mi trabajo

Una entrevista sin pelos en la lengua

Una tarde con Leonardo Jimenez, autor del blog: Mi experiencia como escritor

Gaby Taylor (Tetuán, 1967) es escritora de novela romántica y erótica, géneros a los que aporta thriller, documentación histórica y personajes profundos. Licenciada en Geografía e Historia por la Universidad de Cádiz, trabajó durante 15 años como delegada comercial en una empresa de joyería antes de dar el salto a la escritura. Nacida en un viaje familiar, reside en El Puerto de Santa María tras la crianza de sus dos hijos. Su obra se caracteriza por un ritmo rápido y visual que aúna documentación histórica y cultural de los lugares que recrea con la creación de personajes realistas. Entre sus novelas destacan «Siempre Juntos», “Confianza Ciega” (Bilogía), «Unidos por el pasado» (Kaizen Editores, 2021) y «Operación Paraíso» (2025).

¿Qué emoción estaba ahí antes de que existiera tu primer libro?

La imaginación y la curiosidad desde que tengo uso de razón.

Trabajaste 15 años en joyería antes de escribir. ¿Qué te dio ese oficio que ahora usas en la escritura?

Más que en la escritura en sí, lo que me ha ayudado es a obtener una buena formación, que he ido ampliando, en el tema del marketing y la publicidad. Aunque todo lo que aprendí fue publicidad analógica, durante la pandemia di el salto a lo digital y me mantengo en continua formación.

Estudiaste Geografía e Historia. ¿La documentación histórica de tus novelas es placer o disciplina?

Es lo que más me gusta. Al final acabo escribiendo una novela, pero puedo tener para otras cuatro más. Además, soy muy exhaustiva en los detalles y trato de comprobar hasta la más mínima información. No podría poner algo sin estar bastante segura de que lo que he escrito hace honor a la verdad.

Tu obra mezcla erotismo, thriller e intriga política. ¿En qué orden llegan esos elementos cuando empiezas a escribir una novela?

Puedo decir que la culpa la tuvo el erotismo en mis primeras novelas. Estaba muy de moda la de “50 sombras de Grey”, que animó a otras muchas autoras a escribir sobre ese género, pero a mí me faltaba algo en esas historias. De hecho, amigos que ya sabían de mi habilidad para narrar me animaron a escribir eso que faltaba en las novelas que ellos mismos leían

¿Qué parte de tus libros te costó más escribir y por qué?

Pues siempre me cuesta más lo romántico que lo erótico, porque lo erótico me sale solo, en lo romántico odio caer en lo ñoño y es una línea muy fácil de traspasar. Lo mismo digo con lo erótico y lo porno. La ventaja es que esa línea la tengo muy bien delimitada.

Dices que tu obra aporta algo que faltaba en la novela erótica cuando empezaste. ¿Qué era lo que faltaba?

Trama. Faltaba una trama que sustentara ese erotismo. Las relaciones entre mis personajes no pueden faltar y por lo tanto el erotismo, que es un modo más de relacionarse, siempre va a estar presente. Aun así necesito que haya algo más en mis novelas, un drama familiar, un thriller, una investigación, porque el sexo por sexo me resulta muy aburrido y repetitivo. Todo el mundo conoce la mecánica y en realidad lo bonito es generar tensiones, el cortejo, algunos equívocos… En muchas novelas de este género eso brilla por su ausencia.

Defines tu estilo como rápido y visual. ¿Escribes viendo escenas en tu cabeza mientras construyes frases en el papel?

Sí. De hecho escribo con una técnica que consiste en tener en mi cabeza la novela de principio a fin. Conozco los lugares en los que se va a desarrollar, percibo el aroma de los espacios, puedo conocer hasta el perfume que llevan mis personajes. No siempre eso queda plasmado en la novela, pero tiene que estar en mi mente. Una vez que lo tengo todo lo paso al papel, porque ahí es donde voy a desarrollar los detalles que harán de urdimbre de toda la historia. Eso no quita para que el final no sea exactamente igual a como lo pensé en un principio o que quite o añada escenas, pero si no tengo todo eso no inicio la escritura de mi nueva novela.

Estás cursando un programa de escritura creativa teniendo ya varias novelas publicadas. ¿Qué te está enseñando que no sabías después de haber escrito tanto?

Sobre todo me ha enseñado a salirme de mi zona de confort. Como he comentado, a mí, escribir un relato erótico no me supone ningún esfuerzo y, por el contrario, desarrollar un pequeño relato de fantasía me cuesta mucho más. Esos cambios de género fueron algunos de los ejercicios que tuve que presentar a lo largo del curso. También me fue útil para acercarme a autores que me recomendaron leer y con ello conocer nuevas técnicas narrativas. Ahora mismo estoy empezando una novela en la que me cuesta encontrar el tono. Presento la trayectoria vital de una mujer, Julia, desde 1929 hasta 1992 y, aunque sea la misma persona, no habla igual en una época que otra. Todos los seres humanos evolucionamos, y en la novela ese es el arco del personaje. Por eso me costaba mucho encontrar ese tono que necesitaba y en el curso me recomendaron técnicas y lecturas para conocerlo, trabajarlo, adaptarlo a mi futura novela y pulirlo.

Eres muy crítica con la industria editorial y con ciertos premios literarios. ¿Escribir te ha vuelto más crítica o ya lo eras antes?

Siempre he sido una persona muy crítica con las injusticias y la mala praxis. Todo el mundo sabe que los grandes premios literarios están dados por mero interés comercial, pero eso no quita para que se cuide la calidad. Dicho de manera coloquial: que no se note tanto el plumero. Eso mismo pasa en la industria editorial, se ha vuelto un mercado persa en el que entra de todo. Desde una falta de calidad, que vemos directamente en la mala corrección, hasta incluso editoriales que no pagan a sus autores las regalías que les corresponden. Lo que pasa es que todo esto se habla en “petit comité”, hasta que alguien un día suelte la liebre y entonces veremos correr a los galgos. Por supuesto no todas son así, pero hay que hacer un salto de fe viendo y oyendo lo que ruge en los mentideros.

Trabajas en una novela histórica sobre la II República española. ¿Qué tiene ese periodo que te atrae tanto?

Básicamente es un homenaje a mi padre que fue maestro, no profesor sino maestro, que es una palabra que ya de por sí, para mí, tiene un significado muy profundo. Cuando en redes se habla de cual es la profesión más importante hoy en día, los comentarios siempre se inclinan hacia las carreras sanitarias, o de ingeniería, pero pocos son los que recuerdan que sin un maestro en su niñez y juventud, que oriente a los aprendices, nadie hubiera iniciado siquiera esas carreras. Ellos te enseñan a leer y escribir, más las cuatro reglas, y sin eso no existiría ninguna profesión en la actualidad. Luego, por mi formación académica y tras mucho investigar, llegué a una conclusión a la que otros muchos llegaron, aunque quería convencerme con mi propia investigación: la de que somos herederos de los maestros de la II República. Sobre todo los que entraron a estudiar en plena transición, como fue mi caso. Aunque muchos maestros tuvieron que exiliarse, a otros los expurgaron y muchos más fueron asesinados, el caso es que con un puñado se sacó adelante una formación que fue la base del cambio en España durante los años 80. Había una semilla que se mantuvo latente hasta esa época y por eso me gusta mucho ese periodo a nivel educativo, porque aunque muchos de sus avances se truncaron, como el tema de las Misiones Pedagógicas y que la mayoría de la población no estaba preparada, lo cierto es que cuando llegó el momento aquello germinó.

Eres miembro de la Sociedad Literaria Sherlock Holmes. ¿Qué te enseña Conan Doyle sobre escribir thrillers?

Mas que escribir sobre thriller me acerca a un periodo histórico, como la época victoriana, que me ayuda a alcanzar el tono y la ambientación para algunos de mis trabajos. Soy mucho de describir por medio de los olores, los sabores y el tacto, trato de utilizar los cinco sentidos para mis novelas. Este tipo de técnica es muy utilizada por los escritores del siglo XIX. Sé que en la actualidad a muchos lectores no les gustan las descripciones, pero es algo que para mí resulta imprescindible para colocar al lector donde me interesa. He leído novelas que me han dado la sensación de estar colgadas en un gran vacío porque el autor no ha dejado claro cual es el espacio-tiempo en el que se desarrolla la trama. Creo que se debe a una mala interpretación de lo que se considera una novela atemporal. Los grandes clásicos nos plantean cuestiones como los celos, envidia, ambición y eso es lo atemporal que aportan a la literatura de nuestros días, pero las tramas se deben colocar en un espacio y en un tiempo bien definido y con un vocabulario, tono y actitudes acordes al tiempo en el que se desarrollan. Considero muy desagradable ―y me saca de la historia― encontrar un personaje de una novela mal llamada de Regencia que entra en su dormitorio recién decorado y dice: “me mola”. La Sociedad Literaria me aporta leer verdaderas joyas que, sin pertenecer a ella, lo mismo nunca hubiera conocido.

Dices que compras libros de segunda mano y buscas las huellas de sus antiguos dueños. ¿Qué te gustaría que dejaran los lectores en tus libros?

Me encantaría encontrar anotaciones de las impresiones que la lectura de esa novela ha causado al lector.

Tus personajes masculinos —James, Ari, Manuel, Lucca, Kilian— están muy trabajados. ¿De dónde salen los hombres de tus novelas?

Normalmente son el tipo de persona, en este caso hombres, que me gustaría que abundaran. No son perfectos, tienen sus defectos como todos los seres humanos, porque de eso es de lo que se trata, de hacer personajes lo más realistas posible. Suelo utilizar una mezcla de todas las cualidades que me gustan y, por supuesto, pongo algún defecto. Es una técnica que sigo perfeccionando a lo largo de mi día a día como escritora. Lo del ser humano perfecto no existe y un personaje así resulta aburrido.

Llevas años escribiendo en tu blog sobre literatura, cocina, formación. ¿Qué te da escribir en tu web que no te da escribir novelas?

Varias cosas que considero muy importantes. La primera, que conozcan algo más de mí que no siempre aparece en mis libros, luego expresar mi opinión sobre ciertos temas relacionados con el mundo de la escritura y, sobre todo, aportar recomendaciones de libros, técnicas de escritura, curiosidades o conocimientos varios que voy recopilando aquí y allá, y que a mí me valen para seguir avanzando en este mundo literario.

Si tuvieras que elegir una sola escena de todas tus novelas que resuma por qué escribes, ¿cuál sería?

Por esta que te escribo a continuación:

Me agaché al lado de una cepa, toqué la tierra y tras coger uno de los terrones lo desmenucé entre mis manos, vi los troncos de los sarmientos que parecían secos, pero yo sabía que la vida estaba a la espera del calor y que su renacimiento era cuestión de tiempo. Sentí su aspereza en la piel de los dedos y me quedé ensimismada mirando su forma. Al alzarme, vi la ondulación de la colina y comprendí que, dentro de poco, todo aquello estaría cubierto del verde de las hojas y el rojo burdeos, casi negro, del milagro de las uvas. Cerré los ojos y aspiré profundamente. Olía a humedad y frío. Me gustaba ese aroma a campo, a tierra de viñas.

Y para finalizar, una recomendación para futuros escritores que te haya servido en tu carrera literaria.

Todo el mundo tiene derecho a escribir, igual que a leer, pero no a publicar de cualquier manera. Es importante que si se va a publicar corrijamos de una manera exhaustiva, porque nuestro trabajo tiene trascendencia y más hoy en día con las redes sociales. Si nos avergonzamos a veces de una imagen que hemos subido a las redes en un momento inadecuado o hacemos comentarios de alguien que ha metido la pata de esa manera, pensemos que una publicación, sea en forma de post, sea en forma de novela, una vez que se deposita en Internet ya no somos dueños de ella. Trasciende y ya no lo podemos parar. Entiendo que una primera novela tiene muchos fallos. Las dos primera mías los tienen y yo lo sé; sin embargo son tus hijos y, como los biológicos, algunas veces te sacan de quicio; pero son tus hijos y estás obligado a educarlos. Los libros son iguales. Hay que educarlos, hay que mejorarlos. Si el primer libro de un autor o autora tiene los mismos fallos que el último que ha escrito y no he visto crecimiento y mejora en sus letras, no vuelvo a leerla más. No tengo tiempo. Por lo tanto, mi recomendación es que NO tengas prisas en publicar, date tiempo, aprende, corrige y, sobre todo, no te duermas en los laureles. Trata de crecer y mejorar, que tus lectores te lo van a agradecer.

Si quieres escuchar la versión extendida de la entrevista te incluyo el enlace al blog de Leonardo para que allí puedas disfrutarla de otra manera.

https://miexperienciacomoescritor.blogspot.com/2026/02/hoy-charlamos-con-gaby-taylor-t2e124.html

eventos

Una nueva sociedad literaria

Cuando leas estas lineas lo más seguro es que ya tenga entre mis manos el carnet que me acredita como miembro de una nueva sociedad literaria nacida en Jerez de la Frontera. Lo primero que me gustaría es explicarte la diferencia que hay entre una sociedad literaria y un club de lectura, que si bien a grandes rasgos tienen puntos en común, también hay muchas cosas que los diferencian.

Desde mi conocimiento, un club de lectura se enfoca más a la discusión y análisis de un libro específico leído por todos sus miembros y que puede variar de género según los gustos de los lectores o las sugerencias de quién coordina el club. La sociedad literaria suele girar más entorno a un personaje, protagonista de varias novelas, o a un autor determinado, así como hacerlo del periodo histórico en el que se enmarca la obra, y apoyarse incluso por filmografía, si es posible, u otros recursos que enriquezcan el fin por el que se ha constituido la sociedad. Se suelen fomentar las actividades paralelas, como pueden ser charlas de especialistas en el tema, visitas a los lugares en los que se recrea la acción de las obras, reuniones con los socios vestidos según la época, obras teatrales, etc. Todo abierto a la imaginación y sugerencias del los miembros en algunos casos.

