Mis relatos

Operación Paraíso

Capítulo 1

Como todos los primeros días que fue al instituto, Daniel pedalea nervioso hacia el apeadero. Sonríe, a pesar de la tensión, recordando la eterna cantinela de su madre: «¿Lo llevas todo?», «Come algo a media mañana, que eres muy despistado, te olvidas y luego te dan mareos» o «Ten cuidado, que los coches…».

La verdad es que tenía razón. No iba a reconocerlo en voz alta, ¡lo que le faltaba!; sin embargo, es innegable que tenía razón. Tampoco se lo iba a demostrar demasiado a menudo, que enseguida se entusiasmaba y daban comienzo las caricias o los besuqueos y él ya es demasiado mayor para tanta intensidad.

En el fondo sabe que la quiere.

El tren llega ―¡cómo no!― con retraso. Es normal. Comprueba en la aplicación los cambios de horario. Siempre que ha tenido que salir de su barrio ha cogido el anterior al que necesitaría, porque el «por si acaso» suele transformarse en «¡menos mal!».

Es mayor que la chavalería que lo rodea; pero está acostumbrado. El gesto se le ensombrece de golpe al recordar los años tras la muerte de su padre. Fueron tiempos duros para su madre, que se quedó solo con las pensiones de orfandad de los tres niños. Le dijeron que era joven y aún podía ponerse a trabajar, como si llevar una casa con cinco bocas no hubiese sido trabajar. Encima, no quisieron reconocer el accidente laboral. Las pasaron canutas hasta que salió el juicio. Los abogados no se pagan solos y los ahorros de una vida de partirse el lomo, además de impedir la justicia gratuita, volaron deprisa.

Después, tampoco mejoró.

Su madre encontró trabajo. Fregar casas ajenas la envejeció demasiado pronto. Continuó siendo amable y cariñosa, aunque a Daniel se le rompía el alma al escucharla llorar por las noches. Maduró de golpe y trató de que sus hermanos, más pequeños que él, se acostumbraran al menos a no pedir.

Nada más cumplir los dieciséis fue la primera vez en su vida que le llevó la contraria, su primera discusión seria. Sin encomendarse a Dios ni al diablo, se apuntó a una ETT y acabó de auxiliar de servicios en una empresa de seguridad. Todos los festivos y fines de semana echaba doce horas en una fábrica, relevando al vigilante nocturno.

Nunca se ha arrepentido. Le prometió a su madre que trabajar no le iba a impedir acabar sus estudios. De hecho, en la fábrica no tenía nada mejor que hacer que estudiar. Sí que lo retrasó un poco y perdió un año, pero nada lo enorgullecía más que entregarle su sueldo cada primero de mes. Ver que sus hermanos podían estrenar ropa de vez en cuando, que las mochilas no eran heredadas, que comprar el material escolar no era a costa de la comida le bastaba como gratificación, lo hacía sentirse útil.

Y aquí está, otra vez, empezando de nuevo. El uno de octubre. Una fecha para recordar. Con su bandolera y la bici, rodeado de chavales y camino del insti. Mira su móvil y la aplicación le confirma la locución que suena por megafonía: «Próximo a efectuar su salida cercanías con destino Cádiz, vía dos». Que aún no haya llegado siquiera, como siempre, lo obliga a cabecear mientras sonríe. Le agrada sentir alrededor ese aire de confianza que nos proporciona lo cotidiano.

Espera ante el barullo que se forma cuando se detiene el convoy. Nada que ver con Japón, por supuesto. Un desdibujado pasillo para que bajen algunos pasajeros y risas, quejas, prisas y empujones para hacerse con algún asiento. Él se queda junto a la puerta cerrada, abrazado a una barra y sujetando el sillín.

Escondido de la algarabía en los cascos, prefiere observar a escuchar. Sabe de sobra que se pierde conversaciones jugosas. Los dramas adolescentes, los historiales médicos de los más ancianos y algún divorcio, propio o cercano, suelen salsear estos viajes a poco que uno haga oreja. Bueno, y sin hacerla. Los de la Local se forrarían con el medidor de decibelios.

Él, sin embargo, prefiere poder imaginar. Observa gestos, actitudes, rostros o posturas a los que trata de dar un significado, de crearles un contexto. Sabe que será difícil que acierte, que la realidad confirme sus suposiciones; pero ¡es tan prosaica! Lector empedernido, seguramente herencia de sus horas de soledad en el polígono, juega a descubrir fantásticas aventuras detrás de cada grupo, de cada rostro, de cada gesto. Y, desde el silencio que le proporciona Imagine Dragons, esmucho más probable que encuentre un Alatriste o una Darby Hart.

El paso del vigilante de seguridad reconstruye el sistema planetario del interior del vagón. Pies que descienden de asientos o bultos que saltan a los regazos permiten despejar el bosque. Cuando los muchachos se reordenan, entre los claros, se abre una nueva línea de visión.

Y ahí está. Como en esos retratos románticos, con su melena rojiza a la altura de los hombros brillando a contraluz, el rostro aniñado, la nariz respingona, la boca pequeña y carnosa pintada de oscuro, los huesos finos y un aire de melancolía en la mirada. El jersey de punto y la mochila de piel hablan de alguien que cuida su estilo; la chupa de cuero y el mechón azulado, de alguien segura de sí misma.

Algo en ella lo atrae. Procura parecer discreto, aunque no le quita ojo. Ella no debe percibirlo ―otras veces enseguida han girado hacia él el rostro, como si la mirada transmitiese una energía y rastreasen su origen― y se mantiene en su mundo, ajena a todos y a todo. Dani recuerda lo importante que parece todo a esas edades, el drama constante, el estímulo continuo, la ansiedad, la prisa. Cualquier cosa resulta imprescindible, impactante, urgente, estresante. Lo tuyo, claro, pues descubres que los demás, los que no son de tu grupo, ni te entienden ni les importa. Así que, lo más seguro, es que ande dándole vueltas a cualquier tontería, básico en su vida en cualquier caso.

La memoria se apodera del instante y lo envía para atrás, a 2015, cuando se colgó de aquella chavala con una camiseta de Taylor Momsen desnuda de espaldas y con una cruz tatuada sobre su columna apuntando a su culo que decía que todo se va al infierno. Las botas militares, las medias rotas y las mallas elásticas contribuían, junto a una piel pálida y un maquillaje muy oscuro, a un tono gótico que solo el tinte de su desordenado pelo corto rompía. La de Evanescence había elegido el negro ala de cuervo y la de The Pretty Reckless el blanco. Ella, Rocío se llamaba la chica, siempre haciendo gala de criterio propio, un anaranjado brillante con un mechón azul metálico.

Era, como el nombre del grupo, bastante inquietante. Contestataria y rebelde, sus notas, por otra parte, hacían que pudiera permitírselo. Provocadora y extrovertida, daba miedo a muchos chicos. Lograba ponerlos nerviosos y ya se sabe cómo son los adolescentes. Tuvo más de una pelea en el patio y alguno conservará aún el imborrable recuerdo de sus uñas en la piel. Llegar nueva al instituto para el bachillerato, su look y su autosuficiencia no eran buenas cartas de presentación. Tampoco las llamadas al despacho del jefe de estudios y sus consiguientes expulsiones.

Eso la hacía menos accesible, en ninguna forma menos atractiva.

Dani había optado por Humanidades y Rocío iba por Ciencias, así que tenía que conformarse con los ratos fuera de clase y la única troncal que compartían. Tampoco se atrevió jamás a decirle nada con la excusa, tan válida como cualquier otra cuando uno la siente necesaria, de que tampoco tenía tiempo libre para quedar con ella. La estación de San Severiano lo saca de su ensimismamiento y, ¡oh sorpresa!, la chica ya no está.

La leve melancolía que le ha despertado el recuerdo se diluye en el barullo de empujones por salir y las carreras hacia los tornos. Espera, como siempre, a que se despeje la puerta para poder descender con la bici.

La ve por el andén: mechón azul en cama naranja sobre cazadora negra, el paso decidido e insinuante en unos vaqueros ajustados y unas botas militares. Un ramalazo de deseo llena el cerebro de Dani, hoy como entonces. Hay cosas que la madurez, así sea temprana, no cambiará nunca.

«¡Hostia, qué buena que está!».

Sacude la cabeza convencido de que es culpa del recuerdo, de la coincidencia en el pelo. Se recrimina ambas reacciones, tanto la mental como la física. Está seguro de que ha sido demasiado obvia. Se promete a sí mismo no girarse si la alcanza. Aún es joven, pero debe controlarse y tener en cuenta la insalvable distancia que siempre ha de separar al docente de la alumna.

Porque hoy es su primer día como profesor de Lengua Castellana y Literatura en el IES Arnáiz.

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mis lecturas

Un Manuel Chaves Nogales

Allá por un viernes 14 de abril de 1989 —parece una canción de Celtas Cortos— estába en clase de Contemporanea y mi profesor de entonces, Alberto Ramos, ni corto ni perezoso, entró en el aula y comentó:

Hoy, 14 de abril, se conmemoran los 58 años de la proclamación de la II República española. No tenemos clase, nos vamos al bar.

Obviamente, en aquellos días, para un alumna como yo, que conjugaba muy bien el verbo estudiar con el de si me viene una juerga me apunto, ese anuncio supuso un rato de tertulia con los amigos. Ahora, mirando hacia atrás y habiendo descubierto todo lo que me falta por saber, me da lástima el tiempo perdido, no solo por mi parte, sino por parte de muchos de los docentes que pasaron por mi vida. No digo yo que no tuviera derecho a celebrar ese día si se consideraba republicano, que lo era; pero dale contenido a tu clase, enseña ese día a tus alumnos lo que de verdad supuso para ti la II República y, aunque no la vivieras, plantea una clase de debate, algo de lo que los estudiantes españoles de las universidades públicas carecían y que creo que siguen careciendo. Enseña pensamiento crítico. Pero no, y por eso hoy podemos decir que de aquellas aguas, estos lodos.

Hoy he leído algunas frases cuya autoría es el alma mater de esta entrada, de la que destaco una, y que me han gustado por lo de clarividentes que fueron ya en su época y por la lucidez que siguen teniendo hoy en día:

En realidad, los regímenes totalitarios no marcan una superioridad sobre las democracias más que cuando éstas se hallan interiormente podridas.” (Manuel Chaves Nogales)

¿De quién te estoy hablando?

No sé si a estas alturas te habrás percatado de que me estoy especializando en el estudio del periodo histórico que va desde 1921 hasta 1945, aunque he utilizado como punto de partida precisamente esa fecha de la que hemos hablado al inicio de mi entrada, el 14 de abril, pero de 1931. Sé que para escribir una novela histórica se necesita recopilar toda la información que se pueda de ese periodo en el que se va a insertar una serie de personajes ficticios que irán de la mano de otros que fueron protagonistas reales de la historia. El hacerlo así ayuda a que, si el proyecto sale adelante, puedas no solo escribir una novela, sino a centrarte en ese tramo de la historia y, teniendo creado y dominado el marco, desarrollar varias tramas que puedan estar insertas en las mismas fechas. Usar este método supone encontrar asimismo a las personas que vivieron durante esos convulsos años de la historia de España y del mundo y que, por los motivos que sean, no se les ha reivindicado su papel ni se ha dado valor a la repercusión que tuvieron en su momento. Uno de ellos fue precisamente Manuel Chaves Nogales.

