mis lecturas

Matar a Fernando VII

Con este, título para iniciar la entrada de hoy, me da la sensación de que te estoy proponiendo algo delictivo aunque complicado de realizar. En realidad, si me conoces, sabes que utilizo palabras que impacten al inicio para crear espectación. De todos modos iré por partes.

Unas nuevas recomendaciones literarias

Ya ha pasado la primera semana de septiembre y me estoy viendo las fiestas de Halloween y la Navidad ahí a la vuelta de la esquina. El otoño, para mí, es un continuo rellenar mi agenda con fechas de compromisos y actividades varias. Unas que desarrollaré en la intimidad de mi casa y otras cara el público. Ahora mismo, tengo una gran cantidad de proyectos en marcha: ferias del libro, novelas que he acabado en esta primera semana y otras que entran en la cola de lectura y, todo trufado, no puede faltar mi referencia a la cocina, con un curso de seis meses de escritura creativa que implica no solo leer y estudiar, si no escribir, escribir y escribir, que es lo que me hacía falta.

Si eres de Cádiz y amas la historia no te la puedes perder y, si no eres de aquí, tampoco.

Justo empezando este més, de transición hacia el otoño, he acabado de leer la novela del compañero y autor David Fernández Fernández Matar a Fernando VII. Ha sido de lo mejor que he caído en mis manos este año, teniendo en cuenta la dificultad de desbancar a una de las autoras a las que me enfrenté, Han Kang, con La vegetariana. No son obras comparables, por muchos motivos que ahora no vienen al caso, pero sí en uno que, siendo desde luego bastante subjetivo, para mí es perfectamente válido: el buen sabor de boca que ambas obras me dejaron. Por ello las recomiendo para los lectores a los que les vaya eso de acercarse a géneros diferentes.

Tengo que confesarte que juego con ventaja ya que tengo el gusto de conocer al autor desde hace varios años, al ser compañero de la carrera, y que por ello tenemos un contacto directo. Así me pude permitir el lujo de preguntarle algunas curiosidades que me asaltaron durante la lectura y no, no fueron sobre la trama, sino sobre la estructura. Lo felicité dos veces, por lo bien trabajada que estaba la novela y por la corrección. Hoy en día es muy difícil encontrar, incluso en grandes editoriales, libros tan cuidados en todos sus aspectos que haga que tengamos entre manos una obra de calidad.

La historia se desarrolla desde el asedio de Cádiz por las tropas francesas hasta la muerte de Fernando VII. Unos 25 años en más de 500 páginas de las que no te quieres saltar ni una línea. Imagínate, en todo ese largo periodo de tiempo, la cantidad de personajes que el autor maneja. Lo hace con maestría, sobre todo con dos que me llamaron mucho la atención Lola y Blasina, que podría decir que son mis favoritos. ¿Por qué? Por la forma en la que los presenta y les da la voz. Porque esta es una novela histórica que tiene mucha enjundia. No es cuestión de coger a un personaje cualquiera y ponerlo en un periódo histórico lejano y que se las apañe como pueda, que al final acaba pareciéndose a Un yanki en la corte del rey Arturo, salvando las distancias, y hay veces que ni eso, debido a los anacronismos que trufan algunos folletines.

El escritor no se hace un Mark Twain. Aquí tenemos una novela sólida, con un vocabulario adecuado, si bien actualizado para fovorecer la lectura -no te asustes-, y una ambientación que si conoces Cádiz la recreas en tu mente y si no la conoces te dan muchas ganas de venir y recorrer los escenarios. Nos ambienta en la época y en la zona con toques propios de un escritor autóctono, recurriendo a los términos, quiebros y comentarios que un gaditano usa en la actualidad. En defiitiva, un autor que sabe lo que se hace.

No pienses que todo el argumento se centra en la ciudad gaditana, para nada. La historia va saltando, según las necesidades de la trama, a diversos escenarios que van desde Madrid, la sierra de Cádiz, Cuba o Rusia a Londres. Tampoco te quiero desvelar muchos detalles, que luego me acusan de hacer spoiler. Mover todos esos palos con sus respectivos platos girando y que no se te caiga ninguno requiere mucho esfuerzo y una visión general y amplia desde el inicio del proyecto. El autor me ha confesado que haber realizado su tesis doctoral, pese a no tener relación con el periodo de la novela, le ayudó a tener esa visión en conjunto una vez que tuvo toda la documentación en la mano. Aun así, saber equilibrar la parte de la documentación con la ficción para que el lector no se aburra y esté pendiente de todos los acontecimientos que se desarrollan no lo da el hecho de ser doctor en Historia. Ahí hay un amor y un gran cariño por la lectura y la escritura y, sobre todo, mucha exigencia para presentar una buena historia a los lectores, que al final somos los que tenemos la última palabra.

Me ha hecho gracia, porque justo cuando mi amigo David estaba ultimando los detalles de su trabajo, allá por el mes de abril, yo también estaba con Fernando VII. ¿Quién me lo iba a decir?

Sé que a muchas personas le parecerá exagerado, e incluso imagino que el autor se ruborizará cuando lea estas palabras, pero desde luego, para mí, no tiene nada que envidiar a Santiago Posteguillo, sobre todo siendo su primera publicación de este calibre. Firma otros trabajos anteriores, pero de ellos te hablaré en otro momento si encuentro un hueco en mi agenda. De él también adquirí su primera novela, Como grano de mostaza, que compagino con mi curso de escritura creativa y con otras lecturas, pues requiere un acercamiento más reposado ya que la historia se desarrolla en la España del siglo XVI y David Fernández utiliza, al ser una época más alejada, una sintaxis y una estructura narrativa que requieren un poco más de mi atención. Un recurso que me interesa analizar a fondo.

Yo soy las de disfrutar de la lectura y si devoro libros no es por competir en el ranking de mayor cantidad de lecturas de este año, sino porque tengo poco tiempo y quiero aprovecharlo al máximo. No obstante, jamás lo hago con prisas y prefiero releer un párrafo para no perder el sentido de la obra a apuntarme el tanto de un libro más en mi lista. Esta novela ya no está disponible en estos momentos, aún así, tuve la suerte de poder conseguirla. Seguramente el autor algún día volverá a reeditarla, por lo tanto me voy a esperar un poco y te la comentaré en cuanto salga de nuevo a la luz. Ya sabes que cuando adquiero la primera obra de un autor y la última es porque estoy muy interesada en su trayectoria y crecimiento. Este es uno de esos casos.

Como he comentado, en este mes ando también liada con un curso de escritura creativa que me va a tener leyendo y escribiendo los próximos meses, algo que me va a venir estupendamente. Ya he disfrutado de tres magníficas masterclass con autores que han hablado de sus libros y de su experiencia.

Uno de ellos ha sido Lorenzo Silva, del que ya había leído toda la saga de Bevilacqua y Chamorro, pero siempre es un gusto oirle hablar de su experiencia como escritor. En este caso el tema fue la novela histórica: cómo tratar a los personajes reales y los de ficción, los riesgos de las conjeturas, los dilemas éticos que surgen al manejar temas que para un lector desprevenido pueden llegar a pensar que son hechos reales y sus pequeños trucos en el día a día frente al folio en blanco. Más de una hora y media disfrutando y tomando apuntes.

Otra autora con la que hemos compartido rato de aprendizaje ha sido Marta Robles. Su exposición me ha animado a leer su primera incursión en la novela negra, A menos de cinco centímetros. Una trabajo que gustará a los amantes del género, aunque no es del tipo de trama que nos llega a sorprender. En mi caso, a mitad de la novela ya sabía quien era el asesino. Más bien la recomiendo porque se mueve dentro de los cánones habituales: detective amargado por una mochila complicada cuyo pasado llama a la puerta en un caso que empieza siendo de asesinato, continúa con un tema de infidelidad y se le suma un asunto de trata de personas. Todas se entretejen y ese será el hilo conductor que enlaza a la mayoría de los personajes.

Personalmente me dio, de momento, más satisfacción la saga de Lorenzo que esta novela de Marta, pero como ya sabes que no soy de las que me rinda a la primera, si un autor tiene calidad, no tardaré mucho en volver a comprarme en digital la siguiente aventura del detective Roures.

Tal vez puedas pensar que un curso de escritura no es necesario cuando ya tengo en mi haber tres novelas publicadas. Pues no, ya te digo yo que no. Que conste que lo inicié con muchas reticencias porque no son baratos si quieres op tara uno que tenga mediano prestigio, pero hay cosas que sé que por lo menos debes probarlas una vez en la vida para poder alabarlas o criticarlas. Además, no por apuntarte a uno vas a mejorar por arte de magia en tu faceta de escritor. Para lo que te va a servir seguro es para confirmar que te queda mucho camino por delante, pero también te va a ayudar a ver qué es lo que no debes hacer en el mundo de la escritura.

Cuando esté más avanzado te expondré un poco mis sensaciones y seguramente subiré a las redes algunos de los relatos que estoy escribiendo semana tras semana. Te hablaré de cómo optimizo este tipo de enseñanzas, lo que para mí tienen de negativo y lo beneficioso de todo este trabajo. De momento te dejo con un par de recomendaciones literarias que espero que te animes a leer ahora que llega el otoño y posiblemente pases más tiempo en casa.

Opinión

«En serio» o «Realmente», George?

Recuerdo que hace años cayeron en mis manos de forma casual un par de colecciones de libros que me llamaron la atención. Una de la autora Penélope Sky, denominada Saga Botones porque la trama que desarrolla en el entorno de una familia de mafiosos y venganza que tiene como Maguffin un bote de botones, y la otra, la Hermandad de la daga negra, de J. R. Ward, una de vampiros que conviven con los humanos, pero no se mezclan con ellos hasta que, por encuentros amorosos, se llega al intercambio de fluidos, y no solo sangre. La Hermandad es como asuntos internos en el cuerpo de policía: controla los desmanes del resto de no vivos para evitar que llamen mucho la atención.

Tengo el recuerdo difuso de que, al ir leyendo libro tras libro, empezaba a notar que era más engorroso, porque, literalmente, la traducción era una mierda. Y entonces no había IA, aunque sí Google Translate. Pude sustraerme y tuve que discernir, entre la maraña de palabras que no estaban bien ajustadas al texto, lo que querían decir los personajes, pero ¿qué necesidad había? En mi caso me valió, por un lado, para entrar en contacto con lo que llaman Dark Romance y, por otro, para conocer qué se cocía en el mundo de la erótica o a lo que así denominaban en pleno siglo XXI. Por lo tanto, hice de tripas corazón y, saltándome páginas como si no hubiera un mañana, me puede hacer a la idea sobre qué iban ambos subgéneros.

