mi trabajo

Moderadora

¿Cuál será mi próxima actividad?

Aquí estoy, agradecida y emocionada y solamente puedo decir: gracias por dejarme venir. Sí, suena a una antigua canción de Lina Morgan, que para mucha gente es ya una reliquia del siglo pasado, pero lo cierto que cuando me ofrecen participar de moderadora en una mesa, durante un encuentro de escritores, lo primero que me ocurre es sentir un poquito de pánico, para después experimentar gratitud y emoción ante tamaña responsabilidad. En este caso seré moderadora en la mesa de «Histórica e investigación» que compartiré con Manuel Jesús Segado-Uceda y Manuel Rodríguez Arévalo, dos amantes de la Historia con mayúsculas y, sobre todo, de la de Jaén.

Para mí, como Licenciada en Geografía e Historia, es un placer participar porque también soy apasionada de este género, además disfruto aprendiendo sobre la forma en que otros compañeros despliegan sus métodos de investigación y ponen la documentación al servicio de la escritura para desarrollar sus trabajos. Pienso que este foro puede ser un buen momento para exponer esas técnicas que tienen otros autores a la hora de recorrer el dificil mundo de sacar adelante un libro. Pero sobre todo en lo referente a la investigación y por eso quiero dejar claro, que no debemos pensar que esta documentación e investigación es algo exclusivo de los libros relacionados con la temática histórica, sino que más bien es algo intrínseco a cualquier novela que, de verdad, quiera ser tomada en serio y que pretenda crearle un marco creíble a la trama y a sus personajes. Eso es un tema que he sacado a colación muchas veces a lo largo de diversas entradas en el blog y en varias intervenciones que he hecho en entrevistas a lo largo del tiempo.

Hablando con otros autores, estos me comentan que, para llegar a introducir bien a sus personajes en el ambiente, necesitan una visita previa a aquellos lugares en los que se va a desarrollar la trama. Eso es sencillo si la narración que tenemos entre manos está próxima en el tiempo, pero si nos movemos en una novela que su desarrollo es en el pasado nos encontramos con algo mucho más complejo, no han inventado la máquina de viajar en el tiempo.

Aún así, muchos lectores y escritores siguen empeñados en pensar que en la novela contemporanea no se necesita documentación porque se cree que esta palabra se refiere een esclusividad a legajos antiguos y no es así. Documentación, como tal, tiene una definición clara: diversos autores están de acuerdo es en que la documentación es la actividad científica que se ocupa de recoger y tratar las fuentes del conocimiento, cualquiera que sea, almacenar la información, facilitar la recuperación y proceder a la difusión de las mismas lo más rápida y eficazmente posible. Y nuestra difusión será a traves de la trama de una novela.

Un ejemplo de eso lo tenemos en una entrevista realizada hace poco a un compañero, en ella expresa esto mismo que yo estoy explicando en estas líneas y como, pese a ser caótico a la hora de plasmar sus ideas en el ordenador, siempre tiene que hacer parones para documentarse, porque al final sus personajes acaban pidiéndolo.

Escribo desde el caos, es una necesidad, un vómito irrefrenable. Muchas veces parto de una imagen, de una sensación, y la historia se desgrana por sí misma. Está viva, muta, evoluciona mientras crece. ¡Una auténtica locura! Dependo de que mis personajes tengan ganas de hablar, de contarme su vida. Y todo ello contrasta con una necesidad imperiosa de coherencia, de ajustar los detalles al máximo, de afinar el hilo argumental para que el lector mantenga el interés. Así que me obligo a dibujar el mapa conforme avanzo y sufro largos parones para documentarme porque a uno de mis personajes, quizá, le de por practicar taekwondo o hablar de su abuelo, un famoso jugador de ajedrez. Héctor H. López

https://leeryrecomendar.com/entrevistas-a-escritores-hector-h-lopez/

En mi caso, me suelo documentar con antelación para crear el ambiente en el que se van a mover mis personajes y, si no puedo ir directamente a aquellos lugares que son el escenario de mi historia, trato de acercarme a espacios muy similares que me inspiren y me hagan sentir lo que posiblemente sientan los sujetos de la acción a lo largo de la trama. Trabajo mucho con una conexión empática entre ellos y yo, y trato de ver, oler, percibir, lo mismo que los personajes durante todo el proceso de escritura e incluso llego a entrevistar a personas reales que hayan podido vivir lo mismo que mis protagonistas en algún momento de su vida.