¿Por qué elegir a este protagonista de la historia real para una historia ficticia?

Necesitaba que uno de los protagonistas de mi novela tuviera una voz con unas características que tenía muy bien definidas en mi cabeza, pero a las que no lograba darle el tono adecuado. Quería una persona que hubiera viajado como mínimo por Europa y hubiera conocido lo que de verdad estaba ocurriendo más alla de los Pirineos puesto que mi personaje, Ginés, había salido de España en enero de 1920. Tras ese viaje, al retornar, ya no debería ser el mismo porque habría entrado en contacto con el mundo postrevolución rusa, habría convivido con la llegada y el auge del nacionalsocialismo de Hitler, se habría movido dentro de los movimientos obreros —en los que trataría con los dirigentes que abogaban por la necesidad de una lucha de clases— y habría visto con sus propios ojos la miseria en la que vivían los europeos, trabajando como esclavos para sacar adelante sumundo tras la Gran Guerra. Con ese bagaje volvía sabiendo que la revolución del proletariado acabaría siendo una dictadura del proletariado, que no cambiaría, en buena parte, las aspiraciones de la mayoría de la población. Todas esas eran las piezas que componían el poso del caracter de mi protagonista, pero yo necesitaba ponerle no solo cara, que ya la tenía, sino voz y tono. Eso lo logré, de casualidad, cuando a mis manos llegaron la biografía y las obras de Chaves Nogales, gracias a un ensayo leído esta semana pasada, de Paco Cerdá, 14 de abril.

Nogales, periodista y escritor sevillano, vivió durante esos años que tanto me gustan de la historia de España. Pese a que murió en plena madurez, sin llegar a los 50, lo compensó al comenzar a trabajar muy joven, aproximadamente a los 16 años, cuando iniciaba su carrera periodística en Sevilla poco después de completada su formación, allá por 1913. Hoy necesitamos años de estudios, una titulación universitaria y varios masters para ejercer lo que nos ha costado media vida aprender y no tengo yo muy claro, al ver el ejemplo de los profesionales de otras época, que de verdad lo estemos haciendo bien. En cualquier caso, esto, de momento, queda como apunte para otra entrada.

Leer la obra de esta autor tiene cierto punto de expedición arqueológica debido a que la mayor parte de su trabajo vio la luz en forma de artículos de prensa, a lo largo de muchos años y en muchos periódicos distintos, no solo de España y Europa, sino incluso de Latinoameríca. Es más sencillo encontrar artículos de él en revistas de Chile o México que en España. Otra mente clara del liberalismo español que no fue profeta en su tierra, como él mismo decía:

Había contraído méritos bastantes para haber sido fusilado por los unos y los otros.

Así me encontré, entre el ostracismo y la dispersión del tipo de documentos que necesitaba para crear un marco histórico para mi personaje, con serias dificultades para acometer mi propósito. No obstante, siempre he tenido suerte. Por mi afición a buscar libros de segunda mano, como ya te he comentado, y que la figura del periodista esta siendo reivindicada no solo en las facultades de periodismo, sino en las de historia, he logrado encontrar reediciones y estudios con los que me voy haciendo de un pequeño fondo bibliográfico que prometo ir ampliando.

Mi idea era haber empezado con La República y sus enemigos, reeditado por Almuzara, pero estaba fuera de stock. Al final tiré de Iberlibro, con lo que tardará unos 15 días en llegar, así que aproveché para ir a Cádiz capital a una de mis librerías de referencia, Quorum. Allí me avituallé para mi hambre de conocimiento, con lo que empezaré directamente con la recopilación de lo escrito durante la Guerra Civil española y que se titula A sangre y fuego. Precisamente su prólogo es algo que muchos docentes, historiadores y pensadores recomiendan que se debería leer en los los institutos para fomentar el debate entre los alumnos. De hecho, como he dicho, Nogales se introdujo en mi vida de manera simultanea por varios frentes y cuando un acontecimiento se repite dos veces tiendo a hacerle caso. Uno de los frentes fue la recomendación por parte de Pérez-Reverte del prólogo comentado para su debate entre los estudiantes. Os dejo el enlace porque no tiene ni una miga de desperdicio, sobre todo viendo el mundo en el que estamos viviendo. De hecho te voy a poner el inicio para que te hagas una idea.

Yo era eso que los sociólogos llaman un «pequeño burgués liberal», ciudadano de una república democrática y parlamentaria. Trabajador intelectual al servicio de la industria regida por una burguesía capitalista heredera inmediata de la aristocracia terrateniente, que en mi país había monopolizado tradicionalmente los medios de producción y de cambio —como dicen los marxistas—, ganaba mi pan y mi libertad con una relativa holgura confeccionando periódicos y escribiendo artículos, reportajes, biografías, cuentos y novelas, con los que me hacía la ilusión de avivar el espíritu de mis compatriotas y suscitar en ellos el interés por los grandes temas de nuestro tiempo. Cuando iba a Moscú y al regreso contaba que los obreros rusos viven mal y soportan una dictadura que se hacen la ilusión de ejercer, mi patrón me felicitaba y me daba cariñosas palmaditas en la espalda. Cuando al regreso de Roma aseguraba que el fascismo no ha aumentado en un gramo la ración de pan del italiano, ni ha sabido acrecentar el acervo de sus valores morales, mi patrón no se mostraba tan satisfecho de mí ni creía que yo fuese realmente un buen periodista; pero a fin de cuentas, a costa de buenas y malas caras, de elogios y censuras, yo iba sacando adelante mi verdad de intelectual liberal, ciudadano de una república democrática y parlamentaria.

Este hubiera sido, por ejemplo, un buen inicio para organizar un debate con el que celebrar ese 14 de abril que preparó mi profesor, incluso haciéndolo en el bar, y con ello crear ese precedente. En cualquier caso, no pudo ser.

No tengas miedo. La estructura del libro se apoya en nueve relatos sobre la  Guerra Civil española, escritos  en 1937 y publicado en Chile, siendo uno de los primeros ejemplos de la literatura testimonio, un género del que seguramente habrás oído hablar poco. Los relatos que componen este libro están considerados por muchos expertos como lo mejor que se ha escrito en España sobre la Guerra Civil y retratan distintos sucesos que el autor conoció directamente. Precisamente, lo bueno de este autor es que su forma de escribir es para el gran público, para eso es periodista, y con ello hechos o periodos de la historia que se te pudieron hacer farragosos en otro momento ahora te podrás acercar a ellos disfrutando de la lectura.

Otra obra que adquirí fue Crónicas de la alemania nazi, de 1933. En ella relata el viaje a la Alemania nazi con el objetivo de ofrecer a sus lectores del periódico Ahora -del que es redactor jefe y subdirector- un gran reportaje de «como se vive en los países de régimen fascista».

En trece artículos publicados en el mes de mayo, poco después del acceso de Hitler al poder y de la instauración del Tercer Reich, describe la militarización y nazificación de la sociedad, la preparación para la guerra o el funcionamiento de los campos de concentración de trabajadores voluntarios, entre otros muchos hechos. De ese periodo también destaco la entrevista que le hizo a Joseph Goebbels, ministro de Propaganda, algo que el alemán nunca le perdonó por la humillación que supusieron sus palabras y por lo que no dudó en enviarle a la Gestapo en su exilio en París tras salir de España durante la Guerra Civil. Tuvo suerte y cuando llamaron al timbre de su casa él ya estaba en Londres.

Como veis, Ginés, el personaje de mi historia, tiene su alter ego muy bien definido, aunque ahora me toca a mí el trabajo de perfilarlo y limitarlo. No se puede comer al resto de los personajes que lo acompañan, porque realmente la historia no es la suya. Él es el antagonista de Julia, una maestra que vivirá en primera persona esos convulsos años, junto con Carlos, el tercer amigo en discordia, también maestro. Con este triángulo intentaré acometer uno de mis próximos trabajos. ¿Cúando? No lo sé, la vida da muchas vueltas y lo que ahora es un proyecto lejano puede convertirse en algo fallido. Aun así, de momento, me mantengo pico y pala para sacarlo adelante, recomiendo los libros que me voy leyendo y voy ocupando mi mente con buenas lecturas que alimentan mis neuronas. La verdad, soy bastante sibarita.

mis lecturas

Matar a Fernando VII

Con este, título para iniciar la entrada de hoy, me da la sensación de que te estoy proponiendo algo delictivo aunque complicado de realizar. En realidad, si me conoces, sabes que utilizo palabras que impacten al inicio para crear espectación. De todos modos iré por partes.

Unas nuevas recomendaciones literarias

Ya ha pasado la primera semana de septiembre y me estoy viendo las fiestas de Halloween y la Navidad ahí a la vuelta de la esquina. El otoño, para mí, es un continuo rellenar mi agenda con fechas de compromisos y actividades varias. Unas que desarrollaré en la intimidad de mi casa y otras cara el público. Ahora mismo, tengo una gran cantidad de proyectos en marcha: ferias del libro, novelas que he acabado en esta primera semana y otras que entran en la cola de lectura y, todo trufado, no puede faltar mi referencia a la cocina, con un curso de seis meses de escritura creativa que implica no solo leer y estudiar, si no escribir, escribir y escribir, que es lo que me hacía falta.

Si eres de Cádiz y amas la historia no te la puedes perder y, si no eres de aquí, tampoco.

Justo empezando este més, de transición hacia el otoño, he acabado de leer la novela del compañero y autor David Fernández Fernández Matar a Fernando VII. Ha sido de lo mejor que he caído en mis manos este año, teniendo en cuenta la dificultad de desbancar a una de las autoras a las que me enfrenté, Han Kang, con La vegetariana. No son obras comparables, por muchos motivos que ahora no vienen al caso, pero sí en uno que, siendo desde luego bastante subjetivo, para mí es perfectamente válido: el buen sabor de boca que ambas obras me dejaron. Por ello las recomiendo para los lectores a los que les vaya eso de acercarse a géneros diferentes.

Tengo que confesarte que juego con ventaja ya que tengo el gusto de conocer al autor desde hace varios años, al ser compañero de la carrera, y que por ello tenemos un contacto directo. Así me pude permitir el lujo de preguntarle algunas curiosidades que me asaltaron durante la lectura y no, no fueron sobre la trama, sino sobre la estructura. Lo felicité dos veces, por lo bien trabajada que estaba la novela y por la corrección. Hoy en día es muy difícil encontrar, incluso en grandes editoriales, libros tan cuidados en todos sus aspectos que haga que tengamos entre manos una obra de calidad.

