vivencias

La vida, un papel de arroz

Ya te he comentado en anteriores entradas que, gracias a Dios, el pecado de la envidia no está en mi lista de defectos. Si acaso la lujuria y la gula, aunque trato de mantenerlos a raya. Cosa que no se puede decir de muchas personas que veo pulular por las redes sociales. Junto a ellos, hay otro tipo de individuos que sufren de una nueva enfermedad, una que arrastran desde el siglo XX y lucen con garbo este inicio de milenio: la frustración, que si bien no es pecado capital debería ser el octavo. De los envidiosos, puedo decir que en el pecado llevan la penitencia; en el caso del frustradito, el entorno acaba hasta el mismo merengue de tanto desencanto. Ante todo, tengamos claro que el 90% de lo que nos ocurre son cosas que hemos sembrado y ahora cosechamos, queramos o no. Lo peor de todo es cuando se juntan la envidia con la frustración. Es ahí cuando te recomiendo que huyas si tienes a alguien a tu alrededor que padezca esa enfermedad, porque, al final, no deja de ser un problema de concepción de la realidad y debería ser tratado por profesionales de la psicología, siempre y cuando el paciente reconozca su problema, algo que normalmente, a la altura que estamos y con la sociedad que nos rodea, no suele pasar.

Esta semana he aprovechado para tomármela sabática y he participado en una dinámica en la que me han mostrado de manera didáctica este concepto y como, o le pones remedio y dejas que el problema fluya, o te dejas arrastrar y entonces llevas todas las de perder.

Gracias a Amaia y en un entorno relajante como es La posada del té

https://www.instagram.com/laposadadeltea/?hl=es

disfruté junto con Héctor https://www.instagram.com/hectorh.lopez/?hl=es de las técnicas milenarias del Shodo y del Sumi-e. El primer término lo podemos traducir como el camino de la escritura, algo muy apropiado para dos escritores, mientras que el segundo se trata de la palabra usada para designar la técnica de la pintura con tinta y se utiliza, entre otras muchas herramientas de las que se vale la filosofía zen, para alcanzar la paz interior. Una práctica útil para momentos de incertidumbre.

Iniciamos la dinámica con una ceremonia del té, como bien dijo Amaia, siguiendo el ritual, pero conducido de una forma personalizada tras sus años de experiencia. Nos habló de los tipos de té, del blanco Pu-Erh que tomamos, y que esa noche era la de la luna llena de las flores, llamada así por ser la última luna antes del solsticio de verano. Estas son las semanas en las que se planta aquello que se cosechará en plena canícula. Paso a paso Amaia nos fue poniendo en situación para que se creara el ambiente adecuado y nos dio las pautas a seguir:

  • Escribiríamos en un papel una intención que no solo nos afectara a nosotros, sino que favoreciera a nuestro entorno, para luego colocarla bajo un gran cuarzo que presidía el centro de la sala.
  • Trataríamos de dejar fuera todo aquello que nos perturbara y nos colocaríamos lo más cómodos posible, siendo conscientes. Si nuestro cuerpo se quejaba de la postura no debíamos tomarlo como algo que nos incomodara, sino como una realidad natural (inicio del concepto de no te frustres, porque con 57 años ya no tienes la flexibilidad que tenías y tu cuerpo se quejará)

Se inició la ceremonia propiamente dicha y, entre taza y taza de té, tratamos de encontrar el Samâdhi, que para los profanos, incluida yo, se puede traducir como alcanzar ese nivel de conciencia plena de sí misma dentro de la meditación. O sea, que no estés pensando en las albóndigas para el día siguiente o la última bronca con los niños, algo muy habitual en la vida que nos ha tocado. Nos cuesta pararnos y ser conscientes de que vivimos, porque estamos más en el cómo vivimos.

Lo disfruté, pero dónde saqué la enseñanza relacionada con el título de esta entrada fue en el siguiente paso, cuando llegó el momento de hacer Shodo y Sumi-e. Amaia nos enseñó la lámina que ella había hecho y nos animó a intentarlo en unas tablillas de madera a las que estaba sujeto un papel ¡DE ARROZ! La tinta china y este papel son incompatibles, ¡por dios! Pero nada, ¿quién dijo miedo? Respiré profundamente y me dispuse a hacer mi lirio. Ya ves el resultado final. Si te digo la verdad, según lo miro y remiro, más me gusta, porque para mí tiene un profundo significado. Te puedes proponer hacer las cosas lo mejor posible, planificarte, medir bien los pasos; pero luego la vida es un papel de arroz que se encargará de que todo lo acabes sacando como buenamente se pueda.

Lo ideal para hacer Sumi-e es usar el habitual para acuarela, pero Amaia quería darle ese toque de: no te molestes en intentar hacerlo perfecto, sino, más bien, disfruta con lo que estás haciendo. Se nos olvida disfrutar del proceso de vivir y estamos muy pendientes de organizarnos la vida. Eso os lo dice una persona a la que le encanta organizar cosas, si bien, con muchos años de filosofía y espiritualidad a las espaldas, que no se frustra si hay que cambiar de planes o las cosas no salen como las había planificado. Ojo, que también me enfado cuando no son como yo querría o me dan bajones si tengo contratiempos, porque soy humana, pero ni me dura mucho tiempo el desengaño ni le jodo la vida a los de mi entorno porque las cosas no salgan a mi gusto.

Enseñanza

Ahora mismo veo cómo llega la primavera y todo el mundo anda de promoción de sus nuevas novelas y yo ahí, corrigiendo la mía como una Penélope de la vida. Así son las cosas y así te las cuento. Mi nueva novela me puede parecer maravillosa, pero sabía que necesitaba ponerla a régimen, no soy Posteguillo, y una editorial, por mucho que se anime a arriesgar su dinero, no publica de una autora desconocida ―seamos serios, me conocen en mi casa, cuatro amigos y dos lectores lejanos― un volumen de ochocientas páginas. Hay que ser coherente, como en la meditación, no frustrarse y ser humildes, no pensar que a mi hijo no lo toca nadie. ¿Me pongo a llorar? ¿Pienso que todas las editoriales están en mi contra? ¿Me frustro y despotrico en las redes? Pues no. Pasados los primeros minutos de pánico, porque no se sabe por dónde empezar, y sabiendo que mi editora me recomienda dejar la novela a la mitad (de 444 folios a 250 más o menos), me arremango y me pongo manos a la obra. Ya hemos quitado 80, y ¡escucha!, sin romper en absoluto la obra. Eso me demuestra que, si bien mis descripciones pueden ser todo lo inmersivas que yo quiera, es mucha tralla tanta palabra y que no tengo un ego tan desarrollado como para emperrarme en publicar el libro tal cual. Soy divina, pero en otra acepción.

¿Y sabes una cosa? Que estoy superorgullosa de poder quitar de mi novela esas páginas sin perder coherencia y sin sufrir, siendo consciente de que estoy haciendo lo adecuado y sin cabrearme por el tiempo que le he dedicado a unos folios que acaban en la papelera. Es un maravilloso ejercicio de humildad y, al final, si sabes aceptarlo, acaba siendo gratificante, sabes que va a valer la pena. Obviamente, la última palabra, en cuanto a si no han quedado agujeros en la trama, la tendrá mi lectora cero y, por supuesto, si ha quedado bien para publicar lo tendrá que decidir mi editora. Aunque las cosas no salieran bien, que saldrán, siempre habré aprendido una gran lección que, además, esta semana de relax y reflexión me ha reforzado. De nada sirve sufrir por adelantado ni a posteriori: acepta tu pasado, encara ilusionado tu futuro y, sobre todo, vive enfocado en el presente.

N. de A. Algunas fotos son mías y otras las he cogido prestadas del IG de La posada del té. No era mi idea ponerme a hacer fotos durante la ceremonia.

Opinión

«En serio» o «Realmente», George?

Recuerdo que hace años cayeron en mis manos de forma casual un par de colecciones de libros que me llamaron la atención. Una de la autora Penélope Sky, denominada Saga Botones porque la trama que desarrolla en el entorno de una familia de mafiosos y venganza que tiene como Maguffin un bote de botones, y la otra, la Hermandad de la daga negra, de J. R. Ward, una de vampiros que conviven con los humanos, pero no se mezclan con ellos hasta que, por encuentros amorosos, se llega al intercambio de fluidos, y no solo sangre. La Hermandad es como asuntos internos en el cuerpo de policía: controla los desmanes del resto de no vivos para evitar que llamen mucho la atención.

Tengo el recuerdo difuso de que, al ir leyendo libro tras libro, empezaba a notar que era más engorroso, porque, literalmente, la traducción era una mierda. Y entonces no había IA, aunque sí Google Translate. Pude sustraerme y tuve que discernir, entre la maraña de palabras que no estaban bien ajustadas al texto, lo que querían decir los personajes, pero ¿qué necesidad había? En mi caso me valió, por un lado, para entrar en contacto con lo que llaman Dark Romance y, por otro, para conocer qué se cocía en el mundo de la erótica o a lo que así denominaban en pleno siglo XXI. Por lo tanto, hice de tripas corazón y, saltándome páginas como si no hubiera un mañana, me puede hacer a la idea sobre qué iban ambos subgéneros.

Ambas sagas constan de un gran número de volúmenes, sobre todo la de vampiros. Un amigo tuvo a bien enviarme un archivo con todos ellos, sabía lo que me gustaba leer y que ya me rondaba por la cabeza escribir erótica y de esas lides tienen bastantes páginas ambas historias. Estaba claro que, por mi falta de experiencia en aquel entonces, me estaba leyendo una mala copia. A partir de ahi, fui más selectiva a la hora de buscar novelas traducidas. Otra cosa fue que, cuando ya entré a fondo en este mundo como escritora, las consideré un poco repetitivas y vi que eran más divertidas las otras historias que ocurrían en sus páginas.

Todo esto ha vuelto a mi cabeza a raíz de una polémica que ha surgido en Threads sobre el tema de la traducción de novelas. Discusión inútil por otra parte, porque como dije en mi anterior entrada debatir es una asignatura pendiente en España y así pasa lo que pasa, que la gente arranca ojos sin pizca de pudor. El caso es que, por lo visto, una Influencer debió hacer un comentario sobre que la editorial Monogatari la había solicitado para publicar en español un libro de una saga. Obviamente las redes ardieron, algo que ocurre con facilidad por mucho menos. En un bando estaban los que alegaban que eso era intrusismo profesional y en el otro los que mezclan churras con merinas, vomitando que aquellos que nos llamamos escritores sacáramos el título universitario correspondiente para demostrar que estábamos cualificados para escribir libros. Es cierto que también había comentarios de lectores que leían con fluidez ambos idiomas (inglés y castellano) y alegaban que la traducción era horrorosa.

Después de esto quise ponerme en comunicación con los responsables de mi planeta para que me vinieran a recoger tras dispensarme de seguir realizando mi análisis sobre la vida inteligente en la Tierra. Había hecho el estudio en profundidad con los delfines y descubrí que, más allá de ellos, no había vida inteligente.

Seguí los palos y picas que enarbolaban los energúmenos de diverso pelaje en las redes, aunque antes me había sacado el paquete de palomitas, y según avanzaba la caza de brujas más segura estaba de que debo ser extraterrestre. Hubo algunos leves destellos de racionalidad, pero fueron pisoteados, como de costumbre, por la masa vociferante que alegaba que todo el mundo tiene derecho a hacer lo que quiera si se considera capacitado para ello. Traigo a colación algunos de los comentarios que más puedo destacar:

No puedo entender el pollo montado con la traducción de la bookstagrammer. Entiendo que los que han estudiado traducción estén picajosos. Pero si esa persona traduce bien, puede que incluso mejor que algún traductor profesional, porque telita con las traducciones de algunos libros, no veo el problema. Si una persona sin título ninguno está capacitada para escribir un libro porque no para traducirlo que es más fácil? Si eres traductor y eres bueno no deberías tener miedo de que te falte trabajo (sic).

Ni que decir tiene que el “telita con las traducciones de algunos libros…” va a ser precisamente esa que está hecha por alguien que no es profesional y no está cualificado, mira tú que casualidad.

Además, me vas a perdonar, pero que una persona alegue que es más fácil traducir un libro que escribirlo denota su escasez de conocimiento ―qué verdad que la ignorancia es muy atrevida―. Por lo tanto, fin de mi alegato. Es como si dice que médico de familia puede ser cualquiera porque, total, es más sencillo que ser cirujano, que ahí es donde se corta el bacalao. Está claro que si eres bueno no te va a faltar el trabajo, porque además, gracias a Dios, una editorial debería pedir muestras, al igual que las pide del de corrección. Pero claro, sin abrir otro melón, hoy en día cualquiera se da el nombre de editorial o de corrector, ya puestos, y eso lo sabemos porque ya lo hemos hablado en otro momento.

