Mis relatos

En una Navidad polarizada recuerda: nos necesitamos todos.

Un regalo con inspiración navideña

Hoy me apetece hacerte un regalo en forma de relato. No es el que muchos lectores esperan en esta época, pero sí tiene ese aire o espíritu que yo le busco a la Navidad. Lo escribí y presenté hace poco como trabajo final para el curso de escritura creativa superior “Yo quiero escribir”, dirigido por Carmen Posadas y su hermano Gervasio. Te dejo el enlace por si te apetece echarle un ojo y ya en otro momento te contaré que me ha supuesto la experiencia.

Seguramente pensarás que a santo de qué viene ese título una vez que leas el relato. Por un lado, me gustó y, por otro, que dice una verdad como un templo. A la hora de la verdad viene a ser como el refrán de más vale buen vecino que pariente ni primo. En este mundo todavía se debería poder compartir mesa con un desconocido, más de una vez lo he hecho, y dejarnos de polarizaciones, porque divide y vencerás (soy muy refranera por herencia paterna). No me enrollo más y paso directamente a mi cálida aportación a estos días festivos. Espero que te guste y estaré atenta a tus comentarios.

¡Feliz Navidad!

Simanim

Tal era la forma de jarrear que los dos jóvenes atravesaron de sopetón la puerta de la cafetería. Ella le precedió y su primera sensación fue la añoranza que le aportó el aroma a café y almendras tostadas. Cuando pudo recomponerse un poco aprovechó para recorrer con la vista el local. Estaba todo lleno, por lo que al cruzar su mirada con el hombre le hizo un gesto para que compartieran mesa. El rostro de él se abrió en una sonrisa de agradecimiento.

Linet miró sorprendida a su entorno. ¡Era tan vintage! Le gustaba ese tipo de decoración de madera antigua que añadía calidez y seguridad, pero sobre todo era el olor que impregnaba el ambiente y que le traía imágenes de la cocina de su abuela los días antes de Navidad. Por la cara de sorpresa de él dedujo que posiblemente pensaba lo mismo.

―Gracias. Me llamo Jaime. ―El chico le tendió su mano helada al sentarse pesadamente. Ella se la estrechó tras quitarse los guantes y dejarlos al lado del servilletero―. El tiempo se presenta tan malo que no tenemos ni cobertura. ¡Nada, paciencia!, a ver si pasa la tormenta.

―Está tan lleno que es lo menos que podía hacer. Nunca había recorrido esta zona y, con la que estaba cayendo, he entrado en el primer lugar que he visto.

―Entonces te ha ocurrido como a mí. Hace pocos meses que me he mudado. Me ha cogido la tromba buscando una ferretería.

Su conversación quedó interrumpida por la llegada de una señora entrada en años, en la que Linet ya se había fijado cuando echó el primer vistazo a la cafetería. Estaba pesando algo en una báscula que debía de tener cerca de los cien años. Ahora que la veía más de cerca, le hicieron gracia los manguitos que cubrían la blusa de encaje y que hacían juego con el mandil, empolvado con lo que supuso harina o azúcar glas.

Pidieron dos cafés con leche y ella les recomendó algunos de los dulces de la casa, que tenían unos nombres que les resultaron desconocidos y de los que solo reconocieron el baklava. Los había tan sonoros como las orejas de Hamán, el briwat de frutos secos o los travadicos. Decidieron compartir media docena de los que más les llamaron la atención. La mujer le pasó el encargo a un hombre con un delantal similar y rondando la misma edad que ella, que la ayudaba moviéndose con soltura entre la decena de mesas.

Ante las preguntas sobre el origen de los dulces, Rebeca, que así se presentó, les contó que todos pertenecían a su cultura. Les explicó que durante la Gran Guerra habían huido de Esmirna y que lo único que habían podido salvar fueron las recetas. Junto a su marido, Malek, pudieron salir adelante levantando aquel negocio. Cuando la dicharachera mujer los dejó para atender a otra pareja, Linet y Jaime retomaron su conversación.

Descubrieron que ambos eran un poco como los dueños de Simanim, que así se llamaba la cafetería: venían de otros lugares y llevaban poco tiempo en la ciudad. Linet acababa de llegar de Gales, para ser profesora de inglés. En cambio, Jaime se había mudado un par meses atrás, como encargado de una tienda de telefonía en la calle Mayor. Venía de Murcia.

Él se asombró de su buen castellano y Linet le contó que se había criado en España y, gracias a ser bilingüe, le había salido este contrato. Ser hija de profesores y extranjeros le había impedido arraigarse en ningún sitio y apenas sí tenía trato con gente. Jaime afirmó estar en una situación parecida, pero por falta de tiempo. Desde que llegó, tuvo que organizar la tienda y ahora trataba de asentarse definitivamente y conocer un poco más esta ciudad y a su gente.

Según iban saboreando los dulces, Linet se percató de que se encontraba a gusto con él y en aquel lugar. Ella, que era de naturaleza introvertida, hablaba ahora con total naturalidad de temas que, si bien no eran personales, tampoco tenía costumbre de comentar con desconocidos. Lo hizo de sus gustos, de su interés por dedicarse a la traducción de libros, porque era una ávida lectora y, sobre todo, de visitar los alrededores. Él le confesó que tenía abandonada la lectura, hábito que se planteaba retomar, y que también le llamaba eso de visitar lugares nuevos. Pastelillo a pastelillo, los dos empezaron, incluso, a hacer planes en común sin apenas darse cuenta.

Rebeca los observaba desde el mostrador mientras Malek pasaba su mirada de la pareja a su mujer entre pausa y pausa de colocar los botes de ingredientes. Los acomodaba en los huecos de la estantería de madera que cubría toda la pared a sus espaldas. Cada espacio estaba trabajado con mimo y asemejaba las pequeñas ventanas árabes que le recordaban a las de las casas de su niñez.

―Deja de ejercer de khattaba ―susurro leyéndole el pensamiento a su bendita esposa. Ella sabía que era un comentario jocoso por el tono y su sonrisa.

―Te recuerdo que en mi cultura sería shadchen y no es algo premeditado. Sin embargo, me da la sensación de que están muy solos y pueden hacerse amigos. Nuestros pastelitos obran milagros. Luego ya, el tiempo dirá en qué quedan ―le respondió Rebeca. Con todo, si ella podía, les daría un empujoncito…

La mujer siguió discreta las expresiones corporales de la pareja desde el mostrador. Sentía que la conversación entre los dos era mucho más relajada que cuando llegaron. Siempre había pensado que un café intenso, sus dulces y un espacio tranquilo era lo único necesario para que las personas se comunicaran entre ellas. Cierto que tenía un poco de shadchen, si bien nunca había necesitado a ninguna para conocer a Malek. Pese a pertenecer a dos culturas con una frontera bien definida, lo convulso de aquellos años y la huida juntos facilitó que pudieran franquear esa línea invisible entre árabes y judíos.

Linet escuchaba atentamente a Jaime y de vez en cuando miraba por la ventana.  La lluvia seguía cayendo con intensidad. Hacía tiempo que no pasaba nadie. En cuanto escampara aprovecharían para abandonar el lugar. Los dos pensaban llevarse por lo menos otra media docena de aquellos estupendos dulces que los habían acompañado en ese rato de conversación en el que el reloj parecía no avanzar. Por fin, el mal tiempo dio tregua y decidieron acercarse para pagar la cuenta y hacer cada uno su pedido.

Rebeca se alegró de que les hubiera gustado tanto su repostería que se animaran a comprar algunos para casa. Mientras se los envolvían, Jaime le preguntó si tenían Facebook o Instagram para etiquetarlos cuando los recomendara en sus redes.

―¡Oh!, de esas cosas modernas no tenemos conocimiento ―les respondió el marido.

 ―¿Qué significa Simanim? ―terció la chica en la conversación al ver el logotipo impreso en la etiqueta. Esta vez le respondió la mujer.

―En mi cultura se usa para denominar aquello que tiene un significado simbólico y cuya forma nos lo recuerda. Esas pastitas que en el centro tienen mermelada nosotros las llamamos Orejas de Hamán y nos recuerdan a un enemigo que en un pasado remoto vencimos. Tranquila, creo que no le cortaron las orejas ―finalizó la historia con una risa cantarina ante la cara de sorpresa de Linet.

Como ya no llovía, Jaime se ofreció acompañarla durante un trecho en dirección a su casa. Al llegar al portal, la chica se percató de que se había dejado los guantes de lana en el mostrador al ir a pagar. Ya se pasaría para recogerlos. Jaime le sugirió que, si le apetecía, podrían ir juntos y repetir la estupenda velada, a lo que la chica aceptó porque había sido un rato que no le importaba revivir. Se intercambiaron los teléfonos, aunque ya quedaron en la puerta de la cafetería, dos días más tarde a la misma hora.

Llegaron a la vez y, entre risas, entraron, avanzando hacia el lugar dónde suponía que había dejado sus guantes para preguntar por ellos. Cuando levantaron la vista se quedaron quietos y sorprendidos: ¡el lugar era una librería! Había detalles similares, como las baldas que antes estaba llena de botes a los que, ahora, sustituían libros. A lo largo del mostrador, donde se encontraban las campanas de cristal con los pasteles, se veían libretas, cuadernos, lápices y agendas. Hablaban de salir a la calle para confirmar que se habían equivocado de local cuando un hombre de unos 50 años surgió de la trastienda con una jarra y una taza idénticas a aquellas en las que les habían servido sus cafés dos días atrás.

―Bienvenidos a la librería y papelería Simanim. ¿Qué necesitan? Si quieren un café mientras les atiendo no tienen más que decirlo y saco otro par de tazas y unos pastelitos.

Al recorrer la vista por tablero de madera pulido, Linet se encontró sus guantes al lado de una pila de libros de fantasía.

―Estos guantes… son míos ―dijo la chica con la voz temblorosa.

―¡Estupendo! Me alegro de que haya recordado dónde los había olvidado. Los encontré mientras colocaba los libros que habían llegado para la campaña de Navidad.

―Pero… Yo estoy segura de que dejé mis guantes olvidados en una cafetería en la que me atendieron dos encantadores señores ya mayores.

―Pues no sé qué decirle. Es cierto que aquí se ubicó una pastelería hace muchos años. La regentaban mis abuelos. Tras eso, mi padre, que no sabía nada de repostería, la transformó en lo que ven, aunque dejó muchos detalles que había hecho el abuelo, como esta librería que está detrás de mí. Lo mismo habrá oído a alguien hablar del establecimiento.

Linet recogió sus guantes y un aroma a canela, almendra y cardamomo inundó su nariz. Sin hacer referencia a ello, los guardó en el bolso. Volvió a recorrer el local con la mirada y pudo ver en una esquina, fuera de lugar, aquella báscula antigua.

―Seguramente habrá sido eso, sí ―le respondió al amable librero mientras miraba a Jaime con ternura.

―No es posible. ¿Cómo iba a olvidarlo? Si fue aquí donde Linet y yo nos conocimos.

―No sé qué decirle. Lo cierto es que mi abuela tenía fama de casamentera ―continuó ante su cara de desilusión―, también mi padre me contó que los clientes, cuando traspasaban sus puertas, se sentían tan acogidos que el tiempo transcurría sin apenas darse cuenta y siempre estaba lleno.

Linet y Jaime se despidieron del librero. Tras un rato de silencio, tratando seguramente de digerir lo que habían vivido, el chico puso voz a sus pensamientos.

―Me comí el último dulce ayer mismo, en la sobremesa, con el café. Ese que llamó la Oreja de Hamán. Pero si se lo digo ―señaló con la cabeza el local― nos iba a tomar por locos.

 ―Desde que entré me sentí como en otro mundo. Todo era tan pausado y tan propicio para conversar ―añadió ella―. Pero no me explico cómo ha podido ocurrir, aunque tampoco parecía muy sorprendido. Me da la impresión de que para él era normal que hubiéramos visto a sus abuelos y que Rebeca se dedicara a propiciar los encuentros entre desconocidos. O incluso lo que tú dices, que somos un poco atolondrados. ―Pues no sé dónde darle las gracias, porque creo que de nuevo ha hecho un gran trabajo ―respondió Jaime mientras le anudaba la bufanda a Linet, sin apartar sus labios de los de ella.

N. de A. Mi agradecimiento a Pepa, dueña del Hotel Las Cortes de Cádiz, por su acogida. Todos los años suelo hacerme alguna foto de promoción navideña en su maravilloso entorno y este año no podíamos faltar. Gracias.

Mis relatos

Operación Paraíso

Capítulo 1

Como todos los primeros días que fue al instituto, Daniel pedalea nervioso hacia el apeadero. Sonríe, a pesar de la tensión, recordando la eterna cantinela de su madre: «¿Lo llevas todo?», «Come algo a media mañana, que eres muy despistado, te olvidas y luego te dan mareos» o «Ten cuidado, que los coches…».

La verdad es que tenía razón. No iba a reconocerlo en voz alta, ¡lo que le faltaba!; sin embargo, es innegable que tenía razón. Tampoco se lo iba a demostrar demasiado a menudo, que enseguida se entusiasmaba y daban comienzo las caricias o los besuqueos y él ya es demasiado mayor para tanta intensidad.

En el fondo sabe que la quiere.

El tren llega ―¡cómo no!― con retraso. Es normal. Comprueba en la aplicación los cambios de horario. Siempre que ha tenido que salir de su barrio ha cogido el anterior al que necesitaría, porque el «por si acaso» suele transformarse en «¡menos mal!».

Es mayor que la chavalería que lo rodea; pero está acostumbrado. El gesto se le ensombrece de golpe al recordar los años tras la muerte de su padre. Fueron tiempos duros para su madre, que se quedó solo con las pensiones de orfandad de los tres niños. Le dijeron que era joven y aún podía ponerse a trabajar, como si llevar una casa con cinco bocas no hubiese sido trabajar. Encima, no quisieron reconocer el accidente laboral. Las pasaron canutas hasta que salió el juicio. Los abogados no se pagan solos y los ahorros de una vida de partirse el lomo, además de impedir la justicia gratuita, volaron deprisa.

