Con este, título para iniciar la entrada de hoy, me da la sensación de que te estoy proponiendo algo delictivo aunque complicado de realizar. En realidad, si me conoces, sabes que utilizo palabras que impacten al inicio para crear espectación. De todos modos iré por partes.
Unas nuevas recomendaciones literarias
Ya ha pasado la primera semana de septiembre y me estoy viendo las fiestas de Halloween y la Navidad ahí a la vuelta de la esquina. El otoño, para mí, es un continuo rellenar mi agenda con fechas de compromisos y actividades varias. Unas que desarrollaré en la intimidad de mi casa y otras cara el público. Ahora mismo, tengo una gran cantidad de proyectos en marcha: ferias del libro, novelas que he acabado en esta primera semana y otras que entran en la cola de lectura y, todo trufado, no puede faltar mi referencia a la cocina, con un curso de seis meses de escritura creativa que implica no solo leer y estudiar, si no escribir, escribir y escribir, que es lo que me hacía falta.
Si eres de Cádiz y amas la historia no te la puedes perder y, si no eres de aquí, tampoco.

Justo empezando este més, de transición hacia el otoño, he acabado de leer la novela del compañero y autor David Fernández Fernández Matar a Fernando VII. Ha sido de lo mejor que he caído en mis manos este año, teniendo en cuenta la dificultad de desbancar a una de las autoras a las que me enfrenté, Han Kang, con La vegetariana. No son obras comparables, por muchos motivos que ahora no vienen al caso, pero sí en uno que, siendo desde luego bastante subjetivo, para mí es perfectamente válido: el buen sabor de boca que ambas obras me dejaron. Por ello las recomiendo para los lectores a los que les vaya eso de acercarse a géneros diferentes.
Tengo que confesarte que juego con ventaja ya que tengo el gusto de conocer al autor desde hace varios años, al ser compañero de la carrera, y que por ello tenemos un contacto directo. Así me pude permitir el lujo de preguntarle algunas curiosidades que me asaltaron durante la lectura y no, no fueron sobre la trama, sino sobre la estructura. Lo felicité dos veces, por lo bien trabajada que estaba la novela y por la corrección. Hoy en día es muy difícil encontrar, incluso en grandes editoriales, libros tan cuidados en todos sus aspectos que haga que tengamos entre manos una obra de calidad.
La historia se desarrolla desde el asedio de Cádiz por las tropas francesas hasta la muerte de Fernando VII. Unos 25 años en más de 500 páginas de las que no te quieres saltar ni una línea. Imagínate, en todo ese largo periodo de tiempo, la cantidad de personajes que el autor maneja. Lo hace con maestría, sobre todo con dos que me llamaron mucho la atención Lola y Blasina, que podría decir que son mis favoritos. ¿Por qué? Por la forma en la que los presenta y les da la voz. Porque esta es una novela histórica que tiene mucha enjundia. No es cuestión de coger a un personaje cualquiera y ponerlo en un periódo histórico lejano y que se las apañe como pueda, que al final acaba pareciéndose a Un yanki en la corte del rey Arturo, salvando las distancias, y hay veces que ni eso, debido a los anacronismos que trufan algunos folletines.
El escritor no se hace un Mark Twain. Aquí tenemos una novela sólida, con un vocabulario adecuado, si bien actualizado para fovorecer la lectura -no te asustes-, y una ambientación que si conoces Cádiz la recreas en tu mente y si no la conoces te dan muchas ganas de venir y recorrer los escenarios. Nos ambienta en la época y en la zona con toques propios de un escritor autóctono, recurriendo a los términos, quiebros y comentarios que un gaditano usa en la actualidad. En defiitiva, un autor que sabe lo que se hace.
No pienses que todo el argumento se centra en la ciudad gaditana, para nada. La historia va saltando, según las necesidades de la trama, a diversos escenarios que van desde Madrid, la sierra de Cádiz, Cuba o Rusia a Londres. Tampoco te quiero desvelar muchos detalles, que luego me acusan de hacer spoiler. Mover todos esos palos con sus respectivos platos girando y que no se te caiga ninguno requiere mucho esfuerzo y una visión general y amplia desde el inicio del proyecto. El autor me ha confesado que haber realizado su tesis doctoral, pese a no tener relación con el periodo de la novela, le ayudó a tener esa visión en conjunto una vez que tuvo toda la documentación en la mano. Aun así, saber equilibrar la parte de la documentación con la ficción para que el lector no se aburra y esté pendiente de todos los acontecimientos que se desarrollan no lo da el hecho de ser doctor en Historia. Ahí hay un amor y un gran cariño por la lectura y la escritura y, sobre todo, mucha exigencia para presentar una buena historia a los lectores, que al final somos los que tenemos la última palabra.