Sociedad literaria Sherlock Holmes

Ni que decir tiene que con ese título ya te habrás imaginado cuál va a ser el centro de atención en esta sociedad. Aquí a diferencia del club Diógenes, vamos a hablar mucho, sobre todo de novelas

¿Cómo nace esta idea? En realidad en España ya lleva años funcionando este tipo de reuniones, destacando el Círculo Holmes en Barcelona, una asociación con más de 25 años de existencia dedicada al intercambio y la relación entre aficionados y coleccionistas de todo lo relacionado con Sherlock Holmes. De hecho, en esta ciudad se encuentra la Biblioteca Pública Arús, que se integró en el 2011 gracias a la donación de Joan Proubasta. La biblioteca cuenta con la colección más grande de España y una de las más importantes a nivel mundial dedicada a Sherlock Holmes, con sus más de 12.000 piezas, incluyendo novelas en diversos idiomas, obras inspiradas en el canon y elementos relacionados con el espiritismo y la criminología. Con esta breve pincelada te animo, si te gusta el tema y vas a Barcelona, a que no te pierdas la oportunidad de conocer más de la obra de sir Arthur Conan Doyle en la figura de su detective, del que por cierto acabó hasta la coronilla. Lo cuento como inciso para quién sea nóvel en el conocimiento del autor y de Holmes. Aquí sí que un personaje se comió enterito al autor.

Vamos a centrarnos un poco más en lo que nos trae entre manos hoy. ¿Cuáles son las propuestas que plantea esta sociedad? Te copio literalmente lo que en su página web, que te recomiendo que consultes, pone sobre el tema:

Nuestro propósito es doble:

La Sociedad organiza encuentros de lectura, conferencias, rutas literarias, representaciones y una revista inspirada en el mítico The Strand Magazine.

  • Celebrar y difundir la literatura victoriana, en especial la figura del célebre detective de Baker Street.
  • Fomentar la vida cultural en nuestra ciudad y provincia, con actividades que unan historia, arte y literatura.

Se podrá participar siendo o no socio, eso se deja al libre albedrío y disponibilidad de cada uno, pero por si te queda alguna duda yo ya he solicitado —simbólicamente— mi silla como socia.

Hace mucho tiempo que conozco las novelas de Sherlock ya que fue mi siguiente detective, tras Miss Marple y Hércules Poirot. En mi adolescencia conviví con una colección de tres volúmenes que compró mi padre de la editorial Orbis (1987). Lamentablemente no pude traérmelos a mi biblioteca cuando se desmanteló la casa de mis padres años atrás, pero no es un autor del que no se reediten sus obras en diferentes formatos temporada tras temporada. Tal vez ese sea el problema, que tal como está el mercado de libros no sabe uno que edición escoger.

Mi recomendación literaria de hoy

Para empezar, deberás atenerte al Canon Holmesiano, que sería la forma leer de modo ordenado las aventuras del detective y que estas sean las obras escritas por Conan Doyle y no las que surgieron después, inspiradas por nuestro protagonista, de la pluma de otros autores. En ese enlace puedes ver cómo va la secuencia. Es una sugerencia, por supuesto, pero, al César lo del César, ya que estamos aquí no nos vamos a hacer un George Lucas y empezar la trilogía por en medio. Aunque para gustos los colores.

Por supuesto, como he comentado al inicio, recomiendo elegir una buena edición, ya que ir para nada es una tontería y más con lo caros que están los libros. Las hay de bonitas tapas duras con sus detalles doraditos e ilustraciones propias de la época, pero lo mismo la traducción deja mucho que desear, porque ya sabeis que el ojo del amo engorda al caballo y las editoriales ultimamente son mucho de brilli brilli, pero de poca calidad en el interior. ¿Cómo he gestionado este asunto? Pues he tratado de buscar unas obras completas que tengan una buena crítica por parte de profesionales del gremio o estudiosos del autor y su obra y todas las indicaciones me han llevado a la publicada por Cátedra en 2003.

La obra más recomendada es Todo Sherlock Holmes, a cargo de Jesús Urceloy. En ella se reúne el canon completo en un solo tomo, ofreciendo un orden cronológico de los casos con notas editoriales detalladas y extensos anexos sobre el personaje y sus historias. Aunque la edición puede asustar por su voluminosidad —1661 páginas en un solo volumen—, es considerada la opción definitiva para fans que buscan una colección completa y elegante. 

La edición es interesante por varios motivos. El primero, evidentemente, por el precio: más de 1.600 páginas en tapa dura y papel biblia a 35 euros, aunque yo he tenido la suerte de que mi hermana me la ha regalado siguiendo mi costumbre de buscar primero en libros de segunda mano, con lo que el precio ha sido menos de la mitad. El segundo, por la oportunidad, por fin, de asistir a la carrera de detective de Sherlock Holmes desde su inicio hasta su final y poder seguirla secuencialmente, sin molestos saltos adelante y atrás en el tiempo, algo que ocurre si no tenemos claro ese orden y acabamos leyéndolo todo suelto. Con el agravante de que no todos los relatos están traducidos bien ni al completo, el desembolso económico o los paseos a la biblioteca dónde posiblemente no esté la obra al completo. Aunque puedo decir que en el catálogo de la Biblioteca Municipal «Rafael Esteban Poullet»,de El Puerto de Santa María, puedes encontrarla.

Además, la edición es interesante por otros motivos. La abundancia de notas, la estupenda introducción, las breves biografías de Doyle, Holmes y Watson y los completos apéndices donde, además, se detallan todos los casos, no solo los narrados sino también los mencionados por el doctor, y donde se incluye un comentario atinado y pertinente a cada una de las historias incluidas. Todos estos añadidos hacen de este libro una pieza imprescindible en la biblioteca de cualquier holmesiano.

Lo próximo que te contaré serán las impresiones tras nuestra primera reunión como Sociedad Literaria Sherlock Holmes. Te espero y, si estás cerca, no dudes en venir alguna vez para conocernos.

mis lecturas

Voces del pasado

Una de las cosas que más me gusta es comprar libros de segunda mano. Mi página de referencia es Iberlibro desde hace relativamente poco, pues antes me dedicaba más a pasear por los mercadillos a ver qué me encontraba que a la búsqueda sistemática de un ejemplar por medio de internet; pero los tiempos y las necesidades cambian.

Cuando uno se hace con un libro de segunda mano se puede encontrar sorpresas que no espera entre sus páginas. Esos pequeños tesoros a veces nos dicen algo del lector que tuvo entre sus manos ese ejemplar. Es una situación que he vivido y siento como si una voz del pasado me susurrara al oído y mi yo investigador me puede: quiero saber más de quiénes fueron los lectores anteriores.

Sorpresas que te da la vida

A veces la dedicatoria es muy sucinta, tanto que en realidad se limita a unas iniciales, un apellido y una fecha. Apoyado en unas pocas pistas como estas y tirando de un hilo ficticio, Benito Olmo ha desarrollado la trama de su novela Tinta y fuego. En mi defensa diré, para que no penséis que él es el único, que ya en el 2019, cuando tal vez Benito no había sentido la necesidad de saber más de los dueños de libros expoliados, perdidos o desaparecidos, yo ya estaba montándome mis investigaciones.

Para Ana, mi mujer, con la esperanza de compartir algunas horas a su lado, escuchando de ella el «regusto» de la lectura del libro. ¡Besos!

Aeropuerto de Madrid, 27 oct. 97

Edu

¿Qué habría ocurrido con Ana y Edu que su libro acabó al final entre mis manos? ¿Volvió de ese viaje? ¿No llegó nunca a recibir el libro? ¿Qué historia sustentan esas palabras? Se trata de una primera edición de Afrodita, de Isabel Allende, especial por su formato e ilustraciones. No es una obra para leerla con prisas. Es más, la tengo hace años y la ojeo de vez en cuando, releo alguna parte o incluso, más de una vez, descubro algo nuevo. Creo que se trata de un regalo cuidado, para una mujer madura. Como de la edad de Isabel cuando lo escribió, que ya estaba en los 50 y seguía disfrutando de los dos mejores pecados capitales: la lujuria y la gula. Tal vez la historia de Ana y Edu iba a empujones y él quiso reavivarla, lo mismo ella ya había perdido toda esperanza o, sencillamente, se mudaron, no pudieron cargar con tantos libros y lo acabaron vendiendo. Siempre me quedará la duda de qué ocurrió con la historia de esta pareja, pero siempre tendré la oportunidad de poner por escrito lo que creo que fue. Ese es un privilegio que se nos concede gracias a la ingente imaginación del escritor.

Hace unos días compré otro ejempolar de segunda mano y tuve la fortuna de disfrutar de un suceso parecido al que se narra en la obra «El barco de Teseo«. Para quién no lo conozca, me remito a la entrada que publiqué ya hace más de un año donde explico un poco el contenido del libro. Puedo dejar una pincelada para que entendáis los hechos. Se trata de una obra de una biblioteca en la que un lector va haciendo anotaciones y otra usuaria, al encontrarlo, va respondiendo dichas anotaciones, creándose entre ambos un vínculo relacionado con el misterio que envuelve al volumen.

Técnicamente eso es algo que los lectores de las bibliotecas no debemos hacer, pero para eso estamos frente a una novela de ficción. Además, hay veces que los libros donados a las bibliotecas vienen anotados y esas apostillas las hicieron sus anteriores dueños.

¿Te imaginas un ejemplar de Bodas de Sangre anotado por el propio García Lorca? Seguro que si lo encontraras no te parecerían entonces tan mal esos escritos al margen. Con sinceridad, si esos comentarios son realizados por personas que aportan algo a la obra, a mí me da la sensación de que el libro cobra vida y se transforma en una máquina del tiempo.

En El barco de Teseo nos encontramos una ficción dentro de la ficción, como una matrioska de papel. Pero a veces no es ficción. Yo he tenido la suerte de encontrarme con una nave parecida a la de Teseo, solo que real.

Susurros del pasado

Todo ha ocurrido hace unos días, en otra de mis compras para documentarme acerca de la II República y la Guerra Civil Española. Tras mucho remirar y por recomendación de mi pareja, me decidí por el estudio realizado sobre el tema por Julián Casanova, catedrático de Contemporanea de la Universidad de Zaragoza, al que él tuvo como profesor, por lo que me me dió pautas sobre el tipo de obra que iba a tener entre manos.

Lo ojeo por encima y compruebo que lo que comentaban en las especificaciones de Iberlibro se cumplía. Las marcas del anterior dueño no me impedían leer el texto y, ni corta ni perezosa, comienzo la lectura. Este tipo de textos también me genera la necesidad de poner mis propias anotaciones, ya que es la técnica que he utilizado desde que inicié mis estudios universitarios, aunque suelo hacerlo a lápiz o pongo pósits.

Aquí todo el problema comenzó cuando mi curiosidad innata vio esa marca comentada líneas más arriba, inicial, apellido y fecha, y quise saber quién había sido ese anterior propietario. Seguramente pensarás que estaba loca y no te quito la razón, pero eso mismo, salvando las distancias, se lo dijeron a Heinrich Schliemann y descubrió Troya. El mundo es del que tiene las narices de salir y mirar lo que hay fuera.

Puede parecer un hilo muy fino, pero la perseverancia es la madre de muchos descubrimientos. Lo lógico sería que «J» fuera José, Juan o Javier Allo, y más extraño que fuera Joaquín, Jaime o Jerónimo. Por lo tanto inicié mi búsqueda, primero con un infructuoso intento al usar José. Con Juan lo hice también sin demasiadas esperanzas al no saber el segundo apellido. Hasta que llegué a la página 160 y me encontré con ese maravilloso dato del nombre de Adolfo Vázquez Humasqué y la anotación: Tío segundo mío por parte de mi madre. En ese momento levité un poquito. Me zambullí, algo muy útil con estos calores, en internet cruzando datos y logré dar por fin con el anterior dueño de este libro del que os cuento lo poco que hasta la fecha he logrado saber, pero que me ha ayudado para situarlo y entender de manera adecuada los comentarios con los que va trufando algunos márgenes.

Xoán Anllo Vázquez, nacido en 1936 en Feira do Monte (Cospeito), falleció el pasado 2 de junio (2023) a los 87 años de edad. Anllo, licenciado en Derecho, fue traductor oficial en las Naciones Unidas durante 40 años, lo que le abrió las puertas para conseguir una colección de piezas de arte africano que donó hace una década al Museo Provincial de Lugo.

Anllo fue recopilando durante sus años en la ONU piezas que iba adquiriendo en sus viajes por todo el mundo, especialmente en sus estancia en África, donde señalaba hace años que había quedado fascinado por el arte de este continente, logrando conformar una completa colección formada por más de dos centenares de piezas.

