mis lecturas, Opinión

La lectura: ¿aporta o no aporta? Esa es la cuestión. PLAS 2021.

¿Reflexionáis sobre lo que os aportan las novelas que leéis? ¿Tratáis de sacar alguna enseñanza? Sí, reconozco que es una pregunta algo extraña, pero viene a raíz de la convocatoria del nuevo premio Amazon 2021 (PLAS) que precisamente comenzó ayer día 1 de Mayo. Este premio suele crear grandes expectativas dentro del mundo de los escritores auto publicados año tras año y este no podía ser menos. Para aquel lector que no sepa de que hablo le hago un resumen. Durante unos meses aquellos escritores independientes que auto publiquen sus libros bajo unos requisitos determinados por Amazon y, con una etiqueta que les identifique como concursantes, compiten para estar entre los cinco finalistas y se dará a conocer al ganador sobre finales de año.

Así que comienza de nuevo la temporada de leer como locos a aquellos autores que más me llamen la atención. Lo haré a través del grupo Club de Lectura de Comunidad de Escritores en Facebook. Como forma de prepararme para esta interesante dinámica, me he dado una vuelta por algunas de las lecturas en las que navegué el año pasado y recordar qué me aportaron, qué tuvieron de bueno y qué les llevó tal vez a ser finalistas e incluso ganadores. Ya el año pasado aposté por una novela que quedó entre las finalistas, algo que la persona que la escribió lo supo y, si bien no ganó, podría haberlo hecho sin ningún problema. Y este año quería, a título personal, hacer lo mismo: comprobar si tenía olfato de sabueso y tratar de acertar, en mi porra secreta por lo menos, con los finalistas.

El título de mi entrada viene a colación de haber leído el comentario de una lectora, sobre lo poco que le había aportado la lectura las obras finalistas del PLAS 2020. Está claro que me falta contexto porque no sé a que tipo de aporte se refería, pero tal vez lo que necesite es un libro diferente, por ejemplo de autoayuda, y no una novela histórica, de fantasía o romántica. Está claro que no todo el mundo tiene la misma comprensión lectora, ni la misma sensibilidad, ni conocimientos sobre ciertos temas. Entonces la cuestión podría ser: ¿la novela no te aporta porque en realidad no lo hace o porque tú, como lector, no tienes la capacidad para identificar ese aporte?

Un ejemplo os lo puedo mostrar con la serie «El alienista» que, no solo destaca por la trama para quien le interese esa temática, sino que a mí me incentivó para la búsqueda de personajes y hechos que se mencionan en la historia, pero porque conozco quienes eran estas figuras de la históricas como Theodore Roosevelt o identificar a miembros y apellidos de las familias más influyentes de ese periodo histórico americano: Astor, Hearst, Vanderbilt, J.P. Morgan, etc. Si no sabes quién es quién y de qué se está hablando, la serie pasará como una más, sin pena ni gloria y lo mismo puede suceder con la lectura de un libro. Está claro que si el lector que se acerca a esa novela o serie, no sabe distinguir una oveja churra de una merina, siempre va a decir que el trabajo del autor no le aporta nada. En resumen, donde no hay, no se puede pedir.

En mi caso, que soy una persona terriblemente curiosa y analista-buscadora de toda la vida, tal vez por esa afición y profesión, me interesó mucho una de las novelas finalistas del PLAS 2020, porque me aportaba el conocimiento sobre la visita de un rey, al que nunca llega a nombrar, a una isla a la que tampoco da nombre y que pertenecía a España. Me dediqué a buscar con interés la realidad de la visita del rey a esa isla del Atlántico y me acercó a un hecho histórico del que no tenía noticias, pese a que sí sabía de la visita del monarca a las Hurdes unos años después de este viaje. También me mostró una narración muy realista de unos días angustiosos, de calor y calma, que afectaron a todos lo habitantes insulares durante el desarrollo de la trama. Y aunque pudiera parecer que era un telón de fondo que carecía de importancia, en realidad, esa sofocante temperatura añadió prensión y aumentó la tensión que se vivió por un lado, por la visita del rey y por otro, por todas aquellas pequeñas miserias e historias domésticas, que se movían entre la población de ese pequeño territorio. Y eso hay que saber transmitirlo. Incluso hay una crítica que he leído que decía textualmente y tal como está escrita con error incluido os la transmito:

Evidentemente la narración es tan explícita que te hace oler toda la miseria y putrefacción que explica. Se podía haber ahorrado al. En general no me ha gustado.

Si este lector dice de esa novela lo que he puesto entrecomillado, puedo garantizar que el autor ha tenido un éxito rotundo, no lo consideraría para nada una mala crítica, puesto que la he leído y estoy segura de que lo ha plasmado de forma intencionada. Por lo que es probable que el lector que ha hecho el comentario no se haya enterado muy bien de qué iba la narración. Eso me lleva además a hacer la siguiente pregunta: ¿por qué tenía que ahorrárselo el autor?

En el caso de la otra novela que leí me gusto mucho, puedo decir que sirvió como hilo conductor para ampliar detalles sobre la forma de trabajar que tenían muchas mujeres espías durante diferentes guerras a lo largo de la historia. Con sus bordados o, como en este caso, usando el, tricotado de lana para mandar en código morse mensajes a sus superiores. Esta fue una forma de intercambiar información que ya se utilizó en la Guerra Civil americana y que se desarrolló mucho en ambas guerras mundiales. Junto a eso se plasma la vida, tras las líneas del frente, en un país ocupado por el enemigo donde se respira la vivencia de la resistencia. Esto es algo que mucha gente dice conocer, o tal vez no, pero seguro que no conocen tanto la situación que vivieron muchos habitantes que tuvieron que colaborar bajo duras y fuertes amenazas y, luego tras la liberación, sufrieron las consecuencias de ser acusados de colaboracionistas. Y de ese colaboracionismo y represalias no se habló en muchos países tras finalizar las Guerras Mundiales y, que en la misma España, se vivió durante la Guerra Civil y se represalió y ocultó una vez finalizada.

