Opinión

Antiguas artes, nuevas modas

Siempre he defendido que un vocabulario preciso es lo que diferencia al escritor profesional del que no lo es tanto. No digo con eso que yo lo sea al 100%, pero por lo menos puedo afirmar que intento ser minuciosa a la hora de utilizar mi herramienta de trabajo: las palabras. Esto viene a colación del interés que tiene la publicidad en vendernos humo a fuerza de usar términos que luego no se ajustan a lo que en realidad se espera y, en estos últimos tiempos, en el mundo de los libros también pasa con bastante frecuencia.

Las ediciones especiales, ¿son en realidad tan especiales?

Ante la avalancha de publicaciones, el mercado ha dado un golpe de timón de esos que algún avezado interlocutor define como de 360º, lo que al final significa quedarse en el mismo sitio. Este viene dado por la promoción y venta de libros a los que han sobreetiquetado con la denominación de «ediciones especiales» y, para que parezca que así son, les ponen los cantos decorados -o simplemente coloreados- como si hubieran descubierto un nuevo mundo, una portada con mucho brilli brilli, un marcapáginas mono, la cinta para localizar la última página leída de un dorado chillón, un plano o poster y algún detalle a todo color para darle al conjunto una pátina de mejora.

Como muchos lectores no conocen bien el significado de las palabras no saben que el termino edición especial o limitada, va más allá de sacar un libro con una encuadernación de tapa dura con un poco de oro en las letras y alguna ilustración en el interior. De hecho, algunas de las denominadas «especial», que no limitada o de colección, dejan de serlo a todas luces cuando las venden en los quioscos de prensa a dos euros la primera entrega. !Venga ya¡ Vamos a bucear en lo que dicen los expertos que se necesita para considerar que una edición tiene ese toque que la hace tan codiciada y vamos utilizar, dentro de lo posible, ejemplos de los últimos libros publicados que se consideran de colección.

  • Exclusividad
  • Oportunidad
  • Calidad
  • Diseño
  • Emoción
  • Rentabilidad

De las seis opciones que califican a un producto para que sea edición especial (puede ser un perfume o una botella de aceite, si bien en este caso nos centraremos en los libros) solo podemos decir que las de emoción y rentabilidad son las mas fáciles de justificar. Una por muy subjetiva, porque la emoción es un sentimiento humano y cada uno se emociona con lo que le da la gana, y la otra, porque está claro que han sido rentables en tanto en cuanto que se han vendido como churros en las principales distribuidoras, como El Corte Inglés, La casa del libro, FNAC, Amazon y alguna más que ahora no recuerdo. Vamos, si hasta en Wallapop la encuentras de segunda mano.

Con tanta rentabilidad se han cargado el primer punto que hace de una edición algo especial: su exclusividad. La oportunidad, también, porque si se vende en todas estas plataformas y a todo el país, hasta en la librería más perdida de la España profunda, no veo yo tanto que sea una «oportunidad» el obtenerla. Pues pese a que alegan que no volverá a publicarse, todos sabemos que la posibilidad de tenerla es solo cuestión de paciencia ya que pueden reimprimirla con la excusa de algún aniversario destacado, por más que digan que no. Todo va a depender de la demanda y del negocio que vea la empresa que la edita. Lo único cierto es que quién primero la tenga antes la subirá a su TikTok o Instagram, junto con otros dos o tres millones de usuarios de las redes y de forma simultánea. Es una manipulación brutal para aumentar los beneficios, no para presentar un producto que de verdad suponga un antes y un después o una clara mejora en su contenido.

En cuanto a la calidad, tampoco parace que hayan ganado los lectores nada más que una estética de dudoso gusto para sus librerías, ya que la estampación está mas cercana al papel pintado de los años 70 que a una verdadera obra de arte; no llega ni al «Qitcsh». Y si hablamos ya de originalidad , podremos ver que en cuanto a temática se señalan íntimas referencias a «El priorato del Naranjo» y «Harry Potter» entre otros, con lo que no veremos nada nuevo ni se le espera.

Buscando críticas a este tipo de obras, la que más me encuentro en muchas de ellas es, además de su falta de originalidad, la mala traducción, a pesar de que vienen de autores de habla inglesa. ¡Imagina que fueran en mandarin! Algo que refuerza mi criterio sobre que en lo único que aportan es en la estética y, para colmo, tampoco eso es novedoso como te contaré un poco más adelante en esta entrada. Dejo algunos de los comentarios que he encontrado de lectores que compraron este tipo de libro:

Esto no es fantasía, es una novela romántica tóxica (o intento de erótica suave) a la que le han puesto como excusa un mundo imaginario.

No aporta nada nuevo al género fantástico, es predecible, con personajes que no pasan de meros clichés, estereotipados hasta el hartazgo. Ellas son mujeres en teoría fuertes cuya única función en la historia es enamorarse y enamorar al chico guapo y un poco malote de turno. Todo recubierto de un conveniente envoltorio de ¿empoderamiento femenino? para que no se note lo manido y retrógrado del tema.
Por si fuera poco, no es que esté muy bien escrito, aunque eso puede que sea culpa de la traducción y no de la autora.
En fin, que estamos ante la enésima copia barata de Una corte de rosas y espinas, pero con dragones. Un fanfic de poca monta con mucha promoción detrás que debería haber pasado desapercibido.
Prescindible.

El estilo es sencillo, muy sencillo y a mi, personalmente, que en un libro de fantasía se utilice un lenguaje actual, me chirría mucho.
No se profundiza en ningún aspecto del libro, ni en en las relaciones, ni en la magia… 

La historia es tremendamente predecible y los personajes superficiales y llenos de clichés, por lo que no llegas a empatizar con ellos, ni a crear algo de curiosidad por saber qué esperar de los personajes, puesto que es un estereotipo de «cringe» uno detrás de otro, ya sabes lo que va a suceder a continuación. Encima el mundo no está bien construido, está de adorno… Y para rematar la traducción fatal…

Adjunto una de las muchas imágenes subidas por lectores donde se ve con claridad que incluso la calidad formal brilla por su ausencia, ya que presenta grandes fallos en la impresión. Podemos decir que no es una edición ni mimada ni cuidada, una de las características principales a la hora de calificar un libro de edición especial, limitada o de coleccionista. Algún inexperto alegará que con todo los miles de volúmenes que se imprimen es normal que alguno salga con fallos. Por supuesto, pero entonces no me hables de una edición limitada, a no ser que te refieras a que está limitada a millones de volúmenes, según la demanda del mercado.

Está claro que si lo que nos gusta de la edición limitada es que haya un poster, el mapa y la ilustración inédita a color junto con el marcador de páginas dorado, pues oye, estupendo, cada cuál con su cada quién.

Lo que sí ha llegado a mis oidos con el tema de la edición de coleccionista es cómo se ha gestionado, lo que ha molestado a algunos libreros, dado el acaparamiento que han hecho las grandes superficies de esta tirada. Esta actitud ha hecho que muchas librerías no pudieran cumplir con sus clientes. Muchos de ellos son compradores habituales que hicieron la reserva de su libro y que han llegado a quedarse sin ellos porque la editorial ha primado estos puntos de venta a la hora de ofertar sus libros, incluso frente a quién se supone que trabaja desde hace años con ellos. Ha habido libreros que han hecho cola en algunos grandes almecenes para poder hacerse con unos pocos ejemplares, los que la gran editorial no les ha servido, con la idea de no dejar a sus clientes tirados sin su reserva, comprándolos a precio de público, renunciando a los beneficios, con tal de dar, ellos sí, un servicio de calidad. Si una gran empresa como Planeta no cuida de sus libreros, ¿qué podemos esperar? Otra manera de ir ahogando al pequeño empresario. Luego se nos llena la boca en defensa del comercio de proximidad.

Los cantos decorados

Pero no queda todo en estas puestas en valor que he comentado y que, en realidad, poco aportan a la calidad del manuscrito. Ahora llega el momento de añadir lo más de lo más que tiene a los lectores en un auténtico sin vivir: el boom de los cantos decorados. Algo que se presenta como el no va más de la exclusividad.

Claro, como en esta generación del primer cuarto y mitad del siglo XXI lo de la memoria histórica solo les llega como un eco lejano, no tienen ni idea de que tampoco se ha inventado nada nuevo. No se imaginan que lo de los cantos decorados está en el panorama de la edición desde el siglo X, aunque hay que destacar que el máximo apogeo es a partir del siglo XVIII y XIX. Eso sí, obviamente no a 24 € el volumen. Se dejó de hacer al considerar que el libro no era un bien solo para unos pocos y empezaron a imprimirse volúmenes accesibles a todos los estamentos sociales.

En su origen, se decoraba el canto con pan de oro con la finalidad de protegerlos del polvo. Luego llegó el marmoleado decorativo y, finalmente, nos encontramos verdaderas obras de arte. Hoy en día se siguen creado, pero, al igual que en la antiguedad, el precio no es asumible por todos los bolsillos. Para que todo el mundo me entienda, no lo vamos a encontrar en venta en páginas como Amazon o Wallapod.

Una artista de nuestro tiempo

Un ejemplo de ello me ha llegado a través de Intagram. Os voy a presentar a una artista que, escogiendo obras de narrativa actual, crea unos cantos decorados que no tienen nada que envidiarle a los de los siglos pasados. Se trata de Ania Egerova http://www.instagram.com/ania_artego/?hl=es Las imágenes que comparto son parte de su trabajo.

Recomiendo que te pases por su feed y profundices en su difusión en la red social, porque hace maravillas. Eso sí, cuando entres en la zona donde te indica el precio de cada trabajo entenderás en cuánto se valora lo exclusivo, limitado, de calidad y con un diseño cuidado.

Obviamente habrá personas que alegen que todo el mundo tiene derecho a tener los bordes de sus libros decorados y estoy totalmente de acuerdo, pero que no lo llamen edición especial, limitada, exclusiva, de coleccionista y todas esas chorradas que solemos oír en estos tiempo. Solo es una forma de «quiero y no puedo», pues parece que tengo algo valioso, pero en realidad no lo es. Vamos a centrarnos en la calidad literaria y no en el envoltorio. Lo que decía mi abuela, no te fijes tanto en el papel del regalo, que no por ello tiene que dejar de ser digno, y valora lo que hay dentro de la caja.

Esto me hace recordar dos anécdotas. Una de ellas fue un hilo en Threads, donde una usuaria se quejaba de que una saga había cambiado levemente la fuente del lomo y no se veía bonita en su estantería. Me confirmó lo que ya pensaba de muchas de esas estanterias, que son de escuadra y cartabón, mero diseño. Entiendase con esto que, en realidad, los libros están ahí para que la gente vea lo cool que tiene la biblioteca, dando igual si solo son los lomos de los libros sin páginas, como ocurre en tiendas de muebles.

La otra anécdota fue la historia de un chuleton Rib Eye bañado en oro (soberana idiotez) que un famosos futbolista y su no menos afamada mujer se tomaron en un restaurante en Dubai. El mismo corte de chuletón en una de las mejores carnicerías de España te sale por 80-100 euros el kilo, el de Dubai salía por 900 euros. Espero que por lo menos la carne fuera de calidad y el cocinero la supiera guisar en condiciones. Imagino -es posible que me equivoque, pero valga la generalización- que tampoco ellos dos tienen un paladar tan sofisticado como para distinguirlo, para sublimar todos los matices. ¡Lo que hace el dinero y el capricho, que nos vuelve tontos!

Al final queda patente que no hablamos del contenido, algo que, viendo el nivel de lo que se lee y comenta en las redes sociales, ya comprendo que no se pueden pedir peras al olmo. Eso no quita que siga escribiendo para quién me quiera leer y pidiendo calidad en el contenido, no solo con los bordes dedorados, el poster, los mapas, las ilustraciones a color o la cinta dorada de marcar la página. Porque me veo que llegando tanto al límite de la vacuidad, caeremos al vacío.

Opinión

Todos somos culpables

Ya han salido a la luz los nombres de los finalistas del premio organizado por Amazon y que en el mundillo de autores autopublicados se conoce como PLAS (Premio Literario Amazon Storyteller). Es curioso, pero me he dirigido a la página de Escritores.org y  he encontrado una mención sobre este premio literario, y eso que tiene a cuestas más de diez años desde que nació. En aquella época su nombre era Primer Concurso Literario de Autores Indies (2014) y desde sus inicios no ha estado exento de polémicas. Un ejemplo de ello lo tenemos en este enlace que te adjunto, del año 2014, donde ya se habla de trato de favor y de un concurso en el que parece que se tiene más en cuenta la capacidad de vender del autor que la calidad de la obra.

https://www.estandarte.com/noticias/premios/polemica-en-el-er-concurso-online-autores-indies-amazon_2661.html

Algo que por otra parte, a tenor de lo que llevo leído a lo largo de estos años, tampoco me parece descabellado. De hecho, el artículo anterior se nutre de otros dos, escritos por Javier Pellicer en su página web, en los que se ve envuelta por un lado la plataforma y por otro “El Mundo”, patrocinador también del evento junto con una conocida editorial. Estas palabras que destaco parece que siguen en plena vigencia hoy en día:

Las redes sociales han hervido con acusaciones y comentarios acerca de irregularidades por parte de Amazon durante el certamen, como supuestas peticiones a varios autores indie superventas para que participaran (algo que se menciona en una entrevista realizada, también por El Mundo, al autor Marcos Chicot), o el incumplimiento de algunas de las bases por parte de varios participantes. Sin embargo, y como decía al principio de la entrada, cuando me he puesto en contacto con los participantes que más críticos se han mostrado en los últimos días, ninguno ha querido darme su consentimiento para publicar sus opiniones. Aseguran que temen salir perjudicados si este artículo cobra relevancia.