Xoán Anllo en el 2015 con piezas que donó al Museo Provincial ALBERTO LÓPEZ

Anllo, además de traductor para la ONU durante 40 años, realizó estudios y trabajos que se fueron publicando en formato libro o en revistas científicas, como su volumen «Estructura y problemas del campo español», de 1967; estudios relacionados con su trabajo y su relación con otros intelectuales gallegos, como José Ángel Valente, o sobre aspectos de política internacional. (Fragmento de artículo recopilado de La Voz de Galicia)

He sentido cómo una voz del pasado me ha guiado en la lectura de un libro; he compartido, pese al paso del tiempo, conclusiones a las que hemos llegado los dos, y he llegado a entender lo que significaba cada subrayado aunque no estuviera acompañado de anotaciones. Ha sido tal la comunicación que he percibido que cuando el lector no estaba del todo de acuerdo con lo escrito por Julián Casanova lo destacaba con unas líneas ondulantes y si era algo que había que destacar por importante, lo hacía con una marca recta. Se notaba su labor de traductor y su perfecto conocimiento del castellano puesto que iba corrigiendo errores a lo largo de las páginas, tales como comas que no debían de estar, eses que sobraban en palabras porque no eran en plural según el sujeto que se utilizaba o términos que no venían al caso. No es que hubiera muchos, pero los pocos que encontraba los iba subsanando.

He finalizado el libro y tengo una sensación extraña, puesto que me hubiera gustado haber hablado con el anterior lector sobre sus impresiones, algo que como sabéis ya es imposible. Creo que pese al gran salto generacional hubiéramos estado los dos de acuerdo en algunas cuestiones y le hubiéramos debatido alguna de las valoraciónes que hace Julián Casanova.

Los del gremio de historia, como los del periodismo, sabemos que por mucho que uno no quiera, al final todos, como humanos, tenemos un sesgo y tendemos a plasmarlo en nuestros escritos. Ya me avisaron de la orientación del autor del libro, que si bien lo veo lógico, no dejo de pensar que hay un aspecto en el que se me queda corto su trabajo historiográfico. Me falta que hubiera profundizado más en el aspecto de que la II República se precipitó en muchas de sus reformas y pese a que una de ellas, la enseñanza, que es la que más me interesa, era fundamental para su desarrollo, tanto o más que la reforma agraria o los derechos de los obreros, pasa muy de puntillas sobre dicha cuestión. También es cierto que acercarse a todo lo acontecido durante ese periodo de la Historia de España en apenas 450 páginas es una tarea muy meritoria. Es un estudio que recomiendo porque resulta muy esclarecedor en bastantes aspectos que influyeron en la llegada, desarrollo y caída del régimen republicano. Aunque te puedo garantizar que si le tengo aprecio a ese libro no solo es porque ha sido un buen guía para organizar la documentación de mi próxima novela, sino porque he sentido la voz del pasado orientando también mi viaje.

Esta es una prueba de que hay que ver con otros ojos y valorar la importancia de ciertas obras anotadas por personas que saben lo que están haciendo. No siempre podremos disfrutar de ese privilegio, pero soy de las afortunadas que han sentido ese hilo conductor, al menos una vez. Mi agradecimiento a Juan Anllo Vázquez.

Opinión

Todos somos culpables

Ya han salido a la luz los nombres de los finalistas del premio organizado por Amazon y que en el mundillo de autores autopublicados se conoce como PLAS (Premio Literario Amazon Storyteller). Es curioso, pero me he dirigido a la página de Escritores.org y  he encontrado una mención sobre este premio literario, y eso que tiene a cuestas más de diez años desde que nació. En aquella época su nombre era Primer Concurso Literario de Autores Indies (2014) y desde sus inicios no ha estado exento de polémicas. Un ejemplo de ello lo tenemos en este enlace que te adjunto, del año 2014, donde ya se habla de trato de favor y de un concurso en el que parece que se tiene más en cuenta la capacidad de vender del autor que la calidad de la obra.

https://www.estandarte.com/noticias/premios/polemica-en-el-er-concurso-online-autores-indies-amazon_2661.html

Algo que por otra parte, a tenor de lo que llevo leído a lo largo de estos años, tampoco me parece descabellado. De hecho, el artículo anterior se nutre de otros dos, escritos por Javier Pellicer en su página web, en los que se ve envuelta por un lado la plataforma y por otro “El Mundo”, patrocinador también del evento junto con una conocida editorial. Estas palabras que destaco parece que siguen en plena vigencia hoy en día:

Las redes sociales han hervido con acusaciones y comentarios acerca de irregularidades por parte de Amazon durante el certamen, como supuestas peticiones a varios autores indie superventas para que participaran (algo que se menciona en una entrevista realizada, también por El Mundo, al autor Marcos Chicot), o el incumplimiento de algunas de las bases por parte de varios participantes. Sin embargo, y como decía al principio de la entrada, cuando me he puesto en contacto con los participantes que más críticos se han mostrado en los últimos días, ninguno ha querido darme su consentimiento para publicar sus opiniones. Aseguran que temen salir perjudicados si este artículo cobra relevancia.

Como hay varias entradas al completo sobre el tema, te dejo aquí el enlace. Así, si quieres saber un poco más, puedes darte una vuelta y sacar tus propias conclusiones.

https://javierpellicerescritor.com/tag/polemica-en-el-certamen-literario-de-amazon/

Este interés por las redes sociales, como forma de promocionar las novelas, dio lugar a la creación de una serie de grupos en los que se juntaron lectores y autores. El fin era comentar y valorar los libros que iban siendo elegidos por los miembros. En su origen eran los conocidos clubs de toda la vida, pero ahora se denominarían “Lecturas Conjuntas”. El problema surgió en el momento en que se mezclaron las churras con las merinas. ¿Por qué digo esto? Al entrar escritores las dinámicas eran con sus propias novelas, se leían por tanto entre ellos porque también participaban, y allí se juntaban sus grupos de fans. Esto suponía que nadie en su sano juicio se atrevería a, por lo menos cara a cara, decir nada malo de ninguna obra de ningún autor; le pondrían las cinco estrellas de rigor en Amazon y aquí paz y allá gloria. Pronto empezaron, por privado no obstante, los corrillos donde lectores y novelistas se despellejaban sin el más mínimo atisbo de vergüenza.

Con el paso del tiempo los comentarios de unos y otros llegaron a oídos de los interesados y surgieron las disputas y los tira y afloja, las luchas de egos y el apoyo de los palmeros de cada autor en su respectivo grupo. Esto dio lugar a la emigración de algunos miembros, provocando que se crearan otros grupos más afines, donde la cola del león mandaba y la del ratón obedecía y puntuaba. Todo esto es vox populi y se ha hablado en muchos directos de Instagram y Facebook, sin dar nombres, porque no hacía falta, ya que cada cual conoce de sobra su cada quien.

Mientras, Amazon, desde ese 2014, se frotaba las manos porque empezaba a llenar sus estanterías de todo tipo de productos de la más amplia variedad en precios y calidades; entre ellos, los libros. Los había de las editoriales tradicionales, pero de estos no se llevaba una gran tajada porque solo era el distribuidor de un producto más. Entonces inventó este premio en el que en el primer año, como hemos visto, se preocupó más de llamar a autores que tuvieran ya tirón de ventas que a verdaderos indies, aunque tampoco hizo ascos a autores autopublicados, ya que la calidad le traía, y le trae, totalmente al pairo. A Amazon lo que le interesa es la venta y si los compradores adquieren un producto que es malo, pues no pasa nada, ya es bastante con que te dé la opción de, en un momento dado, leer las primeras páginas del libro de marras, donde ya se nota de qué pie cojea cada uno.

Todo esto dio lugar a que la gente se pusiera a redactar historias como si no hubiera un mañana. Lo que en otro momento de nuestra vida nos habría parecido imposible se hizo viable, y no por que llegar hasta una editorial fuera una escalada del Everest para la mayoría, sino porque muchos no sabían ni hacer la “o” con un canuto.  Aun así, todo el mundo se lanzó a escribir sin plantearse siquiera que existía algo tan básico como los correctores de estilo y ortotipográficos. Ya con el automático del Word, y a veces ni eso, pensaban que tenían bastante.

Por tanto, nadie quería perderse el pastel que supone la publicación de libros y las editoriales aprovecharon el mundo digital para que la plataforma comercializara el ebook. A su vez, decidieron dar un recorte en cuanto a la calidad, algo que se demuestra en la mala corrección y edición de novelas que, siendo de grandes y prestigiosos sellos, parece que han dado un paso atrás. Algo normal, por otro lado. Se ha popularizado tanto lo de escribir y disculpar eso de la ortografía basándose en que lo importante es la historia que las editoriales han abierto el ojo y venden la misma mierda, pero en tapa dura y gastando en más en publicidad, tratando de equipararse a lo que vende Amazon. Prácticamente es imposible encontrar un autor al que se le haya mimado su obra y que la calidad de la escritura esté acompañada de un adecuado proceso de edición. 

Ahora le sumamos las plataformas audiovisuales, que también quieren su porción. Todas ellas necesitan rellenar sus contenidos y, para eso, buscan historias como locos. Ya da igual si es buena o mala, sencillamente aceptan lo que haya y no en vano el mejor almacén es la estantería de Amazon, donde se compra cualquier historia y se la guioniza. Se le pone a la serie lo de primera temporada y, si no se continúa con una segunda porque no vale ni para echar una siesta, da igual, la gente no lo recuerda. El comprador compulsivo acumula libros y series como si nos hubiera afectado el mal de Diógenes, da igual si valen o no valen.

Este tipo de situaciones que vivimos desde que se liberalizó el mercado de la escritura son como cuando se promocionó la comida basura. Todo el mundo sabe lo mala que es para la salud y, aunque no pasa nada por recurrir a ella de vez en cuando, lo cierto es produce, cuando menos, obesidad. Algo que, en el primer mundo, está a la orden del día, por lo que no debe ser tan ocasional. Afirmo, sin pelos en la lengua, que el efecto de este tipo de consumo es el embrutecimiento, equivalente de la obesidad. Pone el listón tan bajo en la lectura comprensiva y en la visión crítica que, al final, ni los cómics de Mortadelo y Filemón van ser recomendados en la ESO porque no los van a entender los potenciales usuarios. ¿Me vas a hacer creer que te lees 600 páginas de una tortuosa historia romántica cargada de topicazos y mal escrita en cuanto a su estructura, sintaxis y ortografía y no las 380 de Memorias de África? Y ya no digo esas sagas que son como la película Mujercitas, pero que nos cuenta la misma historia, más o menos, solo que narrada desde el punto de vista de cada uno de los siete hermanos o hermanas en cada entrega. Por supuesto, cada cual puede leer lo que le dé la gana; pero yo me puedo permitir el lujo de decir que la humanidad está acelerando sus pasos camino de la extinción. Si en España se publican 350 libros al día, e imagino que ahí no computan los de Amazon porque carecen del ISBN internacional, tiene pinta de que algo huele mal en Dinamarca. Si alguien sabe dónde está el truco que me lo cuente, aunque sospecho cuál es porque está claro que ni Amazon ni ninguno de los integrantes de esta farsa va a perder dinero.

Vistos un poco los antecedentes y mis conclusiones sobre la trayectoria del premio, vamos a pasar a lo ocurrido este año, donde lo primero que ha llamado la atención ha sido la preponderancia de autores de thriller. Aunque yo no sé de qué se sorprenden si en el jurado destacan dos autores que escriben ese género: Pilar González, ganadora del año pasado, y junto a ella, Juan Gómez-Jurado. No es que quiera insinuar que se han descartado desde un primer momento las novelas de otros géneros, que todo el mundo está seguro de ello, pese a que sus bases digan expresamente: El Concurso está abierto a escritores que publiquen en español en cualquier género. Si bien en las primeras bases lo que ponía era, según el blog El estandarte: En ellas, recordemos, se anunciaba la selección de cinco libros finalistas ―pertenecientes a los géneros de ficción, ficción histórica, romance, suspense o aventura― según criterios que incluirán el número de ventas y la valoración de los lectores.

En la actualidad, es vox populi que hay temas vetados, como la erótica, el romanticismo y la fantasía, comentario que estoy acostumbrada a oír en las redes, con lo que la elección de este tipo de jurado tampoco me sorprende. Es bien sabido que en un primer momento hay una criba de las más de dos mil novelas presentadas y que, al final, los miembros se van a leer lo que Amazon considere más comercial. También que, si el jurado es mayoritariamente de thriller, no me veo poniendo como finalista una novela romántico-erótica que se desarrolle en el marco de las Tierras Altas de Escocia en el siglo XVII (una de las tramas tópicas más usadas y que con más errores históricos he encontrado).

Sobre todo hay que destacar lo que remarco en negrilla en las antiguas bases del concurso y que los autores no han olvidado: las ventas y la valoración en redes. Es un factor que se está viendo en la mayoría de los premios y algo ya muy controlado por las editoriales. Por supuesto, hoy en día, se quiera o no se quiera, o surfeas por las redes o eres como el camarón que no se mueve: al final, se lo lleva la corriente.

Todo lo que he comentado anteriormente sobre los grupos de apoyo y los tejemanejes publicitarios para llegar al puesto más alto en el ranking de Amazon y llamar la atención ha llegado siempre a mis oídos y también se ha comentado en directos de Instagram, pero nadie ha osado a ponerlo por escrito de una u otra forma, o por lo menos no ha tenido mucha repercusión. Hasta este 2024.

Este año la polémica ha estado servida por la presentación al premio del libro Proyecto Plas,de la autora o autor, puesto que usa seudónimo y no hemos visto nunca su rostro, Pussie Lánime. En la narrativa, su protagonista decide presentarse a un concurso literario llamado Amazing. A través de sus experiencias nos irá contando los entresijos del premio, desde la elección del género con el que se presentará hasta las mil y una anécdotas que surgen en el largo camino hasta que el jurado anuncia los finalistas. Partiendo de la base de que Nekane considera que si hoy en día cualquiera se atreve a escribir libros para sacarse una pasta ella no va a ser menos.

