Opinión

Bookstagrammer, ¿es un Influencer?

Hace unos días en uno de los grupos, en el que habitualmente interactúo, surgió como tema de conversación la realidad de los Bookstagrammers en las redes sociales, aunque es un fenómeno sobre todo de Instagram. Había opiniones para todos los gustos y de todos los colores y se percibió que es un tema candente dentro de las inquietudes de los autores.

Pero vayamos por parte y veamos un poco el origen de este grupo que recibe este nombre. Para empezar podemos decir que nacen en Instagram aunque la tarea que hacen es tan antigua como la existencia de las publicaciones literaria, puesto que no son ni más ni menos que lectores y/o autores, que hacen una crítica sobre alguna lectura que han realizado. Pero a esto hay que sumar que, como la red social de Instagram es por antonomasia una red visual, todo se presenta con el plus de una imagen sugerente del libro en cuestión y que en un momento dado atraiga a los usuarios/lectores y, esa imagen cuidada, se considera como un valor añadido a esa crítica o recomendación.

¿Qué se necesita para pertenecer a este grupo de lectores críticos?:

Empezamos con que hay que tener una cuenta de Instagram que, para mi entender eso es lo más sencillo y después, ya es donde viene lo complicado, porque te tienes que hacer un hueco en este mundo.

¿Qué más hace falta?:

1.-Tener un perfil atrayente y bien organizado:

-Foto: Una imagen tuya que da más credibilidad al perfil si no eres una editorial o empresa, que en ese caso pondrás el logotipo.

-Biografía: Una presentación agradable, donde incluso quede claro, de forma sencilla y visual, cual es el género que más te gusta leer, los libros leídos, si tienes algún reto para ese año, los hashtags más habituales, etc. También es una puesta en valor el nombrar algún autor fetiche o alguna peculiaridad que te diferencia del resto.

-Enlace: Es importante enlazar esta cuenta con el resto de redes o si tienes una página web o canal de youtube.

2.- Ten un proyecto claro:

Es importante saber qué línea vas a seguir y no publicar a lo loco para rellenar las redes. De eso Instagram está lleno. Ofrece un buen contenido con reseñas, citas, información relevante de autores, anécdotas y tu seguidor te lo agradecerá.

3.- Sé cuidadoso con las imágenes que publicas:

Busca tu estilo definido y personal, es recomendable ser original y no copies lo que hacen los demás. No hay porqué repetir, como si fuera el día de la marmota, la foto de libro + taza de café. Sé que cuesta trabajo pero busca a los bookstagrammers más influyentes e inspírate con ellos. Fue el primer consejo que me dieron cuando empecé en este mundillo del marketing en las redes sociales y, sobre todo, la constancia es importante y una fuente de inspiración, porque una idea lleva a otra. Si publicas tres veces a la semana, que sean tres veces. La fidelización de los seguidores empieza por ser fieles a la hora de seguir un ritmo de publicación por parte del bookstagrammer.

4.- Interactúa con otros bookstagrammers intentando ser uno miembro más y no un referente:

Eso es aplicable en cualquier lugar en el que estemos, es mejor pasar desapercibidos a que la gente piense que sobramos por ser pesados. También es importante que sociabilicemos ya que estamos en una red social. Muchas veces queremos que la gente nos siga, le dé al me gusta en nuestras publicaciones, que comenten… pero no hacemos lo mismo. Y sobre todo NO EXIJAMOS. Queda muy feo eso de exigir a los demás que nos sigan, nos promocionen, nos comenten o compartan. Yo no soy bookstagrammer, pero para recomendar algo con mi: #gabytaylorTeRecomienda, antes me lo he leído.

5.- Haz un buen uso de los hashtags (encontrarás listas en internet de los más recomendados y de los NO aconsejables de usar) y trata de sacar partido a todas las opciones que tienes en Instagram:

Cada día tenemos más opciones, como los Reels, Stories, IGTV y todo aquello nuevo que vaya saliendo y que, poco a poco, podemos ir aprendiendo a usar. Pero recuerda, no es publicar por rellenar, es aportar algo al que lo ve y que le anime a seguirte.