Por eso es para mí tan interesante el participar de moderadora en una mesa con dos autores que lo suyo es documentarse a fondo y bucear en la historia. Lo que quiero hacer hincapié es en que nos expliquen cómo gestionan todo ese proceso, qué eligen, que descartan, si se sienten frustrados cuando una información se les resiste, cómo vadean esos momentos; si tienen ese irreflenable deseo de escribir sobre todo lo que encuentran o en cambio seleccionan la información para más tarde crear otro libro con esos referentes guardados para un mejor momento. Me gustaría saber cuales son sus prioridades en el momento de decidir que camino tomar. Esto son los aspectos más complejos a la hora de sacar adelante un libro y que siempre he oido comentar, por parte de los autores, que también es el tiempo en el que más disfrutan, casi más que a la hora de escribir, porque ahí es cuando llega la hora de la verdad y tienes que tirar para adelante.

Otra cosa hay que tener en cuenta: el proceso de documentación no es único, sino que continúa también mientras estamos escribiendo. Es decir: la documentación se realiza antes, durante e incluso después de escribir la novela. Porque por mucho que me hayas documentado, haciendo referencia a mi forma de escribir, siempre me surgen dudas mientras lo hago. Por eso me gusta escribir las novelas de un tirón y tenerlas, por lo menos en mi mente, trazadas desde el principio al final, porque si tardo pierdo el hilo y no de lo que voy a escribir sino de la documentación necesaria para terminarla, se me pueden quedar flecos que luego los lectores perciben como agujeros en la historia.

Y lo mismo ocurre cuando acabo de escribirla, porque siempre que me pongo a repasarla surgen dudas, cosas que aclarar, etcétera. De ahí que un buen proceso de documentación aborde cada etapa y esté presente en todas ellas. Creo que lo más importante de todo sería el procurar organizar toda la documentación para tener siempre a mano aquellos datos, detalles y aspectos a los que más vayas a recurrir durante el proceso de escritura de tu novela. Algo que también quiero preguntar a Manuel Jesus y a Manuel, pues es importante su método organizativo.

Como puedes ver, tengo muchos motivos para estar agradecida a la organización de «V Encuentro de Romántica en Jaén»que confía en mí que me ha invitado para participar en esta mesa como moderadora. El evento se desarrollará gracias al apoyo del Ayuntamiento de Torredonjimeno a lo largo de la jornada del 6 de mayo. Si te animas allí te espero junto a otros magníficos autores y autoras.

sentimientos

Dueña de las palabras

Cuando se es escritor podemos decir que somos dueños de las palabras o lo que es lo mismo, que debemos ser capaces de manejarlas a nuestro antojo y conocer los límites de su uso. Una especie de magos con la habilidad de unir letras y con ello crear mundos, espacios, historias, presentar alegrías y tristezas e incluso, llegado el caso, ser dueños de expresar nuestros propios sentimientos a través de los escritos o acogernos al silencio para dejar que el viento se lleve todo lo que no queremos que se conozca.

Siempre he pensado que cuando nacemos se nos dan una serie de dones que nosotros tenemos que ser capaces de desarrollar y que estos dones se nos conceden en forma de palabra. Unos vienen al mundo con las cualidades de ser simpáticos, cariñosos, alegres, introvertidos, tímidos, curiosos…, pero luego la vida sigue añadiendo palabras a nuestro guión vital si no sabes gestionar las primeras que nos dieron al nacer. Así empiezan a aparecer otros términos menos amables: miedo, frustracion, angustia, envidia, culpa…que nos harán convertirnos en los seres humanos que somos de adultos.

Por ello hay que tener claro que las palabras que utilizamos tienen la capacidad de transformar nuestra realidad. Ya lo decía el filósofo Ludwig Wittgenstein: «los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo», así creo que la lectura y asumir un amplio lenguaje harán que nuestro mundo tenga unos límites mucho más extensos y que además se expanda como lo hace el universo.

Hay estudios que demuestran que percibiremos e interactuaremos en el mundo según las palabras hayan configurado a nuestro cerebro. Un órgano que si bien no tienen las características de los músculos si es moldeable por las emociones y estas las transmitimos por las palabras. Si son emociones negativas hacen que liberemos cortisol, la hormona del estrés. Por lo cual, adoptar una actitud negativa y usar un lenguaje basado en expresiones como no puedofracaso o es imposible podría debilitar la salud física y mental de una persona. Por el contrario, estudios como el famoso Informe Monja —que demostró que las monjas que usaban en su lenguaje más términos positivos vivían hasta diez años más—, nos muestran que expresar palabras positivas y escuchar lenguaje motivador en nuestro ambiente diario favorece nuestra salud. En resumen que podemos decir que somos las palabras que usamos y nuestra esperanza de vida tiene un terreno muy interesante que abonar para cultivar esa actitud positiva.