Como hay varias entradas al completo sobre el tema, te dejo aquí el enlace. Así, si quieres saber un poco más, puedes darte una vuelta y sacar tus propias conclusiones.

https://javierpellicerescritor.com/tag/polemica-en-el-certamen-literario-de-amazon/

Este interés por las redes sociales, como forma de promocionar las novelas, dio lugar a la creación de una serie de grupos en los que se juntaron lectores y autores. El fin era comentar y valorar los libros que iban siendo elegidos por los miembros. En su origen eran los conocidos clubs de toda la vida, pero ahora se denominarían “Lecturas Conjuntas”. El problema surgió en el momento en que se mezclaron las churras con las merinas. ¿Por qué digo esto? Al entrar escritores las dinámicas eran con sus propias novelas, se leían por tanto entre ellos porque también participaban, y allí se juntaban sus grupos de fans. Esto suponía que nadie en su sano juicio se atrevería a, por lo menos cara a cara, decir nada malo de ninguna obra de ningún autor; le pondrían las cinco estrellas de rigor en Amazon y aquí paz y allá gloria. Pronto empezaron, por privado no obstante, los corrillos donde lectores y novelistas se despellejaban sin el más mínimo atisbo de vergüenza.

Con el paso del tiempo los comentarios de unos y otros llegaron a oídos de los interesados y surgieron las disputas y los tira y afloja, las luchas de egos y el apoyo de los palmeros de cada autor en su respectivo grupo. Esto dio lugar a la emigración de algunos miembros, provocando que se crearan otros grupos más afines, donde la cola del león mandaba y la del ratón obedecía y puntuaba. Todo esto es vox populi y se ha hablado en muchos directos de Instagram y Facebook, sin dar nombres, porque no hacía falta, ya que cada cual conoce de sobra su cada quien.

Mientras, Amazon, desde ese 2014, se frotaba las manos porque empezaba a llenar sus estanterías de todo tipo de productos de la más amplia variedad en precios y calidades; entre ellos, los libros. Los había de las editoriales tradicionales, pero de estos no se llevaba una gran tajada porque solo era el distribuidor de un producto más. Entonces inventó este premio en el que en el primer año, como hemos visto, se preocupó más de llamar a autores que tuvieran ya tirón de ventas que a verdaderos indies, aunque tampoco hizo ascos a autores autopublicados, ya que la calidad le traía, y le trae, totalmente al pairo. A Amazon lo que le interesa es la venta y si los compradores adquieren un producto que es malo, pues no pasa nada, ya es bastante con que te dé la opción de, en un momento dado, leer las primeras páginas del libro de marras, donde ya se nota de qué pie cojea cada uno.

Todo esto dio lugar a que la gente se pusiera a redactar historias como si no hubiera un mañana. Lo que en otro momento de nuestra vida nos habría parecido imposible se hizo viable, y no por que llegar hasta una editorial fuera una escalada del Everest para la mayoría, sino porque muchos no sabían ni hacer la “o” con un canuto.  Aun así, todo el mundo se lanzó a escribir sin plantearse siquiera que existía algo tan básico como los correctores de estilo y ortotipográficos. Ya con el automático del Word, y a veces ni eso, pensaban que tenían bastante.

Por tanto, nadie quería perderse el pastel que supone la publicación de libros y las editoriales aprovecharon el mundo digital para que la plataforma comercializara el ebook. A su vez, decidieron dar un recorte en cuanto a la calidad, algo que se demuestra en la mala corrección y edición de novelas que, siendo de grandes y prestigiosos sellos, parece que han dado un paso atrás. Algo normal, por otro lado. Se ha popularizado tanto lo de escribir y disculpar eso de la ortografía basándose en que lo importante es la historia que las editoriales han abierto el ojo y venden la misma mierda, pero en tapa dura y gastando en más en publicidad, tratando de equipararse a lo que vende Amazon. Prácticamente es imposible encontrar un autor al que se le haya mimado su obra y que la calidad de la escritura esté acompañada de un adecuado proceso de edición. 

Ahora le sumamos las plataformas audiovisuales, que también quieren su porción. Todas ellas necesitan rellenar sus contenidos y, para eso, buscan historias como locos. Ya da igual si es buena o mala, sencillamente aceptan lo que haya y no en vano el mejor almacén es la estantería de Amazon, donde se compra cualquier historia y se la guioniza. Se le pone a la serie lo de primera temporada y, si no se continúa con una segunda porque no vale ni para echar una siesta, da igual, la gente no lo recuerda. El comprador compulsivo acumula libros y series como si nos hubiera afectado el mal de Diógenes, da igual si valen o no valen.

Este tipo de situaciones que vivimos desde que se liberalizó el mercado de la escritura son como cuando se promocionó la comida basura. Todo el mundo sabe lo mala que es para la salud y, aunque no pasa nada por recurrir a ella de vez en cuando, lo cierto es produce, cuando menos, obesidad. Algo que, en el primer mundo, está a la orden del día, por lo que no debe ser tan ocasional. Afirmo, sin pelos en la lengua, que el efecto de este tipo de consumo es el embrutecimiento, equivalente de la obesidad. Pone el listón tan bajo en la lectura comprensiva y en la visión crítica que, al final, ni los cómics de Mortadelo y Filemón van ser recomendados en la ESO porque no los van a entender los potenciales usuarios. ¿Me vas a hacer creer que te lees 600 páginas de una tortuosa historia romántica cargada de topicazos y mal escrita en cuanto a su estructura, sintaxis y ortografía y no las 380 de Memorias de África? Y ya no digo esas sagas que son como la película Mujercitas, pero que nos cuenta la misma historia, más o menos, solo que narrada desde el punto de vista de cada uno de los siete hermanos o hermanas en cada entrega. Por supuesto, cada cual puede leer lo que le dé la gana; pero yo me puedo permitir el lujo de decir que la humanidad está acelerando sus pasos camino de la extinción. Si en España se publican 350 libros al día, e imagino que ahí no computan los de Amazon porque carecen del ISBN internacional, tiene pinta de que algo huele mal en Dinamarca. Si alguien sabe dónde está el truco que me lo cuente, aunque sospecho cuál es porque está claro que ni Amazon ni ninguno de los integrantes de esta farsa va a perder dinero.

Vistos un poco los antecedentes y mis conclusiones sobre la trayectoria del premio, vamos a pasar a lo ocurrido este año, donde lo primero que ha llamado la atención ha sido la preponderancia de autores de thriller. Aunque yo no sé de qué se sorprenden si en el jurado destacan dos autores que escriben ese género: Pilar González, ganadora del año pasado, y junto a ella, Juan Gómez-Jurado. No es que quiera insinuar que se han descartado desde un primer momento las novelas de otros géneros, que todo el mundo está seguro de ello, pese a que sus bases digan expresamente: El Concurso está abierto a escritores que publiquen en español en cualquier género. Si bien en las primeras bases lo que ponía era, según el blog El estandarte: En ellas, recordemos, se anunciaba la selección de cinco libros finalistas ―pertenecientes a los géneros de ficción, ficción histórica, romance, suspense o aventura― según criterios que incluirán el número de ventas y la valoración de los lectores.

En la actualidad, es vox populi que hay temas vetados, como la erótica, el romanticismo y la fantasía, comentario que estoy acostumbrada a oír en las redes, con lo que la elección de este tipo de jurado tampoco me sorprende. Es bien sabido que en un primer momento hay una criba de las más de dos mil novelas presentadas y que, al final, los miembros se van a leer lo que Amazon considere más comercial. También que, si el jurado es mayoritariamente de thriller, no me veo poniendo como finalista una novela romántico-erótica que se desarrolle en el marco de las Tierras Altas de Escocia en el siglo XVII (una de las tramas tópicas más usadas y que con más errores históricos he encontrado).

Sobre todo hay que destacar lo que remarco en negrilla en las antiguas bases del concurso y que los autores no han olvidado: las ventas y la valoración en redes. Es un factor que se está viendo en la mayoría de los premios y algo ya muy controlado por las editoriales. Por supuesto, hoy en día, se quiera o no se quiera, o surfeas por las redes o eres como el camarón que no se mueve: al final, se lo lleva la corriente.

Todo lo que he comentado anteriormente sobre los grupos de apoyo y los tejemanejes publicitarios para llegar al puesto más alto en el ranking de Amazon y llamar la atención ha llegado siempre a mis oídos y también se ha comentado en directos de Instagram, pero nadie ha osado a ponerlo por escrito de una u otra forma, o por lo menos no ha tenido mucha repercusión. Hasta este 2024.

Este año la polémica ha estado servida por la presentación al premio del libro Proyecto Plas,de la autora o autor, puesto que usa seudónimo y no hemos visto nunca su rostro, Pussie Lánime. En la narrativa, su protagonista decide presentarse a un concurso literario llamado Amazing. A través de sus experiencias nos irá contando los entresijos del premio, desde la elección del género con el que se presentará hasta las mil y una anécdotas que surgen en el largo camino hasta que el jurado anuncia los finalistas. Partiendo de la base de que Nekane considera que si hoy en día cualquiera se atreve a escribir libros para sacarse una pasta ella no va a ser menos.

En realidad, el argumento es una mera excusa para sustentar lo que de verdad la autora o autor quiere contar: los tejemanejes que hay detrás y no tan detrás durante los meses que dura la subida de las novelas a la plataforma. Su historia no tiene más interés que mucha otras, romántico-eróticas, que ahora se denominan “con spice”y, de hecho, es una crítica con humor ―como toda la novela― a esas tramas tan manidas, incoherentes y burdas que rozan en la mayoría de los casos los vídeos porno malos, solo que por escrito.

Voy a hacer un resumen de los fragmentos que más me han llamado la atención:

Me suscribí a Keendle Endless y descargué las diez novelas más vendidas de la categoría en aquel momento. Las leí todas, sin excepción. De arriba abajo, con la sensación de estar leyendo siempre la misma historia ambientada en sitios diferentes y protagonizada por gente similar con otros nombres. Algunas parecían escritas por adolescentes, con incoherencias, clichés, faltas de ortografía y errores de maquetación. Me chirrió bastante el nivel de machismo que atesoraban algunas. No entendía cómo ciertas personas podían aguantar leer según qué cosas. Cuando veía el número de reseñas que acumulaban dichos títulos no pude evitar hacer unos cálculos. Era posible que aquellos escritores ganaran mucho, pero mucho dinero. Leyendo las opiniones también comprobé que pocos lectores se fijaban en la calidad literaria de aquellos libros, les daba igual si tenían faltas o fallos en la trama. Querían leer historias de amor con trabas y problemas, pero con final feliz, protagonizadas por personajes exageradamente guapos e inteligentes, aunque fueran asesinos, camellos, mafiosos o infieles confesos.

Este sería el inicio al que Nekane se enfrenta y a lo que nos hemos enfrentado muchos lectores a la hora de elegir algunas de las novelas más destacadas en la lista de ventas de la plataforma. Pronto decide qué rumbo tomará su historia.

Escribiría una trama llena de clichés ya que, por lo visto, a los lectores de dichas novelas no les importaba lo más mínimo. (…) La protagonista sería una chica tímida pero preciosa que se enamora de su jefe, un joven y guapo multimillonario que la introduciría en un mundo de perversión y sexo duro. Una novela romántica tirando a erótica. (Título El coleccionista de pollas)

Obviamente es el hilo conductor, como ya he mencionada antes, de las aventuras y desventuras de la protagonista en el mundo literario. Para completarlo, no podía faltar el apuntarse a algunos de los grupos que se postulan de apoyo para escritores, de los que ya comenté algo en párrafos anteriores y que durante este tiempo se ponen efervescentes con las llamadas “Lecturas Conjuntas”. Ahí es donde conoces las cloacas de este concurso en el que se encuentra a los siguientes actores, según la autora:

―Autores que ofrecen su libro gratis a cambio de una reseña positiva, así, sin anestesia, o que reembolsaban el precio del libro:

Me sorprendió la insistencia del escritor del thriller psicológico que ya me había ofrecido gratis su libro. En su cuarto mensaje subía la apuesta y me ofrecía un Bizum con el reintegro del precio de la novela si publicaba una reseña positiva de su libro. Pensé que aquella persona tenía un problema, no me parecía una actitud muy normal. Comprobé que casi todos los días aparecían reseñas de su novela en los grupos de Facebook, hablando de lo fabuloso y original que era. Una obra de arte, un libro imprescindible según la mayoría de los lectores. Una novela digna de ganar el PLAS, el Planeta o incluso el Nadal. Curiosamente, las valoraciones del dichoso libro habían dado un vuelco. La mayoría eran de cinco estrellas. Casi todas las reseñas repetían el mismo esquema, siguiendo un patrón y la mayoría contenían frases manidas y vacuas tipo «te explota la cabeza», «muy turbia», «giros increíbles», «personajes bien definidos», «tensión en aumento» o «con un final que no te esperas».

―Grupos de apoyo de lectores, que sobre todo tiene escritores que se leen entre ellos, con lo cual la reseña ha de ser de cuatro o cinco estrellas y, por supuesto, recomendando encarecidamente la lectura del libro:

No tardé en darme cuenta de que existían bandos, grupos de amigos entre la grandísima cantidad de autores que pululaban por los grupos de Facebook. Era consciente de que el número de personas que se atrevían a escribir y publicar un libro se había incrementado en los últimos años. A veces pensaba que algunos grupos estaban formados únicamente por escritores.

―La actuación poco ética de unas nuevas figuras surgidas aprovechando esta nueva moda de hablar de libros: las bookstagrammers o bookbloggers:

Casi todas esperaban recibir gratis una copia firmada de mi libro y, a ser posible, acompañada de algún regalito extra. Lo llamaban «colaboración». Extraño término para denominar a un regalo. Eso sí, recibir el libro no aseguraba una fecha, ni tampoco su lectura. Simplemente pasaría a ser otro más de la interminable lista que todas tenían pendiente. Alguna dejó caer que podía subir la prioridad de la «colaboración» por un módico precio. El importe fluctuaba entre los cinco y los cincuenta euros. Me molesté en analizar los perfiles de Instagram y Facebook de muchas de aquellas bookbloggers. Casi ninguna pasaba de los diez mil seguidores y, en esos casos, me costó encontrar reseñas de obras de autores indie. Las pocas que pude hallar no alcanzaban las cien reacciones de sus followers. Los libros que obtenían más comentarios y reacciones eran de autores famosos, cosa que no me extrañó lo más mínimo.