Después, tampoco mejoró.

Su madre encontró trabajo. Fregar casas ajenas la envejeció demasiado pronto. Continuó siendo amable y cariñosa, aunque a Daniel se le rompía el alma al escucharla llorar por las noches. Maduró de golpe y trató de que sus hermanos, más pequeños que él, se acostumbraran al menos a no pedir.

Nada más cumplir los dieciséis fue la primera vez en su vida que le llevó la contraria, su primera discusión seria. Sin encomendarse a Dios ni al diablo, se apuntó a una ETT y acabó de auxiliar de servicios en una empresa de seguridad. Todos los festivos y fines de semana echaba doce horas en una fábrica, relevando al vigilante nocturno.

Nunca se ha arrepentido. Le prometió a su madre que trabajar no le iba a impedir acabar sus estudios. De hecho, en la fábrica no tenía nada mejor que hacer que estudiar. Sí que lo retrasó un poco y perdió un año, pero nada lo enorgullecía más que entregarle su sueldo cada primero de mes. Ver que sus hermanos podían estrenar ropa de vez en cuando, que las mochilas no eran heredadas, que comprar el material escolar no era a costa de la comida le bastaba como gratificación, lo hacía sentirse útil.

Y aquí está, otra vez, empezando de nuevo. El uno de octubre. Una fecha para recordar. Con su bandolera y la bici, rodeado de chavales y camino del insti. Mira su móvil y la aplicación le confirma la locución que suena por megafonía: «Próximo a efectuar su salida cercanías con destino Cádiz, vía dos». Que aún no haya llegado siquiera, como siempre, lo obliga a cabecear mientras sonríe. Le agrada sentir alrededor ese aire de confianza que nos proporciona lo cotidiano.

Espera ante el barullo que se forma cuando se detiene el convoy. Nada que ver con Japón, por supuesto. Un desdibujado pasillo para que bajen algunos pasajeros y risas, quejas, prisas y empujones para hacerse con algún asiento. Él se queda junto a la puerta cerrada, abrazado a una barra y sujetando el sillín.

Escondido de la algarabía en los cascos, prefiere observar a escuchar. Sabe de sobra que se pierde conversaciones jugosas. Los dramas adolescentes, los historiales médicos de los más ancianos y algún divorcio, propio o cercano, suelen salsear estos viajes a poco que uno haga oreja. Bueno, y sin hacerla. Los de la Local se forrarían con el medidor de decibelios.

Él, sin embargo, prefiere poder imaginar. Observa gestos, actitudes, rostros o posturas a los que trata de dar un significado, de crearles un contexto. Sabe que será difícil que acierte, que la realidad confirme sus suposiciones; pero ¡es tan prosaica! Lector empedernido, seguramente herencia de sus horas de soledad en el polígono, juega a descubrir fantásticas aventuras detrás de cada grupo, de cada rostro, de cada gesto. Y, desde el silencio que le proporciona Imagine Dragons, esmucho más probable que encuentre un Alatriste o una Darby Hart.

El paso del vigilante de seguridad reconstruye el sistema planetario del interior del vagón. Pies que descienden de asientos o bultos que saltan a los regazos permiten despejar el bosque. Cuando los muchachos se reordenan, entre los claros, se abre una nueva línea de visión.

Y ahí está. Como en esos retratos románticos, con su melena rojiza a la altura de los hombros brillando a contraluz, el rostro aniñado, la nariz respingona, la boca pequeña y carnosa pintada de oscuro, los huesos finos y un aire de melancolía en la mirada. El jersey de punto y la mochila de piel hablan de alguien que cuida su estilo; la chupa de cuero y el mechón azulado, de alguien segura de sí misma.

Algo en ella lo atrae. Procura parecer discreto, aunque no le quita ojo. Ella no debe percibirlo ―otras veces enseguida han girado hacia él el rostro, como si la mirada transmitiese una energía y rastreasen su origen― y se mantiene en su mundo, ajena a todos y a todo. Dani recuerda lo importante que parece todo a esas edades, el drama constante, el estímulo continuo, la ansiedad, la prisa. Cualquier cosa resulta imprescindible, impactante, urgente, estresante. Lo tuyo, claro, pues descubres que los demás, los que no son de tu grupo, ni te entienden ni les importa. Así que, lo más seguro, es que ande dándole vueltas a cualquier tontería, básico en su vida en cualquier caso.

La memoria se apodera del instante y lo envía para atrás, a 2015, cuando se colgó de aquella chavala con una camiseta de Taylor Momsen desnuda de espaldas y con una cruz tatuada sobre su columna apuntando a su culo que decía que todo se va al infierno. Las botas militares, las medias rotas y las mallas elásticas contribuían, junto a una piel pálida y un maquillaje muy oscuro, a un tono gótico que solo el tinte de su desordenado pelo corto rompía. La de Evanescence había elegido el negro ala de cuervo y la de The Pretty Reckless el blanco. Ella, Rocío se llamaba la chica, siempre haciendo gala de criterio propio, un anaranjado brillante con un mechón azul metálico.

Era, como el nombre del grupo, bastante inquietante. Contestataria y rebelde, sus notas, por otra parte, hacían que pudiera permitírselo. Provocadora y extrovertida, daba miedo a muchos chicos. Lograba ponerlos nerviosos y ya se sabe cómo son los adolescentes. Tuvo más de una pelea en el patio y alguno conservará aún el imborrable recuerdo de sus uñas en la piel. Llegar nueva al instituto para el bachillerato, su look y su autosuficiencia no eran buenas cartas de presentación. Tampoco las llamadas al despacho del jefe de estudios y sus consiguientes expulsiones.

Eso la hacía menos accesible, en ninguna forma menos atractiva.

Dani había optado por Humanidades y Rocío iba por Ciencias, así que tenía que conformarse con los ratos fuera de clase y la única troncal que compartían. Tampoco se atrevió jamás a decirle nada con la excusa, tan válida como cualquier otra cuando uno la siente necesaria, de que tampoco tenía tiempo libre para quedar con ella. La estación de San Severiano lo saca de su ensimismamiento y, ¡oh sorpresa!, la chica ya no está.

La leve melancolía que le ha despertado el recuerdo se diluye en el barullo de empujones por salir y las carreras hacia los tornos. Espera, como siempre, a que se despeje la puerta para poder descender con la bici.

La ve por el andén: mechón azul en cama naranja sobre cazadora negra, el paso decidido e insinuante en unos vaqueros ajustados y unas botas militares. Un ramalazo de deseo llena el cerebro de Dani, hoy como entonces. Hay cosas que la madurez, así sea temprana, no cambiará nunca.

«¡Hostia, qué buena que está!».

Sacude la cabeza convencido de que es culpa del recuerdo, de la coincidencia en el pelo. Se recrimina ambas reacciones, tanto la mental como la física. Está seguro de que ha sido demasiado obvia. Se promete a sí mismo no girarse si la alcanza. Aún es joven, pero debe controlarse y tener en cuenta la insalvable distancia que siempre ha de separar al docente de la alumna.

Porque hoy es su primer día como profesor de Lengua Castellana y Literatura en el IES Arnáiz.

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eventos

Una nueva sociedad literaria

Cuando leas estas lineas lo más seguro es que ya tenga entre mis manos el carnet que me acredita como miembro de una nueva sociedad literaria nacida en Jerez de la Frontera. Lo primero que me gustaría es explicarte la diferencia que hay entre una sociedad literaria y un club de lectura, que si bien a grandes rasgos tienen puntos en común, también hay muchas cosas que los diferencian.

Desde mi conocimiento, un club de lectura se enfoca más a la discusión y análisis de un libro específico leído por todos sus miembros y que puede variar de género según los gustos de los lectores o las sugerencias de quién coordina el club. La sociedad literaria suele girar más entorno a un personaje, protagonista de varias novelas, o a un autor determinado, así como hacerlo del periodo histórico en el que se enmarca la obra, y apoyarse incluso por filmografía, si es posible, u otros recursos que enriquezcan el fin por el que se ha constituido la sociedad. Se suelen fomentar las actividades paralelas, como pueden ser charlas de especialistas en el tema, visitas a los lugares en los que se recrea la acción de las obras, reuniones con los socios vestidos según la época, obras teatrales, etc. Todo abierto a la imaginación y sugerencias del los miembros en algunos casos.

Sociedad literaria Sherlock Holmes

Ni que decir tiene que con ese título ya te habrás imaginado cuál va a ser el centro de atención en esta sociedad. Aquí a diferencia del club Diógenes, vamos a hablar mucho, sobre todo de novelas

¿Cómo nace esta idea? En realidad en España ya lleva años funcionando este tipo de reuniones, destacando el Círculo Holmes en Barcelona, una asociación con más de 25 años de existencia dedicada al intercambio y la relación entre aficionados y coleccionistas de todo lo relacionado con Sherlock Holmes. De hecho, en esta ciudad se encuentra la Biblioteca Pública Arús, que se integró en el 2011 gracias a la donación de Joan Proubasta. La biblioteca cuenta con la colección más grande de España y una de las más importantes a nivel mundial dedicada a Sherlock Holmes, con sus más de 12.000 piezas, incluyendo novelas en diversos idiomas, obras inspiradas en el canon y elementos relacionados con el espiritismo y la criminología. Con esta breve pincelada te animo, si te gusta el tema y vas a Barcelona, a que no te pierdas la oportunidad de conocer más de la obra de sir Arthur Conan Doyle en la figura de su detective, del que por cierto acabó hasta la coronilla. Lo cuento como inciso para quién sea nóvel en el conocimiento del autor y de Holmes. Aquí sí que un personaje se comió enterito al autor.

Vamos a centrarnos un poco más en lo que nos trae entre manos hoy. ¿Cuáles son las propuestas que plantea esta sociedad? Te copio literalmente lo que en su página web, que te recomiendo que consultes, pone sobre el tema:

Nuestro propósito es doble:

La Sociedad organiza encuentros de lectura, conferencias, rutas literarias, representaciones y una revista inspirada en el mítico The Strand Magazine.

  • Celebrar y difundir la literatura victoriana, en especial la figura del célebre detective de Baker Street.
  • Fomentar la vida cultural en nuestra ciudad y provincia, con actividades que unan historia, arte y literatura.

Se podrá participar siendo o no socio, eso se deja al libre albedrío y disponibilidad de cada uno, pero por si te queda alguna duda yo ya he solicitado —simbólicamente— mi silla como socia.

Hace mucho tiempo que conozco las novelas de Sherlock ya que fue mi siguiente detective, tras Miss Marple y Hércules Poirot. En mi adolescencia conviví con una colección de tres volúmenes que compró mi padre de la editorial Orbis (1987). Lamentablemente no pude traérmelos a mi biblioteca cuando se desmanteló la casa de mis padres años atrás, pero no es un autor del que no se reediten sus obras en diferentes formatos temporada tras temporada. Tal vez ese sea el problema, que tal como está el mercado de libros no sabe uno que edición escoger.

Mi recomendación literaria de hoy

Para empezar, deberás atenerte al Canon Holmesiano, que sería la forma leer de modo ordenado las aventuras del detective y que estas sean las obras escritas por Conan Doyle y no las que surgieron después, inspiradas por nuestro protagonista, de la pluma de otros autores. En ese enlace puedes ver cómo va la secuencia. Es una sugerencia, por supuesto, pero, al César lo del César, ya que estamos aquí no nos vamos a hacer un George Lucas y empezar la trilogía por en medio. Aunque para gustos los colores.

Por supuesto, como he comentado al inicio, recomiendo elegir una buena edición, ya que ir para nada es una tontería y más con lo caros que están los libros. Las hay de bonitas tapas duras con sus detalles doraditos e ilustraciones propias de la época, pero lo mismo la traducción deja mucho que desear, porque ya sabeis que el ojo del amo engorda al caballo y las editoriales ultimamente son mucho de brilli brilli, pero de poca calidad en el interior. ¿Cómo he gestionado este asunto? Pues he tratado de buscar unas obras completas que tengan una buena crítica por parte de profesionales del gremio o estudiosos del autor y su obra y todas las indicaciones me han llevado a la publicada por Cátedra en 2003.

La obra más recomendada es Todo Sherlock Holmes, a cargo de Jesús Urceloy. En ella se reúne el canon completo en un solo tomo, ofreciendo un orden cronológico de los casos con notas editoriales detalladas y extensos anexos sobre el personaje y sus historias. Aunque la edición puede asustar por su voluminosidad —1661 páginas en un solo volumen—, es considerada la opción definitiva para fans que buscan una colección completa y elegante. 

La edición es interesante por varios motivos. El primero, evidentemente, por el precio: más de 1.600 páginas en tapa dura y papel biblia a 35 euros, aunque yo he tenido la suerte de que mi hermana me la ha regalado siguiendo mi costumbre de buscar primero en libros de segunda mano, con lo que el precio ha sido menos de la mitad. El segundo, por la oportunidad, por fin, de asistir a la carrera de detective de Sherlock Holmes desde su inicio hasta su final y poder seguirla secuencialmente, sin molestos saltos adelante y atrás en el tiempo, algo que ocurre si no tenemos claro ese orden y acabamos leyéndolo todo suelto. Con el agravante de que no todos los relatos están traducidos bien ni al completo, el desembolso económico o los paseos a la biblioteca dónde posiblemente no esté la obra al completo. Aunque puedo decir que en el catálogo de la Biblioteca Municipal «Rafael Esteban Poullet»,de El Puerto de Santa María, puedes encontrarla.

Además, la edición es interesante por otros motivos. La abundancia de notas, la estupenda introducción, las breves biografías de Doyle, Holmes y Watson y los completos apéndices donde, además, se detallan todos los casos, no solo los narrados sino también los mencionados por el doctor, y donde se incluye un comentario atinado y pertinente a cada una de las historias incluidas. Todos estos añadidos hacen de este libro una pieza imprescindible en la biblioteca de cualquier holmesiano.

