Mis relatos

En una Navidad polarizada recuerda: nos necesitamos todos.

Un regalo con inspiración navideña

Hoy me apetece hacerte un regalo en forma de relato. No es el que muchos lectores esperan en esta época, pero sí tiene ese aire o espíritu que yo le busco a la Navidad. Lo escribí y presenté hace poco como trabajo final para el curso de escritura creativa superior “Yo quiero escribir”, dirigido por Carmen Posadas y su hermano Gervasio. Te dejo el enlace por si te apetece echarle un ojo y ya en otro momento te contaré que me ha supuesto la experiencia.

Seguramente pensarás que a santo de qué viene ese título una vez que leas el relato. Por un lado, me gustó y, por otro, que dice una verdad como un templo. A la hora de la verdad viene a ser como el refrán de más vale buen vecino que pariente ni primo. En este mundo todavía se debería poder compartir mesa con un desconocido, más de una vez lo he hecho, y dejarnos de polarizaciones, porque divide y vencerás (soy muy refranera por herencia paterna). No me enrollo más y paso directamente a mi cálida aportación a estos días festivos. Espero que te guste y estaré atenta a tus comentarios.

¡Feliz Navidad!

Simanim

Tal era la forma de jarrear que los dos jóvenes atravesaron de sopetón la puerta de la cafetería. Ella le precedió y su primera sensación fue la añoranza que le aportó el aroma a café y almendras tostadas. Cuando pudo recomponerse un poco aprovechó para recorrer con la vista el local. Estaba todo lleno, por lo que al cruzar su mirada con el hombre le hizo un gesto para que compartieran mesa. El rostro de él se abrió en una sonrisa de agradecimiento.

Linet miró sorprendida a su entorno. ¡Era tan vintage! Le gustaba ese tipo de decoración de madera antigua que añadía calidez y seguridad, pero sobre todo era el olor que impregnaba el ambiente y que le traía imágenes de la cocina de su abuela los días antes de Navidad. Por la cara de sorpresa de él dedujo que posiblemente pensaba lo mismo.

―Gracias. Me llamo Jaime. ―El chico le tendió su mano helada al sentarse pesadamente. Ella se la estrechó tras quitarse los guantes y dejarlos al lado del servilletero―. El tiempo se presenta tan malo que no tenemos ni cobertura. ¡Nada, paciencia!, a ver si pasa la tormenta.

―Está tan lleno que es lo menos que podía hacer. Nunca había recorrido esta zona y, con la que estaba cayendo, he entrado en el primer lugar que he visto.

―Entonces te ha ocurrido como a mí. Hace pocos meses que me he mudado. Me ha cogido la tromba buscando una ferretería.

Su conversación quedó interrumpida por la llegada de una señora entrada en años, en la que Linet ya se había fijado cuando echó el primer vistazo a la cafetería. Estaba pesando algo en una báscula que debía de tener cerca de los cien años. Ahora que la veía más de cerca, le hicieron gracia los manguitos que cubrían la blusa de encaje y que hacían juego con el mandil, empolvado con lo que supuso harina o azúcar glas.

Pidieron dos cafés con leche y ella les recomendó algunos de los dulces de la casa, que tenían unos nombres que les resultaron desconocidos y de los que solo reconocieron el baklava. Los había tan sonoros como las orejas de Hamán, el briwat de frutos secos o los travadicos. Decidieron compartir media docena de los que más les llamaron la atención. La mujer le pasó el encargo a un hombre con un delantal similar y rondando la misma edad que ella, que la ayudaba moviéndose con soltura entre la decena de mesas.

Ante las preguntas sobre el origen de los dulces, Rebeca, que así se presentó, les contó que todos pertenecían a su cultura. Les explicó que durante la Gran Guerra habían huido de Esmirna y que lo único que habían podido salvar fueron las recetas. Junto a su marido, Malek, pudieron salir adelante levantando aquel negocio. Cuando la dicharachera mujer los dejó para atender a otra pareja, Linet y Jaime retomaron su conversación.

Descubrieron que ambos eran un poco como los dueños de Simanim, que así se llamaba la cafetería: venían de otros lugares y llevaban poco tiempo en la ciudad. Linet acababa de llegar de Gales, para ser profesora de inglés. En cambio, Jaime se había mudado un par meses atrás, como encargado de una tienda de telefonía en la calle Mayor. Venía de Murcia.

Él se asombró de su buen castellano y Linet le contó que se había criado en España y, gracias a ser bilingüe, le había salido este contrato. Ser hija de profesores y extranjeros le había impedido arraigarse en ningún sitio y apenas sí tenía trato con gente. Jaime afirmó estar en una situación parecida, pero por falta de tiempo. Desde que llegó, tuvo que organizar la tienda y ahora trataba de asentarse definitivamente y conocer un poco más esta ciudad y a su gente.

Según iban saboreando los dulces, Linet se percató de que se encontraba a gusto con él y en aquel lugar. Ella, que era de naturaleza introvertida, hablaba ahora con total naturalidad de temas que, si bien no eran personales, tampoco tenía costumbre de comentar con desconocidos. Lo hizo de sus gustos, de su interés por dedicarse a la traducción de libros, porque era una ávida lectora y, sobre todo, de visitar los alrededores. Él le confesó que tenía abandonada la lectura, hábito que se planteaba retomar, y que también le llamaba eso de visitar lugares nuevos. Pastelillo a pastelillo, los dos empezaron, incluso, a hacer planes en común sin apenas darse cuenta.

Rebeca los observaba desde el mostrador mientras Malek pasaba su mirada de la pareja a su mujer entre pausa y pausa de colocar los botes de ingredientes. Los acomodaba en los huecos de la estantería de madera que cubría toda la pared a sus espaldas. Cada espacio estaba trabajado con mimo y asemejaba las pequeñas ventanas árabes que le recordaban a las de las casas de su niñez.

―Deja de ejercer de khattaba ―susurro leyéndole el pensamiento a su bendita esposa. Ella sabía que era un comentario jocoso por el tono y su sonrisa.

―Te recuerdo que en mi cultura sería shadchen y no es algo premeditado. Sin embargo, me da la sensación de que están muy solos y pueden hacerse amigos. Nuestros pastelitos obran milagros. Luego ya, el tiempo dirá en qué quedan ―le respondió Rebeca. Con todo, si ella podía, les daría un empujoncito…

La mujer siguió discreta las expresiones corporales de la pareja desde el mostrador. Sentía que la conversación entre los dos era mucho más relajada que cuando llegaron. Siempre había pensado que un café intenso, sus dulces y un espacio tranquilo era lo único necesario para que las personas se comunicaran entre ellas. Cierto que tenía un poco de shadchen, si bien nunca había necesitado a ninguna para conocer a Malek. Pese a pertenecer a dos culturas con una frontera bien definida, lo convulso de aquellos años y la huida juntos facilitó que pudieran franquear esa línea invisible entre árabes y judíos.

Linet escuchaba atentamente a Jaime y de vez en cuando miraba por la ventana.  La lluvia seguía cayendo con intensidad. Hacía tiempo que no pasaba nadie. En cuanto escampara aprovecharían para abandonar el lugar. Los dos pensaban llevarse por lo menos otra media docena de aquellos estupendos dulces que los habían acompañado en ese rato de conversación en el que el reloj parecía no avanzar. Por fin, el mal tiempo dio tregua y decidieron acercarse para pagar la cuenta y hacer cada uno su pedido.

Rebeca se alegró de que les hubiera gustado tanto su repostería que se animaran a comprar algunos para casa. Mientras se los envolvían, Jaime le preguntó si tenían Facebook o Instagram para etiquetarlos cuando los recomendara en sus redes.

―¡Oh!, de esas cosas modernas no tenemos conocimiento ―les respondió el marido.

 ―¿Qué significa Simanim? ―terció la chica en la conversación al ver el logotipo impreso en la etiqueta. Esta vez le respondió la mujer.