La historia se desarrolla desde el asedio de Cádiz por las tropas francesas hasta la muerte de Fernando VII. Unos 25 años en más de 500 páginas de las que no te quieres saltar ni una línea. Imagínate, en todo ese largo periodo de tiempo, la cantidad de personajes que el autor maneja. Lo hace con maestría, sobre todo con dos que me llamaron mucho la atención Lola y Blasina, que podría decir que son mis favoritos. ¿Por qué? Por la forma en la que los presenta y les da la voz. Porque esta es una novela histórica que tiene mucha enjundia. No es cuestión de coger a un personaje cualquiera y ponerlo en un periódo histórico lejano y que se las apañe como pueda, que al final acaba pareciéndose a Un yanki en la corte del rey Arturo, salvando las distancias, y hay veces que ni eso, debido a los anacronismos que trufan algunos folletines.

El escritor no se hace un Mark Twain. Aquí tenemos una novela sólida, con un vocabulario adecuado, si bien actualizado para fovorecer la lectura -no te asustes-, y una ambientación que si conoces Cádiz la recreas en tu mente y si no la conoces te dan muchas ganas de venir y recorrer los escenarios. Nos ambienta en la época y en la zona con toques propios de un escritor autóctono, recurriendo a los términos, quiebros y comentarios que un gaditano usa en la actualidad. En defiitiva, un autor que sabe lo que se hace.

No pienses que todo el argumento se centra en la ciudad gaditana, para nada. La historia va saltando, según las necesidades de la trama, a diversos escenarios que van desde Madrid, la sierra de Cádiz, Cuba o Rusia a Londres. Tampoco te quiero desvelar muchos detalles, que luego me acusan de hacer spoiler. Mover todos esos palos con sus respectivos platos girando y que no se te caiga ninguno requiere mucho esfuerzo y una visión general y amplia desde el inicio del proyecto. El autor me ha confesado que haber realizado su tesis doctoral, pese a no tener relación con el periodo de la novela, le ayudó a tener esa visión en conjunto una vez que tuvo toda la documentación en la mano. Aun así, saber equilibrar la parte de la documentación con la ficción para que el lector no se aburra y esté pendiente de todos los acontecimientos que se desarrollan no lo da el hecho de ser doctor en Historia. Ahí hay un amor y un gran cariño por la lectura y la escritura y, sobre todo, mucha exigencia para presentar una buena historia a los lectores, que al final somos los que tenemos la última palabra.

Me ha hecho gracia, porque justo cuando mi amigo David estaba ultimando los detalles de su trabajo, allá por el mes de abril, yo también estaba con Fernando VII. ¿Quién me lo iba a decir?

Sé que a muchas personas le parecerá exagerado, e incluso imagino que el autor se ruborizará cuando lea estas palabras, pero desde luego, para mí, no tiene nada que envidiar a Santiago Posteguillo, sobre todo siendo su primera publicación de este calibre. Firma otros trabajos anteriores, pero de ellos te hablaré en otro momento si encuentro un hueco en mi agenda. De él también adquirí su primera novela, Como grano de mostaza, que compagino con mi curso de escritura creativa y con otras lecturas, pues requiere un acercamiento más reposado ya que la historia se desarrolla en la España del siglo XVI y David Fernández utiliza, al ser una época más alejada, una sintaxis y una estructura narrativa que requieren un poco más de mi atención. Un recurso que me interesa analizar a fondo.

Yo soy las de disfrutar de la lectura y si devoro libros no es por competir en el ranking de mayor cantidad de lecturas de este año, sino porque tengo poco tiempo y quiero aprovecharlo al máximo. No obstante, jamás lo hago con prisas y prefiero releer un párrafo para no perder el sentido de la obra a apuntarme el tanto de un libro más en mi lista. Esta novela ya no está disponible en estos momentos, aún así, tuve la suerte de poder conseguirla. Seguramente el autor algún día volverá a reeditarla, por lo tanto me voy a esperar un poco y te la comentaré en cuanto salga de nuevo a la luz. Ya sabes que cuando adquiero la primera obra de un autor y la última es porque estoy muy interesada en su trayectoria y crecimiento. Este es uno de esos casos.

Como he comentado, en este mes ando también liada con un curso de escritura creativa que me va a tener leyendo y escribiendo los próximos meses, algo que me va a venir estupendamente. Ya he disfrutado de tres magníficas masterclass con autores que han hablado de sus libros y de su experiencia.

Uno de ellos ha sido Lorenzo Silva, del que ya había leído toda la saga de Bevilacqua y Chamorro, pero siempre es un gusto oirle hablar de su experiencia como escritor. En este caso el tema fue la novela histórica: cómo tratar a los personajes reales y los de ficción, los riesgos de las conjeturas, los dilemas éticos que surgen al manejar temas que para un lector desprevenido pueden llegar a pensar que son hechos reales y sus pequeños trucos en el día a día frente al folio en blanco. Más de una hora y media disfrutando y tomando apuntes.

Otra autora con la que hemos compartido rato de aprendizaje ha sido Marta Robles. Su exposición me ha animado a leer su primera incursión en la novela negra, A menos de cinco centímetros. Una trabajo que gustará a los amantes del género, aunque no es del tipo de trama que nos llega a sorprender. En mi caso, a mitad de la novela ya sabía quien era el asesino. Más bien la recomiendo porque se mueve dentro de los cánones habituales: detective amargado por una mochila complicada cuyo pasado llama a la puerta en un caso que empieza siendo de asesinato, continúa con un tema de infidelidad y se le suma un asunto de trata de personas. Todas se entretejen y ese será el hilo conductor que enlaza a la mayoría de los personajes.

Personalmente me dio, de momento, más satisfacción la saga de Lorenzo que esta novela de Marta, pero como ya sabes que no soy de las que me rinda a la primera, si un autor tiene calidad, no tardaré mucho en volver a comprarme en digital la siguiente aventura del detective Roures.

Tal vez puedas pensar que un curso de escritura no es necesario cuando ya tengo en mi haber tres novelas publicadas. Pues no, ya te digo yo que no. Que conste que lo inicié con muchas reticencias porque no son baratos si quieres op tara uno que tenga mediano prestigio, pero hay cosas que sé que por lo menos debes probarlas una vez en la vida para poder alabarlas o criticarlas. Además, no por apuntarte a uno vas a mejorar por arte de magia en tu faceta de escritor. Para lo que te va a servir seguro es para confirmar que te queda mucho camino por delante, pero también te va a ayudar a ver qué es lo que no debes hacer en el mundo de la escritura.

Cuando esté más avanzado te expondré un poco mis sensaciones y seguramente subiré a las redes algunos de los relatos que estoy escribiendo semana tras semana. Te hablaré de cómo optimizo este tipo de enseñanzas, lo que para mí tienen de negativo y lo beneficioso de todo este trabajo. De momento te dejo con un par de recomendaciones literarias que espero que te animes a leer ahora que llega el otoño y posiblemente pases más tiempo en casa.

artículo

Truco o trato: La inteligencia artificial

Un tema candente donde los haya. De hecho hace unos días aprovechando mi visita al Sound Series Festival, calebrado en Cádiz, asistí a un encuentro en el que se desarrolló el tema de la Inteligencia Artificial usada en la industria de las series. Junto a eso también se habló de los derechos de autor y los efectos que este tipo de tecnología podía suponer en el día a día de la vida de los creadores.

Entre los participantes disfruté de la presencia de Colman Gota, letrado de los servicios jurídicos de la SGAE; Guillermo Escalona, guionista y productor; Daniel Rubio Yagüe, profesor de la escuela de IA y Big Data. Toda la charla estuvo moderada por Rubén Gutiérrez, director de la Fundación SGAE.

Me encuentro con el corazón partío en semejante situación, porque soy muy amiga de las nuevas tecnologías aplicadas a nuestra vida cotidiana. Una forma de poner motorcitos para facilitar nuestro día a día. Pero claro, a nivel creatividad y tal como está la cosa, es normal que haya muchas críticas sobre el tema y ahí es dónde más dudas nos surgieron a los guionistas, escritores y dobladores que estábamos presentes, una vez que nos explicaron al nivel que está el tema de la IA en la actualidad.

Es cierto lo que dijo una amiga sobre esta nueva tecnología:

A ver cuándo hacen un taller de la cada vez menos frecuente inteligencia natural.

Carmen Moreno, Librería La Maga

Esto viene a colación por la necesidad de tener un claro conocimiento de cómo funciona este tipo de programas. Para empezar, hay que disponer de una serie de conocimientos, empezando por las ventajas y los inconvenientes que tiene, a la hora de que los creativos comiencen a usar esta tecnología en sus trabajos.

Las ventajas y los inconvenientes del uso de la Inteligencia Artificial

Ventajas:

  • Capacidad de análisis de datos

La IA puede analizar grandes cantidades de datos para encontrar patrones y tendencias. Esto puede ser útil para los creativos, ya que les permite identificar lo que funciona y lo que no en sus trabajos, y ajustar sus estrategias creativas en consecuencia.

  • Automatización de tareas repetitivas

La IA puede automatizar tareas repetitivas y más aburridas, lo que permite a los creativos centrarse en el trabajo más interesante y significativo. Podría ser una herramienta interesante para emplearla en las comunicaciones con sus clientes, por ejemplo.

  • Investigación de audiencias

La IA puede ser de gran utilidad a la hora de hacer una investigación previa antes de empezar a crear. Por ejemplo, a la hora de generar campañas publicitarias, podemos preguntarle a una IA sobre nuestro público objetivo y recibir información en cuestión de segundos.

En general, la Inteligencia Artificial nos puede ayudar a acortar las fases previas a cualquier creación y centrarnos en el desarrollo de nuestras ideas.

Inconvenientes:

  • Falta de originalidad

La IA puede generar contenido creativo automáticamente, pero a menudo carece de la originalidad y la innovación que solo pueden ser proporcionadas por un ser humano.

  • Falta de sensibilidad

La Inteligencia Artificial puede carecer de sensibilidad emocional y cultural, lo que puede resultar en un contenido insensible o inapropiado para una audiencia específica.

  • Incapacidad de autocrítica

Los mejores artistas son los que son capaces de evaluar su trabajo y encontrar posibles mejoras, para así poder seguir evolucionando. Las máquinas no están dotadas de esa percepción artística que permite a los creativos encontrar los matices que marcan la diferencia.

Cómo afecta la IA a los escritores

Si has reflexionado un poco en las breves ventajas que te he expuesto, habrás deducido que para los escritores la IA no es una herramienta que sea útil, aunque no me creas, si piensas que con ella tienes más facilidad para escribir una novela. Pero antes de profundizar en este tema, te voy a dar una serie de informaciones que te facilitaran la comprensión del tema.

