiar al Pensadero, una especie de escuela donde enseñan, por dinero o cosas de valor, las diversas disciplinas sofísticas y especialmente el argumento justo y el argumento injusto, que lo sacarán de todas las deudas al poder ganar los juicios en su contra.

Hoy en día no es sencillo, saliendo del teatro, encontrar narrativa cómica escrita que genere la risa como respuesta. Siempre se ha dicho que es más sencillo hacer llorar, e incluso enamorar, que hacer reír. También es sabido que para contar un chiste y que el público se ría se necesitan dos condiciones: que sea bueno y que quién lo cuente tenga gracia y no lo destripe. Puedo aseguraros que soy de las que no la tengo, pero sí distingo cuando un chiste es bueno o no lo es y por eso mismo me cuesta tanto trabajo encontrar narraciones que de verdad me hagan gracia. Aunque es cierto que hay monologuistas y programas como El Club de la Comedia que son espectaculares y lo bordan y ahí sí he soltado más de una carcajada. En este tipo de representaciónes se juega con factores que favorecen, como la entonación, la intencionalidad que puede modularse a gusto del actor, ganarse la complicidad de los espectadores, el lenguaje corporal, etc. La cosa cambia ya cuando hablamos de hacer lo mismo, pero por escrito. Si hablo por mi experiencia como lectora, puedo decir que recuerdo pocas novelas chistosas y con diálogos ocurrentes que lograran que soltase una carcajada recuerdo. Es cierto que lo que nos causa risa a unos, no les parece gracioso a otros. Este tipo de reacción es como los gustos y los culos, que cada uno tiene el suyo. Seguro que, al igual que yo, eres consciente de la dificultad que supone hacer reír. Lo único que te puedo confirmar es que, como todo en la vida existe, una técnica para que, si se intenta, se pueda abordar con algo de éxito.

Al igual que se aprende a escribir una novela o un guión, desarrollar una historia con tintes que nos produzcan hilaridad tiene su mecánica. Buscando aquí y allá he localizado una serie de consejos que se pueden consultar en caso de querer explotar nuestra vena chistosa a lo largo de una trama. Para empezar, no es necesario que todo tenga que ser divertido ni estar llena de chistes; en realidad, basta con que consigamos humor en uno o dos de estos apartados:

  • La trama
  • Los protagonistas
  • Un personaje secundario
  • Situaciónes concretas
  • Choque entre personajes
  • Diálogos
  • Pensamiento de personajes

Tras elegir alguno de estos apartados, pasamos a buscar formas para potencias el humor:

  • La exageración: Si tienes una escena o momento que te parece divertido, prueba a exagerar aún más eso que hace gracia.
  • Lo inesperado: No solo provocas diversión, también impactas a quien te lee con algo que le sorprende. Es una de las técnicas más difíciles de usar.
  • La repetición: Si un elemento, una frase o un gag hace gracia, se puede repetir (y llegar a ser hilarante); pero, incluso, hay veces en que una frase o un gag no son divertidos de por sí, pero lo son cuando se repite (porque causa sorpresa y es algo exagerado).
  • La regla de tres: Si no sabemos cuántas veces escribir o repetir un elemento, en cuántas partes o fases dividir algo en escritura… hazlo en tres y, seguro, va a funcionar. Y eso incluye a los chistes.
  • Ritmo: Un chascarrillo puede perder toda la gracia si el ritmo es lento. Si quieres que una escena sea divertida y no acaba de convencerte el resultado, la solución es esta: ¡mete la tijera! Empieza a recortar hasta dejar lo imprescindible. De hecho, simplemente, con un ritmo más rápido muchas veces, el gag o situación se hace más divertido sin necesidad de añadidos.

Y tres consejos:

1.-Conoce bien a tu personaje y úsalo al máximo

2.-Aprovecha la ambientación

3.-Que te haga gracia a ti primero

Como recomendación de libro semanal y que me hizo soltar alguna risa, te traigo uno que leí hace tiempo.