Ya que he presentado y dado consejos, un poquito a vuela pluma, sobre la realidad de este usuario de las redes, me toca ponerle el cascabel al gato, porque otro tema de los que se habló es si es adecuado que el bookstagrammer cobre o no cobre por la labor que hace. Y aquí es donde hubo opiniones para todos los gustos y muchas de ellas fueron aportadas según la experiencia que han vivido los autores. Y cuando hablamos de cobrar no me refiero a que el autor le regale el libro en cuestión, eso más que un pago se puede considerar una deferencia por su trabajo.

He ido contando como este grupo de usuarios de Instagram usa esta red para escribir reseñas y críticas de libros, además de mostrar sus tapas, interactuar con la audiencia y comentar sobre autores, entre otros detalles vinculados con la literatura. Pero tengamos en cuenta que es un mundo diferente al de los influencers, ya que los bookstagrammers no promocionan marcas ni productos. Por eso, muchos no cobran por su labor por lo que es posible acceder tanto a reseñas elocuentes como nefastas sobre lo que han leído y esto a mi me da garantías porque puede hacer pensar al usuario, que accede a esas recomendaciones, que el autor de ellas es objetivo porque, elhecho de cobrar los acerca más en realidad a la labor de un influencer o de una agencia de publicidad y el lector llegue a sentir que, en realidad, se le está vendiendo un producto y por lo tanto el usuario de Instagram que hace estas recomendaciones, va a hablar de lo bien que está y lo recomendable que es tenerlo de una forma forzada. Pero, aún sin cobrar, siento que es difícil, en este mundo literario que nos movemos, el hacer una crítica o recomendación real y sincera, aunque hay casos excepcionales, porque al final a nadie le apetece ganarse más enemigos de los que por motu proprio pueden surgir.

En resumen, creo que es una tarea muy bonita, beneficiosa para el autor y voluntaria para el bookstagrammer, aún así, si quiere cobrar me parece estupendo. Aunque entonces no pueden olvidar, y tienen que ser conscientes los que lo hacen, que sus seguidores pueden pensar que no es objetivo en las recomendaciones y críticas.

N. de. A: Mi agradecimiento a @Fotolócar como autor de la imagen de cabecera de la entrada.

mi trabajo

Redes sociales para escritores.

La semana pasada os presenté a un autor que nos mostró recomendaciones para los escritores. Hoy seré yo la que abusando de mi experiencia, y de vuestra paciencia, os haga un resumen de los estupendos consejos que me han dado en mis cursos para el manejo de RRSS en forma de breves pinceladas. Podéis estar o no de acuerdo, pero quién quiera aplicarlos no tengo el más mínimo problema en que lo recoja de lo que mas abajo comento.

1.-Crea tu propia marca.

Una imagen de marca personal como autor me ayuda a diferenciarme del resto. Es un puesta en valor y los lectores pueden por ello depositar más confianza en mí trabajo. No es una garantía pero da solvencia y seriedad. Si tu no apuestas por ti, ¿quién lo va a hacer?

2.-Busca sinergias.

En el camino encontrarás muchas personas que te puedan ayudar. Pide consejo y establece lazos. No tiene por qué ser solo escritores. Es más yo he buscado a todo tipo de profesionales y muchos totalmente ajenos al mundo literario.

3.-Humildad ante todo.

Hay que ser transparente y humilde, pero no hace falta tirar se falsa humildad. ¿Cómo se demuestra esa humildad? Ayudando desinteresadamente y reconociendo que que siempre estamos en pleno aprendizaje. Pero también hay que darse a valer, aunque quien quiera vender su alma al diablo, está en su perfecto derecho de hacerlo.

4.-Evitar publicar por publicar.

Es importante que lo que publiques tenga valor, hay que buscar la calidad porque sino, al final, los seguidores dejarán de mostrar interés. No seas un monólogo exclusivo sobre ti y tu trabajo, hay que dar a conocer otros trabajos, aportar ideas, echar una mano…

5.-Establecer prioridades.

No te apuntes a todas las redes sociales, sobre todo con eso que están de moda. Siempre llegarás tarde y acabarás saturado y cansado o queriendo parecer lo que no eres. A no ser que ese sea tu plan de marketing de forma muy consciente y meditada. Y ojo con mezclar contenidos de redes sociales o de plataformas a veces son como en las películas, archienemigas, y de ahí vienen los bloqueos. Os recuerdo: Amazon Vs Fecebook-Instagram.