―En mi cultura se usa para denominar aquello que tiene un significado simbólico y cuya forma nos lo recuerda. Esas pastitas que en el centro tienen mermelada nosotros las llamamos Orejas de Hamán y nos recuerdan a un enemigo que en un pasado remoto vencimos. Tranquila, creo que no le cortaron las orejas ―finalizó la historia con una risa cantarina ante la cara de sorpresa de Linet.

Como ya no llovía, Jaime se ofreció acompañarla durante un trecho en dirección a su casa. Al llegar al portal, la chica se percató de que se había dejado los guantes de lana en el mostrador al ir a pagar. Ya se pasaría para recogerlos. Jaime le sugirió que, si le apetecía, podrían ir juntos y repetir la estupenda velada, a lo que la chica aceptó porque había sido un rato que no le importaba revivir. Se intercambiaron los teléfonos, aunque ya quedaron en la puerta de la cafetería, dos días más tarde a la misma hora.

Llegaron a la vez y, entre risas, entraron, avanzando hacia el lugar dónde suponía que había dejado sus guantes para preguntar por ellos. Cuando levantaron la vista se quedaron quietos y sorprendidos: ¡el lugar era una librería! Había detalles similares, como las baldas que antes estaba llena de botes a los que, ahora, sustituían libros. A lo largo del mostrador, donde se encontraban las campanas de cristal con los pasteles, se veían libretas, cuadernos, lápices y agendas. Hablaban de salir a la calle para confirmar que se habían equivocado de local cuando un hombre de unos 50 años surgió de la trastienda con una jarra y una taza idénticas a aquellas en las que les habían servido sus cafés dos días atrás.

―Bienvenidos a la librería y papelería Simanim. ¿Qué necesitan? Si quieren un café mientras les atiendo no tienen más que decirlo y saco otro par de tazas y unos pastelitos.

Al recorrer la vista por tablero de madera pulido, Linet se encontró sus guantes al lado de una pila de libros de fantasía.

―Estos guantes… son míos ―dijo la chica con la voz temblorosa.

―¡Estupendo! Me alegro de que haya recordado dónde los había olvidado. Los encontré mientras colocaba los libros que habían llegado para la campaña de Navidad.

―Pero… Yo estoy segura de que dejé mis guantes olvidados en una cafetería en la que me atendieron dos encantadores señores ya mayores.

―Pues no sé qué decirle. Es cierto que aquí se ubicó una pastelería hace muchos años. La regentaban mis abuelos. Tras eso, mi padre, que no sabía nada de repostería, la transformó en lo que ven, aunque dejó muchos detalles que había hecho el abuelo, como esta librería que está detrás de mí. Lo mismo habrá oído a alguien hablar del establecimiento.

Linet recogió sus guantes y un aroma a canela, almendra y cardamomo inundó su nariz. Sin hacer referencia a ello, los guardó en el bolso. Volvió a recorrer el local con la mirada y pudo ver en una esquina, fuera de lugar, aquella báscula antigua.

―Seguramente habrá sido eso, sí ―le respondió al amable librero mientras miraba a Jaime con ternura.

―No es posible. ¿Cómo iba a olvidarlo? Si fue aquí donde Linet y yo nos conocimos.

―No sé qué decirle. Lo cierto es que mi abuela tenía fama de casamentera ―continuó ante su cara de desilusión―, también mi padre me contó que los clientes, cuando traspasaban sus puertas, se sentían tan acogidos que el tiempo transcurría sin apenas darse cuenta y siempre estaba lleno.

Linet y Jaime se despidieron del librero. Tras un rato de silencio, tratando seguramente de digerir lo que habían vivido, el chico puso voz a sus pensamientos.

―Me comí el último dulce ayer mismo, en la sobremesa, con el café. Ese que llamó la Oreja de Hamán. Pero si se lo digo ―señaló con la cabeza el local― nos iba a tomar por locos.

 ―Desde que entré me sentí como en otro mundo. Todo era tan pausado y tan propicio para conversar ―añadió ella―. Pero no me explico cómo ha podido ocurrir, aunque tampoco parecía muy sorprendido. Me da la impresión de que para él era normal que hubiéramos visto a sus abuelos y que Rebeca se dedicara a propiciar los encuentros entre desconocidos. O incluso lo que tú dices, que somos un poco atolondrados. ―Pues no sé dónde darle las gracias, porque creo que de nuevo ha hecho un gran trabajo ―respondió Jaime mientras le anudaba la bufanda a Linet, sin apartar sus labios de los de ella.

N. de A. Mi agradecimiento a Pepa, dueña del Hotel Las Cortes de Cádiz, por su acogida. Todos los años suelo hacerme alguna foto de promoción navideña en su maravilloso entorno y este año no podíamos faltar. Gracias.

sentimientos

¿Y si la Navidad no es tan difícil sino que nos la complicamos nosotros?

La Navidad no solo son compras, mensajes reenviados, y decoración de la casa. Es algo más, es saber de dónde vamos, dónde estamos y qué queremos para nuestro futuro. Y la verdad es que sé perfectamente de dónde vengo, dónde estoy y me gustan los planes que tengo de futuro. Es normal que todos no se cumplan, pero la ilusión con la que comencé 2023 espero que se mantenga durante 2024. Por supuesto, para eso hay que darle caña al año y no esperar que las cosas nos vengan por ciencia infusa. El futuro nos lo labramos a golpe de cincel.

La Navidad es un momento de celebración pero también de reflexión. No son los adornos lo que nos la recuerda, sino compartir con otros que pueden ser familia o amigos. Los sentimientos es lo que nos hace formar parte de esta tradición. Como hay gente que se marcha muy pronto y, en ese momento que es cuando le vemos las orejas al lobo, me ha llevado a reflexionar. Gracias a ello he llegado a la conclusión de que no hay que perder el tiempo por nada ni nadie que no lo aprecie en su justa medida. Al igual que tampoco hay que perder el tiempo en el consumismo de la Navidad, pese a que nos demos algún capricho que también nos lo hemos ganado. Puede sonar hasta extraño que esto lo diga yo que soy una persona que trata de cumplir esas pequeñas tradiciones, como pueden ser las culinarias, o aquellos pequeños detalles que sé que a la gente que me aprecia le va a gustar y por ello voy derechita a organizarlo todo.

También quería hablar de dos anuncios que me han encantado, el de Ikea y el de Navidul. Los dos reflejan muy bien lo que nos ocurre a todos en estas fechas: que nos complicamos la vida. Bueno, casi todos, ya que tengo que ser sincera y contar que nunca me he complicado más allá de lo razonable, la triste realidad es que me han complicado, como a bastante gente, con compromisos absurdos. Aun así, según pasan los años, me voy haciendo menos tolerante hacia esas obligaciones, que encima hay muchas, y muy indiferente a aquello que puede interferir en mi modo de vida. ¿Cómo se consigue eso? Gracias a la experiencia, que es un grado, y a poner a cada uno en su lugar si por un casual el tiempo no lo ha puesto. Un no a tiempo, hoy en día, es una victoria para ganar paz y tranquilidad.

Ikea nos pone un buen ejemplo de lo que podría ser la Navidad
Navidul también nos indica que nos complicamos demasiado la vida y hay que tener en cuenta que solo podemos disfrutar de una.

He puesto estos ejemplos porque son muy gráficos y presentan una realidad que, año tras año, nos trae de cabeza. Os puedo prometer y prometo que no me llevo comisión por nombrar a estas empresas. Sé que estás semanas son muy tristes cuando se pasan solo o sola, porque siempre se dice que es una época para estar juntos. Pese a que hay que ser consciente de que no tenemos el don de la ubicuidad. Cuando se puede, no discuto que sea bonito repartirse entre las familias, pero también a veces es un coñazo manifiesto tener que estar de acá para allá, como una maleta, solo por juntarnos, ya que es algo que se podría hacer en otro momento del año y no se hace. Nunca me ha gustado la imposición de tradiciones. Intento inculcar en mis hijos ese gusto por volver a la casa familiar o juntarnos en esta fecha siendo algo que salga de ellos y sin más complicaciones, y si les surge algún otro compromiso que no sea yo la que genere el conflicto de intereses. No es época de repartos salomónicos, son tiempos de dejar que la gente fluya y amoldarnos a lo que vaya surgiendo.