Año 2049. La industria alimentaria mundial está gestionada por los chinos, que han acaparado los mercados y dirigen establecimientos dedicados en exclusiva a la hostelería y al ocio. Media humanidad se alimenta de productos que se extraen de la soja, el maná del siglo XXI. Euskadi es el último reducto donde se conserva intacta la tradición gastronómica, casi una religión, y da cobijo a quienes quieren luchar contra la gran invasión china y sus productos.

Carlos Zabala es un joven sin más talento que haber nacido en una familia propietaria de un famoso restaurante que atrae a su clientela gracias a su tarta de queso, receta secreta de la abuela. Un desgraciado día Carlos se ve inmerso en una misión que cambiará su vida para siempre: sonsacar a la anciana mujer repostera la receta del exitoso postre para preservar así el futuro de la familia Zabala. ¿Será capaz de conseguir tan ansiado secreto?

Si conoces alguna obra que te haya causado carcajadas aprovecha y compártela en comentarios.

Opinión

La lectura basura

¿Cuáles son los beneficios de leer?

Lo cierto es que tiene bastantes ventajas, casi tantas, salvando las distancias, como la dieta Mediterránea.

  • Mejora el lenguaje
  • Fortalece la concentración
  • Alimenta la imaginación
  • Desarrolla la memoria
  • Facilita la comunicación
  • Ejercita el cerebro
  • Mejora la ortografía
  • Amplía el vocabulario

Seguramente se me queda en el tintero alguna que otra porque luego cada persona es un mundo, pero cualquiera de los bienes de consumo que nos publicitan hoy en día y que nos volvernos locos por conseguir apuesto a que tienen menos utilidades que la lectura de un libro. E, incluso, a este listado añadiría la cita:

 Un lector vive mil vidas antes de morir. El que nunca lee solo vive una»

George R.R. Martin, escritor y guionista.

A los españoles siempre se nos ha tildado de seres pasionales y que nos movemos en los extremos y, por supuesto, esos extremos al final acaban tocándose. Si nos remitimos a las estadísticas que pululan por internet, podemos hablar de las horas que dedican los habitantes del mundo a la actividad de leer.

De acuerdo con el estudio Hábitos de medios, elaborado por la agencia NOP World, los países que más leen se ubican de la siguiente manera:

Tailandia cuenta con alto nivel educativo y, según las estadísticas, sus habitantes dedican 9.4 horas a la semana a la lectura.

China es la segunda nación que más horas emplean sus lectores, con ocho a la semana.

En Egipto y Filipinas, en cambio, su población dedica un promedio 7.3 horas a la semana.

Los pobladores de la República Checa, por su parte, invierten un promedio de 7.24 horas semanalmente.

¿Y en España?

Según otro estudio, España se sitúa en el puesto 20 de los 30 países analizados, con una media de lectura de 5.4 horas de lectura a lo largo de una semana. Esos datos así, en realidad, no nos dicen nada, porque no sabemos la calidad de la lectura que, a fin de cuentas, es lo que a mí me interesa.

El último Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros en España, publicado en 2021, indica que el 67,9% de la población española lee libros. La mayoría, un 64,4%, lo hacen por ocio aprovechando su tiempo libre. En lo que se refiere a sexos, las mujeres superan a los hombres en prácticamente todos los grupos de edad, excepto a partir de los 65 años. 

¿Sabes cuántos libros se pueden leer en 30 días? De nuevo, dependerá de nuestro perfil lector, del tipo de libro y de algunas habilidades que también nos pueden ayudar: capacidad de comprensión, de concentración, aplicar técnicas de salteo o de lectura superficial, entre otras. 

Por supuesto, también influye el tiempo que dedicamos a la lectura. Si renunciamos a mirar la tele o el móvil, seguramente ganaremos un tiempo precioso para destinar a los libros. Algunos expertos aseguran que combinar formatos de lectura —libros en papel y digitales— también ayuda a mejorar nuestro ritmo lector. 