Ambas sagas constan de un gran número de volúmenes, sobre todo la de vampiros. Un amigo tuvo a bien enviarme un archivo con todos ellos, sabía lo que me gustaba leer y que ya me rondaba por la cabeza escribir erótica y de esas lides tienen bastantes páginas ambas historias. Estaba claro que, por mi falta de experiencia en aquel entonces, me estaba leyendo una mala copia. A partir de ahi, fui más selectiva a la hora de buscar novelas traducidas. Otra cosa fue que, cuando ya entré a fondo en este mundo como escritora, las consideré un poco repetitivas y vi que eran más divertidas las otras historias que ocurrían en sus páginas.

Todo esto ha vuelto a mi cabeza a raíz de una polémica que ha surgido en Threads sobre el tema de la traducción de novelas. Discusión inútil por otra parte, porque como dije en mi anterior entrada debatir es una asignatura pendiente en España y así pasa lo que pasa, que la gente arranca ojos sin pizca de pudor. El caso es que, por lo visto, una Influencer debió hacer un comentario sobre que la editorial Monogatari la había solicitado para publicar en español un libro de una saga. Obviamente las redes ardieron, algo que ocurre con facilidad por mucho menos. En un bando estaban los que alegaban que eso era intrusismo profesional y en el otro los que mezclan churras con merinas, vomitando que aquellos que nos llamamos escritores sacáramos el título universitario correspondiente para demostrar que estábamos cualificados para escribir libros. Es cierto que también había comentarios de lectores que leían con fluidez ambos idiomas (inglés y castellano) y alegaban que la traducción era horrorosa.

Después de esto quise ponerme en comunicación con los responsables de mi planeta para que me vinieran a recoger tras dispensarme de seguir realizando mi análisis sobre la vida inteligente en la Tierra. Había hecho el estudio en profundidad con los delfines y descubrí que, más allá de ellos, no había vida inteligente.

Seguí los palos y picas que enarbolaban los energúmenos de diverso pelaje en las redes, aunque antes me había sacado el paquete de palomitas, y según avanzaba la caza de brujas más segura estaba de que debo ser extraterrestre. Hubo algunos leves destellos de racionalidad, pero fueron pisoteados, como de costumbre, por la masa vociferante que alegaba que todo el mundo tiene derecho a hacer lo que quiera si se considera capacitado para ello. Traigo a colación algunos de los comentarios que más puedo destacar:

No puedo entender el pollo montado con la traducción de la bookstagrammer. Entiendo que los que han estudiado traducción estén picajosos. Pero si esa persona traduce bien, puede que incluso mejor que algún traductor profesional, porque telita con las traducciones de algunos libros, no veo el problema. Si una persona sin título ninguno está capacitada para escribir un libro porque no para traducirlo que es más fácil? Si eres traductor y eres bueno no deberías tener miedo de que te falte trabajo (sic).

Ni que decir tiene que el “telita con las traducciones de algunos libros…” va a ser precisamente esa que está hecha por alguien que no es profesional y no está cualificado, mira tú que casualidad.

Además, me vas a perdonar, pero que una persona alegue que es más fácil traducir un libro que escribirlo denota su escasez de conocimiento ―qué verdad que la ignorancia es muy atrevida―. Por lo tanto, fin de mi alegato. Es como si dice que médico de familia puede ser cualquiera porque, total, es más sencillo que ser cirujano, que ahí es donde se corta el bacalao. Está claro que si eres bueno no te va a faltar el trabajo, porque además, gracias a Dios, una editorial debería pedir muestras, al igual que las pide del de corrección. Pero claro, sin abrir otro melón, hoy en día cualquiera se da el nombre de editorial o de corrector, ya puestos, y eso lo sabemos porque ya lo hemos hablado en otro momento.

La respuesta al anterior comentario no se hizo esperar:

Ya que intentas ir de lista, las traducciones se rigen por normativas europeas específicas para servicios de traducción, es decir, por las normas ISO. Y, concretamente, la norma de calidad ISO 17100 exige que los traductores que participen en proyectos de traducción tengan o titulación universitaria, o formación relacionada + 2 años de experiencia demostrable, o 5 años de experiencia demostrable. Y, en este caso, no se dan ninguno de los tres requisitos. (sic)

Pero en el mundo de las redes sociales, al igual que a pie de calle, las razones se miden por el tamaño de lo grande que la tengas o lo alto que chilles. Es de agradecer que los hilos en Threads no sean como las cartas vociferadoras de Harry Potter, porque íbamos a tener que ir por la vida con tapones.

El remate final fue el comunicado que puso en Instagram la propia editorial. No hago comentarios, que cada lector se haga su composición de lugar.

Yo quiero saber la realidad

Siempre me han dicho que valgo mucho por mi agenda y tiré por lo tanto de ella buscando a mi amiga, Encarni Ayllon, licenciada en Traducción por la Universidad de Granada y MBA Executive de EOI Sevilla, con experiencia en el desarrollo de proyectos de comunicación para empresas e instituciones. Así pude preguntar a una persona con experiencia en el tema cuáles son los requisitos para ejercer esa profesión. Es cierto que en España existe la figura del traductor jurado de forma reglada, pero también existe una asociación, a la que ella pertenece, en la que se especifica qué requisitos deben solicitarse para contratar a alguien que haga esa labor en el mundo literario. Porque en el saco de la traducción hay muchas papeletas y no todas son iguales.

Un profesional se asegura de que el mensaje, los conceptos y los hechos permanezcan inalterados durante el proceso. Si lo hacemos de forma literal ya no vale. Y para no caer en ese error se necesita conocer el oficio.  Lo ideal, si se desea trabajar en este sector para una agencia o de manera autónoma, es estudiar la Licenciatura en Traducción e Interpretación, convertida en grado con la reforma de Bolonia. Aunque no sea requisito indispensable para ejercer.

Por más que seas bilingüe, eso no te convierte en un profesional. Si tu sueño es poder ejercer este oficio, lo primero que necesitas es tener un conocimiento profundo de tu lengua. Por otro lado, debes cursar una formación específica en idiomas, como la aludida en el párrafo anterior, disponible en buen número de universidades. Otra opción válida para formarte es estudiar cualquier otra carrera universitaria y hacer un máster. Esto puede ofrecer una ventaja importante: la especialización en un ámbito determinado, que permite tener conocimientos de la materia y del lenguaje técnico específico. Por ejemplo, si tienes la carrera de Derecho y la complementas con el master, puedes especializarte en el ámbito jurídico. Lo normal es que un traductor tenga previamente también la carrera de Filología, pero también puede ser médico y centrarse en libros relacionados con sus estudios. En cualquier caso, antes de ponerse manos a la obra, debes conocer bien ambos idiomas.

Podemos retomar el hilo y, al principio del texto, a la parte de aquel argumento que vale para sonarse los mocos:

Si una persona sin título ninguno está capacitada para escribir un libro porque no para traducirlo que es más fácil? (sic)

Se agradecería que quién se ponga a escribir un libro sepa hacer algo más que la “o” con un canuto; es más, se le presupone un amplio dominio de la lengua española hablada y escrita. Si no ha llegado hasta ese punto, por lo menos que se esté formando para ello antes de publicar, por favor. Ya hemos hablado de eso, no me hagas tener que repetirlo, porque luego llegan las quejas en forma de que no vendes libros. Normal, qué coño vas a vender si no sabes escribir.

Repito encarecidamente: la traducción requiere de muchas habilidades que no todo el mundo tiene y que hay personas que probablemente nunca podrán llegar a desarrollar. Podemos destacar el dominio de la gramática y el vocabulario, de la ortografía y del estilo, entre otras. Si la mayoría de la gente ni siquiera maneja todo eso en su propio idioma, imagínate en dos o más.

Qué carreras universitarias deberías hacer para ser traductor de libros.

Esta es la lista de estudios prioritaria:

  • Licenciatura en Lenguas Modernas
  • Licenciatura en Traducción e Interpretación
  • Licenciatura en Literatura Comparada
  • Licenciatura en Filología
  • Licenciatura en Estudios de Traducción

Otros estudios y habilidades necesarias

  • Conocimientos de gramática y sintaxis avanzados
  • Conocimientos en cultura y literatura para poder capturar el tono, el estilo y los matices de un texto
  • Capacidad de trabajar con plazos ajustados y de mantener la consistencia de terminología en todo el libro
  • Excelentes habilidades de investigación y capacidad para trabajar con fuentes diversas y complejas

Que la editorial contrate a una influencer me da igual, pero que no se diga en las redes que para ser traductor no se necesita una carrera, porque sí es conveniente tenerla si quieres hacer bien tu trabajo y que se te tome en serio. Que luego se lee cada bodrio por ahí, con nombres y apellidos, que acaba afectando a los buenos escritores que sí cuidan esos detalles.

Hoy no te voy a recomendar ningún libro de lectura semanal, no porque no me haya leído ninguno si no porque creo que este tema trae suficiente cola de por sí y no hace falta añadir más contenido a la entrada. Si bien, para complementar, te dejo el enlace a una página en la que viene pormenorizado todo lo necesario para ser un buen traductor literario.

https://todoestudios.net/estudiar-para/traductor-de-libros/#:~:text=Adem%C3%A1s%20de%20una%20licenciatura%20en%20una%20materia%20relacionada,capacidad%20para%20trabajar%20con%20fuentes%20diversas%20y%20complejas

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Las ocho P y un exordio

Exordio: prefacio, prólogo, preludio, preámbulo, prolegómenos, previo y proemio. A fin de cuentas: preliminares.

Así es de rico el castellano, a la vez que amigo de hacer juegos de manos. Pueden parecer sinónimas pero no todas lo son. En realidad, te diría más bien de que son primas, algunas cercanas y otras lejanas, pues su etimología puede ser latina o griega y no es lo mismo, aunque nuestro cerebro tienda a simplificar y quiera equipararlas. Como escribe mi colega Héctor H. López en su entrada, https://yatengounaedad.wordpress.com/2023/11/18/la-eleccion-de-las-palabras/, esto iría de connotaciones y denotaciones, pero a mi manera.

Al igual que el sexo necesita su preámbulo (del latín ‘praeambŭlus’: que va delante) siendo conocido como preliminares (aquellas caricias, besos y otros juegos de índole erótico-sexual que se llevan a cabo para ir aumentando la libido y excitación), una obra literaria también puede requerirla como modo de enganchar al lector con las primeras líneas, poniéndole en antecedentes de lo va a leer. Podríamos decir que es un aperitivo si nos colocamos en un escenario culinario.

La lista de opciones es amplia:

  • Prefacio: lo que se dice delante (latín).
  • Prólogo: texto introducido que da paso a una obra escrita, cuyo origen es griego.
  • Preámbulo: lo que va delante (latín)
  • Preludio: aquello que precede y sirve de entrada. Se usa más en la música. Su origen también es del latín.
  • Preliminares: su significado sería «antes del umbral» o «puerta de entrada», de etimología latina.
  • Prolegómenos: introducción al texto (griego).
  • Proemio: poema o canto que precede y que, por lo tanto, es más propio de la poesía.
  • Previo: que va delante o sucede primero, aunque también significa preparatorio.