―Crítica a la calidad de muchos de los libros autopublicados:

Comencé a leer uno de los libros que había ganado en los sorteos de Facebook. ¡Ya llevaba tres! En las primeras cinco páginas conté veintiocho faltas de ortografía e innumerables frases mal construidas. Además, el autor, en un empeño por demostrar su destreza y dominio del arte de la escritura, empleaba palabras poco usuales en frases donde carecían de sentido. Me preguntaba por qué algunos escritores se empeñaban en usar recursos que no dominaban o situaban sus tramas en países que no conocían. Diálogos absurdos y artificiales, en los que metían con calzador datos más propios de una enciclopedia que de una novela policiaca, en un esfuerzo por demostrar el buen trabajo de documentación que habían realizado.

―Cómo hay autores que tratan de manejar el cotarro de una forma descarada a su favor dentro de los grupos de apoyo:

He leído que, como el resto de los certámenes literarios, está amañado. Dicen que escogen finalistas al tuntún, para rellenar. Que ya saben de antemano quién se lo va a llevar. Que, incluso, existen mafias que trafican con reseñas. Llaman la Capone a una señora que tiene varios grupos donde se cruzan reseñas y reparten cinco estrellas a diestro y siniestro.

Creo que llegados a este punto no voy a poner más fragmentos de la novela de Pussie y así te dejo que la leas con tranquilidad si te interesa.

Mi valoración es buena en cuanto a las fuentes de información que ha manejado. En realidad, a poco que te muevas en este mundo, siempre hay alguien encantado de contarte toda la historia o puedes vivirla en tus propias carnes, seas lectora o escritora. La novela en sí no es más que una sátira con sentido del humor de este mundillo que se lleva criticando desde sus inicios. Lo único que podría alegar en contra de ella es que se me hizo larga, ya que la parte de la historia que nos narra la autora, y que será la novela que presenta la PLAS, tiene los tópicos que no me gustan. Confieso que me la he leído en diagonal, ya que lo que me interesaba era toda la parte de las impresiones que ha tenido Pussie y que coincide con lo que muchos ya sabíamos. Aun así, ha habido un grupo, mínimo a la hora de la verdad, que se ha picado y ha formalizado sus quejas haciéndose las ofendidas por la forma en la que el autor o autora trata a los grupos de lectores y a muchos escritores. Lo que suelo decir en otros post: al que le pica, ajos come.

Como bien se dice en el título de la entrada, todos somos culpables. No voy a hablar de nadie determinado, pero sí de lo que también he visto y vivido. Alguna reseña de cuatro estrellas he tenido que poner pese a que el libro no se lo merecía. O sea que yo entono mi parte de culpa y, aunque hay muchos lectores que no quieren reconocerlo, lo cierto es que este tipo de actuaciones está a la orden del día. Ya hace tiempo que si leo y recomiendo lo hago porque de verdad considero que el libro se lo merece y no por cuestión de gustos, sino porque por lo menos está digno. Todos cometemos errores en los inicios, lo que no nos hace un favor a escritores y lectores es que quién persiste en seguir cometiéndolos además exija que se haga caso omiso de ello.

Tras haber estudiado a fondo el tema del PLAS a lo largo de los años, lo que puedo decirte sin temor a equivocarme es que todas aquellas autoras que piensan que tienen oportunidad de ganar porque sus libros tienen muchas estrellas y están de los primeras en el ranking de ventas, que lo olviden. Las cinco finalistas no son las novelas más leídas, no han sido las más vendidas y no son las que mejores comentarios tienen. Lo puedes comprobar, pero te lo voy a poner aquí de forma esquemática, tal como está hoy el ranking en Amazon, día de la publicación de mi entrada:

Los crímenes de Hollywood (Federico Atax) 187 reseñas, de las cuales 10 son con opinión.

Un crimen pasional (J.J Fernández) 394 reseñas, de las cuales 20 con opinión de lector.

Hermanos de Dios (Jorge Zaragoza) 226 reseñas, de las que 11 son con opinión de lector.

El Ladrón de letras (Luis David Pérez) 1305 reseñas, de las que 42 tienen opinión de lector.

Un asunto pendiente (Gema Herrero) 238 reseñas, de las que 62 tienen opinión del lector.

Esto me lleva a la conclusión de que muchos autores y sus fans se están matando y envenenando las redes para nada, en vez de preocuparse de escribir libros con calidad, que de verdad llamen la atención por ello. Una pena, porque es un concurso que hubiera tenido muchas posibilidades y me parece genial que la gente se presente, lo mismo un día de estos me animo y todo, pero, desde luego, me apunto lo que Pussie ha criticado para no caer en las mismas dinámicas.

Opinión

Una nueva temporada

Me cuesta trabajo iniciar esta nueva temporada, no porque no sepa de qué escribir sino porque quiero hacerlo de temas que de verdad puedan ser atractivos. Esto es algo complejo porque en estos tiempos la gente como mucho aguanta, de media, cinco segundos visualizando un reel. Y esto no lo digo yo:

Si tu tiempo de visualización promedio se ubica entre 4 y 8 segundos, intentaría mantener la mayoría de tus reels por debajo de los 15/20 segundos. El tiempo de visualización es importante para el alcance de tus reels, así que si estás haciendo reels de 60 segundos y tu tiempo de visualización promedio es de 6 segundos, Instagram no está teniendo ese incentivo para impulsar tus videos. https://www.instagram.com/reel/C5EEDK2NmVW/

Por lo tanto, hace mucho que perdí la esperanza de que haya multitudes que visiten y lean mi blog. Entonces ¿por qué me molesto en tratar de escribir algo que interese al lector? Pues llámame loca, pero sé que todo lo que suba a internet queda per secula seculorum y, sinceramente, si puede ser algo medianamente sugerente y bien escrito lo prefiero. También, porque es una forma de no perder el hábito de redactar.

Después de unos años por estos lares, la cosa no tiene visos de mejorar en ningún aspecto. Cada día salen al mercado una media de 250 libros, según las estadísticas del Ministerio de Cultura para la fecha del 2022, por lo tanto, dos años después, imagino que esa estadística está obsoleta; creo haber visto que ya va por más de 350. ¿Qué he observado mientras me dedicaba a leer en silencio?, que la calidad de los libros, de editorial y autopublicados, en su gran mayoría, dejan mucho que desear. Estoy convencida de que para ganar esta carrera estadística han decidido suicidarse por saturación. Da igual quién haya publicado el libro. Todos tienen una cantidad ingente de faltas de ortografía; mala sintaxis; tramas confusas calcadas de autores anteriores, o copias de historias propias, donde lo único que las diferencia es el cambio de los nombres de los personajes y localizaciones. Como en el mundo hay pocas empresas, que copan el mercado del libro, pues es como Coca-Cola y Pepsi, ya da igual si son cancerígenas o no, total, es lo que hay.

Las editoriales tradicionales siguen porque no hay nadie que se atreva a toserles y las otras formas de publicar, con la excusa de que las hermanas mayores lo hacen mal, lo hacen peor. Para mejorar el escenario, el lector medio tiene un nivel cultural bajito, con lo que va a lecturas simplonas, de tramas previsibles, mal estructuradas, en las que hay pocos diálogos, porque si no la gente se pierde, y escasas descripciones, porque los lectores se aburren. Es algo que he leído en redes sociales, no es que me lo invente yo. Pero claro, antes rasgarse las vestiduras que reconocerlo.

Además, me da la sensación de que un tercer elemento en discordia son las plataformas audiovisuales, que necesitan material para sus parrillas y, al final, lo que hacen es coger a cualquier autor más o menos consagrado y hacer de su novela la serie, que rellene su programación durante unas semanas. Luego da igual si es buena o mala. Tampoco dan opciones a una segunda parte si no es rentable la primera y se le da pasaporte sin más explicaciones. Aunque la tendencia general son versionados que no tienen mucho que ver con la novela, cambiando incluso en final a su gusto. Este medio está fagocitando a autores que son moda durante unas temporadas gracias a una supuesta recua de fans, pero cuya trascendencia va a ser mínima. Aunque tampoco importa, porque esto tiene pinta de que va a reventar el día menos pensado. Pero no el mundo editorial, que ese tiene aguante hasta el infinito y más allá, si no el mundo en general, porque nos encontramos en una nueva época de decadencia parecida a la que sufrió el Imperio romano en su día.

No penséis que estoy en plan negativo o catastrofista, para nada. Solo me limito a plasmar lo que en las mismas redes se comenta, que hay mucha morralla en el mundo editorial y aumentando según pasa el tiempo. Se nota incluso en las mismas plataformas televisivas, en las que cada día encontramos más dificultad para ver una serie que de verdad sea original e interesante. Todo muy normal porque las unas se nutren de las otras y vivimos en época de inmediatez. Si no se tiene lo último de lo último ya no eres influencer.

Como remate, está la lucha de egos que a mí me gusta observar directamente desde la tribuna, comiendo palomitas. A lo mejor pensáis que soy una exagerada, pero eso mismo he visto con estos ojitos que hoy uso para contarlo. Evento literario importante a nivel local en el que se juntan autores para presentar sus nuevas obras y firmar ejemplares. Todo preparado: carteles lanzados, avisos en las redes para que cada cual acomode su horario al evento y, de repente, tocan a arrebato las campanas de una gran editorial ¿Cómo va a firmar nuestro autor reconocido a esta hora? Llamadita al concejal de cultura e imagino el tipo de conversación. Resultado final: a poco más de 24 horas inicio del evento se quita por parte del Ayuntamiento toda referencia a los horarios antiguos y se cambia a gusto de la editorial y su figura. Los demás autores se la tienen que envainar y aguantarse con el horario que se les ha vuelto a asignar. Si ya tenían cartelería y avisos en sus redes, pues es lo que hay. ¡A joderse!, que el ego y la fama de otros está por encima del respeto hacia los compañeros.

Hoy por hoy, todo esto que cuento está en las redes, no es algo que yo diga para rellenar. Un ejemplo de ese sentir ante las malas praxis lo encontramos en dos novelas que he leído estas semanas atrás. Ambas han formado revuelo entre los lectores y otros escritores, diciendo que muchas de las cosas que se cuentan son mentira. Yo os garantizo que no y que lo único que no dicen son los nombres y apellidos de muchos de los que están arrastrando el buen quehacer de autores y lectores que no se doblegan ante este tipo de actitudes. Hoy os comentaré una de las dos obras y la otra la dejaré para un poco más adelante.

Esta primera novela va más relacionada con las editoriales y la publicidad en redes sociales que con los lectores y escritores propiamente dichos, aunque también encontré entretenidas historias sobre autores que hacen lo imposible por destacar los unos sobre los otros, con lo que después de haber presenciado lo que te he contado con anterioridad, ya me lo creo todo.

Estand Librería Rita’s Bookshop de San Fernando en la feria del libro 2024

El primer libro es el de la americana R. F. Kuang, Amarilla, y está principalmente dedicado todo lo que gira alrededor dela publicación de un libro, como ya he indicado. En él vemos la forma en la que la protagonista, una escritora de segunda fila, llega a ser famosa y reconocida. Aunque pueda parecer exagerada, que lo es, ya todo se desencadena a raíz de una muerte, ¿accidente, asesinato? De eso ya no os hago spoiler. Aunque, en el fondo, la pregunta que queda en el aire es ¿hasta dónde se puede llegar para alcanzar el éxito?

Nuestra protagonista robará una trama de otra autora, amiga suya, fallecida. La gente alegará que es ficción y le quitará importancia, pero eso mismo lo he vivido, sin ir muy lejos, en las carnes de otra compañera; eso sí, sin necesidad de una muerte de por medio. Todo fue por fiarse de una escritora, y amiga, que ejerce de lectora cero, sin haber registrado la obra. El resultado final fue el de encontrarse la novela plagiada. Ya el problema no es tanto el plagio, que, por supuesto, demuestra la poca vergüenza de la gente. Lo peor es que no vale la pena meterse en litigios ―todavía colea el de Cela con Planeta y una autora gallega― y al final es pérdida de tiempo. Esta gallega denunció al autor y a la editorial y, a estas alturas, sigue litigando el hijo y heredero de los derechos de su madre, porque ella ha muerto y Camilo, también. La historia de la novela La Cruz de San Andrés, premio Planeta, la puedes encontrar en internet. Si un plagio tan gordo a nivel nacional todavía está sin resolver, ¿quién va a hacer caso de una autora novel que se fía de quién se promociona como correctora y lectora cero?

La historia de la obra robada en Amarilla es el mero soporte de la crítica hacia este mundo editorial y la gente que lo rodea, que plasma con frases tan rotundas como:

Los premios en esta industria son una chorrada, y bastante arbitrarios. Son menos un indicativo de prestigio o de calidad literaria y más una muestra que has ganado un concurso de popularidad gracias al apoyo de un grupo muy reducido y sesgado de votantes.

Otras de las cosas de las que trata es del acoso que se sufre en las redes si destacas, eres diferente o no eres del agrado de una autora que acaba mandando a sus palmeros a hundirte vía hate. Os dejo alguna de las reflexiones que la misma autora pone en boca de su protagonista y que tienen su miga:

Las reputaciones en el mundo editorial se construyen y se destruyen constantemente en Internet.

Se hunde a la gente para conseguir tener un público, creamos nuestra propia autoridad moral.

Una vez que entras en el mundo editorial todo gira en torno a los celos profesionales…

Los lectores vuelcan sus propias expectativas no solo en la historia, sino también en tu opinión política, tu filosofía y en tu postura respecto a cualquier asunto ético, tu persona y no tu escritura pasan a convertirse en el producto: tu aspecto, tu genio…

Al final todo se reduce al ego. Si el mundo editorial está amañado, lo mejor que puedes es asegurarte de que este a tu favor.

Las redes sociales son un espacio diminuto y aislado. Una vez que te alejas de la pantalla a nadie le importa una mierda. (A esto añadiría que a nadie le importas una mierda, más que a tus verdaderos amigos, que estaban antes de que publicaras la primera vez).

Esta novela la recomiendo, sobre todo, para aquellos autores que se piensan que son el ombligo del mundo porque están en una gran editorial y van pisando a aquellos que empiezan. Incluso dedicada a todos los que empiezan o llevan un tiempo intentando darlo todo. para que no caigan en la tentación de estas malas prácticas que tanto se ven en las redes.