Lo próximo que te contaré serán las impresiones tras nuestra primera reunión como Sociedad Literaria Sherlock Holmes. Te espero y, si estás cerca, no dudes en venir alguna vez para conocernos.

mis lecturas

Un Manuel Chaves Nogales

Allá por un viernes 14 de abril de 1989 —parece una canción de Celtas Cortos— estába en clase de Contemporanea y mi profesor de entonces, Alberto Ramos, ni corto ni perezoso, entró en el aula y comentó:

Hoy, 14 de abril, se conmemoran los 58 años de la proclamación de la II República española. No tenemos clase, nos vamos al bar.

Obviamente, en aquellos días, para un alumna como yo, que conjugaba muy bien el verbo estudiar con el de si me viene una juerga me apunto, ese anuncio supuso un rato de tertulia con los amigos. Ahora, mirando hacia atrás y habiendo descubierto todo lo que me falta por saber, me da lástima el tiempo perdido, no solo por mi parte, sino por parte de muchos de los docentes que pasaron por mi vida. No digo yo que no tuviera derecho a celebrar ese día si se consideraba republicano, que lo era; pero dale contenido a tu clase, enseña ese día a tus alumnos lo que de verdad supuso para ti la II República y, aunque no la vivieras, plantea una clase de debate, algo de lo que los estudiantes españoles de las universidades públicas carecían y que creo que siguen careciendo. Enseña pensamiento crítico. Pero no, y por eso hoy podemos decir que de aquellas aguas, estos lodos.

Hoy he leído algunas frases cuya autoría es el alma mater de esta entrada, de la que destaco una, y que me han gustado por lo de clarividentes que fueron ya en su época y por la lucidez que siguen teniendo hoy en día:

En realidad, los regímenes totalitarios no marcan una superioridad sobre las democracias más que cuando éstas se hallan interiormente podridas.” (Manuel Chaves Nogales)

¿De quién te estoy hablando?

No sé si a estas alturas te habrás percatado de que me estoy especializando en el estudio del periodo histórico que va desde 1921 hasta 1945, aunque he utilizado como punto de partida precisamente esa fecha de la que hemos hablado al inicio de mi entrada, el 14 de abril, pero de 1931. Sé que para escribir una novela histórica se necesita recopilar toda la información que se pueda de ese periodo en el que se va a insertar una serie de personajes ficticios que irán de la mano de otros que fueron protagonistas reales de la historia. El hacerlo así ayuda a que, si el proyecto sale adelante, puedas no solo escribir una novela, sino a centrarte en ese tramo de la historia y, teniendo creado y dominado el marco, desarrollar varias tramas que puedan estar insertas en las mismas fechas. Usar este método supone encontrar asimismo a las personas que vivieron durante esos convulsos años de la historia de España y del mundo y que, por los motivos que sean, no se les ha reivindicado su papel ni se ha dado valor a la repercusión que tuvieron en su momento. Uno de ellos fue precisamente Manuel Chaves Nogales.

¿Por qué elegir a este protagonista de la historia real para una historia ficticia?

Necesitaba que uno de los protagonistas de mi novela tuviera una voz con unas características que tenía muy bien definidas en mi cabeza, pero a las que no lograba darle el tono adecuado. Quería una persona que hubiera viajado como mínimo por Europa y hubiera conocido lo que de verdad estaba ocurriendo más alla de los Pirineos puesto que mi personaje, Ginés, había salido de España en enero de 1920. Tras ese viaje, al retornar, ya no debería ser el mismo porque habría entrado en contacto con el mundo postrevolución rusa, habría convivido con la llegada y el auge del nacionalsocialismo de Hitler, se habría movido dentro de los movimientos obreros —en los que trataría con los dirigentes que abogaban por la necesidad de una lucha de clases— y habría visto con sus propios ojos la miseria en la que vivían los europeos, trabajando como esclavos para sacar adelante sumundo tras la Gran Guerra. Con ese bagaje volvía sabiendo que la revolución del proletariado acabaría siendo una dictadura del proletariado, que no cambiaría, en buena parte, las aspiraciones de la mayoría de la población. Todas esas eran las piezas que componían el poso del caracter de mi protagonista, pero yo necesitaba ponerle no solo cara, que ya la tenía, sino voz y tono. Eso lo logré, de casualidad, cuando a mis manos llegaron la biografía y las obras de Chaves Nogales, gracias a un ensayo leído esta semana pasada, de Paco Cerdá, 14 de abril.

Nogales, periodista y escritor sevillano, vivió durante esos años que tanto me gustan de la historia de España. Pese a que murió en plena madurez, sin llegar a los 50, lo compensó al comenzar a trabajar muy joven, aproximadamente a los 16 años, cuando iniciaba su carrera periodística en Sevilla poco después de completada su formación, allá por 1913. Hoy necesitamos años de estudios, una titulación universitaria y varios masters para ejercer lo que nos ha costado media vida aprender y no tengo yo muy claro, al ver el ejemplo de los profesionales de otras época, que de verdad lo estemos haciendo bien. En cualquier caso, esto, de momento, queda como apunte para otra entrada.

Leer la obra de esta autor tiene cierto punto de expedición arqueológica debido a que la mayor parte de su trabajo vio la luz en forma de artículos de prensa, a lo largo de muchos años y en muchos periódicos distintos, no solo de España y Europa, sino incluso de Latinoameríca. Es más sencillo encontrar artículos de él en revistas de Chile o México que en España. Otra mente clara del liberalismo español que no fue profeta en su tierra, como él mismo decía:

Había contraído méritos bastantes para haber sido fusilado por los unos y los otros.

Así me encontré, entre el ostracismo y la dispersión del tipo de documentos que necesitaba para crear un marco histórico para mi personaje, con serias dificultades para acometer mi propósito. No obstante, siempre he tenido suerte. Por mi afición a buscar libros de segunda mano, como ya te he comentado, y que la figura del periodista esta siendo reivindicada no solo en las facultades de periodismo, sino en las de historia, he logrado encontrar reediciones y estudios con los que me voy haciendo de un pequeño fondo bibliográfico que prometo ir ampliando.

Mi idea era haber empezado con La República y sus enemigos, reeditado por Almuzara, pero estaba fuera de stock. Al final tiré de Iberlibro, con lo que tardará unos 15 días en llegar, así que aproveché para ir a Cádiz capital a una de mis librerías de referencia, Quorum. Allí me avituallé para mi hambre de conocimiento, con lo que empezaré directamente con la recopilación de lo escrito durante la Guerra Civil española y que se titula A sangre y fuego. Precisamente su prólogo es algo que muchos docentes, historiadores y pensadores recomiendan que se debería leer en los los institutos para fomentar el debate entre los alumnos. De hecho, como he dicho, Nogales se introdujo en mi vida de manera simultanea por varios frentes y cuando un acontecimiento se repite dos veces tiendo a hacerle caso. Uno de los frentes fue la recomendación por parte de Pérez-Reverte del prólogo comentado para su debate entre los estudiantes. Os dejo el enlace porque no tiene ni una miga de desperdicio, sobre todo viendo el mundo en el que estamos viviendo. De hecho te voy a poner el inicio para que te hagas una idea.

Yo era eso que los sociólogos llaman un «pequeño burgués liberal», ciudadano de una república democrática y parlamentaria. Trabajador intelectual al servicio de la industria regida por una burguesía capitalista heredera inmediata de la aristocracia terrateniente, que en mi país había monopolizado tradicionalmente los medios de producción y de cambio —como dicen los marxistas—, ganaba mi pan y mi libertad con una relativa holgura confeccionando periódicos y escribiendo artículos, reportajes, biografías, cuentos y novelas, con los que me hacía la ilusión de avivar el espíritu de mis compatriotas y suscitar en ellos el interés por los grandes temas de nuestro tiempo. Cuando iba a Moscú y al regreso contaba que los obreros rusos viven mal y soportan una dictadura que se hacen la ilusión de ejercer, mi patrón me felicitaba y me daba cariñosas palmaditas en la espalda. Cuando al regreso de Roma aseguraba que el fascismo no ha aumentado en un gramo la ración de pan del italiano, ni ha sabido acrecentar el acervo de sus valores morales, mi patrón no se mostraba tan satisfecho de mí ni creía que yo fuese realmente un buen periodista; pero a fin de cuentas, a costa de buenas y malas caras, de elogios y censuras, yo iba sacando adelante mi verdad de intelectual liberal, ciudadano de una república democrática y parlamentaria.

Este hubiera sido, por ejemplo, un buen inicio para organizar un debate con el que celebrar ese 14 de abril que preparó mi profesor, incluso haciéndolo en el bar, y con ello crear ese precedente. En cualquier caso, no pudo ser.

No tengas miedo. La estructura del libro se apoya en nueve relatos sobre la  Guerra Civil española, escritos  en 1937 y publicado en Chile, siendo uno de los primeros ejemplos de la literatura testimonio, un género del que seguramente habrás oído hablar poco. Los relatos que componen este libro están considerados por muchos expertos como lo mejor que se ha escrito en España sobre la Guerra Civil y retratan distintos sucesos que el autor conoció directamente. Precisamente, lo bueno de este autor es que su forma de escribir es para el gran público, para eso es periodista, y con ello hechos o periodos de la historia que se te pudieron hacer farragosos en otro momento ahora te podrás acercar a ellos disfrutando de la lectura.

Otra obra que adquirí fue Crónicas de la alemania nazi, de 1933. En ella relata el viaje a la Alemania nazi con el objetivo de ofrecer a sus lectores del periódico Ahora -del que es redactor jefe y subdirector- un gran reportaje de «como se vive en los países de régimen fascista».

En trece artículos publicados en el mes de mayo, poco después del acceso de Hitler al poder y de la instauración del Tercer Reich, describe la militarización y nazificación de la sociedad, la preparación para la guerra o el funcionamiento de los campos de concentración de trabajadores voluntarios, entre otros muchos hechos. De ese periodo también destaco la entrevista que le hizo a Joseph Goebbels, ministro de Propaganda, algo que el alemán nunca le perdonó por la humillación que supusieron sus palabras y por lo que no dudó en enviarle a la Gestapo en su exilio en París tras salir de España durante la Guerra Civil. Tuvo suerte y cuando llamaron al timbre de su casa él ya estaba en Londres.

Como veis, Ginés, el personaje de mi historia, tiene su alter ego muy bien definido, aunque ahora me toca a mí el trabajo de perfilarlo y limitarlo. No se puede comer al resto de los personajes que lo acompañan, porque realmente la historia no es la suya. Él es el antagonista de Julia, una maestra que vivirá en primera persona esos convulsos años, junto con Carlos, el tercer amigo en discordia, también maestro. Con este triángulo intentaré acometer uno de mis próximos trabajos. ¿Cúando? No lo sé, la vida da muchas vueltas y lo que ahora es un proyecto lejano puede convertirse en algo fallido. Aun así, de momento, me mantengo pico y pala para sacarlo adelante, recomiendo los libros que me voy leyendo y voy ocupando mi mente con buenas lecturas que alimentan mis neuronas. La verdad, soy bastante sibarita.

mis lecturas

Matar a Fernando VII

Con este, título para iniciar la entrada de hoy, me da la sensación de que te estoy proponiendo algo delictivo aunque complicado de realizar. En realidad, si me conoces, sabes que utilizo palabras que impacten al inicio para crear espectación. De todos modos iré por partes.

Unas nuevas recomendaciones literarias

Ya ha pasado la primera semana de septiembre y me estoy viendo las fiestas de Halloween y la Navidad ahí a la vuelta de la esquina. El otoño, para mí, es un continuo rellenar mi agenda con fechas de compromisos y actividades varias. Unas que desarrollaré en la intimidad de mi casa y otras cara el público. Ahora mismo, tengo una gran cantidad de proyectos en marcha: ferias del libro, novelas que he acabado en esta primera semana y otras que entran en la cola de lectura y, todo trufado, no puede faltar mi referencia a la cocina, con un curso de seis meses de escritura creativa que implica no solo leer y estudiar, si no escribir, escribir y escribir, que es lo que me hacía falta.

Si eres de Cádiz y amas la historia no te la puedes perder y, si no eres de aquí, tampoco.

Justo empezando este més, de transición hacia el otoño, he acabado de leer la novela del compañero y autor David Fernández Fernández Matar a Fernando VII. Ha sido de lo mejor que he caído en mis manos este año, teniendo en cuenta la dificultad de desbancar a una de las autoras a las que me enfrenté, Han Kang, con La vegetariana. No son obras comparables, por muchos motivos que ahora no vienen al caso, pero sí en uno que, siendo desde luego bastante subjetivo, para mí es perfectamente válido: el buen sabor de boca que ambas obras me dejaron. Por ello las recomiendo para los lectores a los que les vaya eso de acercarse a géneros diferentes.

Tengo que confesarte que juego con ventaja ya que tengo el gusto de conocer al autor desde hace varios años, al ser compañero de la carrera, y que por ello tenemos un contacto directo. Así me pude permitir el lujo de preguntarle algunas curiosidades que me asaltaron durante la lectura y no, no fueron sobre la trama, sino sobre la estructura. Lo felicité dos veces, por lo bien trabajada que estaba la novela y por la corrección. Hoy en día es muy difícil encontrar, incluso en grandes editoriales, libros tan cuidados en todos sus aspectos que haga que tengamos entre manos una obra de calidad.

La historia se desarrolla desde el asedio de Cádiz por las tropas francesas hasta la muerte de Fernando VII. Unos 25 años en más de 500 páginas de las que no te quieres saltar ni una línea. Imagínate, en todo ese largo periodo de tiempo, la cantidad de personajes que el autor maneja. Lo hace con maestría, sobre todo con dos que me llamaron mucho la atención Lola y Blasina, que podría decir que son mis favoritos. ¿Por qué? Por la forma en la que los presenta y les da la voz. Porque esta es una novela histórica que tiene mucha enjundia. No es cuestión de coger a un personaje cualquiera y ponerlo en un periódo histórico lejano y que se las apañe como pueda, que al final acaba pareciéndose a Un yanki en la corte del rey Arturo, salvando las distancias, y hay veces que ni eso, debido a los anacronismos que trufan algunos folletines.