La respuesta al anterior comentario no se hizo esperar:

Ya que intentas ir de lista, las traducciones se rigen por normativas europeas específicas para servicios de traducción, es decir, por las normas ISO. Y, concretamente, la norma de calidad ISO 17100 exige que los traductores que participen en proyectos de traducción tengan o titulación universitaria, o formación relacionada + 2 años de experiencia demostrable, o 5 años de experiencia demostrable. Y, en este caso, no se dan ninguno de los tres requisitos. (sic)

Pero en el mundo de las redes sociales, al igual que a pie de calle, las razones se miden por el tamaño de lo grande que la tengas o lo alto que chilles. Es de agradecer que los hilos en Threads no sean como las cartas vociferadoras de Harry Potter, porque íbamos a tener que ir por la vida con tapones.

El remate final fue el comunicado que puso en Instagram la propia editorial. No hago comentarios, que cada lector se haga su composición de lugar.

Yo quiero saber la realidad

Siempre me han dicho que valgo mucho por mi agenda y tiré por lo tanto de ella buscando a mi amiga, Encarni Ayllon, licenciada en Traducción por la Universidad de Granada y MBA Executive de EOI Sevilla, con experiencia en el desarrollo de proyectos de comunicación para empresas e instituciones. Así pude preguntar a una persona con experiencia en el tema cuáles son los requisitos para ejercer esa profesión. Es cierto que en España existe la figura del traductor jurado de forma reglada, pero también existe una asociación, a la que ella pertenece, en la que se especifica qué requisitos deben solicitarse para contratar a alguien que haga esa labor en el mundo literario. Porque en el saco de la traducción hay muchas papeletas y no todas son iguales.

Un profesional se asegura de que el mensaje, los conceptos y los hechos permanezcan inalterados durante el proceso. Si lo hacemos de forma literal ya no vale. Y para no caer en ese error se necesita conocer el oficio.  Lo ideal, si se desea trabajar en este sector para una agencia o de manera autónoma, es estudiar la Licenciatura en Traducción e Interpretación, convertida en grado con la reforma de Bolonia. Aunque no sea requisito indispensable para ejercer.

Por más que seas bilingüe, eso no te convierte en un profesional. Si tu sueño es poder ejercer este oficio, lo primero que necesitas es tener un conocimiento profundo de tu lengua. Por otro lado, debes cursar una formación específica en idiomas, como la aludida en el párrafo anterior, disponible en buen número de universidades. Otra opción válida para formarte es estudiar cualquier otra carrera universitaria y hacer un máster. Esto puede ofrecer una ventaja importante: la especialización en un ámbito determinado, que permite tener conocimientos de la materia y del lenguaje técnico específico. Por ejemplo, si tienes la carrera de Derecho y la complementas con el master, puedes especializarte en el ámbito jurídico. Lo normal es que un traductor tenga previamente también la carrera de Filología, pero también puede ser médico y centrarse en libros relacionados con sus estudios. En cualquier caso, antes de ponerse manos a la obra, debes conocer bien ambos idiomas.

Podemos retomar el hilo y, al principio del texto, a la parte de aquel argumento que vale para sonarse los mocos:

Si una persona sin título ninguno está capacitada para escribir un libro porque no para traducirlo que es más fácil? (sic)

Se agradecería que quién se ponga a escribir un libro sepa hacer algo más que la “o” con un canuto; es más, se le presupone un amplio dominio de la lengua española hablada y escrita. Si no ha llegado hasta ese punto, por lo menos que se esté formando para ello antes de publicar, por favor. Ya hemos hablado de eso, no me hagas tener que repetirlo, porque luego llegan las quejas en forma de que no vendes libros. Normal, qué coño vas a vender si no sabes escribir.

Repito encarecidamente: la traducción requiere de muchas habilidades que no todo el mundo tiene y que hay personas que probablemente nunca podrán llegar a desarrollar. Podemos destacar el dominio de la gramática y el vocabulario, de la ortografía y del estilo, entre otras. Si la mayoría de la gente ni siquiera maneja todo eso en su propio idioma, imagínate en dos o más.

Qué carreras universitarias deberías hacer para ser traductor de libros.

Esta es la lista de estudios prioritaria:

  • Licenciatura en Lenguas Modernas
  • Licenciatura en Traducción e Interpretación
  • Licenciatura en Literatura Comparada
  • Licenciatura en Filología
  • Licenciatura en Estudios de Traducción

Otros estudios y habilidades necesarias

  • Conocimientos de gramática y sintaxis avanzados
  • Conocimientos en cultura y literatura para poder capturar el tono, el estilo y los matices de un texto
  • Capacidad de trabajar con plazos ajustados y de mantener la consistencia de terminología en todo el libro
  • Excelentes habilidades de investigación y capacidad para trabajar con fuentes diversas y complejas

Que la editorial contrate a una influencer me da igual, pero que no se diga en las redes que para ser traductor no se necesita una carrera, porque sí es conveniente tenerla si quieres hacer bien tu trabajo y que se te tome en serio. Que luego se lee cada bodrio por ahí, con nombres y apellidos, que acaba afectando a los buenos escritores que sí cuidan esos detalles.

Hoy no te voy a recomendar ningún libro de lectura semanal, no porque no me haya leído ninguno si no porque creo que este tema trae suficiente cola de por sí y no hace falta añadir más contenido a la entrada. Si bien, para complementar, te dejo el enlace a una página en la que viene pormenorizado todo lo necesario para ser un buen traductor literario.

https://todoestudios.net/estudiar-para/traductor-de-libros/#:~:text=Adem%C3%A1s%20de%20una%20licenciatura%20en%20una%20materia%20relacionada,capacidad%20para%20trabajar%20con%20fuentes%20diversas%20y%20complejas

Opinión

El debate

Es la discusión en la que dos o más personas opinan acerca de uno o varios temas y en la que cada uno expone sus ideas y defiende sus opiniones e intereses. Una técnica muy presente en la cultura anglosajona y que en las universidades españolas no se ha empezado a utilizar de forma sistemática hasta bien entrado el siglo XXI. Está claro que siempre ha habido grupos que lo utilizan, pues se presupone que en el mundo de la política debe estar a la orden del día saber manejar este recurso, como una de las piezas fundamentales del trabajo cara al público, aunque no era fácil encontrar alumnos que lo practicasen en bachiller y mucho menos en la Formación de Profesional. Seguramente te preguntarás para qué sirve debatir y ese es el punto importante de esta entrada.

Vamos al grano

Se presume en la actualidad de la libertad de expresión y se alega que todo se puede decir con educación. Sin embargo, estamos en la época en la que más censura hay y en la que, como nunca, la forma de manifestarse es más burda, indecente, desagradable, mal intencionada, dañina y sin fundamento de todos los tiempos. Y eso que, se supone, todos tenemos acceso a la educación y no solo a la académica, sino a la conductual.

Hay un sin número de opciones para opinar sobre lo divino y lo humano en las redes sociales, destacando X y Threads. No estuve en la primera y por echar un ojo he entrado en la segunda, pero sin gran interés porque ya sé lo que va a pasar. Funciona con la misma mecánica que cuando uno traslada su opinión en Facebook: comentarios vomitivos.

Para empezar, que opines, que estás en plena libertad de hacerlo, no significa, si no lo fundamentas de manera adecuada, que tu opinión valga para algo. Lo más probable es que sin una base argumentativa ese comentario sea una mierda, sin ambages. En el caso de que tengas una formación y un criterio podemos empezar a debatir, ya sea para reforzar con otros conocimientos lo que se opinó en un principio, ya sea para rebatir lo dicho. Está claro que podemos enriquecernos puesto que no sabemos de todo. Pues ya la hemos liado, pollito, porque en estas redes sociales llenas de opinionistas de dudoso pelaje, el todo vale está a la orden del día. Como no nos han enseñado a hacerlo pensamos que podemos decir cualquier cosa y quedarnos tan panchos.

Un ejemplo lo veo a nivel literario. Es un tabú decir que la obra de un escritor es mala ya que no se puede tirar por tierra su trabajo y que, en todo caso, será un tema de gustos. Vaya por Dios y san Cucufato bendito, se le niega validez al comentario porque se le atribuye que solo depende del gusto del lector. Pero ojito, que sí se puede decir que es maravilloso, supremo, sublime y excelso, basándonos en el gusto, y darle el valor de opinión; una opinión de esas que van a misa y son inapelables. Pues va a ser que no, que hay libros publicados que son un verdadero horror y que no se deberían leer ni pasando las páginas con un palo. Eso se puede argumentar, porque demostrar que carecen de la técnica necesaria para considerarse un escrito legible no es tan complicado para el que quiera escuchar. ¿Escuchar? ¿Qué es eso?

Otro momento que viene a mi mente ha sido esta semana pasada. Fue de alguien indefinido que, al yo aconsejar la lectura de un libro para que un amago de autor intentara aprender lo más básico del oficio de juntador de letras, me vino a decir que cómo osaba recomendar algo que usaba las palabras best seller y coatching en el título. Alma de cántaro, mira que alegamos, cuando nos conviene, que no se puede uno hacer una idea del regalo por el envoltorio y que las apariencias engañan. Como sí he ido a una escuela de debate, lo primero que le argumenté fue eso y, lo segundo a destacar, lo basé en que la autora, como bien explica en la introducción de su manual, se apoyó en su tesis doctoral para dar unas pautas divulgativas que ayuden a aquellos futuros autores que no saben por dónde iniciar un escrito. Aunque si quieres ser autor y no sabes por dónde empezar me plantearía que escribir no es lo mío. Seguro que si le recomiendo el de Brandon SandersonCurso de escritura creativa―, que es igual de best seller, le hubiera parecido estupendo. ¡Ah!, por cierto, también argumenté que si no había recomendado el de Brandon, así de primeras, era porque para anglófonos es ideal, pero para hispanohablantes lo mismo no lo es tanto. Es cierto eso que decía mi abuela de que la ignorancia es muy atrevida y que la prudencia está ausente en nuestra vida.

¿De dónde viene todo esto?

  1. De la falta de formación. Para un debate hay que saber de qué se habla y haber reflexionado sobre ello.
  2. Del desconocimiento supino de los mecanismos de debate. No se insulta ni menosprecia cuando no se sabe qué decir.
  3. De tener una cara de cemento armado y pensar que somos lo más. Suelen ser los que solo han hecho la «o» con el canuto.
  4. De estar seguro de que lo que digo yo va a misa.

Los puntos tres y cuatro los acepto si mi oponente en la discusión me demuestra que es una autoridad en la materia o que, si no lo es, tiene para ese punto una argumentación irrebatible, porque, en caso de que se le pueda rebatir, en mi turno de intervención lo haré gustosamente.

Obviamente no soy la purga de Benito y no sé de todo, pero tengo dos cosas a mi favor. Una es mi curiosidad implacable, que me lleva a buscar multitud de respuestas ante una duda sin quedarme satisfecha hasta que no encuentro la que de verdad me parece más acertada. La otra es que soy docente. No significa que todos los que tienen esta formación sepan enseñar, pues pese a que es obligatorio el curso de aptitud pedagógica (CAP) ―un título con el que se acreditaba que la persona que lo obtiene cumple los requisitos necesarios para impartir tanto clases como orientación educativa―, de tenerlo a saber usarlo va un trecho. Hoy en día esto se soluciona con un máster en pedagogía, pero que viene a ser lo mismo, por si alguien tiene alguna duda. Hoy hay uno hasta para la aplicación del gel para el esmaltado semipermanente de uñas ―sin menospreciar a las profesionales del gremio― y no creo que sea necesario tanta especialización en algunos temas, pero eso, seguramente, supondrá otra reflexión en otro momento.

Photo by Mikhail Nilov on Pexels.com

En resumen, si debato y afirmo algo es porque estoy segura de lo que digo, ya que lo he confrontado. Y si me demuestran lo contrario soy perfectamente capaz de agradecer el aprendizaje, ¡faltaría más! España, a nivel general, ha perdido la carrera en el enfrentamiento dialéctico con elegancia. Me da vergüenza ajena, en la política y en la vida cotidiana, ver a personas vomitando afirmaciones que se caen por su propio peso. Lo lamentable es que si intentas rebatirlo se lanzan al insulto fácil y al descrédito. Me produce ese mismo sentimiento ver a pseudoautoridades que enarbolan la bandera de la sabiduría criticando lo que otros hacen y, a la vuelta de la esquina, repiten todo aquello que han reprobado. Encima, si se les pilla en la mentira, tiran de alegar que se les reprime, que tienen derecho, que no sabes de lo que hablas o de excusas peregrinas y lágrima fácil. No me considero una persona muy inteligente, pero es muy burdo lo que hoy en día se está haciendo con la comunicación: envuelven afirmaciones falsas en hermosos papeles de colores, siendo las mismas mentiras de siempre.

