Opinión

El lector de sensibilidad: ¿un ataque a la libertad de expresión?

Hoy vamos a hablar de una curiosa figura dentro del trabajo literario y que podríamos traducir como el «lector de sensibilidad» o lo que es lo mismo, una persona que se dedicará a leer nuestro texto y decidirá que frases o partes del trabajo puede herir las sensibilidades de los futuros lectores. Esta figura será quien nos informe de que partes de nuestro trabajo podrían molestar a mujeres, a los negros o a ciertas minorías étnicas, por poner unos ejemplos, y que daría lugar a una narrativa que podría considerarse políticamente incorrecta y por lo tanto es susceptibles de ser eliminada.

¿Hasta dónde es necesario este tipo de figura correctora? ¿Ataca la libertad de expresión? ¿Tenemos una piel tan fina que necesitamos de esta censura? ¿Es realmente censura? ¿Cuáles son los límites? ¿Somos conscientes de que es literatura de ficción? ¿Es esta figura lo mismo que un lector beta o cero?

Toda una batería de preguntas que necesitarían de una larga tertulia con un buen grupo de expertos que nos aclararan tal vez esas dudas. Pero así a bote pronto y sin pensármelo mucho creo que no es una figura que me resulte importante, sobre todo tratándose de literatura de ficción y, al igual que la televisión, donde tenemos un botón de apagado. Nadie está obligado a leer una novela que le suponga un atentado a su sensibilidad, igual que creo que tampoco se debe de atentar, en este caso, contra la libertad de expresión literaria.

Ya de por sí tenemos filtros surgidos a la sombra de la educación que hemos recibido que apelan a la prudencia, el buen gusto, el acercamiento a un mercado de lectores lo más amplio posible y que, posiblemente, nos hace pensar mucho que es lo que vamos a expresar, por lo que ya vamos a ejercer una autocensura. Aunque tenemos que tener claro que nunca vamos a gustar a todo el mundo y que tratar de no pisarle ningún callo a un lector es prácticamente imposible.

Tampoco creo que este tipo de lector sea equiparable a un lector cero, aunque hay lectores cero que pueden hacer sugerencias de estas características y que ambos tipos nos pueden servir de apoyo, pero no tenemos que llevar a la práctica a pies juntillas todas sus sugerencias, porque en realidad solo son recomendaciones. Debemos de valorarlas y ver si la aportación vale para enriquecer el texto y por lo tanto mejorarlo.

He vislumbrado, en este mundo literario en el que me muevo, que debería de haber un equilibrio entre esa libertad de expresión literaria, que nos autoimponemos, y la posible comercialización de nuestra obra. Y conseguirlo es algo que, en mi caso, es muy importante. Lo ideal es saber trasmitir nuestras ideas sin censuras pero de forma adecuada que creo que eso siempre es posible.

Estoy convencida de que mis apreciaciones son muy subjetivas porque asumo el trabajo del escritor es un continuo aprendizaje, que no hay nada inamovible en esta vida y que estamos en continua evolución. Pero en cuanto al tema de los lectores beta, ya sea como lector de sensibilidad ya sea solo lector 0, pienso que debe de ser alguien con amplia experiencia como lector para que profundice en su valoración. Además de esto, añadir que se tendría que tener una visión en conjunto de todo el manuscrito para valorarlo, como se hace en cualquier otro proyecto. Junto con esto se debe de tener una información sobre que es lo que pretende el escritor con su novela y estar muy libre de prejuicios a la hora de realizar la aportación. Sobre este tema se quedarían muchas cosas en el tintero y por eso no descarto desarrollarlo, como ya he comentado más arriba, en otra entrada, donde hablaré de mi impresión sobre lo que he visto hasta ahora de los lectores 0.

Opinión

¿Hasta dónde están permitidas las licencias a un autor?

Como inicio diré que en mi caso, las licencias que me permito son las justas. Lo habitual es que a un autor se le exija ser lo más riguroso posible a la hora de escribir su novela, aunque esta sea de fantasía, porque hasta dentro de ese género puede haber anacronismos y, en el caso de que haya partes de la historia que puedan ser considerado como incongruente, hay que dar una explicación que de verdad sea lógica y que lo justifique, que para eso tenemos las notas de autor.

Para evitar el uso excesivo de licencias lo recomendable es tener mucha documentación de lo que se va a escribir tanta que, a veces, puede llegar a ser complejo usarla, aunque lo habitual es que se utilice una mínima parte de todo lo que se recaba.