El escritor no se hace un Mark Twain. Aquí tenemos una novela sólida, con un vocabulario adecuado, si bien actualizado para fovorecer la lectura -no te asustes-, y una ambientación que si conoces Cádiz la recreas en tu mente y si no la conoces te dan muchas ganas de venir y recorrer los escenarios. Nos ambienta en la época y en la zona con toques propios de un escritor autóctono, recurriendo a los términos, quiebros y comentarios que un gaditano usa en la actualidad. En defiitiva, un autor que sabe lo que se hace.

No pienses que todo el argumento se centra en la ciudad gaditana, para nada. La historia va saltando, según las necesidades de la trama, a diversos escenarios que van desde Madrid, la sierra de Cádiz, Cuba o Rusia a Londres. Tampoco te quiero desvelar muchos detalles, que luego me acusan de hacer spoiler. Mover todos esos palos con sus respectivos platos girando y que no se te caiga ninguno requiere mucho esfuerzo y una visión general y amplia desde el inicio del proyecto. El autor me ha confesado que haber realizado su tesis doctoral, pese a no tener relación con el periodo de la novela, le ayudó a tener esa visión en conjunto una vez que tuvo toda la documentación en la mano. Aun así, saber equilibrar la parte de la documentación con la ficción para que el lector no se aburra y esté pendiente de todos los acontecimientos que se desarrollan no lo da el hecho de ser doctor en Historia. Ahí hay un amor y un gran cariño por la lectura y la escritura y, sobre todo, mucha exigencia para presentar una buena historia a los lectores, que al final somos los que tenemos la última palabra.

Me ha hecho gracia, porque justo cuando mi amigo David estaba ultimando los detalles de su trabajo, allá por el mes de abril, yo también estaba con Fernando VII. ¿Quién me lo iba a decir?

Sé que a muchas personas le parecerá exagerado, e incluso imagino que el autor se ruborizará cuando lea estas palabras, pero desde luego, para mí, no tiene nada que envidiar a Santiago Posteguillo, sobre todo siendo su primera publicación de este calibre. Firma otros trabajos anteriores, pero de ellos te hablaré en otro momento si encuentro un hueco en mi agenda. De él también adquirí su primera novela, Como grano de mostaza, que compagino con mi curso de escritura creativa y con otras lecturas, pues requiere un acercamiento más reposado ya que la historia se desarrolla en la España del siglo XVI y David Fernández utiliza, al ser una época más alejada, una sintaxis y una estructura narrativa que requieren un poco más de mi atención. Un recurso que me interesa analizar a fondo.

Yo soy las de disfrutar de la lectura y si devoro libros no es por competir en el ranking de mayor cantidad de lecturas de este año, sino porque tengo poco tiempo y quiero aprovecharlo al máximo. No obstante, jamás lo hago con prisas y prefiero releer un párrafo para no perder el sentido de la obra a apuntarme el tanto de un libro más en mi lista. Esta novela ya no está disponible en estos momentos, aún así, tuve la suerte de poder conseguirla. Seguramente el autor algún día volverá a reeditarla, por lo tanto me voy a esperar un poco y te la comentaré en cuanto salga de nuevo a la luz. Ya sabes que cuando adquiero la primera obra de un autor y la última es porque estoy muy interesada en su trayectoria y crecimiento. Este es uno de esos casos.

Como he comentado, en este mes ando también liada con un curso de escritura creativa que me va a tener leyendo y escribiendo los próximos meses, algo que me va a venir estupendamente. Ya he disfrutado de tres magníficas masterclass con autores que han hablado de sus libros y de su experiencia.

Uno de ellos ha sido Lorenzo Silva, del que ya había leído toda la saga de Bevilacqua y Chamorro, pero siempre es un gusto oirle hablar de su experiencia como escritor. En este caso el tema fue la novela histórica: cómo tratar a los personajes reales y los de ficción, los riesgos de las conjeturas, los dilemas éticos que surgen al manejar temas que para un lector desprevenido pueden llegar a pensar que son hechos reales y sus pequeños trucos en el día a día frente al folio en blanco. Más de una hora y media disfrutando y tomando apuntes.

Otra autora con la que hemos compartido rato de aprendizaje ha sido Marta Robles. Su exposición me ha animado a leer su primera incursión en la novela negra, A menos de cinco centímetros. Una trabajo que gustará a los amantes del género, aunque no es del tipo de trama que nos llega a sorprender. En mi caso, a mitad de la novela ya sabía quien era el asesino. Más bien la recomiendo porque se mueve dentro de los cánones habituales: detective amargado por una mochila complicada cuyo pasado llama a la puerta en un caso que empieza siendo de asesinato, continúa con un tema de infidelidad y se le suma un asunto de trata de personas. Todas se entretejen y ese será el hilo conductor que enlaza a la mayoría de los personajes.

Personalmente me dio, de momento, más satisfacción la saga de Lorenzo que esta novela de Marta, pero como ya sabes que no soy de las que me rinda a la primera, si un autor tiene calidad, no tardaré mucho en volver a comprarme en digital la siguiente aventura del detective Roures.

Tal vez puedas pensar que un curso de escritura no es necesario cuando ya tengo en mi haber tres novelas publicadas. Pues no, ya te digo yo que no. Que conste que lo inicié con muchas reticencias porque no son baratos si quieres op tara uno que tenga mediano prestigio, pero hay cosas que sé que por lo menos debes probarlas una vez en la vida para poder alabarlas o criticarlas. Además, no por apuntarte a uno vas a mejorar por arte de magia en tu faceta de escritor. Para lo que te va a servir seguro es para confirmar que te queda mucho camino por delante, pero también te va a ayudar a ver qué es lo que no debes hacer en el mundo de la escritura.

Cuando esté más avanzado te expondré un poco mis sensaciones y seguramente subiré a las redes algunos de los relatos que estoy escribiendo semana tras semana. Te hablaré de cómo optimizo este tipo de enseñanzas, lo que para mí tienen de negativo y lo beneficioso de todo este trabajo. De momento te dejo con un par de recomendaciones literarias que espero que te animes a leer ahora que llega el otoño y posiblemente pases más tiempo en casa.

mis lecturas

Voces del pasado

Una de las cosas que más me gusta es comprar libros de segunda mano. Mi página de referencia es Iberlibro desde hace relativamente poco, pues antes me dedicaba más a pasear por los mercadillos a ver qué me encontraba que a la búsqueda sistemática de un ejemplar por medio de internet; pero los tiempos y las necesidades cambian.

Cuando uno se hace con un libro de segunda mano se puede encontrar sorpresas que no espera entre sus páginas. Esos pequeños tesoros a veces nos dicen algo del lector que tuvo entre sus manos ese ejemplar. Es una situación que he vivido y siento como si una voz del pasado me susurrara al oído y mi yo investigador me puede: quiero saber más de quiénes fueron los lectores anteriores.

Sorpresas que te da la vida

A veces la dedicatoria es muy sucinta, tanto que en realidad se limita a unas iniciales, un apellido y una fecha. Apoyado en unas pocas pistas como estas y tirando de un hilo ficticio, Benito Olmo ha desarrollado la trama de su novela Tinta y fuego. En mi defensa diré, para que no penséis que él es el único, que ya en el 2019, cuando tal vez Benito no había sentido la necesidad de saber más de los dueños de libros expoliados, perdidos o desaparecidos, yo ya estaba montándome mis investigaciones.

Para Ana, mi mujer, con la esperanza de compartir algunas horas a su lado, escuchando de ella el «regusto» de la lectura del libro. ¡Besos!

Aeropuerto de Madrid, 27 oct. 97

Edu

¿Qué habría ocurrido con Ana y Edu que su libro acabó al final entre mis manos? ¿Volvió de ese viaje? ¿No llegó nunca a recibir el libro? ¿Qué historia sustentan esas palabras? Se trata de una primera edición de Afrodita, de Isabel Allende, especial por su formato e ilustraciones. No es una obra para leerla con prisas. Es más, la tengo hace años y la ojeo de vez en cuando, releo alguna parte o incluso, más de una vez, descubro algo nuevo. Creo que se trata de un regalo cuidado, para una mujer madura. Como de la edad de Isabel cuando lo escribió, que ya estaba en los 50 y seguía disfrutando de los dos mejores pecados capitales: la lujuria y la gula. Tal vez la historia de Ana y Edu iba a empujones y él quiso reavivarla, lo mismo ella ya había perdido toda esperanza o, sencillamente, se mudaron, no pudieron cargar con tantos libros y lo acabaron vendiendo. Siempre me quedará la duda de qué ocurrió con la historia de esta pareja, pero siempre tendré la oportunidad de poner por escrito lo que creo que fue. Ese es un privilegio que se nos concede gracias a la ingente imaginación del escritor.

Hace unos días compré otro ejempolar de segunda mano y tuve la fortuna de disfrutar de un suceso parecido al que se narra en la obra «El barco de Teseo«. Para quién no lo conozca, me remito a la entrada que publiqué ya hace más de un año donde explico un poco el contenido del libro. Puedo dejar una pincelada para que entendáis los hechos. Se trata de una obra de una biblioteca en la que un lector va haciendo anotaciones y otra usuaria, al encontrarlo, va respondiendo dichas anotaciones, creándose entre ambos un vínculo relacionado con el misterio que envuelve al volumen.

Técnicamente eso es algo que los lectores de las bibliotecas no debemos hacer, pero para eso estamos frente a una novela de ficción. Además, hay veces que los libros donados a las bibliotecas vienen anotados y esas apostillas las hicieron sus anteriores dueños.

¿Te imaginas un ejemplar de Bodas de Sangre anotado por el propio García Lorca? Seguro que si lo encontraras no te parecerían entonces tan mal esos escritos al margen. Con sinceridad, si esos comentarios son realizados por personas que aportan algo a la obra, a mí me da la sensación de que el libro cobra vida y se transforma en una máquina del tiempo.

En El barco de Teseo nos encontramos una ficción dentro de la ficción, como una matrioska de papel. Pero a veces no es ficción. Yo he tenido la suerte de encontrarme con una nave parecida a la de Teseo, solo que real.

Susurros del pasado

Todo ha ocurrido hace unos días, en otra de mis compras para documentarme acerca de la II República y la Guerra Civil Española. Tras mucho remirar y por recomendación de mi pareja, me decidí por el estudio realizado sobre el tema por Julián Casanova, catedrático de Contemporanea de la Universidad de Zaragoza, al que él tuvo como profesor, por lo que me me dió pautas sobre el tipo de obra que iba a tener entre manos.

Lo ojeo por encima y compruebo que lo que comentaban en las especificaciones de Iberlibro se cumplía. Las marcas del anterior dueño no me impedían leer el texto y, ni corta ni perezosa, comienzo la lectura. Este tipo de textos también me genera la necesidad de poner mis propias anotaciones, ya que es la técnica que he utilizado desde que inicié mis estudios universitarios, aunque suelo hacerlo a lápiz o pongo pósits.

Aquí todo el problema comenzó cuando mi curiosidad innata vio esa marca comentada líneas más arriba, inicial, apellido y fecha, y quise saber quién había sido ese anterior propietario. Seguramente pensarás que estaba loca y no te quito la razón, pero eso mismo, salvando las distancias, se lo dijeron a Heinrich Schliemann y descubrió Troya. El mundo es del que tiene las narices de salir y mirar lo que hay fuera.

Puede parecer un hilo muy fino, pero la perseverancia es la madre de muchos descubrimientos. Lo lógico sería que «J» fuera José, Juan o Javier Allo, y más extraño que fuera Joaquín, Jaime o Jerónimo. Por lo tanto inicié mi búsqueda, primero con un infructuoso intento al usar José. Con Juan lo hice también sin demasiadas esperanzas al no saber el segundo apellido. Hasta que llegué a la página 160 y me encontré con ese maravilloso dato del nombre de Adolfo Vázquez Humasqué y la anotación: Tío segundo mío por parte de mi madre. En ese momento levité un poquito. Me zambullí, algo muy útil con estos calores, en internet cruzando datos y logré dar por fin con el anterior dueño de este libro del que os cuento lo poco que hasta la fecha he logrado saber, pero que me ha ayudado para situarlo y entender de manera adecuada los comentarios con los que va trufando algunos márgenes.

Xoán Anllo Vázquez, nacido en 1936 en Feira do Monte (Cospeito), falleció el pasado 2 de junio (2023) a los 87 años de edad. Anllo, licenciado en Derecho, fue traductor oficial en las Naciones Unidas durante 40 años, lo que le abrió las puertas para conseguir una colección de piezas de arte africano que donó hace una década al Museo Provincial de Lugo.

Anllo fue recopilando durante sus años en la ONU piezas que iba adquiriendo en sus viajes por todo el mundo, especialmente en sus estancia en África, donde señalaba hace años que había quedado fascinado por el arte de este continente, logrando conformar una completa colección formada por más de dos centenares de piezas.

Xoán Anllo en el 2015 con piezas que donó al Museo Provincial ALBERTO LÓPEZ

Anllo, además de traductor para la ONU durante 40 años, realizó estudios y trabajos que se fueron publicando en formato libro o en revistas científicas, como su volumen «Estructura y problemas del campo español», de 1967; estudios relacionados con su trabajo y su relación con otros intelectuales gallegos, como José Ángel Valente, o sobre aspectos de política internacional. (Fragmento de artículo recopilado de La Voz de Galicia)

He sentido cómo una voz del pasado me ha guiado en la lectura de un libro; he compartido, pese al paso del tiempo, conclusiones a las que hemos llegado los dos, y he llegado a entender lo que significaba cada subrayado aunque no estuviera acompañado de anotaciones. Ha sido tal la comunicación que he percibido que cuando el lector no estaba del todo de acuerdo con lo escrito por Julián Casanova lo destacaba con unas líneas ondulantes y si era algo que había que destacar por importante, lo hacía con una marca recta. Se notaba su labor de traductor y su perfecto conocimiento del castellano puesto que iba corrigiendo errores a lo largo de las páginas, tales como comas que no debían de estar, eses que sobraban en palabras porque no eran en plural según el sujeto que se utilizaba o términos que no venían al caso. No es que hubiera muchos, pero los pocos que encontraba los iba subsanando.