Desde hace tiempo, la IA tiene en su base de datos toda la información que se encuentra en internet. Sí, tu libro, el mío, están ahí; nuestras fotos, estas opiniones que reflejo en mi blog, absolutamente todo está ya volcado en la memoria de estos programas. Algo confirmado por Daniel Rubio Yagüe, profesor de la escuela de IA y Big Data,con el que tuve el gusto de conversar sobre el tema. Si esa información no estuviera allí la IA no podría trabajar, pues su funcionamiento se basa en tener unas buenas fuentes de información y lo más completas posibles, para poder cruzar datos y crear lo que el usuario demande. ¿Qué ha ocurrido con eso? Os pongo un ejemplo. Para realizar la sinopsis de un libro, primero le tenemos que hacer una serie de preguntas lo más afinadas posible para que haga lo que le pedimos y no una lista de la compra. Para ello consultará desde, las obras clásicas que encajen en las cuestiones que le hemos hecho, hasta el artículo más peregrino que esté en su base de datos. Si queremos una sinopsis de novela romántica, por un suponer, buscará en Los puentes de Madison, pero también consultará los cientos de obras, llenos de errores y faltas, temas insustanciales y fallidos en su sintaxis, que muchos seudoautores han subido a las redes. Y no exagero. Nos comentaron que una empresa que ya tenía sus archivos con el volcado completo de información, al seguir volcando mucha de la mierda que hay en las redes, tuvieron que modificar el algoritmo porque cada vez que la Inteligencia Artificial utilizaba esas fuentes, bajaba su coeficiente intelectual, dicho para que nos entendamos todos, cada vez era más tonta.

Esa es la parte negativa, pero que tiene una solución, diríamos que fácil, aunque este término pueda ser relativo. Lo que está claro es que la información, si se recoge de malas fuentes, hace que la IA acabe haciendo mal su trabajo, que lo que ocurra es que baje su precisión y por lo tanto el rendimiento. De hecho, autores que compartimos nuestras experiencias confirmamos que los textos que surgen son cascarones vacios que no tienen alma, lo que he puesto más arriba: poco originales y sin sensibilidad.

¿Nos tenemos que preocupar los escritores por las IA?

Obviamente he leído, a lo largo de mi vida, libros poco originales e insustanciales, cuando todavía no existía la IA, por lo tanto en ese aspecto no me preocupo. Aunque se inunden los mercados con libros escritos de esta forma, los escritores no vamos a ser sustituidos de una forma tan sencilla. Solo que hay que adaptarse a los nuevos tiempos y sacarle partido, como se lo hemos sacado a otros programas y a la tecnología que nos rodea, aunque para eso tenemos que conocerla bien. Aquellas personas que tienen miedo a lo desconocido es porque no profundizan ni buscan entender y al final es una caza de brujas con su hoguera pertinente.

Un campo dónde se ha visto muy útil, de forma fehaciente, ha sido en hayazgo arqueológico. Se descubrió en 1752 la única biblioteca de la antiguedad, en una villa denominada Villa de los Papiros, en la ciudad de Herculano. Entenderás que la biblioteca tenga una gran importancia tanto a los ojos de los arqueólogos como de los clasicistas. La exposición al gas volcánico y la ceniza significó que los rollos se convirtieron en bultos cilíndricos carbonizados. De hecho, los papiros se confundieron inicialmente con trozos de carbón o troncos quemados y su valor solo se reconoció más tarde. Este estado los preservó de manera efectiva, aunque al mismo tiempo, los hizo extremadamente difíciles de desenrollar.

Se inventó incluso un «dispositivo de desenrollado», específicamente para desenredar estos papiros. Aunque el dispositivo logró su objetivo, siguieron siendo frágiles y el proceso llevó mucho tiempo. El primer pergamino tardó cuatro años en desenredarse. Para su lectura se han utilizado técnicas como los rayos x, pero es un proceso muy lento, hasta la llegada de la IA, que todo cambió. Te dejo un video sobre el proceso para que veas lo apasionante del proceso. https://youtu.be/QBc4oF7QU2o

Una vez desenrollado el pergamino solo es cuestión de poner a la IA a trabajar usando sus conocimientos de textos antiguos ya traducidos. Tardará su tiempo pero va a ser un proceso mucho más rápido que el convencional que se estaba utilizando hasta ahora.

¿Dónde está el peligro en la IA?

¿Recuerdas la huelga de guionistas de cine que hubo hace unos meses en Hollywood? Si no es así te dejo un enlace para que conozcas los antecedentes del tema que hablo. https://www.eldiario.es/cultura/cine/huelga-guionistas-hollywood-logros-causas-pendientes_1_10548658.html

Obviamente los guionistas no estaban dispuestos a ser sustituidos por IA y sobre todo, si esa IA es utilizada, había que tener claro a quién pertenecían los derechos de autor.

El caso es que si el asunto de los guiones ha supuesto una piedra de toque, pisándole los talones viene el tema de los doblejes y de las imagenes. Con la IA se puede poner la voz de los actores e incluso su cara y su cuerpo y rodar una película virtual. Pero para colmo de males, es que en España existen los profesionales del doblaje. Por lo tanto no nos extrañe que pronto oigamos ruidos de sables dentro de estos profesionales ya que no están dispuestos a que sus voces sean capturadas por la IA y utilizadas en los doblajes de las películas.

¿Qué te quiero decir con esto? Sobre todo que, para los buenos profesionales de las letras, los que quieren tener un buen producto, bien corregido, con alma y con sentido, la IA será una herramienta más como puede serlo un corrector automático de texto, pero que no será el fin para escribir una novela. Para aquellos que plagian novelas, cogiendo aquí y allá, textos o, incluso, hacen trampas recopilando obras en otros idiomas, para traducirlas y luego se las adjudican, la AI será su nueva fuente para seguir engañando a los lectores, pero no a cualquier lector, sino a aquellos que no buscan calidad.

Hoy os presento mi lectura semanal. No siempre tendré esta opción de poderos recomendar algo que haya leído, porque todo va a depender de mi tiempo, pero hoy que puedo, aprovecho. Se trata de la novela de Juan Daza, El misterio del hombre que follaba bien.

Para vivir más de una vida hay que saltarse las normas.

Hay quien, como Ana Taro, se toma la vida como un juego, quien, como Federico Valdepila, se la toma muy en serio y quien, como Julián el bibliotecario, está hasta los huevos de ella. Tan dispares personalidades tendrán que aunar esfuerzos para investigar la vida oculta de un agricultor fallecido un año antes. Sus indagaciones les llevarán, de sorpresa en sorpresa, por una irreverente trayectoria salpicada de intriga, sexo, humor y violencia, hasta descubrir el asombroso secreto que celosamente guardaba el difunto labrador.

Una novela que me ha resultado muy entretenida. Conozco las localizaciones, ya que el autor es de Burgos y la mayor parte de su novela se desarrolla en un pueblo llamado San Martín de Rubiales, entre Peñafiel y Roa. Aunque la investigación nos lleve a otros lugares más alejados, ahí se inicia esta historia. Como novela de ficción, tiene algunos puntos que considero reiterativos, pero se pueden perdonar, porque es una manera de darle un toque de humor a una trama que, a veces, tiene su puntito de sadismo de la mano de la policía de turno, Ana Taro. Una investigadora que tiene unas formas nada convencionales de realizar su trabajo. Pero la historia no es del todo inverosimil y que maten por lo que lo hacen en la trama es lo más normal. El hilo conductor es la belleza y el sexo y cómo se asesina por mantener ambos en la vida de los personajes que serán investigados.

El único inconveniente de este libro es que no podrás tenerlo en digital pero tuve la suerte de conseguirlo asistiendo a una presentación del autor, por lo que lo tengo dedicado. Ya tiene en su haber otra novela, donde el peso de la investigación lo lleva la misma policía y puede que me anime a buscarla, La venganza del hombre que no estaba.

La novela la englobaría en la tendencia de los autores de escribir sus tramas moviéndose en el entorno que conocen. En este caso, al ser Juan Daza de Burgos, es en una localidad próxima dónde veremos que se desarrolla la mayor parte de la acción.

Te animo a que busques, en los autores de tu localidad, tu género favorito y aproveches para conocerlos. Eso mismo hice yo con los autores de novela policiaca y thriller y estoy encantada con mi decisión. Cuando viajo fuera suelo ir a alguna librería, y pregunto por esos escritores, llevándome conmigo unos trabajos muy interesantes.

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007: El agente literario

¿Qué es un agente literario?

De momento, se puede pensar que es alguien tan esquivo, misterioso o inaccesible como un agente del MI6 o, lo que es lo mismo, un James Bond en toda regla, y tal vez no andemos muy equivocados con esa imagen. Vamos a tratar de desentrañar a esta figura dentro del mundo literario y desarrollar qué función tiene.

Cuando hablamos de personas relacionadas con los escritores siempre pensamos en el corrector/a, editor/a, maquetador/a y portadista. Los tenemos asumidos como elementos indispensables para la gestión de nuestra novela, sobre todo si queremos que tenga la calidad que hoy en día se debería de demandar y presentar para este tipo de publicaciones. Pero hay otro elemento fundamental para la gestión de nuestro trabajo y que hoy voy a presentarte. Se trata del agente literario.

Copiando la definición de la RAE, puedo decir que es: Un representante del escritor/a que vela por sus intereses, que busca la mejor oferta de las editoriales para vender su libro, que asesora y aconseja a su autor/a y que actúa de intermediario entre su representado/a y la editorial.

Un escritor es un artista, por lo tanto, es posible que necesite a alguien que le represente y gestione todo lo relacionado con su trabajo. Así lo único que tendrá que hacer es escribir, siendo lo ideal hacerlo a tiempo completo, algo que ocurre muy pocas veces. Con lo que se hace muy cuesta arriba tener que estar pensando, al mismo tiempo, en cómo promocionar tu libro, a qué eventos acudir, con qué medios de prensa contactar, etc. Lo que te lleva a perder un tiempo muy valioso si no sabes cómo organizar esa parte tan importante para darte a conocer y que podrías dedicar con exclusividad a la escritura.

Como cualquier profesional que se contrate, tiene sus ventajas e inconvenientes. Hoy en día en un mundo en el que prima el «Juan Palomo, yo me lo guiso, yo me lo como», el tener un agente literario puede ser considerado como algo inútil, sobre todo para aquellos escritores que, ya de por sí, consideran que no necesitan ni un corrector ni un editor, pues ellos se bastan solos. En este caso, este artículo no es para este tipo de autor o autora y, por lo tanto, no hace falta que siga leyendo.

Siguiendo con el hilo de los pros y contras que tiene este profesonal, voy a de desarrollar una lista de motivos por las que considero que es importante que entre en nuestras vidas.