Pero hay momentos que por mucho que el autor se documente no es posible encontrar, por ejemplo, una localización determinada que es la que precisaba para la historia. Este caso me pasó en mi bilogía de Israel donde necesitaba que la embajada de España, en ese país, tuviera una ubicación que sabía que no tenía. Decidí entonces buscar un hotel en Tel Aviv que tuviera unos jardines que eran necesarios para el desarrollo de la historia y tampoco lo logré, porque el único, que podía parecerse, fue inaugurado años después de la fecha en la que se desarrollaba la trama. Entonces, no tuve más remedio que tirar de la licencia del autor e inventarme un hotel donde encajaran las fiestas, organizadas por la embajada española. y el desarrollo de la historia, pero sin darle un nombre ni una localización precisa porque, en realidad, no existía.

Pero una de las cosas que siempre  me ha sorprendido son las grandes licencias, que se toman los guionistas, a la hora de adaptar novelas para hacerlas series o películas. Entiendo que hay ciertas novelas tan extensas, que es complejo que todos los detalles queden plasmados en esos productos para la gran pantalla o la televisión, pero de ahí a que haya tales incongruencias que se me pongan los pelos tiesos como escarpias, no me parece necesario.

Hace unos días me vi entera una serie que está siendo muy nombrado en las redes sociales y diré como un comentario positivo es que ha sido entretenida, pero sus licencias han sido horrorosas en la música, vestuario y en ciertas actitudes de los actores. Aunque la que más me ha llamado la atención es el uso de actores negros en una serie que se desarrolla en el siglo XIX en papeles como reina de Inglaterra, nobles o burgueses  de la sociedad londinense en un número bastante paritario con respecto a los actores blancos. Y si lo destacado no es porque sean actores negros, siempre he visto normal que haya un James Bond, Superman o cualquier otro personaje que sea negro, ya que lo que hay que tener en cuenta es su profesionalidad, no el color de la piel. Lo que me ha sorprendido es el querer justificar su trabajo en la serie y, por lo tanto su existencia en la sociedad londinense en esa época, con que el rey estaba casado con una persona de su «clase» o sea negra. No señores productores, hay que ser lógicos y reivindicar la actuación de actores negros en la serie por el hecho de que son actores y no incidir en una historia de una reina inglesa casada con George III que sea negra. Lo digo porque hay muchas personas que su única fuente y forma de acercarse a la historia es a través de las series históricas. O lo explicáis bien o no uséis de una licencia que haga creer que de verdad es un hecho histórico totalmente confirmado. Porque eso roza manipulación histórica y una forma de desperdiciar la opción de reivindicar de forma real la actuación de actores negros en cualquier papel. Y hago hincapié en lo de explicarlo bien porque, si bien es cierto que, dentro de los historiadores hay versiones de que, Carlota, la mujer de Jorge III de Inglaterra, podría haber tenido ascendencia africana, aunque estos antepasados podían ser de origen portugués norteafricano y, por lo tanto, su tono de piel sería como el de los berberiscos del norte de este continente, algo más oscuro pero no negro. También es cierto que algunos hijos bastardos de nobles, que eran mulatos, llegaron a puestos de algo rango, e incluso, a ennoblecerse como por ejemplo, el caso del escritor ruso Alexandre Pushkin (1799-1837), descendiente de Abram Petrovich Gannibal, un negro que pertenecía a la corte del zar Pedro el Grande. Pero tan abrumadora mayoría de nobles negros no cuela en una serie de ese calibre sin una aclaración previa.

Por eso cuando hay lectores que me preguntan si me gustaría qué mi bilogía se convirtiera en serie o película y qué actores serían los que propondría para ejecutarla, suelo responder que no me apetece hoy por hoy ver mis libros en la gran pantalla o como serie, habiendo visto lo que veo habitualmente de las adaptaciones. Por supuesto, para gustos y opiniones hay de todo, como  los colores y, siempre recalco, que es solo mi opinión y me parece estupendo quien piensa lo contrario. Pero quitando contadas ocasiones, elijo siempre un buen libro antes que una adaptación mediocre en forma de serie o película.

sentimientos

Ser un libélula en un mundo de dragones

Desde pequeña he sido amante del mundo de los dragones y, de hecho, tengo uno azul en mi mundo de fantasía. Por eso busqué un símbolo relacionado, aunque un poco más discreto, que me identificara y con el que me sintiera identificada y lo encontré en un dragonfly, la libélula de toda la vida. Pero ¿por qué una libélula? Tendría que decir que todo fue un cúmulo de casualidades y eso que siempre he pensado que las casualidades en sí no existen, solo que son son circunstancias que no tienen para nosotros explicaciones. Lo que sí voy a explicar son las características que tienen las libélulas y eso os dará una idea de por qué la elegí desde mi primera novela.