Mi lectura recomendada de la semana

A estas alturas de la vida pienso que cada palo aguante su vela y cada perro se lama su pito. Tampoco esperarás que sea políticamente correcta, ¿verdad?. Eso no quita para que me guste estar informada de todo lo que ocurre a mi alrededor y formarme opinión. ¿A qué viene esto? A la situación que se vive en muchos países en conflicto, que es peligrosa para toda la humanidad y no está en mis manos evitarlo. Entiendo que haya manifestaciones en contra y a favor, comprendo que diversas ONG luchen por mejorar la situación de las innumerables víctimas de estas coyunturas; pero, a la hora de la verdad, somos las piezas de un tablero en el que los jugadores viven en magníficas mansiones, cómodos y calentitos, a miles de kilómetros de los escenarios de guerra. Eso no quita para que, como he dicho, conozca el mundo en el que vivo y te anime a que tú hagas lo mismo. Así, si tienes que debatir lo harás con conocimiento de causa. No hace falta leer sesudos manuales de política ni tragarte todos los programas donde se hable de la situación internacional, pero sí es bueno buscar, entre las páginas de las bibliotecas, autores que nos narran de una forma sencilla lo que viven en sus países, contado casi para adolescentes de los de antes, con lo que es más sencillo de entender que un tratado de política.

Uno de esos autores que puede valerme de ejemplo es Marjane Satrapi, con su obra Persépolis ―además es guionista, dibujante de historietas y directora de cine―, de nacionalidad franco-iraní. Aquí nos presenta su autobiográfica, la historia de cómo creció en un régimen fundamentalista islámico que la acabaría llevando a abandonar su país. El cómic empieza en 1979, cuando tiene diez años, y desde su perspectiva infantil es testigo de un cambio social y político que pone fin a más de cinco décadas de reinado del Sha de Persia y da paso a una república islámica. Los dibujos son en blanco y negro y de una sencillez abrumadora, porque el interés radica en el texto. El lenguaje de esta historieta se presenta con multiplicidad de registros (familiar y estándar, dejando a veces sitio para la vulgaridad), mostrando al público la diversidad y autenticidad de una vida cotidiana. En el trasfondo se vislumbra a su familia, que se opone activamente al gobierno del Sha, las manifestaciones que recorren todo el país, la diferencia de clases sociales o su marginación por pertenecer a una élite prooccidental. Todas ellas son algunas de las piezas del rompecabezas que la narradora se esfuerza por componer con la intención de comprender el mundo que la rodea. Al tiempo que va creciendo, Marjane se da cuenta de que el nuevo régimen, por el que lucharon sus padres, ha caído en manos de los integristas y que no trae consigo nada bueno. Han cambiado una dictadura por otra. Se entiende perfectamente la sensación de estafa que sufrió el pueblo iraní de manos del nuevo gobierno, a través de sus ojos, y que actualmente los sigue rigiendo.

Esta novela gráfica sencilla ―que no simple― nos ayuda a entender un poco mejor el complejo mundo de las mujeres en Oriente Medio, sobre todo de aquellas que se educaron al modo occidental y, de la noche a la mañana, se vieron obligadas a esconderse detrás de los burkas. De aquellas aguas tenemos los actuales lodos. Esta es una de las bases de la guerra sorda ―y no tan sorda― que afecta al mundo en nuestros días.

Como la autora reconoce, se inspiró en otro autor francés de novela gráfica, David B. con su obra La ascensión del gran mal. El novelista usa el mismo recurso de la autobiografía para desarrollar su trabajo. Ambos son fiel exponente del auge de la novela gráfica en el siglo XXI como modo de trasladar sus inquietudes al papel y mostrarlo al mundo.

Si la recomiendo es por muchos motivos. El primero porque ese periodo histórico, la guerra civil que sufrió Irán, está dentro de mi memoria como un eco lejano. Sin embargo, las consecuencias las estoy viviendo en la actualidad y, si no lo viviste o no lo recuerdas, lo mismo con esta lectura aumenta tu curiosidad. Un viaje directo desde el fundamentalismo islámico de aquella época a nuestro presente y que nos sirve para entender la ruptura que sufren muchos refugiados por conflictos militares que, en realidad, se sienten apátridas, y que, siendo expulsados por uno otro motivo de sus países, nunca son bien acogidos en los de acogida. Además, es una forma muy amena de acercarse a la ganadora del Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2024. Y de ser cool.

eventos

VII Encuentro de literatura gaditana

Un año más nos reunimos en la glorieta Ana Orantes unos setenta escritores para celebrar el día del libro. Pusimos a pie de calle libros para todas las edades y disfrutamos de una mañana que, si bien empezó con lluvia, poco a poco, terminó arropada por el sol.

En la foto no estamos todos los que hemos participado, pero sí aquellos que disfrutamos hasta el último minuto.

Crónica de la jornada

Cuando a primera hora de ayer me monté en el tren iba, sobre todo, con la alegría de saber que me encontraría con los compañeros de siempre y el interés de aumentar esa lista con nuevos autores que iniciaban su periplo por este tipo de eventos. Esto era lo que más me animaba, porque lo de vender, aunque a nadie le amarga un dulce, no destacaba como razón fundamental de este encuentro por lo que a mí respecta. Por supuesto, si se logra volver con menos libros de los que llevamos es doble satisfacción y se podría decir que nos acostamos con el deber cumplido. Pero mi mayor interés era poder charlar con los que, de manera habitual, solo nos vemos en nuestras propias presentaciones o en eventos de este tipo.

Por eso, en primer lugar, tengo que agradecerle a Juan, dueño de la librería Plastilina, que, sabiendo lo complicado que es este tipo de reuniones, sea el séptimo año en el que se anima a promoverla. Porque, al final, por mucho que se diga, es él quien da la cara y mira el cielo pidiendo que la climatología sea benévola con la convocatoria. Este 2024 ha sido por los pelos. Tras una noche bien cargada de agua y un amanecer que no auguraba nada bueno, la mañana ha pasado del ¡ay madre, que nos va a llover! a un sol radiante. Tan agradable se ha puesto el ambiente a partir del mediodía que he acabado con un peligroso morenazo en el poco escote que me he permitido lucir. Pero todo sea por un buen fin.

El ganador junto con las finalistas

Lo segundo a destacar es el alto nivel de la convocatoria, con autores de diversos géneros, unas mesas muy interesantes y la entrega, como novedad, del premio al mejor libro del 2023, elegido de entre los autores gaditanos que han publicado en el transcurso de este pasado año. El ganador ha sido Wayne Jamison,por su libro El poeta que liberó París. Y lo tercero, aunque no menos importante, agradecer la colaboración de la compañera Patricia Gallardo como fotógrafa y poniendo a disposición de todos los participantes sus redes sociales.

Wayne Jamison dedicando su novela. Pronto os hablaré de ella.

Otra cosa que resalto es el ambiente que se vivió. Es cierto que no todos nos conocemos. Sea porque unos llegan, firman sus libros para sus lectores conocidos y se van, sea por la falta de tiempo o, incluso, timidez, algunos no participan en los corrillos en los que nos juntamos los que ya tenemos callo por asistir a estas reuniones muy a menudo. Es más, llámame tonta, pero hago el esfuerzo de mantenerme en contacto para hacerme partícipe de las presentaciones y no por la cervecita, aunque si esta cae se agradece. Lo bonito de este mundo de los escritores gaditanos, que tiene las satisfacciones justas, es el hecho de hablarnos de tú a tú sin preocuparnos si somos autopublicados o de una editorial tradicional, de comentar el día a día de nuestro trabajo, las próximas publicaciones o ferias donde volveremos a encontrarnos. Sin presiones y sin la mala baba que hoy día se ve, sobre todo en las redes, donde algunos «juntaletras» publican como pollo sin cabeza.

La autora Eva Amuedo
Benito Olmo y su nueva novela.

Mi esfuerzo, desde que me inicié como escritora, se ha orientado a ir ampliando ese círculo de buena gente sin ínfulas. Me gusta rodearme de los mejores, de los que destacan, de aquellos de los que puedo aprender. Lo habitual en cualquier oficio es que a los falsos profesionales les guste hacerlo con los mediocres para destacar, pero ese no es mi objetivo. Este año ha sido con Benito Olmo y su nuevo libro Tinta y fuego. Se me han escapado Enrique Montiel y Oscar Lobato, pero no se puede estar a todo. Saludar a los amigos, conocer gente nueva y hacerlo prácticamente de forma simultánea puede llegar a ser tarea titánica, garantizo que asemeja a un juego de malabares, y todo ello controlando el entorno, porque alguien puede estar buscándote con tu libro en su mano esperando que se lo dediques. Aun así, el esfuerzo vale la pena.

Sobre todo si, como presento, mi intención es conocer bien lo que en la provincia de Cádiz se cuece del género thriller o sobre novela negra, que siempre han sido mis favoritas. Puedo decir que la prueba de este año ha sido superada: he añadido a dos autores a mi lista de conocidos, he comprado dos novelas de las que ya os hablaré con detalle en otra entrada y he vendido algunos libros. Y eso que llegaba sin muchas esperanzas ya que estoy un poco como la gata sobre el tejado de cinc caliente, esperando a dar el salto para no quemarme las almohadillas de mis patas. Pero ese tema, si acaso, te lo contaré cuando sepa el resultado de mis pesquisas.

Daniel pasa a engrosar mi lista de lectores
Alberto también se animó a conocerme a través de mis letras.

La jornada finalizó con una comida en agradable compañía, aunque éramos un círculo reducido. Hablamos de lo divino y humano relacionado con el mundo de las letras y de nuestro devenir diario hasta media tarde para, después, retirarse cada mochuelo a su olivo.

Mi lectura semanal recomendada

Esta semana me ha dado tiempo de simultanear dos novelas. Corpore insepulto de Alberto Puyana y El brazo de la justicia de Steve Saylor. Una se desarrolla en la actualidad y la otra es una novela cuya trama se desenvuelve en la época de la República romana. Así, a bote pronto, podrían no tener relación; pero en realidad ambas son del género thriller.

La primera nos sitúa en el sepelio de Simón Galiana, el mayor estafador de Cádiz, que congrega en el tanatorio no solo a sus familiares y conocidos, sino también a buena parte del crimen organizado de la ciudad. Un asesinato inesperado, en pleno velatorio, obligará a Ramiro, su sobrino, a retomar el camino de la investigación policial de la que había sido apartado por su impropio comportamiento. Ramiro Galiana inicia así su redención personal, tratando de resolver un caso al que no está invitado, enfrentándose a un psicópata implacable.

Con numerosos giros humorísticos y el tono propio de la picaresca gaditana a la hora de afrontar situaciones adversas por parte del protagonista, Alberto Puyana nos va introduciendo en una noche de perros que tiene de todo menos de tranquila, pese a iniciarse la trama durante un velatorio. Sus palabras nos adentran en el submundo lumpen que podría ser de cualquier ciudad, aunque en este caso será en Cádiz. La ironía, el cinismo, el buen humor y el doble sentido campan entre sus líneas haciendo que la lectura sea amena. Muy recomendable si quieres adentrarte en un thriller con un puntito de humor negro al más puro estilo gaditano.

En la segunda recomendación tenemos un misterio que se desarrolla en la antigua Roma. En una villa de la rica región que rodea al Vesubio ha aparecido muerto Lucio Licinio, primo y factotum de Craso, el hombre más rico de la República. Su viuda, Gelina, manda llamar a Gordiano el Sabueso, afamado investigador que ha llegado a trabajar con personajes tan importantes de la época como el abogado Marco Tulio Cicerón. La sospecha recae sobre dos esclavos huidos y se debe descubrir la verdad antes de que el verdadero dueño de la casa, Craso, mate a todos los sirvientes como represalia y forma de demostrar su autoridad frente al Senado, pues de ello va a depender que lo nombren general y comande las fuerzas contra Espartaco.

Aquí tenemos como telón de fondo la tercera guerra servil, encabezada por el famoso gladiador, y que puso en jaque al ejército romano, hasta que se formó uno comandado, entre otros, por Craso, que logró salir victorioso y acabar con la revuelta. La figura de este poderoso ciudadano planea sobre la trama, ejerciendo presión sobre los habitantes de la casa. El investigador tiene poco tiempo para descubrir la verdad mientras va conociendo los entresijos de la vida de los ricos y su relación con sus esclavos durante la República. Una novela que me ha gustado porque mezcla el género histórico con el thriller de forma muy convincente. Se nota que el autor cuida los detalles, como el momento en nombrar al Vesubio, al que denomina montaña y no volcán, pues en esa época los habitantes de la zona son desconocedores del peligro sobre el que se asientan sus villas y ciudades.

Te recomiendo ambos libros porque, desde las primeras páginas, te encontrarás inmerso en dos historias que te obligarán a leer sin parar.

artículo

De un relato a un Santiago Posteguillo

Una de mis mayores virtudes es la facilidad que tengo para desarrollar una historia siempre y cuando la vea en mi cabeza. Solo necesito el inicio y el final; si eso lo tengo, ponerme a hilar la trama me resulta terriblemente sencillo. Muchos escritores dirán que eso es una bendición y ya os digo que no, a no ser que seas un escritor famoso como el mencionado el en título de este artículo. Entonces, ahí sí, puedes explayarte en los escritos con generosidad. Pero si eres poco conocido, como es mi caso, lo único que consigues es que a la hora de publicar no salgan las cuentas.