Pues toda esto que os cuento hoy, son datos históricos y sensaciones que me dieron que pensar de dos de las lecturas que me tocaron en suerte el año pasado. Hubo otras reflexiones que volví a hacer e incluso puntos de vista que cambié tras disfrutar con muchos otros libros en ese periodo de participación en lecturas de autores del PLAS 2020. Pero claro, para eso hay que tener vivencias, reflexiones, sensaciones y conocimientos, junto con una mente abierta, que sean el poso para confrontar todo en una lectura y, poder hacer una valoración, con fundamento, de un libro mas allá de un simple no me aportaron nada. Si somos botellas medio vacías, ¿qué vamos a decir? Pues casi mejor callarse y no hacer una mala crítica hacia un premio cuando solo vamos a valorar lo que nos aporta si, para empezar, nosotros mismos no tenemos nada que aportar.

N de A: Las novelas recomendadas así como la serie son:

El hilo dorado de Lara Beli

CUANDO VENGA EL REY: amor y muerte en una isla a la deriva de Luis Carlos Castañeda

El Alienista serie adaptada de la obra homónima del autor Caleb Carr emitida en la plataforma Neflix

Opinión

Lo confieso: Soy multigénero.

Esta semana pasada he participado, disfrutando mucho, en el EDINZA online 2021 dirigido por las compañeras @Sonia Martínez Gimero y @Yolanda Pallas a las que agradezco su invitación. Entre los debates que se plantearon uno de los que más me interesó fue el que se planteó el tema de ser autores multigéneros o solo de un género. Todo viene a colación porque se habla mucho en el mundillo de los escritores INDIE sobre que hay lectores que están acostumbrados a leer a un autor en un género determinado y dejan de hacerlo cuando este cambia de línea de trabajo. Y pienso que es al revés. Son lectores que solo leen un tipo de género y son ellos los que se encasillas, algo por otra parte que me parece perfecto, porque el libro de los gustos está en blanco, pero pienso que no te dejan de leer porque cambies, si no que son ellos los que no se atreven a ampliar sus lecturas. Por lo tanto creo que no deberíamos de caer en la tentación de, con cariño, encasillarnos porque tengamos lectores fieles. Mi reflexión es que: la fidelidad es relativa y sobre todo, cuando sabemos que la mayoría de los escritores con más experiencia siempre nos dicen que escribamos para nosotros y para divertirnos. ¿Qué hay más divertido que experimentar con nosotros mismos y con nuestras capacidades de ponernos retos?

Dicho esto me confieso que soy multigénero y, además, con todas las consecuencias porque no es que ahora publique una novela romántica, la siguiente sea un thriller y después venga una histórica. No, ese no s mi estilo. Más bien soy de las que crees que, sin hacer un pastiche, se puede mezclar casi todos los géneros literarios, aunque eso va a depender de la habilidad del escritor. En mi caso es que me sale así y, además, es que ni me planteo hacerlo de otra forma. Cuando tengo una historia entre manos, donde muchos hechos están basados en situaciones próximas a mi vida cotidiana, me la planteo con sus pizcas de humor, thriller, romanticismo y erótica, añado a eso un marinado de aspectos históricos. ¿Por qué no?. Si me seguís tanto en mis RRSS como en mi blog, ya debéis de tener claro que, para mí, una novela es como una buena receta de cocina: tiene que tener equilibrio entre sus ingredientes y no ceñirse a uno solo. Un buen sofrito, un adecuado ingrediente principal y esos toques que harán que el plato, aunque sea conocido tenga un estilo propio que lo diferencie del resto de guisos de otros cocineros con los mismos ingredientes y procesos.

También es cierto que yo me planteo mi vida literaria como un reto día a día, algo alentado por mi propio editor como forma de crecimiento personal dentro de mi trabajo literario. Pero como chef en mi casa, con muchos años de experiencia, pienso que sin perder de vista los ingredientes principales o, lo que es lo mismo, la trama principal, hay que arriesgarse teniendo una línea clara de trabajo aunque sabiendo incluir poco a poco esos aspectos que te pide el cuerpo cuando escribes, que son los toques del buen maestro en cocina. Muchas veces esos toques o giros, vienen de la mano del propio personaje, que es más listos a veces que nosotros y, que hacen que nos enfrentemos a textos cada día mas complejos o, por lo menos, quiero pensar que eso es lo que me susurran al oído cada vez que me pongo manos a la obra en cada nuevo proyecto literario.

Esta reflexión me ha llevado a pensar que muchos lectores se pierden la oportunidad de conocer la amplia variedad de géneros literarios que existen, si solo leen a un escritor por su género y no le dan oportunidad si escribe otro. Esas personas desaprovechan la riqueza que muchos de nosotros somos capaces de dar a lo largo de nuestra trayectoria profesional y, eso, me da pena. Aunque tengo claro, que yo voy a seguir así porque con esa forma de escribir en modo multigénero siento que gano riqueza en mi trabajo y amplío mi presencia ante nuevos lectores críticos. Y sí, puede que otros escritores alcancen una alto nivel en ventas, y me alegro por ello, pero también pueden acabar siendo comidos por su propio éxito, como conocemos a algún autor, que aunque a puede vivir de las rentas pero ha perdido la frescura de sus primeros escritos ya que todas sus novelas son muy parecidas. Por eso, a mí, ser de un solo género me aburre.

Al final, como comentaba una las compañeras de la tertulia, hay muchos autores que somos INDIE, independientes como nos gusta llamarnos, para escribir lo que nos dé la gana y quién o sepa sacarle partido a esa independencia pues es una lástima, pero yo, mientras pueda, así lo haré y además con la libertad de coger mi olla y hacer la mezcla que mas conveniente me parezca intentando crear recetas lo mas sabrosas que pueda.

Opinión

No reseño, recomiendo.