Uno de los significado de este insecto es la madurez y profundidad del carácter ya que la libélula, en casi todas las partes del mundo, simboliza el cambio en la perspectiva de la auto-realización, la madurez mental, emocional y la comprensión profunda del significado de la vida. Su vuelo a través del agua representa un acto de ir más allá de lo que está en la superficie y mira en las implicaciones y aspectos más profundos de la vida. Aunque hay que tener en cuenta que no maduramos hasta que no nos caemos del árbol, o dicho de una manera mas clara: cuando morimos, porque la maduración es un proceso que nos acompañará durante toda nuestra vida, y pobre de aquel ser humano que no disfruta de ese proceso en su trayectoria vital.

Otro sentido que se le aplica, es el poder y equilibrio: el vuelo ágil de la libélula y su capacidad de moverse en todas las direcciones destilan una sensación de poder y equilibrio, algo que sólo viene con la edad y madurez. La libélula puede moverse 72 kilómetros por hora, volando en línea recta, hacia los lados, arriba o hacia atrás como el colibrí. Ese poder de saber adaptar su vuelo a las circunstancias de lo que le rodean e incluso de mantenerse estática a la espera de lo que pueda venir no algo común en muchas especies de animales.

Ella representa la derrota de las falsas ilusiones: La libélula tiene matices tanto en sus alas como en su cuerpo. La iridiscencia es la propiedad de un objeto a manifestarse en diferentes colores dependiendo del ángulo y la polarización de la luz que incide sobre él y encima uno de sus colores mas habituales es el irisado en azul, mi color favorito desde pequeña. Esta propiedad supone el fin de las ilusiones creadas por uno mismo y una visión más clara de la realidad de la vida. La propiedad mágica de iridiscencia se asocia también con el descubrimiento de las propias capacidades al desenmascarar el yo real y la eliminación de las dudas que uno proyecta en su propio sentido de la identidad. De nuevo, esto significa indirectamente auto-descubrimiento y la eliminación de las inhibiciones.

Y todo eso manteniéndose en continuo movimiento para evitar que la cacen y se convierta en alimento de sus enemigos. Es pequeña pero es poderosa en su mundo como el dragón lo es en el suyo y, aunque tiene muchos enemigos, no es sencillo derrotarla. Por eso la elegí como mi símbolo y el de mi marca personal porque ella representa la metamorfosis que sufrí hace casi 3 años. El equilibrio, el poder y la madurez aunque siempre en continua evolución.

Un significado que también se le aplica es la idea de centrarse en vivir el momento: la libélula vive normalmente la mayor parte de su vida como ninfa, no como adulto, estado en el que solo vive unos dos meses. El insecto adulto lo hace todo en este poco tiempo. Este estilo de vida simboliza y ejemplifica la virtud de vivir en el momento y vivir la vida al máximo, siendo consciente de lo que eres, dónde estás, lo que estás haciendo y lo que quieres. Motivo por el cual, viviendo los momentos en los que nos ha tocado vivir no me voy a parar, no tengo tiempo, sé a donde voy, lo que quiero y como lo quiero y sobre todo, quién se sube al carro de mi vida y quién no, algo muy importante a estas alturas, saber con quién se cuenta. Mejor elegir que esperar a ser elegido. Y eso es algo muy relacionado con el mundo de las libélulas.

Otra característica muy destacada es la apertura de los ojos. Ellos definen una de las más increíbles e impresionantes capacidades visuales dentro de su clase. Dado que casi el 80% de la potencia del cerebro del insecto se dedica a la vista y el hecho de que puede ver en 360 grados alrededor, simboliza la visión desinhibida de la mente y la capacidad de ver más allá de las limitaciones del ser humano. E incluso ver dentro del ser humano, porque nosotros decimos más por nuestras actitudes que por nuestras palabras y una libélula tiene ojos para verlo con nitidez.

Ahí os he desarrollado una entrada donde os he explicado, de forma pormenorizada, el porqué escogí este símbolo para mi primera novela y para la marca de Gaby Taylor. No hay nada casual en la vida, mas bien todo son causalidades.

Opinión

¿Autopublicación o autoedición? Las cuatro patas de mi banco.

Una cosa que tenía clara, desde el primer momento, es que no podía sacar un libro adelante sin la ayuda de personas con más experiencia que yo en este campo. Sobre todo si lo que quería era publicar algo digno y de calidad. Aún así, la manera en la que me puse en contacto con mi editorial lo dejaré para otra entrada, solo diré que lo que empezó siendo un contacto casual pidiendo información se ha acabado convirtiendo en casi tres años de relación muy enriquecedora y con un tercer libro preparado para entrar en el horno.