Hace unos días vi un directo en el que se hablaba de la importacia o necesidad del uso del prólogo al inicio de una obra literaria y, al final, si no tienes claro de que va la película acabas haciéndote la picha un lio, como diríamos en Cádiz. No se habla tanto de la necesidad de que un libro la tenga esa estructura, ni si es algo que sea o no del gusto del lector; sencillamente son técnicas literarias que pueden servir al autor, como ya he comentado, para poner en antecedentes de la historia.

A mí me gusta hacerlo en mis novelas pues sé que las primeras líneas son fundamentales para atraer al lector y dejarlo enganchado. Por ello mis prólogos son introducciones que tratan de sorprender e intrigar a todos los que inician la lectura.

En el caso de mi última novela comencé con un entierro en Escocia para que suscitara toda una serie de preguntas al lector: ¿quién era el difunto? ¿cómo había fallecido? ¿quién narraba la escena? ¿quiénes eran los personajes que sufrían el duelo, y en qué medida?

Vivo en las Tierras Altas, en Ardersier, muy cerca de Inverness, donde tengo mis negocios. De niño y en mi adolescencia pasaba las vacaciones en casa de mis parientes, en Blackford, por lo que me resultaba fácil tener relación con los McFarlane. Allí, al final, todos somos parientes de una u otra forma y, al ser el pueblo bastante pequeño, acabamos yendo a los mismos sitios. Blackford tiene lo justo y necesario para vivir bien: su calle principal con sus dos iglesias, un colegio, un hotel, una embotelladora y una destilería donde trabaja buena parte del pueblo, una panadería que llevan mis tíos desde que se afincaron definitivamente allí tras heredar el negocio familiar y el típico pub que puedes encontrar en cualquier rincón de Escocia; el lugar donde se junta la gente cuando acaba de trabajar y que es donde se hace la vida social. Pero con el paso del tiempo mis visitas se fueron espaciando, aunque hoy estoy de nuevo aquí. Llevo varios días acompañando a mi tía para conocer el estado de Meisie, hija del señor McFarlane, y de su nieto Ian, pues tuvieron un accidente en la carretera camino de Glasgow. Todos los comentarios apuntan a una mala maniobra que provocó que se saliera de la carretera, con tan mala fortuna que un árbol se cruzó en el camino del vehículo. Ambos llegaron con vida al hospital. Sin embargo, el nieto que conducía falleció en el quirófano. Ahora me he enterado de que la hija de Craig, pese a todos los esfuerzos de los médicos, no ha logrado sobrevivir.

Taylor, Gaby. Unidos por el pasado (p. 4). Edición de Kindle.

Este sería el prólogo o prefacio al que estamos acostumbrados la gran mayoría de los lectores. Con el mismo nombre tenemos otra forma de iniciar una narración, aunque tiene un matiz que le da el toque diferenciador. En este caso es poner al lector en antecedentes de quién es el escritor, su intencionalidad a la hora de plasmar el escrito y su trayectoria literaria. Aquí entra en juego que el prologuista sea un autor con cierto renombre dentro del mundo de las letras. Sé que hay personas que esto no lo valoran e incluso dicen que nunca leen los prólogos de ese tipo, pero otro gallo cantaría si mi novela la prologara Cesar Gellida. Puede que como lector te importe un bledo, pero el empujón que da un padrinazgo de ese calibre no tiene color.

Otro caso que llamó mi atención es el de El nombre de la rosa, donde encontramos un exordio cuyo objetivo es atraer la atención y preparar el ánimo. Ahí, Umberto Eco nos habla del hallazgo del manuscrito y lo hace con tanta credibilidad que hoy en día hay quien lo busca como si fuera real. Tras unas notas donde aclara un poco su estructura, pasa a un prólogo ya narrado por uno de los protagonistas de los hechos, Adso de Melk, muchos años después de todo lo que se nos va a relatar.

Si has leído El Quijote te habrás topado con la captatio benevolentiae, una fórmula muy usada en los escritos de esa época. El autor pide al público que sea comprensivo con él y con su obra, pues a pesar de sus imperfecciones lo ha hecho con buena voluntad. En el caso de Cervantes se intuye otro propósito. Tras sus lineas se adivinan las tensiones propias del mundillo literario coetáneo: parece ser una indirecta contra un Lope de Vega que hacía un uso poco discreto de estos adornos y del que se conserva una carta, nada amena, en la que se refiere a las dificultades que conoció su rival en la búsqueda de plumas dispuestas a encomiar su libro. ¿No te suena? ¿Pensabas que esos dimes y diretes eran exclusivos de la actualidad? Yo os recomiendo su lectura pausada, porque tiene miga y nos demuestra la sorna que destilaba.

Como puedes ver hay muchas opciones y a cada cual más variada, pero se resumen en dos realidades:

  • Una introducción que pone al lector en antecedentes y con ganas de saber más.
  • Una explicación sobre la intención del autor con su obra y un breve recorrido por su trayectoria, pero no para destacar sus publicaciones anteriores, sino, más bien, mostrar el camino interior que surge a través de sus letras.

Creo que ambos modos de iniciar una obra pueden ser útiles para entender qué hay detrás de las páginas de un libro, cuáles son los intereses del creador, cuál es la intencionalidad que subyace y revelan los personajes. Eso sí, no hace falta que detalléis ciertos aspectos de vuestra vida personal si no estáis muy seguros de que el día de mañana esas relaciones se vayan a mantener, algo así como con las dedicatorias o los agradecimientos.

A modo de final, añadiré que otro día lo mismo me dedico a hablar de los epílogos que me he encontrado en algunas novelas. Desde aquel que no ha sido escrito por el autor a aquellos que en pocas páginas tratan de tapar todos los agujeros, incoherencias y cosas raras que se encontraban a lo largo de la narracción.

Aunque, para cosas raras, recuerdo aquella vez que vi en Facebook a una autora que iba recabando los nombres de otros autores y lectores para añadirlos a su lista de agradecimientos, llegando a juntarse con más de un centenar. No sé si su idea era aumentar el número de páginas para sumar ingresos en la lectura del Kindle Unlimited o que hubiera muchos posibles compradores azuzados por ver su nombre incluido en dicha lista al final de la obra. Fue durante un tiempo chascarrillo malintencionado en las redes. Está claro que cada uno puede gestionar su trabajo como quiera, aunque son formas que al final denotan poca seriedad.

Y ya está el mundillo raro como par no ser serios, ¿verdad, Lope?

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La intencionalidad de las palabras

La pluma es más poderosa que la espada

Edward Bulwer-Lytton

Esta semana he participado como oyente en la entrevista que nuestra compañera Nuria Colomina https://www.instagram.com/nuriacolominagomis/?hl=es le ha realizado al también compañero Héctor H. López https://www.instagram.com/hectorh.lopez/?hl=es. De lo que se habló lo resumiría en el título que encabeza la entrada, aunque ya sabes que una vez empezada la conversación, los derroteros que tomó la entrevista, les llevó a tocar temas muy variados.

Dejo el enlace porque creo que vale la pena oir a ambos escritores:

https://www.instagram.com/p/Cxd2GSRLxdT/?hl=es

Ahora vamos a ir al asunto que hoy me traigo entre manos. Es sabido, que para desarrollar adecuadamente cualquier oficio, se necesitan una serie de herramientas que faciliten la tarea. Eso mismo ocurre con la escritura. Pese a que muchas veces se idealiza la labor del escritor, este, en realidad, acomete un trabajo que, al igual que un carpintero, cirujano o cocinero, necesita de una serie de instrumentos que, la mayor parte de las veces, destacan por su precisión. Muchos de ellos son conocidos y otros han venido a engrosar el número de los que ya manejaba. En en caso del escritor va desde un simple bolígrafo y papel hasta aplicaciones como:

Pero no os dejéis engañar, porque, al final, todo eso es inútil si no conoces a fondo tu oficio y, por ende, tu herramienta principal: las palabras.

Unas herramientas fundamentales (entre otras muchas): verbos y sinónimos

Supongo que a estas alturas de la película, si eres buen lector y además tienes el gusanillo de la escritura, por lo que has entrado en ese mundo de narrador de historias, sabes que muchas palabras tienen intencionalidad. En algunos casos, va a depender del contexto en el que se incluyan y, en otros, el que ellas tengan esa característica de forma intrínseca. Eso hace que haya que hilar muy fino a la hora de utilizarlas, sobre todo en el caso de los sinónimos. No podemos meter las palabras en un cubilete, agitarlo y soltarlas de cualquier manera en nuestros escritos. Y si lo hacemos, porque nuestra manera de escribir es soltar todo lo que llevamos dentro como es mi caso, luego debemos de repasar todo el manuscrito con un corrector de mesa, porque nuestro cerebro tiende a saltarse ese tipo de cuestiones a la hora de la lectura. No somos conscientes de que un término tiene un significado y que, a veces, no casan ambas realidades: lo que queremos expresar y lo que al final acaba expresandose. No todo vale.

Ese tipo de problema lo vemos, y lo he sufrido, en el uso de sinónimos y verbos y a veces ralentiza mucho la corrección, pues tienes que volverte loco buscando ese vocablo que nos dé el matiz adecuado a la frase o al párrafo.

Hay que darle muchas vueltas antes de aceptarlo como bueno. Incluso es ideal, cuando estás con el editor de mesa, que aquí no vale que sea solo un lector cero, que si te pregunta cuál es la intención de ese fragmento, le expliques con detalle qué es lo que en realidad quieres decir, pues no todo significa lo mismo. Un ejemplo de ello lo tenemos en esta sencilla frase: “Era un día oscuro”, si lo pensamos con detenimiento sabemos que podría significar más de una cosa. Podría significar que el cielo estaba nublado o que el estado de ánimo de la persona era sombrío y deprimido. Pero eso solo lo sabe el escritor y en todo caso su editor si están puliendo el texto mano a mano.

Como ayuda, en el caso de los sinónimos e incluso verbos, os voy a recomendar una lista de diccionarios que os pueden venir muy bien a la hora de poneros a escribir vuestros textos:

  •  http://tesauros.mecd.es/tesauros/tesauros es otra herramienta de referencia interactiva que no solo proporciona sinónimos y otras palabras relacionadas, sino que también las clasifica según su complejidad y longitud, y si la palabra se usa de manera formal o informal. Si estás trabajando en una novela en la que se usan muchos términos agrícolas o de arte, este tipo de diccionarios puede ser imprescindible. Son un tesoro, como bien indica su nombre.
  • Synonims.net proporciona sinónimos, antónimos, definiciones e incluso la traducción de la palabra a varios otros idiomas. Aunque la página en origen vienen en inglés, el traductor de nuestros ordenadores o móviles la pasaría inmediatamente al idioma selecionado.
  • El Diccionario Reverso no solo proporciona sinónimos, sino también traducciones de una palabra en otros idiomas. También en su origen lo abriremos en inglés pero tiene la opción en una pestaña en la parte superior derecha de modificar el idioma del usuario.

También Reverso tiene opciones para registrarse grátis y, así, tendrás la oportunidad de guardar tu historial y tus sinónimos favoritos.