He finalizado el libro y tengo una sensación extraña, puesto que me hubiera gustado haber hablado con el anterior lector sobre sus impresiones, algo que como sabéis ya es imposible. Creo que pese al gran salto generacional hubiéramos estado los dos de acuerdo en algunas cuestiones y le hubiéramos debatido alguna de las valoraciónes que hace Julián Casanova.

Los del gremio de historia, como los del periodismo, sabemos que por mucho que uno no quiera, al final todos, como humanos, tenemos un sesgo y tendemos a plasmarlo en nuestros escritos. Ya me avisaron de la orientación del autor del libro, que si bien lo veo lógico, no dejo de pensar que hay un aspecto en el que se me queda corto su trabajo historiográfico. Me falta que hubiera profundizado más en el aspecto de que la II República se precipitó en muchas de sus reformas y pese a que una de ellas, la enseñanza, que es la que más me interesa, era fundamental para su desarrollo, tanto o más que la reforma agraria o los derechos de los obreros, pasa muy de puntillas sobre dicha cuestión. También es cierto que acercarse a todo lo acontecido durante ese periodo de la Historia de España en apenas 450 páginas es una tarea muy meritoria. Es un estudio que recomiendo porque resulta muy esclarecedor en bastantes aspectos que influyeron en la llegada, desarrollo y caída del régimen republicano. Aunque te puedo garantizar que si le tengo aprecio a ese libro no solo es porque ha sido un buen guía para organizar la documentación de mi próxima novela, sino porque he sentido la voz del pasado orientando también mi viaje.

Esta es una prueba de que hay que ver con otros ojos y valorar la importancia de ciertas obras anotadas por personas que saben lo que están haciendo. No siempre podremos disfrutar de ese privilegio, pero soy de las afortunadas que han sentido ese hilo conductor, al menos una vez. Mi agradecimiento a Juan Anllo Vázquez.

Opinión

Antiguas artes, nuevas modas

Siempre he defendido que un vocabulario preciso es lo que diferencia al escritor profesional del que no lo es tanto. No digo con eso que yo lo sea al 100%, pero por lo menos puedo afirmar que intento ser minuciosa a la hora de utilizar mi herramienta de trabajo: las palabras. Esto viene a colación del interés que tiene la publicidad en vendernos humo a fuerza de usar términos que luego no se ajustan a lo que en realidad se espera y, en estos últimos tiempos, en el mundo de los libros también pasa con bastante frecuencia.

Las ediciones especiales, ¿son en realidad tan especiales?

Ante la avalancha de publicaciones, el mercado ha dado un golpe de timón de esos que algún avezado interlocutor define como de 360º, lo que al final significa quedarse en el mismo sitio. Este viene dado por la promoción y venta de libros a los que han sobreetiquetado con la denominación de «ediciones especiales» y, para que parezca que así son, les ponen los cantos decorados -o simplemente coloreados- como si hubieran descubierto un nuevo mundo, una portada con mucho brilli brilli, un marcapáginas mono, la cinta para localizar la última página leída de un dorado chillón, un plano o poster y algún detalle a todo color para darle al conjunto una pátina de mejora.

Como muchos lectores no conocen bien el significado de las palabras no saben que el termino edición especial o limitada, va más allá de sacar un libro con una encuadernación de tapa dura con un poco de oro en las letras y alguna ilustración en el interior. De hecho, algunas de las denominadas «especial», que no limitada o de colección, dejan de serlo a todas luces cuando las venden en los quioscos de prensa a dos euros la primera entrega. !Venga ya¡ Vamos a bucear en lo que dicen los expertos que se necesita para considerar que una edición tiene ese toque que la hace tan codiciada y vamos utilizar, dentro de lo posible, ejemplos de los últimos libros publicados que se consideran de colección.

  • Exclusividad
  • Oportunidad
  • Calidad
  • Diseño
  • Emoción
  • Rentabilidad

De las seis opciones que califican a un producto para que sea edición especial (puede ser un perfume o una botella de aceite, si bien en este caso nos centraremos en los libros) solo podemos decir que las de emoción y rentabilidad son las mas fáciles de justificar. Una por muy subjetiva, porque la emoción es un sentimiento humano y cada uno se emociona con lo que le da la gana, y la otra, porque está claro que han sido rentables en tanto en cuanto que se han vendido como churros en las principales distribuidoras, como El Corte Inglés, La casa del libro, FNAC, Amazon y alguna más que ahora no recuerdo. Vamos, si hasta en Wallapop la encuentras de segunda mano.

Con tanta rentabilidad se han cargado el primer punto que hace de una edición algo especial: su exclusividad. La oportunidad, también, porque si se vende en todas estas plataformas y a todo el país, hasta en la librería más perdida de la España profunda, no veo yo tanto que sea una «oportunidad» el obtenerla. Pues pese a que alegan que no volverá a publicarse, todos sabemos que la posibilidad de tenerla es solo cuestión de paciencia ya que pueden reimprimirla con la excusa de algún aniversario destacado, por más que digan que no. Todo va a depender de la demanda y del negocio que vea la empresa que la edita. Lo único cierto es que quién primero la tenga antes la subirá a su TikTok o Instagram, junto con otros dos o tres millones de usuarios de las redes y de forma simultánea. Es una manipulación brutal para aumentar los beneficios, no para presentar un producto que de verdad suponga un antes y un después o una clara mejora en su contenido.

En cuanto a la calidad, tampoco parace que hayan ganado los lectores nada más que una estética de dudoso gusto para sus librerías, ya que la estampación está mas cercana al papel pintado de los años 70 que a una verdadera obra de arte; no llega ni al «Qitcsh». Y si hablamos ya de originalidad , podremos ver que en cuanto a temática se señalan íntimas referencias a «El priorato del Naranjo» y «Harry Potter» entre otros, con lo que no veremos nada nuevo ni se le espera.

Buscando críticas a este tipo de obras, la que más me encuentro en muchas de ellas es, además de su falta de originalidad, la mala traducción, a pesar de que vienen de autores de habla inglesa. ¡Imagina que fueran en mandarin! Algo que refuerza mi criterio sobre que en lo único que aportan es en la estética y, para colmo, tampoco eso es novedoso como te contaré un poco más adelante en esta entrada. Dejo algunos de los comentarios que he encontrado de lectores que compraron este tipo de libro:

Esto no es fantasía, es una novela romántica tóxica (o intento de erótica suave) a la que le han puesto como excusa un mundo imaginario.

No aporta nada nuevo al género fantástico, es predecible, con personajes que no pasan de meros clichés, estereotipados hasta el hartazgo. Ellas son mujeres en teoría fuertes cuya única función en la historia es enamorarse y enamorar al chico guapo y un poco malote de turno. Todo recubierto de un conveniente envoltorio de ¿empoderamiento femenino? para que no se note lo manido y retrógrado del tema.
Por si fuera poco, no es que esté muy bien escrito, aunque eso puede que sea culpa de la traducción y no de la autora.
En fin, que estamos ante la enésima copia barata de Una corte de rosas y espinas, pero con dragones. Un fanfic de poca monta con mucha promoción detrás que debería haber pasado desapercibido.
Prescindible.

El estilo es sencillo, muy sencillo y a mi, personalmente, que en un libro de fantasía se utilice un lenguaje actual, me chirría mucho.
No se profundiza en ningún aspecto del libro, ni en en las relaciones, ni en la magia… 

La historia es tremendamente predecible y los personajes superficiales y llenos de clichés, por lo que no llegas a empatizar con ellos, ni a crear algo de curiosidad por saber qué esperar de los personajes, puesto que es un estereotipo de «cringe» uno detrás de otro, ya sabes lo que va a suceder a continuación. Encima el mundo no está bien construido, está de adorno… Y para rematar la traducción fatal…

Adjunto una de las muchas imágenes subidas por lectores donde se ve con claridad que incluso la calidad formal brilla por su ausencia, ya que presenta grandes fallos en la impresión. Podemos decir que no es una edición ni mimada ni cuidada, una de las características principales a la hora de calificar un libro de edición especial, limitada o de coleccionista. Algún inexperto alegará que con todo los miles de volúmenes que se imprimen es normal que alguno salga con fallos. Por supuesto, pero entonces no me hables de una edición limitada, a no ser que te refieras a que está limitada a millones de volúmenes, según la demanda del mercado.

Está claro que si lo que nos gusta de la edición limitada es que haya un poster, el mapa y la ilustración inédita a color junto con el marcador de páginas dorado, pues oye, estupendo, cada cuál con su cada quién.

Lo que sí ha llegado a mis oidos con el tema de la edición de coleccionista es cómo se ha gestionado, lo que ha molestado a algunos libreros, dado el acaparamiento que han hecho las grandes superficies de esta tirada. Esta actitud ha hecho que muchas librerías no pudieran cumplir con sus clientes. Muchos de ellos son compradores habituales que hicieron la reserva de su libro y que han llegado a quedarse sin ellos porque la editorial ha primado estos puntos de venta a la hora de ofertar sus libros, incluso frente a quién se supone que trabaja desde hace años con ellos. Ha habido libreros que han hecho cola en algunos grandes almecenes para poder hacerse con unos pocos ejemplares, los que la gran editorial no les ha servido, con la idea de no dejar a sus clientes tirados sin su reserva, comprándolos a precio de público, renunciando a los beneficios, con tal de dar, ellos sí, un servicio de calidad. Si una gran empresa como Planeta no cuida de sus libreros, ¿qué podemos esperar? Otra manera de ir ahogando al pequeño empresario. Luego se nos llena la boca en defensa del comercio de proximidad.

Los cantos decorados

Pero no queda todo en estas puestas en valor que he comentado y que, en realidad, poco aportan a la calidad del manuscrito. Ahora llega el momento de añadir lo más de lo más que tiene a los lectores en un auténtico sin vivir: el boom de los cantos decorados. Algo que se presenta como el no va más de la exclusividad.

Claro, como en esta generación del primer cuarto y mitad del siglo XXI lo de la memoria histórica solo les llega como un eco lejano, no tienen ni idea de que tampoco se ha inventado nada nuevo. No se imaginan que lo de los cantos decorados está en el panorama de la edición desde el siglo X, aunque hay que destacar que el máximo apogeo es a partir del siglo XVIII y XIX. Eso sí, obviamente no a 24 € el volumen. Se dejó de hacer al considerar que el libro no era un bien solo para unos pocos y empezaron a imprimirse volúmenes accesibles a todos los estamentos sociales.

En su origen, se decoraba el canto con pan de oro con la finalidad de protegerlos del polvo. Luego llegó el marmoleado decorativo y, finalmente, nos encontramos verdaderas obras de arte. Hoy en día se siguen creado, pero, al igual que en la antiguedad, el precio no es asumible por todos los bolsillos. Para que todo el mundo me entienda, no lo vamos a encontrar en venta en páginas como Amazon o Wallapod.

Una artista de nuestro tiempo

Un ejemplo de ello me ha llegado a través de Intagram. Os voy a presentar a una artista que, escogiendo obras de narrativa actual, crea unos cantos decorados que no tienen nada que envidiarle a los de los siglos pasados. Se trata de Ania Egerova http://www.instagram.com/ania_artego/?hl=es Las imágenes que comparto son parte de su trabajo.

Recomiendo que te pases por su feed y profundices en su difusión en la red social, porque hace maravillas. Eso sí, cuando entres en la zona donde te indica el precio de cada trabajo entenderás en cuánto se valora lo exclusivo, limitado, de calidad y con un diseño cuidado.

Obviamente habrá personas que alegen que todo el mundo tiene derecho a tener los bordes de sus libros decorados y estoy totalmente de acuerdo, pero que no lo llamen edición especial, limitada, exclusiva, de coleccionista y todas esas chorradas que solemos oír en estos tiempo. Solo es una forma de «quiero y no puedo», pues parece que tengo algo valioso, pero en realidad no lo es. Vamos a centrarnos en la calidad literaria y no en el envoltorio. Lo que decía mi abuela, no te fijes tanto en el papel del regalo, que no por ello tiene que dejar de ser digno, y valora lo que hay dentro de la caja.

Esto me hace recordar dos anécdotas. Una de ellas fue un hilo en Threads, donde una usuaria se quejaba de que una saga había cambiado levemente la fuente del lomo y no se veía bonita en su estantería. Me confirmó lo que ya pensaba de muchas de esas estanterias, que son de escuadra y cartabón, mero diseño. Entiendase con esto que, en realidad, los libros están ahí para que la gente vea lo cool que tiene la biblioteca, dando igual si solo son los lomos de los libros sin páginas, como ocurre en tiendas de muebles.

La otra anécdota fue la historia de un chuleton Rib Eye bañado en oro (soberana idiotez) que un famosos futbolista y su no menos afamada mujer se tomaron en un restaurante en Dubai. El mismo corte de chuletón en una de las mejores carnicerías de España te sale por 80-100 euros el kilo, el de Dubai salía por 900 euros. Espero que por lo menos la carne fuera de calidad y el cocinero la supiera guisar en condiciones. Imagino -es posible que me equivoque, pero valga la generalización- que tampoco ellos dos tienen un paladar tan sofisticado como para distinguirlo, para sublimar todos los matices. ¡Lo que hace el dinero y el capricho, que nos vuelve tontos!

Al final queda patente que no hablamos del contenido, algo que, viendo el nivel de lo que se lee y comenta en las redes sociales, ya comprendo que no se pueden pedir peras al olmo. Eso no quita que siga escribiendo para quién me quiera leer y pidiendo calidad en el contenido, no solo con los bordes dedorados, el poster, los mapas, las ilustraciones a color o la cinta dorada de marcar la página. Porque me veo que llegando tanto al límite de la vacuidad, caeremos al vacío.