Así pues, con todos estos trucos y habilidades podríamos llegar a leer más de 10 libros al mes. Pero lo normal es que la cifra sea algo inferior, entre uno y cuatro en función de nuestro perfil lector. A esto añadiría si vamos por la calidad o por la cantidad y si leemos para acumular o para disfrutar de la lista de ventajas que he puesto al principio de mi artículo.

Si nos aproximamos a los libros con la técnica del salto o de la lectura superficial dudo mucho de que esos beneficios, antes mencionados, los lleguemos a disfrutar. Es como la comida basura: comemos, pero no nos alimentamos adecuadamente; leemos, pero es para nada puesto que lo más posible es que nos resbale como si nuestro cerebro estuviera rodeado de una cubierta impermeable. Entonces, si eso nos ocurre, en realidad, ¿para que leemos?

Para mí es la única forma con la que alimento a mis neuronas, que se vuelven bastante pesadas y ansiosas clamando por leer algo que de verdad las llene. Es cierto que, de vez en cuando, me puedo permitir el lujo de devorar un libro y que este sea de una trama más superficial, lo que llaman de lectura rápida y sencilla porque su vocabulario y la historia no exigen mucho esfuerzo de comprensión lectora. Eso lo comparo, y perdonen los puristas amantes de los libros, con la comida basura que, si bien no es mala cuando no se abusa de su ingesta, en realidad no es una dieta muy recomendable. Reitero mis disculpas porque no es que diga que ese tipo de libro al que me he referido unas líneas más arriba sea una basura, pero, si nos acostumbramos a deglutir y digerir con rapidez ese tipo de lectura, ¿pensáis en serio que cumplirá los beneficios listados al principio? Creo que como mucho fortalecería la concentración, porque hay que ser y estar reconcentrado para meterse libros de esta manera en nuestro cerebro.

Esto lo digo porque he visto en las redes una especie de competiciones que me han llamado mucho la atención. Se trata de leer más de dos centenas de libros al año, acercándose peligrosamente a la lectura de un libro al día. Me han dado ganas de realizar un cuestionario a estos hábiles lectores para que me pormenorizaran una serie de cuestiones:

  • ¿Dan algún premio por hacer esa carrera contrarreloj de acumulación de lectura anual?
  • ¿De verdad, pero de la buena, de la de te lo juro por Snoopy y las bragas de Mafalda, disfrutan de esa lectura?
  • ¿Son capaces de recordar lo que han leído una vez que han llegado a la palabra «FIN»?
  • Si además son escritores, que de esos algunos hay en estos rankings, ¿les sirve para mejorar la ortografía, ampliar su vocabulario o les embellece su lenguaje?

Entiendo, en cierta medida, esa tendencia de acumular libros mes tras mes y que los japoneses, tan amigos de bautizar actitudes usando una sola palabra, han denominado «Tsundoku», o sea, el hábito, muy arraigado en ciertas personas y relacionado con la bibliomanía, de la adquisición de todo tipo de lecturas, pero dejando que se amontonen en la vivienda, sin leerlos. A fin de cuentas, los libros suelen tener portadas bonitas y son decorativos, pueden incluso dar caché a nuestra foto diaria en Instagram. Pero claro, llega un momento en que nuestra casa rebosa, como nuestros cerebros, y al final acumulamos cientos de libros descargados en nuestro ebook y cuya función es tan inútil, desde mi punto de vista, como la de leer por leer y subir la fotito a los challenges de las redes sociales.