Como ves, hay bastantes opciones a la mano y otras muchas más, que irás descubriendo, si de verdad tienes curiosidad. El que repite palabras es porque no tiene interés en mejorar la calidad de sus textos.

Por supuesto tenemos nuestros diccionarios habituales como son:

  • Fundeu: Su labor es la de aclararnos aquellas dudas sobre palabras que son de uso cotidiano y que a veces no están incluidas en el diccionario habitual de consulta de la RAE. Su nombre es un acrónimo que proviene de Fundación del Español Urgente. Es muy recomendable su uso de forma habitual.
  • Rae: El hermano mayor. Dentro de sus páginas podrás encontrar otras obras que te pueden interesar y que van desde un Libro de estilo de la lengua española hasta manuales de ortografía y gramática básica, que ya a estas alturas de la vida deberíamos tener superados, pero, por si acaso, no está mal tenerlos en mente.

Aprender a usar los sinónimos y verbos, entre otras palabras, de manera efectiva puede ayudarte a comunicar mejor tus ideas. El texto claro y conciso, que usa una variedad determinada de palabras, puede proporcionar a tus lectores una adecuada inmersión en tu obra y que la haga más interesante. Así lograrás que se mantenga el interés de quién bucee en tus páginas. Después de todo, este es el objetivo final de la redacción: enamorar al mayor número de lectores.

A veces, nos encontramos a muchos de ellos que en las recomendaciones de algunas obras que han leído, hablan de un texto ágil, ligero, de rápida lectura, que me vas a perdonar, pero me lleva a la conclusión de que estaría frente a una narrativa simple. ¿Eso es malo? Sí y no. No es malo tanto en cuanto no sea algo habitual si quieres avanzar dentro del mundo de la lectura y, sí es malo si es tu lectura del día a día y encima eres escritor. Igual que decimos que, de lo que se come se cría, la comida rápida (basura) no es recomendable que se ingiera de forma continuada, lo mismo puede ocurrir con este tipo libros.

Cuando se es escritor, o se pretende llegar a serlo, se presupone que tenemos un plan ambicioso, y no me refiero a escribir un best seller y ganar mucho dinero, que tambien, sino a mejorar de una forma progresiva. Para lograr ese objetivo solo tenemos un camino y es aprender a manejar adecuadamente nuestras herramientas, que son las palabras, por si no te habías dado cuenta a estas alturas. Cada día deberíamos de aprender alguna nueva y compartirla como hace la compañera Mina Lacoc https://www.instagram.com/mmladoc/?hl=es y tratar de introducirla, con sentido común, en nuestros escritos. No vaya a ser que ahora nos pongamos a pensar que por escribir palabras extrañas nuestras historias van a ser más cultas, en todo caso serían pedantes. Que ya me he visto a algún autor que ha utilizado un término que queda bonito, pero, que, volviendo a la raiz de nuestro tema, su verdadero significado no iba al contexto de la historia y acababa siendo un error de edición.

Como no puedo acabar mi entrada sin recomendar un nuevo libro, o algo que me haya llamado la atención en el ámbito literario, la finalizo con la novedad debajo del brazo de la obra de Irene Vallejo Nájera El infinito en un junco. Me dirás que no es tal novedad, pues ya lleva varios años en la calle con mucho éxito de lectores y de crítica. Y tienes razón, pero lo que hoy te traigo es la edición gráfica de esa novela que ha salido esta misma semana, el 21 de septiembre.

Pese a que la publicación original está recomendada a partir de los 16 años, entiendo que meterse entre pecho y espalda un libro de mas de quinientas páginas, y siendo un ensayo, es algo que echa para atrás incluso a adultos avezados en la lectura. Creo que por ello la autora lo presenta esta semana en un formato mucho más ameno como es el género de novela gráfica. Pienso que puede ser útil para acercarnos a esta autora y por ello os lo recomiendo.

Me sumo a lo que dijo Héctor en su entrevista. ¡Atrévete a leer géneros que dices que no te gustan! Así es como se aprende, si no eres capaz de acercarte a otros autores, y solo lo haces con los que te son afines, al final tu escritura se empobrece si eres escritor y si eres lector tu visión del mundo sufre el mismo retroceso. Es como si en una torre con muchas ventanas solo miraras por una y siempre estuvieras viendo el mismo paisaje, al final te pierdes la opción de conocer cosas interesantes de tu entorno o, incluso, tener argumentos para defender lo que no te gusta. Y no le tengas miedo a los clásicos, que hay muy buenas actualizaciones al alcance de cualquier tipo de lector. Nadie dice que tengas que leer a Platón en griego o El Quijote o a Shakespeare en la forma originaria en la que se escribieron.

artículo

Lectora 0 despiadada

Arriesgando la vida

Desde que me pasé al lado oscuro de la escritura, me he dado cuenta de que me acerco a un punto en el cual acabaré arriesgando mi vida. Hay otros lectores con los que he hablado sobre este tema y me dan la razón, es un trabajo arriesgado.

Soy una escritora que trata por todos los medios de presentar sus narraciones lo mejor posible y que para ello intenta aprender los entresijos de esta profesión. A causa de esto, soy muy consciente de que el primer libro que publiqué adolece de fallos . En la actualidad reconozco que me pasó por mi falta de experiencia y por no conocer bien lo que me traía entre manos. Por ese motivo, según he ido avanzando en mi producción literaria, he tratado de que esta circunstancia se repita lo menos posible. Para eso procuré buscarme a los mejores, hasta donde pudiera pagarmelos, para que me desmenuzaran mi libro y buscaran todos los posibles puntos débiles, errores o lo que podía ser mejorado, antes de publicarlo. Y digo hasta donde pudiera pagármelos porque siendo autopublicada me puedo permitir buscar calidad, puesto que la voy a pagar, pero para eso tengo que saber que es lo que busco.

Esto viene a colación porque igualmente pasa con la lectora o lector 0, que no puede ser nadie de nuestra familia ni una amiga, por muy buena lectora que sea, a no ser que cumpla una serie de requisitos imprencindibles para que su esfuerzo y tiempo realmente valga para algo. Si estamos escribiendo una novela histórica uno de nuestros lectores 0 debe ser conocedor, como mínimo, de ese periodo histórico en el que se desarrolla la novela para que así si encuentra fallos nos los pueda avisar poniéndole remedio. No me vale leer frases como las que me he encontrado a lo largo de mis años de trabajo al ejercer como lectora y plasmadas por autores que sé que hacen de lectoras 0 de otros compañeros:

Rigor histórico y documental

Esa comentario hacía referencia a una novela que cayó en mis manos hace tiempo. Su primer error histórico se me queda grabado en la retina cuando lo leo en la presentación de la novela en la página de Amazón donde se descarga. Ya el siguiente lo ví en el interior de sus páginas y sucede que es un fallo muy gordo. Ahí es cuando te planteas que no, que no hay tal rigor histórico ni documental y que las personas que leen la novela pueden decir que les gusta o no les gusta la trama, que ha sido o no entretenida o que tienen su público. Este suele ser aquel que no quiere complicaciones a la hora de la lectura, y que solo consumen un libro detrás de otro para usar y tirar, pero no están cualificadas para decir que la novela tiene esa característica de rigurosidad, algo que sospecho que indican porque viste mucho como comentario. ¿Y sabeis por qué? Porque la gente se cree que solo con poner cuatro datos de wikipedia en una novela ya nos encontramos con que el autor se ha documentado muy bien. Lo cierto que eso no es así y si el lector 0 no lo ha percibido a la primera es debido a que no es un buen lector 0, ya sea por falta de conocimiento o por miedo a ser sincero y que por ello le manden un sicario, por lo tanto su trabajo no es válido.

¿Qué me ha ocurrido con las tres novelas con tintes históricos que me he leído ultimamente? Y que se supone que ha tenido estupendos lectores 0. Que estaban cargadas de tantos datos de wikipedia, que los personajes quedaban diluidos en la historia y eran meras marionetas perdidas en un mar de hechos históricos narrados sin apenas diálogos. Todo ello conllevó a no encontrar un buen desarrollo de los arcos de los personajes. Parecía más una crónica periodística que una novela cuya trama se desenvolvía en un periodo histórico más o menos apasionante.

Si ya hablamos de como se trata el tema de la los personajes podemos decir lo mismo, que los lectores 0, a los que normalmente dejamos nuestros libros, deben saber que no es lo mismo hablar que escribir. Para plasmar lo que nosotros hablamos o pensamos y trasformarlo en una novela, con su parte de narración y su parte de diálogos, se necesita seguir unas estructuras con sus normas y con su sintaxis. Por lo tanto, si no eres conocedor de ello, cuando leas la novela pondrás esa famosa frase en las opiniones de Amazon que a mí me produce pánico:

Una novela de lectura ágil

Que tras haber leido el trabajo de ese autor o autora me he encontrado con una narración que no es que sea ágil, es que es insulsa. Algo parecido a lo que contarían dos adolescentes con poco vocabulario sentados en un banco del parque. Pero claro, ese detalle no lo puede identificar una lectora o lector 0 si también tiene un vocabulario pobre y por eso no entiende de mala sintaxis y vocabulario básico. Hoy en día los lectores identifican esa falta de contenido con una pluma ágil y de fácil lectura. No digo que una narración deba tener una prosa que haga la lectura farragosa, pero no algo como esto:

…estaba embelesada con el movimiento de la boca de (…) al masticar, sentados, frente a frente, en la mesa de aquel bar tradicional.

El concepto de tradicional se nos escapa de las manos. ¿Qué podemos considerar hoy en día tradicional? Aquí nos encontramos que no hay entorno y parece que los protagonistas están metidos en un cubo blanco. Es una frase que no aporta nada ni nos explica nada de lo que sienten los personajes en ese momento. Una cosa es que no le des toda la información al lector y otra que carezca totalmente de puntos de referencia.

Si tratamos las novelas de romance actual podemos encontrar otro tipo de despropósitos de gran calibre, que yo llamo el problema de las braguitas o lo que es lo mismo ser pusilánime a la hora de tratar un tema.

Se adueñó de su cuerpo sin permiso, que quedó lacerado como el de una frágil mariposa a la que hubiesen dejado sin alas…

Me vas a perdonar, pero tratar con ese amago de poesía una violación me parece bastante ofensivo, sobre todo a las alturas de la vida en la que estamos. Si la novela hubiera sido de otra época lo habría entendido, pero tratandose de un romance contemporaneo me indica que la persona que lo escribió no sabe manejar el tema y por ello lo hace con mucho miedo y lo coge con pinzas. Eso hace que pierda credibilidad. Habrá lectores que dirán que no es necesario ser tan crudo, y yo pienso que tampoco se puede decorar la realidad. Parece que si se utilizan palabras con un tinte seudopoético dejará de ser un hecho deleznable. Para aquellas personas que quieren pasar un buen rato está la opción de escribir o leer comedia, pero si tu intención es narrar hechos reales los tratas con el grado de realidad que corresponde. Como diría mi abuela, o estamos o no estamos, pero ir para nada es tontería. Y eso un lector 0 debe de comentarlo a su autor.