En cuanto a historia en sí, para mí se me ha hecho algo larga. Podría haber quitado algunos capítulos o haberla reducido, que hay maneras para ello; pero claro, todo depende del editor y, en este caso, la historia es yankee y el editor también. Cada cual con su cada quién. Aun así, se le puede sacar bastante jugo a la realidad literaria actual y más si en otra entrada os complemento la historia con la que nos narra Pussie Lánime en su trabajo Proyecto PLAS. Una obra que ya saltó a las redes de mala manera, puesto que como la autora o autor es anónimo pronto comenzaron las elucubraciones de quién estaba detrás de esa crítica, iniciándose una caza de brujas y señalando a autores que no son los dueños del seudónimo; pero, que si lo fueran, ¿por qué hay tanto miedo a lo que se pueda contar en una novela? No se dicen nombres. Al final es lo que decía mi abuela: al que le pica, ajos come.

Opinión

«En serio» o «Realmente», George?

Recuerdo que hace años cayeron en mis manos de forma casual un par de colecciones de libros que me llamaron la atención. Una de la autora Penélope Sky, denominada Saga Botones porque la trama que desarrolla en el entorno de una familia de mafiosos y venganza que tiene como Maguffin un bote de botones, y la otra, la Hermandad de la daga negra, de J. R. Ward, una de vampiros que conviven con los humanos, pero no se mezclan con ellos hasta que, por encuentros amorosos, se llega al intercambio de fluidos, y no solo sangre. La Hermandad es como asuntos internos en el cuerpo de policía: controla los desmanes del resto de no vivos para evitar que llamen mucho la atención.

Tengo el recuerdo difuso de que, al ir leyendo libro tras libro, empezaba a notar que era más engorroso, porque, literalmente, la traducción era una mierda. Y entonces no había IA, aunque sí Google Translate. Pude sustraerme y tuve que discernir, entre la maraña de palabras que no estaban bien ajustadas al texto, lo que querían decir los personajes, pero ¿qué necesidad había? En mi caso me valió, por un lado, para entrar en contacto con lo que llaman Dark Romance y, por otro, para conocer qué se cocía en el mundo de la erótica o a lo que así denominaban en pleno siglo XXI. Por lo tanto, hice de tripas corazón y, saltándome páginas como si no hubiera un mañana, me puede hacer a la idea sobre qué iban ambos subgéneros.

Ambas sagas constan de un gran número de volúmenes, sobre todo la de vampiros. Un amigo tuvo a bien enviarme un archivo con todos ellos, sabía lo que me gustaba leer y que ya me rondaba por la cabeza escribir erótica y de esas lides tienen bastantes páginas ambas historias. Estaba claro que, por mi falta de experiencia en aquel entonces, me estaba leyendo una mala copia. A partir de ahi, fui más selectiva a la hora de buscar novelas traducidas. Otra cosa fue que, cuando ya entré a fondo en este mundo como escritora, las consideré un poco repetitivas y vi que eran más divertidas las otras historias que ocurrían en sus páginas.

Todo esto ha vuelto a mi cabeza a raíz de una polémica que ha surgido en Threads sobre el tema de la traducción de novelas. Discusión inútil por otra parte, porque como dije en mi anterior entrada debatir es una asignatura pendiente en España y así pasa lo que pasa, que la gente arranca ojos sin pizca de pudor. El caso es que, por lo visto, una Influencer debió hacer un comentario sobre que la editorial Monogatari la había solicitado para publicar en español un libro de una saga. Obviamente las redes ardieron, algo que ocurre con facilidad por mucho menos. En un bando estaban los que alegaban que eso era intrusismo profesional y en el otro los que mezclan churras con merinas, vomitando que aquellos que nos llamamos escritores sacáramos el título universitario correspondiente para demostrar que estábamos cualificados para escribir libros. Es cierto que también había comentarios de lectores que leían con fluidez ambos idiomas (inglés y castellano) y alegaban que la traducción era horrorosa.

Después de esto quise ponerme en comunicación con los responsables de mi planeta para que me vinieran a recoger tras dispensarme de seguir realizando mi análisis sobre la vida inteligente en la Tierra. Había hecho el estudio en profundidad con los delfines y descubrí que, más allá de ellos, no había vida inteligente.

Seguí los palos y picas que enarbolaban los energúmenos de diverso pelaje en las redes, aunque antes me había sacado el paquete de palomitas, y según avanzaba la caza de brujas más segura estaba de que debo ser extraterrestre. Hubo algunos leves destellos de racionalidad, pero fueron pisoteados, como de costumbre, por la masa vociferante que alegaba que todo el mundo tiene derecho a hacer lo que quiera si se considera capacitado para ello. Traigo a colación algunos de los comentarios que más puedo destacar:

No puedo entender el pollo montado con la traducción de la bookstagrammer. Entiendo que los que han estudiado traducción estén picajosos. Pero si esa persona traduce bien, puede que incluso mejor que algún traductor profesional, porque telita con las traducciones de algunos libros, no veo el problema. Si una persona sin título ninguno está capacitada para escribir un libro porque no para traducirlo que es más fácil? Si eres traductor y eres bueno no deberías tener miedo de que te falte trabajo (sic).

Ni que decir tiene que el “telita con las traducciones de algunos libros…” va a ser precisamente esa que está hecha por alguien que no es profesional y no está cualificado, mira tú que casualidad.

Además, me vas a perdonar, pero que una persona alegue que es más fácil traducir un libro que escribirlo denota su escasez de conocimiento ―qué verdad que la ignorancia es muy atrevida―. Por lo tanto, fin de mi alegato. Es como si dice que médico de familia puede ser cualquiera porque, total, es más sencillo que ser cirujano, que ahí es donde se corta el bacalao. Está claro que si eres bueno no te va a faltar el trabajo, porque además, gracias a Dios, una editorial debería pedir muestras, al igual que las pide del de corrección. Pero claro, sin abrir otro melón, hoy en día cualquiera se da el nombre de editorial o de corrector, ya puestos, y eso lo sabemos porque ya lo hemos hablado en otro momento.

La respuesta al anterior comentario no se hizo esperar:

Ya que intentas ir de lista, las traducciones se rigen por normativas europeas específicas para servicios de traducción, es decir, por las normas ISO. Y, concretamente, la norma de calidad ISO 17100 exige que los traductores que participen en proyectos de traducción tengan o titulación universitaria, o formación relacionada + 2 años de experiencia demostrable, o 5 años de experiencia demostrable. Y, en este caso, no se dan ninguno de los tres requisitos. (sic)

Pero en el mundo de las redes sociales, al igual que a pie de calle, las razones se miden por el tamaño de lo grande que la tengas o lo alto que chilles. Es de agradecer que los hilos en Threads no sean como las cartas vociferadoras de Harry Potter, porque íbamos a tener que ir por la vida con tapones.

El remate final fue el comunicado que puso en Instagram la propia editorial. No hago comentarios, que cada lector se haga su composición de lugar.

Yo quiero saber la realidad

Siempre me han dicho que valgo mucho por mi agenda y tiré por lo tanto de ella buscando a mi amiga, Encarni Ayllon, licenciada en Traducción por la Universidad de Granada y MBA Executive de EOI Sevilla, con experiencia en el desarrollo de proyectos de comunicación para empresas e instituciones. Así pude preguntar a una persona con experiencia en el tema cuáles son los requisitos para ejercer esa profesión. Es cierto que en España existe la figura del traductor jurado de forma reglada, pero también existe una asociación, a la que ella pertenece, en la que se especifica qué requisitos deben solicitarse para contratar a alguien que haga esa labor en el mundo literario. Porque en el saco de la traducción hay muchas papeletas y no todas son iguales.

Un profesional se asegura de que el mensaje, los conceptos y los hechos permanezcan inalterados durante el proceso. Si lo hacemos de forma literal ya no vale. Y para no caer en ese error se necesita conocer el oficio.  Lo ideal, si se desea trabajar en este sector para una agencia o de manera autónoma, es estudiar la Licenciatura en Traducción e Interpretación, convertida en grado con la reforma de Bolonia. Aunque no sea requisito indispensable para ejercer.

Por más que seas bilingüe, eso no te convierte en un profesional. Si tu sueño es poder ejercer este oficio, lo primero que necesitas es tener un conocimiento profundo de tu lengua. Por otro lado, debes cursar una formación específica en idiomas, como la aludida en el párrafo anterior, disponible en buen número de universidades. Otra opción válida para formarte es estudiar cualquier otra carrera universitaria y hacer un máster. Esto puede ofrecer una ventaja importante: la especialización en un ámbito determinado, que permite tener conocimientos de la materia y del lenguaje técnico específico. Por ejemplo, si tienes la carrera de Derecho y la complementas con el master, puedes especializarte en el ámbito jurídico. Lo normal es que un traductor tenga previamente también la carrera de Filología, pero también puede ser médico y centrarse en libros relacionados con sus estudios. En cualquier caso, antes de ponerse manos a la obra, debes conocer bien ambos idiomas.

Podemos retomar el hilo y, al principio del texto, a la parte de aquel argumento que vale para sonarse los mocos:

Si una persona sin título ninguno está capacitada para escribir un libro porque no para traducirlo que es más fácil? (sic)

Se agradecería que quién se ponga a escribir un libro sepa hacer algo más que la “o” con un canuto; es más, se le presupone un amplio dominio de la lengua española hablada y escrita. Si no ha llegado hasta ese punto, por lo menos que se esté formando para ello antes de publicar, por favor. Ya hemos hablado de eso, no me hagas tener que repetirlo, porque luego llegan las quejas en forma de que no vendes libros. Normal, qué coño vas a vender si no sabes escribir.

Repito encarecidamente: la traducción requiere de muchas habilidades que no todo el mundo tiene y que hay personas que probablemente nunca podrán llegar a desarrollar. Podemos destacar el dominio de la gramática y el vocabulario, de la ortografía y del estilo, entre otras. Si la mayoría de la gente ni siquiera maneja todo eso en su propio idioma, imagínate en dos o más.

Qué carreras universitarias deberías hacer para ser traductor de libros.

Esta es la lista de estudios prioritaria:

  • Licenciatura en Lenguas Modernas
  • Licenciatura en Traducción e Interpretación
  • Licenciatura en Literatura Comparada
  • Licenciatura en Filología
  • Licenciatura en Estudios de Traducción

Otros estudios y habilidades necesarias

  • Conocimientos de gramática y sintaxis avanzados
  • Conocimientos en cultura y literatura para poder capturar el tono, el estilo y los matices de un texto
  • Capacidad de trabajar con plazos ajustados y de mantener la consistencia de terminología en todo el libro
  • Excelentes habilidades de investigación y capacidad para trabajar con fuentes diversas y complejas

Que la editorial contrate a una influencer me da igual, pero que no se diga en las redes que para ser traductor no se necesita una carrera, porque sí es conveniente tenerla si quieres hacer bien tu trabajo y que se te tome en serio. Que luego se lee cada bodrio por ahí, con nombres y apellidos, que acaba afectando a los buenos escritores que sí cuidan esos detalles.

Hoy no te voy a recomendar ningún libro de lectura semanal, no porque no me haya leído ninguno si no porque creo que este tema trae suficiente cola de por sí y no hace falta añadir más contenido a la entrada. Si bien, para complementar, te dejo el enlace a una página en la que viene pormenorizado todo lo necesario para ser un buen traductor literario.

https://todoestudios.net/estudiar-para/traductor-de-libros/#:~:text=Adem%C3%A1s%20de%20una%20licenciatura%20en%20una%20materia%20relacionada,capacidad%20para%20trabajar%20con%20fuentes%20diversas%20y%20complejas

Opinión

El debate

Es la discusión en la que dos o más personas opinan acerca de uno o varios temas y en la que cada uno expone sus ideas y defiende sus opiniones e intereses. Una técnica muy presente en la cultura anglosajona y que en las universidades españolas no se ha empezado a utilizar de forma sistemática hasta bien entrado el siglo XXI. Está claro que siempre ha habido grupos que lo utilizan, pues se presupone que en el mundo de la política debe estar a la orden del día saber manejar este recurso, como una de las piezas fundamentales del trabajo cara al público, aunque no era fácil encontrar alumnos que lo practicasen en bachiller y mucho menos en la Formación de Profesional. Seguramente te preguntarás para qué sirve debatir y ese es el punto importante de esta entrada.

Vamos al grano

Se presume en la actualidad de la libertad de expresión y se alega que todo se puede decir con educación. Sin embargo, estamos en la época en la que más censura hay y en la que, como nunca, la forma de manifestarse es más burda, indecente, desagradable, mal intencionada, dañina y sin fundamento de todos los tiempos. Y eso que, se supone, todos tenemos acceso a la educación y no solo a la académica, sino a la conductual.

Hay un sin número de opciones para opinar sobre lo divino y lo humano en las redes sociales, destacando X y Threads. No estuve en la primera y por echar un ojo he entrado en la segunda, pero sin gran interés porque ya sé lo que va a pasar. Funciona con la misma mecánica que cuando uno traslada su opinión en Facebook: comentarios vomitivos.

Para empezar, que opines, que estás en plena libertad de hacerlo, no significa, si no lo fundamentas de manera adecuada, que tu opinión valga para algo. Lo más probable es que sin una base argumentativa ese comentario sea una mierda, sin ambages. En el caso de que tengas una formación y un criterio podemos empezar a debatir, ya sea para reforzar con otros conocimientos lo que se opinó en un principio, ya sea para rebatir lo dicho. Está claro que podemos enriquecernos puesto que no sabemos de todo. Pues ya la hemos liado, pollito, porque en estas redes sociales llenas de opinionistas de dudoso pelaje, el todo vale está a la orden del día. Como no nos han enseñado a hacerlo pensamos que podemos decir cualquier cosa y quedarnos tan panchos.

Un ejemplo lo veo a nivel literario. Es un tabú decir que la obra de un escritor es mala ya que no se puede tirar por tierra su trabajo y que, en todo caso, será un tema de gustos. Vaya por Dios y san Cucufato bendito, se le niega validez al comentario porque se le atribuye que solo depende del gusto del lector. Pero ojito, que sí se puede decir que es maravilloso, supremo, sublime y excelso, basándonos en el gusto, y darle el valor de opinión; una opinión de esas que van a misa y son inapelables. Pues va a ser que no, que hay libros publicados que son un verdadero horror y que no se deberían leer ni pasando las páginas con un palo. Eso se puede argumentar, porque demostrar que carecen de la técnica necesaria para considerarse un escrito legible no es tan complicado para el que quiera escuchar. ¿Escuchar? ¿Qué es eso?