  • Tienen contactos en el mundo literario y si tu obra tiene opciones saben donde presentarla.
  • No cobran por adelantado, sino un porcentaje que ronda el 10% y el 20% del beneficio del autor, pero por el trabajo que hacen está bien merecido, ya os lo digo yo que sé de contactos y de promociones.
  • Es un consejero, asesor y acompañante para todos aquellos eventos que pueda gestionar con la editorial u otros organismos. Un mundo en el que muchos nos movemos como patos fuera del agua.
  •  Recomienda a los autores ir por un camino u otro, basándose en su experiencia y el “olfato” del sector que debe de conocer a fondo y tener oido para saber cuando y dónde debe de estar el autor que representa.
  • Realiza informes de lectura que pueden ayudar a los autores a mejorar sus obras. No pienses que es solo por condicionarte. Sabe lo que se está vendiendo en el mercado y si con ligeras modificaciones puede lograr que llames la atención en el mundo editorial puede valer la pena oir estas sugerencias. Siempre estás a tiempo de decir que no o aportar tu propia visión.
  • Suele gestionar los derechos audiovisuales de una obra. Y le interesará lo mejor para ti puesto que también será lo mejor para su trabajo.
  • Sirve como aval de tu obra, como garantía de calidad ante una editorial.

Ahora vamos a ver algunos de los inconvenientes que tiene su función:

  • Tendrás que intentar que se interesen por ti como ocurre con una editorial.
  • Cobrará cuando tu obra entre en la órbita de una editorial y se publique, si esto ocurra, lo hará través de un porcentaje de los beneficios.
  • Tardan entre dos y tres meses en dar una respuesta.
  • No vale cualquiera, tienes que buscar la que trabaje con el género literario que tú escribas.
  • Pueden condicionarte para que escribas un determinado tipo de novela.
  • Solo les interesa literatura muy comercial.

¿Cómo elegir a un agente literario?

Consejos para elegir a nuestro agente literario:

  • Investiga la web, redes y los contenidos que presenta la propia agencia editorial, así puedes medir un poco como está posicionada su marca. No tienes que indagar exclusivamente a las más grandes o las que tienen las mejores valoraciones (aspecto que puede ser positivo). Lo ideal es que evalúes el tipo de contenido que presentan en redes sobre sí mismos y lo que va de la mano de su marca. Qué otros autores representa y como es su impacto mediático.
  • Identifica si muestran requisitos o exigencias para el tipo de contenido literario con el que trabajan; si llega a diferir de tu estilo e igualmente quieres enviarles tu trabajo, porque te gustan, al menos puedes presentarte de una manera mejor elaborada. Ahí tienes que volcarte en tener una buena puesta en valor, que llame la atención lo suficiente como para que el agente decida representarte, no siendo un género con el que trabaje la agencia.
  • Prepara una carta de presentación en la que cuentes un poco de tu perfil y de la obra que te interesaría promover. Incluye el porqué consideras que tu obra puede ser interesante para la agencia y que la hace diferente a otras del mismo género y por lo tanto suceptible de ser representada.
  • A veces te pedirán una sinopsis completa de la obra en la que harás algo intermedio entre la sinopsis de la contraportada y un resumen. Preséntala con la idea de que el agente tenga interés en leer la oba completa. Nunca más de dos páginas y céntrate en los hechos de la trama y no tanto en los personajes o localizaciones.
  • Una vez que te respondan, estudia a fondo lo que te ofrecen, no te lances a aceptar cualquier propuesta. Date cuenta que con tu agente tendrás a veces más relación que con tu familia.
  • En caso de que te animes es recomendable perfeccionar todos los detalles de estilo de tu obra antes de enviarla, puedes optar por una corrección profesional o un informe de lectura. Eso mejorará su calidad.
  • Lee bien las instrucciones antes de mandar el manuscrito, de la misma forma que hay que leer las normas para mandar tu trabajo a un concurso.
  • NO envíes tu manuscrito, salvo que en la web o la información facilitada por aquellas así lo indique expresamente. Envía por correo electrónico una carta de presentación y una propuesta editorial. 

Ten en cuenta que las agencias literarias reciben muchos manuscritos y han de leerlos y valorarlos, por lo tanto, necesitan cierto margen para dar una contestación más allá de un sí o un no vamos a representarte. Si esta respuesta se demorase más allá de un par de meses, puede ser interesante contactar de nuevo, enviarles un breve correo averiguando si acogieron la propuesta correctamente.

Como ves puede ser muy útil tener un agente literario en tu vida, pero claro, para eso tienes que tener en cuenta que tu novela debe tener unas características que la distingan un poco de lo habitual, aun siendo comercial, porque todo el mundo quiere ganar dinero. Desde mi opinión, vale la pena contactar un buen agente literario, porque a la hora de moverse y repartir beneficios, si vendes muchos libros, entenderás que compensa pagarle ese aproximadamente 20% de tus beneficios.

Pero sobre todo, no se te olvide que un agente hace una inversión en ti y en tu obra que recuperará  a través de las comisiones pactadas solamente cuando consiga rentabilizarla (nunca antes). No te fies de aquellas que se llaman agencias y cobran por adelantado.

Los agentes suelen ofrecer a sus representados un contrato estándar que pueden ser:

Contrato global: En este caso, representa al autor para todas sus obras, en todo el mundo y por un periodo de tiempo acordado y eso no suele ser habitual en los inicios de la relación entre un agente y un escritor.

Contrato por manuscrito: Aquí, el agente representa al autor para un determinado manuscrito. Es el contrato que suele ofrecerse habitualmente a un autor novel y es prorrogable según los intereses de ambos. A mí es el tipo de contrato que más me gusta porque la efectividad no está reñida con la lógica. La vida de muchas vueltas y nada es inamovible.

Espero que esta entrada te sirva para tener claro lo que puede dar de sí y ser algo útil el poner a este tipo de profesional en tu vida.

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Informe de lectura y editing

¿Cuál es mi experiencia sobre el tema?

Llevo tres libros publicados y en camino del cuarto por lo que ambos términos me son muy familiares desde el minuto uno en el que decido sacar a la luz una nueva obra. Debe ser que tengo la suerte de pertenecer a una editorial, Kaizen Editores, en el que estas palabras son muy utilizadas en su metodología a la hora de trabajar con los proyectos de sus autores y por lo tanto no me son ajenas. Por eso te voy a contar mi experiencia con estas dinámicas de trabajo, aunque tal vez debería ponerte en antecedentes y explicar que muchas de las palabras que a veces pensamos que significan lo mismo en el mundo editorial en realidad tienen funciones que las diferencian. Espero que tengas paciencia porque esa es la madre del saber y de la ciencia

Informe de lectura versus lector 0

Un informe de lectura no es incompatible con la lectura de nuestro trabajo por parte de uno o varios lectores 0 pero hay que tener en cuenta que no es lo mismo. Os voy a explicar que significan esas palabras, cuales son sus funciones y por qué pueden convivir los dos dentro del proceso de valoración de un manuscrito.

Informe de lectura

Un informe de lectura es el resumen y análisis detallado de un libro, que hace un lector por encargo de una editorial y que sirve al editor para saber de qué trata la obra y si tiene calidad suficiente para considerar su publicación. Pero ojo, no es un lector cualquiera, es un lector que tiene un gran bagaje cultural, información literaria, debe tener un criterio y una formación mas alla del mero, me gusta o no me gusta, es maravilloso o una historia de fácil lectura.

Es una herramienta fundamental en el mundo de la edición. Debido a la falta de tiempo, para un editor es vital tener lectores de confianza que lean los libros que recibe y hagan informes.Si un informe es muy positivo, se encarga una segunda lectura a un lector diferente.

En caso de que el segundo informe también sea favorable, lo leerá alguien de la editorial para valorar su publicación.

Un informe debe tener varios apartados importantes:

Apartados que debe tener un informe de lectura

  1. Datos
  2. Descripción del contenido y resumen de la trama
  3. Estructura, estilo y personajes
  4. Información sobre el autor
  5. Opinión personal
  6. Valoración literaria
  7. Valoración comercial
  8. Posibles dificultades de traducción o adaptación, si está en otro idioma
  9. Comparación con otros libros en el mercado
  10. Posibilidades de promoción

Como puedes ver no son pasos carentes de importancia, por lo tanto hablamos de una lectura profesional de un libro que no tiene nada que ver con lo que un lector 0 puede llegar a hacer. Es cierto que hay ciertos lectores 0 que tienen la capacidad de darnos una visión acerca de ciertos errores de nuestros libros que nos pueden venir bien a la hora de publicarlos pero no es algo profesional, que es de lo que estamos hablando, puesto que ya entran aspectos como una valoración comercial, comparación con otros libros del mercado y una valoración literaria que no todos los lectores 0 pueden llegar a tener en cuenta puesto que no conocen el mercado literario hasta ese nivel. ¿Eso es malo? No, para nada, pero no mezclemos churras con merinas. En mi caso cuando entregué mi primera novela a la editorial Kaizen me hicieron ese informe en varios folios que me vino bien a la hora de retomar la corrección necesaria para su verdadera puesta punto y que sigo pidiendo para todas mis novelas antes de que entren en el circuito comercial. Ahora mismo me lo suelen hacer agentes externos por eso de que cuanto menos me conozca el ejecutor del informe más sincero será. Mi madre y mis mejores amigos no me valen para este tipo de despiada crítica constructiva.

Editing

¿Sábes cuantos tipos de editores exiten?

Lo cierto es que varios y no tienen nada que ver unos con otros en cuanto a sus funciones aunque pueden juntarse todos en la misma persona. Vamos a empezar por el más sencillo de entender en cuanto a su trabajo dentro del mundo editorial

Editor de adquisiciones – Director editorial

La función principal de este editor es contratar o “comprar” derechos de obras y obtener contratos editoriales firmados por parte de los autores o sus agentes literarios.

Es quien investiga y busca posibles obras para ser publicadas por la editorial para la que trabaja. Es quien negocia, quien visita las ferias de libros, quien se reúne con agentes literarios, contacta autores e idea libros por encargo. Es quien va organizando los contratos según el catálogo o la linea de la editorial, porque hay editoriales que tienen una sola linea de publicación o tiene varias: novelas históricas, románticas, fantasía, etc.

También es el editor con un perfil más ejecutivo y empresarial, con mucha libertad de acción dentro de la empresa editorial. De su criterio empresarial, su sagacidad en detectar autores que vendan libros y su capacidad de negociación depende el funcionamiento y crecimiento de la editorial.

Editor de contenido – Editor de mesa

Es el editor que trabaja con el texto de un autor. Es quien realiza el editing de un manuscrito antes de ser publicado. En inglés es el copy editor.

Es frecuente que esta labor se combine con la corrección de estilo. A veces, incluso, se lo confunde con el corrector ortotipográfico o con el corrector de pruebas o galeradas (proofreader).

Prefiero denominar a este tipo de editor como editor de contenido frente a editor de textos. La primera denominación es más amplia y trasciende al texto puro y duro.