Una de las cosas que me gusta de mi faceta como escritora es la de lectora crítica. Además, me encanta también recomendar las lecturas que hago de los trabajos de otros compañeros del gremio. Esta actividad, en la que recomiendo lecturas en mis redes sociales, es algo que me propuse desde el momento en el que empecé a conocer más a fondo este mundillo de los autores independientes. Desde un primer momento mi idea, por un lado, fue aprender con la  lectura de  otros escritores y, por supuesto, recomendar a los lectores aquellos trabajos que más me han llamado la atención por una trama bien llevada, una buena documentación, sintaxis y ortografía correcta, con un tratamiento adecuado de los personajes, una línea temporal bien organizada, con descripciones en su justa medida, buena documentación y sin anacronismos. Esos son los puntos en los que me fijo, en teoría, a la hora de recomendar una novela a otros lectores, porque antes que escritora, ya era una devoradora de libros. Ahora mismo, el único alimento que mi cerebro necesita para mantenerse activo es una buena lectura.

¿Por qué digo en teoría? Porque si estuviera contratada por una revista literaria así sería como plasmaría mi reseña que incluso podría llegar a ser una crítica. Pero como no es el caso, lo que en realidad hago es recomendar y por eso prefiero hacerlo de una forma sencilla que anime a otros lectores a leer ese libro que tanto ha llamado mi atención. La idea no es profesionalizarme, sería una locura y no estoy cualificada, sino expresar de una forma sencilla el porqué un libro me llama la atención y me gustaría que otras personas lo leyeran. Para ser más profunda existe la formación de crítico literario y no tengo en mente dedicarme a ello.

He visto aquí y allá personas en las redes sociales, que hace unas indicaciones para recomendar libros que parece que todo el mundo es crítico de la guía Michelin cuando lo más sencillo es decir el libro me ha gustado por dos o tres razones sencillas y comprensibles para el común de los mortales, ya que el 80% de los lectores que nos acercamos a una novela no pedimos más. Solo tenemos interés en que nos den dos o tres pinceladas, no que nos cuenten todos los pormenores de la historia desmembrando y pormenorizando e, incluso, destripando con spoiler toda la trama. No es necesario.

Siempre hay que tener en cuenta que una reseña, una crítica y una recomendación son tres cosas distintas y está claramente explicado en muchas páginas sobre técnicas de crítica literaria, por lo tanto no es una cosa que yo diga. Voy a intentar buscar la definición de los términos de una forma sencilla para que entendáis que es lo que yo hago:

  • La reseña es un género de opinión sobre una obra de arte o un producto cultural, con la finalidad de orientar a los consumidores. Y va orientada al público en general.
  • La crítica es un género periodístico a cargo de profesionales dedicados a distintos temas culturales. Es un análisis especializado de una obra y su relevancia histórica o estilística. Y va a un público minoritario y especializado, ya que suelen ser más densas.
  • La recomendación de libros es un comportamiento propio de lectores experimentados, que requiere del contacto frecuente con los libros, de un conocimiento de las preferencias personales en torno a la lectura y de un deseo de compartir vivencias relacionadas con la práctica de la lectura

Mi caso, y de la gran mayoría de la gente que publica comentarios sobre libros en las redes, sería un híbrido entre reseña y una crítica, algo muy personal, que da lugar a una recomendación, que, seamos serios, es lo que en realidad la gente quiere. A los lectores, como a mí, les interesa que alguien que haya leído a un autor, les indique si vale la pena gastar su tiempo y dinero en la lectura de un libro. Pero explicado de una forma clara y concisa, casi en los 240 caracteres a los que nos hemos acostumbrado en las redes sociales y poco más. No hay que hacer un ensayo, para eso dejo a la gran autora Espido Freire, y es suficiente con expresar, con unas breves pinceladas, el porqué un libro nos ha llegado tanto que queremos que otras personas disfruten como nosotros. Y si no nos ha llegado no hace falta recomendarlo, es mejor dejar la opinión, que hay tantas como culos, en estos casos guardada para una mejor ocasión porque, a no ser que ya te metas en profundidades, mejor que sea el tiempo el que nos dé la razón de si un libro en realidad no vale la pena recomendarlo. Hay tantos lectores como libros y no todo el mundo es exigente a la hora de leer una novela, por lo que no vale la pena ganarse inquina por una tontería como el poner que un libro es malísimo si no se fundamenta a fondo y no se es crítico literario.

Y como hoy va de recomendar lo hago con el ensayo de Espido Freire titulado Tras los pasos de Jane Austen, donde la autora española nos desgrana la vida de otra gran escritora de todos los tiempos, acercándonos a una mujer adelantada a su tiempo, en una mezcla entre ensayo y libro de viaje para hacer una lectura diferente de la novelista británica.

Opinión

La autocensura y la crítica demoledora: Asesinos anónimos en las redes.

—Ha sido el sargento Casas y el traductor Mirko, cerca de Mostar. El vehículo ha caído por un terraplén. —Venía como si el accidente lo hubiera tenido también él—, hemos estado ayudando a recuperar los cuerpos.

Sacó un paquete de tabaco y me ofreció un cigarrillo que cogí al tiento, por la penumbra que nos rodeaba, y traté de encender pero el pulso me temblaba. Dragan encendió el suyo y, mirándome a los ojos, dio una profunda calada que, al expulsar el humo, la sentí como un suspiro. Se quitó el cigarro  de los labios y me lo ofreció para intercambiarlo con el mío porque yo no era capaz de atinar para encenderlo y él lo hizo por mí.

(fragmento de una próxima novela de Gaby Taylor)

Y vuelvo a la carga con el tema de la censura a colación de un artículo que he leído esta semana escrito por académico Darío Villanueva ante la publicación de su nuevo trabajo titulado ‘Morderse la lengua’, donde realiza un documentado alegato contra la corrección política y la posverdad, “los síntomas de nuestro tiempo” y en él me encuentro el comentario y cito textualmente: «Hay filólogos que me han comentado que las últimas ediciones de algunas novelas de escritores vivos tienen una diferencia muy llamativa respecto a versiones anteriores: los personajes ya no fuman. Es caricaturesco, o anecdótico, pero es representativo de lo que estamos diciendo: el propio escritor, sin que nadie le obligue, se da cuenta de que la fumarreta no es políticamente correcta. Y les quitan el tabaco a sus personajes. Y no pasa nada». 