Otro momento que viene a mi mente ha sido esta semana pasada. Fue de alguien indefinido que, al yo aconsejar la lectura de un libro para que un amago de autor intentara aprender lo más básico del oficio de juntador de letras, me vino a decir que cómo osaba recomendar algo que usaba las palabras best seller y coatching en el título. Alma de cántaro, mira que alegamos, cuando nos conviene, que no se puede uno hacer una idea del regalo por el envoltorio y que las apariencias engañan. Como sí he ido a una escuela de debate, lo primero que le argumenté fue eso y, lo segundo a destacar, lo basé en que la autora, como bien explica en la introducción de su manual, se apoyó en su tesis doctoral para dar unas pautas divulgativas que ayuden a aquellos futuros autores que no saben por dónde iniciar un escrito. Aunque si quieres ser autor y no sabes por dónde empezar me plantearía que escribir no es lo mío. Seguro que si le recomiendo el de Brandon SandersonCurso de escritura creativa―, que es igual de best seller, le hubiera parecido estupendo. ¡Ah!, por cierto, también argumenté que si no había recomendado el de Brandon, así de primeras, era porque para anglófonos es ideal, pero para hispanohablantes lo mismo no lo es tanto. Es cierto eso que decía mi abuela de que la ignorancia es muy atrevida y que la prudencia está ausente en nuestra vida.

¿De dónde viene todo esto?

  1. De la falta de formación. Para un debate hay que saber de qué se habla y haber reflexionado sobre ello.
  2. Del desconocimiento supino de los mecanismos de debate. No se insulta ni menosprecia cuando no se sabe qué decir.
  3. De tener una cara de cemento armado y pensar que somos lo más. Suelen ser los que solo han hecho la «o» con el canuto.
  4. De estar seguro de que lo que digo yo va a misa.

Los puntos tres y cuatro los acepto si mi oponente en la discusión me demuestra que es una autoridad en la materia o que, si no lo es, tiene para ese punto una argumentación irrebatible, porque, en caso de que se le pueda rebatir, en mi turno de intervención lo haré gustosamente.

Obviamente no soy la purga de Benito y no sé de todo, pero tengo dos cosas a mi favor. Una es mi curiosidad implacable, que me lleva a buscar multitud de respuestas ante una duda sin quedarme satisfecha hasta que no encuentro la que de verdad me parece más acertada. La otra es que soy docente. No significa que todos los que tienen esta formación sepan enseñar, pues pese a que es obligatorio el curso de aptitud pedagógica (CAP) ―un título con el que se acreditaba que la persona que lo obtiene cumple los requisitos necesarios para impartir tanto clases como orientación educativa―, de tenerlo a saber usarlo va un trecho. Hoy en día esto se soluciona con un máster en pedagogía, pero que viene a ser lo mismo, por si alguien tiene alguna duda. Hoy hay uno hasta para la aplicación del gel para el esmaltado semipermanente de uñas ―sin menospreciar a las profesionales del gremio― y no creo que sea necesario tanta especialización en algunos temas, pero eso, seguramente, supondrá otra reflexión en otro momento.

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En resumen, si debato y afirmo algo es porque estoy segura de lo que digo, ya que lo he confrontado. Y si me demuestran lo contrario soy perfectamente capaz de agradecer el aprendizaje, ¡faltaría más! España, a nivel general, ha perdido la carrera en el enfrentamiento dialéctico con elegancia. Me da vergüenza ajena, en la política y en la vida cotidiana, ver a personas vomitando afirmaciones que se caen por su propio peso. Lo lamentable es que si intentas rebatirlo se lanzan al insulto fácil y al descrédito. Me produce ese mismo sentimiento ver a pseudoautoridades que enarbolan la bandera de la sabiduría criticando lo que otros hacen y, a la vuelta de la esquina, repiten todo aquello que han reprobado. Encima, si se les pilla en la mentira, tiran de alegar que se les reprime, que tienen derecho, que no sabes de lo que hablas o de excusas peregrinas y lágrima fácil. No me considero una persona muy inteligente, pero es muy burdo lo que hoy en día se está haciendo con la comunicación: envuelven afirmaciones falsas en hermosos papeles de colores, siendo las mismas mentiras de siempre.

Mi lectura recomendada de la semana

A estas alturas de la vida pienso que cada palo aguante su vela y cada perro se lama su pito. Tampoco esperarás que sea políticamente correcta, ¿verdad?. Eso no quita para que me guste estar informada de todo lo que ocurre a mi alrededor y formarme opinión. ¿A qué viene esto? A la situación que se vive en muchos países en conflicto, que es peligrosa para toda la humanidad y no está en mis manos evitarlo. Entiendo que haya manifestaciones en contra y a favor, comprendo que diversas ONG luchen por mejorar la situación de las innumerables víctimas de estas coyunturas; pero, a la hora de la verdad, somos las piezas de un tablero en el que los jugadores viven en magníficas mansiones, cómodos y calentitos, a miles de kilómetros de los escenarios de guerra. Eso no quita para que, como he dicho, conozca el mundo en el que vivo y te anime a que tú hagas lo mismo. Así, si tienes que debatir lo harás con conocimiento de causa. No hace falta leer sesudos manuales de política ni tragarte todos los programas donde se hable de la situación internacional, pero sí es bueno buscar, entre las páginas de las bibliotecas, autores que nos narran de una forma sencilla lo que viven en sus países, contado casi para adolescentes de los de antes, con lo que es más sencillo de entender que un tratado de política.

Uno de esos autores que puede valerme de ejemplo es Marjane Satrapi, con su obra Persépolis ―además es guionista, dibujante de historietas y directora de cine―, de nacionalidad franco-iraní. Aquí nos presenta su autobiográfica, la historia de cómo creció en un régimen fundamentalista islámico que la acabaría llevando a abandonar su país. El cómic empieza en 1979, cuando tiene diez años, y desde su perspectiva infantil es testigo de un cambio social y político que pone fin a más de cinco décadas de reinado del Sha de Persia y da paso a una república islámica. Los dibujos son en blanco y negro y de una sencillez abrumadora, porque el interés radica en el texto. El lenguaje de esta historieta se presenta con multiplicidad de registros (familiar y estándar, dejando a veces sitio para la vulgaridad), mostrando al público la diversidad y autenticidad de una vida cotidiana. En el trasfondo se vislumbra a su familia, que se opone activamente al gobierno del Sha, las manifestaciones que recorren todo el país, la diferencia de clases sociales o su marginación por pertenecer a una élite prooccidental. Todas ellas son algunas de las piezas del rompecabezas que la narradora se esfuerza por componer con la intención de comprender el mundo que la rodea. Al tiempo que va creciendo, Marjane se da cuenta de que el nuevo régimen, por el que lucharon sus padres, ha caído en manos de los integristas y que no trae consigo nada bueno. Han cambiado una dictadura por otra. Se entiende perfectamente la sensación de estafa que sufrió el pueblo iraní de manos del nuevo gobierno, a través de sus ojos, y que actualmente los sigue rigiendo.

Esta novela gráfica sencilla ―que no simple― nos ayuda a entender un poco mejor el complejo mundo de las mujeres en Oriente Medio, sobre todo de aquellas que se educaron al modo occidental y, de la noche a la mañana, se vieron obligadas a esconderse detrás de los burkas. De aquellas aguas tenemos los actuales lodos. Esta es una de las bases de la guerra sorda ―y no tan sorda― que afecta al mundo en nuestros días.

Como la autora reconoce, se inspiró en otro autor francés de novela gráfica, David B. con su obra La ascensión del gran mal. El novelista usa el mismo recurso de la autobiografía para desarrollar su trabajo. Ambos son fiel exponente del auge de la novela gráfica en el siglo XXI como modo de trasladar sus inquietudes al papel y mostrarlo al mundo.

Si la recomiendo es por muchos motivos. El primero porque ese periodo histórico, la guerra civil que sufrió Irán, está dentro de mi memoria como un eco lejano. Sin embargo, las consecuencias las estoy viviendo en la actualidad y, si no lo viviste o no lo recuerdas, lo mismo con esta lectura aumenta tu curiosidad. Un viaje directo desde el fundamentalismo islámico de aquella época a nuestro presente y que nos sirve para entender la ruptura que sufren muchos refugiados por conflictos militares que, en realidad, se sienten apátridas, y que, siendo expulsados por uno otro motivo de sus países, nunca son bien acogidos en los de acogida. Además, es una forma muy amena de acercarse a la ganadora del Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2024. Y de ser cool.

Opinión

La lectura basura

¿Cuáles son los beneficios de leer?

Lo cierto es que tiene bastantes ventajas, casi tantas, salvando las distancias, como la dieta Mediterránea.

  • Mejora el lenguaje
  • Fortalece la concentración
  • Alimenta la imaginación
  • Desarrolla la memoria
  • Facilita la comunicación
  • Ejercita el cerebro
  • Mejora la ortografía
  • Amplía el vocabulario

Seguramente se me queda en el tintero alguna que otra porque luego cada persona es un mundo, pero cualquiera de los bienes de consumo que nos publicitan hoy en día y que nos volvernos locos por conseguir apuesto a que tienen menos utilidades que la lectura de un libro. E, incluso, a este listado añadiría la cita:

 Un lector vive mil vidas antes de morir. El que nunca lee solo vive una»

George R.R. Martin, escritor y guionista.

A los españoles siempre se nos ha tildado de seres pasionales y que nos movemos en los extremos y, por supuesto, esos extremos al final acaban tocándose. Si nos remitimos a las estadísticas que pululan por internet, podemos hablar de las horas que dedican los habitantes del mundo a la actividad de leer.

De acuerdo con el estudio Hábitos de medios, elaborado por la agencia NOP World, los países que más leen se ubican de la siguiente manera:

Tailandia cuenta con alto nivel educativo y, según las estadísticas, sus habitantes dedican 9.4 horas a la semana a la lectura.

China es la segunda nación que más horas emplean sus lectores, con ocho a la semana.

En Egipto y Filipinas, en cambio, su población dedica un promedio 7.3 horas a la semana.

Los pobladores de la República Checa, por su parte, invierten un promedio de 7.24 horas semanalmente.

¿Y en España?

Según otro estudio, España se sitúa en el puesto 20 de los 30 países analizados, con una media de lectura de 5.4 horas de lectura a lo largo de una semana. Esos datos así, en realidad, no nos dicen nada, porque no sabemos la calidad de la lectura que, a fin de cuentas, es lo que a mí me interesa.

El último Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros en España, publicado en 2021, indica que el 67,9% de la población española lee libros. La mayoría, un 64,4%, lo hacen por ocio aprovechando su tiempo libre. En lo que se refiere a sexos, las mujeres superan a los hombres en prácticamente todos los grupos de edad, excepto a partir de los 65 años. 

¿Sabes cuántos libros se pueden leer en 30 días? De nuevo, dependerá de nuestro perfil lector, del tipo de libro y de algunas habilidades que también nos pueden ayudar: capacidad de comprensión, de concentración, aplicar técnicas de salteo o de lectura superficial, entre otras. 

Por supuesto, también influye el tiempo que dedicamos a la lectura. Si renunciamos a mirar la tele o el móvil, seguramente ganaremos un tiempo precioso para destinar a los libros. Algunos expertos aseguran que combinar formatos de lectura —libros en papel y digitales— también ayuda a mejorar nuestro ritmo lector. 

Así pues, con todos estos trucos y habilidades podríamos llegar a leer más de 10 libros al mes. Pero lo normal es que la cifra sea algo inferior, entre uno y cuatro en función de nuestro perfil lector. A esto añadiría si vamos por la calidad o por la cantidad y si leemos para acumular o para disfrutar de la lista de ventajas que he puesto al principio de mi artículo.

Si nos aproximamos a los libros con la técnica del salto o de la lectura superficial dudo mucho de que esos beneficios, antes mencionados, los lleguemos a disfrutar. Es como la comida basura: comemos, pero no nos alimentamos adecuadamente; leemos, pero es para nada puesto que lo más posible es que nos resbale como si nuestro cerebro estuviera rodeado de una cubierta impermeable. Entonces, si eso nos ocurre, en realidad, ¿para que leemos?

Para mí es la única forma con la que alimento a mis neuronas, que se vuelven bastante pesadas y ansiosas clamando por leer algo que de verdad las llene. Es cierto que, de vez en cuando, me puedo permitir el lujo de devorar un libro y que este sea de una trama más superficial, lo que llaman de lectura rápida y sencilla porque su vocabulario y la historia no exigen mucho esfuerzo de comprensión lectora. Eso lo comparo, y perdonen los puristas amantes de los libros, con la comida basura que, si bien no es mala cuando no se abusa de su ingesta, en realidad no es una dieta muy recomendable. Reitero mis disculpas porque no es que diga que ese tipo de libro al que me he referido unas líneas más arriba sea una basura, pero, si nos acostumbramos a deglutir y digerir con rapidez ese tipo de lectura, ¿pensáis en serio que cumplirá los beneficios listados al principio? Creo que como mucho fortalecería la concentración, porque hay que ser y estar reconcentrado para meterse libros de esta manera en nuestro cerebro.

Esto lo digo porque he visto en las redes una especie de competiciones que me han llamado mucho la atención. Se trata de leer más de dos centenas de libros al año, acercándose peligrosamente a la lectura de un libro al día. Me han dado ganas de realizar un cuestionario a estos hábiles lectores para que me pormenorizaran una serie de cuestiones:

  • ¿Dan algún premio por hacer esa carrera contrarreloj de acumulación de lectura anual?
  • ¿De verdad, pero de la buena, de la de te lo juro por Snoopy y las bragas de Mafalda, disfrutan de esa lectura?
  • ¿Son capaces de recordar lo que han leído una vez que han llegado a la palabra «FIN»?
  • Si además son escritores, que de esos algunos hay en estos rankings, ¿les sirve para mejorar la ortografía, ampliar su vocabulario o les embellece su lenguaje?