6 -No te olvides de escribir.

Eso me lo dijo mi compañera, y formadora en marketing digital, Concha Rosano: «recuerda que tus RRSS no deben de tener más contenido que tus novelas». Difundir nuestro trabajo está muy bien pero sin ser absorbidos por las redes.

7.-Evita la frustración.

No te compares con los resultados del resto. Y no uses las redes como espejo de tus frustraciones, eres escritor, eres persona pero no vendas morbo.

8.-Calidad antes que cantidad.

Más importante es como interactúan tus seguidores que tener tu red llena de zombies y NUNCA compres seguidores.

9.-Las redes sociales no son portales de ventas.

Tu finalidad no es avasallar a tus seguidores para que te compren ni pasarte el día promocionando tus obras ni machacando siempre con tus penas y dolores o tu mala suerte. Lo importante es que tus seguidores sepan quién eres, cómo eres y como además has escrito un libro que vale la pena leer y por qué.        

10.-Desarrolla tu propio plan de contenidos.

Analiza y piensa en aquellas publicaciones que mejor pueden funcionar y haz un plan para saber qué vas a publicar y cuándo. Puede hacerse pesado pero una vez hecho luego es fácil seguirlo y te alegras muchísimo aquellos días que no tienes ni tiempo ni ideas. Fundamenta el porqué tienen que leer tu novela sin menos preciar el trabajo de otros.

11-.Asiste a eventos y participa.

He oído muchas veces que es que yo no quiero que sepan que escribo tal o cual género y escribo con seudónimo y no quiero que conozcan mi cara. Genial, pero si de verdad quieres que te lean siento decirte que la imagen sigue valiendo más que mil palabras. Y prefiero que vean mi cara y sepan quién soy y participar en eventos, a escribir mis intimidades y mis penas. Creo que lo primero es más útil y vende mejor que el morbo.

Por supuesto nada de lo que digo aquí es concluyente, ni es ley, pero cuando ya llevo mas de quince años haciendo cursos de marketing y publicidad, gestión de redes sociales y venta online y SIEMPRE me inciden en esos puntos, yo lo tengo claro: que cada escritor haga de su capa un sayo, que diría mi sabia y refranera abuela.

                      

Opinión

Sociedad «asocial»

Por circunstancias personales, esta semana tiro de hemeroteca. Voy a aprovechar lo que escribí hace varios años en mi otro blog de opinión personal. En este caso tiraba de pluma y tinta para una reflexión sobre las nuevas redes sociales que iban surgiendo en internet:


Una de las noticias que me sorprendió esta semana fue la de que cada día se están creando nuevas aplicaciones para móviles con un fin que yo no considero tan social, ya que las veo más bien nuevas “redes de pesca”, de un aquí te pillo aquí te mato. Los usuarios que se descarguen esa aplicación en el móvil y cuelguen su perfil, al tener a otras personas cercanas a ellos con la misma aplicación, podrán ver el perfil y si nos mueven con el dedito a la izquierda, seremos desechados como “posibles” y si en cambio nos dan con el dedito hacia la derecha, entraremos en el almacén de “posibles”, vamos un “me gusta” o “no me gusta”, pero con unos matices que dan la sensación de ser una pura y dura mercancía puesta en un escaparate para ser o no elegidos por unos supuestos compradores.


La sensación que me dio fue del típico mercado de esclavos de toda la vida (porque sigue existiendo lugares en el mundo donde las personas son vendidas y compradas en mercados) en donde unos van a comprar a otros. Lo que pasa que es más fino si ponemos una foto maja de perfil y escribimos cuatro tonterías superficiales de aficiones o directamente el interés que tenemos hacia la otra parte. No es como en algunos lugares del mundo donde te miran la boca como si fueras un caballo o te tocan para ver si estas sano ( y eso sin entrar en más detalles) La realidad es que las personas se están poniendo en un escaparate de venta con la excusa de que es para buscar relaciones afines. Vamos a ser sinceros, que a estas alturas todos sabemos que el 80-90% va a por una relación de un “aquí te pillo aquí te mato” de una noche y solo alguna persona va con otra motivación. Lo mismo esas tendrán la fortuna de encontrarse con alguien afín y con un posible conocimiento más real y profundo entre ellos.