Me ha hecho gracia, porque justo cuando mi amigo David estaba ultimando los detalles de su trabajo, allá por el mes de abril, yo también estaba con Fernando VII. ¿Quién me lo iba a decir?
Sé que a muchas personas le parecerá exagerado, e incluso imagino que el autor se ruborizará cuando lea estas palabras, pero desde luego, para mí, no tiene nada que envidiar a Santiago Posteguillo, sobre todo siendo su primera publicación de este calibre. Firma otros trabajos anteriores, pero de ellos te hablaré en otro momento si encuentro un hueco en mi agenda. De él también adquirí su primera novela, Como grano de mostaza, que compagino con mi curso de escritura creativa y con otras lecturas, pues requiere un acercamiento más reposado ya que la historia se desarrolla en la España del siglo XVI y David Fernández utiliza, al ser una época más alejada, una sintaxis y una estructura narrativa que requieren un poco más de mi atención. Un recurso que me interesa analizar a fondo.

Yo soy las de disfrutar de la lectura y si devoro libros no es por competir en el ranking de mayor cantidad de lecturas de este año, sino porque tengo poco tiempo y quiero aprovecharlo al máximo. No obstante, jamás lo hago con prisas y prefiero releer un párrafo para no perder el sentido de la obra a apuntarme el tanto de un libro más en mi lista. Esta novela ya no está disponible en estos momentos, aún así, tuve la suerte de poder conseguirla. Seguramente el autor algún día volverá a reeditarla, por lo tanto me voy a esperar un poco y te la comentaré en cuanto salga de nuevo a la luz. Ya sabes que cuando adquiero la primera obra de un autor y la última es porque estoy muy interesada en su trayectoria y crecimiento. Este es uno de esos casos.
Como he comentado, en este mes ando también liada con un curso de escritura creativa que me va a tener leyendo y escribiendo los próximos meses, algo que me va a venir estupendamente. Ya he disfrutado de tres magníficas masterclass con autores que han hablado de sus libros y de su experiencia.

Uno de ellos ha sido Lorenzo Silva, del que ya había leído toda la saga de Bevilacqua y Chamorro, pero siempre es un gusto oirle hablar de su experiencia como escritor. En este caso el tema fue la novela histórica: cómo tratar a los personajes reales y los de ficción, los riesgos de las conjeturas, los dilemas éticos que surgen al manejar temas que para un lector desprevenido pueden llegar a pensar que son hechos reales y sus pequeños trucos en el día a día frente al folio en blanco. Más de una hora y media disfrutando y tomando apuntes.

Otra autora con la que hemos compartido rato de aprendizaje ha sido Marta Robles. Su exposición me ha animado a leer su primera incursión en la novela negra, A menos de cinco centímetros. Una trabajo que gustará a los amantes del género, aunque no es del tipo de trama que nos llega a sorprender. En mi caso, a mitad de la novela ya sabía quien era el asesino. Más bien la recomiendo porque se mueve dentro de los cánones habituales: detective amargado por una mochila complicada cuyo pasado llama a la puerta en un caso que empieza siendo de asesinato, continúa con un tema de infidelidad y se le suma un asunto de trata de personas. Todas se entretejen y ese será el hilo conductor que enlaza a la mayoría de los personajes.
Personalmente me dio, de momento, más satisfacción la saga de Lorenzo que esta novela de Marta, pero como ya sabes que no soy de las que me rinda a la primera, si un autor tiene calidad, no tardaré mucho en volver a comprarme en digital la siguiente aventura del detective Roures.
Tal vez puedas pensar que un curso de escritura no es necesario cuando ya tengo en mi haber tres novelas publicadas. Pues no, ya te digo yo que no. Que conste que lo inicié con muchas reticencias porque no son baratos si quieres op tara uno que tenga mediano prestigio, pero hay cosas que sé que por lo menos debes probarlas una vez en la vida para poder alabarlas o criticarlas. Además, no por apuntarte a uno vas a mejorar por arte de magia en tu faceta de escritor. Para lo que te va a servir seguro es para confirmar que te queda mucho camino por delante, pero también te va a ayudar a ver qué es lo que no debes hacer en el mundo de la escritura.
Cuando esté más avanzado te expondré un poco mis sensaciones y seguramente subiré a las redes algunos de los relatos que estoy escribiendo semana tras semana. Te hablaré de cómo optimizo este tipo de enseñanzas, lo que para mí tienen de negativo y lo beneficioso de todo este trabajo. De momento te dejo con un par de recomendaciones literarias que espero que te animes a leer ahora que llega el otoño y posiblemente pases más tiempo en casa.




