De hecho, me ofrecieron participar en un concurso de relatos y, de momento, decliné la oferta por lo mismo, por miedo a que me pusiera a escribir y terminara mi sexta novela. Sí, sé que tengo publicadas solo tres, pero escritas tengo alguna más. Para mí, este género es tan peligroso como el de la fantasía, si bien este último no tanto por la imaginación que suelo gastar, sino más bien porque entonces ya no hablaríamos de un  único libro, acabaría escribiendo una saga. Recuerdo que por ahí tengo una en la que el animal de fantasía que comparte aventuras con el protagonista es un mogul. Si alguna vez la escribo, no puedo olvidarme de él.

Pese a todo, amigos escritores me pidieron consejo para que la redacción de su relato no se les fuera de las manos. Recuerda que hace un año impartí un curso de escritura creativa, tanto la teoría como ejercicios prácticos, y las últimas semanas las dediqué a animar a mis alumnos a que los escribieran, dejándoles unas pautas. Algunos de ellos los publiqué en este blog y me resultó entrañable el de un gato travieso que solía esconderse dentro de los armarios para que no lo encontraran. El animalillo era una alumna que se puso en la piel del felino y así plasmó sus sensaciones en papel. La idea era hacerlos salir de la zona de confort y obligarles a que vivieran realidades muy distintas: despertarse por la mañana y ser un gato o encontrarse a los pies de la cama unos zapatos que no eran suyos, entre otras sugerencias. La dinámica resultó muy divertida.

Siempre habrá gente más experta que yo en este asunto, pero no quita para que te hable hoy en este blog de mi experiencia y mi continuo interés en aprender, desarrollando el consejo de trabajar este género.

¿Por qué son útiles los relatos?

Que conste que los consejos que te voy a dar no son porque yo lo diga. Escritores con más experiencia me los han sugerido y yo los he sopesado con calma para entender qué me pueden aportar en mi trabajo. Eso es lo que hoy te comparto.

  • Aportan disciplina.

Hoy en día nos resulta muy complicado construir espacios para poder desarrollar nuestra actividad de escritores, siempre sufriremos una larga lista de interrupciones. Olvida eso de encontrar el momento perfecto para ponerte a escribir: no existe. Es lo mismo que la búsqueda de la felicidad: no existe la vida feliz perfecta, existen pequeños momentos de felicidad y un exceso de fotografías de esa supuesta dicha en las redes sociales. Por lo tanto, con respecto a nuestro oficio, debes aprender a escribir donde sea y como sea. Y ya te digo yo que es difícil escribir a mano en un autobús renqueante, con toda la documentación desordenada en el regazo mientras intentas acordarte de qué iba la trama. No hablemos ya de la concentración necesaria para una sesión de escritura en narrativa larga. Por lo tanto, al final, se acaba dejando de escribir y empezamos a sufrir el bloqueo del escritor que, en realidad no es tal, sencillamente es que queremos adecuar nuestra vida a nuestro oficio y no a la inversa en definitiva, es la vida la que manda. Por lo tanto, estos textos más breves nos pueden ayudar a no perder ese tono y mantener siempre afilada la pluma.

Me cuesta horrores encontrar temas para plasmarlos en mi blog semana tras semana y, si me dejara llevar, pondría excusas y acabaría escribiendo una entrada al año. Total, no le debo nada a nadie, si acaso me lo debo a mí misma. Por lo tanto, puedo decir que tener mi entrada de blog es como haberme creado la obligación de escribir un relato a la semana. Porque echarle imaginación también se la tengo que echar, además de cuidar la sintaxis y la ortografía. Si soy escritora no lo soy a tiempo parcial.

  • Acaba con la indecisión de sentarse a escribir.

    Si ya resulta trabajoso ponerse a escribir, imagina si encima nos debemos dedicar horas a recopilar toda la documentación que supone la puesta en pie de una idea para una historia. Personajes, escenarios, tiempo histórico y hasta el más pequeño detalle. Si quieres que tu andamio no se caiga a las primeras de cambio debe estar perfectamente organizado. Todo eso requiere un tiempo precioso y de eso cada día carecemos más. No porque no lo tengamos, sino porque procrastinamos, nos corroe la pereza. En el caso que nos trae no necesitamos de tanto armazón para sustentarlo. Se supone que esto debería animarnos más a dedicarnos a este tipo de narrativa.

    • Te permite experimentar.

    Este es uno de los motivos por lo que me encantaría poder dedicarme a este género: la posibilidad de que, en unas pocas líneas, pueda desarrollar un mundo de fantasía y no me diera la tentación de escribir algo similar a las sagas de la Dragonlance. Puedes lanzarte con tu imaginación y, si la cosa no va bien, dar un giro sorprendente y ponerle punto final. Es más enriquecedor tirar unas pocas cuartillas escritas sin ton ni son que tener que reconocer que todo el trabajo de investigación realizado es para nada, porque, al final, no eres capaz de desarrollarla. Te garantizo que, en el caso del relato, no será tiempo perdido. Bien elaborado, es un modo perfecto de ver qué ideas podrían ser útiles, qué estilos me gustan. En estos breves textos puedes desarrollar una vena fantástica, irónica, humorística, poética, contestataria o reivindicativa que, si quieres reflejarlo en alguna novela, lo mismo necesitas cinco vidas más.

    • Mejora y asienta tu estilo.

    Este tipo de textos requiere de una minuciosidad quirúrgica en el uso de las palabras. Cada una de ella tiene que significar lo que quieres decir sin que produzca ambigüedad en el sentido del texto, puesto que tienes poco espacio para grandes explicaciones y, si una cosa buena tiene el castellano, es la precisión. No es lo mismo escuchar que oír o ver que mirar y el uso de uno u otro verbo nos puede indicar el estado de ánimo del protagonista de la historia, por poner un ejemplo. De hecho, he encontrado esta cita: “Creo que las dos maneras más eficientes que existen de aprender a enganchar a un lector son escribir entradas de blog y escribir relato”. Ahora mismo me encuentro en el primer grupo, por lo tanto, creo que no llevo mal camino.

    • Siempre te puedes reciclar

    Imagina que llevas ocho libros publicados en Amazon y no avanzas, siempre tienes el mismo grupo de lectores que, además, te piden que escribas lo que ellos quieren. Vamos, que te acabas convirtiendo en escritora a demanda, aunque te pienses que transmites lo que tú quieres. No te engañes, lo haces de manos de otros, pero en vez de ser un escritor fantasma eres un esclavo de tu público. Ellos te piden fanfics, spinoff, sagas y la biblia en pasta y, por darles gusto, al final, acabas más abrasada que una falla en Valencia. Esta circunstancia te lleva a que según vas avanzando con una novela sigues cometiendo, capítulo tras capítulo, los mismos errores porque no te da tiempo a parar y pensar qué haces bien y qué haces mal. Incluso, ni te planteas que algo lo haces mal, solo lo notas cuando observas que cada vez tus libros llegan a menos público. Pero, como dijo Bradbury, es imposible escribir 52 relatos malos seguidos y son más sencillos de enviar a amigos y lectores 0 para que te lo comenten con sinceridad. Cuando ya has subido tu trabajo a Amazon, raro es el caso en el que alguien te diga que te dediques a otra cosa, con lo que ayudaría de vez en cuando ser políticamente incorrectos.

    En cambio, el relato es una práctica fantástica. Es un ejercicio de estilo y de fondo, es siempre una experiencia intensiva de aprendizaje. Tengo un buen amigo, Alberto Puyana, que de esto sabe mucho y, pese a haber publicado ya sus primeras novelas, no deja a un lado lo de seguir presentándose a concursos de este género.

    Además estos tienen una gran ventaja frente a los de novela. Esta puede estar meses parada a la espera del fallo, de una respuesta editorial, en manos de lectores cero o escondida por el sufrir el síndrome del impostor. Y un libro no se escribe en tres días (ni en un mes, por mucho que te lo juren los más optimistas). Tener manuscritos inactivos es dinero, posibilidades de publicación y mucho más, que no estás recibiendo.

    Por suerte, los relatos son bastante acomodables a la realidad literaria que vivimos, porque la inmediatez está a la orden del día. Puedes tener un buen manojo de ellos en espera. Si tienes uno presentado a un concurso y no gana, puedes presentarlo a otro, en un tiempo relativamente corto. Lo mismo ocurre con las antologías (muchas no piden textos inéditos), las publicaciones online, etc.

    Por lo tanto, te animo o a que abras tu propio espacio en la red o a que te plantees a presentarte a los concursos que tengas más a mano. Me demuestra mucho valor el escritor o escritora que tiene uno de los dos, es un héroe quién es capaz de compaginar ambos y ya hablamos de nivel dios si logra publicar una novela bien trabajada, cada dos años, sin abandonar el mundo de los relatos y su aportación personal en un blog.

    Mi lectura recomendada de la semana

    Ya te comenté que le pensaba dar otra oportunidad a Fred Vargas y en este caso te traigo La tercera virgen.

    El fantasma de una monja del siglo XVIII que degollaba a sus víctimas, cadáveres de vírgenes profanados, pociones mágicas que aseguran la vida eterna, un rival del pasado más lejano que habla en verso… Con todo esto se encontrará el comisario Adamsberg en esta inquietante y negrísima historia de Fred Vargas. La resolución de este complicado puzle podría volver loco a cualquiera, pero no a Adamsberg. El comisario conseguirá descubrir la verdad, aunque ello le cueste no la razón, sino el corazón.

    Te encontrarás con el sexto libro de una saga de once dedicados al inspector Adamsberg. Se descubre la evolución del personaje y se confirma el peculiar estilo para desarrollar la historia por parte de la autora. Desde la primera de la serie, en el personaje se ve su característica principal: sus pensamientos saltan de una cosa a otra, muchas veces sin relación con el caso, por más que, a la vez, acaban estando enlazadas con él. Sin embargo, resulta menos complicado seguir el hilo de la trama principal en este volumen. Mantiene el uso de trabajar varios hilos que se van trenzando llegando a conformar una única historia, que será la principal y por la que llegaremos al desenlace. Si te gusta que las novelas no te dejen indiferente y que no sean de lectura sencilla, esta es tu historia.

    Hoy también quiero recomendar a otro autor, en este caso gaditano, que te puede resultar muy ameno para estas largas tardes de primavera. Se trata del ya aludido Alberto Puyana, escritor reconocido con multitud de premios nacionales e internacionales.

    Con un toque de ironía en el primer trabajo que le he leído, El Preticante, Alberto nos presenta el día a día en un ficticio hospital gaditano. Gracias a su experiencia, ya que es enfermero, nos va desgranando las aventuras y las desventuras de un paciente, Paco Penas. La moraleja de la historia es dar un toque a aquellos compañeros que, a veces, no se dan cuenta de que están tratando con personas y no con el 305-2 (habitación 305, cama 2) o un posible cólico nefrítico. Se entiende la gran carga de trabajo que sufre el enfermero en el ejercicio de su oficio, pero a diferencia del enfermo, el primero eligió su carrera, en cambio nadie va a un hospital por gusto si no trabaja allí y, por lo tanto, suele acudir con mucho miedo en el cuerpo. La ironía y el sentido del humor brillan en la obra que, además, por ser breve, se lee con mucho gusto.

    Títulos de su autoría son La horma del zapato ajeno y Corpore Insepulto, pero hablaré de ellas en una próxima entrada, que si no se me van las cabras por el sembrado.

    artículo

    Un año tirado por la borda, para variar

    Hace ya un año del Congreso Internacional de la Lengua Española celebrado en Cádiz. ¡Cómo pasa el tiempo! Se suponía que nos correspondía ser anfitriones para el 2025, pero debido a la inestabilidad política del país organizador en el 23, Perú, nos tocó en suerte adelantarlo. Por ello empezamos una loca carrera para tenerlo todo listo casi dos años antes de la fecha prevista. Pero para eso los españoles somos de los que pensamos que a la ocasión la pintan calva, hacemos el pino puente y, al final, sale bien el evento. Como se suele decir, tenemos una flor en el culo.

    Fueron unos días en los que muchos gaditanos nos acercamos para ver qué era eso. Es cierto que la mayoría no se enteró de nada, puesto que la parte académica se desarrolló pensando en expertos lingüistas. El resto solo vimos las calles llenas de personas con credenciales, algo a lo que estamos muy acostumbrados, exposiciones y balcones y escaparates decorados con pancartas haciendo referencia al vocabulario típico gaditano. Un léxico del que hizo un compendio, en forma de diccionario, Pedro Payán Sotomayor, profesor de Lengua Española de la Universidad de Cádiz, con el que he tenido el gusto de cruzarme por los pasillos de la facultad de Filosofía y Letras en mi época de estudiante.

    Junto a esta decoración, la imagen que quedó fue la de S.M el rey Felipe tocando el cajón flamenco en la plaza Fragela. Lo lamentable es que, según he leído en artículos de prensa de este año, poco más ha quedado de ese evento que vivimos los gaditanos. Un sinfín de nombres desfilaron durante esa semana por los seminarios, debates, presentaciones de publicaciones, conferencias, mesas redondas, rutas, exposiciones, conciertos y demás actos de un Congreso que sirvió para analizar la situación actual de la lengua española, su relación con las otras lenguas oficiales del Estado y su uso y pervivencia en América con el respeto a las lenguas indígenas como telón de fondo. Un idioma, el español, cada vez más hablado, pese a la pujanza de otras lenguas, y que, además, debe enfrentarse, en un futuro cada vez más cercano, casi ya presente, a la irrupción de la inteligencia artificial y a un mundo tecnológico en el que el entorno anglosajón amenaza con su primacía. De todo ello se habló en la cita.