En cuestión de pocos años se ha abierto un melón impensable hace 20, ya que antes, el escritor que quería publicar, tenia pocas opciones a la hora de hacerlo. Aunque poderoso caballero don dinero, porque teniéndolo, todo era posible, y sacabas tu sello editorial como hizo en su día Virginia Wolf. Por lo tanto si no era ese tu caso, tenías que centrarte en editoriales y/o presentarte a concursos literarios.

Vaya por delante que en este blog y específicamente en esta entrada no doy consejos ni lecciones a nadie, es sencillamente mi manera de ver y analizar este mundo en el que empiezo a nadar como pez en el agua. Pero en el que, en un primer momento cuando me lancé a la piscina, entendí que la ayuda que necesitaba eran esas cuatro patas de banco que le dan título a mi post: edición, corrección, maquetación y portada y por supuesto con un buen respaldo que identifico con un continuo aprendizaje. Todo eso tenía que venir de alguien que ya hubiera llegado a la otra orilla y lo encontré en lo que también se denomina autopublicación cuidada. Dos palabras que vienen más o menos a explicar que aunque se conocen como editoriales de autoedición, son editoriales de autopublicación cuidada que editan y publican libros a autores encargándose de todo el proceso, aunque es finalmente el escritor quien sufraga los costes, por lo que hablamos de una autopublicación a nivel de financiación, pero no en cuanto al trabajo que debe realizar el autor. Este modelo de editorial pone a disposición del escritor, todo un equipo de personal cualificado para el registro legal, la corrección ortotipográfica, el diseño de cubiertas, la maquetación del libro, su impresión, distribución nacional e internacional y difusión y marketing de la obra. Aunque esto último, debido a mi formación previa, lo llevo personalmente.

Ser autopublicado no es lo mismo que ser autoeditado. Llegar a ser un escritor independiente reconocido, para mí, implica contar con un equipo de trabajo exigente, que vele por la calidad del texto y lo someta a las mismas etapas que atravesaría la obra en las editoriales tradicionales. Me apena mucho leer buenas tramas, en los cientos de obras autopublicadas que llevo leídas hasta ahora, y encontrar en algunas, fallos narrativos o de sintaxis y ortografía que, una buena guía y consejo, borrarían de un plumazo sin por eso perder frescura la narrativa del autor  y, a la vez, me alegro mucho cuando encuentro un autor que me llama la atención y veo como, desde su primera obra, va evolucionando y cuidando cada vez más su trabajo. Esos son los autores que suelo recomendar en mis redes sociales, porque son trabajos que valoran al lector que se  acerca a ellos y que luchan por aprender día a día de quien más sabe y les puede orientar.

Hay muchos escritores que alegan que ellos saben maquetar, corregir o hacer portadas. No me pagan para convencer a nadie, pero hay que ser humildes y reconocer que no debemos de ser como el maestro liendres que de todo sabe y de nada entiende, y que si este año se han presentado  para autopublicados, miles de libros, no me creo que todos esos autores sepan de lo necesario para presentar un libro de una forma profesional y, que eso, luego pueda repercutir en ventas. Puede haber alguno que dé el pelotazo sin tener esa experiencia, pero volvamos a ser humildes y reconozcamos que eso ocurre en contadísimas ocasiones y es como la leyenda urbana de los cocodrilos en las alcantarillas de Nueva York, siempre hay alguien que jura y perjura que ha visto uno.

Yo por si acaso lo tengo claro y busco a profesionales. Sé perfectamente que no todo el mundo se puede permitir el lujo de pagarlos, pero imagino que igual que vemos normal que llamen loco al que monta un bar sin tener nociones del tema, se puede pensar lo mismo del que ejerce de profesional sin serlo por tener unas leves nociones. La diferencia es que autopublicar en ciertas plataformas es gratis y montar un bar no,  y ya ahí entra el todo vale, pero desarrollar eso me parece que también lo dejo para otra entrada. Yo de momento me siento en mi banco con mis cuatro patas bien firmes, los columpios los dejo para otros menesteres.

Opinión

Con el espíritu de diciembre. ¿Somos mejores o iguales?

Parece que, justo el puente de diciembre, es el momento en el que se da el pistoletazo para las buenas intenciones. Son las semanas donde se manifiestan esos buenos propósitos cara a todo el mundo y pisamos el freno, de la mala baba, en honor al espíritu que debe de regir estas fechas. ¿Eso es cierto? ¿Es algo por lo que de verdad luchamos para llevar a cabo? ¿O es solo pura fachada para sentirnos bien cara a la galería?

Creo que hay un poquito de todo y el que es bueno, lo es todo el año y el que es malo, el espíritu de diciembre se la refanfinfla. Una que es muy observadora y lo analiza todo, ha comprobado que, año tras año, por esta fecha parece que la gente más bien pisa el freno y trata de, por lo menos cara a la galería, destacar más por las buenas acciones que por las malas. O esa es la sensación que me quiero creer.