Toda esta acumulación de palabras amontonadas de manera sistemática la podría entender en un autor que necesitase información, aprender, desarrollarse en su oficio y cumplir lo de mejorar la ortografía y ampliar su vocabulario. Pero luego nos encontramos con que la mayoría de esos lectores, que además quieren ser escritores, mantiene otra media española, la que nos habla de que, si bien podemos llegar a conocer 30.000 palabras, la realidad es que se usan en la comunicación una media de 300 y, si se es más culto, se llegará hasta unas 500. Lo malo es que escriben como hablan, sin más filtros. ¿Os imagináis una novela de 500 páginas en la que solo se han usado, seamos generosos, 500 palabras? Me puedo querer morir. De hecho he llegado a tener una amago de empacho porque yo también he participado, por ignorancia, en este tipo de actividad; así que, como acostumbro a la hora de escribir en mi blog, hablo con conocimiento de causa.

Pues es esto lo que me encuentro en las redes sociales al iniciarse el año. En Enero veo lectores y autores que no hablan del beneficio que les ha aportado un libro a la hora de recomendarlo. Nos podrían transmitir sus sentimientos al acercarse a la historia plasmada con esfuerzo por un autor, lo que les ha hecho reflexionar esa lectura o el conocimiento que les ha aportado en vocabulario o en experiencia de vida; pero no, lo único que ponderan es la cantidad. Me recuerda a esos concursos yankees en los que resulta ganador aquel humano capaz de devorar en el menor tiempo posible la mayor cantidad de comida basura.

Desde mi humilde opinión y breve experiencia en este tipo de actividad, dicha forma de leer poco puede aportarnos ya que, como he dicho antes, nuestro cerebro, a poco que sea medianamente inteligente, desecha este tipo de estímulos en cuanto los identifica. Nuestras neuronas tienen cosas más interesantes que hacer que dedicarse a acumular información inútil. Poseen un mecanismo automático de supervivencia, que nos viene programado desde nuestros ancestros, que hace que olvidemos aquello que no les aporta nada. Son más listas ellas que la Marie Kondo, eso ya os lo digo yo.

Por lo tanto, si nuestro cerebro tiene la tendencia a que se la sude ese tipo de información inútil y acabamos quedándonos con las 500 miserables palabras de vocabulario de todos los días, ¿para qué coño leemos? ¿Es solo un disfrute momentáneo, como el de la comida basura, que no nos ofrece nada en realidad puesto que ni siquiera somos capaces de verbalizar ese aporte a la hora de recomendar esos libros en las redes? Escribimos reseñas automáticas, donde las palabras y argumentos son también repetitivos: lectura ágil, trama fresca, alocado, ligero. Vamos, la hamburguesa de McDonald representada en un libro. Que, como he dicho, para consumo no habitual es perfecto, no siempre tenemos que leer el mismo género de novelas; pero, si pretendemos ser escritores y mejorar un poquito en nuestro trabajo, mejor no hacer de esto un concurso de a ver quién engullir mayor cantidad de libros a lo largo del año. Así no me extraña que haya usuarios que hablen de bloqueo lector, para mi este tipo de reto supuso un hartazgo mayúsculo.

Al igual que nos preocupamos mucho de nuestra salud física, sería recomendable preocuparnos de nuestra salud mental. Es fundamental alimentar adecuadamente nuestro cerebro, aportarle nutrientes que de verdad nos valgan para crecer en la producción de nuestras obras. Por nuestro bien y el de los lectores, que los habrá para todos los gustos, presumamos de lecturas de calidad y con fundamento, y no de la cantidad, para quedar muy cools en una foto.

Opinión

Tramas LGTBI+ ¿visibilidad o negocio?

Vaya por delante la declaración de que es un tema en el que estoy muy sensibilizada, que tengo personajes LGTBI+ en mis tramas y una hija que se encuentra en plena transición de género. Esta declaración, así de primeras no me hace autoridad, pero espero que evite la sospecha de desconocimiento sobre el tema y que hablo por hablar. En realidad, he dedicado bastante tiempo a observar, investigar, preguntar y leer artículos sobre este nuevo apartado literario que lleva queriendo surgir entre los autores desde hace tiempo. De momento lo que confirmo es que no soy la única autora o lectora a la que le ha llevado su investigación alcanzar una serie de conclusiones similares a las que me gustaría compartir en este inicio del año. Sé perfectamente que mi opinión puede llevar a rozar la polémica, pero si evitara hablar de temas que me inquietan no tendría sentido el tener un blog.