Las relaciones sociales siempre han sido complicadas, porque se requiere tiempo y paciencia para que estas lleguen a buen puerto. Hemos estado en un final del siglo pasado y principio del actual en que lo que prima es, para muchas personas, la satisfacción instantánea. Y, es posible que, eso mismo le hayamos inculcado a nuestros hijos por lo que esas relaciones sí que no van a llegar a un buen fin. Es como una receta de cocina: la precipitación es mala consejera y al final acabará estropeando el plato.


Sí es cierto que no hay que demonizar las redes sociales, ya que todos somos participes de su desarrollo y tiene grandes ventajas. Tampoco demonizo las relaciones efímeras, porque, también para eso, somos mayorcitos. Pero siempre y cuando seamos conscientes de lo que suponen y consentido por ambas parte. Gracias a esas RRSS, hablo con amigos que están en Indonesia, Irlanda o incluso sin ir más lejos en la otra punta de España. A muchos los conozco personalmente, pero tengo un grupo que no tengo el gusto y que sin esta forma de comunicación, no me habrían abierto la visión de otras partes del mundo con sus costumbres y riqueza, al compartir fotos y vivencias y donde nos interesamos los unos por los otros. Así recibimos noticias y aunque no es tan cercano y cálido como un abrazo pero a veces las palabras también pueden ser acogedoras por internet. Gracias a las redes sociales grupos de personas que nos conocimos hace 25 años nos hemos vuelto a poner en contacto y al igual que en la vida cotidiana, se tiene que hacer el esfuerzo por mantener esa amistad. A veces, esos minutos en la cola del banco o del supermercado, dan para mucho y ahí aprovechamos para alegrarnos de las buenas nuevas de los amigos alejados y para acompañarlos y apoyarlos en sus malos ratos.


Pero lo que debemos es educar a nuestros hijos en que no se apoyen solo en estas redes sociales, ya que puede que algunos con su inmadurez no estén preparados para discernir entre lo que es un mero cauce y lo confunden con solo un fin. Esto es algo que le está ocurriendo a muchos jóvenes hoy en día, ya que no son capaces de relacionarse con niños desconocidos, como hacíamos nosotros, en un parque, o en una actividad social espontanea. Hay que buscar una justa medida y no ser una mera mercancía que se pueda identificar con un simple “me gusta” o “no me gusta”. No somos una lata de sardinas puesta en un estante en la que estemos comparando precios. Somos seres humanos con alma, y el alma no se puede introducir en una red social, es algo que va mas allá de un perfil puesto para impresionar a simple vista. El ser humano es un conjunto que engloba lo físico y espiritual que trasciende sobre todo en el tiempo y en el trato. Y, como siempre he dicho, a todo el mundo hay que darle su tiempo para ser conocido y tratado. Y en una red social para hacer “amistades” o le dedicas mucho tiempo o al final llegan las desilusiones y el vacío.


Aprovechemos lo bueno que tienen los medios, pero no dejemos de disfrutar de la vida con el contacto personal y diario, que es una de las cosas más hermosas del día a día y del que sacamos un buen partido aquí en el sur, que somos capaces de hablar y relacionarnos hasta con las piedras.

Han pasado unos años desde esta entrada en mi otro blog y sigo pensando lo mismo, sobre todo a raíz de la pandemia que seguimos sufriendo. Las redes sociales son muy importantes y nos gusten o no, han venido para quedarse, pero tratemos sacar de ellas lo bueno que tiene y no olvidemos nunca que detrás de un teclado y una pantalla hay personas y lo primero es el respeto y la educación.

Opinión

La vida a golpe de frases célebres

Para poneros en antecedentes, esta entrada la escribí hace unos 7 años cuando comencé con mi anterior blog a moverme dentro de las redes de forma más activa. Y como soy una persona muy curiosa, siempre he analizado todo lo que llega a mis manos de una forma u otra y es mi costumbre buscar a todo explicación. Porque cualquier acción humana tiene una reacción pero, también, tiene un antecedente que la explica, aunque esta acción esté realizada de manera inconsciente. Y son esas acciones, que a veces realizamos de manera inconsciente, las que más dicen al mundo sobre nosotros. Pero siempre y cuando, quién observe ese hecho, tenga el conocimiento para descifrarlas.