Me he dado cuenta de que incluso yo he llegado a pensar si debería de mantener el hábito de fumar en los mis personajes, o es algo que debería de evitar. Y cuando mi parte del cerebro que es el analista y lógico me abofetea, comprendo la idiotez de mi postulado, pero también me he dado cuenta de hasta donde influye en la actualidad, ese miedo a las redes sociales que te montan un escrache y acaban hundiendo el trabajo de un escritor por algo, que para empezar, es ficción y después no es ilegal (de momento).

Ya me causa bastante sorpresa que en las bases de un premio, al que se presentan muchos autores independientes, se censure cierto tipo de novelas, que luego vende a espuertas en su tienda online, entre las que se encuentran las mías que son romántico-eróticas. Por lo tanto como para encima fustigarme con una autocensura, me niego. Y por eso no me presento a ese tipo de premios que censuran algunos géneros en sus bases. Si soy independiente, lo soy con todas sus consecuencias. Y aquí añado que es mi opinión y que ancha es Castilla para el resto de autores, faltaría más.

Desde luego esa acción la comento desde el mero aspecto informativo para demostrar como, a fin de cuentas, al final la censura existe. Lo malo que no es como la de antes, que sabías exactamente que era lo que no se debía de publicar y, aún así, los buenos escritores eran capaces de, hilando muy fino, al igual que los directores de cine, bordear esa censura y llegar a decir más de lo que en un momento ese autor hubiera dicho sin mediar ese veto. El problema que veo ahora es que no existe una clara línea de lo que es políticamente o no correcto y apelamos a una falsa libertad de expresión, cuando todos sabemos que dependemos del poder de unas anónimas RRSS donde, personas escondidas detrás de sus teclados, pueden echar por tierra el trabajo de años de autores por una mal entendida retroactividad. Así acabará llegando el caso de que Humphrey Bogart tendrá que dejar de fumar si se emite de nuevo «Casablanca».

A la conclusión que llego es que, si se está luchando por ser escritor independiente y no estar bajo el mal llamado a veces yugo de las editoriales tradicionales, y luego nos vamos a dejar comer el terreno por el lector anónimo agazapado en las redes sociales. ¿Dónde está en realidad nuestra independencia? Es algo a lo que le he estado dando vueltas y ya que me meto en este charco de publicar novelas invirtiendo en un proyecto, debo de mantener una rentabilidad para que ese charco me compense, pero no una rentabilidad al gusto de lectores anónimos o de convocatorias donde las bases no se ajusten a mi propio estilo de escritura, si no a mi propio gusto porque si no ¿para qué estamos aquí? ¿Para darle gusto a la gente o a nosotros mismos?

Y junto con la censura tenemos el ataque gratuito y personal al escritor porque hay quién no tiene argumentos para hacer una auténtica crítica, como el caso que le ha ocurrido a Eva García Sáenz de Urturi, premio Planeta 2020, a la que la han calificado en varios artículos y ataques como: «Golfa, tipeja, inmadura y ama de casa». A lo que ella contesta en la página de Zenda libros y que recomiendo su lectura. Lo que podría ser un buen año para disfrutar de su merecido premio se está convirtiendo seguramente en una época en la que no le apetecerá prodigarse mucho en las redes visto lo visto. Y no me vale esa frase de que con lo que se lleva de premio, que también he oído por ahí. No señoras y señores, el insulto tan utilizado en España por pura envidia es de hacérselo consultar a especialistas que tratan de esos temas.

En resumen, si hoy en día, sacar adelante un proyecto literario supone un gran esfuerzo de tiempo y dinero, para encima tener que luchar a brazo partido contra personas ocultas en las redes, vamos apañados. Anónimos que están a la espera de ver si tienen su minuto de gloria gracias a la censura y campañas de acoso y derribo ante la falta, supongo, de otras expectativas en sus vidas. Me gustaría que muchas de esas personas reflexionaran porque, aunque sea de forma humilde, el 80% de los escritores independientes generan riqueza y trabajo, ya que tras ellos hay pequeños equipos de profesionales que se ganan la vida corrigiendo, editando, maquetando y diseñando portadas, además de imprentas y personal que distribuye nuestros trabajos. Y si alguien tiene una queja o una crítica, que por lo menos se pare a pensar el daño que puede llegar a hacer y si siente que lo que un autor escribe no es de su gusto, no hace falta que lo censure y lo hunda en las redes, que se busque otro escritor que sea de su agrado y que deje vivir al resto de personas que se ganan la vida, o lo intentan, con una forma de trabajar tan digna como seguramente será la del crítico-censor. Y si de verdad quiere ayudar con una crítica, que sea constructiva.

Opinión, sentimientos

¿Terapia u oficio?

He leído en las redes califican a la escritura de actividad terapéutica y eso me ha llevado a reflexionar si el escribir es una terapia para corazones dañados o es un trabajo como el de soldador o albañil y no me ha costado tener la respuesta aunque, como todo en la vida, con sus matices.

También he leído en las redes sobre la necesidad de que para ser un buen escritor hay que ser un sufridor de manual y carne de psicoterapeuta, algo que ya en mi caso rechazo de plano. Si necesitara plasmar mis frustraciones, miedos, angustias y paranoias vitales en forma de escritura, lo haría en un diario y para mí se quedaría. Pues no sale caro y tiene tinta lo de publicar un libro, como para andarse con tonterías.

Ser escritor es un trabajo como ser fontanero, médico o bombero. Es un proceso que requiere de vocación, porque hay que meterse en muchos jaleos y también se necesita de una formación como base y durante el resto del proceso y no me voy a poner a crear o escribir según mis estados de ánimo. No puedo culpar a que hoy como me han costado más caros los pimientos y estoy enfadada escribo una escena de enfado de los personajes o la parte de la pelea en el thriller y mañana que me toca relax escribo la parte romántica. No, seamos serios, esto no va así por lo menos lo que en en mi caso se refiere.