Un ejemplo de ello lo tenemos en el hecho de que no causa el mismo efecto decir: «has hecho un buen trabajo, pero me lo has entregado tarde» que «me lo has entregado tarde, pero has hecho un buen trabajo». Dejar lo malo para el final hace que el efecto negativo perdure, que ese pero anule lo anterior. Y eso es algo que como escritores deberíamos de saber gestionar a la hora de escribir como a la hora de vivir. Recalco el título de mi entrada, somos dueños de nuestras palabras, podemos elegir libremente cuales usamos y cuales no. Casi podría decir que al igual que se dice la frase: somos lo que comemos, también somos lo que decimos y nuestras expectativas seran tan grandes en tanto en cuanto amplio sea nuestro vocabulario y tenga un carácter motivador. La gente mezquina, frustrada, intolerante, amargada, se queda sola porque tiene pocas palabras que decir y las escasas que tiene hacen que la gente huya de su entorno como lo apestados que son. Tienen un circo alrededor que les palmea la espalda en los comienzos de la relación pero al cabo de un tiempo, a las primeras de cambio, mirarán en su entorno y todo habrá cambiado, quedándose también dueños de sus silencios, pero un silencio que no es buscado, sino otorgado por su mal uso de las palabras.

Silencios interiores y exteriores

También hay frases que nos dicen que las palabras son más afiladas que las espadas y que se vale más por lo que se calla que por lo que se dice. Hay momentos en la vida en los que es mejor no usar las palabras sino batirse en duelo con los silencios; silencios interiores que acallan esos malos términos que brotan de los corazones dañados, pero que son fáciles de dominar con palabras amables que les curen de las heridas. Para qué dar explicaciones cuando no hay mas desprecio que el no aprecio. El valor del silencio está subestimado cuando es realidad es un arma de las más potentes. En un mundo dónde lo que más oímos es un continuo parloteo sin sentido y en el que el valor de la palabra dada parece no servir de mucho, porque donde se dijo digo ahora se dice Diego y nos quedamos tan panchos, creo que deberiamos volver a retomar con fuerza el silencio voluntario. Por eso creo que lo mejor es mantenerse en un segundo plano, rumiando las palabras no usadas y dejándo que los demás se gasten en un discurso vacuo e inútil que carece de significado porque son palabras vacias que no llevan a nada.

Desde hace tiempo trabajo el silencio interior porque aquello que no se piensa no tiene palabra que lo formalice, aquello que se olvida carece de importancia, aquello que se diluye es porque fue poco valioso en su momento y no vale que ocupe espacio en mi mente. Y si vas a usar verbos, usa aquellos tiempos verbales que nos dan una gran oportunidad para cambiar nuestras emociones. Si en lugar del condicional usamos el futuro, cambiamos un escenario hipotético por uno cierto. No es lo mismo decir: “Si escribo un libro, sería sobre felicidad” que “Cuando escriba un libro será sobre felicidad”. En el condicional vive la duda, en el futuro la certeza.

Como esto es un blog de una autora voy a poner un ejemplo de todo lo que llevo hablado en forma de título y así os acerco a la novela 1984 de George Orwell. Como bien me han recordado ayer, hablando sobre esta entrada en mi blog, en ella aparece esta premisa que comento en forma de una Neolengua, donde desaparecen vocablos o se les elimina significados que pueden ser peligrosos para el sistema de gobierno totalitario implantado por el Partido y que tan bien se desarrolla en la trama este escritor británico. Por ejemplo, para evitar que la población desee o piense en la libertad, se eliminan los significados no deseados de la palabra, de forma que el propio concepto de libertad política o intelectual deje de existir en las mentes de los hablantes. Esto está basado en el postulado del filósofo griego Parménides que nos habla de que aquello que no se piensa no tiene una palabra que lo sustente y por tanto no existe. En mi caso siempre he dicho que aquello que no conocemos no lo podemos soñar e incluso tampoco podemos escribir sobre ello.