En realidad, el argumento es una mera excusa para sustentar lo que de verdad la autora o autor quiere contar: los tejemanejes que hay detrás y no tan detrás durante los meses que dura la subida de las novelas a la plataforma. Su historia no tiene más interés que mucha otras, romántico-eróticas, que ahora se denominan “con spice”y, de hecho, es una crítica con humor ―como toda la novela― a esas tramas tan manidas, incoherentes y burdas que rozan en la mayoría de los casos los vídeos porno malos, solo que por escrito.

Voy a hacer un resumen de los fragmentos que más me han llamado la atención:

Me suscribí a Keendle Endless y descargué las diez novelas más vendidas de la categoría en aquel momento. Las leí todas, sin excepción. De arriba abajo, con la sensación de estar leyendo siempre la misma historia ambientada en sitios diferentes y protagonizada por gente similar con otros nombres. Algunas parecían escritas por adolescentes, con incoherencias, clichés, faltas de ortografía y errores de maquetación. Me chirrió bastante el nivel de machismo que atesoraban algunas. No entendía cómo ciertas personas podían aguantar leer según qué cosas. Cuando veía el número de reseñas que acumulaban dichos títulos no pude evitar hacer unos cálculos. Era posible que aquellos escritores ganaran mucho, pero mucho dinero. Leyendo las opiniones también comprobé que pocos lectores se fijaban en la calidad literaria de aquellos libros, les daba igual si tenían faltas o fallos en la trama. Querían leer historias de amor con trabas y problemas, pero con final feliz, protagonizadas por personajes exageradamente guapos e inteligentes, aunque fueran asesinos, camellos, mafiosos o infieles confesos.

Este sería el inicio al que Nekane se enfrenta y a lo que nos hemos enfrentado muchos lectores a la hora de elegir algunas de las novelas más destacadas en la lista de ventas de la plataforma. Pronto decide qué rumbo tomará su historia.

Escribiría una trama llena de clichés ya que, por lo visto, a los lectores de dichas novelas no les importaba lo más mínimo. (…) La protagonista sería una chica tímida pero preciosa que se enamora de su jefe, un joven y guapo multimillonario que la introduciría en un mundo de perversión y sexo duro. Una novela romántica tirando a erótica. (Título El coleccionista de pollas)

Obviamente es el hilo conductor, como ya he mencionada antes, de las aventuras y desventuras de la protagonista en el mundo literario. Para completarlo, no podía faltar el apuntarse a algunos de los grupos que se postulan de apoyo para escritores, de los que ya comenté algo en párrafos anteriores y que durante este tiempo se ponen efervescentes con las llamadas “Lecturas Conjuntas”. Ahí es donde conoces las cloacas de este concurso en el que se encuentra a los siguientes actores, según la autora:

―Autores que ofrecen su libro gratis a cambio de una reseña positiva, así, sin anestesia, o que reembolsaban el precio del libro:

Me sorprendió la insistencia del escritor del thriller psicológico que ya me había ofrecido gratis su libro. En su cuarto mensaje subía la apuesta y me ofrecía un Bizum con el reintegro del precio de la novela si publicaba una reseña positiva de su libro. Pensé que aquella persona tenía un problema, no me parecía una actitud muy normal. Comprobé que casi todos los días aparecían reseñas de su novela en los grupos de Facebook, hablando de lo fabuloso y original que era. Una obra de arte, un libro imprescindible según la mayoría de los lectores. Una novela digna de ganar el PLAS, el Planeta o incluso el Nadal. Curiosamente, las valoraciones del dichoso libro habían dado un vuelco. La mayoría eran de cinco estrellas. Casi todas las reseñas repetían el mismo esquema, siguiendo un patrón y la mayoría contenían frases manidas y vacuas tipo «te explota la cabeza», «muy turbia», «giros increíbles», «personajes bien definidos», «tensión en aumento» o «con un final que no te esperas».

―Grupos de apoyo de lectores, que sobre todo tiene escritores que se leen entre ellos, con lo cual la reseña ha de ser de cuatro o cinco estrellas y, por supuesto, recomendando encarecidamente la lectura del libro:

No tardé en darme cuenta de que existían bandos, grupos de amigos entre la grandísima cantidad de autores que pululaban por los grupos de Facebook. Era consciente de que el número de personas que se atrevían a escribir y publicar un libro se había incrementado en los últimos años. A veces pensaba que algunos grupos estaban formados únicamente por escritores.

―La actuación poco ética de unas nuevas figuras surgidas aprovechando esta nueva moda de hablar de libros: las bookstagrammers o bookbloggers:

Casi todas esperaban recibir gratis una copia firmada de mi libro y, a ser posible, acompañada de algún regalito extra. Lo llamaban «colaboración». Extraño término para denominar a un regalo. Eso sí, recibir el libro no aseguraba una fecha, ni tampoco su lectura. Simplemente pasaría a ser otro más de la interminable lista que todas tenían pendiente. Alguna dejó caer que podía subir la prioridad de la «colaboración» por un módico precio. El importe fluctuaba entre los cinco y los cincuenta euros. Me molesté en analizar los perfiles de Instagram y Facebook de muchas de aquellas bookbloggers. Casi ninguna pasaba de los diez mil seguidores y, en esos casos, me costó encontrar reseñas de obras de autores indie. Las pocas que pude hallar no alcanzaban las cien reacciones de sus followers. Los libros que obtenían más comentarios y reacciones eran de autores famosos, cosa que no me extrañó lo más mínimo.

―Crítica a la calidad de muchos de los libros autopublicados:

Comencé a leer uno de los libros que había ganado en los sorteos de Facebook. ¡Ya llevaba tres! En las primeras cinco páginas conté veintiocho faltas de ortografía e innumerables frases mal construidas. Además, el autor, en un empeño por demostrar su destreza y dominio del arte de la escritura, empleaba palabras poco usuales en frases donde carecían de sentido. Me preguntaba por qué algunos escritores se empeñaban en usar recursos que no dominaban o situaban sus tramas en países que no conocían. Diálogos absurdos y artificiales, en los que metían con calzador datos más propios de una enciclopedia que de una novela policiaca, en un esfuerzo por demostrar el buen trabajo de documentación que habían realizado.

―Cómo hay autores que tratan de manejar el cotarro de una forma descarada a su favor dentro de los grupos de apoyo:

He leído que, como el resto de los certámenes literarios, está amañado. Dicen que escogen finalistas al tuntún, para rellenar. Que ya saben de antemano quién se lo va a llevar. Que, incluso, existen mafias que trafican con reseñas. Llaman la Capone a una señora que tiene varios grupos donde se cruzan reseñas y reparten cinco estrellas a diestro y siniestro.

Creo que llegados a este punto no voy a poner más fragmentos de la novela de Pussie y así te dejo que la leas con tranquilidad si te interesa.

Mi valoración es buena en cuanto a las fuentes de información que ha manejado. En realidad, a poco que te muevas en este mundo, siempre hay alguien encantado de contarte toda la historia o puedes vivirla en tus propias carnes, seas lectora o escritora. La novela en sí no es más que una sátira con sentido del humor de este mundillo que se lleva criticando desde sus inicios. Lo único que podría alegar en contra de ella es que se me hizo larga, ya que la parte de la historia que nos narra la autora, y que será la novela que presenta la PLAS, tiene los tópicos que no me gustan. Confieso que me la he leído en diagonal, ya que lo que me interesaba era toda la parte de las impresiones que ha tenido Pussie y que coincide con lo que muchos ya sabíamos. Aun así, ha habido un grupo, mínimo a la hora de la verdad, que se ha picado y ha formalizado sus quejas haciéndose las ofendidas por la forma en la que el autor o autora trata a los grupos de lectores y a muchos escritores. Lo que suelo decir en otros post: al que le pica, ajos come.

Como bien se dice en el título de la entrada, todos somos culpables. No voy a hablar de nadie determinado, pero sí de lo que también he visto y vivido. Alguna reseña de cuatro estrellas he tenido que poner pese a que el libro no se lo merecía. O sea que yo entono mi parte de culpa y, aunque hay muchos lectores que no quieren reconocerlo, lo cierto es que este tipo de actuaciones está a la orden del día. Ya hace tiempo que si leo y recomiendo lo hago porque de verdad considero que el libro se lo merece y no por cuestión de gustos, sino porque por lo menos está digno. Todos cometemos errores en los inicios, lo que no nos hace un favor a escritores y lectores es que quién persiste en seguir cometiéndolos además exija que se haga caso omiso de ello.

Tras haber estudiado a fondo el tema del PLAS a lo largo de los años, lo que puedo decirte sin temor a equivocarme es que todas aquellas autoras que piensan que tienen oportunidad de ganar porque sus libros tienen muchas estrellas y están de los primeras en el ranking de ventas, que lo olviden. Las cinco finalistas no son las novelas más leídas, no han sido las más vendidas y no son las que mejores comentarios tienen. Lo puedes comprobar, pero te lo voy a poner aquí de forma esquemática, tal como está hoy el ranking en Amazon, día de la publicación de mi entrada:

Los crímenes de Hollywood (Federico Atax) 187 reseñas, de las cuales 10 son con opinión.

Un crimen pasional (J.J Fernández) 394 reseñas, de las cuales 20 con opinión de lector.

Hermanos de Dios (Jorge Zaragoza) 226 reseñas, de las que 11 son con opinión de lector.

El Ladrón de letras (Luis David Pérez) 1305 reseñas, de las que 42 tienen opinión de lector.

Un asunto pendiente (Gema Herrero) 238 reseñas, de las que 62 tienen opinión del lector.

Esto me lleva a la conclusión de que muchos autores y sus fans se están matando y envenenando las redes para nada, en vez de preocuparse de escribir libros con calidad, que de verdad llamen la atención por ello. Una pena, porque es un concurso que hubiera tenido muchas posibilidades y me parece genial que la gente se presente, lo mismo un día de estos me animo y todo, pero, desde luego, me apunto lo que Pussie ha criticado para no caer en las mismas dinámicas.

vivencias

La vida, un papel de arroz

Ya te he comentado en anteriores entradas que, gracias a Dios, el pecado de la envidia no está en mi lista de defectos. Si acaso la lujuria y la gula, aunque trato de mantenerlos a raya. Cosa que no se puede decir de muchas personas que veo pulular por las redes sociales. Junto a ellos, hay otro tipo de individuos que sufren de una nueva enfermedad, una que arrastran desde el siglo XX y lucen con garbo este inicio de milenio: la frustración, que si bien no es pecado capital debería ser el octavo. De los envidiosos, puedo decir que en el pecado llevan la penitencia; en el caso del frustradito, el entorno acaba hasta el mismo merengue de tanto desencanto. Ante todo, tengamos claro que el 90% de lo que nos ocurre son cosas que hemos sembrado y ahora cosechamos, queramos o no. Lo peor de todo es cuando se juntan la envidia con la frustración. Es ahí cuando te recomiendo que huyas si tienes a alguien a tu alrededor que padezca esa enfermedad, porque, al final, no deja de ser un problema de concepción de la realidad y debería ser tratado por profesionales de la psicología, siempre y cuando el paciente reconozca su problema, algo que normalmente, a la altura que estamos y con la sociedad que nos rodea, no suele pasar.

Esta semana he aprovechado para tomármela sabática y he participado en una dinámica en la que me han mostrado de manera didáctica este concepto y como, o le pones remedio y dejas que el problema fluya, o te dejas arrastrar y entonces llevas todas las de perder.

Gracias a Amaia y en un entorno relajante como es La posada del té

https://www.instagram.com/laposadadeltea/?hl=es

disfruté junto con Héctor https://www.instagram.com/hectorh.lopez/?hl=es de las técnicas milenarias del Shodo y del Sumi-e. El primer término lo podemos traducir como el camino de la escritura, algo muy apropiado para dos escritores, mientras que el segundo se trata de la palabra usada para designar la técnica de la pintura con tinta y se utiliza, entre otras muchas herramientas de las que se vale la filosofía zen, para alcanzar la paz interior. Una práctica útil para momentos de incertidumbre.

Iniciamos la dinámica con una ceremonia del té, como bien dijo Amaia, siguiendo el ritual, pero conducido de una forma personalizada tras sus años de experiencia. Nos habló de los tipos de té, del blanco Pu-Erh que tomamos, y que esa noche era la de la luna llena de las flores, llamada así por ser la última luna antes del solsticio de verano. Estas son las semanas en las que se planta aquello que se cosechará en plena canícula. Paso a paso Amaia nos fue poniendo en situación para que se creara el ambiente adecuado y nos dio las pautas a seguir:

  • Escribiríamos en un papel una intención que no solo nos afectara a nosotros, sino que favoreciera a nuestro entorno, para luego colocarla bajo un gran cuarzo que presidía el centro de la sala.
  • Trataríamos de dejar fuera todo aquello que nos perturbara y nos colocaríamos lo más cómodos posible, siendo conscientes. Si nuestro cuerpo se quejaba de la postura no debíamos tomarlo como algo que nos incomodara, sino como una realidad natural (inicio del concepto de no te frustres, porque con 57 años ya no tienes la flexibilidad que tenías y tu cuerpo se quejará)

Se inició la ceremonia propiamente dicha y, entre taza y taza de té, tratamos de encontrar el Samâdhi, que para los profanos, incluida yo, se puede traducir como alcanzar ese nivel de conciencia plena de sí misma dentro de la meditación. O sea, que no estés pensando en las albóndigas para el día siguiente o la última bronca con los niños, algo muy habitual en la vida que nos ha tocado. Nos cuesta pararnos y ser conscientes de que vivimos, porque estamos más en el cómo vivimos.