Este ha sido un año muy complejo y me estoy encontrando dos actitudes antagónicas: personas que lo acabarán como si no existiera un mañana, algo que hemos visto que es muy tangible y real y, junto a estas, las que optan por ni respirar, no sea que el mal fario que nos ha guiado este año siga agarradito de nuestra mano y nos acompañe también en el 2021. Siempre he pensado que en el justo medio está la virtud y que es aplicable a todo en nuestra vida.

También es el momento de los buenos propósitos, aunque, para mí, es más bien el mes del balance, de hacer cuentas y ver que he conseguido, que he perdido y que puedo mejorar para que, el año que estrene, todo vaya mejor. Es como hacer una lista del haber y del deber que toda buena empresa tiene preparada a final de año y ¿qué somos nosotros si no un proyecto de empresa hasta acabar nuestros días?

Es más fácil para mí hacer una lista de los logros de este año y mis fracasos y desde ahí hacer una nueva lista de propósitos reales para el año que viene. Nada de cosas intangibles como ser mas buenos o menos malos, eso no vale para nada. Y, como escritora, lo sé perfectamente porque es como la crítica negativa constructiva, está muy bien que digamos que la aceptamos de boquilla pero si no ponemos los medios para mejorarlas es como los malos propósitos de fin de año, un ir para nada y eso es tontería.

Si de verdad la gran mayoría reflexionáramos y nos propusiéramos mejorar en nuestros logros, sin pisotear a los que tenemos al lado, os garantizo que habríamos hecho un buen balance de año y mejoraría mucho el próximo. Porque os voy a contar un secreto, de todos los pecados capitales, el peor, es la envidia, porque no se disfruta de nada en la vida si la llevas continuamente en tu mochila. Tenemos un mes para mirar dentro de nuestro saco, ver que hay, qué nos aporta y nos hace crecer como personas y lo qué nos hunde y nos lleva al desastre, y en este mes podemos aprovechar y quitar lo que no aporta y así empezar el 2021 con mejor pie y darle sentido al espíritu de diciembre.

Opinión

El «quid pro quo» ¿es importante?

¿Qué sentido tiene que quieras que te lean si no te tomas el tiempo en leer a los demás? Esa cuestión la he visto planteada en un muro de una escritora. Las respuestas han sido de lo más variopinta, siento una de ellas la típica que me recuerda a Paco Umbral pero con otra versión: yo estoy aquí para escribir, no para leer. Y ahí me quedé pensando, vale, vienes a escribir, pero supongo que también para que te lean. Porque digo yo, que si no, sería más cómodo hacer un diario privado, pero no quise entrar por ahí, conociendo lo sensible que es la gente en muros propios y ajenos y así decidí dejar la cuestión para mi blog, donde puedo explayarme a gusto.

A mí me vais a perdonar, porque lo mismo yo también estoy sensible a los muros ajenos, pero me suena a bastante egoísmo el plantearse que solo vienes a escribir y odias la obligación de tener que leer a los otros. Como comenté, no es obligación en plan ponerte una pistola en el pecho, pero está claro que hoy por tí y mañana por mí, de ahí el título el esta entrada. Debería de ser algo que estuviera en la lista de buenos deseos y, no solo cara a la Navidad, sobre todo para quien empieza .

Seamos serios ¿alguien de verdad piensa que no necesita ayuda, apoyo, y promoción de otras personas de su entorno? Si es así, en este caso, esta entrada de mi blog puede ahorrársela.

Desde que comencé, siempre he tenido claro que debería de usar parte de mi tiempo en apoyar a aquellas personas que, como yo, han dedicado una buena parte de su día a día en escribir por placer, si no esperando también que haya lectores que disfruten con las historias que vamos tejiendo. Me encanta que me llame la atención las portadas de los libros, animarme echando un vistazo a las sinopsis y, finalmente, leer la novela que me llama la atención para luego recomendársela a amigos y lectores en mis redes. No lo hago por obligación, no lo hago esperando que otros lo hagan por mí, lo hago por coherencia hacia mi forma de pensar de que, si nos apoyamos, llegaremos más lejos que si nos vamos poniéndonos las zancadillas y pisándonos el cogote.

Por un lado el boca a boca siempre ha sido la mejor manera de hacer llegar los productos al público y, por otro, el leer es muy útil para saber: que hay en el mercado, que es lo que demandan los lectores, e incluso, que es lo que no nos apetece escribir porque aunque se venda, no está dentro de nuestra línea habitual. Pienso que aún estando dentro de un género que tiene grandes novelas y escritores, siempre puede haber un espacio para otro escritor más con un planteamiento original.