Para mí este ha sido el segundo propósito de este año y que creo que lo he cumplido: educar sin condicionar. Si condicionas no educas, impones y, vuelvo a decir, una fecha en la que debe haber cero imposiciones es precisamente durante la Navidad. La realidad es que debería ser todo el año, si bien sé que eso sería pedir peras al olmo, aunque íbamos a agradecer que nos dejaran disfrutar de unos mínimos.

¿Qué cosas bonitas me ha traído este 2023?

Una de esas cosas es haber recibido un regalo cada día y sin fallar ni uno desde el 1 de enero. Justo después de las campanadas se inició este bonito detalle. Al final es lo que se dice, los detalles son lo importante y no suele ser algo de gran valor material para los ojos profanos pero para quién los recibe son gestos que dicen más que muchas palabras, esas pequeñas cosas para guardar en el silencio de la memoria. Junto a eso, dentro de poco hará un año en el que me regalaron un principio. Eso me valió para ir poniendo un ladrillo detrás de otro con el que construir mi camino de baldosas amarillas en el que la meta no es llegar a un destino determinado, la meta es ir avanzando día a día disfrutando de cada momento.

Como muchas veces he dicho este 2023: la vida nos escupe y cada uno de nosotros nos deja en un lugar en el que seremos nosotros los que tendremos que lidiar con los pros y contras. Hay que apechugar con nuestras decisiones y disfrutarlas, no tenemos más remedio. Lo podemos hacer a regañadientes, todo el día protestando y usando nuestras frustraciones como si fueran arietes para cargar contra los demás, aunque es algo que no aconsejo, o podemos vivir mirando un poco por los demás. Por eso yo soy más de acciones que de propósitos o promesas, porque suelen ser muy livianos y se los lleva el viento. Así este año mi propósito es en realidad una petición como la que os pongo a continuación del autor Alfonso Genique:

Unos labios que besen despacio. Unos ojos que miren de frente. Un corazón que traiga más ganas que excusas y al que el suyo nunca le quede grande.

Unas manos que abracen de igual modo su alma de niña y su libertad.

Una apuesta clara por su sonrisa. Cero promesas.

Mucho respeto, para variar. Y si le apuras,

Todo el infierno que pueda caber en una cama que jamás deje de rebosar ternura.

Con esto cierro 2023 y os deseo una Felices Fiestas. Espero veros a la vuelta dentro de un mes. Necesito descansar un poco del esfuerzo que supone pensar semana tras semana un artículo que sea de interés general. Me gusta, pero, como bien dije hace unos días, voy a disfrutar de mi gente.

sentimientos

Sin compromisos

Todos los años, según empieza el mes de diciembre, suelo hacer un paréntesis en mi vida para henchirme de espíritu navideño y así hasta el 7 de enero. Ahí paro hasta el año que viene.

Tal vez suene a frivolidad por los cuatro costados y no te quito la razón. Soy consciente de que hoy en día, con lo que está cayendo, este sentimiento en realidad está más muerto y enterrado que Lola Flores, de la que este año se celebraron los cien años de su nacimiento. Pero al igual que la figura de esta gran artista resurge, la emoción del último mes del año se implanta en la mente de todos y más con el bombardeo que nos gastamos los más «jartibles» de la Navidad.

También es un momento de confrontación, como con lo referente a la tortilla de patatas con cebolla o sin cebolla. En mi casa es así, mi hermana no quiere saber nada de la Navidad, perdió su espíritu hace mucho tiempo y disfruta de la tortilla de patatas sin cebolla. Es mi grinch particular. Yo soy su nota discordante, tanto con en el uso de renos, ángeles, misterios, lucecitas y espumillón como en el gusto de esa cebollita dorada mezclada con la patata y el huevo.

¿Cómo lo disfrutamos? Pues ella siempre tiene su tortilla de patatas en exclusividad y a la vez disfruta viéndome decorar la casa con el mismo interés que mejor duende ayudante de Santa Claus. Nada más sencillo cuando se respetan los gustos y actitudes. Eso sí, todos los años le recomiendo Talquistina para los sarpullidos.

¿Qué aporta mi espíritu navideño a una sociedad como la de hoy en día?

En la sociedad actual, que parece que avanza cada vez más cuesta abajo y sin frenos, puede parecer que poco. Desde mi humilde punto de vida creo que un poquito menos de crispación. Intento que la paz me dure 365 días. Desde hace tiempo decidí que iba a pasar mucho de todo aquello y de todas aquellas personas que lo único que aportaban a mi vida irritación y malestar, pero sobre todo en Navidad. Está claro que siempre vendrá alguien que tratará de joder este propósito, aunque la idea es hacer un cortafuego y evitarlo de la mejor manera posible. Para ello llevo todo este 2023 cerrando mi círculo de amistades y quedándome con quién considero mi familia. Así lo he reflejado en el calendario de Adviento que se me ocurrió poner este año en un hueco que antes tapaba un mueble. Ese típico hueco que descubres que la pintura que hay en la pared no coincide con el resto del salón, algo que me temí que ocurriría cuando me solicitaron la entrega de ese armario. He tenido, desde mayo, tiempo para reflexionar sobre la forma de solucionar el asunto y la idea me vino en el momento más oportuno. Ese en el que me pongo en modo espíritu navideño.

El color de pintura diferente lo he disimulado con corcho, que ahí se quedará después de las fiestas. Su función será un rincón familia, en él colocaremos aquellas fotos, noticias, o cositas que se nos ocurran a cada uno de los miembros de la familia. Ese fue el origen pero luego pensé que para estos días podría ser una forma de crear ese ambiente de hogar que tan bien sienta en un mundo de prisas, malas noticias y gestos desagradables. Quería proteger nuestro reducto con un buen foso de cocodrilos. Así nació esta dinámica de 24 días, 24 sobres, 24 fotos. En una época en la que hacemos una gran cantidad de fotos con nuestros móviles, apenas tenemos fotos en papel comparando con tiempos pasados y me apetecía que por unos días eso cambiara en nuestra casa.

Para ello elegí unas 50 fotos en las que aparecían las personas que para mí más importancia han tenido a lo largo de este año, desde octubre del año pasado hasta hace unas semanas y con las que hubiera compartido un buen recuerdo. De esas seleccionaría 24 para colocar en sobres y que formarían parte del calendario y otras, unas 10, serían las que acompañarían las felicitaciones que le iban a llegar a esas personas que considero que han sido las más importantes para mí. Como ves han sido pocas, pero es que no he necesitado más. Sin andarme con ambages, no han estado junto a mí ni se las esperaba, por lo tanto su pertenencia a mi núcleo duro de amistades a los que considero familia no estaba justificado ni el envío de mi felicitación. Les deseo lo mejor para este año pero no les hago partícipe de ello.

La verdad que, estando a gusto con uno mismo, tampoco se necesita estar rodeado de multitudes, pues al final se asemeja al Circo de Barnum & Bailey, demasiados payasos, fenómenos extraños e ilusiones que se esfuman con rapidez, justo lo que tarda en apagarse los focos del escenario. Eso no son amigos y quién piense lo contrario que lo disfrute. Por eso mi rinconcito familiar es conciso, no hacía falta mucho más. Somos los que estamos y estamos los que somos y para mí eso es el espíritu de la Navidad, aquel que se logra al hacer hogar y dónde cualquier persona que venga se sienta como en su casa. De eso puedo presumir, porque siempre me lo han dicho, que al entrar en mi casa se notaba paz y tranquilidad y todo el mundo estaba muy a gusto. Ese es el mejor piropo que me han podido decir: tú me das paz. Algo que en este mundo es muy necesario. Si todos nos empeñáramos en hacerlo lo mismo en algo mejoraba nuestra sociedad. Lo cierto que solo estamos decididos a disfrutar de forma egoísta, sin pensar ni lo más mínimo en nuestro entorno, si acaso para nuestra propia satisfacción. No tenemos actitud de servicio y los pocos que la hemos tenido hemos decidido cerrarnos en banda.