Es más, en una de las entrevistas que me han hecho esta semana me pidieron que contará como es el día a día de mi actividad como escritora y en resumen explico que se desarrolla como la de un profesional cualquiera. Me levanto temprano, entre las 7 y las 8 de la mañana y empiezo mi día con un desayuno y preparando lo que voy a publicar en las redes sociales. Tras eso, empieza mi trabajo como escritora que puede desarrollarse, según cómo esté la novela que tenga entre manos, con búsqueda de información o trabajar en fase de corrección y pasar el manuscrito con Word al ordenador, porque siempre empiezo escribiendo en cuadernos de cuadrícula con bolígrafo negro Bic, lo que me facilita la opción de hacer una primera revisión a fondo una vez que lo voy subiendo a mi nube. Ya por la tarde puede que solo me dediqué a la lectura. Eso es el supuesto ideal, pero como cualquier otra persona también tengo otra vida social y compromisos variados.

Todo el proceso intento que sea un trabajo a tiempo completo de 8 horas. Hay quien por sus circunstancias vitales no puede estar todo ese tiempo pero aún así, si ese fuera mi caso para mí seguiría siendo un trabajo y no una terapia. Otra cosa distinta es que, en los tiempos que vivimos, el escribir se use como una forma de mantenernos distraídos de ciertas situaciones estresantes de nuestro día a día, como podría ser hacer maquetas, punto de cruz o ir a bailes de salón, pero para mí también con un matiz: yo no lo tengo como hobby.

Porque eso es otra, hay gente que te suelta sin filtro esa frase de que escribir es un hobby y lo suyo un trabajo. No, perdona, habitualmente los hobbies cuestan dinero y yo escribo para ganarlo y no soy una ONG y hasta la fecha esa es mi meta y la voy cumpliendo poco a poco. Y no me avergüenzo de decir que aquí estoy para ganar dinero, que parece que hay que pedir perdón por tener esa idea y que un escritor no lo es si piensa en cobrar por su trabajo. Existe mucho romanticismo mal gestionado que asimila la figura del escritor como alguien que tiene que ser poco menos que un indigente y recibir el reconocimiento cuando esté muerto y con mucho cariño, va a ser que no. Y ojo que decir eso hará que se levante otro hacha de guerra, las de los que la empuñan gritando que soy una soberbia y que me creo alguien.

En resumen escribir no lo hago por terapia sino por gusto y porque quiero ganar dinero para sacar mi siguiente libro. Y, sí es cierto, que me implicó tanto que me evado y disfruto viajando por todo el mundo gracias a este oficio, como me gusta llamarlo, de ser escritora.

Opinión

¿Qué se puede esconder detrás del seudónimo?

En una entrevista, días atrás, me preguntaron qué es lo que se escondía detrás del seudónimo de Gaby Taylor, y no es la primera vez que sale a colación en una entrevista esa cuestión. Además, esta semana, también ha saltado en los grupos de escritores la historia de un seudónimo masculino, tras el que se escondía una escritora, que ha dado mucho de que hablar en las redes. La causa no ha sido por el cambio de identidad, sino porque ha ido mucho más allá inventándose una vida, con imágenes que no eran suyas e historias rocambolescas. Todo esto lo comento sin haber sido testigo directo del asunto aunque sí ha llamado mi atención ya que en su momento, me habían parecido raras algunas de las actitudes de esta persona pero, es cierto, que no suelo detenerme en estos asuntos más de la cuenta.

En mi reflexión he seguido varios caminos. El primero fue pensar que historias como estás hacen flaco favor al mundo de la escritura aunque casos similares a este siempre los ha habido, rozando entre la locura y el delito. Las redes sociales facilitan esa forma de actuar. Pero vayamos al grano de la cuestión.

Desde el principio tomé la decisión de usar un seudónimo por varios motivos. El primero como homenaje a mi padre que se llamaba Gaby, el segundo porque quería separar mi vida en las redes dejando a un lado mi perfil personal del de escritora y como tercer punto, y que más me gustaba, porque era una manera de crear un personaje, desde la raíz, que formara parte de mi trabajo literario. Y es ese tercer aspecto donde me quiero detener y explicar, porque los otros dos creo quedan claros.

Hace tiempo para comenzar un Elevator Peach, en un curso de marketing, dije que tenía tres nombres, algo que es totalmente cierto y no soy la única. Uno es el del registro civil y que está en mi DNI, conocido por pocas personas, el segundo es el nombre familiar con el que me conocen mis amigos, aunque en mi casa mi madre usa el diminutivo, y ahora el de escritora. Pero en todo este lio está la misma persona, con las mismas opiniones y similar trayectoria. ¿Qué diferencia hay entonces con mi seudónimo? Pues con ese es con el que juego y es con el que aprovecho para fantasear pero, obviamente, sin llegar a inventarme una vida, porque se pilla antes a un mentiroso que a un cojo. Es el nombre con el que me permito algunas licencias, al igual que como autora lo hago a la hora de escribir, pero sin abusar de este recurso.

Pero claro, siempre hay autores que, para mí, hacen un uso erróneo de su seudónimo. Un caso, con el  que me he encontrado, es el de cambiar de seudónimo según el género que escriban. No lo veo práctico, porque si al final tienes que explicarle a todo el mundo quién eres, para que te compren, es doble trabajo de marketing. Para eso existen las clasificaciones por edad. Zafón empezó escribiendo novela juvenil y luego dio el salto y no se cambió de nombre.

Otro caso es el ir con los misterios, escondiéndose detrás de un avatar y sin apenas imágenes físicas personales en las redes. Que aunque no es malo en sí, es cierto que puede generar desconfianza. Y no hablo de casos como el de Cix Valak, con cuya imagen inicio está entrada, autor de fantasía que es de carne y hueso, al que he tratado personalmente. Lo suyo es crear un personaje como autor, algo parecido a lo que yo hago, pero llevado más allá, pues tiene su propia y magnífica escenografía. Pero él no cuenta una vida de fantasía, él se escenifica como autor. Lo suyo es otro mundo que vale la pena conocer.