Hay un montón de escritoras que han creado grupos donde han acogido a escritores y lectores y en los que se hacen promociones de novelas de compañeros. Por eso creo que lo más ético, es echar una mano en ese trabajo de promoción y cada uno de nosotros, siendo escritores, poner un grano de arena leyendo a oros compañeros y si la novela nos gusta o es un nuevo lanzamiento en el marcado, ¿por qué no promocionarla? ¿Pensamos que por promocionar a otros nos vamos a quitar lectores? Me imagino que esa pregunta incluso daría para otra entrada.

Opinión

Las críticas joden

Y quien diga lo contrario miente. Creo que por eso es mejor tomar la actitud de un director de cine muy conocido. Él comentó, en una de sus últimas entrevistas, que hace años que no lee las críticas, para así no sentirse influenciado a la hora de realizar su trabajo. Claro, eso está muy bien cuando eres director consagrado con casi 50 películas a tus espaldas. Pero si soy un escritor que acaba de empezar, ¿qué puedo hacer?

La crítica constructiva es muy útil y dudo que este director no la escuche si proviene de alguien que sea capaz de hacersela con fundamento. Lo que dudo es que haga caso a los comentarios tan simples y habituales del tipo: «no la recomiendo porque no me ha gustado nada» sin más explicaciones. Yo tampoco daría mucho veracidad a ese modelo de críticas que lo habitual es que sean para hacer daño y crear desasosiego, tanto al escritor como al posible lector. Hay veces que me he encontrado comentarios negativos de novelas que, cuando las he leído, no he podido más que darle la razón, porque estaban bien fundamentados. No hablamos de si gusta o no gusta la narración, si no de estar bien o mal escritas y eso, a poco que tengas idea, se nota.

Siendo de este mundo, admito una falta de ortografía que por mucho que mires y te lo miren, al final se cuela o, incluso encontrar, esas erratas típicas de maquetación que cambia letras de posición, repite letras o palabras. Pero lo que no admito son errores de localizaciones, nombres de cosas o marcas muy conocidas mal escritas, lineas temporales extrañas, en un continuo ya voy ya vengo en los capítulos, que no tiene sentido, anacronismos en la forma de hablar impropia de la época donde se desarrolla la novela o del nivel cultural que se presupone en el personaje. A esto hay que sumarle personajes planos que solo sueltan el discurso propio de la trama que se desarrolla, pero que carecen de un perfil psicológico al que agarrarse. Y lo peor que llevo, es el relleno de páginas usando el recurso de que la trama sea repetida desde el punto de vista de un protagonista y luego por parte del otro.

En estos errores algunos caemos todos, incluida por supuesto esta que viste y calza y sobrepasa los 50 años. Aunque estoy dispuesta a aprender cada día que me levanto y aunque agradezco las buenas críticas, siempre estoy, ahí pico y pala, para mejorar. Todo gracias grupo de profesionales que me apoyan y que ninguno es mi abuela y me dan consejos como: esto deberías de mejorarlo o, incluso, esto deberías de quitarlo.

Pero para quien no es tan afortunada ¿hay alguien que esté dispuesto a ponerle el cascabel al gato? No es cuestión de egos que todos, como culos y opiniones, tenemos el nuestro. A nadie nos gusta que nos reprendan en público, pero si no aceptamos las críticas de una forma madura nunca aprenderemos y siempre pensaremos que somos los mejores. ¿Entonces para qué estamos? ¿Para lograr golpecitos en la espalda y una colección de estrellitas en Amazon?

Al final tras haber pasado más de un año, desde que entré en este mundo, con dos libros a mis espaldas y el siguiente en edición, he logrado aprender mucho y sé que me queda bastante el camino por hacer. Pero sobre todo, estoy dispuesta a recoger todo aquello que me valga para crecer en mi desarrollo personal y como escritora. Sobre todo, asumiendo que la crítica constructiva, de quién tiene más experiencia y conocimiento, es algo muy valioso. De lo demás, no pienso tenerlo ni en cuenta. Hace tiempo que hice como mío el refrán de cuchillo que no corta y amigo que no aporta, si se pierde, no importa, que podría modificarse a: cuchillo que no corta y crítica que no aporta, si se pierde, no importa.

Opinión

Defendiendo el género romántico a capa y espada

¿Gaby escribiendo erótica? Esa ha sido una de las primeras preguntas que, muchas personas de mi entorno, me han hecho de una manera más o menos directa. Es curioso porque si hubiera dicho que escribo thriller, histórica, novela negra e incluso fantasía, no hubiera tenido que dar tantas explicaciones. ¿Por qué hay que justificar continuamente el que un escritor se dedique a la romántica con toques eróticos o que un lector lo lea? ¿Alguien se plantea que haya que justificar el uso de la pastilla de jabón frente al jabón líquido para lavarnos las manos? Parece absurdo tener que hacerlo, tanto como justificar un género literario con respecto a otro.