Voy avanzando un poquito más en mi ir soltando lastre de mi mochila para meter en ella vivencias que de verdad me llenen y enriquezcan a mi entorno. Que a nadie le extrañe si cada día interactúo menos con algunas personas y pueda parecer que estoy haciendo un ghost. La verdad es que aciertan, lo estoy haciendo. Este año hago partícipe de manera personalizada de mis mejores intenciones solo a los que de verdad se merecen mi recuerdo, un montón de paz y mis mejores deseos para este año que viene. Hay alguna persona más que, si bien, no entran dentro de mi núcleo más íntimo, si son amigos para tener en cuenta y ya se darán cuenta, pero para el resto, sin acritud, si os he visto ya no lo recuerdo. No quiero a nadie que haga reenvíos masivos sin sentido de los mensajes navideños, no quiero a nadie en mi vida que durante todo el 2023 no se haya acordado ni de preguntar como estoy, no quiero a nadie que solo quiera saber de mí para rellanar su existencia con cotilleos. Sé distinguir la dejadez. Otra cosa son aquellas personas que, por sus circunstancias familiares o personales, les es imposible dedicar un minuto de su día a mandar un mensaje para hacerse presente. Por lo tanto tengo claro a quiénes me refiero cuando digo: quedaros con vuestras vidas y dejadnos tranquilos a los que de verdad somos sinceros y queremos disfrutar de la paz y del verdadero amor fraternal.

Esta semana no voy a recomendar ningún libro. Hoy os voy a pasar un microrrelato que he escrito para un reto lanzado desde el grupo Romántica en Jaén. Tuve el gusto de asistir a un evento organizado en mayo por este estupendo grupo junto con mi pareja y escritor, Héctor H. Por ello me ha hecho mucha ilusión presentarme ya que siempre he sido reacia a trabajar este tipo de narración, pues empiezo con un relato breve y acabo con un libro de 250 páginas, pero esta vez lo he logrado.

Espero que te guste

mis lecturas, Opinión

Mis recomendaciones para regalar esta Navidad 2021 (o en Reyes)

Muchos saben que trabajo con el sello editorial de Kaizen Editores y que tengo mucho contacto y afinidad con otros autores que se denominan auto publicados porque,a fin de cuentas, a no ser que seas un pelotazo del 2020 o estés en nómina de una gran editorial, todos tenemos que apechugar con un duro trabajo de difusión, con su correspondiente marketing digital y con pico y pala para conseguir unas ventas online. También sabéis que llevo ya para tres años en los que me arremango con gran facilidad y apoyo a una gran cantidad de compañeros para que entre todos tengamos visibilidad y logremos vender. No soy persona que piense que para triunfar, haya que pisar al resto de lo compañeros ahora, eso sí, si promociono a unos u otros la única regla por la que me guío es la de la calidad. Y digo esto para avisaros de que las recomendaciones que os voy a hacer en mi entrada de este domingo no va a ser de amigos auto publicados, y no porque no haya calidad, sino porque, sinceramente, seguro que se me queda alguno en el tintero y ya sabemos lo sensibles que somos los autores cuando llega el momento de las ventas. Por lo tanto, aclarado este punto, voy a pasar a recomendaros algunos de los libros que, o he leído o tengo intención de regalárme para estas fechas.

Buscando información sobre estas recomendaciones me he encontrado tres motivos estupendos por los que regalar libros:

  • El regalo de un libro, además de obsequio, es un delicado elogio.
  • Un libro es como un buen amigo, que nos ayuda a ver la vida desde otro punto de vista.
  • Cuando ves a alguien leyendo un libro que te gusta, es como si el libro te recomendara a esa persona.

Y así vamos a empezar con la lista que os quiero recomendar:

La Bestia: Premio Planeta 2021, Carmen Mola

Tanto para los seguidores de Carmen Mola como para los amantes del thriller en general, esta nueva novela es de lectura obligada, porque además pienso que si quieres criticar a un autor o al premio Planeta, en este caso, no hay nada como conocer la obra. Que no vengan otros con sus paranoias y conspiraciones a decirnos por qué no debemos de leerlo, hay que tener criterio propio.

Se trata de un thriller ambientado en el Madrid de los años treinta del S. XVIII, durante la terrible ola de cólera que azotó el país. Con un escenario dantesco, como una devastadora pandemia que diezmó la población, se irán sucediendo los terribles asesinatos de unas niñas, cuyos cuerpos aparecen horriblemente mutilados. Para los amantes de este género es el escenario perfecto.

Últimos días en Berlín: Finalista Premio Planeta 2021, Paloma Sánchez-Garnica

Si elijo esta novela no es solo por el hecho de ser finalista del premio Planeta, sino por el interés que me ha causado siempre lo que estudié con el título dentro de la asignatura de Historia Contemporánea con el nombre de «El mundo de nuestros días», y que abarca desde la II Guerra Mundial hasta nuestros días, como bien dice el título. Una asignatura apasionante porque está en continua evolución. A esta autora la conozco por una novela anterior que se desarrolla en el periodo histórico que va desde la España franquista de los años 60 y 70, pasando por la revolución estudiantil que se produciría en París en mayo del 68, continuando por la división del Berlín vencido por el muro de la vergüenza, hasta la caída de ese muro, para finalizar con la explosión de libertad que recorrió la sociedad europea de los años 80. Esta novela se titula La sospecha de Sofía. Ambas novelas podrían ser interesantes para aquellas personas que quieren conocer de una forma novelada la historia de España muy ligada con la de Europa, pese al conocido bloqueo del régimen franquista en sus relaciones con los países de más allá de los Pirineos. En el caso de la novela que os recomiendo, la historia se sitúa en el período que va desde el nombramiento de Adolf Hitler como canciller, hasta el estallido de la Segunda Guerra Mundial. El protagonista, Yuri Santacruz, después de dejar San Petersburgo huyendo de la Revolución Rusa, se propone encontrar a su madre y a su hermano. Durante su viaje, conocerá a Claudia, el gran amor de su vida.

Maus (Reservoir Gráfica), Art Spìegelman

Para los amantes del comic, esta obra me recuerda la de Animals Farm de George Orwell que, por cierto, recomiendo leer en su idioma original como hice hace ya muchos años pero, sino se tienen el nivel, las traducciones habituales también nos vale para entender lo que nos quiere contar. En este caso aunque la obra de Orwell lo que refleja es las consecuencias de la Revolución rusa, en la que os presento nos vamos a encontrar mediante unos dibujos sencillos pero de gran expresividad, como el autor relata las vivencias de su padre, un judío polaco, en los campos de exterminio nazis. La obra tiene un mérito incalculable, porque es capaz de expresar todo el horror de la historia mediante unos dibujos y textos en los que destaca su sencillez.

Además, Maus ha supuesto la consagración de una iconografía emblemática: los judíos-ratones bajo la tiranía de los gatos-alemanes, mientras en el caso del trabajo de Orwell la tiranía está en manos de los cerdos y los oprimidos son animales de una granja.

La cuenta atrás para el verano: La vida son recuerdos y los míos tienen nombres de persona (Novela)

Para aquellas personas que todavía no acaben de entender el fenómeno de las influencers esta sería su novela para finalmente puede que tampoco entiendan nada, pero que por lo menos no se diga que no lo han intentado y, si no les gusta el libro, tienen dos opciones: guardar el tique y devolverlo o donarlo a la biblioteca de su localidad. Pero os puedo decir que seguramente acabaréis encantados con su lectura.