¿Por qué me he decidido a escribir sobre este tema?

No sé si he tenido mala suerte a la hora de acercarme a este tipo de temática, y ahora os desarrollo el porqué de mi apreciación, o es que es lo habitual que se encuentra en el mercado. Para empezar, se supone que la idea de la lectura, entre otras muchas cosas, es acercarnos a diferentes realidades y darnos a conocer otros mundos, pensamientos, inquietudes y maneras de sentir que a veces no están a nuestro alcance de una manera ordinaria.

Todo empezó hace tiempo, cuando un antiguo jefe, durante un curso de formación en ventas, me indicó que a los clientes y a los compañeros a los que dirijo en mi equipo de ventas son individuos a los que no puedo ni debo etiquetar, y ahí le interrumpí apuntando mi discrepancia. Con toda tranquilidad se la fundamenté y, pese a haber pasado más de 20 años, sigo pensando que parte de mi argumentación se mantiene en vigor y la usaré, por lo tanto, para apoyar esta entrada.

En ese momento, le indiqué que para poder trabajar con compañeros y clientes tenía que conocerlos bien para saber hasta dónde podían dar de sí. Tener claro cuáles son las fortalezas y debilidades ayuda para que todo el mundo desarrollara su potencial y así evitar errores.

¿A qué viene esto si estamos hablando de literatura LGTBI+?

Pese a que seguimos queriendo normalizar una realidad actual de las relaciones humanas y no queremos etiquetar a las personas, caemos en la etiqueta y en el gueto al catalogar las tramas, no por la historia que narren sino por la relación personal que tienen los personajes. Si una persona es rubia, alta, con pecas, es diabética o calva. ¿Por qué no hay literatura juvenil para personas rubias o para jóvenes pelirrojos con pecas? Será porque es algo que nuestra sociedad tiene normalizado. Incluso no hay literatura especial para personas albinas y mira que no es algo tan habitual dentro de la sociedad pese a que en España hay 3000 nacionales que tienen algún grado de albinismo. Teniendo en cuenta que a estas alturas del S. XXI debe haber más personas del colectivo LGTBI que albinas, ¿de verdad es necesario crear una literatura específica para jóvenes y adultos en las que se etiquete como trama LGTBI? Hasta ahí había llegado mi pensamiento, pero quién me conoce sabe que hago de abogado del diablo conmigo misma y tenía que avanzar más en el tema, no me podía quedar en lo que ya intuía como la superficie. Me armé de paciencia y me lancé a bucear.

Lo primero que me planteé fue buscar argumentaciones para esa necesidad de crear un subgénero literario relacionado con el colectivo mencionado y que además incida tanto en los lectores jóvenes. Y ahí se fundió la realidad del momento con otra cosa que yo ya sabía, lo que no se nombra no existe. Es cierto que, en apariencia, las reivindicaciones y la situación de los grupos LGTBI están muy avanzados, pero nada más alejado de la realidad. Es algo que lo vemos en el día a día, en cuanto más se rasca en la superficie más mierda sale, demostrando que el avance es en su gran mayoría teoría y no realidad, e incluso, ni siquiera llega a teoria en muchos ambientes.

Una de mis fuentes ha sido un libro del autor Nando López La edad de la Ira pues estaba buscando una literatura adulta y no la que de forma habitual recomiendan en las RRSS. Quería salirme de la trama tradiciona que, en exclusiva, me habla de personajes atormentados porque están descubriendo su identidad y no saben cómo asumirla. No porque no considere que sean necesarias historias desde ese punto de vista sino porque quería profundizar algo más. Junto a eso he querido buscar en el siglo XX autores y novelas que trataran temáticas similares. Puede parecer que este género literario es algo moderno y que se ha visibilizado en pleno siglo XXI, pero nada más alejado de la realidad. Existir, siempre ha existido con más o menos fortuna y ha ido bandeándose de forma encubierta dentro de las estanterías de muchos lectores. La lectura de ambos libros, este que os he nombrado y el que nombraré mas adelante, ha aumentado mi conocimiento, mi inquietud y mi lista de preguntas y conclusiones, tanto que no sé si llegaré a poder explicarlo con claridad porque mis sentimientos son encontrados. ¿Por qué digo esto?