Opinión

Todos somos culpables

Ya han salido a la luz los nombres de los finalistas del premio organizado por Amazon y que en el mundillo de autores autopublicados se conoce como PLAS (Premio Literario Amazon Storyteller). Es curioso, pero me he dirigido a la página de Escritores.org y  he encontrado una mención sobre este premio literario, y eso que tiene a cuestas más de diez años desde que nació. En aquella época su nombre era Primer Concurso Literario de Autores Indies (2014) y desde sus inicios no ha estado exento de polémicas. Un ejemplo de ello lo tenemos en este enlace que te adjunto, del año 2014, donde ya se habla de trato de favor y de un concurso en el que parece que se tiene más en cuenta la capacidad de vender del autor que la calidad de la obra.

https://www.estandarte.com/noticias/premios/polemica-en-el-er-concurso-online-autores-indies-amazon_2661.html

Algo que por otra parte, a tenor de lo que llevo leído a lo largo de estos años, tampoco me parece descabellado. De hecho, el artículo anterior se nutre de otros dos, escritos por Javier Pellicer en su página web, en los que se ve envuelta por un lado la plataforma y por otro “El Mundo”, patrocinador también del evento junto con una conocida editorial. Estas palabras que destaco parece que siguen en plena vigencia hoy en día:

Las redes sociales han hervido con acusaciones y comentarios acerca de irregularidades por parte de Amazon durante el certamen, como supuestas peticiones a varios autores indie superventas para que participaran (algo que se menciona en una entrevista realizada, también por El Mundo, al autor Marcos Chicot), o el incumplimiento de algunas de las bases por parte de varios participantes. Sin embargo, y como decía al principio de la entrada, cuando me he puesto en contacto con los participantes que más críticos se han mostrado en los últimos días, ninguno ha querido darme su consentimiento para publicar sus opiniones. Aseguran que temen salir perjudicados si este artículo cobra relevancia.

Como hay varias entradas al completo sobre el tema, te dejo aquí el enlace. Así, si quieres saber un poco más, puedes darte una vuelta y sacar tus propias conclusiones.

https://javierpellicerescritor.com/tag/polemica-en-el-certamen-literario-de-amazon/

Este interés por las redes sociales, como forma de promocionar las novelas, dio lugar a la creación de una serie de grupos en los que se juntaron lectores y autores. El fin era comentar y valorar los libros que iban siendo elegidos por los miembros. En su origen eran los conocidos clubs de toda la vida, pero ahora se denominarían “Lecturas Conjuntas”. El problema surgió en el momento en que se mezclaron las churras con las merinas. ¿Por qué digo esto? Al entrar escritores las dinámicas eran con sus propias novelas, se leían por tanto entre ellos porque también participaban, y allí se juntaban sus grupos de fans. Esto suponía que nadie en su sano juicio se atrevería a, por lo menos cara a cara, decir nada malo de ninguna obra de ningún autor; le pondrían las cinco estrellas de rigor en Amazon y aquí paz y allá gloria. Pronto empezaron, por privado no obstante, los corrillos donde lectores y novelistas se despellejaban sin el más mínimo atisbo de vergüenza.

Con el paso del tiempo los comentarios de unos y otros llegaron a oídos de los interesados y surgieron las disputas y los tira y afloja, las luchas de egos y el apoyo de los palmeros de cada autor en su respectivo grupo. Esto dio lugar a la emigración de algunos miembros, provocando que se crearan otros grupos más afines, donde la cola del león mandaba y la del ratón obedecía y puntuaba. Todo esto es vox populi y se ha hablado en muchos directos de Instagram y Facebook, sin dar nombres, porque no hacía falta, ya que cada cual conoce de sobra su cada quien.

Mientras, Amazon, desde ese 2014, se frotaba las manos porque empezaba a llenar sus estanterías de todo tipo de productos de la más amplia variedad en precios y calidades; entre ellos, los libros. Los había de las editoriales tradicionales, pero de estos no se llevaba una gran tajada porque solo era el distribuidor de un producto más. Entonces inventó este premio en el que en el primer año, como hemos visto, se preocupó más de llamar a autores que tuvieran ya tirón de ventas que a verdaderos indies, aunque tampoco hizo ascos a autores autopublicados, ya que la calidad le traía, y le trae, totalmente al pairo. A Amazon lo que le interesa es la venta y si los compradores adquieren un producto que es malo, pues no pasa nada, ya es bastante con que te dé la opción de, en un momento dado, leer las primeras páginas del libro de marras, donde ya se nota de qué pie cojea cada uno.

Todo esto dio lugar a que la gente se pusiera a redactar historias como si no hubiera un mañana. Lo que en otro momento de nuestra vida nos habría parecido imposible se hizo viable, y no por que llegar hasta una editorial fuera una escalada del Everest para la mayoría, sino porque muchos no sabían ni hacer la “o” con un canuto.  Aun así, todo el mundo se lanzó a escribir sin plantearse siquiera que existía algo tan básico como los correctores de estilo y ortotipográficos. Ya con el automático del Word, y a veces ni eso, pensaban que tenían bastante.

Por tanto, nadie quería perderse el pastel que supone la publicación de libros y las editoriales aprovecharon el mundo digital para que la plataforma comercializara el ebook. A su vez, decidieron dar un recorte en cuanto a la calidad, algo que se demuestra en la mala corrección y edición de novelas que, siendo de grandes y prestigiosos sellos, parece que han dado un paso atrás. Algo normal, por otro lado. Se ha popularizado tanto lo de escribir y disculpar eso de la ortografía basándose en que lo importante es la historia que las editoriales han abierto el ojo y venden la misma mierda, pero en tapa dura y gastando en más en publicidad, tratando de equipararse a lo que vende Amazon. Prácticamente es imposible encontrar un autor al que se le haya mimado su obra y que la calidad de la escritura esté acompañada de un adecuado proceso de edición. 

Ahora le sumamos las plataformas audiovisuales, que también quieren su porción. Todas ellas necesitan rellenar sus contenidos y, para eso, buscan historias como locos. Ya da igual si es buena o mala, sencillamente aceptan lo que haya y no en vano el mejor almacén es la estantería de Amazon, donde se compra cualquier historia y se la guioniza. Se le pone a la serie lo de primera temporada y, si no se continúa con una segunda porque no vale ni para echar una siesta, da igual, la gente no lo recuerda. El comprador compulsivo acumula libros y series como si nos hubiera afectado el mal de Diógenes, da igual si valen o no valen.

Este tipo de situaciones que vivimos desde que se liberalizó el mercado de la escritura son como cuando se promocionó la comida basura. Todo el mundo sabe lo mala que es para la salud y, aunque no pasa nada por recurrir a ella de vez en cuando, lo cierto es produce, cuando menos, obesidad. Algo que, en el primer mundo, está a la orden del día, por lo que no debe ser tan ocasional. Afirmo, sin pelos en la lengua, que el efecto de este tipo de consumo es el embrutecimiento, equivalente de la obesidad. Pone el listón tan bajo en la lectura comprensiva y en la visión crítica que, al final, ni los cómics de Mortadelo y Filemón van ser recomendados en la ESO porque no los van a entender los potenciales usuarios. ¿Me vas a hacer creer que te lees 600 páginas de una tortuosa historia romántica cargada de topicazos y mal escrita en cuanto a su estructura, sintaxis y ortografía y no las 380 de Memorias de África? Y ya no digo esas sagas que son como la película Mujercitas, pero que nos cuenta la misma historia, más o menos, solo que narrada desde el punto de vista de cada uno de los siete hermanos o hermanas en cada entrega. Por supuesto, cada cual puede leer lo que le dé la gana; pero yo me puedo permitir el lujo de decir que la humanidad está acelerando sus pasos camino de la extinción. Si en España se publican 350 libros al día, e imagino que ahí no computan los de Amazon porque carecen del ISBN internacional, tiene pinta de que algo huele mal en Dinamarca. Si alguien sabe dónde está el truco que me lo cuente, aunque sospecho cuál es porque está claro que ni Amazon ni ninguno de los integrantes de esta farsa va a perder dinero.

Vistos un poco los antecedentes y mis conclusiones sobre la trayectoria del premio, vamos a pasar a lo ocurrido este año, donde lo primero que ha llamado la atención ha sido la preponderancia de autores de thriller. Aunque yo no sé de qué se sorprenden si en el jurado destacan dos autores que escriben ese género: Pilar González, ganadora del año pasado, y junto a ella, Juan Gómez-Jurado. No es que quiera insinuar que se han descartado desde un primer momento las novelas de otros géneros, que todo el mundo está seguro de ello, pese a que sus bases digan expresamente: El Concurso está abierto a escritores que publiquen en español en cualquier género. Si bien en las primeras bases lo que ponía era, según el blog El estandarte: En ellas, recordemos, se anunciaba la selección de cinco libros finalistas ―pertenecientes a los géneros de ficción, ficción histórica, romance, suspense o aventura― según criterios que incluirán el número de ventas y la valoración de los lectores.

En la actualidad, es vox populi que hay temas vetados, como la erótica, el romanticismo y la fantasía, comentario que estoy acostumbrada a oír en las redes, con lo que la elección de este tipo de jurado tampoco me sorprende. Es bien sabido que en un primer momento hay una criba de las más de dos mil novelas presentadas y que, al final, los miembros se van a leer lo que Amazon considere más comercial. También que, si el jurado es mayoritariamente de thriller, no me veo poniendo como finalista una novela romántico-erótica que se desarrolle en el marco de las Tierras Altas de Escocia en el siglo XVII (una de las tramas tópicas más usadas y que con más errores históricos he encontrado).

Sobre todo hay que destacar lo que remarco en negrilla en las antiguas bases del concurso y que los autores no han olvidado: las ventas y la valoración en redes. Es un factor que se está viendo en la mayoría de los premios y algo ya muy controlado por las editoriales. Por supuesto, hoy en día, se quiera o no se quiera, o surfeas por las redes o eres como el camarón que no se mueve: al final, se lo lleva la corriente.

Todo lo que he comentado anteriormente sobre los grupos de apoyo y los tejemanejes publicitarios para llegar al puesto más alto en el ranking de Amazon y llamar la atención ha llegado siempre a mis oídos y también se ha comentado en directos de Instagram, pero nadie ha osado a ponerlo por escrito de una u otra forma, o por lo menos no ha tenido mucha repercusión. Hasta este 2024.

Este año la polémica ha estado servida por la presentación al premio del libro Proyecto Plas,de la autora o autor, puesto que usa seudónimo y no hemos visto nunca su rostro, Pussie Lánime. En la narrativa, su protagonista decide presentarse a un concurso literario llamado Amazing. A través de sus experiencias nos irá contando los entresijos del premio, desde la elección del género con el que se presentará hasta las mil y una anécdotas que surgen en el largo camino hasta que el jurado anuncia los finalistas. Partiendo de la base de que Nekane considera que si hoy en día cualquiera se atreve a escribir libros para sacarse una pasta ella no va a ser menos.

En realidad, el argumento es una mera excusa para sustentar lo que de verdad la autora o autor quiere contar: los tejemanejes que hay detrás y no tan detrás durante los meses que dura la subida de las novelas a la plataforma. Su historia no tiene más interés que mucha otras, romántico-eróticas, que ahora se denominan “con spice”y, de hecho, es una crítica con humor ―como toda la novela― a esas tramas tan manidas, incoherentes y burdas que rozan en la mayoría de los casos los vídeos porno malos, solo que por escrito.

Voy a hacer un resumen de los fragmentos que más me han llamado la atención:

Me suscribí a Keendle Endless y descargué las diez novelas más vendidas de la categoría en aquel momento. Las leí todas, sin excepción. De arriba abajo, con la sensación de estar leyendo siempre la misma historia ambientada en sitios diferentes y protagonizada por gente similar con otros nombres. Algunas parecían escritas por adolescentes, con incoherencias, clichés, faltas de ortografía y errores de maquetación. Me chirrió bastante el nivel de machismo que atesoraban algunas. No entendía cómo ciertas personas podían aguantar leer según qué cosas. Cuando veía el número de reseñas que acumulaban dichos títulos no pude evitar hacer unos cálculos. Era posible que aquellos escritores ganaran mucho, pero mucho dinero. Leyendo las opiniones también comprobé que pocos lectores se fijaban en la calidad literaria de aquellos libros, les daba igual si tenían faltas o fallos en la trama. Querían leer historias de amor con trabas y problemas, pero con final feliz, protagonizadas por personajes exageradamente guapos e inteligentes, aunque fueran asesinos, camellos, mafiosos o infieles confesos.

Este sería el inicio al que Nekane se enfrenta y a lo que nos hemos enfrentado muchos lectores a la hora de elegir algunas de las novelas más destacadas en la lista de ventas de la plataforma. Pronto decide qué rumbo tomará su historia.

Escribiría una trama llena de clichés ya que, por lo visto, a los lectores de dichas novelas no les importaba lo más mínimo. (…) La protagonista sería una chica tímida pero preciosa que se enamora de su jefe, un joven y guapo multimillonario que la introduciría en un mundo de perversión y sexo duro. Una novela romántica tirando a erótica. (Título El coleccionista de pollas)

Obviamente es el hilo conductor, como ya he mencionada antes, de las aventuras y desventuras de la protagonista en el mundo literario. Para completarlo, no podía faltar el apuntarse a algunos de los grupos que se postulan de apoyo para escritores, de los que ya comenté algo en párrafos anteriores y que durante este tiempo se ponen efervescentes con las llamadas “Lecturas Conjuntas”. Ahí es donde conoces las cloacas de este concurso en el que se encuentra a los siguientes actores, según la autora:

―Autores que ofrecen su libro gratis a cambio de una reseña positiva, así, sin anestesia, o que reembolsaban el precio del libro:

Me sorprendió la insistencia del escritor del thriller psicológico que ya me había ofrecido gratis su libro. En su cuarto mensaje subía la apuesta y me ofrecía un Bizum con el reintegro del precio de la novela si publicaba una reseña positiva de su libro. Pensé que aquella persona tenía un problema, no me parecía una actitud muy normal. Comprobé que casi todos los días aparecían reseñas de su novela en los grupos de Facebook, hablando de lo fabuloso y original que era. Una obra de arte, un libro imprescindible según la mayoría de los lectores. Una novela digna de ganar el PLAS, el Planeta o incluso el Nadal. Curiosamente, las valoraciones del dichoso libro habían dado un vuelco. La mayoría eran de cinco estrellas. Casi todas las reseñas repetían el mismo esquema, siguiendo un patrón y la mayoría contenían frases manidas y vacuas tipo «te explota la cabeza», «muy turbia», «giros increíbles», «personajes bien definidos», «tensión en aumento» o «con un final que no te esperas».