Una de las primeras cosas que llamaron mi atención es el uso que hace la gente de los muros de Facebook y, que muchas veces, identifico como llamadas de atención que dicen más de lo el dueño del muro desearía. Algo para lo que el resto somos meros espectadores. Creo que la mayoría de los que somos usuarios de las redes sociales reconocemos que, entrar en este mundo es abrir una puerta a la intimidad aunque mucha gente piense que esa puerta son resquicios, pero por ellos también se escapa de nuestras manos retazos de nuestra vida. Aquí os dejo mi reflexión de años atrás.

Gaby Taylor

Desde que tenemos Facebook y otras RRSS, se ha puesto de moda eso de ir copiando frases anónimas o atribuidas a famosos y publicarlas en los muro sin pensar, en profundidad, en lo qué en realidad estamos compartiendo. Y no sé si porque este mes estoy más sensible o guerrera de lo normal, que me fijo en esos detalles y les saco más punta de lo habitual.

Para empezar, la mayoría de las personas ni se molestan en ir a la fuente e investigar si el personaje al que se le atribuye la frase es realmente quien la pronunció o no. Está tan de moda Pablo Coelho que, sin haberme hecho nada el hombre, va a llegar un punto que ni ganas me van a dar de leer sus obras. El mundo del Facebook pilla de cualquier lugar una frase atribuida a este autor y seguramente el 90% de quién publica ni sabe de donde es Pablo Coelho ni cuáles son sus méritos ni su obra. Pero… queda tan bonito.

Esta semana me han impactado varias frases. Una de ellas fue: “Mi conciencia tiene para mí más peso que la opinión de todo el mundo” atribuible a Cicerón. Unas palabras interesantes, pero, ¿de qué contexto estaba sacada la frase? Y, ¿era de Cicerón?. Una oración de ese tipo, sacada y pegada de cualquier manera, es como la masa de chicle, la podemos amoldar a nuestra situación y a nuestro gusto, pero eso no significa que tengamos razón. Esa frase pudo decirla un genocida cuando tomó la decisión de la “solución final” en la que por su “conciencia” pensó que le sobran al mundo millones de personas y por ello hubo que que matarlas. En este caso la conciencia a la que se agarró y que provocó la muerte de inocentes, tuvo también mas meso que la opinión de los demás ¿es en este caso igual de válido ese criterio guiado por esa conciencia? Creo que más bien puede depender de donde tengas la conciencia, en este caso se puede tener a la altura del ombligo por decir un sitio, o carecer de ella que entonces la frase sobra.

Otra frase que también me ha impactado ha sido la de “Quién te hace daño es quien al final te necesita” que es prima hermana de la “quien bien te quiere te hará llorar”. Siendo sincera, prefiero que me necesite o me quiera menos. No tengo madera de heroína. Es como el ejemplo del que se está ahogando y llega alguien y por salvarlo se ahoga también. Para salvar a alguien primero y fundamental es que quiera salvarse. Hay quien pide que lo socorran, pero en realidad no quieren que los salven, porque eso presupone que tiene que modificar unos hábitos y actitudes que no está dispuesto a cambiar, por lo tanto es una causa perdida. No todo el mundo está cualificado para salvar, ni es de recibo recibir daño a cambio de hacerlo. Pero la frase es tan «cuqui» que se comparte sin realidad haberla analizado en profundidad.

La anterior frase ahora me es muy útil porque me recuerda como en la actualidad huyo de aquellas narraciones en las que se justifican hechos casi delictivos con la explicación de que se hizo por amor, o con la máxima de que el amor si es verdadero siempre triunfa. Esos amores tan «apretaos» no me van, por mucho que sea literatura de ficción.