Mi deseo hubiera sido poder decir que la literatura de temática LGTBI no es necesaria porque vivimos en un mundo en el cual no debería de afectar al lector ni con quién se acuesta el autor ni con quién lo hacen los personajes de una novela. Pero me temo que no es así desde dos puntos de vista.

Desde el punto de vista del autor, porque una realidad la identidad influye mucho en la producción literaria. Lorca, Gloria Fuertes, Villena, Blanco Amor e incluso Cossio no los podríamos entender sin conocer y asumir que con quiénes se acostaban da forma a sus escritos, cómo cualquier otro hecho de nuestro entorno nos afecta a nosotros. Si cuando leemos la biografía de un autor o estudiamos su obra buscamos vemos que su formación, familia, ambiente, y enfermedades influyen en su obra y la explicamos a través de esos hechos, ¿cómo no vamos a tener en cuenta su homosexualidad?

Desde el punto de vista del lector, creo que a los jóvenes los tienen atascados en una rueda de ardilla de temas repetidos hasta la saciedad y no se les enseña una verdadera lectura crítica, pero ni de esta temática ni de ninguna otra. No hay una lectura guiada con espíritu crítico desde niños. Deberíamos hacerlo desde la cuna y así lo he visto reflejado en la novela que os recomiendo hoy:

Alguien que pretendía convencerme de que la educación podía servir para conseguir otra sociedad diferente a la que tenemos.
—¿Y sirve para eso?
—La de ahora, no. La educación de ahora sirve para que la mayoría de nuestros chicos abandone antes de terminar el Bachillerato. Sirve para que tengamos un porcentaje de fracaso escolar simplemente escandaloso. Y sirve para que mis compañeros calienten sus sillas leyendo en voz alta los libros de texto.
—No parece que te lleves bien con ellos…
—Sí, claro que nos llevamos bien. Con tal de que no te metas en sus clases, nadie te pone pegas. Eso sí, cada uno va a lo suyo. De trabajo en equipo, ni hablar. Y autocrítica, cero. Aquí de lo que se trata es de que los chicos acumulen conceptos, no de que aprendan a pensar. En ese caso, hasta podrían resultar peligrosos.

La edad de la ira de Nando López

Es cierto que, hoy en día, no se esconde tanto la condición sexual de los autores, pero seguimos pasando de puntillas y nos centramos más en otras facetas. De hecho, cuando se estudia a Lorca en la escuela, y a otros autores con la misma trayectoria vital, obviamos la profundidad en la que sus relaciones personales afectaron a su obra. Puede que haya honrosas excepciones entre los profesores de literatura, pero me vais a perdonar si lo dudo.

Es más, dudo también que se hable y ahonde en autores clásicos como E. M. Forster, con obras como Mauriece, que trataron temáticas LGTBI porque eran homosexuales. Todo ello, sin necesidad de llegar al origen de la literatura, sino trabajando autores del siglo XX que tampoco están tan alejados y fueron los que trataron de abrir campo por la necesidad de mostrar su propia realidad a través de sus escritos.