―Grupos de apoyo de lectores, que sobre todo tiene escritores que se leen entre ellos, con lo cual la reseña ha de ser de cuatro o cinco estrellas y, por supuesto, recomendando encarecidamente la lectura del libro:

No tardé en darme cuenta de que existían bandos, grupos de amigos entre la grandísima cantidad de autores que pululaban por los grupos de Facebook. Era consciente de que el número de personas que se atrevían a escribir y publicar un libro se había incrementado en los últimos años. A veces pensaba que algunos grupos estaban formados únicamente por escritores.

―La actuación poco ética de unas nuevas figuras surgidas aprovechando esta nueva moda de hablar de libros: las bookstagrammers o bookbloggers:

Casi todas esperaban recibir gratis una copia firmada de mi libro y, a ser posible, acompañada de algún regalito extra. Lo llamaban «colaboración». Extraño término para denominar a un regalo. Eso sí, recibir el libro no aseguraba una fecha, ni tampoco su lectura. Simplemente pasaría a ser otro más de la interminable lista que todas tenían pendiente. Alguna dejó caer que podía subir la prioridad de la «colaboración» por un módico precio. El importe fluctuaba entre los cinco y los cincuenta euros. Me molesté en analizar los perfiles de Instagram y Facebook de muchas de aquellas bookbloggers. Casi ninguna pasaba de los diez mil seguidores y, en esos casos, me costó encontrar reseñas de obras de autores indie. Las pocas que pude hallar no alcanzaban las cien reacciones de sus followers. Los libros que obtenían más comentarios y reacciones eran de autores famosos, cosa que no me extrañó lo más mínimo.

―Crítica a la calidad de muchos de los libros autopublicados:

Comencé a leer uno de los libros que había ganado en los sorteos de Facebook. ¡Ya llevaba tres! En las primeras cinco páginas conté veintiocho faltas de ortografía e innumerables frases mal construidas. Además, el autor, en un empeño por demostrar su destreza y dominio del arte de la escritura, empleaba palabras poco usuales en frases donde carecían de sentido. Me preguntaba por qué algunos escritores se empeñaban en usar recursos que no dominaban o situaban sus tramas en países que no conocían. Diálogos absurdos y artificiales, en los que metían con calzador datos más propios de una enciclopedia que de una novela policiaca, en un esfuerzo por demostrar el buen trabajo de documentación que habían realizado.

―Cómo hay autores que tratan de manejar el cotarro de una forma descarada a su favor dentro de los grupos de apoyo:

He leído que, como el resto de los certámenes literarios, está amañado. Dicen que escogen finalistas al tuntún, para rellenar. Que ya saben de antemano quién se lo va a llevar. Que, incluso, existen mafias que trafican con reseñas. Llaman la Capone a una señora que tiene varios grupos donde se cruzan reseñas y reparten cinco estrellas a diestro y siniestro.

Creo que llegados a este punto no voy a poner más fragmentos de la novela de Pussie y así te dejo que la leas con tranquilidad si te interesa.

Mi valoración es buena en cuanto a las fuentes de información que ha manejado. En realidad, a poco que te muevas en este mundo, siempre hay alguien encantado de contarte toda la historia o puedes vivirla en tus propias carnes, seas lectora o escritora. La novela en sí no es más que una sátira con sentido del humor de este mundillo que se lleva criticando desde sus inicios. Lo único que podría alegar en contra de ella es que se me hizo larga, ya que la parte de la historia que nos narra la autora, y que será la novela que presenta la PLAS, tiene los tópicos que no me gustan. Confieso que me la he leído en diagonal, ya que lo que me interesaba era toda la parte de las impresiones que ha tenido Pussie y que coincide con lo que muchos ya sabíamos. Aun así, ha habido un grupo, mínimo a la hora de la verdad, que se ha picado y ha formalizado sus quejas haciéndose las ofendidas por la forma en la que el autor o autora trata a los grupos de lectores y a muchos escritores. Lo que suelo decir en otros post: al que le pica, ajos come.

Como bien se dice en el título de la entrada, todos somos culpables. No voy a hablar de nadie determinado, pero sí de lo que también he visto y vivido. Alguna reseña de cuatro estrellas he tenido que poner pese a que el libro no se lo merecía. O sea que yo entono mi parte de culpa y, aunque hay muchos lectores que no quieren reconocerlo, lo cierto es que este tipo de actuaciones está a la orden del día. Ya hace tiempo que si leo y recomiendo lo hago porque de verdad considero que el libro se lo merece y no por cuestión de gustos, sino porque por lo menos está digno. Todos cometemos errores en los inicios, lo que no nos hace un favor a escritores y lectores es que quién persiste en seguir cometiéndolos además exija que se haga caso omiso de ello.

Tras haber estudiado a fondo el tema del PLAS a lo largo de los años, lo que puedo decirte sin temor a equivocarme es que todas aquellas autoras que piensan que tienen oportunidad de ganar porque sus libros tienen muchas estrellas y están de los primeras en el ranking de ventas, que lo olviden. Las cinco finalistas no son las novelas más leídas, no han sido las más vendidas y no son las que mejores comentarios tienen. Lo puedes comprobar, pero te lo voy a poner aquí de forma esquemática, tal como está hoy el ranking en Amazon, día de la publicación de mi entrada:

Los crímenes de Hollywood (Federico Atax) 187 reseñas, de las cuales 10 son con opinión.

Un crimen pasional (J.J Fernández) 394 reseñas, de las cuales 20 con opinión de lector.

Hermanos de Dios (Jorge Zaragoza) 226 reseñas, de las que 11 son con opinión de lector.

El Ladrón de letras (Luis David Pérez) 1305 reseñas, de las que 42 tienen opinión de lector.

Un asunto pendiente (Gema Herrero) 238 reseñas, de las que 62 tienen opinión del lector.

Esto me lleva a la conclusión de que muchos autores y sus fans se están matando y envenenando las redes para nada, en vez de preocuparse de escribir libros con calidad, que de verdad llamen la atención por ello. Una pena, porque es un concurso que hubiera tenido muchas posibilidades y me parece genial que la gente se presente, lo mismo un día de estos me animo y todo, pero, desde luego, me apunto lo que Pussie ha criticado para no caer en las mismas dinámicas.

Opinión

Una nueva temporada

Me cuesta trabajo iniciar esta nueva temporada, no porque no sepa de qué escribir sino porque quiero hacerlo de temas que de verdad puedan ser atractivos. Esto es algo complejo porque en estos tiempos la gente como mucho aguanta, de media, cinco segundos visualizando un reel. Y esto no lo digo yo:

Si tu tiempo de visualización promedio se ubica entre 4 y 8 segundos, intentaría mantener la mayoría de tus reels por debajo de los 15/20 segundos. El tiempo de visualización es importante para el alcance de tus reels, así que si estás haciendo reels de 60 segundos y tu tiempo de visualización promedio es de 6 segundos, Instagram no está teniendo ese incentivo para impulsar tus videos. https://www.instagram.com/reel/C5EEDK2NmVW/

Por lo tanto, hace mucho que perdí la esperanza de que haya multitudes que visiten y lean mi blog. Entonces ¿por qué me molesto en tratar de escribir algo que interese al lector? Pues llámame loca, pero sé que todo lo que suba a internet queda per secula seculorum y, sinceramente, si puede ser algo medianamente sugerente y bien escrito lo prefiero. También, porque es una forma de no perder el hábito de redactar.

Después de unos años por estos lares, la cosa no tiene visos de mejorar en ningún aspecto. Cada día salen al mercado una media de 250 libros, según las estadísticas del Ministerio de Cultura para la fecha del 2022, por lo tanto, dos años después, imagino que esa estadística está obsoleta; creo haber visto que ya va por más de 350. ¿Qué he observado mientras me dedicaba a leer en silencio?, que la calidad de los libros, de editorial y autopublicados, en su gran mayoría, dejan mucho que desear. Estoy convencida de que para ganar esta carrera estadística han decidido suicidarse por saturación. Da igual quién haya publicado el libro. Todos tienen una cantidad ingente de faltas de ortografía; mala sintaxis; tramas confusas calcadas de autores anteriores, o copias de historias propias, donde lo único que las diferencia es el cambio de los nombres de los personajes y localizaciones. Como en el mundo hay pocas empresas, que copan el mercado del libro, pues es como Coca-Cola y Pepsi, ya da igual si son cancerígenas o no, total, es lo que hay.

Las editoriales tradicionales siguen porque no hay nadie que se atreva a toserles y las otras formas de publicar, con la excusa de que las hermanas mayores lo hacen mal, lo hacen peor. Para mejorar el escenario, el lector medio tiene un nivel cultural bajito, con lo que va a lecturas simplonas, de tramas previsibles, mal estructuradas, en las que hay pocos diálogos, porque si no la gente se pierde, y escasas descripciones, porque los lectores se aburren. Es algo que he leído en redes sociales, no es que me lo invente yo. Pero claro, antes rasgarse las vestiduras que reconocerlo.

Además, me da la sensación de que un tercer elemento en discordia son las plataformas audiovisuales, que necesitan material para sus parrillas y, al final, lo que hacen es coger a cualquier autor más o menos consagrado y hacer de su novela la serie, que rellene su programación durante unas semanas. Luego da igual si es buena o mala. Tampoco dan opciones a una segunda parte si no es rentable la primera y se le da pasaporte sin más explicaciones. Aunque la tendencia general son versionados que no tienen mucho que ver con la novela, cambiando incluso en final a su gusto. Este medio está fagocitando a autores que son moda durante unas temporadas gracias a una supuesta recua de fans, pero cuya trascendencia va a ser mínima. Aunque tampoco importa, porque esto tiene pinta de que va a reventar el día menos pensado. Pero no el mundo editorial, que ese tiene aguante hasta el infinito y más allá, si no el mundo en general, porque nos encontramos en una nueva época de decadencia parecida a la que sufrió el Imperio romano en su día.

No penséis que estoy en plan negativo o catastrofista, para nada. Solo me limito a plasmar lo que en las mismas redes se comenta, que hay mucha morralla en el mundo editorial y aumentando según pasa el tiempo. Se nota incluso en las mismas plataformas televisivas, en las que cada día encontramos más dificultad para ver una serie que de verdad sea original e interesante. Todo muy normal porque las unas se nutren de las otras y vivimos en época de inmediatez. Si no se tiene lo último de lo último ya no eres influencer.

Como remate, está la lucha de egos que a mí me gusta observar directamente desde la tribuna, comiendo palomitas. A lo mejor pensáis que soy una exagerada, pero eso mismo he visto con estos ojitos que hoy uso para contarlo. Evento literario importante a nivel local en el que se juntan autores para presentar sus nuevas obras y firmar ejemplares. Todo preparado: carteles lanzados, avisos en las redes para que cada cual acomode su horario al evento y, de repente, tocan a arrebato las campanas de una gran editorial ¿Cómo va a firmar nuestro autor reconocido a esta hora? Llamadita al concejal de cultura e imagino el tipo de conversación. Resultado final: a poco más de 24 horas inicio del evento se quita por parte del Ayuntamiento toda referencia a los horarios antiguos y se cambia a gusto de la editorial y su figura. Los demás autores se la tienen que envainar y aguantarse con el horario que se les ha vuelto a asignar. Si ya tenían cartelería y avisos en sus redes, pues es lo que hay. ¡A joderse!, que el ego y la fama de otros está por encima del respeto hacia los compañeros.

Hoy por hoy, todo esto que cuento está en las redes, no es algo que yo diga para rellenar. Un ejemplo de ese sentir ante las malas praxis lo encontramos en dos novelas que he leído estas semanas atrás. Ambas han formado revuelo entre los lectores y otros escritores, diciendo que muchas de las cosas que se cuentan son mentira. Yo os garantizo que no y que lo único que no dicen son los nombres y apellidos de muchos de los que están arrastrando el buen quehacer de autores y lectores que no se doblegan ante este tipo de actitudes. Hoy os comentaré una de las dos obras y la otra la dejaré para un poco más adelante.

Esta primera novela va más relacionada con las editoriales y la publicidad en redes sociales que con los lectores y escritores propiamente dichos, aunque también encontré entretenidas historias sobre autores que hacen lo imposible por destacar los unos sobre los otros, con lo que después de haber presenciado lo que te he contado con anterioridad, ya me lo creo todo.

Estand Librería Rita’s Bookshop de San Fernando en la feria del libro 2024

El primer libro es el de la americana R. F. Kuang, Amarilla, y está principalmente dedicado todo lo que gira alrededor dela publicación de un libro, como ya he indicado. En él vemos la forma en la que la protagonista, una escritora de segunda fila, llega a ser famosa y reconocida. Aunque pueda parecer exagerada, que lo es, ya todo se desencadena a raíz de una muerte, ¿accidente, asesinato? De eso ya no os hago spoiler. Aunque, en el fondo, la pregunta que queda en el aire es ¿hasta dónde se puede llegar para alcanzar el éxito?

Nuestra protagonista robará una trama de otra autora, amiga suya, fallecida. La gente alegará que es ficción y le quitará importancia, pero eso mismo lo he vivido, sin ir muy lejos, en las carnes de otra compañera; eso sí, sin necesidad de una muerte de por medio. Todo fue por fiarse de una escritora, y amiga, que ejerce de lectora cero, sin haber registrado la obra. El resultado final fue el de encontrarse la novela plagiada. Ya el problema no es tanto el plagio, que, por supuesto, demuestra la poca vergüenza de la gente. Lo peor es que no vale la pena meterse en litigios ―todavía colea el de Cela con Planeta y una autora gallega― y al final es pérdida de tiempo. Esta gallega denunció al autor y a la editorial y, a estas alturas, sigue litigando el hijo y heredero de los derechos de su madre, porque ella ha muerto y Camilo, también. La historia de la novela La Cruz de San Andrés, premio Planeta, la puedes encontrar en internet. Si un plagio tan gordo a nivel nacional todavía está sin resolver, ¿quién va a hacer caso de una autora novel que se fía de quién se promociona como correctora y lectora cero?