Gaby Taylor

Otro ejemplo es aquel en el que leemos algo del estilo: “Si unos me quieren por como soy y a otros no les gusto por el mismo motivo, ¿para qué preocuparme? Así soy y a mí me gusta”. Pues debería la gente de hacérselo mirar, porque oye, si resulta que estás satisfecho, pues genial, pero las personas que ponen esas cosas en Facebook normalmente no estás satisfechos con la vida que llevan y, con su actitud y forma de ser, puede que la vida les traiga muchos más problemas que alegrías. Tal vez deberían de dejar de disfrutar tanto con su ombligo. No se puede estar machacando al entorno con “yo soy como soy y el resto que se fastidie”, porque eso es puro y duro egoísmo. Esto da lugar a que se vayan dejando cadáveres por el camino, y al final acabarás siendo un futuro cadáver. Hay que tener consideración hacia tu propia persona y sobre todo hacia tu entorno. No se puede ir por la vida metiendo la pata y luego pensando que por ser como eres todo el mundo te tiene que reír la gracia por que “tú lo vales”.

Que reflexionando, obviamente, cada uno puede poner lo que quiera en su Facebook, pero lo que me llama la atención es que cientos de personas que ponen esas frases (no todas por supuesto) son aquellas que parece que la única manera de expresar su disconformidad frente al mundo, es aprovecharse de la idea de otro individuo. Es una forma de «arrimar el ascua a su sardina» cuando lo más probable que no sepa de la misa la media, sobre la intención real del autor de la frase a la hora de expresarla.

Para tener un final feliz y poniendo una pica en Flandes, puedo decir que hay frases que sí son acordes a la realidad, como aquella que nos recuerda: “Para que una relación funcione ya sea amistad, amor o familia, el RESPETO debe ser lo primero a tener en cuanta». Y, para mí, ese RESPETO, debe ser tanto hacia ti mismo, como hacia tus relaciones personales Porque, si no te quieres a ti mismo, ¿cómo vas a querer a quien te rodea?

Estas son unas breves pinceladas de algunas de impresiones que un día, hace ya bastante tiempo, escribí. Como dije casi al final de mi entrada, es obvio que cada persona puede escribir en su muro lo que quiera. Aunque a veces pensamos que, al no poner imágenes privadas, guardamos nuestra privacidad y no nos damos cuenta que, muchas veces, esa privacidad es descubierta por palabras que creemos que no tienen importancia, pero que descubren más que nosotros que una imagen. No siempre se cumple la máxima de que una imagen vale mas que mil palabras, a veces, una cita desvela mucho más de lo que pensamos.

Gaby Taylor
Opinión

La autocensura y la crítica demoledora: Asesinos anónimos en las redes.

—Ha sido el sargento Casas y el traductor Mirko, cerca de Mostar. El vehículo ha caído por un terraplén. —Venía como si el accidente lo hubiera tenido también él—, hemos estado ayudando a recuperar los cuerpos.

Sacó un paquete de tabaco y me ofreció un cigarrillo que cogí al tiento, por la penumbra que nos rodeaba, y traté de encender pero el pulso me temblaba. Dragan encendió el suyo y, mirándome a los ojos, dio una profunda calada que, al expulsar el humo, la sentí como un suspiro. Se quitó el cigarro  de los labios y me lo ofreció para intercambiarlo con el mío porque yo no era capaz de atinar para encenderlo y él lo hizo por mí.

(fragmento de una próxima novela de Gaby Taylor)

Y vuelvo a la carga con el tema de la censura a colación de un artículo que he leído esta semana escrito por académico Darío Villanueva ante la publicación de su nuevo trabajo titulado ‘Morderse la lengua’, donde realiza un documentado alegato contra la corrección política y la posverdad, “los síntomas de nuestro tiempo” y en él me encuentro el comentario y cito textualmente: «Hay filólogos que me han comentado que las últimas ediciones de algunas novelas de escritores vivos tienen una diferencia muy llamativa respecto a versiones anteriores: los personajes ya no fuman. Es caricaturesco, o anecdótico, pero es representativo de lo que estamos diciendo: el propio escritor, sin que nadie le obligue, se da cuenta de que la fumarreta no es políticamente correcta. Y les quitan el tabaco a sus personajes. Y no pasa nada». 

Me he dado cuenta de que incluso yo he llegado a pensar si debería de mantener el hábito de fumar en los mis personajes, o es algo que debería de evitar. Y cuando mi parte del cerebro que es el analista y lógico me abofetea, comprendo la idiotez de mi postulado, pero también me he dado cuenta de hasta donde influye en la actualidad, ese miedo a las redes sociales que te montan un escrache y acaban hundiendo el trabajo de un escritor por algo, que para empezar, es ficción y después no es ilegal (de momento).