Entiendo, en cierta medida, esa tendencia de acumular libros mes tras mes y que los japoneses, tan amigos de bautizar actitudes usando una sola palabra, han denominado «Tsundoku», o sea, el hábito, muy arraigado en ciertas personas y relacionado con la bibliomanía, de la adquisición de todo tipo de lecturas, pero dejando que se amontonen en la vivienda, sin leerlos. A fin de cuentas, los libros suelen tener portadas bonitas y son decorativos, pueden incluso dar caché a nuestra foto diaria en Instagram. Pero claro, llega un momento en que nuestra casa rebosa, como nuestros cerebros, y al final acumulamos cientos de libros descargados en nuestro ebook y cuya función es tan inútil, desde mi punto de vista, como la de leer por leer y subir la fotito a los challenges de las redes sociales.

Toda esta acumulación de palabras amontonadas de manera sistemática la podría entender en un autor que necesitase información, aprender, desarrollarse en su oficio y cumplir lo de mejorar la ortografía y ampliar su vocabulario. Pero luego nos encontramos con que la mayoría de esos lectores, que además quieren ser escritores, mantiene otra media española, la que nos habla de que, si bien podemos llegar a conocer 30.000 palabras, la realidad es que se usan en la comunicación una media de 300 y, si se es más culto, se llegará hasta unas 500. Lo malo es que escriben como hablan, sin más filtros. ¿Os imagináis una novela de 500 páginas en la que solo se han usado, seamos generosos, 500 palabras? Me puedo querer morir. De hecho he llegado a tener una amago de empacho porque yo también he participado, por ignorancia, en este tipo de actividad; así que, como acostumbro a la hora de escribir en mi blog, hablo con conocimiento de causa.

Pues es esto lo que me encuentro en las redes sociales al iniciarse el año. En Enero veo lectores y autores que no hablan del beneficio que les ha aportado un libro a la hora de recomendarlo. Nos podrían transmitir sus sentimientos al acercarse a la historia plasmada con esfuerzo por un autor, lo que les ha hecho reflexionar esa lectura o el conocimiento que les ha aportado en vocabulario o en experiencia de vida; pero no, lo único que ponderan es la cantidad. Me recuerda a esos concursos yankees en los que resulta ganador aquel humano capaz de devorar en el menor tiempo posible la mayor cantidad de comida basura.

Desde mi humilde opinión y breve experiencia en este tipo de actividad, dicha forma de leer poco puede aportarnos ya que, como he dicho antes, nuestro cerebro, a poco que sea medianamente inteligente, desecha este tipo de estímulos en cuanto los identifica. Nuestras neuronas tienen cosas más interesantes que hacer que dedicarse a acumular información inútil. Poseen un mecanismo automático de supervivencia, que nos viene programado desde nuestros ancestros, que hace que olvidemos aquello que no les aporta nada. Son más listas ellas que la Marie Kondo, eso ya os lo digo yo.

Por lo tanto, si nuestro cerebro tiene la tendencia a que se la sude ese tipo de información inútil y acabamos quedándonos con las 500 miserables palabras de vocabulario de todos los días, ¿para qué coño leemos? ¿Es solo un disfrute momentáneo, como el de la comida basura, que no nos ofrece nada en realidad puesto que ni siquiera somos capaces de verbalizar ese aporte a la hora de recomendar esos libros en las redes? Escribimos reseñas automáticas, donde las palabras y argumentos son también repetitivos: lectura ágil, trama fresca, alocado, ligero. Vamos, la hamburguesa de McDonald representada en un libro. Que, como he dicho, para consumo no habitual es perfecto, no siempre tenemos que leer el mismo género de novelas; pero, si pretendemos ser escritores y mejorar un poquito en nuestro trabajo, mejor no hacer de esto un concurso de a ver quién engullir mayor cantidad de libros a lo largo del año. Así no me extraña que haya usuarios que hablen de bloqueo lector, para mi este tipo de reto supuso un hartazgo mayúsculo.

Al igual que nos preocupamos mucho de nuestra salud física, sería recomendable preocuparnos de nuestra salud mental. Es fundamental alimentar adecuadamente nuestro cerebro, aportarle nutrientes que de verdad nos valgan para crecer en la producción de nuestras obras. Por nuestro bien y el de los lectores, que los habrá para todos los gustos, presumamos de lecturas de calidad y con fundamento, y no de la cantidad, para quedar muy cools en una foto.

artículo

¿No te da la vida?

De un tiempo a esta parte me digo que, cuando sea mayor, quiero ser como mi amiga Ana Lara porque me encanta su vitalidad y alegría, que se manifiesta en la amplia sonrisa con la que siempre saluda. Si te asomas a su Instagram, https://www.instagram.com/analaramoon/?hl=es, encontrarás frases como: celebra tu presente, unas palabras que deberíamos tener muy en cuenta en nuestro día a día. El problema es que a veces vamos de un lado para otro, como pollos sin cabeza, y solo nos sale una descorazonadora frase: no me da la vida.

Y ahí es dónde entra mi amiga Ana a la que, por cierto, esa frase y las palabras a ver: a ver si puedo, a ver si me da tiempo, a ver si nos vemos, etc, no le gusta nada, porque piensa que son términos sinónimos de procrastinar. Pero para todo hay soluciones y no solo para nuestra faceta de escritores y lectores.

Una de las primeras cosas que nos puede ayudar es:

7 hábitos para organizarse

Os lo voy a desglosar con ejemplos que os sean útiles y haga más sencillo entender esta infografía. Quiero aplicarlo tanto para lectores como para escritores pero puede servir para nuestra cualquier proyecto que queramos realizar, desde comprar un coche a irnos de vacaciones a ese lugar soñado que siempre tenemos en mente.

  • Empieza con un fin en mente

Piensa cuidadosamente que en lo que en realidad quieres. ¿Te gustaría participar en un concurso literario? ¿Quieres que una editorial se fije en ti? ¿Deseas escribir esa novela que tienes en mente pero que hasta la fecha no te has atrevido? ¿Buscas la forma de dedicarle más tiempo a la lectura? ¿Anhelas ser una bookstagrammer influyente y tener peso dentro del mundo de las letras? Sí, de esas que llaman para entrevistas sobre libros leídos y escribe en revistas literarias. Si ambicionas algo grande puedes seguir leyendo.

  • Establece primero lo primero

Una vez que tengas claro lo que quieres, debes hacer una lista de cuáles son las prioridades en tu vida. Y ahí es dónde entra una de las infografías de hoy: La matriz de Eisenhower

Para reflexionar

El cuadro 1 son aquellas cosas urgentes e importantes como: recoger los niños del colegio, hacer la compra semanal, pedir citas médicas, etc. y por lo tanto hay que hacer sí o sí. El cuadro 3 son aquellas cosas urgentes pero que no son importantes y que trataría de delegar en alguien. Hay veces que pensamos que no tenemos a nadie, cuando en realidad es que nos creemos imprescindibles o que solo nosotros realizamos bien esas tareas y nos cargamos con ellas, pero que en realidad pueden hacer otros. Y cuando esto ocurre es el momento en que decimos: no me da la vida. Y que conste que no digo que sea sencillo, solo que sino se intenta nunca se sabrá si se puede.

El cuadro 2 se refiere a aquellas cosas importantes aunque no son urgentes y son importantes porque en ese espacio es donde están encuadrados nuestros sueños y proyectos y que por lo tanto podemos programar. Pensemos en un ejemplo que sería participar en eventos, cursos, elegir las lecturas que vamos a leer ese mes, apuntarnos a una LC, marcarnos unos plazos para entregar un libro, organizar unas horas de escritura al día o unas páginas a la semana, organizar nuestra agenda de contactos, etc. En cambio, el cuadro 4 son todas aquellas actividades que podemos eliminar de nuestras vidas porque nos quitan tiempo y no aportan nada. Son las no urgentes y no importantes. Algo así como: perder horas en las RRSS haciendo lo que se lleva pero que a la hora de la verdad no aporta visibilidad o, si la aporta, no nos repercute de una forma provechosa, que en el caso de los escritores, sería el darnos a conocer a nuevos lectores y que se tradujera en ventas de libros. Eso sería una visibilidad rentable.

Este cuadro habrás de rellenarlo tú, con total sinceridad y como dice Ana:

La dificultad de conseguir una buena planificación está en identificar mis emociones unidas a mis tareas y con un ejercicio de reflexión realista que te pueda ayudar a hacerlo (sic).

Tu madurez se demostrará en el momento que no trates de procrastinar buscando excusas.

  • Piensa en ganar ganar

Aquí entra el nivel de generosidad que cada persona tenga y eso es algo que con el tiempo se descubre. Hay personas que solo van a lo suyo, pero no molestan ni exigen nada; luego están las que van a lo suyo, pero además se aprovechan de mala forma de quienes tienen a su alrededor y hay un tercer tipo de persona que parece que es generoso pero en realidad sigue abusando de quien está a su alrededor, pero lo hace de una forma tan sutil que apenas si se percibe, aunque por lo menos no molesta mucho ni hace daño. Luego está la que es generosa de verdad y que trata de aportar más para los demás que para sí misma. Eso le acaba revirtiendo en forma de colaboración por parte de su entorno y muchas veces sin ni siquiera pedirlo, eso es lo que también ha dado en denominarse como el karma. Por mis años de experiencia recomiendo esta última opción porque además es muy enriquecedora.

  • Procura primer comprender y después ser comprendido

Hay que conocer el punto de vista del otro antes de aportar soluciones porque, si no lo haces significa que vas solo a tú interés. Es muy molesto solo aportar sin pararse a conocer mínimamente las motivaciones de cada personas a la hora de realizar sus proyectos. No estés oyendo un punto de vista pero, solo pensando en lo que vas a responder a tu interlocutor en vez de escuchar sus explicaciones.

  • Sinergia

Aquí toco la cualidad donde se ve, de forma efectiva, la generosidad de un equipo. Hay miembros de grupos que se guardan información pensando que compartirla no le va a favorecer o incluso para poner palos en las ruedas de los supuestos competidores, de cuya existencia podemos decir, la mayoría de las veces, que solo es imaginación. Si todos avanzamos, ¿qué más nos da compartir ideas? Las ideas no se registran porque casi nunca son originales. Es un poco absurdo y egocéntrico pensar que nuestra idea es única y nos ha surgido de la nada, sin una inspiración consciente o inconsciente de otra que esté en nuestro entorno. No existen los plagios de ideas, ni el robo de ideas, por mucho que nos queramos escudar pensado, como Golum, que son mi tesoro. La idea pasa a ser un tesoro cuando se aporta y se comparte porque se enriquece con las ideas de otras mentes para poner los proyectos en marcha. Busca en tu entorno hacer Networking que haga progresar tu proyecto, aportando tu esfuerzo e imaginación. Estos contactos pueden ser lectores y escritores, pero también puedes hacerlo con otras personas que no tengan nada que ver con tu plan, creando así una amplia red de singergias que te ayudaran si tú aportas. Un ejemplo lo pongo a continuación porque gracias a mi amiga Oliva López, fundadora de la empresa https://www.instagram.com/olivalolo_/?hl=es puedo compartir este vídeo con vosotros. Entré en contacto con Ana y Oliva por medio de AMEP, https://www.instagram.com/amepcadiz/?hl=es, la Asociación de Mujeres Empresarias de la provincia de Cádiz, grupo del que soy miembro hace mas de dos años. Pero no fueron ellas las únicas que conocí y me ayudaron, también puedo sumar a este grupo a Concha Rosano, https://www.instagram.com/concharosano/?hl=es, y a Amparo Bou de Sinlímites Comunicación, https://www.instagram.com/sinlimitescomu/?hl=es. Todas tratamos de compartir sinergias hasta dónde nuestro interés por enriquecernos llegue.

  • Ser proactivo

Hay que ser capaces de controlar nuestra efectividad. Es decir, la actitud positiva y activa que tome cada individuo, ante una situación, es crucial para tomar el control y dar inicio al desarrollo de ideas y metodologías para mejorar lo que ocurre a su alrededor y de lo que es responsable. Algunos sinónimos por los cuales se puede sustituir la palabra proactividad son: emprender, dinamismo, desarrollar y resolver, entre otros. El término proactividad fue propuesto por Viktor Frankl, un psiquiatra y neurólogo vienés, en su libro titulado El hombre en busca de sentido, en el año 1946. Frankl fue prisionero en un campo de concentración del régimen nazi durante la Segunda Guerra Mundial, del cual sobrevivió, según sus palabras, gracias a tener la capacidad de darle sentido a su vida. Que seamos nosotros los que busquemos soluciones a nuestros problemas, no esperemos que sean los demás los que nos saquen las castañas del fuego.

  • Afila la sierra

O lo que es o mismo: ¡cuídate!. Para ser efectivos debemos dedicar tiempo a renovarnos en lo físico, lo espiritual, lo social y en lo mental. Todo eso haciendo deporte, relacionándonos con personas que nos aporten alegría y estímulo, lo que denominaríamos como buenas vibraciones; desarrollando esos hobbies que nos gusten, eligiendo libros que nos apetezca leer y no sean por obligación. También podemos visitar lugares que tenemos pendientes y siempre dejamos para otro momento, pese a estar próximos a nuestra localidad. Obligarnos a dejar atrás palabras como: a ver si hago tal o cual cosa que significa que nunca lo haremos porque no nos organizamos. Y sobre todo, estar a gusto con nosotros mismos, si llegamos a ese punto de paz interior, ya tenemos ganada más del 50% de nuestra tranquilidad.

Y para lograr esa tranquilidad sobre todo hay que tener muy bien organizada nuestra inteligencia emocional. Os pongo una infografía sobre ese tema, pero dejaré este tema para desarrollarlo otro día. Si de verdad queréis llevar a buen puerto vuestros proyectos sin que acabéis frustradas, cansadas e incluso a punto de tirar la toalla y en permanente estado de tensión, creo que estas aportaciones pueden echaros una mano.

Inteligencia Emocional (IE)

Y como regalo final os dejo un planificación para el mes de Mayo por si os sirve de inspiración y que os puede ayudar a tener una idea de contenidos para publicar en vuestras RRSS.