La historia de la obra robada en Amarilla es el mero soporte de la crítica hacia este mundo editorial y la gente que lo rodea, que plasma con frases tan rotundas como:

Los premios en esta industria son una chorrada, y bastante arbitrarios. Son menos un indicativo de prestigio o de calidad literaria y más una muestra que has ganado un concurso de popularidad gracias al apoyo de un grupo muy reducido y sesgado de votantes.

Otras de las cosas de las que trata es del acoso que se sufre en las redes si destacas, eres diferente o no eres del agrado de una autora que acaba mandando a sus palmeros a hundirte vía hate. Os dejo alguna de las reflexiones que la misma autora pone en boca de su protagonista y que tienen su miga:

Las reputaciones en el mundo editorial se construyen y se destruyen constantemente en Internet.

Se hunde a la gente para conseguir tener un público, creamos nuestra propia autoridad moral.

Una vez que entras en el mundo editorial todo gira en torno a los celos profesionales…

Los lectores vuelcan sus propias expectativas no solo en la historia, sino también en tu opinión política, tu filosofía y en tu postura respecto a cualquier asunto ético, tu persona y no tu escritura pasan a convertirse en el producto: tu aspecto, tu genio…

Al final todo se reduce al ego. Si el mundo editorial está amañado, lo mejor que puedes es asegurarte de que este a tu favor.

Las redes sociales son un espacio diminuto y aislado. Una vez que te alejas de la pantalla a nadie le importa una mierda. (A esto añadiría que a nadie le importas una mierda, más que a tus verdaderos amigos, que estaban antes de que publicaras la primera vez).

Esta novela la recomiendo, sobre todo, para aquellos autores que se piensan que son el ombligo del mundo porque están en una gran editorial y van pisando a aquellos que empiezan. Incluso dedicada a todos los que empiezan o llevan un tiempo intentando darlo todo. para que no caigan en la tentación de estas malas prácticas que tanto se ven en las redes.

En cuanto a historia en sí, para mí se me ha hecho algo larga. Podría haber quitado algunos capítulos o haberla reducido, que hay maneras para ello; pero claro, todo depende del editor y, en este caso, la historia es yankee y el editor también. Cada cual con su cada quién. Aun así, se le puede sacar bastante jugo a la realidad literaria actual y más si en otra entrada os complemento la historia con la que nos narra Pussie Lánime en su trabajo Proyecto PLAS. Una obra que ya saltó a las redes de mala manera, puesto que como la autora o autor es anónimo pronto comenzaron las elucubraciones de quién estaba detrás de esa crítica, iniciándose una caza de brujas y señalando a autores que no son los dueños del seudónimo; pero, que si lo fueran, ¿por qué hay tanto miedo a lo que se pueda contar en una novela? No se dicen nombres. Al final es lo que decía mi abuela: al que le pica, ajos come.

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Libros robados, despedidas y otras historias

Según pasan los años me doy cuenta de todo lo que me falta por saber y el poco tiempo que tengo. No, tranquilo, no estoy tan nostálgica como para que esta sea una entrada de esas lacrimógenas tan al uso en las redes sociales. Aun así, entiendo lo que un amigo me dijo hace poco: en caso de que volviera a nacer no querría hacerlo con todo lo que sabe ahora que tiene 58 años, si no con todo lo que no sabe. La verdad es que a eso me apunto.

Esta semana ha sido una de las que denomino como cultural ya que hemos asistido a la presentación de dos novelas y al acto de jubilación del librero referente de la ciudad de Cádiz, Juan Manuel; el alma, junto a su hija y mano derecha, de la librería Manuel de Falla. Siempre he dicho que una persona vale tanto por sí misma, como por la agenda que maneje. Juan Manuel era ese referente al que todo el mundo te enviaba en el caso de que estuvieras buscando un libro y no lo pudieras encontrar. Hace dos años se me dio el caso y la obra en cuestión, está en mi estantería gracias a sus indicaciones.

La verdad que han sido siete días con tantas novedades que casi no sé ni por dónde empezar, se me van los dedos en el teclado. Pero te voy a poner en antecedentes y así te haces una idea de cómo es mi día a día de escritora cuando no estoy delante de mi manuscrito. Todo se inició cuando otro Juan, dueño de la librería Plastilina, me incluyó en un grupo de Whatsapp dónde nos juntamos escritores y lectores con la única idea de ir avisando sobre los distintos eventos que se organizan en el entorno de la Bahía de Cádiz.

Ya desde que me inicié en el mundo de la escritura te he comentado lo que me cansa el continuo hacerse un Paco Umbral por parte de los escritores. Entiendo que te emociones con tu trabajo, pero solo hablar continuamente de lo maravillosa que es tu novela, cansa. Más todavía si, encima, son reediciones con cambio de portada porque, como no se vende, se piensan que con un lavado de cara van a alcanzar a más lectores y, antes al contrario, es contraproducente. Solo indica que tu obra está acabada con prisas o que no sabes qué hacer con ella. Por lo tanto, para no caer en lo que recomiendo que no hagan otros autores, me dedico a promocionar aquellos autores que leo y, si me es posible, asistir a las distintas convocatorias literarias que más me llamen la atención, priorizando en el tema de las presentaciones de escritores de la zona. Aunque no me engaño; las lecturas, como las agendas, también hablan de uno.

El miércoles fui a la de Antonio Guisado, El demonio de Laplace, conducida por el también autor Benito Olmo. Lo que más destaco de esa tarde es el modo en que Benito llevó la entrevista, ya que con ella nos acercó al autor, sin dejar de lado la obra, de una forma muy amena, para no hacer spoiler y que, si se hace bien, atrae mucho más que si se pasan una hora hablando de las excelencias de la novela. Tomo nota para otras posibles presentaciones de mis propios libros o si me toca a mí hacer de introductor para algún compañero. El único adelanto que nos dio sobre la trama fue que estaba relacionada con el tema del libre albedrío; a partir de ahí, nos dedicamos a conocer al autor, su proceso creativo y su forma de afrontar otros aspectos de la vida que, al final, acaban influyendo en su trabajo entre letras. Ya te recomendaré la novela de este compañero cuando la lea, porque de esa no tengo pistas sobre que trata. Eso sí, es una novela policíaca.

¿Somos dueños de nuestro destino?

Un oscuro e inquietante thriller en torno al libre albedrío. Terror y género policiaco combinados en una adictiva novela en la línea del maestro John Connolly.

Cuando, como las tímidas gotas que anticipan la furia de la tormenta, los cadáveres de varios gatos sacrificados comienzan a salpicar la ciudad de Sevilla, dos detectives sacados de su letargo por los macabros sucesos se verán enfrentados de improviso a una serie de extraños acontecimientos y, sobre todo, a una cuestión de siempre esquiva naturaleza.

Desde Aristóteles hasta Einstein, desde Calderón de la Barca a Simon Laplace, muchos han sido quienes a lo largo de los siglos han intentado dar respuesta a uno de los grandes interrogantes de la historia de la humanidad: ¿es el hombre realmente libre o existe un sendero ya trazado que recorremos sin saberlo?

En este oscuro e inquietante thriller en torno al libre albedrío, se ofrecen algunas respuestas, tan válidas como cualquier otras, pero, sobre todo, se arrojan, como dardos de sombra, muchas inquietantes preguntas.

Al día siguiente, jueves, en la Fundación Cajasol, le tocó el turno presentar a Benito Olmo su último trabajo, Tinta y fuego. Ya sabes que el volumen lo adquirí hace unas semanas en el Encuentro de escritores gaditanos organizado por la librería Plastilina y el mismo autor, con el que coincidí en ese evento, me lo firmó. Todavía no había asistido a ninguna de sus presentaciones puesto que su trabajo está recién sacado del horno y ese día, que me venía bien coincidir con él en Cádiz, para allá que me fui. Fue todo un acierto porque si bien ya sabía de qué iba la temática de la novela, el toque que le dio a la presentación, contando todo el proceso que le llevó a investigar sobre el tema y cómo se hizo un Indiana Jones buscando todo lo que sustentaba su trama, me enamoró ya directamente sin haberlo leído.

Greta es una reputada buscadora de libros raros y valiosos, aunque su popularidad ha caído en picado debido a la desaparición de una primera edición de Borges que debía tasar. Ahogada por las deudas y la desconfianza de sus allegados, acepta un encargo insólito: encontrar la biblioteca de la familia Fritz-Briones, perdida durante la Segunda Guerra Mundial.

La investigación la conducirá hasta Berlín, donde constatará que los nazis llevaron a cabo el mayor robo de libros de la historia, pero también algo más: alguien está asesinando a bibliófilos, libreros y coleccionistas de todo el mundo para tratar de reconstruir la mítica Biblioteca de la Comunidad Judía de Roma, que fue saqueada y escondida por el Tercer Reich.

Greta no podrá resistirse a este giro en la investigación. ¿Qué amante de los libros ignoraría el rastro de la legendaria colección? Poco importa que su vida pueda estar en peligro; lo que no sabe es que esta aventura la llevará a descubrir una verdad sobre sí misma para la que, quizás, no esté preparada.

La verdad es que en el tren, mientras llegaba a Cádiz, había empezado a leerlo y ya me estaba gustando, porque había encontrado referencias que me resultaban familiares, algo que hace que haga propia una historia de otro autor ―en el buen sentido de la palabra― y lo tenga como referente para mencionarlo en otras ocasiones. No conozco a Benito prácticamente más que de las referencias literarias que me han llegado por ser un compañero que compartimos la misma ciudad, pero es cierto que me hubiera gustado haberle preguntado más detalles del proceso de escritura de este libro porque me sentí muy próxima a su metodología. No he tenido como él, de momento, la oportunidad de poder coger un avión e ir a la fuente manuscrita, a los escenarios de la trama o ver cara a cara a algunos protagonistas que inspiraron mis historias, pero no ando muy lejos de hacer cosas similares. Ya os he contado cómo pasé una jornada muy ilustrativa con un militar que estuvo en la guerra de Bosnia, que es la base de mi próximo protagonista, y que, sobre todo, ha sido lector cero para que me confirmara que todo lo que cuento en mi novela es posible. O cómo visité el poblado de Bellavista para hacerme una idea de cómo eran las casas inglesas de principio de siglo o me alojé en el hotel Reina Cristina para conocer el ambiente del espionaje de los años 30-40. También he visitado una farmacia de principios del XX de cara a una próxima historia, y así muchas veces más, aunque son detalles nimios los que me llevan a sentirme parte de la historia que escribo.

Imagen de la biblioteca desaparecida Yeshivá (foto cedida por Centro de Teatro Grodzka Gate-NN)

Benito, inicia su proyecto gracias a la publicación de un artículo en prensa sobre la historia de los libros saqueados por los nazis durante la II Guerra Mundial. Quien sepa del tema conoce más sobre el expolio de obras de arte, pero ¿de libros? Muchos tenemos en mente las piras a lo Fahrenheit 451, pero de la desaparición de millones de ellos de todos aquellos países que sufrieron la ocupación no todo el mundo sabe. Vamos a conocer esa historia que tenía como finalidad borrar una cultura milenaria de la memoria colectiva. Buscando los fondos robados a una familia judía, la protagonista va tirando del hilo y ve como su indagación, en un principio privada, se convierte en el intento de localizar la gran biblioteca de la comunidad judía de Roma, desvalijada durante ese mismo periodo. ¿Por qué se habla menos de este tipo de actos y está más a la orden del día la apropiación de obras de arte? Porque estos últimos tienen un gran valor económico y los libros, en su gran mayoría, tenían solo un valor sentimental. Pensemos que se sustrajeron algunos muy familiares, torás, cuentos o recetarios. También misales, novelas o ensayos, porque el expolio no solo fue a los judíos, sino que los sufrieron bibliotecas católicas, comunistas, o de cualquier persona que los nazis pensaran que sus fondos podrían suponer un peligro para sus intereses. De todo esto y mucho más nos va a hablar Benito en su novela, cuya recomiendo su lectura sin dudarlo.

En cuento a la despedida de Juan Manuel, puedo decir que, cuando un librero se va, no deja de ser una sensación agridulce. Pese a ser debida a su bien ganada jubilación, se va la memoria de dos colectivos, el de los escritores y el de los lectores, que tampoco tienen muchos referentes hoy en día. El mundo del libro se ha vuelto muy especializado y no al alcance de muchos, o cada día los libreros son más personas que despachan novelas, al igual que podrían despechar sardinas. En Cádiz quedan reductos, gracias a Dios, y además la librería Manuel de Falla pronto abrirá sus puertas a manos de otro amante de la palabra escrita y con un bagaje importante en estas lides, por lo que he podido saber: Carlos Porras, historiador de formación y con larga experiencia en los servicios de publicaciones de la Universidad de Cádiz. Juan Manuel tuvo su despedida oficial días antes en el salón del edificio municipal de calle Ancha, que se llenó de clientes habituales. El acto estuvo organizado por la Fundación Fernando Quiñones, la Fundación Ory y la Asociación de Amigos de Fernando Quiñones, pero en la jornada de este viernes, en la que finalmente echaba la baraja, noté a faltar gente. Digo gente, sin especificar, porque no soy nadie para dar nombres y apellidos, aunque fuimos bastante los que nos acercamos para despedirle. Aun así, teniendo en cuenta sus años de trabajo y todos los que han pasado por el dintel de su puerta, muchos de los cuales echamos los dientes entre sus estanterías, no llegamos a los 100 precisamente. Creo que Cádiz tiene más lectores que han comprado en su pequeño local y han recibido sus recomendaciones. Pero bueno, así es la vida. Aunque no estuvimos todos los que somos, si éramos todos los que nos despedimos: personas en deuda por sus años de dedicación. Gracias.

N.de A. Si el tema del expolio de libros te interesa, también te puedo remitir a otra obra muy interesante de Anders Rydell, Ladrones de libros. El saqueo nazi de las bibliotecas europeas y la lucha por recuperar la herencia literaria.