Esta primera novela de la influencer es una buena ocasión para acercarse al universo de los personajes que brillan en redes sociales. Según comenta la autora, el libro relata “la vida de una rubia, que soy yo, y la de las personas que han supuesto el aprendizaje más útil que atesoro”.

Aunque no sabemos quién se esconde detrás de La vecina rubia, esta lectura nos permitirá tomarle el pulso a este popular personaje. Con un perfil en redes sociales que engloba a más de 2,8 millones de seguidores, sin duda no nos va a dejar indiferentes al adentrarnos en su particular mundo a través de la lectura.

La buena cocina: 900 recetas que siempre salen bien, Karlos Arguiñano

Quien bien me conoce sabe que además de amar el escribir, amo la cocina y, para mí, siempre ha sido relajante eso de imaginar las recetas que podía hacer con unos pocos ingredientes. Una vez de Karlos comentaron que era el cocinero de las «marujas», pues sinceramente creo que el que piense que Karlos no llega más allá que a las marujas es como quien dice que Madonna tiene mucho ego, son personas que se lo pueden permitir. Este cocinero ha sido y sigue siendo el maestro de muchos grandes cocineros actuales, los cuales han evolucionado y han dado grandes alegrías a la gastronomía española en todos los rincones del mundo y todo gracias a maestros como el autor de recetario. No solo es un muy buen libro para aquellos a los que les gusta cocina, sino que se trata de un libro con una gran cantidad de recetas de lo más variadas, y explicadas con un lenguaje sencillo y comprensible. Además lo que me gusta es que no tiene ingredientes como polvo de ralladura de cuerno de unicornio, algo que últimamente es complicado de conseguir.

Estaciones de paso, Almudena Grandes

Ya la he recomendado otras veces por otros motivos, pero, si te quieres acercar a esta autora, escoge su primera novela: Las edades de Lulú, premio Sonrisa Vertical y elige junto a esa, su obra póstuma. En mi caso justifico la elección, porque esta obra creo que puede llegar a más tipos de lectores, ya que se compone de cinco historias sobre gente normal y corriente, sobre nosotros, nuestros familiares o amigos. Relata la etapa de la adolescencia de cinco jóvenes con circunstancias vitales muy diferentes pero con un punto en común, que es la manera en que esas vivencias de juventud determinarán su futuro. Porque otras como Los aires difíciles o Los pacientes del doctor García pueden ser más complejas para acercarse a esta autora o La madre de Frankenstein que es la última entrega de una trilogía que podría esta coja si no se leen las dos anteriores.

No decepciones a tu padre, Carme Chaparro

Por último os hablo de otro thriller para los amantes de las experiencias fuertes. No decepciones a tu padre, así se titula la tercera y última parte de la trilogía de Ana Arén de la periodista Carme Chaparro. Este thriller psicológico será publicado por parte de la editorial Espasa , tras la publicación de sus libros predecesores bajo los títulos de No soy un Monstruo (ganadora del Premio Primavera 2017) y La química del odio, respectivamente.

En ella, la autora utiliza un recurso literario muy atractivo: crear un paralelismo entre las muertes violentas actuales y las que sufrieron ciertos personajes históricos, de manera que da paso a una carrera contrarreloj para evitar que sigan produciéndose más analogías macabras.

Nos enfrentamos a una pluma con un lenguaje directo y conciso que acompaña a una trama trepidante, es una lectura que seguro conquista a los entusiastas de la novela negra.

Y con estas recomendaciones finalizo mi entrada esperando que os haya servido de inspiración. De esta lista ya tengo leídos algunos y en mi carta de los Reyes Magos (en casa somos de esa tradición) hay varios apuntados y algunos más que no comento porque harían el texto muy largo. Ya me contaréis que habéis pedido vosotros.

artículo, Opinión

Cuéntame un cuento y veras que contento…(parte 2)

En la entra anterior nos centramos en los cuentos orientales, ahora damos una vuelta a nuestra tradición europea con otros autores, comenzando por Charles Perrault que con su crueldad e indudable frescura, logró que sus historias llevaran una moraleja o enseñanza para el público infantil. Les invitaba a superar todos los contratiempos que pudieran tener en la vida para poder alcanzar la felicidad.

Los cuentos de Perrault fueron discutidos en asambleas literarias francesas y hasta se leyeron en voz alta en el palacio de Versalles. Aunque no se le pueda atribuir a Perrault la creación original de todas sus historias, él fue el encargado de convertir en literatura los cuentos y leyendas que habían sido transmitidas de forma oral desde varias generaciones atrás. Perrault escribió que el lobo finalmente se comía a Caperucita después de que esta se metiera desnuda en su cama o que las malvadas hermanastras de Cenicienta sufrían un cruel ataque de palomas hasta quedarse ciegas. Algo que aunque no se hubiera encargado Disney de edulcorar en los tiempos que vivimos es impensable que se lo contemos a nuestros hijos.

Charles Perrault tiene más historias, algunas más cruentas que otras. Por ejemplo, en la historia de La Cenicienta, Disney dio una versión más ligera de lo que pasaba al final de la historia, según la productora, las hermanastras y madrastras eran contratadas como sirvientas de nuestra protagonista; en la historia de Charles Perrault, las palomas se comen los ojos de las malvadas hermanastras. Aunque yo también conocía la versión de que cuando el príncipe se encuentra en busca de la Cenicienta, las hermanastras optan por cortarse los dedos de los pies y una parte del talón para que el zapato de cristal se ajustara a sus medidas. La interpretación de que el fin justifica los medios. Y la versión que tenemos del mismo cuento de los hermanos Grimm, no es menos cruenta.

Los personajes que se repiten en las historias de Charles Perrault también han sido objeto de estudio. Los ogros, por ejemplo, representarían la opulencia, una figura paterna a la que hay que obedecer siempre y tener respeto, aunque también simbolizarían esa incontinencia verbal que todo niño tiene, mediante la gula de estos personajes. Las hadas madrinas son personajes que representan una figura materna, de protección incondicional y ayuda. Las brujas o madrastras o hadas malas son personajes muy interesantes en las historias de Charles Perrault, generalmente, simbolizan los miedos infantiles, las fobias, las pesadillas; son personajes contra los que se lucha después de una previa sumisión y temor.

La historia de Caperucita Roja tampoco pasa desapercibida para los psicólogos. El lobo en esta ocasión podría representar a los miedos, como si fuera una bruja o una hechicera de otra historia. Sin embargo, la personificación de este animal y la identificación del lobo en la historia como un galán, han hecho que algunos vean en el personaje de Charles Perrault a un acosador.

Todas estas interpretaciones pueden resultar escandalosas. Charles Perrault era consciente, por ello disfrazó sus historias con un encanto oculto. El francés se encargó de que sus relatos se ganasen la categoría de aprendizajes morales, aunque puede que sus intenciones no fueran tan inocentes para algunos. Pero lo que siempre tenemos que tener en cuenta es el contexto en el que se escribieron y no lo veamos con los ojos de nuestra realidad actual.

Los cuentos de Perrault no buscaban aterrorizar a los lectores, sino exponer a personajes que se enfrentan a las peores calamidades y que al hacerlo, alcanzan la felicidad. Algo que no ocurre con otro autor que sus cuentos suelen terminar, con una frase que solía usar mucho mi abuela: como el rosario de la aurora.