    Los citados articulistas se preguntan si en la ciudad ha quedado algo más que esa retahíla de palabras salpicadas por calles y plazas que aún se mantienen a la vista. Es cierto que somos 600 millones de hispanohablantes, pero como sigamos así seremos 600 millones de albañiles en la torre de Babel y, al igual que con Sir Francis Drake, que entró en la ciudad como si la conquista fuera más bien un paseíllo, ocurrirá con el castellano que, debido a la inclusión de vocabulario de otras lenguas, al final acabaremos hablando un spanglish de cosecha propia y dejaremos de entendernos unos y otros. Teniendo en cuenta lo bien que se nos da a la mayoría de los españoles hablar el inglés, me veo usando el traductor de google con un murciano.

    Entiendo que el periodista gaditano Fernando Santiago reclame la continuidad de aquellas propuestas que surgieron al calor del evento, pero eso es pedir peras al olmo, ya te lo digo yo. Parece increíble que todavía no nos hayamos dado cuenta de que en Cádiz, quitando el turismo masificado, el carnaval y el cajón flamenco, poco más podemos encontrar. Conozco iniciativas, como clubs de lectura, que se han abierto hace poco, sea a raíz del Congreso, sea por iniciativa de los pocos locos románticos que quedamos y que pensamos que el saber no ocupa lugar ―pero el saber de calidad, ojito―, que, no obstante, apenas hacen ruido. Que saber cómo darle la vuelta a una foto en IG o grabar un video en Tik Toc con el efecto espejo no es calidad, ni aunque te promociones como publicista. También rogaría a muchos de los que van de influencers literarios que, además de girar imágenes, cuidaran la ortografía en sus publicaciones, sobre todo en las sinopsis de sus novelas, que la primera impresión cuenta y, además, todo se sabe.

    Surgió una propuesta, al finalizar el Congreso, que me hubiera encantado que hubiera salido adelante: que el edificio del antiguo Instituto de El Rosario se convirtiera en un centro de encuentro para la lectura y la escritura, una república de las letras. ¿Te lo imaginas? Y más ahora que se ha puesto tan de moda los retiros para escritores, en un momento en el que hay pueblos perdidos en la España profunda que para aliviar la falta de población hacen el llamamiento y crean reductos culturales, a semejanza de los retiros espirituales, con el fin de fomentar la creatividad. Pues en Cádiz, hubiera sido un lugar privilegiado, cerca del mar, dentro de unas murallas del siglo XVIII hijas de la Ilustración y, pese a todo, se pierde la oportunidad de semejante iniciativa.

    Si es que la cultura está tan mal vista. Está ninguneada por muchos escritores, o más bien seudoescritores, porque ¿cómo llamarías al escritor que considera normal que los personajes de una novela escoceses de pura cepa, criados generación tras generación en las Highlands, hablen con modismos propios de un autóctono de México DF? ¿Nadie le ha dicho al escritor que eso es una estafa para el lector? Bueno, puede que alguien se haya atrevido, pero como la ignorancia es así de atrevida, se lo habrán pasado por el forro de los vaqueros y ahí siguen, novela tras novela, «cosechando grandes éxitos».

    Viendo cosas así, lo más probable es que si hubiera que pasar un filtro para pertenecer al reducto de cultura propuesto para la ciudad de Cádiz, muchos no lo pasarían. Porque una cosa es una coma, otra algún error de construcción sintáctica o que se nos vaya la pinza en una concordancia verbal, pero ¿disculpar esos anacronismo? ¡Venga ya, no me jodas!

    Así entiendo que no salgan adelante propuestas para subir el nivel cultural de la sociedad si nosotros mismo somos tan “hipócritamente correctos” y consentimos cosas así. Pocas son las editoriales tradicionales o los proveedores de servicios que de verdad cuidan la calidad del producto. Veo que, ante la feroz competencia de Amazon y su miscelánea, las empresas, en vez de usar como puesta en valor la calidad, se han montado en el carro de la cantidad frente a la excelencia. También es verdad que una parte de la culpa la tiene el autor que se apunta a esta tónica y que, o bien es un egocéntrico hasta la médula o bien un sinvergüenza al que no le importa exponerse ante el gran público sin tener idea de lo que lleva entre manos. Pero claro, aquí tenemos la pescadilla que se muerde la cola: la gran masa, que devora cultura como si fuera una Big Mac, tampoco tiene formación como para saber distinguir las churras de las merinas, con lo que, al final, entre todos la mataron y ella sola se murió. Organizamos el funeral de la cultura y le echamos más paladas de tierra a la ciudad de Cádiz, cuna de grandes autores, cual entierro de la sardina.

    Es cierto que aquí y allá brillan pequeñas lucernas, con poco aceite pero mucha esperanza, seguramente con bastante más que yo. Hace tiempo que la perdí. Sobre todo al leer a autores de las mal llamadas grandes editoriales, que en realidad es una que ha absorbido al resto de las que sobrevivieron a las distintas crisis económicas. O dos. En ellas sigo encontrando más interés comercial y búsqueda de que el libro sea guionizado por Netflix que un verdadero empeño por aportar algo, si bien no tiene que ser algo tan novedoso como para merecer el autor un nobel, pero sí, por lo menos, un trabajo bien hecho para aquellos lectores que pagamos por ello. Mi conclusión es que seguiré luchando contra molinos de viento, si bien volcaré mi empeño en buscar, no importa hasta donde lo consiga, esa excelencia cuya ausencia tanto critico.

    Mi recomendación semanal

    Lola es independiente, joven, cariñosa y algo bocazas. Elia es independiente, vieja, cariñosa y guarda secretos. Dos maneras de ver la vida. Dos formas de seguir adelante. Dos caminos destinados a cruzarse. Dos realidades distintas, un amor prohibido. Una historia que merece ser contada y escuchada. Una historia que cambiará esos puntos de vista y, quizá, incluso los acerque.

    Hay AVE Valencia-Sevilla de Nuria Colomina Gomis

    Esta semana te vengo a hablar de la novela Hay AVE Valencia Sevilla, de la autora Nuria Colomina Gomis. Un trabajo que llevo tiempo queriendo leer, pues ya lo hice con sus anteriores publicaciones y quién sigue mi blog sabe que me gusta estar al tanto de la trayectoria de algunos autores para conocer su evolución.

    En este caso la autora sigue, como en su anterior título, una trama que se desarrolla en la España contemporánea, si bien, en este caso, transcurre en dos épocas diferentes: el entorno de la Guerra Civil y los años posteriores, por un lado, y, por otro, finales de los 80 y principios de los 90. En el primer caso la narradora será la abuela de la protagonista, del otro, su nieta.

    Conoceremos a Lola, una alocada joven, con una visión propia de muchos de los veinteañeros de finales del siglo XX, y a su abuela, que está mucho más al cabo de la calle que su propia nieta. Tendremos como hilo conductor una serie de cartas que Elia tiene costumbre de releer, algo que Lola descubre y que le produce gran curiosidad. Eso la llevará a conocer el pasado de su abuela y entenderá que sus vidas y sus inquietudes no están tan alejadas. Incluso, a veces, como pasa hoy en día, veremos que la abuela es mucho más moderna y que está al tanto del día a día de Lola de lo que esta se piensa, algo que a la inversa no ocurrirá hasta bien avanzada la trama.

    Tengo que destacar varias virtudes eneste libro:

    • El acierto de la autora a la hora de conseguir el ambiente de la Guerra Civil sin tomar partido por ningún bando.
    • La facilidad con la que logra que el lector siga los hilos de los que consta la trama.
    • Su modo de tratar la historia romántica se puede considerar que está en el nivel medio-alto del género.
    • El lenguaje de la novela es apto para el gran público. Como inciso, puedo añadir que a mi madre, con 85 años, le resultó una novela muy agradable de leer.
    • Se precibe claramente la buena documentación y el tiempo de reposo antes de la escritura de la obra.

    Si quieres pasar un buen rato y conocer de una forma amena la historia de dos mujeres separadas por el tiempo y las circunstancias y, con ello, un poco de las situaciones que vivieron muchas personas de la España de esos años, esta es tu novela.

    mis lecturas

    El detective

    Aprovechando el tiempo de espera y como forma de mantenerme entretenida, ocupo mis ratos libres en leer novelas de thriller. Me dedico, sobre todo, a indagar sobre el tipo de investigador, que de forma habitual están usando los escritores en la actualidad. Todo ello, más por curiosidad que por hacer un análisis exhaustivo de lo que se cuece en este ámbito.

    Tengo una amplia lista que seguramente te resultará conocida, tanto de investigadores autóctonos como de aquellos que son extranjeros y que el ávido lector de este género seguro que es capaz de nombrar a más de cinco. Los hay que pertenecen a los Cuerpos de Seguridad del Estado y otros que tienen licencia de armas y de investigador privado, montando así una agencia para dedicarse al oficio. Han protagonizado muchos libros y en algunos casos han tenido la fortuna de saltar a la pantalla en forma de serie o película, mientras que otros se han mantenido en las estanterías de las bibliotecas, e incluso, han pasado sin pena ni gloria. Los más famosos, han trascendido y son leídos generación tras generación. De hecho, todavía recuerdo cuando tenía doce años, mi tía Julia me recomendó a Agatha Christie y, ahí, empecé a descubrir los primeros libros que podría considerar como de lectura de adulta.

    Con el transcurrir del tiempo, me topé con los detectives españoles. Porque ya sabes lo que pasa, solemos mirar por encima de la línea de los Pirineos y pensar que todo lo que de allí viene es mejor que lo que nosotros tenemos obviando muchas veces al producto nacional. Pese a todo, yo que he viajado, no tanto como he leído, puedo confirmar que no es cierto. Tenemos a grandes expertos trabajando en la materia. Como a Pepe Carvalho, un individuo un tanto atípico, de personalidad rica, compleja y contradictoria, cuyas aventuras sirven al autor para retratar, y a menudo criticar, la situación política y cultural de la cambiante sociedad española de la última mitad del siglo XX. Un ejemplo lo encontrarás en el proceso autodestructivo del Partido Comunista en los primeros tiempos de la transición, que se describe en Asesinato en el Comité Central. La caída del felipismo en los años noventa es el telón de fondo de El premio. O si quieres conocer el discutido proceso de transformación de Barcelona con motivo de las Olimpiadas de 1992, lo tienes presente en Sabotaje Olímpico. Con lo que seas, escritor o lector, para tomar el pulso a la España del último tercio de siglo, Carvalho sería muy adecuado para hacerlo y mucho más entretenido que dedicarse a buscar en Google o en Wikipedia.

    Si lo que te interesa es algo más actual, te puedo recomendar la pareja de la Guardia Civil compuesta por el sargento Rubén Bevilacqua y la agente Virginia Chamorro. A lo largo de los trece casos en los que intervienen iremos viendo cómo evolucionan a nivel psicológico y van ascendiendo en el escalafón dentro del cuerpo. Incluso, si te animas, puedes ver la película de su tercera novela: La niebla y la doncella.

    Hay detectives que desarrollan su trabajo en la época medieval, como Guillermo de Baskerville en El nombre de la rosa, y otros en pleno imperio romano, como Marco Didio Falco. Para más señas, personaje creado por Lindsey Davis, escritora inglesa de novelas de intriga ambientadas en dicho periodo.

    Estas novelas pertenecen tanto al género histórico (en la época del emperador Vespasiano) como al policiaco (Falco es un «informante», término con el que se designaba a los detectives privados de la época). También aparecen elementos de los géneros humorístico y romántico. Las novelas están escritas en primera persona, dando la impresión de que han sido manuscritas por el mismo Marco, como si fueran sus propias memorias. Es ideal seguir el orden de lectura de los libros, ya que los acontecimientos que contienen van influyendo en la vida de Falco, a menudo cambiandola, o el de las personas que le rodean. Sin embargo, también es posible leer cualquiera de los libros por separado, ya que cualquier hecho previo es explicado al lector. Algo que también se encuentra en la saga de Lorenzo Silva, que he comentado con anterioridad, como una forma de ver la evolución de los personajes a lo largo del tiempo.

    Mis lecturas recomendadas para esta semana

    Además de esta pincelada en forma de lista de algunos detectives, te animo a conocer a Maisie Dobbs en su primera intervención: El caso de los soldados sin nombre.

    En la trama nos va introduciendo en los orígenes de nuestra detective y cómo logra abrir su propio negocio en el Londres convulso de entreguerras. Lo que más me ha gustado de la historia es la forma de presentarnos el gran salto que supuso, para Gran Bretaña y para el mundo, este periodo histórico. La ambientación te pone en el lugar de aquellas personas que la vivieron de primera mano y nos presenta todas las consecuencias que sufrieron en su día a día los que sobrevivieron a la contienda. Lo considero un buen arranque para conocer a una mujer, aunque sea de ficción, que comparte mundo con Hercules Poirot, refugiado belga de este mismo conflicto bélico, y es antecesora de Miss Marple, ya que esta surge iniciados los años 30. Es un tipo de novela tranquila, como todas las de Agatha Christie; lo que llamaríamos hoy en día para todos los públicos.