Opinión

Entrevistando a una lectora: @Pilasdelibros

Una de las mejores cosas que he vivido en este 2021 ha sido el contacto con lectores ya fueran en eventos en directo, tanto los que tuve en el mes de octubre en Valladolid, Zamora y León, como aquellos que se llevan realizando desde hace tiempo de forma virtual en las redes sociales. Y hoy precisamente quiero presentaros a una gran lectora que he conocido en las redes para que sepáis un poco más de ella y como se desarrolla su día a día detrás de su nombre de guerra: @Pilasdelibros.

Lo primero que llama mi atención es el perfil de nuestra protagonista de hoy. ¿Cómo surgió el nombre con el que se te conoce en las redes? Porque, normalmente, detrás de nuestros perfiles en las redes sociales siempre hay una historia que contar.

Anteriormente, por falta de espacio. Carecía de estantería suficiente para la cantidad de libros que tenía en aquel tiempo. Al principio quería ponerme Piladelibros, pero ya estaba cogido en Instagram. Y el nombre de piladasdelibros no me gustaba por lo que al final me quedé con el nombre con el que me conocéis a día de hoy.

Muchas veces damos por hecho que los grandes escritores de la actualidad, cuando eran pequeños, ya despuntaban en lengua y expresión escrita y que los lectores que hoy disfrutan mucho de los libros han sido ratones de biblioteca toda su vida. En tu caso, ¿siempre te ha gustado leer o es algo que ahora haces más a menudo gracias a los libros electrónicos?

No siempre. Para que veas las vueltas que da la vida, en mi época estudiantil no me gustaba nada leer, lo hacía por obligación. Hasta que en el 2013, tras leer un libro entero, acabé iniciándome en este gusto por la lectura. Desde ese día no paré de leer, pero esta vez porque me encantaba.

Sé que hay una gran variedad de géneros literarios, pero en lo que a ti respecta, ¿tienes alguno que te guste más leer? ¿Cuál es? ¿Qué género nunca te has leído y no tienes intención de leer?

Sí. El género que más me gusta es el romántico y el thriller, el que nunca he leído y no me llama la atención es la ciencia ficción.

Uno de los siguientes pasos a los que llegan, a veces, algunas lectoras es a compartir sus opiniones en las distintas redes sociales e incluso se llega a crear un perfil o lo que llamaríamos entre los escritores, un seudónimo desde el cual compartes lo que has sentido a la hora de finalizar un libro y así llegamos a la cuestión de, ¿qué te motivó a opinar sobre lo que lees y subirlo a las redes sociales?

Yo no conozco a gente de mi entorno que le guste la lectura como a mí, por lo tanto no tenía a nadie con quien hablar de libros. Y así un día, descubrí el mundo bookstagram por casualidad y me pareció un buen método para conocer a gente con esta misma afición.

Pero claro, el entrar en el mundo de los lectores, escritores y bookstagrammers supone hacerlo en un mundo complejo donde, es posible que, expresar tu opinión conlleve choques con otras personas que no opinan lo mismo que tú. ¿Qué es lo que más te gusta de tu contactos con otros lectores y escritores? ¿Qué es lo que menos te gusta de esa relación directa con lectores y escritores?

Lo que me más gusta es cuando hablo con los lectores, o el mismo autor, de ese libro de cuales han sido mis impresiones en privado: teorías, opiniones o en plan marujeo, mezclando la ficción con la realidad. Un ejemplo sería: “que fuerte lo que Fulanito ha hecho a Menganito”. Lo que menos me gusta es, quizá, cuando hay algo del libro que no te gusta desde un principio y lo comentas con un lector o el mismo autor. Hay unos que aceptan mi opinión con respeto y hay otros que intentan convencerme para que me guste. Si algo no me gusta, no me gusta.

El estar en relación directa con lectores y escritores supone que surjan historias dignas de contar, algo que me causa curiosidad y de ahí mi pregunta, ¿qué anécdota curiosa has vivido al relacionarte con los autores tan mano a mano?

Esta anécdota es un poco ridícula. Recién había acabado de leer un libro, con un final trágico de estos que hacen llorar con gimoteos, le mandé un audio a la autora felicitando por el libro. Con mis lloros se dio por enterada cómo me había dejado ese libro.

El mundo de las LC (Lecturas Conjuntas) es una versión muy parecida a los clubs de lectura virtuales y presenciales, ya que se comenta la novela leída en grupos de chat y hay un organizador que dirige la charla, aunque se tienda hacerlo en un ambiente distendido y como ha dicho anteriormente nuestra entrevistada, sacando de la chistera teorías sobre los siguientes pasos de los protagonistas o sobre su actitud durante el desarrollo de la historia. En tu caso, ¿cómo te animaste a organizar y/o participar en Lecturas Conjuntas?

Fue cuando participé en la primera. Me gustó la experiencia de comentar los hechos de los personajes como si fuera una película o estuviéramos hablando de personas de nuestro entorno que he seguido participando en esa dinámica.

Ya sea para leer solo por gusto o leer con la idea de subir tu opinión y compartirla en las redes sociales, ¿qué es lo que te guía para elegir un libro o descartarlo a la hora de su lectura?

A la hora de elegir un libro, cuando no conozco a la autora, sigo mis tres puntos:

1.- un género que me guste.

2.- la portada.

3.- la sinopsis.

Volviendo a la cuestión de la crítica constructiva y al tema de la dificultad de expresar una opinión con libertad, puesto que ya que he comprobado, en estas mismas redes, que a los escritores nos cuesta mucho aceptar nuestros propios errores, incluso por privado, ¿qué dificultad te supone comentar tu opinión sobre los libros que lees a la hora de publicarlo en las redes?

Mi dificultad es intentar expresar una opinión sin ofender al autor. Poniendo lo negativo, pero orientando mi crítica hacia “como me hubiese gustado a mí” verlo escrito. Todo con respeto y en forma de sugerencia para mejorar en un próximo libro.

Hay veces que esos casos son muy claros, y tengo algunos en mente en estos momentos, pero en tu vida como lectora, ¿has leído algún libro y has pensado que mejor no opinar sobre él? ¿Cuál ha sido el motivo si te ha pasado?

Sí. Fue un libro que encima lo había comprado en digital. Podía haberlo cogido en Unlimited y devolverlo. Lo hice sin pensar. No llegue hacer una reseña, porque como lo había comprado, no tenía la obligación de opinar. El motivo fue la trama. Veía causas muy machistas en la que la misma autora contaba la historia como que el hombre es el que manda por llevar los pantalones y que la mujer tenía que hacer lo que él quisiera, hasta incluso pedir permiso para ir a sitios.

De ese tipo de tramas me he encontrado muchas veces y trato de huir de ellas, pero sigamos con tan interesante entrevista.

Estos tiempos han sido difíciles para muchas personas, pero también es cierto que todas las personas no se ha enfrentado por igual a los retos que, tanto 2020 como 2021, nos han puesto sobre el tapete. Tras ponernos en situación, ¿cómo valoras tu experiencia en estos meses del 2020-21 en los que has opinado sobre los libros que has leído? ¿Qué ha sido lo que más te ha gustado? ¿Qué ha sido lo que menos?

Yo llegué a este mundo bookstagram en marzo 2021 y puedo decir que ha sido y es la mejor experiencia de mi vida. Lo que más me ha gustado, fue cuando una autora a la que admiro me preguntó ¿te gustaría organizarme una lectura conjunta?

¿What? ¿Yo? ¡Sabe que existo!

La que menos me ha gustado fue cuando un autor autopublicado me pidió que le hiciera una reseña de su libro, sin leerlo, con el fin de ganar una gran cantidad de opiniones. Me negué y pasé de leerlo.

What!!!!!

Ahora hablemos un poquito del futuro porque, aunque sé que hacer planes es un poco complejo, el ser humano necesita tener expectativas y motivos por los que seguir levantándose todas las mañanas. No solo vivimos para trabajar y ganar dinero para comer. Por lo tanto, ¿qué proyectos tienes cara a este 2022?

En este 2022, aparte de mis futuras iniciativas que aún están por organizarse en mi cuenta, puedo contar, sin hacer mucho spoiler, que tengo un proyecto con el “Sindicato de opinionistas” que muy pronto se estrenará y otro, del que aún no puedo decir nada, porque se están barajando las ideas.

Sé que te ofrecieron la opción de escribir un libro sobre tu experiencias como opinionistas y a mí me pareció una idea estupenda, con independencia de que en sus inicios surgiera como una broma el 28 de diciembre pasado. Si esa es la carta de la baraja que tienes entre manos, yo te animo a jugar la partida porque a juzgar por lo que cuentas en esta entrevista y lo que callas puede ser un libro muy interesante. También tengo la información de que sería un libro escrito a tres manos, algo complejo pero no imposible y que ya hemos visto en alguna que otra novela.

Pasando a una siguiente cuestión, y que está muy relacionado con el comentario que he hecho con anterioridad y es un tema que me interesa mucho sacar a colación, ¿cómo es tu día a día como lectora que opina sobre lo que lee en las redes? ¿Tienes horas determinadas para la lectura? ¿Apuntas lo que te interesa de lo que lees? ¿Esperas para acabar y rápidamente das tu opinión?¿Lo dejas reposar y cambias de libro?

Aparte de mi rutina personal, en mis ratos libres donde me pille suelo leer, redactar opiniones, preparar futuros post y pensar nuevas ideas. Suelo leer a ratos, pero mi hora fija es por las noches. Dentro de mis costumbres hago captura o foto con el móvil de lo que más me llame la atención de esa lectura. Siempre escribo la opinión según acabe de leer un libro. Tardo en publicarla, sí, pero las opiniones siempre son recientes tras finalizar el libro.

Llegando al final siempre hay algo que se me pueda haber quedado en el tintero, por eso te doy la oportunidad de si hay alguna pregunta que no te he hecho o comentario que te gustaría añadir y que pienses que pueda venir bien para completar esta entrevista, lo añadas ahora si te apetece.

Puede que no sea importante, pero quiero hacérmela 👉 : en las colaboraciones con autores: ¿Eres de las que pides colaboración a un autor o prefieres esperar a que te la pidan?

Solamente las hago con autores que me pidan colaboración. No me gusta pedirlas con el fin de tener libros gratis para luego venderlos por wallapop o regalarlo en cumpleaños, algo que he visto en las redes.

Pues hasta aquí ha llegado hoy mi entrevista a la compañera lectora @Pilasdelibros que ha expresado con libertad lo que pensaba y que yo solo me he limitado a dejar este pequeño hueco en mi blog para que me cuente sus experiencias. Os recomiendo que sigáis en Instagram donde podréis ver de cerca su labor e imagino que os irán llegando noticias de sus nuevos proyectos. La semana que viene otra nueva lectora, si se anima, pasará a formar parte de esta tanda de entrevistas en mi blog.

Opinión

¿Pago por mi publicidad en las redes?

Esta es la gran pregunta que todo el mundo que tiene un producto se hace días tras día e imagino que el motivo es porque quiere ser conocido y alcanzar altos niveles de venta. Pero no todo el mundo está dispuesto a oír la respuesta de este tipo de cuestión. La gran mayoría lo que quiere es que le regalen una varita de Harry Potter con el conjuro exacto para que, a partir de ahí, todas sus ventas vayan rodadas y sea, en mi caso que soy escritora, un bestseller. A esas personas que creen en los unicornios, les aviso de antemano que si bien son encantadores también tienen la características de ser tan ficticios como la utilidad de las varitas mágicas. En resumen, si eres del tipo de lector que cree en los unicornios y en las varitas, no sigas leyendo esta entrada porque no vienen en el pack.

Entiendo que lo maravilloso sería que nos lo dieran todo hecho, aunque para eso hay que pagar y mucho, pero somos españoles y lo queremos todo bueno, bonito y barato aun sabiendo que eso no existe. Lo malo es que somos humanos y nos empeñamos en creer en los unicornios.

Antes de desarrollar esta entrada, lo que quiero indicar que en mi caso estoy presente tanto en Facebook como en Instagram. ¿Por qué? Porque ambas redes juntas alcanzan un alto número de usuarios con un amplio margen de edad. En Facebook hay personas más mayores, pero en mi caso son mis potenciales clientes de compra en papel porque tienen más poder adquisitivo y los de Instagram porque son más jóvenes y mis potenciales clientes para las descargas digitales. Hasta ahí lo tengo claro.

Ahora vamos a empezar a ver los motivos por los que NO funcionan las campañas de pago de las redes sociales. Que no digo que no funcionen, digo que hay unas causas que hacen que no funcionen porque las hacemos mal y voy a apuntar con brevedad esas causas:

No tenemos claro el contenido

Para aprovechar al máximo las redes sociales, siempre se debe tener claro el objetivo que se persigue y que se quiere conseguir, con el fin de crear anuncios y campañas adecuadas. ¿Queremos aumentar las ventas, generar nuevos lectores potenciales o aumentar el número de suscriptores? Cada contenido o anuncio que publicamos en redes sociales, necesita un objetivo y un propósito claro. Siempre he sabido que los usuarios que me siguen en Instagram, puede que no sean los mismos que me siguen en Facebook. Por eso entender qué mensajes y contenidos les atraen más es fundamental para poder llegar a ellos, entender cómo funcionan las distintas audiencias en redes sociales y construir relaciones sólidas. Ambas, además tiene la ventaja adicional de que nos da estadísticas e Insights, que nos ayudan a profundizar más en la demografía de nuestros seguidores. y saber interpretar esos datos es vital, para crear una estrategia de contenidos acorde a ellos. Si sabemos para quién es la publicidad, y sobre todo qué contenido va a tener, podemos conseguir más y mejores resultados con nuestras campañas de publicidad.

No saber a quién va dirigida esa campaña

Nuestros anuncios de redes sociales deben dirigirse a un público determinado, no todos los posibles lectores reaccionan de la misma manera ante el mismo anuncio, ni a todos les interesa lo mismo. Intentar dirigirnos a todos los públicos con el mismo anuncio, no atraerá a nadie. Como resultado, nuestros anuncios tendrán un rendimiento bajo. Antes de lanzar cualquier campaña de publicidad en redes sociales, debemos conocer quién es nuestro público objetivo: ¿a quiénes nos vamos a dirigir?, ¿cuáles son sus intereses?, ¿qué queremos lograr? Saber esto nos ayudará a crear anuncios atractivos y con un fin específico. No se puede hacer un anuncio para todo el mundo y para todas las redes.