Lo disfruté, pero dónde saqué la enseñanza relacionada con el título de esta entrada fue en el siguiente paso, cuando llegó el momento de hacer Shodo y Sumi-e. Amaia nos enseñó la lámina que ella había hecho y nos animó a intentarlo en unas tablillas de madera a las que estaba sujeto un papel ¡DE ARROZ! La tinta china y este papel son incompatibles, ¡por dios! Pero nada, ¿quién dijo miedo? Respiré profundamente y me dispuse a hacer mi lirio. Ya ves el resultado final. Si te digo la verdad, según lo miro y remiro, más me gusta, porque para mí tiene un profundo significado. Te puedes proponer hacer las cosas lo mejor posible, planificarte, medir bien los pasos; pero luego la vida es un papel de arroz que se encargará de que todo lo acabes sacando como buenamente se pueda.

Lo ideal para hacer Sumi-e es usar el habitual para acuarela, pero Amaia quería darle ese toque de: no te molestes en intentar hacerlo perfecto, sino, más bien, disfruta con lo que estás haciendo. Se nos olvida disfrutar del proceso de vivir y estamos muy pendientes de organizarnos la vida. Eso os lo dice una persona a la que le encanta organizar cosas, si bien, con muchos años de filosofía y espiritualidad a las espaldas, que no se frustra si hay que cambiar de planes o las cosas no salen como las había planificado. Ojo, que también me enfado cuando no son como yo querría o me dan bajones si tengo contratiempos, porque soy humana, pero ni me dura mucho tiempo el desengaño ni le jodo la vida a los de mi entorno porque las cosas no salgan a mi gusto.

Enseñanza

Ahora mismo veo cómo llega la primavera y todo el mundo anda de promoción de sus nuevas novelas y yo ahí, corrigiendo la mía como una Penélope de la vida. Así son las cosas y así te las cuento. Mi nueva novela me puede parecer maravillosa, pero sabía que necesitaba ponerla a régimen, no soy Posteguillo, y una editorial, por mucho que se anime a arriesgar su dinero, no publica de una autora desconocida ―seamos serios, me conocen en mi casa, cuatro amigos y dos lectores lejanos― un volumen de ochocientas páginas. Hay que ser coherente, como en la meditación, no frustrarse y ser humildes, no pensar que a mi hijo no lo toca nadie. ¿Me pongo a llorar? ¿Pienso que todas las editoriales están en mi contra? ¿Me frustro y despotrico en las redes? Pues no. Pasados los primeros minutos de pánico, porque no se sabe por dónde empezar, y sabiendo que mi editora me recomienda dejar la novela a la mitad (de 444 folios a 250 más o menos), me arremango y me pongo manos a la obra. Ya hemos quitado 80, y ¡escucha!, sin romper en absoluto la obra. Eso me demuestra que, si bien mis descripciones pueden ser todo lo inmersivas que yo quiera, es mucha tralla tanta palabra y que no tengo un ego tan desarrollado como para emperrarme en publicar el libro tal cual. Soy divina, pero en otra acepción.

¿Y sabes una cosa? Que estoy superorgullosa de poder quitar de mi novela esas páginas sin perder coherencia y sin sufrir, siendo consciente de que estoy haciendo lo adecuado y sin cabrearme por el tiempo que le he dedicado a unos folios que acaban en la papelera. Es un maravilloso ejercicio de humildad y, al final, si sabes aceptarlo, acaba siendo gratificante, sabes que va a valer la pena. Obviamente, la última palabra, en cuanto a si no han quedado agujeros en la trama, la tendrá mi lectora cero y, por supuesto, si ha quedado bien para publicar lo tendrá que decidir mi editora. Aunque las cosas no salieran bien, que saldrán, siempre habré aprendido una gran lección que, además, esta semana de relax y reflexión me ha reforzado. De nada sirve sufrir por adelantado ni a posteriori: acepta tu pasado, encara ilusionado tu futuro y, sobre todo, vive enfocado en el presente.

N. de A. Algunas fotos son mías y otras las he cogido prestadas del IG de La posada del té. No era mi idea ponerme a hacer fotos durante la ceremonia.

eventos

VII Encuentro de literatura gaditana

Un año más nos reunimos en la glorieta Ana Orantes unos setenta escritores para celebrar el día del libro. Pusimos a pie de calle libros para todas las edades y disfrutamos de una mañana que, si bien empezó con lluvia, poco a poco, terminó arropada por el sol.

En la foto no estamos todos los que hemos participado, pero sí aquellos que disfrutamos hasta el último minuto.

Crónica de la jornada

Cuando a primera hora de ayer me monté en el tren iba, sobre todo, con la alegría de saber que me encontraría con los compañeros de siempre y el interés de aumentar esa lista con nuevos autores que iniciaban su periplo por este tipo de eventos. Esto era lo que más me animaba, porque lo de vender, aunque a nadie le amarga un dulce, no destacaba como razón fundamental de este encuentro por lo que a mí respecta. Por supuesto, si se logra volver con menos libros de los que llevamos es doble satisfacción y se podría decir que nos acostamos con el deber cumplido. Pero mi mayor interés era poder charlar con los que, de manera habitual, solo nos vemos en nuestras propias presentaciones o en eventos de este tipo.

Por eso, en primer lugar, tengo que agradecerle a Juan, dueño de la librería Plastilina, que, sabiendo lo complicado que es este tipo de reuniones, sea el séptimo año en el que se anima a promoverla. Porque, al final, por mucho que se diga, es él quien da la cara y mira el cielo pidiendo que la climatología sea benévola con la convocatoria. Este 2024 ha sido por los pelos. Tras una noche bien cargada de agua y un amanecer que no auguraba nada bueno, la mañana ha pasado del ¡ay madre, que nos va a llover! a un sol radiante. Tan agradable se ha puesto el ambiente a partir del mediodía que he acabado con un peligroso morenazo en el poco escote que me he permitido lucir. Pero todo sea por un buen fin.

El ganador junto con las finalistas

Lo segundo a destacar es el alto nivel de la convocatoria, con autores de diversos géneros, unas mesas muy interesantes y la entrega, como novedad, del premio al mejor libro del 2023, elegido de entre los autores gaditanos que han publicado en el transcurso de este pasado año. El ganador ha sido Wayne Jamison,por su libro El poeta que liberó París. Y lo tercero, aunque no menos importante, agradecer la colaboración de la compañera Patricia Gallardo como fotógrafa y poniendo a disposición de todos los participantes sus redes sociales.

Wayne Jamison dedicando su novela. Pronto os hablaré de ella.

Otra cosa que resalto es el ambiente que se vivió. Es cierto que no todos nos conocemos. Sea porque unos llegan, firman sus libros para sus lectores conocidos y se van, sea por la falta de tiempo o, incluso, timidez, algunos no participan en los corrillos en los que nos juntamos los que ya tenemos callo por asistir a estas reuniones muy a menudo. Es más, llámame tonta, pero hago el esfuerzo de mantenerme en contacto para hacerme partícipe de las presentaciones y no por la cervecita, aunque si esta cae se agradece. Lo bonito de este mundo de los escritores gaditanos, que tiene las satisfacciones justas, es el hecho de hablarnos de tú a tú sin preocuparnos si somos autopublicados o de una editorial tradicional, de comentar el día a día de nuestro trabajo, las próximas publicaciones o ferias donde volveremos a encontrarnos. Sin presiones y sin la mala baba que hoy día se ve, sobre todo en las redes, donde algunos «juntaletras» publican como pollo sin cabeza.

La autora Eva Amuedo
Benito Olmo y su nueva novela.

Mi esfuerzo, desde que me inicié como escritora, se ha orientado a ir ampliando ese círculo de buena gente sin ínfulas. Me gusta rodearme de los mejores, de los que destacan, de aquellos de los que puedo aprender. Lo habitual en cualquier oficio es que a los falsos profesionales les guste hacerlo con los mediocres para destacar, pero ese no es mi objetivo. Este año ha sido con Benito Olmo y su nuevo libro Tinta y fuego. Se me han escapado Enrique Montiel y Oscar Lobato, pero no se puede estar a todo. Saludar a los amigos, conocer gente nueva y hacerlo prácticamente de forma simultánea puede llegar a ser tarea titánica, garantizo que asemeja a un juego de malabares, y todo ello controlando el entorno, porque alguien puede estar buscándote con tu libro en su mano esperando que se lo dediques. Aun así, el esfuerzo vale la pena.

Sobre todo si, como presento, mi intención es conocer bien lo que en la provincia de Cádiz se cuece del género thriller o sobre novela negra, que siempre han sido mis favoritas. Puedo decir que la prueba de este año ha sido superada: he añadido a dos autores a mi lista de conocidos, he comprado dos novelas de las que ya os hablaré con detalle en otra entrada y he vendido algunos libros. Y eso que llegaba sin muchas esperanzas ya que estoy un poco como la gata sobre el tejado de cinc caliente, esperando a dar el salto para no quemarme las almohadillas de mis patas. Pero ese tema, si acaso, te lo contaré cuando sepa el resultado de mis pesquisas.

Daniel pasa a engrosar mi lista de lectores
Alberto también se animó a conocerme a través de mis letras.

La jornada finalizó con una comida en agradable compañía, aunque éramos un círculo reducido. Hablamos de lo divino y humano relacionado con el mundo de las letras y de nuestro devenir diario hasta media tarde para, después, retirarse cada mochuelo a su olivo.

Mi lectura semanal recomendada

Esta semana me ha dado tiempo de simultanear dos novelas. Corpore insepulto de Alberto Puyana y El brazo de la justicia de Steve Saylor. Una se desarrolla en la actualidad y la otra es una novela cuya trama se desenvuelve en la época de la República romana. Así, a bote pronto, podrían no tener relación; pero en realidad ambas son del género thriller.

La primera nos sitúa en el sepelio de Simón Galiana, el mayor estafador de Cádiz, que congrega en el tanatorio no solo a sus familiares y conocidos, sino también a buena parte del crimen organizado de la ciudad. Un asesinato inesperado, en pleno velatorio, obligará a Ramiro, su sobrino, a retomar el camino de la investigación policial de la que había sido apartado por su impropio comportamiento. Ramiro Galiana inicia así su redención personal, tratando de resolver un caso al que no está invitado, enfrentándose a un psicópata implacable.

Con numerosos giros humorísticos y el tono propio de la picaresca gaditana a la hora de afrontar situaciones adversas por parte del protagonista, Alberto Puyana nos va introduciendo en una noche de perros que tiene de todo menos de tranquila, pese a iniciarse la trama durante un velatorio. Sus palabras nos adentran en el submundo lumpen que podría ser de cualquier ciudad, aunque en este caso será en Cádiz. La ironía, el cinismo, el buen humor y el doble sentido campan entre sus líneas haciendo que la lectura sea amena. Muy recomendable si quieres adentrarte en un thriller con un puntito de humor negro al más puro estilo gaditano.

En la segunda recomendación tenemos un misterio que se desarrolla en la antigua Roma. En una villa de la rica región que rodea al Vesubio ha aparecido muerto Lucio Licinio, primo y factotum de Craso, el hombre más rico de la República. Su viuda, Gelina, manda llamar a Gordiano el Sabueso, afamado investigador que ha llegado a trabajar con personajes tan importantes de la época como el abogado Marco Tulio Cicerón. La sospecha recae sobre dos esclavos huidos y se debe descubrir la verdad antes de que el verdadero dueño de la casa, Craso, mate a todos los sirvientes como represalia y forma de demostrar su autoridad frente al Senado, pues de ello va a depender que lo nombren general y comande las fuerzas contra Espartaco.

Aquí tenemos como telón de fondo la tercera guerra servil, encabezada por el famoso gladiador, y que puso en jaque al ejército romano, hasta que se formó uno comandado, entre otros, por Craso, que logró salir victorioso y acabar con la revuelta. La figura de este poderoso ciudadano planea sobre la trama, ejerciendo presión sobre los habitantes de la casa. El investigador tiene poco tiempo para descubrir la verdad mientras va conociendo los entresijos de la vida de los ricos y su relación con sus esclavos durante la República. Una novela que me ha gustado porque mezcla el género histórico con el thriller de forma muy convincente. Se nota que el autor cuida los detalles, como el momento en nombrar al Vesubio, al que denomina montaña y no volcán, pues en esa época los habitantes de la zona son desconocedores del peligro sobre el que se asientan sus villas y ciudades.

Te recomiendo ambos libros porque, desde las primeras páginas, te encontrarás inmerso en dos historias que te obligarán a leer sin parar.

mis lecturas

Recuerda

Mi secreto

Hoy en día vivo con el corazón partido entre el derecho a ejercer la denominada libertad de expresión y el interés que tendrán algunos lectores por lincharme. Un tipo de potestad ejercida por parte de aquellos que no están de acuerdo con mi opinión, pese a que intento siempre expresarla con fundamento y educación. Pero dar su brazo a torcer, en las redes en particular y en España en general, es inasumible por parte de la gran mayoría de los internautas. Nadie reconocerá la autoridad del otro por mucho que se le pongan delante de las narices las pruebas que lo ratifiquen. Si hay personas que todavía piensan que la tierra es plana, cuando hace milenios se demostró que es redonda y es algo fácilmente apreciable incluso a simple vista, no me extraña que haya multitudes que intentarían sacarme los ojos si expresara, de verdad, lo que pienso de muchos comentarios y temas.

Ser políticamente correcto es el marbete que llevamos colgados todos aquellos que queremos vivir en paz en el mundo de las relaciones sociales. Mi pregunta es ¿cómo sobreviven todos aquellos que mienten descaradamente y se pasan la vida revolviendo el caldero? Porque luego llega un pobre inocente, comete un desliz y las redes arden hasta los cimientos. Aparecen los coñohonrados defendiendo lo indefendible y aquello se convierte en una caza de brujas al más puro estilo medieval.