Obviamente habrá de todo, sin embargo aquí me remito a los libros que he leído y de los que después me he dirigido a los comentarios publicados sobre su lectura, dónde me he encontrado con estas perlitas con nombres y apellidos de personas que incluso dicen que son lectores 0 de esos escritores. Ese en el momento en el que pienso «apaga y vámonos». Por lo tanto ahora os desarrollo a continuación una serie de recomendaciones para encontrar un buen lector 0 si de verdad quieres ser sincera o sincero contigo mismo.

  • Sinceridad: El lector cero debe darte una opinión sincera. La subjetividad no está reñida con esta cualidad. Por eso, “el buen lector cero, te ha de criticar”.
  • Lector habitual del género que escribas: Un lector de ciencia-ficción no es aconsejable si has escrito un libro de poesía,  y viceversa. De esta forma te acercarás también a la visión que tiene el target al que se dirige tu obra
  • Constructivo: Un lector cero debe aportar críticas constructivas, no debe sacar fallos de donde no los hay. Al fin y al cabo se trata de encontrar una visión que permita mejorar la calidad del manuscrito, no minar la moral del autor.
  • Anónimos: sobre todo, no te busques un lector 0 entre los compañeros a los que luego tengas que leer y comentar sus trabajos porque lo normal es se queden cortos por miedo a herir sensibilidades.

Para facilitar la tarea te dejo a continuación un test que te puede servir para que le presentes unas pautas a tus lectores cero con la idea de que sea más sencillo para ambos el trabajo de lectura y crítica del libro. Que como dice Karlos Arguiñano, que el resultado tenga fundamento.

TEST CREADO POR EDITORIAL EXLIBRIC Y PRESENTACIÓN PREPARADA POR GABY TAYLOR
http://www.exlibric.com

mi trabajo

Concursos Literarios

Lo que nunca debes hacer si te presentas a un concurso literario

Lo concursos son una de las palancas que muchos autores quieren usar para alcanzar el reconocimiento. Es una forma que sirve como peldaño con el que comenzar a ser conocido y tener un curriculum literario consistente. Pero a veces desentrañar todos los puntos de las bases de este tipo de certámenes es tan complicado como leerse el BOE. Y te garantizo que hay personas que lo leen todos los días. Por lo tanto:

1.-Nunca pienses que es una perdida de tiempo leer cuidadosamente las bases del concurso e, incluso, que no vale la pena apuntar todos los requisitos para luego ir tachando aquellos que vayas cumpliendo.

2.-No adaptes algo ya escrito. Hace años aprendí Corte y Confección. Allí descubrí que era mucho más sencillo usar patrones nuevos que adaptar algo ya hecho a un patrón. Lo mismo ocurre con las novelas para los concursos. Suele ser poco recomendable querer introducir con calzador una novela en un concurso usando todo tipo de subterfugios. Un ejemplo sería en un concurso de novela fantástica hacer que el personaje sueñe con hadas y tratar de colar eso como trama de fantasía. O borrar fragmentos, sin ton ni son, para adaptar el número de páginas haciendo que la historia pierda sentido.

3.-No uses un inicio descriptivo. Inicia la historia con algo impactante. Si el jurado tiene que leerse muchos manuscritos el empezar la historia contando como es el lugar o la forma que tiene de llover puede hacerlo tedioso. Es un error común en el que muchos caemos en los comienzos de nuestra vida como escritores. Un jurado no tienen tiempo para principios lentos. Mete la directa desde el inicio.

4.-No es una historia novedosa. Entendemos que todos los géneros tienen sus tópicos. Junto a eso, hay lectores a los que les gusta mucho el cliché dentro de las historias y es lo que esperan encontrar. Pero en el momento que escribimos una historia, que quieres que entre en concurso, debes pensar de forma cuidadosa sobre que va a tratar, porque el jurado selecionará lo que se salga de lo corriente, lo que más les llame la atención. Hay mucho que leer y no estamos para tópicos, lugares comunes, ni cliches reiterados a lo largo de docenas de páginas.

5.-No te lances a corregir. He participado de jurado y a veces me he encontrado errores muy básicos que solo pueden tener varias explicaciones: ha iniciado la corrección sin dejar reposar el manuscrito, no usa el word como una primera criba básica, no tiene las nociones fundamentales de ortografía y, sobre todo, no ha pasado por un corrector ortotipográfico ni de estilo.

6.-No te limites a vomitar el texto. Hay varias formas de escribir. Nos encontramos a autores que, a la vez que van plasmando la historia, tratan por todos los medios de buscar los términos que se adecúen a la idea que buscan expresar y hay quién la vomita y luego tiene que corregir mucho más a fondo el texto, porque los párrafos presentan, entre otras cosas, las frases desordenadas, en algunas hay términos que pueden ser sinónimos pero no tienen el significado que corresponde a la idea, aparecen muchas repeticiones de palabras, pensamientos confusos, etc. Corregir no solo es con respecto a las faltas de ortografía, sino hay que tener en cuenta la sintaxis y si lo que las palabras expresan son reflejo de la idea que queremos transmitir al lector. Cuando esto no es así, nuestro exigente jurado no se va a enterar de la misa la media y no pasaremos de la primera criba.

7.-No corras. Hay autores que se empeñan en presentarse año tras año a los mismos premios y se nota mucho que sus novelas están a medio cocer. Son manuscritos en los que se percibe mucha precipitación sobre todo a la hora de llegar al desenlace de la historia. Inician la trama con mucho cuidado pero su resolución es pésima. Todo aquello que suponga una dificultad para la comprensión lectora será una justificación perfecta para no seguir la lectura, descartando ese trabajo.

8.-No darle importancia a palabras clave como: plica, seudónimo y lema. Las dos primeras sirven para mantener el anonimato del autor y no dar pie a favoritismos o todo lo contrario.

  • La plica: Es un sobre cerrado donde se introducen los datos personales del participante (nombre, apellidos, dirección, teléfono, correo electrónico) a veces el DNI y un breve curriculum. En el frontal del sobre solo aparece el nombre de la obra y el seudónimo o lema. Si es en digital se pedirá que esto aparezca en un archivo aparte.
  • El seudónimo: Es un nombre fictício para que no se sepa el verdadero. Tenemos que escribirlo clarito, en mayúsculas y en la primera página de la obra (de todas las copias) junto al título. A veces es algo que también se puede solicitar en la plica.
  • El lema: Es similar al seudónimo pero en este caso se escribiría una frase que valdría para identificar al participante. Ojo con querer ser muy original o hacerse el gracioso, puede que al jurabo no le haga tanta gracia. Es preferible que el lema esté relacionado con el género en el que se participa a concurso.

9.-No apures el plazo de entrega. No dejes para el último día la presentación de tu manuscrito. Si dejas un margen de tiempo que sea razonable puede ser útil en caso de que surja algún problema. Hay personas que están casi acabando redactar la historia durante el mismo plazo asignado para enviarlo. Dudo mucho que con esa presión lo que presentemos esté bien corregido.

10.-No lo envíes sin revistar. He visto errores en novelas ya publicadas para concursos que quiero creer que son por baile de caracteres, pero eso me hace pensar también que no han pasado ni por un buen lector cero, que no sea un familiar o un mal amigo (esos que dicen que todo es maravilloso) ni por un corrector profesional ni por un editor de mesa (figura de la que ya he hablado con anterioridad en otras entradas).

En resumen, hay veces que los autores no comprenden el por qué su trabajo no ha alcanzado más éxito en concursos a los que se han presentado, pese a que todo el mundo que lo lee considera que es maravilloso y tiene unas magníficas críticas de cientos de estrellas en lugares como Amazon. Os voy a poner algunos ejemplos de errores que he encontrado y aunque puedas considerar, querido lector, que son cosas sin importancia, un jurado profesional no lo va a pasar.

…preparándolo para envestir a …

Ni que decir tiene que este envestir se encuentra en una novela de corte érotico y no tiene nada que ver con el significado de Conferir una dignidad o cargo importante. Aún así, debe evitarse, el uso de esta variante antigua envestir, que era muy frecuente en el español medieval y clásico; por otra parte, envestir no debe confundirse con embestir, como bien comenta la RAE https://www.rae.es/dpd/investir

Otro error que considero que puede echar un manuscrito para atrás lo encontramos en la siguiente frase.

…al ser expulsados de España en el siglo XVII, comenzó la diáspora de mi pueblo.

Entendemos que se refiere a la expulsión de los judios en 1492, siglo XV. Y no fué la primera diáspora, sino una de tantas, por lo tanto tampoco la expresión comenzó sería la más adecuada.

En el amor, querida, no importan tus convicciones religiosas. Al menos tiene un Dios y no es un pagano…

…Te dije que no podías casarte con un cristiano, y me desobedeciste encamándote con él…

En el siglo XIV una chica judia no tiene la opción de elegir marido y mucho menos fuera de su comunidad religiosa. Se trata de un anacronismo y que un lector profesional, y por supuesto un jurado, lo descubre y deja de tener opciones a pasar a la siguiente fase.

Dirás que son minucias y que a muchos lectores lo que les interesa es la historia y no tanto su estructura, pero es que aquí no hablamos de lectores con más o menos formación, hablamos de jurados y estos son los típicos errores que están buscando para leerse una novela menos.

La mecánica de los concursos se basa en tener a un grupo de lectores profesionales que hagan la primera selección, que pueden llegar ser entre unos 200 libros para cada uno en un gran certamen literario. Imaginemos un PLAS, que es a la que se presentan los autopublicados, donde un lector recibe esas 200 obras, de las que se leerá las primeras 10 páginas, para ver si el manuscrito tienen un inicio que le llame la atención, una buena sintaxis, presentación, vocabulario, etc. De ahí seleccionará un 10% e iniciará su lectura completa. Al encontrar un error, como los que he mencionado con anterioriedad, esto será motivo suficiente para no seguir leyendo y pasar al siguiente trabajo. Finalmente, es posible que queden unas 2 o 3 novelas que serán las que pasen al jurado profesional que seleccionara la obra ganadora para otorgarle el premio.

Seguramente pensarás que no es justo, aunque imagino que tú mismo, a la hora de elegir cualquier producto para consumirlo, buscas calidad y eso ocurre igual en el momento de seleccionar trabajos para un premio literario. También dirás que te has leído muchas novelas con errores gramaticales, erratas y con historias maravillosas en editoriales de renombre, y eso es algo que no te lo discuto. En mi caso por el mismo motivo uso el sistema de leerme la primera novela de un autor y la última como forma de valorar su trayectoria. Si mantiene esos fallos, no vuelvo a darle una oportunidad. La vida es demasiado corta como para perder el tiempo leyendo cosas que no valen la pena, cuando hay maravillas por descubrir.