Y por último está este caso que hablábamos de inventarse una vida en la que además ha usado imágenes de personas reales asegurando que era él y su familia. Pero en parte la culpa de que el engaño se haga una gran pelota de nieve es por nosotros. Nos va el morbo y la marcha. En vez de centrarnos solo en el valor de la obra del autor, nos ponemos a hurgar en su vida privada y claro, la pena, parece que vende porque es lo que la gente más compra. Y aprovechándose de esa pena y de la buena fe de otros muchos, se producen ese mal uso del seudónimo.

Mi gran duda es: ¿Cómo es posible que nadie haya visto venir esta historia si hasta escribió un libro a medias con otra autora? ¿A nadie le extrañó que nunca hizo presentaciones online? Cuando escribió el libro a medias, ¿nunca hicieron un Skype para conocerse? Misterios de la vida.

El caso es que, en realidad, el mundo de los seudónimos bien llevado es algo normal y que el 99% de los autores son lo que dicen que son. Y respondiendo a la pregunta, el seudónimo en un nombre que debería esconder poco o nada. Detrás de un seudónimo, por lo menos en mi caso, está la misma persona que tiene su nombre en el DNI.

N. de A: Ante todo dar las gracias a Cix Valak por permitirme usar su imagen para el encabezamiento de esta entrada y a Fotolócar por suministrarme la foto realizada por él.

Opinión

¿El escritor nace o se hace? ¿No sabéis todavía la respuesta?

Hay muchos grupos en los que, un día si y otro también, esta cuestión revolotea por sus muros, causándome siempre la misma sensación y tras haberlas leído, inmediatamente, me salta otra pregunta a la mente: en serio ¿no sabéis todavía la respuesta? Aquí pondría la carita del emoji sorprendido.

Me da la sensación de que el mundo del escritor está envuelvo en un halo de misterio e incluso que hay quién piensa que está a las alturas del Olimpo y del conocimiento de los dioses, y nada mas lejos de esa idea, sobre todo cuando empiezas a codearte con todo tipo de escritores y recibes el primer hachazo de realidad en la frente. Es un mundo como otro cualquiera de profesionales o intento de ser profesionales y como tal se rige por las mismas normas de convivencia habituales, la educación y la prudencia, y quien no lo tenga ese tipo de normas te lo ves venir a la primera de cambio. De ahí mi comentario del hachazo. Somos seres humano normales, con las mismas ambiciones, frustraciones, deseos, envidias, resquemores y alegrías que el vecino de enfrente que hizo la carrera de magisterio para ser profesor o que estudio un grado medio para ser electricista. Y ahí es a donde voy.

¿Alguien ha llegado a pensar alguna vez que un medico, fontanero, electricista, maestro, o conductor de autobús nace? ¿Alguien se pone en manos de un médico, maestro o abogado que no acredite una formación y trabaje gracias a la inspiración? Entonces, ¿por qué pensamos que un escritor es un ser privilegiado que nace ya con las musas sentadas en el hombro y todas las habilidades del mundo para ponerlas a su servicio como escritor? Y, ojo, otra cosa es la vocación que para muchos trabajos, por no decir todos, es muy útil y necesaria, que con eso si se nace.

Siempre va a surgir el típico usuario de las redes sociales que te puede tratar de argumentar que hay personas que curan y no tienen la carrera de medicina. Venga va, si hasta Harry Potter, que leemos que pese a sus habilidades mágicas mágicas tiene que ir a una escuela para aprender a controlarlas y mejorarlas. Que vemos como en los mundos de fantasía hay un proceso de aprendizaje en los que puedes tener la fuerza, pero necesitas a un yoda en tu vida para que te enseñe a manejarla y ¿seguimos pensando que el escritor se nace y ya está?

Para ser escritor tienes que tener hoy en día 9 pilares que sustenten tu obra, unos mas fuertes y otros tal vez más débiles porque nadie es completo en todos los conocimientos, y esos son: Literatura, Escritura, Ortografía y Gramática, Marketing, Edición, Diseño, Libro Electrónico, Blogging y Emprendimiento. Y si digo que unos serán más débiles es porque para nosotros, como escritores, lo fundamental deberían de ser los tres primeros, pero si vamos por la vida de Independientes, ya no nos podemos quedar ahí, debemos de conocer otros tres no para montar un sello editorial pero, por lo menos, para saber presentar, darnos a conocer con el marketing, blogging y emprendimiento y realizar una buena distribución. Y para que no nos estafen y sepamos que pedir en el caso de edición, diseño y libro electrónico. Que conste que esto no lo he sacado de ninguna chistera, que es algo estudiado por profesionales del mundo de la edición y del marketing digital, mundo del cual ahora mismo soy una alumna más.

No he encontrado todavía ningún autor reconocido que diga que su éxito se ha basado únicamente en la inspiración e, incluso, conozco a muchos que entraron en el mundo de la literatura, de una forma casual, eso sí, después de tener una buena mochila de aprendizaje a sus espaldas. Por lo tanto os animo que, si queréis entrar en este mundo, penséis que los que ya tienen experiencia y éxito y dan consejos de que el saber no ocupa lugar, no es por fastidiar sino que es por ir adelantando lo que, tarde o temprano, vais a descubrir aunque no sigáis el consejo.

Opinión

El lector de sensibilidad: ¿un ataque a la libertad de expresión?

Hoy vamos a hablar de una curiosa figura dentro del trabajo literario y que podríamos traducir como el «lector de sensibilidad» o lo que es lo mismo, una persona que se dedicará a leer nuestro texto y decidirá que frases o partes del trabajo puede herir las sensibilidades de los futuros lectores. Esta figura será quien nos informe de que partes de nuestro trabajo podrían molestar a mujeres, a los negros o a ciertas minorías étnicas, por poner unos ejemplos, y que daría lugar a una narrativa que podría considerarse políticamente incorrecta y por lo tanto es susceptibles de ser eliminada.

¿Hasta dónde es necesario este tipo de figura correctora? ¿Ataca la libertad de expresión? ¿Tenemos una piel tan fina que necesitamos de esta censura? ¿Es realmente censura? ¿Cuáles son los límites? ¿Somos conscientes de que es literatura de ficción? ¿Es esta figura lo mismo que un lector beta o cero?