Más allá incluso de los terribles conflictos personales que hay por debajo de historias tan aparentemente ingenuas como El patito feoEl soldadito de plomoLa cerillera… se entrevén otras muchas tinieblas en Andersen, que alguna vez habrá que clarificar, porque pertenecen al meollo de nuestra cultura. El autor de La Sirenita, por encima incluso de sus propias miserias personales, es un ejemplo destacado de escritor romántico, con todas sus consecuencias. Algo muy normal teniendo en cuenta su vida personal donde él y su familia que eran tan pobres que durante un tiempo vivieron bajo un puente y pidiendo limosna. Su madre era lavandera y su padre zapatero y su infancia llena de carencias le dio un matiz lúgubre a su obra. Su obra ‘La pequeña cerillera’ (una niña que muere de frío en las calles) se la dedicó a su madre pero, a diferencia de otros cuentistas que recogían relatos populares para adaptarlos y compilarlos (como los hermanos Grimm), Andersen los ideó desde cero, basándose en las dificultades que él mismo enfrentó en su vida. En el Patito Feo, por ejemplo, relata cómo se sobrepuso a la discriminación y al bullying del que era objeto por su origen humilde.

A pesar de ser reconocido por sus cuentos de hadas, siempre quiso ser novelista y dramaturgo, pero sus obras jamás tuvieron la resonancia de sus cuentos para niños. Muchos de sus contemporáneos lo consideraban un escritor menor y fracasado. Mientras estudiosos de su vida opinan que era bisexual, otros afirman que sólo vivía reprimida su homosexualidad debido entorno social. A Eduard Collin, su asesor financiero le escribió, por ejemplo: “laguidezco por ti como una joven calabresa, mis sentimientos por ti son como los de una mujer. La feminidad de mi naturaleza y nuestra amistad deben permanecer en secreto”. Mantuvo relaciones también con otros jóvenes, como el bailarín Harald Scharff.La Sirenita, una de las películas más populares de Disney, fue en realidad la declaración pública de su amor por Eduard. Cuando éste lo rechazo, escribió la historia de este amor imposible. Además, el texto original no termina como en la adaptación cinematográfica: en la versión de Andersen el corazón de La Sirenita se rompe en pedazos y su cuerpo se convierte en espuma, mientras que su alma asciende al cielo con las Hadas del Viento.

Otro hecho curioso es que el 2 de abril, aniversario del nacimiento de Andersen, se ha declarado el Día Internacional del Libro Infantil.

Y por último hablaré de los hermanos Grimm, aunque de ellos hay mucha tela que cortar. Una familia numerosa pero de la qu destacamos en este caso a los dos mayores y que llamaríamos hoy en día frikies, y que solo con su historia, tendríamos para otra entrada. Tenemos a Jacob, nacido en 1875 y un año más tarde entra en escena Wilhelm en una Alemania que se encuentra en un período de su historia previo a la unificación y por lo tanto buscando su identidad nacional. Un contexto muy adecuado para que nuestros protagonistas se dedicaran a hacerlo desde el punto de vista literario. Para ello recogieron muchas cuentos, mitos y leyendas orales y les dieron forma, no con la idea de entretener a los niños, sino para salvaguardar su historia nacional. Su intención era proteger la historia cultural alemana que pensaban que se perdería. Incluso trabajaron en un diccionario que puso los cimientos de la Germanística como disciplina académica.

Dos hermanos adictos al trabajo, moralistas y poco amigos de relacionarse con la sociedad de su época. La primera edición de su obra no les saco de penurias, pero sí la segunda que se vendió en un formato más pequeño y barato y llego a más público pero no al que ellos pretendían si no a los niños. Llegando a hacerse 10 ediciones por lo que viendo el éxito, decidieron suavizar un poco sus historias para que fuesen accesibles a todos los públicos.

Hay constancia de que no hicieron el trabajo solos, sino de que entre sus fuentes hubo varias mujeres que les recopilaron algunos de los cuentos que con el tiempo se hicieron muy famosos, como los aportados por la hija de un tabernero que seguramente los oiría en el negocio de su padre.

Como habéis podido leer, el mundo de los cuentos da para contar otro cuento en sí porque tiene muchos matices y variantes. Aunque me gustaría insistir en que no miréis estas narraciones con los ojos de vuestra mentalidad actual, si no que los conozcáis y valoréis como hijos del tiempo en el que nacieron y, pese a que sea positivo que se modifiquen algunos de sus aspectos para contárselos a los niños y utilizarlos para educar en valores, asumamos que una vez que somos adultos no podemos despreciarlos porque no muestren los cualidades que hoy defendemos. En sí, estos cuentos, tiene todavía mucho que enseñarnos si somos capaces de comprender su verdadero contenido y el por qué fueron escritos.

Y si me preguntáis cual es mi narración favorito os diré que Cuento de Navidad de Charles Dickens. ¿Y el vuestro?

Una película que os recomiendo es El hombre que inventó la Navidad y que está basada en la historia del cuento y la biografía del autor. La vi el año pasado y me encantó.

artículo

Cuéntame un cuento y verás que contento… (parte 1)

Como ya he mencionado en otras entradas, regalar libros es una de los mejores ideas que se pueden tener hoy en día. En esa publicación desarrollé las diez estupendas razones para hacerlo. Pero, para llegar a eso, antes hay que regalar cuentos que formen a lectores adultos en el futuro. Para algunas personas es una proceso de descubrimiento que requiere tiempo y llega solo en una etapa madura de sus vidas y para otras, como en mi caso, llegó por una gran curiosidad a través de los comics, casi tanto como con los cuentos. En ambos casos la mayoría suele tener el primer contacto con la lectura a través del mundo de estos últimos, y por eso es tan importantes, a la hora de iniciar nuestra singladura como lectores, el incidir en que se regale este tipo de literatura a los niños incluso antes de que aprendan a leer, ya que hay cuentos desde los 0 a 3 años donde aprenden por imágenes, sonidos y tocando sus páginas y, por supuesto, leerles hasta que ellos sean capaces de hacerlos solos.

El momento en el que surgen los cuentos, y su posterior utilización para los niños, es algo que se pierde en el inicio de los tiempos. A pesar de no saber el origen ni su procedencia a ciencia cierta, hay consenso en que los cuentos más antiguos surgieron en Egipto hacia el año 2000 a. C. Fueron seguidos por las fábulas griegas de Esopo (donde encontramos los primeros indicios del deseo de moralizar) y los romanos Apuleyo y Ovidio, que se ocupaban de temáticas griegas y orientales con los primeros elementos mágicos y fantásticos.

De hecho en cada rincón del mundo hay tradiciones que explican su nacimiento de diferentes formas y un ejemplo claro lo tenemos en el famoso relato de Las Mil y una noches que como todos los cuentos en sus orígenes es importante aclarar que se trata de literatura sin autor conocido y de tradición oral. Es por ello que hay diferentes versiones que se van ampliando o modificando a gusto del consumidor, formado así una especie de autoría colectiva muy habitual en la literatura popular. Lo que ocurre es que con el paso del tiempo hay un autor conocido que decide traducirlos, organizarlos, matizarlos y llegan a nuestras manos tal vez con otro fin y dirigido a un lector u oyente que no es para quién en un principio nacieron.

Así en el relato árabe, que con anterioridad he mencionado, podemos decir que ni eran mil ni se inició su singladura oral como conocemos de forma más popular. Según documentos del siglo IX, la persona que tradujo estos primeros cuentos del persa al árabe fue Al-Muqaffa, aunque dejando constancia de la existencia de este tipo de cuentos populares y aclarando que no enseñan nada puesto que están llenos de mentiras y cosas inverosímiles que solo hacen reír. En resumen, algo para pasar el rato.