    El siguiente investigador con el que he trabajado esta semana es Jean-Baptiste Adamsberg, comisario de policía en París, en el caso de El hombre de los círculos azules. Ingresó en la policía con 25 años. Procedente de los bajos Pirineos, lo que él denomina pueblos de piedra y que con 45 años es trasladado a París como comisario del distrito 5º. Más tarde será nombrado comisario principal de la Brigada Criminal de esta ciudad. Esa vida en el sur del Francia puede darnos la pista de que sea un ser asocial, asilvestrado y solitario, entre otras muchas características. Además tiene una gran capacidad para almacenar imágenes en su mente, pero no palabras. Olvida los nombres de sus más próximos colaboradores. Parecería que no hay lugar para una persona como él en el cuerpo, pero, gracias a su increíble intuición, su índice de resolución de casos es inmejorable y ello ha ocasionado su rápido ascenso. Es capaz de ver la maldad que rezuma en los otros y nunca se equivoca.

    Hasta aquí el personaje. Luego en la forma en la que se desarrolla el caso es donde me encontré con la dificultad de seguir la lectura y, aun así, la finalice en el tiempo que tenía previsto para ello. Vargas divaga de una manera que se me recuerda a cuando alguien coge un violín y, sin saberlo tocar, poner el arco encima de las cuerdas. Me crispa los nervios. Va de un pensamiento a otro sin orden ni concierto, ya sea de uno referente al caso, ya de los de su vida personal, haciendo que tratar de seguir el hilo de la historia se complique, desde mi punto de vista, en exceso. Hay veces que, en un libro, la trama se come al protagonista o viceversa. En este caso, si bien el misterio de los círculos azules es interesante, lo enrevesa tanto que es fácil caer en la tentación de abandonar su lectura, pero me he contenido, como ya te he comentado. No me gusta dejar un libro sin acabar. Es más, empezaré otro y con el mismo investigador para ver si es la tónica habitual en Fred Vargas. Incluso haré igual con Pierre Lamaitre, pues me da la sensación de que es un estilo de narrar propio de ciertos escritores franceses. Algo así ha ocurrido en España con los nuevos autores de thriller, pues si bien el estilo no tiene nada que ver con el que he leido de los franceses no dejan todos ellos de tener ciertos puntos en común que los asemejan.

    Si te gusta mucho el thriller son dos novelas que recomiendo; pero si es la primera vez que te acercas a este género, te aconsejo que elijas a otro de los libros anteriormente mencionados. Muchas veces le acabamos cogiendo manía a un género porque elegimos una novela que nos viene grande o que pesa mucho en nuestro ánimo, generando con ello un bloqueo del lector. Si quieres ir sobreseguro, no dudes en acercarte a los más leídos del momento como Cesar Gellida, Javier Cercas o Juan Gómez Jurado. De ellos encontraras en las plataformas las series, Memento Mori, Terra Alta (en plena producción) o Reina Roja.

    Leer tantas novelas con detectives tan diferentes me ha valido para conocer más a fondo el género y poder hablar con conocimiento de causa sobre autores también muy dispares. Luego, para gustos los colores.

    Me despido hoy con las palabras de Maurice Blanche, mentor de Maisie Dobbs:

    La verdad se abre paso hacia nosotros por el camino de nuestras preguntas. En cuanto pienses que tienes la respuesta, estarás en un callejón sin salida, y eso significa que puedes perder información que tal vez sea vital para lo que estás tratando de averiguar. Espera en silencio y no te apresures a sacar conclusiones, por muy inquietante que te resulte lo que aún ignoras”.

    El caso del soldado sin nombre de Jacqueline Winspear

    artículo

    Ensayos

    Una de las cosas que siempre he aconsejado a mis hijos es que cuando se encuentren delante de una comida la prueben, aunque piensen que no les va a gustar. Así han descubierto platos que les han sorprendido. Siguiendo este hilo, he oído comentar a escritores y lectores que hay géneros que no leerían en la vida, ya sea por una mala experiencia con algún libro, ya porque por ciencia infusa creen que no les van a gustar.

    Lo entendería en el primer caso, porque entran en juego sentidos como el gusto y el olfato que pueden jugarnos una mala pasada. Incluso hay personas sensibles a ciertas texturas y se les hace muy difícil paladear algunos alimentos. También nos encontramos casos de intolerancias o enfermedades que hacen que la ingesta algunos platos suponga incluso un riesgo para la vida. A todo esto podemos añadir preceptos religiosos, que prohíben alimentos, o la ética que hace que haya, por ejemplo, personas veganas. Lo que no llego a entender es que nos pongamos esa limitación y que nos coartemos de la oportunidad de conocer novelas y autores que pueden sorprendernos para bien o, incluso, si es para mal, afianzar nuestro criterio.
    ¿Cuántas veces hemos hecho algo impensable en otro momento y que al final nos ha supuesto una gran satisfacción, ya sea por considerarlo un logro, ya por que nos ha acabado gustando?

    Hace años, la primera vez que me monté en avión no me hacía ninguna gracia. No es que me pasara como a Mr.T, M.A. Baracus, miembro de la famosa serie de los años 80 El equipo A. Este protagonista, de aspecto rudo y siempre con gran número de cadenas de oro al cuello, tenía miedo a volar. Es cierto que sí tenía mi puntito de aprensión, pero a fuerza de probar he dejado de tenerla.

    La vida está para eso, para aprovechar todo lo que nos brinda y usarlo como experiencia. Por eso creo que descartar un género sin haber buscado lo mejor de lo mejor de cada uno de ellos, así, a priori, pienso que es perder oportunidades de experimentar. Sé que hay momentos para unas lecturas y circunstancias para otras.

    Si la primera novela autopublicada que leí fue del tipo de aquellas que no estaba bien cuidada, tenía una mala sintaxis, con una maquetación desastrosa, trama insulsa y llena de tópicos y con faltas de ortografía y ahí me cierro en banda, hubiera perdido la oportunidad de conocer a grandes autores durante mi trayectoria. También la de saber distinguir entre un buen y un mal trabajo de autoedición, algo que me ha brindado la oportunidad de saber exigir a los profesionales de la edición cuando ha llegado el momento.

    Toda esta digresión es para hablarlos de un género que no me llama así de primeras. Se trata del ensayo. Para muchos lectores es un género didáctico desconocido y los hay admirables. Eso sí, te recomiendo que si te acercas a ellos busques un tema que te atraiga y no te metas de primeras, entre pecho y espalda, un ensayo de quinientas páginas, ya que lo más probable es que no lo disfrutes.

    Para que entiendas de lo que hablo te diré que todas las tesis se desarrollan como un ensayo, si bien, todos ellos no entran en la catalogación de tesis. Esta  se publica una sola vez, al final de la carrera. Se trata de una investigación profunda sobre un tema en particular, donde el estudiante debe demostrar su capacidad de análisis y de producir un nuevo conocimiento. En cambio, un autor puede presentar varios ensayos a lo largo de su vida, puesto que se trata de un trabajo que busca hacer una profundización teórica o analítica sobre un determinado tema o disciplina, el cual puede invitar a la reflexión o a arrojar un punto de vista en particular. Es de tipo expositivo-argumentativo y se desarrolla en un tono formal. Su formato es flexible, ya que no hay una extensión determinada. No hay una estructura definida para escribirlo, aunque se suele iniciar con una introducción al tema, le sigue un desarrollo, donde el ensayista plasma su análisis, y una conclusión. Como cualquier obra los hay que son muy divulgativos, como he comentado, y de una lectura agradable y podemos encontrar otros áridos y que se nos harán algo más cuesta arriba. De ahí mi recomendación de buscar temas que nos interesen.

    Yo me habré leído más de un ensayo sin darme cuenta a lo largo de mi vida, pero, elegido por mí, han sido bastantes menos. Os puedo hablar de tres que me han gustado mucho:

    • Una habitación con vistas, de Virginia Wolf:

    Publicado en 1929, la obra se basó en dos conferencias impartidas por la autora en 1928 en el Newnham College y Girton College, los dos primeros colegios universitarios para mujeres de Cambridge. Woolf abordó la situación de las mujeres, y de las artistas en particular, en este famoso ensayo, en el que afirma que una mujer debe tener dinero y una habitación propia si quiere escribir.

    Según Woolf, siglos de prejuicios y desventajas financieras y educativas han inhibido la creatividad de las mujeres. Para ilustrar esto, ofrece el ejemplo de una hipotética hermana talentosa pero sin educación de William Shakespeare, quien, desanimada por todas las tareas domésticas, trata de seguir la estela de su hermano, encontrándose todo tipo de impedimentos, por lo que se suicida. Woolf celebra el trabajo de mujeres que han superado esa tradición y se han convertido en autoras, entre ellas Jane Austen, George Eliot y las hermanas Brontë, Anne, Charlotte y Emily. En la sección final, Woolf sugiere que las grandes mentes son andróginas. Sostiene que la libertad intelectual requiere libertad financiera e insta a su audiencia a escribir no sólo ficción, sino también poesía, crítica y obras académicas. El ensayo, en una prosa vivaz y elegante, muestra los mismos impresionantes poderes descriptivos de las novelas de Woolf y refleja su convincente estilo conversacional.

    Podremos estar o no de acuerdo con su postura, aun así, no pensemos que la época en que vivió Virginia es la misma que  vivimos nosotros. En la actualidad, según la estadística hay más mujeres lectoras que hombres, pese a todo, sigue habiendo un escalón y las mujeres que publican son menos que los hombres. Ellas leen y se dedican más a la escritura, sin embargo, del total de obras registradas en España en 2021 solo el 37,8 % era de una autora, lo que expertos del sector consultados por Efe consideran que es debido a la falta de igualdad de condiciones para la creación y la propia responsabilidad de los editores para tener un catálogo paritario.

    Está claro que la sociedad de principios del siglo XX en la que vivió Virginia y la de ahora ha cambiado. Como bien me han comentado otros autores con los que he consultado este tema, lo que ha tardado 2000 años en cambiar no puede dar un gran giro en solo 80 años. Para mí los avances están claros, aunque no dejo de reconocer que hace falta mucho camino. Si leemos el ensayo notaremos ese salto cuantitativo, pese a que hay veces que del cualitativo tengo mis dudas. «Desde la antigüedad más clásica, las mujeres no tenían acceso a la alfabetización», comenta la profesora colaboradora de los Estudios de Artes y Humanidades de la UOC Montserrat Gatell. Algo que también veremos reflejado en el pensamiento de Virginia. Ahora tenemos el derecho a esa alfabetización y la obligación de hacer un uso y aprovechamiento adecuado de estos derechos. Aun así, me da la sensación, de que vamos andando hacia atrás, como los cangrejos.

    Me gustaría volver a tratar más a fondo el tema que se trata en Una habitación propia, aunque hoy mi intención es solo recomendarte que aproveches y te acerques a este clásico. Puede que en un principio te resulte diferente a todo lo leído hasta ahora y por ello te suponga alguna dificultad. Así que te aconsejo que no te lo leas de un tirón, sino que lo hagas de forma pausada y que vayas cogiendo apuntes. La forma de escribir de esta autora es un poco caótica, plasma mucho sus pensamientos, por lo que puede parecer que se pierde el hilo. Tengamos en cuenta que no es una narrativa a la que estamos acostumbrados.

    • Ernest Hemingway, A propósito de la escritura.

    Otro autor que vengo a animaros a leer es a Hemingway, si bien no una de sus conocidas novelas, sino un breve ensayo titulado A propósito de la escritura. A lo largo de su carrera, sostuvo que hablar de la escritura daba mala suerte: «si la enseñas o hablas de ella, quita lo que sea que tienen las mariposas en las alas y estropea el dibujo de las plumas del halcón», decía.

    Pese a esta creencia, al final de su vida había hecho justamente aquello que había querido evitar. En sus novelas y sus relatos, en las cartas a sus editores, amigos, artistas y críticos, y en los artículos que por encargo, a menudo hablaba de la escritura. Y trató sobre el tema  de una forma tan extensa e incisiva como cualquier otro autor.

    Este libro contiene sus reflexiones acerca de la naturaleza del escritor y de los elementos que conforman su vida, incluidos consejos precisos y útiles referentes al oficio, hábitos de trabajo y disciplina. En ellas, la personalidad de Hemingway se hace patente en forma de sabiduría general, ingenio, humor y entendimiento, así como en su insistencia respecto a la importancia de defender la integridad del escritor y su oficio.

    Sus consejos valen más que muchas horas pasadas en un taller de narración creativa. La concisión, el trabajo incansable, hablar de lo que uno conoce, la alerta sobre la inventiva gratuita, quizás también sobre usar la literatura como agenda para lograr la notoriedad y el éxito; todos habrán de servirte en el futuro.

     En la antigua Roma, cuando un general o emperador celebraba un triunfo, siempre tenía a un esclavo detrás de él, sujetando la corona de laurel y susurrando al oído: Recuerda que eres mortal. Algo que también nos recuerda Hemingway en sus palabras.