Toda una batería de preguntas que necesitarían de una larga tertulia con un buen grupo de expertos que nos aclararan tal vez esas dudas. Pero así a bote pronto y sin pensármelo mucho creo que no es una figura que me resulte importante, sobre todo tratándose de literatura de ficción y, al igual que la televisión, donde tenemos un botón de apagado. Nadie está obligado a leer una novela que le suponga un atentado a su sensibilidad, igual que creo que tampoco se debe de atentar, en este caso, contra la libertad de expresión literaria.

Ya de por sí tenemos filtros surgidos a la sombra de la educación que hemos recibido que apelan a la prudencia, el buen gusto, el acercamiento a un mercado de lectores lo más amplio posible y que, posiblemente, nos hace pensar mucho que es lo que vamos a expresar, por lo que ya vamos a ejercer una autocensura. Aunque tenemos que tener claro que nunca vamos a gustar a todo el mundo y que tratar de no pisarle ningún callo a un lector es prácticamente imposible.

Tampoco creo que este tipo de lector sea equiparable a un lector cero, aunque hay lectores cero que pueden hacer sugerencias de estas características y que ambos tipos nos pueden servir de apoyo, pero no tenemos que llevar a la práctica a pies juntillas todas sus sugerencias, porque en realidad solo son recomendaciones. Debemos de valorarlas y ver si la aportación vale para enriquecer el texto y por lo tanto mejorarlo.

He vislumbrado, en este mundo literario en el que me muevo, que debería de haber un equilibrio entre esa libertad de expresión literaria, que nos autoimponemos, y la posible comercialización de nuestra obra. Y conseguirlo es algo que, en mi caso, es muy importante. Lo ideal es saber trasmitir nuestras ideas sin censuras pero de forma adecuada que creo que eso siempre es posible.

Estoy convencida de que mis apreciaciones son muy subjetivas porque asumo el trabajo del escritor es un continuo aprendizaje, que no hay nada inamovible en esta vida y que estamos en continua evolución. Pero en cuanto al tema de los lectores beta, ya sea como lector de sensibilidad ya sea solo lector 0, pienso que debe de ser alguien con amplia experiencia como lector para que profundice en su valoración. Además de esto, añadir que se tendría que tener una visión en conjunto de todo el manuscrito para valorarlo, como se hace en cualquier otro proyecto. Junto con esto se debe de tener una información sobre que es lo que pretende el escritor con su novela y estar muy libre de prejuicios a la hora de realizar la aportación. Sobre este tema se quedarían muchas cosas en el tintero y por eso no descarto desarrollarlo, como ya he comentado más arriba, en otra entrada, donde hablaré de mi impresión sobre lo que he visto hasta ahora de los lectores 0.

Opinión

¿Hasta dónde están permitidas las licencias a un autor?

Como inicio diré que en mi caso, las licencias que me permito son las justas. Lo habitual es que a un autor se le exija ser lo más riguroso posible a la hora de escribir su novela, aunque esta sea de fantasía, porque hasta dentro de ese género puede haber anacronismos y, en el caso de que haya partes de la historia que puedan ser considerado como incongruente, hay que dar una explicación que de verdad sea lógica y que lo justifique, que para eso tenemos las notas de autor.

Para evitar el uso excesivo de licencias lo recomendable es tener mucha documentación de lo que se va a escribir tanta que, a veces, puede llegar a ser complejo usarla, aunque lo habitual es que se utilice una mínima parte de todo lo que se recaba.

Pero hay momentos que por mucho que el autor se documente no es posible encontrar, por ejemplo, una localización determinada que es la que precisaba para la historia. Este caso me pasó en mi bilogía de Israel donde necesitaba que la embajada de España, en ese país, tuviera una ubicación que sabía que no tenía. Decidí entonces buscar un hotel en Tel Aviv que tuviera unos jardines que eran necesarios para el desarrollo de la historia y tampoco lo logré, porque el único, que podía parecerse, fue inaugurado años después de la fecha en la que se desarrollaba la trama. Entonces, no tuve más remedio que tirar de la licencia del autor e inventarme un hotel donde encajaran las fiestas, organizadas por la embajada española. y el desarrollo de la historia, pero sin darle un nombre ni una localización precisa porque, en realidad, no existía.

Pero una de las cosas que siempre  me ha sorprendido son las grandes licencias, que se toman los guionistas, a la hora de adaptar novelas para hacerlas series o películas. Entiendo que hay ciertas novelas tan extensas, que es complejo que todos los detalles queden plasmados en esos productos para la gran pantalla o la televisión, pero de ahí a que haya tales incongruencias que se me pongan los pelos tiesos como escarpias, no me parece necesario.

Hace unos días me vi entera una serie que está siendo muy nombrado en las redes sociales y diré como un comentario positivo es que ha sido entretenida, pero sus licencias han sido horrorosas en la música, vestuario y en ciertas actitudes de los actores. Aunque la que más me ha llamado la atención es el uso de actores negros en una serie que se desarrolla en el siglo XIX en papeles como reina de Inglaterra, nobles o burgueses  de la sociedad londinense en un número bastante paritario con respecto a los actores blancos. Y si lo destacado no es porque sean actores negros, siempre he visto normal que haya un James Bond, Superman o cualquier otro personaje que sea negro, ya que lo que hay que tener en cuenta es su profesionalidad, no el color de la piel. Lo que me ha sorprendido es el querer justificar su trabajo en la serie y, por lo tanto su existencia en la sociedad londinense en esa época, con que el rey estaba casado con una persona de su «clase» o sea negra. No señores productores, hay que ser lógicos y reivindicar la actuación de actores negros en la serie por el hecho de que son actores y no incidir en una historia de una reina inglesa casada con George III que sea negra. Lo digo porque hay muchas personas que su única fuente y forma de acercarse a la historia es a través de las series históricas. O lo explicáis bien o no uséis de una licencia que haga creer que de verdad es un hecho histórico totalmente confirmado. Porque eso roza manipulación histórica y una forma de desperdiciar la opción de reivindicar de forma real la actuación de actores negros en cualquier papel. Y hago hincapié en lo de explicarlo bien porque, si bien es cierto que, dentro de los historiadores hay versiones de que, Carlota, la mujer de Jorge III de Inglaterra, podría haber tenido ascendencia africana, aunque estos antepasados podían ser de origen portugués norteafricano y, por lo tanto, su tono de piel sería como el de los berberiscos del norte de este continente, algo más oscuro pero no negro. También es cierto que algunos hijos bastardos de nobles, que eran mulatos, llegaron a puestos de algo rango, e incluso, a ennoblecerse como por ejemplo, el caso del escritor ruso Alexandre Pushkin (1799-1837), descendiente de Abram Petrovich Gannibal, un negro que pertenecía a la corte del zar Pedro el Grande. Pero tan abrumadora mayoría de nobles negros no cuela en una serie de ese calibre sin una aclaración previa.