Te estarás preguntando a santo de qué viene esta digresión y viene por el tipo de libros que leo en la actualidad y a los que me acerqué en otros momentos. Si es de alguien que está en la lista de los autopublicados y osas hacer la más mínima crítica, saldrán en su defensa aquellos que postulan que el autor es un pobre inexperto que acaba de empezar y por lo tanto está en su derecho de equivocarse. Aunque con tan numantina defensa más bien parece que esté en la obligación de hacerlo. Parece que es impepinable nuestro deber de perdonar el cúmulo de errores, aunque sean de tal calibre que no los cometería un niño de primaria, pero ojo, de aquellos de primaria que estudiaron la EGB, no de los de la actualidad. Si el autor es algo más consagrado, automáticamente saltarán a la palestra aquellos llamados «abogados de pleitos pobres», tan habituales en nuestro entorno, que alegarán que quién soy yo para criticar a un compañero. Como si ser compañeros ya nos sirviera de escudo de vibranium.

¿En qué se resume la mayor parte de las aportaciones que se hacen bajo el falso nombre de críticas? En una palmadita en el lomo y si los «musos» empotran o no a la protagonista de turno de la forma adecuada. Pues mira, siento decir que muso tiene otro significado que, si lo conocieran, seguro que usarían menos; pero claro, hay que tirar de Diccionario de la Lengua Española y es mucha tarea. Eso que estamos todo el día con la palabra empoderamiento en la boca. Qué verdad esa, que decía mi abuela, de que la ignorancia es muy atrevida. De este pedigrí he encontrado a muchos entre los miembros de colectivos que lo mínimo que se les presupone es buen oficio, pero que no alcanzan la categoría de iniciados en la cartilla 0 de caligrafía de Rubio.

Mi recomendación

Desde hace unos meses me estoy dedicando a leer libros de nombres «de reconocido prestigio». No todos ellos son conocidos por el gran público, pero cierto es que tienen miles de lectores. No hablo de descubrir autores desconocidos, aunque sí pueden serlo para mí pese a que vienen con una larga trayectoria literaria detrás. Quiero con esto afinar, de verdad, mi sentido crítico y, al alimón, montar un club de lectura que enriquezca a sus miembros con aportaciones que nos sirvan para crecer como escritores. Sé que sería un campo minado si se abre a muchos participantes, por lo que lo compondremos un número reducido, para que sea manejable, y será privado, para que podamos aprender de verdad. Algo más próximo a la masonería que al Círculo de Lectores, para qué mentir. Me dan ganas de poner como prueba de admisión la lectura de un libro de los postulantes y realizar su crítica fundamentada. Si no eres capaz de soportar ese escrutinio no tienes derecho a criticar los libros de los demás, ya que se demostraría que estás abierto a asumir las opiniones ajenas y los fallos. Entiendo que nadie es perfecto, pero se debe demostrar la intención de mejorar, que es la finalidad del grupo. Esto es como una partida de ajedrez y yo solo juego con aquellos que me puedan ganar; lo demás es un aburrimiento y pérdida de tiempo. Ponme retos y olvida eso de los golpecitos en la espalda que, al final, acaban siendo puñaladas traperas que no me aportan nada. Quiero una verdadera lectura crítica.

Esta semana ha sido, de Pierre Lamatrie, Vestido de novia. Leyendo sus primeras páginas, la forma de poner en escena a la protagonista me ha recordado la película Psicosis de Hitchcock. Quería saber algo más del autor y busqué en su biografía, confirmando mi pálpito: además de ser escritor de thriller es guionista y admiraba al citado director de cine.

Según iba avanzando en la angustiosa trama, más me picaba la curiosidad de saber cómo había nacido esa historia. Si hubiera podido hacerle una entrevista al autor, mi primera pregunta hubiera sido qué le indujo a tratar ese tema. De momento, fui tirando de mi bagaje cinéfilo que, si bien no es tan amplio como yo quisiera, tiene su aquel para estos asuntos. Me había venido a la memoria otra película del mismo director y de la que solo tenía como referencia para encontrarla que parte de los decorados habían sido pintados por Dalí.

Así apareció la película Recuerda (1945). Me he vuelto loca buscándola ―a veces localizar una película de cine clásico es complicado― para poderla disfrutar de nuevo en la pantalla, pero por fin lo he logrado y he comprendido de dónde ha salido la historia. Obviamente el autor ha modificado la estructura de la narración haciendo lo que se denomina un 2, 1, 3: la lectura se inicia con el nudo de la historia y sigue avanzando con la narración del detonante de la trama hasta llegar al final. No considero que sea, como he leído en algunos críticos, una novela impecable. Pese a que puede parecer redonda, se apoya en la casualidad y tantas casualidades hacen que la pierda credibilidad. Es más, puedo considerar que el autor es un mentiroso.

Antes de leer las críticas para escribir esta entrada ya había pillado de qué pie cojeaba. Dirás que voy de sobrada; siento decir que no, que cuando una ha leído mucho ―y hablo de autores clásicos de todos los tiempos―, tiene un criterio bien formado. Lo que te he dicho al inicio de la entrada: tengo, sin ser una experta, autoridad suficiente como para poder fundamentar. Encima, encuentro la reseña de El País, donde mis postulados y los del crítico literario son muy similares, algo que me ha producido una profunda satisfacción, pues me reafirma. https://elpais.com/cultura/2015/02/11/babelia/1423652867_693810.html. Prometo que el columnista de esta sección del periódico no soy yo ni nadie de mi familia con el que me haya tomado unas copas o compartido comentarios. 

Son tres los puntos que han hecho que el libro no me convenciera:

1.- El tiempo. A veces da la sensación de que la historia transcurre en los años 70 del siglo XX y, de repente, te das cuenta de que nos encontramos entre finales de los 90 y principios del XXI.

2.- La mentira. Es imposible que todo lo que ocurre en la trama funcione, ni aunque fuera agente de los servicios secretos. O que en Francia Internet no funcione como en el resto del mundo. Hay momentos en que parece que la policía no exista en absoluto. Como en Recuerda, cuando dos agentes caen en la cuenta de haber tenido delante a la doctora (Ingrid Bergman, nada menos) y no la reconocen porque lleva gafas de ver, algo en lo que Hitchcock incide pues las pintan en una fotografía para explicárnoslo. Recordemos que es 1945.

3.- La lógica. A las primeras de cambio y teniendo en cuenta la fecha real en la que se desarrolla la trama y que todo se inicia por el robo de un bolso, lo normal es que la protagonista cambiara la cerradura. A partir de ahí, por ese simple hecho, se hunde toda la trama. Además ella sospecha de todo al final, cuando se supone que mentalmente está mucho más afectada.

Ahí es a dónde voy cuando hablo de la importancia de leer libros que nos den unos cimientos y una formación para hacer una crítica constructiva útil. Sobre todo si queremos destacar en este oficio, si somos escritores y si nuestro deseo es aprender. O también puede servir para otros escritores, si solo somos lectores con interés en apoyar a los autores que de verdad veamos en su trayectoria la intención de crecer. En realidad sé que son pocos y que estas palabras caerán prácticamente en saco roto, por lo que tampoco tengo demasiadas esperanzas.

Te lo he dicho muchas veces. Si no tienes una buena técnica, cuando trabajes con un corrector o con un editor te podrán engañar con harta facilidad, no distinguirás la calidad de su trabajo; cuando hagas una reseña o ejerzas como lector cero le harás la puñeta, solo harás comentarios banales, como lo ágil que ha sido la lectura, y no aportarás nada para su mejora. Vemos a correctores y editores publicitando las novelas en las que han trabajado y que cuando lees sus primeras páginas te llevas las manos a la cabeza por la cantidad de errores. Nunca sabré si es porque el autor o autora de turno, por soberbia, no han aceptado las correcciones sugeridas, por desconocimiento lo han visto todo estupendo o porque en realidad nunca les han hecho una buena corrección. Pero no seré yo la que pregunte. Y no me vale la excusa de que en las grandes editoriales también hay errores o fallos. Claro, y en las cocinas de El Bulli, pero seguro que son mínimas y se percibirán pocas veces. A mí eso de, mal de muchos consuelo de tontos, no me vale. ¿A ti sí?

¿En qué queda todo? El resumen está en que incluso un premio Goncourt puede tener una novela en la que se pillen errores de trama y no pasa nada. A fin de cuentas, un gran equipo, como el Real Madrid o el Barcelona pueden tener un mal día y, pese a todo, se disfruta de jugadas magistrales, algo que he visto en este autor. Se pueden criticar y aprender de ellas, tanto las buenas jugadas como las malas, para no repetir estas últimas.

Seamos un poquito más humildes y en vez de subirnos por las paredes, cuando alguien vierta una crítica negativa sobre nuestro trabajo, preguntemos y aprendamos. Junto a eso, hagamos verdaderas lecturas conjuntas, tan de moda en las redes, pero con fundamento, como las recetas de Karlos Arguiñano. Todo lo demás es para nada.

mis lecturas

Círculo de Lectores-sama

El club de lectores de los años sesenta

Que levante la mano quién no ha comprado algún libro del Círculo de Lectores o no ha oído hablar de este club. Si eres de los nacidos en la generación de los años 60 seguro que alguno ha pasado por tus manos, sea por regalo, sea porque en tu familia han sido socios y luego tú has mantenido la tradición. En nuestra retina se han quedado grabadas las cubiertas de las coleccionesy todavía entre los que somos ávidos lectores nombramos algunos de sus títulos y rememoramos las que han estado en nuestras casas. Una empresa que nació en 1967 y que sobrevivió hasta el año 2019, tras haber sido comprada por Planeta para intentar reflotarla o terminar con ella, nunca lo tuve del todo claro. Igual que AVON llamó alguna vez a nuestra puerta, el agente del Círculo de Lectores lo hacía cada mes junto con su catálogo de novedades. Eran ediciones cuidadas y en mi casa era habitual que todos los meses adquiriéramos un libro, eso cuando todavía las casas que tenían poder adquisitivo también gozaban de espacio para poder colocarlos. Era el boom de las hipotecas, el turismo y, en ciertos estatus, el interés por la cultura, que se representaba por tener libros en casa. Eso no quita para que muchas personas los compraran, por lo decorativo de sus lomos, como elemento para rellenar las estanterías de los salones.

La gente ha hablado de la desaparición de muchos oficios debido a los avances tecnológicos y bastante de ellos están relacionados con la cultura. Así ocurrió con los agentes del Círculo de Lectores, que llegaron a ser mas de 5000 en nuestro país y que tuvieron que reciclarse buscando trabajo como comerciales en editoriales o en otros trabajos relacionados con la venta. Eso mismo debieron hacer el millón de socios que disfrutaron de esta venta puerta a puerta. Tengo que reconocer que, salvando las diferencias, a veces viene a mi memoria este modelo de negocio cuando me cruzo con el camión de Bofrost.

Además del modelo puerta a puerta, la compañía había ampliado su captación de socios a través de la atención telefónica, no solo ofreciendo libros, sino otros productos como música, cosméticos o artículos de ocio para el hogar. Unas ventas que llegaron a representar el 30% de la facturación, pero que alejaban cada vez más al Círculo de Lectores de su propuesta original. Pese a que el libro de papel resiste contra viento y marea, el formato de venta propuesto en los años sesenta no soportó el empuje digital. Junto a eso, la competencia de Amazón fue muy grande para el Círculo de Lectores, que vio como muchos nuevos lectores apostaban por el gigante del ecommerce para regalar y comprar libros, tanto físicos como en digital.

Un club que quedó obsoleto, pero supuso durante muchos años una excelente vía de acceso a la lectura para todos aquellos que no disponían de suficiente poder adquisitivo, pues sus ediciones eran muy asequibles, o no disponían de bibliotecas cercanas.

Todavía queda algún ejemplar por mi casa de esta editorial, aunque muchos de ellos los tuve que dejar en el par de mudanzas que he sufrido el año pasado, la de mi madre y la mía. Pero bueno, no se puede vivir de viejas glorias. Tuvieron su vida activa y ya serán muchos una nueva pasta de papel que creara historias nuevas. Eso mismo le ocurrió a Planeta, dueña del Círculo, al poco de avisar de su cierre: tuvo que ponerse de acuerdo con los autores a los que avisó de la destrucción de su gran colección de Obras Completas.

Muchos nos preguntamos por qué al igual que otras empresas se adaptaron a los tiempos e incluso surgió algo similar en la figura de Amazón, Planeta no fue capaz de renovarse y decidió morir. Sus catálogos empezaron a tener de todo menos libros. Tal vez quiso copiar a otras empresas de ventas, como la anteriormente mencionada, en vez de buscar algo que fuera su puesta en valor y que la diferenciara. Por eso pensamos que Planeta decidio darle la puntilla con esos catálogos, y el cerrojazo en el 2019.

Uno de los libros que perdí fue el de una serie que se hizo muy famosa en los años 80, titulada Shogun, homónima de la novela del autor James Clavell y que fue una revolución para los televidentes de la época. Desarrollada en cinco capítulos, recuerdo que nos dejó un buen sabor de boca a todos los que seguimos las peripecias de sus protagonistas, John Blackthorne y Toda Mariko, que se ven envueltos en las intrigas del Japón feudal del siglo XVII. Un pais muy desconocido para la gran mayoría de los españoles, salvo por los dibujos animados de Mazinger Z, que llegaron a España en 1978.