Querer abarcar todas las redes sociales

Cada plataforma de publicidad en redes sociales tiene sus propias herramientas y funcionalidades, además de funcionar de forma distinta. Es probable que un contenido que tenga éxito en Facebook, no lo tenga tanto en Twitter o LinkedIn. Esto significa que cada contenido publicitario debe optimizarse en consecuencia. Para poder solucionar esto, podemos crear una guía de estilo para nuestro anuncios y publicaciones, en la que especifiquemos qué tipo de formato y estilo vamos a utilizar dependiendo de la red social que usemos. Podemos tener en cuenta, según la red social en la que vamos a tener presencia con campañas de publicidad:

  • Los objetivos que perseguimos en cada una de ellas.
  • A los lectores que nos dirigimos.
  • El tono de voz y estilo a utilizar en cada una. Es bueno tener un estilo propio que la gente cuando vea el anuncio sepa sin leerlo que ya es tuyo y lo esté esperando (anuncio de Coca-Cola en Navidad)
  • En qué momento se encuentran nuestros fans conectados no le doy tanta importancia porque al ser redes globales siempre habrá un horario donde tengamos a un lector. Habrá quien se desayune con nuestro anuncio o quien quiera verlo tranquilamente en su casa a la hora de terminar su jornada laboral.
  • El diseño e imagen que utilizaremos. Si quieres promocionarte porque pones uñas postizas la gente te buscará por tu trabajo, no por tu cara, o tus vacaciones en el Caribe a no ser que mientras descansas, también enseñes lo bonitas que son tus uñas a la orilla del mar. Los anuncios van destinados a que la gente conozca tu trabajo. Busca un equilibrio entre tu vida personal y la profesional. No es malo que alguna vez nos enseñes algo de tu vida, pero tu gato, tu perro o tus males llenan las redes de likes pero no son anuncios de ventas.

No crear en el cliente la necesidad de urgencia

Los usuarios de redes sociales rara vez se detienen a leer cualquier contenido que aparece en su feed, bien sean anuncios de publicidad o publicaciones sin promocionar, si no tienen una buena razón para hacerlo. Una vez que decidamos en qué plataformas vamos a tener presencia, nuestros anuncios de publicidad deben contener llamadas a la acción claras, que inciten al lector a hacer clic sobre el anuncio y descubrir lo que se publicita. Si no incluimos algún tipo de llamada a la acción o una invitación a interactuar en nuestros anuncios de publicidad en redes el rendimiento de los mismos será bajo e insuficiente.

Hacer que el lector no sepa muy bien como llegar a tu libro

El objetivo de nuestras campañas de publicidad en redes sociales siempre debe centrarse en objetivos específicos: si vas a vender vende, si quieres que te lean, ese será tu objetivo y no otro. Sin embargo, es importante hacer que estos procesos sean lo más simples y rápidos posible para nuestro potencial lector. Si se necesitan demasiados clics para completar una compra o suscribirse a un servicio de nuestra web, los posibles clientes potenciales que consigamos simplemente se irán, aumentando la tasa de abandono. Lo ideal es que un proceso de compra o descarga se componga de entre 3 y 5 pasos. Debemos hacer este proceso lo más sencillo y amigable posible. Esto nos ayudará a tener resultados más positivos. Pero ojo, sabemos que IG y FB penalizan por poner los links de compra. ¿Cómo podemos hacer que nuestros potenciales lectores no se pierdan? Dejando enlaces claros en nuestras bios en las redes sociales en los lugares donde sabemos que FB e IG lo permiten. Y potenciando anuncios en los que generemos interés por nosotros como autores, no solo del productos. Hay millones de novelas románticas eróticas en el mercado. ¿Por qué la mía? Ahí está el anuncio que me hará diferenciarme del resto.

No analizar los datos obtenidos

Cuando lanzamos una campaña de publicidad en redes sociales, crearla y activarla es solo el primer paso. De los resultados que obtengamos iremos cogiendo ideas para seguir optimizándola, hasta conseguir que su funcionamiento sea el que estábamos buscando. Sabemos que el día a día de un negocio es muy duro, y que no todo el mundo tienen tiempo para trabajar en sus libros y además de hacer seguimiento a sus campañas de publicidad. Pero entonces habrá que pagar a profesionales y ahí ya entramos en otro campo. Un campo que nos obliga a estar muy pendiente de quién nos hace la publicidad porque hay mucho intrusismo en estos mundos literarios.

Falta de compromiso por parte de la audiencia

La publicidad en las redes sociales no es algo unidireccional. Si deseamos tener éxito, debemos involucrar a nuestros usuarios ante cualquier oportunidad que se nos presente. Una vez que lancemos un anuncio de publicidad o publiquemos contenido, es probable que nuestros usuarios lo comenten, compartan e interactúen con ellos de alguna forma. El compromiso que implica por parte de nuestros lectores el comentar, dar a “me gusta” eso es lo más recomendable ya que se generará un mayor compromiso y mejorará nuestra visibilidad en las redes. De ahí la importancia de tener un buen contenido si por ejemplo estamos interactuando en un grupo, haciendo un trabajo colectivo. Hay que tomarse muy en serio la imagen que damos tanto nuestra como de nuestro trabajo. Si no tenemos interacciones tal vez sea porque no generamos un buen contenido, no todo es el algoritmo de las redes.

Olvidarse de las campañas

Una buena campaña de redes sociales debe llevar un diagnóstico casi a diario. Esto nos permitirá ver si algo está fallando, si funciona mejor a según qué horas (aunque ya digo que esto es para mí es irrelevante, aunque si lanzas una campaña para vender tu libro en papel en tu país pues entonces hay que tenerlo en cuenta), si ya hemos alcanzado la meta que queríamos, etc. Por eso es fundamental no lanzar nuestras campañas a lo loco y ¡olvidarnos de ellas!

No hacer test A/B

Una prueba A/B con nuestros anuncios en redes sociales, sería tener dos campañas con el mismo fin, pero con algunas diferencias (de diseño, de segmentación…) y después las mediremos y analizaremos cuál ha funcionado mejor. Esto nos aportará una información muy buena, sobre nuestro público. Sería un estudio comparativo. El “problema” que presenta esto es que la inversión debe ser un poquito mayor para poder tener datos fiables.

Reflexión final

Estar atento a nuestra competencia pero para aprender de ella, no para joderla, así como de las tendencias del mercado y lo que se «lleva», es esencial para mantenernos al día y crear contenidos relevantes para nuestros lectores. Si evitamos lo que os he comentado anteriormente, antes de que nos demos cuenta tendremos una estrategia de marketing digital sólida, que nos ayudará a ir en una dirección clara, tener visibilidad y por lo tanto a destacar por encima de nuestra competencia. Y vuelvo al principio, pero esto NO se consigue a golpe de varita. Si dices que no tienes tiempo, dices que no sabes pero no te esfuerzas en aprender o dices que te da pereza usar las redes sociales, siento que hayas llegado hasta aquí para leer que entonces es normal que nunca alcances tus objetivos, ya que estos solo se pueden conseguir de dos formas, con esfuerzo y/o dinero. Nunca estará garantizado pero con excusas ya te digo que tampoco lo vas a lograr.

Opinión

Amazon 2021 visto desde fuera

Esta semana ya es la última en la que los autores pueden presentar sus novelas para el premio PLAS de Amazon, un premio del que tengo constancia en realidad desde hace poco pero que como ocupa, entre unas cosas y otras, varios meses año tras año, parece que la experiencia que se vive con él es mucho mas larga.

La gente que me conoce ya sabe que no me presento y los motivos que tengo para no hacerlo pero, aún así, sigo viviendo esa realidad semana tras semana desde que comienza la convocatoria allá por el mes de mayo. Y, es cierto que me implico, y eso también lo saben escritores y lectores, en la promoción de compañeros que concursan. Así como que, la mayor parte de las novelas que me leo y comento durante este periodo de tiempo son aquellas que se presentan al premio, por lo que al encontrarme entre bambalinas, me puedo permitir el lujo de vivirlo, no exactamente igual, pero si con conocimiento de causa como espectadora muy implicada en el proceso desde el minuto uno. Y puedo contar que me sorprenden cosas que veo, oigo y siento durante estos meses y no todas son para bien.

¿Qué es lo que he percibido en estas semanas de concurso?

Una de los aspectos que más me gustan es la gran cantidad de movimiento que hay en los grupos que animan a los participantes y que fomentan la lectura de sus libros, aunque hay clubs de lectura que en sus propuestas se mezclan tanto los libros que se presentan al PLAS, en un tanto por ciento alto, y dejan también un hueco para aquellos autores que no se presentan pero que publican algún libro en el margen de tiempo de vigencia del concurso.

Para mí tiene ventajas el PLAS porque deja publicar a la vez que el escritor inscribe su obra y eso favorece que la novela sea conocida, pero a partir de ahí ya empiezan a fallarme las ventajas. ¿Y por qué digo esto?

He podido ver que hay autores y que se toman la participación en el concurso como si les fuera la vida en ello tratando de conseguir buenas críticas, estrellitas y alabanzas de sus lectores y los métodos que usan para conseguirlas no son precisamente de buenos profesionales. Hay autores que apuñalarían a otros compañeros con tal de quedar por encima y se sabe perfectamente (porque las redes sociales tienen orejas muy grandes) que usan a sus lectores más fieles como ariete contra otros a la hora de hacer comentarios y reseñas. Que tengan por bandera la frase «en el amor y en la guerra vale todo» no dice mucho de unos ni de otros.

En cuanto a la visibilidad, yo que no participo en el premio y publico aproximadamente por las mismas fechas, no me puedo quejar. Ya que la que tengo es porque utilizo los mismo métodos e incluso alguno más como el resto de los autores que sí participan, o sea que en marketing y publicidad, voy a la par. E incluso hay escritores, y se lo he oído decir a más de uno, que para evitar esos malos rollos que tanto se dieron el año pasado, han preferido mantener un perfil bajo a nivel redes sociales, porque saben como yo, que no todo es estrellitas y buenas críticas a la hora de ganar este premio. Por lo tanto entrar en una pelea de barro es absurdo. En resumen, puedo decir que hay autores que mas bien buscan la invisibilidad en estos momentos por vergüenza ajena y tranquilidad psíquica.

Desde luego, no me lo he leído todo pero han pasado muchos libros por ojos y tengo orejas en las redes sociales y una de las cosas que también me ha llegado es la calidad de las novelas. Hay autores que solo escriben por y para el premio y como ocupa muchos meses y es año tras año, lo cierto es que tienen poco tiempo de un año para otro para tener novelas que sean de auténtica calidad. ¿Por qué digo esto?, porque son novelas con tramas muy conocidas y repetitivas, con finales precipitados, sin profundidad a la hora de narrar y solo se limitan a contar los hechos que les pasa a sus protagonistas, pero son personajes planos, donde apenas trabajan los escenarios y los tiempos, además de encontrar muchos anacronismos y eso al final no lleva a ningún lado. Aunque se les llene la boca de decir que solo se presentan por participar y no por ganar, luego vemos que hay unos bajos fondos que desmienten esas palabras. Los autores van a ganar en el 80% de los casos y algunos están tan convencidos que no se permiten incluso decirlo a boca llena y su compañerismo y buenos modos brilla por su ausencia. Gracias a Dios, son los menos pero también son los que acaban haciendo que haya tan mal ambiente. Algo que ahuyenta a los lectores y a otros autores. Que ganar y pensar en ganar es muy loable, odio la falsa humildad, pero no todo vale.

En cuanto a Amazon no es que ayude mucho. Antes el premio era mucho más completo con publicidad más mediática e incluso el ganador veía su libro en papel. Ya ni se molestan. Luego si abres el dispositivo no ves ni una sola referencia o sugerencia en la que identifiques que el libro que recomienda es un candidato al premio. Yo abro en el buscador y a poco que haya mirado algo en internet ya están saliendo banners con publicidad, algo que Amazon parece que a nivel literario le importa poco, es más fácil que me sugiera un juguete sexual que un libro del premio que ellos mismos organizan.

¡Ojo!, creo que es un premio que bien orientado, para los libros autopublicados, podría convertirse en el Planeta de Amazon, sobre todo teniendo en cuenta que su dueño, Jeff Bezos, creó su imperio apoyado en los libros, pero con el tiempo y la variedad de productos que tiene, parece que lo ha olvidado y es una lástima. Por lo tanto no quiero que penséis que estoy en contra de este premio, al contrario y quién me ha visto en las redes sabe que apoyo a todos los compañeros que participan en él publicitándolos en mis propias redes. Pero no estaría mal que se hiciera una carta firmada por muchos participantes con una buena tanda de sugerencias para mejorar ciertos aspectos del premio y algunas de las que he oído por ahí serían:

  • Mayor publicidad en sus propio canal.
  • Separación del premio por géneros.
  • Mantener la publicación en papel si el autor así lo quiere.
  • Tener un método de búsqueda más claro para encontrar los libros que se presenten al premio por parte del lector.

Estas son algunas de las sugerencias. Seguro que a vosotros se os ocurren algunas más. Creo que sería una buena opción porque, como bien he dicho, es un buen premio y el único para autopublicado, pero, pienso que desde sus orígenes a la actualidad, se está desvirtuando e incluso parece que Amazon, no es que lo quiera dejar morir pero da la sensación de no estar muy interesada en promocionarlo como se supone, algo que debería hacer puesto que ganar siempre ganaría más la empresa que el autor.

Para finalizar mi entrada, os animo a aquellos que seáis muy competitivos y, de verdad, vuestra vida vaya en ello, os leáis la entrada de un blog de otro compañeros sobre un estudio estadístico de los ganadores y finalistas de los anteriores premios. A lo que yo añadiría otros items, como el de calidad literaria que, por cierto, eso no se mide en estrellitas de cinco puntas, eso es para los generales, y tampoco en loas y alabanzas a punta pala.

Y como me ha sugerido una compañera que añada: «Solo puede ganar uno» y no tiene por qué ser a gusto de todos y esto no es la película de «Los inmortales» no se gana porque hayan muerto los demás.