El manuscrito más antiguo de La mil y una noches es un pequeño trozo de papel de origen iraquí en el que consta una fecha, 879. Fue encontrado en El Cairo en 1947 y descifrado por la paleógrafa Nadia Abbott un par de años después. En la Historia de España bajo los musulmanes de al-Maqqari, hay una referencia a la existencia de una obra del siglo XII titulada Las mil y una noches. Abbott señala esto en su documentación de la evolución temprana de los cuentos. Entre otras conclusiones, mostró que las mil y una noches toma prestado el relato enmarcado (alrededor del cual se acumulan historias árabes originales y arabizadas) de Hezar Afsaneh, una colección de cuentos indo-persa. Ella demostró que era casi un siglo más antigua que las primeras referencias conocidas de Las mil y una noches, y estableció una cronología de la evolución de este cuento, que ha permanecido válida desde entonces.  Es el documento literario árabe en papel más antiguo del mundo y actualmente se conserva en la Universidad de Chicago. Y si no tenemos más detalles sobre este cuento es

Otro manuscrito interesante es uno encontrado en la Gueniza del Cairo en 1890. La Gueniza es el almacén que tienen las sinagogas para guardar los manuscritos y los textos sagrados que quedan en desuso. No los guardan para conservarlos sino para evitar que cualquier escrito que contenga el nombre de Dios sea tratado de manera poco apropiada. Cuando se llena del todo se quema el material y se entierra, una tradición de la religión judía que en este caso ha venido muy bien para descubrir esta documentación . La Gueniza que descubrieron en El Cairo en el siglo XIX estaba llena de manuscritos interesantes. Entre otros una lista de la biblioteca de un médico judío que se dedicaba a prestar libros en 1150. Parece ser que le prestó Las mil y una noches a un tal Majd Ibn Alaziz, que no se lo devolvió que de ahí viene mi consejo de usar un exlibris si se prestan nuestros libros y del que hable en una entrada anterior.

Después de dar muchas vueltas y pasado bastante tiempo esta historia de Las mil y una noches llega a occidente de la mano de un francés amante de las tradiciones y la cultura oriental, muy de boga en esta época.

Antoine Galland (1646-1715) fue un orientalista y arqueólogo francés. Era de familia humilde y cuando acabó sus estudios básicos le llegó el momento de aprender un oficio. Pero a él lo que le gustaba eran los idiomas y se escapó a París para estudiar árabe, latín y griego. Gracias a su conocimiento de idiomas le contrataron en la Sorbona para catalogar manuscritos orientales y trabajó para los servicios diplomáticos franceses en la embajada de Constantinopla y en la Compañía francesa de las Indias orientales. En 1688 viajó a Siria, donde compró el que en aquel momento era el manuscrito más antiguo que se conocía de Las mil y una noches y empezó a traducirlo años después, en 1704. Antes de ello, había traducido la novela Simbad el Marino. Y aquí hago un inciso para comentaros que ni Simbad ni Aladino ni Alí Baba formaban parte del original de Las mil y una noches. Fue Antoine Galland quien los añadió. De hecho, eran cuentos que le explicaba su amigo Hanna Diab, sirio afincado en París, y que a Antoine le gustaban tanto que decidió incluirlos en su traducción como parte de la obra. La verdad es que el libro gustó muchísimo en la corte de Luis XIV. Tanto que los editores comenzaron a tener la costumbre de añadir cuentos de cosecha propia, como hacía por ejemplo la viuda del impresor Claude Barbin, quien con buen ojo empresarial, y viendo el éxito que tenía el libro, le iba añadiendo cuentos a sus ediciones para incentivar a los lectores a comprar las nuevas versiones. Y esto no ocurrirá solo en esta narración si no que, a lo largo del tiempo, se ha visto que ha sido una costumbre muy arraigada en los autores de este género literario.

Como traductor, Antoine Galland intentaba ser lo más fiel posible a la lengua árabe y él mismo decía que solo se apartaba de la fidelidad al texto cuando el decoro le obligaba. O sea, que censuró todas las partes que le parecían demasiado explícitas sexualmente. Y eso quiere decir mucha censura y muchas partes adaptadas al gusto puritano occidental. De hecho, hasta hace bien poco las versiones que nos han llegado de Las mil y una noches estaban ampliamente censuradas y llenas de cuentos añadidos que no pertenecían al libro original. Otro aspecto que también se ha visto en los cuentos de Charles Perrault, que de lo que escribió este autor a lo que ha llegado a nuestros días hay un abismo.

Y llega un momento que, estos cuentos orientales, se traducen al castellano y esto ocurre de la mano de Vicente Blasco Ibañez (1867-1928) que quizás sea más conocido como escritor que como traductor. Fue un hombre de vida intensa desde el punto de vista creativo, político y personal, pero queremos destacar que tradujo al español Las mil y una noches en 1899 a partir de la traducción francesa de Mardrus y que durante muchos años la traducción española que corría entra el público casi de manera exclusiva fue la suya. 

En occidente ya teníamos una tradición relacionada con los cuentos que no tienen nada que ver con la oriental, aunque que, en el fondo, no deja de surgir por el deseo del ser humano de contar historias que fueran de boca en boca. Posiblemente, en su origen, surgió por un deseo de entretener, pero que con el paso del tiempo, al añadirse poco a poco más trama a la narración, pasaron a tener un fin moralizante para sus oyentes. Como no quiero hacer esta entrada muy larga, en una próxima desarrollaré el tema de los cuentos aquí en Europa. Pero antes de irme os dejo una pregunta ¿Recordáis algún cuento que os leyeran vuestros padres o abuelos y que fuera vuestra lectura favorita de pequeños?

Opinión

¿Por qué regalar libros esta Navidad?

Seguro que piensas que me estoy adelantando mucho en el tiempo, pero eso no es cierto y lo sabes. Ya han dado el pistoletazo de salida para las compras de Navidades y evitando los alarmismos que se están dando este año, sería bueno que empezáramos a pensar qué vamos a regalar o qué nos vamos a comprar y una de las cosas, que siempre he recomendado, son los libros.

En estas fechas me gusta nombrar a Islandia, que es uno de esos lugares donde el 24 de diciembre se vive de una forma única e incluso hasta mágica, pues la tradición es: regalar y recibir libros. Y no sólo eso, también  pasar leyendo toda la noche, y mi imaginación vuela viéndome envuelta en una manta con una taza de humeante de alguna bebida o una copa de vino.  ¡El paraíso!

Ahora, como son un pueblo previsor, meses antes de la Navidad, las editoriales y librerías preparan eventos y actividades, donde podemos encontrar presentaciones de libros, encuentros, publicación de novedades, así como ofertas y descuentos, entre algunas de las muchas cosas que los islandeses pueden disfrutar.  A todo esto se le conoce como jólabókaflóð,  que  en español quiere decir: “inundación de libros antes de Navidad”.

A la tradición se une el Bókatíðindi, una especie de catálogo que las personas reciben durante el mes de noviembre en sus casas (yo me imagino algo así tan maravilloso como el catálogo sueco de IKEA). En éste se incluyen los libros publicados del año y las editoriales que se encargan de distribuirlos.  El catálogo es fundamental, pues es así como los islandeses pueden preparar sus regalos.

Con esta iniciativa mi lista de regalos navideños estaría solucionada y no porque ahora sea escritora, esto es algo que siempre me ha gustado regalar y que me regalen. Por eso hoy, además, os desarrollo una lista de motivos por si todavía os quedan dudas sobre que regalar en las próximas fiestas.

«Los libros son fantásticos regalos porque tienen mundos enteros dentro de ellos. Y es mucho más barato comprar a alguien un libro que comprarle el mundo entero» Neil Gaiman.

Neil Richard Gaiman (Portchester, 10 de noviembre de 1960) es un autor de historietas y escritor inglés. Cultiva el género fantástico.
  • 1. Podemos elegir varios formatos:

Aquí empieza un camino difícil porque no solo hay muchos soportes sino que, junto a esto, también encontramos una gran cantidad de género y subgéneros, que no ayudan precisamente a elegir. Para eso existe la opción de usar las redes sociales, donde hay lectores que recomiendan libros o, si tenemos un poco más de tiempo, no hay nada como acercarse a nuestra librería de referencia. Pero lo principal es conocer bien a nuestro lector, porque eso nos facilitará la tarea de asignarle un género determinado, acotando con ello la búsqueda. Ahora, si acertamos, habremos conseguido conformar un interesante triangulo compuesto de: comprador, lector y autor.