Como muchas cosas vuelven y Disney no tiene ideas propias, esta plataforma ha puesto a disposición de sus clientes una nueva versión de aquella mítica serie, esta vez repartida en diez episodios. James Clavell nos desarrolló una novela histórica donde se narra el choque cultural en un Japón feudal cerrado a cualquier interferencia extranjera, pero que permite a los jesuitas provenientes del sudeste asiático, comerciar con ellos. Igual que los españoles fletábamos el galeón de Manila, ellos los barcos negros, por estar pintados con brea para impermeabilizarlos. La llegada de los religiosos se produjo en una época de crisis de gobierno en Japón, al que se suma el intento de otras potencias de comerciar en el oriente quitándole el monopolio a España y Portugal. Entre esos tira y afloja iremos viendo la historia de Yoshii Toranaga, iniciador de un shogunato que se extenderá en el tiempo hasta el siglo XIX y que finaliza con la Restauración Meiji. En medio de toda la intriga política y religiosa se moveran otros personajes, como Lady Mariko, noble japonesa, y John Blackthorne, piloto mayor que habría sido el primer británico en llegar a Japón.

Me gusta la evolución de ambos personajes a lo largo de la historia. John pasará de ser el típico europeo que llega a Oriente pensando que su cultura es superior a, con el paso del tiempo, comprender que lo que el denomina civilización europea no es equiparable a la forma de vida de la sociedad japonesa de la época, pese a sus luces y sus sombras, con lo que cada vez se sentira más a gusto en Japón. En cuanto a lady Mariko, su vida se complicara más, si eso era posible, con la llegada del que ellos consideran un bárbaro. En un mundo de intrigas, vivirá en una continua lucha entre su conversión al catolicismo, la lealtad a su señor feudal, el compromiso con su marido, su hijo y sus deberes familiares y con su clan. Me gusta como, pese a estar en el siglo XVII, vemos a una verdadera mujer empoderada, de las muchas que había, incluso en la Europa de esa misma época, y de la que tenemos variados ejemplos. Toda Mariko ejercerá de traductora y consejera del señor Yoshi Toranaga, que la consideraba muy prudente y digna de su confianza por su buen hacer en la corte. En Europa tuvimos a mujeres del mismo calibre, como Leonor de Aquitania, Doña Urraca, Isabel la Católica o la duquesa de Éboli. Y otras muchas de ellas que llevaron las haciendas mientras sus maridos estaban en la guerra o en la conquista de América. Pero de eso se habla poco y solo ha llegado a nosotros las que más destacaron, por ser reinas o madres de reyes.

Como lectora os recomiendo que leáis el libro porque, al igual que en el Nombre de la rosa, hay matices a los que la serie nunca podrá llegar pues se haría muy densa. Para aquellos que quieran conocer un poco de ese periodo histórico esta lectura puede ser muy adecuada. No creo que desmerezca en nada la serie y pienso que no me equivoquo mucho si os la recomiendo. Habiendo visto solo dos capítulos, hasta el momento, no me decepciona la puesta en escena de la trama y por eso os la recomiendo junto con la lectura.

N. de la A. Sama (様 【さま】) es una versión más respetuosa y formal de san. Suele usarse en el ámbito profesional para dirigirse a los clientes, (llamándoles o-kyaku-sama, señor cliente) o a personas de mayor categoría que el hablante, aunque también puede usarse para referirse a alguien que uno admira profundamente.

Opinión

La lectura basura

¿Cuáles son los beneficios de leer?

Lo cierto es que tiene bastantes ventajas, casi tantas, salvando las distancias, como la dieta Mediterránea.

  • Mejora el lenguaje
  • Fortalece la concentración
  • Alimenta la imaginación
  • Desarrolla la memoria
  • Facilita la comunicación
  • Ejercita el cerebro
  • Mejora la ortografía
  • Amplía el vocabulario

Seguramente se me queda en el tintero alguna que otra porque luego cada persona es un mundo, pero cualquiera de los bienes de consumo que nos publicitan hoy en día y que nos volvernos locos por conseguir apuesto a que tienen menos utilidades que la lectura de un libro. E, incluso, a este listado añadiría la cita:

 Un lector vive mil vidas antes de morir. El que nunca lee solo vive una»

George R.R. Martin, escritor y guionista.

A los españoles siempre se nos ha tildado de seres pasionales y que nos movemos en los extremos y, por supuesto, esos extremos al final acaban tocándose. Si nos remitimos a las estadísticas que pululan por internet, podemos hablar de las horas que dedican los habitantes del mundo a la actividad de leer.

De acuerdo con el estudio Hábitos de medios, elaborado por la agencia NOP World, los países que más leen se ubican de la siguiente manera:

Tailandia cuenta con alto nivel educativo y, según las estadísticas, sus habitantes dedican 9.4 horas a la semana a la lectura.

China es la segunda nación que más horas emplean sus lectores, con ocho a la semana.

En Egipto y Filipinas, en cambio, su población dedica un promedio 7.3 horas a la semana.

Los pobladores de la República Checa, por su parte, invierten un promedio de 7.24 horas semanalmente.

¿Y en España?

Según otro estudio, España se sitúa en el puesto 20 de los 30 países analizados, con una media de lectura de 5.4 horas de lectura a lo largo de una semana. Esos datos así, en realidad, no nos dicen nada, porque no sabemos la calidad de la lectura que, a fin de cuentas, es lo que a mí me interesa.

El último Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros en España, publicado en 2021, indica que el 67,9% de la población española lee libros. La mayoría, un 64,4%, lo hacen por ocio aprovechando su tiempo libre. En lo que se refiere a sexos, las mujeres superan a los hombres en prácticamente todos los grupos de edad, excepto a partir de los 65 años. 

¿Sabes cuántos libros se pueden leer en 30 días? De nuevo, dependerá de nuestro perfil lector, del tipo de libro y de algunas habilidades que también nos pueden ayudar: capacidad de comprensión, de concentración, aplicar técnicas de salteo o de lectura superficial, entre otras. 

Por supuesto, también influye el tiempo que dedicamos a la lectura. Si renunciamos a mirar la tele o el móvil, seguramente ganaremos un tiempo precioso para destinar a los libros. Algunos expertos aseguran que combinar formatos de lectura —libros en papel y digitales— también ayuda a mejorar nuestro ritmo lector. 

Así pues, con todos estos trucos y habilidades podríamos llegar a leer más de 10 libros al mes. Pero lo normal es que la cifra sea algo inferior, entre uno y cuatro en función de nuestro perfil lector. A esto añadiría si vamos por la calidad o por la cantidad y si leemos para acumular o para disfrutar de la lista de ventajas que he puesto al principio de mi artículo.

Si nos aproximamos a los libros con la técnica del salto o de la lectura superficial dudo mucho de que esos beneficios, antes mencionados, los lleguemos a disfrutar. Es como la comida basura: comemos, pero no nos alimentamos adecuadamente; leemos, pero es para nada puesto que lo más posible es que nos resbale como si nuestro cerebro estuviera rodeado de una cubierta impermeable. Entonces, si eso nos ocurre, en realidad, ¿para que leemos?

Para mí es la única forma con la que alimento a mis neuronas, que se vuelven bastante pesadas y ansiosas clamando por leer algo que de verdad las llene. Es cierto que, de vez en cuando, me puedo permitir el lujo de devorar un libro y que este sea de una trama más superficial, lo que llaman de lectura rápida y sencilla porque su vocabulario y la historia no exigen mucho esfuerzo de comprensión lectora. Eso lo comparo, y perdonen los puristas amantes de los libros, con la comida basura que, si bien no es mala cuando no se abusa de su ingesta, en realidad no es una dieta muy recomendable. Reitero mis disculpas porque no es que diga que ese tipo de libro al que me he referido unas líneas más arriba sea una basura, pero, si nos acostumbramos a deglutir y digerir con rapidez ese tipo de lectura, ¿pensáis en serio que cumplirá los beneficios listados al principio? Creo que como mucho fortalecería la concentración, porque hay que ser y estar reconcentrado para meterse libros de esta manera en nuestro cerebro.

Esto lo digo porque he visto en las redes una especie de competiciones que me han llamado mucho la atención. Se trata de leer más de dos centenas de libros al año, acercándose peligrosamente a la lectura de un libro al día. Me han dado ganas de realizar un cuestionario a estos hábiles lectores para que me pormenorizaran una serie de cuestiones:

  • ¿Dan algún premio por hacer esa carrera contrarreloj de acumulación de lectura anual?
  • ¿De verdad, pero de la buena, de la de te lo juro por Snoopy y las bragas de Mafalda, disfrutan de esa lectura?
  • ¿Son capaces de recordar lo que han leído una vez que han llegado a la palabra «FIN»?
  • Si además son escritores, que de esos algunos hay en estos rankings, ¿les sirve para mejorar la ortografía, ampliar su vocabulario o les embellece su lenguaje?

Entiendo, en cierta medida, esa tendencia de acumular libros mes tras mes y que los japoneses, tan amigos de bautizar actitudes usando una sola palabra, han denominado «Tsundoku», o sea, el hábito, muy arraigado en ciertas personas y relacionado con la bibliomanía, de la adquisición de todo tipo de lecturas, pero dejando que se amontonen en la vivienda, sin leerlos. A fin de cuentas, los libros suelen tener portadas bonitas y son decorativos, pueden incluso dar caché a nuestra foto diaria en Instagram. Pero claro, llega un momento en que nuestra casa rebosa, como nuestros cerebros, y al final acumulamos cientos de libros descargados en nuestro ebook y cuya función es tan inútil, desde mi punto de vista, como la de leer por leer y subir la fotito a los challenges de las redes sociales.

Toda esta acumulación de palabras amontonadas de manera sistemática la podría entender en un autor que necesitase información, aprender, desarrollarse en su oficio y cumplir lo de mejorar la ortografía y ampliar su vocabulario. Pero luego nos encontramos con que la mayoría de esos lectores, que además quieren ser escritores, mantiene otra media española, la que nos habla de que, si bien podemos llegar a conocer 30.000 palabras, la realidad es que se usan en la comunicación una media de 300 y, si se es más culto, se llegará hasta unas 500. Lo malo es que escriben como hablan, sin más filtros. ¿Os imagináis una novela de 500 páginas en la que solo se han usado, seamos generosos, 500 palabras? Me puedo querer morir. De hecho he llegado a tener una amago de empacho porque yo también he participado, por ignorancia, en este tipo de actividad; así que, como acostumbro a la hora de escribir en mi blog, hablo con conocimiento de causa.

Pues es esto lo que me encuentro en las redes sociales al iniciarse el año. En Enero veo lectores y autores que no hablan del beneficio que les ha aportado un libro a la hora de recomendarlo. Nos podrían transmitir sus sentimientos al acercarse a la historia plasmada con esfuerzo por un autor, lo que les ha hecho reflexionar esa lectura o el conocimiento que les ha aportado en vocabulario o en experiencia de vida; pero no, lo único que ponderan es la cantidad. Me recuerda a esos concursos yankees en los que resulta ganador aquel humano capaz de devorar en el menor tiempo posible la mayor cantidad de comida basura.

Desde mi humilde opinión y breve experiencia en este tipo de actividad, dicha forma de leer poco puede aportarnos ya que, como he dicho antes, nuestro cerebro, a poco que sea medianamente inteligente, desecha este tipo de estímulos en cuanto los identifica. Nuestras neuronas tienen cosas más interesantes que hacer que dedicarse a acumular información inútil. Poseen un mecanismo automático de supervivencia, que nos viene programado desde nuestros ancestros, que hace que olvidemos aquello que no les aporta nada. Son más listas ellas que la Marie Kondo, eso ya os lo digo yo.

Por lo tanto, si nuestro cerebro tiene la tendencia a que se la sude ese tipo de información inútil y acabamos quedándonos con las 500 miserables palabras de vocabulario de todos los días, ¿para qué coño leemos? ¿Es solo un disfrute momentáneo, como el de la comida basura, que no nos ofrece nada en realidad puesto que ni siquiera somos capaces de verbalizar ese aporte a la hora de recomendar esos libros en las redes? Escribimos reseñas automáticas, donde las palabras y argumentos son también repetitivos: lectura ágil, trama fresca, alocado, ligero. Vamos, la hamburguesa de McDonald representada en un libro. Que, como he dicho, para consumo no habitual es perfecto, no siempre tenemos que leer el mismo género de novelas; pero, si pretendemos ser escritores y mejorar un poquito en nuestro trabajo, mejor no hacer de esto un concurso de a ver quién engullir mayor cantidad de libros a lo largo del año. Así no me extraña que haya usuarios que hablen de bloqueo lector, para mi este tipo de reto supuso un hartazgo mayúsculo.

Al igual que nos preocupamos mucho de nuestra salud física, sería recomendable preocuparnos de nuestra salud mental. Es fundamental alimentar adecuadamente nuestro cerebro, aportarle nutrientes que de verdad nos valgan para crecer en la producción de nuestras obras. Por nuestro bien y el de los lectores, que los habrá para todos los gustos, presumamos de lecturas de calidad y con fundamento, y no de la cantidad, para quedar muy cools en una foto.

artículo

La esperanza de vida de nuestras bibliotecas

Esta semana se ha celebrado el día de las bibliotecas y aunque no he hecho referencia en mis redes sociales al tema, ya tenía previsto desde la semana pasada esta entrada que te presento hoy. Esta vez lo que me preocupa es la esperanza de vida de esos espacios culturales, ya que nos encontramos en plena época de digitalización de muchos aspectos de nuestra vida, incluidos los libros, y quería conocer como está repercutiendo este hecho en los lectores.