Por eso cuando hay lectores que me preguntan si me gustaría qué mi bilogía se convirtiera en serie o película y qué actores serían los que propondría para ejecutarla, suelo responder que no me apetece hoy por hoy ver mis libros en la gran pantalla o como serie, habiendo visto lo que veo habitualmente de las adaptaciones. Por supuesto, para gustos y opiniones hay de todo, como  los colores y, siempre recalco, que es solo mi opinión y me parece estupendo quien piensa lo contrario. Pero quitando contadas ocasiones, elijo siempre un buen libro antes que una adaptación mediocre en forma de serie o película.

Opinión

¿Autopublicación o autoedición? Las cuatro patas de mi banco.

Una cosa que tenía clara, desde el primer momento, es que no podía sacar un libro adelante sin la ayuda de personas con más experiencia que yo en este campo. Sobre todo si lo que quería era publicar algo digno y de calidad. Aún así, la manera en la que me puse en contacto con mi editorial lo dejaré para otra entrada, solo diré que lo que empezó siendo un contacto casual pidiendo información se ha acabado convirtiendo en casi tres años de relación muy enriquecedora y con un tercer libro preparado para entrar en el horno.

En cuestión de pocos años se ha abierto un melón impensable hace 20, ya que antes, el escritor que quería publicar, tenia pocas opciones a la hora de hacerlo. Aunque poderoso caballero don dinero, porque teniéndolo, todo era posible, y sacabas tu sello editorial como hizo en su día Virginia Wolf. Por lo tanto si no era ese tu caso, tenías que centrarte en editoriales y/o presentarte a concursos literarios.

Vaya por delante que en este blog y específicamente en esta entrada no doy consejos ni lecciones a nadie, es sencillamente mi manera de ver y analizar este mundo en el que empiezo a nadar como pez en el agua. Pero en el que, en un primer momento cuando me lancé a la piscina, entendí que la ayuda que necesitaba eran esas cuatro patas de banco que le dan título a mi post: edición, corrección, maquetación y portada y por supuesto con un buen respaldo que identifico con un continuo aprendizaje. Todo eso tenía que venir de alguien que ya hubiera llegado a la otra orilla y lo encontré en lo que también se denomina autopublicación cuidada. Dos palabras que vienen más o menos a explicar que aunque se conocen como editoriales de autoedición, son editoriales de autopublicación cuidada que editan y publican libros a autores encargándose de todo el proceso, aunque es finalmente el escritor quien sufraga los costes, por lo que hablamos de una autopublicación a nivel de financiación, pero no en cuanto al trabajo que debe realizar el autor. Este modelo de editorial pone a disposición del escritor, todo un equipo de personal cualificado para el registro legal, la corrección ortotipográfica, el diseño de cubiertas, la maquetación del libro, su impresión, distribución nacional e internacional y difusión y marketing de la obra. Aunque esto último, debido a mi formación previa, lo llevo personalmente.

Ser autopublicado no es lo mismo que ser autoeditado. Llegar a ser un escritor independiente reconocido, para mí, implica contar con un equipo de trabajo exigente, que vele por la calidad del texto y lo someta a las mismas etapas que atravesaría la obra en las editoriales tradicionales. Me apena mucho leer buenas tramas, en los cientos de obras autopublicadas que llevo leídas hasta ahora, y encontrar en algunas, fallos narrativos o de sintaxis y ortografía que, una buena guía y consejo, borrarían de un plumazo sin por eso perder frescura la narrativa del autor  y, a la vez, me alegro mucho cuando encuentro un autor que me llama la atención y veo como, desde su primera obra, va evolucionando y cuidando cada vez más su trabajo. Esos son los autores que suelo recomendar en mis redes sociales, porque son trabajos que valoran al lector que se  acerca a ellos y que luchan por aprender día a día de quien más sabe y les puede orientar.

Hay muchos escritores que alegan que ellos saben maquetar, corregir o hacer portadas. No me pagan para convencer a nadie, pero hay que ser humildes y reconocer que no debemos de ser como el maestro liendres que de todo sabe y de nada entiende, y que si este año se han presentado  para autopublicados, miles de libros, no me creo que todos esos autores sepan de lo necesario para presentar un libro de una forma profesional y, que eso, luego pueda repercutir en ventas. Puede haber alguno que dé el pelotazo sin tener esa experiencia, pero volvamos a ser humildes y reconozcamos que eso ocurre en contadísimas ocasiones y es como la leyenda urbana de los cocodrilos en las alcantarillas de Nueva York, siempre hay alguien que jura y perjura que ha visto uno.

Yo por si acaso lo tengo claro y busco a profesionales. Sé perfectamente que no todo el mundo se puede permitir el lujo de pagarlos, pero imagino que igual que vemos normal que llamen loco al que monta un bar sin tener nociones del tema, se puede pensar lo mismo del que ejerce de profesional sin serlo por tener unas leves nociones. La diferencia es que autopublicar en ciertas plataformas es gratis y montar un bar no,  y ya ahí entra el todo vale, pero desarrollar eso me parece que también lo dejo para otra entrada. Yo de momento me siento en mi banco con mis cuatro patas bien firmes, los columpios los dejo para otros menesteres.