Ya me causa bastante sorpresa que en las bases de un premio, al que se presentan muchos autores independientes, se censure cierto tipo de novelas, que luego vende a espuertas en su tienda online, entre las que se encuentran las mías que son romántico-eróticas. Por lo tanto como para encima fustigarme con una autocensura, me niego. Y por eso no me presento a ese tipo de premios que censuran algunos géneros en sus bases. Si soy independiente, lo soy con todas sus consecuencias. Y aquí añado que es mi opinión y que ancha es Castilla para el resto de autores, faltaría más.

Desde luego esa acción la comento desde el mero aspecto informativo para demostrar como, a fin de cuentas, al final la censura existe. Lo malo que no es como la de antes, que sabías exactamente que era lo que no se debía de publicar y, aún así, los buenos escritores eran capaces de, hilando muy fino, al igual que los directores de cine, bordear esa censura y llegar a decir más de lo que en un momento ese autor hubiera dicho sin mediar ese veto. El problema que veo ahora es que no existe una clara línea de lo que es políticamente o no correcto y apelamos a una falsa libertad de expresión, cuando todos sabemos que dependemos del poder de unas anónimas RRSS donde, personas escondidas detrás de sus teclados, pueden echar por tierra el trabajo de años de autores por una mal entendida retroactividad. Así acabará llegando el caso de que Humphrey Bogart tendrá que dejar de fumar si se emite de nuevo «Casablanca».

A la conclusión que llego es que, si se está luchando por ser escritor independiente y no estar bajo el mal llamado a veces yugo de las editoriales tradicionales, y luego nos vamos a dejar comer el terreno por el lector anónimo agazapado en las redes sociales. ¿Dónde está en realidad nuestra independencia? Es algo a lo que le he estado dando vueltas y ya que me meto en este charco de publicar novelas invirtiendo en un proyecto, debo de mantener una rentabilidad para que ese charco me compense, pero no una rentabilidad al gusto de lectores anónimos o de convocatorias donde las bases no se ajusten a mi propio estilo de escritura, si no a mi propio gusto porque si no ¿para qué estamos aquí? ¿Para darle gusto a la gente o a nosotros mismos?

Y junto con la censura tenemos el ataque gratuito y personal al escritor porque hay quién no tiene argumentos para hacer una auténtica crítica, como el caso que le ha ocurrido a Eva García Sáenz de Urturi, premio Planeta 2020, a la que la han calificado en varios artículos y ataques como: «Golfa, tipeja, inmadura y ama de casa». A lo que ella contesta en la página de Zenda libros y que recomiendo su lectura. Lo que podría ser un buen año para disfrutar de su merecido premio se está convirtiendo seguramente en una época en la que no le apetecerá prodigarse mucho en las redes visto lo visto. Y no me vale esa frase de que con lo que se lleva de premio, que también he oído por ahí. No señoras y señores, el insulto tan utilizado en España por pura envidia es de hacérselo consultar a especialistas que tratan de esos temas.

En resumen, si hoy en día, sacar adelante un proyecto literario supone un gran esfuerzo de tiempo y dinero, para encima tener que luchar a brazo partido contra personas ocultas en las redes, vamos apañados. Anónimos que están a la espera de ver si tienen su minuto de gloria gracias a la censura y campañas de acoso y derribo ante la falta, supongo, de otras expectativas en sus vidas. Me gustaría que muchas de esas personas reflexionaran porque, aunque sea de forma humilde, el 80% de los escritores independientes generan riqueza y trabajo, ya que tras ellos hay pequeños equipos de profesionales que se ganan la vida corrigiendo, editando, maquetando y diseñando portadas, además de imprentas y personal que distribuye nuestros trabajos. Y si alguien tiene una queja o una crítica, que por lo menos se pare a pensar el daño que puede llegar a hacer y si siente que lo que un autor escribe no es de su gusto, no hace falta que lo censure y lo hunda en las redes, que se busque otro escritor que sea de su agrado y que deje vivir al resto de personas que se ganan la vida, o lo intentan, con una forma de trabajar tan digna como seguramente será la del crítico-censor. Y si de verdad quiere ayudar con una crítica, que sea constructiva.