Te voy a poner un texto que he sacado literalmente de la última novela que he leído. Es un texto largo y aún así creo que vale la pena dedicarle un poco de tiempo a su lectura y reflexionar sobre lo que cuenta:

—Yo solo había estado en dos bibliotecas en mi vida. La del Colegio de la Santa Cruz de Valladolid y la del Escorial. Y esas dos porque nos llevaron en excursiones de la escuela. El concepto que me hice de una biblioteca después de esas visitas y de mis lecturas, fue el de lugares sagrados, templosde sabiduría donde reinaba el silencio y el respeto, donde se cimiento y se mascaba cultura. Cuando entré en la biblioteca de Valladolid para presentarme como nuevo trabajador, el contraste entre mis ideas y la realidad no pudo ser más brutal. Gente en cualquier sitio con un runrún maleducado de personas charlando por todas partes. Grandes colas para prestarse o devolver los libros. Las estanterías revueltas por manos irrespetuosas. Un follón, vamos. No sabía bien qué era una biblioteca apellidada pública. Al parecer, los dirigentes de este país habían lanzado la consigna de «democratizar la cultura».

Le advierto, inspectora, que democratizar es un eufemismo que usan los mediocres políticos españoles cuando quieren decir vulgarizar. Había libre acceso a los fondos, cada uno rebuscaba entre las estanterías y se llevaba a casa lo que le apetecía hasta un número determinado de documentos. Pasa- ban a prestarlos y tenían un plazo para su devolución. La democratización cultural de la biblioteca la transformó de templo del saber en un vulgar centro comercial, solo que mucho más barato. Así la biblioteca se convirtió en una librería ¡gratis!, la fonoteca en una tienda de discos ¡gratis!, la videoteca en un videoclub ¡gratis! Y la hemeroteca en un kiosko ¡gratis! Las auxiliares de biblioteca, que estaban encargadas de prestar y recibir las devoluciones con sus pistolas lectoras de códigos de barras, eran meras cajeras de super- mercado y los ordenanzas, como yo, simples reponedores de mercancías. Al ser todo ¡gratis! No se podían contabilizar los beneficios en dinero, así que se contabilizaban en préstamos realizados.

Nuestra biblioteca siempre estaba entre las tres primeras de España en beneficios, o préstamos. El problema de este tipo de bibliotecas es el espacio. A diario entraban remesas de títulos nuevos y había que hacerles sitio, lo que en ese mundo llamamos expurgo. Se retiraban libros de la vista del público y se guardaban en un depósito, por si algún antojado los pedía. ¿Qué criterio se seguía para estos expurgos? Por supuesto un criterio comercial. Los libros con menos préstamos de cada sección eran exiliados al depósito para dejar sitio a los nuevos títulos. Así, por ejemplo, en Psicología, muchos ejemplares de venerables maestros como Lacan, Jung, Piaget o Laing, se fueron para que sus lugares en las baldas los ocuparan los libros de autoayuda, que en esa época hacían furor, de Osho, Chopra o Marinoff. Más de la mitad de los «Diálogos» de Platón corrieron la misma suerte en Filosofia, así como grandes obras de Schopenhauer, Hume, Hegel o Kierkegaard. La gente no los leía. Cuando a Le Clézio le dieron el premio Nobel de literatura, vergonzosamente no teníamos ni una sola de sus obras expuestas al público, tuvimos que bajar apresuradamente al depósito a buscarlas, cambiarlas el tejuelo y rehabilitarlas. Con esta democratización cultural los productos que más prestábamos eran los cómics y las novelas rosa. Los libros de Danielle ocupaban un cuerpo entero de estanterias, los de Fedor Dostoiesvski no llenaban ni una balda.

El negocio iba viento en popa. Mis compañeros y yo, que pertenecíamos al estatus más bajo del escalafón bibliotecario, nos pasábamos el día colocando, dentro de aquel desbarajuste, como buenamente podíamos el aluvión de libros que devolvían los usuarios. Hasta que llegó internet. Internet ofrecía lo mismo que nosotros, y mucho más, y lo hacía al mismo precio ¡gratis! Con las ventajas de que no había que trasladarse hasta la biblioteca, ni consultar los anodinos catálogos, ni buscar las referencias en las desordenadas estanterías, ni guardar colas para el préstamo, ni para la devolución, no había que estar pendiente de la fecha de vencimiento y no había límite de documentos a prestar. No había más que sentarse cómodamente en casa y dar un par de clics al ratón. A medida que avanzaba la implantación de internet en los hogares vallisoletanos, los beneficios en préstamos de la biblioteca iban cayendo. Y fue muy rápido. En un par de años vimos que no éramos competencia para ese monstruo invasor. Caíamos en picado, entrábamos, por así decirlo, en pérdidas y la institución estaba al borde de la quiebra.

Al director de la biblioteca no se le ocurrían ideas con las que frenar la hemorragia de préstamos, así que fue cesado y sustituido por otro con nuevas ideas. Curiosamente siguió una de las máximas de los antiguos cínicos griegos encabezados por Diógenes, «cambiar la moneda en curso». Si en préstamos ya no somos rentables busquemos una nueva moneda en la que sí lo seamos. Esta moneda fue el número de usuarios que acudían a la biblioteca cada día. No importaba que no se prestasen libros, ni discos ni deuvedés. Lo único que importaba era que fuese gente. Se dispusieron unos contadores electrónicos de personas en la puerta del edificio y se crearon clubes de lectura. Había unos cuantos de novela, otro de poesía y otro de cómics. Se crearon talleres de lectura en voz alta, de escritura creativa, de iniciación a las redes sociales, también había un club de cine y otro de flamenco.

El auditorio, que prácticamente no había sido utilizado en la anterior etapa, se desempolvó y en él se ofertaron proyecciones de cine, obras de teatro, conciertos de música clásica, conferencias y presentaciones de libros, normalmente de escritores que se autoeditaban. La biblioteca no recuperó el esplendor perdido de los préstamos, pero con nueva moneda remontó algo el vuelo y ofreció números que la sacaban de la ruina. Las salas clásicas donde estaban los libros o los audiovisuales estaban casi siempre vacías, pero el auditorio y los clubes y talleres funcionaban de maravilla. Para au- mentar el beneficio se ofertaron también productos para niños, siempre es bueno cuidar la cantera, y se les llenó de cuentacuentos, títeres y juegos. Es decir, la biblioteca que se había trasformado en centro comercial ahora era un puto centro cívico. Y yo de reponedor pasé a ser tramoyista.

Cuando me marché acababan de abrir talleres de ganchillo, encaje de bolillos y punto de cruz y clases de yoga y zumba, y tenían proyectado crear una ludoteca con mesas para jugar al ajedrez, a las damas, al parchís, al do- minó, al tute y al mus. Menos mal que me jubilé antes.

—Parece usted resentido con sus jefes.

—No, no lo estoy, aunque a mi parecer son unos cobardes.

—¿Por qué cobardes?

—Por no atreverse a defender el libro y la biblioteca como valor intrínseco. Entiendo que yo solo soy un ignorante del tema y que ellos tienen sus carreras universitarias, sus estudios de Biblioteconomía, han asistido a congresos, cursos y seminarios y están suscritos a revistas especializadas, por lo que seguro que saben bastante más del asunto que yo. Pero para esos cojones que hubieran ofertado chorizos y salchichones gratis, que también son parte de nuestra cultura, y hubieran tenido mucha más gente. Seguiría llevando el ilustre nombre de Biblioteca, aunque fuese una charcutería, igual que ahora se sigue llamando Biblioteca, pero no es más que un centro cívico de barrio donde los libros están como recuerdo y excusa, nada más. Quizás solo quizás, la imagen que usted tenía de las bibliotecas estuviese demasiado idealizada. Su biblioteca ideal es como una mujer ideal, una mujer con clase, con tanta clase que no necesita cambiar para estar siempre perfecta, una auténtica lady, y quizás, solo quizás, las bibliotecas públicas sean como las mujeres públicas, necesitan adaptarse a las cambiantes circunstancias que traen los nuevos tiempos, y si se tienen que depilar el coño se lo depilan, y si se tienen que poner silicona en las tetas pues se lo ponen, la cuestión es sobrevivir.

—Quizás, solo quizás, lleve usted razón.

El misterio del hombre que follaba bien de Juan Daza

Situación actual de las bibliotecas

La verdad es que cuando lo leí me sentí bastante identificada con el bibliotecario, aunque sin la carga sentimental que le supuso a él. En lo que se conviertan en el futuro las bibliotecas no es algo que me preocupe, no por ello voy a dejar de leer. Entiendo los motivos por los que cada vez las visitan menos lectores, por mucho que nos quieran engañar los políticos con los recuentos de visitas a sus instalaciones. Ya no se cuentan préstamos, como bien dice el personaje de la novela, sino solo usuarios que entran y que pueden ir a leer el periódico o a saludar a su amigo que trabaja como bibliotecario.

Se ha hecho una encuesta para saber por qué cada vez van menos lectores a las bibiotecas: 7 de cada 10 personas afirma no haber ido a la biblioteca en el último año. Dato preocupante, más teniendo en cuenta que la mayoría de las bibliotecas están abiertas para todos los públicos. Pero… ¿cuáles son realmente los motivos por los que dichas personas no han ido a la biblioteca? ¿Pueden hacer algo las bibliotecas para que esto cambie?

  1. No tengo tiempo.
  2. No me interesa, no tengo costumbre de ir a la biblioteca.
  3. Consigo los libros por otros medios.
  4. Prefiero leer o estudiar en casa.
  5. Motivos de salud, estoy enfermo.
  6. No hay bibliotecas donde vivo.
  7. No encuentro los libros que me interesan en las bibliotecas. .
  8. No conozco ninguna. No sé dónde están.
  9. El horario no me conviene, me viene mal.
  10. No tienen buen servicio, hay malas instalaciones.

Donde más éxito de usuario vemos que tienen son en sus salas de estudio. Allí suele haber complicaciones a la hora de que todos los estudiantes quepan en ellas y al final se tienen que ampliar en otros edificios creando espacios multiusos. Y de eso doy fe porque lo he vivido durante el tiempo que trabaje como bibliotecaria.

¿Cuál es tu opinión?

Esta vez te dejo la cuestión en el aire para que seas tú quién saque conclusiones y analices en que postura te encuentras. Entiendo que la situación es compleja. Vivimos en un mundo de inmediatez, donde lo digital gana a lo analógico. España en el tema de la inversión cultural ni está ni se la espera. Las bibliotecas muchas veces mal viven y consiguen novedades gracias a las donaciones, ya que sus las partidas de presupuestos son excasas y hay que calibrar muy bien cuales son las novelas que se quieren adquirir para completar los fondos. Las novelas clásicas, si se leen, se puede hacer de forma digital. Muchas de ellas estan de libre disposición, e incluso en las CCAA hay la opción de una préstamo digital al que se accede si tienes el carnet de la biblioteca municipal de tu localidad. Así es normal que los usuarios no vayan a la biblioteca a buscar libros y estos edificios se hayan tenido que reciclar como espacios multiusos. ¿Se convertirán a la larga las bibliotecas en museos? Ahí te dejo la cuestión para que saques tus conclusiones.

Ahora te voy a hablar sobre la novela de esta semana que me la recomendaron no tanto por la trama sino por la técnica de ejecución.

El mejor thriller literario del año según The Guardian.

«Tan dolorosamente humana que es imposible olvidarla.»
Crime Monthly

Duchess Day Radley es una joven de trece años que se autoproclama «proscrita». Las normas son para otra gente. Ella es la fiera protectora de su hermano de cinco años, Robin, y la figura adulta para Star, su madre soltera, incapaz de cuidar de sí misma y mucho menos de sus dos hijos.

Walk es ahora el jefe de policía local, pero sigue intentando sanar la vieja herida de haber sido el testigo que tres décadas atrás mandó a prisión a su mejor amigo, Vincent King, que se dispone a salir de la cárcel. Y Duchess y Walk deben afrontar el problema que supondrá su vuelta.

La trama de esta novela es interesante y el autor tiene la habilidad de llevarte por dónde quiere sin que veas la línea del horizonte. Nos pone a cuatro posibles asesinos y en dos giros finales te lo resuelve de forma magistral sin que te lo hayas visto venir. Pero lo que destacaría y por lo que me la han recomendado, es por su ambientación. Las localizaciones son un personaje más que incide en le caracter de los actores. Incluso, el escenario casi se acaba comiendo a la historia. Hay asesinato, posibles asesinos e investigación, pero todo queda diluido tras esta presencia que a veces los escritores no le damos importancia y es la clave de muchas historias. Eso ayuda al autor a que estés tan pendiente de esa atmósfera que oprime a la historia que cuando esta se resuelve te sorprendes. En este caso, da igual que en un primer momento sea un pueblo de la costa y más tarde en un rancho, el autor prima esos escenarios porque sin ellos los personajes posiblemente no existirían. Por supuesto, esto tiene un inconveniente, a veces la lectura se hace lenta y no es porque haya un exceso de descripciones, de esas a las que estamos muchos acostumbrados que detallan aspectos insignificantes e innecearios en la trama. Aquí todo tiene su razón de ser y es el hilo que te lleva hasta el final de la historia, algo habitual en la narrativa estadounidense de novela negra y thriller: una potente ambientación.

Un tema interesante, según ciertos sectores críticos, es que con el auge de la novela negra y el thriller se está teniendo muy poco cuidado a la hora de escribir y elaborar tramas. Se hace hincapié en que la mayoría de las novelas de este género son costumbristas, con un investigador traumatizado que habla de sus penas. Algo que aquí no ocurre y por eso hace de esta obra una lectura recomendada por su originalidad dentro de lo que se pueblica en la actualidad.