    El texto está formado por una serie de reflexiones, unas abarcan unas pocas líneas y otras son un párrafo que ocupa casi una página entera. Todas ellas han sido recopiladas con gran dificultad porque estaban repartidas entre las cartas a sus editores, amigos, artistas y críticos y en los artículos que le encargaron. Se podría pensar que si están sacadas de contexto no serían válidas para el escritor de hoy en día; nada más alejado de la realidad. Sus enseñanzas, pese al paso del tiempo, siguen en vigor.

    Voy a intentar hacer un resumen con lo que creo que pueda serte válido, sin por ello dejar de recomendarte que leas la obra completa, porque, al final, cada lector acabará sacando sus propias conclusiones y aumentando, de forma privada, la lista de recomendaciones.

    Uno de los consejos más importantes, reproducidos abajo, es “No escribas por dinero”, aunque a veces se deba romper esa regla. Lo que va detrás de esto es que nunca pierdas tus objetivos por percibir dinero, no dejes tus inquietudes y, siempre, dedícale tiempo a tus ideas.

    1. Nadie trabaja todos los días durante los meses de calor sin ponerse rancio: hay que tomarse el tiempo de asearse y vivir un poco, no ser un zombi de lápiz y papel (o no quemarse las retinas frente a la computadora), el mundo más allá del papel, tiene posibilidades que solo puedes explotar si sales y vives un rato. La experiencia personal es lo que llena páginas y te evitará el bloqueo.

    2. No crees personajes, crea personas comunes en situaciones no tan comunes.

    3. Los personajes deben ser tan auténticos que den la sensación de que lo que se narra pasó en realidad. Deberán estar proyectados desde el corazón, desde la cabeza, desde el conocimiento, desde la experiencia acumulada del propio autor.

    «La buena escritura es la veraz. Si se inventa una historia, su veracidad será proporcional al conocimiento que tenga de la vida y dependerá de lo meticuloso que sea; cuando inventa, debe hacerlo como si fuera cierta».

    4. No se deben recargar las tramas de palabras resonantes, ni crear personajes tan increíbles que ni al autor convenzan.

    5. Nunca sé lo que va a suceder en una novela, a medida que avanza pasa lo que tiene que pasar.

    6. Todas las historias que continúan lo suficiente terminan en la muerte: ésta es pues una premisa ineludible tanto para el lector como para el escritor, no se puede narrar la historia de la vida sin la antagónica muerte acercándose más y más conforme se alarga el propio relato.

    7. No puedes vivir de espaldas a la realidad social de su época.

    8. Releer una y otra vez, cientos de veces, y mejorarlo. Hemingway dejaba sus libros terminados dos o tres meses para retomarlos luego y corregirlos con cabeza fría, libre de influencias, y con nuevas ideas.

    9. El autor debe alejarse de las preocupaciones cotidianas para escribir. Su mesa de trabajo es un lugar tan lejano en la memoria y la imaginación, que sólo el autor —y quienes lean su obra— alcanzarán a vislumbrarlo.

    10. Tu vida será solitaria, no esperes rodearte de multitudes que alaben tu trabajo. Nada te asegura el éxito instantáneo. Las grandes obras universales se descubrieron muchos años después de la muerte de sus autores.

    11. Transformar la soledad en algo positivo te ayudará a enfocarte en lo que quieres plantear y a dónde quieres llegar.

    12. No te rindas. No te conformes.

    13. Comer bien para que el hambre no te interrumpa el trabajo.

    14. No escribas por dinero.

    -Dese cuenta de que convertimos a nuestros escritores en algo muy extraño.

    -No le entiendo.

    -Los destruimos de muchas maneras. Primero económicamente. Ganan dinero. Sólo por casualidad un escritor gana dinero, aunque los buenos libros siempre acaban dando dinero. Cuando nuestros escritores ganan, un poco de dinero, aumentan su nivel de vida y quedan atrapados. Entonces tienen que escribir para mantener sus casas, a sus mujeres, etcétera, y acaban escribiendo bazofia. No es bazofia porque lo hagan a propósito, sino porque lo hacen con prisas. Porque escriben sin tener nada que decir o sin agua en el pozo. Porque son ambiciosos. Luego, una vez se han traicionado a sí mismos, lo justifican y producen más bazofia».

    A propósito de la escritura, Ernest Hemingway.

    15. Estudia a fondo el diccionario.

    16. Evita el uso de adjetivos, sobre todo los extravagantes como «espléndido, grande, magnífico, suntuoso».

    17. Un autor, si sirve para algo, no describe. Inventa o construye a partir del conocimiento personal o impersonal.

    18. Narra con frases breves. Comienza siempre con una oración corta. Utiliza un lenguaje vigoroso. Sé positivo, no negativo.

    Otros consejos de Hemingway fueron compilados por Larry W. Phillips en el libro Ernest Hemingway on Writing. Aquí te dejo  algunos ejemplos:

    1. Para empezar, escribe una oración verdadera

    Nuestro autor,  tenía un truco para vencer el horror de la página en blanco –o el bloqueo que tanto pavor  nos da— solía enfrentarse a un primer enunciado que le resultara verdadero, sin ornamento, ni pretensión. Una especie de primera sustancia de la cual todo lo demás podría desdoblarse. Este acto de sinceramiento resuena con el coraje característico de su obra.

    2. Siempre termina de escribir cuando aún sabes lo que sigue después

    Otra forma de evitar la parálisis y mantener la fluidez es detenerte antes de vaciarte, cuando todavía se pueden conectar las hebras. Algo similar a dejar la mesa de blackjack cuando estás arriba.

    3. Nunca pienses en tu texto cuando no estés trabajando

    No pensar en la historia que estás tejiendo mientras no la estás sobre ella, es un consejo muy propio de Hemingway, un hombre sin miramientos ni arrepentimientos, aunque también podría encontrarse en el zen. Para él, no tiene sentido pensar en otra cosa que no sea lo que estás haciendo. Si estás volcado en una historia es apropiado pensar solo sobre ella, si uno está acarreando agua entonces la atención debe de estar en acarrear agua. Además, como bien nota Hemingway: «De esa forma tu subconsciente trabajará en ella todo el tiempo». Y tener al subconsciente, la parte más poderosa de nuestra mente, trabajando en nuestra trama es algo que puede ser muy provechoso.

    4. Cuando reanudes el trabajo inícialo leyendo lo que has escrito.

    De nuevo una joya de sencillez. Para mantener la continuidad es lógico releer y corregir en ese momento. Después, retomar la historia y seguir con ella. Cuando esta es muy larga, simplemente lee los dos últimos capítulos.

    5. No describas una emoción, hazla.

    Otro consejo poderoso que aplica para todas las artes. Aquello que sentimos con mayor fuerza –lo emocional– suele experimentarse de manera inmersiva, no descriptiva. En esos momentos  en los que nos arrastran las pasiones no nos detenemos a contarnos qué es lo que está sucediendo. Es la actividad creativa, es importante insertar un proceso emocional, sin tener que revelar que un personaje está sintiendo tal o cual. Esto se debe percibir dentro del contexto, lo inefable.

    6. Usa un lápiz.

    Para el trabajo más superficial, como redactar una carta o u un artículo de revista, Hemingway usaba una máquina de escribir. Pero para su trabajo creativo utilizaba un lápiz. Además del acto físico, más cercano al trabajo de un escultor, la practicidad de este autor es evidente: el trabajar con un lápiz da la oportunidad de mejorar un texto cuando este se pasa a máquina.

    7. Sé breve.

    No podía faltar dentro del canon de este autor, quien consideraba (un tanto en broma) su obra maestra un cuento de seis palabras, la brevedad.  Siempre enarboló el decir más con menos.

    Como habrás observado, cuando he dado consejos en mi blog, he buscado lo que dicen los que me han precedido y considero que son dignos de ser tenidos en cuenta. Si me vas siguiendo te habrás dado cuenta que todo lo que recomiendo son los pilares básicos para funcionar en este oficio.

    Espero que te animes a leer a ambos autores que creo que te sorprenderán.

    mis lecturas

    Recuerda

    Mi secreto

    Hoy en día vivo con el corazón partido entre el derecho a ejercer la denominada libertad de expresión y el interés que tendrán algunos lectores por lincharme. Un tipo de potestad ejercida por parte de aquellos que no están de acuerdo con mi opinión, pese a que intento siempre expresarla con fundamento y educación. Pero dar su brazo a torcer, en las redes en particular y en España en general, es inasumible por parte de la gran mayoría de los internautas. Nadie reconocerá la autoridad del otro por mucho que se le pongan delante de las narices las pruebas que lo ratifiquen. Si hay personas que todavía piensan que la tierra es plana, cuando hace milenios se demostró que es redonda y es algo fácilmente apreciable incluso a simple vista, no me extraña que haya multitudes que intentarían sacarme los ojos si expresara, de verdad, lo que pienso de muchos comentarios y temas.

    Ser políticamente correcto es el marbete que llevamos colgados todos aquellos que queremos vivir en paz en el mundo de las relaciones sociales. Mi pregunta es ¿cómo sobreviven todos aquellos que mienten descaradamente y se pasan la vida revolviendo el caldero? Porque luego llega un pobre inocente, comete un desliz y las redes arden hasta los cimientos. Aparecen los coñohonrados defendiendo lo indefendible y aquello se convierte en una caza de brujas al más puro estilo medieval.

    Te estarás preguntando a santo de qué viene esta digresión y viene por el tipo de libros que leo en la actualidad y a los que me acerqué en otros momentos. Si es de alguien que está en la lista de los autopublicados y osas hacer la más mínima crítica, saldrán en su defensa aquellos que postulan que el autor es un pobre inexperto que acaba de empezar y por lo tanto está en su derecho de equivocarse. Aunque con tan numantina defensa más bien parece que esté en la obligación de hacerlo. Parece que es impepinable nuestro deber de perdonar el cúmulo de errores, aunque sean de tal calibre que no los cometería un niño de primaria, pero ojo, de aquellos de primaria que estudiaron la EGB, no de los de la actualidad. Si el autor es algo más consagrado, automáticamente saltarán a la palestra aquellos llamados «abogados de pleitos pobres», tan habituales en nuestro entorno, que alegarán que quién soy yo para criticar a un compañero. Como si ser compañeros ya nos sirviera de escudo de vibranium.

    ¿En qué se resume la mayor parte de las aportaciones que se hacen bajo el falso nombre de críticas? En una palmadita en el lomo y si los «musos» empotran o no a la protagonista de turno de la forma adecuada. Pues mira, siento decir que muso tiene otro significado que, si lo conocieran, seguro que usarían menos; pero claro, hay que tirar de Diccionario de la Lengua Española y es mucha tarea. Eso que estamos todo el día con la palabra empoderamiento en la boca. Qué verdad esa, que decía mi abuela, de que la ignorancia es muy atrevida. De este pedigrí he encontrado a muchos entre los miembros de colectivos que lo mínimo que se les presupone es buen oficio, pero que no alcanzan la categoría de iniciados en la cartilla 0 de caligrafía de Rubio.

    Mi recomendación

    Desde hace unos meses me estoy dedicando a leer libros de nombres «de reconocido prestigio». No todos ellos son conocidos por el gran público, pero cierto es que tienen miles de lectores. No hablo de descubrir autores desconocidos, aunque sí pueden serlo para mí pese a que vienen con una larga trayectoria literaria detrás. Quiero con esto afinar, de verdad, mi sentido crítico y, al alimón, montar un club de lectura que enriquezca a sus miembros con aportaciones que nos sirvan para crecer como escritores. Sé que sería un campo minado si se abre a muchos participantes, por lo que lo compondremos un número reducido, para que sea manejable, y será privado, para que podamos aprender de verdad. Algo más próximo a la masonería que al Círculo de Lectores, para qué mentir. Me dan ganas de poner como prueba de admisión la lectura de un libro de los postulantes y realizar su crítica fundamentada. Si no eres capaz de soportar ese escrutinio no tienes derecho a criticar los libros de los demás, ya que se demostraría que estás abierto a asumir las opiniones ajenas y los fallos. Entiendo que nadie es perfecto, pero se debe demostrar la intención de mejorar, que es la finalidad del grupo. Esto es como una partida de ajedrez y yo solo juego con aquellos que me puedan ganar; lo demás es un aburrimiento y pérdida de tiempo. Ponme retos y olvida eso de los golpecitos en la espalda que, al final, acaban siendo puñaladas traperas que no me aportan nada. Quiero una verdadera lectura crítica.

    Esta semana ha sido, de Pierre Lamatrie, Vestido de novia. Leyendo sus primeras páginas, la forma de poner en escena a la protagonista me ha recordado la película Psicosis de Hitchcock. Quería saber algo más del autor y busqué en su biografía, confirmando mi pálpito: además de ser escritor de thriller es guionista y admiraba al citado director de cine.