En todo caso, lo normal es que le otorguen el premio a un autor, si es una gran editorial, por motivos meramente económicos, pero te garantizo que lo comercial no está reñido con la calidad en el 90% de los casos y, que siempre, hay excepciones. Junto a esto, pensar que para gustos los colores y una novela no se puede premiar solo por el gusto del lector, ya que hay otros factores que priman, como son originalidad y un buen trabajo a todos los niveles (trama, ortotipografía, edición, maquetación, sintaxis, etc.)

Por lo tanto, antes de presentarte a un concurso, lee bien sus bases y NO CAIGAS EN ERRORES.

artículo

El clímax

Cuando se inicia una historia, sea en una narración de ficción sea en la vida real, siempre se llega a un punto en el que el personaje o la persona llega al límite de cualquier situación que el día a día nos lo plantea. A partir de ahí todo puede ir cuesta abajo y rodado, para bien o para mal, hasta llegar el final de la historia. Las personas lo sufrimos desde el amanecer hasta que volvemos a la tranquilidad de nuestros dormitorios en una continua vorágine de cambios, saltos, rectificaciones, etc, que hacen que cada jornada sea distinta y nunca sepamos lo que ese día a día nos depara. En una novela, que es el formato narrativo que trabajo, es algo relativamente más sencillo porque se supone que el autor es el que lleva la batuta para que los personajes lleguen a este punto al que se denomina: clímax

¿Qué se denomina clímax en una narración?

Se denomina así al punto de mayor intensidad o fuerza en una serie creciente, siendo su punto más alto.
De todas maneras, la palabra clímax tiene diversos usos dependiendo del contexto en el cual se la emplee, aunque vamos a centrarnos en el de la estructura de una narración, el otro lo dejamos para las novelas eróticas.

Para la narratología, que es aquella disciplina que se ocupa de estudiar los elementos fundamentales de la narración, el clímax es el momento en el cual una trama, una obra, alcanza su punto más álgido, de más alta tensión; generalmente, se sitúa en el desenlace de la obra en cuestión, aunque esto no resulta ser siempre así ya que puede darse en el medio de la narración, para luego presentar las consecuencias que el clímax ha originado en cada uno de los personajes. En tanto, el opuesto al clímax es el anticlímax, aquel momento de tensión creciente pero que se resuelve sin que se produzca un aumento final de la tensión, por ejemplo, cuando un conflicto violento se resuelve de pronto pacíficamente. En mi caso suele ser habitual comenzar mis novelas con un clímax que ponga el lector en una situación de alerta y tensión y que le incite a tener interes en seguir leyendo el origen de esa situación con la que inicio la historia. Cada autor tiene su estilo o su forma de afrontar el inicio de una trama y marca las pautas para llegar al clímax, pero es cierto que como cualquier proyecto debe tener un esquema que facilite el trabajo.

Un ejemplo lo podéis leer en mi primera novela Siempre Juntos. Momento en el que se produce el punto de inflexión en la vida de la protagonista y que nos abre el camino para la segunda parte de la novela Confianza Ciega:

«Y ella, ¿cómo está? —preguntó, viendo como James me tomaba el pulso y me abría la ropa.

—Mal. Creo que tiene una hemorragia interna por los golpes. Voy a llamar a un helicóptero medicalizado para que nos evacúen a todos. Me iré con vosotros, mis hombres y los de Ibrahím harán la limpieza.

A partir de ahí, todo lo que recuerdo fue como entre una niebla y unas veces más o menos consciente. Me subieron a un helicóptero; James, aparte de dar órdenes a diestro y siniestro, me decía venga, lucha, no nos dejes. Durante un rato todo volvió a ser oscuro; luego, una ambulancia, un hospital, el pasillo, un quirófano, la voz de Ari diciéndome te quiero, sus labios y, finalmente, la imagen de James poniéndome la mascarilla para los tubos de la anestesia y su voz: siempre estaré contigo, vuelve.

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Fragmento de Siempre Juntos de Gaby Taylor

Pero, como he comentado, para llegar hasta este punto primero hay que tener en cuenta que tipo de narración vamos a usar en el desarrollo de nuestra trama. Hay varios tipos:

1. Narrativa lineal: es la que más común que nos vamos a encontrar y se basa en contar los acontecimientos en orden cronológico. La mayoría de películas y videojuegos tienen esta estructura, en la que no hay saltos temporales ni anacronías.

2. Narrativa no lineal: el orden en que se nos cuenta la historia no es el orden en el que ocurre. El narrador (o narradores) van dando saltos hasta componer la historia completa. vamos descubriendo la historia con saltos en el tiempo hacia el pasado (flashback) o hacia el futuro (flashforward). Si los viajes son hacia el pasado, también se les llama Retrospectiva. Hacia el futuro, serían Anticipaciones

3. Narrativa inversa: La historia comienza por el final, y va avanzando hacia el principio. Es una estructura compleja tanto para un escritor, como para un lector. Pero si se hace bien, es un tipo de narración que impulsa la historia a otro nivel.

4. Narrativa desordenada o antiestructura: Cortázar y su Rayuela son el gran exponente de esta estructura que no tiene ni principio, ni final, ni un orden determinado. El libro está compuesto por capítulos que pueden leerse de principio a fin (de manera cronológica), del revés (empezando por el final) o en un orden aleatorio.

5. Narrativa sin final La estructura narrativa sin final es la historia que no acaba, que nos deja con un final abierto. Podemos dejar el conflicto principal solucionado, pero no cerrar todos los hilos o, por lo contrario, cerrar algunos hilos pero no la historia principal. Las estructuras narrativas sin final nos dejan con interrogantes y pueden dar paso a una segunda parte o, simplemente, a una reflexión por parte del lector.

6. Narrativa circular: sigue los mismos patrones de la novela lineal, con la excepción de que coinciden el final y el principio. La historia acaba igual que empieza

7. Narrativa de los vasos comunicantes: Esto implica que la culminación de la historia se irá escribiendo justo en el momento en que los hechos ocurren; tal como si fuese la vida misma. El encuentro entre las líneas paralelas que representan al lector y su lectura, muestran un juego imaginativo doble, cuya expresión más insólita radica en el hecho de que al momento de la intersección, la historia empieza a repetirse letra por letra. Un ejemplo lo encontramos en Michael Ende y su Historia Interminable

8. Narrativa con Doble clímax: Una vez ha vencido al villano, aparece un supervillano, más poderoso, más peligroso, más fuerte. Una historia que, cuando parece que ha acabado, resurge de su historia y se relanza para seguir con la narración.

Por supuesto estos tipos en ocasiones se combinan, se mezclan y surgen obras geniales.

Una vez que tenemos claro que tipo de narrativa vamos a usar en nuestra novela es cuando debemos tener en cuenta como vamos a usar el climax, que es el empujón para que el lector llegue al final de la historia. Es cierto que cada capítulo de una novela debe de tener unos pequeños clímax que vayan abriendo y cerrando puertas para pasar al siguiente capítulo, pero siempre hay que tener en mente el gran punto de inflexión que nos lleva al desenlace, tal como lo dice, el punto más álgido de tu historia, el punto más fuerte o el punto más importante después del cuerpo o nudo. Es donde las cosas o se arreglan o terminan de romperse. Así, sencillo. Y eso nos lleva al final de la historia.

¿Cómo afecta el clímax a la narración?

Hay que tener en cuenta que en el clímax se contestan todas las preguntas que se han sembrado a lo largo de la historia. También se satisfacen todas las emociones implantadas en las lectoras. Esto es debido a que existen lectoras racionales y lectoras emocionales. La diferencia entre unas y otras es que las primeras leen para pensar, porque les gusta ejercitar las neuronas y las segundas leen para llorar, reír o asustarse. Por eso una misma novela puede tener varias interpretaciones, dependiendo de la clase de lectores que se acerque a ella. El tipo de satisfacción que obtienen de una misma obra es diferente y tú debes tratar de satisfacer a todos.

¿Qué tipos de clímax existen?

Un clímax narrativo que ofrezca un cambio total e irreversible, responda a todas las preguntas planteadas por la narración y satisfaga todas las emociones del público provocará un FINAL CERRADO

Un clímax narrativo que deje una pregunta o dos sin responder y alguna emoción sin satisfacer resultará en un FINAL ABIERTO.

Como ves, el tema de preparar un buen desenlace, casi desde el inicio de nuestra narración, es algo vital para poder realizar un buen desarrollo de toda la trama. Aunque no evita que mientras vayamos escribiendo vayan surgiendo cambios durante el camino. Por lo menos en mi caso soy afortunada porque cuando una historia salta en mi cabeza la suelo ver de principio a fin, y eso me facilita ir sentando las bases crear un buen clímax, que sea consecuente con todo lo que viene del inicio de la novela y que desemboque en un desenlace coherente y sin agujeros que demerezcan la novela. Esto se consigue con mucho tiempo dedicado al trabajo de la escritura y con formación, no es algo que diga que tengo ya superado y no es algo que surge de la nada de la noche a la mañana y por supuesto, no dudes de que nace de una lectura continuada de buena literatura. Por eso, tener el hábito de leer, es un consejo que siempre tengo en la boca para todos los escritores que inician su trayectoria.

mi trabajo

Backstory

Ya hemos pasado Halloween y parece que los fantasmas los dejamos atrás, pero si eres escritor o escritora lo normal es que los debas tener muy presentes.  Hoy vamos a lidiar con los fantasmas, que nuestros personajes tienen guardados de su pasado, y que luchan por manifestarse en la trama que le vas a presentar a tus lectores.

Dando una vuelta por las redes buscando información variada choqué con la palabra backstory y como ya sabes de mi grado de curiosidad, hacia ella me lancé para saber todo sobre ese término. Para empezar, su traducción en castellano es: trasfondo. O, lo que es lo mismo, ese fondo de la historia que, junto con la ambientación, le da vidilla a una novela y hace que sea creíble en todos los aspectos. Ahora que ando de corrección ese tipo de tips (palabra ahora muy de moda en las redes) me viene como anillo al dedo y, conociéndome como me conozco, sabía que una cosa me llevaría a la otra y acabaría escribiendo mi propia entrada donde hablaría del tema, gracias a las sugerencias aportadas por todos los artículos que he leído sobre esta palabra en internet.

Como he comentado, backstory se traduce literalmente como trasfondo y, aplicado a nuestro trabajo literario, se refiere a eventos que ocurrieron antes de la trama principal y es la forma de crear personajes congruentes.

Si le pones empeño y paciencia a la creación del backstory y lo trabajas al detalle, lo que conseguirás es que toda la historia estará se cimentada con bases sólidas. Cada hecho o suceso acaecido en la narración tiene un por qué, sin importar qué tan extraña o complejo sea. Por eso, no solo se crean mundos en las novelas de fantasía. En realidad se crean mundos en todos los géneros literarios a la hora de insuflarle vida a los personajes. Porque en el fondo es eso, ser creadores desde el barro prácticamente de personas, con un pasado que influirá en los hechos que narramos a nuestros lectores. Pero no solo lo vamos a trabajar y pulir para los personajes principales, lo cierto es que es algo que se debe aplicarse a todos los actores que influyan de una forma decisiva en el desarrollo de la trama de nuestra novela.