A todo lo que llevo comentado también añadiría que esa es otra cualidad que tenemos los escritores, no solo podemos cambiar un poco el mundo que nos rodea sino mejorar el mundo interior en el que vivimos. Respeto a todos aquellos que escriben y necesitan una vida atormentada y carente de esperanzas para poder inspirarse, pero en mi caso prefiero una vida luminosa y cargada de buenos augurios e ilusiones, que me sirvan para desarrollar buenos argumentos, pues para escribir a un personaje oscuro y atormentado ya tengo ejemplos en mi entorno sin necesidad de sufrirlo. Tampoco hay que empatizar tanto a la hora de escribir, solo ser meros transcriptores de las realidades que nos rodean, sin ir más alla, para que no nos afecten esas vidas frustradas y carentes de futuro. Y, por supuesto, cuidar nuestro interior, teniendo en cuenta que muchas veces un buen silencio vale más que mil palabras. “De lo que no se habla, no existe. Y lo que no existe, se margina

viaje

Ciudades que inspiran

Hay lugares a los que, aún no siendo escritora, volvería una y otra vez. A las pruebas me remito con uno de ellos que es la ciudad de Ronda y que próximamente será mi quinta ocasión en la que recorra sus calles. Pese a todo, realizo mi retorno hasta con más ilusión que en la primera visita, donde mis ojos sorprendidos recorrieron su historia, tal vez porque en esta primera visita no capté del todo la esencia y magia del lugar. El hecho de disfrutar de nuevo de su visión me obliga a recordar sus aromas y retomar con disfrute de ese embrujo que hace que la ciudad sea la fuente de inspiración de muchos autores que han paseado por sus calles. Esto será como una forma de cargar las pilas porque ahora sí soy ya consciente de qué va a suceder y hasta lo espero con ansias.

Igual que se ha puesto de moda darle el apelativo de personas vitamina a aquellas que aportan salud a nuestras vidas, así creo que podría denominar a algunos lugares que he conocido y estoy convencida de que Ronda es uno de ellos. Además con la gran ventaja de que vivo a pocos kilómetros de su ubicación por lo que retornar cada cierto tiempo no es algo complicado.

¿Por qué elijo la ciudad de Ronda?

Te preguntarás a estas alturas, mi paciente lector, el porqué incluyo a esta ciudad en mi blog que a fin de cuantas trata sobre escritura y no tanto de viajes. Todo viene a colación porque por allí pasaron o vivieron autores de muy diferente género, Washington Irving y Rainer María Rilke, fueron de los primeros que estuvieron de paso. El primero fue un escritor del género romántico y diplomático americano que, durante algunos años de su vida, viajó por Andalucía y sus tierras seducido por su pureza y exotismo, por la civilización hispanoárabe y por una figura que marcó su vida, Cristóbal Colón, y su descubrimiento de América. El segundo, nacido en Praga, de carácter atormentado, que encontró en la magia de Ronda una época de calma que le llevo a disfrutar de un periodo de escritura productiva. En su obra encontramos poesía y prosa, destacando en esta última el género epistolar. Estuvo alojado en el Hotel Reina Victoria durante unas semanas donde mantienen su habitación, la 208, congelada en el tiempo. Espacio de trabajo del escritor que tuve el gusto de visitar en mi primer viaje a esta ciudad, de lo que hace por lo menos unos 30 años.

Habitación del poeta Rilke en el Hotel Reina Victoria (Ronda)

Junto a estos autores viajeros tampoco quiero olvidar la figura de Pedro Perez-Clotet, autor oriundo de Villaluenga del Rosario, donde se encuentra su casa familiar, la cual también conozco, pero que tras la Guerra Civil hizo gran parte de su vida en Ronda hasta su muerte en 1966. En esta ciudad tendría una de las mejores bibliotecas de poesía de España. Un autor que se le identifica dentro de la generación del 27 pero que también está a caballo en la del 36.

Si se necesitara prepararse o tomar un aperitivo para ver Granada, seguir la Ruta de Washington Irving sería lo más recomendable realizando una parada en esta serranía. Tierra por antonomasia de bandoleros y leyendas por lo tanto rezuma romanticismo decimonónico. Algo que tan bien le vino a los primeros autores mencionados por lo que ni que decir tiene lo bien que me viene a mí cada vez que voy a respirar sus aires. Cargo las pilas para otros añitos.

Con todos ellos, de una u otra forma, me uno a través de la mágica ciudad enclavada en la sierra de las Nieves. Un lugar privilegiado tan cargado de historia que una sola visita nunca ha servido para abarcarla toda, tal vez de ahí mi insistencia en volver una y otra vez y andarla de nuevo.