Este es el editor con el que más he trabajado, es el que se ha sentado y se sigue sentando conmigo, y en un mano a mano leemos poco poco poco la novela para corregir párrafo a párrafo. Se puede considerar que es el nivel más profundo de intervención que puede necesitar un texto: es la corrección de concepto o contenido. Pero ojo, no corrige el estilo. Eso es algo personal que cada autor tiene practicamente desde el minuto uno de ponerse a escribir otra cosa es corregir la sintaxis que es otro aspecto muy importante y que muchos autores confunden con intervención en el estilo y no es así.

El editing no se detiene en los aspectos formales y expresivos del texto (que se revisarán durante la corrección de estilo y ortotipográfica) sino en la composición del texto y su eficacia a la hora de transmitir la historia al lector. A veces hay lagunas, huecos, incoherencias, escenas cojas, que necesitan una corrección y será este editor el que se encargará de hacerlo. En los libros de ficción el editing supone una revisión que profundiza en el contenido y los componentes de la trama: ritmo, personajes, escenas, nudos y giros de la trama… El editor literario encargado del editing detecta y valora los posibles errores de fondo, al igual que hace el lector profesional en los informes de lectura, pero, a diferencia de este, el editor sí propone soluciones concretas para mejorar la novela porque tiene un conocimiento de la técnica de la que carece el lector profesional. El editor literario trabaja a menudo directamente sobre el texto del autor, detectando problemas concretos de la trama y sugiriendo soluciones para reforzar los aspectos positivos de la novela y mejorar tu técnica narrativa. Pero ojo no va a tocar nuestro estilo, solo toca aquellos errores relacionados con la trama y su estructura que supongan hilos mal tranzados en nuestra narración.

Editor-Propietario de la editorial

A veces todas las figuras nombradas anteriormente coinciden pero eso ocurre en las editoriales pequeñas, en las grandes puedes llegar a ser diferentes personas puesto que tienen todos distintas funciones y en este caso nos referimos al propietario de la editorial, que en realidad es un inversor, incluso tal vez no tenga idea de lo que es la edición y publicación de libros, ya que se limita a facilitar los medios de financiación de la editorial (con el ojo puesto en los resultados, claro está).

El idioma inglés cuenta con dos palabras distintas para denominar a uno y otro: editor y publisher. Pero en castellano no contamos más que con la expresión editor para referirnos a ambos.

Editor de proyecto-Coordinador editorial

Es quien supervisa todas las etapas de producción de un libro y se asegura que los procesos sean cumplimentados en tiempo y forma. En el sector editorial, es el perfil que conocemos como coordinador editorial. Es el tipo de editor que trata a diario con el autor, el que solicita presupuestos a los posibles colaboradores que intervienen en la edición de la publicación y a las imprentas.

También es el perfil de editor que se encarga de que cada uno de los procesos se realicen en el tiempo y la forma pactados. Este tipo de editor, aunque no ejecute algunos de los servicios editoriales que coordina, debe conocerlos lo suficiente para velar por la calidad de estos. Debe tener suficiente formación para saber que los servicios que efectúan otros profesionales están ejecutados de manera adecuada. Ya que por mucho que nosotros como autores sepamos de maquetación, portadas o corrección no llegamos a saber del todo porque no somos profesionales en estos campos y muchas veces este editor es el encargado de coordinar el amplio abanico de procesos hasta sacar el libro, a la vez que lo hace con la imprenta, y procura que los tiempos establecidos se lleven a cabo.

Editor digital

Es un perfil que tímidamente comienza a aparecer y que considero cada vez más necesario. Es un editor que posee formación en el sector editorial tradicional, pero que además piensa en clave digital. Un perfil que analiza cómo el mundo del libro puede imbricarse con el digital y a la inversa. Para poder realizar lo anterior, tiene que conocer al dedillo cuestiones como los formatos de libros electrónicos. Además, temas como HTML, XML y JDF; funcionamiento de redes sociales, blogs y páginas web, etc.

Editor técnico

En según qué ámbitos, se suele llamar editor técnico al maquetador, maquetista o componedor. Tal vez no sea una figura que en la actualidad se tenga muy en cuenta en las editoriales que conocemos, pero básicamente porque muchos de los editores que he comentado se encuentran representados en la misma figura dentro de la editorial y no conoces las atribuciones que cada uno de ellos tiene.

Desde luego para mí son todas ellas importantes porque la mayoria de los autores que conozco, incluyéndome en esta lista, como mucho sabemos volcar historias en nuestros ordenadores o folios pero necesitamos una visión externa que nos valores la viabilidad de nuestra historia y nos ayude a pulirla, darle brillo y explendor. Por mucho que pensemos que escribimos bien, o que esa es nuestra forma de escribir y que es perfectamente válida, en realidad cometemos el error del principiante de creernos que somos lo mas y sabemos mucho. Ser escritor a nivel profesional es algo muy serio, que requiere como otra profesion el consejo y el buen hacer de otros profesionales que encaucen nuestra carrera y, al igual, que para ser chef hay que ir a una escuela o para ser arquitecto a una universidad y que debemos dejarnos guiar por quienes aprendieron antes que nosotros, en el caso del escritor debe ser igual.

Un editor no cambia nuestro estilo, igual que un médico cuando nos trata no cambia nuestra genética, somos lo que somos pero un buen editor lo que hace es mejorar lo bueno que ya tenenos y ponerlo todo en orden y concierto para que tengamos éxito a la hora de publicar. Quién piense que no necesita de estos profesionales o peca de ego o de desconocimiento y eso a la larga se paga en cualquier profesión, no solo en el mundo de la escritura y luego llegan los lamentos de que no se vende. Es cierto que ultimamente algunos autores se quejan de que hay editores que les modifican y suprimen partes de sus textos sin consultar y si eso es así es que están trabajando solo desde el punto de vista comercial. Entiendo que no todo el mundo puede ser considerado buen profesional pero hasta la fecha no me he encontrado con ese tipo de caso muy a menudo. Un editor, sea cual sea, debe de argumentar el cambio y este debe ser aceptado por el autor.

Que conste que aquí no he hablado del corrector ortotipográfico que no tiene nada que ver con la edición en sí, es otro apartado diferente. Se puede tener tener un libro correctamente corregido a nivel ortotipográfico pero en cuanto a la edición ser un auténtico desastre y de eso he visto muchos ejemplos a lo largo de mi vida de lectora lo que ha sido una pena. Entiendo que publicar es caro pero si queremos tener buenos trabajos es algo que tenemos que tener en cuenta y no escatimar en esfuerzos. Sobre todo porque eso queda ahi por los siglos de los siglos y no todas las publicaciones pasan bien el trascurrir del tiempo. Es normal que los primeros libros que publiquemos no sean perfectos por falta de experiencia pero si eso ocurre libro tras libro tendremos un problema. Por lo tanto no pienses que utilizar unos buenos servicios editoriales seas autopublicado o no es algo que te va a modificar tu forma de escribir, más bien todo lo contrario, en la mayor parte de los casos es un dinero muy bien invertido.

Tertulia

Una de mis tertulias

Entre vinos y libros

Hace unas semanas estuve en una tertulia con mi amiga y periodista Amparo Bou. En ella disfrutamos, largo y tendido, hablando sobre la importancia que le doy en mis tramas a la descripción usando los olores y sabores. Se desarrolló en Algarve Libros, mi librería de referencia en Jerez de la Frontera, y gracias a la acogida de su dueña, la escritora Margarita Lozano, nos quedamos con ganas de más. Hoy he pensado poneros la entrevista al completo y ya vosotros, queridos lectores y lectoras, juzgueis si fue o no interesante.

Proximamente subiré la que se realizó el día 8 de marzo con motivo de la celebración del día Internacional de la Mujer. Espero que disfrutéis mientras de este buen rato. Nos vemos en las redes.

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El clímax

Cuando se inicia una historia, sea en una narración de ficción sea en la vida real, siempre se llega a un punto en el que el personaje o la persona llega al límite de cualquier situación que el día a día nos lo plantea. A partir de ahí todo puede ir cuesta abajo y rodado, para bien o para mal, hasta llegar el final de la historia. Las personas lo sufrimos desde el amanecer hasta que volvemos a la tranquilidad de nuestros dormitorios en una continua vorágine de cambios, saltos, rectificaciones, etc, que hacen que cada jornada sea distinta y nunca sepamos lo que ese día a día nos depara. En una novela, que es el formato narrativo que trabajo, es algo relativamente más sencillo porque se supone que el autor es el que lleva la batuta para que los personajes lleguen a este punto al que se denomina: clímax

¿Qué se denomina clímax en una narración?

Se denomina así al punto de mayor intensidad o fuerza en una serie creciente, siendo su punto más alto.
De todas maneras, la palabra clímax tiene diversos usos dependiendo del contexto en el cual se la emplee, aunque vamos a centrarnos en el de la estructura de una narración, el otro lo dejamos para las novelas eróticas.

Para la narratología, que es aquella disciplina que se ocupa de estudiar los elementos fundamentales de la narración, el clímax es el momento en el cual una trama, una obra, alcanza su punto más álgido, de más alta tensión; generalmente, se sitúa en el desenlace de la obra en cuestión, aunque esto no resulta ser siempre así ya que puede darse en el medio de la narración, para luego presentar las consecuencias que el clímax ha originado en cada uno de los personajes. En tanto, el opuesto al clímax es el anticlímax, aquel momento de tensión creciente pero que se resuelve sin que se produzca un aumento final de la tensión, por ejemplo, cuando un conflicto violento se resuelve de pronto pacíficamente. En mi caso suele ser habitual comenzar mis novelas con un clímax que ponga el lector en una situación de alerta y tensión y que le incite a tener interes en seguir leyendo el origen de esa situación con la que inicio la historia. Cada autor tiene su estilo o su forma de afrontar el inicio de una trama y marca las pautas para llegar al clímax, pero es cierto que como cualquier proyecto debe tener un esquema que facilite el trabajo.

Un ejemplo lo podéis leer en mi primera novela Siempre Juntos. Momento en el que se produce el punto de inflexión en la vida de la protagonista y que nos abre el camino para la segunda parte de la novela Confianza Ciega:

«Y ella, ¿cómo está? —preguntó, viendo como James me tomaba el pulso y me abría la ropa.

—Mal. Creo que tiene una hemorragia interna por los golpes. Voy a llamar a un helicóptero medicalizado para que nos evacúen a todos. Me iré con vosotros, mis hombres y los de Ibrahím harán la limpieza.

A partir de ahí, todo lo que recuerdo fue como entre una niebla y unas veces más o menos consciente. Me subieron a un helicóptero; James, aparte de dar órdenes a diestro y siniestro, me decía venga, lucha, no nos dejes. Durante un rato todo volvió a ser oscuro; luego, una ambulancia, un hospital, el pasillo, un quirófano, la voz de Ari diciéndome te quiero, sus labios y, finalmente, la imagen de James poniéndome la mascarilla para los tubos de la anestesia y su voz: siempre estaré contigo, vuelve.