  • 2. Hay libros para todos:

Si conoces bien a la persona a la que le vas a hacer el regalo ten en cuenta que solo es cuestión de paciencia porque hay libros para todos los gustos, géneros y edades. Una de las cosas que más me gusta es entrar en una librería a elegir libros. Como ya he comentado en otra entrada, me suele dar una especie de vértigo y me los llevaría todos. Al final voy ojeando y, si no tengo una idea previa, poco a poco voy encajando a cada libro con su lector, algo que me produce mucha satisfacción.

  • 3. No es un regalo que se considere caro:

Tal como está la vida hoy en día por 100 euros puedes tener regalos para 5 personas, teniendo en cuenta una media de 20 euros por libro, si es en papel, e incluso menos si es digital o podemos incluso considerar la opción de los libros de segunda mano. Ya he visitado en mis viajes alguna que otra librería de esas características y he encontrado maravillas que dan pie a regalos muy personales y particular porque, para mí, el regalar un libro es algo tan íntimo como regalar un perfume. Si se hace bien indica que conoces perfectamente a la persona que recibirá ese libro.

  • 4. No tienen pilas:

Este año que está la gente tan acojonada con el tema de que van a faltar regalos electrónicos aquí les aporto la solución: regala un libro que es de uso inmediato y no tiene pilas ni hay que cargarlo y dudo que haya problema de existencias.

  • 5. No caduca, no pasa de moda, no se estropea:

Un libro tiene una vida muy larga porque no se deteriora si se tienen unos mínimos cuidados, se puede releer, prestar e incluso vender de nuevo de segunda mano por si por casualidad no nos gusta o no tenemos espacio y queremos dejar sitio para otros. Además, hoy en día como cualquier otro regalo, en caso de estar repetido o tener la mala suerte de que no hayan acertado, se puede cambiar en la librería de turno por otro. Aunque la gente en España suele cambiar los regalos de Navidad también somos de a caballo regalado no le mires el bocado.

  • 6. No hay un momento determinado de usarlo:

Puede ir con nosotros a muchos sitios y si es digital podemos leer en cualquier momento del día y en cualquier lugar. Muchas veces esos pesados momentos de colas, esperas o ratos muertos, son perfectos para leer un libro. Y todavía se puede ver a personas cargando con sus libros de papel y abrirlos en esas circunstancias en los que hay un poco de tiempo que rellenar.

  • 7. Leer aporta grandes beneficios por lo tanto, ¡sumemos lectores!:

Dice el refrán que de lo que se siembra, se cosecha, por lo tanto sembremos lectores. Esto da lugar a muchas ventajas que añadiríamos como: ayudar a la compresión de textos, mejorar la gramática, el vocabulario y la escritura, ayudar a aumentar la curiosidad y conocimiento sobre determinados temas, estimular el razonamiento y la capacidad memorística, aumentar la capacidad del pensamiento crítico y la confianza a la hora de hablar. Y a esto sumemos el tema de la Biblioterapia de lo que ya hablé en una entrada anterior.

El artículo origina se encuentra en Amazon en la revista «Puntos y comas»
  • 8. Los libros entretienen pero también enseñan:

Los libros nos sirven para evadirnos y viajar a través de sus palabras por un mundos conocidos o desconocidos, pero también nos sirven para aprender. Es extraño que hasta del libro que parezca más sencillo, y con un fin tal vez meramente entretenido, no saquemos alguna enseñanza o aprendamos algo que era totalmente desconocido para nosotros. O incluso, yendo un paso más allá, no nos sirva de hilo conductor para averiguar algo que ha llamado a nuestra curiosidad.

  • 9. Los libros son viajeros:

Los podemos prestar pero también podemos usarlos para dinámicas de libros viajeros tras haberlos leído y hacer que otras personas tengan la oportunidad de de disfrutar de sus páginas. Ahora si somos de prestar, y queremos que nos lo devuelvan, es conveniente llevar una lista y usar un exlibris e incluso con amenaza de excomunión. Esta imagen la vi por primera vez en el despacho de un profesor universitario y luego la he ido encontrando en otros muchos lugares relacionados con el préstamo de libros.

mayo | 2020 | Las horas lentas

También el exlibris puede ser un gran regalo para un amante de libros, aquí os pongo una página por si estáis interesados en el tema, así podéis tirar del hilo y localizar uno para vosotros o de regalo.

https://www.julianmarquina.es/sitios-web-donde-comprar-exlibris-personalizados/

  • 10. De lo que se come se cría:

Siguiendo esta máxima hay muchas posibilidades de que si regaláis libros se entienda que os encantan, y por eso mismo os regalen a vosotros aquellos que también queréis que os regalen. Sino siempre queda la socorrida carta para Papa Nöel o de los Reyes Magos, e incluso para ambos.

Creo que con estos puntos queda claro que si este año no regaláis libros es porque no queréis. Además a partir del 1 de Diciembre muchos compañeros escritores vamos a organizar una promoción donde se regalarán libros digitales gracias a un sorteo. Si tenéis curiosidad sobre lo que vamos a hacer, no dejéis de seguirme en mi redes.

https://www.instagram.com/gabytaylor.escritora/

Opinión

Con el espíritu de diciembre. ¿Somos mejores o iguales?

Parece que, justo el puente de diciembre, es el momento en el que se da el pistoletazo para las buenas intenciones. Son las semanas donde se manifiestan esos buenos propósitos cara a todo el mundo y pisamos el freno, de la mala baba, en honor al espíritu que debe de regir estas fechas. ¿Eso es cierto? ¿Es algo por lo que de verdad luchamos para llevar a cabo? ¿O es solo pura fachada para sentirnos bien cara a la galería?

Creo que hay un poquito de todo y el que es bueno, lo es todo el año y el que es malo, el espíritu de diciembre se la refanfinfla. Una que es muy observadora y lo analiza todo, ha comprobado que, año tras año, por esta fecha parece que la gente más bien pisa el freno y trata de, por lo menos cara a la galería, destacar más por las buenas acciones que por las malas. O esa es la sensación que me quiero creer.

Este ha sido un año muy complejo y me estoy encontrando dos actitudes antagónicas: personas que lo acabarán como si no existiera un mañana, algo que hemos visto que es muy tangible y real y, junto a estas, las que optan por ni respirar, no sea que el mal fario que nos ha guiado este año siga agarradito de nuestra mano y nos acompañe también en el 2021. Siempre he pensado que en el justo medio está la virtud y que es aplicable a todo en nuestra vida.

También es el momento de los buenos propósitos, aunque, para mí, es más bien el mes del balance, de hacer cuentas y ver que he conseguido, que he perdido y que puedo mejorar para que, el año que estrene, todo vaya mejor. Es como hacer una lista del haber y del deber que toda buena empresa tiene preparada a final de año y ¿qué somos nosotros si no un proyecto de empresa hasta acabar nuestros días?

Es más fácil para mí hacer una lista de los logros de este año y mis fracasos y desde ahí hacer una nueva lista de propósitos reales para el año que viene. Nada de cosas intangibles como ser mas buenos o menos malos, eso no vale para nada. Y, como escritora, lo sé perfectamente porque es como la crítica negativa constructiva, está muy bien que digamos que la aceptamos de boquilla pero si no ponemos los medios para mejorarlas es como los malos propósitos de fin de año, un ir para nada y eso es tontería.

Si de verdad la gran mayoría reflexionáramos y nos propusiéramos mejorar en nuestros logros, sin pisotear a los que tenemos al lado, os garantizo que habríamos hecho un buen balance de año y mejoraría mucho el próximo. Porque os voy a contar un secreto, de todos los pecados capitales, el peor, es la envidia, porque no se disfruta de nada en la vida si la llevas continuamente en tu mochila. Tenemos un mes para mirar dentro de nuestro saco, ver que hay, qué nos aporta y nos hace crecer como personas y lo qué nos hunde y nos lleva al desastre, y en este mes podemos aprovechar y quitar lo que no aporta y así empezar el 2021 con mejor pie y darle sentido al espíritu de diciembre.