Pero no solo podemos hablar del romanticismo de Ronda, recordemos que el género fantástico surge prácticamente a la vez que el Romanticismo del siglo XIX, con lo que la bruma, el misterio y la leyenda aquí también puede ser germen inspirador para una buena novela.

Pese a ser una ciudad muy introducida en las rutas turísticas de los cruceros provenientes de Málaga y Cádiz, tiene unas horas especiales donde se reduce mucho la presión de esos grupos de extranjeros que solo quieren oír hablar de bandoleros y toros. Esto hace que por sus calles solo se oigan los ecos de los pasos de aquellos que somos amantes de la literatura y que esperamos que no nos interrumpan en nuestra inspiración con explicaciones, más o menos acertadas. de los guías que llevan a esos grupos multitudinarios solo deseosos de hacerse una foto en el emblemático Puente Nuevo.

Ronda está en la ruta de los Almorávides y los Almohades. Conocida como «la ciudad soñada» de los poetas, es el palpitante corazón de la Andalucía romántica y que nos lleva a las puertas de Granada, que con el tiempo, daría pie a los Cuentos de la Alhambra gracias a Washington Irving,  que aprovechando su estancia en esta capital, se puso en contacto con la biblioteca de la universidad, lo que le dio la oportunidad de alojarse durante una temporada en el mismo palacio nazarí. Fue entonces cuando surgió la idea de recopilar las leyendas y cuentos granadinos que constituyeron el génesis de este famoso libro. Una obra indispensable si se es amante del periodo romántico o de los libros de viajes y que nos hará conocer al tal vez del considerado como primer autor hispanista.

Yo tengo la suerte de disponer de una curiosa edición, comprada precisamente en Ronda, con magníficos dibujos y de la que estoy muy satisfecha porque hace que su lectura sea mucho más amena.

Nuestro otro autor, Rainer, es mucho más complejo. Durante varios años anduvo deambulando por Europa hasta llegar a España y allí tras pasar por Sevilla y Córdoba recaló en nuestra ciudad.

«Emprendí viaje hacia el Sur, me detuve asombrado ante Córdoba, tuve tiempo de percatarme de que Sevilla no me decía nada, y algo me llevó a Ronda»

Fragmento de una carta a su amante Lou Andreas-Salomé

Ronda le ofrece un abismo de piedra y tiempo «semejante al que ya trae en su interior. El Rilke que llega hasta aquí es un ser profundamente angustiado ante la imposibilidad de escribir y la obligación ineludible de hacerlo, prácticamente al borde del suicidio. Un bloqueo del que muchos autores sabemos y que es uno de los momentos más duros de nuestra creatividad. Superada está circunstancia, Ronda le ofrece soledad y largos paseos, algo que le reconcilia con él mismo y le permite escribir sin salir apenas de la habitación del hotel en el que se hospeda durante días, hasta que surge la Trilogía española, entre otros poemas», según comenta la profesora Carmen Rivas en su obra monográfica dedicada a la relación del poeta con esta ciudad malagueña.

En los tres meses Rilke pasó de sufrir el bloqueo del autor a ser golpeado por una especie de síndrome de Stendhal, pues así fue el sentimiento que le produjo la ciudad y que le ayudó a «parir», gracias a ello, a su nueva creación.

Y no puedo olvidar a Pedro Perez-Clotet. De él me gustaría destacar, además de su interesante obra, el hecho de que en 1932 da vida a la revista poética Isla, la primera de  todas las revistas poéticas gaditanas del pasado XX con una duración de ocho años de vida. Constituyó uno de los elementos de mayor alcance literario y repercusión social de todas las publicaciones que ofreció la provincia de Cádiz. Trabajaron con él en esta revista Aleixandre, miguel Hernández, Villalón, Prados, Jorge Guillén, Vicente Carrasco, Pemán, Luis Rosales, Gerardo Diego, Dionisio Ridruejo, Muñoz Rojas, Adriano de Valle y Carmen Conde entre otros.

Como puedes ver, Ronda es un lugar inspirador y ahora entenderás cuáles son los motivos de que sea una ciudad que recibe mi visita de forma recurrente. Un espacio cargado de buenas energías que me aporta esa tranquilidad tan buscada por Rainer y que además abre el camino hacia otra de las perlas de Andalucía: Granada. En breve me volverá a tener como visitante buscando encontrar algún rincón, que se me ocultó en anteriores viajes, esperando mi vuelta para sorprenderme de nuevo.