Y que conste que no vamos a hablar del Romanticismo como movimiento literario propio del siglo XVIII, sino que vamos a centrarnos en la actualidad. Hablaremos de una romántica que desencadena fuertes pasiones en el que ya podemos ponerle el apellido de erótica. Escritos de este tipo los encontramos en el Antiguo Testamento en el «Cantar de los Cantares» y, aún así, parece que la gente se avergüenza de reconocer que lee romántica y erótica y se ningunea al autor que escribe ese tipo de novela.

Esto es como el porno, nadie reconoce que lo ve, pero mueve cantidades millonarias y lo mismo ocurre con el género que hablamos, nadie reconoce leerla. Pero es la que más tirón tiene en una lista de las cinco temáticas literarias más vendidos y, con esa demanda, es lógico que haya muchos autores. Por eso, en mis redes sociales, pregunté el motivo de que algunos personas que se avergüencen de decir que escriben este género o que lo lee y me han llegado unas respuestas muy interesantes. En resumen, venían a justificar que, la erótica que habían leido, era como porno escrito, que muchas novelas carecían de trama y que lo único que cambiaba era el lugar donde tenían sexo o la postura, pero no había más en esas novelas.

Y ¿a qué viene entonces toda esta parrafada? Pues precisamente a eso, a que el problema tal vez esté en que: se centra más en el sexo y se ha olvidado de lo que es la trama, los personajes son planos, que el espacio en donde se desarrolla la trama no va más allá de la ciudad en la que el autor se siente a gusto, porque conoce y los finales están calcados de una novela que, tiempo atrás, llenó páginas de críticas de todos los colores. Aunque, es preciso aclarar que, pese a las criticas, fue una puerta abierta a este género de una forma imparable y, gracias al cual, se han escrito posteriormente una historias muy interesantes.

¿Qué conclusiónes he sacado con mi encuesta? Que hay literatura romántica y erótica para todos los gustos. Que como en cualquier género literario habrá grandes novelas y novelas malísimas porque sean simples, mal escritas y llena de tópicos. Y que como escritora, si quiero sentirme a gusto con mi trabajo, debo seguir mi propia línea sin salirme de las características propias que delimitan el género pero que no tengo obligación de caer en los tópicos que han desvirtuado este tipo de narrativa: acoso, maltratato, celos y manipulación.

En este mundo hay sitio para todos, seamos lectores o escritores.

Opinión

¿De verdad importa el tamaño en la literatura erótica ?

Sí. Lo afirmo con rotundidad: el tamaño importa. Aunque ahora viene la madre del cordero. ¿Cómo se puede contar algo de forma original y que anime a su lectura? Puesto que parece que es un género en el que ya está todo escrito.

Lo primero que decidí es darle a mis novelas una trama de thriller como enganche para los lectores, y que realmente sea el marco principal que sustente el hilo romántico. Para eso busco, como ya comenté en la entrada anterior, escenarios donde me salgo de mi zona de confort. Todo ello en equilibrio, para que el lector desee siempre saber más de la historia en un continuo ir más allá en la acción y en el erotismo.

Junto a eso, trabajo los personajes para que sean potentes y, cuando les pongo este calificativo, no me refiero solo en apariencia física, sino que también me interesa mucho su carga psicológica. Personajes que tengan un pasado que les afecte en el presente y explique muchas de las respuestas que dan al conflicto que se plantea en la historia. Ese es el tamaño que a mí me importa. De hecho, es raro que describa al detalle sus físicos, prefiero dejar que cada lector se los imagine a su gusto, porque para gustos los colores. Hay lectores que me han comentado sobre que ellos y ellas los presento como perfectos, guapos y exitosos y, en realidad, son todo lo guapos y perfectos que tú te los quieras imaginar y teniendo en cuenta el género que escribo la verdad es que soy bastante modesta en mis planteamientos después de haber leído mucha romántica y erótica.

Estas novelas tienen, por supuesto, unos tópicos que por eso las encuadramos en ese género y no en otro, pero mi idea es moverme dentro de un amplio paréntesis y evitarlos dentro de lo posible. El amor y los sentimientos deben de estar presentes con sus dudas, los temores, las peleas y las reconciliaciones. Pero eso de que al final todos vayamos de boda o bautizo, no lo creo necesario, ya que es una realidad que hoy en día no va precisamente en alza. Me interesa más ver como el personaje evoluciona en sus relaciones e, incluso, se encuentra con situaciones en las que nunca pensó que se podría encontrar.