Creo que en el fondo existe esa necesidad de etiquetar la literatura LGTBI porque es una forma de darle un espacio, pese a que no le estamos dando contenido. Pienso que es una cortina de humo para contentar y acallar conciencias, sin llegar a formar de un modo efectivo a esas mentes. No se normaliza una realidad y no se crean unos verdaderos pilares de respeto hacia cualquier tipo de relación humana entre adultos y consentida. De hecho, en muchos aspectos, hemos dado pasos hacia atrás porque nos hemos enrocado en un tipo de literatura juvenil sin avanzar en algo más adulto. Eso lo digo desde mi punto de vista y desde el de otros muchos lectores, e incluso autores que hablan de ese estancamiento en la misma trama: Una en la que los homosexuales parece que solo tienen problemas, traumas, crisis, dudas y son los únicos que las padecen y nunca tienen finales felices, vidas afectivas asentadas o familias que sirvan de ejemplo para las nuevas generaciones. Así he encontrado frases como:

Estamos tan carentes de productos culturales que traten nuestras problemáticas concretas que damos tanto valor al simple hecho de que un libro o una película hablen de algo que nos interpela que dejamos de juzgar esos productos con los niveles de exigencia que sí aplicamos a muchos otros. 

Ramón Martínez https://www.instagram.com/ramonmrtz/

Necesitamos ampliar las tramas y el foco. Y que haya más finales felices. Si lo que queremos, es animar a la visibilidad, hay que encontrar el equilibro. Como autores, es imprescindible denunciar la realidad, pero sin dejar de contar el otro lado. Sin negar el mundo real, hay que evitar el drama constante y tratar de buscar lo universal. No es que sea difícil ser LGTB; es difícil ser.

Nando López https://www.instagram.com/nandolopez_autor/?hl=es

Estoy segura de que el problema está precisamente en esa falta de educación, tanto en las casas como en los mismos centros escolares, en los que tratamos muchos temas de forma superficial. La excusa siempre está en que no tenemos tiempo, que hay muchos alumnos, que esas son las asignaturas y el temario que nos viene del Ministerio ya dado y no podemos dar más de sí, que, que, que … y entre todos la mataron y ella sola se murió. Eso sin contar con que la misma semilla de la xenofobia, como la de la violencia de género o el racismo, se mantiene sembrada en las aulas y vemos que cada día va a más. Nadie se atreve a ponerle el cascabel al gato porque para eso habría que iniciar una revolución desde los cimientos de la sociedad y ya nadie está dispuesto a ello. Con lo cual nos seguiremos ajustando a los mínimos, pondremos parches y todo seguirá haciendo aguas por los cuatro costados.

Conclusión, esto irá a peor y por ello es necesario que se siga etiquetando a la literatura LGTBI+, pero me temo que quitando a cuatro que lo han visto, al resto les están engañando con un bonito envoltorio que contiene un caramelo envenenado. O lo que en su día tituló Shakespeare: Mucho ruido y pocas nueces

Como novela para leer sobre esta temática te recomiendo la de Nando LópezLa edad de la ira. Hay una serie del libro, pero ya sabes que primero el libro y luego la serie. En realidad, se trata de un thriller en el que el protagonista es un chico de instituto y toda la trama se desarrolla en torno a él y a unos acontecimientos ocurridos en su casa un fin de semana, los cuales tienen como detonante todo lo vivido en el centro unas semanas antes. Si quieres ver cómo son nuestros centros educativos y cómo está la enseñanza hoy en día, así como la realidad de la juventud de hoy en día, y tienes interés en comprender qué es lo que ocurre en la sociedad actual, no puedes dejar de leer esta novela. Aunque fue escrita en el 2010, lamentablemente sigue estando vigente e incluso podría decir que las cosas han empeorado. Y no pienses si tienes hijos adolescentes, que eso a tu hijo no le puede ocurrir, nada más alejado de la realidad y da igual si es en centros privados, públicos, de barrios marginales o de barrios con familias teóricamente estructuradas. La bomba estalla en el lugar que menos esperas, porque hay mucha dinamita y nos la tapan con lo políticamente correcto.

No he querido alargar el texto, aunque te garantizo que he llegado a profundizar más de lo que he plasmado en esta entrada. De todos modos, he dejado pistas para que seas tú quién siga buscando, si es un tema que te interesa, porque te garantizo que da para sentarse cruzando la pierna y, con un café, continuar la tertulia.