¿En qué se apoya una backstory?

Para mí, el punto más importante es tu propio YO, así con mayúsculas. Conocerte en profundidad es uno de requisitos más importantes que necesitas aplicar si quieres que tus escritos realmente tengan poder y profundidad. Debes de asumir que la principal fuente de información para darle credibilidad a tus personajes al  dar detalles de su vida presente y pasada eres tú mismo y eso no debe asustarte, es algo que lo aplican todos los escritores de éxito, aunque no es algo que suelan explicar en los talleres de formación de escritores, pero que, en mi caso, sí tengo en cuenta cuando los he impartido y que tratado de dejárselo claro a mis alumnos.

No puedes enseñarle algo interesante al mundo si ni siquiera sabes qué te interesa.

J.E.F.S Escritor

Hay veces que esto se dificulta por la falta de experiencia (llámese vida) o conocimientos del autor, pero hay opciones, que muestro más adelante de forma breve, y que pueden suplir esa carencia de complejidad si se quieres dar profundidad a los personajes.

Con la backstory debemos ayudar a los lectores a entender la forma de pensar del personaje, cuál es su filosofía de vida, qué es lo que valora, qué es lo que persigue y así entenderemos cuales son no solo las motivaciones que hacen que avance la historia sino a que es debida la respuesta que elige y por qué no opta por otras. Un personaje actúa de una forma determinada ante una situación que se le plantea (la trama de la historia) porque tiene ese trasfondo que proviene de una experiencia previa. Todos los personajes tienen pasado, pero no es un pasado simple o lineal, es un pasado que tiene que tener sus luces y sombras: miedos, satisfacciones, secretos y  experiencias. Todo esto bien mezclado van a dar lugar a que, ahora, en el presente de la historia, tome uno u otro camino.

Un ejemplo para que se entienda bien lo que quiero exponer: Mencís, la protagonista de mi novela Unidos por el pasado.  Lo presento como alguien desconfiado, nervioso e inseguro y, por ello, tuve que construir un backstory en el que fui dando pinceladas de su pasado en el que tuvo trato con ciertas personas que vuelven a su vida y que nunca la aceptaron. Familia que siempre la miró por encima del hombro, la vio como una extraña e hizo todo lo posible por marcar distancias con ella. Todo eso hará que Mencía, a posteriori, responda de una forma determinada ante el reto que se le plantea en la trama, porque nunca sintió ese lugar como su hogar ni a las personas de su entorno como familia o amigos.

Gracias a esto,  los lectores entenderán con rapidez la actitud inestable de la protagonista, serán capaz de ver más allá de su actitud negativa para descubrir que hay una razón detrás de su forma de ser y de actuar. Es un modo muy  efectivo para construir personajes que  no sean planos. Pero claro, para eso tenemos que haber sufrido situaciones similares a las expuestas en el backstory, estar muy bien documentados y/o tener una empatía tan profunda que incluso cuando escribamos del tema suframos lo que ya comenté en otra entrada hace semanas, que el personaje nos duela, que nos pongamos tanto en sus zapatos que al escribir el relato de su vida sea prácticamente como escribir un diario.

¿Qué ocurre si no hacemos un buen backstory?

Pues además creariamos unos personajes planos o unidireccionales a los que se les conoce com el termino de los llamados Mary Sue o Gary Stu (este último es la denominación para el género masculino). Sin aquellos que suelen ser perfectamente buenos o maravillosamente malvados,

P sin que su trasfondo realmente lo justifique. Son de una perfección irreal, tanto que incluso, para dar algo de credibilidad  y evitar ese tópico, al último James Bond (Daniel Craig) le han creado un trasfondo para que tenga algo de un humano, pese a su legión de fans que le perdonan todo (me incluyo en esa lista).

Por cierto, el término“Mary Sue” surge de una parodia de la serie Star Trek en la que una adolescente así llamada toma el control de la S.S. Enterprise, cautiva al Capitán Kirk y a su tripulación y los salva de una muerte segura con su súper inteligencia e incontables talentos. A partir de ahí, en círculos literarios underground se comenzó a denominar Mary Sue a aquellos personajes tan gloriosos que resultan inverosímiles aun en relatos de fantasía.

Hay que tener claro que debes ser muy cuidadoso con la cantidad de habilidades o defectos que le das a tu personaje de entrada. Tiene que haber un equilibrio entre todas sus cualidades y fallas porque si lo pones muy atormentado o inútil es complicado que luego actúe de una forma coherente a la hora de enfrentarse a los problemas que le vayas introduciendo en la trama. Si un personaje tiene un miedo patológico a las alturas no puede pasar de la noche a la mañana a ser un bombero, hay que mantener la construcción del arco del personaje acorde con la temática, no dejarlo solo en ese trasfondo que viene del pasado y sin plantear una evolución. Cuando el arco está bien construido es factible el que se pueda pasar de ese miedo patológico a trabajar en las alturas explicando que ha asistido a una terapia efectiva para quitarse esa acrofobia. Si os sirve de consuelo, todos hemos caído alguna vez en ese tipo de formato. Yo he caído en ese error, pero no pasa nada porque para eso existen lectores 0 y editores que nos deben dar la colleja cuando caes en esa tentación. Todos estamos para aprender, tampoco somos infalibles.

Un trasfondo nunca la podemos utilizar para saltarnos el proceso de construcción y crecimiento del personaje a lo largo de la historia que vamos a narrar. Este ensamblado no es fácil de hacer porque son elementos que de manera individual no son sencillos de construir, por eso hay que aprovechar de los backstorys para ir tejiendo la conexión. El pasado y el presente del personaje deben estar perfectamente cosidos para que no haya agujeros en la trama y que el final de la novela tenga sentido. ¿Cómo lo hacemos? Hay que crearlo de tal forma que le dé al personaje las fallas, habilidades y motivaciones necesarias para enfrentarse a dilemas relacionados con la temática de la historia desde antes casi de iniciar a desarrollar esa historia. Hay que tenerlo preparado en el esquema general de la novela.

Este es un tema que he ido tratando de forma recurrente y es que creo que si una novela desde el mismo momento en que salta la idea en nuestra cabeza, la vamos organizando de forma adecuada, nos será mucho más sencillo a la hora de hacerla realidad. No tendremos que estar en un continuo ya voy y ya vengo porque se nos queden detalles atrás que favorezcan los tan temidos agujeros en la trama y por eso este tema del trasfondo bien encarrilado con el arco del personaje desde que me enseñaron esta técnica, siempre trato de tenerlo en mente en cada paso que doy y trato de ir mejorándolo novela tras novela.

Puede que este sea un tema en el que vuelva en otro momento, pero hoy por hoy creo que para empezar es bastante información.

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Los cuentos en el lejano Oriente

Se comprende que los cuentos de tradición oral forman parte del Patrimonio Cultural de la Humanidad (Patrimonio Intangible para la UNESCO) y es algo que está clara para las persona con interés en la lectura y por supuesto para cualquier estudioso de la literatura; el valor de escuchar, leer y comprender los grandes cuentos de la literatura universal, además de ser un excelente recurso de aprendizaje de lenguas, fomenta la imaginación, aumenta la sensibilidad, sirve de base para conocer claves importantes de literatura, son la base de la educación infantil en el gusto por la lectura y aporta claves educativas en sus moralejas.

Pese a esa universalidad de la que muchos somos conscientes, siempre hacemos más referencia a los cuentos occidentales o de aquellos que son de Oriente Próximo como todos los relacionados con Las Mil y una noches, pero no se suele profundizar en el conocimiento de los cuentos del otro extremo del mundo, del Lejano Oriente, cuando los tenemos muy presentes hoy en día por la literatura Manga y sus juegos. Tal vez eso nos venga por pensar que Occidente es el ombligo de la cultura y el saber popular, nada más alejado de la realidad. También es cierto que en ciertas culturas se ha fomentado esa tradición ancestral del cuento y en la actualidad se siguen escribiendo y perdura a lectura incluso en adultos, porque ya es sabido también que los cuentos no eran para los niños.

Pasando a lo que me trae hoy en mi entrada, me gustaría presentar primero unas características que suelen ser las comunes en los cuentos de Oriente y que seguramente reconoceréis en los de nuestras tradiciones orales y escritas:

  • Personajes: De los personajes humanos protagonistas de los cuentos japoneses, nos han llamado la atención, en especial, los siguientes: los ancianos, las mujeres, los vecinos, los pescadores, los leñadores, los jóvenes y los niños.
  1. Los ancianos destacan por su sabiduría, su experiencia, su paciencia,, su afectividad y su bondad.
  2. Las mujeres aparecen, por lo general, como bondadosas, hacendosas y delicadas.
  3. Los vecinos de muchos de los protagonistas de los cuentos japoneses presentan una psicología carcomida por los celos y la envidia que los induce a robar objetos maravillosos y matar animales benefactores (donantes); estos vecinos, al igual que en los cuentos occidentales, son castigados al final por sus malas acciones.
  4. Hay niños y niñas como que tienen la facultad de hablar con árboles, flores y pájaros.
  5. Los pescadores son capaces en ocasiones de traspasar umbrales del mundo de la realidad al mundo del más allá.
  • Simbología: El tema de la heterogamia está muy presente en el repertorio de los cuentos japoneses. Los pájaros, serpientes, peces, ranas, zorros, lobos y otros aparecen en forma de hombre o mujer y se casan con los seres humanos.
  1. La tortuga es el símbolo de intermediación entre los dos mundos: el real y el del más allá y es la que transporta al pescadorcito al mundo de la fantasía; por su longevidad, simboliza la inmortalidad.
  2. El perro representa la inmortalidad así como la fidelidad y el espíritu de vigilancia, símbolo posiblemente procedente de China, ya que en la antigua China, el perro es el undécimo signo del zodiaco; en cambio su significado simbólico-mítico es diferente, pues los perros deberían ahuyentar a los demonios, en otras regiones, sobre todo de China Meridional y, en cambio, en la Occidental el perro simbolizaba la provisión del alimento de los hombres: arroz o mijo. Leyendas fantásticas de personas con cabeza de perro están muy difundidas en China y en el Japón. En algunos santuarios se exhiben con frecuencia perros coreanos cuya función es la de guardianes.
  3. La grulla en las culturas orientales significaba larga vida y sabiduría, a causa del efecto contemplativo del animal en su postura de reposo; representa también el deseo de ascenso social porque vuela elevándose hacia el sol. En el Japón la grulla es un animal muy apreciado que simboliza la excelsitud del archipiélago, mientras que en algunas leyendas indias aparece a menudo como personificación de la falsedad y del engaño. Además la grulla, debido a los hábitos legendarios de este ave, es un símbolo de vigilancia, de solicitud y de lealtad. Esta significación ha pasado de Oriente al simbolismo cristiano y así la expresión «estar o andar en pie como las grullas» es sinónima de no descuidarse nunca en el cumplimiento de la obligación.
  4. Los gorriones simbolizan en la simbología cristiana, la humildad, significación muy cercana a la japonesa cuya connotación es la fidelidad y la afectividad.