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Fragmento de Siempre Juntos de Gaby Taylor

Pero, como he comentado, para llegar hasta este punto primero hay que tener en cuenta que tipo de narración vamos a usar en el desarrollo de nuestra trama. Hay varios tipos:

1. Narrativa lineal: es la que más común que nos vamos a encontrar y se basa en contar los acontecimientos en orden cronológico. La mayoría de películas y videojuegos tienen esta estructura, en la que no hay saltos temporales ni anacronías.

2. Narrativa no lineal: el orden en que se nos cuenta la historia no es el orden en el que ocurre. El narrador (o narradores) van dando saltos hasta componer la historia completa. vamos descubriendo la historia con saltos en el tiempo hacia el pasado (flashback) o hacia el futuro (flashforward). Si los viajes son hacia el pasado, también se les llama Retrospectiva. Hacia el futuro, serían Anticipaciones

3. Narrativa inversa: La historia comienza por el final, y va avanzando hacia el principio. Es una estructura compleja tanto para un escritor, como para un lector. Pero si se hace bien, es un tipo de narración que impulsa la historia a otro nivel.

4. Narrativa desordenada o antiestructura: Cortázar y su Rayuela son el gran exponente de esta estructura que no tiene ni principio, ni final, ni un orden determinado. El libro está compuesto por capítulos que pueden leerse de principio a fin (de manera cronológica), del revés (empezando por el final) o en un orden aleatorio.

5. Narrativa sin final La estructura narrativa sin final es la historia que no acaba, que nos deja con un final abierto. Podemos dejar el conflicto principal solucionado, pero no cerrar todos los hilos o, por lo contrario, cerrar algunos hilos pero no la historia principal. Las estructuras narrativas sin final nos dejan con interrogantes y pueden dar paso a una segunda parte o, simplemente, a una reflexión por parte del lector.

6. Narrativa circular: sigue los mismos patrones de la novela lineal, con la excepción de que coinciden el final y el principio. La historia acaba igual que empieza

7. Narrativa de los vasos comunicantes: Esto implica que la culminación de la historia se irá escribiendo justo en el momento en que los hechos ocurren; tal como si fuese la vida misma. El encuentro entre las líneas paralelas que representan al lector y su lectura, muestran un juego imaginativo doble, cuya expresión más insólita radica en el hecho de que al momento de la intersección, la historia empieza a repetirse letra por letra. Un ejemplo lo encontramos en Michael Ende y su Historia Interminable

8. Narrativa con Doble clímax: Una vez ha vencido al villano, aparece un supervillano, más poderoso, más peligroso, más fuerte. Una historia que, cuando parece que ha acabado, resurge de su historia y se relanza para seguir con la narración.

Por supuesto estos tipos en ocasiones se combinan, se mezclan y surgen obras geniales.

Una vez que tenemos claro que tipo de narrativa vamos a usar en nuestra novela es cuando debemos tener en cuenta como vamos a usar el climax, que es el empujón para que el lector llegue al final de la historia. Es cierto que cada capítulo de una novela debe de tener unos pequeños clímax que vayan abriendo y cerrando puertas para pasar al siguiente capítulo, pero siempre hay que tener en mente el gran punto de inflexión que nos lleva al desenlace, tal como lo dice, el punto más álgido de tu historia, el punto más fuerte o el punto más importante después del cuerpo o nudo. Es donde las cosas o se arreglan o terminan de romperse. Así, sencillo. Y eso nos lleva al final de la historia.

¿Cómo afecta el clímax a la narración?

Hay que tener en cuenta que en el clímax se contestan todas las preguntas que se han sembrado a lo largo de la historia. También se satisfacen todas las emociones implantadas en las lectoras. Esto es debido a que existen lectoras racionales y lectoras emocionales. La diferencia entre unas y otras es que las primeras leen para pensar, porque les gusta ejercitar las neuronas y las segundas leen para llorar, reír o asustarse. Por eso una misma novela puede tener varias interpretaciones, dependiendo de la clase de lectores que se acerque a ella. El tipo de satisfacción que obtienen de una misma obra es diferente y tú debes tratar de satisfacer a todos.

¿Qué tipos de clímax existen?

Un clímax narrativo que ofrezca un cambio total e irreversible, responda a todas las preguntas planteadas por la narración y satisfaga todas las emociones del público provocará un FINAL CERRADO

Un clímax narrativo que deje una pregunta o dos sin responder y alguna emoción sin satisfacer resultará en un FINAL ABIERTO.

Como ves, el tema de preparar un buen desenlace, casi desde el inicio de nuestra narración, es algo vital para poder realizar un buen desarrollo de toda la trama. Aunque no evita que mientras vayamos escribiendo vayan surgiendo cambios durante el camino. Por lo menos en mi caso soy afortunada porque cuando una historia salta en mi cabeza la suelo ver de principio a fin, y eso me facilita ir sentando las bases crear un buen clímax, que sea consecuente con todo lo que viene del inicio de la novela y que desemboque en un desenlace coherente y sin agujeros que demerezcan la novela. Esto se consigue con mucho tiempo dedicado al trabajo de la escritura y con formación, no es algo que diga que tengo ya superado y no es algo que surge de la nada de la noche a la mañana y por supuesto, no dudes de que nace de una lectura continuada de buena literatura. Por eso, tener el hábito de leer, es un consejo que siempre tengo en la boca para todos los escritores que inician su trayectoria.

sentimientos

Escribir bajo presión

¿Qué queremos expresar cuando hablamos de escribir bajo presión?

Trabajar bien bajo presión se trataría de la habilidad de mantener la coherencia y llevar a término las tareas en situaciones adversas y en tiempos limitados, algo a veces que es difícil de adquirir.

Como muchos sabéis, el tema de la cocina es una de mis pasiones, la otra es escribir, y suelo hacer analogías uniendo ambas pasiones a la hora de publicar en mi blog al igual que a la hora de escribir mis novelas. Para muchas personas escribir bajo esa situación sería como poner sal en un plato que supondría una forma de realzar el sabor, pero que sabemos que si nos pasamos acabaremos arruinando la receta. Algo similar podríamos decir de realizar ciertos trabajos, incluidos el que nos trae entre manos, bajo una presión excesiva. A la larga puede producir un exceso de estres que dé lugar a que ralentice la finalización del proyecto iniciado e incluso lo abandonemos definitivamente.

Reflexionando sobre este tema, y a tenor de lo ocurrido estos meses atrás, he pensado que me encuentro frente a dos realidades a la hora de escribir presionados, una que denomino presion temporal y otra presión vital. Una imagen que te vendrá a la cabeza de la primera forma es la que se produce en un llamamiento como el NaNoWriMo (National Novel Writing Month), evento literario que se convoca todos los meses de noviembre desde hace años y en el que cada escritor lucha contra sí mismo y contra reloj. Un plazo ajustado de un mes para escribir una novela cumpliendo día a día un determinado requisito de número de palabras. Te plantea el reto de escribir cincuenta mil palabras a lo largo de los treinta días de noviembre. Exactamente una media de 1667 palabras por día, lo que viene a ser más o menos lo que dedico a escribir cada domingo en este blog. Parece que no es mucho una vez que se sabe cual es la media, pero garantizo que tener esa meta de más de 1500 palabras no es lo mismo que ponerse manos a la obra.

Sin explayarme, porque hay muchas páginas y blogs dónde puedes consultar el funcionamiento de este reto, como consejo te puedo comentar que el truco para cumpliarlo se apoya en tres puntos importantes (y no lo digo yo como escritora):

  • Ten toda la historia planificada previamente
  • No corrijas durante el Nanowrimo
  • No busques información y documentación durante el proceso de escritura

Un ejemplo de ello lo tengo en este texto mismo. Suelo pensar a lo largo de la semana sobre de que voy a tratar la entrada del siguiente domingo, pero no siempre llega la inspiración por lo que tengo que salir al encuentro de ella, y aunque esta semana me llegó la idea prácticamente el lunes pero por motivos laborales y de otro tipo solo hice un pequeño boceto sin llegar a escribirla entera. ¿Qué ocurre entonces? Que hoy domingo a las 7 de la mañana estoy en mi cama con el ordenador puesto sobre una base, y escribiendo con apremio estas lineas para tener la entrada lista sobre las 10 u 11 de la mañana. Esta es la presión habitual de un escritor que trabaja en una editorial y  que le suele marcar unos plazos a la hora de presentar su siguiente trabajo. También es la que nos imponemos a la hora de querer presentarnos a distinas convocatorias literarias si no tenemos previamente una novela acabada y corregida.

Muchos autores disfrutan con este punto de sal en sus vidas que les afina y afila la creatividad, en cambio para otros les supone un asesinato de su creatividad. Que verdad que en la viña del señor hay de todo. Un ejemplo lo tenemos en el autor Isaac Belmar:

Hace mucho, mucho tiempo, ya hablé de la pistola en la cabeza. Me gustaría haberme librado de aquello casi diez años después, pero lo cierto es que sigo escribiendo más y mejor bajo presión, que en esas épocas en las que fluyes un poco sin rumbo, pensando qué historia quieres contar y con un lienzo en blanco sin límites.

De él también son sus palabras:

La libertad es lo peor que nos puede pasar, porque si tenemos todo el tiempo del mundo, perdemos todo el tiempo del mundo, si tenemos todas las opciones ante nosotros, no elegimos ninguna.

En cambio tenemos a la autora y periodista Mara Torres que es opuesta a este tipo de presión. Finalista del premio Planeta del año 2012 con su novela La vida imaginaria en una entrevista hacía mención a su imposibilidad de escribir  con esa espada de Damocles sobre su cabeza. Incluso aclaraba que:

Cuando consiguió la prestigiosa distinción (ser finalista), Mara Torres ya comunicó a la editorial que no podía comprometerse porque no sabía «si iba a volver a escribir nunca». «Y me han respetado», ha apuntado.

De hecho hasta cinco años mas tarde no volvió a publicar una novela. En este caso se trata de la titulada «Los días felices» y tuvo que transcurrir todo ese tiempo para que viera la luz; novela que ahora mismo estaba leyendo y que en parte ha sido la inspiración de esta entrada. En mi caso, tirando de un hilo logro alcanzar lo que quiero.

Estos ejemplos que os pongo son de lo que denominaría una presión temporal y hemos visto que no todo el mundo tiene el mismo umbral de aguante frente al estres que genera esta imposicion a la hora de iniciar y finalizar un proyecto. Pero existe otra presión, que yo denomino vital, que también está muy presente en nuestro día a día y dónde la mayor parte de las veces no existe la opción de poder elegir si se acepta como manera de gestionar un trabajo. Porque presentarse a un concurso literario o trabajar con plazos por motivos editoriales no deja de ser en última instancia algo voluntario. Obviamente, una vez que te metes en harina hay que apechugar con la elección. Pero, ¿qué ocurre cuando la presión que ejercen sobre nosotros no es algo que provenga de una elección voluntaria?