Dentro de un marco en el que los lectores desean leer una serie de historias que tengan lo clásico de la romántica, yo quería poner en valor otros aspectos, que también podían incluirse perfectamente, sin desvirtuar el género y, que a su vez, atraiga no solo a mujeres en exclusiva, si no a lectores y lectoras que deseen disfrutar de una narrativa donde no solo haya romanticismo y erótica sin más, sino que haya una trama potente que en mi caso elegí que de momento fuera el thriller. Aunque que no descarto que llegue a escribir una novela histórica o de fantasía, en la que la sensualidad, el erotismo y el amor, esté presente con todos sus atributos y tamaños. Lo cierto que, siendo sincera, estoy en ello precisamente ahora.

Otra cosa en la que para mí el tamaño es muy importante y fundamental, es el encontrarnos con unas relaciones de igual a igual. No me vale traspasar la línea del control, celos, manipulación y violencia a manos de una mujer, como respuesta a situaciones, con la disculpa de que eso es lo habitual en este género por parte del hombre. No creo que hoy en día esa sea la solución dentro de la novela romántica como modo de empoderar a la mujer y poner al amor como disculpa para esas actitudes ni por una ni por otra parte.

Este es el tipo de tamaño que a mí sí me importa en la Literatura Romántica y que es donde quiero estar a la hora de narrar mis historias, para que lleguen a muchos lectores, incluso para aquellos que nunca se plantearon que les gustarían estas novela y de los cuales, poco a poco, voy viendo que se animan a leerlas.

Obras, viaje

¿Por qué Israel, Escocia o Bosnia?

El día que comencé a hablar de mi libro, como Paco Umbral, una de las cuestiones que se pusieron sobre la mesa fue el porqué desarrollarlo en Israel. Y es algo que todavía muchos de mis lectores me preguntan, ya que es un país muy alejado de donde habitualmente se desarrollan muchas novelas sean thriller o de romántica-erótica, que son los dos géneros en los que me gusta encuadrarme.

Y ahí la respuesta fue sencilla y espontánea, aunque no voy a usar las palabras tan coloquiales que utilicé en su momento, sobre que hacer ciertas cosas en Alpedrete, con todo mi cariño para los habitantes de ese municipio, no tienen para mí tanta emoción como hacerlo en de Tel Aviv, en Inverness o en Mostar. Y allá vamos que nos vamos, que empezamos esta aventura con todos los medios que hoy en día se tienen a mano, que van desde tirar de agenda y contactos a tener abierta la página del Google Earth y recorrerme medio mundo con ella.

Bromas y comentarios aparte, la realidad es que tengo dos motivos. Uno que me viene de pequeña es, una gran curiosidad por conocer lo que estaba más allá de la línea de mi horizonte habitual. Siendo adolescente, tenía la costumbre de enviar cartas a las embajadas y consulados en España, para pedir información sobre países que no conocía y el otro motivo es salir de mi zona de confort que me hace utilizar ciudades o países en los que no tengo experiencia personal de sus lugares conocidos.

Volviendo a las novelas, hoy en día, teniendo como tenemos internet, es bastante sencillo encontrar aquel bar de la esquina que tiene un ambiente hogareño, sabiendo hasta el nombre del camarero y anécdotas del lugar o, donde alojarnos en un valle perdido de un lejano país y hasta ver fotos de su interior.

También es cierto que, a veces, hay que tirar de licencia de autor. Ese caso se me dio en mi primera novela, donde necesitaba un hotel en Tel Aviv con unas características determinadas: tenía que disponer de una recepción con unas escaleras que llevaran a un jardín donde poder celebrar eventos. Como no lo había, me lo tuve que inventar y no darle nombre. Es algo que los autores podemos hacer, pero prefiero no abusar, ya que lo que más le gusta a los lectores es que aquellos lugares que nombro puedan visitarlos porque existen en realidad. Ese tipo de detalle es lo que también le da credibilidad a la novela, sin hacer de la narración una guía de viajes, que tampoco hace falta. Una credibilidad tan alta que ha habido personas que me han preguntado que cuándo he estado, por ejemplo, en Israel.

Todo ese proceso a mí me encanta, porque consigo dos cosas: conocer, si no he estado, países y lugares casi más a fondo que si viajas hasta allí en un paquete turístico y llevar a muchos de mis lectores a lugares que desconocen. Incluso algunos me han comentado, que al leer mis novelas, les ha llamado la atención esas zonas porque desconocían la riqueza y la variedad del país en cuestión.

Con esto se cumple la máxima que un día puse en mis RRSS, «Leer es viajar ligero de equipaje».