Los animales están a veces asociados al color blanco, representativo en la cultura japonesa no sólo haciendo referencia a la forma de arreglarse de las mujeres (recuérdese los inmaculados polvos de arroz con que se maquilla la japonesa tradicional), sino de pureza, verdad y agradecimiento.

  • Objetos:

Estos elementos introducidos en cualquier narración son detalles que aunque parecen insignificantes, nos hablan de los personajes de una forma sutil y muy efectiva, del ambiente en el que viven y de la acción que se puede desarrollar.

  1. El espejo es un objeto muy representativo en todas las culturas, bien como reflejo real de la persona o como viaje al otro mundo (recordemos que Alicia en Alicia a través del espejo se introduce dentro del espejo y esa introducción supone la entrada en el mundo del más allá)
  2. Plantas y frutos son muy importante teniendo en cuenta que los arreglos florales están muy presentes no solo en la cultura japonesa, si no en otras del lejano Oriente. En los cuentos japoneses el cerezo es un símbolo de resurrección que ha dado lugar a las fiestas tradicionales a las que acuden muchas familias para contemplar la belleza y el milagro de ese renacimiento anual. Y en Occidente al fruto del cerezo se le llama fruto del paraíso y evoca la dulzura de carácter que proviene de las buenas acciones. Por tanto no es de extrañar que las plantas y las flores tengan una representación tan importante que por lo general forma parte de los argumentos y tienen un valor significativo.
  3. Los números tienen una gran carga simbólica. El número 7 tiene una gran presencia en los cuentos tradicionales universales: Pulgarcito y sus hermanos son siete, siete son los cabritillos, los enanitos que están con Blancanieves…
  4. Los astros en todas las mitologías y en todos los cuentos tradicionales de todo el mundo hay relatos explicativos de los astros que dan vida al mundo o que sirven para oscurecer el día, como el sol y la luna. En el Japón en contraposición con occidente el sol no es un dios, sino una diosa, Amaterasu Omikami, que a su vez ha sido creada por el dios del cielo Isanagi, que lleva consigo el día y que nunca consigue encontrarse con su oponente la luna. Ocupa el primer rango entre todos los fenómenos celestes.

Varias características de los cuentos japoneses se encuentran en cuentos de todo el mundo como la presencia de los animales, de objetos mágicos, ideas como la virtud recompensada y la maldad castigada, personajes íntimamente relacionados con el entorno cotidiano del Japón: leñadores, pescadores, cortadores de bambú… mujeres ancianas y feas que son a la vez malvadas frente a otras, también ancianas, bondadosas, jovencitas plenas de belleza, buenas y trabajadoras, algunas de las cuales están relacionadas con lo sobrenatural.

Algunos temas, personajes y objetos de los cuentos japoneses están presentes en muchos cuentos de todo el mundo, debido a lo cual pueden ser considerados un factor de transmisión multicultural con posibilidad de fomentar las interculturalidad.

La presencia de los ancianos en los relatos japoneses es una constante, aspecto que puede considerarse un valor esencial para que lo resaltemos, teniendo en cuenta que en la sociedad actual hay muchos problemas de falta de atención familiar a las personas mayores.

El contar cuentos desde la niñez en ambientes familiares y escolares fomenta los vínculos afectivos que pueden influir en la formación de una personalidad equilibrada.

El cuento es un elemento básico para practicar el español como lengua extranjera y para aprender idiomas y tradiciones de otras partes del mundo. Por eso es importante no solo centrarse en la cultura occidental, sino abrirse a tradiciones orales de otras partes del mundo que nos pueden aportar una visión mucho más universal y rica del mundo en el que vivimos. Que la globalización no solo sea tecnológica o económica, sino que también la veamos en lo cultural.

Opinión

De la ceja de Frida a la barba del Che

Hace tiempo llegó a mis oídos la anécdota de un alumno de historia, que al responder en un examen de forma errónea, alegó en su defensa que lo había leído en una novela de una afamado autor de novela histórica. Surge así un gran problema cuando confundimos la Historia, con mayúscula, con la ficción histórica, sobre todo hoy en día que tenemos millones de fuentes para cotejar esa información. Pero, ¡ay¡ somos perezosos y alegamos cualquier pamplina para mantenernos en nuestras treces, defendiendo lo indefendible.

Ya llevaréis unos segundos pensando qué tiene que ver el título de la entrada de hoy con lo que os estoy contando y ya va siendo hora de centrar vuestra atención. Todo viene al caso porque lo mismo ocurre con estas dos figuras históricas de las cuales no soy fan y, es más, tengo que reconocer que cada vez que veo imágenes de uno y de la otra, se me erizan los pelos de la nuca.

No me puede resultar más contradictorio que ver a alguien con la camiseta con la cara del Che luciéndola con alegría en la marcha del orgullo gay. Año tras año localizó alguna y para mí se ha vuelto como el objetivo a la caza del que no tiene ni zorra idea de la historia. Lucir ese día la imagen de un personaje que se jactaba de pegarle un tiro a los homosexuales y que fomentó los campos de trabajo para reeducarlos y hacerlos personas de provecho, hace que pierda un poco más mi fe en el interés de la humanidad por saber.

Y llegados a este punto ya me toca hablar de Frida Kahlo. De ella me encuentro un amplio conjunto de productos publicitarios para promocionar su figura, unos con más fortuna que otros. Pero el que más me molesta es cuando aparece en el formato de cuento para que las niñas y niños la vean como un ejemplo de mujer ¿empoderada? ¿símbolo del feminismo? Permitidme un lapso para recuperarme de la risa floja, que me acaba de dar, mientras leéis el argumento por el que una editorial decide publicar un cuento sobre Frida.

Contraportada encontrada en internet

No voy a negar la valía de Frida como artista, que destacó en el periodo histórico que le tocó vivir y que incluso hubiera destacado en la actualidad, pero de ahí a ponerla como ejemplo de vida para niñas y niños es mucho rizar el rizo. Yo recomendaría leer con profundidad su biografía ya que seguramente sorprenderá a muchos lectores.

Se habla de la relación de amor y pasión de Frida con el pintor Diego Rivera y de su tormento sobre todo en lo relacionado con su salud, cuando su principal tormento en la vida fue el propio Diego y la relación TOXICA, con mayúsculas, negrita y subrayado si fuera posible, que mantuvieron los dos. La manipulación que ejerció Diego sobre Frida, creando ese falso estereotipo de mujer indígena y que si yo fuera nativa y mexicana se me revolverían las tripas, fue un decorado cara a la galería y para aumentar las ventas de la artista.

Aceptando los consejos de su marido pasa el tiempo vestida como él quiere: de mexicana típica y sin depilarse las cejas ni las axilas. Rivera sabía hacer publicidad con sus productos: los vestidos largos y coloridos, los collares y las cejas cejijuntas forman parte de la imagen característica de Frida. Claro, a ella le gustaba vestirse a la europea pero, igual que la mayoría de las mujeres, por más Frida Kahlo que se sea, renuncia a lo que prefiere para darle el gusto al marido.

https://entretantomagazine.com/2013/03/07/historias-de-pasion-locura-y-muerte-diego-rivera-y-frida-kahlo/

El padre de Frida era alemán y su madre española, aunque el abuelo por parte de madre de Frida si era nativo americano, por lo que por sus venas la cantidad de sangre de habitantes autóctonos de México era mas bien testimonial. Aunque por supuesto considero importante su forma de poner en valor la cultura de su país y sus antepasados. ¿Pero era necesario doblegarse a la manipulación de Rivera? ¿Esa actitud debemos de ponerla como ejemplo sin que pase un filtro?

En su primera infancia la futura artista vivió en un ambiente de bonanza económica, fruto del ejercicio de su padre como joyero de la alta sociedad mexicana de la época y de su labor como fotógrafo. No vamos tampoco a desmerecer su gran afán de superación en donde muchos humanos habrían tirado la toalla, pero no sería el prototipo de mujer de la que hacer recomendaciones como guía y faro o ejemplo para los jóvenes de hoy.

El punto sórdido para mí del tema, se demuestra en frases que se encuentra en algunas de sus biografías que han sido desarrolladas por su familia como: 

Ella manejó una relación pareja en la que los dos tenían los mismos derechos. Entonces al descubrir que Diego le era infiel, pues ella también se lo permitió. Más nunca lo vivió desde una sumisión.

Romeo, nieta de Cristina Khalo

Para mí, sí fue sumisa y dependiente a todos los niveles en lo que se refiere a su vida sentimental. Otra cosa es que pese a sus limitaciones, mantuviera viva su presencia y su obra dentro de los círculos artísticos del momento en su país y por supuesto, nunca voy a discutir su gran aporte artístico a la sociedad de su tiempo y a la actual.

Junto al comentario anterior encontramos otros de su entorno donde se reflejan los verdaderos sentimientos de Frida, debido a las infidelidades de Diego, que contradice lo expuesto en el que se nos trata convencer de que no era una persona sometida:

Diego engañó a Frida con su hermana Cristina. Ante el dolor de la traición por sus dos seres queridos, Frida decidió irse de su casa.

De aquella época Frida dijo: “Han ocurrido dos accidentes en mi vida. Uno es el del tranvía; el otro, es Diego. Diego fue el peor de todos”.

No obstante, un año después se reconciliaron y, aunque la historia cuenta que desde entonces ambos comenzaron a tener múltiples parejas fuera de su relación, se menciona que Frida nunca dejó de sentirse mal por las infidelidades de su marido.

Si ponemos a Frida Kahlo como modelo de mujer para niñas y niños de hoy en día, como artista y mujer que lucho por superar sus limitaciones, tenemos el deber moral, a posteriori, de aclarar que en lo referente a sus amores tóxicos no fue tan buen ejemplo Si no lo hacemos, podemos crearles la visión de una relación normalizada pensando que, como ella consentía, era algo beneficioso cuando no lo es. No podemos coger un modelo humano y sin un filtro encajarlo en la educación y usarlo como referente sin más. Luego no nos extrañe si no se cumplen las expectativas educativas y entre la gente joven hay en la actualidad mas casos de violencia de género o de homofobia de los que debería de haber.

Para mí el Che Guevara no era un buen ejemplo de revolucionario ni Frida un modelo a seguir como mujer feminista y empoderada. Ya cada uno de vosotros que busque, compare y si encuentra algo mejor, que comparta.

De todos modos os dejo unos enlaces como pista para que quién tenga interés en saber más vaya tirando del hilo:

https://www.libertaddigital.com/cultura/historia/2017-10-09/che-guevara-la-fria-maquina-de-matar-que-odiaba-a-los-negros-y-los-homosexuales-1276607234/

https://de10.com.mx/parejas/2018/07/06/la-enfermiza-y-destructiva-relacion-de-frida-kahlo-y-diego-rivera