La presión vital

Cuando hablo de este tema me viene a la cabeza el ensayo de Virgina Wolf, Una habitación propia. El título proviene de la idea de Woolf de que, «una mujer debe tener dinero y una habitación propia para poder escribir novelas». Woolf observa que las mujeres han sido apartadas de la escritura debido a su pobreza relativa, y que la libertad financiera traerá a las mujeres la libertad para escribir: «Para empezar, tener una habitación propia… era algo impensable aun a principios del siglo diecinueve, a menos que los padres de la mujer fueran excepcionalmente ricos o muy nobles». El título también se refiere a la necesidad de cualquier autor para tener licencia poética y la libertad personal para crear arte.

El ensayo examina si las mujeres eran capaces de crear, y la libertad que tenían para producir un tipo de trabajo de la calidad de William Shakespeare, atendiendo a las limitaciones que las mujeres escritoras, pasadas y presentes, enfrentan. Y ahi es dónde tirando de mi hilo pasé a la verdadera dificultad y a la auténtica creación bajo presión, bajo la opresión de la falta de dinero, del día a día, del sacar adelante a una familia, de las incertidumbres que nos acechan, de las enfermedades que a veces se nos presentan dando la cara de una forma cruel, arrasando con todo lo que tiene delante, tanto para el que sufre la enfermedad como para la familia que se enfrenta a la situacion.

Para mí eso son verdaderas presiones, las vitales, que nos van a llevar al mismo tipo de escritor o escritora que hemos mencionado con anterioridad, al que se crece ante la advesidad, aunque necesite tomer aire para coger impulso, y a aquella persona que se pone en un rincón apoyando la cabeza entre las piernas y que no es capaz de tomar las riendas de su vida, con lo que este último tipo de individuo el mundo les arrollará sin remisón, porque el mundo no se para.

Pasados ya seis meses me puedo permitir el lujo de hablar desde mi experiencia en este tema, que me ha llevado precisamente a tomar aire para coger impulso. Si el padre de mis hijos decide que su vida no tiene sentido, y que quiere buscar la felicidad por su cuenta tras 28 años de un proyecto en común, no hay más que decir, solo apechugar con la decisión. Tras empaquetar todo lo suyo, para facilitar el tránsito, y respirar profundamente, no puedes hacer más. Bueno sí, tengo las dos opciones mencionadas con anterioridad: ponerme en un rincón a llorar recordando los estupendos años pasados o cerrar la puerta procurando no dar un portazo y acelerar todos los trámites del divorcio para que el trago pasase de la forma más ágil posible (sin olvidar esos buenos tiempos que se han pasado, pero mirando hacia el futuro, que lo cortés no quita lo valiente)

Quienes me conocían, en ese momento no dudaron de que tomaría la segunda opción. Saben que no tengo tiempo para llantos en esquinas y que hay que sacar una familia adelante. No digo que me haya quedado con un trapo atrás y otro adelante, pero cualquier persona que haya pasado por mi situación sabe perfectamaente que se dinamitan muchos cimientos y que hay que construir todo desde cero, desde la confianza en uno mismo hasta el valor de salir a la calle y enfrentarse al mundo. Y, cuando esto ocurre, de lo que menos ganas tienes es de ponerte a escribir una novela y no lo digo por los ánimos, porque para ovarios los míos. Aquí mas bien me enfrento al imperativo de cubrir unas necesidades básicas y que me restan tiempo para dedicarlo a escribir.

Gracias Dios, y a mi habilidad de no bloquearme en los tiempos difíciles sino de crecerme ante ellos, puedo decir que voy avanzando, que no es poco. Sé que todas las novelas no tienen un final feliz y que esta parte de mi vida la estoy escribiendo en el día a día, pero es algo que me han impuesto en mi contrato vital y no me voy a echar para atrás. No estoy rehaciendo mi vida, como muchas personas expresan, sino que estoy escribiendo nuevos capítulos con menos escaleta de la que pensaba, pero con bastantes recursos para hacerlo. Con mis amigos y familia, aunque no seamos muchos ni falta que me hace, voy saliendo adelante y con mi proxima novela en corrección. Por eso tardaré un poco más en volver a publicar, pero no os vais a olvidar de mí, porque seguiré en las redes, seguiré apoyando a los compañeros, y seguiré promocionando los libros ya publicados. No os vais a librar de esta autora tan facilmente.

mi trabajo

Descubre tu mapa sígnico

¿Nunca os habéis planteado que los signos de puntuación dan datos sobre nosotros mismos?

De un tiempo a esta parte me estoy dedicando a formarme con un curso muy completo de escritura creativa al que hay que sumar otro de puntuación para escritores y no escritores. En ambos he descubierto cosas muy interesantes que desconocía y que hoy quiero compartir con vosotros, mis lectores, puesto que creo que compartir dificultades, y curiosidades es tan importante como contaros los éxitos que se puedan tener.

Si Carmen Mola nos presentó este año pasado La Bestia, yo convivo con ella en mi día a día como escritora, pero para mí tienen otros nombres: las comas y las rayas de diálogos. Ambos signos me traen a mal traer pero soy una persona que no me rindo y que desde el minuto uno trato de domarlos y hacer de ellos mis aliados.

Una de las cosas que me dijo mi último lector 0 es que al ser de mente inquieta soy muy amiga de escribir como hablo, lo cual no es malo si eso lo corrijo a la hora de publicar, y que además es muy habitual que utilice demasiadas oraciones explicativas dentro de un mismo párrafo, con lo lioso que eso supone a la hora de utilizar los signos de puntuación. Por lo tanto, tratando de no perder el tiempo y aprovechando el tiempo de enfriamiento que requiere mi próxima novela me he puesto a realizar los cursos que os he comentado, donde he aprendido cosas muy curiosas que os cuento a continuación.

¿Os habéis parado a pensar que los signos de puntuación son nuestros ayudantes del estado de ánimo?

La puntuación nos permite respirar y detenernos cuando no podemos seguir, preguntar lo que no comprendemos, dudar, reclamar, insultar, descargar la angustia y manifestar júbilo; nos proporciona seguridad y otorga fluidez al facilitar el proceso de escribir.

Puntuar un texto plasmas nuestro estado de ánimo. Con los puntos suspensivos manifestamos el sentimiento de lo doloroso sin necesidad de regodearnos en el dolor porque ellos lo hacen por nosotros: interrumpimos la idea y colocamos esos puntos para que el lector complete la idea y nos consuele a su manera según como lo reciba.

Los signos de interrogación ayudan a suavizar una crítica a un interlocutor o a profundizar la cuestión que nos inquieta. La exclamación, a expresar nuestro júbilo y compartirlo con los demás, nuestra rabia o sorpresa. Unos dos puntos pueden dar paso a una riada de recuerdos o a una lista de ilusiones. Un punto marca el fin de un gran desahogo y nos deja como nuevos.

¿Y qué podemos decir de nuestras preferencias a la hora de usar unos un otros signos de puntuación?

Seguro que nos relacionamos mejor con un signo de puntación que con otro. Si lo pensamos con calma averiguaremos datos sobre nosotros mismos. Os voy a poner un ejemplo utilizando un comentario de Valeria Selinger, directora de cine argentina aunque afincada en Francia:

Yo ordenaría todo con comas, el punto me parece excesivamente tajante, es una puerta cerrada, mientras que la coma es como una puerta entreabierta. A la vez, si bien en ocasiones me corta poner un punto; debo reconocer que también me angustia no poder hacerlo.

Valeria Selinger, directora de cine

Gema Justo, profesora de Lengua y Literatura lo expresa de la siguiente forma:

La comas resultan divertidas, pequeñitas, ligeras, las comparo con unas bailarinas. Las comillas son quisquillosas, como si siempre buscaran el doble sentido. Los puntos suspensivos me dan sensación de ambigüedad, melancolía y los dos puntos como si nos prepararan para recibir lo que sigue y dejaran tiempo para coger carrerilla.

Gema Justo, profesora de Lengua y Literatura

Podemos reconocer nuestro mapa sígnico si hilamos fino puesto que al igual que hay novelistas y autores de relatos cortos y cuentos, hay quien se inclina hacia un tipo de puntuación o hacia otra. Unos serán usuarios, indecisos o tal vez digresivos, de largos párrafos y otros lo serán de frases y párrafos breves. ¿Te has analizado para saber de que tipo eres? Os lo voy a poner fácil haciendo un resumen a forma de espejo para que veáis si os reflejáis de una u de otra forma:

  • Los dos puntos: se identifican los que muestran cierta apertura, ciertos deseos de abrirse hacia lo nuevo o desconocidos. Su uso será correcto cuando la información de la frase se expanda en otra más amplia, que abra camino hacia una nueva información.
  • Las comas: con ella identificamos a los que parecen no acabar nunca de completar una frase, a los que agregan más elementos a los anteriores, a los que no cambian el hilo.
  • El punto y aparte: podemos identificar a los que cierran una cuestión y pasan a otro tema, a los contundentes.
  • Los puntos suspensivos: suelen ser los que dejan las ideas sin terminar o incluso a los reticentes.
  • Los signos de interrogación: a los que dudan
  • Las comillas: son para aquellos que retoman constantemente lo que dice Fulanita o Menganito.
  • Los paréntesis: se vinculan a los digresivos (a los que pasan de un tema a otro y retoman) o a los que tiran la piedra y esconcen la mano.
  • Si el texto carece de puntuación entonces nos encontramos ante los que se expresan y viven con mucha rapidez.

Obviamente, tampoco es para tomarse lo que he escrito al pie de la letra, solo son unas pinceladas de algo que podéis tomaros como una especie de juego y con el punto justo de seriedad.

La forma en que organicemos la información gracias a los signos de puntuación determinará la interpretación del texto aunque hay que tener en cuenta que los signos dependen también del temperamento de cada uno y de sus intenciones. El estilo somos nosotros mismos, pero no olvidemos que según pasan los años, dejamos de ser como éramos. El modo en que puntuamos un texto nos delata. no lo hacemos igual en nuestra primera novela que en la última, o por lo menos deberíamos de evolucionar, al igual que evolucionamos según vamos cumpliendo años. Tampoco puntuamos igual deprimidos que exultantes. Para el mismo texto puede haber varias opciones, todas válidas, que dependerán del momento que vivamos. Por eso una de las recomendaciones dada por mis profesores, es que a la hora de corregir siempre lo haga de una sola vez y no en tramos.

Lo que sí puedo confirmar que todo lo que nos caracteriza conforma nuestro universo y en consecuencia, nuestro estilo. El estilo es una música, un lenguaje que nos concierne a nosotros únicamente y a nuestra manera de escribirlo. Es la forma con la que damos el toque a nuestra obra y el faro con el que el lector identifica nuestros textos. Así entre la hoja en blanco, a la que nos enfrentamos al inicio de nuestra novela, y el punto final, los signos de puntuación guían y muestran nuestra manera de ser; refuerzan la melodía de una novela.

Ya me contaréis si os identificáis con alguna de las sugerencias del esta entrada.