    Según iba avanzando en la angustiosa trama, más me picaba la curiosidad de saber cómo había nacido esa historia. Si hubiera podido hacerle una entrevista al autor, mi primera pregunta hubiera sido qué le indujo a tratar ese tema. De momento, fui tirando de mi bagaje cinéfilo que, si bien no es tan amplio como yo quisiera, tiene su aquel para estos asuntos. Me había venido a la memoria otra película del mismo director y de la que solo tenía como referencia para encontrarla que parte de los decorados habían sido pintados por Dalí.

    Así apareció la película Recuerda (1945). Me he vuelto loca buscándola ―a veces localizar una película de cine clásico es complicado― para poderla disfrutar de nuevo en la pantalla, pero por fin lo he logrado y he comprendido de dónde ha salido la historia. Obviamente el autor ha modificado la estructura de la narración haciendo lo que se denomina un 2, 1, 3: la lectura se inicia con el nudo de la historia y sigue avanzando con la narración del detonante de la trama hasta llegar al final. No considero que sea, como he leído en algunos críticos, una novela impecable. Pese a que puede parecer redonda, se apoya en la casualidad y tantas casualidades hacen que la pierda credibilidad. Es más, puedo considerar que el autor es un mentiroso.

    Antes de leer las críticas para escribir esta entrada ya había pillado de qué pie cojeaba. Dirás que voy de sobrada; siento decir que no, que cuando una ha leído mucho ―y hablo de autores clásicos de todos los tiempos―, tiene un criterio bien formado. Lo que te he dicho al inicio de la entrada: tengo, sin ser una experta, autoridad suficiente como para poder fundamentar. Encima, encuentro la reseña de El País, donde mis postulados y los del crítico literario son muy similares, algo que me ha producido una profunda satisfacción, pues me reafirma. https://elpais.com/cultura/2015/02/11/babelia/1423652867_693810.html. Prometo que el columnista de esta sección del periódico no soy yo ni nadie de mi familia con el que me haya tomado unas copas o compartido comentarios. 

    Son tres los puntos que han hecho que el libro no me convenciera:

    1.- El tiempo. A veces da la sensación de que la historia transcurre en los años 70 del siglo XX y, de repente, te das cuenta de que nos encontramos entre finales de los 90 y principios del XXI.

    2.- La mentira. Es imposible que todo lo que ocurre en la trama funcione, ni aunque fuera agente de los servicios secretos. O que en Francia Internet no funcione como en el resto del mundo. Hay momentos en que parece que la policía no exista en absoluto. Como en Recuerda, cuando dos agentes caen en la cuenta de haber tenido delante a la doctora (Ingrid Bergman, nada menos) y no la reconocen porque lleva gafas de ver, algo en lo que Hitchcock incide pues las pintan en una fotografía para explicárnoslo. Recordemos que es 1945.

    3.- La lógica. A las primeras de cambio y teniendo en cuenta la fecha real en la que se desarrolla la trama y que todo se inicia por el robo de un bolso, lo normal es que la protagonista cambiara la cerradura. A partir de ahí, por ese simple hecho, se hunde toda la trama. Además ella sospecha de todo al final, cuando se supone que mentalmente está mucho más afectada.

    Ahí es a dónde voy cuando hablo de la importancia de leer libros que nos den unos cimientos y una formación para hacer una crítica constructiva útil. Sobre todo si queremos destacar en este oficio, si somos escritores y si nuestro deseo es aprender. O también puede servir para otros escritores, si solo somos lectores con interés en apoyar a los autores que de verdad veamos en su trayectoria la intención de crecer. En realidad sé que son pocos y que estas palabras caerán prácticamente en saco roto, por lo que tampoco tengo demasiadas esperanzas.

    Te lo he dicho muchas veces. Si no tienes una buena técnica, cuando trabajes con un corrector o con un editor te podrán engañar con harta facilidad, no distinguirás la calidad de su trabajo; cuando hagas una reseña o ejerzas como lector cero le harás la puñeta, solo harás comentarios banales, como lo ágil que ha sido la lectura, y no aportarás nada para su mejora. Vemos a correctores y editores publicitando las novelas en las que han trabajado y que cuando lees sus primeras páginas te llevas las manos a la cabeza por la cantidad de errores. Nunca sabré si es porque el autor o autora de turno, por soberbia, no han aceptado las correcciones sugeridas, por desconocimiento lo han visto todo estupendo o porque en realidad nunca les han hecho una buena corrección. Pero no seré yo la que pregunte. Y no me vale la excusa de que en las grandes editoriales también hay errores o fallos. Claro, y en las cocinas de El Bulli, pero seguro que son mínimas y se percibirán pocas veces. A mí eso de, mal de muchos consuelo de tontos, no me vale. ¿A ti sí?

    ¿En qué queda todo? El resumen está en que incluso un premio Goncourt puede tener una novela en la que se pillen errores de trama y no pasa nada. A fin de cuentas, un gran equipo, como el Real Madrid o el Barcelona pueden tener un mal día y, pese a todo, se disfruta de jugadas magistrales, algo que he visto en este autor. Se pueden criticar y aprender de ellas, tanto las buenas jugadas como las malas, para no repetir estas últimas.

    Seamos un poquito más humildes y en vez de subirnos por las paredes, cuando alguien vierta una crítica negativa sobre nuestro trabajo, preguntemos y aprendamos. Junto a eso, hagamos verdaderas lecturas conjuntas, tan de moda en las redes, pero con fundamento, como las recetas de Karlos Arguiñano. Todo lo demás es para nada.

    mis lecturas

    Círculo de Lectores-sama

    El club de lectores de los años sesenta

    Que levante la mano quién no ha comprado algún libro del Círculo de Lectores o no ha oído hablar de este club. Si eres de los nacidos en la generación de los años 60 seguro que alguno ha pasado por tus manos, sea por regalo, sea porque en tu familia han sido socios y luego tú has mantenido la tradición. En nuestra retina se han quedado grabadas las cubiertas de las coleccionesy todavía entre los que somos ávidos lectores nombramos algunos de sus títulos y rememoramos las que han estado en nuestras casas. Una empresa que nació en 1967 y que sobrevivió hasta el año 2019, tras haber sido comprada por Planeta para intentar reflotarla o terminar con ella, nunca lo tuve del todo claro. Igual que AVON llamó alguna vez a nuestra puerta, el agente del Círculo de Lectores lo hacía cada mes junto con su catálogo de novedades. Eran ediciones cuidadas y en mi casa era habitual que todos los meses adquiriéramos un libro, eso cuando todavía las casas que tenían poder adquisitivo también gozaban de espacio para poder colocarlos. Era el boom de las hipotecas, el turismo y, en ciertos estatus, el interés por la cultura, que se representaba por tener libros en casa. Eso no quita para que muchas personas los compraran, por lo decorativo de sus lomos, como elemento para rellenar las estanterías de los salones.

    La gente ha hablado de la desaparición de muchos oficios debido a los avances tecnológicos y bastante de ellos están relacionados con la cultura. Así ocurrió con los agentes del Círculo de Lectores, que llegaron a ser mas de 5000 en nuestro país y que tuvieron que reciclarse buscando trabajo como comerciales en editoriales o en otros trabajos relacionados con la venta. Eso mismo debieron hacer el millón de socios que disfrutaron de esta venta puerta a puerta. Tengo que reconocer que, salvando las diferencias, a veces viene a mi memoria este modelo de negocio cuando me cruzo con el camión de Bofrost.

    Además del modelo puerta a puerta, la compañía había ampliado su captación de socios a través de la atención telefónica, no solo ofreciendo libros, sino otros productos como música, cosméticos o artículos de ocio para el hogar. Unas ventas que llegaron a representar el 30% de la facturación, pero que alejaban cada vez más al Círculo de Lectores de su propuesta original. Pese a que el libro de papel resiste contra viento y marea, el formato de venta propuesto en los años sesenta no soportó el empuje digital. Junto a eso, la competencia de Amazón fue muy grande para el Círculo de Lectores, que vio como muchos nuevos lectores apostaban por el gigante del ecommerce para regalar y comprar libros, tanto físicos como en digital.

    Un club que quedó obsoleto, pero supuso durante muchos años una excelente vía de acceso a la lectura para todos aquellos que no disponían de suficiente poder adquisitivo, pues sus ediciones eran muy asequibles, o no disponían de bibliotecas cercanas.

    Todavía queda algún ejemplar por mi casa de esta editorial, aunque muchos de ellos los tuve que dejar en el par de mudanzas que he sufrido el año pasado, la de mi madre y la mía. Pero bueno, no se puede vivir de viejas glorias. Tuvieron su vida activa y ya serán muchos una nueva pasta de papel que creara historias nuevas. Eso mismo le ocurrió a Planeta, dueña del Círculo, al poco de avisar de su cierre: tuvo que ponerse de acuerdo con los autores a los que avisó de la destrucción de su gran colección de Obras Completas.

    Muchos nos preguntamos por qué al igual que otras empresas se adaptaron a los tiempos e incluso surgió algo similar en la figura de Amazón, Planeta no fue capaz de renovarse y decidió morir. Sus catálogos empezaron a tener de todo menos libros. Tal vez quiso copiar a otras empresas de ventas, como la anteriormente mencionada, en vez de buscar algo que fuera su puesta en valor y que la diferenciara. Por eso pensamos que Planeta decidio darle la puntilla con esos catálogos, y el cerrojazo en el 2019.

    Uno de los libros que perdí fue el de una serie que se hizo muy famosa en los años 80, titulada Shogun, homónima de la novela del autor James Clavell y que fue una revolución para los televidentes de la época. Desarrollada en cinco capítulos, recuerdo que nos dejó un buen sabor de boca a todos los que seguimos las peripecias de sus protagonistas, John Blackthorne y Toda Mariko, que se ven envueltos en las intrigas del Japón feudal del siglo XVII. Un pais muy desconocido para la gran mayoría de los españoles, salvo por los dibujos animados de Mazinger Z, que llegaron a España en 1978.

    Como muchas cosas vuelven y Disney no tiene ideas propias, esta plataforma ha puesto a disposición de sus clientes una nueva versión de aquella mítica serie, esta vez repartida en diez episodios. James Clavell nos desarrolló una novela histórica donde se narra el choque cultural en un Japón feudal cerrado a cualquier interferencia extranjera, pero que permite a los jesuitas provenientes del sudeste asiático, comerciar con ellos. Igual que los españoles fletábamos el galeón de Manila, ellos los barcos negros, por estar pintados con brea para impermeabilizarlos. La llegada de los religiosos se produjo en una época de crisis de gobierno en Japón, al que se suma el intento de otras potencias de comerciar en el oriente quitándole el monopolio a España y Portugal. Entre esos tira y afloja iremos viendo la historia de Yoshii Toranaga, iniciador de un shogunato que se extenderá en el tiempo hasta el siglo XIX y que finaliza con la Restauración Meiji. En medio de toda la intriga política y religiosa se moveran otros personajes, como Lady Mariko, noble japonesa, y John Blackthorne, piloto mayor que habría sido el primer británico en llegar a Japón.

    Me gusta la evolución de ambos personajes a lo largo de la historia. John pasará de ser el típico europeo que llega a Oriente pensando que su cultura es superior a, con el paso del tiempo, comprender que lo que el denomina civilización europea no es equiparable a la forma de vida de la sociedad japonesa de la época, pese a sus luces y sus sombras, con lo que cada vez se sentira más a gusto en Japón. En cuanto a lady Mariko, su vida se complicara más, si eso era posible, con la llegada del que ellos consideran un bárbaro. En un mundo de intrigas, vivirá en una continua lucha entre su conversión al catolicismo, la lealtad a su señor feudal, el compromiso con su marido, su hijo y sus deberes familiares y con su clan. Me gusta como, pese a estar en el siglo XVII, vemos a una verdadera mujer empoderada, de las muchas que había, incluso en la Europa de esa misma época, y de la que tenemos variados ejemplos. Toda Mariko ejercerá de traductora y consejera del señor Yoshi Toranaga, que la consideraba muy prudente y digna de su confianza por su buen hacer en la corte. En Europa tuvimos a mujeres del mismo calibre, como Leonor de Aquitania, Doña Urraca, Isabel la Católica o la duquesa de Éboli. Y otras muchas de ellas que llevaron las haciendas mientras sus maridos estaban en la guerra o en la conquista de América. Pero de eso se habla poco y solo ha llegado a nosotros las que más destacaron, por ser reinas o madres de reyes.

    Como lectora os recomiendo que leáis el libro porque, al igual que en el Nombre de la rosa, hay matices a los que la serie nunca podrá llegar pues se haría muy densa. Para aquellos que quieran conocer un poco de ese periodo histórico esta lectura puede ser muy adecuada. No creo que desmerezca en nada la serie y pienso que no me equivoquo mucho si os la recomiendo. Habiendo visto solo dos capítulos, hasta el momento, no me decepciona la puesta en escena de la trama y por eso os la recomiendo junto con la lectura.

    N. de la A. Sama (様 【さま】) es una versión más respetuosa y formal de san. Suele usarse en el ámbito profesional para dirigirse a los clientes, (llamándoles o-kyaku-sama, señor cliente) o a personas de mayor categoría que el hablante, aunque también puede usarse para referirse a alguien que uno admira profundamente.